En
su esfuerzo por cantar loas al modelo y quedar
bien con la presidente, los funcionarios dan
datos económicos que terminan mostrando fuertes
contradicciones dejando al descubierto la falta
de veracidad de los beneficios del modelo
Por
Roberto Cachanosky (*)
Estaba
releyendo un discurso de Débora Giorgi sobre inversiones en
el país. Debo confesar que mi ex compañera de la UCA
parece ser más cristinista que la misma Cristina Fernández
porque nos muestra un país que, según ella, es mejor que
el que nos pinta CFK. Para ser justos, en rigor, cuando uno
escucha a los funcionarios del gobierno, parece estar viendo
una competencia para ver quién de ellos se deshace en
alabanzas al modelo y a la gestión del kirchnerismo. Pero
bueno, cada uno tiene sus propias ideas y visión del mundo
y no hay por qué molestarse. Lo cierto es que en ese
discurso Giorgi sostuvo que: “la Argentina registró la
tasa de inversión más alta de los últimos 30 años en el
tercer trimestre de 2011, que llegó al 26,2 por ciento del
PBI". Debo confesar que me sorprendió que no dijera en
los últimos 200 años como dice Cristina. Ahí se quedó
corta en sus alabanzas al modelo. La próxima vez que se
acuerde que tiene que decir que todo es mejor que en los últimos
200 años porque en el relato kirchnerista nadie puede
superar lo hecho por el matrimonio desde 2003 a la fecha.
Pero
volviendo al discurso, agregó: "Esto es producto del
proceso de reindustrialización del país que permitió,
desde 2008, sustituir importaciones por más de 10.000
millones de dólares". Otra pifiada, tiene que recordar
que todo lo bueno en Argentina comenzó en 2003. Nunca antes
ni después que Néstor Kirchner llegó al gobierno gracias
a la genial jugada política de Duhalde, el que, como gran
jugador de ajedrez, pensó veinte jugadas adelante y Néstor
le cantó mate en 2 jugadas.
Sigo
con el discurso de Giorgi. Según la Ministro, el 28% de las
inversiones anunciadas en 2011, que llegaron a los U$S
35.000 millones, según la información oficial, fueron
destinados al sector de gas y petróleo.
El
primer dato curioso de Giorgi es que no habla de inversiones
realizadas por U$S 35.000 millones, sino que habla de
ANUNCIOS de inversión. Me parece que hay una gran
diferencia entre ANUNCIAR una inversión e INVERTIR. Dicho
en castellano básico para que hasta un k pueda entenderlo:
una cosa es decir y otra es hacer. Y la Ministro, siempre
atenta a los discursos de Cristina para ver cuándo tiene
que festejarle con una risa algo que diga la presidente,
debería poder distinguir entre ANUNCIAR una inversión y
REALIZAR una inversión.
Pero
vayamos al tema de la sustitución de importaciones por el
cual, el modelo (que ahora necesita sintonía fina con pequeños
y quirúrgicos ajuste de tarifas de algo más del 100%
superando al rodrigazo del 1975) permitió sustituir
importaciones por U$S 10.000 millones. Si este número, que
solo Él sabe de dónde salió, es cierto ¿por qué a
Moreno le agarró el ataque de cerrar herméticamente las
importaciones? Si tan exitoso fue el modelo en sustituir
importaciones, hoy no estaría tan necesitado de divisas
comerciales cerrando la economía. La verdad es que no se
entiende. Por un lado el modelo es fantástico porque generó
sustitución de importaciones y por otro lado tienen
que cerrar las importaciones para defender el trabajo
argentino, según dichos de los funcionarios kirchneristas.
O las inversiones que permitieron sustituir inversiones por
U$S 10.000 millones producen basura que nadie quiere y por
eso crecen las importaciones o en el discurso oficial hay
algún dato que está mal.
Es
más, según Giorgi el 28% de las inversiones fueron
destinadas a gas y petróleo. Si tal es la envergadura de
las inversiones del sector: ¿por qué las importaciones de
combustibles aumentaron el 110% en 2011 respecto a 2010?
Justamente, el 28% del aumento de las importaciones del 2011
(unos U$S 17.000 millones más que en 2010) se explican por
el aumento de las importaciones de combustibles gracias a la
horrorosa política energética del gobierno. Pero, por un
lado Giorgi, en sus alabanzas al modelo, dice que el sector
tuvo grandes inversiones y a los pocos días, Cristina Fernández
despotrica contra el sector diciendo que porque no
invirtieron hubo que aumentar las importaciones de
combustibles en un 110%. Me parece fantástico que los
funcionarios kirchneristas les canten loas al modelo y a
Cristina Fernández en particular. Si se sienten cómodos en
el papel de grandes aduladores, al punto de hacer el ridículo,
es algo que no me corresponde juzgar porque cada uno elige
el grado de dignidad con que quiere vivir, pero, por lo
menos, que sean un poco más prolijos cuando dan datos y
dicen cosas, porque finalmente uno se termina confundiendo.
Gorgi dice que el sector de gas y petróleo bate récords de
inversión y Cristina Fernández se queja porque las
inversiones del sector no alcanzan y hay que importar más
combustibles. Obviamente que la culpa nunca es de ellos,
sino que siempre hay algún desestabilizador y conspirador
que quiere terminar con la felicidad del pueblo argentino
que el modelo, Él y ella le dieron al pueblo.
Cuando
me tope con estas groseras contradicciones y falaces
anuncios, porque, como decía antes, una cosa es ANUNCIAR
inversiones y otra INVERTIR, me acordé de una película que
estaba viendo con mi hijo por televisión. La película se
llama La Invención de la Mentira (The Invention of Lying en
inglés). En la película se plantea un mundo donde nadie
miente. Nadie conoce la mentira. Si uno va a un banco y pide
retirar un monto de dinero mayor al que dice el sistema que
dispone, la cajera le entrega el dinero porque asume que el
sistema está fallando y el cliente no miente.
En
ese mundo en el que nadie miente, el personaje principal
descubre que mintiendo puede obtener grandes beneficios en
ese mundo en que nadie miente. Justamente lo descubre cuando
va al banco a retirar un monto mayor al que tenía en su
cuenta y la cajera le entrega la suma porque asume que el
sistema falló. El personaje sigue mintiendo y ve cómo
puede beneficiarse de la mentira, pero por momentos entra en
contradicciones y tiene que inventar más mentiras para
sostener la primera.
La
película, que es una comedia, termina con un final feliz.
La diferencia con la realidad argentina es que en la versión
oficial The invention of lying es tan grande que cada vez
tienen que inventar un lying mayor para poder justificar la
lying anterior.
Debo
reconocer que, por ahora, la invención de la mentira del
modelo le está dando muy buenos resultados de apoyo de la
gente. Eso sí, cada vez tendrán que agrandar la siguiente
mentira para poder sostener el discurso de una realidad que
no es tal, con lo cual, en algún momento la gente descubrirá
The Invention of Lying del modelo. Lo que falta por ver es
si tanto invento de mentira tiene un final feliz como el de
la película, porque una cosa es la ficción de la película
y otra la ficción que nos presenta el gobierno.
Como
decía Lincoln: “Se puede mentir a pocos, mucho tiempo. Se
puede mentir a muchos, poco tiempo. Pero no se puede mentir
a todos, todo el tiempo”.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
87º
Aniversario del fallecimiento del creador del
Sistema Dactiloscópico Argentino
Por
Juan de Dios González (*)
Nació
en Lésina, ciudad de la antigua Dalmacia, el 20 de julio de
1858. Fueron sus padres Victor Vucetich y Vicenta
Koracevich. Llegó al país en 1882, y se desempeñó
como empleado en Obras Sanitarias de la Nación hasta 1888,
fecha en que ingresó en la Policía de la Provincia de
Buenos Aires, como meritorio. En 1890 fue designado
jefe de la Oficina de Estadística, de ese organismo
policial a cargo del capitán de navío Guillermo J. Nuñez.
Había
conocido, y de ahí parte su investigación, un trabajo de
H. de Varigny publicado en Francia sobre las investigaciones
de Francis Galton, a propósito de los relieves digitales.
Este último destacaba el valor de aquellos para la
identidad individual. Comparó tales estudios con el
sistema de antropometría de Alphonse Bertillon, que por
entonces constituía el recurso en uso para la identificación
de los delincuentes.
Vucetich
estaba bien interiorizado de este sistema, y dio gran difusión
a láminas que él mismo preparó y otras indicaciones que
en esa época podían observarse en todas las comisarías de
policía, a la vista del público; pero comprobó que era
muy deficiente e inseguro y se pronunció por las
impresiones digitales.
Después
de pacientes estudios sobre los trabajos de Galton, y los 40
tipos de relieves digitales que éste había definido,
Vucetich llegó a aumentarlos a 101, y creó un sistema que
él denominó “Icnofalangometría”, poniéndolo en
aplicación el 1º de setiembre de 1891. Esa fecha se
recuerda anualmente como la de implantación del sistema de
identificación dactiloscópica que, con su
perfeccionamiento posterior, realizado por su creador, lleva
su nombre. Por primera vez se tomaron aquel día las
impresiones digitales de los diez dedos a 23 procesados por
distintos delitos, según consta en el archivo que el propio
Vucetich inició.
El
sistema quedó así implantado, estimada la perennidad e
inmutabilidad de los relieves digitales, cuyos caracteres
individuales acompañan a la persona en todo el curso de su
vida, y que se manifiestan a través de infinitas variedades
específicas. No pocas dificultades, propias de toda
investigación creadora, debió vencer Vucetich para imponer
su sistema, primero en su propia elaboración, y también
por los derivados de toda innovación en otros medios que,
por entonces sólo se referían a la lucha contra la
delincuencia. Además debían obtenerse comprobaciones
prácticas.
Fue
un paso decisivo el caso ocurrido con motivo de la muerte
violenta de dos niños de corta edad en Necochea en 1892.
La madre de las víctimas denunció como autor del hecho a
un vecino, pero el hallazgo de impresiones digitales en una
puerta de la habitación permitió establecer, por la
aplicación primera del procedimiento dirigido por Vucetich,
que, lejos de pertenecer al acusado, los rastros eran de la
propia madre, con lo cual se comprobó en forma fehaciente
que era ella la autora del crimen. Esto trascendió
como demostración de la validez científica del sistema
dactiloscópico, con lo cual el método fue incorporado a la
labor investigadora de la Policía y se instalaron las
primeras oficinas de identificación en las cárceles y en
las comisarías.
Entretanto
su creador continuaba sus investigaciones, y poco tiempo
después, lograba reducir los 101 tipos digitales de sus
primeros ensayos a cuatro fundamentales, que clasificó así:
arco, presilla inferior, presilla exterior y verticilo.
Ese conjunto sistematizado, es lo que denominó Sistema
Dactiloscópico Argentino.
La
ficha creada según su sistema fue la que luego se adoptó
universalmente, y es la que rige en la actualidad en todo el
mundo, junto con los elementos de aplicación ideados por
Vucetich que se mantienen sin variantes.
El
creador no quedó satisfecho, sin embargo, y siempre con
abnegación y sacrificio, cubriendo de su magro peculio
gastos que los poderes públicos no podían afrontar en la
medida que la importancia del asunto requería, perfeccionó
aún el sistema, consiguiendo corregir insuficiencias tales
como la difícil visibilidad de ciertos tipos digitales, y
creó una clave de subclasificaciones que recogió el doctor
Luis Reyna Almandos en su trabajo “Clave de subtipos de
Vucetich para subclasificaciones”, basado en los cuatro
tipos fundamentales.
En
1893, escribió ya un tratado sobre el procedimiento de
filiación en Buenos Aires, y luego el gobernador Julio
Costa anunciaba en su mensaje a la Legislatura la
incorporación del sistema Vucetich al gabinete antropométrico
de la policía local. En esa época se escribe con César
Lombroso y con Rafael Garófalo, y en los días de la
gobernación del Dr. Guillermo A. Udaondo, restablecida la
oficina de identificación que fuera suprimida, se le confía
la dirección de la misma.
Poco
después se declaraba texto oficial de la Policía de la
provincia su libro aludido, mientras su sistema adquiría
mayor difusión. El descubrimiento de algunos crímenes
por su procedimiento, afirmaron cada día su seguridad, por
lo que publicó otro libro titulado “Registro de
Existencia”. Poco después se expedían las primeras
cédulas de identidad, y en 1901, asistió Vucetich al II
Congreso Científico Latinoamericano, de Montevideo.
Dio entonces su primera conferencia pública acerca del
sistema de su creación. En Río de Janeiro comenzó
desde entonces la adopción del sistema dactiloscópico
argentino, y ya su incorporación a la vida de otras
naciones fue sólo cuestión de tiempo.
En
1904, apareció la obra capital de Vucetich,
“Dactiloscopia comparada”, que recibió premios y
menciones. La Policía de Roma implantó su sistema, y
creció la confianza en la bondad de su invento. La
Academia de Ciencias de París sancionó el sistema, se
difundió en toda América y se extendió al resto del
mundo.
Se
estableció el canje universal de fichas de identificación,
por medio de convenios, y en 1906, el Código de
Procedimientos Penales de la provincia de Buenos Aires
sancionó el principio dactiloscópico de la identidad
humana.
El
gobierno bonaerense lo designó perito identificador, y su
discípulo y amigo, el Dr. Reyna Almandos publicó otro
trabajo de mérito sobre “La dactiloscopia argentina”.
Brasil
había ya impuesto el sistema en la marina, y entre nosotros
llegó a ser realidad un sueño del investigador: la creación
del Registro Nacional de Identificación, que con algunas
variantes se organizó por medio de una ley. Vucetich
fue su director. El Congreso de la Nación le acordó
una pensión por 10 años.
La
incansable labor de Vucetich, hasta el día de su muerte,
alternó con polémicas, viajes de estudio y propaganda por
el mundo –llegó hasta la China y la India en busca de
comprobaciones sobre utilización de impresiones digitales,
en tiempos inmemoriales-, publicaciones, instrucciones,
congresos científicos, conferencias, que llevaron a todos
los ámbitos el conocimiento de los métodos hallados y que
terminaron por imponerse en todas partes.
No
omitió sacrificio personal en su afán altruista. El
viaje mundial que realizó en 1912 fue costeado por él,
cuando acababa de jubilarse en la Policía –se habían
frustrado iniciativas generosas en la Legislatura para
premiar su labor- y para la impresión de su obra “La
dactiloscopia y su aplicación internacional”, enajenó su
biblioteca.
Poco
antes de morir donó su museo particular a la Facultad de
Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La
Plata, donde el doctor Alfredo L. Palacios, entonces decano,
instaló el Museo Vucetich, el 11 de octubre de 1924, en un
acto al que asistió el creador de la dactiloscopia, ya
gravemente enfermo.
Vucetich
falleció en Dolores, el 25 de enero de 1925. Se casó
con María Etcheverry, y en segundas nupcias con María
Cristina Flores. Sus restos descansaron en el
cementerio local hasta el 27 de agosto de 1941, en que
fueron trasladados al Panteón de la Policía de la
Provincia de Buenos Aires de La Plata, ciudad en la que
residió desde su ingreso a la institución, donde se
mantiene vivo el culto a su memoria, con su nombre al frente
de la Escuela de Cadetes de dicha Institución.
La
personalidad de Vucetich adquiere a medida que transcurre el
tiempo, un perfil cada vez más esclarecido y noble,
justificándose los homenajes que se le tributaron a su
existencia laboriosa y contraída, expuesta en la síntesis
cabal que contiene la frase de su amigo el eminente
penalista italiano Enrico Ferri: “Suo Nome stará nella
storia della civiltá umana” ("Su Nombre estará en
la historia de la civilización humana.")
(*)
El periodista Juan de Dios González es el Director
de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario
Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.
La
política económica está llena de parches y
subordinada a la acumulación de poder. Para
ello usan los argumentos más desopilantes y se
ríen de la gente.
Por
Roberto Cachanosky (*)
A
esta altura del partido hay algunas cosas que quienes
tienen que tomar decisiones a nivel microeconómico deben
tener en cuenta respecto a la política económica del
gobierno. En primer lugar que la política económica se
limita a generarle los recursos necesarios al gobierno
para que tenga caja y pueda sostener su poder político.
No existe tal cosa como un modelo de crecimiento de largo
plazo, por más que el gobierno hable constantemente del
modelo. Justamente, como no existe esa política económica
de largo plazo podríamos decir que la segunda cuestión a
considerar es que la política económica, si es que así
puede llamarse, se limita a que cada mañana busquen un
parche para ponerle al “modelo” para arreglar el lío
que hicieron el día anterior. La tercera, que a mi juicio
es muy importante, es que ellos saben que están haciendo
una ensalada fenomenal, pero están dispuestos a reírse
en la cara de la gente con tal de decir que lo que es
negro es blanco o lo que es cuadrado en realidad es un círculo.
Dicho de otra manera, por más que uno esgrima los
argumentos más contundentes para explicar la
inconsistencia de una medida que están tomando o mostrar
sus perjuicios, ellos no están dispuestos a escuchar
porque no les interesa solucionar los problemas de la
gente sino solucionar los problemas que puedan producirles
a ellos algún perjuicio político. Por eso pueden hoy
decir A y mañana Z sin que se les mueva un pelo.
Dejemos
de lado el falso positivo del cáncer de la presidente,
que fue presentado de tal manera que hace pensar que el
objetivo habría sido que la gente le tuviera lástima por
la enfermedad, y terminó siendo un papelón de comunicación
porque resulta que jamás tuvo cáncer. Supongamos que los
médicos son todos muy estúpidos y el falso positivo en
diagnosticar un cáncer es la cosa más normal del mundo.
Si uno destaca la mala comunicación del gobierno respecto
a la enfermedad de Cristina Fernández, lo que van a decir
es que encima los opositores se molestan porque la
presidente no tiene cáncer. Tienen una fenomenal
capacidad para dar vueltas las cosas.
Veamos,
el problema inflacionario lo solucionan interviniendo el
INDEC y diciendo que la inflación es de solo el 9% anual.
Inventan utilidades del BCRA para que financie al tesoro
emitiendo moneda. Están dispuestos a tirarle por la
cabeza los subtes a Macri para no tener que hacerse cargo
del aumento del pasaje. Un día dicen que el modelo es
magnífico y un ejemplo en el mundo que merece el premio
Noble de Economía porque nos blinda de la crisis
internacional y luego dicen que hay que hacer sintonía
fina por la crisis internacional. A los tarifazos los
llaman redireccionamiento de los recursos, a la emisión
monetaria desaforada la denominan crédito, ante la caída
del tipo de cambio real cierran la economía y dicen que
no hay problema cambiario sino defensa de los puestos de
trabajo de los argentinos y que Dios ha sido reemplazado
por El. Si son capaces de hacer todo esto, quiere decir
que se nos ríen en la cara. Y diría que hasta son
bastante inteligentes en el corto plazo porque a una buena
parte de la población no le interesa que se les rían en
la cara. Al contrario, una parte importante de la población
tiene una muy buena imagen del gobierno a pesar que se les
ríe en la cara. El por qué de semejante comportamiento
social escapa a mi entendimiento y tal vez al de ellos,
pero descubrieron que es una fórmula que, por ahora
funciona, y la siguen usando. Claro que con estas cosas
hay que tener cuidado porque bien sabemos los argentinos
la volatilidad del ánimo de la gente. Solo basta recordar
cómo un día el gobierno militar llenó la Plaza de Mayo
con gente que apoyaba la invasión de las Islas Malvinas y
un par de meses más tarde, cuando se descubrió que íbamos
perdiendo, no solo se llenó la Plaza de Mayo para
repudiar al gobierno sino que tuvieron que salir corriendo
y llamar a elecciones.
Pero
volviendo al gobierno actual, sabemos que todas las
medidas económicas apuntan a sostener su poder político,
que no les interesa entrar en un mar de inconsistencias,
porque al otro día inventan alguna medida, sujeta a la
ley o no, eso no importa, para emparchar la inconsistencia
del día anterior y que para justificar ese parche pueden
usar el argumento más insólito sin ponerse colorados. La
primera conclusión que tiene que sacar Ud. es que estas
son las condiciones en las que va a tener que trabajar
para sobrevivir. No para progresar. Para sobrevivir. Y la
otra cosa que tiene que tener en mente es que para el
kirchnerismo no hay límites a los que tenga que someterse
el gobierno. El poder es absoluto al estilo Luis XIV: El
Estado soy yo. Hago lo que quiero porque tengo la mayoría
de los votos y como tengo la mayoría de los votos eso me
autoriza a violar el orden republicano.
Obviamente
que en este contexto nadie toma decisiones económicas de
largo plazo. Cada uno le busca cada mañana la vuelta a la
vida para poder sobrevivir ante la asfixiante presión
tributaria, las medidas arbitrarias del gobierno y los
atropellos a la propiedad privada. Digamos que los
argentinos estamos todos en libertad condicional y
sometidos a un sistema semi esclavo por el cual tenemos
que trabajar duro todos los días para generar los
recursos que necesita el kirchnerismo para sostener su
poder político. Protestar contra este sistema puede
implicar ser tildado de traidor a la patria, terrorista o
incitar a un golpe de mercado.
Como
todos sabemos que el kirchnerismo necesita recursos para
mantener su poder, y que cada vez necesita más pero cada
vez hay menos recursos porque existen pocos estímulos
para invertir e incrementar la productividad, el dato a
tener en cuenta es que tienen que exprimir como un limón
a quienes producen para sostener a una gran cantidad de
gente que no produce pero consume. A tal punto tienen que
exprimir como un limón a la gente que hasta los
trabajadores en relación de dependencia empiezan a sentir
el rigor del impuesto a las ganancias. Y si no pregúntele
a Moyano.
¿Cuánto
puede durar esta construcción de poder? Solo Dios lo
sabe. Pero imaginemos que aquellos que producimos y somos
esquilmados por el Estado empezamos a producir cada vez
menos porque advertimos que cuánto más nos esforzamos, más
nos quitan el fruto de nuestro trabajo. Ese día puede ser
letal para el gobierno porque el gobierno se quedaría sin
financiamiento. Es más, supongamos que todos los que
producimos y somos esquilmados nos declaramos en huelga y
dejamos de producir porque decidimos dejar de ser siervos
de la gleba. ¿De dónde sacaría el gobierno los recursos
para sostener su poder político? Porque finalmente uno se
pregunta: ¿por qué deseo integrar una sociedad? Porque
le delego el monopolio de la fuerza al Estado para que
defienda mi derecho a la vida, a la propiedad y a la
libertad. Para eso estoy dispuesto a sacrificar parte de
mis ingresos y pagar cierto nivel de impuesto y sostener
el aparato Estatal que tiene que cumplir esas funciones.
Ahora, si el Estado no solo no me proporciona seguridad
sino que, además, viola mis libertades y propiedad
privada y, encima, se queda con una creciente porción del
fruto de mi trabajo, pierde sentido formar parte de la
sociedad.
Charles
Adams escribió un par de libros sobre la historia de las
rebeliones fiscales en el mundo a lo largo de la historia.
Esos casos muestran que hay un límite a la paciencia de
la gente a ser esquilmada. Pero mientras tanto, las reglas
de juego son las mencionadas: Ud. tiene que trabajar cada
vez más o disminuir su calidad de vida para aportar a la
caja del gobierno que es el mecanismo que tiene para
sostener su poder político. Y, también mientras tanto,
ante cada nueva expoliación o entorpecimiento de su
trabajo para emparchar el modelo, tendrá que escuchar
argumentos que justificarán las medidas sintiendo que se
le están riendo en la cara. Porque la fórmula es esa:
acumular poder, emparchar y reírse de la gente usando los
discursos más desopilantes.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
Un
buen libro no es aquel que piensa por ti, sino aquel que te
hace pensar.
James
McCosh
Muchos
se jactan de lo que saben, pero a mí me deleita lo que he
aprendido.
Mis
maestros no fueron los únicos que me educaron, fue la
realidad quien me ilustró, la realidad me civilizó y me hizo
independiente, puliendo en mi mente el determinismo oscuro y
oculto tras las enseñanzas viciadas de oscurantismo (esa
forma tenebrosa para ocultar la vacuidad y que considera a la
gente intelectualmente incapaz de conocer los hechos y la
verdad sobre los gobiernos y sus actores). Así, se fue
borrando de mi pensamiento lo relativo y se potenció en mis
sentidos lo real, dejando totalmente de lado lo ficticio e
ilusorio, lo mezquino y obsecuente, lo egoísta y clientélico.
Saber
no significa comprender, entender y mucho menos vislumbrar el
futuro.Aprender
representa estar siempre en contacto con la realidad, lo que
sumado a lo consabido puede ayudarnos a distinguir los matices
que representan los colores del escenario y del contexto en
que vivimos.
La
verdad es uno de los temas centrales de la teoría del
conocimiento. En la filosofía platónica, la verdad era el
reconocimiento de la idea. El aristotelismo impuso el criterio
de la verdad vinculando el juicio con el objeto, concepción
aceptada por la escolástica y prolongada incluso en el
pensamiento kantiano.
Para
el marxismo, la verdad es el resultado de la correlación
entre la actividad humana y unas actitudes de transformación
del proceso histórico. Para las corrientes existencialistas,
la verdad consiste en el desvelamiento de la realidad auténtica,
el ser en contraposición con la apariencia.
Existen
verdades viejas y verdades nuevas; hay verdades centrales y
verdades superficiales.
Las
viejas son aquellas que fueron tales en determinado momento
histórico y sostenidas por la realidad del momento, luego
suplantadas por verdades nuevas nacidas como consecuencia de
una situación y un contexto distinto y actualizadas al
instante concreto del reloj de la historia.
No
obstante, la verdad central es aquella que se sostiene a través
del tiempo en contraste con las verdades superficiales o
simples sofismas, tan en boga en este transitorio y perverso
presente.
Muchos
son los que pretenden ser dueños de la verdad al momento de
postularse como potencial candidato o ejercer su apoyo a
determinada candidatura. Para ello, si les resulta necesario y
conveniente transformar una evidencia en una mentira, lo hacen
con total desparpajo y naturalidad.
Y
se dicen políticos... Confunden el objeto de la política, ésta
debe ser utilizada para transformar la realidad circundante y
no para desvirtuar la realidad dominante.
Este
pensamiento negligente posterga la solución de los
conflictos, pues estos políticos que viven con buena
conciencia por mala memoria, poseen una ceguera parcial y
selectiva que atenta contra ese protagonismo y compromiso
adquirido en su momento, cuando eran simples aspirantes o
postulantes.
Estos
personajes que mienten, engañan, difaman..., en definitiva,
no hacen otra cosa más que atentar contra las verdades
centrales.
En
ese afán de demostrar lo que en realidad no son, cometen
deslices que los muestran como indefinidos e inciertos.
En
el juego de las “roscas”, pactos, enroques y componendas,
se juntan la Biblia con el calefón, el derecho con el
traidor, el que “labura” con el ladrón; resultan más creíbles
los embusteros que los evidentes y claros.
La
mayoría de nuestra clase política resulta un cambalache de
sofistas, de embaucadores y de caóticos petardistas de
nuestra cruel realidad.
Son
muy pocos los que ante una realidad, basándose en la verdad
central, promueven o intentan llegar al cambio con honestidad,
capacidad, racionabilidad y virtudes verdaderas.
(*)
El periodista Juan de Dios González es el Director
de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario
Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.
¿Cuál
es la realidad?. La realidad es la verdad y la verdad... la
verdad es que no tenemos nada. No estamos bien... estamos en
el horno.
Nuestro
país se debate entre la injusticia, la perfidia y el
oscurantismo. Cual voraz epidemia se extiende en el país una
forma de hacer política que poco tiene que ver con el sistema
democrático, que dicen, estamos deleitando.
Persiste
la prepotencia y el “patoterismo”,a punto tal, que para justificar posicionamientos,
algunos pseudos candidatos dicen “yo no recibo órdenes de
nadie”, cuando en verdad, su accionar, debe ajustarse a lo
que determina la Constitución y las Leyes; y, además, deben
cumplir con el mandato de quienes lo designaron como su
representante, es decir, se encuentran a las órdenes de
quienes les delegaran el poder.
El
ciudadano padece un constante atropello por parte de los tres
poderes del Estado. Se adelantan, se atrasan o se postergan
los actos eleccionarios, siempre de acuerdo a la conveniencia
de los intereses del poder, nunca por el imperio del derecho y
en favor del elector.
Se
juega con la voluntad de la gente tratando de acobardarlos e
impresionarlos,para
luego conferirles réditos y beneficios a minorías
indeseables y proclives a corruptelas casi mafiosas.
Entre
los inútiles anacoretas que juegan a “santones” y los
audaces pícaros que justifican lo injustificable, se
encuentran los incautos, cándidos e inocentes votantes,
algunos de los cuales terminan creyendo en las promesas
populistas y demagogas de ambos bandos enfrentados.
Luego
llegan los resultados de los escrutinios con denuncias de
fraudes, fullerías y engaños incluidos, asegurándose el
triunfo a un desquicio de maldades, de inservibles y de
protervos oportunistas.
Si
las leyes y las urnas no les permiten obtener sus logros, no
dudan en recurrir a la sedición y la barbarie.
Las
consecuencias de tales actos nos agobian y avergüenzan.
Concluimos juzgándonos como necios vasallos, ridiculizados
ante el mundo, mundo que asiste boquiabierto observando a un
gran país devastado y arruinado por gobernantes inapropiados,
“turros”, fraudulentos y malintencionados.
Como
consecuencia de esta situación y la aversión respecto a la
política, hemos ingresado en lo que se denomina alineación
política.
Esta
situación se da cuando las instituciones políticas resultan
impermeables a la posibilidad de participación masiva, por la
ineficiencia de las entidades intermedias y por los sucesivos
fracasos de los partidos políticos y su alternancia en la
función dirigente.
También
incide en la alineación política el “participacionismo”
frustrado por esa impermeabilidad del sistema y de las
estructuras partidarias, con la consecuente inaccesibilidad a
los mecanismos de decisión.
Otra
causa motor de la alineación política resulta la difusión
de un modelo político que genera amplias expectativas,
expectativas que luego son defraudadas al no ajustarse con la
realidad, haciéndolas totalmente inaplicables.
El
descreimiento heredado por haber experimentado en forma
reiterada cualquiera de las causas antes señaladas, es también
un factor de alineación política.
Nuestra
democracia necesita una instrucción básica y permanente del
ciudadano, para que pueda conducirse como tal y no como súbdito.
La
democracia exige una información previa, puesto que si la
participación es la intervención en las decisiones públicas
y estas se convierten en puro “decisionismo” es necesario
un planeamiento real para que la decisión sea prudente y
reflexiva.
La
democracia necesita también de una crítica posterior a la
actuación de los gobernantes o de los representantes
designados por los ciudadanos. Esta crítica es practicada
generalmente por los distintos medios de comunicación e
información, quienes se constituyen en uno de los
controladores de la opinión pública. Es decir, ofician de
instructores, cumplen una misión pedagógica y una misión crítica.
Lamentablemente,
en este punto, también,el ciudadano debe de estar alerta y advertido, pues
toda información canalizada a través de los medios de
comunicación lleva implícita una cuota o dosis de
subjetividad y de intencionalidad, no solo, un intento de
captar las opiniones ajenas, sino, además, una importante
carga política que puede desvirtuar la realidad y propiciar
en el receptor una descomposición de su libre razonamiento y
la consecuente perdida del sentido común.
¡Que
destino! el de los argentinos. Debemos cuidarnos hasta de
nuestra propia sombra. Resulta imposible depositar confianza,
sin antes tomar todas las precauciones; e inclusive, ello, no
constituye ninguna garantía, igual podemos terminar
defraudados por hábiles timadores de la voluntad popular.
Roguemos
que el horno se apague y se encienda la luz de la esperanza,
para lo cual, es necesario, que comencemos a ejercer nuestros
derechos ciudadanos, obligando -a los sentados en los
distintos estamentos del poder- a cumplir con la obligación
constitucional de ser nuestros representantes en el ejercicio
del mando conferido, quienes, con la arrogancia de la
impunidad juegan a reyes, princesas y santurrones,
desprovistos de toda responsabilidad hacia el verdadero y único
soberano, el Pueblo, mezclando en sus ambiciones
electoralistas, el agua con el aceite.
(*)
El periodista Juan de Dios González es el Director
de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario
Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.
El
sorprendente crecimiento de los índices delictivos, la
ferocidad y la impunidad con que se mueven los delincuentes en
nuestro país, en especial en la provincia de Buenos Aires,
tiene una razón de ser.
Anteriormente,
la delincuencia, si bien era de alta peligrosidad, reconocía
códigos de conducta que respetaban y hacían respetar. La
edad promedio de los delincuentes superaba holgadamente los 20
años.
Con
la aparición en la década del 70 de las bandas organizadas
de tinte ideológico y con características subversivas, hizo
que ingresaran en las cárceles muchos de sus integrantes.
Estos, comenzaron a tener contacto con los delincuentes
comunes a quienes transfirieron todos sus conocimientos en
materia de organización, adiestramiento militar, estrategia
en la lucha armada y fundamentalmente en lo que respecta a la
sustentación económica de las organizaciones a través del
dinero obtenido de los secuestros, robos a bancos, asaltos a
camiones blindados, etc..
Así
nacieron las que posteriormente se denominaron
“superbandas”, las cuales operan organizadamente,
utilizando estrategias, apoyos logísticos, técnicos y
legales; es decir, poseen elementos de comunicación de última
tecnología, armas de nueva generación y de grueso calibre,
explosivos, vehículos del tipo y característica que precisan
para cada ocasión, chalecos antibalas de mayor comodidad y
efectividad que los utilizados por las policías y; además,
estudios jurídicos dispuestos a darles antes, durante y después
de los hechos que comenten, toda la cobertura legal, llegando
inclusive a administrarles el dinero y bienes productos de sus
actos ilícitos.
El
advenimiento de la democracia encontró a una policía
distanciada de la población a causa de rencores producto del
papel que le cupo durante el proceso militar, no obstante lo
cual, el poder político de turno, lejos de propiciar una
fuerza altamente profesional y efectiva en el cumplimiento de
su misión y dentro del estado de derecho imperante desde
1983, la utilizó de manera similar o aún más vil para
proteger sus intereses políticos y fraudulentos. Réditos
estos, también acaparados por la delincuencia, a la que
resulta muy común verla en el papel de víctimas y a veces
protegida, consciente o inconscientemente por organizaciones
sociales y por algunos medios de comunicación interesados en
el raiting, mientras la sociedad resulta permanentemente
defraudada.
La
falta de valores y buenos ejemplos en quienes verse
reflejados, la introducción de la droga en todos los niveles
sociales, la falta de una buena formación y educación, la
escasez de trabajo, la creciente indigencia y la pérdida de
expectativas y perspectivas en el futuro, provocaron no sólo
un crecimiento de la delincuencia sino una disminución en la
edad de los que delinquen; siendo hoy -hasta natural y común-
ver cometer delitos de distinto índole y gravedad a
adolescentes y niños.
En
el año 1997, al no tener la capacidad para afrontar el
problema, en gran parte por él generado, el entonces
gobernador Eduardo Duhalde, propicia el mayor golpe a la paz y
la seguridad de los bonaerenses; destruye la Policía de la
Provincia de Buenos Aires y luego le cede paso al abogado León
“Sensación” Arslanian (en la actualidad muy cercano y
asesorando a la ministra de seguridad de la Nación Nilda Garré)
quien además de desorganizar totalmente la institución
promueve la reforma Policial y Judicial, muy interesante en el
papel y a los ojos de los neófitos, pero totalmente
inaplicable en la realidad. Además, como si ello fuera poco,
posteriormente nombró como subsecretario de seguridad a un
abogado defensor de integrantes de superbandas (Héctor
Lufrano – patrocinante, entre otros, de Luis “El Gordo”
Valor).
Estos
y otros yerros de quienes le sucedieran al frente del
Ejecutivo y del Ministerio de Seguridad provocaron la gran
estampida delictual que hoy tiene aterrada a toda la sociedad.
A medida que pasan los días la inseguridad es cada vez más
atroz, inhumana e imposible de contrarrestar.
Es
tan grave el problema que hasta los candidatos a puestos políticos
basan sus campañas prometiendo la solución, cuando en
realidad, en la mayoría ellos, aún subyacen viejos rencores
o propician soluciones mágicas, propias de culturas
primitivas y también están los que propician foros donde los
entendidos en el tema no tienen aforo y opinan solamente
aquellos que desconocen la trama y el contexto del problema;
es como por ejemplo, si se creara un foro de medicina
integrado por abogados, comerciantes, policías, industriales
e intentaran enseñarle al profesional galeno como utilizar su
bisturí en una riesgosa operación.
Hoy,
asombrosamente, “vigilantes sin chapa” que tocan de oído,
son quienes manejan la seguridad y pretenden solucionar un
problema en el que ellos mismos nos enclavaron.
(*)
El periodista Juan de Dios González es el Director
de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario
Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.
Más
allá de las cuestiones ideológicas, dejando de
lado los intereses políticos partidarios y
sectarios, los egoísmos estúpidos yotras retrógradas actitudes; es
necesario planificar luego de fijarse metas
concretas. Se debe proyectar para el futuro
teniendo en cuenta la realidad agobiante de hoy,
determinar que objetivos se deben lograr para
cambiar y comenzar a transitar el camino que nos
conduzca inevitablemente al éxito.
A
menudo escuchamos decir que el Fondo Monetario
Internacional u otros organismos a los cuales
recurrimos en búsqueda de créditos o
refinanciamiento de la deuda externa, nos exigen
para concederlos la elaboración de un plan
sustentable. Nuestros políticos lejos de actuar
coherentemente y proyectar planes realizables y
que se puedan mantener en el tiempo, se limitan
a pretender la obtención de recursos para
repartir dadivas, jamás se proponen procurar la
obtención de capitales para comenzar a
solucionar los problemas que nos aquejan.
Un
territorio inmensamente rico como el nuestro
resulta un verdadero desperdicio, la solución
pasa por movilizar los recursos paralizados,
poner el país en marcha y a la gente a
trabajar. Se debe devolver la propiedad del
salario al trabajador.
Estamos
en crisis, pedimos créditos para planes
sociales, generamos el ocio, hay desempleo,
tenemos carencias en cuestiones elementales
tales como salud, vivienda, seguridad, educación,
desvinculación de los pueblos con las áreas
productivas por la inmensa superficie
territorial de la nación y la carencia de vías
(carreteras, ferrocarriles aeropuertos) para el
transporte.
Países
mucho más pequeños que el nuestro, hasta
iguales o más chicos que algunas de nuestras
tantas provincias, hacen, por ejemplo, de la
forestación y su explotación la generación de
fuentes trabajo y divisas. De dieciséis a
veinte millones de hectáreas útiles para tales
fines, solamente utilizamos un millón.
Se
deben fijar las metas para solucionar las
carencias antes mencionadas, para ello
construyamos viviendas, escuelas integradas a
centros deportivos, carreteras, autopistas,
puentes, cloacas, plantas potabilizadoras de
agua, reactivemos la explotación de nuestros
recursos naturales, etc.; debemos eliminar el
privilegio, asegurándose a cada ciudadano el
fruto de su trabajo honrado, para lo cual deben
posibilitarse horizontes y perspectivas a todas
las clases sociales, que les permitan mediante
su esfuerzo la concreción de un mejor porvenir.
Constancio
Vigil decía: “La verdadera calidad no es dar
al necesitado, sino, evitar que él exista”,
mientras que San Pablo profesaba: “El trabajo
es la ley de la vida, la ley de toda la creación
y de todo progreso”.
La
solución no está en regalar comida o propiciar
falsas ayudas a desocupados y carenciados,sino en propiciar la dignidad del hombre
obtenida mediante el producto de su trabajo;
esas dadivas representan la incapacidad de
quienes nos representan en el ejercicio del
poder y no asumen la obligación y la
responsabilidad que tienen de remediar los
problemas que nos aflige y atormenta.
(*)
El periodista Juan de Dios González es el Director
de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario
Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.
Muchos
de nuestros políticos no pretenden ser los administradores o ejecutores
de un proyecto social, no desean ser los encargados del cambio ni de
exhibir los pasos que talentosamente conducen a la utopía, no aspiran a
fomentar un lazo con sus votantes en el real sentido de ser su
representante, como tampoco les interesa ser los ejecutores de las medidas
que concreten el futuro deseado por el electorado; solamente pretenden que
el pueblo delegue en ellos su porvenir para de ese modo poder construir
mejor el propio y reunir la fuerza de muchos para vigorizar su propia
fuerza.
No
son realmente políticos o estadistas. En sus roles de candidatos son un
producto comercial; aspiran a colocarse ventajosamente en el mercado
electoral, a vender su imagen, una imagen creada y planificada por
publicistas y analistas, por maquilladores y argumentistas, por
especialistas en propaganda y en comunicación social. Desean que el
potencial votante tenga la imperiosa necesidad de comprar una promesa, una
promesa que jamás se cumplirá.
El
problema que poseen estos individuos es que exista un país sin carencias,
una sociedad conformada con individuos autosuficientes, reflexivos y con
espíritu crítico, porque de ese modo no podrán valerse para sus fines
de los defectos, las debilidades, la incultura, la desinformación y la
falta de sentido comúnde
los electores.
Prometen
un país de hombres libres, instruidos, racionales, reflexivos, pero
cuando atraparon al electorado y ya ejercen su cometido acrecientan la
opresión, fomentan la incultura, la insensatez y laincomprensión, aumentando y perpetuando la atomización social.
Para
ir construyendo su poder necesitan de la ignorancia, la irracionalidad, la
demencia y el "sin sentido".
Son
manipuladores que se reservan de hablar al intelecto de sus potenciales
votantes o electores, porque es converger a la comparación, a la deducción,
al análisis, es dirigirse a individuos, representa arriesgarse a los
azares de la opción; solamente buscan la devoción, el éxtasis y la
convulsión de las masas hablándoles al corazón.
Estos
son en gran parte nuestros políticos y gobernantes, hoy hacen promesas y
afirmaciones que con el mismo candor y vehemencia, mañana negarán.
Es
necesario reflexionar. En un país como el nuestro; donde los tilingos y
bellacos, son quienes habitualmente nos gobiernan o dirigen; el común de
la gente no conoce la realidad. Solamente el pobre toma inmediata posición
de la verdad (por el estómago), porque al de clase media o acomodada le
llega totalmente filtrada y cuando se dan cuenta es demasiado tarde. Así
pasó con los ahorristas y la gran mayoría de los argentinos, quienes
apostaron al país, creyendo que la clase política y dirigente cumpliría
con las políticas y promesas hechas, no sospechando, que al menor cambio
de conductores se perderían todas aquellas esperanzas forjadas por el
sacrificio individual y colectivo de una sociedad que hoy resulta
defraudada en susilusiones.
La
política es la ciencia social y práctica cuyo propósito es la búsqueda
del bien común de los miembros de una comunidad. El bien común no es sólo
la misión del poder político sino también razón de ser de la supremacía
política.
La
política debe poseer una base moral, debe ser practicada por hombres de
bien y cultivada por quienes conocen lo que es bueno en todo lo que les
concierne, es decir por seres virtuosos.
Ser
un hombre de bien en la política no es solamente tener las virtudes
necesarias, fundamentalmente es el uso que de ellas hace el virtuoso para
concretar el bien general y no el propio. La mayor felicidad del político
no debe ser concretar la propia, sino la felicidad del pueblo.
Nuestros
gobernantes no piensan en nosotros, piensan por nosotros. Así, el
resultado: Se alimentan, se visten, se educan, se protegen, se medican y
curan....por nosotros. Sus hijos estudian, parrandean y viajan... por
nuestros hijos. Sus amigos y familiares trabajan, prosperan y
evolucionan....por nosotros. Toman decisionespara ellos, gobiernan para ellos, adoptan seguridad personal y jurídica
para ellos, comprometen los intereses de la Nación y sus riquezas para
ellos; pero siempre,pensando
por nosotros. Nunca, jamás,se
propondrán elevar el pensamiento del ciudadano, ni enseñarle a pensar
por si mismo, sin catequizar doctrinariamente sus sentidos. Ellos poseen
la exclusividad del razonamiento; ocupan nuestras mentes con extrañas
intrigas, creencias e ideologías; mediante la dialéctica y acciones
deterministas pretenden enclaustrar nuestros pensamientos, para qué el
vuelo del raciocinio libre y reflexivo de los súbditos no les impida
seguir pensando en ellos, para ellos .....y por nosotros.
Y...
nosotros... nosotros... cuando pretendemos ejercer el derecho al voto,
votamos mal, miramos para otro lado o somos estafados por fraudulentos
resultados.
De
muestra basta un botón, el resultado de las elecciones está a la vista.
(*)
El periodista Juan de Dios González es el Director
de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario
Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.
En
los políticos, que se presentan de modo seductor, yace un
estilo de mendicidad; convierten a menudo la verdad en
mentira; atesoran la verdad pero... constantemente la
tergiversan. Utilizan el entendimiento para destruir la razón,
carecen de sinceridad y mediante la dialéctica alteran el
sentido de las palabras.
Esta
clase de políticos, que luego se adueñan del poder,
monopoliza el lenguaje del mando sin poder fáctico, están
solamente en la búsqueda de una eficaz sofística, tienen por
suficiente el entendimiento pero... sin la razón.
La
habilidad con que se abren paso gracias a sus codos, solo es
superada por la vital brutalidad con que, llegado el caso,
saben valerse de ellos para ascender o perdurar en la
estructura del poder.
Sus
rostros siempre risueños y augurantes de prosperidad, ocultan
tras su jovial apariencia la falta de seriedad con que manejan
la cosa pública. En vez de pronunciar palabras de manera
entendible y dúctil, gritan con estilo enigmático gozando
con su notoriedad y operando caóticamente en lo inestable,
escribiendo la historia en arenas movedizas, mediante lo que
suponen una acción de administración y gobierno.
Cuando
se considera a la política como lo absoluto de la realidad
humana, cuando se politizan todos los actos y cuando el pensar
analítico de Maquiavelo desciende hacia un inescrupuloso
maquiavelismo, quebrantando la moral y el derecho, la verdad y
el amor, la existencia y la trascendencia; nos transbordan
directamente hacia un totalitarismo político.
El
auténtico hombre de Estado se destaca por el amplio sentido
de la idea moral y el altruismo de los individuos, El legítimo
político no presiente, sino más bien sabe; no tiene únicamente
en cuenta el origen del altruismo y la magnanimidad actuante
en el afán de libertad y justicia; además, cuenta con dichos
atributos, sin convertirlos por ello en un instrumento grosero
de la política.
El
hombre de Estado siempre tiene a la vista el hecho de que no
están en juego sus propios intereses, sino los intereses de
los demás. El político auténtico no exige, sino despierta
confianza; no se toma el trabajo de orientar o alinear al
electorado, lo cautiva con sus idoneidades y aciertos.
Si
el ciudadano común actúa de manera irreflexiva al momento de
elegir al candidato para que lo represente y gobierne,
indefectiblemente se encamina al sometimiento, es prácticamente
entregarse al totalitarismo.
Con
estas palabras no se pretende agitar a favor o en contra de
una elección; todo conocimiento o experiencia que se difunde
lleva siempre algún provecho a la sociedad; el que aprende
por si mismo, aprende a fuerza de errar; y los errores se
pagan siempre.
Con
estas palabras simplemente procuro hacer adquirir conciencia,
teniendo en cuenta que el futuro de los argentinos depende de
la responsabilidad con que cada uno de nosotros decida emitir
su voto en las próximas elecciones.
Téngase
en cuenta la existencia de políticos que quieren adeptos que
los sigan, otros herederos que los prosigan, no para
satisfacer las necesidades del conjunto sino para saciar sus
propias apetencias y mezquindades y; que también existen
hombres y mujeres de recta conciencia, con grandeza en sus
almas, generosidad en sus sentimientos y con abnegación en
sus sacrificios, dispuestos a orientar todas sus cualidades,
experiencias y virtudes hacia el logro del bien común y la
grandeza de nuestra Nación.
La
cuestión es saber elegir, pero pareciera que los argentinos
padecemos el “Síndrome de Estocolmo”, ese estado psicológico
en el que la víctima de secuestro, o persona sometida contra
su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad
con su secuestrador. En el caso que tratamos, sería una
sociedad atrapada contra su voluntad por una corriente política
que la desmerece y atribula, sociedad que luego termina siendo
encubridora del poder al ofrecerle la posibilidad de continuar
dirigiendo su destino, cada vez más nebuloso y oscuro.
La
cuestión... la cuestión es saber elegir, pero para ello, es
necesario que existan claras propuestas y no sucias
o infaustas finalidades detrás de especuladoras promesas y
que el soberano esclarecido sepa colocar en la urna un voto
que le asegure libertad, bienestar y un futuro venturoso para
él, sus descendientes y de nuestra decaída Patria.
Posdata:
La cuestión es saber elegir, pero la opción debe estar
conformada por decorosos postulantes... ¿los hay?
(*)
El periodista Juan de Dios González es el Director
de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario
Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos
Aires.