Los
Kirchner parecen haber logrado desentrañar los secretos de
los pliegues más íntimos del razonamiento argentino. En esa
manipulación de la sensibilidad nacional basan su poder y sus
estrategias.
Por
Carlos Mira (*)
El
otro día conversé con dos encuestadores y analistas políticos
de primer orden. Lo hice separadamente, primero con uno luego
con el otro. Eso me dio la oportunidad de comentarle al
segundo cuál era la impresión del primero (por supuesto sin
nombrarlo) respecto de las elecciones del año que viene. Su
reacción me sorprendió.
El primer encuestador me había dicho que había cuatro
sectores políticos en pugna: el oficialismo, el peronismo
federal, el panradicalismo y la izquierda de Solanas. Sólo
los tres primeros, obviamente, tienen chances.
Más allá de que el primer dato de la enumeración es que en
esta lista no figura Macri, lo interesante del razonamiento es
que según esta persona, los tres sectores irán a elecciones
internas abiertas.
De ese proceso surgirán tres nombres. Para mi interlocutor,
en el campo oficial, ese nombre no será el de un Kirchner: el
matrimonio está muy desprestigiado socialmente como para
remontar semejante cuesta electoral. Tampoco -por los mismos
motivos, según él- está en condiciones de ganar nadie que
los Kirchner designen como su delfín.
En el peronismo federal quienes aparecen son Solá y Duhalde y
en el panradicalismo Alfonsín, Carrió y Cobos.
Los pronósticos que este encuestador maneja son que la
interna del PF la ganará Sola y que el mejor perfilado hasta
ahora en el panradicalismo es Alfonsín. A esto se le agrega
el dato subjetivo de que, para él, el próximo presidente será
peronista.
Salta a la vista que su candidato en términos de ganar la
elección general se llama Felipe Solá (es peronista, no es
oficialista y le ganaría la interna a Duhalde).
Cuando relato estos razonamientos al segundo encuestador me
dijo que respetaba mucho a su colega, pero que disentía. Quizás
podría estar de acuerdo en que el matrimonio presidencial no
vaya por la reelección, pero que dudaba mucho de que el
oficialismo no fuera a ganar.
Si bien dejó a salvo que el sucesor fuera también afecto a
las traiciones posteriores que, aparentemente, todo delfín
comete con su padrino y que, por lo tanto, dejara a Kirchner
en la estacada, lo interesante del comentario de esta segunda
persona fueron las razones por las que él creía que el
oficialismo tenía altas chances de ganar: “Cuando abran las
canillas completas de la Anses y del BCRA, vas a ver…”, me
dijo.
Y aquí es donde aparece, no mi sorpresa –porque a esta
altura estoy curado de espanto con este país–, pero sí mi
curiosidad. Si lo que esta persona dice es cierto (que con
plata regalada se ganan las elecciones) ¡qué imagen triste
tiene la Argentina…!
El país de la “solidaridad”, la sociedad “cálida”,
la que escapa de las “materialidades capitalistas del
dinero” en busca de formas más románticas y humanas de
vida, entrega su voluntad a cambio del chorro de plata que
aparezca desde el Anses y del Banco Central.
¿Dónde quedaron nuestros inmaculados conceptos antidinero?
Es más, si nos definieramos como “capitalistas” al menos
seríamos partidarios de ganarnos la plata con nuestro
esfuerzo, con nuestra inventiva o con nuestras ideas, siendo más
competitivos, siendo más eficientes, trabajando mejor, dado
que todo eso es lo que el capitalismo premia con dinero.
Pero en este caso aparecemos como una sociedad que ama la
plata tanto como el más cerdo de los cerdos capitalistas,
pero sin trabajar por ella; pidiendo que nos la regalen o,
mejor dicho, que nos la entreguen a cambio de nuestro voto.
¡Qué vergüenza nacional!, ¡qué repugnancia causa tanta
hipocresía! ¿Será así?, ¿tendrá razón mi segundo
interlocutor?, ¿habrá desentrañado Kirchner los pliegues más
íntimos del razonamiento argentino? ¿Habrá encontrado la
pareja presidencial el Punto G nacional? Falta un año para
saber de qué material estamos hechos.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
CASO
MACRI: UN LLAMADO DE ATENCIÓN SOBRE EL RIESGO QUE CORREN LAS
LIBERTADES CIVILES
Lo
preocupante no es si Mauricio Macri pierde la jefatura del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sino el futuro de las
libertades civiles. En caso de que la sociedad no reaccione,
las libertades más elementales quedarán anuladas.
Por
Roberto Cachanosky (*)
La
semana pasada vi por televisión varios debates sobre el
procesamiento de Macri. Lo primero que percibí en esos
debates es el grado de resentimiento y falsedad de buena parte
de la dirigencia política. En primer lugar porque ya lo
declaran culpable cuando todavía está siendo procesado y, en
segundo lugar, porque me tomé el trabajo de leer el fallo de
la Cámara que confirma el procesamiento y, sin ser abogado,
pude advertir la argumentación forzada que hizo la Cámara
para continuar con el procesamiento. Al respecto, también la
semana pasada Carlos
Mira escribió una columna en este sitio y comenta
claramente los argumentos endebles de los jueces para seguir
con el procesamiento.
Como dice Carlos Mira, del fallo se desprende que como Macri
conocía a Palacios y Palacios conocía a James, Macri no podía
ignorar lo que hacía Ciro James, agregando que como Macri tenía
como gran lema de su campaña la creación de la policía
metropolitana, no podía dejar de saber que había pinchaduras
de teléfonos.
Siguiendo con el razonamiento de la Cámara, uno podría decir
que ante el escándalo de los negociados con Venezuela, Néstor
Kirchner tendría que ser procesado porque siendo presidente
no podía dejar de conocer que había una embajada paralela.
Es más, el mismo Bielsa le había advertido del caso. O, para
tomar otro hecho, Oyarbide debería procesar a Kirchner porque
su ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, está
sospechado (creo que todavía no fue procesado) por casos de
corrupción, siendo que Kirchner siempre hizo gala en sus
discursos de la obra pública y del transporte, continuando
con el razonamiento de la Cámara, Kirchner no podía estar
ajeno a lo que hacía su secretario de transporte.
¿Por qué la justicia no investiga a Cristina Fernández en
el caso Antonini Wilson, siendo que éste viajó en un avión
alquilado por el gobierno Argentino y ella no podía ignorar
que Antonini Wilson traía valijas llenas de dólares a la
Argentina sin declararlas? Es más, ¿cómo es posible que
ella, que tan atenta está a sus actos, no advirtió que
Antonini Wilson estaba en la Casa Rosada en un acto oficial?
Los ejemplos podrían seguir y llegaríamos a la conclusión
que una parte de la justicia se ha politizado de tal manera
que hemos llegado a un punto donde ya no existe el estado de
derecho sino que vivimos en un sistema en el cual, quien llega
al poder, utiliza los resortes que tiene a sus disposición
para enriquecerse personalmente, presionar a quienes no están
de acuerdo con sus ideologías o se atreve a denunciar las
barbaridades que dice o hace el oficialismo.
Al respecto, mi experiencia personal es que en cuatro años he
tenido 3 inspecciones de la AFIP (una está en curso), siendo
que mi patrimonio y mis ingresos son monedas comparadas con
los ingresos y patrimonio de Kirchner, cuyas declaraciones de
ganancias no resisten el menor análisis, no deja de llamar la
atención que la AFIP siempre ponga la lupa sobre mis
declaraciones juradas.
Por eso la gente tiene miedo de hablar o manifestarse contra
el gobierno. ¿Cuánta gente tiene pánico de hablar por teléfono
o mandar un mail por miedo a tener pinchado el teléfono o los
mails? Aquí se ha establecido un sistema de terror contra los
ciudadanos que van desde el uso de instituciones oficiales
como mecanismo de presión, pasando por las guarangadas de un
funcionario con rango de secretario hasta llegar a mandar a
fuerzas de choque cuando alguien sale a la calle a manifestar.
Recuerde el lector cuando D’Elía salió a repartir
trompadas para desalojar la Plaza de Mayo cuando el conflicto
con el campo, o las fuerzas de choque que fueron a la Quinta
de Olivos el sábado que detuvieron a de Angelis por cortar la
ruta.
Es obvio que el caso Macri tiene un profundo olor a típica
operación, igual que le pasó a De Narváez en plena campaña
electoral del año pasado o a Enrique Olivera cuando lo
acusaron de tener una cuenta en el exterior y luego se aclaró
que no tenía ninguna cuenta y que el que lo había denunciado
había mentido.
Pero volviendo al tema de los debates en televisión, observé
dos cosas. En primer lugar que la mayoría de los periodistas
que entrevistaban a Macri, por no decir todos, no se habían
tomado el trabajo de leer el fallo de la Cámara. El grado de
superficialidad con que preguntan es pavoroso. En segundo
lugar los legisladores de la ciudad opositores tampoco deben
haber leído el fallo de la Cámara porque si lo hubiesen leído
y actuaran de buena fe no puede salir a crucificar a Macri tan
rápidamente, porque así como ellos lo crucifican hoy, mañana
los van a crucificar a ellos.
Otro tema que quedó en evidencia de esos debates es el alto
grado de resentimiento, revanchismo y necedad con que hablan
del tema llevando la cuestión a la represión de la década
del 70. Con una facilidad espeluznante relacionan el caso de
las escuchas en la Ciudad, con el gobierno militar.
Un párrafo aparte merece la postura de Carrió, que siendo
abogada no puede decir que el fallo de la Cámara es
impecable. Si para Carrió este es el tipo de justicia que
debe imperar en la Argentina, entonces no tienen demasiadas
diferencias con los Kirchner en su forma de entender el Estado
de derecho. Con su postura y la de algunos de sus
legisladores, Carrió deja de ser creíble en su discurso del
contrato moral. Sería bueno que, sin mucha demora, rectifique
su afirmación y no defienda a Macri, sino la existencia de
una justicia independiente.
A esta altura de la nota vale la pena hacer una aclaración. A
Mauricio Macri lo traté una sola vez en su casa, varios años
atrás, cuando me invitó a desayunar e intercambiar ideas
sobre el país. Una reunión de no más de una hora u hora y
media. De manera que las líneas que estoy escribiendo no se
fundan en una relación personal con el Jefe de Gobierno y
mucho menos en una militancia mía en el PRO, porque no la
tengo. Estas líneas solo pretenden manifestar mi profunda
preocupación por la ausencia de una justicia confiable. De
una oposición que parecía defender la institucionalidad del
país y ahora sale con que como la Cámara lo dijo está bien,
cuando basta asignarle una hora como máximo para leer unas 12
páginas que le dedica el fallo al caso Macri, para alarmarse
con la facilidad con que aquí se puede procesar a una
persona, basándose solo en “se sabía” (sin decir quién
sabía) que tal cosa o la otra. O haciendo un carácter
transitivo por el cual si A conoce a B, y B conoce a C, A no
puede desconocer lo que hace C, argumento que usa la Cámara
para confirmar el procesamiento del Jefe de Gobierno.
Empresarios que son apretados si no obedecen las órdenes del
mandamás. Servicios de inteligencia que controlan a los
ciudadanos. Organismos públicos que persiguen a
contribuyentes por opinar diferente. Fuerzas de choque
financiadas con la plata de esos mismos contribuyentes que son
perseguidos. Parodias de juicio a periodistas que no piensan
como el gobierno. Diarios opositores acosados con mil artimañas.
Pánico en la gente de hablar por teléfono por si lo tiene
pinchado. Actitudes de violencia para impedir actos de
opositores como sufrieron Eduardo Duhalde, su señora esposa o
Felipe Solá. ¿Qué es todo esto si no un primer paso hacia
el terrorismo de estado, en que se usa el monopolio de la
fuerza que se le delegó al Estado para atacar sistemáticamente
a un sector de la sociedad, que es el que piensa diferente?
Hitler nunca dijo lo que pensaba anular la democracia hasta
que llegó al poder y luego hizo una parodia de democracia
para justificar sus barbaridades. Fidel Castro nunca se declaró
comunista hasta que tuvo asegurado el poder y luego estableció
una de las dictaduras más crueles y sangrientas de la
historia. Ningún déspota ha declarado de antemano sus
intenciones porque de ser así no tendría ni el apoyo de la
población ni el de algunos de sus seguidores. Actúan
solapadamente y mintiendo. Y luego, una vez que tienen el
poder en sus manos, terminan asumiendo el poder absoluto y
coartando todas las libertades.
Unos días atrás veía una vieja película sobre uno de los
juicios de Nuremberg en que se juzga a los jueces que habían
actuado bajo el gobierno nazi. Spencer Tracy encarna al
magistrado norteamericano que juzga al juez supremo del
nazismo, papel interpretado por Burt Lancaster, un hombre que
en su momento había sido muy respetado por sus conocimientos
de derecho. Hacia el final de la película, el ex juez alemán,
habiendo sido sentenciado porque reconoce su culpabilidad,
pide hablar con el juez americano. El americano lo va a ver a
la cárcel y el ex juez nazi le dice que él nunca había
imaginado que el régimen nazi podía llegar a cometer tantas
atrocidades. El juez americano le contestó: siendo Ud. una
persona que conoce de derecho, sabía que al primer fallo
injusto que Ud. emitiera todo iba a terminar en una tragedia.
El caso Macri no es relevante en términos de si pierde su
cargo o no. Lo relevante es que debería ser un fuerte llamado
de atención de lo que le puede esperar a la Argentina si su
población no despierta a tiempo de los atropellos
institucionales que vive la república. Acá el tema del tipo
de cambio ha dejado de ser relevante, porque lo que está en
juego es el futuro de las más elementales libertades civiles.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
“Dónde
estás? Acabas de despertar en un cuarto de hotel. Aquí están
las llaves, sentís que es la primera vez que estás ahí
pero...quizás lleves aquí una semana, tres meses es difícil
decirlo no sé. Es un cuarto anónimo". Fragmento del
film Memento (1) Atrás quedó una
semana llena de aparentes novedades en materia política.
Claro que, lo que aquí y ahora suele llamarse “novedades”
llega sin el elemento básico y esencial como para ser así
definido. Y es que lo “nuevo” aunque se trate de dibujarlo
no está. El film va hacia atrás.
La Argentina está sumida en la fase más ruin de aquello
que denominamos la vieja política. Paradójicamente, un país
que ha sorteado el principio de siglo bregando por el cambio,
se halla enfermizamente arraigado a las costumbres más
perniciosas de los vicios del pasado. Si acaso la corrupción
fue una constante en sucesivas administraciones que forjaron
esta decadencia, hoy directamente aflora en escena como el ícono
intrínseco del sistema.
Los “vueltos” que pudieron guardarse algunos
funcionarios en la demonizada década del ’90, ya no
satisfacen. No alcanzan el status de coima ni por broma. Ni
sirven de propina. De la famosa pista de Anillaco, a las
propiedades del matrimonio presidencial en El Calafate las
distancias son abismales. Desde luego que una cosa no
justifica ni anula la otra. Pero con estos arbitrarios
ejemplos, queda graficado por qué el gobierno de estos últimos
siete años se sitúa en el plano más envilecido de lo
antiguo. Lo peor de la política se afianza con una
mediocridad que espanta.
Las Instituciones son ruinas de una república vencida, no
por guerras sino por ignominia. En el banquillo de los
acusados se sienta la mismísima Justicia. La legislación no
iguala, discrimina aunque en la oratoria oficial y eufemística
pretenda celebrarse como un paradigma de paridades para todos
aquellos que viven en la Argentina.
Así como la “redistribución de la riqueza” del “modelo
productivo” kirchnerista coopera a marcar mayores
diferencias, las nuevas leyes en lugar de tender puentes,
abren grietas.
La ley de Medios, aunque aún no se haya instrumentado
siquiera, obliga a la televisión a estar más lejos de
transmitir aquello que pasa e interesa a la población. Se
ampliará la brecha si ésta encima entra en vigencia.
La ley del matrimonio entre seres del mismo sexo pone de
manifiesto intereses demagógicos que se valen de derechos,
manipulados según el antojo de las necesidades electorales de
un gobierno.
Los jubilados nuevamente quedan presos de debates fútiles,
porque si del intento se pasa al logro, lo que sigue es el
veto. Y el mayor interés para la “oposición” parece ser
que quede al descubierto el descrédito político del
Ejecutivo. No se ve un genuino desvelo por la calidad de vida
de los “viejos”…
El silencio y el mutismo de algunos marca a las claras la
incapacidad para responsabilizarse de todo hecho. Aparecen y
desparecen de escena como si no hubiese frente a ellos,
espectadores que pagaron la entrada para escucharlos y verlos
en acto, no en hibernadero. En consecuencia el precio termina
siendo una estafa, y la obra no vale nada.
Las fotos importan más que el guión. La trama del film se
asemeja a un engendero de imágenes sin significación. El
ayer revela más el hoy que aquello que sucede en este
momento.
Los argentinos no pueden imitar siquiera al protagonista de “Mementos”
porque no alcanza la superficie del cuerpo para anotar el
devenir de los hechos y no perder la noción del tiempo. Se ha
cercenado la memoria con la desfiguración de lo verdadero.
Todo es demasiado grotezco. El que ayer se negó a un
juicio, hoy pide a gritos tenerlo. ¿Actuó la conciencia
entre medio? No, cerraron los números para que el resultado
sea benéfico. Si la taba se da vuelta en el proceso, habrá
plan B y en lugar de la banda y el cetro, intentarán seguir
al frente del Obelisco y el Cabildo. No suena muy patriótico
es cierto, pero es más realista que la declamación en verso
de una transparencia en algo que nació desde el vamos sucio y
maniqueo.
Desde luego que los integrantes de la administración de la
ciudad de Buenos Aires son “nenes de pecho” al lado
de los miembros del gobierno nacional. No en imitarlos sino
en diferenciarse está el mérito. Hay quienes eligen como
adversarios a aquellos que saben perdieron de ante mano.
Vulgarmente podría decirse que así ‘cualquiera es
macho’…
Lo grave de todo esto es que se sitúa a la sociedad frente
a una temática que no le soluciona nada aunque le clarifica
de alguna manera el panorama. Lo que hay no presenta síntomas
de poder cambiar las viejas prácticas de una política
viciada por demagogia y oportunismos ligados a intereses
mezquinos. El “bien común” es un binomio muerto dentro de
un libro que parece que hiciera años que no se ha abierto: la
Constitución de la Nación.
En su lugar se han emplazado ejemplares de Corin Tellado,
novelas y culebrones donde los galanes pierden prestancia, y
aunque se engañen a sí mismos, no conquistan nada. La dama
sigue en el rol de Penélope tejiendo la esperanza de un
comicio donde la ciudadanía no acuda simplemente a ensobrar
al adversario menos malo, sino a elegir un hombre o una mujer
capaces de cumplir un mandato.
Tal vez el error sea creer que
éste equivale a un período de cuatro años cuando, en rigor
de verdad, de lo que trata es de cumplir en representarnos. (1)
Memento: película de suspenso (2000) El guión de Christopher
Nolan está basado en un relato llamado ‘memento
mori’ (en latín, "recuerda que eres
mortal") Una de las mayores peculiaridades del film
reside en su línea temporal, la cual en vez de ser lineal va
hacia atrás, a saltos, mostrando según avanza la película
las causas de lo ya visto, en vez de las consecuencias.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
El
Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cometió un
error político al designar a Jorge Palacios al frente de la
Policía Metropolitana. Sin embargo, la causa judicial tiene
pocos fundamentos jurídicos y demasiado olor a venganza
kirchnerista.
Por
Carlos Mira (*)
La
confirmación del procesamiento de Mauricio Macri por la Cámara
Federal implica la tácita confirmación de Norberto Oyarbide
en la continuidad al frente de la causa, aun cuando la misma Cámara
concedió un recurso extraordinario al Jefe de Gobierno para
que la resolución sea apelada en Casación.
Más allá de estas consideraciones técnicas, lo que surge de
la simple lectura del fallo son profundas dudas e
interrogantes sobre los fundamentos, las motivaciones y la
imparcialidad de la decisión de los jueces.
Hay algo que salta a la vista de cualquier observador
imparcial: la decisión no tiene pruebas sino inferencias,
supuestos y silogismos. No aparece ni una sola documentación
o hecho que respalde lo que se decidió. Lo que se vierte en
las carillas decisivas del fallo son deducciones.
En algún momento se hace referencia a los dichos de Gabriela
Cerrutti y Roberto Digón, -dos claros opositores políticos
de Macri y en el, caso de Digón, casi un enemigo personal por
sus antecedentes en Boca- en el sentido de que a ambos
"les dijeron" que "Macri 'pinchaba' los teléfonos"
de "todo el mundo" vía su relación con Jorge
Palacios. En otro lugar se establece el silogismo de que si
Macri conocía a Palacios y éste lo conocía a Ciro James,
luego Macri no podía ignorar lo que James hacía, aun cuando
la Cámara concede que Macri y James no se conocían y que no
se registran contactos telefónicos entre ellos. También se
dice que como a Macri le interesaba la temática de la
seguridad no podía estar ajeno al método de la pinchadura de
teléfonos (¿?).
El fallo es muy flojo desde el punto de vista conceptual y,
por esa misma razón, es muy sospechoso. El PRO ha dicho que
hasta ahora la Justicia se ha negado a investigar los dichos
de Oyarbide al ex senador Maya según los cuales "el
destinatario final de la embestida era Macri".
A continuación, transcribimos parte del diálogo que hace 2
meses -exactamente el 19 de mayo- Maya sostenía con nuestro
colega Jorge Rial en La Red:
Rial: En línea está el doctor Héctor Maya, fue senador
nacional por Entre Ríos. Doctor Maya. buen día.
Héctor Maya: ¿Qué tal? ¿Cómo le va, Jorge?
J.R.: Gracias por esperar.
H.M.: Gracias por compartir el reportaje con Messi, todos
tenemos el corazón ahí, ¿no?
J.R.: Obviamente que sí, no es una figurita fácil, doctor.
Doctor Maya, ¿usted es consciente del revuelo que se produjo
con una frase que teóricamente dijo usted sobre Oyarbide?
Algo así como que había como una orden de llevarse puesto a
Macri.
H.M.: Mire, yo se lo confirmo, le voy a comentar lo que pueda,
porque seguramente, yo soy abogado, tengo que ir a Tribunales
en estos días citado por este asunto. Yo me encontré con el
doctor Oyarbide, yo fui juez del doctor Oyarbide como senador,
y me encontré con él allá por noviembre, diciembre,
accidentalmente en un comedor y le pregunté por dos o tres
causas que estaban teniendo una gran conmoción, entre ellas
la de Palacios y con motivo del diálogo que tuve en esa
causa, que es la de Palacios, verifiqué esta afirmación de
que el destinatario final de la causa era Macri. Y bueno,
convencido por la manera que se desarrollaron los
acontecimientos con posterioridad, de que Oyarbide, como otros
jueces, como Servini de Cubría, son o están secuestrados o
son "todo terreno" del gobierno, lo fui a ver a
Macri, a quien no conocía, por razones políticas, porque yo
soy peronista y estamos conformando un frente el peronismos
disidente con el PRO en Entre Ríos, y le señalé que era
imprescindible que se apartara de ese juzgado porque Oyarbide
lo iba a procesar, se lo dije 10 días antes. Me parecía una
equivocación convalidar algo que no es justicia, que
evidentemente es una operación política que se desarrolla en
los tribunales y que está alejado de la justicia.
Efectivamente yo le ratifiqué mi conocimiento directo de que
iba a ser procesado, como en definitiva ocurrió.
En este diálogo, Maya supone que la Justicia lo iba a citar
por este tema. Sin embargo, el ex senador nunca fue citado.
Hace pocas semanas se comprobó no sólo la existencia de un
agente de la SIDE como la persona que avisó a los Burstein de
la pinchadura, sino también de la intentona por borrar esas
huellas del locutorio desde donde el agente hizo la llamada a
la casa del titular de la Asociación de Familiares de Víctimas
del atentado a la AMIA.
¿Por qué, en una causa plagada de "inferencias",
nadie ha hecho inferencias aquí?
Mauricio Macri cometió un error político al seguir adelante
con la designación de Palacios cuando personas de su
confianza le sugerían que cambiara su candidato a Jefe de la
Policía Metropolitana. El jefe de Gobierno deberá asumir en
todo caso los efectos políticos del error. Pero parece
claramente exagerado querer armar un escenario judicial
artificial para generar una causa que a poco de leerla uno
advierte que no tiene el menor sustento jurídico y donde los
tufillos políticos se huelen por todas partes.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"