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"UN CANTO A LA PATRIA"
Autor: Arturo C. Larrabure



"UN CANTO A LA PATRIA"
Autor: Arturo C. Larrabure

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Comentario

"Era un adolescente aún cuando hechos tristes ocurrieron a su alrededor: su padre fue secuestrado, torturado y asesinado por gente que no conocía a Dios. Esto marcó su vida, pero ni las trágicas imágenes ni las crueles circunstancias vividas cambiarían los buenos sentimientos que anidaron en su corazón. Siempre se mantuvo fiel a los consejos de su noble padre, quien le pidió nunca tomar el odio como bandera ni como opción.

 

Sin lugar a dudas, heredamos ciertas cosas de nuestros padres. De uno, unas y de otro, otras. No conocí a la madre de Arturo, así como tampoco a su padre. No obstante, ambos llegaron a ser entrañables para mí a través de mi amigo, a quien le dedico estas líneas. No soñó ser un escritor ni un poeta, pero lo que uno no sabe a veces es que la vida lo conduce por caminos insospechados, especialmente cuando el "amor está dentro de su corazón". Amor que, a veces, está un poco adormecido, esperando que algo lo haga despertar.

 

Para Arturo no fueron treinta años de espera. Fueron treinta anos de larga meditación para escribir un libro que le quitó el sueño, para escribir un libro que hará estremecer a la sociedad al ver que, a pesar de tanto sufrimiento, no eligió el fácil camino del rencor.

 

Pese a que siempre hay una opción en la vida, en la existente entre el odio y el amor no hay en el corazón de Arturo ninguna duda: el amor. Según Ghandi, que fue un ejemplo de paz y de amor a sus semejantes, Dios es la verdad y Dios es amor. Con profunda y gran humildad conocerán el libro de Arturo escrito a su padre. No es solamente la historia del "prócer nacional" Argentino del Valle Larrabure, es también la historia de un corazón noble que eligió, como su padre, el amor y no la violencia."

Francisco Bénard

Testimonio de una era trágica

La lectura de este libro, que narra el secuestro, cautiverio y muerte del coronel (post mortem) Argentino del Valle Larrabure, invita a reflexionar una vez más, con profunda tristeza, acerca de la crueldad de los enfrentamientos fratricidas en la historia argentina. Nuestro pasado remoto y reciente está signado por prolongadas guerras civiles en que la vida de los seres humanos carecía de valor; constantes revueltas provincianas, asaltos a punta de puñal y revólver de las mesas comiciales, emboscadas, secuestros, enfrentamientos armados, persecuciones sangrientas, crímenes provocados por las organizaciones guerrilleras y muertes y desapariciones fruto de la represión tremenda que ejerció el Estado antes y después de 1976.

En el contexto de una escalada que halló su punto quizá más violento tras la muerte del presidente Juan Domingo Perón, mientras gobernaba su esposa y sucesora legal María Estela Martínez, ocurrió el ataque a la Fábrica Militar de Pólvora y Explosivos de Villa María, Córdoba. El 10 de agosto de 1974, un numeroso grupo de integrantes del Ejército Revolucionario del Pueblo, cuyo ingreso había sido facilitado por un conscripto, atacó y tomó como rehenes al subdirector, el entonces mayor de infantería e ingeniero químico Larrabure, y al capitán Roberto García, quien fue hallado posteriormente, herido de gravedad, en una ambulancia en la capital de dicha provincia. En las acciones resultaron heridos también un suboficial mayor y un conscripto del Ejército, además de algunos agentes de policía, y murió un suboficial de esta última fuerza. Los atacantes, que integraban la denominada compañía "Decididos de Córdoba" y habían protagonizado ya anteriores acciones de copamiento, sufrieron tres bajas fatales y un detenido.

Mientras Larrabure, desde la especie de cubil en que había sido encerrado, escribía conmovedoras misivas en las que procuraba dar ánimo a sus seres queridos, el gobierno, aunque envuelto en un clima de confusión e inoperancia, lograba que el Congreso votara en forma casi unánime -sólo se pronunciaron en contra dos diputados comunistas- una ley que reglaba las acciones contra los grupos subversivos, los cuales habían crecido en número y elementos, rápida y eficazmente reorganizados después de la amnistía dispuesta por el presidente Cámpora el 25 de mayo de 1973. Más tarde, la primera mandataria declararía el estado de sitio y suspendería las garantías constitucionales. El saldo de los ataques, sólo en 1974, había sido de 21 intentos de copamiento de unidades, 466 atentados con explosivos, 16 robos de botines millonarios, 117 secuestros y una gran cantidad de muertos entre civiles, militares, policías e integrantes del ERP y Montoneros.

Pasaban los meses -sin que los intentos del ERP de canjearlo por miembros detenidos tuvieran éxito- y con ellos decaía el cuerpo pero no el espíritu de Larrabure, quien procuraba levantar el ánimo de sus familiares, los cuales, a su vez, intentaban hacerle llegar noticias a través de solicitadas en los diarios, en la esperanza de que pudiera leerlos.

Quizá al saber que se estaba sobre la pista de la "cárcel del pueblo" donde se encontraba, en la ciudad de Córdoba, sus captores decidieron trasladarlo a otra prisión clandestina en Rosario, donde vivió sus últimos meses de cautiverio, hasta el 19 de agosto de 1975, fecha en que murió, según un comunicado del ERP. Tenía 43 años. Su cuerpo fue encontrado días más tarde en un zanjón, envuelto en una bolsa plástica. En su cuello se advertían signos de posible ahorcamiento.

Este libro, Un canto a la Patria , publicado por su hijo Arturo, reúne, tras una primera parte en la que expone la vida y padecimientos de Larrabure, el diario que redactó mientras estuvo privado de la libertad, las mencionadas cartas a su familia, dibujos y ejercicios químicos y matemáticos con los que procuraba matar las horas mientras su cuerpo registraba las huellas de un constante sufrimiento; documentos, reportajes aparecidos en distintos órganos de prensa, entrevistas realizadas a personas que de un modo u otro tuvieron que ver con el militar, e incluso el comunicado de los captores al abandonar su cuerpo sin vida. Además, reproduce fotografías de distintos momentos de la vida del coronel Larrabure, incluida una toma obtenida por sus secuestradores, para demostrar que aún se hallaba vivo, pero también exhibe una imagen impresionante del cadáver consumido por los padecimientos.

La obra que reseñamos se convierte en otro testimonio valioso de una de las experiencias más trágicas que vivió la Argentina , como que involucró a la sociedad entera.

Miguel Angel de Marco
© LA NACION

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