Dicen
los poetas “los cielos lloran cuando llueve” y sin dudas
la noche de Cosquín es un ejemplo acabado de ello porque casi
al inicio del festival se conocía que había fallecido
Gerardo Barrera el primer Tesorero de aquella legendaria
Comisión del Folklore que diera lugar a este ya maduro evento
que trasciende las fronteras nacionales. Entonces ese límpido
universo de estrellas, con una luna que se engalana todas las
noches para deleite de enamorados y lobisones serranos, de
golpe se oscureció, se cubrió de luto para demostrar que
sentía dolor por la familia festivalera y porque de aquella
pléyade de padres fundadores queda un pequeño número de
ellos y es como señalara en la nota inicial de este ciclo
2012, el Olimpo de los folkloristas se nutre cada vez mas de
personajes entrañables a los que costará hallarles
reemplazo, si es que esto es realmente posible.
El
Festival empezó con una hora de atraso de acuerdo a lo señalado
porque la lluvia era realmente intensa, característica que no
cambio a lo largo de toda la noche y era evidente que se debíahacer una serie de evaluaciones antes de dar la orden
de que se escucha el tradicional “Aquí Cosquín…”
Con
el visto bueno de los organizadores se largó la fiesta que en
cuanto a fervor no fue menor a pesar que los presentes solo
era un par de cientos de fieles seguidores desafiaron todo
para escuchar a sus ídolos.
El
inicio de la cuarta luna fue con unos cultores de la música
santiagueña, Los Coplanacu, un dúo compuesto por Julio Paz y
el medico Roberto Cantos, quienes en 25 años de canto han
dejado sentado que no solo continúan evolucionando, sino que
son respetuoso de la música nuestra y que no necesitan de
golpes bajos de efectos sonoros, de sintetizadores para dejar
unas canciones de nivel, para conmover con la entrega, con el
trabajo vocal, con el repertorio estudiado, que en definitiva
es el que le ha dado el respaldo de la asistencia.
Este
dúo que comenzó a tener una gran aceptación en los sectores
universitarios de Córdoba, los cuales en las peñas
estudiantiles hicieron sus primeras armas y que posteriormente
dedicados de Lleno a la música siguieron ampliando el marco
referencial de preferencia y son hoy una de las pocos
propuestas que realmente hacen folklore. Ojala que esto se así
por siempre, puesto que son un referente obligatorio para las
nuevas generaciones de lo que es el canto nativo y eso no es
una tarea fácil, es una carga enorme, pero creemos la llevan
gustosos habida cuanta el permanente apoyo del publico que
tienen.
Decir
canto vocal, aquel que en la décadas del sesenta y setenta
siempre estuvieron presentes, es decir hoy a uno de los últimos
representantes de aquel movimiento, es decir, Opus Cuatro.
Estos ex cuatro estudiantes de la Universidad de La Plata, hoy
dos escribamos y dos ingenieros, hicieron sus primeros Amasis
como coreutas en el coro universitario y a partir de allí en
lo que hoy conocemos.
Ellos
son la sobriedad misma, el trabajo acabado, ensayado, pulido,
el respeto por el soberano y que en ultima instancia debe ser
leído también como el respeto por ellos mismo, por el
orgullo de hacer las cosas bien, entonces cuando son estos los
parámetro que rigen a un conjunto, ya sea vocal, instrumental
o mixto, no hay otro resultado que el aplauso cerrado de un
publico que sabe lo que quiere, lo que es bueno y que por ende
disfruta de propuestas como esta que década tras década nos
continúan deleitando con canciones de valía superlativa como
es la que siempre han dejado en la Prospero Molina los Opus
Cuatro.
La
noche prosiguió con Mavi Díaz, la hija del recordado
armoniquista Hugo Díaz, quien es dueña de una propuesta
personal, de un canto directo, que la hace en cierta medida
diferente al resto de las cantantes, esto sin convertirla en
una exponente del folklore “intelectual” que existe en los
primeros niveles, hoy ausentes de este Cosquín.
Sin
embargo lo suyo ha sido bien recibido por las Plaza que es a
pesar de los espacios vacíos selectiva a la hora de señalar
a quienes son sus elegidos. Esta artista tiene las puertas
abiertasen los
futuros festivales dada su respetable actuación.
El
charango es un instrumento de no fácil abordaje, es el
embajador de la música del noroeste argentino, la cual con
sus particulares sonidos nos transporta a la geografía de la
quebrada, la cual logra trasmitir a partir de éste los rasgos
del paisaje norteño y la alegría del carnaval del altiplano.
Es
bien conocido que desde Jaime Torres en adelante las cosas ya
no fueron iguales, que las posibilidades del mismo ya no se
limitaban a ciertos y determinados ritmos, si no que se
ajustaba a una variedad de ellos que asombraba. Por esto,
escuchar al maestro Rolando Goldman es gozar de la música en
estado puro, es ver a un cultor de la música fina en el
escenario y aunque algunos por allí han catalogado de no
festivalero lo suyo por la seriedad del repertorio, no pueden,
ni deben ser los mismos necesariamente distendidos, si no que
estas propuestas deben estar porque es una manera de ofrecer
al publico algo diferente y de esa comparación vendrá su
creciendo y exigencia musical.
Desde
Salta la linda, la de los grandes conjuntos, de los poetas
inigualables llego su Delegación la cual trajo lo mejor que
tenían y se noto en el orgullo que exhibieron sobre el
escenario. Nos imaginamos lo difícil que puede llegar a ser
tener que elegir representantes por que si hay una provincia
donde vive el canto, donde anida el folklore es en ella, de
allí que lo que se pudo observar es sin duda una muestra de
todo o que tienen y pueden mostrar al mundo
La
música internacional, aquella que asombra desde hace casi
cincuenta años desde el Chile natal, desde la militancia política
en la Unidad Popular hasta este presente en el que continúan
trayendo esa fusión con nivel que tiene en ellos uno de los
ejemplos que deberían seguir quienes buscan un nuevo
horizonte musical, algo diferente, que contemple poder cantar
“canciones con fundamento” como llamó a un trabajo
Mercedes Sosa y que en ultima instancia es lo que estos
hermanos allende la cordilla nos están trasmitiendo, nos están
dejando en las actuaciones que tienen en Cosquín. En suma, un
momento para sentarse a disfrutar, para desafiar las noches
frescas de este Cosquín, que de esta manera trata de hacernos
ver que a pesar de los límites inexistentes algo de nivel aun
se puede escuchar.
Mendoza
trajo también su embajada musical, la cual entre canto y
danzas nos hicieron comprender que las provincias argentinas
son muy ricas en lo artístico y que tienen propuestas, como
estas, que no solo nos permiten conocer otras latitudes, otros
ritmos, sino apuestas con nivel que en ultima instancia es lo
que han traído hasta ahora todas las delegaciones actuantes.
Doña
Jovita (Jesús Luis Serrano) junto al estupendo músico
transerrano José Luis Aguirre han compuesto una propuesta que
trae el color de la tonada identificadora de aquellos pagos
que hiciera conocer en toda su lucha por el aislamiento el
Cura Brochero y que es sin duda la de los cordobeses que se
nuclean entorno a la Capital Nacional de la Poesía, como es
Villa Dolores. Aportar cosas a lo que ambos son capaces es
casi una redundancia, porque uno es un músico prolífero,
ganador de la Revelación con una canción sobre su región y
el otro ha creado un personaje que encarna una viejita
atrevida de Mina Clavero y que tiene salidas inesperadas como
zafadas pero que al ser tan espontaneo su propuesta llama a la
ternura y a la risa. Una actuación realmente de primer nivel
para una noche especial como la que nos tocó vivir.
Un
numero que hace unos años era sumamente convocante,
innovador, era el de Peteco Carabajal, quien en las ultimas
presentaciones creemos no ha estado a la altura de lo que
debería haber sido su natural evolución. Cierto es que no
reitera trabajos y que no suele tener inclinación por el
aplauso fácil, pero siempre nos queda la impresión que podría
dar mas, que por allí queda en deuda, al menos con el
folklore, porque sabemos es un excelente sucio, pero que la
proyección en demasía, como es su caso por allí lo termina
alejando de sus fuentes, siendo ello, posiblemente, lo que le
impide ser lo que hace tres lustros supo ser.
Pasaron
por el escenario José García, Los Caldenes quines llegaron
desde La Pampa, Luna Payecera, un recitador, Quórum, la
sachaguitarra de Elpidio Herrera, los cordobeses de La Copla,
Verde Trébol, los mas que interesantes Izquierdos de la
Cueva, Luis Baetti. Cada uno de ellos trajo sus ilusiones, sus
esperanzas del aplauso consagratorio de esta muy difícil
plaza. Algunos volverán satisfechos, otros, esperando un
horario más central, pero en todos los casos ninguno será
igual, ya que Cosquín cambia para siempre a quienes pisan
este escenario mágico del folklore.