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27/07//2010

EL PUNTO G DE LA ARGENTINA

Los Kirchner parecen haber logrado desentrañar los secretos de los pliegues más íntimos del razonamiento argentino. En esa manipulación de la sensibilidad nacional basan su poder y sus estrategias.

Por Carlos Mira (*)

El otro día conversé con dos encuestadores y analistas políticos de primer orden. Lo hice separadamente, primero con uno luego con el otro. Eso me dio la oportunidad de comentarle al segundo cuál era la impresión del primero (por supuesto sin nombrarlo) respecto de las elecciones del año que viene. Su reacción me sorprendió.

El primer encuestador me había dicho que había cuatro sectores políticos en pugna: el oficialismo, el peronismo federal, el panradicalismo y la izquierda de Solanas. Sólo los tres primeros, obviamente, tienen chances.

Más allá de que el primer dato de la enumeración es que en esta lista no figura Macri, lo interesante del razonamiento es que según esta persona, los tres sectores irán a elecciones internas abiertas.

De ese proceso surgirán tres nombres. Para mi interlocutor, en el campo oficial, ese nombre no será el de un Kirchner: el matrimonio está muy desprestigiado socialmente como para remontar semejante cuesta electoral. Tampoco -por los mismos motivos, según él- está en condiciones de ganar nadie que los Kirchner designen como su delfín.

En el peronismo federal quienes aparecen son Solá y Duhalde y en el panradicalismo Alfonsín, Carrió y Cobos.

Los pronósticos que este encuestador maneja son que la interna del PF la ganará Sola y que el mejor perfilado hasta ahora en el panradicalismo es Alfonsín. A esto se le agrega el dato subjetivo de que, para él, el próximo presidente será peronista.

Salta a la vista que su candidato en términos de ganar la elección general se llama Felipe Solá (es peronista, no es oficialista y le ganaría la interna a Duhalde).

Cuando relato estos razonamientos al segundo encuestador me dijo que respetaba mucho a su colega, pero que disentía. Quizás podría estar de acuerdo en que el matrimonio presidencial no vaya por la reelección, pero que dudaba mucho de que el oficialismo no fuera a ganar.

Si bien dejó a salvo que el sucesor fuera también afecto a las traiciones posteriores que, aparentemente, todo delfín comete con su padrino y que, por lo tanto, dejara a Kirchner en la estacada, lo interesante del comentario de esta segunda persona fueron las razones por las que él creía que el oficialismo tenía altas chances de ganar: “Cuando abran las canillas completas de la Anses y del BCRA, vas a ver…”, me dijo.

Y aquí es donde aparece, no mi sorpresa –porque a esta altura estoy curado de espanto con este país–, pero sí mi curiosidad. Si lo que esta persona dice es cierto (que con plata regalada se ganan las elecciones) ¡qué imagen triste tiene la Argentina…!

El país de la “solidaridad”, la sociedad “cálida”, la que escapa de las “materialidades capitalistas del dinero” en busca de formas más románticas y humanas de vida, entrega su voluntad a cambio del chorro de plata que aparezca desde el Anses y del Banco Central.

¿Dónde quedaron nuestros inmaculados conceptos antidinero? Es más, si nos definieramos como “capitalistas” al menos seríamos partidarios de ganarnos la plata con nuestro esfuerzo, con nuestra inventiva o con nuestras ideas, siendo más competitivos, siendo más eficientes, trabajando mejor, dado que todo eso es lo que el capitalismo premia con dinero.

Pero en este caso aparecemos como una sociedad que ama la plata tanto como el más cerdo de los cerdos capitalistas, pero sin trabajar por ella; pidiendo que nos la regalen o, mejor dicho, que nos la entreguen a cambio de nuestro voto.

¡Qué vergüenza nacional!, ¡qué repugnancia causa tanta hipocresía! ¿Será así?, ¿tendrá razón mi segundo interlocutor?, ¿habrá desentrañado Kirchner los pliegues más íntimos del razonamiento argentino? ¿Habrá encontrado la pareja presidencial el Punto G nacional? Falta un año para saber de qué material estamos hechos.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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26/07//2010

CASO MACRI: UN LLAMADO DE ATENCIÓN SOBRE EL RIESGO QUE CORREN LAS LIBERTADES CIVILES

Lo preocupante no es si Mauricio Macri pierde la jefatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sino el futuro de las libertades civiles. En caso de que la sociedad no reaccione, las libertades más elementales quedarán anuladas.

Por Roberto Cachanosky (*)

La semana pasada vi por televisión varios debates sobre el procesamiento de Macri. Lo primero que percibí en esos debates es el grado de resentimiento y falsedad de buena parte de la dirigencia política. En primer lugar porque ya lo declaran culpable cuando todavía está siendo procesado y, en segundo lugar, porque me tomé el trabajo de leer el fallo de la Cámara que confirma el procesamiento y, sin ser abogado, pude advertir la argumentación forzada que hizo la Cámara para continuar con el procesamiento. Al respecto, también la semana pasada Carlos Mira escribió una columna en este sitio y comenta claramente los argumentos endebles de los jueces para seguir con el procesamiento.

Como dice Carlos Mira, del fallo se desprende que como Macri conocía a Palacios y Palacios conocía a James, Macri no podía ignorar lo que hacía Ciro James, agregando que como Macri tenía como gran lema de su campaña la creación de la policía metropolitana, no podía dejar de saber que había pinchaduras de teléfonos.

Siguiendo con el razonamiento de la Cámara, uno podría decir que ante el escándalo de los negociados con Venezuela, Néstor Kirchner tendría que ser procesado porque siendo presidente no podía dejar de conocer que había una embajada paralela. Es más, el mismo Bielsa le había advertido del caso. O, para tomar otro hecho, Oyarbide debería procesar a Kirchner porque su ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, está sospechado (creo que todavía no fue procesado) por casos de corrupción, siendo que Kirchner siempre hizo gala en sus discursos de la obra pública y del transporte, continuando con el razonamiento de la Cámara, Kirchner no podía estar ajeno a lo que hacía su secretario de transporte.

¿Por qué la justicia no investiga a Cristina Fernández en el caso Antonini Wilson, siendo que éste viajó en un avión alquilado por el gobierno Argentino y ella no podía ignorar que Antonini Wilson traía valijas llenas de dólares a la Argentina sin declararlas? Es más, ¿cómo es posible que ella, que tan atenta está a sus actos, no advirtió que Antonini Wilson estaba en la Casa Rosada en un acto oficial? Los ejemplos podrían seguir y llegaríamos a la conclusión que una parte de la justicia se ha politizado de tal manera que hemos llegado a un punto donde ya no existe el estado de derecho sino que vivimos en un sistema en el cual, quien llega al poder, utiliza los resortes que tiene a sus disposición para enriquecerse personalmente, presionar a quienes no están de acuerdo con sus ideologías o se atreve a denunciar las barbaridades que dice o hace el oficialismo.

Al respecto, mi experiencia personal es que en cuatro años he tenido 3 inspecciones de la AFIP (una está en curso), siendo que mi patrimonio y mis ingresos son monedas comparadas con los ingresos y patrimonio de Kirchner, cuyas declaraciones de ganancias no resisten el menor análisis, no deja de llamar la atención que la AFIP siempre ponga la lupa sobre mis declaraciones juradas.

Por eso la gente tiene miedo de hablar o manifestarse contra el gobierno. ¿Cuánta gente tiene pánico de hablar por teléfono o mandar un mail por miedo a tener pinchado el teléfono o los mails? Aquí se ha establecido un sistema de terror contra los ciudadanos que van desde el uso de instituciones oficiales como mecanismo de presión, pasando por las guarangadas de un funcionario con rango de secretario hasta llegar a mandar a fuerzas de choque cuando alguien sale a la calle a manifestar. Recuerde el lector cuando D’Elía salió a repartir trompadas para desalojar la Plaza de Mayo cuando el conflicto con el campo, o las fuerzas de choque que fueron a la Quinta de Olivos el sábado que detuvieron a de Angelis por cortar la ruta.

Es obvio que el caso Macri tiene un profundo olor a típica operación, igual que le pasó a De Narváez en plena campaña electoral del año pasado o a Enrique Olivera cuando lo acusaron de tener una cuenta en el exterior y luego se aclaró que no tenía ninguna cuenta y que el que lo había denunciado había mentido.

Pero volviendo al tema de los debates en televisión, observé dos cosas. En primer lugar que la mayoría de los periodistas que entrevistaban a Macri, por no decir todos, no se habían tomado el trabajo de leer el fallo de la Cámara. El grado de superficialidad con que preguntan es pavoroso. En segundo lugar los legisladores de la ciudad opositores tampoco deben haber leído el fallo de la Cámara porque si lo hubiesen leído y actuaran de buena fe no puede salir a crucificar a Macri tan rápidamente, porque así como ellos lo crucifican hoy, mañana los van a crucificar a ellos.

Otro tema que quedó en evidencia de esos debates es el alto grado de resentimiento, revanchismo y necedad con que hablan del tema llevando la cuestión a la represión de la década del 70. Con una facilidad espeluznante relacionan el caso de las escuchas en la Ciudad, con el gobierno militar.

Un párrafo aparte merece la postura de Carrió, que siendo abogada no puede decir que el fallo de la Cámara es impecable. Si para Carrió este es el tipo de justicia que debe imperar en la Argentina, entonces no tienen demasiadas diferencias con los Kirchner en su forma de entender el Estado de derecho. Con su postura y la de algunos de sus legisladores, Carrió deja de ser creíble en su discurso del contrato moral. Sería bueno que, sin mucha demora, rectifique su afirmación y no defienda a Macri, sino la existencia de una justicia independiente.

A esta altura de la nota vale la pena hacer una aclaración. A Mauricio Macri lo traté una sola vez en su casa, varios años atrás, cuando me invitó a desayunar e intercambiar ideas sobre el país. Una reunión de no más de una hora u hora y media. De manera que las líneas que estoy escribiendo no se fundan en una relación personal con el Jefe de Gobierno y mucho menos en una militancia mía en el PRO, porque no la tengo. Estas líneas solo pretenden manifestar mi profunda preocupación por la ausencia de una justicia confiable. De una oposición que parecía defender la institucionalidad del país y ahora sale con que como la Cámara lo dijo está bien, cuando basta asignarle una hora como máximo para leer unas 12 páginas que le dedica el fallo al caso Macri, para alarmarse con la facilidad con que aquí se puede procesar a una persona, basándose solo en “se sabía” (sin decir quién sabía) que tal cosa o la otra. O haciendo un carácter transitivo por el cual si A conoce a B, y B conoce a C, A no puede desconocer lo que hace C, argumento que usa la Cámara para confirmar el procesamiento del Jefe de Gobierno.

Empresarios que son apretados si no obedecen las órdenes del mandamás. Servicios de inteligencia que controlan a los ciudadanos. Organismos públicos que persiguen a contribuyentes por opinar diferente. Fuerzas de choque financiadas con la plata de esos mismos contribuyentes que son perseguidos. Parodias de juicio a periodistas que no piensan como el gobierno. Diarios opositores acosados con mil artimañas. Pánico en la gente de hablar por teléfono por si lo tiene pinchado. Actitudes de violencia para impedir actos de opositores como sufrieron Eduardo Duhalde, su señora esposa o Felipe Solá. ¿Qué es todo esto si no un primer paso hacia el terrorismo de estado, en que se usa el monopolio de la fuerza que se le delegó al Estado para atacar sistemáticamente a un sector de la sociedad, que es el que piensa diferente?

Hitler nunca dijo lo que pensaba anular la democracia hasta que llegó al poder y luego hizo una parodia de democracia para justificar sus barbaridades. Fidel Castro nunca se declaró comunista hasta que tuvo asegurado el poder y luego estableció una de las dictaduras más crueles y sangrientas de la historia. Ningún déspota ha declarado de antemano sus intenciones porque de ser así no tendría ni el apoyo de la población ni el de algunos de sus seguidores. Actúan solapadamente y mintiendo. Y luego, una vez que tienen el poder en sus manos, terminan asumiendo el poder absoluto y coartando todas las libertades.

Unos días atrás veía una vieja película sobre uno de los juicios de Nuremberg en que se juzga a los jueces que habían actuado bajo el gobierno nazi. Spencer Tracy encarna al magistrado norteamericano que juzga al juez supremo del nazismo, papel interpretado por Burt Lancaster, un hombre que en su momento había sido muy respetado por sus conocimientos de derecho. Hacia el final de la película, el ex juez alemán, habiendo sido sentenciado porque reconoce su culpabilidad, pide hablar con el juez americano. El americano lo va a ver a la cárcel y el ex juez nazi le dice que él nunca había imaginado que el régimen nazi podía llegar a cometer tantas atrocidades. El juez americano le contestó: siendo Ud. una persona que conoce de derecho, sabía que al primer fallo injusto que Ud. emitiera todo iba a terminar en una tragedia.

El caso Macri no es relevante en términos de si pierde su cargo o no. Lo relevante es que debería ser un fuerte llamado de atención de lo que le puede esperar a la Argentina si su población no despierta a tiempo de los atropellos institucionales que vive la república. Acá el tema del tipo de cambio ha dejado de ser relevante, porque lo que está en juego es el futuro de las más elementales libertades civiles.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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25/07//2010

MEMENTO (Del lat. acuérdate) 

Por Gabriela Pousa (*)

 

“Dónde estás? Acabas de despertar en un cuarto de hotel. Aquí están las llaves, sentís que es la primera vez que estás ahí pero...quizás lleves aquí una semana, tres meses es difícil decirlo no sé. Es un cuarto anónimo". Fragmento del film Memento (1)

Atrás quedó una semana llena de aparentes novedades en materia política. Claro que, lo que aquí y ahora suele llamarse “novedades” llega sin el elemento básico y esencial como para ser así definido. Y es que lo “nuevo” aunque se trate de dibujarlo no está. El film va hacia atrás.

La Argentina está sumida en la fase más ruin de aquello que denominamos la vieja política. Paradójicamente, un país que ha sorteado el principio de siglo bregando por el cambio, se halla enfermizamente arraigado a las costumbres más perniciosas de los vicios del pasado. Si acaso la corrupción fue una constante en sucesivas administraciones que forjaron esta decadencia, hoy directamente aflora en escena como el ícono intrínseco del sistema.

Los “vueltos” que pudieron guardarse algunos funcionarios en la demonizada década del ’90, ya no satisfacen. No alcanzan el status de coima ni por broma. Ni sirven de propina. De la famosa pista de Anillaco, a las propiedades del matrimonio presidencial en El Calafate las distancias son abismales. Desde luego que una cosa no justifica ni anula la otra. Pero con estos arbitrarios ejemplos, queda graficado por qué el gobierno de estos últimos siete años se sitúa en el plano más envilecido de lo antiguo. Lo peor de la política se afianza con una mediocridad que espanta.

Las Instituciones son ruinas de una república vencida, no por guerras sino por ignominia. En el banquillo de los acusados se sienta la mismísima Justicia. La legislación no iguala, discrimina aunque en la oratoria oficial y eufemística pretenda celebrarse como un paradigma de paridades para todos aquellos que viven en la Argentina.

Así como la “redistribución de la riqueza” del “modelo productivo” kirchnerista coopera a marcar mayores diferencias, las nuevas leyes en lugar de tender puentes, abren grietas.

La ley de Medios, aunque aún no se haya instrumentado siquiera, obliga a la televisión a estar más lejos de transmitir aquello que pasa e interesa a la población. Se ampliará la brecha si ésta encima entra en vigencia.

La ley del matrimonio entre seres del mismo sexo pone de manifiesto intereses demagógicos que se valen de derechos, manipulados según el antojo de las necesidades electorales de un gobierno.

Los jubilados nuevamente quedan presos de debates fútiles, porque si del intento se pasa al logro, lo que sigue es el veto. Y el mayor interés para la “oposición” parece ser que quede al descubierto el descrédito político del Ejecutivo. No se ve un genuino desvelo por la calidad de vida de los “viejos”

El silencio y el mutismo de algunos marca a las claras la incapacidad para responsabilizarse de todo hecho. Aparecen y desparecen de escena como si no hubiese frente a ellos, espectadores que pagaron la entrada para escucharlos y verlos en acto, no en hibernadero. En consecuencia el precio termina siendo una estafa, y la obra no vale nada.

Las fotos importan más que el guión. La trama del film se asemeja a un engendero de imágenes sin significación. El ayer revela más el hoy que aquello que sucede en este momento.

Los argentinos no pueden imitar siquiera al protagonista de “Mementos” porque no alcanza la superficie del cuerpo para anotar el devenir de los hechos y no perder la noción del tiempo. Se ha cercenado la memoria con la desfiguración de lo verdadero.

Todo es demasiado grotezco. El que ayer se negó a un juicio, hoy pide a gritos tenerlo. ¿Actuó la conciencia entre medio? No, cerraron los números para que el resultado sea benéfico. Si la taba se da vuelta en el proceso, habrá plan B y en lugar de la banda y el cetro, intentarán seguir al frente del Obelisco y el Cabildo. No suena muy patriótico es cierto, pero es más realista que la declamación en verso de una transparencia en algo que nació desde el vamos sucio y maniqueo.

Desde luego que los integrantes de la administración de la ciudad de Buenos Aires son “nenes de pecho” al lado de los miembros del gobierno nacional. No en imitarlos sino en diferenciarse está el mérito. Hay quienes eligen como adversarios a aquellos que saben perdieron de ante mano. Vulgarmente podría decirse que así ‘cualquiera es macho’…

Lo grave de todo esto es que se sitúa a la sociedad frente a una temática que no le soluciona nada aunque le clarifica de alguna manera el panorama. Lo que hay no presenta síntomas de poder cambiar las viejas prácticas de una política viciada por demagogia y oportunismos ligados a intereses mezquinos. El “bien común” es un binomio muerto dentro de un libro que parece que hiciera años que no se ha abierto: la Constitución de la Nación.

En su lugar se han emplazado ejemplares de Corin Tellado, novelas y culebrones donde los galanes pierden prestancia, y aunque se engañen a sí mismos, no conquistan nada. La dama sigue en el rol de Penélope tejiendo la esperanza de un comicio donde la ciudadanía no acuda simplemente a ensobrar al adversario menos malo, sino a elegir un hombre o una mujer capaces de cumplir un mandato.

Tal vez el error sea creer que éste equivale a un período de cuatro años cuando, en rigor de verdad, de lo que trata es de cumplir en representarnos.

(1) Memento: película de suspenso (2000) El guión de Christopher Nolan está basado en un relato llamado ‘memento mori’ (en latín, "recuerda que eres mortal") Una de las mayores peculiaridades del film reside en su línea temporal, la cual en vez de ser lineal va hacia atrás, a saltos, mostrando según avanza la película las causas de lo ya visto, en vez de las consecuencias.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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20/07//2010

EL PROCESAMIENTO DE MAURICIO MACRI

El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cometió un error político al designar a Jorge Palacios al frente de la Policía Metropolitana. Sin embargo, la causa judicial tiene pocos fundamentos jurídicos y demasiado olor a venganza kirchnerista.

Por Carlos Mira (*)

La confirmación del procesamiento de Mauricio Macri por la Cámara Federal implica la tácita confirmación de Norberto Oyarbide en la continuidad al frente de la causa, aun cuando la misma Cámara concedió un recurso extraordinario al Jefe de Gobierno para que la resolución sea apelada en Casación.

Más allá de estas consideraciones técnicas, lo que surge de la simple lectura del fallo son profundas dudas e interrogantes sobre los fundamentos, las motivaciones y la imparcialidad de la decisión de los jueces.

Hay algo que salta a la vista de cualquier observador imparcial: la decisión no tiene pruebas sino inferencias, supuestos y silogismos. No aparece ni una sola documentación o hecho que respalde lo que se decidió. Lo que se vierte en las carillas decisivas del fallo son deducciones.

En algún momento se hace referencia a los dichos de Gabriela Cerrutti y Roberto Digón, -dos claros opositores políticos de Macri y en el, caso de Digón, casi un enemigo personal por sus antecedentes en Boca- en el sentido de que a ambos "les dijeron" que "Macri 'pinchaba' los teléfonos" de "todo el mundo" vía su relación con Jorge Palacios. En otro lugar se establece el silogismo de que si Macri conocía a Palacios y éste lo conocía a Ciro James, luego Macri no podía ignorar lo que James hacía, aun cuando la Cámara concede que Macri y James no se conocían y que no se registran contactos telefónicos entre ellos. También se dice que como a Macri le interesaba la temática de la seguridad no podía estar ajeno al método de la pinchadura de teléfonos (¿?).

El fallo es muy flojo desde el punto de vista conceptual y, por esa misma razón, es muy sospechoso. El PRO ha dicho que hasta ahora la Justicia se ha negado a investigar los dichos de Oyarbide al ex senador Maya según los cuales "el destinatario final de la embestida era Macri".

A continuación, transcribimos parte del diálogo que hace 2 meses -exactamente el 19 de mayo- Maya sostenía con nuestro colega Jorge Rial en La Red:

Rial: En línea está el doctor Héctor Maya, fue senador nacional por Entre Ríos. Doctor Maya. buen día.

Héctor Maya: ¿Qué tal? ¿Cómo le va, Jorge?

J.R.: Gracias por esperar.

H.M.: Gracias por compartir el reportaje con Messi, todos tenemos el corazón ahí, ¿no?

J.R.: Obviamente que sí, no es una figurita fácil, doctor. Doctor Maya, ¿usted es consciente del revuelo que se produjo con una frase que teóricamente dijo usted sobre Oyarbide? Algo así como que había como una orden de llevarse puesto a Macri.

H.M.: Mire, yo se lo confirmo, le voy a comentar lo que pueda, porque seguramente, yo soy abogado, tengo que ir a Tribunales en estos días citado por este asunto. Yo me encontré con el doctor Oyarbide, yo fui juez del doctor Oyarbide como senador, y me encontré con él allá por noviembre, diciembre, accidentalmente en un comedor y le pregunté por dos o tres causas que estaban teniendo una gran conmoción, entre ellas la de Palacios y con motivo del diálogo que tuve en esa causa, que es la de Palacios, verifiqué esta afirmación de que el destinatario final de la causa era Macri. Y bueno, convencido por la manera que se desarrollaron los acontecimientos con posterioridad, de que Oyarbide, como otros jueces, como Servini de Cubría, son o están secuestrados o son "todo terreno" del gobierno, lo fui a ver a Macri, a quien no conocía, por razones políticas, porque yo soy peronista y estamos conformando un frente el peronismos disidente con el PRO en Entre Ríos, y le señalé que era imprescindible que se apartara de ese juzgado porque Oyarbide lo iba a procesar, se lo dije 10 días antes. Me parecía una equivocación convalidar algo que no es justicia, que evidentemente es una operación política que se desarrolla en los tribunales y que está alejado de la justicia. Efectivamente yo le ratifiqué mi conocimiento directo de que iba a ser procesado, como en definitiva ocurrió.


En este diálogo, Maya supone que la Justicia lo iba a citar por este tema. Sin embargo, el ex senador nunca fue citado.

Hace pocas semanas se comprobó no sólo la existencia de un agente de la SIDE como la persona que avisó a los Burstein de la pinchadura, sino también de la intentona por borrar esas huellas del locutorio desde donde el agente hizo la llamada a la casa del titular de la Asociación de Familiares de Víctimas del atentado a la AMIA.

¿Por qué, en una causa plagada de "inferencias", nadie ha hecho inferencias aquí?

Mauricio Macri cometió un error político al seguir adelante con la designación de Palacios cuando personas de su confianza le sugerían que cambiara su candidato a Jefe de la Policía Metropolitana. El jefe de Gobierno deberá asumir en todo caso los efectos políticos del error. Pero parece claramente exagerado querer armar un escenario judicial artificial para generar una causa que a poco de leerla uno advierte que no tiene el menor sustento jurídico y donde los tufillos políticos se huelen por todas partes.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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