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 COSQUÍN 2012

52º FESTIVAL NACIONAL DEL FOLKLORE

Corresponsales Especiales para Crónica y Análisis

Alfredo Ferrarassi y Georgina Bernardi

 

 

 

 

  

La quinta noche de este Cosquin sorprendente que al menos en el desafió a las inclemencias del tiempo ha podido recuperar la mística de siempre y que a pesar de la incesante lluvia y a los intimidatorios truenos anoche se quedó hasta cerca de las seis de la mañana. Ejemplo que pocos festivales pueden exhibir respecto al aguante de una programación.

La noche tiene una serie de artistas de primer nivel, sin embargo lo central de la noche es La Mona Jiménez cantando folklore junto a Los 4 de Córdoba. Este cronista estuvo presente hace más de dos décadas en la presentación fallida que este cuartetero tuvo y para el, al igual que para la comisión es una deuda pendiente que hoy tiene posibilidad des ser saldada. Por otro lado los números de asistentes que han sido a todas luces muy bajos, también tienen esta noche la posibilidad de levantar habida cuenta la grilla existente.

Por otro lado es necesario destacar que la ubicación como número final del citado cantante popular cordobés obedece a que de producirse los desmanes anteriores no afectarían la continuidad del espectáculo y garantizaría un cierre digno de la noche. También señalar que ha habido una serie de reprogramaciones de la programación, la cual en este caso ha quedado mas armónica, lo cual nos hace volver sobre un concepto ya señalado en Crónica y Análisis hace años, es que Cosquin debe ser un festival, no un recital de determinados artistas con otros que terminan siendo soporte de ellos, lo cual es causante de los descalabros económicos y de los desencuentro entre músicos y comisión organizadora.

La noche comenzó con un cantor que comenzó siendo músico de Peteco Carabajal y que con el tiempo inició su camino solista y halló su lugar en el mundo artístico de la mano del compacto Radio AM donde junto a la pianista Elvira Ceballos, al bombo de su hermano Daniel Barrionuevo y una guitarra privilegiada como la de  Luis Chazarreta, todos bajo la dirección de Luis Gurevich lograron hacernos volver al tiempo en que las familias se nucleaban junto al “!aparato” de radio y escuchaban aquellos viejos valses que tanto han gustado a través de los años. Raly (foto) presentó en esta oportunidad temas de este trabo, de Circo Criollo y de otros anteriores que fueron los que le fueron colocando en un lugar de preponderancia en  la preferencia de público.

El canto de la cubana Yusa como artista invitada y  que le producirá su próximo disco, nos muestra esta faceta de americanismo que tiene Raly, a la par de la búsqueda permanente de nuevos sonidos y de nuevas canciones, como de propuestas diferentes, tal como fue esta que apasionó al publico por todo lo que representa esta artista internacional.

Le acompañaron también Vitillo Abalos quien la “descoció” en el bombo, canto y baile, una monumental Liliana Herrero y la citado pianista Elvira Ceballos, con lo cual creemos ha sido uno de los números más importantes de lo que va del festival.

Un acierto mayúsculo traer a alguien como este santiagueño, ahora "acordobobesado" y que tanto ama y respeta l plaza por la entrega profesional que ha sabido tener a lo largo de su carrera.

Otra vez las Delegaciones hicieron en el escenario muestra del folklore de sus lugares, en este caso la de la hermana República del Paraguay, la tierra de Gaspar Rodríguez de Francia, de Solano López por solo citar alguno de sus dirigentes mas renombrados en la historia de este país. Tierra de arpa, de bailes de la botella de vestidos con colores intensos, alegres, vistosos como su clima y su suelo, en donde la exhuberancia se trasmite a la vida y a la música. Un momento alegre, pedagógico que noche tras noche educa al asistente y también a aquellos que lo siguen por televisión.

Lucia Ceresani cantora de la llanura bonaerense, de ese paisaje que llena melancolía a la hora “de la oración” y que se plasma en un canto muy especial, lleno de reflexiones que da ese horizonte que se curva sin que nada la obstaculice y que es el que determina el canto del hombre de campo que a veces en la soledad de sus pares tiene ene. Caballo su compañero fiel y en la manta que son el cielo estrellado el cobijo ante la inmensidad reinante que hace sentir pequeño al más “pintado”. Con todo lo expresado decir que esta cantora, que recientemente editara la Misa Criolla y otros trabajos y que es expresión acabada de esa pampa que tiene en ella una representante de lujo.

Posteriormente actuaron los representantes de la Delegación de Cádiz, quienes el año anterior también supieron actuar y que trajeron los bailes, los sonidos de esas guitarras incomparables, el cante de esa tierra que tan hondo  ha calado en nuestra identidad toda vez que algún pensador le llamó con propiedad “Tierra Madre”, lo cual más allá del concepto político y de las guerras de independencia de as colonias americanas, al decir de Pablo Neruda “se llevaron todo el oro, pero nos dejaron el más rico de los tesoros: el idioma” y cuanta razón tenia Ricardo Neptalí Reyes Basoalto, tal el verdadero nombre del Premio Novel de Literatura que encontró lo que muchos no han sabido valorar en su dimensión justa, ese instrumento que es la lengua, aquella que nos permite pensar y trasmitir los sentimientos más profundo y también los más crueles de un ser humano, pero que en definitiva son los que nos  representan y permiten seguir existiendo como unidad cultural. Por ello en este marco conceptual es donde se entiende el lazo afectivo que existe entre esta delegación y la plaza.

Los ex Guaraníes, Nacho y Daniel, trajeron el canto de esta nueva Córdoba, de esta ciudad docta que ya de cara en el nuevo milenio ha sabido tener en estos cantores una representatividad de nivel. Ellos continúan cantando lo que supieron hacer desde el grupo señalado y que plasmaron en sus posteriores grabaciones. Dueños de voces magnificas nos han sabido dejar aquellos valses de antaño  y las nuevas canciones de amor.

 Lo de ellos es definitivamente festivalero, solo que con nivel, lo cual los diferencia de lo hasta ahora observado, donde hay demasiados grupos que se terminan mimetizando con sus referentes, al grado de no haber tonos de grises en este panorama de transferencia de personalidades musicales que por allí llega a preocupar por la falta de originalidad.

El humor, del fino, llegó de la mano de Julio Vaca “Chicharrón”, un cordobés dueño de una hilaridad sorprendente, de un respeto por la familia, que hace reír sin caer en lo grosero, en lo chabacano y en esto Córdoba es cuna de humoristas, porque si algo es característico de esta nuestra provincia, más allá de lo que la canción del Chango señalara, “los alfajores y La Voz del Interior”  o el burrito y la peperina, es su humor y su doctoreo, pero también es sinónimo de valorar a quienes se reúnen a escuchar sus salidas inesperadas y que tiene en “Chicharrón” a uno de los exponentes de lujo frente a la mediocridad que se observan en aquellos que se dicen cómicos y hacen gala de lo escatológico desde los teatros de Carlos Paz desvalorizando este perfil tan cordobés, el cual es definitivamente familiar y gratificante del espíritu que busca un momento de expansión.

El hijo del recordado Daniel Toro, Facundo (foto), heredero de un estilo muy singular, que tanto dejó  en las décadas anteriores, hoy volvió a traer las canciones que lo hicieron famoso hace unos años,  ya más maduro, habiendo encontrado su identidad musical, nos asombra en cada actuación, en cada tema que interpreta porque tamaña voz al encontrar el espacio musical apropiado es un deleite para los oídos. Por allí si se ciñera más a lo estrictamente folklórico nos haría decir que estamos frente a uno de los más grandes exponentes de la música popular argentina.

También actuaron Roxana Carabajal, la integrante de esta familia de tantos músicos santiagueños, heredera de esa dinastía musical que continúa con los pasos de aquellos que le legaron este destino cantor. Actuó también Marcelo Mitre quien por largos años se presentara en el circuito peñero y que hoy puso a consideración de todos su interesante propuesta.

La Orquesta Municipal de Rafaela nos posibilito conocer lo que hace en interior del interior y que por suerte en nada debe envidiar a los grandes centros del país, ya que lo suyo, con ritmo ciudadano, entre otros, es de un nivel para destacar dentro de las formaciones que tiene el país tierra adentro.

Leonardo Miranda un artista que ya ha sido mención artística  en Cosquin, volvió a subirse al escenario Atahualpa para traernos su personal estilo, ese que trae del sur y que el año anterior le colocó a las puertas de ser Consagración. Hoy nuevamente se posiciona en esa carrera por el reconocimiento oficial, ya que el popular lo tiene desde su primera actuación en Cosquin.

Los Manseros Santiagueños son uno de los más viejos exponentes del folklore tradicional, lo suyo tiene 50 años con el canto. Poco importa ya si las voces están marcadas por tantos escenarios pisados, si el bombo no suena igual si las guitarras no son la de antaño, lo que importan es que ellos son uno de los últimos representante del folklore y que la fidelidad a este concepto es lo que el publico le valora en cada presentación, por ello celebramos este paso por Cosquin 2012.

Pasaron el Dúo Mandurá y Pancho y Fermín Pereyra, en una grilla numerosa de artistas que tuvo que ser reprogramada por la extensión, pasándose así al número final el cierre de oro de esta noche coscoína de martes.

Los  4 de Córdoba comenzaron a cantar sus temas tradicionales y en el cuarto de ellos se escucho el recitado de Barrio Alberdi por la Mona Jiménez, lo cual preanunciaba que se aproximaba al escenario mayor. Y así fue, entono ese tema del Chango Rodríguez y otro de Jaime Ross, Amándote, haciendo así su parte folklórica tradicional de la noche.

La Comisión le hizo entrega de una mención y del tradicional poncho coscoíno, a la vez que le declaraba al cuarteto como parte del folklore cordobés y entonces si estallo la plaza cuando “La Mona” (foto) dijo que retomaba aquello que había dejado inconcluso hace 24 años y sonaron los acordes de “Quien se ha tomado todo el vino”, de allí en más todo fue fiesta popular, baile, la plaza parada sobre las sillas, delirio, en suma un fenómeno de masas inexplicable ya que sabemos que canta mal, que es “fiero” como se dice en Córdoba, que está viejo, pero es pasión de multitudes y en estos caos quienes pueden describir y analizar a la perfección son los psicólogos y los sociólogos, dado que no somos ninguno de ellos solo diremos que con la Mona Jiménez la Prospero Molina luego de cuatro noches volvió a estar llena nuevamente.

Desde Cosquín

en exclusiva para Crónica y Análisis

Alfredo Ferrarassi y Georgina Bernardi

 

 

   

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