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11/05/2014

EL ESTADO COMO SICARIO ECONÓMICO

Nada vamos a resolver limitándonos a eliminar los subsidios o el cepo cambiario en tanto en la mayoría de la sociedad siga imperando la idea de que tiene derecho a vivir del trabajo ajeno

Por Roberto Cachanosky (*)

Hoy día todos los partidos políticos hablan de diálogo, incluso hasta el kirchnerismo, aunque, claro está, el diálogo k es un monologo. Lo cierto es que todos hablan de dialogar, lo cual está bien, sin embargo mi gran interrogante es sobe qué bases quieren dialogar. ¿Sobre una forma educada de continuar la decadencia argentina o sobre un cambio en las reglas de juego que nos coloque en el rumbo del crecimiento sostenible en base a una cooperación pacífica y voluntaria?

Dejemos por un momento el debate en que momento Argentina entró en esta larga decadencia y concentrémonos en las causas. Básicamente hay dos formas de organizar económicamente un país. Una consiste en el conflicto social permanente y la otra en la cooperación pacífica y voluntaria.

Desde hace décadas el modelo que elegimos es el del conflicto social permanente. ¿En qué consiste este modelo? En que todos se sienten con derecho a vivir a costa del otro y se utiliza al monopolio del Estado para que lleve a cabo un masivo robo legalizado. Digamos que el Estado se ha convertido en el sicario que trabaja por encargue de los diferentes sectores para liquidar a uno y salvar a otro.

Veamos, buena parte de la dirigencia empresarial demanda proteccionismo, créditos subsidiados, regulaciones que le permita no tener que competir y una serie de privilegios adicionales. Su negocio está basado en conseguir el favor del funcionario público para que, mediante el monopolio de la fuerza, le otorgue utilidades que podría obtener en condiciones de libre competencia.

Por su parte los dirigentes sindicales piden todo tipo de privilegios en nombre de las conquistas sociales. Obligar a los trabajadores a aportar a la obra social que ellos manejan, obtener aumentos de salarios que nada tienen que ver con la productividad de la economía y medidas por el estilo.

Finalmente, amplios sectores de la sociedad se sienten con derecho a ser mantenidos por el resto de los contribuyentes. Exigen que les otorguen subsidios, les regalen la vivienda y mil cosas más.

La democracia ilimitada, como la denomina Hayek, ha transformado al Estado en un ser ominipotente donde las decisiones se basan en un chantaje y corrupción generalizados. Es decir, al tener el funcionario de turno el poder de decidir quiénes son los ganadores y quienes los perdedores, también tiene el poder de coimear para estampar su firma un declarar arbitrariamente ganador a un sector. Dicho de otra manera, el tráfico de influencias ha dado a una gigantesca red de corrupción y el sicario de turno mata al sector que menos votos le aporta.

Argentina se ha convertido en un país de saqueadores. Es todos contra todos. El empresario que pide proteccionismo lo que pide es que el Estado le quite la competencia externa para tener consumidores cautivos y obtener utilidades mayores sin ganarse el favor del consumidor, invirtiendo y produciendo bienes y servicios que tenga la combinación de precio y calidad que satisfaga al consumidor. Su objetivo no es satisfacer la demanda del cliente, es expoliarlo. Como el empresario que pide proteccionismo no puede agarrar del cuello al consumidor y obligarlo a comprarle, recurre al sicario Estado para que use el monopolio de la fuerza y le aplique un correctivo al consumidor.

Para compensar este saqueo el Estado suele establecer precios máximos. El burócrata le dice al empresario, te doy el mercado cautivo pero te controlo los precios, con lo cual, la componenda entre el burócrata y el empresario es, contrólame los precios y yo le bajo la calidad y la cantidad al producto que le vendo al consumidor mientras vos mirás para el costado.

Cuando el Estado saquea a un sector para beneficiar a otro, el saqueado protesta y, entonces, el Estado saquea a un tercer sector para tratar de conformar al segundo otorgándole algún beneficio. El tercer sector en ser saqueado protesta y el Estado saquea a un cuarto para tranquilizar al tercero y así sigue la historia hasta que todos están concentrados en ver quien tiene más poder de lobby para quedarse con la mayor parte de saqueo. Nadie piensa en producir o en ganarse su ingreso en forma honesta. En nombre de la defensa de la producción nacional y la solidaridad social, se termina armando un sistema de robo legalizado, donde todos pretenden vivir a costa del trabajo ajeno.

Por su parte, la mayoría de los dirigentes políticos entienden que, para ganar las elecciones, hay que prometer el mayor populismo posible. La democracia se ha transformado en una democracia ilimitada en la que cada elección es una competencia para ver quién es más demagogo, populista y viola la mayor cantidad de derechos individuales en nombre de la justicia social. El problema es que en un país de saqueadores no se genera riqueza, se la destruye.

Ese Estado omnipotente necesita destruir el estado de derecho para poder actuar arbitrariamente y ser el gran saqueador, en consecuencia, nadie apuesta a invertir. ¿Para qué hundir inversiones y ganarme el favor del consumidor si puedo invertir en conseguir el favor del funcionario de turno y ganar a costa de consumidores cautivos? Además, por un falso nacionalismo, muchas veces hasta los mismos consumidores defienden el saqueo al que son sometidos clamando por la defensa de la producción nacional como si la producción de bienes y servicios tuviera algo que ver con las nacionalidades, cuando en realidad son solo bienes y servicios que intercambian los agentes económicos. El himno, la bandera y el escudo nacional nada tienen que ver con la producción y el comercio. Los nacionalistas inventaron esta historia que tiene más que ver con inclinaciones bélicas y xenofobias que con la creación de riqueza y bienestar de los pueblos.

Si bien el problema de la decadencia económica argentina tiene una explicación económica, no debemos conformarnos con limitarnos a ese campo. Es que las políticas económicas del saqueo generalizado surgen de una sociedad cuyos valores están totalmente distorsionados. Y es a esa distorsión de valores a la que apela buena parte de la dirigencia política para captar votos. Votame a mí que yo te voy a dar una casa, un subsidio, un privilegio, una protección, un crédito a tasa real negativa. Olvidate de vivir a costa de tu trabajo e inversión. Yo le voy a quitar a los que tienen mucho para darte vos que tenés derecho a ser mantenido por el resto. La sociedad tiene una deuda con vos, por lo tanto es legítimo que saquee a otros para darte a vos.

Esta historia viene de décadas en Argentina y el kirchnerismo se ha encargado de llevarla a la máxima expresión, apelando al resentimiento de la gente que cree que a él le va mal porque a otros le va bien. Y justamente a los que les va bien es a los socios del poder y a los saqueadores del poder.

La pregunta final es: ¿está dispuesta la oposición a plantarse y ofrecer un cambio en las reglas de juego en la que en vez de un saqueo generalizado tengamos una cooperación pacífica y voluntaria? Digo, ¿proponen un dialogo en el que todos obtengan sus ingresos con su trabajo eficiente y riesgo empresarial o solo se limitarán a ofrecer un saqueo más educado y menos escandaloso? ¿Pretenden a acaso ser sicarios buenos?

En definitiva, el saqueo, hecho en forma educada o desaforada, es saqueo y solo conduce a más pobreza. El gran desafío es cambiar esa cultura del saqueo y pasar a una cultura de la cooperación pacífica y voluntaria.

En síntesis, en mi opinión nada vamos a resolver limitándonos a eliminar los subsidios o el cepo cambiario en tanto en la mayoría de la sociedad siga imperando la idea de que tiene derecho a vivir del trabajo ajeno y el Estado actuando como el saqueador por excelencia que, como el sicario, decide quién vive y quién muere económicamente.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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06/05/2014

UN PAÍS HECHO DE TÍTULOS Y PORTADAS

Por Gabriela Pousa (*)

Últimamente hay dos formas de encarar un análisis político. Puede hacerse desde la óptica de la dirigencia o desde la perspectiva de la gente. El problema es que así se terminan plasmando dos escenarios literalmente diferentes. Esto sucede porque cada vez es más grande la brecha que separa los intereses de la dirigencia y las necesidades de la sociedad. Mientras unos atienden el calendario electoral, otros tratan de armar un almanaque propio donde fin de mes no llegue el 20 ó el 21…

Y al hablar de dirigencia no sólo referimos a la política. Sin ir más lejos, pocas veces estuvo el sindicalismo más alejado de los asuntos que competen al obrero. Los habitantes de Quilmes, por ejemplo, están lejísimos, a años luz de entender o pretender entender el negocio de la recolección de basura. Simplemente quiere vivir de manera decente, de ser posible, con las calles limpias y no abarrotadas de bolsas de residuos y desperdicios. Pero el debate sindical sigue pasando por las cajas que quedan para manejar y la medición del poder de cada gremio para convocar por si fuese necesario movilizarse o apoyar aquí o allá. Nunca se sabe.

Los 16 millones al año que se gastan en la Legislatura provincial, en este contexto, no es un problema a solucionar sino apenas un titular. Usted lo leyó, se indignó, suficiente. Hoy hay otro título para el debate fútil que nace y muere en menos de 24 horas sin dejar nada útil, mucho menos soluciones.

Esa es la dialéctica de la política nacional: un bombardeo permanente de asuntos sin resolución que pasan pero, antes o después, inevitablemente vuelven a pasar.

De nada sirvió debatir el porcentaje de pobreza que desvelaba hace una semana y que el Ministro de Economía ocultaba, porque hoy ya ha dejado de interesar. No cesó la discusión porque surgió una solución que comenzó a ser aplicada, no. Cesó la polémica sólo porque tenemos otra nueva. Y capaz que le toca el turno a la pelea entre Luis Ventura y Beto Casella.

Argentina es un país que no aprende de la experiencia, no aprende de la historia, por eso podemos despertarnos una mañana y descubrir que el tema del día es otra vez la colimba… ¿Y las consecuencias? ¿Y el soldado Carrasco? A nadie le interesa, la sangre seca rápido. Si no fuera porque este planteo surgió apenas como cortina de humo para distraer, mientras se maneja tras bambalina la estructura de jueces federales que mañana deberán resolverle las causas por malversación de fondos y fraude a los actuales funcionarios, estaríamos peor de lo que estamos… Nos venden pescado podrido y nosotros lo compramos.

Así se pasan los días. Así se pasa la vida en Argentina. Somos una eterna coyuntura, una enfermedad crónica. Somos el Chino Maidana el fin de semana, Lionel Messi mañana, y Marcelo Tinelli alguna noche en la semana. Somos el “aquí y ahora”, sin pasado, sin futuro pero lo que quizás sea más duro, sin presente que encause y modifique “la vergüenza de haber sido, el dolor de ya no ser” Títeres de la misma marioneta una y otra vez.

Somos las manos de Torrico la semana que pasó y las de Chichizola de este domingo. Es verdad: con el fútbol se explica todo, con el fútbol también se diluye todo. Y en un mes seremos 40 millones de gran DT corrigiendo a Alejandro Sabella que puede terminar convertido en héroe o en el ser más soez. Tenemos pedestales inestables. Todo cuanto hoy se llama Nestor Kirchner, mañana podrá llamarse Sergio Massa o Daniel Scioli porque así es el cabaret político argentino. Adorados y adoradores que cambian de Dios pero no no de destino.

Sin embargo, este también ha sido un país signado por imponderables. Todo lo que hoy parece seguro, puede desaparecer en décimas de segundo. El gobernador bonaerense puede jugar fútbol con Tinelli y encabezar encuestas, pero si días antes de los comicios se repite una inundación como la de abril de 2013, el paso de favorito a denostado será inmediato. ¿Por qué sucede esto? Porque nada se ha hecho. La Plata puede volver a inundarse. Los anuncios, las caras adustas, las pecheras repartiendo donaciones fueron apenas “show para la gilada”, escenografía de unos días.

Hoy, lamentablemente, también puede volver a explotar el edificio de la AMIA porque tampoco tras esa tragedia se ha hecho ni aprendido nada. La inteligencia en Argentina se ocupa de pinchar teléfonos de quienes piensan distinto a la mandataria, pero no tiene idea de quién atraviesa fronteras. Cualquiera entra o sale de aquí. Florencio Randazzo le da pasaporte y DNI sin problema. Este repetir el horror no es patrimonio exclusivo del kirchnerismo, claro. En los noventa, con Monzer Al Kazzar, pasó lo mismo.

A su vez, en cualquier momento puede desaparecer un edificio entero como sucediera en Rosario hace un año, porque tras la indignación de momento, tras la visita proselitista que hiciera Cristina, no se estableció una agenda de controles efectivos de las instalaciones de gas ni de electricidad. Por eso, el próximo verano volveremos a estar a oscuras golpeando cacerolas en las esquinas, y Julio De Vido saldrá a decirnos que el suministro está garantizado, que quizás falte luz momentáneamente, en uno o dos barrios. En ese sentido, la Presidente tenía razón: “nada nuevo bajo el sol”

Argentina parece ser un país hecho de titulares y portadas. Cada mañana uno nuevo se instala pero después de 24 horas pasa hasta regresar en cualquier momento como novedad impensada.

Así, los linchamientos parecen que fueron hace años, la devaluación otro tanto, los tomates brasileños se reemplazaron por la yerba Amanda y los precios cuidados, y la zanahoria que desvela ahora, será desplazada en breve por peras o manzanas… Todo pasa. En ese sentido, el gobierno ha hecho empatía con Julio Grondona, el demócrata de la pelota.

De la misma forma, así como ayer, en familia, establecimos cómo entrar a casa después del trabajo para zafar de una entradera, hoy vemos cómo hacemos si acaso nos llaman a media noche para decirnos que a alguno de los nuestros lo tienen secuestrado…

Esa parece ser nuestra función como ciudadanos: pagar impuestos por servicios que no tenemos, y convertirnos en policías, maestros o jueces porque el Estado, el Estado ha sido víctima también de un secuestro – pero no virtual -, hace más de diez años.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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04/05/2014

POBREZA: ESTOS SON MIS NÚMEROS. SI NO TE GUSTRAN MOSTRÁ LOS TUYOS

El problema de Kicillof es que no tiene números para mostrar  de pobreza porque el INDEC no los informa. Y no los informa por alguna razón más fuerte que el empalme.

Por Roberto Cachanosky (*)

Días atrás, Kicillof afirmó que “es ridículo creer que aumentó la pobreza”, cuando la UCA dio sus datos de aumento de la pobreza. La argumentación del ministro fue muy pobre. En efecto, se limitó a afirmar que no podía haber aumentado la pobreza  &"si se duplicó el PBI y se crearon 6 millones de puestos de trabajo”. Y luego recurrió al típico relato político de barricada argumentando que hay intencionalidad política de negar los logros alcanzados por el modelo. Francamente, su argumentación como economista es más que pobre, al menos que aclare que habla como político que defiende a ultranza un modelo que hace aguas por todos lados, siendo él también responsable del naufragio del modelo y de mandar al país a la deriva.

Lo primero que uno podría responderle a la típica reacción k que tuvo el ministro, cuando se conocieron los números de la UCA, es lo siguiente: estos son mis números, si no te gustan mostrá los tuyos. El problema de Kicillof es que no tiene números para mostrar porque el INDEC no los informa. Y no los informa por alguna razón. O porque no están capacitados para trabajar en las estadísticas, porque no les da el dibujo o porque alguien les dijo que no los mostraran. Lo del problema del empalme es algo inaudito de aceptar en un instituto de estadísticas.

Claro, la gente se cansó tanto de reírse de los partes del INDEC que decían que una persona podía comer con $6 por día, que deben haber optado por dejar de hacer el ridículo con esos números impresentables y prefirieron hacer el ridículo diciendo que tienen un problema de empalme.

Por empezar los datos del INDEC dejaron de ser confiables desde que fue intervenido en 2007. Primero trucharon los datos de inflación y eso los llevó a tener que truchar otros indicadores, entre ellos los de pobreza. Pero también hay otros datos más guarangos. Por ejemplo, el PBI del 2009 que elabora el INDEC refleja caídas en la actividad agropecuaria, la industria, la construcción y la minería, pero muestra un aumento en el PBI de Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones. Salvo que los camiones hayan transportado aire, no se entiende como pudo subir este rubro si cae el PBI todo lo que es transportable. Salvo, claro está, que computen como un aumento del PIB cuando mi madre me llama por teléfono para retarme porque pasaron dos días sin que la haya llamado.

El dato anterior presenta la primera objeción a la respuesta de Kicillof sobre lo ridículo que es decir que aumentó la pobreza. Decir que se duplicó el PBI y por eso no es problema la pobreza simplemente mueve a risa cuando uno ve el dato mencionado anteriormente. ¿Alguien puede afirmar que en todos estos años realmente crecimos a tasas chinas?  Mi sobrino y economista, Nicolás Cachanosky rehízo las series de PBI a partir del 2007 tomando el IPC Congreso. Yo trabajé sobre esa serie. Mientras el gobierno informa un aumento del 100% del PBI en el período 2002/2013, a mí me da un 18% (tal vez al tomar el IPC Congreso se subestime el aumento). La estimación que hace el Congreso de PBI muestra una suba del 84%. El problema es que el PBI se calcula en base a cantidades y precios y el INDEC puede estar truchando tanto las cantidades como los precios. Si tomamos un promedio entre las estimaciones propias de PBI y las del Congreso, en el mejor de los casos el PBI subió, entre 2002 y 2013 el 30,6%. Y siempre está la objeción de comparar contra el punto más bajo de la serie. ¿Por qué comparar contra el 2003 y no con 1998 o 1997?

Las dudas son aún mayores sobre el verdadero aumento del PBI dado que el gobierno se niega sistemáticamente a que el FMI revise las estadísticas. ¿Cuál es el problema que el FMI revise las estadísticas si igual no le van a pedir un préstamo según su filosofía de independencia y liberación económica del FMI? ¿Es solo mirar los números, Kicillof? ¿Por qué tanto miedo?

Además, que el PBI crezca no quiere decir que necesariamente haya crecimiento. Con el mismo stock de capital se puede producir más si la  economía está en un ciclo recesivo. Si la economía puede producir 100 unidades pero por la crisis produce 50, se puede aumentar hasta 100 unidades sin incrementar el stock de capital, es decir, sin hacer inversiones. Solo es cuestión de poner en funcionamiento la capacidad de producción que no se está utilizando agregando horas extras y algo de capital de trabajo para comprar insumos. Con eso solo basta para aumentar el PBI. En ese caso hay reactivación pero no hay crecimiento. Reactivar es poner en funcionamiento lo que no se utiliza. Crecer es ampliar la capacidad de producción con más inversiones. Y ahí sí que tampoco pueden mostrar números confiables. Basta con ver la destrucción de la infraestructura del país para advertir que aquí hubo más desinversión que inversión. Trenes, energía, rutas, stock ganadero. Todo lo barrieron en busca de un consumo artificialmente alto que ahora quieren vender como el éxito del modelo para terminar como la pobreza. La realidad es que le mintieron a la gente. Les hicieron creer que ya no eran más pobres y en realidad, al consumir el stock de capital acumulado, estaban condenando a la población a una pobreza cada vez mayor, porque solo la mayor riqueza surge del aumento de la productividad la que, a su vez, es hija de la inversión.

Kicillof recurre al argumento de la creación de puestos de trabajo para mostrar el éxito del modelo y la inexistencia de pobreza. ¿Qué puestos de trabajo? ¿Los que creó el sector público con cero productividad? Nunca hubo un Estado tan grande y al divino botón. Un Estado adiposo  no presta los servicios más elementales como el de seguridad. De acuerdo a los últimos datos del mismo INDEC, el que viene creando la mayor cantidad de puestos de trabajo, por llamarlos de alguna manera, es el sector público. Pero esos datos son del 2013, hoy seguramente el sector privado baja la cantidad de empleados que tiene y el sector público los aumenta. Esto quiere decir que hay menos gente que produce y más que vive sin producir y consumiendo lo que produce otro. Un razonamiento muy elemental para advertir que la pobreza tiene que aumentar, pero igualando hacia abajo.

Por último, ¿cómo puede Kicillof afirmar que hay menos pobreza cuando todavía hay 3,3 millones de beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo, a la que se le acaba de agregar el plan NINI,  con 1.500.000 millones de beneficiarios? Cada vez son más los que consumen sin producir y cada vez menos los que producen para mantener a otros. Salvo que Kicillof pudiera demostrar que los pocos que van quedando con trabajo son tan productivos que logran generar riqueza para mejorar ellos y financiar los llamados subsidios sociales hasta niveles que superen la pobreza, todo parece indicar que no solo Kicillof no tiene números para mostrar que bajó la pobreza, sino que, encima, hace el ridículo, porque sus argumentos ni siquiera son sostenibles conceptualmente.

En síntesis, Kicillof, estos son los números de pobreza que tenemos. Si no le gustan, muestre los suyos y deje de hacer discursos de barricada.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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28/04/2014

DE POBRES OCULTOS Y POBRES EN EXPOSICIÓN...

Por Gabriela Pousa (*)

Una vez más, en Argentina se pierde el foco del problema y terminamos discutiendo aquello cuya respuesta no aporta mucho a solucionar los temas.

Esta vez, le ha tocado el turno a la pobreza. En ningún espacio político se escuchó una solución, un comienzo, un rumbo siquiera hacia donde dirigir fuerzas. Es decir, una política pública, posible de aplicarse aquí y ahora, y de sobrevivir al cortplacismo que nos condena. Aunque sea una idea concreta tendiente a ir diminuyéndola paulatinamente pues la magia no cabe este escenario, aún cuando todo parezca de un realismo mágico.

No. Se polemiza sobre el índice en sí mismo como si este fuese el problema. Da la impresión de que si el gobierno hubiese sincerado esa cifra, el silencio ganaba la porfía, y no se hablaba más del tema. Los pobres expuestos en gráficos pareciera que son más tolerados que los pobres ocultados. Es raro porque no hace falta recorrer el conurbano para observar como ha crecido la cantidad de gente durmiendo en zaguanes, en plazas y esquinas.

Lo cierto es que los pobres, para una gran mayoría de políticos, sólo existen en etapa proselitista. Ni antes ni después. Ese rasgarse ahora las vestiduras de muchos huele más a hipocresía que a preocupación genuina, o quizás se ha lanzado la carrera electoral aunque los tiempos no sean los que impone el calendario legal. Me inclino por esto último.

De todos modos, más allá del motivo que ha despertado este interés por la pobreza, hay que admitir que a esta altura de la gestión kirchnerista poco o nada tiene de utilidad una cifra. Han mentido durante once años sobre las mismas. Da igual que digan 1 ó 30 pues lo que esconden no son pobres ajenos al gobierno sino su propia pobreza. Una pobreza de espíritu y de sapiencia que aterra y es causante directa de aquella otra relacionada sí a la carencia, a la miseria.

La dignidad del pobre no la tienen los funcionarios de Balcarce 50. Y no se trata de hacer una apología de la miseria, sino de ser realista y observar como convive calefón y Biblia en cualquiera de las villas, igual que en Puerto Madero, en Barrio Parque o en Recoleta.

Hoy, discuten el porcentaje de pobreza desde artistas, ciudadanos, políticos hasta la Iglesia. El gobierno no. El gobierno habla de constipación por la ingesta de arroz y de los crímenes que existían en los años 40.

La lógica es únicamente kirchnerista: si se mataba antes, que se mate ahora. “Nada nuevo bajo el sol”. En consecuencia, si se linchaba a delincuentes en la Edad Media, que sigan los linchamientos hoy, y que se calle de una buena vez, el juez Eugenio Zaffaroni y la mismísima Presidente de la Nación.

El país no está mejor que hace once años cuando el matrimonio Kirchner llegó. Muy por el contrario, la decadencia que parecía anclada en la economía, se ha extendido a todas las áreas previstas. Si en el 2003 había un tumor, hoy hay metástasis completa.

¿De qué ha servido aumentar el presupuesto en educación si los resultados son cada vez peor? ¿Por qué aplaudir la asignación universal por hijo si sólo produce embarazos al por mayor porque no va acompañado con una consecuente política de sanidad y formación?

Si el hecho de que cierta clase media tenga un plasma o un LCD en cada habitación, o haya cambiado un auto viejo por un 0km es el parámetro del éxito al que refiere la jefe de Estado, entonces el problema no es el kirchnerismo, ni la inseguridad ni siquiera la inflación. El problema es la inmoralidad que nos ganó.

En este contexto de anomia, de relativismo ético y de ausencia total de principios, lo que se dice está tan distorsionado como lo están los hechos en si mismo. Así, una inauguración o un anuncio de bitrenes o camiones ya no implica una inversión sino un negocio más para los funcionarios y testaferros que manejan a piacere la licitación, si no la anulan directamente.

Sucede que el gobierno no es lo que debería ser: una administración. El gobierno es un negocio de unos pocos donde todo tiene precio, todo se compra, todo se vende.

Sólo así se explica que tras una década de viento a favor, de inmejorables precios internacionales, y de chinos sedientos de soja y alimentos, Argentina haya caído en la crisis en que esta hoy, haya o no cabal percepción.

La semana que pasó, sin embargo, un dato surgió como un soplido de aire fresco en este sauna maloliente donde se nos metió: la aparición de un frente que, muy posiblemente no pueda llevar al país a donde lo situó la generación del 30, pero que sí podrían rescatarlo de los mercenarios que están hace una década, lucrando y fundiéndolo.

Las divergencias existen como existen en cualquier familia, y no son tampoco más graves que las que diferencian a quienes frecuentan Balcarce 50. Si Hebe de Bonafini puede convivir con César Milani, ¿por qué no podría hacerlo Pino Solanas con Martín Lousteau? No es lo óptimo, “es lo que hay” (fatídica frase, ¿verdad?) Pero quizás no sea este el momento de los detalles. Y sí sea el momento exacto en que puede rescatarse al país o no.

Las mezquindades tienen voz, los egos se ponen en juego. Si acaso por una vez triunfa la razón, y por qué no el corazón, Argentina podría comenzar a transitar hacia la salida. “Nunca mucho costó poco”

Las comparaciones con la Alianza del 2001 son trampas arteras. Es como si el día en que una persona va a contraer segundas nupcias se le recuerda cuán mal le fue con su cónyuge la primera vez. Desde ya que un mea culpa y un arrepentimiento público por errores y horrores que arrastran tras de sí, podrían hacer. Sería un gesto de cordura entre tanta locura.

Está claro que la campaña se ha lanzado. FAU es una foto, no tiene todavía libreto que garantice nada. Ni planes, ni proyecto. Es apenas un trailer de un film que no asegura, tal vez promete. Sería preciso repudiar el chavismo y transparentar el por qué se acompañó tan ciegamente al oficialismo..Son un boceto. La película después podrá gustar o no, pero al menos se verán otros actores, otro guión.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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27/04/2014

UNEN, ¿ES TAN DIFERENTE A LA ALIANZA?

Lo que no me cierra es que una persona como Carrió, que hace muy bien en insistir con el tema de la república, esté aliada con Pino Solanas que se abrazó con Chávez

Por Roberto Cachanosky (*)

La semana pasada una serie de partidos políticos constituyó una alianza, UNEN, para las elecciones del 2015. Algunos analistas políticos consideran que tienen buenas chances electorales o, si se prefiere,  son competitivos electoralmente. Es probable, pero lo que no me cierra es que una persona como Carrió, que hace muy bien en insistir con el tema de la república, esté aliada con Pino Solanas que se abrazó con Chávez. Realmente me resulta muy difícil de imaginar una república democrática chavista. Es decir, suena raro tener una república democrática chavista en que se respeten los derechos individuales, la libertad de expresión y, mucho menos, implementar una política económica consistente que no termine en un desbarranque como el que están pasando los venezolanos.

La diferencia marcada en el párrafo anterior no es solamente una cuestión ideológica, sino que también tiene que ver con el éxito en el gobierno si ganan las elecciones, porque las diferencias que se observan entre sus integrantes es muy marcada. ¿Piensan lo mismo Aguad que Solanas o Victoria Donda sobre la economía?

En 1999 no voté por De la Rúa, obviamente tampoco voté por Duhalde,  pero confieso que cuando el elegido presidente dio a conocer su gabinete, tuve cierto entusiasmo. Había gente muy valiosa como Ricardo López Murphy en Defensa, Adalberto Rodriguez Giavarini en Relaciones Exteriores,  Juan Llach en Educación y José Luis Machinea en Economía. Con todo respeto, Machinea no me entusiasmaba demasiado en economía, no porque no tenga calidades profesionales, pero para ese momento no era la persona indicada para lidiar con una economía que requería de mucha disciplina fiscal, severidad en el gasto público y confianza.

Y justamente pasó eso,  para enfrentar el déficit fiscal comenzaron con un impuestazo que generó más desconfianza que entusiasmo. Las expectativas de la gente fueron de una recesión en puertas y así ocurrió.

¿El error de la Alianza? Creer que se podía solucionar el problema fiscal ajustando al sector privado con más impuestos en vez de bajar el gasto público. Ahí surgieron los problemas económicos que luego no tendrían vuelta atrás. Recordemos que Machinea renunció, López Murphy asumió con un muy buen equipo económico y propuso un recorte del gasto público que era nada frente a la licuación del gasto que finalmente terminó haciendo Duhalde con la devaluación y la llamarada inflacionaria.

Teniendo este dato como antecedente, uno ve UNEN  y se pregunta: ¿estarán dispuestos los candidatos de izquierda a bajar el gasto público que es lo que hoy necesita Argentina? ¿O volveremos a las divisiones internas que terminan en políticas que se quedan a mitad de camino y finalmente fracasan?

Varios de los integrantes de UNEN ven como un horror aliarse con Macri, pero no se espantan de tener en sus filas a Martin Lousteau que no solo hizo el zafarrancho de la 125, sino que, además, ingresó al gobierno de los  k cuando ya se veía el comportamiento autoritario del matrimonio. ¿Acaso Lousteau no debería haber puesto como condición para asumir que volara Moreno de la Secretaria de Comercio? ¿No fue el radicalismo el que llevó como candidato de presidente a Lavagna, un hombre del peronismo, partido al que pretenden arrebatarle el poder en el 2015 porque dicen que es corrupto? Me parece que Ricardo Alfonsín, siendo una persona que me merece todo mi respeto, tiene un lío bárbaro en la cabeza.

Con esgrimir el argumento de la honestidad no alcanza para sostenerse en el poder. Hay que combinar honestidad con eficiencia en la gestión y, sobre todo, barrer con el populismo que destroza nuestra Argentina, y ahí tenemos un problema porque varios integrantes de UNEN votaron felices la estatización de YPF, la confiscación de nuestros ahorros en las AFJP y la reforma de la Carta Orgánica del BCRA que ha dado lugar a al destrozo patrimonial e inflacionario de estos años.

Si la gente de UNEN cree que podrán sacar al país adelante hablando solamente de luchar contra la corrupción, de recuperar la república y otra serie de puntos muy importantes pero que son insuficientes para recuperar la economía del país, entonces estamos frente a otra Alianza, que por sus contradicciones internas quedará paralizada en la gestión y no podrá lidiar con la terrible herencia económica que le deja el kirchnerismo. Además,  hablar de terminar con la corrupción dejando las empresas estatales y una madeja de regulaciones y controles es una contradicción. La corrupción surge, justamente,  cuando el funcionario público tiene el poder de decidir ganadores y perdedores. ¿No veo al ala más de izquierda de UNEN terminando con la corrupción si, al mismo tiempo, siguen con la repartija de planes sociales, regulaciones y estatismo? Todo eso es un fantástico negocio de cajas que no se evitan diciendo yo soy honesto. Se eliminan eliminando la causa de la corrupción.

Ojo, el próximo gobierno tendrá que tener muy en claro que además de terminar con la corrupción y sancionar ejemplarmente a los corruptos, de recuperar la división de poderes y tener una justicia independiente también hay que tener un plan económico que atraiga inversiones y lograr la disciplina fiscal y monetaria para poder combinar honestidad con eficiencia.

¿Acaso Pino Solanas pretenderá solucionar todo el problema energético estatizándolo? ¿O haciendo lo mismo con los trenes, rutas, etc.?  ¿De dónde va a sacar el dinero para reconstruir la infraestructura de país si el fisco está agotado?

Por otro lado tenemos al PRO que yo no lo definiría como un partido liberal ni de derecha o conservador. Es un partido de centro que tiene a Macri midiendo muy bien en las encuestas, estando entre los tres posibles presidenciables.

En mi opinión lo mejor que le podría pasar al país es que aquellos de UNEN que tienen más afinidad con el PRO hagan una alianza con dicho partido y que la parte más dura de izquierda de UNEN conformen su propio espacio político.

El escenario electoral quedaría dividido en cuatro.  Scioli, Massa, UNEN representando a la izquierda y PRO junto con buena parte del radicalismo que nada tiene que ver con el chavismo con que simpatizan varios de los integrantes de UNEN. Es decir, el escenario quedaría con el peronismo dividido en dos,  un partido de izquierda, UNEN y un partido de centro surgido de una alianza PRO y parte del radicalismo que podríamos denominar alvearista, agregando tal vez a Carrió si opta por sumarse a ese espacio. Creo que sus ataques a la corrupción y la defensa de ciertos valores republicanos son un aporte muy importante, particularmente en el Congreso.

Algunos podrán argumentar que mi propuesta implica dividir al radicalismo. La verdad es que no sería la primera vez que ello ocurriera, y en todo caso sería más saludable separar corrientes de pensamiento bastante diferentes en vez de ir juntos y después quedar inmovilizados por las luchas internas si llegan al poder.

Más de un político de la oposición ha sostenido que hay que unirse pero no hacer un rejunte. Me parece que UNEN, así  como está, es un rejunte.

En definitiva, creo que, por el bien del país, es mejor tener un rejunte de partidos con ideas de políticas públicas similares, a tener un rejunte con buenas chances electorales pero con propuestas de políticas públicas diferentes que no son operativas a la hora de gobernar.

A esta altura de mi vida ya no pido el óptimo, me conformo con algo racional en lo económico, honesto y republicano. Con eso, por ahora, me doy por satisfecho.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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21/04/2014

ARGENTINA: UNA ENCRUCIJADA ENTRE DIRIGENCIA Y SOCIEDAD

Por Gabriela Pousa (*)

La “no renuncia” del Subsecretario Técnico de la Presidencia, Carlos Liuzzi, es un síntoma perfecto del kirchnerismo según Cristina. Una jefe de Estado parecida a las antiguas matronas que cobijaban hijos pródigos o díscolos, sin diferenciarlos siquiera. No existe un medidor de grados de corrupción pero estos avales de la Presidente a funcionarios manchados con dinero y con sangre, la sitúan a ella como la mandataria más corrupta de las últimas décadas. No sólo corrompe sino también apaña la corrupción ajena.

Hay una suerte de cofradía en Balcarce 50. Ni siquiera Néstor Kirchner podría disputarle ese primer puesto, recuérdese que frente a las evidencias explícitas, sacó a Felisa Micelli de Economía. Luego, Cristina la retornó ofreciéndole un cargo, una especie de amnistía en un foco infeccioso donde el pus aflora por todos lados.. Esa misma amnistía encubierta, parcial y a conveniencia rige para quienes mataron en los ’70. Los montoneros están subsidiados, los militares presos aún superando los 80 años y no teniendo proceso ahí están, esperando.

Es verdad que si en este momento, la mandataria, tuviera que echar a cada funcionario sospechado o imputado por la justicia se quedaría sin gabinete y sin aplausos para adornar cada uno de sus actos. Pero lo trascendente es observar de qué modo, el gobierno se convierte en un rejunte de imputados judicialmente y sospechados. Por más que haya internas en su seno, nadie puede tirar la primera piedra ni acusar al compañero. Saldría salpicado.

En ese contexto, el kirchnerismo necesita adoptar otro relato. Ya no sirve aquel “traje a rayas para evasores” que pedían en mayo de 2003, ni es válido el discurso igualitario. Hay una ley para ellos y otra para el pueblo. Hay una Justicia ciega y otra espiando por sobre la venda. Hay un Norberto Oyarbide que con su sola presencia corrobora la dependencia del Poder Judicial del Ejecutivo Nacional.

En definitiva, con la república ha muerto la credibilidad en la dirigencia. Y una vez perdida, la confianza fácilmente no se recupera. Por esa razón el desesperado pedido de “amor, amor, amor” de Luis D’Elia en televisión fue considerado un “acting” más que un gesto con argumento en la razón aún cuando muchos puedan adherir con su desaforada prédica mediática.

Sin duda, un refrán gráfica de maravilla lo que pasa: “ m>Hazte la fama y échate a dormir”. De acá al 2015 es preferible que el gobierno duerma a que pretenda que se le crea. Es preferible que se lo acuse de mentir que de pervertir hasta las raíces más profundas de la política, la economía y la cultura. Y nada fue casual, todo fue fruto de estrategias perversas.

El domingo que pasó, un matutino porteño título que el gobierno deja de publicar estadísticas. Y en rigor, quizás sea mejor que así suceda antes de seguir vendiendo porcentajes insólitos, ajenos a los hechos, que nadie cree como sucede con los productos que, según el ministro Kicillof, bajaron de precio.

Asimismo, ¿cómo pretender que alguien medianamente sensato crea que el titular del Palacio de Hacienda fue en viaje relámpago al Fondo Monetario sólo para saludarlos? ¿Qué pasó, vio luz y subió…?

El único consuelo es saber acabado al gobierno. El próximo año, el kirchnerismo llega a su fin pero una de cal y una de arena: el peronismo queda. En consecuencia, no hay garantía alguna que asegure que no se continuará con la clásica fórmula populista y demagoga. Una lástima.

Lo que sucederá en las elecciones, de no conformarse una oposición unida y homogénea, será algo similar así a una mudanza. Los muebles serán los mismos, los adornos también, sólo cambiará la disposición porque el departamento nuevo tiene otra distribución. Da impresión de nuevo pero lo novedoso no es muy poco. Los vicios se mantendrán incólumes por la mismísima esencia de ese movimiento que ya ha dejado vastas pruebas de gatopardismo en este suelo.

Es verdad que deshacerse de Cristina se vive como un remanso. Su mal trato ha sido y es magnánimo, su desprecio incalculable y su desatención a las demandas populares alcanzaron niveles siderales. Sin embargo, también es cierto que muchas veces creímos que peor no podríamos estar, y la sorpresa nos cayó como balde de agua helada en pleno invierno.

Es menester cambiar de protagonistas y de elenco, no sólo de escenario y utileros. Resulta un sinsentido escuchar, en estos días, hablar del “zabeca de Banfield”, del menemismo y de la Alianza como si el pasado no fuera eso. Vivimos atrasados, ni un debate sobre futuro hay en esta Argentina ¿Será culpa de la dirigencia o de la sociedad que no le interesa lo que ha de pasarle en lo sucesivo?

En el 2011, gran parte de la ciudadanía votó a Cristina. Y hace tres años ya existía la corrupción, las mentiras estadísticas del INDEC, el sometimiento de juzgados y fiscalías. Si no importó entonces, por qué creer que importará en las próximas elecciones. La respuesta está en el órgano más sensible del argentino: el bolsillo.

Hace tres años aún había caja. En algún momento se vaciaría pero nunca se piensa en el mañana en Argentina. Se vivió el derroche de subsidios, del gasto público, en síntesis, una fiesta a la del menemismo. Afloraron como hormigas los “nuevos ricos”, esos a quienes el largo plazo les importa un rábano. Esos que pregonaron con inobjetable éxito un “carpe diem” ingenuo y maniqueo.

Pero la fiesta terminó y junto con la cuenta de lo que se gastó, dejó una radiografía patética de la idiosincrasia nacional: todo es algarabia si hay plata para comprar un plasma, un auto de alta gama subsidiado, viajar y huir de la ciudad los fines de semana largos. Nadie protestó porque estos marcaban la muerte de las tradiciones y las fechas patrias. Nadie se negó al consumo porque después no habría un peso…

En ese sentido cabe reconocer que a gran parte de la sociedad le importa nada la institucionalidad, la moral, la verdad como doctrina, y sólo le interesa la inflación, el dólar y la inseguridad..

Asimismo, en este teatro de calamidades y en trance de cambiar para que nada cambie, aparece el proyecto para limitar piquetes y movilizaciones. En realidad, ciertos piquetes pues no habrá impedimento a la hora de cortar todo el microcentro para estacionan los micros de los “pibes para la liberación” que deben hacer pogo en el Patio de las Palmeras después de los actos y las cadenas.

Ya la Constitución Nacional habla del derecho a la libre circulación, ¿es necesario otra ley? ¿No sería mejor poner en práctica la Carta Magna de la Nación? Por otro lado cabe preguntarse qué hubiese pasado si este proyecto lo presentaba Sergio Massa o Mauricio Macri​. Hubiese sido un acto dictatorial, una censura a la libertad del ciudadano, una afrenta al sistema democrático.

Pero la jefe de Estado necesita recuperar la calle que perdió en manos del sindicalismo y del hartazgo. Los piquetes contra el gobierno aumentaron un 49% respecto a marzo del año anterior, y nadie puede pensar que vayan a menguar en un clima de ajustes y devaluación.

Vienen tiempos en donde lo arbitrario será cotidiano. Cristina será cada día más Cristina con todo lo que ello implica: su descaro, su perversión. Sólo resta saber hasta qué punto la sociedad sigue siendo aquella a la cual poco o nada le interesan las instituciones, la independencia de poderes, la inserción argentina en el escenario internacional o la corrupción, en la medida que le solucionen la inseguridad, el dólar y la inflación.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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20/04/2014

VISIÓN BÉLICA DEL GOBIERNO Y DESTRUCCIÓN DE LA RIQUEZA

El kirchnerismo ha sumergido al país en una guerra de todos contra todos. De una guerra nunca surge riqueza.

Por Roberto Cachanosky (*)

A principios de año el Secretario de Comercio, Costa explicó los beneficios del programa precios cuidados. Uno de los argumentos que esgrimió es que los acuerdos entre la industria y los supermercados permitan una rentabilidad razonable. Hasta el momento desconocemos qué es una rentabilidad razonable para el gobierno. ¿Qué porcentaje de ganancia definen como “razonable”? En rigor no hay ningún parámetro para definir la razonabilidad de una rentabilidad en un mercado libre. Luego lo explicaré, pero tal vez pueda ensayar algún número “razonable” para el secretario, que podría ser el aumento del 158% en 2008 en el patrimonio de los Kirchner y que Oyarbide lo aceptó como válido. Resulta realmente irónico que el kirchnerismo hable de rentabilidad razonable cuando varios de sus funcionarios tienen aumentos patrimoniales tan veloces que Bill Gates parece tener un kiosco de cigarrillos y golosinas en comparación con la legión de funcionarios kirchneristas y sus crecimientos patrimoniales.

Resulta realmente delirante que mientras los burócratas de turno llenan sus planillas de Excel para analizar costos y rentabilidad, el BCRA quede patrimonialmente quebrado por la emisión monetaria, la pérdida de reservas y la acumulación de papeles del tesoro sin valor de mercado. Es decir, en vez de entender que no son los precios los que suben, sino que es la moneda la que se desvaloriza, los burócratas se entretienen viendo cuál es el costo de los insumos, los salarios y demás rubros en la producción de un bien para, por algún criterio mágico, determinar la utilidad razonable de una empresa para llegar al precio que debe venderle a un supermercado sus mercaderías. Y luego hacen el mismo inútil ejercicio con el supermercado para llegar al precio final en que debe vender para tener una utilidad “razonable”.

Le pregunto al lector, ¿cuándo Ud. llega a la caja del supermercado, le pide al cajero la planilla de costos del super para saber cuánto gana el gerente financiero, cuánto gasta de luz, etc. o se limita a comparar precio y calidad del producto? A la gente no le interesa el costo de cada empresa, sino que la relación precio y calidad de cada producto sea la que desea, en consecuencia, Costa llena planillas de Excel que a nadie le interesa pero creen que controlando los costos evitan la inflación que genera el BCRA por el déficit fiscal que le financia.

Un solo dato, el BCRA acaba de “dibujar” utilidades tomando el mayor valor de las letras instransferibles que le enchufa el tesoro para quitarle las reservas. Como esas letras están nominadas en dólares, la devaluación de enero le generó “utilidades” por U$S 62.000 millones que en cualquier momento se los transfiere al tesoro emitiendo moneda contra utilidades ficticias y que, además, son devengadas, no realizadas porque esos bonos vencen del 2016 en adelante. Es decir van a emitir contra utilidades que no existen, cobrar el impuesto inflacionario y mientras tanto, Costa se entretiene revisando las planillas de costos de las empresas, dato que no sirve de nada porque para poder comparar costos la moneda tiene que servir como unidad de cuenta. Comparar pesos de enero de 2012 con enero de 2014 no tiene ningún sentido porque la inflación distorsionó los precios. Bien, a esa actividad improductiva se dedica el Secretario de Comercio.

Y como si esto fuera poco, el inútil trabajo de Costa y Kicillof impide la inversión y en consecuencia la creación de puestos de trabajo.

Es que justamente las ganancias extraordinarias surgidas de la libre competencia indican dónde hay una demanda insatisfecha. Algo que la gente demandaba y la oferta no estaba cubriendo. El que primero descubre esa demanda insatisfecha tiene una ganancia extraordinaria, luego llegan competidores que lo copian, aumentan la oferta, baja el precio y la tasa de rentabilidad disminuye hasta tender a igualarse al resto de los sectores productivos. No hay nada más pacífico y civilizado que el mercado. Los empresarios obtienen ganancias solo si logran satisfacer las necesidades de los consumidores. Lo que se denomina intercambio pacífico y voluntario. Y los empresarios compiten entre sí por ofrecerle al consumidor, la mejor combinación de precio y calidad

En cambio Kicillof y sus colaboradores no ven la actividad económica como una actividad pacífica y de cooperación. Todo lo ven como una guerra. Basta con escuchar sus declaraciones sobre comercio: defender la producción nacional, lucha por la distribución del ingreso, competencia desleal. Para ellos todo es enfrentamiento. Al igual que en el discurso político, no pueden concebir una sociedad trabajando en paz y armónicamente. Todo tiene que ser una guerra. Inventar un enemigo. Investigar sus cuentas. Denunciarlo como desestabilizadores. Golpistas. Y, como en toda guerra se destruye riqueza, esta política económica, concebida como un enfrentamiento bélico, no hace más que destruir riqueza.

Por su parte, la política también ve como todo como una guerra. Si combinamos la “guerra” política con la “guerra” económica que imagina o inventa el gobierno, no podemos tener otro resultado que un país cada vez más pobre porque el gobierno destruye riqueza en su concepción bélica de la vida argentina.

En definitiva, han sumergido al país en una guerra de todos contra todos. Y, como decía antes, de una guerra nunca surge riqueza. Surge la pobreza más atroz que este gobierno está generando.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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14/04/2014

EL PARO A CRISTINA QUE, EN REALIDAD, FUE PARA SCIOLI Y MASSA

Por Gabriela Pousa (*)

Nuevamente los argentinos fuimos rehenes de una interna peronista y sindical. Ni Hugo Moyano, ni Luis Barrionuevo hicieron un paro para beneficiar a los trabajadores, ni Cristina Kirchner, ni ningún otro funcionario estaba preocupado por el derecho a trabajar y a la libre circulación que tienen los ciudadanos.

Por otra parte, hablar del éxito de un paro es bastante arbitrario en el contexto que estamos atravesando: la violencia ganó la calle sin diferencia de barrios ni de clases. Nadie medianamente sensato se animó, desde el vamos, a abrir su comercio o a conducir su taxi: no se trataba de una adhesión férrea por convicción sino de temor.

Ese temor que es otro de los grandes protagonista de la actual Argentina. Un temor fundado en la incertidumbre de presente, de futuro y también de pasado. La historia no es lo que alguna vez fue, el presente es indefinido, y el mañana un misterio que ni Mandrake se atrevería a definirlo. En ese ambiente social, la orfandad del ciudadano es mucho más que un dato de la realidad.

Los políticos ya no representan, los sindicatos ya no cuidan, los policías ya no previenen, los gobernadores ya no gobiernan, los intendentes son apenas instrumentos de punteros políticos, los maestros ya no enseñan y los padres ya no educan, delegan. La pirámide social se ha hecho trizas. Los cimientos de la sociedad son arenas movedizas y el vértice agoniza.

Excepciones hay, desde luego, pero no son la generalidad. Hoy hay en Argentina más analfabetos que a principio del siglo pasado. Los pobres se multiplican y la ignorancia es política de Estado.

Un pueblo ilustrado no vota como rebaño, no calla frente a la injusticia, no perdona el robo de guante blanco, no soporta la desidia, no aplaude a un Presidente a cambio de un subsidio que lo condena aún más a la miseria. Un pueblo ilustrado no viaja a su trabajo hacinado como ganado, no para por capricho de un sindicalista que busca posicionarse en el próximo teatro, no entierra a sus muertos, víctimas de la delincuencia, resignado y callado..

Un pueblo educado no regala una década porque sabe que el tiempo es el único recurso no renovable, y no se deja matar por un celular o un par de zapatillas porque conoce el inconmensurable valor de la vida.

Ahora bien, es probable que haya otra causa por la cual se admite todo esto que no sea la ignorancia, es probable que la anomia y la apatía sean síntomas de algo aún peor: la resignación. El hombre resignado ya no espera nada, ni de sus dirigentes ni de si.

El hombre resignado deja hacer y no en el sentido de ‘lasse faire’. El hombre resignado acepta que se le hable de cambio y, simultáneamente, se le venda a Daniel Scioli o a Sergio Massa como candidatos…

La resignación lleva a creer que cualquiera es mejor que Cristina, aún cuando hayan sido sus adláteres. Entonces cabe preguntarse si el problema es realmente el kirchnerismo o es el gen argentino.

Las respuestas se disipan entre ese temor al que ya aludimos y la no certeza. Porque si afirmamos tamaña sentencia, el trabajo a realizar no es tarea exclusiva de la dirigencia sino de cada uno, empezando seguramente por su casa, por su hogar, por su núcleo más íntimo.

Lo cierto es que no interesa definir si el paro fue un éxito o no, sino aceptar que fue altísimo su acatamiento. Por adhesión a la “causa”, por vagancia, por falta de transporte o por miedo. Como fuese, ha quedado demostrado que el gobierno ya no tiene siquiera el poder de transportar a su gente en micros como tantas veces lo hiciera. Ni la jefe de Estado asistió a la Casa Rosada el día del paro, se la dejó a la tigresa de Oriente. Todo un símbolo de la época que atravesamos.

El gobierno fracasó porque no puede asegurar ni un derecho que está en la Constitución: el libre tránsito de la población. Ni puede a través de subsidios y aprietes hacer que las patronales tomen las riendas y manejen los medios de transporte como sucedió en otras ocasiones. El poder se deshilvana.

El gobierno ya no puede contra su propio Frankestein: los piquetes se le animan y ganan la porfía. Adiós a la calle. Un adiós en consonancia con el adiós a sus aliados sindicalistas. Sin Moyano, nada puede hacer ni Unidos y Organizados ni La Cámpora. Los “pibes para la liberación” no liberan ni una calle cortada.

Pese a esto, el paro fue mucho más que un medidor del clima social pero mucho menos que una solución real y concreta a los problemas de los trabajadores argentinos . El paro fue tristemente la confirmación de la vieja política que nunca se ha ido y fue, simultáneamente, un aviso. Un aviso no tanto al kirchnerismo que mucho se le parece sino a su sucesor cualquiera sea el apellido. Ellos siguen jugando fuerte, no pueden quedar afuera del juego, es decir de las listas y de la repartija que un nuevo populismo hará en el 2015 de la Argentina.

Es triste si, pero es lo que se avizora de no surgir un imponderable, un cisne negro capaz de dar vuelta 180 grados las cosas. El sindicalismo de hoy mantiene los vicios del de ayer, extraña la etapa de sociedad con el poder. Y salen a demostrar que son mucho más que él. Y lo son porque Cristina se va en el 2015 y ellos hace 30 años que siguen haciendo y deshaciendo a sus anchas. Y para colmo de males, hoy gran parte de la sociedad hastiada, lo venera, lo reclama.

Vuelve a ver el Hugo Moyano rubio y de ojos claros, y al Barrionuevo de la pizza y el champagne. Y en la resignación arriba comentada, piensa en silencio porque el miedo no permite hacerlo en voz alta: “Con Menem estábamos mejor. Con Menem ésto no pasaba.”

Scioli y Massa lo saben y trabajan en consecuencia. Ambos se preparan para que vuelva la “fiesta” aún cuando reciban tierra arrasada y el populismo sea su timón y su ancla. Pero ahora, ambos también saben que los jeques sindicales aguardan, no para sumar sino para pactar como pasó también en los 90.

Moraleja: en Argentina, guste o no, el poder se comparte…

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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13/04/2014

INFLACIÓN LEGISLATIVA Y DESPILFARRO DE RECURSOS

No veo ninguna razón para que tengamos legisladores full time con un presupuesto que asusta cuando se ve cómo se dilapidan los recursos de los  contribuyentes

Por Roberto Cachanosky (*)

Comienzo con una afirmación: no veo ninguna razón para que tengamos legisladores full time con un presupuesto que asusta cuando se ve cómo se dilapidan los recursos de los  contribuyentes.

La respuesta a la pregunta que titula esta nota es muy obvia, un país con estabilidad en las reglas de juego, no tiene que tener inflación legislativa como la que tiene. La ley madre es la Constitución Nacional  en la que se establecen los derechos y garantías de los habitantes. Luego se sancionan las leyes que regulan su ejercicio, pero esas leyes no pueden ir contra la letra y el espíritu de la Constitución, algo que no ocurre en Argentina. En segundo lugar, ¿qué es esta historia de tener inflación legislativa? Cuántas más leyes se dictan en un país, más libertades individuales se cercenan. La inflación legislativa, lejos de asegurar la libertad de los individuos, la va recortando hasta anularla, al punto tal que uno podría alegar, como dicen los abogados, que  uno  desconoce la ley. Con la maraña de leyes, decretos, regulaciones, etc. que tenemos en el país, todos estamos fuera de la ley. Tal vez sea ese el objetivo. Hacer que los habitantes siempre estemos al margen de la ley para someternos.

La introducción viene a cuento porque revisando el presupuesto me encuentro, una vez más, con un gasto descomunal en el Congreso de la Nación. De acuerdo al presupuesto 2014, el Congreso Nacional tiene asignado un presupuesto de $ 5.362 millones y con un personal que llega a los 12.986. Si bien hay algunos programas dentro del presupuesto del Congreso que no son legislativos, el grueso del mismo son funciones legislativas.

Por ejemplo, el presupuesto destinado a la Cámara de Senadores es de $ 1.820 millones con un total de personal destinado específicamente al Senado de 4.337 empleados. Considerando que hay 72 senadores, la relación da que hay 60 empleados por cada senador, digamos que cada senador es una PYME. De acuerdo al presupuesto asignado, para realizar sus tareas un legislador tiene un costo anual de $ 72 millones, un promedio de $ 2 millones mensuales.

Tomemos ahora el caso de diputados. Hay 257 legisladores y una planta de personal asignada específicamente a diputados de 5.454 personas, es decir, hay 21 empleados por diputado. También cada diputado es una PYME, aunque un poco más chica que la PYME senadores. Piense el lector que en el caso de un senador necesita una estructura de 60 personas y cada diputado de 20 para realizar su trabajo. El presupuesto de diputados es de $ 2.139 millones, por lo tanto cada diputado necesita $ 8,3 millones anuales para poder desempeñar su tarea, o un promedio mensual de $ 700.000 por diputado.

En la biblioteca del Congreso, que atiende tanto a senadores como diputados, hay una planta de 1.473 personas. Trabajando las 24 horas del día, en turnos de 8 horas, debería haber por turno 491 personas en la biblioteca por turno. Tengo la impresión que deben chocarse entre los pasillos de los anaqueles llenos de libros. El presupuesto de la biblioteca es de $ 550 millones. En la era de internet, ebooks y demás tecnologías luce un poco exagerado tanto el personal asignado como el presupuesto.

La imprenta del Congreso, cuando todo se hace en Word, PDF y por internet, hay 555 empleados con un presupuesto de $ 207 millones.

Otro de los programas que figura en los gasto del Congreso es el de Defensa del Público de Servicios de Comunicación Audiovisual con un presupuesto de $ 97 millones y 95 empleados. ¿Será su tarea verificar que funcionen adecuadamente todos los controles remotos de los televisores?

Además de los programas mencionados, hay otros como Fortalecimiento Institucional que depende de senadores con un presupuesto de $ 6 millones, Control Parlamentario de los Fondos de Seguridad Social, con un presupuesto de $ 7 millones y, por citar alguno más, Control Parlamentario sobre el Funcionamiento del Sistema de Inteligencia (alguien cree que controlen algo) o Asistencia Social Integral al Personal del Congreso de la Nación, con 526 empleados y un presupuesto de $ 255 millones.

Si viviésemos en una verdadera república, el Congreso debería reunirse una vez por año y para aprobar el presupuesto y cada legislador volver a su casa. Sí, ya sé, van a decir que lo mío es una disparate. Pero en rigor es un disparate que se gaste tanto dinero en un Congreso que, si quiere preservar las libertades individuales, debe legislar poco y nada, en consecuencia no sería necesario tener casi 13.000 empleados dentro del Legislativo. Reconozcamos que si van a trabajar todos al mismo tiempo, se cae el edificio.

Ya en el 2003 había una exageración de personal en el Congreso. Según el presupuesto de ese año el Poder Legislativo tenía 9.605 empleados. Es decir, que en la década ganada, el personal en el Congreso aumentó en 3.381 personas y, hasta donde yo sé, la cantidad de legisladores es la misma. ¿Tal vez demasiados militantes? Aumentar la planta en un 35% da la pauta de como inventamos “puestos de trabajo”.

Si quitamos algunos de los programas que funcionan dentro del presupuesto del Congreso, el mismo asciende a $ 4.445 millones, es decir, que cada legislador (diputados + senadores) necesita entre su sueldo y la estructura para trabajar, $ 13 millones anuales o $ 1 millón mensual si incluimos el aguinaldo.

Imaginemos que a cada legislador se le paga un sueldo mensual (cargas sociales incluidas) de $ 70.000 mensuales. Se le asigna una secretaria $ 12.000 mensuales. Dos ayudantes de investigación $ 30.000 mensuales y gastos operativos (teléfonos, computadoras, mensajería, café, etc.) por $ 27.500, tendríamos un costo por legislador de $ 149.500 mensuales. Cada legislador, multiplicando por 13 para incluir el aguinaldo, tendría asignado un presupuesto anual de $ 1,9 millones. Multiplicando $ 1,9 millones por 329 legisladores de $ 625 millones frente a los $ 4.445 millones que actualmente gastan. La gente se ahorraría $ 3.820 millones anuales. Pero ya sé, el mío es un razonamiento antidemocrático y destituyente.

Ah, antes de terminar, le decía que hoy el Congreso, sin tomar algunos otros programas, gasta $ 4.445 millones. En 2003 tenía asignado un presupuesto de $ 422 millones. Aumentó 10 veces en la década ganada, que ya tendría que llamarse la década de los ganadores y perdedores.

Si los legisladores van a defender a los contribuyentes y controlar al Ejecutivo como gasta los recursos tributiarios, ¡qué Dios nos ampare!

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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07/04/2014

EL EJEMPLO PREDICADO

Por Gabriela Pousa (*)

Dar el ejemplo no es la principal forma de influir en los demás, es la única” 

Albert Einstein

En la Argentina seguimos padeciendo consecuencias, no de una “pesada herencia” recibida sino de la ignominia kirchnerista. El gobierno está cosechando su siembra aunque, lamentablemente, es el pueblo quién debe convivir con ella.

En ese contexto hay escenas verdaderamente fellinezcas, a saber: una Presidente que habla de lo mala que es la venganza y del odio que no conduce a nada, tras diez años de practicar un revanchismo ridículo y de dividir a los argentinos.

Un gobernador bonaerense que lanza la “emergencia en seguridad”, figura retórica que ni siquiera tiene correlato en lo legal. ¿Qué es la “emergencia en seguridad”? Nadie tiene la respuesta simplemente porque es apenas una construcción gramatical.

Además, aduce que esta medida es consecuencia de una “ola delictiva” como si la violencia que experimentamos fuera una novedad concentrada la semana pasada. Más que ola, el delito es un mar y el agua nos ha tapado.

Encima es el mismo gobernador que dijo tomar las riendas del tema cuando el secuestro y posterior crimen de Candela sacudió a la población. O mintió o las riendas se le soltaron demasiado rápido, ni siquiera ese asesinato tuvo resolución.

La desvergüenza de los actuales dirigentes los hace hablar de los problemas como si fueran espectadores ajenos a ellos, y como si fuera ayer que asumieron. Han pasado 11 años de gobierno. ¿A qué se dedicaron todos esos años? La palabra “prevención” no está en su vocabulario.

Este hecho y otros varios solapados corrieron la grieta que divide a los argentinos hacia adentro, es decir, a la mismísima Casa de Gobierno. Las internas se agudizan, existían antes pero no trascendían. Hoy saltan a la vista. A las declaraciones de un ministro le sigue la desmentida de otro, y el desconcierto es protagonista. Para poder presentir quién tiene razón, hay que averiguar cual de los dos está más cerca de Cristina.

Ahora bien, que un ciudadano común tenga que estar previendo este tipo de cosas no admite adjetivación. Es lisa y llanamente, una locura. No pasa en ningún país medianamente serio. Estamos confundiendo lo común con lo normal a fuerza de habernos acostumbrado a lo irreal.

Mientras tanto, el gobierno sigue preocupado por Sergio Massa. Para todo lo demás tiene estrategia planeada: la distracción. Un escándalo tapa a otro, confían y sólo buscan secar las noticias. Que la portada de hoy caduque mañana. Puede parecer un imposible pero, durante una década, lo han hecho con eficacia.

Es verdad que la caja ya no da para grandes puestas en escenas, ni siquiera para una cadena nacional que anuncie algo más que una inversión de 8 millones de pesos para una clínica que trata adicciones, pero en la fantasía de la mandataria, el show tiene validez aunque el cotillón escasee y no haya para comer.

Una sola realidad parece haber penetrado en la conciencia presidencial: la eternidad pregonada es ya una quimera. No ganarán otra elección y buscan denodadamente, un 25% de votos para situarse a la cabeza de la oposición. Esos son los asuntos que desvelan a la Presidente, no la inseguridad, no la inflación.

Estas son cuestiones nimias que delega en manos de Sergio Berni y Axel Kicillof, ese marxista revolucionario que deberá marchar pronto al Fondo Monetario.

Mientras, Cecilia Rodríguez es un fantasma que cobra un sueldo abultado como ministro de la Nación, y a quién hemos de pagar jubilación de privilegio tras retirarse de su cargo. Es así porque nadie marcha a su ministerio, el reclamo nace y muere en alguna plaza de municipio como si fuese verdad que la seguridad es asunto de las provincias y no del gobierno nacional.

Lo cierto es que el kirchnerismo está abocado a intereses ajenos a la gente. Busca contener al Justicialismo, frenar a Massa y ponerle piedras a Scioli. Y por sobre todo busca impunidad. Para eso sí hay gestión suficiente. El Poder Judicial es un apéndice del Ejecutivo pero siempre está el peligro de una independencia que los deje sin oxígeno.

Así como hasta hace un tiempo, nadie podía ver la fotografía de Cristina entregando la banda y el cetro, hoy es ingenuo verla pronto tras las rejas. Hay que separar la aspiración personal de la realidad. En el largo plazo otro podrá ser el escenario, pero eso depende más de la gente que de todo lo demás.

La sociedad es soberana pero no gobierna sino a través de sus representantes. Que haya cambiado representatividad por delegación, priorizando la comodidad es otro cantar. En ese sentido, la ciudadanía también está cosechando lo suyo. Se le ha dejado hacer demasiado al kirchnerismo y se le perdonado aún más.

Es difícil salir de ese laberinto, por eso se está confundiendo representación con propia administración. “Si el gobierno no actúa, actúo yo”, es el rezo del argentino políticamente huérfano. Un devenir que por equivocado no deja de ser natural.

Por lo dicho, condenar los mal llamados “linchamientos” es una hipocresía sin igual si no se contempla el ámbito donde se dan. Fue impresionante como en una semana, se cuidó más al vándalo que a la víctima pero no fue novedad. Viene siendo así desde el vamos, desde – por ejemplo -, el día que Néstor Kirchner y varios gobernadores encabezaron un acto en Gualeguaychú, en marzo de 2006, bendiciendo a la Asamblea Ciudadana que cortaba puentes y situándola como paladín de una “causa nacional”

Esta “legitimación” de la violación de la ley y de la Constitución Nacional no fue gratuita, aunque parezca un hecho aislado y del pasado, esto que acontece hoy halla también allí su correlato.

En ese sentido, así como se habla de suicidios inducidos, habría que hablar también de inducción o incitación al “linchamiento” porque el responsable primero no es sino el gobierno.

La violencia engendra violencia. Y violencia es ver a Cristóbal Colón tirado, al Indec dibujado, a la ESMA convertida en un centro para hacer asados, a un Guillermo Moreno en Italia premiado, al ANSES convertido en caja para negocios privados, etc., etc., etc…

Así pues, no se trata de gente que perdió la razón sino del ejemplo que se ha predicado.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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06/04/2014

FRANCISCO: ¿AYUDA SU DISCURSO A TERMINAR CON LA POBREZA?

Cuando el Papa habla de economía, no habla ex cathedra. Es solo una opinión y por lo tanto para el debate

Por Roberto Cachanosky (*)

Antes de ir al punto de esta nota, deseo aclarar que soy católico, estudié en un colegio parroquial y luego economía en la UCA. En aquellos años teníamos materias como teología, ética y moral profesional y, por supuesto, doctrina social de la Iglesia en la que veíamos las encíclicas. De manera que algo de las opiniones de los papas sobre economía conozco, aunque tampoco soy un experto, pero sí las estudié.

Ahora bien, soy cociente que a más de un ferviente católico no le agradará esta nota, sin embargo la escribo sabiendo que las declaraciones de Francisco en materia de economía y pobreza son discutibles.

Recordemos que solo cuando el Papa habla ex cathedra, su palabra es inapelable y lo hace cuando se trata de temas de doctrina de fe. También recordemos que fue en el Concilio Vaticano I, en 1870, que se estableció el dogma de infalilibidad papal bajo el argumento que el Papa tiene la asistencia divina. Históricamente se decidió en dicho concilio establecer este principio de la infabilidad del Papa por las divisiones internas que, en esa época, imperaba dentro de  la Iglesia. No sigo profundizando en este tema porque no viene al caso de esta nota.

De lo anterior se desprende que cuando el Papa habla de economía, no habla ex cathedra, es decir, su palabra no es definitiva sino que es opinable, como la de cualquier católico o no católico. En consecuencia, sus afirmaciones sobre la pobreza pueden estar equivocadas al punto, y aquí alguien puede escandalizarse, que sus dichos pueden generar, por error, más pobreza, exclusión y hasta autoritarismo.

En su encíclica EVANGELII GAUDIUM, Francisco afirma: “En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando”

En primer lugar Francisco se equivoca de medio a medio cuando afirma que la libertad de mercado no favorece a los más pobres y jamás ha sido confirmada en los hechos, porque hay toneladas de estudios, libros y ensayos que muestran que a más libertad económica mejor nivel de vida de la población y menos pobreza. Si alguien le acercara al Papa el libro de Mancur Olson, Auge y Decadencia de las Naciones, podría verificar el error de su afirmación.

No fue el plan Marshall el que sacó de las ruinas a la destruida Alemania de post guerra, sino el coraje de Adenauer y Ludwig Erhard que impulsaron una economía de mercado enfrentando a las fuerzas aliadas de ocupación que seguían con la cantinela de las regulaciones y cartas de racionamiento.

Otro libro para ser revisado es Bienestar para Todos, de Luwig Erhard, en el que detalla cómo fue liberando la economía alemana hasta su reconstrucción total que luego fue conocido como el milagro alemán. No hubo tal milagro, hubo una economía de mercado sustentada por sólidas instituciones que estimulaban el espíritu emprendedor de los alemanes.

No fue que se construyó el muro de Berlín para que los alemanes occidentales no entraran en masa al paraíso socialista de la distribución de la riqueza, sino que los socialistas lo construyeron para encarcelar a los alemanes orientales que querían escapar de la atroz dictadura socialista y la pobreza en que vivían.

Y bueno es recordar también que Juan Pablo II contribuyó, con su coraje, a derribar ese muro de la vergüenza cuando abiertamente apoyó al sindicato Solidaridad que luchaba contra la opresión del paraíso socialista, en el que se suponía que unos pocos burócratas tenían el monopolio de la bondad y distribuían equitativamente la riqueza. Más bien tenían el monopolio de la represión hasta niveles salvajes.

Por citar otro ejemplo, los famosos balseros que se animaban a escapar de la opresión de Fidel Castro, no eran turistas apurados que habían perdido el avión. Era gente que quería respirar aire de libertad y arriesgaba su vida en precarias embarcaciones para llegar al continente.

Los excluidos de los que habla Francisco son excluidos porque el intervencionismo estatal, que parece propugnar, no solo traba la producción, sino que además desestimula las inversiones, la creación de nuevos puestos de trabajo y mejor remunerados gracias al aumento de la productividad. Arriesgando aún más mis diferencias económicas con el pensamiento de Francisco, diría que hasta existen visiones morales diferentes. Mientras Francisco cree que los pobres tienen que ser asistidos por el Estado, yo creo que es moralmente superior crear las condiciones institucionales y la libertad de mercado para que cada ser humano tenga la dignidad de mantener a su familia del fruto de su trabajo y no de la dádiva del puntero de turno. ¿Acaso, no ya Francisco, sino Bergoglio no ha visto cómo denigran a la gente en Argentina con el clientelismo político? ¿Quién genera la pobreza, las empresas o un sistema intervencionista y redistributivo que destruye la producción  y los puestos de trabajo? ¿No ha visto Bergoglio, hoy Francisco, el exponencial crecimiento de la corrupción estatal, el crecimiento exponencial de las villas de emergencia y la pobreza que ha generado ese intervencionismo económico que impulsa? ¿No recuerda la destrucción económica ejecutada por Moreno, el soldado de la causa? ¿O Francisco va a afirmar que en estos 10 años de destrucción económica, escándalos de corrupción y aniquilamiento de valores como la cultura del trabajo fueron obra de ese malvado libre mercado?

El mercado es un proceso donde pacíficamente la gente intercambia los bienes que producen. Nadie se apropia de lo que no le corresponde. En esa economía de mercado que Francisco denuncia como perjudicial, el empresario tiene que ganarse el favor del consumidor produciendo los bienes y servicios que la gente necesita. Para que el empresario pueda progresar tiene que previamente hacer progresar a sus semejantes. En las economías intervencionistas son los burócratas los que deciden por la gente ganadores y perdedores y encima son el caldo de cultivo para que la corrupción florezca otorgando privilegios, proteccionismo y demás prebendas que, justamente, hacen que unos pocos generen fortunas a costa del resto de la población. Esa concentración de la riqueza que denuncia en la encíclica.

¿No ha visto Francisco el fenomenal crecimiento patrimonial de ex empleados bancarios y choferes gracias a los oscuros negocios del intervencionismo estatal? A no equivocarse, sus palabras podrán estar inspiradas en la bondad, pero los resultados son más desigualdad, escandalosa corrupción y retraso económico. ¿No es eso lo que debe condenar moralmente la Iglesia?

¿No es el autoritarismo creciente, el apriete a empresarios, periodistas, economistas y cuanta persona opine diferente al todo poderoso Estado lo que debe condenarse sin miramientos?

Por otro lado, llama la atención que habiendo sido la Iglesia una de las instituciones que en el pasado mucho hizo por la educación y, sobre todo con la creación de talleres donde se enseñaban oficios (carpintería, electricidad, etc.) para que los jóvenes pudieran encontrar su salida laboral, hoy pretenda transferirle esa tarea al Estado. En todo caso la gente es mucho más solidaria que la dirigencia política, que lucra con la pobreza porque es su negocio electoral.

El tema da para largo, pero me parece que Francisco contribuiría mucho a terminar con la pobreza, la corrupción, el avasallamiento de las libertades individuales, si comprendiera que la libertad económica es un imperativo moral que debería apoyar en vez de criticarlo. Impulsar al todo poderoso Estado, no solo es ineficiente desde el punto de vista económico, sino que, además, moralmente reprochable por la corrupción y la exclusión social que genera al expulsar del mercado laboral a millones de personas.

Bergoglio ha visto como en nuestro país, en la última década, han proliferado en cantidades industriales los planes “sociales” y sin embargo hay una pobreza e indigencia que escandalizan.

Guste o no, para terminar con la pobreza hace falta un sistema económico de libre mercado con instituciones sólidas. En cuanto a la solidaridad, eso es algo que tiene que ejercer cada uno de acuerdo a su conciencia. Poner la solidaridad en manos de los políticos es como dejar al pajarito al cuidado del gato.

En definitiva, imagino que con esta nota me he ganado un montón de enemigos pero les recuerdo que, cuando el Papa habla de economía, no habla ex cathedra. Es solo una opinión y por lo tanto para el debate.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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31/03/2014

ARGENTINA: ENTRE LO QUE PARECE Y LO QUE ES

Por Gabriela Pousa (*)

Todo parece demasiado alborotado. Pero la Argentina no es un mar picado y bravío sino un río que cuando parece calmo, provoca la más feroz corriente y arrasa sin salvaguarda. Así nos lleva. No hay forma de prever cómo serán las mareas.

En ese escenario ha trabajado el kirchnerismo desde su asunción en el 2003, no desde el 2005 o el 2007. En este sentido sucede algo parecido a lo acontecido con cierta historia del país: el terrorismo de Estado no nació en 1978 sino en 1976 aunque se lo “festeje” un 24 de marzo, y se decrete que fue hace 38 años.

Este modelo es el modelo de Néstor, lo fabricó en Río Gallegos y lo perfeccionó a nivel nación luego. Entre sus consignas más básicas estuvo y está la de no mencionar ni mostrar nada que evidencie la ignominia, la ineficacia y el fracaso. Lo ha logrado durante un tiempo demasiado largo.

Llevado a otro plano, uno más doméstico supongamos, es como si una ama de casa mostrara su hogar brillando a fuerza de barrer debajo de la alfombra, la suciedad. Inexorablemente llegará el día en que el piso lucirá como el dibujo de la boa tragando al elefante que hiciera El Principito de Saint Exupery. Habrá quienes siguen insistiendo en que es un sombrero, pero lo cierto es que no puede disimularse más ni al elefante ni a la boa.

Los deshechos no son siempre reciclables y el hogar ya no luce impecable. Frente a la imagen, en plena época digital, la palabra y el relato, se extinguen. No sirven más. Pretender venderlos en el mercado es pretender el éxito de una fábrica de miriñaques o daguerrotipos.

Lo cierto es que la alfombra se ha convertido en frazada, y estamos sufriendo la limitación de su tamaño. Si tapa por un costado, destapa por otro. Esto sucede encima en todos los ámbitos: desde la economía hasta lo institucional sin descartar tampoco al grueso del tejido social. Y explica de alguna manera, aunque no justifica, el linchamiento que dejó muerto a un ladrón, la semana que pasó, en Rosario.

Hartazgo desbordado. Se quebró hasta el contrato social. El barco se hunde y el “sálvese quién pueda” muestra la verdadera naturaleza, desnuda la idiosincrasia nacional.

Por eso, justamente, a la inflación real se le suma la criolla: “Por las dudas, te cobro de más“, y se genera un círculo vicioso donde ni siquiera quienes se creen beneficiados lo son en realidad. En definitiva, ellos viven también en esa Argentina y padecen esa Argentina, pese a los microclimas que dan sensación de otra escenografía. Esos microclimas son el maquillaje de los artistas. Dura un rato y luego se cae a pedazos. La mentira no deja de ser tal aunque se la disfrace de verdad.

En el trayecto, el kirchnerismo se apropió títulos que no le pertenecieron jamás. Presentó la “democratización de los derechos” como presentara antes la merluza compactada o el “mirar para cuidar” que descuidó la credibilidad. Si algo había de popular en Argentina eran los derechos humanos. Nadie los cuestionaba hasta el 25 de mayo de 2003. Desde entonces, fueron populares a conveniencia del matrimonio presidencial, se politizaron y terminaron bajando un cuadro para subir otro sin diferencia o muy similar.

En consecuencia, todos tenemos derecho a todo, incluso a matar a patadas si nos roban una cartera. Si a ésto le sumamos la desconfianza que se ganó en buena ley, la dirigencia en general y el gobierno en particular, terminamos creyendo que el ladrón apaleado por la gente en la vereda es la solución pues, de lo contrario, entra a la cárcel por la puerta de adelante y sale, ya no por la de atrás, sino por la misma que acababa de atravesar. Y encima al hacerlo, saluda al vigilante. Se ha logrado algo que no es en absoluto fácil: que el remedio sea peor que la enfermedad.

En este contexto, es comprensible que surja Sergio Massa vitoreado por “audaz”. También lo fue Néstor Kirchner, ¿y quién puede negar la audacia de Cristina Fernández? Pocas veces se ha visto otra igual. Ahora bien, ¿esa es la virtud que elige en el cuarto oscuro la sociedad? La honestidad queda relegada, se ha descartado porque se hizo carne la idea de que un político no puede ser honrado.

Claro que es verdad que el ex jefe de Gabinete llega antes, que se adelanta a los hechos y a las respuestas, y lo hace muy bien porque aprendió y se ejercitó con el mejor maestro: el kirchnerismo. Y puede que suceda en este caso la paradoja del alumno que supera al maestro. O no. Se verá llegado el caso. No suma hacer “futurología” en el reino del corto plazo.

Asimismo, el enigma Scioli no puede ser explicado por un analista político en Argentina sino que requiere, para ser comprendido, de la psiquiatría. La gente puede desdeñarlo, criticarlo, etc., pero no lo responsabiliza ni de aquello que él mismo puede haber generado y es responsable en primer grado. ¿Por qué pasa esto? Porque Cristina ha fallado una vez más. El ex motonauta es el resultado de otro de sus tantos boomerang.

Néstor lo apretó en público, ella lo acostó con los aguinaldos y lo que parecía un hecho aislado derivó en costumbre. Daniel Scioli es el truco de un mago que sólo sabe eso de magia, y la carta terminó cayéndosele de la manga. Así como muchos trucos pasan desapercibidos, otros no. Y este es un caso de excepción a la regla digamos.

Hoy todo cuanto le pasa al gobernador bonaerense parece ser provocado por una mano negra que ópera desde Balcarce 50. La culpa pues también apunta al despacho de la Presidente. Finalmente, Scioli no es sino sciolista, como Massa no es más que massista. A otros con los engaños.

En este teatro la función de mañana es una réplica exacta de la que vieron la semana pasada aún cuando se altere la escenografía. No hay causas, hay consecuencias, y no hay arte de magia. Lo único que puede cambiar apenas es el costo de la entrada.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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30/03/2014

CON EL AGUA CERCA DE LA NARIZ

Podrán seguir con el relato, pero en el fondo saben que tienen el agua que ya les llega a la nariz

Por Roberto Cachanosky (*)

Haciendo todo tipo de piruetas verbales para tratar de esconder la realidad, finalmente Kicillof anunció un tarifazo que el gobierno se niega a reconocer como tal y lo denomina redireccionamiento de los subsidios. La realidad es que al igual que en 1975 tenemos en puertas un rodrigazo, el cual vengo anunciando hace rato y hoy empieza a ser realidad, aunque este va a ser peor por la magnitud del ajuste que el de 1975.

En el fondo, este tarifazo no se diferencia del rodrigazo de 1975. ¿Qué pasaba en aquél momento y qué pasa ahora? En esos años las empresas estatales tenían pérdidas porque las tarifas eran políticas. Mantenían artificialmente baratas las tarifas de luz, gas, transporte público, etc. Esa artificialidad les generaba quebrantos que eran cubiertos por el BCRA con emisión monetaria la cual producía inflación. Para frenar la inflación, Celestino Rodrigo, que heredó el lío que había hecho José Ber Gelbard con la famosa inflación cero, ajustó las tarifas para que las empresas de servicios públicos tuvieran ingresos genuinos, el tesoro dejara de financiarlas y el BCRA no tuviera que emitir para darle los pesos al tesoro. Ahora pasa algo parecido. Ya con el déficit fiscal disparado por el descomunal aumento del gasto público, en parte por los subsidios para tener tarifas artificialmente baratas, el tesoro tiene que ser asistido por el Central vía emisión monetaria que dispara la inflación. ¿Qué se decidió? Eliminar los subsidios que eran como una especie de descuento sobre las tarifas para disminuir las pérdidas de las empresas y así aliviar las cuentas del tesoro. Pero aquí hay una diferencia con el rodrigazo. De acuerdo a lo anunciado por Kicillof, lo que se deje de gastar en subsidios irá a financiar el transporte y la distribución de gas y lo que sobre a los llamados planes sociales como la Asignación Universal por Hijo y PROGRESAR. Es decir, si realmente los recursos que le cobrarán a la gente por el tarifazo son destinados a financiar otra parte del gasto público, el mismo no disminuye en términos globales y el problema del déficit sigue vigente, con lo cual la inflación no cederá si el Central continúa emitiendo para cubrir el déficit fiscal.

La otra diferencia con el rodrigazo es que en esta oportunidad el tarifazo se hace en forma confusa, a tal punto que ni Kicillof sabía cuánto podía ahorrarse de subsidios ante la pregunta de una periodista. En otras palabras, largaron un tarifazo que ni ellos saben cómo va a funcionar. Pero el punto que me parece interesante señalar es que la industria queda fuera de la quita de los subsidios y corre para los domicilios particulares y los comercios. El argumento que dio Kicillof es que a la industria se le mantiene el subsidio y no tiene que ahorrar gas porque, citándolo textualmente: “el propósito es seguir sosteniendo la política nacional de subsidios como un resorte a la competitividad y a la producción.”  Si la industria necesita que le subsidien el gas para ser competitivos quiere decir que por definición Kicillof está diciendo que los industriales son unos inútiles ineficientes que necesitan subsidios.

La realidad es que la competitividad no pasa justamente por tener subsidios. El que los necesita es porque no es competitivo. La competitividad pasa por una política económica que no entorpezca o encarezca artificialmente la producción, por las inversiones, la tecnología que se utilice, el management, etc. Es como si dijeran que una industria es competitiva porque le devalúan la moneda local o no paga los impuestos que paga el resto de los sectores.

Con el mismo criterio podría decirse que los restaurantes dejan de ser competitivos porque le quitan el subsidio o los hoteles no pueden dar calefacción en invierno porque también les quitan el subsidio. Esto de creer que producir significa hacer algo que tenga un tornillo es un pensamiento realmente de cavernícola. Con el criterio de Kicillof un médico, un ingeniero o un comerciante no producen nada. Son unos seres que andan por el mundo vendiendo humo y cobran por vender humo. El ministro se quedó leyendo las críticas de Marx a la revolución industrial y todavía parece no haberse enterado que estamos en medio de una revolución tecnológica fenomenal.

Otro aspecto disparatado de este tarifazo es el criterio con el que se diagramó. El criterio es que aquellos domicilios o comercios que reduzcan el 20% el consumo no pierden el subsidio. Si siguen consumiendo más o menos lo mismo, entonces les cobra más caro. Desde el punto de vista de la lógica económica y comercial es un delirio. Imagine el lector que va a un comercio y compra una computadora. El precio que pagará será el de lista. Ahora, imagine que entra al comercio y en vez de comprar una computadora le dice al vendedor que quiere comprar 10 computadoras. ¿Acaso no le pedirá un descuento? ¿Acaso el vendedor no le hará un descuento por volumen de compra? Bien, resulta que el criterio k para el gas es cobrarle más caro al que compra 10 computadoras que al que compra una.

Alguien me ha dicho que no es lo mismo porque el gas no es un recurso renovable que hay que cuidar. ¿Cómo se cuida ese recurso no renovable? Mediante el precio. Si el precio es alto la demanda disminuye. El ejemplo al respecto es el caso de la extracción de petróleo en el mar del Norte. Mientras el precio del petróleo se mantuvo en un cierto nivel no era rentable explorar y explotar el petróleo en esa zona. Pero cuando el petróleo subió de precio se hizo económicamente viable explotar el petróleo en el mar del Norte porque el precio de mercado cubría los costos de explotación. Como dato adicional este ejemplo le serviría Kicillof para darse cuenta que es el precio el que determina los costos en que puede incurrirse y no al revés. Fue el aumento del precio del petróleo lo que permitió asumir los costos de producción en el mar del Norte. No fue que se pusieron a extraer petróleo del mar del Norte y como era más caro todo el mundo subió el precio del petróleo. Lección básica de economía que todavía no les entra en la cabeza.

Con el gas puede pasar lo mismo. Si escasea y su precio sube, habrá otras formas de energía que hoy son descartadas por la relación precio-costo. Es más no sabemos si de las diferentes formas de energía hoy disponibles no se desarrollarán otras que desconocemos actualmente. En definitiva un recurso escaso no se cuida distorsionando su precio y aplicando sanciones a quienes los consumen. Se cuida, si es que hay que cuidarlo, mediante el precio.

Finalmente, y para no ser menos, CFK dijo, luego del tarifazo, que esto no era un tarifazo y que ahora se podían reducir los subsidios porque la gente ganaba cada vez mejor y millones de argentinos tenían trabajo nuevamente. Lo dijo sin que se le moviera un pelo en plena crisis con los docentes de la provincia de Buenos Aires, con una huelga general en puerta y con empresas que están suspendiendo o despidiendo personal por la caída de la actividad. Sin pudor largó esta afirmación como si la gente no padeciera día a día la pérdida del poder adquisitivo de su salario.

Recordemos que el argumento que utilizaba CFK para justificar los subsidios era que de esa manera la gente tenía más poder de compra y consumía más, como si los subsidios los pagara el Espíritu Santo. Y resulta que en el momento más crítico del poder adquisitivo de la población anuncia que le quitan parte del subsidio. Delicias de las contradicciones k.

En definitiva, la semana pasada, en un solo día, se advirtió la crítica situación que enfrentamos. Por la mañana se anunció el tarifazo que dicen que no es un tarifazo, igual que a la devaluación la llaman deslizamiento cambiario. Y por la tarde, luego que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que elabora el INDEC proyectara una suba del PBI del 4,9%, corrigieron el número y dieron un 3% de aumento del PBI para 2013 de manera de no pagar el cupón del bono PBI.

Podrán seguir con el relato y los “espontáneos” cantitos de La Compora darle aliento antes de empezar sus discursos en cadena, pero en el fondo saben que tienen el agua que ya les llega a la nariz.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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23/03/2014

CUANDO LA IGNORANCIA Y LA SOBERBIA MANEJAN LA ECONOMÍA

¿Con qué cara pueden pedirle información 2014-2015 a los empresarios si ni ellos cumplen con las metas que prometen?

Por Roberto Cachanosky (*)

Por la información que circula en los medios, parece ser que Kicillof pretende que los sectores productivos le presenten un plan para 2014 y 2015 sobre cuánto van a aumentar el empleo, las exportaciones y la producción. Es decir, Kicillof ni siquiera parece haber advertido que las empresas más que expandirse, están planeando achicarse ante la recesión que ha generado el gobierno con la combinación de su impericia económica y la previsibilidad en las reglas de juego.

Por otro lado, parece ser que Kicillof jamás manejó una empresa porque uno puede escribir lo que quiera en el papel sobre proyectos de negocios, inversiones y producción, pero luego es la gente la que decide si esos proyectos responden a sus necesidades.

Que un ministro de economía no sepa que los precios no son otra cosa que la expresión de las valoraciones subjetivas de millones de consumidores ya se convierte en un tema grave porque significa desconocer el ABC de la economía. Cree que él puede saber qué necesitan los consumidores, a qué precios tienen que comprar y qué calidades exigen.

Todavía no se enteró que la gente tiene recursos limitados e infinidad de necesidades insatisfechas y asignan sus escasos recursos a comprar los bienes que consideran más urgentes de acuerdo a sus subjetivas valoraciones. Por eso la función empresarial es tratar de descubrir cuáles son esas necesidades insatisfechas de los consumidores. Arriesgan su capital asignando recursos para descubrir qué demanda la gente. Por eso el mercado no es un demonio, como pretenden mostrarlo los populistas, sino un proceso de descubrimiento, en el cual los empresarios tratan de descubrir qué demanda la gente. Tarea que no es sencilla. Nada más democrático que producir lo que la gente quiere.

He aquí otro de los temas económicos que Kicillof parece haber pasado por alto en su carrera de economista. ¿Por qué? Porque la gente va cambiando de valoraciones de los bienes a medida que va consumiendo. El ejemplo más elemental. Una persona tiene hambre y pide una pizza. La primera porción la come con muchas ganas. La segunda también con ganas pero un poco menos que la primera. La tercera con menos ganas que la segunda, la cuarta ya le cuesta terminarla y a la quinta no quiere más pizza. ¿Tan difícil es de entender esto como para que Kicillof no comprenda que las necesidades de la gente van cambiando y que los empresarios tienen que ir modificando la asignación de recursos de acuerdo a las nuevas necesidades de los consumidores?

Lo alarmante es que Kicillof pretende asumir el papel de un ser todo poderoso que, por un lado pretende conocer las necesidades de millones de consumidores que encima cambian permanentemente, y por otro lado pretende convertirse en empresario decidiendo cómo asignar los recursos en la empresa. Tal es su ignorancia o soberbia, que pretender ser un Dios todopoderoso que puede conocer lo que no conoce nadie. Los millones de gustos de los consumidores y cómo van cambiando (ejemplo de la pizza).

Dicho de otra manera, la gente comprando o dejando de comprar vota todos los días qué quiere que se produzca, las calidades y los precios. Eso es lo que tiene que descubrir el empresario y puede ganar o perder. El empresario que descubre una demanda insatisfecha obtiene ganancias. El que se equivoca pierde. En el mercado el que manda es el consumidor. Kicillof pretende modificar todo este sistema democrático de asignación de recursos y cree que todo se arregla con una planilla Excel y él sentado detrás de un escritorio aprobando o rechazando qué tienen que producir las empresas, cuánto personal van a contratar y cuánto van exportar.

Con este proyecto no solo va contra la propiedad privada, remontándose a la época de la economía planificada de la Unión Soviética (parece que todavía no se enteró que el  Muro de Berlín hace rato que se cayó porque explotó el sistema económico de planificación centralizada) sino que, en forma antidemocrática pretende sustituir la voluntad de los consumidores decidiendo él qué hay que producir.

Kicillof pretende que las empresas le presenten un plan de inversiones, producción y exportaciones mientras el gobierno tiene como centro de su política económica levantarse todos los días para ver cómo arreglaron el lío que hicieron el día anterior. Si no fuera por lo dramático de la situación económica, mueve casi a risa que un gobierno que vive de improvisación en improvisación pretenda obligar al sector privado a planificar su producción y exportaciones de aquí a dos años.

Un gobierno que un día amenaza con importar tomates, luego dice que se va a estudiar el tema y después dice que no se van a importar tomates pretende hacerse el de visión de largo plazo forzando a los empresarios a presentar planes que, bajo estas circunstancias, son imposibles de cumplir.

¿Con qué cara pueden pedir semejante información si ni ellos cumplen con las metas que prometen? A saber, según el proyecto de ley de presupuesto para 2014 el tipo de cambio establecido por los genios de Economía es de $ 6,33, por ahora lo tenemos en $ 8. ¡En dos meses la pifiaron en el 26% y lo que falta que suba! Es más, el tipo de cambio actual hasta supera el tipo de cambio del 2016 que lo proyectaron en $ 7,39.

El IPC lo proyectaron con una suba del 9,9% para todo el 2014. En los dos primeros meses del año, tomando los datos del INDEC, ya subió el 7,2%. Para cumplir con la meta que ellos pusieron, en los restantes 10 meses del año el IPC tendría que subir 2,7%, es decir, algo así como el 0,27% mensual.

Para los precios mayoristas proyectaron una suba anual del 14% y en el primer bimestre, según el INDEC, ya subió el 10,3%.

Cuando hicieron el presupuesto estimaron exportaciones para el 2013 por $ 86.695 millones y terminaron siendo U$S 83.026 millones. No pudieron pegarle ni con tres meses de anticipación. En el presupuesto para 2014 dicen que las exportaciones van a crecer el 8,5% respecto al 2013 y en el primer bimestre ya cayeron el 7% dejando un saldo de balance comercial de solo U$S 79 millones versus los U$S 800 millones del primer bimestre 2013.

Estos datos solo pretenden mostrar que ni ellos saben qué va a pasar con la economía y pretenden que los empresarios se comprometan a presentar planes de producción, contratación de personal y exportaciones.

Como dice un amigo, el papel aguanta cualquier cosa. Uno puede escribir cualquier estupidez sobre el papel, que el papel ni se inmuta. Bien, desde economía pretenden eso, que los empresarios escriban cualquier estupidez total el papel aguanta cualquier cosa, lo cual queda demostrado en las pifiadas que se mandaron en las estimaciones macroeconómicas para el 2014.

Seguramente ni ellos creen en los planes que les presentarán los empresarios a pesar de su mentalidad marxista, pero tal vez lo necesitan para que CFK haga un gran show de fuegos artificiales para mostrar que la economía va viento en popa con la década ganada y que la inflación no existe, sino que vamos a la estabilidad de precios como dice Capitanich. Toda una gran mentira para tratar de esconder la lacerante situación económica que viven las familias, como si estas no se dieran cuenta de lo que estamos viviendo.

Kicillof puede guardarse las planillas Excel y dejar de jugar al planificador porque ni él sabe qué va a hacer mañana. Además la gente calcula mucho mejor la situación económica con el simple trámite de ir al supermercado y ver cómo cada vez saca más billetes y el changuito está cada vez más liviano. No necesita una planilla Excel para ver como la economía está en caída libre.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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20/03/2014

EL GOBIERNO DE LOS IMPÚBERES

Por Gabriela Pousa (*)

Hace a penas unos días, hemos podido ver de qué manera un sonriente Sebastian Piñera le pasaba los atributos del poder a su sucesora Michell Bachelet. No pertenecen al mismo partido, sin embargo, el acto estuvo sumido en un clima de respeto mutuo, un ejemplo de política y civismo.

Ni marchas partidarias, ni militantes con banderas extrañas gritando consignas o amenazas, en definitiva, ninguna de la parafernalia festiva que caracteriza a esta geografía. Un acto netamente democrático. Una hora después, el presidente saliente, en su cuenta de Twitter, escribía lo siguiente:


Ni héroe ni vencido, simplemente: digno.

Hay quienes creen que nos separa apenas una cordillera. Geográficamente es posible que sea de esa manera, pero nos distancia aún más la brecha entre su dirigencia y la nuestra. Volviendo a la asunción de Bachelet, cabe aclarar que Cristina Kirchner estuvo ahí. ¿Habrá aprendido algo? Lo dudo.

Ella necesita el circo, “los pibes para la liberación”, los “ni ni” que “progresan” con 600 pesos, los aplausos forzados, los aduladores rentados. En rigor, Cristina Fernández de Kirchner es todo eso, una puesta en escena donde actúa como director y orquesta.

Protagonizó un duelo eterno con singular éxito: el vestidito negro conmovió a un 54%. Luego se purificó con el blanco y, recientemente, apareció frente al Papa como una suerte de versión femenina de Felipe II, casi la hacedora del Concilio de Trento. Católica devota rendida a los pies de quien desdeñó un sinfín de veces.

Esta última actuación puso en evidencia, la gran derrota de la presidente. Llego al Vaticano vencida, no por adversarios políticos sino por su propia porfía.

Veinticuatro horas después el Sumo Pontífice, jesuita que no habla sin saber el significado exacto de cada palabra, se refería a la necesidad de acercarse al Señor, “para no ser cristianos disfrazados, que cuando pasa esta apariencia se ve que en realidad no son cristianos“. Y subrayaba “si se es hipócrita no se está en el buen camino

Finalmente agregó que hay que “cuidar al prójimo, al enfermo, al pobre, al que tiene necesidades, al ignorante. Los hipócritas no saben hacer esto, no pueden, porque están tan llenos de sí mismos que son ciegos para mirar a los demás“

Nadie más que él sabe por qué pronunció esas sentencias tras la visita de la mandataria argentina, pero cualquiera que viva en estos pagos puede inferir o sospechar a quién se refería. Francisco había almorzado con una jefe de Estado a la cual conoce a pie juntillas.

El show continuó en Francia. Hubo homenaje de Napoleón mientras acá yace destrozado Cristóbal Colón. Vaya uno a saber qué parámetros escoge Cristina para definir que personajes de la historia merecen o no ser respetados. A Charles De Gaulle no se le ocurriría ni mencionarlo, claro.

En medio de todo esto, Jorge Capitanich salió a decir que la economía anda de maravillas. “Los analistas de la oposición mienten“. Una demostración palpable de la muerte del relato: antes, al menos, se esforzaban en crear cierta atmósfera de magia y desvirtuaban los hechos. Ahora, directamente, apelan a la mentira sin sutilezas, casi como decir que lo blanco es negro.

Mediocridad hasta la coronilla. Uno hasta extraña la pomposidad de esas estructuras gramaticales que hablaban de matrices diversificadas, inclusión social por acceder a una netbook donde no hay siquiera electricidad, y demás. Hoy, el stand up del jefe de Gabinete es, literalmente, decadente. Por momentos causa risa, por momentos causa una pena magnánima.

Cuenta Giovani Papini que hubo un tiempo en que los ancianos mandaban. Monopolio del culto y del poder: gerontocracia. Ahora nos hallamos en plena paidocracia: dominan en todos “los muchachos”. Desde luego, no se refería a la muchachada de La Cámpora, de lo contrario hubiese hablado directamente de cleptocracia. Pero su tesis se adapta a este presente donde las responsabilidades de los gobernantes son casi como las del infante: livianas, justificables y perdonables, pues la conciencia del error y el mal no gravitan en la infancia.

Ningún esfuerzo intelectual les es solicitado. En palabras de Papini, ” este infantilismo progresivo se expande incluso a la razón y a la dialéctica, y las sustituyen por el inconsciente y la intuición. En suma, lo irracional propio o característico de los niños“.

A los chicos se le permite quebrar límites, se los exime de rendir cuentas y se les excusa la transgresión de normas y reglas. Al kirchnerismo también. Se le ha dejado pasar una década de oportunidades desperdiciadas sin preguntársele siquiera por qué. Manejaron la Argentina a capricho. Nos mearon encima, rompieron no un adorno de la casa sino las bases mismas de la sociedad, a saber: la familia, la Constitución Nacional. Y adaptaron a su antojo la historia como si se tratase del cuento de Cenicienta o Superman.

Cristina es el emblema de todo esto. Es la niña de la sonrisa en la tragedia, del escándalo sucesivo, de la torpeza y el desorden, del lucir como si viviese en una eterna adolescencia. “El ideal de la mujer antigua era la matrona. El de la modernísima, el efebo“, remarca el autor de ‘Gog’ y ‘El libro Negro’, y parece que estuviera hablando de ella.

Así, debemos asumir que nuestra dirigencia, con su tendencia a la hegemonía de los impúberes, convertirá al país no en República, sino en un pelotero donde todos se arrojen pelotas como culpas.

Culpas siempre ajenas claro, porque cuando los niños desobedecen y obran erróneamente, son los adultos quienes deben hacerse cargo de los platos rotos. Y hace diez años que, el kirchnerismo, se ha encargado de convertir al pueblo en tutor de sus actos, es decir, de sus fracasos.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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16/03/2014

ARGENTINA CAMINO A LA REBELIÓN DE ATLAS

¿Qué producía Moreno o qué produce Kicillof o el secretario de Comercio Costa como para estar mandoneando a quienes producen?

Por Roberto Cachanosky (*)

Quien haya leído La Rebelión de Atlas de Ayn Rand sabe que Argentina va en camino a tener un final similar al de la obra de la escritora rusa americana de continuar por esta ruta.

En primer lugar, la famosa frase del libro del diálogo en que Francisco d’Anconia dice: "Cuando advierta que para producir necesita obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebe que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando perciba que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no lo protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegido contra usted; cuando repare que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un autosacrificio, entonces podrá afirmar, sin temor a equivocarse, que su sociedad está condenada."

¿Qué producía Moreno o qué produce Kicillof o el secretario de Comercio Costa como para estar autorizando a quienes producen, un aumento de precios, una importación de insumos o el abastecimiento de determinado producto?

¿Cuántos escándalos de corrupción se denuncian a diario por tráfico de influencias, con funcionarios que multiplican sus patrimonios en forma exponencial y nada ocurre?

¿Acaso no hay un intento de modificar la legislación para que los delitos de corrupción prescriban? ¿No se está buscando la impunidad?

La maraña de leyes, regulaciones y prohibiciones no están hechas para proteger a la sociedad sino todo lo contrario. Lo que se busca es que el cumplimiento de todas las regulaciones, prohibiciones, etc. sea imposible para que la gente honrada pase a ser delincuentes y los delincuentes sean los que, supuestamente, vienen a imponer la justicia.

Conozco mucha gente que ha estudiado, se ha preparado. Hizo sus masters, conoce idiomas y no encuentra trabaja y va penando por la vida tratando de sobrevivir como pueda, mientras que un ex chofer se transforma en millonario y un empleado de banco lo mismo.

El populismo se caracteriza por quitarles a unos, en nombre de la justicia social, para darles a otros. Hábilmente los políticos han impuesto la idea de que ellos tienen el monopolio de la solidaridad y que el resto de los ciudadanos son incapaces de ser solidarios con sus semejantes. La estrategia ha consistido en convencer a la gente que la riqueza de unos es causa de la pobreza de otros. Claro que quienes declaman este slogan suelen tener verdaderas fortunas personales generalmente conseguidas ilegalmente.

A pesar del discurso populista, está clarísimo que la gente es mucho más solidaria que los políticos. Siempre que ha habido casos de catástrofes como las inundaciones en La Plata o la explosión en Rosario, fue la gente la que se organizó para ayudar a los damnificados. Los políticos aparecen después para poner la cara ante la televisión y, posteriormente, anuncian planes de ayuda que generalmente terminan en simples anuncios, al tiempo que descaradamente aparecen militantes partidarios con sus chaquetas que lo identifican con el partido de turno en el poder repartiendo los bienes que solidariamente donó la gente común.

La pobreza que cruza de lado a lado a la Argentina fue fabricada deliberadamente por el populismo para tener una legión de mantenidos por los populistas vía planes sociales. Deliberadamente destruyen puestos de trabajo para que la gente necesite vivir de esos planes “sociales” y luego los vote por miedo a perderlos.

Tantas décadas de populismo han cambiado los valores de la sociedad. Veía por televisión a una mujer joven que había tomado el predio de Villa Lugano diciendo que alguien tenía que resolver el problema de la vivienda. Por supuesto que al periodista ni se le ocurrió preguntarle: ¿y quién tiene la obligación de resolverle el problema de la vivienda? ¿De dónde nace esa obligación? Buena parte de la población se acostumbró a creer que tiene derecho a que otros lo mantengan. Eso es lo que impulsa el populismo porque es su negocio electoral.

A esta altura alguien puede preguntarse: ¿qué quiere Cachanosky que la gente viva en la pobreza y en la intemperie? No. Lo que quiero es que exista seguridad jurídica, disciplina monetaria y fiscal para que fluyan las inversiones,  se creen puestos de trabajo y la mujer que reclamaba por televisión que alguien le resuelva el problema de su vivienda, se lo pueda resolver ella sola con el dinero que gane en un buen trabajo.

Cuando los populistas denuncian la destrucción de la Argentina por el neoliberalismo, palabra que no existe, en rigor están atacando al sistema que les arruina el negocio político del populismo. Son dos visiones morales totalmente opuestas las del liberalismo y el populismo. Mientras los liberales queremos que la gente viva con la dignidad del fruto de su trabajo, los populistas los denigran en la pobreza para tenerlos como rehenes políticos para que los voten por miedo a perder los subsidios que les entregan “solidariamente”.

El problema que tiene el populismo es el que describe Ayn Rand en la Rebelión de Atlas. Como los políticos exprimen a los que producen para quitarles el fruto de su trabajo y dárselos a los que mantienen como rehenes políticos, llega un punto en que los productivos comienzan a generar menos riqueza. Es entonces cuando empieza a faltar riqueza para ser repartida y los populistas no pueden financiar a sus rehenes políticos. Es lo que le pasa a Maduro en Venezuela. Tanto ha explotado a la gente productiva que aun teniendo petróleo, la gente tiene que hacer largas horas de cola para poder conseguir alimentos. En ese punto el populista se pone cada vez más violento, inventa conspiraciones, persigue a opositores y en algún momento, aquél que vivía de las dádivas del tirano se cansa de no recibir nada y también se le rebela. Entonces aparece la cara más feroz del populista autoritario. Por algo Hayek escribió camino de servidumbre donde muestra que el populismo y el socialismo conducen a sistemas autoritarios.

Lo de Maduro también es la historia del kircherismo. Tanto explotó a la gente productiva para financiar legiones de pobres que hoy la economía está en franca caída y encima con inflación. Kicillof y sus planillas de Excel no generan riqueza, impiden que se genere riqueza de la misma forma que Moreno no generaba riqueza, espantaba a los que producían.

El populismo kirchnerista está en la etapa de repartir billetes que día a día pierden valor. Su problema principal no está en fabricar billetes, su problema principal es que cada vez hay menos bienes físicos para consumir. Piense el lector en unidades de bienes y no en moneda. Cada vez hay menos bienes. Primero porque cerraron las importaciones, así que hay menos oferta de bienes. Segundo porque faltan insumos para producir y se fabrican menos bienes. En tercero porque, como entramos en un proceso recesivo, las empresas producen menos. Y en cuarto lugar, es tal la persecución a los que producen que se cansan y producen lo necesario para subsistir. Si combinamos menos bienes ofrecidos con más pesos en circulación el resultado es el que Ud. vive todos los días: no sabe qué hacer para que la plata le alcance.

El populismo lleva dentro de su política el virus de su destrucción, porque para poder sobrevivir necesita que otros produzcan para quitarles parte de su producción y repartirla entre la fábrica de pobres que ha creado. Cuando los que producen se cansan de ser explotados y encima sufren todo tipo de restricciones para producir, los bienes empiezan a escasear hasta que se llega a los casos como Venezuela que comentaba anteriormente. O al caso argentino, que habiendo sido el granero del mundo y el principal exportador de carne, hoy hacer un asado sale una fortuna y casi no se puede exportar trigo. El populismo autóctono ha logrado algo increíble, destruir las actividades en que Argentina tenía grandes ventajas comparativas. Es como si los países árabes destruyeran su producción de petróleo.

Por más que los populistas se gasten la garganta denunciando al liberalismo como el destructor de la economía, la realidad es que lo que se debate son dos modelos morales. Uno, el populismo, el de denigrar a la gente en la pobreza para que sea una suerte de sirviente del poder. El otro modelo moral es el liberalismo que propone una forma de organización social donde todos pueden progresar cooperando pacíficamente en el mercado. Sin robar, produciendo e intercambiando lo que producen.

El populismo lleva al autoritarismo. El liberalismo a la libertad individual y la prosperidad.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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09/03/2014

ATRAPADO SIN SALIDA

Si hoy la gente está molesta con la situación económica, ¡cómo va a estar en un tiempo más!

Por Roberto Cachanosky (*)

Luego del fenomenal despilfarro de recursos de estos 10 años, que quedará en la historia como los la década desperdiciada, el gobierno está atrapado y sin salida en lo económico. Haga lo que haga, se mete en un problema.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que el pánico que deben sentir en el gobierno es decirle a la gente la verdad: los engañamos durante 10 años haciéndoles creer que habíamos encontrado la fórmula mágica para que Uds. pudieran entrar en una orgía de consumo  sin trabajar, y ahora les tenemos que decir que era una joda para Tinelli. En rigor, el mayor pánico no debe venir tanto de los cacerolazos de la clase media, que siempre ignoraron a pesar de ser multitudinarios. El verdadero pánico lo tienen en el impacto que van a sentir en el bolsillo el obrero de la construcción, el metalúrgico y los que viven el Gran Buenos Aires. ¿O alguien piensa en serio que CFK está preocupada por las molestias que tienen los automovilistas con los piquetes como para proponer una ley que los regule? A lo que le tienen miedo es que no sea solamente la clase media que salga con sus cacerolas a la calle. Le tienen pánico a que las barriadas salgan a la calle a protestar cuando le pasen la cuenta de la fiesta de consumo. Esos sí que, como diría Abal Medina, van a pisar el pasto. Si hoy la gente está molesta con la situación económica, ¡cómo va a estar en un tiempo más!

¿Cuál es el problema económico? El gobierno, ya sin recursos para financiar el consumo artificial, tuvo que recurrir a la emisión monetaria como mecanismo de financiamiento. Esa emisión acelera la inflación y hace caer el tipo de cambio real, por lo tanto, por un lado, baja el salario real y se contrae el consumo y, por otro lado, el tipo de cambio real artificialmente bajo destroza las exportaciones, con lo cual le faltan dólares. No entran suficientes dólares para enfrentar los pagos en esa divisa y tiene mínimo margen para usar parte de las reservas del Central para financiar el gasto público.

¿Qué está intentando por ahora el gobierno? Lograr que los aumentos de salarios sean menores a la inflación que viene. Es decir, licuar el salario real o, si se prefiere, hacer caer el consumo. Esto más que un pronóstico económico ya es un dato. La gente va a poder consumir menos.

Recuerdo que Néstor Kirchner le decía a los empresarios: ganen un poquitito menos. Bien, ahora CFK tendrá que decirle a la gente: ganen un poquitito menos. El problema es que no será un poquitito menos. Será mucho menos.

Ahora bien, al caer el nivel de actividad, las empresas cortarán horas extras, turnos y finalmente reducirán la cantidad de empleados. Estoy diciendo que habrá más desocupación. Cuando la gente ve que en la empresa se produce menos y se vende menos, advierte que la mano viene complicada y si en la casa la esposa le dice que quiere pintar, la respuesta es: no, ahorremos por si la mano viene complicada. Las expectativas económicas pasan a ser cada vez más negativas y la gente, por las dudas, consume menos y ahorra más.

Ahora bien, si en el medio de la caída del salario real, con la gente al tope con sus tarjetas de crédito pagando en 24 cuotas el televisor, le  aumentan las tarifas del transporte, la energía, el agua, etc. es de imaginar el lío social en el que se meten. Si no optan por subir las tarifas, entonces, el gasto en subsidios tendrá que ser financiado con emisión monetaria, con lo cual la inflación erosionará más el salario real y el tipo de cambio real.

Claro que el Central puede hacer lo que hizo en febrero, es decir, absorber los pesos emitidos vía endeudamiento. Esto significa financiar el gasto con deuda pública emitida por el Central que paga intereses. Podrán ir armando una bola de nieve renovando capital e intereses todo el tiempo, pero esa bola de nieve finalmente terminará como el plan primavera: en una explosión cambiaria y financiera. Al igual que Alfonsín en 1988, cuando adelantó las elecciones y lanzó el plan primavera, el objetivo es tratar de llegar a las elecciones con el tipo de cambio tranquilo y sin corrida financiera. Alfonsín no lo logró y eso que le faltaban unos 7 meses para las elecciones. El famoso 6 de febrero saltó todo por los aires. La diferencia entre aquél plan primavera y esta copia que 13 años después vuelve a ensayar el Central tiene una diferencia sustancial con el plan primavera de 1989. En aquél momento ese plan de emergencia era para que durara 7 meses. Este tiene que durar más de un año y medio y con una feroz recesión. O sea, hay que aguantar con tasas altas, recesión, desocupación e inflación todo ese tiempo.

Si a mitad de camino el gobierno tira la toalla para salir de la recesión, lo único que le queda es emitir y entrar en una espiral inflacionaria y cambiaria que puede descontrolarse rápidamente. Con escases de dólares y pesos sobrando en el mercado, se reeditaría el fin del plan primavera.

La última opción que podría intentar el gobierno para amortiguar la recesión que viene es lograr colocar nuevamente deuda externa. Sin embargo, como esos créditos serían para financiar los desequilibrios macroeconómicos para intentar llegar al 2015 sin que estalle la economía, tengo mis grandes dudas del monto que podrían conseguir en el mercado y el nivel de la tasa de interés que habría que pagar. Tal vez tampoco pueda conseguir tanto crédito externo, aunque tenga que tragarse el relato del desendeudamiento si no hace las reformas de fondo. Y si las hace, no necesitaría del crédito externo.

¿Por qué está atrapado y sin salida el gobierno? En primer lugar, porque ya no tiene credibilidad. Ha violado tantas normas. Ha sido tan arbitrario en el manejo de la economía que nadie está dispuesto a invertir en la Argentina mientras esté el kircherismo en el gobierno.

En segundo lugar, porque para salir del encierro tendría que bajar el gasto público, la presión impositiva, eliminar el cepo cambiario, los controles de precios y demás regulaciones que asfixian la economía. Eso no lo va a hacer por dos razones: a) es demasiado para su relato y b) tendrían que tocar los intereses de la legión de militantes ahora cobrando un sueldo del Estado y tocar los negocios poco claros de obras públicas. Meterse con el gasto público es como meterse con el alma mater del kirchnerismo.

Insisto, desde el punto de vista económico, el kirchnerismo está atrapado y sin salida. Solo le queda rezar para llegar al 2015 sin que la bomba no estalle antes. Todo un desafío.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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02/03/2014

CAMBIÓ EL ESPECTADOR, NO EL SHOW

Por Gabriela Pousa (*)

Una vez más, Cristina volvió a demostrar la fidelidad a sí misma. Habló dos horas y medias tan sólo para enfatizar que una cosa es un ajuste en la economía, y otra muy distinta es un ajuste en la gestión.

La gestión sigue y seguirá incólume como el relato, aún cuando en los hechos se haya dinamitado.

La jefe de Estado sabe que hoy apenas tiene dos pilares: un vasto aparato de comunicación y los militantes rentados. Pero no mucho más tenía antes. Y es que en rigor, quién ha cambiado es el pueblo en cuanto a su predisposición.

A nadie debería asombrar un discurso donde están ausentes los principales temas que importan a la gente. Los Kirchner jamás han prestado atención a las demandas perentorias sociales, construyeron poder con el único fin de satisfacer sus arcas individuales. Y la sociedad se lo permitió.

Hoy lo que cambió es quizás ese permiso. Hoy, el argentino promedio no tiene aquello que durante una década lo distrajo a punto tal de no darse cuenta que se lo estafaba con meras palabras: la Presidente hablaba de corrido sin leer y eso fascinaba. Una lástima…

Existían los plasmas en cuotas, el auto subsidiado, los electrodomésticos importados, y el celular más sofisticado que, si además te lo robaban, lo reemplazabas por otro en cualquier negocio del barrio. Sumando los escándalos de Tinelli, y la selección de Maradona que se suponía traería la copa, había pan y circo en equilibrio. ¿Para qué aburrirse escuchando a la mandataria?

Ahora el equilibrio se deshizo. Las cosas cambiaron, no por arte de magia sino por todo lo que durante once años vino diciendo el gobierno y no escuchamos. Ahora escasea aquello que tanto nos distrajera y ahí está la diferencia.

Cristina no dijo nada que no dijera ya un sinfín de veces detrás del atril, o “inaugurando” alguna obra de esas que nos modificarían la vida de manera extraordinaria.

Y la vida se transformó claro, pero nada tuvo que ver ninguna inauguración, a no ser la de la de una década de ignominia e infamia. Entonces, escuchamos la apertura de sesiones ordinarias, y preguntamos absortos cómo no habló de corrupción ni de inflación.

De corrupción era obvio que no hablaría, no iba a armar tamaño corso para inmolarse frente a nosotros. Y la inflación no es sino el reconocimiento del error. ¿Y desde cuándo Cristina reconoce que se equivocó?

Si acaso recordó un derecho constitucional como lo es el de transitar libremente, fue para advertir qué no está dispuesta a aceptar movilizaciones ajenas ( los rumores de una nueva marcha multitudinaria llegaron a Casa Rosada…), y justificar el respaldo a la barbarie que instituyó Nicolás Maduro en Venezuela. No es que la Jefe de Estado se volvió, de golpe, más democrática. No.

En síntesis, el discurso fue una confirmación de sí misma. A la sistematización de la mentira que caracteriza al kirchnerismo apenas si lo matizó con con un reacomodamiento que hizo el día anterior, y que más que estratégico, fue perverso: el de Beatriz Rojkes de Alperovich por Gerardo Zamora.

Cristina vio venir la interna peronista y tomó nota del intento por cerrarle las puertas y torcerle la senda. Por eso, en su anterior cadena nacional, elogió al ex ministro radical José Luis Machinea y al economista Miguel Bein. Por eso, en este último discurso, ponderó la enseñanza democrática del radicalismo cuando se elegían autoridades del Centro de Estudiantes de la facultad. Y por eso la sonrisa que le propició al legislador de la UCR cuando refirió a la eficacia del Estado empresario “a pesar de que el senador Morales me hace que no con la cabecita“.

No es un intento de ganarse las mieles del radicalismo, no. Es tan sólo su forma de hacerles saber a los peronistas que es ella quien hace y deshace, elige o no. ¿O creen, por ejemplo, que Sergio Urribarri puede postularse sin el aval de la Presidente?

Aunque se haya hecho eco el “fin de ciclo”, y el país haga agua por todas partes, quién sigue asida al timón del Titanic es Cristina. Y por las dudas alguien lo olvide, ella lo recuerdó.

En resumidas cuentas, el acto inaugural de las sesiones ordinarias del Congreso Nacional fue otro acto partidario más, a imagen y semejanza de la dama: mucho show aunque está vez, el espectador cambió.

La gente lo vio y lo escuchó con otra disposición. Quizás no tenía delante un nuevo televisor y el “vermouth con papas fritas” , ese combo ineludible que Tato Bores inmortalizó, o quizás – y esto sería tan saludable – el pueblo, un poquitito maduró.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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02/03/2014

PATILLUDO CONTRARIADO CON EL AJUSTE

Patilludo está realmente sacado, tiene que poner la cara para decir todo lo contrario al relato económico que venían haciendo en la isla

Por Roberto Cachanosky (*)

Patilludo estaba realmente sacado, tenía que poner la cara para decir todo lo contrario al relato económico que venían haciendo en la isla. Habían dicho que a la compañía pesquera que habían expropiado le iban a pagar algo pero que la empresa iba a tener que indemnizar a la isla por daños ambientales y, ante la crisis de falta de oro, tuvo que girar 180 grados y terminar pagándole con deuda. Tanto hablar de desendeudar a la isla y terminaban endeudándose.

Encima, habían batido el parche con que la emisión de hojas de palmera no generaba inflación y ahora estaban subiendo la tasa de interés y quitando de circulación hojas de palmera ante el desborde inflacionario y cambiario.

Habían jurado y perjurado que no iban a devaluar y se mandaron una flor de devaluta de las hojas de palmera mientras los isleños estaban de vacaciones.

Todo esto lo tenía muy contrariado a Patilludo, porque mientras Parlanchina hablaba una vez por semana para contar que todo estaba fantástico, Patilludo tenía que salir a poner la cara con el ajuste que estaban haciendo en la isla.

Sentado en el escritorio de su choza del ministerio vio por la ventana que pasaba caminando el náufrago. No pudo con su genio y desde la ventana le gritó: venga, pase que quiero hablar con Ud. ¿O está apurado por las fiestas de carnaval?

No le dijo el náufrago, en esta isla todo el año es carnaval con las cosas que Uds. hacen.

El náufrago entró, tomó asiento y le preguntó a Patilludo: ¿qué me quería decir?

P: Me imagino que debe estar feliz con el ajuste ortodoxo y neoliberal que nos vimos obligados a hacer porque se nos cayó el mundo encima.

N: No me diga que se cayó el mundo, ¿en todas las islas están ajustando los salarios por debajo de la inflación, subiendo la tasa de interés, con cepo cambiario, no autorizando importaciones, con una inflación que apunta al 40% anual de piso y arreglando con empresas confiscadas?

P: Nosotros no confiscamos la pesquera. La expropiamos, ¿no se enteró que le estamos pagando?

N: Error, Uds. no expropiaron porque para expropiar primero tienen que sacar una ley del Congreso, fijar el monto de indemnización, pagar y recién quedarse con la empresa. En cambio Uds. primero se quedaron con la empresa, después mandaron una ley para que aprobaran la confiscación y ahora que tienen un lío bárbaro con las cuentas externas están dispuestos a pagar. Así que a mí no me venga con historias.

P: Ud. se detiene en formalismos.

N: Claro, tiene razón, hablé sin pensar lo que decía. La constitución tiene que acomodarse a sus necesidades políticas y no Uds. a la constitución. Disculpe mi divague.

P: No sea irónico. ¿Igual Ud. debe estar contento porque estamos siguiendo la teoría monetarista ortodoxa neoliberal del Consenso de Washington?

N: Le falto agregar fondos buitres y FMI, sino el discurso de barricada le queda incompleto. Pero le digo, no, no estoy contento porque están haciendo lío de nuevo.

P: ¿Por qué? Devaluamos, subimos la tasa de interés, estamos emitiendo menos, ¿qué más quiere?

N: Devaluar y subir la tasa de interés no soluciona nada. Entre muchas otras cosas de fondo tienen que bajen el gasto público de la isla.

P: Eso es recesivo y jamás lo vamos a hacer. Si quieren bajar el gasto público van a tener que esperar a que venga otro gobierno, porque nosotros jamás tomaremos una medida de ese tipo.

N: Decían lo mismo de la devaluación.

P: Esa es otra historia. Hubo una conspiración del mercado para forzarnos a devaluar.

N: No me diga, ¿y ahora hay otra conspiración para forzarlos a subir los salarios por debajo de la inflación? El problema que tienen Uds. es que se quedaron con la mentalidad de los 70 donde todas las palabras que usan son guerra, conspiraciones, ataques. ¿Cuándo van a madurar?

P: No se vaya por las ramas. Estábamos hablando de bajar el gasto público y Ud. decía que no es recesivo

N: Exacto. El gasto público no es otra cosa que transferir dinero de un sector de la sociedad a otro sector. Cuando aumenta el gasto le quitan poder de compra a los que pagan impuestos y se lo transfieren a los que, bajo diferentes rubros, reciben esos impuestos. Simplemente unos pagan más impuestos para financiar el aumento del gasto público y tienen menos ingreso disponible y otros, los que reciben esos impuestos, tienen más ingreso disponible.

P: ¿Ud. me quiere convencer que el aumento del gasto público es neutro en el nivel de actividad?

N: Obvio. Si Ud. me cobra 1000 palmeras más de impuestos, yo tengo 1000 palmeras menos para gastar en comida, en ropa o en lo que sea. Por lo tanto el productor de comida vende menos, el de ropa vende menos y así sucesivamente.

P: Eso no es verdad porque nosotros les cobramos impuestos a los más ricos, que consumen menos y ahorran más y le damos esas hojas de palmera a los sectores más humildes que consumen más. Por eso crece la economía.

N: Primero que la economía crece cuando hay más inversiones que generan más productividad y segundo que si los más ricos ahorran quiere decir que el mercado de capitales de la isla tiene más recursos genuinos para financiar consumo e inversión. De nuevo, si Ud. no les cobra más impuestos a los más ricos estos ahorran y se lo prestan a otros para que consuman o inviertan. El efecto es neutro. Le saca 1000 hojas de palmera a los más ricos que podrían financiar consumo e inversiones y se los dan a los que viven de arriba con sus planes “sociales” que consumen y no producen. O se los entregan a los corruptos que hacen obras públicas en esta isla y cada metro de camino de tierra cuesta una fortuna. De manera que el efecto de actividad es neutro, pero los recursos están mal asignados. Van a parar a gente que consume y no produce o a corruptos que construyen un camino cobrando el triple del precio de mercado.

P: Ud. lanza acusaciones infundadas de corrupción.

N: En todo caso mis acusaciones serán tan infundadas como sus acusaciones de conspiraciones.

P: Además lo que Ud. dice no es cierto, porque los que tienen más plata y le cobramos impuestos no vuelcan sus ahorros aquí. Los fugan de la isla.

N: En ese caso tendrían que preguntarse porque los capitales se fugan de la isla. ¿No será que escapan de sus arbitrariedades y carga impositiva confiscatoria? Lo que Ud. tiene que preguntarse es por qué se fugan los capitales y entonces corregir el problema. No decir que se fugan. Eso ya lo sabemos. Vea el fracaso que fue el blanqueo tan generoso que ofrecieron el año pasado. Ni los narcotraficantes confiaron en Uds. El problema es que Uds. siguen sin entender la relación entre seguridad jurídica, algo que a Ud. le parece espantoso, y crecimiento económico. Mientras se muevan con caprichos autoritarios los capitales seguirán fugándose de la isla y seremos cada vez más pobres.

P: ¿O sea que Ud. está convencido que el aumento del gasto público nunca genera más actividad?

N: Depende de cómo financie ese aumento del gasto. Si Ud. usa los impuestos para financiar consumo y deja que se caiga la infraestructura de la isla, por un tiempo puede aumentar el gasto pero a costa de quedarse sin transporte, energía, caminos, etc. En ese caso cambia actividad en infraestructura por más consumo artificial. Nuevamente es un juego de suma cero.

La única opción que tiene de aumentar la actividad en el corto plazo subiendo el gasto público es financiando ese aumento del consumo con endeudamiento externo. Pidiéndole prestado a los habitantes de las islas vecinas que les preste sus ahorros en forma de deuda y con eso paga el mayor gasto. Eso sí, en el futuro tendrá que pagar la deuda más los intereses y ahí viene el ajuste, porque esa deuda se paga con más impuestos. Ahí cae el consumo.

P: Esa política nosotros no la aplicamos, eso es de los 90. Nosotros nos desendeudamos.

N: No es cierto. Uds. se endeudan. Usan las reservas en oro y le dan al Banco de Destrucción Monetaria unos papeles que no sirven para nada. El tesoro de la isla se endeuda con el Banco de Destrucción Monetaria. Además se endeudan con los jubilados porque no les pagan lo que fijó la Corte y tienen deuda flotante con los proveedores del gobierno de la isla.

P: Pero nuestra deuda es en hojas de palmera, no en oro.

N: ¿Y qué tiene que ver que la deuda sea en hojas de palmera? ¿Acaso nunca piensan pagarla?

P: Sí se pagará cuando llegue el momento.

N: Tiene razón, esos bonos vencen cuando llegue otro gobierno. Le dejan el balurdo al que viene atrás de Uds.

P: Y bueno, nosotros no tuvimos que hacer cargo de la deuda de los gobiernos anteriores.

N: O sea que como los otros gobiernos le dejaron un balurdo a Uds., ahora Uds. le dejan otro baulurdo al que viene. Linda forma de pensar en el futuro de la isla.

P: Lo suyo es una utopía. No podemos bajar el gasto porque vamos a generar recesión.

N: Mire, si Ud. baja el gasto en serio va a poder reducir los impuestos, los contribuyentes tendrán más dinero para gastar, invertir o ahorrar y la economía va a crecer. Además, si bajan el gasto dejan de cobrar el impuesto inflacionario, va dejar de caer el consumo porque la gente  dejará de pagar el impuesto inflacionario. Lo que se contrae por un lado se expande por el otro, pero con los recursos mejor asignados. Aumenta la productividad de la economía.

P: Otra vez con utopías. El gasto es inflexible a la baja. Ud. quiere el ajuste.

N: Sí, quiero que se ajusten todos los ñoquis que hoy viven de nuestro trabajo. Que los despida y empiecen a trabajar produciendo algo útil para la sociedad. Quiero que los que viven de sus planes sociales se pongan a laburar de una vez por todas, en vez de vivir de los impuestos que pagamos y con unas changas en negro completen su ingreso y pasarla bárbaro. Quiero que el que quieren ver deportes paguen de su bolsillo el espectáculo. Quiero que si viene un habitante de una isla vecina a vivir a esta isla pueda hacerlo para trabajar, no para cortar los caminos de la isla demandando chozas y subsidios. En definitiva, quiero que cada uno se gane lo que consume y no que una legión de vagos viva a costa de los que producimos honestamente.

P: Ud. es un reaccionario, neoliberal, monetarista y desalmado.

N: Es cierto, tenemos valores diferentes. Yo quiero que la gente viva de su trabajo dignamente y Ud. quiere que haya cada vez más pobres para que los voten por los subsidios que les dan. ¿Pero sabe qué? El problema que hoy tienen es que se acaban los recursos. Los que producimos, producimos cada vez menos porque Uds. no esquilman con impuestos. Así que cada vez les queda menos para repartir. Ese es drama que tienen ahora. Tener que decirle a todos los mantenidos de esta isla que se acabó la joda y van a tener que laburar.

P: No se crea que está todo perdido. No se agrande. ¿Sabe qué? Yo estoy negociando para que nos vuelvan a otorgar préstamos el FMI y las islas vecinas.

N: ¿No me diga? ¿Y en qué moneda le van a prestar?

P: Bueno, obviamente en oro.

N: ¡Pero qué bien! Ante la desesperación quieren volver a las políticas de los 90 cuando el gasto se financiaba con deuda externa. Estimado Patilludo, veo que Ud. es un marxista que odia al capitalismo pero no tiene asco en pedirle prestado a los capitalistas. Lo único que les falta es mandar un proyecto de ley al Congreso para volver a privatizar la pesquera que acaban de confiscar. Total en cada estatización y privatización siempre pegan una buena mordida. Que tenga un buen día Patilludo.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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23/02/2014

LOS ACCIDENTES QUE NO SON

Por Gabriela Pousa (*)

Es verdad que Cristina Kirchner ha venido venciendo límites desde hace unos cuantos años. A pesar de ello, el costo político pudo ser manejado sutilmente mediante artilugios varios: un aparato comunicacional bien aceitado y la indiscutida capacidad para imponer la agenda. Sin embargo, la Presidente ha cruzado uno de esos límites infranqueables, y al hacerlo se ha encontrado con un campo minado.

Una cosa es ensuciarse las manos con fondos del erario público, pactos vergonzosos, decretos, declaraciones juradas adulteradas, etc., y otra muy distinta es ensuciárselas con sangre. Por más que esta ceca rápido, como se ha podido comprobar un sinfín de veces en la Argentina, la mancha no se quita.

Convengamos que no hay maniobras ni especulaciones de ningún tipo para distraer a aquellos cuyo ADN concuerda con los muertos que va dejando la gestión kirchnerista.

Es posible que algunos sectores sociales, amparados en ese peculiar ‘mecanismo de defensa’ que a muchos les hace creer que todo lo malo sucede a los demás, puedan desentenderse del tema pero no del todo. Basta, como hemos observado, una fecha simbólica, un aniversario, para entender que de nada sirve el “eso a mí no me pasa“. Porque tamaña afirmación puede esfumarse en décimas de segundos. Y entonces es menester cambiar la vana creencia por la interrogación correcta: ¿Por qué a mí no?

En esta jungla sin moral ni reglas estamos todos de igual manera: expuestos a esos accidentes que no son. Un accidente es que un fenómeno meteorológico provoque un alud y arrase con un esquiador, que un automovilista sufra un paro cardíaco repentino y pierda el control del vehículo, o que un rayo fulmine a un hombre en medio del campo.

En la Argentina de los eufemismos, se está llamando “accidentes” a hechos absolutamente previsibles y evitables. Si los trenes datan de tiempos inmemoriales y no se supervisan, si la plata de subsidios se esfuma en despachos de funcionarios, si no hay presupuesto para las FFAA, ni se presta atención a informes de auditoria que presagian, no hablemos de accidentes. Hablemos de masacres o tragedias con autoría. Ejemplos hay innumerables. Trataré de mencionar algunos que ilustren lo dicho.

En Noviembre de 2009, la familia Pomar “desapareció” como por arte de magia. Desde el Estado aseguraban que se habían llevado a cabo todos los rastrillajes, sin éxito (no es raro el Estado fracasando) Se llegó a decir que habían huido porque era gente involucrada en negocios turbios (convengamos que si fuera por eso, quedaría acéfalo el gobierno) Al tiempo, un tiempo que siempre es eterno para los familiares, apareció el auto volcado con sus 4 integrantes muertos. Ahí habían rastrillado, dijeron. En rigor, sólo dijeron.

Cualquiera podría sostener que fue culpa del conductor porque se durmió o iba a exceso de velocidad, etc. Y es probable que así sucediera, pero los peritajes en el lugar donde fueron hallados dan cuenta que hubo sobrevida tras el vuelco. La pregunta entonces es obvia: ¿Cómo se busca gente perdida en Argentina?

Cromagnon tampoco fue un accidente, 194 chicos no murieron por un repentino alud de nieve, ni por un rayo que partió el techo. Ni siquiera la voladura de la AMIA ha sido un hecho ajeno al gobierno si convenimos que hay más menemistas en esta administración que los que hubo incluso durante el menemismo… ¿Qué hacía y hace la Secretaría de Inteligencia además de pinchar teléfonos o correos de opositores y gente que simplemente piensa distinto? Lo cierto es que ahí están, hace 19 años, los 85 muertos esperando una respuesta que no llega. Por el contrario, quieren volver a enterrarlos año tras año.

Podría incluirse en la nomina una cantidad insólita de pilotos muertos en caídas de aviones militares o civiles sin ningún tipo de auditoría, y también a los operarios de yacimientos petroleros y mineros que terminaron aplastados por desmoronamientos, o electrificados “por causas no establecidas”.

Lamentablemente nunca se sabe luego que dictaminó la Junta de Investigaciones. El fatídico “se llegará hasta las últimas consecuencias” parece ser un sino en este suelo, cuando se lo escucha de boca de algún funcionario o ministro, el pueblo ya sabe que no habrá resultados concretos.

Las 52 víctimas de Once no escapan a esto. Lo grave es que estas tragedias sucedieron y pueden volver a suceder en cualquier momento porque nada se ha hecho al respecto. ¿Hay acaso control exhaustivo de boliches así como de fronteras para evitar accesos de terroristas extranjeros? No. No hay ni equipos capaces de organizar rescates sin agravar consecuencias ni borrar datos necesarios para peritajes específicos. Siempre se altera la escena, y es inútil dilucidar qué pudo haber sucedido realmente en ella.

Como si esto fuese poco, hay también un calvario esperando a los familiares. Estos no sólo pierden seres queridos sino que además son sometidos a salvajes rutinas para la búsqueda y reconocimiento de los cuerpos. Hay padres que han estado más de 24 horas recorriendo hospitales y morgues, otros que luego se han dejado morir frente al desgarro y la desidia producida tras los hechos.

La conducta de la Presidente cuando sucede este tipo de acontecimientos no coopera, agrava el problema. Es probable que el peso de su conciencia la aleje de estos escenarios y la enmudezca. Las comparaciones son siempre odiosas pero las diferencias entre Cristina Fernández y sus pares de la región, para no irnos más lejos, son abismales.

Recuérdese a Sebastián Piñera pasando la noche entera mientras se rescataban a los mineros de San José, atrapados allá por agosto de 2010. Estamos de acuerdo: no pudo evitar el hecho, pero no omitió un compromiso intrínseco asumido desde el mismo momento en que se llega a la Presidencia.

Lo extraño de Cristina Kirchner es que ni siquiera parece poder reconocer el rédito político que otorga un gesto, una presencia en tiempos de zozobra y pena. El mandatario chileno aumentó considerablemente su popularidad tras recibir a cada uno de los trabajadores de la mina, a medida que iban saliendo. Ella está más allá de lo que piensen los demás (no en todo momento, desde ya)

Similar conducta tuvo Dilma Rousseff cuando se produjo un incendio parecido al de Cromagnon en Santa Maria, al sur de Brasil. La presidente brasileña, al enterarse de la tragedia, suspendió su agenda en Chile, en donde participaba en la cumbre Celac-UE, para viajar inmediatamente a acompañar a los familiares de las víctimas.

A fines de 2012, el mismísimo Barack Obama viajó a Newtown donde un desquiciado abrió fuego contra alumnos y maestros de un establecimiento educativo. Lo hizo con el único fin de manifestar su solidaridad para con los padres de esos chicos. Horas después, realizó una severa autocrítica a su gestión por no haber hecho lo suficiente para impedir la proliferación de armas en la población.

Cuando en Agosto de 2004, se produjo el incendio de un supermercado paraguayo dejando más de 200 muertos, el entonces presidente Nicanor Duarte llegó al lugar para verificar el trabajo de los servicios de emergencia y emitir su pésame.

Ni Piñera, ni Rousseff, ni Obama, ni Duarte son héroes por eso. Simplemente obraron acorde a su investidura. Ahora bien, ¿cómo se respeta la investidura de una presidente que huye de sus compromisos y se aleja en todo momento de la gente? Sólo se la ve junto a militantes en inauguraciones, o en la Casa de Gobierno cuando convoca para sus habituales oratorias.

La brecha entre ésta y la gente es cada vez más inmensa. Es entendible, sin embargo, que no se haya hecho presente el pasado viernes en Plaza de Mayo para sumarse al homenaje con motivo del aniversario de Once. Ya es tarde. Su presencia ahora no sólo no ayuda sino que generaría reacciones virulentas.

Lo paradójico es que, de todos los mandatarios mencionados, Cristina únicamente es quién ha dicho hasta el cansancio que su rol no es sino el de ser “la primera ciudadana“. A juzgar por su comportamiento, única ciudadana de un país que sólo existe en su imaginería, pero no de Argentina.

Es probable que la presidente no sepa asumir situaciones conflictivas o se vea superada por las mismas, en ese caso podría hacerse presente a través de una cadena nacional a las que es tan adicta, pero tampoco. La cadena nacional solo es para enumerar los logros de su administración y la de su antecesor, y vapulear a cualquiera que se haya manifestado en disidencia al modelo.

Lamentablemente, en este país el Estado Nacional no otorga ningún tipo de amparo a víctimas, no de accidentes sino de su propia desidia. Por el contrario, es como si desde el gobierno arrojarán ácido a las heridas. Rechazan toda responsabilidad y se refugian en la impunidad de cargos y de consciencias (o inconsciencias) Tiran la piedra y esconden la mano… Son cómplices de asesinato por omisión sino por acto.

En síntesis, ni el Estado da señales de vida, a no ser que se trate de intervenir en la economía, ni la presidente hace lo que debe o se supone debería hacer. La causa para que así sea no parece ser otra que la cobardía, pues en ellos recae principalmente la culpa de todas esas muertes. Sólo así se explica.

Una pregunta políticamente incorrecta: ¿Por cuánto menos renunció De La Rua a la presidencia? Debería darnos vergüenza.

Posiblemente, la mandataria seguirá sorteando costos políticos por su incompetencia generalizada, pero hay un antes y un después (o lo debería haber) de la masacre de Once, no sólo por no acudir sino por insultar con su soberbia a las familias de las víctimas.

Cristina Kirchner debe saber que ya no hay forma de deshacerse de la sangre y los muertos que carga sobre su espalda. Si no es en la tierra, en otro lado eso, inexorablemente se paga.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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23/02/2014

CON EL MODELO AGONIZANDO, REDOBLAN LA APUESTA CON MÁS AUTORITARISMO

A esta altura del partido el kirchnerimos solo puede seguir destruyendo lo poco que queda de las instituciones y espantar las escasas inversiones que podrían realizarse

Por Roberto Cachanosky (*)

A esta altura del partido todos sabemos que el kirchnerismo no tiene ninguna posibilidad de poner la economía en la senda del crecimiento. Solo puede seguir destruyendo lo poco que queda de las instituciones y espantar las escasas inversiones que podrían realizarse.

La razón por la cual el kirchnerismo está condenado al fracaso es porque no tiene la confianza de los agentes económicos (consumidores, ahorristas e inversores). Sin confianza en el gobierno, no hay ahorristas que vuelquen sus ahorros en el mercado de capitales para financiar inversiones y consumo. Y sin confianza en el gobierno los inversores no invierten un dólar en el país.

Se sabe que los países crecen y la gente accede a mejores niveles de vida cuando se incrementan las inversiones competitivas, es decir, las inversiones que buscan el favor del consumidor y no el privilegio que le puede otorgar el burócrata de turno. Argentina, por la inseguridad jurídica reinante y las arbitrariedades que comete el gobierno, no solo no recibe inversiones, sino que el stock de capital existente ni si quiera recibe las inversiones para su mantenimiento. Basta con ver el deplorable estado del transporte público, la energía, los caminos,  etc. para advertir que ni siquiera se ha invertido para mantener el stock de capital heredado de los 90, mal que le pese a muchos y particularmente al gobierno.

Como todo populismo, el kirchnerismo estimula el consumo artificial por encima de los ingresos reales. Quitemos la moneda del medio y pensemos en bienes. Si una economía produce 100 unidades y no importa bienes, la oferta total de bienes es de 100 unidades y solo puede incrementarse el consumo si se aumentan las inversiones para producir más o, caso contrario, aumentando las importaciones. Si el gobierno fuerza el consumo a 120 unidades y la economía produce 100 unidades, las 20 restantes hay que importarlas. Si no se invierte ni se importa solo pueden consumir 100 unidades de bienes.

Lo que ha logrado el populismo kirchnerista es destruir parte del stock de capital reduciendo la capacidad de producción. La economía argentina ya no produce 100 unidades, produce menos, digamos 80. Pero además, como el BCRA se queda sin reservas también se cerraron las importaciones de bienes. Las 20 unidades que antes se importaban, ahora tienden a cero. De manera que lo que tiene por delante el gobierno es decirle a la gente: antes, mediante diferentes artificios, logramos que Ud. pudiera consumir 120 unidades. Como ya no nos quedan dólares para importar bienes y se ha desinvertido, ahora tendrá que conformarse con consumir 80 unidades. Ese es el dilema del gobierno. Hacer un brutal ajuste sin decirle a la gente que realmente lo anterior fue una ficción y ahora tiene que aceptar ser más pobre.

Pero como el kirchnerismo jamás va a reconocer sus errores y siempre redobla la apuesta, inevitablemente tiene que ir hacia políticas más autoritarias, violando derechos atacando la libertad de expresión para que los medios no informen a la gente de algo que ya sabe: faltan alimentos, medicamentos y la inflación es imparable.

La necesidad de más autoritarismo para calmar el malhumor social es una necesidad de los gobiernos populistas. Por eso tienen que inventar todo el tiempo nuevos enemigos, para transferirles a ellos la culpa de los destrozos económicos que hace el gobierno. No son casualidad los escraches a Shell y supermercados. El gobierno no va a hacerse responsable de la inflación que genera el BCRA, por lo tanto inventa siniestros personajes que pretenden lucrar con el hambre del pueblo. Gente ambiciosa que quiere ganar mucho dinero esquilmando a los consumidores. Si ese fuera el caso, basta con abrir la economía para aumentar la competencia y eliminar a los supuestos conspiradores. Pero mejor es inventar enemigos para que la gente no se enfurezca con el gobierno y se las agarre con enemigos inventados.

El gobierno eligió nuevamente el camino de la represión. El proyecto de ley para confiscar mercaderías, aplicar multas y establecer la pena de presión para los que, a entender del gobierno, “especulen” con las mercaderías es otro golpe de muerte a la inversión. Si ya nadie quiere venir a invertir un dólar por la carga tributaria y la imprevisibilidad en las reglas de juego, solo un kamikaze puede querer invertir en estas condiciones en que no solo lo vuelven loco con regulaciones,  sino que, encima, ahora lo amenazan con meterlo preso si no hace lo que el gobierno quiere para sostener, un poco más, su populismo. En definitiva, lo que quiere el kirchnerismo es que el sector privado consuma su capital de trabajo para darles más aire a ellos en este dilema de caída del consumo.

El ejemplo es evidente. Una vez más, para que baje el precio de la carne quieren ponerle un cepo a las exportaciones. Nunca piensan en aumentar la producción, siempre en consumirse el stock de capital para sostener un consumo artificial.

¿Qué indica la lógica económica más elemental en estos casos? Permitir exportar para que el productor ganadero obtenga ganancias, invierta en el sector, aumente la oferta y así habrá carne para comer internamente a precios accesibles y, además, exportar. Esto no es una locura mía, basta con ver la historia argentina para saber que fuimos el país de la carne y el trigo  gracias a las inversiones que se hacían. Esos dos productos hoy faltan en el país por culpa de este populismo que destroza todo lo que toca.

Y como frutilla del postre, el presidente de la Comisión Nacional de Valores, que debe estimular el mercado de capitales para que el ahorro se vuelque a financiar el consumo y la inversión, no tiene mejor idea que salir a amenazar a las empresas diciendo que ese organismo está tomando medidas para detectar a las empresas que hagan “prácticas distorsivas y desesestabilizadoras” de los mercados.

Con este cuadro, donde ya no se arriesga el capital, sino la misma libertad del inversor, el kirchnerismo está comprando un problema social fenomenal porque está combinando inflación, con caída del consumo vía la reducción del salario real y el cierre de empresas. Es decir, en poco tiempo más veremos más pobreza y desocupación con el solo objetivo de sostenerse en el poder el tiempo que puedan.

En síntesis, el gobierno está lanzado a terminar de destruir todo lo que sea necesario y a aumentar su autoritarismo para sostenerse en el poder estirando la mecha para que la bomba le explote al próximo gobierno. Dudo que lo logre. En ese caso, si se dan cuenta a tiempo, tendrán dos opciones: a) que la bomba les explote a ellos o b) salir corriendo para que la bomba le explote a otro.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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18/02/2014

LA DICTADURA KIRCHNERISTA (MUCHOS PROTAGONISTAS PARA UNA MISMA PELÍCULA)

Por Gabriela Pousa (*)

Después de diez años, el gobierno ha entrado en la etapa de reconocimiento. Reconocen el narcotráfico, reconocen la ortodoxia económica, reconocen la inflación pero nada de ello garantiza cambio, a no ser que reconozcan que son ellos el problema, la razón de los males que aquejan.

Sin embargo, eso no sucederá, por conveniencia y por naturaleza. Son perversos no ingenuos. Muy posiblemente, la ecuación sea dada vuelta como se dio vuelta a la Nación completa. De ese modo, no seremos nosotros quienes volvemos al FMI sino que será el FMI embelesado quien volverá a nosotros. Y así resucitará el relato.

El mundo que se nos caía encima, ahora nos acaricia… Cristina maquilla la realidad a conveniencia, no es novedosa su pericia. El país está a la deriva, si acaso no es aún el Titanic es porque a ninguno de los actores que protagonizan – o pretenden protagonizar la política -, les conviene todavía. La pregunta del millón es entonces la duración de ese “todavía”.

Este escenario, donde el pus aflora por todos lados, parece ser el peor legado, sin embargo, hay quienes aún están sacando un provecho bárbaro (literalmente hablando) Es el caso del sindicalismo que regresa al ring después de haber estado relegado.

¿Hace cuánto no se escuchaba a Hugo Moyano? ¿Luis Barrionuevo no había quedado sepultado en la Catamarca de los escándalos? Antonio Caló vegetaba. De golpe, son los hombres más demandados… Años callando como si los obreros estuviesen viviendo en la opulencia, como si los salarios no mermasen antes que el calendario…

De repente, el poder pasa a sus manos. Un tiempito van a disfrutarlo. No es un pase mágico, es la mismísima jefe de Estado quien les está dando más de lo que jamás hubiese pensado. Son los costos de los reconocimientos a destiempo.

Probablemente, la Presidente crea que tiene “agarrados” a los jefes sindicales con carpetas y prontuarios, y algo de eso sea cierto. En su momento, tras un “descarrilamiento”, Néstor Kirchner utilizó algunas causas judiciales contra el líder camionero, y lo encausó sin titubeos.

Sin embargo, diez años sellaron un hartazgo que va más allá de las coyunturas y el poder adquisitivo. Aún cuando el bolsillo siga siendo el principal jefe de los argentinos, hay un cansancio subyacente al mal trato. Fueron muchos los gritos, fue excesivo el descrédito a la evidencia empírica y fáctica, fue desmesurado el monto de lo robado, fue muy fuerte la carcajada sobre sangre derramada…

En los 90′ ministros y funcionarios quizás abrieron cuentas afuera y coimearon empresas, en esta década abrieron bóvedas, y se quedaron con ellas. Se sabía, se vociferaba en sobre mesas, después Jorge Lanata lo puso en pantalla. No se trata de endiosar periodistas sino de reconocer (aprovechando, justamente, la moda de esta época) que hubo quienes no esperaron diez años para darse cuenta y mostrar qué clase de gente había tomando el mando. Esto de aplaudir “arrepentidos” tardíos sinceramente, da pena.

El argentino promedio de estos días pertenece a la generación de la imagen: esa imagen que vale por mil palabras, y por millones si encima las dice Cristina. Porque el primer ajuste que hizo la dama empezó por casa: la mandataria se devaluó a sí misma en primera instancia. La mentira no fue “bienintencionada”, fue sistemática. Y la credibilidad no se recupera, menos después de una década.

En rigor, la imagen de la dirigencia en su conjunto no es buena, el escepticismo es la primera consecuencia de esta decadencia. Los empresarios coquetearon demasiado, aplaudieron fuerte en el Salón Blanco. Creer en ellos es complicado pero lo es también ponerlos ahora en el banquillo de los acusados. No conduce a ningún lado, no dará resultado a pesar de que la comprensión de las verdaderas razones de la inflación no este al alcance de las mayorías. ¿Cuántos ciudadanos saben los pormenores del gasto público o de qué trata la emisión monetaria?

Para entender en serio qué pasa es menester salir del microclima y de la red social por un rato. Hay otra vida que no es tan cómoda ni sencilla, pero sí es o está siendo, en exceso, masiva.

Así como difícilmente los sindicalistas puedan ser los héroes de esta película, no serán tampoco los villanos, y ahora están a punto de tener su clímax pese a que la novela no es ajena, es kirchnerista. Los “malos” son varios, seguramente más de los que, al final terminen ajusticiados. Pero el domicilio en todos los casos, los halla en Balcarce 50 y aledaños.

La oposición yace en su exilio voluntario, son casi burócratas autoproclamados con más temor a la herencia que ganas de hacerse cargo. Quieren el juego del poder, por eso están donde están y hacen declaraciones como si fuesen meros espectadores, pero no quieren pagar costos de la fiesta que no siempre fue de otros. A más de uno se lo vio bailando en ella. Creer que no actúan para evitar dejar como víctima al kirchnerismo es una excusa un tanto infantil a esta altura. En ese sentido, la grieta que nos divide halla su antítesis: el miedo hermana, unifica y acuna.

Queda pues un sector capaz de encender una luz de esperanza: los jueces. Jurisprudencia de gran conducta no han dejado, mas también es cierto que no puede enlodarse a todos con el mismo barro. No será sencillo, pero en esta oscuridad son ellos quienes tienen las velas y los serillos. El asunto es encender el fuego e iluminar aunque sea un ápice el camino.

Si eso sucediese, la sociedad podría ver más allá, y entender por qué es fundamental seguir de cerca los sucesos de Venezuela.

No se trata de prestar una solidaridad de pacotilla o mostrar una virtualidad compasiva, se trata de entender, que lo que acontece en esa geografía, puede suceder en ésta mientras estamos esperando el Mundial, o averiguando quienes escondieron la yerba Amanda que busca denodadamente Cristina.

Porque esa búsqueda es un ardid para ocultar aquello que a esta altura no admite eufemismo: la dictadura del kirchnerismo.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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16/02/2014

DESCUBRIENDO AL VERDADERO CONSPIRADOR

Si uno lo piensa detenidamente, los únicos realmente interesados en que haya una conspiración que los haga salir del poder es el mismo gobierno

Por Roberto Cachanosky (*)

Que el gobierno haya reconocido que la inflación es más alta de la que venía informando el INDEC, no quiere decir que reconozca su responsabilidad en la espiral inflacionaria en que han sumergido a la economía argentina. El índice de precios cambió, pero el relato sigue siendo el mismo. La culpa siempre es de otros, enemigos ocultos que conspiran para voltear al gobierno para luego perjudicar a la población.

Que el relato ya cayó en el ridículo máximo quedó en evidencia el miércoles pasado cuando la presidente dijo que hacía uso de la cadena nacional porque los grandes medios nacionales no informaban de los actos de gobierno. Realmente un descaro, porque el gobierno tiene como medios de propaganda política a su favor el canal 7, el panfletario 6,7,8, Fútbol Para Todos con su tsunami de propaganda política a favor del gobierno (Hebe se encargó de aclarar que FPT es para hacer política), radios AM y FM subordinadas al relato oficial, diarios que nos cuestan fortunas y no los lee nadie, la agencia TELAM que dice necesitar militantes y no periodistas, canales abiertos que en su mayoría son pro gobierno y, finalmente, canales de noticias de cable que hablan loas de la gestión gubernamental. Si con todo ese arsenal de difusión de propaganda política la presidente dice que necesita usar la cadena porque los grandes medios nacionales no informan de sus actos de gobierno, implícitamente está reconociendo que todos los medios que hacen propaganda política a favor del gobierno no los ve, lee ni escucha nadie. Y, de acuerdo a las mediciones, cuando ella usa la cadena tampoco la escuchan porque la gente cambia automáticamente de canal buscando una película o apaga el televisor. Así que el discurso de Cristina Fernández de Kirchner comenzó con una confesión: nadie quiere escuchar lo que dice. Cansó a la gente con sus relatos de una Argentina que no existe. De la soberbia con que pretende dar cátedra sobre todos los temas y, encima, en lo que hace a la economía, muestra una ignorancia que explica la fenomenal crisis que nos está dejando. Y es de prever que a medida que la crisis se profundice, el relato oficial apele cada vez más a conspiraciones y enfrentamientos en la sociedad, denunciando conspiraciones.

Ejemplo, al anunciar el nuevo IPC, Kicillof afirmó que: &"no es el Gobierno el que pone la etiqueta de precios. Hay alguien que toma esa decisión, es un comerciante es un productor un vendedor que cuando lo hace especulativamente no refleja ninguna situación objetiva que haya ocurrido con sus costos o rentabilidad sino que hace una maniobra especulativa que termina en que alguien le paga más.&"

Una vez más, el joven Kicillof habla como político de barricada en vez de hacerlo como economista. En efecto, está estudiado que los procesos inflacionarios tienen dos etapas. En la primera etapa, cuando el gobierno emite moneda para financiar el gasto, la gente puede percibir los incrementos de precios como transitorios, en este caso decide postergar la compra hasta que bajen los precios con lo cual aumenta su demanda por moneda. En una segunda etapa, cuando ve que los precios no solo no bajan sino que siguen subiendo, cambia sus expectativas y anticipa la compra antes que los pesos que tiene en el bolsillo pierdan más poder de compra. Es en ese punto en que comienza la huida del dinero. La gente se deshace de los pesos lo más rápido posible antes que pueda comprar menos. Lo que no dice Kicillof es que no hay tal cosa como una maniobra especulativa, sino que hay una depreciación de la moneda generada por el mismo gobierno. Pero como el relato no permite que el gobierno tenga ninguna culpa, hay que buscar a algún malvado que quiere aprovecharse del incauto consumidor que no sabe defender su dinero, cuando en realidad ese consumidor está huyendo del peso que emite el gobierno.

Por otro lado, o Kicillof se perdió varias materias de economía o las pasó porque el profesor le tuvo piedad. Dice que un productor o un vendedor sube los precios sin que se hayan producidos hechos objetivos que afecten sus costos o rentabilidad. El joven Kicillof parece no entender que en procesos inflacionarios generador por los gobiernos, como del que él forma parte, hace que el dueño de la mercadería tenga que estimar el costo de reposición. Si vende un frasco de mayonesa a $ 20 y cuando tiene que reponerlo lo tiene que pagar $ 25, perdió parte de su capital de trabajo. O su ignorancia en materia económica es sublime o tiene el cinismo de negar la inflación para seguir financiando la fiesta de consumo, ahora forzando a los comerciantes y productores a perder su capital de trabajo. Este gobierno ya financió parte de la fiesta de consumo consumiéndose el stock de capital en trenes, sistema energético, ahorros de la gente en las AFJP, reservas del BCRA y ahora pretende forzar al sector privado a vender por debajo del costo de reposición sus mercaderías, consumiendo su capital de trabajo para que ellos sigan la fiesta populista.

Aclaro que las líneas anteriores no pretenden ser una defensa de las cadenas de supermercados, productores, etc. Que ellos se defiendan solos. Finalmente fueron ellos los que no tuvieron el coraje de plantarse y defenderse. Por el contrario, a todos aquellos que intentamos detener esta locura nos dieron la espalda al momento de contratarnos como asesores o publicitar los programas en los medios. Creyeron que pactando con el gobierno zafaban y terminaron siendo escrachados al más puro estilo fascista, con los encapuchados de Quebracho haciéndoles escraches en las puertas de sus comercios o con panfletos en la calle denunciándolos como ladrones que quieren robarle a la gente. Tal vez ahora aprendan que defender las ideas de un Estado limitado y subordinado a la ley es rentable. Pero este tema es para otra nota.

Lo concreto es que Kicillof, por no reconocer los desastres que están haciendo, busca culpables o desconoce cómo se desarrolla el proceso de expectativas inflacionarias y solo atina a denunciar conspiraciones que solo existen en su mente y su relato.

En rigor, viendo el miedo que tiene la oposición a que la presidente les tire la papa caliente y salga corriendo, no veo que nadie quiera conspirar contra el gobierno. La oposición quiere que CFK pague el costo del destrozo económico que hizo y, por lo tanto, no tiene interés en forzar su salida. Posiblemente una parte del mismo peronismo no k pueda desear que CFK se vaya antes para no ser arrastrados políticamente por la crisis económica que se viene.

Empresarios y consumidores, más que conspirar, están concentrados en ver cómo hacen para sobrevivir cada día.

Si uno lo piensa detenidamente, los únicos realmente interesados en que haya una conspiración que los haga salir del poder es el mismo gobierno, porque ve que la mecha no llega hasta el 2015 y quedarse es pagar el costo de lío que armaron. Más que una denuncia de conspiración del oficialismo, yo lo leo como un deseo desesperado para que alguien conspire y les quite la papa caliente de la crisis social y económica que construyeron y se les viene encima.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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12/02/2014

EL FUTBOL, TINELLI Y EL EMPERADOR KICILLOF

Por Gabriela Pousa (*)

Y nuevamente Cristina lo hizo aún cuando muy posiblemente no haya sido su idea. Lo cierto es que de la noche a la mañana, el tema obligado fue Marcelo Tinelli y los vericuetos de un negocio devenido “derecho”, el fútbol.

De las penurias de Amado Boudou en Tribunales y de los chicos con hambre – que la jefe de Estado negó existan en Argentina -, se pasó a hablar de los relatores militantes, y la indignación de los millones que se van en el ‘circo sin pan’ del kirchnerismo.

De algún modo, el gobierno volvió a marcar la agenda y aunque no parezca, escribió las portadas del domingo erigiendo protagonista al showman de la TV argentina. Y más favor que castigo le propinó.

La Presidente creó un nuevo derecho humano: el gol. Triste, pero más triste aún son los millones de argentinos que con tal no de perderse un partido, le hacen el juego prendiendo el televisor para mirar un espectáculo que, a esta altura, saben es más político que deportivo. Esa contradicción ciudadana alimenta desde hace 10 años a esta gestión.

Las quejas son infinitas, el “darse cuenta” es un hecho, no hay engañados creyendo que el fútbol es gratuito, pero no hay voluntad de hacérselo saber al gobierno rechazando una “dádiva” que no es tal. El Estado paternalista nos lleva a la cancha, y el hincha que tenemos dentro, vence al ser racional que sabe que todo eso no es más que una estafa.

Así, gozosa y voluntariamente estafados, seguimos apañando los caprichos de la dama. En síntesis, lo que estamos observando es la consagración de la barbarie sino con nuestra anuencia, al menos con cierta complicidad. Simultáneamente, el aparato comunicacional oficial impone otro tema de primordial necesidad: la yerba Amanda.

Atendiendo las premisas de la televisión pública parece ser una nueva desaparecida de la democracia. Ni a Julio Lopez, ni a María Cash se los buscó con el énfasis que los panelistas-voceros de la Casa de Gobierno se desvelan por su paradero…

Si no fuera porque en medio de todo esto hay miles de ciudadanos pasando necesidades, y otro tanto buscando refugiarse en ansiolíticos, podría no tomarse demasiado en serio. En rigor, no lo es. Pero sucede, nos sucede más allá de querer verlo o no.

La crisis se instaló más como incertidumbre que como situación. Desde el ministerio de Economía los remedios que se ofrecen son peores que la enfermedad. La perversión del despacho presidencial se topa en el Palacio de Hacienda con la ignorancia y la ineficiencia. No se escucha a quienes podrían aportar solución, pero tampoco hay sabiduría para recordar la historia que siempre fue una maestra superior.

Las novedades son tan viejas como las recetas. Cuidar precios, amén de resultar una metodología paupérrima, ha sido desde tiempos inmemoriales la puerta de fracasos inobjetables.

Después de la devaluación sufrida por la moneda durante el siglo III, en la Roma del año 301, el emperador Diocleciano sacó un edicto donde establecía precios máximos para más de 1300 productos, además de establecer el costo de mano de obra para su producción. Se fijaba, a su vez, la pena capital para especuladores a quienes, públicamente, se culpaba de la inflación comprándoselos con los bárbaros que amenazaban el imperio.

La originalidad de La Cámpora es parte del relato, está claro. Los militantes del patio apenas si desarrollaron el arte de la pegatina ya que fallaron incluso en el uso de Google, el buscador más usado.

Pero volvamos al edicto de la tetrarquia romana. Allí se prohibía que los mercaderes transportaran sus productos a otros mercados donde vender a precios más altos, y el costo del transporte no podría utilizarse como excusa para incrementar precios. Finalmente, establecía salarios fijos que en poco tiempo, perdieron poder adquisitivo debido a la distorsión sufrida en los precios y a los faltantes.

El Edicto, sin eufemismos, fue un fracaso. No sólo no consiguió el objetivo: frenar la inflación (porque se siguió emitiendo moneda y devaluando) sino que terminó en forma sangrienta enfrentando adeptos y detractores. Pero se ve que Axel Kicillof y sus adláteres apenas si leyeron a Keynes, interpretándolo además con sus cegueras ideológicas características.

Una sentencia de Oscar Wilde sintetizaría de modo insoslayable lo que, en definitiva, acontece ahora en Argentina pues “hasta los que son incapaces de aprender se han puesto a enseñar“. Y así nos va.

Mientras, abierto el libro de pases, se conforma un Frente Para la Victoria bis, sumando al barón bonaerense, Raúl Othacehe e insistiendo en la denominación “Renovador”. En verdad, otro engendro del kirchnerismo “arrepentido” de sí mismo. En ese trance, no sería de extrañar que sea la mismísima Cristina la próxima en pasarse a las listas massistas. Al menos, para ello se trabaja en los pasillos de Comodoro Py.

Sin la experiencia, sin el conocimiento y sobre todo sin la decencia, la salida de este estado de cosas resulta utopía. Lo que viene, en consecuencia, será más circo, más “tinellización”, y una persecución implacable de aquellas voces capaces de mostrar que el problema no es el tomate, ni la soja, ni la yerba mate, sino el kirchnerismo en toda su expresión: puro, light o renovador.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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09/02/2014

MALABARES CAMBIARIOS Y RECESIÓN CON INFLACIÓN

Patilludo cree que le torció el brazo al mercado

Por Roberto Cachanosky (*)

Luego de una semana de mucha tensión en la isla de la fantasía, Patilludo se envalentonó e hizo llamar al náufrago para mostrarle su éxito: había logrado bajar la cotización del oro en la isla de 8 hojas de palmera a 7,85 hojas por pepita de oro.

Patilludo: ¿Vio que finalmente le doblamos el brazo al mercado? Hicimos bajar la cotización del oro.

Náufrago: Un logro fantástico, van a generar más déficit fiscal.

P: ¿Por qué me dice eso?

N: Porque Uds. obligaron a los bancos de la isla a vender sus posiciones en oro y aprovecharon para comprarlo Uds. Emitieron más hojas de palmeras y después las quitaron del mercado emitiendo bonos del Banco de Destrucción Monetaria que paga una tasa de interés que van del 28 al 30 por ciento anual. Eso quiere decir que antes emitían hojas de palmeras que generaban inflación y ahora emiten hojas de palmeras, luego entregan bonos a cambios de las hojas de palmeras que emitieron y por esos bonos pagan una tasa del 30% anual. El interés que pagan es una pérdida para el Banco de Destrucción Monetaria que aumenta el gasto público.

P: Bueno, Ud. sabe que no comparto sus ideas neoliberales, pero ahora la gente tiene estímulo para invertir a plazo fijo en hojas de palmeras, porque subimos la tasa de interés y por lo tanto no va a comprar pepitas de oro especulando con una nueva devaluación. Terminamos con la timba financiera en esta isla.

N: Al contrario, en todo caso la estimularon y de forma muy riesgosa.

P: ¿Acaso Ud. no haría un depósito a plazo fijo en hojas de palmeras en un banco? Es una muy buena tasa de interés.

N: ¡Ni loco hago un depósito a plazo fijo en palmeras!

P: Pero si la tasa de interés le va a ganar a la tasa de devaluación.

N: Vea. Si hago un depósito a plazo fijo al 25% anual, como están ahora las tasas, pierdo contra la inflación, pero gano el equivalente al 25% anual en oro si no se mueve el tipo de cambio.

P: Exacto, tiene un rendimiento fenomenal si lo mide en oro porque nosotros desarmamos la corrida cambiaria en esta isla.

N: Veamos, si el banco me paga a mí el 25% anual por un depósito a plazo fijo en palmeras y yo apuesto a que Uds. tienen éxito quiere decir que gano el 25% anual en oro.

P: Correcto.

N: Pero el banco tiene que cobrarle una tasa de interés mayor al que pide un préstamo para poder tener una ganancias. El spread de la tasas es la diferencia entre tasa pasiva, la que me paga el banco por mi depósito, y la tasa activa, que es la que le cobra el banco a los que piden prestado. Así que si me presta a mí al 25% anual por lo menos tiene que cobrarle al tomador de préstamos más del 25% anual.

P: Obvio.

N: ¿Digamos que el banco le presta a una empresa al 30% anual?

P: Digamos

N: Bien, si Ud. tiene éxito en contener el tipo de cambio, quiere decir que la empresa que toma un crédito al 30% anual paga un 30% anual en oro, que es lo mismo que decir que el banco nunca va a recuperar ese crédito y por lo tanto yo asumo el riesgo de no poder recuperar mi depósito. Si el banco cobra tasas de interés que son inconsistentes con la tasa de rentabilidad de una inversión, mi depósito es un depósito de altísimo riesgo. ¿Cuántos perdieron su oro en la corrida del 2001 por dejarse tentar por las tasas de interés inconsistentes que ofrecían los bancos? Gracias, esa historia ya la conozco.

P: Bueno, por un tiempo los bancos pueden financiar el consumo.

N: ¿A ver? Justo tengo la notebook aquí. Veamos en algunos sitios de los bancos. Mire, por un préstamo a 12 meses el Costo Financiero Total es del 81%. Es decir, incluyendo la tasa, más los gastos administrativos, más el IVA, más el seguro, mas.. Paga dos veces lo que compra. Lindo estímulo al consumo están dando Uds. La gente no llega a fin de mes con su sueldo, no puede pagar la tarjeta de crédito ¿y encima quiere que tome un crédito a estas tasas que le da una cuota gigante?

P: Bueno, si los bancos no pueden prestarle a las empresas y a los consumidores, entonces, el Banco de Destrucción Monetaria les colocará bonos y les pagará a los bancos una tasa de interés.

N: ¿Y en qué va a colocar el Banco de Destrucción Monetaria el dinero que le pida prestado a los bancos?

P: Ese es un problema del presidente del Banco de Destrucción Monetaria. No sé.

N: Yo le contesto. No va a colocar en nada ese dinero y por lo tanto, el Banco de Destrucción Monetaria, que ya tiene patrimonio neto negativo, va a tener una pérdida que llegado el momento la pagará con emisión de palmeras generando inflación.

P: Vea Ud. está hablando del largo plazo, pero nosotros desarmamos  la especulación financiera de los productores de cocos que los tienen en los siloscocos. Ahora no pueden especular con que el oro va a subir y van a tener que vender.

N: O sea que Ud. está ofreciendo una bicicleta financiera para que vendan los cocos. ¿No era que Parlanchina se la pasaba hablando de que la especulación financiera era neoliberal y que su modelo era de producción? Resulta que ahora ponen la zanahoria de la tasa de interés para que el productor venda los cocos y apuesta a la tasa.

P: Bueno, pero si depositan va a haber ahorro para que la gente invierta y consuma.

N: Pero si le acabo de mostrar que la tasa de interés es inconsistente con la inversión y carísima para el consumo. Nadie va a tomar un préstamo a estas tasas para invertir o para consumir. Solo va a tomar el Banco de Destrucción Monetaria, va a devengar una pérdida y el día que tenga que pagarla emite, genera inflación y estalla de nuevo el mercado de cambios y hay corrida financiera.

Además, para qué invertir si después salen Uds. a poner carteles por la isla escrachando a los empresarios diciéndoles que les roban a la gente con los precios que cobran o acusan de avaros a los que se quedan con los cocos en los siloscocos

P: Son unos avaros porque no venden los cocos y no entra el oro que necesitamos.

N: Perdón, ¿de quién son los cocos?

P: De los productores.

N: Si en vez de vender los cocos, el productor los cambia por peces de la isla vecina, ¿también tiene que entregarle a Ud. los peces?

P: No, ¿para qué quiero los peces?

N: Bueno, entonces si los cocos son del productor y si los cambia por peces, los peces son del productor, ¿por qué si los cambia por oro el oro no es del productor y es de Uds.?

P: Ud. está haciendo mezclando todo.

N: No mezclo nada. La moneda es una mercadería como cualquier otra. Por lo tanto, si el productor cambia los cocos por los peces Ud. no se mete, pero si los cambia por oro Ud. le quita el oro. No entiendo por qué en un caso no quiere los peces y en el otro quiere el oro,  si ambas cosas son del productor.

P: Porque necesitamos el oro para importar bienes de capital e insumos. No para bienes de consumo que son un lujo.

N: ¿Y quién va a importar bienes de capital para invertir con esta tasa de interés? Además, al subir la tasa, baja el consumo, hay menos producción y menos necesidad de importar insumos.

P: Es que la gente tiene esa mala cultura de pensar en oro cuando la moneda de esta isla es son las hojas de palmeras.

N: No es un problema cultural, es un problema de defensa personal contra el robo de la inflación. Todo jefe de familia tiene la obligación de defender el patrimonio de su familia y eso también incluye eludir el impuesto inflacionario que Uds. quieren cobrar. ¿Sabe cuál es el problema de Uds., Patilludo?

P: ¿Cuál?

N: Que ya se consumieron todo el stock de infraestructura de la isla. Se consumieron los ahorros que la gente tenía para su jubilación. Se consumieron las reservas de oro del Banco de Destrucción Monetaria, y como ya no saben cómo financiarse, pretenden consumirse el stock de capital de trabajo de los emprendedores de la isla. Lo que Uds. quieren es que el productor de cocos venda sus cocos, les dé el oro a Uds. y se quede con las hojas de palmeras que cada día valen menos. Y como no los convencieron, ahora le ponen la zanahoria de la tasa de interés que es inconsistente con la inversión. Con lo cual esta isla va a seguir descapitalizándose para mantener su modelo populista. Eso quiere decir menos stock de capital, menos productividad, menos salarios reales y más pobreza.

P: Vea, todos sus razonamientos neoliberales no me interesan. Lo cierto es que le torcimos el brazo a los especuladores e hicimos bajar el oro.

N: Sí, ahora me va a agregar que el oro bajó porque hay confianza e ingresan capitales. Patilludo, están haciendo un juego de tasa de interés que se hizo infinidad de veces en esta isla y siempre terminó mal. Pero si está contento con haber bajado el oro y comprarse un fenomenal conflicto social por la recesión con inflación que viene, no le voy a amargar la mañana.

Que tenga un buen día.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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06/02/2014

LA ESPECULACIÓN OFICIAL

Por Gabriela Pousa (*)

Como sucede con casi todo en la Argentina kirchnerista, la crisis tiene también su doble faz. Por un lado está la crisis asida al dólar y por otro aquella mucho más profunda, casi perenne en nuestra cultura que aflora hoy día como un emergente de lo que hacemos, aún sin darnos cuenta o sin querer darnos cuenta.

La crisis económica, sin duda, tiene más prensa. A ella se dedican los especialistas y es ella, en apariencia, la única capaz de modificar algo en este escenario. No puede haber engaño: el bolsillo sigue siendo el órgano más sensible de los argentinos. La moral está en segundo plano.

Hasta tanto éste estuvo abultado podía digerirse fácilmente la corrupción más avezada, bastaba con adquirir un paquete turístico o un plasma en cuotas y relajarse del estrés que provoca vivir sin principios y sin normas. Si acaso no se podía transitar porque la calle estaba cortada, o algún medio mostraba una estafa colosal protagonizada por un ministro o incluso por la misma jefe de Estado, se compensaba el disgusto con el consumo. Hasta ahí la conducta de cierta clase media que viene siendo bastardeada, casi sin costo, por la dirigencia.

Quienes no acceden a ella, mantienen incolumne su rutina de pelea diaria con y por la vida. Ellos no saben quién es Keynes o Marx, y si acaso alguna vez vieron un dólar fue por TV. Para ese sector social no hay tregua, no lo hubo en toda la década, ni lo habrá en lo sucesivo porque el populismo, justamente, se ocupa de administrar esa pobreza de manera de convertirla en eterna.

Esa franja social vegeta. Y aunque suene espantoso o duro, no es causante de problemas, no marca ni define agenda. Su atención directa se limita a la previa electoral, al subsidio por conveniencia, al puntero capaz de organizarse para contener, y no menguar, su miseria. El problema está en otra parte.

El problema es la bendita clase media no por su siempre tardío “darse cuenta”, sino quizás por su mismísima naturaleza. Ese sector de la sociedad apuesta a perdedor como deporte nacional. Tiene una necesidad de cambio gatopardista, compleja. En gran medida es aquella capaz de creer que votando a Sergio Massa cambia esto que nos pasa, aún cuando en voz alta diga que el electo diputado nació del riñón kirchnerista. Contradictoria, cómoda, voluntariamente ciega, presente en la ausencia, cómplice de lo que critica, y en muchos aspectos, similar a quien detesta.

En ese sentido su actual disconformidad puede devenir en costumbre o poner un punto final al avasallamiento de la libertad. No se trata de plantear un quiebre al orden constitucional sino de regresar a ese orden que hace tiempo no está.

En ese hábitat se vive ahora la sensación de un fin de ciclo que no es tal. Por más que el gobierno muestre al descubierto y sin anestesia todas sus falencias – cabe aclarar: ninguna nueva -, se vive la ignominia de manera diferente a como se la percibía meses atrás.

Nadie se atreve hoy a ningunear la crisis política. Pero eso no alcanza para vaticinar un final anticipado a la gestión de Cristina. Porque aunque intenten cambiar el foco de la responsabilidad, es ella quién decidirá, según su capricho, la continuidad constitucional. La clase media no sacó a ningún gobierno en Argentina. Si sigue o no hasta diciembre de 2015 no será definido por ninguna fuerza ajena al gobierno nacional.

Ellos aún manejan los hilos. La salud de la Presidente está siendo utilizada como un placebo para experimentar el humor social. Cristina puede enfermar de la noche a la mañana, no por ser un simple mortal sino por conveniencia personal, esa amenaza está latente y nadie se atreve a diagnosticar. Hoy por hoy, el repunte de su imagen en las encuestas es utopía.

Ahora bien, en Balcarce 50 creen que lo perdido no se recupera, pero lo ganado se aprovecha. Como diría la propia mandataria tras perder la última contienda electoral, “aún somos gobierno“, y mientras eso suceda nada se ha de alterar.

La titular del Ejecutivo está dispuesta a sortear el mal clima social aún con la receta equivocada. Claro que ya no alcanzan los anuncios grandilocuentes por la sencilla razón de que no se le cree. No hay magia ni soluciones diferentes por una simple razón: lo que caracteriza a esta administración no es la inoperancia sino la perversión. En esa perversión se enmarca también el carácter de la dama.

Cristina Fernández de Kirchner fue, es y será hasta el final Cristina Fernández de Kirchner. Pretender que se convierta en Ángela Merkel o en Dilma Rousseff es inútil. Puede modificar el tipo de cambio pero no ha de modificar el tipo de trato, puede vestirse de colores varios pero no puede matizar el espíritu vengativo ni su particular modo de concebir el juego político: como una sucesión de batallas. Y esta no es la final.

En síntesis, es inútil esperar cambios. Sin embargo, hay un dato que surge como punto de inflexión: la caja se está vaciando. Y la metodología kirchnerista que les permitió permanecer en el poder se basó justamente en el manejo discrecional de fondos para solventar aprietes, extorsiones, clientelismo sin limitaciones, y el manejo arbitrario de intendencias y gobernaciones.

Para que todo ese engranaje, que conforma el corazón mismo del kirchnerismo funcionara aceitadamente, fue necesario dilapidar los famosos ‘superávit gemelos’ que tanto ponderaban y abrir la caja. Ahora el gobierno se está quedando sin su principal herramienta. Mantener a los gobernadores alineados, controlar la calle y lograr que diputados o senadores se den vuelta en sus opiniones será una tarea de Sísifo.

Es por eso que la principal preocupación de la mandataria sea encontrar un reemplazo de aquel arma con el cual supo dominar la escena para no quedar como el rey desnudo de la fábula.

Analizar declaraciones obscenas, carentes de sentido, grotescas no es (o no debería ser) tarea del analista politico, sin embargo en Argentina, la politica no sólo es grotesca y burda sino también hace alarde de ello. Se nutre de coyunturas que no aportan un ápice y distraen. Y es en ese verbo donde el gobierno vuelve a centrar su atención.

Posiblemente recurran una vez más a la distracción. Es una opción que los Kirchner supieron usar de manera extraordinaria. Los argentinos hemos estado distraídos durante muchos años. Compramos como si fuesen sinónimo de crecimiento y desarrollo, las falacias de veranitos económicos, vientos de cola y otros artilugios varios.

Ese es el as que el gobierno guarda: la distracción. ¿Qué pasa si el pueblo no puede comprarla? Esa es la pregunta del millón, y por eso los millones que van para el fútbol y los shows. Si la clase media se harta de veras (y no sólo en alguna red social) y deja de regodearse con el permiso para comprar 200 dólares, habrá que jugar la carta de la distracción o recurrir a una salud resquebrajada

Pero si la sociedad vuelve a contentarse con Marcelo Tinelli y el Mundial, otro puede ser el cantar, así razonan quienes frecuentan la Presidencia. Durísimo sería tener que darles la razón.

En definitiva, la especulación política ganó la batalla. Pero de algo puede estarse seguro, los especuladores no están fuera de la Casa Rosada. Los porotos los cuenta la mismísima Presidente y sentada en el sillón de Rivadavia.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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03/02/2014

CONSPIRACIÓN EN LA ISLA DE LA FANTASÍA

En la isla, las reservas de oro caen todos los días como piano de piso once, la inflación se dispara y la incertidumbre paraliza la actividad económica

Por Roberto Cachanosky (*)

Mientras Parlanchina se pasea por otras islas y está fascinada de encontrarse con uno de los dictadores más sangrientos y sanguinarios de las últimas décadas, en la Isla de la Fantasía, Patilludo y el Desautorizado, que es el Jefe de todos los ministros pero nadie le da bola, tratan todos los días de explicar lo inexplicable para justificar la crisis económica que desataron ellos en la isla.

En la isla, las reservas de oro caen todos los días como piano de piso once, la inflación se dispara y la incertidumbre paraliza la actividad económica. Como de costumbre, para tratar de saber qué pasa en la isla, Patilludo llamó al náufrago para ver qué está pasando. Es que, como todos los de La Compota viven en una nube y se dedican a pasear por el Puerto de los Maderos, una exclusiva zona de la isla en la que habitan los jerarcas del gobierno, mientras dicen que en la isla están todos mejor porque en las chozas ahora los techos son de paja y no de lona. ¡Todo un logro del modelo! La cuestión es que como viven cómodamente y no tienen ni idea de la crisis que padece la isla, cada tanto llaman al náufrago para tratar de averiguar qué pasa realmente. Igual después acomodan su discurso al relato. Por ejemplo, si el náufrago les dice que la gente pasa hambre, ellos después dicen en su relato que gracias al modelo se ha establecido un plan nacional de cuidado de la silueta para que la gente no tenga exceso de peso.

Llegado el náufrago a la choza de Patilludo comenzó la conversación.

Patilludo (P): Acá están faltando oro que no liquidan los exportadores y a hay movimientos especulativos. He detectado que los economistas opositores de la isla, al servicio de intereses oscuros, los medios de comunicación y las redes sociales, están conspirando con el poder de compra de las palmeras.

Náufrago (N): Perdón, ¿Ud. se me llamó para hablar de economía o de novelas de ciencia ficción? Si quiere que charlemos de novelas de intrigas y conspiraciones no tengo problema.

P: ¿Me va a negar que hay una conspiración en la isla para desestabilizar al gobierno?

N: ¿Y en qué consiste esa conspiración?

P: Por ejemplo, los productores de cocos no están exportando, por lo tanto  no ingresa oro y nos quedamos sin reservas de oro en el Banco de Destrucción Monetaria.

N: Pero si Uds. dijeron que lo de la relación reservas en oro y palmeras es de la época de la convertibilidad, que ahora no tiene nada que ver las reservas con la cotización de las hojas de palmera. ¿Cuál es el problema? Además Parlanchina dijo 5 meses atrás que nosotros tenemos mejor relación de reservas que la isla de Australias y Canadases. ¿Se acuerda de ese discurso?

P: Ignorando lo que le había dicho el náufrago, Patilludo siguió: El problema es que si los productores siguen especulando y no venden sus cocos, no entra oro y no podemos pagar las importaciones de combustibles. Si no importamos combustible empeora la crisis energética y la gente va a estallar por culpa de estos especuladores. Esos productores están especulando contra el modelo para desestabilizar al gobierno y perjudicar al pueblo de la isla.

N: ¿Y por qué el productor de cocos tiene que vender sus cocos cuando a Ud. se le canta, si los cocos son el fruto del trabajo y esfuerzo del productor?

P: Ud. no entiende nada de solidaridad y patriotismo.

N: Veamos, supongamos que el productor de cocos vende los cocos. ¿Qué recibe a cambio?

P: 8 palmeras por cada pepita de oro exportada en cocos.

N: No, porque como Ud. le cobra un impuesto del 35% a la exportación de cocos recibe solo 5,2 palmeras por cada pepita de oro esportada en cocos.

P: Buenos, es justo. Tenemos que cobrarles impuestos porque los pibes de la liberación de esta isla no van a cantar gratis a los actos de Parlanchina. Algo tenemos que darles. Son militantes pero no laburan gratis. Ud. entienda, son pibes de la liberación, pero tienen que tener para la birra.

N: Ok, sigamos. El productor de coco vende sus cocos y Uds. le dan 5,2 hojas de palmeras por cada pepita de oro que exportan. ¿Qué hace el productor con las hojas de palmera que Uds. le dan?

P: Puede hacer un depósito a plazo fijo al 25% anual.

N: Contra una inflación del 30% o más pierde plata. La tasa de interés es negativa. Y si siguen así la inflación va a llegar al 80% anual.

P: Ud. conspira con los medios para instalar que la inflación es alta en la isla, pero tenemos todo bajo control con el programa Guarda con los Precios.

N: Ud. lo que quiere es que los productores vendan sus cocos, Ud. le entrega hojas de palmeras que pierden valor todos los días y se queda con las pepitas de oro que mantiene su valor. ¿No le parece que es un chiste de mal gusto?

P: Son unos amarretes que les gusta abrazarse a los cocos como usureros.

N: Recuerdo a un personaje de esta isla, que vino con Uds. y le encantaba abrazarse a las cajas de seguridad. Pero ese es otro tema.

P: Los productores tienen que ser solidarios. Si tienen los cocos en los silos cocos, que vendan. Si les sobran cocos que sean solidarios y entreguen parte de lo que les sobra.

N: Justamente aprovecho para hacerle un pedido. Veo que Ud. tiene dos ojos. ¿Ve bien de los dos ojos?

P: Sí – respondió Patilludo intrigado por la pregunta.

N: Vea, el  otro día un chico perdió la vista en la isla. ¿Sería tan amable y solidario de donarle uno de sus ojos al chico?

P: No me venga con estupideces.

N: Le vengo con la solidaridad que Ud. tanto reclama. Si le sobra un ojo, ¿por qué no lo dona?

P: Yo estoy para otra cosa, no para estar discutiendo esos problemas. A mí me interesa que vendan los cocos para que entre oro, y no venden los cocos especulando con que van a recibir más hojas de palmera en el futuro. Pero nosotros damos certeza. El tipo de cambo de 8 hojas de palmera por cada pepita de oro se mantendrá

N: Vea, Uds. no la única certeza que dan es la de genera incertidumbre todos los días. Un día dicen que importan tomates y después dan marcha atrás. Otro día hablan de cobrar el impuesto a las chozas según el valor de mercado, y después Parlanchina los saca corriendo porque tiene muchas chozas en la isla y la funden. Otro día dicen que no se pueden comprar más de 25 pepitas de oro por internet y a los tres días dicen que ahora se pueden comprar algunas pepitas de oro para ahorrar. Con esas contradicciones la gente no les cree nada. Si Uds. dicen que es de día,  la gente se asoma a la ventana para ver si hay sol o es de noche. Perdieron toda credibilidad. Y cuando se pierde la credibilidad, la gente defiende su patrimonio como puede.

P: Primero está el bienestar de la isla y eso significa que tienen que entender que las hojas de palmera es la moneda de esta isla.

N: Las hojas de palmera no son un símbolo patrio de esta isla. La moneda es una mercadería que tiene la característica de ser aceptada como medio de intercambio y reserva de valor. Solo eso. Es una mercadería como cualquier otra. No sea tan bruto de confundir las hojas de palmera con el himno de la isla o  la bandera. No es más patriota quiten tiene hojas de palmera que se deprecian que el que opta por las pepitas de oro. Uds. confunden deliberadamente las hojas de palmera con los símbolos patrios para denunciar como antipatriotas a los que no aceptan esas hojas de palmeras que Uds. emiten y se deprecian. Y es deber de un buen jefe de familia defender los ahorros y los ingresos de su familia comprando pepitas de oro. El jefe de familia tiene la obligación de defender los ahorros de su familia de las locuras que Uds. hacen.

P: Sin embargo en la isla vecina nuestra al norte, la Brasileira, la gente no usa el dólar. Hay pocos dólares por persona.

N: Y bueno, si los de la isla Brasileira se dejan cobrar el impuesto inflacionario es cosa de ellos. Acá la gente, legítimamente se defiende el impuesto inflacionario que Uds. quieren aplicar. Y le digo más, es más patriota aquel que defiende sus ahorros que el que deja que Uds. lo destruyan, porque el que defiende sus ahorros y los preserva de su rapiña, el día que esta isla sea gobernada por gente normal, entonces habrá ahorro suficiente para financiar las inversiones que van a ser muy necesarias. Le diría que eludir el impuesto inflacionario es un acto patriótico. Así que no me venga a correr con la patria y las hojas de palmera.

P: Sus palabras me confirman que Uds. es un conspirador para desestabilizar al gobierno de esta isla al rechazar las hojas de palmeras que emitimos y no vender los cocos acaparándolos.

N: Como lo decía antes, Ud. no utiliza argumentos económicos para debatir el tema. Utiliza argumentos de una película de intriga y conspiraciones. Eso es ficción. Ahora, si lo que Ud. quiere es darme ficción, la verdad es que es bastante mala la calidad.

P: De la esta conversación con Ud. veo que claramente hay un espíritu conspirativo. Ya no tengo más nada que hablar con Ud. Me voy a ocupar de un tema más importante.

N: No me diga que tiene de nuevo problema con el precio de los tomates.

P: No, ahora tengo problemas con el precio de la bola de lomo.

N: Que tenga suerte en resolver el problema de la bola de lomo. Buen día.

P: Espere, antes de irse una última pregunta. ¿Cómo está el ánimo en las calles de la isla?

N: Yo le diría que Uds. tienen dos opciones: a) o se incineran con el modelo o b) levantan la bandera blanca de rendición del modelo Nac&Pop.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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27/01/2014

"UNA VEZ MÁS Y NO PEDIMOS MÁS"

Por Gabriela Pousa (*)

Una más y no pedimos más”>, suelen clamar las masas cuando está terminando algún recital. Y difícilmente alguien ponga algún reparo ante ese simpático ‘pogo’ considerando el contexto donde se da.

Ahora bien, nadie medianamente sensato podría entender, y mucho menos justificar, ese mismo afán en un ámbito tan conflictivo y peligroso como el político. Sin embargo, a juzgar por los hechos de dominio público, los argentinos parecen estar repitiendo ad eternum ese cántico de barricada, y lo que es más grave aún, hay momentos en que hasta parecen querer más de verdad…

De lo contrario no se comprende que después de diez años de un modelo basado en la sistematización de la mentira y la tergiversación de la realidad; después de haber oído hasta el hartazgo las versiones más inverosímiles del relato, hablen del “levantamiento del cepo” como algo sino real al menos posible de dar… ¿Dónde vivieron todos estos años? ¿A quién le están dando crédito?

Podría hacerse un compendio larguísimo y tedioso de promesas incumplidas por políticos, pero basta con un racconto de frases que han quedado marcadas a fuego en la Argentina para darse cuenta que el problema no está exclusivamente en la dirigencia política. Hay una extraña devoción por la mentira.

Es verdad que hay que ser muy mayor para recordar, por ejemplo, a Celestino Rodrigo prometiendo que “No habrá devaluación brusca porque la tendencia de los últimos días se acaba esta semana”. Y encima recordar cuán larga fue ese semana…

También es cierto que hay que tener memoria prodigiosa para rememorar la tablita de José Alfredo Martinez de Hoz y su contundente vaticinio: “El régimen de tabla cambiaria seguirá hasta el fin de la década” (1980) o la sentencia sin titubeos de Christian Zimmermann, vicepresidente del Banco Central por esa época, asegurando: “La inflación está muerta”

Y puede que se haya olvidado en el trajín cotidiano también, la desazón de Juan Carlos Pugliese: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” o la amenaza directa del Presidente del BCRA, José Luis Machinea: “Si el mercado quiere dólares, le vamos a dar con el látigo”, un pedagogo de la aritmética…

Pero casi todos los que están leyendo estas líneas deberían – por su propia sanidad mental – recordar que en esta década un Secretario de Comercio predijo que “en los próximos días, lloverá gasoil”, o que un Ministro de Planificación juró que no habría crisis energética y “no faltará luz”.

Esos mismos deberían, a su vez, recordar que un senador actual sostiene que “la inseguridad es una sensación“. Pero claro, del “deberían” a la realidad a veces hay un “relato” aunque sea personal y ya no oficial… El kirchnerismo, en definitiva, no inventó nada. Cuántas veces preferimos desatender la verdad y endulzarnos con la falacia?

Desde luego, la memoria puede fallar. Pero no a punto tal de olvidar que fue Cristina Fernández de Kirchner quién dijo unos meses atrás: “Mientras yo sea Presidenta los que pretendan ganar plata a costa de devaluaciones que tenga que pagar el pueblo van a tener que esperar otro gobierno”. Imperdonable y lamentable sería olvidar porque se correría el riesgo de volver a apostar…

Ciertamente, en este ahora, volver a creerle a la dama parece una pavada. Pero o somos pavotes o cómo se explica el derroche de tinta y saliva explicando el “menguante cepo”? Cepo que, en primer término, para el kirchnerismo no existía, y que aún “no existiendo” sigue rigiendo desde el momento en que hay que pedir autorización a la AFIP para ver si puedo comprar – con mi dinero – un billete extranjero… No pasa en el mundo serio, pasa en Venezuela y pasa aquí.

Entre quienes prefieren creer no está, desde ya, la agencia impositiva que desde el vamos no creerá en su solvencia. En ese sentido, cabe decir que ellos son más inteligentes que muchos otros que pasaron el fin de semana indagando de qué trata todo esto. Porque ellos no creen ni en usted ni muchísimo en sí mismos. Y están hace diez años en el gobierno no por casualidad sino porque previo a la devaluación del peso, devaluaron la palabra, y consecuentemente todos los conceptos.

Hay dos idiomas que ya nada tienen que ver entre sí: el de la gente y el de los dirigentes. La seudo disminución del cepo será en breve otra de las frases apoteósicas para sumar a la lista de engaños y desvaríos que sepultaron a la política nacional hace tiempo.

El que depositó dólares recibirá dólares”, “el que apuesta al dólar pierde”, “estamos condenados al éxito”, “se acabó la fiesta para unos pocos”, “no voy a dejar las convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno”, “traje a rayas para los evasores”, y tantas otras zonceras que aunque a veces suenen legendarias o graciosas, han colaborado también a traernos a este “aquí y ahora”.

La política murió cuando la palabra dejó de ser un valor, no cuando el peso se equiparó al dólar o el dólar se disparó. La despojaron de honor, de ciencia, la sumieron en la miseria, le quitaron la categoría de arte y la confinaron a un hobby limitado a quienes aspiran a vivir a costa de sus pares. Esa es la mayor y más grave de las crisis argentinas.

Hoy, quienes están hundiendo el Titanic nos mandan a los botes y nosotros vamos confiados en salvarnos cuando, en realidad, tales botes no existen. Se está dando crédito a la palabra de quienes ayer hablaban de pleno empleo y ahora anuncian un subsidio para jóvenes desocupados y orgullosos dan cifras de cuántos se han anotado…

Se está esperando el lunes para preguntar: “¿Cuántos verdes me deja comprar?” ni más ni menos que a Ricardo Echegaray. Sí, ese mismo que hasta hace una semana justificaba aprietes y patoteadas. Se está esperando el lunes para ver qué pasa… Pues bien, me atrevo a restarles ansiedad: nada.

No pasará nada porque no tienen asidero las palabras de quienes prometieron que viajaríamos en tren bala, y sostienen que estamos mejor que Australia y Canadá.

Las expectativas generadas después del anuncio desesperado y desvergonzado del jefe de ministros y del titular de Economía no hablan mal del gobierno sino del pueblo.

Tras esa impertinente “conferencia de prensa”, analistas y medios debieron seguir como si no hubiesen existido tales palabras. Parafraseando a aquel viejo ministro, si nos hablan con la mentira respondamos con el silencio y la apatía. Una cosa es perder poder de compra y otra es perder dignidad como personas…

Ya se lo ve: lo dicho ayer hoy regresa en su versión “desmentida”: las compras con tarjeta seguirán sufriendo un incremento del 35% claro, suponiendo que acaso eso sea cierto…

En Argentina de 2014, el escepticismo es virtud indiscutida.

Ahora bien, esta convivencia con la deslealtad politica más mísera no parece terminar con Cristina. Quienes aspiran a sucederla sostienen ante cámaras que no es tiempo de hablar de candidaturas mientras en la costa atlántica sobrevuelan sus avioncitos proselitistas. Disimulen, al menos, parezcan lo que no son: serios.

La tendencia se acentúa. El dólar podrá ceder o no a las eternas coyunturas, pero la vida en Argentina se complica por una devaluación mucho más siniestra y peligrosa: la del valor de la palabra.

Hasta tanto eso no cambie, lo único importante seguirá siendo el precio del smartphone, el dólar o el tomate. Y entonar, una y mil veces, “una más y no pedimos más“, mintiendo también, claro está…

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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26/01/2014

CEPO: CANTAN FALTA ENVIDO CON CUATRO

Los kirchneristas apelan a las teorías conspirativas cuando en realidad vienen de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más

Por Roberto Cachanosky (*)

Con cara desencajada, Kicillof tomó el micrófono el viernes pasado por la mañana y dijo, casi con furia: “los mismos que nos dijeron durante diez años que un dólar valía un peso, son los que ahora nos quieren convencer que ahora vale trece”. Una vez más los kirchneristas apelando a las teorías conspirativas cuando en realidad venían de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más.

En pocos días se fueron y vinieron con el tema de si se prorrogaba el blanqueo. Después, se produjo la gran interna del gabinete para ver si se importaban tomates o no se importaban. Antes se desautorizaron entre ellos por el impuesto a los bienes personales. Y como frutilla del postre, solo unos días antes de anunciar que se iba a permitir a la gente comprar dólares para ahorrar o atesorar habían establecido un máximo de U$S 25 por año para las compras por internet. Aunque a Kicillof no le guste, la realidad es que el precio del dólar no depende únicamente de las variables económicas. La credibilidad que tenga un gobierno, la confianza que genere, también influyen en la cotización de la divisa. Si un gobierno prohíbe comprar más de U$S 25 por año por internet, el mensaje que está mandando es que le queda muy poca pólvora en la santabárbara para aguantar una corrida contra el peso.

Medida tras medida el mismo gobierno fue generando desconfianza en la gente sobre la marcha de la economía y, sobre todo, en el peso. La gente advierte como se derriten los pesos y los inventos del INDEC sobre el IPC ya ni son considerados por la gente, salvo para hacer chistes al respecto.

Desde el primer día de gestión de Néstor Kirchner, se advirtió que esto terminaba mal. Duró mucho porque tuvieron la suerte de la soja y, además, se consumieron todo el stock de capital acumulado (rutas, sistema energético, stock ganadero, etc.) y terminaron de destrozar el patrimonio del BCRA.

¿Por qué se advertía que terminaba mal? Porque además de desatar venganzas y persecuciones, era claro que subordinaban toda la política económica en la búsqueda de poder hegemónico. Crear una borrachera de consumo para, mientras tanto, avasallar todas las instituciones funcionó. Emborracharon a la gente con el consumo de celulares, televisores, electrodomésticos, etc. y mientras tanto nos robaban la república, lo cual implica quedarse sin estado de derecho. Todos sometidos al capricho del mandamás de turno, el sistema ideal para que huyan los capitales.

El problema se presenta ahora que ya no tienen cómo seguir pagando emborrachando a la gente con más consumo. Ahora viene el dólar de cabeza después de la fiesta de la noche anterior.

La estampida del dólar no es otra cosa que la fiebre que refleja la infección. ¿Cuál es la infección? Un gasto público disparado al infinito que hay que financiarlo con emisión monetaria porque ni la salvaje presión tributaria alcanza para cubrir los gastos.

Esa emisión monetaria es la que genera la inflación y hace que la gente huya del peso buscando refugio, entre otras cosas, en el dólar.

Ahora bien, a pesar que CFK negó infinidad de veces que hubiese un cepo, el Jefe de Gabinete y el ministro de Economía anunciaron, a las apuradas y sin muchas precisiones, que la gente podrá volver a comprar dólares para ahorrar o atesorar.

Si uno sigue la evolución de los acontecimientos, puede ver que, casi sorpresivamente Kicillof viajó a París. Volvió con las manos vacías el martes 21 y el miércoles 22 se desataron los demonios en el mercado de cambios. Casi recordando el famoso 6 de febrero de 1989, cuando el BCRA dejó de vender dólares y luego vino la hiperinflación, el miércoles 22 el Central se rindió y dejó subir el dólar oficial, lo cual continuó el jueves y el viernes se frenó por el anuncio mencionado.

Sobre lo que anunciaron caben algunas posibilidades: a) que el gobierno, perdido por perdido, esté cantando falta envido con 4. Con esto quiero decir que quieren ver si el mercado arruga, piensa que el Central tiene una tonelada de dólares para vender y baja el precio. Si a jugada la sale mal se abren dos posibilidades más, b) la AFIP no autoriza ninguna compra de dólares o compras mínimas o c) las autoriza y la gente le vacía las reservas que tiene el Central a precio de liquidación.

En el medio pueden intentar armar una bicicleta financiera. Esto es, subir la tasa de interés lo suficiente como para tentar a la gente a vender sus dólares y colocarse a tasa en pesos, con la expectativa que la tasa de interés le ganará al dólar. Así la gente devengaría una ganancia en dólares importante y el tipo de cambio se mantendría tranquilo durante un tiempo. Esto ya se hizo en varias oportunidades, particularmente con el plan primavera en 1988 y terminó muy mal. ¿Por qué?

Porque no existe el inversor que devengue indefinidamente una ganancia, sobre todo en el mercado financiero. Llegado un momento, el inversor se retira del juego, busca sus pesos y compra dólares nuevamente. Lo que se llama realizar la ganancia. El problema es que cuando el inversor retira los pesos del banco, lo hace por el capital invertido más los intereses ganados, lo cual genera una fenomenal presión sobre el mercado de cambios. Por ejemplo, supongamos que alguien vende sus dólares y deposita $ 100.000 a una tasa de interés anual del 30%. Si al año decide realizar su ganancia no compra dólares solo por el equivalente a $ 100.000, sino que compra por $ 100.000 más los intereses devengados, en este ejemplo, por $ 30.000. La demanda de dólares ahora no será por $ 100.000 sino que será por $ 130.000. Ahí estalla el mercado.

Por ahora, lejos de anunciar que elimina el cepo, lo que anunció el gobierno es que lo flexibiliza. Habrá que ver cuánto lo flexibiliza en la práctica y cómo le va. Mi impresión es que a $ 8 le compran todo.

Si el gobierno canta falta envido con 4 y luego se va al mazo, entonces el blue podemos ir a buscarlo a júpiter.

Es más, mientras no pongan orden fiscal, la infección que es la que genera la fiebre inflacionaria y la corrida contra el dólar no se va a curar. Así que esto tiene muchas facetas para ver qué hacen.

Última pregunta. ¿Con $ 8 por dólar lograron un tipo de cambio de equilibrio que les permita flexibilizar el cepo, como dijo Capitanich? En mi opinión, con el lío que tienen en los precios relativos y el desborde fiscal lejos están de haber alcanzado el nivel de convergencia, como lo denominó Capitanich y mucho más lejos cuando se a un “equipo” económico que lo único que sabe hacer es goles en contra.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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23/01/2014

UN DISCURSO Y UN MENSAJE: NO ME IMPORTA NADA DE USTEDES

Ya los usé y ahora los descarto. No me sirven más.

Por Roberto Cachanosky (*)

El discurso de hoy de la presidente consistió en lo mismo de siempre. Describir un país irreal. Afirmar que no hubo ningún gobierno mejor que el de ella y el de Kirchner, cuando insistió con la década ganada y las estampillas del correo. Negar la pobreza. Ignorar la crisis energética que padecen miles de personas, la inflación que está haciendo destrozos en los presupuestos familiares, una corrida cambiaria monumental con una devaluación del 10% en un mes del tipo de cambio oficial, el papelón que hizo Kicillof en París y mil problemas más no fueron ni por casualidad rozados en su breve discurso.

Cristina Fernández de Kirchner ignoró todos esos problemas como diciendo: no me importa nada de lo que le pase a Uds. Mi relato es éste y no esperen nada más de mí para solucionar los problemas que nosotros mismos creamos, porque nunca se los voy a reconocer.

Es posible que su salud ya no la ayude para enfrentar la crítica situación a la que han llevado al país. Es más probable que tampoco tenga idea de cómo salir de la crisis que ella misma generó. Y también es posible que sepa que no tiene colaboradores en quién delegar funciones porque, siempre recordando a Hayek, los gobiernos autocráticos tienden a rodearse de los peores elementos de la sociedad.

Su ego la llevó a comenzar el acto auto citándose pero,  esta vez,  con algunos videos de sus discursos y sus gestión. Como diciendo: esto lo hice yo y no me vengan a reclamar mucho más porque con Néstor transformamos el país.

Lo cierto es que, luego de su discurso, que supera cualquier novela de ciencia ficción cuando describe la situación económica actual, el dato que quedó en claro es que no piensa hacerse cargo del problema que generó el kirchnerismo en esta década infame en que se destruyó la economía y las instituciones. Es como si, en su subconsciente, estuviera pensando: ya los usé y gocé del poder. Ahora que no hay más caja y la fiesta de consumo no puede seguir, a mí no me importa.

Por lo tanto hay que tomar nota. No piensan hacerse cargo de nada, ni solucionar ningún problema. Todo su proyecto parece centrarse en un solo objetivo: aguantar hasta dónde pueda y, si lo logra, que la bomba le explote al que viene.

Los argentinos estamos avisados. No le interesa lo que nos pase. Y, todo este desastre que tenemos que soportar será culpa, en todo caso, de algún grupo conspirativo.

En síntesis, su discurso totalmente fantasioso parece esconder el mensaje de: a mí no me importa nada de lo que les pase. Y van a tener que aguantarse hasta dónde yo  pueda aguantar. Ya los usé y ahora los descarto. No me sirven más.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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19/01/2014

PENUMBRAS DE UN VERANO ANTICIPADO

Por Gabriela Pousa (*)

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos” 

Pablo Neruda (Poema 20)

En medio del desconcierto general, una certidumbre: ya nada será lo que antes fue. Adiós al despilfarro obsceno de actos inútiles, adiós a los anuncios grandilocuentes de naderías vendidas como magnánimas, adiós a las inauguraciones repetidas, adiós al atril irreverente aunque Ella regrese.

Enmudeció la fatua oradora y Argentina quedó a la deriva, sorda. Ni sorpresas ni asombros. El desenlace era previsible, la caída también. El derrotero es consecuencia lógica de diez años de cortoplacismo desmesurado, de relatar en lugar de administrar, de llenar las arcas propias vaciando las del Estado. La deuda que dejará el kirchnerismo va mucho más allá de una cifra matemática.

Hay generaciones desperdiciadas. Basta con observar lo acontecido hace apenas unas semanas cuando cerró subrepticiamente sus puertas un colegio privado del barrio de Palermo, el Guido Spano, una veintena de criaturas de 6 y 7 años terminaron reclamando con cacerolas y bombos sentados en el asfalto. Más allá de la legitimidad de la protesta, lo destacable es observar cómo, quienes nos han de heredar, reaccionan frente a un imponderable: cortando calles. De igual manera lo hacen quienes se ven afectados por los cortes de electricidad. Se ha hecho carne la concepción kirchnerista de pedir, exigir o defender un posible derecho perjudicando al resto.

La cultura del lloriqueo es el legado de lo que llamaron la “batalla cultural” que han dado. Consecuentemente, se ha matado el derecho constitucional a transitar libremente.
No hay más reglas de convivencia, el contrato social, en el mejor de los casos, es un ejemplar de un tal Jean Jacques Rousseau, en algún estante de la biblioteca que no se ha tocado.

El país es una selva donde prima la ley del “sálvese quién pueda”, y quien mejor ha comprendido esto es precisamente, el kirchnerismo. Cada ministro está abocado a difícil tarea de borrar huellas, de abrir contactos, de acercarse a jueces y magistrados… Esa es la única y todopoderosa agenda de la dirigencia.

La mismísima Presidente se halla abocada a ella, mejor o peor de salud, es consciente que sólo puede salir de escena con la impunidad firmada, sino se la verá complicada. Esa es la respuesta para quiénes preguntan dónde está o qué hace Cristina: intenta salir limpia. Gesta de un Sísifo para quién echó barro sobre el brillo.

Ahora bien, así como resulta ingenuo creer que el gobierno puede revertir esta tendencia hacia la faz más aguda de la decadencia, subestimar su capacidad de daño sería también un engaño. Están en el gobierno, tienen mayoría parlamentaria, lapicera para firmar decretos, y teléfonos para apretar dependencias del área que fuera. Sobran pruebas de lo diligentes que son para esas tretas.

Sin embargo, hay algo que parecen no estar ya dominando: la calle y el calendario… Nótese que estamos iniciando el 2014 como si fuera un año electoral donde se van a producir cambios.

En la costa, los candidatos hacen campaña sin contemplar las pautas preestablecidas por la ley electoral. Por la playa pasea el avioncito que antes publicitaba alguna crema hidratante con carteles proselitistas (a no ser que la leyenda “Massa-Giustozzi” remita a algún electrodoméstico nacional y popular más…) En definitiva, el almanaque parece no estar ya en sus manos.

La oposición que le regalará complicidades inusitadas al oficialismo se mantiene en ese laxo ritmo de lo indefinido. Su ausencia debería inquietar más que la de Cristina. Todos quieren pero ninguno se atreve. Saben que una palabra puede encender el fuego, y no quieren hacerle otro favor al gobierno. Si alguno da un paso en falso, Cristina podría transformarse en la versión femenina de Fernando De La Rua. Nadie la quiere disfrazada de víctima. Nadie quiere tampoco ser el que recite la fatídica frase: “hemos recibido un país en llamas”. No hay paciencia ni tolerancia para eso en la calle.

Así, lo que tenemos es un lento letargo sin definiciones claras. Se ve el precipicio pero no se sabe a ciencia cierta en que momento la piedra chocará con el agua. Todos imposibilitados de avanzar pero también todos sometidos al retroceso. ¿Cómo se sale de esto?

Esa es justamente la respuesta que debería dar la Presidente. Por eso su silencio, por eso el misterio, por eso la nada… La política en general no está dispuesta a respondernos. Lo que vemos no son pichones de estadistas sino meros actores de reparto que para subir a escena necesitan tiempo. Tiempo para aprender pero, sobre todo, tiempo para ‘limpiarse’. Muchos han formado parte o han estado demasiado cerca del enfermo, ¿cómo aparecer de pronto prometiendo cura para los males que ellos mismos produjeron?

El país es un gran signo de interrogación. La gente no entiende y es comprensible su desconcierto. Unos han pecado por obra, otros por omisión. Lo real es que hay culpas en exceso, no hay redentores y el paraíso está muy pero muy lejos.

Lo triste, en definitiva, es que un país entero está hoy dependiendo del humor y el capricho de una mandataria que supo articular discursos, dar lástima vistiendo de negro y asirse del 54% de votos para terminar, dos años después, con una aceptación de apenas un 23%

Pero el kirchnerismo no se da por vencido fácilmente. Si algo lo caracteriza es su afán vengativo. Es muy posible que Cristina despliegue las pocas fuerzas que le quedan en planificar venganzas absurdas, torpes, vanas… Y simultáneamente, busque un “delfín” que pueda sobrevivirle y la “cuide” luego. La danza de candidatos, sin embargo, huele más a globo de ensayo para medir el clima social que a realidad.

Quien parece asegurarle impunidad a cambio de respaldo es Eugenio Zaffaroni. No es de extrañar pues que, en breve, el juez que ya anunciara su retiro festejando con Boudou y Bonafini su cumpleaños, empiece a ser destacado por hazañas meramente sacadas del relato.

Lo cierto es que el ocaso es un hecho. No lo es todavía, el día que un nuevo sol empiece a surgir en el firmamento. Habrá pues que asumir que la oscuridad que provoca la crisis energética, no es la única con la cual hemos de convivir en los meses venideros.

Quizás, el poeta no se equivocaba cuando decía que la oscuridad es el miedo a los fantasmas vivientes… Y hoy, Cristina Fernández de Kirchner parece ser uno de ellos.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas".

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19/01/2014

NAÚFRAGO A PATILLUDO: CON USTEDES NO HAY FUTURO

Nadie invierte por lo que ganó en el pasado, sino por lo que espera ganar en el futuro

Por Roberto Cachanosky (*)

Parlanchina estaba realmente desolada. Veía la crisis energética en la isla, la inflación, aunque ella no permitía hablar del tema, como se le evaporaban las reservas del Ente de Destrucción Monetaria, la gente malhumorada y encima en el mercado paralelo el dólar cotizaba a 12 palmeras el dólar. Casi un 60% más que en un año.

Patilludo, que estaba con ella, alzaba el dedito dictando cátedra para explicarle a Parlanchina qué estaba pasando, pero ella estaba en otra cosa, tanto que le dijo: Patilludo, no me hables más del tema, llámalo al náufrago y debatí con él. Estos isleños desagradecidos no me merecen como su gobernadora toda poderosa. Yo les di toda mi sabiduría para hacer prospera esta isla y me contestaron con el bolsillo. Yo me voy al jardín a jugar con Simón Templar.

Patilludo se fue para su choza del ministerio de destrucción económica y al rato llegó el náufrago.

Patilludo: Pase y siéntese. Acá hay una gran especulación contra las hojas de palmera. Los medios destituyentes y los economistas neoliberales están haciendo una campaña de desprestigio contra las hojas de palmera.

Náufrago: Vea, en primer lugar no hay tal campaña de desprestigio. O mejor dicho sí la hay. La campaña de desprestigio de las hojas de palmera la hacen Uds. al emitir a lo bobo. Pero si tan equivocados estamos, la gente se va a reír de los medios y de los economistas porque cuando vayan al mercado de la isla encontrarán que con 100 palmeras pueden comprar siempre lo mismo. Por lo tanto dirán: los medios y los economistas son unos chantas. Las hojas de palmera son moneda fuerte que hay que conservar.

Patilludo: no sea irónico. Porque si Uds. hacen campaña, la gente sale corriendo a comprar dólares y bienes. Huye de las hojas de palmera y suben los precios.

Náufrago: Ah, Ud. lo que me dice es que estamos fomentando la huida del peso.

Patilludo: Exacto.

Náufrago: Supongamos que realmente es como Ud. dice. Lo que estaríamos cambiando es el precio relativo entre las hojas de palmera y el resto de los bienes de la economía. Es decir, gracias a nuestra increíble influencia, lograríamos que la gente valore menos las hojas de palmera y más los dólares y el resto de los bienes.

Patilludo: Algo así.

Náufrago: supongamos que existe esa campaña y Uds. no emiten más hojas de palmera. Es decir, la cantidad de hojas de palmera se mantiene constante. Si Uds. no emitieran más hojas de palmera ese movimiento sería de una sola vez. Es decir, los precios en hojas de palmera subirían solo una vez y nada más, el aumento de los precios llegaría hasta donde llega la huida del dinero existente en el mercado. Luego, al ver que se estabilizan los precios, la gente volvería a demandar más hojas de palmera y menos dólares y bienes, con lo cual el nivel general de precios bajaría y volveríamos al punto de partida.

El problema, mi estimado Patilludo, es que Uds. alimentan las expectativas inflacionarias emitiendo muchas hojas de palmera. Entonces la gente huye de las hojas de palmera y se combina la menor demanda de hojas de palmera con menos bienes en el mercado, gracias a que Uds. cerraron la economía, y más hojas de palmera en circulación que Uds. emiten. Armaron la tormenta perfecta. Emiten muchas hojas de palmera, la gente no las quiere porque cada vez puede comprar menos bienes con esas hojas de palmera y, encima, hay menos bienes en la economía.

Patilludo: No confunda las cosas. El cierre de la economía tiene que ver con una estrategia económica que es el modelo de inclusión social. Sus teorías neoliberales lo llevan a querer abrir la economía y nosotros decimos que hay que sustituir importaciones para crear trabajo y generar más inversiones.

Náufrago: ¿Y quién le dijo que va a haber más inversiones con el cierre de la economía?

Patilludo: Como Ud. está atado a la ortodoxia neoliberal no va a entender que si nosotros estimulamos el consumo interno, la mayor demanda hace que los productores internos inviertan para producir más.

Náufrago: Y si es como Ud. dice, ¿por qué armaron ese programa de buchonear para cuidar? Si hay más consumo que Uds. estimulan, los precios no tiene que subir, las empresas invierten más. Le responden a la mayor demandan con más inversión y producción. Sin embargo Uds. se la pasan hablando de la especulación, de la cadena de producción. Arman planillas Excel para ver cómo son los costos de producción en la isla. Hacen acuerdos de precios con los almacenes de la isla. Vamos, Patilludo, ni Uds. se creen ese relato.

Patilludo: Ud. mezcla todo. ¡Nosotros cuidamos el bolsillo de la gente!

Náufrago: Mucho éxito no están teniendo.

Patilludo: Además los dólares no son para gastar en lujos. Son para invertir y comprar los insumos que necesitamos.

Náufrago: Deben estar invirtiendo mucho y comprando muchos insumos porque las reservas les vienen cayendo como piano de piso 11.

Patilludo: No se haga el gracioso.

Náufrago: Dígame, ¿por qué un productor de la isla va a invertir para aumentar la producción si al no tener competencia puede subir los precios? Al cerrar la economía a las importaciones Uds. dejan cautivo a los isleños del productor local y éste puede elegir entre invertir y que Uds. lo maten con impuestos o bien aumentar los precios, total no tiene competidores gracias a Uds. En ninguna parte del mundo los empresarios quieren competir. Prefieren los mercados cautivos. No veo por qué razón en esta isla se van a comportar diferente al comportamiento que tienen en el resto de las islas. Es justamente la función del gobierno eliminar las trabas a la competencia para que haya inversiones.

Patilludo: Por eso tenemos que regular la economía. Para que no suban los precios.

Náufrago: Claro, una regulación lo lleva a otra. Primero regulan las importaciones, luego regulan los precios. Como nos les resulta, amenazan con importar tomates. Usan la apertura para controlar los precios, no para estimular la competencia y la inversión. Pero, agrego, como se necesitan insumos importados sobre los que Uds. no pueden controlar los precios, entonces se entretienen armando planillas Excel para ver dónde la pifiaron.

Patilludo: ¡Los productores isleños tienen que exportar más!

Náufrago: Es que Uds. mismos hacen que nunca puedan exportar más, porque al quitarles la competencia no invierten, ajustan por precio. Eso los hace menos competitivos con relación a los productores de las islas vecinas. Encima el tipo de cambio real hojas de palmera versus dólares está artificialmente atrasado, y cartón lleno.

Uds. no entienden que fue su propia política económica la que causó que cada vez haya menos dólares.

Patilludo: ¿Por qué dice eso?

Náufrago: Al atacar los derechos de propiedad, desestimularon la inversión. Encima pusieron ese maldito cepo cambiario del que no pueden salir. Así que nadie invierte para después no poder girar sus utilidades. Sin inversiones no hay competitividad. Sin competitividad no hay exportaciones. Sin exportaciones no tienen dólares, porque de los que son para invertir no entra uno solo. Uds. solo se metieron en este problema. En resumen, al atacar la propiedad privada espantan las inversiones y no entran dólares. Encima, al cerrar la economía y atrasar el tipo de cambio real les caen las exportaciones, con lo cual la oferta de dólares es cada vez menor por culpa de Uds.

Patilludo: Parlanchina tiene razón, el pueblo de esta isla es ingrato. No la merece como gobernadora toda poderosa. Encima la gente desprecia las hojas de palmera y compra dólares.

Náufrago: ¿Uds. todavía no se dieron cuenta que tienen una rebelión fiscal?

Patilludo: ¿De qué rebelión fiscal me habla?

Náufrago: De la subida del dólar paralelo. La gente huye de las hojas de palmera para no pagar el impuesto inflacionario. Tiene una rebelión fiscal contra el impuesto inflacionario. Por eso sube el dólar o, si prefiere, bajan las hojas de palmera.

Patilludo: Claro, y ahora me va a decir que bajemos el gasto público para que no haya déficit fiscal. La típica receta neoliberal y ortodoxa del ajuste.

Náufrago: El ajuste ya lo hacen Uds. de la peor forma con la inflación que está licuando los salarios de la gente.

Patilludo: ¿Y qué haría Ud. para frenar la suba del dólar en el mercado marginal? ¿A ver si tiene alguna idea?

Náufrago: Uds. ya no pueden hacer nada porque perdieron toda credibilidad. Ya no tienen salida. Lo único que pueden hacer seguir destruyendo la economía hasta dónde aguante la gente. El problema de Uds. es que nunca entendieron la relación entre calidad institucional, inversiones y crecimiento. Creyeron que atropellando a la gente. Violando los derechos de propiedad. Fomentando la vagancia para tener votos cautivos y cerrando la economía podían dominar el mercado. Pero se equivocaron. El mercado es un proceso. Un proceso de descubrimiento para que los inversores detecten dónde hay una demanda insatisfecha. Uds. destruyeron la moneda y los precios, por eso dejaron sin guía a los inversores y encima los espantaron con sus amenazas. Ahora es tarde. No pueden conseguir que nadie traiga dólares, las exportaciones de la isla languidecen y, encima, necesitan más dólares para importar combustibles por la crisis energética que generaron. Uds. son una cuadrilla de demolición.

Patilludo: Con Ud. nunca nos vamos a poner de acuerdo. Los empresarios ganaron mucho dinero en el pasado gracias a nuestro modelo. ¡Que ahora inviertan! Eso es lo que pide Parlanchina. Por eso dice que no la merecen como su majestad gobernadora todopoderosa de la isla.

Náufrago: ¿Sabe cuál es su problema en el razonamiento y el de Parlanchina?

Patilludo: ¿Cuál?

Náufrago: Que nadie invierte por lo que ganó en el pasado, sino por lo que espera ganar en el futuro. Y con Uds. no hay futuro. Que tenga buen día Patilludo.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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16/01/2014

EL NEOLIBERALISMO, EL ENEMIGO

Podrán inventar el enemigo del neoliberalismo, pero la realidad es que están por pagar el costo de haberse lanzada a un populismo desenfrenado.

Por Roberto Cachanosky (*)

En una de sus matinales conferencias de prensa, el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, afirmó que "desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores". Vaya uno a saber qué significa neoliberalismo, lo que siempre estudié es la  corriente liberal que, por cierto, no se concentra en la economía sino en una serie de principios en el que el monopolio de la fuerza que se le delega al Estado es para defender el derecho a la vida, la propiedad y la libertad de las personas. El liberalismo se opone, justamente, a que los gobiernos utilicen ese monopolio de la fuerza contra los habitantes del país. En todo caso, Capitanich, que pasó por ESEADE, debería saber que el primer libro de Adam Smith se titula Teoría de los Sentimientos Morales, que el tratado de economía de Ludwig von Mises tiene como título La Acción Humana, porque la economía es la ciencia de la acción humana o que una monumental obra del Hayek se titula Derecho, Legislación y Libertad y otra anterior Constitution of Liberty, por no citar el famoso Camino de Servidumbre. Cito estos tres autores porque todo parece indicar que Capitanich se limita a identificar el liberalismo con la curva de oferta y demanda, cuando, justamente, los autores liberales concentraron su análisis en el marco institucional que debe imperar para que la economía pueda crecer y mejorar la calidad de vida de los habitantes en forma sustentable.

Formulada la aclaración sobre el fantasma del liberalismo que parece ver el gobierno, según las palabras de Capitanich, la realidad es que es el propio gobierno el que quiere limitar los aumentos salariales marcando máximos de un 18 o 20 por ciento anual.

Pero el problema es que durante todos estos años el gobierno actuó al revés de lo que indica una sana política económica, olvidando la ley de Say, que dice que la oferta crea su propia demanda. ¿Qué quiso decir Jean-Baptiste Say en su famoso Tratado de Economía Política? Simplemente que "los productos, en última instancia se intercambian por otros productos" o, puesto de otra manera, antes de poder demandar bienes hay que haber producido otros bienes para intercambiarlos por los bienes deseados. Ejemplo, el panadero le compra al zapatero los zapatos gracias a que primero generó ingresos produciendo pan que le vendió al pintor, que a su vez ganó dinero pintando casas y con eso le compró pan al panadero. Y el dueño de la casa le pagó al pintor con los ingresos que generó fabricando trajes, que se los vendió al abogado que le compró el traje gracias a los ingresos que generó vendiendo sus servicios de abogado. Lo que nos dice Say, es que para poder demandar, primero hay que producir.

Es más, cuanto mayor stock de capital tenga la economía, mayor será la productividad y más bienes y servicios estarán a disposición de la gente, lo que implica que a mayor inversión, más oferta de bienes, precios más reducidos y salarios reales que crecen gracias al aumento de la productividad. Es en este punto en que se relacionan calidad institucional con inversiones y mejora en la calidad de vida de la gente.

Pero el kirchnerismo tomó otro camino. Forzó un consumo artificialmente alto que nada tenía que ver con la productividad de la economía (el stock de capital existente). Más bien se limitó a consumir el stock de capital que había para financiar un nivel de consumo artificialmente alto.

Como ya no queda gran stock de capital que el Estado pueda confiscar para financiar el consumo artificialmente alto que impulsó en todos estos años. Además la tasa de inflación es asfixiante y genera malestar en la población, la presión impositiva es insoportable y el acceso al crédito está cerrado, Capitanich no tiene mejor idea que inventar un nuevo enemigo: el neoliberalismo, que en palabras del Jefe de Gabinete, quiere ajustar los salarios, cuando en rigor, es el gobierno el que está ajustando los salarios reales licuándolos con el impuesto inflacionario y no encuentra más stocks de capital y flujos de ingresos para confiscar y repartirlos para que la gente sostenga un nivel de consumo artificialmente alto.

Puesto en términos más sencillos, las palabras del Jefe de Gabinete parecen confirmar que el gobierno tiene miedo a decirle la verdad a la gente, esto es que durante la famoso década ganada lo que se hizo fue forzar el consumo por encima de los bienes y servicios que realmente podía generar la economía y ahora, como no puede decir que estuvo engañando a la población, inventa un enemigo fantasma: el temido neoliberalismo que nadie lo conoce, pero por lo que cuentan las voces oficialistas, parece ser un monstruo muy malo cuyo mayor placer es que la gente se muera de hambre por la calle.

Recordará el lector cuando la presidente decía que era bueno que las tarifas de los servicios públicos fueran baratas porque de esa forma la gente disponía de más dinero para consumir. Claro que nunca les avisó que a cambio del televisor, del celular o del electrodoméstico iba a tener cortes de luz por crisis energética, trenes que generan tragedias y rutas que están destrozadas. Y, encima, no hay plata para financiar el arreglo de toda esa destrucción de stock de capital. Ahora no hay ni más electrodomésticos ni luz.

Mi impresión es que esa desafortunada frase de Capintanich: "desde el neoliberalismo se pretende ajustar el salario de los trabajadores", esconde un problema mucho más profundo, que es que tienen miedo de decirle la verdad a la gente. ¿Cuál esa verdad que tiene miedo de decir? Que ya no hay más recursos para sostener la fiesta de consumo artificial. Tienen miedo de decirle a la gente que la engañaron durante un tiempo, pero ya no pueden engañar a todos todo el tiempo. No hay más plata para seguir con la borrachera de consumo que ellos mismos crearon.

Podrán inventar el enemigo del neoliberalismo, pero la realidad es que están por pagar el costo de haberse lanzada a un populismo desenfrenado. Simplemente llegó la hora de la verdad.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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17/07/2013

 

CUANDO MÁS MIRO EL HORIZONTE, MÁS CERCA DEL PRECIPICIO ME VEO

Argentina: un enfermizo y crónico escenario

Por Juan de Dios González (*)

Los argentinos pareciéramos vivir una realidad producto cruel de nuestras actitudes y modos de ser. Somos vanidosos, pedantes e ilusos, tramposos y burlones, inestables anímicos, exitistas, indiferentes o violentos. El decir popular comenta “Dios es argentino” e imaginativamente pensamos “nos perdonará porque es su función”. 

Nos sentimos agraviados y menoscabados por la menor mención de algunas de nuestras debilidades o fallas, lejos de corregirnos potenciamos los defectos y denostamos a quienes intentan hacernos ver la naturaleza de nuestros vicios.

Con justa razón nos quejamos de las autoridades, pero nunca percatamos que son el producto fiel de nuestra esencia. 

Deseamos un cambio, y para ello, impróvidamente, optamos por alguien o hacer algo, siempre sin razonar cuales son las cualidades y virtudes de ese individuo o de esa acción, simplemente, nos dejamos llevar por las corrientes especuladoras, obscurantistas, generatrices de la decadencia, del fracaso y la frustración; o nos embelesamos con la tendencia doctrinaria y filosófica en boga, sin conocer con profundidad de que se trata. Luego, ante el desmoronamiento, producto de la desatinada elección, entramos en depresión y desesperanza, buscando responsables por doquier y no encontramos un espejo donde vernos reflejados. De no ser así, mitigamos la iracundia  con  la violencia, la manera mas cómoda e injusta de canalizar las broncas. No percatamos que la violencia sofoca la verdad, que siempre es un acto de debilidad y generalmente es conducida por quienes se sienten perdidos y no tienen ideas ni proyectos. La violencia nunca será el remedio y sus propiciadores son quienes, desde las consecuencias,  fomentaran una mayor opresión y angustia.

Seguimos siendo noticia en el mundo, no precisamente por actos que prestigien a nuestra Nación o a nuestros conciudadanos; todo lo contrario, siempre propiciamos la noticia triste, descolorida, violenta, amarga, reprensible,.....nunca rompemos el “status quo” con hechos, actitudes o acciones que propaguen nuestras cualidades, virtudes y bondades. Muchos pensarán que no las tenemos.

Pregunto ¿hacia donde vamos los argentinos? ¿cuál será nuestro destino?.

Al no encontrar nuestra propia identidad, sumado el vacío de poder existente, por lo desacreditada que se encuentra la clase dirigente, mas la presencia de una inmensa crisis sociocultural y económica, la República se ha convertido en un gigantesco polvorín.

La acumulación explosiva se ha ido incrementando por impericias, corruptelas, mentiras, por despotismo y absolutismo político. Solo falta saber quién provocará la chispa que origine la detonación.

Tal vez desapareceremos para siempre, o quizás, de las cenizas, florezca una nueva nación.

Creo que aún existe una leve esperanza, y ella está fundada en un inmediato cambio de mentalidad,  en una extinción de nuestra cruel naturaleza.

El General San Martín dijo Si hay victoria en vencer al enemigo, la hay mayor cuando el hombre se vence a sí mismo”.

(*) Director de Crónica y Análisis Periódico On line.

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23/06/2013

LO APRENDIDO Y LAS INFALIBLES VERDADES

Por Juan de Dios González (*)

Un buen libro no es aquel que piensa por ti, sino aquel que te hace pensar.

James McCosh

Muchos se jactan de lo que saben, pero a mí me deleita lo que he aprendido.

Mis maestros no fueron los únicos que me educaron, fue la realidad quien me ilustró, la realidad me civilizó y me hizo independiente, puliendo en mi mente el determinismo oscuro y oculto tras las enseñanzas viciadas de oscurantismo (esa forma tenebrosa para ocultar la vacuidad y que considera a la gente intelectualmente incapaz de conocer los hechos y la verdad sobre los gobiernos y sus actores). Así, se fue borrando de mi pensamiento lo relativo y se potenció en mis sentidos lo real, dejando totalmente de lado lo ficticio e ilusorio, lo mezquino y obsecuente, lo egoísta y clientélico.

Saber no significa comprender, entender y mucho menos vislumbrar el futuro.  Aprender representa estar siempre en contacto con la realidad, lo que sumado a lo consabido puede ayudarnos a distinguir los matices que representan los colores del escenario y del contexto en que vivimos.

La verdad es uno de los temas centrales de la teoría del conocimiento. En la filosofía platónica, la verdad era el reconocimiento de la idea. El aristotelismo impuso el criterio de la verdad vinculando el juicio con el objeto, concepción aceptada por la escolástica y prolongada incluso en el pensamiento kantiano.

Para el marxismo, la verdad es el resultado de la correlación entre la actividad humana y unas actitudes de transformación del proceso histórico. Para las corrientes existencialistas, la verdad consiste en el desvelamiento de la realidad auténtica, el ser en contraposición con la apariencia.

Existen verdades viejas y verdades nuevas; hay verdades centrales y verdades superficiales.

Las viejas son aquellas que fueron tales en determinado momento histórico y sostenidas por la realidad del momento, luego suplantadas por verdades nuevas nacidas como consecuencia de una situación y un contexto distinto y actualizadas al instante concreto del reloj de la historia.

No obstante, la verdad central es aquella que se sostiene a través del tiempo en contraste con las verdades superficiales o simples sofismas, tan en boga en este transitorio y perverso presente.

Muchos son los que pretenden ser dueños de la verdad al momento de postularse como potencial candidato o ejercer su apoyo a determinada candidatura. Para ello, si les resulta necesario y conveniente transformar una evidencia en una mentira, lo hacen con total desparpajo y naturalidad. 

Y se dicen políticos... Confunden el objeto de la política, ésta debe ser utilizada para transformar la realidad circundante y no para desvirtuar la realidad dominante.

Este pensamiento negligente posterga la solución de los conflictos, pues estos políticos que viven con buena conciencia por mala memoria, poseen una ceguera parcial y selectiva que atenta contra ese protagonismo y compromiso adquirido en su momento, cuando eran simples aspirantes o postulantes.

Estos personajes que mienten, engañan, difaman..., en definitiva, no hacen otra cosa más que atentar contra las verdades centrales.

En ese afán de demostrar lo que en realidad no son, cometen deslices que los muestran como indefinidos e inciertos.

En el juego de las “roscas”, pactos, enroques y componendas, se juntan la Biblia con el calefón, el derecho con el traidor, el que “labura” con el ladrón; resultan más creíbles los embusteros que los evidentes y claros. 

La mayoría de nuestra clase política resulta un cambalache de sofistas, de embaucadores y de caóticos petardistas de nuestra cruel realidad.

Son muy pocos los que ante una realidad, basándose en la verdad central, promueven o intentan llegar al cambio con honestidad, capacidad, racionabilidad y virtudes verdaderas.

(*) Director de Crónica y Análisis Periódico On line.

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23/04/2013

¿NO SERÁ HORA DE ROMPER EL SILENCIO?

Por Juan de Dios González (*)

En la tarde de ayer, haciendo la fila en la caja del supermercado, donde habitualmente realizo las compras, escuché un diálogo entre los integrantes de la misma y de las hileras adyacentes, entre changos de por medio (algunos llenos y otros casi vacíos). Eran ciudadanos de distintas edades, en apariencia de heterogéneas clases sociales y de filosofías variadas; no obstante lo cual, me llamó la atención la extrema excitación y la coincidencia en sus afirmaciones y sentencias. Todos se sentían ninguneados y defraudados por la dirigencia política, tanto por parte del oficialismo como así también de quienes dicen conformar la oposición y organizan actos públicos pronunciando a los gritos sus inciertos propósitos.

Sin excepción, todos estaban disgustados por la realidad argentina y se sentían ofendidos por la manera vocinglera en que la clase política pretende hacerlos partícipes de sus mezquinos proyectos políticos en la búsqueda de su intención de voto.

Esta misma experiencia la he vivido conversando con taxistas o remiseros, en la parada del micro con otros pasajeros, en el cruce circunstancial con personas que no conozco, pero que sus propensiones surgen al simple intercambio de una opinión sobre el estado del tiempo.

Lo expuesto trajo a mi memoria un análisis que efectuara sobre el contexto argentino.

Asistimos, azorados y perplejos, como diariamente, mujeres, hombres, ancianos, jóvenes, niños, curas, policías, fiscales, jueces, etc., etc., son asaltados, secuestrados y atacados a balazos, por una delincuencia cada vez mas atroz y salvaje.

Ya nos hemos acostumbrado a los merodeadores, a la prostitución callejera, a los pungüistas, a los hurtos y también a las estafas constantes de nuestro patrimonio e ilusiones. 

La delincuencia no tiene límites. Ahora, ahora van por nuestras vidas.

Los delincuentes,  como fieras cebadas, relamiéndose, buscan a sus victimas por el solo placer de libar su sangre, sabor que ya paladearon y necesitan para saciar sus desenfrenos.

Nada es casual. Todo tiene una razón de ser. El efecto es consecuencia lógica de una causa, un origen, un principio. Entonces, nos surgen las preguntas: ¿quiénes nos llevaron a esta macabra realidad?, ¿Por qué?, ¿Para que?.

Las respuestas están bien documentadas, basta solamente con releer los diarios y con reproducir grabaciones de emisiones de televisión y radio.

Descubriremos que son los mismos que antes actuaban subrepticiamente y en las sombras; los mismos, quienes luego de arribar a los distintos estamentos del Poder y del Estado, utilizando todos los medios deformadores de opinión a su alcance, seguros de haber convencido a la sociedad  de que lo correcto y positivo para nuestro pueblo era imponer el garantísmo, la actitud libertaria y la anomia, promulgaron leyes sombrías, y para aquellas otras que no lograron derogar o reformar, le propiciaron una interpretación embriagada con una ideología permisiva, confusa, anárquica y de sugestiva imparcialidad.

Son los mismos que destruyen las Instituciones de la democracia, infectándolas con el germen de la decadencia y el caos. Son los forjadores del dogmatismo perimido y apócrifo. Son los que arruinaron y desmantelaron a la Policía de la Provincia de Buenos Aires y que ahora van tras la la justicia con la denominada "democraticación de la justicia" Son esos mismos, los que elaboraron la Reforma Judicial y Policial en la provincia con las stalinistas e indiscriminadas purgas de honorables oficiales Jefes, con las derivaciones y consecuencias por todos conocidas.

Son los mismos que justifican el delito agraviando y humillando a los pobres, dando a entender que  roban, violan y matan porque tienen hambre.  Los mismos que nos dicen: el crimen es producto de la droga, de la incultura, de la falta de trabajo, de la desesperanza; pero no dicen que son ellos los responsables y quienes tienen la obligación de bregar para que el ciudadano tenga pan, educación, trabajo, salud y expectativas de una mejor vida. Son ellos quienes tienen el compromiso y el deber de dirigir una frontal lucha contra el narcotráfico, con inflexible voluntad política y una adecuada legislación.

Entonces nos preguntamos ¿PORQUE? Será por desidia, por incapacidad, por algún interés; y luego nos preguntamos ¿PARA QUE? Será para disimular sus vicios, para delimitar sus ignorancias, para encubrir sus impurezas.

Inmediatamente surge la inevitable pregunta ¿HASTA CUANDO? ¿Hasta cuando soportaremos a estos  personajes que arruinaron el país y destrozaron nuestras vidas?. ¡BASTA!  ¡Basta de perjudicar a una mayoría honesta y decente, para proteger a una minoría transgresora y decadente! protegida y amparada por el poder del oficialismo, que no pueden justificar ni el calzoncillo ni la bombacha que usan.

“No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más que preocupa es el silencio de los buenos.”  - Martin Luther King

(*) El periodista Juan de Dios González es el Director de Crónica y Análisis Periódico On line.

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02/12/2012

¡BASTA DE MONARCAS, PRINCESAS, CACIQUES Y DE “CHANTAS” PETARDISTAS!

Por Juan de Dios González (*)

 “Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda” -

Martín Luther King

No se, si por haber tenido un agradable sueño, hoy desperté con buen ánimo y con deseos de escribir sobre temas amenos y gratificantes, que provoquen regodeo y delicia a la pluma en su trazo, dicha a mi espíritu y aliento a los lectores.

Mientras ingiero un liviano desayuno, para no tornar cargado el comienzo del día, leo los diarios.

Los titulares y encabezados comenzaron a alterar el buen amanecer, ni que decir el nivel de descomposición que fue adquiriendo mi templanza a medida que me introducía en el mundo de las noticias de los buenos medios de comunicación y en el inductivo proceso de desinformación de otras gacetillas divulgadoras, captadas o afectadas por tenebrosos intereses.

Los deseos apacibles y encantadores que estimularan mi buen despertar, se fueron tornando cada vez mas desagradables, desdichados y odiosos, por el fastidio que me generan los acontecimientos cotidianos y la repugnante naturaleza de la política argentina.

Obviamente, el argumento dio un giro de 180 grados a mis tempranas intenciones, a esta altura, la pluma comienza con trazos nervudos a volcar sobre el papel conclusiones fastidiosas, no por inoportunas  o desatinadas, sino, por tener que transcribir e interpretar la realidad que nos circunda sin una minúscula pizca de satisfacción, regocijo o estímulo.

Estos señores que juegan a políticos, son los responsables de no poder desarrollar una temática distinta a la habitual, son los responsables de subir los decibeles de la palabra, el aumento de la presión arterial y el cambio emocional.

A partir de allí, sin perjuicio de las apreciaciones inevitables sobre los inauditos sucesos, surgen los epítetos y calificativos, aumentando su vigor a medida que surgen nuevas patochadas  y en ese instante es donde comienzan los axiomas, al punto de parecer un exaltado y verborrágico redactor. Así, por ejemplo, debo conceptuar a estos causantes:

Son una mezcla rara de populismo, demagogia y caciquismo, con un mero matiz de voluntarismo. No son mas que mercachifles de la política de ocasión apoyados por un cortejo de insípidos y badulaques, a la vez,  sostenidos por carenciados y explotados que son impulsados por una comparsa de especuladores (manipuladores del clientelismo inmoral que generan bochornosos planes sociales).

Se jactan de pertenecer a la iluminada e idealista juventud setentista, subsisten revoleando en su arenga la izquierda apologista y farsante, pero mantienen constantemente la mano derecha aferrando sus colmados bolsillos, en el que atesoran espurios capitales, algunos operados por testaferros y otros escondidos en paraísos fiscales.

Grises mentes aprovechadoras de una mayoría silenciosa o adormecida por la ponzoña oficial . “Chantas” y embaucadores de la indiferencia popular.  Promovedores, mediante sutiles maniobras expulsivas, de las fugas de talentos formados en públicas universidades sostenidas con el producto de nuestros aportes impositivos; a quienes obligan huir hacia otros confines para poder desarrollar sus virtudes adquiridas -aquí desfavorecidas y menospreciadas- y que terminan beneficiando -con sus científicos aportes- a países mas desarrollados.

“Pícaros”, truhanes y bandidos; algunos dicen pertenecer al socialismo progresista, cuando en realidad  se copiaron mal del progresismo europeo y se quedaron empantanados en el encrucijada de las ideas y las conveniencias; otros dicen ser de arriba, de abajo, de mas allá o de mas acá, pero terminan transitando de manera pendular, sin ideas, sin plan, solo deambulan por los recintos del poder disfrutando de los placeres y encantos de la figuración y el snobismo sin saber que hacer.

En este populismo crónico, se le da mas valor a las palabras (falsas promesas) que a los hechos, todo se hace de manera tal que el líder aparezca como el Mesías salvador y no se hace mas que desvirtuar la verdadera misión del gobierno; es por todo ello que no se tiene en cuenta lo que realmente tiene importancia, las Instituciones  que conforman el Estado, esas mismas que estos groseros caciques de tolderías intentan tornarlas permeables, ineficientes y corruptas.

También, resulta oportuno aclarar, que en su gran mayoría los argentinos somos proclives a identificar a los demás como culpables de nuestras frustraciones (a los gobiernos anteriores, a los organismos financieros internacionales, a los capitales argentinos, a los empresarios, a los países mas poderosos, etc. etc.). Admiramos el desarrollo de los países capitalistas y mas avanzados, pero los acusamos de nuestra desgracia. Esta costumbre de depositar la responsabilidad del fracaso en los otros, es aprovechada en los alegatos por nuestros políticos en esa búsqueda del apoyo popular y para hacer surgir, como por arte de magia, al individuo fuerte, honesto y capaz de constituirse en el adalid benefactor, tal el caso de la actual presidente, la ex princesa y ahora la monarca de los argentinos, quien tras su arribo al sillón de Rivadavia, no ha hecho otra cosa que intentar constituir su poder agrediendo y “diabolizando” discursivamente a todos los sectores que no le resultan afines.

A quienes se sientan aludidos les digo “"A quen lle coubese a saia que sa poña", como expresaba un amigo gallego (“A quien le quepa el sayo que se lo ponga”); y,  a los adormilados ciudadanos argentinos les sugiero despertar, ya no para nuestra dicha, sino, para comenzar a construir el país que deberían recibir las próximas generaciones las que a su vez deberán continuar trabajando sacrificadamente para el fortalecimiento y deleite de las que vendrán a continuación  Las cosas que mas tememos ya han ocurrido, si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo. Tengamos en cuenta que no se puede soplar y chupar a la vez. Debemos definirnos, debemos decidir que pretendemos ser, que color de bandera elegimos, que ideología abrazamos, cual es la dirección de  gobierno y administración que proyectaremos. Esto, que hoy tenemos, no representa nada.

El 8 N representó un gran avance, dio la sensación de un despertar ciudadano, con una gran reprimenda al gobierno y que también dejó en claro un llamado de atención a toda la oposición, esos políticos que critican pero no logran conformar una figura o una coherente coalición que represente los verdaderos intereses de la población, elaborando proyectos y posturas que fomenten la esperanza de lograr un país esterilizado y tolerable para todos los argentinos.

(*) Director de Crónica y Análisis Periódico On line.

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31/08/2012

TIBIEZA Y DESAPEGO ATOLONDRADO

Por Juan de Dios González (*)

Los últimos sucesos que mantienen a los argentinos impacientes y pendientes de cual será, entre otras cosas, el futuro de la República, ante los ilógicos y absurdos desparpajos del gobierno nacional; pero mucho... mucho más preocupados por cual será su propio destino, el de sus hijos y de sus nietos; me trajo a la memoria algunos párrafos de un artículo que escribiera tiempo atrás y que considero de coyuntura y con alta validez publicar.

Escucho con humildad y generalmente con mucha paciencia los análisis políticos con que algunos politólogos -con títulos obtenidos o atribuidos- tratan de explicar la realidad argentina, sin escatimar en la utilización de argumentos rebuscados y cargados de una doctrina ideológica perimida que ha naufragado tras el fracaso de quienes intentaron imponerla y que cayeron rotundamente junto con el muro de Berlín.

A pesar de pretender encontrar en mis exploraciones los basamentos teóricos que sustentan en sus sentencias, como así los métodos científicos utilizados para el arribo a tales conclusiones, me sorprende el osado y atrevido razonamiento en el que cimientan sus perversas conclusiones.

Sé que recalaron en la democracia y se aferraron a ese salvavidas dialéctico y polemista, como una manera de absorber el vacío producido por el desamparo que sufren al encontrarse sin la aureola protectora del socialismo científico y convencidos de que lo utópico ya fue y no es mas que una quimera supuesta y aparente.

Este esfuerzo que realizan se diluye en acciones libertarias sin objeto ni sustancia, y ante la menor dificultad o controversia recurren a la gestación de actividades anarquistas, subversivas o de confrontación infructuosa; sin saber como poner los topes coherentes y eficaces a las complicaciones que presenta un mundo capitalista y globalizado. Sus razonamientos –si se les pueden llamar razonamientos– no van mas allá de la mera confrontación de posiciones, sin el desarrollo de una perspectiva lógica fundada en la real voluntad de propiciar un mejor futuro para los argentinos, desde todo punto de vista.

Esta humildad a la que hago referencia al principio, es considerada generalmente como debilidad racional, pero si bien cargo sobre mi espalda un agotamiento físico, mi raciocinio no se ha diluido en un vaho etílico ni en la mansedumbre obsecuente de los oficialistas de turno, lo cual, a la vez me permite –no solo ver la realidad tal cual es y no como me la cuentan– sino, también, ver a un cúmulo de necios confrontando por tonterías y mezquinos protagonismos, perdiendo de vista los objetivos mayores que hace verdaderamente a los ideales y propósitos que nos aglutinan.

No me preocupa que consideren vanas y ociosas mis expresiones, pero si me interesa y considero que debe concernirles a muchos lo siguiente: estamos frente a un antagonismo que no es fácil ni desprevenido: es hábil, artero, farsante, mañoso y utiliza cualquier flanco débil que se le ofrezca para acrecentar su dominio y transformar la verdad y la realidad sacándola totalmente de contexto; por lo tanto, ese constante contradecir recurrente que leo y observo de gente allegada, solo sirve para alimentar y sustentar al antagonista y no para fortalecer lo que es nuestra filosofía de vida y pensamiento.

Considero, que más allá de las diferencias lógicas que pudieren existir de manera individual, sumadas a las aspiraciones políticas o protagónicas que quienes decimos profesar esa misma idiosincrasia, por el bien de la Patria y de las instituciones que la animan, debemos coordinar estrategias comunes con maniobras tácticas que faciliten el éxito de nuestros mayores propósitos y no ofrecer la coartada perfecta para que nos denigren y difamen.

Con todo respeto, dejémonos de bobadas, comencemos a comportarnos coherentemente, actuando de manera coordinada, sin ofrecer flancos ni debilidades, propias de inmaduros y bisoños.

La mayoría de los jóvenes tienen escasos conocimientos de los problemas sociales, culturales, políticos y económicos; salvo aquellos que lo padecen en carne propia pero que generalmente terceros -mal intencionados- tratan de transformar desvirtuando el origen, alterando las causas, y desviándolos de lo auténtico con argumentos inciertos.

Es decir los jóvenes pueden llegar a tener conocimientos sobre noticias de dicho orden, pero desconocen totalmente las patas de la realidad de hoy; y sobre todo, de quienes fueron y son los verdaderos responsables.

Estos jóvenes conocen a lo sumo lo anecdotario y no les dejan llegar a saber los basamentos ni la verdad histórica que existe debajo de ese manto oscurantista del relato desequilibrado y antojadizo de dudosos dogmáticos pedagogos y de deformadores de opinión.

Todo es producto de una corriente de relativismo cultural, impulsada desde factores, grupos de interés y de poder, con la única finalidad de generar una descomposición del razonamiento de la sociedad, introduciéndole un enfoque “desenfocado” de la realidad argentina que les hace ver una imagen nublosa y corrida que los confunde en la interpretación y el razonamiento de los acontecimientos históricos y sus consecuencias.

No solo en los jóvenes han producido una acción de descontextualización de la verdad, sino, también, han inyectado una dosis de amnesia en los cerebros de nuestros mayores, es decir en aquellos que vivieron paso a paso la acción transformadora de los hechos históricos, a punto tal que existen muchos convencidos de esta fábula – hoy contada – sin sustento real y verdadero.

No es solo culpa de quienes propiciaron este determinismo feroz y esta defensa de las ideas o actividades irracionales, retrógradas y perimidas, en oposición irregular con la verdad y de todo aquello que resulta bueno y positivo para el presente y el futuro de los argentinos; si no, también de ese gobierno constitucional que tuvo que asumir la responsabilidad política de enviar a las FFAA, FFSS y FFPP a “aniquilar” a esos, ahora llamados “jóvenes idealistas”, que como gracia del destino, muchos de los mismos políticos habían alentado y utilizado para el logro de sus espurios fines. Tampoco deja de ser comprometedora la actitud de los Comandantes de esas Instituciones con uniforme, por no haber asumido en tiempo y forma –como corresponde– la total responsabilidad de las acciones desplegadas por sus subalternos en el fiel cumplimiento de las órdenes impartidas.

También son responsables aquellos esclarecidos, quienes no fueron capaces de mantener encendida la llama de la verdad, y permitieron, a pesar de sus conocimientos, que se gestara esta transformación histórica. Es posible que en este último grupo existan muchos que apostaron a que con el silencio se llegara a la ansiada conciliación y se desterraría el odio y la confrontación; pero fueron muy incautos e ingenuos al no tener en cuenta la argucia y el rencor de seres irreconciliables y vengativos, quienes por concepción genética e ideológica solo pueden alimentarse con muerte y saciar su sed con venganzas, persecuciones, cacerías y mazmorras fundadas en injusticias y mentiras.

Este seudo-progresismo, asido del mayo francés y de sus ideólogos Herbert Marcuse y Jean Paul Sartre, se encubre bajo el disfraz de un idealismo de avanzada con aparentes miras a las libertades públicas y a la distribución de riquezas. Cuando se les caiga el antifaz con que cubren sus subterráneos propósitos se manifestarán tal cual son en la realidad: una exótica mezcla de socialismo científico con socialismo utópico, un artificio creado para eliminar riqueza, generar mayor pobreza y clientelismo político, con el consecuente objetivo de instaurar un gobierno despótico y fascista, donde las libertades, el estado de derecho y el derecho a la propiedad se diluyan a medida que acrecienten su poder.

Progresismo, por lo menos en nuestro país, resulta un comunismo aggiornado que pretende resucitar de las cenizas tras su derrota en el campo de batalla y su estrepitosa caída en éste y otros continentes. Aunque si hilamos fino, veremos que tras todos los actores existe un gran interés económico y un estupendo negocio, al mejor estilo de un capitalismo rabioso propio de países del sub-mundo. Como expresara un amigo, “algunos de estos nunca descerrajaron un disparo, en verdad son todos ladrones”. Yo agregaría que son entelequias sin reglas de conducta, carecen de eso que se denomina ética y mucho menos conservan una apreciación moral del entendimiento o de la conciencia.

Como si pensar fuera desgastador y ello consumiera mucha potencia, los argentinos seguimos ahorrando energía y preocupación; lo lamentable, propio de pusilánimes, será que cuando dejemos de hacer abstracción salgamos del estado amnésico en que nos encontramos e intentemos utilizar ese ímpetu y fibra que otrora nos caracterizara, puede llegar a ser demasiado tarde y ya otros... otros serán quienes piensen por nosotros.

Espero que tengan un buen fin de semana, aunque -en sus mentes- persistan dudas sobre vuestro porvenir.

No será hora de ahuyentarse del aletargo y desatolondrar nuestras mentes, para pasar a hacer uso de nuestros auténticos e innegables derechos ciudadanos, para... de ese modo...  sacarnos de encima a estos pancistas salteadores?... pregunto... digo... pienso... ¿seremos humanos los argentinos?. Está en Uds. sacar las conclusiones... eso sí... no esperen a que sea demasiado tarde y que el crepúsculo apague nuestros legítimas demandas.

(*) Director de Crónica y Análisis Periódico On line.

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25/03/2012

LOS POLÍTICOS QUE SUPIMOS CONSEGUIR

Por Juan de Dios González (*)

Muchos de nuestros políticos no pretenden ser los administradores o ejecutores de un proyecto social, no desean ser los encargados del cambio ni de exhibir los pasos que talentosamente conducen a la utopía, no aspiran a fomentar un lazo con sus votantes en el real sentido de ser su representante, como tampoco les interesa ser los ejecutores de las medidas que concreten el futuro deseado por el electorado; solamente pretenden que el pueblo delegue en ellos su porvenir para de ese modo poder construir mejor el propio y reunir la fuerza de muchos para vigorizar su propia fuerza.

No son realmente políticos o estadistas. En sus roles de candidatos son un producto comercial; aspiran a colocarse ventajosamente en el mercado electoral, a vender su imagen, una imagen creada y planificada por publicistas y analistas, por maquilladores y argumentistas, por especialistas en propaganda y en comunicación social. Desean que el potencial votante tenga la imperiosa necesidad de comprar una promesa, una promesa que jamás se cumplirá.

El problema que poseen estos individuos es que exista un país sin carencias, una sociedad conformada con individuos autosuficientes, reflexivos y con espíritu crítico, porque de ese modo no podrán valerse para sus fines de los defectos, las debilidades, la incultura, la desinformación y la falta de sentido común de los electores.

Prometen un país de hombres libres, instruidos, racionales, reflexivos, pero cuando atraparon al electorado y ya ejercen su cometido acrecientan la opresión, fomentan la incultura, la insensatez y la  incomprensión, aumentando y perpetuando la atomización social.

Para ir construyendo su poder necesitan de la ignorancia, la irracionalidad, la demencia y el "sinsentido".

Son manipuladores que se reservan de hablar al intelecto de sus potenciales votantes o electores, porque es converger a la comparación, a la deducción, al análisis, es dirigirse a individuos, representa arriesgarse a los azares de la opción; solamente buscan la devoción, el éxtasis y la convulsión de las masas hablándoles al corazón.

Estos son en gran parte nuestros políticos y gobernantes, hoy hacen promesas y afirmaciones que con el mismo candor y vehemencia, mañana negarán.

Es necesario reflexionar. En un país como el nuestro; donde los tilingos y bellacos, son quienes habitualmente nos gobiernan o dirigen; el común de la gente no conoce la realidad. Solamente el pobre toma inmediata posición de la verdad (por el estómago), porque al de clase media o acomodada le llega totalmente filtrada y cuando se dan cuenta es demasiado tarde. Así pasó con los ahorristas y la gran mayoría de los argentinos, quienes apostaron al país, creyendo que la clase política y dirigente cumpliría con las políticas y promesas hechas, no sospechando, que al menor cambio de conductores se perderían todas aquellas esperanzas forjadas por el sacrificio individual y colectivo de una sociedad que hoy resulta defraudada en sus  ilusiones.

La política es la ciencia social y práctica cuyo propósito es la búsqueda del bien común de los miembros de una comunidad. El bien común no es sólo la misión del poder político sino también razón de ser de la supremacía política.

La política debe poseer una base moral, debe ser practicada por hombres de bien y cultivada por quienes conocen lo que es bueno en todo lo que les concierne, es decir por seres virtuosos.

Ser un hombre de bien en la política no es solamente tener las virtudes necesarias, fundamentalmente es el uso que de ellas hace el virtuoso para concretar el bien general y no el propio. La mayor felicidad del político no debe ser concretar la propia, sino la felicidad del pueblo.  

Nuestros gobernantes no piensan en nosotros, piensan por nosotros. Así, el resultado: Se alimentan, se visten, se educan, se protegen, se medican y curan....por nosotros. Sus hijos estudian, parrandean y viajan... por nuestros hijos. Sus amigos y familiares trabajan, prosperan y evolucionan....por nosotros. Toman decisiones  para ellos, gobiernan para ellos, adoptan seguridad personal y jurídica para ellos, comprometen los intereses de la Nación y sus riquezas para ellos; pero nunca... nunca,  pensando en nosotros y en nuestros verdaderos derechos ciudadanos y humanos. Nunca, jamás,  se propondrán elevar el pensamiento del ciudadano, ni enseñarle a pensar por si mismo, sin catequizar doctrinariamente sus sentidos. Ellos poseen la exclusividad del razonamiento; ocupan nuestras mentes con extrañas intrigas, creencias e ideologías; mediante la dialéctica y acciones deterministas pretenden enclaustrar nuestros pensamientos, para qué el vuelo del raciocinio libre y reflexivo de los súbditos no les impida seguir pensando en ellos, para ellos .....y por nosotros.

(*) El periodista Juan de Dios González es el Director de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

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25/01/2012

JUAN VUCETICH

87º Aniversario del fallecimiento del creador del Sistema Dactiloscópico Argentino

Por Juan de Dios González (*)  

Nació en Lésina, ciudad de la antigua Dalmacia, el 20 de julio de 1858.  Fueron sus padres Victor Vucetich y Vicenta Koracevich.  Llegó al país en 1882, y se desempeñó como empleado en Obras Sanitarias de la Nación hasta 1888, fecha en que ingresó en la Policía de la Provincia de Buenos Aires, como meritorio.  En 1890 fue designado jefe de la Oficina de Estadística, de ese organismo policial a cargo del capitán de navío Guillermo J. Nuñez.

Había conocido, y de ahí parte su investigación, un trabajo de H. de Varigny publicado en Francia sobre las investigaciones de Francis Galton, a propósito de los relieves digitales.  Este último destacaba el valor de aquellos para la identidad individual.  Comparó tales estudios con el sistema de antropometría de Alphonse Bertillon, que por entonces constituía el recurso en uso para la identificación de los delincuentes.

Vucetich estaba bien interiorizado de este sistema, y dio gran difusión a láminas que él mismo preparó y otras indicaciones que en esa época podían observarse en todas las comisarías de policía, a la vista del público; pero comprobó que era muy deficiente e inseguro y se pronunció por las impresiones digitales.

Después de pacientes estudios sobre los trabajos de Galton, y los 40 tipos de relieves digitales que éste había definido, Vucetich llegó a aumentarlos a 101, y creó un sistema que él denominó “Icnofalangometría”, poniéndolo en aplicación el 1º de setiembre de 1891.  Esa fecha se recuerda anualmente como la de implantación del sistema de identificación dactiloscópica que, con su perfeccionamiento posterior, realizado por su creador, lleva su nombre.  Por primera vez se tomaron aquel día las impresiones digitales de los diez dedos a 23 procesados por distintos delitos, según consta en el archivo que el propio Vucetich inició.

El sistema quedó así implantado, estimada la perennidad e inmutabilidad de los relieves digitales, cuyos caracteres individuales acompañan a la persona en todo el curso de su vida, y que se manifiestan a través de infinitas variedades específicas.  No pocas dificultades, propias de toda investigación creadora, debió vencer Vucetich para imponer su sistema, primero en su propia elaboración, y también por los derivados de toda innovación en otros medios que, por entonces sólo se referían a la lucha contra la delincuencia.  Además debían obtenerse comprobaciones prácticas.

Fue un paso decisivo el caso ocurrido con motivo de la muerte violenta de dos niños de corta edad en Necochea en 1892.  La madre de las víctimas denunció como autor del hecho a un vecino, pero el hallazgo de impresiones digitales en una puerta de la habitación permitió establecer, por la aplicación primera del procedimiento dirigido por Vucetich, que, lejos de pertenecer al acusado, los rastros eran de la propia madre, con lo cual se comprobó en forma fehaciente que era ella la autora del crimen.  Esto trascendió como demostración de la validez científica del sistema dactiloscópico, con lo cual el método fue incorporado a la labor investigadora de la Policía y se instalaron las primeras oficinas de identificación en las cárceles y en las comisarías.

Entretanto su creador continuaba sus investigaciones, y poco tiempo después, lograba reducir los 101 tipos digitales de sus primeros ensayos a cuatro fundamentales, que clasificó así: arco, presilla inferior, presilla exterior y verticilo.  Ese conjunto sistematizado, es lo que denominó Sistema Dactiloscópico Argentino.

La ficha creada según su sistema fue la que luego se adoptó universalmente, y es la que rige en la actualidad en todo el mundo, junto con los elementos de aplicación ideados por Vucetich que se mantienen sin variantes.

El creador no quedó satisfecho, sin embargo, y siempre con abnegación y sacrificio, cubriendo de su magro peculio gastos que los poderes públicos no podían afrontar en la medida que la importancia del asunto requería, perfeccionó aún el sistema, consiguiendo corregir insuficiencias tales como la difícil visibilidad de ciertos tipos digitales, y creó una clave de subclasificaciones que recogió el doctor Luis Reyna Almandos en su trabajo “Clave de subtipos de Vucetich para subclasificaciones”, basado en los cuatro tipos fundamentales.

En 1893, escribió ya un tratado sobre el procedimiento de filiación en Buenos Aires, y luego el gobernador Julio Costa anunciaba en su mensaje a la Legislatura la incorporación del sistema Vucetich al gabinete antropométrico de la policía local.  En esa época se escribe con César Lombroso y con Rafael Garófalo, y en los días de la gobernación del Dr. Guillermo A. Udaondo, restablecida la oficina de identificación que fuera suprimida, se le confía la dirección de la misma.

Poco después se declaraba texto oficial de la Policía de la provincia su libro aludido, mientras su sistema adquiría mayor difusión.  El descubrimiento de algunos crímenes por su procedimiento, afirmaron cada día su seguridad, por lo que publicó otro libro titulado “Registro de Existencia”.  Poco después se expedían las primeras cédulas de identidad, y en 1901, asistió Vucetich al II Congreso Científico Latinoamericano, de Montevideo.  Dio entonces su primera conferencia pública acerca del sistema de su creación.  En Río de Janeiro comenzó desde entonces la adopción del sistema dactiloscópico argentino, y ya su incorporación a la vida de otras naciones fue sólo cuestión de tiempo. 

En 1904, apareció la obra capital de Vucetich, “Dactiloscopia comparada”, que recibió premios y menciones.  La Policía de Roma implantó su sistema, y creció la confianza en la bondad de su invento.  La Academia de Ciencias de París sancionó el sistema, se difundió en toda América y se extendió al resto del mundo.

Se estableció el canje universal de fichas de identificación, por medio de convenios, y en 1906, el Código de Procedimientos Penales de la provincia de Buenos Aires sancionó el principio dactiloscópico de la identidad humana.

El gobierno bonaerense lo designó perito identificador, y su discípulo y amigo, el Dr. Reyna Almandos publicó otro trabajo de mérito sobre “La dactiloscopia argentina”.

Brasil había ya impuesto el sistema en la marina, y entre nosotros llegó a ser realidad un sueño del investigador: la creación del Registro Nacional de Identificación, que con algunas variantes se organizó por medio de una ley.  Vucetich fue su director.  El Congreso de la Nación le acordó una pensión por 10 años.

La incansable labor de Vucetich, hasta el día de su muerte, alternó con polémicas, viajes de estudio y propaganda por el mundo –llegó hasta la China y la India en busca de comprobaciones sobre utilización de impresiones digitales, en tiempos inmemoriales-, publicaciones, instrucciones, congresos científicos, conferencias, que llevaron a todos los ámbitos el conocimiento de los métodos hallados y que terminaron por imponerse en todas partes.

No omitió sacrificio personal en su afán altruista.  El viaje mundial que realizó en 1912 fue costeado por él, cuando acababa de jubilarse en la Policía –se habían frustrado iniciativas generosas en la Legislatura para premiar su labor- y para la impresión de su obra “La dactiloscopia y su aplicación internacional”, enajenó su biblioteca.

Poco antes de morir donó su museo particular a la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de La Plata, donde el doctor Alfredo L. Palacios, entonces decano, instaló el Museo Vucetich, el 11 de octubre de 1924, en un acto al que asistió el creador de la dactiloscopia, ya gravemente enfermo.

Vucetich falleció en Dolores, el 25 de enero de 1925.  Se casó con María Etcheverry, y en segundas nupcias con María Cristina Flores.  Sus restos descansaron en el cementerio local hasta el 27 de agosto de 1941, en que fueron trasladados al Panteón de la Policía de la Provincia de Buenos Aires de La Plata, ciudad en la que residió desde su ingreso a la institución, donde se mantiene vivo el culto a su memoria, con su nombre al frente de la Escuela de Cadetes de dicha Institución.

La personalidad de Vucetich adquiere a medida que transcurre el tiempo, un perfil cada vez más esclarecido y noble, justificándose los homenajes que se le tributaron a su existencia laboriosa y contraída, expuesta en la síntesis cabal que contiene la frase de su amigo el eminente penalista italiano Enrico Ferri: “Suo Nome stará nella storia della civiltá umana” ("Su Nombre estará en la historia de la civilización humana.")

(*) El periodista Juan de Dios González es el Director de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

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30/09/2011

MONOMANÍA Y PARANOIA POLÍTICA

Por Juan de Dios González (*)

Comenzaré esta editorial preguntando... ¿estamos bien?

Díganme... ¿estamos bien?. Tenemos salud... tenemos trabajo... tenemos educación... tenemos seguridad... tenemos justicia...  y lo que más importa... ¿tenemos futuro?.

Vamos más allá... pregunto... digo... ¿tenemos federalismo?... ¿tenemos independencia?... ¿tenemos república?... ¿tenemos democracia?.

Sigamos profundizando. ¿Tenemos libertad?

¿Cuál es la realidad?. La realidad es la verdad y la verdad... la verdad es que no tenemos nada. No estamos bien... estamos en el horno.

Nuestro país se debate entre la injusticia, la perfidia y el oscurantismo. Cual voraz epidemia se extiende en el país una forma de hacer política que poco tiene que ver con el sistema democrático, que dicen, estamos deleitando. 

Persiste la prepotencia y el “patoterismo”,  a punto tal, que para justificar posicionamientos, algunos pseudos candidatos dicen “yo no recibo órdenes de nadie”, cuando en verdad, su accionar, debe ajustarse a lo que determina la Constitución y las Leyes; y, además, deben cumplir con el mandato de quienes lo designaron como su representante, es decir, se encuentran a las órdenes de quienes les delegaran el poder.

El ciudadano padece un constante atropello por parte de los tres poderes del Estado. Se adelantan, se atrasan o se postergan los actos eleccionarios, siempre de acuerdo a la conveniencia de los intereses del poder, nunca por el imperio del derecho y en favor del elector.

Se juega con la voluntad de la gente tratando de acobardarlos e impresionarlos,  para luego conferirles réditos y beneficios a minorías indeseables y proclives a corruptelas casi mafiosas.

Entre los inútiles anacoretas que juegan a “santones” y los audaces pícaros que justifican lo injustificable, se encuentran los incautos, cándidos e inocentes votantes, algunos de los cuales terminan creyendo en las promesas populistas y demagogas de ambos bandos enfrentados.

Luego llegan los resultados de los escrutinios con denuncias de fraudes, fullerías y engaños incluidos, asegurándose el triunfo a un desquicio de maldades, de inservibles y de protervos oportunistas.

Si las leyes y las urnas no les permiten obtener sus logros, no dudan en recurrir a la sedición y la barbarie.

Las consecuencias de tales actos nos agobian y avergüenzan. Concluimos juzgándonos como necios vasallos, ridiculizados ante el mundo, mundo que asiste boquiabierto observando a un gran país devastado y arruinado por gobernantes inapropiados, “turros”, fraudulentos y malintencionados.

Como consecuencia de esta situación y la aversión respecto a la política, hemos ingresado en lo que se denomina alineación política.

Esta situación se da cuando las instituciones políticas resultan impermeables a la posibilidad de participación masiva, por la ineficiencia de las entidades intermedias y por los sucesivos fracasos de los partidos políticos y su alternancia en la función dirigente.

También incide en la alineación política el “participacionismo” frustrado por esa impermeabilidad del sistema y de las estructuras partidarias, con la consecuente inaccesibilidad a los mecanismos de decisión.

Otra causa motor de la alineación política resulta la difusión de un modelo político que genera amplias expectativas, expectativas que luego son defraudadas al no ajustarse con la realidad, haciéndolas totalmente inaplicables.

El descreimiento heredado por haber experimentado en forma reiterada cualquiera de las causas antes señaladas, es también un factor de alineación política.

Nuestra democracia necesita una instrucción básica y permanente del ciudadano, para que pueda conducirse como tal y no como súbdito.

La democracia exige una información previa, puesto que si la participación es la intervención en las decisiones públicas y estas se convierten en puro “decisionismo” es necesario un planeamiento real para que la decisión sea prudente y reflexiva.

La democracia necesita también de una crítica posterior a la actuación de los gobernantes o de los representantes designados por los ciudadanos. Esta crítica es practicada generalmente por los distintos medios de comunicación e información, quienes se constituyen en uno de los controladores de la opinión pública. Es decir, ofician de instructores, cumplen una misión pedagógica y una misión crítica.

Lamentablemente, en este punto, también,  el ciudadano debe de estar alerta y advertido, pues toda información canalizada a través de los medios de comunicación lleva implícita una cuota o dosis de subjetividad y de intencionalidad, no solo, un intento de captar las opiniones ajenas, sino, además, una importante carga política que puede desvirtuar la realidad y propiciar en el receptor una descomposición de su libre razonamiento y la consecuente perdida del sentido común.

¡Que destino! el de los argentinos. Debemos cuidarnos hasta de nuestra propia sombra. Resulta imposible depositar confianza, sin antes tomar todas las precauciones; e inclusive, ello, no constituye ninguna garantía, igual podemos terminar defraudados por hábiles timadores de la voluntad popular.

Roguemos que el horno se apague y se encienda la luz de la esperanza, para lo cual, es necesario, que comencemos a ejercer nuestros derechos ciudadanos, obligando -a los sentados en los distintos estamentos del poder- a cumplir con la obligación constitucional de ser nuestros representantes en el ejercicio del mando conferido, quienes, con la arrogancia de la impunidad juegan a reyes, princesas y santurrones, desprovistos de toda responsabilidad hacia el verdadero y único soberano, el Pueblo, mezclando en sus ambiciones electoralistas, el agua con el aceite.

(*) El periodista Juan de Dios González es el Director de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

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18/09/2011

ALGUNAS CAUSAS DE LA INSEGURIDAD IMPERANTE

Por Juan de Dios González (*)

El sorprendente crecimiento de los índices delictivos, la ferocidad y la impunidad con que se mueven los delincuentes en nuestro país, en especial en la provincia de Buenos Aires, tiene una razón de ser.

Anteriormente, la delincuencia, si bien era de alta peligrosidad, reconocía códigos de conducta que respetaban y hacían respetar. La edad promedio de los delincuentes superaba holgadamente los 20 años.

Con la aparición en la década del 70 de las bandas organizadas de tinte ideológico y con características subversivas, hizo que ingresaran en las cárceles muchos de sus integrantes. Estos, comenzaron a tener contacto con los delincuentes comunes a quienes transfirieron todos sus conocimientos en materia de organización, adiestramiento militar, estrategia en la lucha armada y fundamentalmente en lo que respecta a la sustentación económica de las organizaciones a través del dinero obtenido de los secuestros, robos a bancos, asaltos a camiones blindados, etc..

Así nacieron las que posteriormente se denominaron “superbandas”, las cuales operan organizadamente, utilizando estrategias, apoyos logísticos, técnicos y legales; es decir, poseen elementos de comunicación de última tecnología, armas de nueva generación y de grueso calibre, explosivos, vehículos del tipo y característica que precisan para cada ocasión, chalecos antibalas de mayor comodidad y efectividad que los utilizados por las policías y; además, estudios jurídicos dispuestos a darles antes, durante y después de los hechos que comenten, toda la cobertura legal, llegando inclusive a administrarles el dinero y bienes productos de sus actos ilícitos.

El advenimiento de la democracia encontró a una policía distanciada de la población a causa de rencores producto del papel que le cupo durante el proceso militar, no obstante lo cual, el poder político de turno, lejos de propiciar una fuerza altamente profesional y efectiva en el cumplimiento de su misión y dentro del estado de derecho imperante desde 1983, la utilizó de manera similar o aún más vil para proteger sus intereses políticos y fraudulentos. Réditos estos, también acaparados por la delincuencia, a la que resulta muy común verla en el papel de víctimas y a veces protegida, consciente o inconscientemente por organizaciones sociales y por algunos medios de comunicación interesados en el raiting, mientras la sociedad resulta permanentemente defraudada.

La falta de valores y buenos ejemplos en quienes verse reflejados, la introducción de la droga en todos los niveles sociales, la falta de una buena formación y educación, la escasez de trabajo, la creciente indigencia y la pérdida de expectativas y perspectivas en el futuro, provocaron no sólo un crecimiento de la delincuencia sino una disminución en la edad de los que delinquen; siendo hoy -hasta natural y común- ver cometer delitos de distinto índole y gravedad a adolescentes y niños.

En el año 1997, al no tener la capacidad para afrontar el problema, en gran parte por él generado, el entonces gobernador Eduardo Duhalde, propicia el mayor golpe a la paz y la seguridad de los bonaerenses; destruye la Policía de la Provincia de Buenos Aires y luego le cede paso al abogado León “Sensación” Arslanian (en la actualidad muy cercano y asesorando a la ministra de seguridad de la Nación Nilda Garré) quien además de desorganizar totalmente la institución promueve la reforma Policial y Judicial, muy interesante en el papel y a los ojos de los neófitos, pero totalmente inaplicable en la realidad. Además, como si ello fuera poco, posteriormente nombró como subsecretario de seguridad a un abogado defensor de integrantes de superbandas (Héctor Lufrano – patrocinante, entre otros, de Luis “El Gordo” Valor).

Estos y otros yerros de quienes le sucedieran al frente del Ejecutivo y del Ministerio de Seguridad provocaron la gran estampida delictual que hoy tiene aterrada a toda la sociedad. A medida que pasan los días la inseguridad es cada vez más atroz, inhumana e imposible de contrarrestar.

Es tan grave el problema que hasta los candidatos a puestos políticos basan sus campañas prometiendo la solución, cuando en realidad, en la mayoría ellos, aún subyacen viejos rencores o propician soluciones mágicas, propias de culturas primitivas y también están los que propician foros donde los entendidos en el tema no tienen aforo y opinan solamente aquellos que desconocen la trama y el contexto del problema; es como por ejemplo, si se creara un foro de medicina integrado por abogados, comerciantes, policías, industriales e intentaran enseñarle al profesional galeno como utilizar su bisturí en una riesgosa operación.

Hoy, asombrosamente, “vigilantes sin chapa” que tocan de oído, son quienes manejan la seguridad y pretenden solucionar un problema en el que ellos mismos nos enclavaron.   

(*) El periodista Juan de Dios González es el Director de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

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11/09/2011

BASTA DE DADIVAS

Por Juan de Dios González (*)

 Más allá de las cuestiones ideológicas, dejando de lado los intereses políticos partidarios y sectarios, los egoísmos estúpidos y  otras retrógradas actitudes; es necesario planificar luego de fijarse metas concretas. Se debe proyectar para el futuro teniendo en cuenta la realidad agobiante de hoy, determinar que objetivos se deben lograr para cambiar y comenzar a transitar el camino que nos conduzca inevitablemente al éxito.

 A menudo escuchamos decir que el Fondo Monetario Internacional u otros organismos a los cuales recurrimos en búsqueda de créditos o refinanciamiento de la deuda externa, nos exigen para concederlos la elaboración de un plan sustentable. Nuestros políticos lejos de actuar coherentemente y proyectar planes realizables y que se puedan mantener en el tiempo, se limitan a pretender la obtención de recursos para repartir dadivas, jamás se proponen procurar la obtención de capitales para comenzar a solucionar los problemas que nos aquejan.

 Un territorio inmensamente rico como el nuestro resulta un verdadero desperdicio, la solución pasa por movilizar los recursos paralizados, poner el país en marcha y a la gente a trabajar. Se debe devolver la propiedad del salario al trabajador.

 Estamos en crisis, pedimos créditos para planes sociales, generamos el ocio, hay desempleo, tenemos carencias en cuestiones elementales tales como salud, vivienda, seguridad, educación, desvinculación de los pueblos con las áreas productivas por la inmensa superficie territorial de la nación y la carencia de vías (carreteras, ferrocarriles aeropuertos) para el transporte.

 Países mucho más pequeños que el nuestro, hasta iguales o más chicos que algunas de nuestras tantas provincias, hacen, por ejemplo, de la forestación y su explotación la generación de fuentes trabajo y divisas. De dieciséis a veinte millones de hectáreas útiles para tales fines, solamente utilizamos un millón.

 Se deben fijar las metas para solucionar las carencias antes mencionadas, para ello construyamos viviendas, escuelas integradas a centros deportivos, carreteras, autopistas, puentes, cloacas, plantas potabilizadoras de agua, reactivemos la explotación de nuestros recursos naturales, etc.; debemos eliminar el privilegio, asegurándose a cada ciudadano el fruto de su trabajo honrado, para lo cual deben posibilitarse horizontes y perspectivas a todas las clases sociales, que les permitan mediante su esfuerzo la concreción de un mejor porvenir.

 Constancio Vigil decía: “La verdadera calidad no es dar al necesitado, sino, evitar que él exista”, mientras que San Pablo profesaba: “El trabajo es la ley de la vida, la ley de toda la creación y de todo progreso”.

 La solución no está en regalar comida o propiciar falsas ayudas a desocupados y carenciados,  sino en propiciar la dignidad del hombre obtenida mediante el producto de su trabajo; esas dadivas representan la incapacidad de quienes nos representan en el ejercicio del poder y no asumen la obligación y la responsabilidad que tienen de remediar los problemas que nos aflige y atormenta.

(*) El periodista Juan de Dios González es el Director de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

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15/08/2011

EL RESULTADO ELECTORAL Y NUESTROS POLÍTICOS

Por Juan de Dios González

Muchos de nuestros políticos no pretenden ser los administradores o ejecutores de un proyecto social, no desean ser los encargados del cambio ni de exhibir los pasos que talentosamente conducen a la utopía, no aspiran a fomentar un lazo con sus votantes en el real sentido de ser su representante, como tampoco les interesa ser los ejecutores de las medidas que concreten el futuro deseado por el electorado; solamente pretenden que el pueblo delegue en ellos su porvenir para de ese modo poder construir mejor el propio y reunir la fuerza de muchos para vigorizar su propia fuerza.

No son realmente políticos o estadistas. En sus roles de candidatos son un producto comercial; aspiran a colocarse ventajosamente en el mercado electoral, a vender su imagen, una imagen creada y planificada por publicistas y analistas, por maquilladores y argumentistas, por especialistas en propaganda y en comunicación social. Desean que el potencial votante tenga la imperiosa necesidad de comprar una promesa, una promesa que jamás se cumplirá.

El problema que poseen estos individuos es que exista un país sin carencias, una sociedad conformada con individuos autosuficientes, reflexivos y con espíritu crítico, porque de ese modo no podrán valerse para sus fines de los defectos, las debilidades, la incultura, la desinformación y la falta de sentido común  de los electores.

Prometen un país de hombres libres, instruidos, racionales, reflexivos, pero cuando atraparon al electorado y ya ejercen su cometido acrecientan la opresión, fomentan la incultura, la insensatez y la  incomprensión, aumentando y perpetuando la atomización social.

Para ir construyendo su poder necesitan de la ignorancia, la irracionalidad, la demencia y el "sin sentido".

Son manipuladores que se reservan de hablar al intelecto de sus potenciales votantes o electores, porque es converger a la comparación, a la deducción, al análisis, es dirigirse a individuos, representa arriesgarse a los azares de la opción; solamente buscan la devoción, el éxtasis y la convulsión de las masas hablándoles al corazón.

Estos son en gran parte nuestros políticos y gobernantes, hoy hacen promesas y afirmaciones que con el mismo candor y vehemencia, mañana negarán.

Es necesario reflexionar. En un país como el nuestro; donde los tilingos y bellacos, son quienes habitualmente nos gobiernan o dirigen; el común de la gente no conoce la realidad. Solamente el pobre toma inmediata posición de la verdad (por el estómago), porque al de clase media o acomodada le llega totalmente filtrada y cuando se dan cuenta es demasiado tarde. Así pasó con los ahorristas y la gran mayoría de los argentinos, quienes apostaron al país, creyendo que la clase política y dirigente cumpliría con las políticas y promesas hechas, no sospechando, que al menor cambio de conductores se perderían todas aquellas esperanzas forjadas por el sacrificio individual y colectivo de una sociedad que hoy resulta defraudada en sus  ilusiones.

La política es la ciencia social y práctica cuyo propósito es la búsqueda del bien común de los miembros de una comunidad. El bien común no es sólo la misión del poder político sino también razón de ser de la supremacía política.

La política debe poseer una base moral, debe ser practicada por hombres de bien y cultivada por quienes conocen lo que es bueno en todo lo que les concierne, es decir por seres virtuosos.

Ser un hombre de bien en la política no es solamente tener las virtudes necesarias, fundamentalmente es el uso que de ellas hace el virtuoso para concretar el bien general y no el propio. La mayor felicidad del político no debe ser concretar la propia, sino la felicidad del pueblo.  

Nuestros gobernantes no piensan en nosotros, piensan por nosotros. Así, el resultado: Se alimentan, se visten, se educan, se protegen, se medican y curan....por nosotros. Sus hijos estudian, parrandean y viajan... por nuestros hijos. Sus amigos y familiares trabajan, prosperan y evolucionan....por nosotros. Toman decisiones  para ellos, gobiernan para ellos, adoptan seguridad personal y jurídica para ellos, comprometen los intereses de la Nación y sus riquezas para ellos; pero siempre,  pensando por nosotros. Nunca, jamás,  se propondrán elevar el pensamiento del ciudadano, ni enseñarle a pensar por si mismo, sin catequizar doctrinariamente sus sentidos. Ellos poseen la exclusividad del razonamiento; ocupan nuestras mentes con extrañas intrigas, creencias e ideologías; mediante la dialéctica y acciones deterministas pretenden enclaustrar nuestros pensamientos, para qué el vuelo del raciocinio libre y reflexivo de los súbditos no les impida seguir pensando en ellos, para ellos .....y por nosotros.

Y... nosotros... nosotros... cuando pretendemos ejercer el derecho al voto, votamos mal, miramos para otro lado o somos estafados por fraudulentos resultados.

De muestra basta un botón, el resultado de las elecciones está a la vista.

(*) El periodista Juan de Dios González es el Director de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

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18/05/2011

EN VISTA A LAS PRÓXIMAS ELECCIONES

La cuestión es saber elegir

 Por Juan de Dios González (*)

En los políticos, que se presentan de modo seductor, yace un estilo de mendicidad; convierten a menudo la verdad en mentira; atesoran la verdad pero... constantemente la tergiversan. Utilizan el entendimiento para destruir la razón, carecen de sinceridad y mediante la dialéctica alteran el sentido de las palabras.

Esta clase de políticos, que luego se adueñan del poder, monopoliza el lenguaje del mando sin poder fáctico, están solamente en la búsqueda de una eficaz sofística, tienen por suficiente el entendimiento pero... sin la razón.

La habilidad con que se abren paso gracias a sus codos, solo es superada por la vital brutalidad con que, llegado el caso, saben valerse de ellos para ascender o perdurar en la estructura del poder.

Sus rostros siempre risueños y augurantes de prosperidad, ocultan tras su jovial apariencia la falta de seriedad con que manejan la cosa pública. En vez de pronunciar palabras de manera entendible y dúctil, gritan con estilo enigmático gozando con su notoriedad y operando caóticamente en lo inestable, escribiendo la historia en arenas movedizas, mediante lo que suponen una acción de administración y gobierno.

Cuando se considera a la política como lo absoluto de la realidad humana, cuando se politizan todos los actos y cuando el pensar analítico de Maquiavelo desciende hacia un inescrupuloso maquiavelismo, quebrantando la moral y el derecho, la verdad y el amor, la existencia y la trascendencia; nos transbordan directamente hacia un totalitarismo político.

El auténtico hombre de Estado se destaca por el amplio sentido de la idea moral y el altruismo de los individuos, El legítimo político no presiente, sino más bien sabe; no tiene únicamente en cuenta el origen del altruismo y la magnanimidad actuante en el afán de libertad y justicia; además, cuenta con dichos atributos, sin convertirlos por ello en un instrumento grosero de la política.

El hombre de Estado siempre tiene a la vista el hecho de que no están en juego sus propios intereses, sino los intereses de los demás. El político auténtico no exige, sino despierta confianza; no se toma el trabajo de orientar o alinear al electorado, lo cautiva con sus idoneidades y aciertos.

Si el ciudadano común actúa de manera irreflexiva al momento de elegir al candidato para que lo represente y gobierne, indefectiblemente se encamina al sometimiento, es prácticamente entregarse al totalitarismo.

Con estas palabras no se pretende agitar a favor o en contra de una elección; todo conocimiento o experiencia que se difunde lleva siempre algún provecho a la sociedad; el que aprende por si mismo, aprende a fuerza de errar; y los errores se pagan siempre. 

Con estas palabras simplemente procuro hacer adquirir conciencia, teniendo en cuenta que el futuro de los argentinos depende de la responsabilidad con que cada uno de nosotros decida emitir su voto en las próximas elecciones. 

Téngase en cuenta la existencia de políticos que quieren adeptos que los sigan, otros herederos que los prosigan, no para satisfacer las necesidades del conjunto sino para saciar sus propias apetencias y mezquindades y; que también existen hombres y mujeres de recta conciencia, con grandeza en sus almas, generosidad en sus sentimientos y con abnegación en sus sacrificios, dispuestos a orientar todas sus cualidades, experiencias y virtudes hacia el logro del bien común y la grandeza de nuestra Nación.

La cuestión es saber elegir, pero pareciera que los argentinos padecemos el “Síndrome de Estocolmo”, ese estado psicológico en el que la víctima de secuestro, o persona sometida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. En el caso que tratamos, sería una sociedad atrapada contra su voluntad por una corriente política que la desmerece y atribula, sociedad que luego termina siendo encubridora del poder al ofrecerle la posibilidad de continuar dirigiendo su destino, cada vez más nebuloso y oscuro.

La cuestión... la cuestión es saber elegir, pero para ello, es necesario que existan claras propuestas y no sucias o infaustas finalidades detrás de especuladoras promesas y que el soberano esclarecido sepa colocar en la urna un voto que le asegure libertad, bienestar y un futuro venturoso para él, sus descendientes y de nuestra decaída Patria.

Posdata: La cuestión es saber elegir, pero la opción debe estar conformada por decorosos postulantes... ¿los hay?  

(*) El periodista Juan de Dios González es el Director de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario Inspector (R.A.) de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

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