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INGERIMOS
DIARIAMENTE DOS GRAMOS DE SUSTANCIAS QUÍMICAS TÓXICAS
El
ser humano, que se alimenta de otros seres que se encuentran por debajo suyo en
la cadena alimenticia y que han acumulado en sus organismos estas sustancias,
absorbe grandes concentraciones de productos que tardan años en disolverse y
que pueden conllevar graves riesgos para la salud.
Por
el Prof. Norberto Ovando (*)
Foto:
Red de Acción en Plaguicidas y sus Alternativas en América
Latina (RAP-AL)
Historia
En
1962, la bióloga y divulgadora Rachel Carson publicaba "La primavera
silenciosa", un libro que para algunos autores marcó el comienzo del movimiento
ecologista moderno. La obra denunciaba la contaminación química
generalizada que la naturaleza y los seres humanos como parte de ella vienen
sufriendo, y ya alertaba entonces de la escasa investigación que se realiza
sobre los productos químicos, algo que trae consecuencias indeseables para las
generaciones futuras.
La
historia moderna de los Compuestos Orgánicos Persistentes-COPs-, comienza con
el DDT (dicloro-difenil-tricloroetano), un compuesto orgánico descubierto en
1874, aunque no fue hasta 1939 cuando el químico suizo Paúl Hermann Müller
encontraba sus propiedades insecticidas, lo
que le sirvió para ganar el Nobel de Medicina y Fisiología en 1948.
En
1945 se produce a gran escala como insecticida con el fin de erradicar los
desastres producidos por los insectos en los campos, y para controlar los
mosquitos. Al cabo de 20 años comenzó a crecer la preocupación debido a la
evidencia de muertes en animales salvajes, especialmente en aves de presa.
Pronto, el DDT se halló ampliamente distribuido por todo el medio y alrededor
de 1970 se detectó en la grasa de mamíferos marinos del Ártico y Antártida,
a miles de kilómetros de la fuente de origen.
Desde
entonces, la preocupación sobre los COPs ha ido en aumento, ya que se ha
comprobado que son muy estables, resisten la degradación fotolítica, química
y biológica y muestran, consecuentemente, una alta persistencia.
Contaminantes
orgánicos persistentes
Los
Contaminantes Orgánicos Persistentes (COPs), conocidos internacionalmente por
sus siglas en inglés, POPs (Persistent Organic Pollutants) son sustancias químicas
especialmente perjudiciales para el medio ambiente y la salud humana. En la
naturaleza producen los fenómenos de bioacumulación
y biomagnificación, provocando sus peores
consecuencias en las especies superiores de la cadena trófica, como los seres
humanos.
Se
caracterizan por una alta lipofilia, resultando bioacumulativos en los tejidos
grasos de los organismos vivos. Presentan una presión de vapor relativamente
baja, que posibilita el denominado “efecto de destilación/fraccionamiento
global” que les permite moverse a grandes distancias a través de la atmósfera
y distribuirse ampliamente por todo el planeta. Se condensan sobre las regiones
más frías de la tierra, incluyendo regiones donde nunca se han empleado este
tipo de compuestos. Además, también son transportados, en bajas
concentraciones, junto a las aguas marinas y continentales. Por todo ello, deben
tratarse como un problema transfronterizo que requiere medidas a escala
internacional.
Se
calcula que cada día ingerimos unos 2.000 miligramos de sustancias químicas tóxicas
las cuales en cantidades superiores serían letales, produciendo gran variedad
de enfermedades y malformaciones. Además de los alimentos, las sustancias tóxicas
se encuentran en cualquier lugar, incluidas las viviendas o los lugares de
trabajo.
Los
COPs del siglo XXI.
Los
retardantes bromados se emplean en más materiales de los que creemos,
materiales cotidianos en nuestra vida como son los plásticos, aparatos electrónicos,
textiles y otros muchos con los que estamos en contacto diario. Por ello se hace
necesaria una investigación de sus posibles efectos, usos y fuentes. Estos
compuestos son todavía unos auténticos desconocidos incluso en el ámbito
científico y sólo en algunos países comienzan a estudiarse.
Los
pesticidas, conocidos también
como plaguicidas, insecticidas o biocidas, sustancias que han reportado enormes
beneficios a la agricultura o en la lucha contra enfermedades transmitidas por
insectos, como el paludismo, la fiebre amarilla o el dengue, tienen efectos
contraproducentes para el medio ambiente, la biodiversidad (http://www.countdown2010.net/)
y la salud.
Asimismo,
otras sustancias, como metales pesados o hidrocarburos
acaban también siendo acumulados por los organismos acuáticos. Por ello,
pueden encontrarse concentraciones muy altas de estos elementos químicos en los
seres vivos marinos, a pesar de que dichas sustancias se hallen muy diluidas en
el agua o acaben desapareciendo.
Nuevas
sustancias químicas
Las
Naciones Unidas incluyeron nueve sustancias químicas en su lista de
Contaminantes Orgánicos Persistentes y se proponen prohibir su empleo, según
comunicó el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).
Las
nueve sustancias, entre las que figuran pesticidas y pirorretardantes, se sumarán
a las 12 que integran la lista de la llamada "Convención de
Estocolmo" (http://chm.pops.int/).
Las
nueve sustancias
consideradas especialmente peligrosas para los niños son los insecticidas
hexaclorociclohexano alfa y beta, la clordecona y los plaguicidas lindano y
pentaclorobenceno.
Los
componentes químicos conocidos como hexaclorocicloxeanos HCH no se producen
directamente sino que quedan como residuos del lindano, sustancia que ya se
fabrica en muy pocos países.
Además
integran la lista a partir de ahora el perfluorooctosulfonato, empleado para
proporcionar resistencia a la grasa, el aceite y el agua a materiales como
productos textiles, alfombras y papel, además del éter de hexabromodifenilo,
el de tetrabromodifenilo y el hexabromobifenilo, usados como pirorretardantes.
Los
retardantes de llama bromados y los químicos fluorados están presentes en
muchos productos como en los artículos de electrónica, colchones y textiles,
estos últimos compuestos atacan la fertilidad y también causan cáncer.
Conclusión
Todos
estamos expuestos a un gran número de sustancias químicas, de las que sólo
un 2% han sido evaluadas científicamente de una manera rigurosa.
No
queremos que los países industrializados sigan vertiendo sus desperdicios en
los países menos desarrollados y que los gobiernos vigilen
la llegada de todo tipo de basura nociva y hagan cumplir la ley.
Que
los gobiernos firmantes de la Convención de Estocolmo se comprometan a promover
las mejores técnicas disponibles y las mejores prácticas ambientales para
identificar, reemplazar y prevenir tanto los COPs existentes como los que
pudieran desarrollarse en un futuro.
(*)
Vicepresidente / Asociación Amigos de los Parques Nacionales - AAPN - Experto
Comisión Mundial de Áreas Protegidas - WCPA - de la UICN. Red
Latinoamericana de Áreas Protegidas - RELAP -
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