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EL CAMINANTE

por Juan Carlos Reynoso (1945-1999)


INTRODUCCIÓN:

Mi hermano, Juan Carlos Reynoso, librepensador, autodidacta a partir de su 6to. grado, espiritu rebelde, eterno bohemio y peleador a muerte por las causas que consideraba justas;  comenzo a escribir estas notas a partir del momento en que se enteró, tenia cancer, dolencia por la cual fue intervenido quirúrgicamente en tres oportunidades, no obstante ello, previos tratamientos de quimioterápia, rayos y otras atenciones médicas,  falleció en 1999 . A pesar de las dificultades que tenia para caminar, producto de su enfermedad, se hacia tiempo para pasear y recoger estos pensamientos. Su fuerza de voluntad lo llevo a participar de su programa de radio por  telefono celular desde la misma sala de terapia intensiva del hospital donde se encontraba internado. Lamentablemente no pude reunir todo lo que habia escrito,  solo algunas de las notas, que me tomé el atrevimiento de titular "El Caminante", como el mismo se nombraba.  La foto, lo pinta de cuerpo y alma, fué obtenida un tiempo antes de morir. Esperando sea del agrado de los lectores de Crónica y Análisis Periódico On Line, semanalmente se editaran distinos tramos de sus escritos,

Mar del Plata, Diciembre de 2003

Miguel Angel Reynoso


 1º Entrega DEL FUEGO Y SUS MILAGROS 

            La lluvia de finales de noviembre, propicia para los amantes de vagabundear a despecho del clima, casi como una especie de caricia que no inquieta, genera, como siempre ocurre en las ciudades, la prisa de la gente, las frenadas violentas de los automóviles, el apuro por llegar a alguna parte que parece estar más lejos y urgente, por una extraña incitación del fenómeno natural que Dios inventó para el placer de todos, sin distinción, y del que los hombres huyen, no se sabe todavía por qué...

            El Hombre se siente un animal de la lluvia. Tiene un asumido gozo en el sólo hecho de contemplar las plantas bañadas por el chubasco. Le encantan las casas limpias y las calles brillantes en la noche, bajo el amarillento de las luces, dibujando especies de serpientes antojadizas, en los hilos que corren sobre la piedra mojada. Le gratifica caminar sin apuro, sintiendo la caricia sobre el rostro, con placer en verano, con un estremecimiento de frío, también gozoso, en invierno...

            Es curioso, piensa mientras camina esta noche las calles del pueblo rumbo al norte. Los escenarios de sus historias de caminante empedernido, quizás interesantes sólo para él mismo, se adornan generalmente con escenografías de árboles mojados...Tal vez tenga que ver con su convencimiento íntimo de que la mano de Dios acaricia el mundo cuando llueve. Y que vale la pena disfrutarlo desde el alma... Cuando esto ocurre, los racionalistas fanáticos corren para escapar, y el Hombre intuye un acontecimiento superior y milagroso al que se entrega por entero...

            Al reparo del galpón grande y vacío, en el terreno de las vías oxidadas y los esqueletos de vagones dormidos, quedan las voces de antaño mezcladas con el aire y las cosas, guardadas desde el tiempo en el que la vida se vivía en los lugares convocantes, que provocaban la sudorosa alegría del hombre por su trabajo. Y su orgullo, y sus ganas. Allí donde el abandono y la indiferencia campean ahora, ante la indiferente mirada de los desatentos contemporáneos, el Hombre suele compartir trasnochadas con otros vagabundos, salidos no sabe de donde, tan sólo para navegar espacios de fantasías y de historias reales o fingidas, propuesta que hace mucho tiempo se le antoja al Caminante como válida para gastar las horas...

            Le gustan los largos silencios sin preguntas ni afirmaciones. Disfruta de los suspensos interminables, las inflexiones de la voz, la forma de motivar el interés ajeno con las pausas. Ese maravilloso misterio de los contadores de historias...Se siente bienaventurado de ser uno más en la cofradía extraña de los que cuentan cosas por simple placer, ante un auditorio atento y respetuoso...

            Y está feliz de compartir el fuego sin conocer nombres y sin que nadie se interese por el suyo. En el ruedo oscuro de los hombres que prescinden del bullicio y la estridencia, con rostros apenas iluminados por las llamas que modifican los rasgos, goza de ser apenas uno más. Siente como una especie de milagro cuando repentinamente alguien se corporiza desde la oscuridad, silenciosamente para no romper la magia, sumándose al ritual sin necesidad de anuncios, ni de presentaciones. Una suerte de club de trasnoche, de asociación instintiva y huérfana de intereses secundarios...

            Disfruta la natural indiferencia con que se recibe al nuevo huésped. Hay como un pacto no escrito. No es importante para nadie saber quien es el otro. Basta que sea un oyente atento y respetuoso, y, eventualmente, un contador de historias que ni siquiera importa si son reales, imaginadas, o la expresión de un anhelo superior...

            Las noches de lluvia, cuando la rueda se achica y el fuego crepita en su convocatoria milenaria a la fascinación de los hombres, las historias parecen nutrirse de componentes más fantásticos. Y el milagro de la cita se multiplica, como si un poder extraño llevara a determinado tipo de personajes, a la misma hora, al mismo sitio, por un designio imposible de explicar y de entender...

     Es curioso, piensa el Hombre divagando sobre su propios y modestos vicios. La modernidad nos propone mil formas distintas de hacer de nuestro tiempo algo llevadero. La caja cuadrada nos regala incontables esfuerzos de gente empecinada en apresar nuestro interés, con el respetable objetivo de hacernos escuchar y leer sus mensajes comerciales.

      Los sitios de reunión convocan con propuestas de todo tipo, con las cuales supuestamente es posible disfrutar del tiempo libre del que, quieran o no, todos los hombres disponen... Amplias vidrieras detrás de las cuales se pueden ver pasar los autos y la gente como propuesta máxima, junto a una mesa y una copa... Los entretenimientos para la gente que se aburre, salen al paso de cada uno en las veredas de las ciudades...Los mercaderes creen que es posible vender el gozo y el placer verdaderos...

     Sin embargo, aquí y allá, los hombres siguen reuniéndose junto al fuego para hablar, muchas veces, de cosas que no tienen importancia, y que en demasiadas ocasiones son apenas fantasías nacidas del niño que se  lleva adentro...Quien no compartió una trasnoche junto a los leños encendidos, al lado mismo de la naturaleza, mirando la lluvia y sintiendo el viento en el rostro, se ha perdido un hermoso ejercicio que la vida regala sin pedir nada a cambio...

     El ejercicio del pensamiento. Incentivar la imaginación. Una de las únicas propuestas que no se ve por televisión, no se aconseja por radio, y hasta está ausente de las sugerencias escolares...El impulso para la divagación y la fantasía. El soporte para la historia que no es cierta, pero que uno quisiera que lo fuese...Y la duda que sigue...El alimento cotidiano para el alma...

     Escuchando a sus amigos vagabundos como él mismo, el Hombre no puede dejar de imaginarse a este animal que ríe y llora, desde el nacimiento del fuego para acá, reunido en familia o tribu junto a los leños que arden, para escuchar o relatar historias que sobrevivirán al tiempo, cautivados por el misterio de las llamas, y sus extraños y antojadizos dibujos y tonalidades, en los rostros ansiosos e inclinados para escuchar mejor...

     Esta noche, la lluvia de noviembre intenta meterse en el reparo del galpón, junto a las vías oxidadas, donde hombres casi misteriosos hablan y escuchan por el sólo placer de hablar y escuchar. Sobre asuntos que quizás son demasiado fantásticos...O quizás no, quien puede saberlo...

     Como desde hace milenios, junto al fuego...                                   

   Jueves, 4 de diciembre de 1997, 10,30 hs

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 2º Entrega PREGUNTAS 

            -¿Sabés que pasa?...A muchos se les ocurre que yo me busco los problemas. A mi me parece que lo que pasa es que no tengo suerte, y los problemas se me vienen encima...Es como que me siguen...

            La tarde de principios de marzo comienza a pintar de tonos distintos el hasta ayer lujurioso verde del verano, y el aire se antoja mas limpio y cristalino.  En la plaza del centro del pueblo, aquella que todos admiran en leguas a la redonda, ha decaído en las últimas horas el transito peatonal, y aquí y allá algunas personas se entretienen mirando los árboles como si fuese los estuviesen conociendo. El sol se acomoda detrás de la cúpula de la iglesia, justo entre los dos campanarios, como en un decorado gigante que cambia sus formas y sus luces segundo a segundo...Quizás en una de esas la convergencia de canales de por los que fluye la corriente de aire, a través de la simétrica orientación de las calles del pueblo, hacen de ese sitio, en los tiempos de altas temperaturas, una suerte de oasis en el medio de la piedra, en el que recargar el oxígeno inencontrable en las oficinas o en los patios cerrados...En este atardecer, el cuerpo desprevenido soporta algunos escalofríos...

            -A mi todo me sale al revés. Siempre elijo a la persona equivocada. Y por supuesto me termina yendo mal. Elijo mal...¿Te parece que tengo la culpa de elegir mal?...

            El Hombre ha llenado sus manos de piedras coloradas como guindas, y se entretiene arrojándolas contra la escalera del mástil, a pocos metros, tratando de asustar sin golpearlos, a los chicos que, repitiendo una costumbre que viene viendo desde hace años, transmitida de generación en generación, suben por la escalera y bajan en tobogán, sentados, por el borde plano, mortificando la ropa que acopia polvo y pierde fibras en el áspero cemento ante el espanto de las madres...

            -Yo miro a otra gente, cosa que encara, cosa que le sale bien. Cada tipo que se me acerca me parece el mejor. Pongo toda mi confianza, tal vez porque necesito que un día me toque a mí. El resultado te lo puedo cantar antes. Todo se va al diablo, y vuelta a empezar. ¿Te parece que eso es normal? No es que yo me busque los problemas. Los problemas vienen solos. Siempre estoy en líos...

            El Hombre sabe que nadie está esperando una respuesta suya. Lo que oye  es una suerte de soliloquio desesperado, en una de esas lanzado a la suave brisa del atardecer, al sol que  se estira por asomarse mientras se va fatalmente detrás de la cúpula de la iglesia...Desde hace un tiempo, le parece que demasiada gente cree que es capaz de dar respuestas que él mismo es consciente de ignorar....

            Con resignación pero sin dolor, está atribuyendo esa sensación ajena a su propia expresión. Siente en su propio rostro como una suerte de reflejo inevitable, que probablemente sea simplemente la denuncia del que ha vivido...Aunque todavía esté buscando las respuestas...

            ¿Que es normal en la vida?...

            El Hombre recorre medio siglo de marchas y contramarchas. De esperanzas depositadas a plazo fijo y nunca cobradas. De utopías renovadas con cada promesa. De sueños abiertos al mundo con cada anochecer...De amaneceres prometedores y crepúsculos que se quedaron en promesa...De caminos abiertos y distancias sin nombre. Como en una vorágine que ya es clásica en el archivo de sus recuerdos, y con el mismo desorden con que imagina el archivo de la memoria siempre activa, ve los blancos, los negros y los grises, las salidas y las puestas de sol, la risa y el llanto...La vida y la muerte...

            -A mí me parece que va siendo hora que me salga una bien. Quiero terminar con estas idas y venidas, que me hacen empezar de nuevo cada vez...Sabiendo como va a terminar todo, aunque ponga toda mi esperanza y crea otra vez...

            El Hombre escucha silencioso, desde que aprendió que para que los corazones ajenos se abran las preguntas son un estorbo. Saber escuchar en silencio, se repite, es el camino mas corto para enterarse del dolor, de las esperanzas, o de las frustraciones ajenas... Los seres humanos desconfían por naturaleza de los inquisidores...

            De repente se ha quedado fascinado en su mano roja por el polvo del ladrillo, como si allí mismo se le estuviera revelando el misterio de la Humanidad. En el juego infantil que practica, están, quizás, las respuestas siempre buscadas y nunca encontradas. O en la reiterativa ocupación de los chicos que suben escaleras y bajan toboganes. O en los eternos por qué que agobian a los habitantes de este mundo ...

            -Este país se va al diablo con todo esto que está pasando...¿A vos te parece?...¿Como vamos a salir adelante?...

            El Hombre golpea una mano contra la otra sacudiendo el polvo rojo que le ha dejado un mapa en cada palma. Se las mira con curiosidad otra vez, como un puede chico quedarse mirando el trabajoso camino de una hormiga. Con la misma atención infantil...

            Demasiadas preguntas -se dice-. Esta difícil vida por la que andamos, sigue siendo un misterio de preguntas encadenadas. Quizás el Gran Titiritero, jugador eterno con los hilos que manejan los pájaros, las primaveras y los veranos, los fríos y los calores, sea el único poseedor de la Gran Respuesta...

            Esta es la vida, reflexiona para si mismo el Hombre. Ni más ni menos que la vida...

Lo que no es poco, se dice  mientras se reacomoda en el duro banco de la plaza...Lo que no es poco...Al fin y al cabo, todos somos náufragos del misma naufragio. Asidos a los mismos maderos. Unos mas seguros, otros mas endebles. Es la vida. Ni mas ni menos... 

Miercoles 5 de marzo de 1997, a las 17,38 hs

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