La
genialidad del modeo de inclusión social es que
la gente viva cada vez peor y hacerles creer que
viven peor en defensa de los puestos de trabajo
de los argentinos y de la defensa de la
industria nacional.
Por
Roberto Cachanosky (*)
Acosados
por la fuga de capitales que genera la desconfianza en la
política económica y los horrores de arbitrarias medidas,
el gobierno, para esconder su espanto por el problema
cambiario, ha frenado las importaciones bajo el argumento de
defender el trabajo de los argentinos y la industria
nacional.
Moreno
en particular y el gobierno en general, me hacen acordar a
Robinson Crusoe en su debate con Viernes, debate
desarrollado por el magistral Bastiat, cuando un isleño
vecino les propuso intercambiar carne por sus productos de
la huerta.
El
debate entre Crusoe y Viernes que nos cuenta Bastiat fue el
siguiente:
“Cierto
tiempo después, habiéndose encontrado Robinson con
Viernes, ambos unieron su trabajo en una tarea común. De mañana
cazaban seis horas y traían cuatro cestos de caza. De tarde
trabajaban seis horas en el huerto y obtenían cuatro cestos
de hortalizas.
Cierto día llegó a la isla una canoa. Desembarcó de ella
un apuesto forastero y fue admitido a la mesa de nuestros
dos reclusos. Este forastero probó la producción del
huerto, la elogió mucho y antes de despedirse de sus
anfitriones habló como sigue:
“Generosos isleños, habito un país donde la caza es
mucho más abundante que aquí, pero donde la horticultura
es completamente desconocida. Sería fácil traerles todas
las tardes cuatro cestos de carne si vosotros me entregaseis
a cambio dos cestos de hortalizas”.
Al escuchar estas palabras Robinson y Viernes se retiraron
para consultar, y la discusión que tuvo lugar es demasiado
interesante como
Para
no consignarla íntegramente:
Viernes-
¿Qué le parece?
Robinson-
Si aceptamos la proposición estamos arruinados.
V-
¿Está seguro? Considerémoslo
R-
El caso es evidente. Aplastada por la competencia, nuestra
caza como rama de la industria, quedará aniquilada.
V- ¿Pero eso qué importa, si tendremos los venados?
R --¡Teorías! Ya no serán el producto de nuestro trabajo.
V - Perdone, señor, porque para tener los venados tendremos
que entregar hortalizas.
R-
¿Qué ganaremos entonces?
V
- Los cuatro cestos de carne nos cuestan seis horas de
trabajo. El extranjero nos los da a cambio de dos cestos de
hortalizas, que solamente nos cuestan tres horas de trabajo.
Esto nos deja tres horas libres.
R - Diga, más bien, que esas horas son restadas a nuestros
esfuerzos. Ahí está la pérdida. El trabajo es riqueza, y
si perdemos la cuarta parte de nuestro tiempo, seremos la
cuarta parte menos ricos.
V - Usted está muy equivocado, mi querido amigo. Tendremos
la misma cantidad de carne, la misma cantidad de hortalizas,
y tres horas de más a nuestra disposición. Esto es
progreso, ¿o eso no existe?
R - ¡Usted se pierde en generalidades! ¿Qué haremos con
esas tres horas?
V- Haríamos alguna otra cosa.
R - ¡Ah! Comprendo. Usted no puede concretar. Alguna otra
cosa, alguna otra cosa, eso es fácil decirlo.
V - Podemos pescar, adornar nuestra cabaña, leer la Biblia.
R - ¡Utopía! ¿Hay alguna certeza de que debamos hacer lo
uno o lo otro?
V - Muy bien, si no tenemos ninguna necesidad que
satisfacer, podemos descansar. ¿Acaso el descanso no es
nada?
R - Pero mientras descansáramos nos moriríamos de hambre.
V - Mi querido amigo, usted se ha metido en un círculo
vicioso. Hablo de un repose que no substraiga nada a nuestro
abastecimiento de carne y hortalizas. Usted siempre olvida
que mediante nuestro comercio exterior, nueve horas de
trabajo nos proporcionarán la misma cantidad de provisiones
que obtenemos en la actualidad con doce.
R - Es muy evidente, Viernes, que usted no ha sido educado
en Europa y que usted nunca ha leído el Moniteur
Industriel. Porque entonces habría aprendido que todo
ahorro de tiempo es pérdida pura. Lo importante no es comer
ni consumir, sino trabajar. De nada sirve lo que consumimos
si no es el producto directo de nuestro trabajo. ¿No quiere
saber si usted es rico? Nunca considere los goces que
obtiene sino el trabajo que debe hacer. Esto es lo que el
Moniteur Industriel le enseñaría. En cuanto a mí, no
tengo pretensiones de teórico y sólo me preocupa la pérdida
de nuestras actividades de caza.
V - ¡Qué manera de invertir las ideas! Pero...
R - Nada de peros. Además, hay razones políticas para
rechazar las ofertas interesadas del pérfido extranjero.
V-
¡Razones políticas!
R – Sí, él sólo nos hace estas ofertas porque son
ventajosas para él.
V - Tanto mejor, dado que también son ventajosas para
nosotros.
R - Entonces con este tráfico nos colocaríamos en una
situación de dependencia con respecto a él.
V - Y él se colocaría en situación de dependencia con
respecto a nosotros. Nosotros necesitaremos su carne, él
necesitará nuestras hortalizas y todos viviremos en términos
de amistad.
R- ¡Sistema! ¿Quiere que le tape la boca?
V - Eso lo veremos. Todavía no he escuchado ninguna buena
razón.
R - Supongamos que el extranjero aprende a cultivar un
huerto y que su isla resulta ser más fértil que la
nuestra. ¿No ve las consecuencias?
V - Sí, nuestras relaciones con el extranjero cesarían. Ya
no se llevaría nuestras hortalizas, dado que podría
tenerlas en su isla con menos trabajo. Ya no nos traería
carne, dado que nada podríamos darle a cambio, y entonces
nos encontraríamos precisamente en la situación en que
usted nos quiere colocar ahora.
R
- ¡Salvaje imprevisor! Usted no comprende que después de
haber aniquilado nuestra caza inundándonos de carne, él
aniquilaría nuestros huertos inundándonos de hortalizas.
V
- Pero esto sólo duraría mientras estemos en condiciones
de darle otra cosa, o sea mientras encontremos otra cosa que
producir con economía de trabajo para nosotros mismos.
R - ¡Otra cosa, otra cosa! Usted siempre vuelve a lo mismo.
Usted está en la luna, mi estimado amigo Viernes; sus
opiniones no tienen sentido práctico.
El
debate fue muy prolongado y, tal como sucede a menudo, cada
cual siguió aferrado a su propia opinión. Pero como
Robinson ejercía gran influencia sobre Viernes, su opinión
prevaleció, y cuando llegó el extranjero para conocer la
respuesta, Robinson le dijo:
“Mire, extranjero, para inducirnos a aceptar su proposición
debe usted darnos dos seguridades: primero, que su isla no
tiene mejores existencias de animales de caza que la
nuestra, porque queremos pelear con armas iguales solamente.
Segundo, que usted pierda en la operación. Porque, tal como
sucede en todo intercambio, por fuerza hay una parte que
gana y otra parte que pierde, y nosotros seríamos tontos si
usted no perdiera. ¿Qué me dice?”.
“Nada”, respondió el extranjero, y echándose a reír
volvió a subir a su canoa.
Moreno
en particular y el gobierno en general creen que lo
importante es trabajar y no trabajar eficientemente. Por
ejemplo, en el razonamiento del gobierno, que es igual al de
Robinson, habría que destruir los celulares y teléfonos y
poner gente en las terrazas de los edificios transmitiendo
mensaje con banderitas de diferentes colores es inclusión
social. Para ellos lo importante es que la gente trabaje
mucho sin importar su productividad.
Si
tuvieran que elegir entre una máquina excavadora para hacer
un pozo y una cucharita de té, le darían al obrero una
cucharita de té porque eso generaría más trabajo. El
gobierno, en su primitivo razonamiento, no piensa en la
cantidad de bienes y servicios a los que puede acceder la
gente, sino en la cantidad de trabajo que insuma producir un
determinado bien. Por eso habla de defensa de los puestos de
trabajo de los argentinos y no de su productividad y
eficiencia.
Cuando
el gobierno se pelea con Brasil por el intercambio
comercial, lo que están diciendo es que solo el gobierno
Argentino está dispuesto a intercambiar bienes con Brasil
si los brasileños juran que están dispuestos a perder en
el intercambio. Ellos creen, al igual que Robinson, que en
un intercambio una de las partes pierde, cuando todo
intercambio se realiza siempre y cuando ambas partes valoran
más lo que reciben que lo que entregan. Desconocen la teoría
del valor subjetiva por la cual amabas partes ganan en el
intercambio.
Insisto,
para ellos lo importante no es que la gente tenga trabajos
de alta productividad, sino que trabajen mucho y por eso el
pueblo argentino es cada vez más pobre, porque no se
privilegia la productividad sino la cantidad de trabajo. Es
decir, no privilegian la cantidad de bienes y servicios a
los que puede acceder la gente mediante el intercambio sino
que prefieren que tengan menos bienes y mucho trabajo,
aunque este sea ineficiente y de baja productividad.
Siempre
aparece algún ignorante diciendo que los chinos nos venden
cosas que produce gente que es mantenida con un plato de
arroz. Ese argumento, ya usado en la década del 90, se
olvida que los chinos están sacando de la pobreza 40
millones de personas por año mientras que nosotros, gracias
a vivir con lo nuestro, aumentamos año a año la legión de
pobres e indigentes.
También
razonan horrible cuando dicen que hay que defender los dólares
que tenemos. En primer lugar los dólares de exportación no
son del BCRA, o no deberían ser, sino que deberían ser de
los que producen y exportan. Produzco algo, lo exporto y me
pagan con divisas que son mías porque esas divisas las
intercambié por el fruto de mi trabajo. Lo que hace el
Estado cuando nos obliga a liquidar exportaciones es
decirnos: a cambio del fruto de su trabajo Ud. no puede
quedarse con dólares sino que debe quedarse con estos pesos
que emite el Banco Central y se derriten día a día en su
poder de compra. Ud. trabaje que yo me quedo con la buena
moneda y lo obligo a Ud. a quedarse con la mala.
Para
poder importar primero tengo que exportar. Es decir, tengo
que producir algo que me compren en el exterior para que con
los dólares que me entregan pueda importar. Es cierto que
puedo tener déficit de balance comercial porque importo más
de lo que exporto. En este caso alguien financia mi consumo
desde el exterior. ¿Cómo ajusta el sistema? Con tipo de
cambio flotante, el saldo negativo del comercio exterior
hace subir el tipo de cambio, las importaciones se hacen más
caras en pesos y disminuyen, equilibrando el salo de balance
comercial.
Y
aquí está la madre del borrego. Como el gobierno no quiere
devaluar el peso por miedo a una crisis financiera y
cambiaria, frena las importaciones bajo el argumento de la
defensa del trabajo argentino y de la industria nacional. ¿Qué
logra con esto? Deprimir el nivel de vida de la población,
que no puede incrementar los bienes a los que puede acceder
con su salario. Con el proteccionismo, la gente puede
comprar menos bienes con su salario de los que podría
comprar si el intercambio comercial fuera abierto. Para
decirlo en términos de Crusoe: con sus ocho horas de
trabajo, la gente puede comprar menos bienes en una economía
cerrada que en una economía abierta. ¡Esta es la
genialidad del modelo de inclusión social! Que la gente
viva cada vez peor y hacerles creer que esa pérdida en el
nivel de vida es en defensa de los trabajadores argentinos y
de la industria nacional.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
“Cuando
la guerra son los demás, la paz no es uno mismo”
F.
Nietzsche
La
renuncia del Presidente alemán, Christian Wulff, es una de
esas noticias difícil de comprender en esta geografía, máxime
si además se tiene en cuenta que estaba siendo investigadopor
la fiscalía de Hannover, a raíz de una serie de viajes
pagados por amigos, y por un préstamo de 500 mil euros,
otorgado también por una allegada. ¿Cómo se explica? Y es
que detrás del mandatario hay un pueblo, simplemente,
educado.
No
entran en juego los vaivenes de la economía coyuntural, ni
la crisis que está jaqueando la región. Ese marco puede
agitar el avispero político acá. Allá, los alemanes,
continúan su ritmo de vida sin alterarlo. No encuentran
nada extraña la dimisión de Wulff por cuanto estaban
informados de los entretelones del caso, a través de los
medios audiovisuales y gráficos.
Hay
una lógica en la trama: denuncia, fiscalía en acción,
renuncia, vía libre para una más exhaustiva investigación.
No hay un Norberto Oyarbide mostrando un diamante por
televisión, ni hay motivo para dudar de la seriedad de una
noticia, menos aún de la imparcialidad de la Justicia.
Cabe
reconocer entonces que el pueblo germano está a años luz
del nuestro. No por comparaciones tediosas y antojadizas,
sino por la construcción de una cultura social basada, quizás,
en la teoría popperiana de ensayo y error. Aquello que
experimentaron como negativo no vuelve a tener cabida en las
opciones que se le presentan a la hora de una elección.
Hubo un solo Hitler en su cronología política. Conocen el
costo de la locura, lo pagaron con ancestros y descendientes
muertos.
Después
de la guerra, el país no quedó a la deriva sino hundido,
en ruinas. De ahí en más, aprendieron que la única
salida era unirse, no en un pensamiento único, sino en la
voluntad consensuada de reconstruir Alemania. No es una
tierra privilegiada donde todo les fue dado de la nada, ni
es el paraíso terrenal. “En todos lados se cuecen
habas”. Alemania se levantó a fuerza del
aprendizaje que les dejaron las heridas más lacerantes.
Por
el contrario, la Argentina no experimentó jamás la
destrucción absoluta de sus raíces aunque así lo
creamos. A lo profundo del pozo no se llegó. Siempre
estuvimos “a punto de”: a punto de una guerra civil, de
un régimen de horror; en definitiva, a punto de tocar
fondo, pero no tocándolo.
La dictadura tuvo importante aval social aunque no sea políticamente
correcto afirmarlo, la guerra de Malvinas encontró a un
pueblo ovacionando en Plaza de Mayo…
Por
esa razón, posiblemente, no se haya podido aunar criterios
en torno a lo que significa el destierro, ni acerca de la
magnitud del dolor. Estuvimos divididos hasta en el horror.
Hablamos de generalidades que son injustas, pero es a fin de
intentar entender por qué en la Argentina, la corrupción
pasa desapercibida o no termina en la Justicia con los
responsables condenados. Nos codeamos con ellos a diario.
Es
de un simplismo poco feliz, creer que el país del Muro de
Berlín es la panacea, y este suelo la antítesis de ese
sistema. Hay que ir más allá de los hechos, y atender no sólo
las causas sino también las consecuencias.
En
casi todas las situaciones de nuestra vida política hubo
escisiones tan innecesarias como incomprensibles porque no
fueron sustentadas en torno a ideologías o creencias férreas,
sino a líderes de ocasión. Hemos tenido providenciales
tan efímeros como falaces. El fanatismo nos cegó.
Recibimos etiquetas por herencia, no por libre opción.
Fuimos y somos pasionales. Albert Camus decía que
“la pasión se encamina gradualmente hacia las lágrimas”.
Al parecer, tenía razón.
La
historia nacional puede contarse como una sucesión de súper
clásicos dominicales. Adoración y falsos pedestales nos
separaron e impidieron lo esencial: comprender, aceptar,
asumir, y a partir de allí resolver sin melodramas ni inútiles
búsquedas de culpables. Avanzar
sin perder tiempo analizando quién pega más fuerte o a quién
le duele más. En síntesis, faltó madurez y educación. Lo
canjeamos por comodidad y distracción.
¿Por
qué nos resulta extraño un Presidente dando la cara y un
paso al costado? ¿Qué nos falta? O mejor dicho, ¿por qué
no entender el cambio?
Los
argentinos estamos voluntariamente sometidos a
conductas incoherentes e irracionales. Hay dos prototipos de
hombres, señalados en su oportunidad por Pascal Bruckner,
que se ciernen a la perfección al modelo de compatriota de
hoy: el mártir auto proclamado, y el inmaduro perpetuo.
Entre ambos modelos nos movemos pero no avanzamos.
Los
mártires se dedican a llorar sus infortunios en búsqueda
de benefactores que les otorguen soluciones.
Soy fruto de la marginalidad, de la desigualdad social, de
una sociedad estigmatizante etc., etc. Sufro, por ende,
deben atenderme y soportarme. Me libero de ese modo, de
tener que resolver yo ese sufrimiento. Si acaso progreso se
me acaban las posibilidades de queja. Por está razón, los
planes sociales hacen furor. ¿Cuántos han renunciado a
una asistencia estatal porque lograron puestos de trabajo?
Algo similar, con bemoles, acontece con gran parte de los
subsidiados.
Ese
mártir se define a sí mismo como víctima. Víctima de los
militares, víctima del peronismo, víctima de las
debilidades radicales, de la izquierda de los 70, de la
derecha de los 90; del capitalismo, del consumismo, o los
“ismos” que sean. Cualquier
encasillamiento es bueno a la hora de desligarse de las
responsabilidades inherentes al rol que nos cabe: ciudadanos
más que habitantes.
Los
inmaduros a perpetuidad, por su parte, se regocijan con sus
conductas infantiles. Exigen la libertad del adulto pero sin
las obligaciones que acarrea ser grande. La
proclama sería: “Soy mayor a conveniencia”.
Grande para disfrutar las bondades del sistema, pero
pequeño y débil para resolver por mí mismo sus problemas.
Para eso hay un Estado. Un Estado al que delezno cuando se
intromete en mi vida privada, pero se lo busca y reclama
cuando hay carencias. Es él quién debe saciarlas para yo
no tener que sufrir por ellas.
Sintetizando:
hago lo que quiero pero cuando tropiezo vuelvo corriendo al
seno paterno donde encuentro consuelo. Es más, merezco y
es deber del padre encarnado, generalmente en el gobierno o
en el Estado, cobijarme, ahuyentar mis penurias, y hacerse
cargo de las consecuencias de mis actos.
Los
argentinos nos movemos entre esos dos modelos. Según
convenga somos mártires autoproclamados o somos inmaduros
perpetuos. Presos en esos parámetros ejercemos a
medias, el papel intrínseco del ciudadano. Es decir,
votamos. Si lo hacemos mal, otro se hará cargo y servirá
el error para regocijarnos, sentirnos pobrecitos,
perseguidos cuando en rigor no hay nadie detrás de nosotros
mismos.
Somos
las víctimas del engaño. ¿Qué engaño? El engaño de
segundos o terceros, el engaño siempre ajeno. Nunca se
piensa y menos se aceptaría hablar de autoengaños.
Si el gobierno me defraudó, es el gobierno quién debe
congraciarse. De allí el famoso consuelo “que sigan
los mismos aunque sean malos, así se hacen cargo de la
crisis que generaron”. O peor aún aquello de: “el
pueblo nunca se equivoca” ¿Cómo que no?
¿No se equivocó el pueblo alemán votando a Hitler acaso?
Pues bien, los alemanes se hicieron cargo.
No
sólo justificamos el error pasado, sino también el volver
a equivocarnos. ¿Cambiarlo? Es inútil. Cuando el calzado
aprieta, no cambiamos el pie sino el zapato. Pues bien, para
los argentinos, si el calzado aprieta no es a causa del
crecimiento de mi pie sino que es culpa del zapatero que no
confeccionó un calzado capaz de adecuarse a mi cambiante
tamaño.
Los
alemanes, sin embargo, con todos los defectos que puede
atribuírseles, cuando reconocen el error, no lo repiten,
vuelven sobre sus pasos y cambian el zapato; estamos
generalizando, claro.
Si
las Malvinas no están bajo la órbita argentina es culpa
del inglés, sea éste un príncipe, un futbolista, un músico
o un simple británico. Lo solucionamos con algún cántico
de barricada: “el que no salta es un inglés”…
Lo coreó hasta la jefe de Estado. Somos unos vivos bárbaros,
pero ¿qué ganamos?
No
consideramos si acaso no tuvimos la persistencia de hacer un
reclamo sistemático, en lugar de acordarnos del tema después
de 9 años, y si hoy están bajo dominio foráneo, a causa
de haber elegido erróneamente el modo cómo recuperar lo
que consideramos nos pertenece intrínsecamente.
Por
lo dicho, tal vez, para no sorprendernos con un Premier
abandonando el cargo, debamos mirarnos a nosotros mismos,
asumir cómo somos y entender que, si cambiamos de zapatos
no es por la impericia del artesano sino porque
nosotros hemos cambiamos de tamaño.
De
lo contrario, seguiremos `ad eternum´ con el mismo
zapatero, culpándolo del dolor de nuestros pies
apretados…/
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
Volver al teclado: una experiencia casi surrealista si se trata de
analizar un escenario político donde abunda el grotesco y la
“tomada de pelo”. Sin embargo, estamos como espectadores
mansos en ese teatro. Frente nuestro, un solo protagónico y
un exceso de actores de reparto que apenas se limitan a los
aplausos.
Parece que hiciese años que reasumió la Presidente en su segundo
mandato (otra falacia si consideramos que su primer periodo
fue una suerte de continuación del de su marido) En ese
sentido, puede decirse sin equívoco que llevamos 9 años
sometidos a este reinado. La costumbre nos ha ganado.
De la noche a la mañana se esfumó la esperanza depositada en algunas
voces opositoras que lograron ciertos cargos. Todos callaron y
algunos cayeron en la trampa del espectáculo montado. Esperan
“su momento” que, paradójicamente, no suele ser el
momento de los ciudadanos. Hace tiempo que la democracia
argentina dejó de ser representativa. Hoy es una seudo
democracia delegativa, guste o no aceptarlo.
El año comenzó con un hecho político signado por la confusión: el
“falso positivo” de un papelón. Desde entonces, lo que
debiera ser una etapa de tregua o quizás de letargo, se vio
sobresaltada por incoherencias y atropellos previsibles pero
también desmesurados en el cómo y en el cuándo. La confusión
y el papelón trashumaron a todos los campos.
La Primera Mandataria decidió adoptar un rol estrictamente
comunicacional. No soluciona nada más allá de las palabras.
Declama, recita, cree dar cátedra. El gobierno así divide
sus quehaceres: por un lado, la comunicación monopolizada por
el relato. Por otro, el submundo de los negocios o negociados.
Ambos aspectos están en muy pocas manos. El resto atiende
contingencias ante la ausencia de políticas a mediano o largo
plazo.
La herramienta por excelencia de este nuevo período radica en la sistemática
prohibición de todo acto y toda voz que puedan alterar el
orden preestablecido de ante mano. Ausencia del clima
democrático. Por ejemplo, la Presidente establece que el dólar
debe mantenerse. Corolario: control absoluto de mercado.
Medidas en apariencia populistas embebidas de falacias
nacionalistas. En definitiva, otro engaño.
Quiénes compran dólares en cantidad poseen armas propias para eludir
los candados. El único afectado es el ciudadano común a quién
se le ata las manos. Pero los dólares, finalmente y a pesar
de los sabuesos, siguen escapándose. Ampulosos anuncios con
resultados únicamente mediáticos.
La realidad pasa por otro lado. El progreso, en boca de Cristina
Kirchner, se palpa en récords tan falsos como el resto del
relato. ¡País pujante porque cuatro o cinco días, y algún
fin de semana largo, hay movimiento de autos hacia la costa
atlántica!
El verdadero dato: cuando el progreso kirchnerista no existía, se
veraneaba por lo general entre 15 y 30 días… Pero esas, según
el oficialismo, eran épocas de despilfarro que llevaron a la
crisis de comienzo de siglo. Entonces vino el abismo, y
apareció “El” para salvarnos.
Nada bueno pasó antes de mayo de 2003: comienzo irrefutable de bonanza
espectacularmente vendida, por especialistas en el arte de
pintar escenografías. Es justo admitir que el público también
se maneja en demasía con el doble discurso. Delezna la
expansión indiscriminada del Estado pero, simultáneamente,
requieren que éste los ampare y proteja para evitarle
trabajo. De ese modo es muy difícil romper el círculo
vicioso o viciado.
Después de una reelección, que encima superó expectativas, la crisis
es o debería ser utopía. Los comicios arrojaron el ocaso de
alternativas y sin embargo, hay apremio por tapar todo cuánto
está pasando.
No hay enemigos poniendo obstáculos, la economía que aún no se ha
desbordado funciona como modeladora de la ética y la moral
del ciudadano. Todo es aceptado sin chistar si aún hay cierto
respiro y métodos para disfrazar la realidad.
Ejemplo cabal es la tarjeta SUBE. Las filas eternas para permanecer
subsidiado, amén de mostrar la necesidad reinante en amplias
franjas sociales, pone de manifiesto de qué manera se maneja
al rebaño. SUBE es un “regalo” del gobierno, toda otra
especulación es solamente eso: especulación de la minoría
que no los ha votado. Para muchos sirve como atenuante de un
bolsillo aún no violado. ¿Hasta cuándo?
Si algo debe reconocérsele al oficialismo es su capacidad para manejar
la distracción. Ante la falta de adversarios, hay que
crearlos. La política como batalla perpetua: concepción
kirchnerista por excelencia. Así se embistió contra el
clero, el empresariado, los militares, los medios de
comunicación, el campo… Hoy es el turno de lo foráneo.
Malvinas es una causa nacional que nadie puede cuestionar pues se impone
lo políticamente correcto. Es probable que a una mayoría de
los argentinos no le interese un ápice la soberanía de los
isleños, pero de ahí a exponerlo públicamente hay un gran
trecho. Hay miedo al pensamiento…
Malvinas opera como antes operaron los Derechos Humanos.
Con el “manto de neblina” que no hemos de olvidar se cubre al
testaferro del vicepresidente, a la interna rabiosa dentro del
seno mismo del gabinete, se cubre la improvisación y los déficits.
Las Malvinas oscurecen los índices falsos del INDEC, los
conflictos sociales en ciernes, el desabastecimiento de
insumos, la mega minería que, mucho más allá del medio
ambiente, contamina de corrupción a los dirigentes.
Las denuncias deben mantenerse en la latitud en que se han mantenido
siempre. Skansa, Grecco, Antonini, Atucha, Yaciretá, Aerolíneas
Argentinas, Meldorec…, son ejemplos concretos de cómo deben
pasar a segundo o tercer plano todo aquello que salpique de
corrupción a los funcionarios. Otro apéndice del Estado hará
lo demás: los jueces alquilados.
Más preocupación que la soberanía, la democracia, los derechos humanos
y cualquier otra causa, el desvelo del poder pasa por empezar
urgente la campaña para asegurar una continuidad que hoy no
está.
En ese trance, se vuelve a recordar que hay sólo un modo de alterar el
escenario nacional: tocándole -sin eufemismos- el bolsillo a
los ciudadanos. Eso no está lejos de pasar. Y será entonces
cuando el gobierno necesite alguna estrategia más para
mantener el status quo, sin el cuál no puede continuar. ¿La
tendrá?
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
Los
ajustes de tarifas e impuestos provinciales están
superando el famoso rodrigazo de 1975. El modelo nunca funcionó
bien, lo que funcionó bien fue su capacidad de destrucción.
Por
Roberto Cachanosky (*)
Celestino
Rodrigo ha pasado a la historia como el hombre que generó
un brutal cambio de precios relativos a mediados de 1975.
Ese cambio de precios relativos fue bautizado como el
rodrigazo por la magnitud del ajuste. Sin embargo, desde mi
punto de vista, a Celestino Rodrigo le tocó destapar la
olla a presión que había dejado José Ber Gelbard con su
famosa política de inflación cero. Con los precios
relativos distorsionados, déficit fiscal y atraso del tipo
de cambio real, Celestino Rodrigo intentó, dentro del
contexto político de aquellos años, ordenar las cuentas públicas.
Por supuesto que a Rodrigo se le pueden criticar muchas
cosas, pero lo cierto es que si uno analiza en contexto el
llamado rodrigazo, se encuentra con que el lío lo había
armado Gelbard y Rodrigo cargó con el costo político de
destapar la olla a presión que había dejado Gelbard.
Formulada
la aclaración sobre la situación que le tocó asumir a
Celestino Rodrigo, veamos cuáles fueron los ajustes de
precios que hizo el entonces ministro de Economía. Para
esto voy a seguir los datos de La Economía Argentina en la
Segunda Mitad del Siglo XX de mi amigo Juan Carlos von De
Pablo. Cito textualmente: “El nivel general de las tarifas
públicas es un agregado heterogéneo. Una desagregación
imprescindible es entre YPF y el resto de las empresas, por
el particular comportamiento de los precios de YPF en 1974 y
1975…En efecto, el precio del libro de nafta común subió
181%, el de la nafta especial 173%, las tarifas de
transporte 75%, las de gas entre 40% y 60%, las del consumo
domiciliario de electricidad entre 40% y 50% y las del
consumo industrial 75%.”
Si
dejamos de lado el precio del combustible, que llegó a
aumentar el 181% durante el rodrigazo (creo que desde el
2002 a la fecha ha aumentado más), los incrementos de las
tarifas de los servicios públicos del rodrigazo prometen
ser sustancialmente menores a los que habrá que enfrentar
con la sintonía fina del cristinismo.
Empecemos
por el impuesto inmobiliario. La boleta que me llegó para
este año en la provincia de Buenos Aires, tiene un aumento
del 30% respecto a la del 2011, frente a una inflación del
9% que declaró el INDEC. Pero el impuesto inmobiliario del
2011 me había aumentado el 139% respecto a 2010, también
frente a una inflación también del 9% según Moreno. Y la
del 2010 había subido el 20% respecto a la del 2009. En síntesis,
este año voy a pagar un impuesto inmobiliario que tiene un
incremento del 274% respecto a 2009.
Sigamos,
de acuerdo a la última factura de luz que pagué, si me
eliminan el subsidio, el aumento será del 80 al 90 %
dependiendo cómo juegue el listado de impuestos que incluye
la factura. Recuerde que más arriba puse que en el
rodrigazo el aumento de la luz en las casas fue del 40% al
50%. En el caso de los colectivos, sobre el cual mantienen
el suspenso de cuánto tendrán que pagar los que no tienen
la tarjeta SUBE, todos sabemos que el aumento tendría que
estar en el orden del 300%. Veremos si se animan. En agua
potable he visto aumentos del 120%. En síntesis, la
magnitud de los incrementos apunta a superar el rodrigazo de
1975, con lo cual pasaremos a tener el cristinazo en nuestra
historia económica argentina. Obviamente que el último
bastión que les queda es el dólar.
Recuerdo
que en el 2007, en una conferencia abierta en Mendoza, dije
que ya se había acumulado una fuerte distorsión de precios
relativos y que la emisión monetaria generaba presiones
inflacionarias agudas. Cuando terminé mi exposición un
empresario dijo que no coincidía conmigo y que él era muy
optimista. Y recalcó lo positivo de los cambios que se habían
producido en la posibilidad de que las AFJP pudieran
invertir más en el exterior. Luego vino la expropiación de
las AFJP y no sé en qué le habrá quedado ese optimismo.
Respecto a este punto hubo más de 500 asistentes que pueden
dar fe de lo que estoy contando. Pero, el punto no es
escrachar a ningún empresario, sino que tomo como ejemplo
ese caso porque últimamente veo que varios colegas
economistas afirman que el modelo ya dio todo lo que tenía
que dar y que ahora hay que cambiar. Mi punto es muy
diferente.
El
modelo no dio todo lo que tenía que dar, sino que destruyó
todo lo que tenía que destruir, y cualquier economista
medianamente serio sabía que el modelo era inconsistente.
Debía saber que emisiones monetarias que empezaron con el
27% y que ahora están en el 35% son incompatibles con la
estabilidad. Que licúan el tipo de cambio real. Que las
tarifas de los servicios públicos estaban artificialmente
contenidas y que, en algún momento, esa fiesta de subsidios
iba a ser infinanciable.
Por
supuesto que la economía no explotó en el 2007, pero la
explosión no se produjo por las bondades del modelo, sino
porque se estiró la agonía confiscando activos y
destruyendo stock de capital. Una cosa es decir que el
modelo es inconsistente y otra muy diferente es pronosticar
con fecha y hora el fin del modelo. Eso nadie lo puede saber
porque todo depende de las cajas a las que recurra el
gobierno (AFJP, presión impositiva asfixiante, BCRA, etc.)
y del contexto mundial. Sabemos que estas políticas
populistas pueden saltar por las causas más insospechadas y
en el momento menos pensado, pero son demasiadas las
variables que juegan al momento de definir la muerte
definitiva del modelo. Puede ser el contexto internacional,
el fin de las cajas que manotea el gobierno, una sequía que
depende del tiempo, etc. Lo importante es entender qué está
haciendo el gobierno y qué resultados cabe esperar de esa
política. Y eso es lo que no entienden, incluso, varios de
mis colegas economistas cuando afirman que el plan estuvo
bien al principio pero ahora se agotó. El plan nunca
funcionó bien. En todo caso lo que funcionó bien fue la
capacidad que tuvo el gobierno para sobrepasar todos los límites
de respeto a los derechos de propiedad, regulaciones,
aprietes, prohibiciones, etc. y de esta forma financiar una
orgía de consumo al más puro estilo populista.
Esto
nos indica que nadie tiene que sorprenderse en el futuro que
vulneren más derechos de propiedad. ¿Por qué? Porque el
modelo lo requiere. El modelo populista necesita de caja
para sobrevivir políticamente y el populismo no respeta la
república, por el contrario, rechaza la república porque
es contraria a los necesidades del populismo. Y como el
populismo es una forma moderna de autocracia, recurrirá a
todo tipo de avasallamiento de los derechos de propiedad
para mantenerse en el poder.
Insisto,
nadie puede sorprenderse que hoy la gente no pueda comprar dólares
libremente porque en el populismo una regulación lleva a
otra. La dinámica populista es eso. “Arreglar” el lío
de una regulación con otra regulación más intensa y
destructiva, y así sucesivamente.
Por
ahora el gobierno puede ostentar el récord de superar los
ajustes, o como les gusta decir a ellos la sintonía fina,
del rodrigazo. Solo falta saber en cuánto superarán con su
sintonía fija los ajustes de tarifas que se viene. Cuánto
más estiren esta política populista, más superarán al
rodrigazo del 75.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
Cuando
el Estado decide qué puede y qué no puede Ud. comprar con su
salario, o el empresario obedece ordenes de los burócratas
sobre cuál debe ser su política comercial, de utilidades,
exportaciones, importaciones, de salarios, etc., la propiedad
privada pasa a ser una ficción
Por
Roberto Cachanosky (*)
Supongamos
que Ud. tiene una casa. Esa casa figura en el registro de
propiedad a su nombre. Ud. cree que esa casa es de su
propiedad. Pero supongamos que el gobierno decide si puede
alquilarla o no, a qué precio puede alquilarla, a quién
puede alquilar, cuánto tiempo puede alquilarla, si puede
venderla o no e infinidad de otras restricciones. Bien, en
ese caso la casa figurará a nombre suyo, pero no será de
su propiedad porque el uso de la misma estará tan
arbitrariamente restringido por el gobierno que el verdadero
dueño de su casa será el Estado y no Ud. La propiedad
estará a su nombre pero la disponibilidad de la propiedad
estará en manos del Estado. Esto quiere decir que la
propiedad privada no desaparece solamente cuando el Estado
la confisca, sino que también desaparece, o se ve
fuertemente limitada, cuando el Estado decide por Ud. sobre
el uso de la misma.
Seguramente
más de uno considerará que el siguiente párrafo es
exagerado, pero Argentina está transitando el camino de la
abolición de la propiedad privada cuando consideramos que
la propiedad privada implica poder disponer libremente de
ella.
Por
ejemplo, tomemos el ejemplo de una persona que trabaja y
tiene cierta capacidad de ahorro. Por el fruto de su trabajo
recibe un pago en pesos, fruto de su trabajo que le
pertenece. Esos pesos son propiedad privada del trabajador,
pero el Estado le condiciona o le prohíbe la compra de dólares
dependiendo de lo que decida la AFIP. Cuando la gente compra
dólares como forma de ahorro es porque considera que los
pesos que emite el BCRA no sirven como reserva de valor. Lo
que hace el trabajador es defender sus ahorros, que son el
fruto de su trabajo, pero el Estado no se lo permite o lo
limita. Y aquí no corre el tema del control impositivo
porque para eso están las declaraciones juradas anuales de
ganancias en las cuales cada uno de nosotros tenemos que
explicarle a la AFIP si generamos o no ese ahorro que
destinamos a la compra de dólares. Para la AFIP todos somos
sospechosos hasta que demostremos lo contrario, lo cual
implica violar los derechos humanos, porque el gobierno, por
no tener una moneda confiable, trata de frenar la compra de
dólares destruyendo un principio jurídico que solo
establecen las dictaduras: esto es. Todos son sospechosos
hasta que se demuestre lo contrario. En vez de emitir una
moneda confiable, el gobierno destruye su reserva de valor y
obliga a la gente a tener pesos y no le permite defender sus
ahorros, que finalmente, al ser el fruto de su trabajo,
también es propiedad privada. En definitiva, al limitarle
el acceso a la defensa de sus ahorros, el gobierno le
confisca parte de sus ahorros con el impuesto inflacionario.
Sigamos
con el ejemplo del trabajador que, con el fruto de su
trabajo, decide comprarse algún bien importado. El Estado
ha decidido que no tiene derecho a usar el fruto de su
trabajo cómo a Ud. mejor le plazca, sino que, por serios
problemas cambiarios, el gobierno limita el uso de la
propiedad privada, decidiendo que Ud. con su esfuerzo diario
no tiene derecho a comprar un producto importado. Lo limitan
a comprar productos nacionales que por calidad o precio Ud.
no quiere adquirir. Es más, tal vez Ud. quiera comprar un
producto importado porque simplemente se le da la gana.
Bien, el Estado ha decidió que su propiedad privada, su
salario, puede usarse solo en lo que el Estado lo permite.
También,
el Estado le aplicará un impuesto a las ganancias para
financiar los llamados “planes sociales”. Sin ajuste por
inflación de los mínimos no imponibles, el Estado le
quitará una parte creciente del fruto de su trabajo. Ud. no
podrá decidir a quién desea ayudar con su salario. El
Estado ha decidido que le va a quitar a Ud. parte de su
trabajo para que, en cadena, la presidente decida a quién
le da y a quien no le da. Digamos que hace
“beneficencia” con el dinero ajeno. El gobierno
considera que tiene el monopolio de la “beneficencia” y
que el resto de los argentinos somos todos avaros que no
estamos dispuestos a ayudar a nuestros semejantes. Claro, al
autoproclamarse como el único que tiene el monopolio de la
“beneficencia” nadie puede controlar a quién beneficia,
porqué lo beneficia y para qué lo beneficia.
Como
gran “invento” de política económica, el gobierno ha
decidido conformar una comisión multisectorial que se
encargará de analizar los balances de las empresas de todos
los sectores, definir si sus gerentes ganan mucho o poco,
analizar sus costos y utilidades y decidir si ganan mucho o
poco. De esta forma, supuestamente, el gobierno tendrá los
elementos para definir qué aumento de salarios deberá
pagar el sector privado según los “concienzudos” cálculos
de los burócratas de turno.
Primera
reflexión que surge inmediatamente. Ante la requisitoria de
saber cuánto gana el gerente de una empresa, la respuesta
sería: ¿y a Ud. que le importa? Ud. está en el Estado
para defender el derecho a la vida, a la propiedad y la
libertad de las personas, no para meterse, tipo KGB o SS, a
averiguar cuánto gana mis gerentes. Para eso está la AFIP
que recibe las declaraciones juradas anuales.
Respuesta
del funcionario: “pero yo tengo el 54% de los votos”.
Respuesta: Y a mí que me importa. Nuevamente, ese 54% solo
lo habilita a utilizar el monopolio de la fuerza para
defender mi derecho a la vida, la propiedad y la libertad.
Ese 54% no le otorga poderes ilimitados para violentar los
derechos individuales y el derecho de propiedad. No solo no
lo habilita a violar los derechos del 46% que no la votó,
sino que no lo habilita a violar el derecho de una sola
persona. Ud. confunde método de elección con los derechos
que le otorga ganar una elección. Primero están los
derechos de las personas y los límites que tiene que tener
el gobierno en el uso del monopolio de la fuerza, y luego
está la forma de elección. Se lo digo más claro: la
persona elegida no puede hacer un uso discriminado del
monopolio de la fuerza. La forma de elegir es solo un
mecanismo para ver quién administrará la cosa pública
bajo las restricciones establecidas. Si quiere podemos
cambiar el método y elegir al presidente tirando los dados,
apostando a las cartas o arrojando una moneda al aire, pero
lo que no está en debate son los derechos individuales, la
propiedad privada y el derecho a la libertad y la vida. Esos
derechos no pueden violarse ni con el 54% de los votos ni
con el 99%.
Segundo
punto económico. Esa comisión interministerial va a
analizar los balances y decidirá qué aumento de salarios
corresponde aplicar en base a las utilidades obtenidas por
las empresas. Sería bueno recordarles a quienes integran
esa comisión que los balances son historia. Que una empresa
haya tenido utilidades “altas” no quiere decir que este
año las vaya a repetir. Proyectar salarios futuros en base
a utilidades empresariales pasadas es un disparate
conceptual. Y mayor disparate es cuando estamos en un país
en el que nadie puede hacer cálculo económico porque no
tenemos moneda por efecto de la inflación y, encima, a un
señor se le ocurre cambiar todo el tiempo las reglas de
juego. ¿Quién puede definir la utilidad que va a tener
este año si no sabe cuál será la carga tributaria que
tendrá que afrontar, si podrá producir lo que espera
producir porque en una de esas le prohíben importar insumos
que le bajan la producción, le cortan la energía e
infinidad de otras incertidumbres?
Si
el gobierno quiere seguir el criterio de fijar salarios en
base a utilidades de sus balances, lo primero que tiene que
hacer es, como mínimo, bajarle el sueldo a los directivos
de Aerolíneas Argentinas.
A
la hora de fijar salarios por productividad, ¿qué salario
le corresponde a Moreno por entorpecer la producción,
destruir riqueza y disminuir la eficiencia de la economía
Argentina?
Tercer
punto, definir si una utilidad es alta o baja depende, entre
otras cosas, del riesgo institucional en el cual se maneja
la empresa. Si la arbitrariedad en las reglas de juego está
a la orden del día, la incertidumbre institucional
determina que el accionista le pida una tasa de rentabilidad
muy alta a su inversión. Si el riesgo institucional es
bajo, la tasa de rentabilidad que se le pedirá a la inversión
será más baja.
El
salario real se determina como cualquier otro precio de la
economía. En un país en que se invierte mucho, se demanda
mano de obra. La mayor demanda de mano de obra eleva los
salarios. Si el BCRA no destroza la moneda generando inflación,
la mayor demanda de mano de obra obligará a pagar más
salarios para que el empleado no se vaya a otra empresa y
elevará el poder de compra de los salarios. Por otro lado,
si por cada trabajador aumenta el sotck de capital, su
productividad mejora, hay más oferta de bienes en el
mercado y más demanda de mano de obra con lo cual su
salario real sube. Esta es la fórmula que no tiene atajos
para la prosperidad no demagógica.
Como
el gobierno no genera confianza para que haya inversiones,
la productividad de la economía no crece y la demanda de
trabajo hoy se mantiene en niveles cercanos a los de la
crisis del 2002. Nadie quiere tomar una persona más en su
empresa. A lo sumo reemplazará algún puesto de trabajo.
Inflación, baja inversión y productividad hacen imposible
que el salario real mejore. Dado que el gobierno no va a
cambiar su rumbo intervencionista, lo que cabe esperar es
que, en su desesperación por tratar de emparchar los líos
que hace a diario, inevitablemente termine avanzando cada
vez más sobre la propiedad privada.
Antes
hablaba los salarios, una empresa hoy tiene que pedir
permiso para importar, para girar utilidades, para comprar dólares,
para exportar, para aumentar sus precios, para pagar
importaciones y cuántas regulaciones más se le ocurra al
gobierno. La realidad, les guste o no a los empresarios, es
que han dejado de ser dueños de sus empresas. Solo se
limitan a gerenciarlas en base a las pautas que le impone
Moreno, pautas que responden a las necesidades políticas de
Cristina Fernández.
Los
accionistas de las empresas solo tienen a título nominal la
propiedad de las mismas. El verdadero dueño es el Estado
que les dice qué pueden y qué no pueden hacer con sus
empresas, flujos, utilidades, estrategias comerciales,
exportaciones, importaciones, los salarios que deben pagar,
etc.
En
síntesis, hoy Ud. con su salario, que es el fruto de su
trabajo, solo puede comprar lo que le autorizan los burócratas
de turno. Y Ud. con su empresa, solo puede hacer lo que le
autorice a hacer el gobierno. La propiedad privada en
Argentina está, como mínimo, limitada a los caprichos de
los gobernantes.
Insisto,
mi afirmación puede lucir exagerada cuando afirmo que la
propiedad privada está bajo ataque. Si no me cree, espere
un poco más y después hablamos.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
En
su esfuerzo por cantar loas al modelo y quedar
bien con la presidente, los funcionarios dan
datos económicos que terminan mostrando fuertes
contradicciones dejando al descubierto la falta
de veracidad de los beneficios del modelo
Por
Roberto Cachanosky (*)
Estaba
releyendo un discurso de Débora Giorgi sobre inversiones en
el país. Debo confesar que mi ex compañera de la UCA
parece ser más cristinista que la misma Cristina Fernández
porque nos muestra un país que, según ella, es mejor que
el que nos pinta CFK. Para ser justos, en rigor, cuando uno
escucha a los funcionarios del gobierno, parece estar viendo
una competencia para ver quién de ellos se deshace en
alabanzas al modelo y a la gestión del kirchnerismo. Pero
bueno, cada uno tiene sus propias ideas y visión del mundo
y no hay por qué molestarse. Lo cierto es que en ese
discurso Giorgi sostuvo que: “la Argentina registró la
tasa de inversión más alta de los últimos 30 años en el
tercer trimestre de 2011, que llegó al 26,2 por ciento del
PBI". Debo confesar que me sorprendió que no dijera en
los últimos 200 años como dice Cristina. Ahí se quedó
corta en sus alabanzas al modelo. La próxima vez que se
acuerde que tiene que decir que todo es mejor que en los últimos
200 años porque en el relato kirchnerista nadie puede
superar lo hecho por el matrimonio desde 2003 a la fecha.
Pero
volviendo al discurso, agregó: "Esto es producto del
proceso de reindustrialización del país que permitió,
desde 2008, sustituir importaciones por más de 10.000
millones de dólares". Otra pifiada, tiene que recordar
que todo lo bueno en Argentina comenzó en 2003. Nunca antes
ni después que Néstor Kirchner llegó al gobierno gracias
a la genial jugada política de Duhalde, el que, como gran
jugador de ajedrez, pensó veinte jugadas adelante y Néstor
le cantó mate en 2 jugadas.
Sigo
con el discurso de Giorgi. Según la Ministro, el 28% de las
inversiones anunciadas en 2011, que llegaron a los U$S
35.000 millones, según la información oficial, fueron
destinados al sector de gas y petróleo.
El
primer dato curioso de Giorgi es que no habla de inversiones
realizadas por U$S 35.000 millones, sino que habla de
ANUNCIOS de inversión. Me parece que hay una gran
diferencia entre ANUNCIAR una inversión e INVERTIR. Dicho
en castellano básico para que hasta un k pueda entenderlo:
una cosa es decir y otra es hacer. Y la Ministro, siempre
atenta a los discursos de Cristina para ver cuándo tiene
que festejarle con una risa algo que diga la presidente,
debería poder distinguir entre ANUNCIAR una inversión y
REALIZAR una inversión.
Pero
vayamos al tema de la sustitución de importaciones por el
cual, el modelo (que ahora necesita sintonía fina con pequeños
y quirúrgicos ajuste de tarifas de algo más del 100%
superando al rodrigazo del 1975) permitió sustituir
importaciones por U$S 10.000 millones. Si este número, que
solo Él sabe de dónde salió, es cierto ¿por qué a
Moreno le agarró el ataque de cerrar herméticamente las
importaciones? Si tan exitoso fue el modelo en sustituir
importaciones, hoy no estaría tan necesitado de divisas
comerciales cerrando la economía. La verdad es que no se
entiende. Por un lado el modelo es fantástico porque generó
sustitución de importaciones y por otro lado tienen
que cerrar las importaciones para defender el trabajo
argentino, según dichos de los funcionarios kirchneristas.
O las inversiones que permitieron sustituir inversiones por
U$S 10.000 millones producen basura que nadie quiere y por
eso crecen las importaciones o en el discurso oficial hay
algún dato que está mal.
Es
más, según Giorgi el 28% de las inversiones fueron
destinadas a gas y petróleo. Si tal es la envergadura de
las inversiones del sector: ¿por qué las importaciones de
combustibles aumentaron el 110% en 2011 respecto a 2010?
Justamente, el 28% del aumento de las importaciones del 2011
(unos U$S 17.000 millones más que en 2010) se explican por
el aumento de las importaciones de combustibles gracias a la
horrorosa política energética del gobierno. Pero, por un
lado Giorgi, en sus alabanzas al modelo, dice que el sector
tuvo grandes inversiones y a los pocos días, Cristina Fernández
despotrica contra el sector diciendo que porque no
invirtieron hubo que aumentar las importaciones de
combustibles en un 110%. Me parece fantástico que los
funcionarios kirchneristas les canten loas al modelo y a
Cristina Fernández en particular. Si se sienten cómodos en
el papel de grandes aduladores, al punto de hacer el ridículo,
es algo que no me corresponde juzgar porque cada uno elige
el grado de dignidad con que quiere vivir, pero, por lo
menos, que sean un poco más prolijos cuando dan datos y
dicen cosas, porque finalmente uno se termina confundiendo.
Gorgi dice que el sector de gas y petróleo bate récords de
inversión y Cristina Fernández se queja porque las
inversiones del sector no alcanzan y hay que importar más
combustibles. Obviamente que la culpa nunca es de ellos,
sino que siempre hay algún desestabilizador y conspirador
que quiere terminar con la felicidad del pueblo argentino
que el modelo, Él y ella le dieron al pueblo.
Cuando
me tope con estas groseras contradicciones y falaces
anuncios, porque, como decía antes, una cosa es ANUNCIAR
inversiones y otra INVERTIR, me acordé de una película que
estaba viendo con mi hijo por televisión. La película se
llama La Invención de la Mentira (The Invention of Lying en
inglés). En la película se plantea un mundo donde nadie
miente. Nadie conoce la mentira. Si uno va a un banco y pide
retirar un monto de dinero mayor al que dice el sistema que
dispone, la cajera le entrega el dinero porque asume que el
sistema está fallando y el cliente no miente.
En
ese mundo en el que nadie miente, el personaje principal
descubre que mintiendo puede obtener grandes beneficios en
ese mundo en que nadie miente. Justamente lo descubre cuando
va al banco a retirar un monto mayor al que tenía en su
cuenta y la cajera le entrega la suma porque asume que el
sistema falló. El personaje sigue mintiendo y ve cómo
puede beneficiarse de la mentira, pero por momentos entra en
contradicciones y tiene que inventar más mentiras para
sostener la primera.
La
película, que es una comedia, termina con un final feliz.
La diferencia con la realidad argentina es que en la versión
oficial The invention of lying es tan grande que cada vez
tienen que inventar un lying mayor para poder justificar la
lying anterior.
Debo
reconocer que, por ahora, la invención de la mentira del
modelo le está dando muy buenos resultados de apoyo de la
gente. Eso sí, cada vez tendrán que agrandar la siguiente
mentira para poder sostener el discurso de una realidad que
no es tal, con lo cual, en algún momento la gente descubrirá
The Invention of Lying del modelo. Lo que falta por ver es
si tanto invento de mentira tiene un final feliz como el de
la película, porque una cosa es la ficción de la película
y otra la ficción que nos presenta el gobierno.
Como
decía Lincoln: “Se puede mentir a pocos, mucho tiempo. Se
puede mentir a muchos, poco tiempo. Pero no se puede mentir
a todos, todo el tiempo”.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
La
política económica está llena de parches y
subordinada a la acumulación de poder. Para
ello usan los argumentos más desopilantes y se
ríen de la gente.
Por
Roberto Cachanosky (*)
A
esta altura del partido hay algunas cosas que quienes
tienen que tomar decisiones a nivel microeconómico deben
tener en cuenta respecto a la política económica del
gobierno. En primer lugar que la política económica se
limita a generarle los recursos necesarios al gobierno
para que tenga caja y pueda sostener su poder político.
No existe tal cosa como un modelo de crecimiento de largo
plazo, por más que el gobierno hable constantemente del
modelo. Justamente, como no existe esa política económica
de largo plazo podríamos decir que la segunda cuestión a
considerar es que la política económica, si es que así
puede llamarse, se limita a que cada mañana busquen un
parche para ponerle al “modelo” para arreglar el lío
que hicieron el día anterior. La tercera, que a mi juicio
es muy importante, es que ellos saben que están haciendo
una ensalada fenomenal, pero están dispuestos a reírse
en la cara de la gente con tal de decir que lo que es
negro es blanco o lo que es cuadrado en realidad es un círculo.
Dicho de otra manera, por más que uno esgrima los
argumentos más contundentes para explicar la
inconsistencia de una medida que están tomando o mostrar
sus perjuicios, ellos no están dispuestos a escuchar
porque no les interesa solucionar los problemas de la
gente sino solucionar los problemas que puedan producirles
a ellos algún perjuicio político. Por eso pueden hoy
decir A y mañana Z sin que se les mueva un pelo.
Dejemos
de lado el falso positivo del cáncer de la presidente,
que fue presentado de tal manera que hace pensar que el
objetivo habría sido que la gente le tuviera lástima por
la enfermedad, y terminó siendo un papelón de comunicación
porque resulta que jamás tuvo cáncer. Supongamos que los
médicos son todos muy estúpidos y el falso positivo en
diagnosticar un cáncer es la cosa más normal del mundo.
Si uno destaca la mala comunicación del gobierno respecto
a la enfermedad de Cristina Fernández, lo que van a decir
es que encima los opositores se molestan porque la
presidente no tiene cáncer. Tienen una fenomenal
capacidad para dar vueltas las cosas.
Veamos,
el problema inflacionario lo solucionan interviniendo el
INDEC y diciendo que la inflación es de solo el 9% anual.
Inventan utilidades del BCRA para que financie al tesoro
emitiendo moneda. Están dispuestos a tirarle por la
cabeza los subtes a Macri para no tener que hacerse cargo
del aumento del pasaje. Un día dicen que el modelo es
magnífico y un ejemplo en el mundo que merece el premio
Noble de Economía porque nos blinda de la crisis
internacional y luego dicen que hay que hacer sintonía
fina por la crisis internacional. A los tarifazos los
llaman redireccionamiento de los recursos, a la emisión
monetaria desaforada la denominan crédito, ante la caída
del tipo de cambio real cierran la economía y dicen que
no hay problema cambiario sino defensa de los puestos de
trabajo de los argentinos y que Dios ha sido reemplazado
por El. Si son capaces de hacer todo esto, quiere decir
que se nos ríen en la cara. Y diría que hasta son
bastante inteligentes en el corto plazo porque a una buena
parte de la población no le interesa que se les rían en
la cara. Al contrario, una parte importante de la población
tiene una muy buena imagen del gobierno a pesar que se les
ríe en la cara. El por qué de semejante comportamiento
social escapa a mi entendimiento y tal vez al de ellos,
pero descubrieron que es una fórmula que, por ahora
funciona, y la siguen usando. Claro que con estas cosas
hay que tener cuidado porque bien sabemos los argentinos
la volatilidad del ánimo de la gente. Solo basta recordar
cómo un día el gobierno militar llenó la Plaza de Mayo
con gente que apoyaba la invasión de las Islas Malvinas y
un par de meses más tarde, cuando se descubrió que íbamos
perdiendo, no solo se llenó la Plaza de Mayo para
repudiar al gobierno sino que tuvieron que salir corriendo
y llamar a elecciones.
Pero
volviendo al gobierno actual, sabemos que todas las
medidas económicas apuntan a sostener su poder político,
que no les interesa entrar en un mar de inconsistencias,
porque al otro día inventan alguna medida, sujeta a la
ley o no, eso no importa, para emparchar la inconsistencia
del día anterior y que para justificar ese parche pueden
usar el argumento más insólito sin ponerse colorados. La
primera conclusión que tiene que sacar Ud. es que estas
son las condiciones en las que va a tener que trabajar
para sobrevivir. No para progresar. Para sobrevivir. Y la
otra cosa que tiene que tener en mente es que para el
kirchnerismo no hay límites a los que tenga que someterse
el gobierno. El poder es absoluto al estilo Luis XIV: El
Estado soy yo. Hago lo que quiero porque tengo la mayoría
de los votos y como tengo la mayoría de los votos eso me
autoriza a violar el orden republicano.
Obviamente
que en este contexto nadie toma decisiones económicas de
largo plazo. Cada uno le busca cada mañana la vuelta a la
vida para poder sobrevivir ante la asfixiante presión
tributaria, las medidas arbitrarias del gobierno y los
atropellos a la propiedad privada. Digamos que los
argentinos estamos todos en libertad condicional y
sometidos a un sistema semi esclavo por el cual tenemos
que trabajar duro todos los días para generar los
recursos que necesita el kirchnerismo para sostener su
poder político. Protestar contra este sistema puede
implicar ser tildado de traidor a la patria, terrorista o
incitar a un golpe de mercado.
Como
todos sabemos que el kirchnerismo necesita recursos para
mantener su poder, y que cada vez necesita más pero cada
vez hay menos recursos porque existen pocos estímulos
para invertir e incrementar la productividad, el dato a
tener en cuenta es que tienen que exprimir como un limón
a quienes producen para sostener a una gran cantidad de
gente que no produce pero consume. A tal punto tienen que
exprimir como un limón a la gente que hasta los
trabajadores en relación de dependencia empiezan a sentir
el rigor del impuesto a las ganancias. Y si no pregúntele
a Moyano.
¿Cuánto
puede durar esta construcción de poder? Solo Dios lo
sabe. Pero imaginemos que aquellos que producimos y somos
esquilmados por el Estado empezamos a producir cada vez
menos porque advertimos que cuánto más nos esforzamos, más
nos quitan el fruto de nuestro trabajo. Ese día puede ser
letal para el gobierno porque el gobierno se quedaría sin
financiamiento. Es más, supongamos que todos los que
producimos y somos esquilmados nos declaramos en huelga y
dejamos de producir porque decidimos dejar de ser siervos
de la gleba. ¿De dónde sacaría el gobierno los recursos
para sostener su poder político? Porque finalmente uno se
pregunta: ¿por qué deseo integrar una sociedad? Porque
le delego el monopolio de la fuerza al Estado para que
defienda mi derecho a la vida, a la propiedad y a la
libertad. Para eso estoy dispuesto a sacrificar parte de
mis ingresos y pagar cierto nivel de impuesto y sostener
el aparato Estatal que tiene que cumplir esas funciones.
Ahora, si el Estado no solo no me proporciona seguridad
sino que, además, viola mis libertades y propiedad
privada y, encima, se queda con una creciente porción del
fruto de mi trabajo, pierde sentido formar parte de la
sociedad.
Charles
Adams escribió un par de libros sobre la historia de las
rebeliones fiscales en el mundo a lo largo de la historia.
Esos casos muestran que hay un límite a la paciencia de
la gente a ser esquilmada. Pero mientras tanto, las reglas
de juego son las mencionadas: Ud. tiene que trabajar cada
vez más o disminuir su calidad de vida para aportar a la
caja del gobierno que es el mecanismo que tiene para
sostener su poder político. Y, también mientras tanto,
ante cada nueva expoliación o entorpecimiento de su
trabajo para emparchar el modelo, tendrá que escuchar
argumentos que justificarán las medidas sintiendo que se
le están riendo en la cara. Porque la fórmula es esa:
acumular poder, emparchar y reírse de la gente usando los
discursos más desopilantes.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
CONTROL
DE LAS IMPORTACIONES: OTRA MUESTRA DEL FRACASO DEL MODELO
El
gobierno está dispuesto a sacrificar el nivel de vida de la
población para sostener su poder hegemónico.
Por
Roberto Cachanosky (*)
El
gobierno ha decidió cerrar la economía aislándonos del
mundo. No ve el mercado mundial como una oportunidad de
incrementar el intercambio comercial, recibir más
inversiones y crear nuevos puestos de trabajo sino que, de
acuerdo al discurso esgrimido es para defender a los
productores locales y el trabajo argentino. En rigor, como
veremos enseguida, el discurso del gobierno es solo eso, un
discurso más, porque el problema de fondo es que a la
economía argentina le van a faltar dólares y las presiones
cambiarias serán crecientes.
El
problema de fondo es que, la horrorosa política monetaria
implementada por el gobierno ha generado una caída del tipo
de cambio real al punto que hoy el dólar está barato.
Dicho de otra manera, si tuviésemos respeto por el derecho
de propiedad y disciplina monetaria y fiscal, muy
probablemente el dólar tendería a bajar porque atraería
inversiones. El peso argentino sería fuerte por las
virtudes de la política económica. La competitividad de la
economía no la daría el tipo de cambio sino las reglas de
juego. Como las reglas de juego impuestas por el gobierno
son espantosas y solo generan fuga de capitales, entonces,
la economía no tiene competitividad por la calidad
institucional. Inicialmente, cuando el kirchnerismo llegó
al gobierno tenía un tipo de cambio real alto. Con la
inflación que generó el gobierno y el tipo de cambio casi
fijo, el tipo de cambio real cayó hasta niveles cercanos al
1 a 1. Puesto en otros términos, con tasas de interés altísimas
y costos salariales medidos en dólares gigantescos, la
economía argentina no tiene posibilidades de competir. ¿Cuáles
son las opciones que tiene el gobierno frente a este
problema de falta de competitividad? Una es cambiar
totalmente las reglas de juego girando 180 grados en el
rumbo, algo que está visto no va a hacer. Por lo tanto, al
continuar y profundizar su política de incertidumbre y
arbitrariedades, las opciones que tiene son: a) devaluar el
peso o b) cerrar la economía. El tipo de cambio van a
tratar de no moverlo porque si tuvieron que recurrir a
mecanismos tipo KGB para frenar transitoriamente la fuga de
capitales, en cuanto aflojen un poco, la corrida cambiara se
les transforma en corrida financiera. La solución,
entonces, fue cerrar la economía para que el saldo de
balance comercial no les sigua cayendo, y justo en un año
en que la cosecha no será tan abundante por causa de la
sequía. En definitiva, el gobierno necesita frenar la
compra de dólares de todo tipo porque el Central está
agonizando con su patrimonio neto y el resurgimiento de la
corrida cambiaria está a la vuelta de la esquina.
Si
se observa lo que vienen haciendo en materia de comercio
exterior uno puede advertir que vienen de fracaso en
fracaso, al igual que en el tema inflacionario. Primero
pusieron las licencias no automáticas. Luego obligaron a
los importadores a exportar un dólar por cada dólar que
importan y ahora directamente hay que pedir una autorización
para poder importar a un funcionario algo que, a todas
luces, va a fracasar rotundamente.
¿Por
qué va a fracasar? Porque Moreno ni ninguna
supercomputadora puede definir cuánto hay que importar de
cada producto, a qué precios y en qué calidades. Moreno
cree que puede suplantar las decisiones de millones de
consumidores que todos los días operan en el mercado de
acuerdo a sus expectativas y sus valoraciones. No entienden,
o no quieren entender, que la economía es la ciencia de la
acción humana, lo que quiere decir es que las variables
económicas se mueven de acuerdo a las valoraciones
subjetivas de cada agente económico, valoraciones que,
encima, cambian permanentemente.
¿Cuál
es la función empresarial? Tratar de descubrir, mediante
las señales de los precios, dónde hay una necesidad
insatisfecha. Para ello arriesga su capital invirtiendo.
Compra bienes de capital, contrata personal, compra insumos
y pone un precio de venta. La hora de la verdad es cuando
sale al mercado y el consumidor decide si compra o no compra
un determinado producto. Como lo he dicho infinidad de
veces, no son los costos los que determinan los precios,
sino que son los precios que están dispuestos a pagar los
consumidores por cada bien y servicio los que determinan los
costos en que pueden incurrir las empresas.
Esta
medida de dejar en Moreno la decisión de si un bien se
importa o no se importa, implica creer que Moreno tiene
información mágica sobre las necesidades de los
consumidores, que es lo mismo que decir que Moreno puede
leer anticipadamente la mente de cada consumidor y definir
qué va a demandar en el futuro y, por lo tanto, qué
insumos serán necesarios importar.
Como
Moreno no es una mente superior, no podrá sustituir al
mercado que es un proceso de descubrimiento. ¿Por qué
fracasó la economía de la extinta Unión Soviética?
Porque una multitud de burócratas pretendió sustituir el
sistema de precios que es el que expresa las valoraciones de
la gente. Cuando alguien decide si compra o no compra un
producto es porque le otorga un determinado valor al dinero
que tiene y otro valor al producto que quiere comprar. Si le
otorga más valor al bien que a los pesos que tiene, hace el
intercambio. Caso contrario no hace el intercambio. Así se
forman los precios en la economía, en base a valoraciones
subjetivas y cambiantes de millones de personas y
empresarios, guiados por los precios buscando dónde
invertir. Al cerrar la economía y definir si una empresa
puede o no puede importar un determinado producto, Moreno
está suponiendo que tiene mejor información que la que
tiene el empresario, que tampoco la tiene porque la realidad
es que, como decía antes, el empresario arriesga su capital
buscando satisfacer las necesidades de los consumidores. En
su intento puede ganar o perder.
En
términos de bienestar económico lo que va a suceder es que
al cerrar la economía la oferta de bienes será menor, con
lo cual los productos locales serán más caros, o de peor
calidad o ambas cosas a la vez. Si no hay competencia, no
hay razón por la cual esforzarse en ofrecer el mejor
producto al precio más bajo. Esto significará que la
gente, con su ingreso, podrá comprar menos bienes, lo que
implica que disminuirá la calidad de vida de los
consumidores. La medida de restringir las importaciones es
altamente regresiva porque castiga con mayor intensidad a
los consumidores de menores ingresos, quienes además de
pagar el impuesto inflacionario tendrán que aceptar
productos de menor calidad y a precios más altos. ¿Por qué
a los de menores ingresos? Porque muchos bienes de consumo
que se importan son consumidos por los sectores de menores
ingresos.
En
definitiva, por tratar de salvarse como sea, el gobierno está
dispuesto a postergar a los consumidores y, cuando comiencen
las protestas, lo más probable es que busquen algún chivo
expiatorio a quien echarle la culpa.
A
no engañarse con el discurso oficial. Esta no es una medida
para defender los puestos de trabajo y la producción local,
esta es una medida para postergar el fracaso del famoso
modelo esperando que la suerte les siga financiando las
inconsistencias del famoso modelo, que a esta altura de
partido podría llamarse de exclusión social y degradación
de la Argentina, porque lejos está el modelo de poder
atraer inversiones que generen más puestos de trabajo y
mejores salarios. Esa es la forma de defender el trabajo
argentino, creando reglas de juego que mejoren la
productividad de la economía vía mayores inversiones que
se traduzcan en mayores salarios y demanda laboral.
Cristina
Fernández ha decidió nombrar a una suerte de dictador de
la economía que decide quién vive y quien muere, y esa
decisión la tomará, no en beneficio del pueblo argentino
sino de un gobierno que lo único que privilegia es el poder
que puede acumular. Si la gente tiene que comprar más caro
y de peor calidad, no importa. Lo que importa es que el
gobierno estire la inconsistencia del modelo porque éste
debe subordinarse a las necesidades de poder hegemónico.
Un
simple ejemplo bastará para advertir como el gobierno
subordina el bienestar de la gente a sus necesidades políticas.
Hoy día hay fuertes restricciones a la compra de divisas.
Pregunta: ¿por qué una persona que con el fruto de su
trabajo no puede comprar dólares si así lo desea? Porque
la calidad de la moneda argentina es muy baja. Se derrite
por efecto de la inflación. Respuesta del gobierno: no los
dejó comprar dólares con el fruto de su trabajo porque eso
dejaría al descubierto la mala calidad de la moneda que
imprime el Estado argentino. Como las importaciones se pagan
con divisas, entonces el gobierno decidió que la gente se
quede en pesos, limitar la compra de divisas para la compra
de bienes importados y someter a la gente a un doble
apriete: te obligó a quedarte con los pesos de mala calidad
y, además, comprás bienes locales porque si compras
productos importados vas a tener que comprar dólares y si
comprás dólares me generás un problema cambiario que
atenta contra mi proyecto hegemónico. Así que yo, El
Supremo, voy a decidir qué podés y qué no podés hacer
con el fruto de tu trabajo. Así de fácil.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
De
no desentrañarse en forma inmediata que no deje lugar a dudas
lo acontecido con la salud de la presidenta Cristina Fernández
de Kirchner, la enfermedad no será un “falso positivo” más
sino algo en demasía real, amenazando a toda la sociedad.
Se estiran los límites. Si bien es cierto que el kirchnerismo
nunca ha demostrado un ajuste a las normas y menos aún a la
ética, esta vez han traspasado una barrera infranqueable. La
satisfacción que provoca la salud óptima de la Presidenta se
opaca inevitablemente frente al enigma de un subrepticio
cambio de diagnóstico y de planes.
Sin haber estudiado un ápice de medicina, sé que los médicos
no determinan —o no determinaban hasta estos últimos días—
una enfermedad con las características del cáncer hasta no
tener prueba fidedigna que corrobore la misma. Toda cautela,
además, se extrema cuando el paciente no es ni más ni menos
que un primer mandatario. Tal es el caso de Cristina.
Hoy, el silencio de radio por parte de los profesionales se
asemeja más a una orden que a un devenir espontáneo. Nadie
va a lincharlos, el cuerpo humano no es matemático. Parece
extraño que ninguna autoridad de los nosocomios donde se llevó
a cabo el estudio aparezca explicando, simplemente explicando.
El cáncer, aún cuando no implica las mismas consecuencias
que implicara antaño, sigue siendo un vocablo que abre mella
no sólo en el paciente sino en su entorno familiar y entre
sus afectos en general.
La historia tiene anales generosos en jurisprudencia donde
pueden leerse las diferentes reacciones del ser humano frente
a un diagnóstico que, en la mayoría de los casos,
lamentablemente, nos ha arrebatado a alguien que amamos. Desde
el llanto a la desesperación, pasando por la angustia aguda y
la depresión hay un sinfín de situaciones que arroja la
contundencia del dato.
Ahora bien, la mente humana pergeña acciones que son
inexplicables. Creemos que podremos hacer frente a
determinados temas y, sin embargo, cuán distinto reaccionamos
a la hora de enfrentarlos sin teoría, como protagonistas. Una
frase lo sintetiza: “Después supe… ¡Tantas cosas supe
después! Todas las que hubiesen cambiado mi vida de haberlas
sabido antes” (Silvina Bullrich).
En síntesis, ¿qué hubiera pasado si la Presidenta, ante la
noticia, se hubiese hundido en el maremoto de emociones que
provoca pensar en la espada de Damocles amenazando nuestra
existencia? Ha habido casos en los cuales el paciente opta
incluso por producir su propia muerte. De acuerdo: nada de eso
ha sucedido en lo fáctico. Sin embargo, el silencio de los médicos,
la falta de pedido de disculpas a la sociedad que se preocupó
por ello, etcétera, abre un manto de dudas sobre cómo se
dieron los acontecimientos.
Más allá del fin, importan los medios. Con la extirpación
de la glándula tiroidea se ha extirpado también la escasa
confianza que quedaba en la palabra oficial. Hay un síntoma
de humanidad que impide manipular temas de una delicadeza
extrema, la vida y la muerte son o deberían ser parte de
ellas.
Si esta parafernalia del diagnóstico errado no es explicada
detenidamente, las especulaciones sobre lo acontecido dejarán
más marca en los argentinos de la que pudiera haber dejado el
bisturí en el cuello de la “víctima” a quien visten con
el misterio de “victimario”.
La alegría no cotiza, el dolor y la angustia también están
devaluados, se juega con fuego delante de la nafta. Ni el
hombre ni la palabra velan nada. Pero la sorpresa o el asombro
tampoco deberían tener cabida ante estas circunstancias. ¿Qué
valor se dio a los enfermos de cáncer cuando se descubrió
que los medicamentos de la bancaria eran placebos? Sólo
importó la interna sindical que arrojó todo ello. Ya no ha
quedado ni siquiera un preso.
Cuando la vida es concebida como mercancía, cuando de ésta
se saca rédito, cuando no hay explicación para un tema que
genera tamaña confusión, el cáncer, a Dios gracias, puede
no estar en un dirigente, pero inexpugnablemente está en la
política. Y con metástasis incluida
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
Al
Gobierno le encanta tener los beneficios políticos del
populismo, pero destesta asumir los costos de los líos que
arma: con este sistema, el modelo terminará igual que Melmac,
el planeta de Alf.
Por
Roberto Cachanosky (*)
Seguramente
más de un lector recordará a Alf, ese simpático personaje
extraterrestre de la serie de televisión que había llegado
a la tierra huyendo de su planeta Melmac que estaba a punto
de estallar. Alf tenía la característica de hacer líos y
luego transferirle los problemas a Willie, que lo había
escondido en su casa para protegerlo del gobierno americano
que buscaba extraterrestres.
Cuando
leí el apuro con que el gobierno nacional le transfirió
los subterráneos a Macri, inmediatamente asocié
cristinismo con Alf. ¿Por qué? Porque tienen la misma
característica: les encanta hacer líos, beneficiarse de
los líos y luego transferirle los problemas a Willie.
Dicho
sea de paso, si todos los habitantes de Melmac se
comportaban como Alf que quería todos los beneficios de los
líos y no aceptaba asumir los costos, era inevitable que
Melmac explotara. Siguiendo este razonamiento, si al
gobierno le fascina los beneficios hacer demagogia armando líos
con los precios relativos y luego no quiere pagar los costos
y se los transfiere a terceros, es inevitable que la economía
argentina termine como el planeta Melmac.
El
gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció que el pasaje
de subte tendrá un costo de $ 2,5, lo que implica un
aumento del orden del 127%. Gran escándalo porque el
gobierno de la Ciudad anuncia semejante aumento. En
realidad, lo que está haciendo el gobierno de la Ciudad es
transparentar lo que el cristinismo no se anima a hacer, por
ahora. Esto es, reconocer que durante años se mantuvieron
demagógicamente bajas las tarifas de los servicios públicos
y que ahora el ajuste es más que doloroso. La realidad que
la culpa no es del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que
sube el pasaje del subte, la culpa es del cristinismo que,
junto con el ex presidente Kirchner, jugaron a la demagogia
de transporte, energía, gas y agua barata para todos y
luego terminamos en que despilfarro no puede financiarse.
¿Por
qué el apuro para aumentar la tarifa del subte? Puede haber
varias interpretaciones, pero lo que sí queda claro es que
el inmediato anuncio del aumento deja en claro que el
problema fue generado por el gobierno nacional y que, al
igual que Alf, prefirió transferirle el costo a otro.
Durante todos estos años, el gobierno gozó de los
beneficios del populismo, pero ahora que la plata no alcanza
no quiere hacerse cargo del costo político del ajuste y
anda a las apuradas buscando a quién tirarle el problema.
En
Santa Cruz parece haber ocurrido algo parecido. Una
provincia que siempre fue beneficiada por el gobierno
nacional actual y el de Kirchner. Una provincia que en los
´90 recibió U$S 1.000 millones y Kirchner los fugó al
exterior y hoy no tiene plata para pagar los sueldos y las
jubilaciones, muestra el grado de despilfarro. Claro que
cuando llegó el momento de votar el ajuste los idealistas
muchachos de La Cámpora salieron corriendo porque, al igual
que el cristinismo, no quieren asumir costos políticos de
la demagogia del gobierno que tanto veneran. Así que lo
dejaron solo al kirchnerista Peralta para, nuevamente al
estilo Alf, transferirle el costo de lío económico que
hicieron en su momento.
Si
uno observa la forma en que fueron anunciando la quita de
subsidios a la energía, el gas y el agua, es típico del
que tiene miedo de decir que metió la pata. Primero dijeron
que se eliminaban los subsidios a los que vivían en los
countries (como si todo el que viviese en un country fuera
un potentado), en Puerto Madero, a los de Barrio Parque y a
los casinos. Eso significaba un ahorro de unos $ 600
millones o algo así. Como el ahorro era claramente
insuficiente para enfrentar subsidios por más de $ 75.000
millones y en aumento, después agregaron otros barrios y se
hablaba de $ 6.000 millones de ahorro. Pero, tampoco
alcanza, así que, sin decir nada, en algún momento la
gente se va a encontrar con facturas de luz, gas y agua que
tendrán incrementos superiores a las del rodrigazo de 1975.
Pregunta:
¿a quién pensarán echarle la culpa del tarifazo en
puerta? ¿A qué Willie buscarán para transferirle el costo
político?
Y
después vendrá el costo de los trenes y los colectivos.
Nuevamente, ¿a qué Willie buscarán para no hacerse
responsables del despilfarro de todos estos años?
Como
lo he dicho en varias oportunidades, el problema que tiene
el gobierno con esta demagógica política de tarifas
artificialmente bajas de los servicios públicos, es que,
con esta inflación, el gasto en subsidios ni siquiera
pueden congelarlo. Doy nuevamente el ejemplo del boleto de
los colectivos. Supongamos, para hacer fácil la cuenta, que
el costo total del pasaje en colectivo es de $ 5, de los
cuales $ 1 lo paga el pasajero cuando sube al colectivo y
los otros $ 4 se financian con subsidios. Con una inflación
del 20% anual, el costo total del boleto se va a $ 6 (más
costos de seguros, salarios, mantenimiento, etc.). Al
mantener en $ 1 el boleto, el subsidio tiene que subir a 5 y
el gasto en subsidios sigue subiendo.
Como
los ingresos tributarios ya no alcanzan para financiar el
gasto público, que en el 2011 tuvo un déficit que debe
haber rondado los $ 45.000 millones de piso, Como el BCRA
tiene un patrimonio neto que agoniza, se gastaron la plata
que teníamos en las AFJP cuando la confiscaron y el mundo
ya no brinda el viento de cola, se viene el momento del
ajuste.
Con
las tarifas de los servicios públicos va a pasar lo mismo
que pasó con la carne. Demagógicamente el fallecido
Kirchner decidió prohibir la exportación de carne y
destruyó la actividad ganadera. El resultado fue que se
consumieron 10 millones de cabezas de ganado y hoy la carne
cuesta una fortuna. Claro, durante un tiempo la gente
festejaba el populismo k porque había carne barata para
todos. Pero resulta que hoy hay poca carne y a precios
siderales al punto que le consumo cayó a 53 kg. por
habitante por año. Es más, los frigoríficos no pueden
trabajar porque cayó el consumo externo, no hay carne de
buena calidad para exportar y, encima, el aumento de los
costos internos en dólares descoloca a los frigoríficos
locales.
Actualmente
la gente puede sustituir consumo de carne vacuna por otros
alimentos, aunque tampoco se ahorra mucha plata comprando
otro tipo de carne o, incluso, una pizza o pastas. Siguiendo
el mismo criterio, puede ser que la gente trate de sustituir
subte por colectivos, pero como seguramente no van a dar
abasto para transportar a la gente que antes viajaba en
subte, el sistema colapsa, porque dudo que los colectivos
puedan absorber el 20 o 30 por ciento de los 300 millones de
personas que viajan por año en subte.
Con
un Banco Central emitiendo al 35% anual. Con fuga de
capitales. Con tarifazos y un mundo que ya no juega a favor,
me parece que al famoso modelo le espera un destino similar
al del planeta Melmac de donde venía Alf: estalla. ¿Y por
qué estalla? Porque el gobierno quiere, al igual que Alf,
tener todos los beneficios del populismo pero no pagar los
costos del mismo y eso no existe, salvo que encuentren
muchos Willies a quien transferirle los líos que arman.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
A
diferencia del corralito del 2001, el corralito cambiario del
2011 es una forma más fácil de cobrar el impuesto
inflacionario. Es como cazar en el zoológico encerrando a la
gente en pesos que se deprecian día a día.
Por
Roberto Cachanosky (*)
Diez
años atrás se había establecido el corralito cambiario
que limitaba drásticamente el retiro de depósitos de los
bancos. Como la mayoría de los depósitos estaban en dólares,
el Banco Central no podía darle redescuentos a los bancos
en dólares para hacer los pagos en ventanilla (el BCRA no
tenía el franchising para emitir dólares) y, por lo tanto,
las entidades financieras no estaban en condiciones de
devolver todos los depósitos al mismo tiempo por una cuestión
de descalce de plazos.
Si
bien nunca estuve de acuerdo con el corralito y
oportunamente lo critiqué sin piedad, también debo
reconocer que se han dicho muchas burradas al respecto. Por
ejemplo, que eso de que había depósitos en dólares era
una ficción, porque uno entraba con pesos a los bancos y
salía con un certificado de depósitos en dólares. La
burrada consiste en no darse cuenta que quien entraba con
pesos y salía con un papel que certificaba su depósito en
dólares, en el mismo momento estaba haciendo una doble
operación. Primero compraba dólares y luego esos dólares
los colocaba a plazo fijo. De manera que no había ninguna
trampa ni pase de magia en la operación, lo que no quiere
decir que desde mi punto de vista poner el corralito fue un
grueso error.
En
su momento se sostuvo que se estableció el corralito para
salvar al sistema financiero, sin embargo, semejante medida
generó pánico. Hubiese sido preferible que cada banco
renegociara con sus depositantes la devolución de sus dólares
en base al flujo de ingreso que iba recibiendo por las
cancelaciones de créditos, o por una capitalización de los
bancos. ¿Y los bancos que no podían convencer a los
depositantes de refinanciar la deuda? Quebraban como
cualquier empresa. ¿Es esta propuesta un disparate? A
juzgar por cómo quedó el sistema financiero, me parece que
el costo del corralito y la posterior devaluación, corralón
y pesificación asimétrica fue mucho peor.
De
todas formas luego vino el golpe contra De la Rúa, la
devaluación, la pesificación asimétrica y el resultado
final es que todo el sistema financiero quedó destruido
porque la confianza en el mismo quedó muy dañada. Hoy día
los depósitos del sector privado en el sistema financiero
representan el 17,6% del PIB y en el 2000, antes de la
corrida, esa relación llegaba al 26,8%, y ya en esos años
esa relación era baja en comparación con países como, por
ejemplo, Portugal.
Además,
hay que aclarar que el PIB actual es de dudosa
confiabilidad. Si fuera más bajo, la relación sería
menor. En otras palabras, el modelo que supuestamente
apuesta a la producción no ha logrado generar la suficiente
confianza como para que la gente vuelque sus ahorros en el
mercado de capitales local para financiar consumo e inversión
a tasa pagables.
A
diez años de aquel corralito este gobierno estableció otro
corralito pero cambiario. El gobierno le pone mil y una
trabas a la gente para que no pueda comprar dólares.
Haciendo una comparación entre el corralito del 2001 y el
corralito cambiario del 2011, la diferencia fundamental está
en que el del 2001 se estableció para frenar la sangría de
depósitos que los bancos no podían enfrentar los pagos en
ventanilla. En cambio este corralito tiene, como fin último,
acorralar a la gente para que se quede en pesos y así poder
cobrarle más fácilmente el impuesto inflacionario. Si en
aquél momento se puso un corralito para “salvar” a los
bancos, hoy se puso este corralito para esquilmar a la
gente.
Si
la persona que tiene pesos ahorrados quiere defenderse de la
inflación comprando dólares, el gobierno no la deja o la
deja parcialmente. Comprar acciones de una empresa que
cotiza en bolsa no parece la mejor opción considerando que
las utilidades y el futuro de esa empresa dependen de los
caprichos de Moreno. Adquirir ladrillos luce hoy como un
negocio poco interesante por el alto valor en dólares que
tiene el metro cuadrado, y comprar bonos del gobierno es
confiar en un insolvente que tiene déficit fiscal y anda
buscando por todos lados qué activos confiscar en nombre de
la justicia social.
La
perversidad de este corralito es que al cobrar el impuesto
inflacionario más fácilmente, lo transforma en algo así
como cazar en el zoológico. La gente está acorralada en
pesos y el Central no para de emitir moneda. De acuerdo al
último balance del BCRA del 23 de diciembre, la emisión
monetaria primaria, dicho más fácilmente, la cantidad de
pesos en circulación, creció el 37,4% con relación al 23
de diciembre del año pasado. Es decir, a pesar de la fuga
de capitales, el Central siguió emitiendo moneda a marchar
forzada y generando inflación.
¿Qué
otros datos surgen del balance del BCRA? Que el
financiamiento al tesoro creció casi un 50% en un año.
Dinero que se emitió para financiar al tesoro bajo el
concepto de Adelantos Transitorios que, generalmente no son
transitorios ni adelantos, sino un paga Dios. Estamos
hablando de casi $ 20.000 millones más que el tesoro le
debe al Central.
¿Y
qué más? Que el Ejecutivo siguió quitándole reservas al
Central y entregándole a cambio unos papelitos que se
denominan Letras Intransferibles con vencimientos en los años
2016, 2020 y 2021. ¿Cuántos de estos papelitos tenía el
Central cuando asumió Marcó del Pont en enero del 2010? El
stock de esos papelitos que figuraban en el balance del
Central sumaba $ 36.243 millones y al 23 de diciembre último
ese stock llegó a los $ 110.428 millones. En otras
palabras, el Central entregó reservas y recibió unos
papeles tipo los billetes del juego de mesa el Estanciero,
multiplicándolos por tres su stock. Tiene en su activo tres
veces más papelitos ilíquidos de los que tenía en enero
del 2010. ¿Qué pasó con las reservas del Central en el
mismo período? Tomando los datos puros que informa el
Central y no haciéndole las correcciones del caso, en enero
del 2010 tenía reservas por U$S 48.068 millones contra U$S
46.274 millones al 23 de diciembre último. Perdió casi U$S
1.800 millones de reservas y aumentó su activo por tres en
papeles sin liquidez ni valor. Claro, seguramente el
gobierno podrá argumentar que esta baja en las reservas es
fruto de la política de desendeudamiento. Dejando de lado
el debate sobre si la deuda baja o crece, no parece ser una
política sensata pagar deuda fundiendo al BCRA. Una política
de este tipo lejos está de ser una jugada financiera
brillante. Más bien es de una torpeza sin límites porque
cuánto más débil sea el Central desde el punto de vista
patrimonial, menor su capacidad para evitar un desborde
inflacionario o una corrida cambiaria y financiera.
¿Algún
otro dato de relevancia sobre el Central? Sí, en 2005,
cuando Néstor Kirchner decidió pagarle al contado la deuda
que tenía Argentina con el FMI, firmó un DNU bajo el
siguiente argumento textual: “Que, en el caso, se
evidencian circunstancias excepcionales que hacen imposible
seguir los trámites ordinarios previstos por la Constitución
Nacional para la sanción de las leyes”. Es decir, estaba
tan apurado por pagarle al FMI, que la deuda pública, que
según la Constitución Nacional debe ser tratada por el
Congreso, quedó en manos del ex presidente pasándole olímpicamente
por arriba al orden institucional. Pasados más de 6 años
de ese decreto de 2005 todavía no se sabe cuál era la
urgencia de pagarle al FMI al contado y mucho menos la
necesidad. Lo cierto es que firmó el decreto y se estableció
el concepto de reservas de libre disponibilidad.
¿Qué
son las reservas de libre disponibilidad? Todas las reservas
que excedan la base monetaria (pesos en circulación +
encajes bancarios). Como el balance del Central se hace en
pesos, veamos cómo está esta relación. Al 23 de
diciembre, el Central declara tener reservas por $ 198.640
millones. Para que haya reservas de libre disponibilidad la
base monetaria tiene que ser menor a las reservas. ¿Cuál
es el monto de la base monetaria? $ 240.140 millones. Es
importante aclarar que en la base monetaria incluyo los
encajes en dólares que los bancos constituyen en el BCRA
por sus depósitos en dólares, porque el Central incluye en
sus reservas esos encajes. Y no hace falta ser un genio de
la contabilidad para advertir que un dólar de encaje
incluido en las reservas no puede ser tomado para respaldar
la base monetaria en pesos y los encajes en dólares al
mismo tiempo. Pero aún sin tomar los encajes en dólares,
las reservas del Central no alcanzan para cubrir la base
monetaria. Lo concreto es que el Central hoy tiene reservas
equivalentes al 83% de la base monetaria. No solo no cumple
con el DNU firmado por Kirchner en 2005, sino que, además,
no hay más reservas de libre disponibilidad. Supuestamente
el Ejecutivo no podría seguir tomando reservas para
“desendeudarse” porque el decreto de Néstor Kirchner no
lo permitiría. Pero claro, tampoco voy a ser tan naif de
empezar con la cantinela de respetar las normas, leyes e
instituciones en general. Eso es cosa del neoliberalismo que
destruyó el país. Pulverizar el patrimonio del BCRA e
ignorar el mandato constitucional que es el Congreso el que
tiene que tratar el tema de la deuda es progresismo en
estado químicamente puro. Lo otro, eso de respetar las
instituciones, la propiedad privada y el valor del peso, es
cosa de los gorilas reaccionarios y liberales que pretende
defender el salario de la gente impulsando la estabilidad de
precios. Aplicar sin piedad el impuesto inflacionario es
progresista porque es la contracara del Consenso de
Washington.
Toda
esta descripción viene a cuento porque, en esta época de
democratización de la información, es bueno que la misma
no sea asimétrica. Es decir, que todos sepan lo mismo. Tómense
estas líneas como un aporte a la mayor democratización de
la información que impulsa el gobierno. Por eso, siguiendo
a rajatablas la democratización de la información que
quiere el gobierno es que me parece oportuno avisarle a la
gente que no puede contratar a un economista, que el BCRA
tiene serios problemas patrimoniales. Podrán exprimirlo un
poco más, pero lo concreto es que, por lo que se ve de sus
balances, sus autoridades están más preocupadas por
financiar el populismo del gobierno que por defender el
valor del peso.
Obviamente
que el contra argumento será que este modelo no tiene como
meta la inflación, sino el crecimiento, lo cual quiere
decir, en castellano básico, para que lo entienda la señora
de la esquina, que al dejar de defender el valor de la
moneda, y establecer el corralito cambiario, la gente pagará
más impuesto inflacionario. Pero como la gente es egoísta
y quiere defender sus ahorros de la inflación comprando dólares,
se estableció este corralito cambiario para cazar mejor a
los que ahorran en pesos, porque como grandes enemigos de la
patria atentan contra el modelo despreciando el peso para
refugiarse en el dólar.
En
síntesis, comparando el corralito del 2001 con el corralito
cambiario actual, debemos reconocer que este es mucho más
sutil, lo vendieron con un muy buen marketing y, agreguemos,
que también utilizaron mecanismos de presión tipo KGB para
frenar a los egoístas que quieren eludir la inflación.
Ahora, el resultado final no será tan diferente del
corralito del 2001, porque con la tasa de inflación y
tarifazo que tenemos por delante, los ahorros en pesos de la
gente quedarán tan pulverizados como los ahorros en dólares
del 2001 gracias a la devaluación del 2002. Pero, en
definitiva, si Ud. tiene ahorros en pesos no se amargue, el
impuesto inflacionario que le estarán cobrando es una
contribución patriótica al modelo, a la inclusión social
y a la aplicación de la sintonía fina y, de paso, a los
salarios de los muchachos de La Campora, que haciendo un
sacrificio fenomenal viven en el concheto Puerto Madero para
estar más cerca de sus “trabajos”.
Cuando
aceptamos que se cometiera la primera injusticia en nombre de
la gobernabilidad y la orgía de consumo, sabíamos que podíamos
llegar a esto.
Por
Roberto Cachanosky (*)
En
1961 se filmó la película El Juicio de Nuremberg,
protagonizada por Spencer Tracy en el papel del juez
norteamericano Haywood, y Burt Lancaster en el rol del
prestigioso jurista alemán Ernst Janning.
La
película, un hecho real de la historia, trata sobre el
juicio a cuatro jueces por complicidad con las políticas de
esterilización del Tercer Reich, en la que judíos y
personas con menor coeficiente intelectual eran
esterilizados o sentenciados a muerte por una cuestión de
pureza racial. Una de las partes de esta película que más
quedaron en mi mente es el último diálogo entre el juez
Haywood y el jurista alemán Janning.
Ya
juzgado, sentenciado y en la carcel, Janning pide ser
visitado por Haywood, que lo había condenado a cadena
perpetua. En el último diálogo de la película, Janning,
que había sido un destacado jurista y también había
reconoció su culpabilidad en un magnífico alegato en el
medio del juicio, particularmente cuando dice que condenó a
muerte a un judío sabiendo que era inocente, le dice a
Haywood en su celda: “créame que nunca pensé que se iba
a llegar a lo que llegamos”, refiriéndose a los
asesinatos cometidos por el nazismo. La respuesta de Haywood
al destacado jurista alemán fue: “Dr. Janning, Uds.
llegaron a esto el día que Ud. condenó al primer hombre
que sabía que era inocente”.
¿Por
qué hoy Argentina está pasando por un crítico momento en
el cuál las libertades individuales están en serio riesgo?
Porque sabiendo que el gobierno cometía injusticias y
atropellaba a personas y sectores, la gente miró para el
costado porque, supuestamente, alguien tenía que poner
orden y recuperar la economía argentina de la crisis del
2001/2002 y su gobernabilidad.
En
nombre de la recuperación económica y de la gobernabilidad
se aceptó que el kirchnerismo fuera avanzando sobre los
derechos individuales. Qué importa un control de precios
aquí, una persecución a los militares allá, un bloqueo de
Moyano por acá, un enfrentamiento con la Iglesia, un
control de cambios, un cupo de importación, poderes
absolutos delegados por el Congreso al Ejecutivo, utilizar métodos
arbitrarios para remover a algunos de los anteriores
miembros de la Corte Suprema, sanciones a consultoras que
difunden sus propios índices de precios, que el Ejecutivo
ignore fallos de la Corte Suprema y demás violaciones al
estado de derecho, si lo importante era poder sumergirse en
una orgía de consumo por más insostenible que fuera y que
prevaleciera la “gobernabilidad”.
Muchos
creen, equivocadamente, que el liberalismo es una doctrina
solamente económica, cuando en realidad es una concepción
moral y global de la organización social en la que el
aspecto económico es solo una parte. Lo relevante del
liberalismo es que establece como principio fundamental la
existencia de un gobierno limitado. La razón de esa
limitación, además de razones morales, es que los
individuos deciden desarmarse para otorgarle al Estado el
monopolio de la fuerza con el único fin que éste defienda
el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las
personas. Justamente, para evitar que ese monopolio de la
fuerza se transforme en tiranía y sea utilizado contra los
ciudadanos, es que el liberalismo sostiene la necesidad de
un gobierno limitado. Es decir, un gobierno que no puede
hacer algo que si hicieran los particulares constituiría un
delito. El liberalismo es, por definición, la ideología de
la lucha contra todo tipo de autoritarismo y dictaduras.
Lamentablemente
esos principios de libertad y gobierno limitado plasmados en
nuestra Constitución de 1853 fueron respetados hasta 1930.
A partir de ese momento se quiebra el orden institucional y
en la década del 40 se profundiza una ideología en la cual
el Estado adquiere poderes propios del fascismo y del
autoritarismo en nombre de la justicia social.
Pero
desde 2003 para aquí el kirchnerismo, que al igual que
Hitler llegó con muy pocos votos al poder, fue adquiriendo
cada vez más fuerza por la recuperación económica gracias
al contexto internacional. Esa recuperación económica, más
los desbordes sociales del 2001/2202 hicieron que muchos
vieran en Kirchner al ser providencial que podía salvar a
la patria y, por lo tanto, tenía derecho a ignorar el
principio básico de que el Estado tiene que subordinarse al
estado de derecho. Que el poder de los gobiernos debe ser
limitado.
El
día que los legisladores aprobaron la anulación de las
leyes de obediencia debida y punto final (las leyes no se
anulan: se derogan o sancionan y mucho menos pueden tener
efecto retroactivo), más allá de la opinión que cada uno
tenga sobre los militares de aquellos años, estaban
abriendo la puerta a futuras arbitrariedades. Muchos no
advirtieron, incluso periodistas y medios de comunicación,
que con esa aberración jurídica no solo se sometía a los
militares, sino que se sentaba el precedente para que la
sociedad toda quedara indefensa ante las arbitrariedades del
Estado porque el ciudadano dejaba de tener derechos y
quedaba sometido a las arbitrariedades del gobierno.
Hemos
tolerado confiscaciones de ahorros, superpoderes, piquetes a
empresas que no aceptaban someterse a los caprichos del
gobierno, que patotas prokirchneristas agredieran a
manifestantes en la protesta del campo, que se tomaran
comisarías sin sancionar a los responsables e infinidad de
otras barbaridades.
Vemos
hoy, también, que la libertad económica no tiene su
fundamento únicamente en la eficiencia económica, sino que
hace a la libertad personal. Bajo el argumento de regular el
mercado de papel para diarios, hoy el Estado dispone de una
herramienta ilegítima para atacar la libertad de prensa.
Vemos a empresarios que están felices con el cierre de la
economía, pero también vemos que tienen que someterse al
maltrato y humillación de un funcionario público para
mendigar un aumento de precios, el permiso para importar algún
bien o comprar dólares.
Si
para poder producir a los efectos de mantener mi familia
tengo que someterme a las arbitrariedades del Estado,
entonces, estoy en libertad condicional. No soy libre, soy
un esclavo de los caprichos de los gobernantes. Un simple
control de tarifas en nombre de la justicia social implica
ahogar económicamente a una empresa para que algún
privilegiado pueda comprarla por un sándwich y una Coca. El
derecho constitucional a ejercer toda industria lícita
queda sometido a las arbitrariedades de un burócrata, al
igual que la libertad de enseñar y la libertad expresión
sin censura previa. Mediante el argumento de regulaciones
económicas se anulan la libertad de expresión y de
trabajar. Por la ley antiterrorismo, si alguien quiere
defenderse de la inflación comprando moneda extranjera
puede ser encarcelado por terrorista.
El
27 de septiembre del año pasado publiqué en este portal
una nota titulada Los antifederalistas tenían razón. En
esa nota recordaba la posición de los antifederalista
norteamericanos que, en realidad, eran más federalistas que
los llamados federalistas.
Los
antifederalistas se oponían a un gobierno central fuerte
porque ese tipo de gobierno podía derivar en una tiranía.
En otras palabras, el tema central del debate consistía en
cómo limitar el poder del Estado para que la democracia no
degenerara en tiranía.
Hemos
llegado a este punto donde todos estamos en libertad
condicional desde el mismo momento en que toleramos que el
gobierno, en nombre de la gobernabilidad, usara el monopolio
de la fuerza a su antojo. Y lo toleramos a cambio de una
protección arancelaria, una venganza por los 70,
privilegios para los sindicatos y, lo más triste, por un
televisor plasma. Total, los ataques eran contra otros. A mí
no me venían a buscar.
No
podemos decir, al igual que el prestigioso jurista Janning,
que no sabíamos que el gobierno podía llegar a tanto.
Cuando aceptamos que se cometiera la primera injusticia en
nombre de la gobernabilidad y la orgía de consumo, sabíamos
que podíamos llegar a esto.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
Arranquemos
con una historia a simple vista sencilla. Se trata de un
corredor de carreras. Valga la aclaración porque sin ella
puede creerse que se anda en otro tipo de “corrida”,
cuyas consecuencias parecen ser altamente dañinas. (Es
justo reconocer que los analistas tenemos, gracias a
Cristina, desafíos intelectuales muy peculiares. Y es que
analizar la política tal como está concebida requiere
también de “sintonía fina”)
Volviendo
a la trama, cuentan que el piloto gustaba tanto de las
carreras que hasta olvidaba cualquier otra circunstancia. El
fin era la obsesión, los medios eran apenas un problema
ajeno: de antipatrias y agoreros. Craso error cuyo costo
suele ser inmenso.
El
vértigo para muchos, más que una patología, es un
ingrediente necesario para la vida. Adicciones que
encarcelan, paradójicamente, a aquellos que caen en ellas,
creyendo que así acceden al poder y la libertad más férrea.
Sin
embargo, había un tema, nada insignificante, subyacente a
los deseos y afanes del protagonista. Su automóvil tenía
severos defectos y un desgaste de piezas víctimas del mal
trato y del inevitable cambio de calendarios. Por esa razón,
cualquier gasto que hiciera en remodelarlo para correr en
pista era “pan para hoy, hambre para mañana”
quedase esto en evidencia o disimulado tras una carrocería
impecable según la perspectiva y el punto de vista.
Lo
cierto es que empecinado en la forma más que en el fondo,
la vanagloria del piloto no obedecía reglas ni sabidurías.
La vida era una carrera. No importaba demasiado cómo y quiénes
más la corrieran.
En
esa especie de autismo que no lo dejaba ver nada más allá
de sí mismo, estaba dispuesto a desafiar a cualquiera. No
tardó en llegar el día en que nadie quería ya aceptar su
delirio. Consideraban a su propuesta, una suerte de incitación
al suicidio. Poner ese auto con fallas a 300 o más kilómetros
por hora, era demencial hasta para el más básico amateur
del automovilismo.
Tampoco
había quién estuviera dispuesto a arriesgar su vida para
congraciarse con esa persona obsesiva y ciega ante una
realidad que le advertía las consecuencias de un
empecinamiento peligroso y enfermizo en demasía.
Claro
que, durante un buen tiempo, muchos de los lugareños
encontraron en darle competencia, una experiencia imposible
de rehusar. Era una fiesta de adrenalina. La tentación se
comprendía con sólo enumerar algunos de los
“beneficios” y “privilegios” que obtenía aquel que
aceptaba la contienda que le proponía.
Al
margen o no tan al margen, el terreno donde se corría,
tampoco estaba en condiciones óptimas para ser utilizado
como pista.
Cierto
día, el corredor, convencido que su pericia y su vehículo
eran imbatibles, duplicó la recompensa. Aún así, no hubo
contrincante que apareciera. Obsesionado con demostrar la
potencia que podía alcanzar con el coche después de
sucesivos arreglos caseros, sin mediación de expertos,
imposibilitado para razonar y ebrio de vanidad, empezó a
competir contra conductores ficticios o ausentes. Encaró
carreras contra adversarios, en lo fáctico, inexistentes.
Nadie
sabe a ciencia cierta cuánto tiempo pasó dando vuelta sin
sentido y contra toda lógica competitiva hasta perder noción
y no saber siquiera hacia adónde iba. Como el dinero había
menguado, pues no había a quién apostar que ganaría, ya
el auto no tenía hecho ni un mero service de rutina.
Fue entonces cuando, simultáneamente, en una de las
incontables vueltas, al subir el velocímetro hasta el
extremo, se soltaron los frenos.
Fue
la última carrera. Lo triste de esta historia es que, en el
trayecto, muchos se accidentaron, murieron sobre el asfalto,
o quedaran con secuelas en demasía severas…
Cuando
fue a auxiliarse al irascible corredor, retorcido entre los
fierros, el casco que usaba se había salido… Adivinen
ahora, la identidad de aquel conductor que sólo respondió
a su antojo y capricho.
Hoy,
la Argentina está siendo usada como un vehículo en estado
casi paupérrimo pese a las “inversiones” que se
hicieron para socavar aquello. La comanda una Presidente
“autista” viviendo dentro de una realidad creada por sí
misma: fantasía. Nadie se le opone, quizás por desidia,
quizás por cobardía, quizás por empatía… Ella igual
corre, compite y en esa “competencia”, lógicamente, va
primera, invicta.
Al
percibir que no es posible una victoria sin una derrota
concreta -ambas son caras de una misma moneda-, termina
compitiendo contra su propio vehículo. En el asiento de al
lado supo estar desde Héctor Magnetto hasta Hugo Moyano,
acompañando…
La
naturaleza humana es inexpugnable, de otro modo no se
comprende por qué es capaz de violar límites y volcar si,
en el mismo momento, puede que se “mate” a los copilotos
y compañeros, pero inevitablemente también, quién maneja
saldrá muerto.
Todo
lo demás no hace al argumento, son detalles de escenografía
que solamente distraen al pueblo.
PD.A todos (y todas) una muy Feliz Navidad y un Año
Nuevo acorde a sus deseos.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
Mientras
Cristina Fernández describe una economía imaginaria,
nuevamente el país es sometido a las internas del peronismo.
Por
Roberto Cachanosky (*)
En
su discurso de asunción del cargo de presidente, Cristina
Fernández hizo una descripción de la economía con datos
que pretendieron mostrar una Argentina pujante donde todo es
felicidad y prosperidad. Como dice el dicho, hay tres tipos
de mentiras: la mentira piadosa, la mentira lisa y llana y
las estadísticas. De acuerdo a cómo uno manipule los datos
puede mostrar una ficción de crecimiento. Si, por ejemplo,
la producción de un bien pasa de una unidad a dos unidades,
el aumento es del 100%. Estadísticamente es correcto. El
punto es que si la producción histórica era de 200
unidades, el haber pasado de una unidad a dos y mostrar el
100% de aumento como un logro, es una verdad estadística
fuera de contexto.
Por
ejemplo, en algún pasaje de su discurso Cristina Fernández
sostuvo que, a pesar de haber pagado la deuda y haber
soportado cinco corridas cambiarias (¿cuáles serán las
cinco corridas a las que se refiere?) se había alcanzado un
récord de reservas. Frente a esta afirmación, uno
podría recordarle a Cristina Fernández que entre el 2003 y
el tercer trimestre de este año se fugaron del país U$S
84.000 millones, y que la mayor fuga se concentró a partir
del 2007. Es decir, bajo su presidencia. Puesto en otros términos,
Cristina Fernández generó tal temor que la gente optó por
comprar dólares y ponerlos bajo el colchón o bien girándolos
al exterior, con lo cual la presidente, con su política
populista, consiguió que el ahorro de los argentinos fuera
a financiar la actividad económica de otros países o
directamente salieran del circuito económico. En concreto,
Cristina Fernández omitió decir que por culpa de esa fuga
de capitales hubo menos inversiones, menos puestos de
trabajo y salarios reales no sostenibles en el tiempo.
También
Cristina Fernández olvidó hablar del problema
inflacionario. No lo considera un problema cuando, en
realidad, está causando estragos en los presupuestos
familiares.
La
presidente habló de política de desendeudamiento pero
olvidó decir que el pago de la deuda y el déficit fiscal
hoy se están financiando con la destrucción patrimonial
del BCRA. También cabe agregar que los bonos del Estado que
teníamos en las AFJP pasaron a manos del Estado cuando nos
confiscaron y ahora es una deuda intra Estado, con lo cual,
en vez de pagar al vencimiento solo puede cambiar un papel
por otro.
En
todo caso, si el modelo tiene virtudes propias y niegan que
el aumento de la actividad se deba al viento de cola, ¿por
qué culpar ahora al mundo de los problemas económicos que
se avecinan? Es más, si el país de la felicidad y la
prosperidad que describió Cristina Fernández es cierto, ¿Por
qué el tarifazo, las prohibiciones de importar, de comprar
dólares, de girar utilidades al exterior y demás medidas
que reflejan un serio problema en el sector externo de la
economía?
Respecto
al crecimiento a tasas chinas de la economía argentina bajo
el kirchnerismo basta con revisar los datos de Adrian
Guissarri, Roberto Cortés Conde o Angus Madisson para
advertir que lejos está el actual oficialismo de poder
igualar las tasas de crecimiento económico y de PIB per
capita de la generación del 80. Mal que les pese, esa
generación le dio un crecimiento económico a la Argentina,
que los más que dudosos datos del INDEC no les llegan ni a
los talones de los zapatos a lo ocurrido entre fines del
siglo XIX y principios del XX.
Ese
mundo imaginario que describe Cristina Fernández choca
contra una realidad incontrastable. Las insalvables
inconsistencias del famoso modelo se enfrentan a una economía
mundial que ya no les brinda el viento de cola de todos
estos años y, salvando las diferencias, estamos en las
puertas de un nuevo rodrigazo. Cuando digo rodrigazo me
refiero a un ajuste de precios relativos por el cual el
salario real va a caer o, si se prefiere, los salarios
nominales subirán menos que las tarifas de los servicios públicos,
la inflación y que el tipo de cambio a su debido momento.
Cuando
Moyano dice que va a discutir salarios con los precios de
los supermercados está diciendo que no le cree a la inflación
del INDEC. Es más, seguramente recordando el rodrigazo de
1975, dice que el techo a los salarios se incluirá si se
frenan los precios, las tarifas y aumenta el mínimo no
imponible para el impuesto a las ganancias. Moyano sabe que
se viene el ajuste de salarios y el gobierno lo sabe pero no
lo dice. Y si el gobierno no lo sabe, es porque están
sumergidos en una profunda ignorancia de la ciencia económica.
A tal punto lo sabe el gobierno que una de las primeras
cosas que le pidió Pichetto a Boudou, jefe de la bancada
del FPV en senado, es un aumento de salarios para los
senadores porque los impuestos les comen el ingreso real y,
según el incondicional senador del FPV, no puede ser que un
senador gane menos que un empleado del Congreso. Debería
informarse el senador Pichetto que un médico puede ganar
menos que una enfermera o que un camionero se lleva en el
bolsillo un ingreso mayor que un docente. Esta es la
estructura de precios relativos y de salarios que implementó
el FPV.
Como
decía antes, Cristina Fernández describe una economía
argentina imaginaria, llena de bonanza y prosperidad, pero
basta con analizar seriamente los indicadores económicos y
ver el contexto político, es casi inevitable rememorar el
75, con la diferencia que los que acosaban al gobierno de
Perón ahora están en el poder y los que estaban en el
poder ahora están afuera. Pero el enfrentamiento igual
existe.
Esto
me lleva a otro punto. En general se dice que el único que
puede gobernar la Argentina es el peronismo. Francamente
discrepo con esta visión. En los 70 Perón incentivó a la
izquierda para hostigar el gobierno de Lanusse. Vuelto a la
Argentina, y viendo el caos que era el país con Cámpora
presidente, al punto que su avión tuvo que desviarse de
Ezeiza a la base de Morón por el enfrentamiento armado que
hubo en los bosques de Ezeiza entre diferentes sectores del
peronismo.
Ni
bien asumió Perón en 1973, asesinaron a Rucci y Perón
salió a enfrentar a la izquierda montonera y al ERP hasta
echarlos de la Plaza de Mayo. Y fue en esos años en que
nació la Triple A, que clandestinamente combatía a los
“jóvenes idealistas”. El golpe de 1976 se produjo, en
gran medida, por la falta de grandeza de la dirigencia política
de ese momento que no quería hacerse cargo del costo político
que implicaba poner orden en un país sumergido en la
violencia nacida de la interna peronista y de los jóvenes
idealistas que intentaban tomar el poder por medio de las
armas. Lo que comúnmente se conoce como golpe de Estado.
Años
más tarde vino el enfrentamiento entre Menem y Duhalde. El
derrocamiento de De la Rúa y nuevamente las internas del
peronismo. Puerta le cede la presidencia a Rodriguez Saa, éste
dura un suspiro y asume Duhalde. Nuevamente el país
sumergido en problemas por la interna peronista.
Pero
la vida tiene vueltas curiosas. Duhalde hizo lo imposible
para que Menem no ganara las elecciones del 2003 y impulsó
la candidatura de Kirchner. Todavía recuerdo a Chiche
Duhalde en algún discurso del conurbano arengando a la
tropa para que apoyara la candidatura de Kirchner, quien
finalmente llegó al poder gracias al esfuerzo de Duhalde.
Pero a los dos años Kirchner ya crucificaba a Duhalde de la
misma forma que Duhalde crucificó a Menem. Y Kirchner hizo
su alianza estratégica con Moyano para controlar la calle,
pero resulta que ahora Cristina Fernández lo crucifica a
Moyano, que le brindó todo el apoyo al matrimonio para
hiciera y deshiciera a su antojo como si fueran los dueños
del país. Moyano pasa a ser descartable como lo fueron para
Perón los montoneros y el EPR y éstos, su tiempo,
descartaron a Perón. Menem, Duhalde y Rodriguez Saa
se descartaron entre ellos, y hoy Cristina Fernández
intenta descartar a todos, incluido Scioli.
Hace
años que el país viene soportando las internas del
peronismo, con destrozos económicos por doquier y ausencia
de gobernabilidad. Porque una cosa es gobernar bajo una república
democrática y otra muy diferente es usar el monopolio de la
fuerza para imponer los caprichos del gobernante de turno y
establecer un poder hegemónico.
En
síntesis, el país económico de felicidad eterna que
pretende vendernos Cristina va a chocar contra la realidad
de las leyes económicas. Habrá que ver si, en el medio de
la crisis, el peronismo, como tantos otros momentos, hace
del país su campo de batalla.
Como
viene la cosa, me imagino tres escenario posibles: a)
Cristina Fernández haciendo las paces con Moyano y
estableciendo una creciente restricción a los derechos
individuales, b) Moyano y Cristina enfrentados con
conflictos en la calle. En cualquier escenario, veo
nubarrones en el futuro de nuestro país fruto de un nuevo
enfrentamiento entre diferentes alas del peronismo.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
No
se trata de estar a favor o en contra. Ni de gustar más o
menos del vestido negro y el pelo colorado. La escenografía
era la precisa, hasta los más mínimos detalles estaban
delineados de antemano. Ninguna improvisación como suele
atribuirse a Cristina. Hasta las fallas son las mismas. Y una
presencia inaudita de los ausentes a la cita.
Cualquier
espectador medianamente familiarizado con la coyuntura política
podía predecir, en el rol y la figura de Florencia Kirchner,
el entramado en el cual se desenvolvería el discurso que ELLA
daría. Es extraño cómo los argentinos nos detenemos a
debatir tantas naderías…
En
un país anestesiado, el comportamiento de la ciudadanía
suele ser más rebuscado que el de una Jefe de Estado únicamente
fiel a sí misma. Primó en la calle la apatía aunque algunas
cámaras televisivas intentaran disiparla, concentrándose en
grupos de extras, convocados para llevar a cabo otra obra de
teatro.
Nadie
del elenco, menos todavía la mayoría de un pueblo resignado
y bastante apático podía esperar la irrupción de autocríticas
o la enumeración de proyectos a largo plazo. El “aquí y
ahora” es todo el calendario de Cristina. Ir más allá
implica un desafío incierto que no está dispuesta a
encararlo.
Va
sobre seguro. ¿Qué la llevó hasta el recinto donde,
caprichosamente, intentó minimizar cualquier otro
protagonismo? La constancia y la coherencia en aquello que,
desde el vamos se diera en llamar el “estilo K” la posaron
en ese sitio. ¿Por qué cambiarlo? De allí que no tuviese un
libreto lógico para ese tipo de espectáculos, pero sí
oportuno y exacto para quienes estaban escuchando. Guste o no,
nadie más que Cristina tenía el derecho ganado a pararse en
ese escenario. No tuvo competencia en cuanto a aspiraciones,
metodología y porfía. Vulgarmente se diría que la Primer
Mandataria estaba en su salsa. Y Su receta volvía a ser tan
drástica como precisa.
Si
alguno había llegado distraído hasta el recinto, una imagen
bastó para predecir de que se trataba la parafernalia: Fue el
instante en que, Florencia Kirchner, deslizaba la banda
presidencial sobre el cuerpo de su madre, forrado en traje de
circunstancia ex profeso dilatada para atender la causa. De ahí
en más, moría toda esperanza de un cambio. Convengamos que
además era inútil e ingenuo esperarlo.
Cristina
Fernández, el pasado sábado, fue Cristina Fernández. Sin
embargo, puso mayor énfasis en destacar el apellido Kirchner
que antes demasiado no le había importado. La mujer que años
atrás –en un acto justicialista llevado a cabo en Parque
Norte-, cuestionara a Hilda Chiche Duhalde por ufanarse
de ser “señora de tal” sin avergonzarse, ya no se
desligaba del hombre que, tras morir, se convirtiera en el
leitmotiv de su asonada. Ser Kirchner ahora dejaba de ser sólo
una circunstancia.
Por
más que duplicara el porcentaje de votos con el cuál
llegaba, en el 2003, como Primera Dama a la Casa Rosada,
Cristina en su asunción era más Kirchner que antes. En
su soledad magnánima, en su condición de viuda estaba, paradójicamente,
más casada que nunca.
La
independencia que en apariencia le otorga la avaricia y
desconfianza, sólo pudo demostrarse en un símbolo: nadie más
que ella tocó el cetro. Qué le colocasen la banda es una
cosa, qué no soltara el bastón de mando ni un instante es
otra. A fin y a cabo ese rectángulo de género que se cruza
sobre el cuerpo, se asemeja bastante al que llevan los
estudiantes destacados en el colegio. El bastón, en cambio,
connota la suma del poder y la unicidad del mando.
Después
de ese aparentemente insignificante dato, no podía esperarse
sino una oratoria autorreferencial pero sustentada en la
impronta kirchnerista por antonomasia. En la política
concebida como permanente estado de guerra, hay soldados pero
no aliados. Ese fue el mensaje no sólo para los funcionarios
sino también para aquellos que, desde Octubre pasado, andan
festejando su condición de acróbatas creyendo haber caído
bien parados.
Lo
paradojal de la escena era observar cómo las ausencias
pesaban más que las presencias. Nunca nadie recordó tanto a
Hugo Moyano así como también a Ignacio de Mendiguren, por
citar apenas algunos casos. La Presidente -que días atrás
sonriera con ellos ante las cámaras, aceptara el besamanos,
los homenajes y la adhesión a sus veleidades-, de golpe,
estaba recalculando...
“Si
acaso estoy sola es por decisión propia”-, parecía
advertirles. Fue una estocada posiblemente justa y bien
pensada. De algún modo, con esa actitud, la jefe de Estado
les recordaba (por si acaso) quién manda. “Los de afuera
son de palo”. Les daba para beber la medicina que ellos
mismos prepararon.
A
aquellos que despotricaron contra el carácter tóxico de
Guillermo Moreno, y después callaron por oportunismo o por pícaros,
les estaba ofreciendo una dosis doble de arsénico. Más
poder para el Secretario de Comercio: mayor campo de acción
para un soldado que supo ser el “Sargento Cabral”
de los Kirchner, durante ocho años. Pero cuidado: no deja de
ser un soldado.
Los
temas que más preocupan a la gente estuvieron como siempre,
otra vez ausentes. No podía esperarse respuestas ni políticas
de Estado de quién, al respecto, siempre ha callado y sólo
ve, en demostraciones de autoritarismo, paliativos a los
conflictos. El olmo no dará peras por más buena voluntad que
se tenga.
No
faltó, sin embargo, la enumeración estrafalaria de datos que
no dicen un ápice ni aclaran el panorama. Los números y
estadísticas que utilizara refieren siempre a la misma
fuente: el INDEC. Ficciones que adornan y engalanan, sumando
únicamente a su autoestima acicalada.
Si
el peronismo venía perdido y sin equilibrio, el pasado sábado
se encontró dentro del más enmarañado de los laberintos. La
marcha peronista fue apenas una tradición, algo así como el
árbol navideño o el pesebre en casa de ateos.
Las
masas que Perón convocaba se limitaban a una militancia
rentada. Parecía un circo con ubicaciones numeradas y
espacios vacíos por el alto costo de las entradas. Cotillón
prefabricado para la ocasión por los amigos del primogénito:
la Cámpora. Algo muy similar a las banditas de rock que
suelen tener los chicos en los garajes, creyendo que emularán
a grandes intérpretes pero se desvanecen como todo entusiasmo
adolescente.
Repensar
un Justicialismo sin el aparato de los sindicatos o los
favores de los barones del Conurbano como pareció
estipularse, merece un análisis aparte. No es apenas un dato
ni tampoco un armado del todo improvisado. Sin embargo, es
temprano aún para aseverar triunfos u ocasos de estos bríos
recientemente renovados.
El
resto era casi un decorado: aplaudidores automáticos,
ratificación de la “obediencia debida” como Néstor
Kirchner quería, fervor popular por los recitales de Plaza de
Mayo (y gracias a la condición gratuita de micros, subtes y
planes de descanso), mas oídos sordos a las contradicciones
que, por momentos, parecían burlas y sinsentidos de un clown
divagando en medio del circo.
Hay
ejemplos suficientes para demostrar que también la verdad
estuvo ausente. ¿Por qué los subsidios se sacan recién
ahora y tan subrepticiamente? Porque las reservas menguaron.
Recitar prolijamente que éstas aumentaron en los últimos años
es mentir descaradamente.
A
su vez, reclamar a los docentes más días de clases a horas
no más de haber decretado insólitos feriados extra largos,
no parece sensato.
Las
referencias a su labor legislativa estuvieron viciadas de
olvidos previamente maquinados. ¿Cómo no recordaba la
Presidente aquella sesión de septiembre de 1992 donde
efusivamente avaló la privatización de YPF, promovida por
Carlos Menem? O incluso su postura, en esa misma década, a
favor de la privatización de Aerolíneas aduciendo que la
soberanía no la daba una bandera…
No
hace falta argumentar fino para advertir que no ha habido
cinco corridas bancarias como explicitó en reiteradas
ocasiones, sin aclarar por qué entonces se puso cerrojo a la
venta de dólares…
En
definitiva, las contradicciones siguieron siendo la base de
una desmesurada verborragia. Si es interesante anotar que dio
definiciones nuevas a palabras viejas: el “gasto público”
pasó a ser “inversión”, por ende lo que viene será más
obra pública fuera de control.
En
síntesis, y para no extendernos más que la dama y respetar
la investidura, cabe decir que no ha habido novedad alguna. El
futuro quedó en Tecnópolis, y el cambio tan esperado sólo
tiene cabida en la tergiversación de la historia y del
pasado.
Otra
oportunidad perdida…
Un
último párrafo: que los ciudadanos tengamos que aceptar el régimen
de las mayorías relativas y hasta la “coronación” del ex
mandatario como figura cuasi celestial no otorga automáticamente
carácter de deidad ni superioridad. Si al menos pudiera
conservarse el respeto y sacarse a Dios del medio, quizás al
César le quedaría lo que es del César, al margen del plagio
a la mitología y al circo romano.
No
es irónico que habiendo triunfado en los comicios con un
porcentaje tan elevado, muchos ayer se hayan retirado
preguntando con melancolía inusitada: ¿Hugo Moyano dónde
estaba…?
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
NUEVO
GOBIERNO DE CFK: LA OPOSICIÓN SERÁ IMPLACABLE
En
un tedioso discurso Cristina Fernández insistió en dar su
versión oficial de la economía, distorsionó la historia y
mostró, una vez más, que le encanta escucharse. Su discurso
no es un buen presagio de lo que viene. Es por esta última
razón que anticipo la nota que debería salir mañana.
Por
Roberto Cachanosky (*)
Al
leer el título de esta nota, más de un lector pensará que
me volví loco: ¿de qué oposición estaré hablando? No se
preocupe, no me volví loco, no me refiero a la oposición
política, me refiero a la economía. Ese será el gran
desafío político que tendrá que enfrentar Cristina Fernández
y, me parece, que, por el tedioso discurso que le escuché
decir, el rumbo que seguirá, generará un problema económico
mayor al que han hecho hasta ahora.
En
el párrafo anterior dije tedioso discurso porque es
evidente que a Cristina Fernández le encanta escucharse.
Habló más de una hora recitando datos, muchos de ellos sin
decir con relación a qué mostrando su falta de
conocimiento económico, haciendo una autoalabanza de su
gestión y la de Néstor Kirchner con una falta de humildad
que espanta, al tiempo que siguió tergiversando la
historia.
A
lo largo de su discurso habló de la economía mundial como
el ejemplo de lo que no hay que hacer, sin embargo nada dijo
de las extraordinarias condiciones internacionales que le
tocó en suerte. Precio de la santa soja y Brasil con un dólar
barato como dos motores que le generaron recursos para poder
financiar el populismo de todos estos años, algo que ya está
desapareciendo y comprometiendo seriamente el futuro del
“modelo”, un modelo depredador de stock de riqueza
(consumo de stock ganadero, reservas gasíferas, ahorros de
la gente, destrucción patrimonial del BCRA, etc.). La
realidad es que CFK debería darle gracias a ese mundo que
hoy critica porque si le hubiese tocado el precio de la soja
que le tocó a De la Rúa, a quién descortésmente destrató
en su tedioso discurso, no hubiesen durado en el gobierno ni
seis meses. Yo no voté a De la Rúa, pero me parece que se
merece un mínimo de respeto porque, a pesar de todos sus
errores, al menos supo que no podía traspasar ciertos límites
institucionales.
Más
allá de los datos económicos de la versión oficial, el
indicio más importante de lo que viene es que crea una
especie de supersecretaría de comercio interior y exterior
(¿pre anuncio de un IAPI?).
Tendremos
a un gobierno que profundizará el autoritarismo económico,
decidiendo qué hay que producir, cuánto hay que producir y
a qué precios hay que vender.
Desconociendo
el ABC de la economía hizo mención a la rentabilidad de
las empresas argentinas que están por encima de los niveles
internacionales, algo que, según dijo Cristina Fernández,
habrá que revisar. La lógica económica indica que en los
países con mayor riesgo institucional, las empresas tienen
más rentabilidad y en los países con menor riesgo
institucional menor rentabilidad. Calidad institucional y
economía es algo que no figura en la lógica del
kirchnerismo y es, justamente ese desconocimiento, lo que
nos condena a ser un país en constante decadencia.
Y
aquí viene el tema de la oposición económica. Me refiero
a las leyes de la economía que ignoran el 54% de votos que
pudo haber conseguido. Ese porcentaje de votos respondió,
en gran medida, al artificial aumento del consumo interno.
Inflación, destrucción de stock de capital, impuesto
inflacionario y presión tributaria asfixiante fueron los
mecanismos de financiamiento del proyecto populista para
construir poder político. Ese consumo artificial comenzará
a flaquear en muy poco tiempo más. Las exportaciones se
encontrarán con un precio de la soja más cerca de los U$S
400 que de los U$S 500 la tonelada, Brasil desacelera su
economía y la inversión será mínima porque no hay ahorro
interno que pueda financiarla ni reglas de juego previsibles
que la atraiga.
Si
ninguno de estos tres motores funciona a pleno, ¿cómo hará
CFK para mantener la fiesta de consumo o algún nivel de
actividad más o menos elevado que mantenga la paz social?
El
tarifazo en puerta, la inflación y la fuga de capitales
pueden llegar a ser más implacable que la oposición política,
que resultó ser una lágrima en las últimas elecciones,
mostrando un alto grado de egoísmo e incapacidad para
transmitir un mensaje claramente diferenciador del
oficialismo.
El
tema es cómo reaccionará un gobierno con claras
inclinaciones autoritarias cuando ese 54% de gente que la
votó salga de la borrachera de consumo artificial en que
está sumergida.
Una
primera muestra ya la tuvimos en las últimas semanas con la
fuga de capitales. La respuesta fue la violación de los
derechos individuales y el patoterismo para,
transitoriamente, disminuir la presión sobre el mercado
cambiario. Y, dicho sea de paso, en el tedioso discurso de
Cristina Fernández, habló de la corrida cambiaria y, como
ya es su costumbre, señaló a un misterioso grupo de
conspiradores como responsables de esa corrida, afirmación
que se contrapone con el informe del BCRA que nos dice que
el 45% de la compra de billetes fue realizada por
operaciones de hasta U$S 10.000 por persona y que el 69%
fueron operaciones de hasta U$S 50.000. Es decir, casi el
70% de la fuga se explica por el chiquitaje. No hubo tal
conspiración misteriosa, la realidad es que quien conspiró
contra el gobierno de Cristina Fernández fue parte de ese
54% de los que la votaron. La gente común que tiene pánico
a perder sus ahorros.
Pero
volviendo a la cuestión de cómo puede reaccionar el
gobierno frente a la adversidad económica que tendrá que
afrontar, decía antes que todo parece indicar que tendremos
más dosis de autoritarismo económico. Y el autoritarismo
económico llevará a más autoritarismo político, donde
las libertades civiles estarán seriamente amenazadas.
Argentina
ha entrado en un cono de sombra cada vez más oscuro, porque
buena parte de la población considera que la democracia
republicana se logra votando un presidente cada cuatro años
y luego otorgarle poderes absolutos. En otras palabras, los
argentinos elegimos a nuestros propios déspotas cada cuatro
años, y ese gobierno despótico se sostiene mientras la
economía mantenga más o menos contenta a la gente. Cuando
se acaba el financiamiento del populismo los gobiernos sin límites
ni subordinados a la ley caen en desgracia.
Francamente
veo con preocupación el futuro, porque el kirchnerismo, que
ha demostrado no tener límites en lo que hace arremeter
contra la ley y la decencia pública, puede llevar el uso
del monopolio de la fuerza hasta niveles insospechados para,
primero doblegar las voces opositoras y luego al descontento
popular cuando ya no haya más pan y circo con qué distraer
a la gente.
Vienen
tiempos difíciles, tanto en lo económico como en las
libertades individuales. Hoy, que deberíamos estar
asistiendo a una simple jura presidencial sin mayores
sobresaltos, hemos escuchado un discurso lleno de soberbia,
cifras imaginarias de un país que no existe en la realidad,
distorsión de la historia más reciente y el conocido
revanchismo. Lamentablemente, escuchamos un discurso que no
es un buen presagio de lo que viene.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
Al
tarifazo lo llaman proceso de redireccionamiento. Al corralito
cambiario lo denominan luchan contra la evasión. Al
vaciamiento del Central, Fondo de Desendeudamiento. El
gobierno vive vendiendo gato por liebre.
Por
Roberto Cachanosky (*)
Realmente
hay que reconocer que el gobierno tiene una fenomenal
capacidad para dar vueltas las cosas y decir que lo que es
blanco es negro o lo que es cuadrado es redondo. No tengo
idea si su dialéctica tiene efectos de credibilidad en la
gente, pero lo cierto es que vive, como dice el dicho
popular, vendiendo gato por liebre. Veamos algunos ejemplos.
Cuando
en el 2008 decidió confiscar los ahorros que teníamos en
las AFJP, el gobierno lo presentó como una medida
estratégica que apuntaba a establecer un sistema de reparto
y solidario. En otras palabras, nos quitaron la plata que
habíamos ahorrado, se apropiaron de nuestro flujo de
ingresos que destinábamos a nuestra futura jubilación y lo
“vendieron” como una acto de solidaridad y de justicia
social, cuando, en realidad, necesitaban la caja mensual de
nuestros fondos que antes iban a las AFJP y, además, usaron
los stocks de ahorros para financiar el gasto público. Es
como si un ladrón nos robara y argumentara que lo hace en
beneficio nuestro.
A
principios del 2010 Cristina Fernández firmó un DNU para
quedarse con las reservas de libre disponibilidad del Banco
Central y así seguir con el llamado proceso de
desendeudamiento. De esta forma llegó Marcó del Pont al
BCRA y empezó a transferirle reservas al tesoro a cambio de
papeles basura, técnicamente llamados Letras
Intransferibles con vencimientos en el 2021. Una especie de
paga Dios. Lo concreto es que de $ 36.000 millones de stock
que tenía el BCRA en enero del 2010 de esos bonos basura,
al 23 de octubre superaban los $ 109.000 millones dejando al
BCRA con un patrimonio neto negativo de casi $ 74.000
millones, como mínimo. Encima, desaparecieron las reservas
de libre disponibilidad, las reservas brutas, que no son
todas del BCRA, solo cubren el 87,6% de la base monetaria,
incumpliendo con el decreto 1599 del 2005 firmado por Néstor
Kirchner por el cual se establecieron las reservas de libre
disponibilidad. En definitiva, la tan mentada política de
desendeudamiento no es otra cosa que un suerte de
vaciamiento del BCRA, que no solo no defiende el valor de la
moneda dada la inflación que genera, sino que, encima, para
cumplir como pueden con el pago de la deuda dejan
tambaleando al Central. Sin embargo, siguen vendiendo este
vaciamiento del Central como una política de
desendeudamiento que nos blinda contra la crisis
internacional. Otra vez gato por liebre.
Los
serios problemas de fuga de capitales, caída del tipo de
cambio real y miedo a confiscaciones fueron enfrentados por
el gobierno con diferentes medidas intervencionistas.
Primero, en nombre de la defensa de la industria nacional
establecieron las autorizaciones no automáticas para
importar. Después, contrariando toda la lógica económica
dispusieron que por cada dólar que alguien importe, debe
exportar un dólar. Es decir, si me voy de vacaciones a
Brasil tengo que lograr que venga un brasileño a veranear a
la Argentina. Como esto tampoco funcionó, hicieron mil
piruetas más y, finalmente, el 31 de octubre decidieron que
antes de comprar dólares la gente tiene que tener una
autorización de la AFIP. Esta medida la vendieron como una
medida para combatir la evasión y el lavado de dinero. La
realidad es que la fuga de capitales es de tal magnitud que
tuvieron que ponerle un corralito a la venta de divisas
porque el Central iba a quedar como vino al mundo en materia
de reservas. Ya de por sí venía complicado y con la
corrida cambiaria que no se ha detenido, iba a estar más
complicado. Otra vez gato por liebre.
Días
pasados la presidente Cristina Fernández afirmó que el
modelo no tiene como meta la inflación sino de crecimiento,
como si un país pudiera crecer con las tasas de inflación
que tenemos. En otras palabras, ante la evidencia que la
inflación se les va cada vez más de las manos, ahora nos
quieren vender que la inflación no es un problema, hasta
sería buena para crecer. De nuevo nos venden gato por
liebre.
Cuando
en el 2009 se les venía la noche en las elecciones, bajo el
argumento que no se podía estar en campaña política en
medio de la crisis económica mundial, el gobierno decidió
adelantar las elecciones y de paso establecieron las
candidaturas testimoniales. De nuevo gato por liebre, porque
ningún país civilizado del mundo adelanta las elecciones
por una crisis económica. En todo caso el primer mandatario
renuncia y se llama a elecciones en aquellos países cuya
constitución lo permite.
Ahora
que se viene el gran tarifazo producto de la imprevisión y
la horrorosa política energética y de transporte, resulta
que esta es una medida de justicia social y “un cuidado
proceso de redireccionamiento que busca mantener la equidad
y la competitividad”. Además, según De Vido y Bodou esta
medida no tiene nada que ver con el problema fiscal porque
no hay problemas fiscales. La realidad es que el rubro
subsidios, me refiero a los subsidios a la energía, el
transporte, pérdidas de empresas estatales y otros rubros
menores más, es el segundo en importancia dentro del
presupuesto. El tesoro terminará este año con un bache
fiscal del orden de los $ 30.000 millones y la realidad es
que la caja ya no alcanza. Este tarifazo, superior al
rodrigazo de 1975, tiene que ver con un serio problema de
precios relativos.
En
varias oportunidades he sostenido que aquí hay una
distorsión de precios relativos, entendiendo por tal que
unos precios están artificialmente bajos y otros
artificialmente altos. Los artificialmente bajos son las
tarifas de los servicios públicos (por eso el tarifazo) y
el tipo de cambio. El que está artificialmente alto es el
salario en el sector formal de la economía. Lo que se viene
es un aumento de salarios menores a la tasa de inflación y
un salto cambiario que ya empezó y, muy posiblemente, una
corrida financiera. Los datos de redescuentos del BCRA
muestran que la asistencia del Central a algunas entidades
financieras sigue subiendo, lo cual indica problemas de
liquidez. Pero, volviendo al tarifazo, quieren vender gato
por liebre. ¿Es cierto que empleados estatales han recibido
la “sugerencia” de renunciar a los subsidios? Encima
quieren vendernos este tarifazo como una carrera por la
solidaridad mostrando por la televisión a figuras conocidas
diciendo que renuncian al subsidio por solidaridad. Es como
si este nuevo rodrigazo quisieran mostrarlo como un acto de
solidaridad cuando en rigor es un machazo ajuste. Dicho sea
de paso, aquí no hay que renunciar a ningún subsidio
porque nadie lo pidió. Ellos lo establecieron para
disimular la inflación y crear un auge artificial de
consumo. Ahora que los números fiscales les hacen agua
pretenden que mediante un formulario les demos el apoyo al
nuevo rodrigazo. Que ellos se hagan cargo políticamente del
lío económico que hicieron. Personalmente no pienso llenar
ningún formulario que constituya un apoyo a un fenomenal
desmanejo económico. Y por más que lo llene igual me van a
quitar el subsidio porque para retener el subsidio hay que
ser un homeless de acuerdo al cuestionario del formulario.
Todo
lo anterior muestra a un gobierno que ha demostrado una
fenomenal incapacidad para administrar la economía del país
limitándose a hacer caja para acumular poder político.
Ahora que la caja no alcanza tendrá que ver cómo sostiene
ese poder político. El punto es que cada parche que le
ponen al modelo por el lío que hicieron el día anterior,
lo presentan como la gran genialidad económica, la inclusión
social, la solidaridad y cosas por el estilo.
En
el 2005 Néstor Kirchner sostenía que los productores
ganaderos querían lucrar con el hambre del pueblo
argentino. Las medidas aplicadas hicieron bajar el precio de
la carne a costa de consumirnos 10 millones de cabezas de
ganado. Durante un tiempo la gente estuvo feliz porque tenían
el asado barato. Ahora comer carne es un lujo asiático en
el país de la carne y el trigo.
Lo
mismo hizo el gobierno con la energía. Durante años se
consumieron el stock de capital en reservas gasíferas y en
centrales eléctricas. Ahora que ya no hay plata para
financiar esa fiesta aparece el tarifazo y lo quieren vender
como un cuidado proceso de redireccionamiento que busca
mantener la equidad y la competitividad.
Todo
va saltando a la vista de la gente. Así como ya saltó el
tema de la carne y de las tarifas, los próximos pasos serán
salarios que se retrasan frente a la inflación, suba del
tipo de cambio y, como decía antes, corrida cambiaria que
puede transformarse en corrida financiera. En economía se
puede hacer cualquier cosa menos dejar de pagar los costos
de los horrores económicos.
Estoy
ansioso por conocer qué nuevo discurso inventarán cuando
llegue la hora del ajuste de los salarios, el Central tenga
que aumentar más el stock de redescuentos para hacer frente
a los pagos en ventanilla y el tipo de cambio se escape a
niveles impensados.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
NO
ES HORA DE LLORAR, SINO DE ARREGLAR EL LÍO QUE ARMARON
Todos
perdemos a nuestros seres queridos pero igual seguimos trabajando
para vivir y, encima, el Estado nos complica con sus
medidas. No vamos dando lástima por la vida por lo que
nos pasó. Nos hacemos cargo de nuestras vidas y
responsables de los líos que hacemos.
Por
Roberto Cachanosky (*)
La
semana pasada, en un discurso que dio Cristina Fernández
inaugurando un hangar reciclado, embistió contra los
sindicatos de Aerolíneas Argentinas y, en alguno de sus párrafos,
llorando, dijo que por momentos el cuerpo no le daba para
afrontar los problemas y que igual tenía que poner su mejor
sonrisa a pesar de la desgracia que había sufrido en lo
personal y seguir adelante.
Uno
puede comprender el dolor de perder a un ser querido, pero
me parece que es importante recordarle a la presidente que
no es ella sola la que ha perdido a un ser querido. Muchas
personas, gente común, pierden a sus hijos, parejas,
familiares, etc. en medio de la violencia por la inseguridad
dada la ausencia del Estado en esta materia, e igual tiene
que seguir adelante. ¿Cuánto tendría que llorar Carolina
Piparo que recibió un disparo de unos delincuentes y le
mataron al hijo que llevaba en su vientre, luego de salir de
un banco para retirar el dinero que habían ahorrado para
comprarse una casita? Y encima Néstor Kirchner hizo, en su
momento, una cuestión política del caso cuando le espetó
públicamente a Scioli que le hubiese dicho al esposo de
Carolina que tenía las manos atadas. No es cuestión de
hacer un ranking de quien sufre más. Pero la realidad es
que Néstor Kirchner murió construyendo poder político y
Carolina Piparo perdió al hijo que llevaba en el vientre
porque la política no da respuestas a la seguridad de
la gente.
Todos
tenemos nuestras pérdidas e igual, cada mañana, nos
levantamos para encontrarle la vuelta para tratar de vivir.
Es más, no solo perdemos a nuestros seres queridos y
seguimos adelante, sino que, encima, tenemos que luchar con
todas las trabas que nos pone el gobierno de Cristina Fernández.
Luchar contra la inflación que el gobierno se niega a
reconocer, las trabas de Moreno, la presión impositiva
asfixiante, la confiscación de nuestros ahorros en las AFJP
e infinidad de cuestiones con las que el gobierno nos
complica la vida diariamente. De manera que, aceptando el
dolor de la presidente por haber perdido a su esposo, no es
ella la única que tiene una pesada carga laboral ni la única
que ha perdido a un ser querido. En todo caso, si hoy tiene
muchos problemas, es porque ella y su fallecido marido los
generaron. Por citar un solo ejemplo, Cristina Fernández
embistió contra los sindicatos que paralizan a Aerolíneas
Argentinas con huelgas. Pregunta, ¿qué hizo su gobierno
cuando los piquetes de Moyano impedían la salida de algunos
diarios? Bien reza el dicho popular: el que siembra vientos,
cosecha tempestades. De manera que, en mi humilde opinión,
así como cada uno de nosotros llevamos adentro la pérdida
de nuestros seres queridos y aún así seguimos adelante a
pesar de las trabas que nos pone el gobierno con sus
arbitrarias medidas, Cristina Fernández debería dejar de
llorar en público, guardarse su dolor para cuando está
sola, y dedicarse a arreglar los líos que hicieron en estos
8 años y medio.
Porque,
en definitiva, si hoy hay problemas de inflación, corrida
cambiaria, una economía que tiende a desacelerarse,
problemas fiscales y tarifazo en puerta, es todo
consecuencia de haber generado un auge artificial de
consumo, subordinando la economía a las necesidades políticas
de construcción de poder. Ejemplo, hoy nos venden la
eliminación de los subsidios como un hecho de justicia. Si
tan justa y equitativa es la medida, ¿por qué no la
anunciaron antes de las elecciones para conseguir más votos
de los que tuvieron? La realidad es que lo que nos venden
como una cruzada contra la injusticia de subsidiar a quienes
viven en Barrio Parque y Puerto Madero, aquí se viene un
tarifazo que superará los límites de ambos barrios porteños,
algo que la gente percibe y que hubiese sido letal
anunciarlo antes del 23 de octubre.
Pero
el problema de las tarifas de los servicios públicos es
solo una parte de un problema mayor. Y aquí voy a disentir
con algunos colegas economistas que suelen afirmar que la
economía argentina no está tan mal y que los problemas que
hoy tenemos son generados innecesariamente por el gobierno.
Mi visión es muy diferente.
En
efecto, si bien puedo aceptar que hoy con una soja aún en
U$S 400 la tonelada, poner la economía en orden sería
menos traumático que con una soja en U$S 160, lejos estamos
de tener un economía sana y solo con problemas que
genera innecesariamente el gobierno. Por el contario, los
supuestos problemas innecesarios que genera el gobierno son
intrínsecos al modelo, que fue acumulando un problema
atrás de otro. Para decirlo de otra manera, el problema que
hoy genera el gobierno es para “resolver” el lío que
armaron ayer. Si alguna definición le cabe al modelo es que
cada mañana los funcionarios se levantan para ver cómo
solucionan el lío que hicieron la noche anterior.
¿Por
qué salió el gobierno a perseguir a quienes compran
dólares? Porque por un lado lo hicieron artificialmente
barato en términos reales. ¿Por qué? Porque el BCRA no
paró de generar inflación emitiendo moneda a tasas
crecientes al tiempo que pisaba el tipo de cambio. Es decir,
el problema del tipo de cambio real lo generó el mismo
gobierno con su política inflacionaria. Al mismo tiempo, al
caer el tipo de cambio real, las importaciones subieron
aceleradamente, se achicó el saldo de balance comercial, y
ya no sobran dólares para financiar la fuga de capitales
que fue una constante en el gobierno kirchnersita. ¿Por
qué hay fuga de capitales? Por el dólar barato y por las
inclinaciones confiscatorias del gobierno. En vez de
reinstaurar la confianza al problema de la fuga de
capitales, la “solución” fue perseguir a los que
compran dólares y paralizar las importaciones, aumentando
el pánico en la población. Encima, al frenar las
importaciones, muchos sectores tienen problemas para
producir, porque no pueden importar insumos.
¿Por
qué tienen un déficit fiscal que aumenta permanentemente?
Porque incrementaron demagógicamente el gasto público.
Claro, ahora que la plata ya no alcanza para financiar más
gasto, se viene el ajuste con tarifazo disfrazado de cruzada
patriótica para ver quién es el primero en presentar la
planilla para renunciar a los subsidios.
¿Por
qué en su momento confiscaron nuestros ahorros en las AFJP?
Porque hacía falta caja y “vendieron” la medida como
una recuperación de las jubilaciones.
¿Por
qué el BCRA tiene serios problemas patrimoniales? Porque le
vacían las reservas para tapar los baches fiscales. Es
decir, cada nuevo problema es un parche para tapar el lío
del día anterior.
Nadie
puede sostener que la economía argentina no tiene mayores
problemas cuando el tarifazo, que era inevitable, supera los
niveles del rodrigazo de 1975. Como tampoco nadie puede
decir que la economía está sana cuando el gasto público
ha llegado a niveles récord y hay déficit fiscal a pesar
de la feroz presión tributaria que soportamos. Si se dejara
de aplicar el impuesto a las ganancias sobre utilidades
ficticias generadas por la inflación, ¿alguien piensa que
sería fácil solucionar el problema fiscal? ¿Alguien puede
creer que es fácil bajar la inflación de los niveles
actuales sin conflictividad social? Yo diría que sería más
sencillo enfrentar una hiperinflación porque la gente pide
a gritos que alguien haga algo, a dominar esta inflación
que le hizo creer a la gente que el modelo, mágicamente,
permitió escalar a niveles de consumo impensados sin
necesidad de invertir.
En
definitiva, los problemas que genera el gobierno no son
innecesarios, son consecuencia de la dinámica del mismo
modelo intervencionista y estatista, porque creen que la ley
de la oferta y la demanda, puede ser dominada a las
trompadas y con la policía en la calle. Y de tantas
trompadas, amenazas y presiones de funcionarios, hemos
llegado a una montaña de problemas que hoy empiezan a
surgir todos juntos.
Por
eso, insisto, ya no es hora de llorar. Cada uno tenemos
nuestros propios dramas personales como para estar dando lástima
a cada uno que se nos cruza por la vida. Así como cada uno
de nosotros nos hacemos cargo de nuestros problemas y,
encima, el Estado nos complica más la vida, es hora de
dejar de llorar y hacerse cargo de tanto lío económico y
descontrol social que generaron.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
El
ajuste no es otra cosa que hacer subir los precios
artificialmente baratos y retrasar los artificialmente caros.
Esto recién comienza y es el mercado de cambios es el que está
forzando al gobierno a hacer lo que siempre dijo que no iba a
hacer
Por
Roberto Cachanosky (*)
El
9 de febrero de este año, refiriéndose a los subsidios a
la energía y al transporte, decía Cristina Fernández en
un discurso en el Chaco: “por otra parte, como estos son
bienes, servicios fundamentalmente, de los que no se puede
prescindir y que tienen un gran impacto en el consumo,
porque la gente si le aumentan demasiado los servicios
restringe el consumo y va al pago de servicios que no crean
nuevos puestos de trabajo” (sic). Tratando de traducir al
castellano básico lo expresado por Cristina Fernández, lo
que nos estaba tratando de decir era que al tener
artificialmente baratas las tarifas de los servicios
públicos, la gente disponía de más dinero para consumir y
reactivar la economía. Habría que preguntarle a la
presidente qué le hizo cambiar de opinión, ya que la
eliminación de los subsidios, por ahora en energía, gas y
agua, no se limitará a los que viven en Puerto Madero,
Barrio Parque o en los countries, sino que le pegará de
lleno a la mayoría de la población. Inicialmente “vendieron”
la eliminación de los subsidios diciendo que se los sacaban
a los más ricos, pero enseguida surgió lo de la
declaración jurada, con lo cual, se viene el tarifazo.
Vamos a ver cómo “venden” el aumento del transporte
cuando llegue el momento. Tal vez digan que no es justo que
el que toma el colectivo en Barrio Parque esté subsidiado.
Pero
volviendo al discurso de Cristina Fernández, lo que olvidó
decir que es que en economía nada es gratis. Alguien está
pagando los subsidios con impuestos, consumiendo stock de
capital o el impuesto inflacionario. La medida anunciada por
Cristina Fernández es lo que ella tantas veces dijo que se
negaba a hacer y que finalmente tiene que hacer: el ajuste.
¿Qué significa ajustar la economía? Cambiar los precios
relativos. Los precios que están artificialmente bajos se
suben y los que están artificialmente altos suben menos.
Generalmente estos ajustes se hacen para tratar de
equilibrar las cuentas públicas, como fue el rodrigazo del
4 de junio de 1975. En ese momento Celestino Rodrigo devaluó
el peso (subió el dólar) e incrementó las tarifas de los
servicios públicos y combustibles, al tiempo que aumentaban
menos los salarios. El resultado fue la primera huelga
general que la CGT le hizo a un gobierno peronista.
En
esta oportunidad empezaron con algunas tarifas de los
servicios públicos mientras el mercado se encarga de
devaluar el peso. Es decir, a diferencia del rodrigazo, y
por más que Moreno le responda con un cañón a la ley de
la oferta y la demanda, el mercado se está llevando las
reservas del Central forzando una devaluación. Es solo
cuestión de tiempo. Obsérvese que el dólar está barato
para lo que es este modelo económico y las tarifas de los
servicios públicos fueron “pisadas”, al igual que el
dólar, como mecanismos antiinflacionarios. Nada tan
diferente a lo que se hizo en infinidad de planes anteriores
que terminaron mal.
¿Por
qué decidieron ahora aplicar un tarifazo? Porque el gasto público
en subsidios se les fue de las manos, con un proyectado para
este año de $ 70.000 millones. Además, la energía
artificialmente barata le está pegando en el saldo de
balance comercial por el incremento de las importaciones de
combustibles para sostener funcionando el sistema energético.
Esto les achica aún más el saldo de balance comercial y
les quita poder de fuego para financiar la constante fuga de
capitales que tuvo el kirchnerismo desde el 2003.
Un
párrafo para la encuesta en la cual a uno le preguntarán
si quiere dejar de ser subsidiado. Pregunta: ¿cuáles son
los parámetros que tomará el gobierno para decidir a quién
subsidia y a quienes no? Si se van a guiar el nivel de
ingreso y relacionarlo con la canasta básica total del
INDEC que marca la línea de pobreza, hasta los linyeras van
a quedar por encima de la línea de pobreza. De manera que
el sistema será asimilable al que usa la AFIP para
autorizar a una persona a comprar dólares: el sistema del
dedómetro o parecemetrometo.
Tiene
el gobierno en este momento, al menos, dos frentes
complicados: a) el frente fiscal con necesidad de aplicar un
tarifazo y b) el frente externo en que hay drenaje constante
de reservas de las arcas del Central.
El
frente fiscal ni por casualidad lo resuelven con el tarifazo
en energía y agua. Y el frente externo, a pesar de las
cebitas con que le tira Moreno al mercado creyendo que tiene
un misil tierra-tierra, lejos está de ser dominado. Mirando
el balance del Banco Central se observa que al 7 de
noviembre seguían subiendo los redescuentos al Tesoro
(emisión monetaria para financiar el gasto público), el
rubro Otros Pasivos, que incluiría préstamos para
disimular la pérdida de reservas, llegó a $ 21.728
millones. Al 31 de mayo pasado, antes que se acelerará la
fuga de capitales, Otros Pasivos era de $ 4.917 millones, es
decir, multiplicó por algo más de 4 este rubro. Si hoy
fueran a una convertibilidad, el tipo de cambio de conversión
sería de $6,62 por dólar al 7 de noviembre mostrando un
claro deterioro respecto a las semanas anteriores. Aclaro,
no digo que el dólar tiene que estar en $ 6,62, solo afirmo
que si se quisiera ir a una convertibilidad esa sería la
paridad que surge de los números del balance del BCRA. En
enero del 2010, cuando Marcó del Pont se hizo cargo del
Central, esa misma relación era de $ 4,30, así que la
capacidad de demolición del patrimonio del Central ha sido
proverbial. Finalmente, y esto es lo más preocupante,
siguen aumentando los redescuentos a las entidades
financieras. Estos redescuentos se otorgan cuando hay
problemas para hacer frente a los pagos en ventanilla.
¿Cómo
sigue la historia? Si aceptamos que la ciencia económica no
es justamente el fuerte del kirchnerismo, todo parece
indicar que el próximo paso consistiría en forzar una baja
de la tasa de interés justo en el medio de una corrida
cambiaria. ¿Para qué? Para que la economía no se les enfríe,
porque si se les cae la actividad económica, la recaudación
baja, aumenta el déficit fiscal y el tarifazo tendría que
ser complementado con más medidas de restricción del
gasto, la antítesis del modelo populista del gobierno.
El
problema es que está científicamente comprobado que cuando
hay presiones sobre el tipo de cambio, la tasa de interés
tiende a subir. ¿Por qué? Porque la gente retira pesos de
los bancos para comprar dólares. Al retirar plata de los
bancos estos tratan de retener a sus depositantes ofreciéndoles
más tasa de interés (salvando las diferencias, recordar el
2001). Si el gobierno fuerza una baja de las tasas de interés
el retiro de depósitos se acelerará para comprar dólares.
Sería como subirse al banquito, ponerse la cuerda en el
cuello y saltar. Se estarían ahorcando solos.
En
síntesis, el corralito a la compra de dólares fue
presentado como un combate contra la evasión y el lavado de
dinero, ahora el anuncio del tarifazo que está disfrazado
de eliminación de los subsidios a los más ricos, es el
primer paso hacia un cambio de precios relativos o, dicho en
castellano básico: la fiesta se acaba. Con lo cual se
confirma mi pronóstico de que o el gobierno ajustaba la
economía o se encargaba el mercado de ajustar, y el mercado
está forzando el ajuste con la corrida cambiaria. Por
ahora, el mercado está empujando al gobierno, paso a paso,
a hacer el ajuste. Si el gobierno se resiste a aceptar la
realidad y sigue con el relato del modelo exitoso, o
implementa mal el ajuste, las complicaciones serán mayores
a las actuales. Digamos que la situación económica no está
para que improvisados sigan con sus primitivas medidas. Aquí
hace falta confianza y ciencia económica. El problema es
quién se anima, entre los economistas serios, a sentarse en
el sillón de ministro que es como una silla eléctrica por
el populismo y la soberbia del kirchnerismo.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
Muchas
veces tuve en cuenta una frase de Oscar Wilde
advirtiendo que debe tenerse “cuidado con lo que se
desea porque uno puede llegar a conseguirlo”. No
tengo duda que Cristina Fernández de Kirchner descuidó en
algún instante de zozobra uno de sus deseos. O quizás buscó
las consecuencias, a sabiendas que no hay oposición capaz
de limitarla y mucho menos, sacar rédito político.
Posiblemente
no esperaba tanta proximidad entre las elecciones y los
cataclismos, pero tiene una ventaja sobre los episodios
vividos por la ciudadanía en la última semana: maneja
con habilidad indiscutida las herramientas populistas. Esa
capacidad le otorga, en medio de una pasajera tempestad, la
calma necesaria para reponerse del sacudón y centrar el eje
de su “nueva gestión” con miras al 2012.
Porque,
si bien se mira, los avatares que tienen al dólar como
protagonista pueden ocupar portadas enteras de los medios y
agitar la city porteña, pero no desvelan ni son de
incumbencia para la gran mayoría de los argentinos que
siguen practicando su deporte favorito: observarse el
ombligo.
Para
un jubilado del montón -y es que a los jubilados
tristemente se los sitúa en cúmulos de olvidados-, la
persecución de la AFIP resulta un hecho ajeno, extraño. No
saben con certeza qué vínculo los une a esta, pero están
seguros que no irán por ellos si apenas pueden lavar sus
penas. Tal vez los más agraciados compran, cada tanto, un
billete verde porque el nieto toma la comunión, cumple años
o se recibe a fin de año. Un modo de diferenciar con un
papel que no es habitual en él, una fecha trascendente en
su calendario.
Creer
que el gobierno investiga a esa franja social sospechando
que hay lavado de dinero en esos hechos aislados es
subestimar en demasía a quienes se alzaron hace unas
semanas con la mayoría del electorado. Por otra parte,
también sabe el Ejecutivo que no es la clase media
masificada la que comete las grandes trampas cuando de evasión
se trata. Siempre habrá un moroso dando vueltas, pero de ahí
a que se halle el jefe narco hay trechos abismales. La búsqueda
será infructuosa y sólo servirá como distracción de
asuntos más relevantes.
En
rigor de verdad, puede aseverarse sin titubeos que es el
mismísimo gobierno quien conoce a pie juntillas las cuevas,
los huecos, el mercado negro, y posee nombre, apellido del
evasor en serio. Los “peces gordos” como suele decirse,
no andan haciendo filas en los bancos tratando de conseguir
un puñado de “Washington´s”. Toda la parodia de la
caza de brujas en las agencias de cambio, etc., apenas si
alteraron el ritmo de algún turista que no se irá de estos
pagos con un concepto grato de nuestro sistema y nuestro
mercado.
Asimismo,
la prohibición genera un apetito voraz y contagioso que se
esparce sin que se sepa a conciencia cuándo y dónde ha de
frenarse. Si alguien estaba dudando entre guardar unos
pesos para disfrutar en la costa este verano o cambiarlos
por dólares porque supone que Brasil será un destino más
barato, tuvo respuesta oficial para saciar el interrogante,
sin equivocarse. Si el gobierno salta de ese modo,
irracional y furioso, es porque la demanda de la moneda foránea
es masiva, o sea: está barata. Idiosincrasia inexpugnable
del argentino: a comprar más allá de que después no nos
sirva para nada…
Ahora
bien, esta reacción del kirchnerismo frente al dólar debe
contemplarse desde un ángulo mucho más peligroso y
profundo. Amén
de que trata de atacar las consecuencias sin atender las
causas, y mantener un nivel relativamente propicio de
reservas para que una devaluación no termine con las
cacerolas blandiendo nuevamente en elbalcón (recuérdese
que en Argentina sólo se reacciona cuando es el bolsillo el
que se toca), debe hacerse otra lectura de la
conducta kirchnerista.
La
persecución que recientemente se inició no es un mero
atentado sobre el mercado monetario, es una amenaza a la
libertad ciudadana. Se dirá que es una exageración
plantear un “caso aislado” como punto de partida de un
avance indiscriminado capaz de coartar lo esencial del ser
humano. Pero hay jurisprudencia de sobra para saber que la
Presidente rinde pleitesía al refrán según el cual, “el
ojo del amo engorda al ganado”.
Está
dispuesta a observar de cerca a la sociedad porque, para
ella, es justamente una aglomeración de cerdos o chanchos
que –más allá de si son o no afrodisíacos como sostuvo
en su momento con la misma lógica y razón que se utiliza
hoy para frenar al consumidor de moneda-, deben ser
alimentados y controlados para servir a sus fines cuando el
momento sea el adecuado. (A no extrañarse si alguno termina
con una manzana entre sus labios, recostado sobre una
bandeja, en la cena de fin de año)
No
hay, en rigor de verdad, ninguna novedad en la metodología
K. Si acaso se reducen subsidios aparentando ser una acción
coherente para una economía más transparente, no es
porque, repentinamente, se les encendió la luz de la razón
o se abocaron a escuchar a quienes saben un poco más que
ellos de administración.
La
decisión responde más a resguardar la imagen de la próxima
gestión, que tratará de despegarse de esta marcando enfáticamente
el 10 de diciembre como fecha de transición. Ahí sí,
Cristina – en algún sentido- cambiará, porque será
cuando empiece a proclamar que el pasado debe quedar atrás.
¿Cómo se justifica sino?
Recuérdese
que la jefe de Estado no puede echar culpas a la herencia
recibida, debe al menos limpiar el escenario para volver a
protagonizar la función. Lo cierto es que el libreto y
el guión siguen siendo exactos. Los únicos cambios que
podrán verse son los movimientos de algunos actores de
reparto, disfraces y máscaras claro. Es como cuando uno
pinta su propia habitación. Puede que, a simple vista,
quede mejor pero seguirá teniendo las dimensiones que tuvo
originariamente. Los maquillajes son sólo eso: furtivos
intentos por mostrar de manera diferente aquello que no se
altera sustancialmente.
Si
los ciudadanos siguen enfrascados en el dólar, y no se
detienen a observar y reclamar algo más que la desregulación
de un mercado, mañana no podrán quejarse cuando aquello
que se coarte sea, por ejemplo, la posibilidad de opinar
libremente o quizás peor.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.