PERIODISMO INDEPENDIENTE        ZONA NORTE Y NOROESTE GBA
Portada
1º Entrega
2º Entrega
3º Entrega
4º Entrega
5º Entrega
6º Entrega
7º Entrega
8º Entrega
9º Entrega
10º Entrega
11º Entrega
12º Entrega
13º Entrega
14º Entrega
15º Entrega
16º Entrega
17º Entrega
18º Entrega
19º Entrega
20º Entrega
21º Entrega
22º Entrega
23º Entrega
24º Entrega
25º Entrega
26º Entrega
27º Entrega
28º Entrega
29º Entrega
30º Entrega
31º Entrega
32º Entrega
33º Entrega
34º Entrega
35º Entrega
36º Entrega
37º Entrega
38º Entrega
39º Entrega
40º Entrega
41º Entrega
42º Entrega
43º Entrega
44º Entrega
45º Entrega
46º Entrega
47º Entrega
48º Entrega
49º Entrega
50º Entrega
51º Entrega
52º Entrega
53º Entrega
54º Entrega
55º Entrega
56º Entrega
57º Entrega
58º Entrega
59º Entrega
60º Entrega
61º Entrega
62º Entrega
63º Entrega
64º Entrega
65º Entrega
66º Entrega
67º Entrega

EL CAMINANTE

por Juan Carlos Reynoso (1945-1999)


 

39º Entrega:  LLUEVE

            Llueve torrencialmente y el agua canta sobre las chapas de zinc una canción que al Hombre le produce, como siempre, una regresión a su infancia campesina, tan lejos en el tiempo como si hubiese sido en otra vida... Como siempre también, la sensación de bruma que envuelve sus recuerdos perdidos en la distancia regresa, inexorablemente, a insertarle las viejas dudas sobre la realidad y la ficción, siempre mezcladas en el archivo de su memoria, en forma tan clara como desordenada...

            La lluvia fue una sorpresa sobre su desprevenido caminar por los arrabales del pueblo, en los albores de la noche, perdido en sus habituales divagaciones y a la búsqueda de una historia que contar. La caricia inicial sobre su rostro, se convirtió rápidamente en castigo furioso sobre su espalda, obligándolo a buscar un refugio elegido al azar, golpeando una puerta que, como siempre, para él, no se diferenciaba de ninguna otra...

            El chaparrón cesó y vino otro y después otro. El canto sobre las chapas se apagó y nació nuevamente, ahora una caricia en los oídos, cuando  la calidez del encuentro impensado, se estira en un trasnoche de regocijo junto al fuego. El canto del techo se acompaña con algunas notas disonantes de gotas que se refugian en recipientes estratégicamente ubicados en el piso, o sobre los muebles de diverso formato, mas útiles que vistosos, que adornan la estancia...

            El Hombre siente mas que percibe los largos silencios que se adueñan de parte del tiempo matizando la charla. Con curiosidad casi científica, se extasía en el fenómeno de la ausencia de los estímulos externos que introducen la violencia en todas sus formas en el hogar moderno. Hoy, piensa, la convocatoria familiar junto a la mesa y el fuego, debajo de la lluvia y su canción, es un imposible. Porque el fuego no tiene ese misterio de forma y color que le da la madera crepitante, o porque el canto de la lluvia ni siquiera se escucha.

            Hay silencios, es cierto, piensa, pero también hay la posibilidad del diálogo sin prisa, mesurado. No se escuchan sonidos estridentes, y el golpetear de la lluvia sobre las chapas es apenas la música de fondo para las conversaciones tranquilas, sin prisas, como suelen serlo entre los que tienen cosas para decir, e interés por escuchar.

            Siempre ha disfrutado profundamente de estos reencuentros con las raíces. Porque hace mucho aprendió que es posible cargar las pilas con las voces sabias de aquellos de palabra suave y sentencia contundente. Los dos ancianos que abrieron la puerta al caminante que buscaba refugio, y ofrecieron el calor del fuego, el sabor del mate, la calidez del viejo banco de madera y el abrigo del techo frente al temporal, muestran en las marcas del rostro la sabiduría de los años, y la descargan con matices suaves, sentenciosos, firmes. El Hombre, eterno contador de historias reales o inventadas, ha hecho un alto no sólo para esperar el después de la tormenta sorpresiva, sino también, por hermosa coincidencia, para aferrarse a la sabiduría de los que han vivido.

            Y esta vez, en pleno goce, escucha historias reales o no, pero que tienen la fascinación de lo fantástico. Que en definitiva es lo único importante...

            Curiosa sociedad la humana, se dice mientras atrapa las voces suaves y las sentencias contundentes. Mientras no se preocupa por separar la verdad de la fantasía en viejas historias de pueblos, de tormentas y de lluvias. Curiosa sociedad que desoye a los verdaderos detentadores de la sabiduría. Curiosa sociedad que hace de los elementos frívolos de la cotidianeidad, el eje por donde parece transcurrir lo importante, y soslaya descarnadamente la posibilidad real de acercarse a la verdad, como si no estuviese hambrienta de ella, en un mundo donde la impostura parece ser la más popular moneda de cambio.

            A esta altura, ya sabe que en su entorno faltan todos los elementos que supuestamente hacen mas placentera la vida. Pero también comprende con contundencia una vez más, que el hombre no será definitivamente libre, mientras no pueda prescindir de la necesidades que la propia sociedad creó para él. En el abrigo de las cuatro paredes adornadas con manualidades y algunas imágenes de santos,  bajo el canto de la lluvia sobre el techo de chapa, junto al calor crepitante y aromado de la madera ardiendo, entre el humo del tabaco, recorriendo con la voz y la imaginación los confines de historias, aventuras, viajes, lluvias y tormentas, el Hombre siente una sensación de libertad que se iguala con experiencias perdidas en el tiempo y que no está seguro de haber vivido...

            Quizás la lluvia no pare tan rápidamente al fin y al cabo, piensa.

            No tiene demasiadas ganas de regresar al mundo. 

            Lunes 2 de julio de 1997, 15,55 hs

  Volver


40º Entrega:   MAESTRA 

            -"Voy a contarte algo para el Francotirador"...

            La joven maestrita esta impecable con su cubre celeste. Tiempo a tiempo suele encontrarse con el vagabundo escriba para decirle que lee el diario de atrás para adelante, que alguna vez hubo cosas aparecidas en la última página que le pegaron fuerte o algo parecido. Separados por un abismo de años, el hombre siente particular placer en cambiar ideas sobre la vida y la gente, los comportamientos humanos las grandezas y las pequeñeces...Sus tesoros mas valiosos, aquellos que lo hacen avaro y egoísta, traducidos en música y libros, suelen ir y volver en las manos jóvenes y vitales...

            En ocasiones charlan sobre poetas, escritores o músicos. El Hombre le cuenta de Neruda, Hernández, Galeano. Casi le obliga a escuchar a Pedro y Pablo y le cuenta de la gloriosa década del sesenta cuando él mismo despuntaba ilusiones y utopías e interrogantes. Sobreviviente de tiempos desgarrados, también suele contarle del plomo y la sangre y la persecución para que sepa lo que nunca tiene que tolerar...

            Ella le trae noticias de los boliches, de los comportamientos contemporáneos que el Hombre no puede ver por simple anacronismo. De la Ley Seca, y de los horarios para ir a dormir...Es rebelde y comprometida en pensamiento y acción...

            -"Somos parecidos, por eso somos amigos"-, se juega ella alguna vez ante la sonrisa comprensiva del veterano...

            Hoy el esta feliz de verla impecable en su traje de maestra. Según afirma, ha conseguido una suplencia en un jardín de infantes. El año pasado era en Enseñanza Especial, y gozaba con la esforzada tarea con chicos que aprenden despacio pero derraman amor...Se sentía mejor que en ningún sitio y creía haber encontrado su camino...

            Pero la vida esta llena de sorpresa y este año en el reparto de cargos, irá a encontrarse con la primera expresión de la vida en el aula. El Hombre aplaude sinceramente porque cree en la necesidad de que quien se ha preparado para algo tenga la oportunidad de concretarlo para bien de todos...

            Pero no todo es tan fácil. El Jardincito está en una localidad del interior, de esas de vía abandonadas... No hay colectivos. Ni trenes. Ni nada...

            "-Quizás vaya en sulky" - se entusiasma, y aunque el Hombre cree que habla en broma, no hay seriedad mayor que la de su rostro...

            La historia de la maestrita de cubre celeste, dice que junto al jardín funciona una escuela primaria. Que a la escuela primaria concurre una maestra, también de la ciudad en su propio automóvil. Que no le ha sido posible negociar el traslado, porque según la maestra en cuestión, tendría que cobrarle mucho, y si le cobra mucho, a la maestrita de cubre celeste no le va a convenir el viaje....

            Entonces no la lleva nada...¿Cómo?...Exacto. Si no me puede cobrar la mitad del combustible, el desgaste del automóvil, porque es muy caro, no me lleva...

            El Hombre trata de descifrarlo. Se pregunta si quedándose la maestrita el automóvil gasta menos nafta. O se desgasta menos. Busca afanosamente una respuesta y no la encuentra...

            -"No tengo drama en viajar a dedo -sostiene entusiasmada-, pero el problema es que la ruta esta a siete kilómetros del lugar donde voy...Tendría que hacerlos a pie"...se deprime...

            El Hombre piensa en las mañanas de invierno, en los días de lluvia, en el viento, en la soledad del campo...

            Y en el puñadito de proyectos de vida esperando que alguna maestra de cubre celeste tenga lo que hay que tener para encarar el camino y llevarles las primeras luces del saber...

            El Hombre escucha diariamente las diatribas de los gobernantes contra los maestros...El que no trabaja no cobra -afirman frente a las noticias sobre paros-...

            Los nuevos programas de educación serán un éxito -sostienen los técnicos-. Y los políticos hacen extensas elucubraciones acerca de los contenidos y la currícula y toda la parafernalia de palabras difíciles que parecen ser sinónimo de resultados, pero sólo lo son de dialéctica....

            El Hombre sabe que la maestrita de cubre celeste va a estar parada delante de los chicos del preescolar allá en el campo. Aunque no sabe cómo, al fin y al cabo lo hará. Aunque pierda plata. Aunque no gane nada y gaste encima, de algún lado va a salir...

            En cada rincón de esta tierra, piensa el veterano, hay maestras que se afanan para ser lo que quisieron ser...

            Informática, contenidos, inglés...Los analfabetos del futuro, dice el Comendador, serán los que no sepan informática. Y cierra los ojos a las escuelas sin calefacción, sin revoques, sin pintura y sin energía para hacer funcionar las PC...

            Estúpidos - piensa el Hombre mordiendo su rabia-...

            En la calle se encuentra con Luis, flamante profesor de matemáticas, que estudió mientras trabajaba y mantenía a su familia de cinco miembros en total...

            -Vengo de las designaciones de cargos -dice-. Pero lo que están haciendo es sacar profesores, así que te imaginás...

            La educación de la transformación de la Argentina primermundista, piensa el Hombre...

            Mastica una blasfemia y arroja un puñetazo hacia la nada...

            No son buenas noticias -se dice - no lo son...

             Sabado 19 de octubre de 1996, 18,18 hs.

  Volver


41º Entrega:   MANZANA 

            Sara tiene la mirada cansada, aunque en ocasiones sus ojos relampaguean con destellos de tiempos pasados. Al Hombre se le antoja de una edad indefinida, aunque sospecha que deben haber compartido los mismos programas escolares...En el fondo de los ojos de Sara, de todos modos, se le ocurre al buscador de personajes, el tiempo ha dejado una huella que en la piel cubre el maquillaje siempre perfecto cuidado y medido, para afrontar las horas del sol y de los pájaros...

            "Se le bebieron temprano, la sonrisa, la Primavera con ella, tuvo Prisa"...canta Serrat...

            La risa de Sara le suena al Hombre como la risa de los malos actores. Exagerada de pretendida alegría, y desprovista de la espontaneidad natural del sentimiento. Apenas una expresión externa que trae, según la ocurrencia lunática del veterano, sólo una manifestación gestual, carente del verdadero mensaje del alma...

            Cuando Sara no ríe, parece meditar quien sabe que cuestiones perdidas en el tiempo, que sueños no cumplidos, que esperanzas nunca concretadas, que objetivos brillantes y prometedores, que siempre estuvieron un paso mas allá...Como un náufrago desesperado de encontrar tierra, parece mirar hacia adelante con voluntad pero sin fe...Con algo que quiere ser esperanza y es apenas ganas...

            Suelen conversar de bueyes perdidos. De tanto verse en los vericuetos de la vida, ambos saben del otro lo necesario como para no profundizar en el fondo del alma de cada uno. Sus encuentros casuales, son apenas la posibilidad de alguna broma respetuosa, porque ninguno de los dos, en tantos años, ha invadido el terreno privadísimo del otro. Conocen de la mutua existencia, y apenas hay un débil hilo entre dos vidas que corren paralelas por caminos distintos hacia el infinito.

            En ocasiones, en esos encuentros esporádicos, largos silencios se instalan entre los dos, como si cada uno hiciera de su vida un repaso. Han coincidido en fiestas y en velatorios. En funerales y en carnavales. En días y en noches...Son habitantes de un tiempo compartido, y ambos, a su modo, eternos buscadores de la vereda del sol...

            El Hombre sabe que el silencio habla por si mismo. Hace mucho que aprendió a interpretar los gestos de sus personajes. Para intentar conocer de ellos sin preguntas, los busca con pasión obsesiva. Sabe que le despertarán sensaciones extrañas, que activarán su imaginación, y que podrá pintarlos de mil formas distintas, dependiendo muchos de sus propias fantasías que la realidad siempre esquiva...

            Esta Sara del maquillaje perfecto y de los ojos cansados, es también un habitante de la noche. Uno de los fantasmas con rostro y con voz, que cientos de veces se mezcla con los que produce la fantasía del Hombre, en madrugadas de niebla o de luna, cuando el caminador recorre los dominios de los duendes y de los lobos...

            "Esa muchacha que fue, piel de manzana"...canta Serrat...

            El Hombre sabe que Sara tuvo la piel de manzana. Que fue demasiado bella y soñó en su tiempo con lo que sueñan todas las muchachas. Que quizás puso todas sus fichas a un número y la ruleta de la vida le mostró el color del fracaso y le achicó el horizonte. O que simplemente se creyó propietaria perenne de esa piel de manzana, y especuló para jugar a ganador...

            Y cuando quiso hacerlo ya era tarde...El tiempo se cobraba su factura y la senda no era ancha y abierta, sino que limitaba cada vez mas sus contornos. Sara apostó al revés y se quedó sola. Vino el maquillaje y todo lo que viene cuando la desesperación le gana a la esperanza, pretendiendo inmortalizar lo caduco. Pero el momento de la apuesta había pasado fatalmente...

            Sara mira a las madres con sus hijos en la plaza, en sus idas y venidas al trabajo. El Hombre, eterno vagabundo de las calles, suele espiar sus ojos, y cree encontrar en ellos la pena de lo que ya no podrá ser. O acaso simplemente se le ocurre, de tanto pretender conocer a los personajes de sus historias hasta mas allá de la voluntad...Sara camina sin mostrar emociones, siempre compuesta y maquillada...

            Pero el Hombre conoce que volverá a encontrarla en cualquier madrugada, regresando sola con el sol que hace, y renegando de los zapatos de moda. Vestida con ropa de joven en la agonía de la noche otra vez perdida en el extremo de la barra, desde donde cada fin de semana exhibe su sonrisa con mas resignación que fe...Imagina el silencio de la casa sin niños  supone la desolación del cuarto esperando el nuevo sábado sólo por esperar algo...Con la respuesta brutal del espejo al rostro sin afeites...

            "Y llega el invierno"...canta Serrat...

            Domingo 20 de octubre de 1996, 17,54 hs

  Volver


42º Entrega:  ME DA ALGO 

            Tiene la mirada casi altanera, el cuerpo esmirriado donde la grasa no existe, y una conjunción de músculos y fibras lo hacen elástico y ágil...No tiene ni remotamente la actitud de un perdedor, a pesar que esta peleando en desventaja y en inferioridad total...

            Porque los perdedores se notan desde lejos...

            El Hombre lo ha encontrado varias veces en sus callejeadas trasnochadas, y se miden como dos sobrevivientes en un mundo hostil, al que tratan de entender sabiendo que están el mismo barco...

A pesar de todo, es como si, siendo ambos sobrevivientes de la vida, no pareciera existir demasiada posibilidad de anudar algo - piensa el Hombre-, que ponga en peligro la supervivencia de uno y otro.

            Esa tarde los dos han hecho un alto sin ponerse de acuerdo. Ambos miran, cada uno desde su altura, el andar de la gente, en un ejercicio de adivinanza...

            El mas chico mide serio y reconcentrado la calidad de los que van y vienen, buscando prever una respuesta, para no golpear en el vacío...El mas grande hace apuestas consigo mismo, usando a conocidos y desconocidos que pasan por la zona de exclusión que el pequeño  mendigo trazó alrededor de su base de operaciones...

            Cada uno de ellos sabe del otro. El de la mirada desafiante sabe también que el otro esta apostando a un si o a un no, en la respuesta presurosa de los que andan haciendo trámites bancarios, van y vienen desde la municipalidad, cruzan a la confitería donde se acecha a los que andan con necesidades urgentes, o simplemente caminan por los andariveles de la inacción...

            -¿Me da algo?...

            Cuando la moneda cae en la mano, ni siquiera mira al Hombre, haciéndole sentir con su actitud, la soberbia del triunfo...Sabe que ambos están estudiando a los que pasan. Y que esta vez fue el dueño del acierto...

            El Hombre siempre se apasiona tratando de adivinar los comportamientos de la gente. Siempre se preguntó si el individuo es lo que denuncia. Un policía será respetuoso de la ley -se dice-. Un cura no hará algo contrario a la ley de Dios. Una maestra sólo vivirá de acuerdo a lo que enseña en el aula. Un médico sólo tratara de aliviar el dolor -avanza el Hombre-. Un veterinario amará a los animales...

            Un cristiano será generoso...

            Hace tiempo que tiene sus dudas acerca de la certeza de estas aparentes seguridades...

            En rigor, el Hombre lo único que sabe, es que cada vez tiene mas dudas que certezas. Sobre este y otros temas...

            -¿Me da algo?-....

            El Hombre se sobresalta. Perdido en sus pensamientos, ha olvidado a su pequeño adversario. Lo ve satisfecho, contando entre sus manos percudidas la recaudación parcial de lo que es apenas un cuarto de tarde, soleado sí, pero de un invierno que no termina de irse...Agosto, piensa el Hombre, limita seriamente determinado tipo de actividades con las que sobrevive mucha gente...

            Hay una especie de acuerdo. No van a hablarse. Cada uno sabe lo que el otro esta haciendo. El mas chico, que es objeto de un experimento, en el que su observador ha puesto mas interés del lógico, por algún secreto misterio que todavía se le escapa pero que confía en develar...El mas grande, porque sabe que hay cosas que es mejor ignorar. Y porque, también, sabe más de lo que el mismo se atreve a reconocer que sabe. La vida, para él, es un camino del que ha caminado largo trecho...

            Un hilo invisible anuda al veterano de la vida y al que recién esta empezando a pelearla...

Como dos piezas en un extraño ajedrez  ambos se desplazan en el reducido espacio que han copado en el pedacito de sol que es la tarde en esta época del año. Se miden. Se estudian. Se desafían. Pero no se hablan...

            "¿Como se llamará?" -, piensa el Hombre -. Y sabe que no quiere saberlo...

            "Los únicos privilegiados son los niños"...

            A dos cuadras de aquí, no hace muchos años, un político juró que nunca mas andarían niños pidiendo limosna...

            El Hombre estaba entre la gente que escuchaba...Como siempre, sabe que hay cosas que no pueden justificar su razón de ser. Y que para saberlo hay que remitirse a los ejemplos. Esto, como está, no anda,...

            Se pregunta cuanto tiene de culpa, por haber permitido que las cosas salieran de este modo...

            En un remoto rincón del mundo, según el diario, los hombres discuten sobre si vale o no la pena que los chicos nazcan, tal como anda todo. Como siempre, el sofismo del orden canallado, encuentra razones para todo con sólo buscarlas...

            Los niños nacen, porfiada, empecinadamente, y se lanzan a vivir...

            Tozudamente, convencidos por instinto de la posibilidad de salir adelante...

            La Humanidad, piensa el Hombre, ha estado siempre a prueba. Al fin y al cabo, cierra la idea, cualquier hombre es en su génesis, el mas débil de los animales. Desnudo y sin lana ni piel, moriría de frío...

            Pero tiene el soplo sagrado de Dios, que lo hace sobrevivir...

            -"¿Me da algo?" -...

            Cuando el Hombre abandona la batalla, el pequeño gladiador inflama el pecho orgulloso sin saber muy bien por que. y el veterano sabe que los ganadores están en todas partes...Se los reconoce por el ruego que los distingue de los seres comunes...Eso es lo que les garantiza que saldrán adelante...

            Al fin y al cabo -piensa-, Cristo nació en un pesebre y sin abrigo. El movimiento que puso en marcha ya tiene casi dos mil años, y congrega a millones de seguidores...

            Camina un poco con los ojos cerrados...

            Quiere guardar en sus retinas una mirada desafiante, y unas manos percudidas...

            Esta satisfecho. Una vez mas ha apostado a la vida

            Domingo 20 de octubre de 1996, 17,42 hs  

  Volver


43º Entrega:   MENSAJE 

            Hay ocasiones en que al Hombre el silencio se le antoja mas silencio...

            Ha escrito en ciertas ocasiones, sobre la violencia que despiertan las mutaciones sorpresivas desde el ruido al silencio. Desde frío al calor, desde la risa al llanto o desde el dolor a la alegría y viceversa...

            Siente y sabe que la ausencia de los grises, el cambio total de los tonos opuestos, contienen, de algún modo, una suerte de exacerbación de la sensibilidad, que demora en asimilar el nuevo tiempo, el ámbito distinto, el clima diferente, el antes y el después, que suelen ponerlo de repente en el centro de un tiovivo de sentimientos encontrados, de sensaciones indefinibles, como el náufrago en el centro del remolino, buscando desesperado el madero salvador que lo lleve a la orilla...

            El veterano caminador de madrugada medita y siente sentado bajo las estrellas de un cielo que parece alcanzarse con la mano. Por alguna misteriosa razón esta impedido de despegar los ojos de los brillantes planetas que adornan su techo provisorio, y se abisma en la contemplación fascinada del manto de brillos que Dios ha creado para la Humanidad sin distingos de razas, colores o credos...

            Hace muchos años que el Hombre camina en busca de la utopía que permita entender a sus congéneres la importancia del alimento del alma. Mucgho ha hablado y ha escrito sobre lo verdaderamente trascendente de este paso por el mundo. Ha enfrentado a los Hombres Sensatos que recorren las calles pregonando la importancia de las cuentas corrientes, de la seguridad económica, de los prestamos, y de los artículos del hogar comprados a plazos...

            Ha tratado de desactivar a los Refutadores de Leyendas, capaces de creer solamente en lo que ven, que pregonan el racionalismo empecinado, ignorantes de la capacidad de los duendes, negadores consuetudinarios de la existencia de los personajes misteriosos, que se aparecen a los hombres capaces de sensibilizarse hasta hacer de su corazón una puerta abierta a la esperanza, montada siempre en un horizonte que asegura un mundo mejor, con la supervivencia de magos, ilusionistas, payasos, músicos, cantores y bailarines por amor al arte.

            Cada vez, ha imaginado nuevos personajes de ensueño sin preguntarse si están allí o si solamente los ve en sus noches de fiebre andariega, luego de buscarlos afanosamente en los mas recónditos lugares de su propia alma. En ellos ha encontrado mas de una vez sosiego para sus pesares, calor para su frío interior, esperanza para su corazón, y fuerza para su lucha...

            Y cada vez se ha preguntado, con tanto empecinamiento como hoy, donde está la diferencia entre la verdad y la fantasía. Hasta donde llegan los hechos racionales y en que sitio comienza el sueño propio, capaz de hacer un mundo a la medida, aunque mas no sea en las horas en que los duendes hacen guiños y los fantasmas pretenden amedrentar sin lograrlo, a los buscadores de respuestas que no existen...El regreso desde sus andanzas por el territorio de la fantasía siempre suele dejarlo exhausto y con el alma cargada de misterios no resueltos...

            Ahora, cuando mira desde el borde del talud la figura desvestida del fondo del terreno, recortándose como una catedral de líneas rectas sobre el fondo estrellado del cielo mas cercano que nunca, sabe que acaba de regresar de otro de sus viajes por el país del ensueño, con el corazón sobresaltado, cargada la mochila de nuevas riquezas que seguramente no podrá depositar en los bancos a los que acuden los Racionalistas Empecinados, los Refutadores de Leyendas, y los Hombres Sensatos. Riquezas que tampoco aliviarán el flaco bolsillo de todos los días, si de lograr bienes o valores se trata, pero que atesorará en el cofre mas seguro para cuando los tiempos vengan malos.

            De pronto el bullicio, la alegría y el canto han sido devorados por el silencio que seguramente ahora esta sintiendo en profundidad los momentos vividos en los que el alma estuvo de fiesta, los duendes bailaron delante de los ojos de muchos sin ser vistos, o animaron el frenesí festivo, con la silenciosa catedral de líneas rectas que hoy duerme, iluminada y viva, traspasada por el calor que surge del corazón de los hombres felices...

            Los racionalistas nunca podrán entender como ellos no pueden encontrar la felicidad verdadera, y reputan que no existe. El Hombre sabe que está en cualquier esquina, si se tiene el alma abierta a los mensajes que la buscan, si se pone el corazón en la mano abierta y se vibra con las vibraciones de otros, simplemente porque así tiene que ser.

            El milagro ha dejado al Hombre a medio camino entre la alegría y la desazón. Siempre le pasa así después de los sueños que se parecen demasiado a la realidad. Siempre tiene miedo de despertar y percibir la inexistencia de los duendes de la fiesta. Cada vez teme encontrarse con un mundo sin sensaciones. Y cada vez, como ahora, despierta con la felicidad del milagro revelado.

            Todo está como tiene que estar, se dice como tantas veces. Todo está bien...El cielo parece cada vez mas cerca de sus manos...

            Jueves 9 de enero de 1997, 18,37

  Volver


44º Entrega:   NAVIDAD 

            "Deseo poco, y lo que deseo, lo deseo poco". San Francisco de Asís.

            En medio de la conmoción general, el Hombre camina esquivando petardos y rompeportones que sacuden no solo sus oídos, sino también sus emociones, habitualmente controladas de tan compañeras de tantos viajes cargados hechos conmocionantes que suelen pegar en el centro del alma, con las fibras mas sensibles activadas, buscando una visión objetiva de esa realidad que cada día lo sorprende con sus nuevos mensajes.

            Natural amigo de la sobriedad, elemento que seguramente se esconde en el fondo de cada uno de aquellos que buscan el otro costado de la vida y sus bellezas, el Hombre mira el panorama que lo rodea como desde una dimensión distinta. Hace demasiado tiempo que las propuestas frívolas dejaron de tener sentido para él, cuando entendió, seguramente a golpes de frustraciones y desengaños, que el verdadero ejercicio de vivir pasa por otro lado.

            Por alguna misteriosa razón, esta tarde una suerte de corriente afiebrada emana de los pasajeros de las calles habitualmente poco propensos a manifestarse bulliciosamente. El Hombre los ve y los siente sobresaltados, excitados, con una suerte de posesión que va mas allá de su propia voluntad, como si hubiesen entregado la maravillosa posibilidad de optar y decidir, a una fuerza superior que los guía, los convoca y los dirige...

            En su medio siglo de caminos, el Hombre ha visto manifestaciones de convocatoria popular, y algunas de ellas lo han marcado a fuego. La solidaridad puesta en marcha colectivamente. La lucha por la vida hombro con hombro. La propuesta activa para enfrentar a los tiranos. El sentimiento colectivo movilizado por un objetivo común. La felicidad expresada multitudinariamente, hasta por cosas nimias. El dolor manifestado en el silencio común y el llanto sin voz... Acontecimientos movilizadores en los que el individualismo tiene ausencia justificada...

            Esta vez es distinto. Lo que acontece ante los ojos del Hombre, muestra una cara distinta de esta sociedad con la que comparte el tiempo y el espacio. Una sociedad que parece haber vaciado el corazón, lapidado los pliegues mas profundos del alma, y estar buscando en la frivolidad material, la respuesta a lo que aparece como su sentido colectivo de la verdadera necesidad.

            Viendo a los pasajeros de la calle arrojarse sobre las estanterías de los mercaderes, esquivando viandantes con paquetes y cajas, espiando los ojos brillantes de pequeña codicia frente a los escaparates de las tiendas, apreciando la obsesión por la adquisición de elementos diversos, útiles o no, como único camino hacia una supuesta alegría y felicidad que es sabido que no se puede comprar, el veterano caminador de calles y aconteceres, es incapaz de evitar un estremecimiento, al sentir que está ocurriendo algo que se resiste a comprender y aceptar.

            Es curioso, se dice, la capacidad que tiene esta Humanidad para cambiar el eje de las situaciones. Y los mira comprar pesebres de cartón, con animales de yeso y un Niño de brazos abiertos yaciendo sobre una cuna de plástico que semeja paja, para ponerlos en un costado de la escena familiar, donde ocuparán seguramente el lugar del adorno frívolo, ausente la magnificencia del Milagro del Nacimiento.

            Se pregunta donde está aquel mensaje Supremo que llevó a Dios a disponer el Nacimiento de su propio Hijo en un pesebre, como  ejemplo de humildad para los hombres, para que estos hayan extraviado en algún lugar recóndito la posibilidad de sentir y emocionarse con el Milagro, hasta convertirlo en una lucha de filisteos y mercaderes, que creen que es posible comprar con dinero gentileza y amor.

            Las calles del pueblo hierven de fiebre compradora y vendedora. De un lado y otro de los mostradores, los hombres se intercambian afiebrados dinero por bienes, perdida la visión y la profundidad del acontecimiento a celebrar, huecos de recogimiento y de admiración por el Hecho Supremo. Incapaces de ejemplarizar en sus propios hijos el Misterio del Nacimiento en la humildad recatada del pesebre. El Hombre cree no haber experimentado nunca antes, en ocasiones como esta, un sentimiento tan profundo de desazón.

            Debe ser algún proyecto perverso, se dice, el que está quitando a la gente la posibilidad de sensibilizarse con la reflexión profunda que la alejaría definitivamente del camino consumista y prosaico. La celebración del Milagro de dos siglos  está perviviendo apenas en las estanterías de los comercios que venden lucecitas de colores, adornos de plástico, y un Niño de material sintético yaciendo con los brazos abiertos en una cuna de plástico que semeja paja.

            Por las veredas, el Hombre sigue esquivando los petardos que asustan a los perros y espantan a los pájaros de los árboles. Por un momento siente que necesita escapar hacia algún lado, y, desasosegado, comprende que no encuentra hacia donde.

            Debe ser algún proyecto perverso, insiste para si mismo...

            Esta noche, en algún sitio, frente a algún grupo de niños, dirá, se promete, un discurso sobre el Milagro del Nacimiento, el mensaje de la Humildad, y la bondad infinita del Dios de los pájaros y los perros asustados. Está seguro que lo entenderán... Algo es algo...

            Al fin y al cabo, el Niño también estaba casi sólo hace dos mil años...

            Miercoles 25 de diciembre de 1996, 16,05

  Volver


 

45º Entrega:    NAVIDAD 

            -¿Le quedó una masita señora?...

            La señora, que evidentemente estaba por allí acompañada de su propia prole, comenzaba a juntar el equipaje que habitualmente lleva una madre de familia cuando va a pasar una tarde en el Parque Mulitas. Comida para los críos siempre famélicos, termos, mates, agua, toallas, y toda la gama interminable de elementos que componen la mochila de una madre de veraneo a pocas cuadras de la casa...

            Cuando levantó la vista, la mujer se encontró con una mirada de poco mas de un metro de estatura, de unos diez años, el pelo cortado como un cepillo... Lo vio enérgico,  decidido a que esa señora no se llevara de vuelta lo que estaba sobrando de la calurosa tarde del diciembre veinticinqueño...

            El Hombre tenía su campamento, apenas un sitio en el piso para sentarse, a algunos metros del bullicioso grupo que durante toda la tarde había viajado inexorablemente a pedir algo para comer a la guardiana y custodia de las provisiones, partiendo de inmediato para volver poco después. El viaje de ida y vuelta, había captado la atención del veterano de la vida en sus sucesivas alternativas, y lo había alejado definitivamente del libro que pretendió adelantar...

            Ahora, la sorprendida veraneante del Parque Mulitas rebuscaba con muy buena intención y un poco nerviosa, en todos los paquetes a esa altura vacíos o casi, que guardaba por razones de cultura higiénica ecológica, tratando de responder a la inquisición que ahora acompañaba una especie de banda de edades indefinidas pero siempre por ahí abajo, que estaba formando un semicírculo que esperaba masitas...

            De repente, el Hombre sintió que se había activado el disparador inevitable que lo ponía alerta y en guardia, y supo  que era en vano mirar la escena, que al fin y al cabo solo era eso, y que el pedido desenfadado había sido en realidad el elemento inicial de un proceso...Sabedor de los rumbos extraños que podría tomar su siempre fértil imaginación, comenzó a jugar en su mente con las piezas del rompecabezas, en un ejercicio al que obviamente jamás accederían los movilizadores...

            En las vidrieras de la ciudad, recordó, los muñecos vestidos de color rojo, importados de los Vendedores del Norte, incitan a la gente a pasar una Navidad feliz comprando cosas.

            Las jugueterías sacan su mercadería a la puerta, porque saben que ya no hay que esperar el seis de enero...

            Muchos chicos miran con intuición fatalista y muchos grandes sienten que jamás podrán explicar lo inexplicable...

            La vida, piensa el Hombre, es al fin y al cabo una sucesión de preguntas sin respuestas. La humanidad sigue buscando los caminos difíciles, cuando al alcance de la mano se revela cada día el milagro de Dios sin necesidad de mercaderes ni fenicios vendiendo arbolitos de plástico y estrellitas de vidrio...

            El misterio de casi dos mil años, avanza en su pensamiento ya desbocado, no necesita de monigotes vestidos de rojo, con ropa de invierno y barba de lana, que sufren y transpiran en la televisión para convencer quien sabe de qué, a los chicos que todavía no han perdido la intuición que después perderán en el camino, cuando todo se les de hecho...A esta hora aún están en la búsqueda, con la imaginación activa y la mente ágil...

            Cada año, recurrentemente, el Hombre se asoma a la cotidianeidad vacía de los que pretenden hacer pasar el camello por el ojo de la aguja...Cada año se enoja con su circunstancia, y termina discutiendo con alguien, a los gritos, perdida la serenidad que supuestamente dan los años...

Es inútil -piensa-. Y de repente sabe que asoman sus viejas rebeldías...

            Y es como si la posibilidad del desahogo en la discusión con los mercaderes de la fe, le sirviera como comprobante de vida. De repente sabe que habrá muerto cuando no tenga posibilidad de reaccionar frente a la mentira, la frivolidad y el desencanto...

            El presente, se dijo el Hombre, reniega de los sueños y rinde culto al materialismo...Pero el establo de Belén, el Niño y los animales, son apenas un sueño y sin embargo han estado cambiando el mundo. Sin temor de ser hereje, se preguntó cuantos Cristos han nacido y han muerto quizás anónimamente, por "propagar ideas extrañas a nuestra forma de vida", como solían decir los comunicados...Y como seguramente leyó el Centurión en la plaza luego del redoble del tambor...

            Si el mundo ha llegado hasta acá, pensó repentinamente sosegado, debe ser porque la posta fue entregada de mano en mano y con firmeza...Incomprendidos, castigados, perseguidos y asesinados, a lo largo del tiempo, los profetas de un mundo mejor se inmolaron a través de la historia de la humanidad, para avanzar cada día un paso mas hacia el Hombre Nuevo que tendrá que construirse a si mismo, a pesar de todo...

.........................................................

            La señora veraneante del Parque Mulitas, había cortado su última manzana en tantas partes como cabecitas tipo cepillo, desprolijos mechones y rulientos ávidos de peine se habían congregado junto a ella...Tres, alcanzó a contar el Hombre, no tuvieron manzana porque tenían "masita"...

            El Hombre sabía, a esta altura, que en todo esto había un mensaje...Y mientras la veraneante reunía las cosas de su campamento, seguramente protestando contra el gobierno, el veterano volvió a sentir, como siempre, la revelación...

            Es el misterio que se repite -se dijo-. Es Belén en cualquier sitio del mundo.  Es el sermón de la montaña cuando dice que Dios cuidará de sus hijos como cuida de las aves del campo...

Somos los hombres -reflexiona-, los que debemos cuidar de los hombres. Así fue que el misterio perduró dos mil años...

            Y habrá de seguir, piensa feliz..  Feliz Navidad...se dice contento...

 Sabado 19 de octubre de 1996, 17,58

 

  Volver