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20/02/2012

MORENO RAZONA COMO CRUSOE

La genialidad del modeo de inclusión social es que la gente viva cada vez peor y hacerles creer que viven peor en defensa de los puestos de trabajo de los argentinos y de la defensa de la industria nacional.

Por Roberto Cachanosky (*)

Acosados por la fuga de capitales que genera la desconfianza en la política económica y los horrores de arbitrarias medidas, el gobierno, para esconder su espanto por el problema cambiario, ha frenado las importaciones bajo el argumento de defender el trabajo de los argentinos y la industria nacional.

Moreno en particular y el gobierno en general, me hacen acordar a Robinson Crusoe en su debate con Viernes, debate desarrollado por el magistral Bastiat, cuando un isleño vecino les propuso intercambiar carne por sus productos de la huerta.

El debate entre Crusoe y Viernes que nos cuenta Bastiat fue el siguiente:

 

“Cierto tiempo después, habiéndose encontrado Robinson con Viernes, ambos unieron su trabajo en una tarea común. De mañana cazaban seis horas y traían cuatro cestos de caza. De tarde trabajaban seis horas en el huerto y obtenían cuatro cestos de hortalizas. 
Cierto día llegó a la isla una canoa. Desembarcó de ella un apuesto forastero y fue admitido a la mesa de nuestros dos reclusos. Este forastero probó la producción del huerto, la elogió mucho y antes de despedirse de sus anfitriones habló como sigue: 
“Generosos isleños, habito un país donde la caza es mucho más abundante que aquí, pero donde la horticultura es completamente desconocida. Sería fácil traerles todas las tardes cuatro cestos de carne si vosotros me entregaseis a cambio dos cestos de hortalizas”. 
Al escuchar estas palabras Robinson y Viernes se retiraron para consultar, y la discusión que tuvo lugar es demasiado interesante como

Para no consignarla íntegramente:

Viernes- ¿Qué le parece?

Robinson- Si aceptamos la proposición estamos arruinados.

V- ¿Está seguro? Considerémoslo

R- El caso es evidente. Aplastada por la competencia, nuestra caza como rama de la industria, quedará aniquilada. 
V- ¿Pero eso qué importa, si tendremos los venados? 
R --¡Teorías! Ya no serán el producto de nuestro trabajo. 
V - Perdone, señor, porque para tener los venados tendremos que entregar hortalizas.

R- ¿Qué ganaremos entonces?

V - Los cuatro cestos de carne nos cuestan seis horas de trabajo. El extranjero nos los da a cambio de dos cestos de hortalizas, que solamente nos cuestan tres horas de trabajo. Esto nos deja tres horas libres. 
R - Diga, más bien, que esas horas son restadas a nuestros esfuerzos. Ahí está la pérdida. El trabajo es riqueza, y si perdemos la cuarta parte de nuestro tiempo, seremos la cuarta parte menos ricos. 
V - Usted está muy equivocado, mi querido amigo. Tendremos la misma cantidad de carne, la misma cantidad de hortalizas, y tres horas de más a nuestra disposición. Esto es progreso, ¿o eso no existe? 
R - ¡Usted se pierde en generalidades! ¿Qué haremos con esas tres horas? 
V- Haríamos alguna otra cosa. 
R - ¡Ah! Comprendo. Usted no puede concretar. Alguna otra cosa, alguna otra cosa, eso es fácil decirlo. 
V - Podemos pescar, adornar nuestra cabaña, leer la Biblia. 
R - ¡Utopía! ¿Hay alguna certeza de que debamos hacer lo uno o lo otro? 
V - Muy bien, si no tenemos ninguna necesidad que satisfacer, podemos descansar. ¿Acaso el descanso no es nada? 
R - Pero mientras descansáramos nos moriríamos de hambre. 
V - Mi querido amigo, usted se ha metido en un círculo vicioso. Hablo de un repose que no substraiga nada a nuestro abastecimiento de carne y hortalizas. Usted siempre olvida que mediante nuestro comercio exterior, nueve horas de trabajo nos proporcionarán la misma cantidad de provisiones que obtenemos en la actualidad con doce. 
R - Es muy evidente, Viernes, que usted no ha sido educado en Europa y que usted nunca ha leído el Moniteur Industriel. Porque entonces habría aprendido que todo ahorro de tiempo es pérdida pura. Lo importante no es comer ni consumir, sino trabajar. De nada sirve lo que consumimos si no es el producto directo de nuestro trabajo. ¿No quiere saber si usted es rico? Nunca considere los goces que obtiene sino el trabajo que debe hacer. Esto es lo que el Moniteur Industriel le enseñaría. En cuanto a mí, no tengo pretensiones de teórico y sólo me preocupa la pérdida de nuestras actividades de caza. 
V - ¡Qué manera de invertir las ideas! Pero... 
R - Nada de peros. Además, hay razones políticas para rechazar las ofertas interesadas del pérfido extranjero.

V- ¡Razones políticas!
R – Sí, él sólo nos hace estas ofertas porque son ventajosas para él. 
V - Tanto mejor, dado que también son ventajosas para nosotros. 
R - Entonces con este tráfico nos colocaríamos en una situación de dependencia con respecto a él. 
V - Y él se colocaría en situación de dependencia con respecto a nosotros. Nosotros necesitaremos su carne, él necesitará nuestras hortalizas y todos viviremos en términos de amistad. 
R- ¡Sistema! ¿Quiere que le tape la boca? 
V - Eso lo veremos. Todavía no he escuchado ninguna buena razón. 
R - Supongamos que el extranjero aprende a cultivar un huerto y que su isla resulta ser más fértil que la nuestra. ¿No ve las consecuencias? 
V - Sí, nuestras relaciones con el extranjero cesarían. Ya no se llevaría nuestras hortalizas, dado que podría tenerlas en su isla con menos trabajo. Ya no nos traería carne, dado que nada podríamos darle a cambio, y entonces nos encontraríamos precisamente en la situación en que usted nos quiere colocar ahora.

R - ¡Salvaje imprevisor! Usted no comprende que después de haber aniquilado nuestra caza inundándonos de carne, él aniquilaría nuestros huertos inundándonos de hortalizas.

V - Pero esto sólo duraría mientras estemos en condiciones de darle otra cosa, o sea mientras encontremos otra cosa que producir con economía de trabajo para nosotros mismos. 
R - ¡Otra cosa, otra cosa! Usted siempre vuelve a lo mismo. Usted está en la luna, mi estimado amigo Viernes; sus opiniones no tienen sentido práctico. 

 

El debate fue muy prolongado y, tal como sucede a menudo, cada cual siguió aferrado a su propia opinión. Pero como Robinson ejercía gran influencia sobre Viernes, su opinión prevaleció, y cuando llegó el extranjero para conocer la respuesta, Robinson le dijo: 
“Mire, extranjero, para inducirnos a aceptar su proposición debe usted darnos dos seguridades: primero, que su isla no tiene mejores existencias de animales de caza que la nuestra, porque queremos pelear con armas iguales solamente. Segundo, que usted pierda en la operación. Porque, tal como sucede en todo intercambio, por fuerza hay una parte que gana y otra parte que pierde, y nosotros seríamos tontos si usted no perdiera. ¿Qué me dice?”. 
“Nada”, respondió el extranjero, y echándose a reír volvió a subir a su canoa.

Moreno en particular y el gobierno en general creen que lo importante es trabajar y no trabajar eficientemente. Por ejemplo, en el razonamiento del gobierno, que es igual al de Robinson, habría que destruir los celulares y teléfonos y poner gente en las terrazas de los edificios transmitiendo mensaje con banderitas de diferentes colores es inclusión social. Para ellos lo importante es que la gente trabaje mucho sin importar su productividad.

Si tuvieran que elegir entre una máquina excavadora para hacer un pozo y una cucharita de té, le darían al obrero una cucharita de té porque eso generaría más trabajo. El gobierno, en su primitivo razonamiento, no piensa en la cantidad de bienes y servicios a los que puede acceder la gente, sino en la cantidad de trabajo que insuma producir un determinado bien. Por eso habla de defensa de los puestos de trabajo de los argentinos y no de su productividad y eficiencia.

Cuando el gobierno se pelea con Brasil por el intercambio comercial, lo que están diciendo es que solo el gobierno Argentino está dispuesto a intercambiar bienes con Brasil si los brasileños juran que están dispuestos a perder en el intercambio. Ellos creen, al igual que Robinson, que en un intercambio una de las partes pierde, cuando todo intercambio se realiza siempre y cuando ambas partes valoran más lo que reciben que lo que entregan. Desconocen la teoría del valor subjetiva por la cual amabas partes ganan en el intercambio.

Insisto, para ellos lo importante no es que la gente tenga trabajos de alta productividad, sino que trabajen mucho y por eso el pueblo argentino es cada vez más pobre, porque no se privilegia la productividad sino la cantidad de trabajo. Es decir, no privilegian la cantidad de bienes y servicios a los que puede acceder la gente mediante el intercambio sino que prefieren que tengan menos bienes y mucho trabajo, aunque este sea ineficiente y de baja productividad.

Siempre aparece algún ignorante diciendo que los chinos nos venden cosas que produce gente que es mantenida con un plato de arroz. Ese argumento, ya usado en la década del 90, se olvida que los chinos están sacando de la pobreza 40 millones de personas por año mientras que nosotros, gracias a vivir con lo nuestro, aumentamos año a año la legión de pobres e indigentes.

También razonan horrible cuando dicen que hay que defender los dólares que tenemos. En primer lugar los dólares de exportación no son del BCRA, o no deberían ser, sino que deberían ser de los que producen y exportan. Produzco algo, lo exporto y me pagan con divisas que son mías porque esas divisas las intercambié por el fruto de mi trabajo. Lo que hace el Estado cuando nos obliga a liquidar exportaciones es decirnos: a cambio del fruto de su trabajo Ud. no puede quedarse con dólares sino que debe quedarse con estos pesos que emite el Banco Central y se derriten día a día en su poder de compra. Ud. trabaje que yo me quedo con la buena moneda y lo obligo a Ud. a quedarse con la mala.

Para poder importar primero tengo que exportar. Es decir, tengo que producir algo que me compren en el exterior para que con los dólares que me entregan pueda importar. Es cierto que puedo tener déficit de balance comercial porque importo más de lo que exporto. En este caso alguien financia mi consumo desde el exterior. ¿Cómo ajusta el sistema? Con tipo de cambio flotante, el saldo negativo del comercio exterior hace subir el tipo de cambio, las importaciones se hacen más caras en pesos y disminuyen, equilibrando el salo de balance comercial.

Y aquí está la madre del borrego. Como el gobierno no quiere devaluar el peso por miedo a una crisis financiera y cambiaria, frena las importaciones bajo el argumento de la defensa del trabajo argentino y de la industria nacional. ¿Qué logra con esto? Deprimir el nivel de vida de la población, que no puede incrementar los bienes a los que puede acceder con su salario. Con el proteccionismo, la gente puede comprar menos bienes con su salario de los que podría comprar si el intercambio comercial fuera abierto. Para decirlo en términos de Crusoe: con sus ocho horas de trabajo, la gente puede comprar menos bienes en una economía cerrada que en una economía abierta. ¡Esta es la genialidad del modelo de inclusión social! Que la gente viva cada vez peor y hacerles creer que esa pérdida en el nivel de vida es en defensa de los trabajadores argentinos y de la industria nacional.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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19/02/2012

LA VERDADERA GUERRA ES INTERNA

Por Gabriela Pousa (*)

“Cuando la guerra son los demás, la paz no es uno mismo”

F. Nietzsche

La renuncia del Presidente alemán, Christian Wulff, es una de esas noticias difícil de comprender en esta geografía, máxime si además se tiene en cuenta que estaba siendo investigado por la fiscalía de Hannover, a raíz de una serie de viajes pagados por amigos, y por un préstamo de 500 mil euros, otorgado también por una allegada. ¿Cómo se explica? Y es que detrás del mandatario hay un pueblo, simplemente, educado.

No entran en juego los vaivenes de la economía coyuntural, ni la crisis que está jaqueando la región. Ese marco puede agitar el avispero político acá. Allá, los alemanes, continúan su ritmo de vida sin alterarlo. No encuentran nada extraña la dimisión de Wulff por cuanto estaban informados de los entretelones del caso, a través de los medios audiovisuales y gráficos.

Hay una lógica en la trama: denuncia, fiscalía en acción, renuncia, vía libre para una más exhaustiva investigación. No hay un Norberto Oyarbide mostrando un diamante por televisión, ni hay motivo para dudar de la seriedad de una noticia, menos aún de la imparcialidad de la Justicia.

Cabe reconocer entonces que el pueblo germano está a años luz del nuestro. No por comparaciones tediosas y antojadizas, sino por la construcción de una cultura social basada, quizás, en la teoría popperiana de ensayo y error. Aquello que experimentaron como negativo no vuelve a tener cabida en las opciones que se le presentan a la hora de una elección. Hubo un solo Hitler en su cronología política. Conocen el costo de la locura, lo pagaron con ancestros y descendientes muertos.

Después de la guerra, el país no quedó a la deriva sino hundido, en ruinas. De ahí en más, aprendieron que la única salida era unirse, no en un pensamiento único, sino en la voluntad consensuada de reconstruir Alemania. No es una tierra privilegiada donde todo les fue dado de la nada, ni es el paraíso terrenal. “En todos lados se cuecen habas”. Alemania se levantó a fuerza del aprendizaje que les dejaron las heridas más lacerantes.

Por el contrario, la Argentina no experimentó jamás la destrucción  absoluta de sus raíces aunque así lo creamos. A lo profundo del pozo no se llegó. Siempre estuvimos “a punto de”: a punto de una guerra civil, de un régimen de horror; en definitiva, a punto de tocar fondo, pero no tocándolo. La dictadura tuvo importante aval social aunque no sea políticamente correcto afirmarlo, la guerra de Malvinas encontró a un pueblo ovacionando en Plaza de Mayo…

Por esa razón, posiblemente, no se haya podido aunar criterios en torno a lo que significa el destierro, ni acerca de la magnitud del dolor. Estuvimos divididos hasta en el horror. Hablamos de generalidades que son injustas, pero es a fin de intentar entender por qué en la Argentina, la corrupción pasa desapercibida o no termina en la Justicia con los responsables condenados. Nos codeamos con ellos a diario.

Es de un simplismo poco feliz, creer que el país del Muro de Berlín es la panacea, y este suelo la antítesis de ese sistema. Hay que ir más allá de los hechos, y atender no sólo las causas sino también las consecuencias.  

En casi todas las situaciones de nuestra vida política hubo escisiones tan innecesarias como incomprensibles porque no fueron sustentadas en torno a ideologías o creencias férreas, sino a líderes de ocasión. Hemos tenido providenciales tan efímeros como falaces. El fanatismo nos cegó. Recibimos etiquetas por herencia, no por libre opción. Fuimos y somos pasionales. Albert Camus decía quela pasión se encamina gradualmente hacia las lágrimas”. Al parecer, tenía razón.

La historia nacional puede contarse como una sucesión de súper clásicos dominicales. Adoración y falsos pedestales nos separaron e impidieron lo esencial: comprender, aceptar, asumir, y a partir de allí resolver sin melodramas ni inútiles búsquedas de culpables. Avanzar sin perder tiempo analizando quién pega más fuerte o a quién le duele más. En síntesis, faltó madurez y educación. Lo canjeamos por comodidad y distracción.

¿Por qué nos resulta extraño un Presidente dando la cara y un paso al costado? ¿Qué nos falta? O mejor dicho, ¿por qué no entender el cambio?

Los argentinos estamos  voluntariamente sometidos a conductas incoherentes e irracionales. Hay dos prototipos de hombres, señalados en su oportunidad por Pascal Bruckner, que se ciernen a la perfección al modelo de compatriota de hoy: el mártir auto proclamado, y el inmaduro perpetuo. Entre ambos modelos nos movemos pero no avanzamos.

Los mártires se dedican a llorar sus infortunios en búsqueda de benefactores que les otorguen soluciones. Soy fruto de la marginalidad, de la desigualdad social, de una sociedad estigmatizante etc., etc. Sufro, por ende, deben atenderme y soportarme. Me libero de ese modo, de tener que resolver yo ese sufrimiento. Si acaso progreso se me acaban las posibilidades de queja. Por está razón, los planes sociales hacen furor. ¿Cuántos han renunciado a una asistencia estatal porque lograron puestos de trabajo? Algo similar, con bemoles, acontece con gran parte de los subsidiados. 

Ese mártir se define a sí mismo como víctima. Víctima de los militares, víctima del peronismo, víctima de las debilidades radicales, de la izquierda de los 70, de la derecha de los 90; del capitalismo, del consumismo, o los “ismos” que sean. Cualquier encasillamiento es bueno a la hora de desligarse de las responsabilidades inherentes al rol que nos cabe: ciudadanos más que habitantes.

Los inmaduros a perpetuidad, por su parte, se regocijan con sus conductas infantiles. Exigen la libertad del adulto pero sin las obligaciones que acarrea ser grande. La proclama sería: “Soy mayor a conveniencia”. Grande para disfrutar las bondades del sistema, pero pequeño y débil para resolver por mí mismo sus problemas. Para eso hay un Estado. Un Estado al que delezno cuando se intromete en mi vida privada, pero se lo busca y reclama cuando hay carencias. Es él quién debe saciarlas para yo no tener que sufrir por ellas.

Sintetizando: hago lo que quiero pero cuando tropiezo vuelvo corriendo al seno paterno donde encuentro consuelo. Es más, merezco y es deber del padre encarnado, generalmente en el gobierno o en el Estado, cobijarme, ahuyentar mis penurias, y hacerse cargo de las consecuencias de mis actos.

Los argentinos nos movemos entre esos dos modelos. Según convenga somos mártires autoproclamados o somos inmaduros perpetuos. Presos en esos parámetros ejercemos a medias, el papel intrínseco del ciudadano. Es decir, votamos. Si lo hacemos mal, otro se hará cargo y servirá el error para regocijarnos, sentirnos pobrecitos, perseguidos cuando en rigor no hay nadie detrás de nosotros mismos.

Somos las víctimas del engaño. ¿Qué engaño? El engaño de segundos o terceros, el engaño siempre ajeno. Nunca se piensa y menos se aceptaría hablar de autoengaños. Si el gobierno me defraudó, es el gobierno quién debe congraciarse. De allí el famoso consuelo “que sigan los mismos aunque sean malos, así se hacen cargo de la crisis que generaron”. O peor aún aquello de: “el pueblo nunca se equivoca ¿Cómo que no? ¿No se equivocó el pueblo alemán votando a Hitler acaso? Pues bien, los alemanes se hicieron cargo.

No sólo justificamos el error pasado, sino también el volver a equivocarnos. ¿Cambiarlo? Es inútil. Cuando el calzado aprieta, no cambiamos el pie sino el zapato. Pues bien, para los argentinos, si el calzado aprieta no es a causa del crecimiento de mi pie sino que es culpa del zapatero que no confeccionó un calzado capaz de adecuarse a mi cambiante tamaño.

Los alemanes, sin embargo, con todos los defectos que puede atribuírseles, cuando reconocen el error, no lo repiten, vuelven sobre sus pasos y cambian el zapato; estamos generalizando, claro. 

Si las Malvinas no están bajo la órbita argentina es culpa del inglés, sea éste un príncipe, un futbolista, un músico o un simple británico. Lo solucionamos con algún cántico de barricada: “el que no salta es un inglés”… Lo coreó hasta la jefe de Estado. Somos unos vivos bárbaros, pero ¿qué ganamos?

No consideramos si acaso no tuvimos la persistencia de hacer un reclamo sistemático, en lugar de acordarnos del tema después de 9 años, y si hoy están bajo dominio foráneo, a causa de haber elegido erróneamente el modo cómo recuperar lo que consideramos nos pertenece intrínsecamente. 

Por lo dicho, tal vez, para no sorprendernos con un Premier abandonando el cargo, debamos mirarnos a nosotros mismos, asumir cómo somos y entender que, si cambiamos de zapatos no es por  la impericia del artesano sino porque nosotros hemos cambiamos de tamaño.

De lo contrario, seguiremos `ad eternum´ con el mismo zapatero, culpándolo del dolor de nuestros pies apretados…/

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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13/02/2012

TRAS UN MANTO DE NEBLINA

Por Gabriela Pousa (*)

Volver al teclado: una experiencia casi surrealista si se trata de analizar un escenario político donde abunda el grotesco y la “tomada de pelo”. Sin embargo, estamos como espectadores mansos en ese teatro. Frente nuestro, un solo protagónico y un exceso de actores de reparto que apenas se limitan a los aplausos.

Parece que hiciese años que reasumió la Presidente en su segundo mandato (otra falacia si consideramos que su primer periodo fue una suerte de continuación del de su marido) En ese sentido, puede decirse sin equívoco que llevamos 9 años sometidos a este reinado. La costumbre nos ha ganado.

De la noche a la mañana se esfumó la esperanza depositada en algunas voces opositoras que lograron ciertos cargos. Todos callaron y algunos cayeron en la trampa del espectáculo montado. Esperan “su momento” que, paradójicamente, no suele ser el momento de los ciudadanos. Hace tiempo que la democracia argentina dejó de ser representativa. Hoy es una seudo democracia delegativa, guste o no aceptarlo.

El año comenzó con un hecho político signado por la confusión: el “falso positivo” de un papelón. Desde entonces, lo que debiera ser una etapa de tregua o quizás de letargo, se vio sobresaltada por incoherencias y atropellos previsibles pero también desmesurados en el cómo y en el cuándo. La confusión y el papelón trashumaron a todos los campos.

La Primera Mandataria decidió adoptar un rol estrictamente comunicacional. No soluciona nada más allá de las palabras. Declama, recita, cree dar cátedra. El gobierno así divide sus quehaceres: por un lado, la comunicación monopolizada por el relato. Por otro, el submundo de los negocios o negociados. Ambos aspectos están en muy pocas manos. El resto atiende contingencias ante la ausencia de políticas a mediano o largo plazo.

La herramienta por excelencia de este nuevo período radica en la sistemática prohibición de todo acto y toda voz que puedan alterar el orden preestablecido de ante mano.  Ausencia del clima democrático. Por ejemplo, la Presidente establece que el dólar debe mantenerse. Corolario: control absoluto de mercado. Medidas en apariencia populistas embebidas de falacias nacionalistas. En definitiva, otro engaño.

Quiénes compran dólares en cantidad poseen armas propias para eludir los candados. El único afectado es el ciudadano común a quién se le ata las manos. Pero los dólares, finalmente y a pesar de los sabuesos, siguen escapándose. Ampulosos anuncios con resultados únicamente mediáticos.

La realidad pasa por otro lado. El progreso, en boca de Cristina Kirchner, se palpa en récords tan falsos como el resto del relato. ¡País pujante porque cuatro o cinco días, y algún fin de semana largo, hay movimiento de autos hacia la costa atlántica!

El verdadero dato: cuando el progreso kirchnerista no existía, se veraneaba por lo general entre 15 y 30 días… Pero esas, según el oficialismo, eran épocas de despilfarro que llevaron a la crisis de comienzo de siglo. Entonces vino el abismo, y apareció “El” para salvarnos.

Nada bueno pasó antes de mayo de 2003: comienzo irrefutable de bonanza espectacularmente vendida, por especialistas en el arte de pintar escenografías. Es justo admitir que el público también se maneja en demasía con el doble discurso. Delezna la expansión indiscriminada del Estado pero, simultáneamente, requieren que éste los ampare y proteja para evitarle trabajo. De ese modo es muy difícil romper el círculo vicioso o viciado.     

Después de una reelección, que encima superó expectativas, la crisis es o debería ser utopía. Los comicios arrojaron el ocaso de alternativas y sin embargo, hay apremio por tapar todo cuánto está pasando.

No hay enemigos poniendo obstáculos, la economía que aún no se ha desbordado funciona como modeladora de la ética y la moral del ciudadano. Todo es aceptado sin chistar si aún hay cierto respiro y métodos para disfrazar la realidad.

Ejemplo cabal es la tarjeta SUBE. Las filas eternas para permanecer subsidiado, amén de mostrar la necesidad reinante en amplias franjas sociales, pone de manifiesto de qué manera se maneja al rebaño. SUBE es un “regalo” del gobierno, toda otra especulación es solamente eso: especulación de la minoría que no los ha votado. Para muchos sirve como atenuante de un bolsillo aún no violado. ¿Hasta cuándo?  

Si algo debe reconocérsele al oficialismo es su capacidad para manejar la distracción. Ante la falta de adversarios, hay que crearlos. La política como batalla perpetua: concepción kirchnerista por excelencia. Así se embistió contra el clero, el empresariado, los militares, los medios de comunicación, el campo… Hoy es el turno de lo foráneo.

Malvinas es una causa nacional que nadie puede cuestionar pues se impone lo políticamente correcto. Es probable que a una mayoría de los argentinos no le interese un ápice la soberanía de los isleños, pero de ahí a exponerlo públicamente hay un gran trecho. Hay miedo al pensamiento…

Malvinas opera como antes operaron los Derechos Humanos.      

Con el “manto de neblina” que no hemos de olvidar se cubre al testaferro del vicepresidente, a la interna rabiosa dentro del seno mismo del gabinete, se cubre la improvisación y los déficits. Las Malvinas oscurecen los índices falsos del INDEC, los conflictos sociales en ciernes, el desabastecimiento de insumos, la mega minería que, mucho más allá del medio ambiente, contamina de corrupción a los dirigentes.

Las denuncias deben mantenerse en la latitud en que se han mantenido siempre. Skansa, Grecco, Antonini, Atucha, Yaciretá, Aerolíneas Argentinas, Meldorec…, son ejemplos concretos de cómo deben pasar a segundo o tercer plano todo aquello que salpique de corrupción a los funcionarios. Otro apéndice del Estado hará lo demás: los jueces alquilados.

Más preocupación que la soberanía, la democracia, los derechos humanos y cualquier otra causa, el desvelo del poder pasa por empezar urgente la campaña para asegurar una continuidad que hoy no está.

En ese trance, se vuelve a recordar que hay sólo un modo de alterar el escenario nacional: tocándole -sin eufemismos- el bolsillo a los ciudadanos. Eso no está lejos de pasar. Y será entonces cuando el gobierno necesite alguna estrategia más para mantener el status quo, sin el cuál no puede continuar. ¿La tendrá?

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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13/02/2012

SUPERANDO EL RODRIGAZO

Los ajustes de tarifas e impuestos provinciales están superando el famoso rodrigazo de 1975. El modelo nunca funcionó bien, lo que funcionó bien fue su capacidad de destrucción.

Por Roberto Cachanosky (*)

Celestino Rodrigo ha pasado a la historia como el hombre que generó un brutal cambio de precios relativos a mediados de 1975. Ese cambio de precios relativos fue bautizado como el rodrigazo por la magnitud del ajuste. Sin embargo, desde mi punto de vista, a Celestino Rodrigo le tocó destapar la olla a presión que había dejado José Ber Gelbard con su famosa política de inflación cero. Con los precios relativos distorsionados, déficit fiscal y atraso del tipo de cambio real, Celestino Rodrigo intentó, dentro del contexto político de aquellos años, ordenar las cuentas públicas. Por supuesto que a Rodrigo se le pueden criticar muchas cosas, pero lo cierto es que si uno analiza en contexto el llamado rodrigazo, se encuentra con que el lío lo había armado Gelbard y Rodrigo cargó con el costo político de destapar la olla a presión que había dejado Gelbard.

Formulada la aclaración sobre la situación que le tocó asumir a Celestino Rodrigo, veamos cuáles fueron los ajustes de precios que hizo el entonces ministro de Economía. Para esto voy a seguir los datos de La Economía Argentina en la Segunda Mitad del Siglo XX de mi amigo Juan Carlos von De Pablo. Cito textualmente: “El nivel general de las tarifas públicas es un agregado heterogéneo. Una desagregación imprescindible es entre YPF y el resto de las empresas, por el particular comportamiento de los precios de YPF en 1974 y 1975…En efecto, el precio del libro de nafta común subió 181%, el de la nafta especial 173%, las tarifas de transporte 75%, las de gas entre 40% y 60%, las del consumo domiciliario de electricidad entre 40% y 50% y las del consumo industrial 75%.”

Si dejamos de lado el precio del combustible, que llegó a aumentar el 181% durante el rodrigazo (creo que desde el 2002 a la fecha ha aumentado más), los incrementos de las tarifas de los servicios públicos del rodrigazo prometen ser sustancialmente menores a los que habrá que enfrentar con la sintonía fina del cristinismo.

Empecemos por el impuesto inmobiliario. La boleta que me llegó para este año en la provincia de Buenos Aires, tiene un aumento del 30% respecto a la del 2011, frente a una inflación del 9% que declaró el INDEC. Pero el impuesto inmobiliario del 2011 me había aumentado el 139% respecto a 2010, también frente a una inflación también del 9% según Moreno. Y la del 2010 había subido el 20% respecto a la del 2009. En síntesis, este año voy a pagar un impuesto inmobiliario que tiene un incremento del 274% respecto a 2009.

Sigamos, de acuerdo a la última factura de luz que pagué, si me eliminan el subsidio, el aumento será del 80 al 90 % dependiendo cómo juegue el listado de impuestos que incluye la factura. Recuerde que más arriba puse que en el rodrigazo el aumento de la luz en las casas fue del 40% al 50%. En el caso de los colectivos, sobre el cual mantienen el suspenso de cuánto tendrán que pagar los que no tienen la tarjeta SUBE, todos sabemos que el aumento tendría que estar en el orden del 300%. Veremos si se animan. En agua potable he visto aumentos del 120%. En síntesis, la magnitud de los incrementos apunta a superar el rodrigazo de 1975, con lo cual pasaremos a tener el cristinazo en nuestra historia económica argentina. Obviamente que el último bastión que les queda es el dólar.

Recuerdo que en el 2007, en una conferencia abierta en Mendoza, dije que ya se había acumulado una fuerte distorsión de precios relativos y que la emisión monetaria generaba presiones inflacionarias agudas. Cuando terminé mi exposición un empresario dijo que no coincidía conmigo y que él era muy optimista. Y recalcó lo positivo de los cambios que se habían producido en la posibilidad de que las AFJP pudieran invertir más en el exterior. Luego vino la expropiación de las AFJP y no sé en qué le habrá quedado ese optimismo. Respecto a este punto hubo más de 500 asistentes que pueden dar fe de lo que estoy contando. Pero, el punto no es escrachar a ningún empresario, sino que tomo como ejemplo ese caso porque últimamente veo que varios colegas economistas afirman que el modelo ya dio todo lo que tenía que dar y que ahora hay que cambiar. Mi punto es muy diferente.

El modelo no dio todo lo que tenía que dar, sino que destruyó todo lo que tenía que destruir, y cualquier economista medianamente serio sabía que el modelo era inconsistente. Debía saber que emisiones monetarias que empezaron con el 27% y que ahora están en el 35% son incompatibles con la estabilidad. Que licúan el tipo de cambio real. Que las tarifas de los servicios públicos estaban artificialmente contenidas y que, en algún momento, esa fiesta de subsidios iba a ser infinanciable.

Por supuesto que la economía no explotó en el 2007, pero la explosión no se produjo por las bondades del modelo, sino porque se estiró la agonía confiscando activos y destruyendo stock de capital. Una cosa es decir que el modelo es inconsistente y otra muy diferente es pronosticar con fecha y hora el fin del modelo. Eso nadie lo puede saber porque todo depende de las cajas a las que recurra el gobierno (AFJP, presión impositiva asfixiante, BCRA, etc.) y del contexto mundial. Sabemos que estas políticas populistas pueden saltar por las causas más insospechadas y en el momento menos pensado, pero son demasiadas las variables que juegan al momento de definir la muerte definitiva del modelo. Puede ser el contexto internacional, el fin de las cajas que manotea el gobierno, una sequía que depende del tiempo, etc. Lo importante es entender qué está haciendo el gobierno y qué resultados cabe esperar de esa política. Y eso es lo que no entienden, incluso, varios de mis colegas economistas cuando afirman que el plan estuvo bien al principio pero ahora se agotó. El plan nunca funcionó bien. En todo caso lo que funcionó bien fue la capacidad que tuvo el gobierno para sobrepasar todos los límites de respeto a los derechos de propiedad, regulaciones, aprietes, prohibiciones, etc. y de esta forma financiar una orgía de consumo al más puro estilo populista.

Esto nos indica que nadie tiene que sorprenderse en el futuro que vulneren más derechos de propiedad. ¿Por qué? Porque el modelo lo requiere. El modelo populista necesita de caja para sobrevivir políticamente y el populismo no respeta la república, por el contrario, rechaza la república porque es contraria a los necesidades del populismo. Y como el populismo es una forma moderna de autocracia, recurrirá a todo tipo de avasallamiento de los derechos de propiedad para mantenerse en el poder.

Insisto, nadie puede sorprenderse que hoy la gente no pueda comprar dólares libremente porque en el populismo una regulación lleva a otra. La dinámica populista es eso. “Arreglar” el lío de una regulación con otra regulación más intensa y destructiva, y así sucesivamente.

Por ahora el gobierno puede ostentar el récord de superar los ajustes, o como les gusta decir a ellos la sintonía fina, del rodrigazo. Solo falta saber en cuánto superarán con su sintonía fija los ajustes de tarifas que se viene. Cuánto más estiren esta política populista, más superarán al rodrigazo del 75.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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06/02/2012

LA PROPIEDAD PRIVADA BAJO ATAQUE

Cuando el Estado decide qué puede y qué no puede Ud. comprar con su salario, o el empresario obedece ordenes de los burócratas sobre cuál debe ser su política comercial, de utilidades, exportaciones, importaciones, de salarios, etc., la propiedad privada pasa a ser una ficción

Por Roberto Cachanosky (*)

Supongamos que Ud. tiene una casa. Esa casa figura en el registro de propiedad a su nombre. Ud. cree que esa casa es de su propiedad. Pero supongamos que el gobierno decide si puede alquilarla o no, a qué precio puede alquilarla, a quién puede alquilar, cuánto tiempo puede alquilarla, si puede venderla o no e infinidad de otras restricciones. Bien, en ese caso la casa figurará a nombre suyo, pero no será de su propiedad porque el uso de la misma estará tan arbitrariamente restringido por el gobierno que el verdadero dueño de su casa será el Estado y no Ud. La propiedad estará a su nombre pero la disponibilidad de la propiedad estará en manos del Estado. Esto quiere decir que la propiedad privada no desaparece solamente cuando el Estado la confisca, sino que también desaparece, o se ve fuertemente limitada, cuando el Estado decide por Ud. sobre el uso de la misma.

Seguramente más de uno considerará que el siguiente párrafo es exagerado, pero Argentina está transitando el camino de la abolición de la propiedad privada cuando consideramos que la propiedad privada implica poder disponer libremente de ella.

Por ejemplo, tomemos el ejemplo de una persona que trabaja y tiene cierta capacidad de ahorro. Por el fruto de su trabajo recibe un pago en pesos, fruto de su trabajo que le pertenece. Esos pesos son propiedad privada del trabajador, pero el Estado le condiciona o le prohíbe la compra de dólares dependiendo de lo que decida la AFIP. Cuando la gente compra dólares como forma de ahorro es porque considera que los pesos que emite el BCRA no sirven como reserva de valor. Lo que hace el trabajador es defender sus ahorros, que son el fruto de su trabajo, pero el Estado no se lo permite o lo limita. Y aquí no corre el tema del control impositivo porque para eso están las declaraciones juradas anuales de ganancias en las cuales cada uno de nosotros tenemos que explicarle a la AFIP si generamos o no ese ahorro que destinamos a la compra de dólares. Para la AFIP todos somos sospechosos hasta que demostremos lo contrario, lo cual implica violar los derechos humanos, porque el gobierno, por no tener una moneda confiable, trata de frenar la compra de dólares destruyendo un principio jurídico que solo establecen las dictaduras: esto es. Todos son sospechosos hasta que se demuestre lo contrario. En vez de emitir una moneda confiable, el gobierno destruye su reserva de valor y obliga a la gente a tener pesos y no le permite defender sus ahorros, que finalmente, al ser el fruto de su trabajo, también es propiedad privada. En definitiva, al limitarle el acceso a la defensa de sus ahorros, el gobierno le confisca parte de sus ahorros con el impuesto inflacionario.

Sigamos con el ejemplo del trabajador que, con el fruto de su trabajo, decide comprarse algún bien importado. El Estado ha decidido que no tiene derecho a usar el fruto de su trabajo cómo a Ud. mejor le plazca, sino que, por serios problemas cambiarios, el gobierno limita el uso de la propiedad privada, decidiendo que Ud. con su esfuerzo diario no tiene derecho a comprar un producto importado. Lo limitan a comprar productos nacionales que por calidad o precio Ud. no quiere adquirir. Es más, tal vez Ud. quiera comprar un producto importado porque simplemente se le da la gana. Bien, el Estado ha decidió que su propiedad privada, su salario, puede usarse solo en lo que el Estado lo permite.

También, el Estado le aplicará un impuesto a las ganancias para financiar los llamados “planes sociales”. Sin ajuste por inflación de los mínimos no imponibles, el Estado le quitará una parte creciente del fruto de su trabajo. Ud. no podrá decidir a quién desea ayudar con su salario. El Estado ha decidido que le va a quitar a Ud. parte de su trabajo para que, en cadena, la presidente decida a quién le da y a quien no le da. Digamos que hace “beneficencia” con el dinero ajeno. El gobierno considera que tiene el monopolio de la “beneficencia” y que el resto de los argentinos somos todos avaros que no estamos dispuestos a ayudar a nuestros semejantes. Claro, al autoproclamarse como el único que tiene el monopolio de la “beneficencia” nadie puede controlar a quién beneficia, porqué lo beneficia y para qué lo beneficia.

Como gran “invento” de política económica, el gobierno ha decidido conformar una comisión multisectorial que se encargará de analizar los balances de las empresas de todos los sectores, definir si sus gerentes ganan mucho o poco, analizar sus costos y utilidades y decidir si ganan mucho o poco. De esta forma, supuestamente, el gobierno tendrá los elementos para definir qué aumento de salarios deberá pagar el sector privado según los “concienzudos” cálculos de los burócratas de turno.

Primera reflexión que surge inmediatamente. Ante la requisitoria de saber cuánto gana el gerente de una empresa, la respuesta sería: ¿y a Ud. que le importa? Ud. está en el Estado para defender el derecho a la vida, a la propiedad y la libertad de las personas, no para meterse, tipo KGB o SS, a averiguar cuánto gana mis gerentes. Para eso está la AFIP que recibe las declaraciones juradas anuales.

Respuesta del funcionario: “pero yo tengo el 54% de los votos”. Respuesta: Y a mí que me importa. Nuevamente, ese 54% solo lo habilita a utilizar el monopolio de la fuerza para defender mi derecho a la vida, la propiedad y la libertad. Ese 54% no le otorga poderes ilimitados para violentar los derechos individuales y el derecho de propiedad. No solo no lo habilita a violar los derechos del 46% que no la votó, sino que no lo habilita a violar el derecho de una sola persona. Ud. confunde método de elección con los derechos que le otorga ganar una elección. Primero están los derechos de las personas y los límites que tiene que tener el gobierno en el uso del monopolio de la fuerza, y luego está la forma de elección. Se lo digo más claro: la persona elegida no puede hacer un uso discriminado del monopolio de la fuerza. La forma de elegir es solo un mecanismo para ver quién administrará la cosa pública bajo las restricciones establecidas. Si quiere podemos cambiar el método y elegir al presidente tirando los dados, apostando a las cartas o arrojando una moneda al aire, pero lo que no está en debate son los derechos individuales, la propiedad privada y el derecho a la libertad y la vida. Esos derechos no pueden violarse ni con el 54% de los votos ni con el 99%.

Segundo punto económico. Esa comisión interministerial va a analizar los balances y decidirá qué aumento de salarios corresponde aplicar en base a las utilidades obtenidas por las empresas. Sería bueno recordarles a quienes integran esa comisión que los balances son historia. Que una empresa haya tenido utilidades “altas” no quiere decir que este año las vaya a repetir. Proyectar salarios futuros en base a utilidades empresariales pasadas es un disparate conceptual. Y mayor disparate es cuando estamos en un país en el que nadie puede hacer cálculo económico porque no tenemos moneda por efecto de la inflación y, encima, a un señor se le ocurre cambiar todo el tiempo las reglas de juego. ¿Quién puede definir la utilidad que va a tener este año si no sabe cuál será la carga tributaria que tendrá que afrontar, si podrá producir lo que espera producir porque en una de esas le prohíben importar insumos que le bajan la producción, le cortan la energía e infinidad de otras incertidumbres?

Si el gobierno quiere seguir el criterio de fijar salarios en base a utilidades de sus balances, lo primero que tiene que hacer es, como mínimo, bajarle el sueldo a los directivos de Aerolíneas Argentinas.

A la hora de fijar salarios por productividad, ¿qué salario le corresponde a Moreno por entorpecer la producción, destruir riqueza y disminuir la eficiencia de la economía Argentina?

Tercer punto, definir si una utilidad es alta o baja depende, entre otras cosas, del riesgo institucional en el cual se maneja la empresa. Si la arbitrariedad en las reglas de juego está a la orden del día, la incertidumbre institucional determina que el accionista le pida una tasa de rentabilidad muy alta a su inversión. Si el riesgo institucional es bajo, la tasa de rentabilidad que se le pedirá a la inversión será más baja.  

El salario real se determina como cualquier otro precio de la economía. En un país en que se invierte mucho, se demanda mano de obra. La mayor demanda de mano de obra eleva los salarios. Si el BCRA no destroza la moneda generando inflación, la mayor demanda de mano de obra obligará a pagar más salarios para que el empleado no se vaya a otra empresa y elevará el poder de compra de los salarios. Por otro lado, si por cada trabajador aumenta el sotck de capital, su productividad mejora, hay más oferta de bienes en el mercado y más demanda de mano de obra con lo cual su salario real sube. Esta es la fórmula que no tiene atajos para la prosperidad no demagógica.

Como el gobierno no genera confianza para que haya inversiones, la productividad de la economía no crece y la demanda de trabajo hoy se mantiene en niveles cercanos a los de la crisis del 2002. Nadie quiere tomar una persona más en su empresa. A lo sumo reemplazará algún puesto de trabajo. Inflación, baja inversión y productividad hacen imposible que el salario real mejore. Dado que el gobierno no va a cambiar su rumbo intervencionista, lo que cabe esperar es que, en su desesperación por tratar de emparchar los líos que hace a diario, inevitablemente termine avanzando cada vez más sobre la propiedad privada.

Antes hablaba los salarios, una empresa hoy tiene que pedir permiso para importar, para girar utilidades, para comprar dólares, para exportar, para aumentar sus precios, para pagar importaciones y cuántas regulaciones más se le ocurra al gobierno. La realidad, les guste o no a los empresarios, es que han dejado de ser dueños de sus empresas. Solo se limitan a gerenciarlas en base a las pautas que le impone Moreno, pautas que responden a las necesidades políticas de Cristina Fernández.

Los accionistas de las empresas solo tienen a título nominal la propiedad de las mismas. El verdadero dueño es el Estado que les dice qué pueden y qué no pueden hacer con sus empresas, flujos, utilidades, estrategias comerciales, exportaciones, importaciones, los salarios que deben pagar, etc.

En síntesis, hoy Ud. con su salario, que es el fruto de su trabajo, solo puede comprar lo que le autorizan los burócratas de turno. Y Ud. con su empresa, solo puede hacer lo que le autorice a hacer el gobierno. La propiedad privada en Argentina está, como mínimo, limitada a los caprichos de los gobernantes.

Insisto, mi afirmación puede lucir exagerada cuando afirmo que la propiedad privada está bajo ataque. Si no me cree, espere un poco más y después hablamos.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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30/01/2012

LA INVENCIÓN DE LA MENTIRA

En su esfuerzo por cantar loas al modelo y quedar bien con la presidente, los funcionarios dan datos económicos que terminan mostrando fuertes contradicciones dejando al descubierto la falta de veracidad de los beneficios del modelo

Por Roberto Cachanosky (*)

Estaba releyendo un discurso de Débora Giorgi sobre inversiones en el país. Debo confesar que mi ex compañera de la UCA parece ser más cristinista que la misma Cristina Fernández porque nos muestra un país que, según ella, es mejor que el que nos pinta CFK. Para ser justos, en rigor, cuando uno escucha a los funcionarios del gobierno, parece estar viendo una competencia para ver quién de ellos se deshace en alabanzas al modelo y a la gestión del kirchnerismo. Pero bueno, cada uno tiene sus propias ideas y visión del mundo y no hay por qué molestarse. Lo cierto es que en ese discurso Giorgi sostuvo que: “la Argentina registró la tasa de inversión más alta de los últimos 30 años en el tercer trimestre de 2011, que llegó al 26,2 por ciento del PBI". Debo confesar que me sorprendió que no dijera en los últimos 200 años como dice Cristina. Ahí se quedó corta en sus alabanzas al modelo. La próxima vez que se acuerde que tiene que decir que todo es mejor que en los últimos 200 años porque en el relato kirchnerista nadie puede superar lo hecho por el matrimonio desde 2003 a la fecha.

Pero volviendo al discurso, agregó: "Esto es producto del proceso de reindustrialización del país que permitió, desde 2008, sustituir importaciones por más de 10.000 millones de dólares". Otra pifiada, tiene que recordar que todo lo bueno en Argentina comenzó en 2003. Nunca antes ni después que Néstor Kirchner llegó al gobierno gracias a la genial jugada política de Duhalde, el que, como gran jugador de ajedrez, pensó veinte jugadas adelante y Néstor le cantó mate en 2 jugadas.

Sigo con el discurso de Giorgi. Según la Ministro, el 28% de las inversiones anunciadas en 2011, que llegaron a los U$S 35.000 millones, según la información oficial, fueron destinados al sector de gas y petróleo.

El primer dato curioso de Giorgi es que no habla de inversiones realizadas por U$S 35.000 millones, sino que habla de ANUNCIOS de inversión. Me parece que hay una gran diferencia entre ANUNCIAR una inversión e INVERTIR. Dicho en castellano básico para que hasta un k pueda entenderlo: una cosa es decir y otra es hacer. Y la Ministro, siempre atenta a los discursos de Cristina para ver cuándo tiene que festejarle con una risa algo que diga la presidente, debería poder distinguir entre ANUNCIAR una inversión y REALIZAR una inversión.

Pero vayamos al tema de la sustitución de importaciones por el cual, el modelo (que ahora necesita sintonía fina con pequeños y quirúrgicos ajuste de tarifas de algo más del 100% superando al rodrigazo del 1975) permitió sustituir importaciones por U$S 10.000 millones. Si este número, que solo Él sabe de dónde salió, es cierto ¿por qué a Moreno le agarró el ataque de cerrar herméticamente las importaciones? Si tan exitoso fue el modelo en sustituir importaciones, hoy no estaría tan necesitado de divisas comerciales cerrando la economía. La verdad es que no se entiende. Por un lado el modelo es fantástico porque generó  sustitución de importaciones y por otro lado tienen que cerrar las importaciones para defender el trabajo argentino, según dichos de los funcionarios kirchneristas. O las inversiones que permitieron sustituir inversiones por U$S 10.000 millones producen basura que nadie quiere y por eso crecen las importaciones o en el discurso oficial hay algún dato que está mal.

Es más, según Giorgi el 28% de las inversiones fueron destinadas a gas y petróleo. Si tal es la envergadura de las inversiones del sector: ¿por qué las importaciones de combustibles aumentaron el 110% en 2011 respecto a 2010? Justamente, el 28% del aumento de las importaciones del 2011 (unos U$S 17.000 millones más que en 2010) se explican por el aumento de las importaciones de combustibles gracias a la horrorosa política energética del gobierno. Pero, por un lado Giorgi, en sus alabanzas al modelo, dice que el sector tuvo grandes inversiones y a los pocos días, Cristina Fernández despotrica contra el sector diciendo que porque no invirtieron hubo que aumentar las importaciones de combustibles en un 110%. Me parece fantástico que los funcionarios kirchneristas les canten loas al modelo y a Cristina Fernández en particular. Si se sienten cómodos en el papel de grandes aduladores, al punto de hacer el ridículo, es algo que no me corresponde juzgar porque cada uno elige el grado de dignidad con que quiere vivir, pero, por lo menos, que sean un poco más prolijos cuando dan datos y dicen cosas, porque finalmente uno se termina confundiendo. Gorgi dice que el sector de gas y petróleo bate récords de inversión y Cristina Fernández se queja porque las inversiones del sector no alcanzan y hay que importar más combustibles. Obviamente que la culpa nunca es de ellos, sino que siempre hay algún desestabilizador y conspirador que quiere terminar con la felicidad del pueblo argentino que el modelo, Él y ella le dieron al pueblo.

Cuando me tope con estas groseras contradicciones y falaces anuncios, porque, como decía antes, una cosa es ANUNCIAR inversiones y otra INVERTIR, me acordé de una película que estaba viendo con mi hijo por televisión. La película se llama La Invención de la Mentira (The Invention of Lying en inglés). En la película se plantea un mundo donde nadie miente. Nadie conoce la mentira. Si uno va a un banco y pide retirar un monto de dinero mayor al que dice el sistema que dispone, la cajera le entrega el dinero porque asume que el sistema está fallando y el cliente no miente.

En ese mundo en el que nadie miente, el personaje principal descubre que mintiendo puede obtener grandes beneficios en ese mundo en que nadie miente. Justamente lo descubre cuando va al banco a retirar un monto mayor al que tenía en su cuenta y la cajera le entrega la suma porque asume que el sistema falló. El personaje sigue mintiendo y ve cómo puede beneficiarse de la mentira, pero por momentos entra en contradicciones y tiene que inventar más mentiras para sostener la primera.

La película, que es una comedia, termina con un final feliz. La diferencia con la realidad argentina es que en la versión oficial The invention of lying es tan grande que cada vez tienen que inventar un lying mayor para poder justificar la lying anterior.

Debo reconocer que, por ahora, la invención de la mentira del modelo le está dando muy buenos resultados de apoyo de la gente. Eso sí, cada vez tendrán que agrandar la siguiente mentira para poder sostener el discurso de una realidad que no es tal, con lo cual, en algún momento la gente descubrirá The Invention of Lying del modelo. Lo que falta por ver es si tanto invento de mentira tiene un final feliz como el de la película, porque una cosa es la ficción de la película y otra la ficción que nos presenta el gobierno.

Como decía Lincoln: “Se puede mentir a pocos, mucho tiempo. Se puede mentir a muchos, poco tiempo. Pero no se puede mentir a todos, todo el tiempo”. 

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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23/01/2012

ACUMULAR PODER, EMPARCHAR Y REÍRSE DE LA GENTE

La política económica está llena de parches y subordinada a la acumulación de poder. Para ello usan los argumentos más desopilantes y se ríen de la gente.

Por Roberto Cachanosky (*)

A esta altura del partido hay algunas cosas que quienes tienen que tomar decisiones a nivel microeconómico deben tener en cuenta respecto a la política económica del gobierno. En primer lugar que la política económica se limita a generarle los recursos necesarios al gobierno para que tenga caja y pueda sostener su poder político. No existe tal cosa como un modelo de crecimiento de largo plazo, por más que el gobierno hable constantemente del modelo. Justamente, como no existe esa política económica de largo plazo podríamos decir que la segunda cuestión a considerar es que la política económica, si es que así puede llamarse, se limita a que cada mañana busquen un parche para ponerle al “modelo” para arreglar el lío que hicieron el día anterior. La tercera, que a mi juicio es muy importante, es que ellos saben que están haciendo una ensalada fenomenal, pero están dispuestos a reírse en la cara de la gente con tal de decir que lo que es negro es blanco o lo que es cuadrado en realidad es un círculo. Dicho de otra manera, por más que uno esgrima los argumentos más contundentes para explicar la inconsistencia de una medida que están tomando o mostrar sus perjuicios, ellos no están dispuestos a escuchar porque no les interesa solucionar los problemas de la gente sino solucionar los problemas que puedan producirles a ellos algún perjuicio político. Por eso pueden hoy decir A y mañana Z sin que se les mueva un pelo.

Dejemos de lado el falso positivo del cáncer de la presidente, que fue presentado de tal manera que hace pensar que el objetivo habría sido que la gente le tuviera lástima por la enfermedad, y terminó siendo un papelón de comunicación porque resulta que jamás tuvo cáncer. Supongamos que los médicos son todos muy estúpidos y el falso positivo en diagnosticar un cáncer es la cosa más normal del mundo. Si uno destaca la mala comunicación del gobierno respecto a la enfermedad de Cristina Fernández, lo que van a decir es que encima los opositores se molestan porque la presidente no tiene cáncer. Tienen una fenomenal capacidad para dar vueltas las cosas.

Veamos, el problema inflacionario lo solucionan interviniendo el INDEC y diciendo que la inflación es de solo el 9% anual. Inventan utilidades del BCRA para que financie al tesoro emitiendo moneda. Están dispuestos a tirarle por la cabeza los subtes a Macri para no tener que hacerse cargo del aumento del pasaje. Un día dicen que el modelo es magnífico y un ejemplo en el mundo que merece el premio Noble de Economía porque nos blinda de la crisis internacional y luego dicen que hay que hacer sintonía fina por la crisis internacional. A los tarifazos los llaman redireccionamiento de los recursos, a la emisión monetaria desaforada la denominan crédito, ante la caída del tipo de cambio real cierran la economía y dicen que no hay problema cambiario sino defensa de los puestos de trabajo de los argentinos y que Dios ha sido reemplazado por El. Si son capaces de hacer todo esto, quiere decir que se nos ríen en la cara. Y diría que hasta son bastante inteligentes en el corto plazo porque a una buena parte de la población no le interesa que se les rían en la cara. Al contrario, una parte importante de la población tiene una muy buena imagen del gobierno a pesar que se les ríe en la cara. El por qué de semejante comportamiento social escapa a mi entendimiento y tal vez al de ellos, pero descubrieron que es una fórmula que, por ahora funciona, y la siguen usando. Claro que con estas cosas hay que tener cuidado porque bien sabemos los argentinos la volatilidad del ánimo de la gente. Solo basta recordar cómo un día el gobierno militar llenó la Plaza de Mayo con gente que apoyaba la invasión de las Islas Malvinas y un par de meses más tarde, cuando se descubrió que íbamos perdiendo, no solo se llenó la Plaza de Mayo para repudiar al gobierno sino que tuvieron que salir corriendo y llamar a elecciones.

Pero volviendo al gobierno actual, sabemos que todas las medidas económicas apuntan a sostener su poder político, que no les interesa entrar en un mar de inconsistencias, porque al otro día inventan alguna medida, sujeta a la ley o no, eso no importa, para emparchar la inconsistencia del día anterior y que para justificar ese parche pueden usar el argumento más insólito sin ponerse colorados. La primera conclusión que tiene que sacar Ud. es que estas son las condiciones en las que va a tener que trabajar para sobrevivir. No para progresar. Para sobrevivir. Y la otra cosa que tiene que tener en mente es que para el kirchnerismo no hay límites a los que tenga que someterse el gobierno. El poder es absoluto al estilo Luis XIV: El Estado soy yo. Hago lo que quiero porque tengo la mayoría de los votos y como tengo la mayoría de los votos eso me autoriza a violar el orden republicano.

Obviamente que en este contexto nadie toma decisiones económicas de largo plazo. Cada uno le busca cada mañana la vuelta a la vida para poder sobrevivir ante la asfixiante presión tributaria, las medidas arbitrarias del gobierno y los atropellos a la propiedad privada. Digamos que los argentinos estamos todos en libertad condicional y sometidos a un sistema semi esclavo por el cual tenemos que trabajar duro todos los días para generar los recursos que necesita el kirchnerismo para sostener su poder político. Protestar contra este sistema puede implicar ser tildado de traidor a la patria, terrorista o incitar a un golpe de mercado.

Como todos sabemos que el kirchnerismo necesita recursos para mantener su poder, y que cada vez necesita más pero cada vez hay menos recursos porque existen pocos estímulos para invertir e incrementar la productividad, el dato a tener en cuenta es que tienen que exprimir como un limón a quienes producen para sostener a una gran cantidad de gente que no produce pero consume. A tal punto tienen que exprimir como un limón a la gente que hasta los trabajadores en relación de dependencia empiezan a sentir el rigor del impuesto a las ganancias. Y si no pregúntele a Moyano.

¿Cuánto puede durar esta construcción de poder? Solo Dios lo sabe. Pero imaginemos que aquellos que producimos y somos esquilmados por el Estado empezamos a producir cada vez menos porque advertimos que cuánto más nos esforzamos, más nos quitan el fruto de nuestro trabajo. Ese día puede ser letal para el gobierno porque el gobierno se quedaría sin financiamiento. Es más, supongamos que todos los que producimos y somos esquilmados nos declaramos en huelga y dejamos de producir porque decidimos dejar de ser siervos de la gleba. ¿De dónde sacaría el gobierno los recursos para sostener su poder político? Porque finalmente uno se pregunta: ¿por qué deseo integrar una sociedad? Porque le delego el monopolio de la fuerza al Estado para que defienda mi derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad. Para eso estoy dispuesto a sacrificar parte de mis ingresos y pagar cierto nivel de impuesto y sostener el aparato Estatal que tiene que cumplir esas funciones. Ahora, si el Estado no solo no me proporciona seguridad sino que, además, viola mis libertades y propiedad privada y, encima, se queda con una creciente porción del fruto de mi trabajo, pierde sentido formar parte de la sociedad.

Charles Adams escribió un par de libros sobre la historia de las rebeliones fiscales en el mundo a lo largo de la historia. Esos casos muestran que hay un límite a la paciencia de la gente a ser esquilmada. Pero mientras tanto, las reglas de juego son las mencionadas: Ud. tiene que trabajar cada vez más o disminuir su calidad de vida para aportar a la caja del gobierno que es el mecanismo que tiene para sostener su poder político. Y, también mientras tanto, ante cada nueva expoliación o entorpecimiento de su trabajo para emparchar el modelo, tendrá que escuchar argumentos que justificarán las medidas sintiendo que se le están riendo en la cara. Porque la fórmula es esa: acumular poder, emparchar y reírse de la gente usando los discursos más desopilantes.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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16/01/2012

CONTROL DE LAS IMPORTACIONES: OTRA MUESTRA DEL FRACASO DEL MODELO

El gobierno está dispuesto a sacrificar el nivel de vida de la población para sostener su poder hegemónico.

Por Roberto Cachanosky (*)

El gobierno ha decidió cerrar la economía aislándonos del mundo. No ve el mercado mundial como una oportunidad de incrementar el intercambio comercial, recibir más inversiones y crear nuevos puestos de trabajo sino que, de acuerdo al discurso esgrimido es para defender a los productores locales y el trabajo argentino. En rigor, como veremos enseguida, el discurso del gobierno es solo eso, un discurso más, porque el problema de fondo es que a la economía argentina le van a faltar dólares y las presiones cambiarias serán crecientes.

El problema de fondo es que, la horrorosa política monetaria implementada por el gobierno ha generado una caída del tipo de cambio real al punto que hoy el dólar está barato. Dicho de otra manera, si tuviésemos respeto por el derecho de propiedad y disciplina monetaria y fiscal, muy probablemente el dólar tendería a bajar porque atraería inversiones. El peso argentino sería fuerte por las virtudes de la política económica. La competitividad de la economía no la daría el tipo de cambio sino las reglas de juego. Como las reglas de juego impuestas por el gobierno son espantosas y solo generan fuga de capitales, entonces, la economía no tiene competitividad por la calidad institucional. Inicialmente, cuando el kirchnerismo llegó al gobierno tenía un tipo de cambio real alto. Con la inflación que generó el gobierno y el tipo de cambio casi fijo, el tipo de cambio real cayó hasta niveles cercanos al 1 a 1. Puesto en otros términos, con tasas de interés altísimas y costos salariales medidos en dólares gigantescos, la economía argentina no tiene posibilidades de competir. ¿Cuáles son las opciones que tiene el gobierno frente a este problema de falta de competitividad? Una es cambiar totalmente las reglas de juego girando 180 grados en el rumbo, algo que está visto no va a hacer. Por lo tanto, al continuar y profundizar su política de incertidumbre y arbitrariedades, las opciones que tiene son: a) devaluar el peso o b) cerrar la economía. El tipo de cambio van a tratar de no moverlo porque si tuvieron que recurrir a mecanismos tipo KGB para frenar transitoriamente la fuga de capitales, en cuanto aflojen un poco, la corrida cambiara se les transforma en corrida financiera. La solución, entonces, fue cerrar la economía para que el saldo de balance comercial no les sigua cayendo, y justo en un año en que la cosecha no será tan abundante por causa de la sequía. En definitiva, el gobierno necesita frenar la compra de dólares de todo tipo porque el Central está agonizando con su patrimonio neto y el resurgimiento de la corrida cambiaria está a la vuelta de la esquina.

Si se observa lo que vienen haciendo en materia de comercio exterior uno puede advertir que vienen de fracaso en fracaso, al igual que en el tema inflacionario. Primero pusieron las licencias no automáticas. Luego obligaron a los importadores a exportar un dólar por cada dólar que importan y ahora directamente hay que pedir una autorización para poder importar a un funcionario algo que, a todas luces, va a fracasar rotundamente.

¿Por qué va a fracasar? Porque Moreno ni ninguna supercomputadora puede definir cuánto hay que importar de cada producto, a qué precios y en qué calidades. Moreno cree que puede suplantar las decisiones de millones de consumidores que todos los días operan en el mercado de acuerdo a sus expectativas y sus valoraciones. No entienden, o no quieren entender, que la economía es la ciencia de la acción humana, lo que quiere decir es que las variables económicas se mueven de acuerdo a las valoraciones subjetivas de cada agente económico, valoraciones que, encima, cambian permanentemente.

¿Cuál es la función empresarial? Tratar de descubrir, mediante las señales de los precios, dónde hay una necesidad insatisfecha. Para ello arriesga su capital invirtiendo. Compra bienes de capital, contrata personal, compra insumos y pone un precio de venta. La hora de la verdad es cuando sale al mercado y el consumidor decide si compra o no compra un determinado producto. Como lo he dicho infinidad de veces, no son los costos los que determinan los precios, sino que son los precios que están dispuestos a pagar los consumidores por cada bien y servicio los que determinan los costos en que pueden incurrir las empresas.

Esta medida de dejar en Moreno la decisión de si un bien se importa o no se importa, implica creer que Moreno tiene información mágica sobre las necesidades de los consumidores, que es lo mismo que decir que Moreno puede leer anticipadamente la mente de cada consumidor y definir qué va a demandar en el futuro y, por lo tanto, qué insumos serán necesarios importar.

Como Moreno no es una mente superior, no podrá sustituir al mercado que es un proceso de descubrimiento. ¿Por qué fracasó la economía de la extinta Unión Soviética? Porque una multitud de burócratas pretendió sustituir el sistema de precios que es el que expresa las valoraciones de la gente. Cuando alguien decide si compra o no compra un producto es porque le otorga un determinado valor al dinero que tiene y otro valor al producto que quiere comprar. Si le otorga más valor al bien que a los pesos que tiene, hace el intercambio. Caso contrario no hace el intercambio. Así se forman los precios en la economía, en base a valoraciones subjetivas y cambiantes de millones de personas y empresarios, guiados por los precios buscando dónde invertir. Al cerrar la economía y definir si una empresa puede o no puede importar un determinado producto, Moreno está suponiendo que tiene mejor información que la que tiene el empresario, que tampoco la tiene porque la realidad es que, como decía antes, el empresario arriesga su capital buscando satisfacer las necesidades de los consumidores. En su intento puede ganar o perder.

En términos de bienestar económico lo que va a suceder es que al cerrar la economía la oferta de bienes será menor, con lo cual los productos locales serán más caros, o de peor calidad o ambas cosas a la vez. Si no hay competencia, no hay razón por la cual esforzarse en ofrecer el mejor producto al precio más bajo. Esto significará que la gente, con su ingreso, podrá comprar menos bienes, lo que implica que disminuirá la calidad de vida de los consumidores. La medida de restringir las importaciones es altamente regresiva porque castiga con mayor intensidad a los consumidores de menores ingresos, quienes además de pagar el impuesto inflacionario tendrán que aceptar productos de menor calidad y a precios más altos. ¿Por qué a los de menores ingresos? Porque muchos bienes de consumo que se importan son consumidos por los sectores de menores ingresos.

En definitiva, por tratar de salvarse como sea, el gobierno está dispuesto a postergar a los consumidores y, cuando comiencen las protestas, lo más probable es que busquen algún chivo expiatorio a quien echarle la culpa.

A no engañarse con el discurso oficial. Esta no es una medida para defender los puestos de trabajo y la producción local, esta es una medida para postergar el fracaso del famoso modelo esperando que la suerte les siga financiando las inconsistencias del famoso modelo, que a esta altura de partido podría llamarse de exclusión social y degradación de la Argentina, porque lejos está el modelo de poder atraer inversiones que generen más puestos de trabajo y mejores salarios. Esa es la forma de defender el trabajo argentino, creando reglas de juego que mejoren la productividad de la economía vía mayores inversiones que se traduzcan en mayores salarios y demanda laboral.

Cristina Fernández ha decidió nombrar a una suerte de dictador de la economía que decide quién vive y quien muere, y esa decisión la tomará, no en beneficio del pueblo argentino sino de un gobierno que lo único que privilegia es el poder que puede acumular. Si la gente tiene que comprar más caro y de peor calidad, no importa. Lo que importa es que el gobierno estire la inconsistencia del modelo porque éste debe subordinarse a las necesidades de poder hegemónico.

Un simple ejemplo bastará para advertir como el gobierno subordina el bienestar de la gente a sus necesidades políticas. Hoy día hay fuertes restricciones a la compra de divisas. Pregunta: ¿por qué una persona que con el fruto de su trabajo no puede comprar dólares si así lo desea? Porque la calidad de la moneda argentina es muy baja. Se derrite por efecto de la inflación. Respuesta del gobierno: no los dejó comprar dólares con el fruto de su trabajo porque eso dejaría al descubierto la mala calidad de la moneda que imprime el Estado argentino. Como las importaciones se pagan con divisas, entonces el gobierno decidió que la gente se quede en pesos, limitar la compra de divisas para la compra de bienes importados y someter a la gente a un doble apriete: te obligó a quedarte con los pesos de mala calidad y, además, comprás bienes locales porque si compras productos importados vas a tener que comprar dólares y si comprás dólares me generás un problema cambiario que atenta contra mi proyecto hegemónico. Así que yo, El Supremo, voy a decidir qué podés y qué no podés hacer con el fruto de tu trabajo. Así de fácil.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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09/01/2012

REFLEXIONES -OJALÁ- APRESURADAS

Por Gabriela Pousa (*)

De no desentrañarse en forma inmediata que no deje lugar a dudas lo acontecido con la salud de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, la enfermedad no será un “falso positivo” más sino algo en demasía real, amenazando a toda la sociedad.

Se estiran los límites. Si bien es cierto que el kirchnerismo nunca ha demostrado un ajuste a las normas y menos aún a la ética, esta vez han traspasado una barrera infranqueable. La satisfacción que provoca la salud óptima de la Presidenta se opaca inevitablemente frente al enigma de un subrepticio cambio de diagnóstico y de planes.

Sin haber estudiado un ápice de medicina, sé que los médicos no determinan —o no determinaban hasta estos últimos días— una enfermedad con las características del cáncer hasta no tener prueba fidedigna que corrobore la misma. Toda cautela, además, se extrema cuando el paciente no es ni más ni menos que un primer mandatario. Tal es el caso de Cristina.

Hoy, el silencio de radio por parte de los profesionales se asemeja más a una orden que a un devenir espontáneo. Nadie va a lincharlos, el cuerpo humano no es matemático. Parece extraño que ninguna autoridad de los nosocomios donde se llevó a cabo el estudio aparezca explicando, simplemente explicando.

El cáncer, aún cuando no implica las mismas consecuencias que implicara antaño, sigue siendo un vocablo que abre mella no sólo en el paciente sino en su entorno familiar y entre sus afectos en general.

La historia tiene anales generosos en jurisprudencia donde pueden leerse las diferentes reacciones del ser humano frente a un diagnóstico que, en la mayoría de los casos, lamentablemente, nos ha arrebatado a alguien que amamos. Desde el llanto a la desesperación, pasando por la angustia aguda y la depresión hay un sinfín de situaciones que arroja la contundencia del dato.

Ahora bien, la mente humana pergeña acciones que son inexplicables. Creemos que podremos hacer frente a determinados temas y, sin embargo, cuán distinto reaccionamos a la hora de enfrentarlos sin teoría, como protagonistas. Una frase lo sintetiza: “Después supe… ¡Tantas cosas supe después! Todas las que hubiesen cambiado mi vida de haberlas sabido antes” (Silvina Bullrich).

En síntesis, ¿qué hubiera pasado si la Presidenta, ante la noticia, se hubiese hundido en el maremoto de emociones que provoca pensar en la espada de Damocles amenazando nuestra existencia? Ha habido casos en los cuales el paciente opta incluso por producir su propia muerte. De acuerdo: nada de eso ha sucedido en lo fáctico. Sin embargo, el silencio de los médicos, la falta de pedido de disculpas a la sociedad que se preocupó por ello, etcétera, abre un manto de dudas sobre cómo se dieron los acontecimientos.

Más allá del fin, importan los medios. Con la extirpación de la glándula tiroidea se ha extirpado también la escasa confianza que quedaba en la palabra oficial. Hay un síntoma de humanidad que impide manipular temas de una delicadeza extrema, la vida y la muerte son o deberían ser parte de ellas.

Si esta parafernalia del diagnóstico errado no es explicada detenidamente, las especulaciones sobre lo acontecido dejarán más marca en los argentinos de la que pudiera haber dejado el bisturí en el cuello de la “víctima” a quien visten con el misterio de “victimario”.

La alegría no cotiza, el dolor y la angustia también están devaluados, se juega con fuego delante de la nafta. Ni el hombre ni la palabra velan nada. Pero la sorpresa o el asombro tampoco deberían tener cabida ante estas circunstancias. ¿Qué valor se dio a los enfermos de cáncer cuando se descubrió que los medicamentos de la bancaria eran placebos? Sólo importó la interna sindical que arrojó todo ello. Ya no ha quedado ni siquiera un preso.

Cuando la vida es concebida como mercancía, cuando de ésta se saca rédito, cuando no hay explicación para un tema que genera tamaña confusión, el cáncer, a Dios gracias, puede no estar en un dirigente, pero inexpugnablemente está en la política. Y con metástasis incluida

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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09/01/2012

SUBSIDIOS, CRISTINISMO Y ALF

Al Gobierno le encanta tener los beneficios políticos del populismo, pero destesta asumir los costos de los líos que arma: con este sistema, el modelo terminará igual que Melmac, el planeta de Alf.

Por Roberto Cachanosky (*)

Seguramente más de un lector recordará a Alf, ese simpático personaje extraterrestre de la serie de televisión que había llegado a la tierra huyendo de su planeta Melmac que estaba a punto de estallar. Alf tenía la característica de hacer líos y luego transferirle los problemas a Willie, que lo había escondido en su casa para protegerlo del gobierno americano que buscaba extraterrestres.

Cuando leí el apuro con que el gobierno nacional le transfirió los subterráneos a Macri, inmediatamente asocié cristinismo con Alf. ¿Por qué? Porque tienen la misma característica: les encanta hacer líos, beneficiarse de los líos y luego transferirle los problemas a Willie.

Dicho sea de paso, si todos los habitantes de Melmac se comportaban como Alf que quería todos los beneficios de los líos y no aceptaba asumir los costos, era inevitable que Melmac explotara. Siguiendo este razonamiento, si al gobierno le fascina los beneficios hacer demagogia armando líos con los precios relativos y luego no quiere pagar los costos y se los transfiere a terceros, es inevitable que la economía argentina termine como el planeta Melmac.

El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires anunció que el pasaje de subte tendrá un costo de $ 2,5, lo que implica un aumento del orden del 127%. Gran escándalo porque el gobierno de la Ciudad anuncia semejante aumento. En realidad, lo que está haciendo el gobierno de la Ciudad es transparentar lo que el cristinismo no se anima a hacer, por ahora. Esto es, reconocer que durante años se mantuvieron demagógicamente bajas las tarifas de los servicios públicos y que ahora el ajuste es más que doloroso. La realidad que la culpa no es del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires que sube el pasaje del subte, la culpa es del cristinismo que, junto con el ex presidente Kirchner, jugaron a la demagogia de transporte, energía, gas y agua barata para todos y luego terminamos en que despilfarro no puede financiarse.

¿Por qué el apuro para aumentar la tarifa del subte? Puede haber varias interpretaciones, pero lo que sí queda claro es que el inmediato anuncio del aumento deja en claro que el problema fue generado por el gobierno nacional y que, al igual que Alf, prefirió transferirle el costo a otro. Durante todos estos años, el gobierno gozó de los beneficios del populismo, pero ahora que la plata no alcanza no quiere hacerse cargo del costo político del ajuste y anda a las apuradas buscando a quién tirarle el problema.

En Santa Cruz parece haber ocurrido algo parecido. Una provincia que siempre fue beneficiada por el gobierno nacional actual y el de Kirchner. Una provincia que en los ´90 recibió U$S 1.000 millones y Kirchner los fugó al exterior y hoy no tiene plata para pagar los sueldos y las jubilaciones, muestra el grado de despilfarro. Claro que cuando llegó el momento de votar el ajuste los idealistas muchachos de La Cámpora salieron corriendo porque, al igual que el cristinismo, no quieren asumir costos políticos de la demagogia del gobierno que tanto veneran. Así que lo dejaron solo al kirchnerista Peralta para, nuevamente al estilo Alf, transferirle el costo de lío económico que hicieron en su momento.

Si uno observa la forma en que fueron anunciando la quita de subsidios a la energía, el gas y el agua, es típico del que tiene miedo de decir que metió la pata. Primero dijeron que se eliminaban los subsidios a los que vivían en los countries (como si todo el que viviese en un country fuera un potentado), en Puerto Madero, a los de Barrio Parque y a los casinos. Eso significaba un ahorro de unos $ 600 millones o algo así. Como el ahorro era claramente insuficiente para enfrentar subsidios por más de $ 75.000 millones y en aumento, después agregaron otros barrios y se hablaba de $ 6.000 millones de ahorro. Pero, tampoco alcanza, así que, sin decir nada, en algún momento la gente se va a encontrar con facturas de luz, gas y agua que tendrán incrementos superiores a las del rodrigazo de 1975.

Pregunta: ¿a quién pensarán echarle la culpa del tarifazo en puerta? ¿A qué Willie buscarán para transferirle el costo político?

Y después vendrá el costo de los trenes y los colectivos. Nuevamente, ¿a qué Willie buscarán para no hacerse responsables del despilfarro de todos estos años?

Como lo he dicho en varias oportunidades, el problema que tiene el gobierno con esta demagógica política de tarifas artificialmente bajas de los servicios públicos, es que, con esta inflación, el gasto en subsidios ni siquiera pueden congelarlo. Doy nuevamente el ejemplo del boleto de los colectivos. Supongamos, para hacer fácil la cuenta, que el costo total del pasaje en colectivo es de $ 5, de los cuales $ 1 lo paga el pasajero cuando sube al colectivo y los otros $ 4 se financian con subsidios. Con una inflación del 20% anual, el costo total del boleto se va a $ 6 (más costos de seguros, salarios, mantenimiento, etc.). Al mantener en $ 1 el boleto, el subsidio tiene que subir a 5 y el gasto en subsidios sigue subiendo.

Como los ingresos tributarios ya no alcanzan para financiar el gasto público, que en el 2011 tuvo un déficit que debe haber rondado los $ 45.000 millones de piso, Como el BCRA tiene un patrimonio neto que agoniza, se gastaron la plata que teníamos en las AFJP cuando la confiscaron y el mundo ya no brinda el viento de cola, se viene el momento del ajuste.

Con las tarifas de los servicios públicos va a pasar lo mismo que pasó con la carne. Demagógicamente el fallecido Kirchner decidió prohibir la exportación de carne y destruyó la actividad ganadera. El resultado fue que se consumieron 10 millones de cabezas de ganado y hoy la carne cuesta una fortuna. Claro, durante un tiempo la gente festejaba el populismo k porque había carne barata para todos. Pero resulta que hoy hay poca carne y a precios siderales al punto que le consumo cayó a 53 kg. por habitante por año. Es más, los frigoríficos no pueden trabajar porque cayó el consumo externo, no hay carne de buena calidad para exportar y, encima, el aumento de los costos internos en dólares descoloca a los frigoríficos locales.

Actualmente la gente puede sustituir consumo de carne vacuna por otros alimentos, aunque tampoco se ahorra mucha plata comprando otro tipo de carne o, incluso, una pizza o pastas. Siguiendo el mismo criterio, puede ser que la gente trate de sustituir subte por colectivos, pero como seguramente no van a dar abasto para transportar a la gente que antes viajaba en subte, el sistema colapsa, porque dudo que los colectivos puedan absorber el 20 o 30 por ciento de los 300 millones de personas que viajan por año en subte.

Con un Banco Central emitiendo al 35% anual. Con fuga de capitales. Con tarifazos y un mundo que ya no juega a favor, me parece que al famoso modelo le espera un destino similar al del planeta Melmac de donde venía Alf: estalla. ¿Y por qué estalla? Porque el gobierno quiere, al igual que Alf, tener todos los beneficios del populismo pero no pagar los costos del mismo y eso no existe, salvo que encuentren muchos Willies a quien transferirle los líos que arman.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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02/02/2012

CORRALITO 2001 VERSUS CORRALITO CAMBIARIO 2011

A diferencia del corralito del 2001, el corralito cambiario del 2011 es una forma más fácil de cobrar el impuesto inflacionario. Es como cazar en el zoológico encerrando a la gente en pesos que se deprecian día a día.

Por Roberto Cachanosky (*)

Diez años atrás se había establecido el corralito cambiario que limitaba drásticamente el retiro de depósitos de los bancos. Como la mayoría de los depósitos estaban en dólares, el Banco Central no podía darle redescuentos a los bancos en dólares para hacer los pagos en ventanilla (el BCRA no tenía el franchising para emitir dólares) y, por lo tanto, las entidades financieras no estaban en condiciones de devolver todos los depósitos al mismo tiempo por una cuestión de descalce de plazos.

Si bien nunca estuve de acuerdo con el corralito y oportunamente lo critiqué sin piedad, también debo reconocer que se han dicho muchas burradas al respecto. Por ejemplo, que eso de que había depósitos en dólares era una ficción, porque uno entraba con pesos a los bancos y salía con un certificado de depósitos en dólares. La burrada consiste en no darse cuenta que quien entraba con pesos y salía con un papel que certificaba su depósito en dólares, en el mismo momento estaba haciendo una doble operación. Primero compraba dólares y luego esos dólares los colocaba a plazo fijo. De manera que no había ninguna trampa ni pase de magia en la operación, lo que no quiere decir que desde mi punto de vista poner el corralito fue un grueso error.

En su momento se sostuvo que se estableció el corralito para salvar al sistema financiero, sin embargo, semejante medida generó pánico. Hubiese sido preferible que cada banco renegociara con sus depositantes la devolución de sus dólares en base al flujo de ingreso que iba recibiendo por las cancelaciones de créditos, o por una capitalización de los bancos. ¿Y los bancos que no podían convencer a los depositantes de refinanciar la deuda? Quebraban como cualquier empresa. ¿Es esta propuesta un disparate? A juzgar por cómo quedó el sistema financiero, me parece que el costo del corralito y la posterior devaluación, corralón y pesificación asimétrica fue mucho peor.

 De todas formas luego vino el golpe contra De la Rúa, la devaluación, la pesificación asimétrica y el resultado final es que todo el sistema financiero quedó destruido porque la confianza en el mismo quedó muy dañada. Hoy día los depósitos del sector privado en el sistema financiero representan el 17,6% del PIB y en el 2000, antes de la corrida, esa relación llegaba al 26,8%, y ya en esos años esa relación era baja en comparación con países como, por ejemplo, Portugal.

Además, hay que aclarar que el PIB actual es de dudosa confiabilidad. Si fuera más bajo, la relación sería menor. En otras palabras, el modelo que supuestamente apuesta a la producción no ha logrado generar la suficiente confianza como para que la gente vuelque sus ahorros en el mercado de capitales local para financiar consumo e inversión a tasa pagables.

A diez años de aquel corralito este gobierno estableció otro corralito pero cambiario. El gobierno le pone mil y una trabas a la gente para que no pueda comprar dólares. Haciendo una comparación entre el corralito del 2001 y el corralito cambiario del 2011, la diferencia fundamental está en que el del 2001 se estableció para frenar la sangría de depósitos que los bancos no podían enfrentar los pagos en ventanilla. En cambio este corralito tiene, como fin último, acorralar a la gente para que se quede en pesos y así poder cobrarle más fácilmente el impuesto inflacionario. Si en aquél momento se puso un corralito para “salvar” a los bancos, hoy se puso este corralito para esquilmar a la gente.

Si la persona que tiene pesos ahorrados quiere defenderse de la inflación comprando dólares, el gobierno no la deja o la deja parcialmente. Comprar acciones de una empresa que cotiza en bolsa no parece la mejor opción considerando que las utilidades y el futuro de esa empresa dependen de los caprichos de Moreno. Adquirir ladrillos luce hoy como un negocio poco interesante por el alto valor en dólares que tiene el metro cuadrado, y comprar bonos del gobierno es confiar en un insolvente que tiene déficit fiscal y anda buscando por todos lados qué activos confiscar en nombre de la justicia social.

La perversidad de este corralito es que al cobrar el impuesto inflacionario más fácilmente, lo transforma en algo así como cazar en el zoológico. La gente está acorralada en pesos y el Central no para de emitir moneda. De acuerdo al último balance del BCRA del 23 de diciembre, la emisión monetaria primaria, dicho más fácilmente, la cantidad de pesos en circulación, creció el 37,4% con relación al 23 de diciembre del año pasado. Es decir, a pesar de la fuga de capitales, el Central siguió emitiendo moneda a marchar forzada y generando inflación.

¿Qué otros datos surgen del balance del BCRA? Que el financiamiento al tesoro creció casi un 50% en un año. Dinero que se emitió para financiar al tesoro bajo el concepto de Adelantos Transitorios que, generalmente no son transitorios ni adelantos, sino un paga Dios. Estamos hablando de casi $ 20.000 millones más que el tesoro le debe al Central.

¿Y qué más? Que el Ejecutivo siguió quitándole reservas al Central y entregándole a cambio unos papelitos que se denominan Letras Intransferibles con vencimientos en los años 2016, 2020 y 2021. ¿Cuántos de estos papelitos tenía el Central cuando asumió Marcó del Pont en enero del 2010? El stock de esos papelitos que figuraban en el balance del Central sumaba $ 36.243 millones y al 23 de diciembre último ese stock llegó a los $ 110.428 millones. En otras palabras, el Central entregó reservas y recibió unos papeles tipo los billetes del juego de mesa el Estanciero, multiplicándolos por tres su stock. Tiene en su activo tres veces más papelitos ilíquidos de los que tenía en enero del 2010. ¿Qué pasó con las reservas del Central en el mismo período? Tomando los datos puros que informa el Central y no haciéndole las correcciones del caso, en enero del 2010 tenía reservas por U$S 48.068 millones contra U$S 46.274 millones al 23 de diciembre último. Perdió casi U$S 1.800 millones de reservas y aumentó su activo por tres en papeles sin liquidez ni valor. Claro, seguramente el gobierno podrá argumentar que esta baja en las reservas es fruto de la política de desendeudamiento. Dejando de lado el debate sobre si la deuda baja o crece, no parece ser una política sensata pagar deuda fundiendo al BCRA. Una política de este tipo lejos está de ser una jugada financiera brillante. Más bien es de una torpeza sin límites porque cuánto más débil sea el Central desde el punto de vista patrimonial, menor su capacidad para evitar un desborde inflacionario o una corrida cambiaria y financiera.

¿Algún otro dato de relevancia sobre el Central? Sí, en 2005, cuando Néstor Kirchner decidió pagarle al contado la deuda que tenía Argentina con el FMI, firmó un DNU bajo el siguiente argumento textual: “Que, en el caso, se evidencian circunstancias excepcionales que hacen imposible seguir los trámites ordinarios previstos por la Constitución Nacional para la sanción de las leyes”. Es decir, estaba tan apurado por pagarle al FMI, que la deuda pública, que según la Constitución Nacional debe ser tratada por el Congreso, quedó en manos del ex presidente pasándole olímpicamente por arriba al orden institucional. Pasados más de 6 años de ese decreto de 2005 todavía no se sabe cuál era la urgencia de pagarle al FMI al contado y mucho menos la necesidad. Lo cierto es que firmó el decreto y se estableció el concepto de reservas de libre disponibilidad.

¿Qué son las reservas de libre disponibilidad? Todas las reservas que excedan la base monetaria (pesos en circulación + encajes bancarios). Como el balance del Central se hace en pesos, veamos cómo está esta relación. Al 23 de diciembre, el Central declara tener reservas por $ 198.640 millones. Para que haya reservas de libre disponibilidad la base monetaria tiene que ser menor a las reservas. ¿Cuál es el monto de la base monetaria? $ 240.140 millones. Es importante aclarar que en la base monetaria incluyo los encajes en dólares que los bancos constituyen en el BCRA por sus depósitos en dólares, porque el Central incluye en sus reservas esos encajes. Y no hace falta ser un genio de la contabilidad para advertir que un dólar de encaje incluido en las reservas no puede ser tomado para respaldar la base monetaria en pesos y los encajes en dólares al mismo tiempo. Pero aún sin tomar los encajes en dólares, las reservas del Central no alcanzan para cubrir la base monetaria. Lo concreto es que el Central hoy tiene reservas equivalentes al 83% de la base monetaria. No solo no cumple con el DNU firmado por Kirchner en 2005, sino que, además, no hay más reservas de libre disponibilidad. Supuestamente el Ejecutivo no podría seguir tomando reservas para “desendeudarse” porque el decreto de Néstor Kirchner no lo permitiría. Pero claro, tampoco voy a ser tan naif de empezar con la cantinela de respetar las normas, leyes e instituciones en general. Eso es cosa del neoliberalismo que destruyó el país. Pulverizar el patrimonio del BCRA e ignorar el mandato constitucional que es el Congreso el que tiene que tratar el tema de la deuda es progresismo en estado químicamente puro. Lo otro, eso de respetar las instituciones, la propiedad privada y el valor del peso, es cosa de los gorilas reaccionarios y liberales que pretende defender el salario de la gente impulsando la estabilidad de precios. Aplicar sin piedad el impuesto inflacionario es progresista porque es la contracara del Consenso de Washington.  

Toda esta descripción viene a cuento porque, en esta época de democratización de la información, es bueno que la misma no sea asimétrica. Es decir, que todos sepan lo mismo. Tómense estas líneas como un aporte a la mayor democratización de la información que impulsa el gobierno. Por eso, siguiendo a rajatablas la democratización de la información que quiere el gobierno es que me parece oportuno avisarle a la gente que no puede contratar a un economista, que el BCRA tiene serios problemas patrimoniales. Podrán exprimirlo un poco más, pero lo concreto es que, por lo que se ve de sus balances, sus autoridades están más preocupadas por financiar el populismo del gobierno que por defender el valor del peso.

Obviamente que el contra argumento será que este modelo no tiene como meta la inflación, sino el crecimiento, lo cual quiere decir, en castellano básico, para que lo entienda la señora de la esquina, que al dejar de defender el valor de la moneda, y establecer el corralito cambiario, la gente pagará más impuesto inflacionario. Pero como la gente es egoísta y quiere defender sus ahorros de la inflación comprando dólares, se estableció este corralito cambiario para cazar mejor a los que ahorran en pesos, porque como grandes enemigos de la patria atentan contra el modelo despreciando el peso para refugiarse en el dólar.

En síntesis, comparando el corralito del 2001 con el corralito cambiario actual, debemos reconocer que este es mucho más sutil, lo vendieron con un muy buen marketing y, agreguemos, que también utilizaron mecanismos de presión tipo KGB para frenar a los egoístas que quieren eludir la inflación. Ahora, el resultado final no será tan diferente del corralito del 2001, porque con la tasa de inflación y tarifazo que tenemos por delante, los ahorros en pesos de la gente quedarán tan pulverizados como los ahorros en dólares del 2001 gracias a la devaluación del 2002. Pero, en definitiva, si Ud. tiene ahorros en pesos no se amargue, el impuesto inflacionario que le estarán cobrando es una contribución patriótica al modelo, a la inclusión social y a la aplicación de la sintonía fina y, de paso, a los salarios de los muchachos de La Campora, que haciendo un sacrificio fenomenal viven en el concheto Puerto Madero para estar más cerca de sus “trabajos”.

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26/12/2011

POR QUÉ LLEGAMOS A LO QUE LLEGAMOS

Cuando aceptamos que se cometiera la primera injusticia en nombre de la gobernabilidad y la orgía de consumo, sabíamos que podíamos llegar a esto.

Por Roberto Cachanosky (*)

En 1961 se filmó la película El Juicio de Nuremberg, protagonizada por Spencer Tracy en el papel del juez norteamericano Haywood, y Burt Lancaster en el rol del prestigioso jurista alemán Ernst Janning.

La película, un hecho real de la historia, trata sobre el juicio a cuatro jueces por complicidad con las políticas de esterilización del Tercer Reich, en la que judíos y personas con menor coeficiente intelectual eran esterilizados o sentenciados a muerte por una cuestión de pureza racial. Una de las partes de esta película que más quedaron en mi mente es el último diálogo entre el juez Haywood y el jurista alemán Janning.

Ya juzgado, sentenciado y en la carcel, Janning pide ser visitado por Haywood, que lo había condenado a cadena perpetua. En el último diálogo de la película, Janning, que había sido un destacado jurista y también había reconoció su culpabilidad en un magnífico alegato en el medio del juicio, particularmente cuando dice que condenó a muerte a un judío sabiendo que era inocente, le dice a Haywood en su celda: “créame que nunca pensé que se iba a llegar a lo que llegamos”, refiriéndose a los asesinatos cometidos por el nazismo. La respuesta de Haywood al destacado jurista alemán fue: “Dr. Janning, Uds. llegaron a esto el día que Ud. condenó al primer hombre que sabía que era inocente”.

¿Por qué hoy Argentina está pasando por un crítico momento en el cuál las libertades individuales están en serio riesgo? Porque sabiendo que el gobierno cometía injusticias y atropellaba a personas y sectores, la gente miró para el costado porque, supuestamente, alguien tenía que poner orden y recuperar la economía argentina de la crisis del 2001/2002 y su gobernabilidad.

En nombre de la recuperación económica y de la gobernabilidad se aceptó que el kirchnerismo fuera avanzando sobre los derechos individuales. Qué importa un control de precios aquí, una persecución a los militares allá, un bloqueo de Moyano por acá, un enfrentamiento con la Iglesia, un control de cambios, un cupo de importación, poderes absolutos delegados por el Congreso al Ejecutivo, utilizar métodos arbitrarios para remover a algunos de los anteriores miembros de la Corte Suprema, sanciones a consultoras que difunden sus propios índices de precios, que el Ejecutivo ignore fallos de la Corte Suprema y demás violaciones al estado de derecho, si lo importante era poder sumergirse en una orgía de consumo por más insostenible que fuera y que prevaleciera la “gobernabilidad”.

Muchos creen, equivocadamente, que el liberalismo es una doctrina solamente económica, cuando en realidad es una concepción moral y global de la organización social en la que el aspecto económico es solo una parte. Lo relevante del liberalismo es que establece como principio fundamental la existencia de un gobierno limitado. La razón de esa limitación, además de razones morales, es que los individuos deciden desarmarse para otorgarle al Estado el monopolio de la fuerza con el único fin que éste defienda el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Justamente, para evitar que ese monopolio de la fuerza se transforme en tiranía y sea utilizado contra los ciudadanos, es que el liberalismo sostiene la necesidad de un gobierno limitado. Es decir, un gobierno que no puede hacer algo que si hicieran los particulares constituiría un delito. El liberalismo es, por definición, la ideología de la lucha contra todo tipo de autoritarismo y dictaduras.

Lamentablemente esos principios de libertad y gobierno limitado plasmados en nuestra Constitución de 1853 fueron respetados hasta 1930. A partir de ese momento se quiebra el orden institucional y en la década del 40 se profundiza una ideología en la cual el Estado adquiere poderes propios del fascismo y del autoritarismo en nombre de la justicia social.

Pero desde 2003 para aquí el kirchnerismo, que al igual que Hitler llegó con muy pocos votos al poder, fue adquiriendo cada vez más fuerza por la recuperación económica gracias al contexto internacional. Esa recuperación económica, más los desbordes sociales del 2001/2202 hicieron que muchos vieran en Kirchner al ser providencial que podía salvar a la patria y, por lo tanto, tenía derecho a ignorar el principio básico de que el Estado tiene que subordinarse al estado de derecho. Que el poder de los gobiernos debe ser limitado.

El día que los legisladores aprobaron la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final (las leyes no se anulan: se derogan o sancionan y mucho menos pueden tener efecto retroactivo), más allá de la opinión que cada uno tenga sobre los militares de aquellos años, estaban abriendo la puerta a futuras arbitrariedades. Muchos no advirtieron, incluso periodistas y medios de comunicación, que con esa aberración jurídica no solo se sometía a los militares, sino que se sentaba el precedente para que la sociedad toda quedara indefensa ante las arbitrariedades del Estado porque el ciudadano dejaba de tener derechos y quedaba sometido a las arbitrariedades del gobierno.

Hemos tolerado confiscaciones de ahorros, superpoderes, piquetes a empresas que no aceptaban someterse a los caprichos del gobierno, que patotas prokirchneristas agredieran a manifestantes en la protesta  del campo, que se tomaran comisarías sin sancionar a los responsables e infinidad de otras barbaridades.

Vemos hoy, también, que la libertad económica no tiene su fundamento únicamente en la eficiencia económica, sino que hace a la libertad personal. Bajo el argumento de regular el mercado de papel para diarios, hoy el Estado dispone de una herramienta ilegítima para atacar la libertad de prensa. Vemos a empresarios que están felices con el cierre de la economía, pero también vemos que tienen que someterse al maltrato y humillación de un funcionario público para mendigar un aumento de precios, el permiso para importar algún bien o comprar dólares.

Si para poder producir a los efectos de mantener mi familia tengo que someterme a las arbitrariedades del Estado, entonces, estoy en libertad condicional. No soy libre, soy un esclavo de los caprichos de los gobernantes. Un simple control de tarifas en nombre de la justicia social implica ahogar económicamente a una empresa para que algún privilegiado pueda comprarla por un sándwich y una Coca. El derecho constitucional a ejercer toda industria lícita queda sometido a las arbitrariedades de un burócrata, al igual que la libertad de enseñar y la libertad expresión sin censura previa. Mediante el argumento de regulaciones económicas se anulan la libertad de expresión y de trabajar. Por la ley antiterrorismo, si alguien quiere defenderse de la inflación comprando moneda extranjera puede ser encarcelado por terrorista.

El 27 de septiembre del año pasado publiqué en este portal una nota titulada Los antifederalistas tenían razón. En esa nota recordaba la posición de los antifederalista norteamericanos que, en realidad, eran más federalistas que los llamados federalistas.

Los antifederalistas se oponían a un gobierno central fuerte porque ese tipo de gobierno podía derivar en una tiranía. En otras palabras, el tema central del debate consistía en cómo limitar el poder del Estado para que la democracia no degenerara en tiranía.

Hemos llegado a este punto donde todos estamos en libertad condicional desde el mismo momento en que toleramos que el gobierno, en nombre de la gobernabilidad, usara el monopolio de la fuerza a su antojo. Y lo toleramos a cambio de una protección arancelaria, una venganza por los 70, privilegios para los sindicatos y, lo más triste, por un televisor plasma. Total, los ataques eran contra otros. A mí no me venían a buscar.   

No podemos decir, al igual que el prestigioso jurista Janning, que no sabíamos que el gobierno podía llegar a tanto. Cuando aceptamos que se cometiera la primera injusticia en nombre de la gobernabilidad y la orgía de consumo, sabíamos que podíamos llegar a esto.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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19/12/2011

UNA EXIGUA CARRERA CONTRA EL ESPEJO

Por Gabriela Pousa (*)

Arranquemos con una historia a simple vista sencilla. Se trata de un corredor de carreras. Valga la aclaración porque sin ella puede creerse que se anda en otro tipo de “corrida”, cuyas consecuencias parecen ser altamente dañinas. (Es justo reconocer que los analistas tenemos, gracias a Cristina, desafíos intelectuales muy peculiares. Y es que analizar la política tal como está concebida requiere también de “sintonía fina”)

Volviendo a la trama, cuentan que el piloto gustaba tanto de las carreras que hasta olvidaba cualquier otra circunstancia. El fin era la obsesión, los medios eran apenas un problema ajeno: de antipatrias y agoreros. Craso error cuyo costo suele ser inmenso.

El vértigo para muchos, más que una patología, es un  ingrediente necesario para la vida. Adicciones que encarcelan, paradójicamente, a aquellos que caen en ellas, creyendo que así acceden al poder y la libertad más férrea.

Sin embargo, había un tema, nada insignificante, subyacente a los deseos y afanes del protagonista. Su automóvil tenía severos defectos y un desgaste de piezas víctimas del mal trato y del inevitable cambio de calendarios. Por esa razón, cualquier gasto que hiciera en remodelarlo para correr en pista era “pan para hoy, hambre para mañana” quedase esto en evidencia o disimulado tras una carrocería impecable según la perspectiva y el punto de vista.

Lo cierto es que empecinado en la forma más que en el fondo, la vanagloria del piloto no obedecía reglas ni sabidurías. La vida era una carrera. No importaba demasiado cómo y quiénes más la corrieran.

En esa especie de autismo que no lo dejaba ver nada más allá de sí mismo, estaba dispuesto a desafiar a cualquiera. No tardó en llegar el día en que nadie quería ya aceptar su delirio. Consideraban a su propuesta, una suerte de incitación al suicidio. Poner ese auto con fallas a 300 o más kilómetros por hora, era demencial hasta para el más básico amateur del automovilismo.

Tampoco había quién estuviera dispuesto a arriesgar su vida para congraciarse con esa persona obsesiva y ciega ante una realidad que le advertía las consecuencias de un empecinamiento peligroso y enfermizo en demasía.

Claro que, durante un buen tiempo, muchos de los lugareños encontraron en darle competencia, una experiencia imposible de rehusar. Era una fiesta de adrenalina. La tentación se comprendía con sólo enumerar algunos de los “beneficios” y “privilegios” que obtenía aquel que aceptaba la contienda que le proponía.

Al margen o no tan al margen, el terreno donde se corría, tampoco estaba en condiciones óptimas para ser utilizado como pista.

Cierto día, el corredor, convencido que su pericia y su vehículo eran imbatibles, duplicó la recompensa. Aún así, no hubo contrincante que apareciera. Obsesionado con demostrar la potencia que podía alcanzar con el coche después de sucesivos arreglos caseros, sin mediación de expertos, imposibilitado para razonar y ebrio de vanidad, empezó a competir contra conductores ficticios o ausentes. Encaró carreras contra adversarios, en lo fáctico, inexistentes.

Nadie sabe a ciencia cierta cuánto tiempo pasó dando vuelta sin sentido y contra toda lógica competitiva hasta perder noción y no saber siquiera hacia adónde iba. Como el dinero había menguado, pues no había a quién apostar que ganaría, ya el auto no tenía hecho ni un mero service de rutina. Fue entonces cuando, simultáneamente, en una de las incontables vueltas, al subir el velocímetro hasta el extremo, se soltaron los frenos.

Fue la última carrera. Lo triste de esta historia es que, en el trayecto, muchos se accidentaron, murieron sobre el asfalto, o quedaran con secuelas en demasía severas…

Cuando fue a auxiliarse al irascible corredor, retorcido entre los fierros, el casco que usaba se había salido… Adivinen ahora, la identidad de aquel conductor que sólo respondió a su antojo y capricho.

Hoy, la Argentina está siendo usada como un vehículo en estado casi paupérrimo pese a las “inversiones” que se hicieron para socavar aquello. La comanda una Presidente “autista” viviendo dentro de una realidad creada por sí misma: fantasía. Nadie se le opone, quizás por desidia, quizás por cobardía, quizás por empatía… Ella igual corre, compite y en esa “competencia”, lógicamente, va primera, invicta.

Al percibir que no es posible una victoria sin una derrota concreta -ambas son caras de una misma moneda-, termina compitiendo contra su propio vehículo. En el asiento de al lado supo estar desde Héctor Magnetto hasta Hugo Moyano, acompañando…

La naturaleza humana es inexpugnable, de otro modo no se comprende por qué es capaz de violar límites y volcar si, en el mismo momento, puede que se “mate” a los copilotos y compañeros, pero inevitablemente también, quién maneja saldrá muerto.

Todo lo demás no hace al argumento, son detalles de escenografía que solamente distraen al pueblo.

PD. A todos (y todas) una muy Feliz Navidad y un Año Nuevo acorde a sus deseos.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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19/12/2011

LA INGOBERNABILIDAD QUE GENERA EL PERONISMO

Mientras Cristina Fernández describe una economía imaginaria, nuevamente el país es sometido a las internas del peronismo.

Por Roberto Cachanosky (*)

En su discurso de asunción del cargo de presidente, Cristina Fernández hizo una descripción de la economía con datos que pretendieron mostrar una Argentina pujante donde todo es felicidad y prosperidad. Como dice el dicho, hay tres tipos de mentiras: la mentira piadosa, la mentira lisa y llana y las estadísticas. De acuerdo a cómo uno manipule los datos puede mostrar una ficción de crecimiento. Si, por ejemplo, la producción de un bien pasa de una unidad a dos unidades, el aumento es del 100%. Estadísticamente es correcto. El punto es que si la producción histórica era de 200 unidades, el haber pasado de una unidad a dos y mostrar el 100% de aumento como un logro, es una verdad estadística fuera de contexto.

Por ejemplo, en algún pasaje de su discurso Cristina Fernández sostuvo que, a pesar de haber pagado la deuda y haber soportado cinco corridas cambiarias (¿cuáles serán las cinco corridas a las que se refiere?) se había alcanzado un récord de reservas.  Frente a esta afirmación, uno podría recordarle a Cristina Fernández que entre el 2003 y el tercer trimestre de este año se fugaron del país U$S 84.000 millones, y que la mayor fuga se concentró a partir del 2007. Es decir, bajo su presidencia. Puesto en otros términos, Cristina Fernández generó tal temor que la gente optó por comprar dólares y ponerlos bajo el colchón o bien girándolos al exterior, con lo cual la presidente, con su política populista, consiguió que el ahorro de los argentinos fuera a financiar la actividad económica de otros países o directamente salieran del circuito económico. En concreto, Cristina Fernández omitió decir que por culpa de esa fuga de capitales hubo menos inversiones, menos puestos de trabajo y salarios reales no sostenibles en el tiempo.

También Cristina Fernández olvidó hablar del problema inflacionario. No lo considera un problema cuando, en realidad, está causando estragos en los presupuestos familiares.

La presidente habló de política de desendeudamiento pero olvidó decir que el pago de la deuda y el déficit fiscal hoy se están financiando con la destrucción patrimonial del BCRA. También cabe agregar que los bonos del Estado que teníamos en las AFJP pasaron a manos del Estado cuando nos confiscaron y ahora es una deuda intra Estado, con lo cual, en vez de pagar al vencimiento solo puede cambiar un papel por otro.

En todo caso, si el modelo tiene virtudes propias y niegan que el aumento de la actividad se deba al viento de cola, ¿por qué culpar ahora al mundo de los problemas económicos que se avecinan? Es más, si el país de la felicidad y la prosperidad que describió Cristina Fernández es cierto, ¿Por qué el tarifazo, las prohibiciones de importar, de comprar dólares, de girar utilidades al exterior y demás medidas que reflejan un serio problema en el sector externo de la economía?

Respecto al crecimiento a tasas chinas de la economía argentina bajo el kirchnerismo basta con revisar los datos de Adrian Guissarri, Roberto Cortés Conde o Angus Madisson para advertir que lejos está el actual oficialismo de poder igualar las tasas de crecimiento económico y de PIB per capita de la generación del 80. Mal que les pese, esa generación le dio un crecimiento económico a la Argentina, que los más que dudosos datos del INDEC no les llegan ni a los talones de los zapatos a lo ocurrido entre fines del siglo XIX y principios del XX.

Ese mundo imaginario que describe Cristina Fernández choca contra una realidad incontrastable. Las insalvables inconsistencias del famoso modelo se enfrentan a una economía mundial que ya no les brinda el viento de cola de todos estos años y, salvando las diferencias, estamos en las puertas de un nuevo rodrigazo. Cuando digo rodrigazo me refiero a un ajuste de precios relativos por el cual el salario real va a caer o, si se prefiere, los salarios nominales subirán menos que las tarifas de los servicios públicos, la inflación y que el tipo de cambio a su debido momento.

Cuando Moyano dice que va a discutir salarios con los precios de los supermercados está diciendo que no le cree a la inflación del INDEC. Es más, seguramente recordando el rodrigazo de 1975, dice que el techo a los salarios se incluirá si se frenan los precios, las tarifas y aumenta el mínimo no imponible para el impuesto a las ganancias. Moyano sabe que se viene el ajuste de salarios y el gobierno lo sabe pero no lo dice. Y si el gobierno no lo sabe, es porque están sumergidos en una profunda ignorancia de la ciencia económica. A tal punto lo sabe el gobierno que una de las primeras cosas que le pidió Pichetto a Boudou, jefe de la bancada del FPV en senado, es un aumento de salarios para los senadores porque los impuestos les comen el ingreso real y, según el incondicional senador del FPV, no puede ser que un senador gane menos que un empleado del Congreso. Debería informarse el senador Pichetto que un médico puede ganar menos que una enfermera o que un camionero se lleva en el bolsillo un ingreso mayor que un docente. Esta es la estructura de precios relativos y de salarios que implementó el FPV.

Como decía antes, Cristina Fernández describe una economía argentina imaginaria, llena de bonanza y prosperidad, pero basta con analizar seriamente los indicadores económicos y ver el contexto político, es casi inevitable rememorar el 75, con la diferencia que los que acosaban al gobierno de Perón ahora están en el poder y los que estaban en el poder ahora están afuera. Pero el enfrentamiento igual existe.

Esto me lleva a otro punto. En general se dice que el único que puede gobernar la Argentina es el peronismo. Francamente discrepo con esta visión. En los 70 Perón incentivó a la izquierda para hostigar el gobierno de Lanusse. Vuelto a la Argentina, y viendo el caos que era el país con Cámpora presidente, al punto que su avión tuvo que desviarse de Ezeiza a la base de Morón por el enfrentamiento armado que hubo en los bosques de Ezeiza entre diferentes sectores del peronismo.

Ni bien asumió Perón en 1973, asesinaron a Rucci y Perón salió a enfrentar a la izquierda montonera y al ERP hasta echarlos de la Plaza de Mayo. Y fue en esos años en que nació la Triple A, que clandestinamente combatía a los “jóvenes idealistas”. El golpe de 1976 se produjo, en gran medida, por la falta de grandeza de la dirigencia política de ese momento que no quería hacerse cargo del costo político que implicaba poner orden en un país sumergido en la violencia nacida de la interna peronista y de los jóvenes idealistas que intentaban tomar el poder por medio de las armas. Lo que comúnmente se conoce como golpe de Estado.

Años más tarde vino el enfrentamiento entre Menem y Duhalde. El derrocamiento de De la Rúa y nuevamente las internas del peronismo. Puerta le cede la presidencia a Rodriguez Saa, éste dura un suspiro y asume Duhalde. Nuevamente el país sumergido en problemas por la interna peronista.

Pero la vida tiene vueltas curiosas. Duhalde hizo lo imposible para que Menem no ganara las elecciones del 2003 y impulsó la candidatura de Kirchner. Todavía recuerdo a Chiche Duhalde en algún discurso del conurbano arengando a la tropa para que apoyara la candidatura de Kirchner, quien finalmente llegó al poder gracias al esfuerzo de Duhalde. Pero a los dos años Kirchner ya crucificaba a Duhalde de la misma forma que Duhalde crucificó a Menem. Y Kirchner hizo su alianza estratégica con Moyano para controlar la calle, pero resulta que ahora Cristina Fernández lo crucifica a Moyano, que le brindó todo el apoyo al matrimonio para hiciera y deshiciera a su antojo como si fueran los dueños del país. Moyano pasa a ser descartable como lo fueron para Perón los montoneros y el EPR y éstos, su tiempo, descartaron a Perón.  Menem, Duhalde y Rodriguez Saa se descartaron entre ellos, y hoy Cristina Fernández intenta descartar a todos, incluido Scioli.

Hace años que el país viene soportando las internas del peronismo, con destrozos económicos por doquier y ausencia de gobernabilidad. Porque una cosa es gobernar bajo una república democrática y otra muy diferente es usar el monopolio de la fuerza para imponer los caprichos del gobernante de turno y establecer un poder hegemónico.

En síntesis, el país económico de felicidad eterna que pretende vendernos Cristina va a chocar contra la realidad de las leyes económicas. Habrá que ver si, en el medio de la crisis, el peronismo, como tantos otros momentos, hace del país su campo de batalla.

Como viene la cosa, me imagino tres escenario posibles: a) Cristina Fernández haciendo las paces con Moyano y estableciendo una creciente restricción a los derechos individuales, b) Moyano y Cristina enfrentados con conflictos en la calle. En cualquier escenario, veo nubarrones en el futuro de nuestro país fruto de un nuevo enfrentamiento entre diferentes alas del peronismo.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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12/12/2011

FALTARON SIN FALTAR LA UIA, MOYANO Y LA VERDAD…

Por Gabriela Pousa (*)

No se trata de estar a favor o en contra. Ni de gustar más o menos del vestido negro y el pelo colorado. La escenografía era la precisa, hasta los más mínimos detalles estaban delineados de antemano. Ninguna improvisación como suele atribuirse a Cristina. Hasta las fallas son las mismas. Y una presencia inaudita de los ausentes a la cita.  

Cualquier espectador medianamente familiarizado con la coyuntura política podía predecir, en el rol y la figura de Florencia Kirchner, el entramado en el cual se desenvolvería el discurso que ELLA daría. Es extraño cómo los argentinos nos detenemos a debatir tantas naderías… 

En un país anestesiado, el comportamiento de la ciudadanía suele ser más rebuscado que el de una Jefe de Estado únicamente fiel a sí misma. Primó en la calle la apatía aunque algunas cámaras televisivas intentaran disiparla, concentrándose en grupos de extras, convocados para llevar a cabo otra obra de teatro.  

Nadie del elenco, menos todavía la mayoría de un pueblo resignado y bastante apático podía esperar la irrupción de autocríticas o la enumeración de proyectos a largo plazo. El “aquí y ahora” es todo el calendario de Cristina. Ir más allá implica un desafío incierto que no está dispuesta a encararlo. 

Va sobre seguro. ¿Qué la llevó hasta el recinto donde, caprichosamente, intentó minimizar cualquier otro protagonismo? La constancia y la coherencia en aquello que, desde el vamos se diera en llamar el “estilo K” la posaron en ese sitio. ¿Por qué cambiarlo? De allí que no tuviese un libreto lógico para ese tipo de espectáculos, pero sí oportuno y exacto para quienes estaban escuchando. Guste o no, nadie más que Cristina tenía el derecho ganado a pararse en ese escenario. No tuvo competencia en cuanto a aspiraciones, metodología y porfía. Vulgarmente se diría que la Primer Mandataria estaba en su salsa. Y Su receta volvía a ser tan drástica como precisa. 

Si alguno había llegado distraído hasta el recinto, una imagen bastó para predecir de que se trataba la parafernalia: Fue el instante en que, Florencia Kirchner, deslizaba la banda presidencial sobre el cuerpo de su madre, forrado en traje de circunstancia ex profeso dilatada para atender la causa. De ahí en más, moría toda esperanza de un cambio. Convengamos que además era inútil e ingenuo esperarlo. 

Cristina Fernández, el pasado sábado, fue Cristina Fernández. Sin embargo, puso mayor énfasis en destacar el apellido Kirchner que antes demasiado no le había importado. La mujer que años atrás –en un acto justicialista llevado a cabo en Parque Norte-, cuestionara a Hilda Chiche Duhalde por ufanarse de ser “señora de tal” sin avergonzarse, ya no se desligaba del hombre que, tras morir, se convirtiera en el leitmotiv de su asonada. Ser Kirchner ahora dejaba de ser sólo una circunstancia.  

Por más que duplicara el porcentaje de votos con el cuál llegaba, en el 2003, como Primera Dama a la Casa Rosada, Cristina en su asunción era más Kirchner que antes.  En su soledad magnánima, en su condición de viuda estaba, paradójicamente, más casada que nunca.  

La independencia que en apariencia le otorga la avaricia y desconfianza, sólo pudo demostrarse en un símbolo: nadie más que ella tocó el cetro. Qué le colocasen la banda es una cosa, qué no soltara el bastón de mando ni un instante es otra. A fin y a cabo ese rectángulo de género que se cruza sobre el cuerpo, se asemeja bastante al que llevan los estudiantes destacados en el colegio. El bastón, en cambio, connota la suma del poder y la unicidad del mando.  

Después de ese aparentemente insignificante dato, no podía esperarse sino una oratoria autorreferencial pero sustentada en la impronta kirchnerista por antonomasia. En la política concebida como permanente estado de guerra, hay soldados pero no aliados. Ese fue el mensaje no sólo para los funcionarios sino también para aquellos que, desde Octubre pasado, andan festejando su condición de acróbatas creyendo haber caído bien parados.  

Lo paradojal de la escena era observar cómo las ausencias pesaban más que las presencias. Nunca nadie recordó tanto a Hugo Moyano así como también a Ignacio de Mendiguren, por citar apenas algunos casos. La Presidente -que días atrás sonriera con ellos ante las cámaras, aceptara el besamanos, los homenajes y la adhesión a sus veleidades-, de golpe, estaba recalculando... 

Si acaso estoy sola es por decisión propia”-, parecía advertirles. Fue una estocada posiblemente justa y bien pensada. De algún modo, con esa actitud, la jefe de Estado les recordaba (por si acaso) quién manda. “Los de afuera son de palo”. Les daba para beber la medicina que ellos mismos prepararon.  

A aquellos que despotricaron contra el carácter tóxico de Guillermo Moreno, y después callaron por oportunismo o por pícaros, les estaba ofreciendo una dosis doble de arsénico.  Más poder para el Secretario de Comercio: mayor campo de acción para un soldado que supo ser el “Sargento Cabral” de los Kirchner, durante ocho años. Pero cuidado: no deja de ser un soldado. 

Los temas que más preocupan a la gente estuvieron como siempre, otra vez ausentes. No podía esperarse respuestas ni políticas de Estado de quién, al respecto, siempre ha callado y sólo ve, en demostraciones de autoritarismo, paliativos a los conflictos. El olmo no dará peras por más buena voluntad que se tenga. 

No faltó, sin embargo, la enumeración estrafalaria de datos que no dicen un ápice ni aclaran el panorama. Los números y estadísticas que utilizara refieren siempre a la misma fuente: el INDEC. Ficciones que adornan y engalanan, sumando únicamente a su autoestima acicalada.  

Si el peronismo venía perdido y sin equilibrio, el pasado sábado se encontró dentro del más enmarañado de los laberintos. La marcha peronista fue apenas una tradición, algo así como el árbol navideño o el pesebre en casa de ateos.  

Las masas que Perón convocaba se limitaban a una militancia rentada. Parecía un circo con ubicaciones numeradas y espacios vacíos por el alto costo de las entradas. Cotillón prefabricado para la ocasión por los amigos del primogénito: la Cámpora. Algo muy similar a las banditas de rock que suelen tener los chicos en los garajes, creyendo que emularán a grandes intérpretes pero se desvanecen como todo entusiasmo adolescente. 

Repensar un Justicialismo sin el aparato de los sindicatos o los favores de los barones del Conurbano como pareció estipularse, merece un análisis aparte. No es apenas un dato ni tampoco un armado del todo improvisado. Sin embargo, es temprano aún para aseverar triunfos u ocasos de estos bríos recientemente renovados. 

El resto era casi un decorado: aplaudidores automáticos, ratificación de la “obediencia debida” como Néstor Kirchner quería, fervor popular por los recitales de Plaza de Mayo (y gracias a la condición gratuita de micros, subtes y planes de descanso), mas oídos sordos a las contradicciones que, por momentos, parecían burlas y sinsentidos de un clown divagando en medio del circo. 

Hay ejemplos suficientes para demostrar que también la verdad estuvo ausente. ¿Por qué los subsidios se sacan recién ahora y tan subrepticiamente? Porque las reservas menguaron. Recitar prolijamente que éstas aumentaron en los últimos años es mentir descaradamente.

A su vez, reclamar a los docentes más días de clases a horas no más de haber decretado insólitos feriados extra largos, no parece sensato.

Las referencias a su labor legislativa estuvieron viciadas de olvidos previamente maquinados. ¿Cómo no recordaba la Presidente aquella sesión de septiembre de 1992 donde efusivamente avaló la privatización de YPF, promovida por Carlos Menem? O incluso su postura, en esa misma década, a favor de la privatización de Aerolíneas aduciendo que la soberanía no la daba una bandera… 

No hace falta argumentar fino para advertir que no ha habido cinco corridas bancarias como explicitó en reiteradas ocasiones, sin aclarar por qué entonces se puso cerrojo a la venta de dólares… 

En definitiva, las contradicciones siguieron siendo la base de una desmesurada verborragia. Si es interesante anotar que dio definiciones nuevas a palabras viejas: el “gasto público” pasó a ser “inversión”, por ende lo que viene será más obra pública fuera de control. 

En síntesis, y para no extendernos más que la dama y respetar la investidura, cabe decir que no ha habido novedad alguna. El futuro quedó en Tecnópolis, y el cambio tan esperado sólo tiene cabida en la tergiversación de la historia y del pasado. 

Otra oportunidad perdida… 

Un último párrafo: que los ciudadanos tengamos que aceptar el régimen de las mayorías relativas y hasta la “coronación” del ex mandatario como figura cuasi celestial no otorga automáticamente carácter de deidad ni superioridad. Si al menos pudiera conservarse el respeto y sacarse a Dios del medio, quizás al César le quedaría lo que es del César, al margen del plagio a la mitología y al circo romano. 

No es irónico que habiendo triunfado en los comicios con un porcentaje tan elevado, muchos ayer se hayan retirado preguntando con melancolía inusitada: ¿Hugo Moyano dónde estaba…? 

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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12/12/2011

NUEVO GOBIERNO DE CFK: LA OPOSICIÓN SERÁ IMPLACABLE

En un tedioso discurso Cristina Fernández insistió en dar su versión oficial de la economía, distorsionó la historia y mostró, una vez más, que le encanta escucharse. Su discurso no es un buen presagio de lo que viene. Es por esta última razón que anticipo la nota que debería salir mañana. 

Por Roberto Cachanosky (*)

Al leer el título de esta nota, más de un lector pensará que me volví loco: ¿de qué oposición estaré hablando? No se preocupe, no me volví loco, no me refiero a la oposición política, me refiero a la economía. Ese será el gran desafío político que tendrá que enfrentar Cristina Fernández y, me parece, que, por el tedioso discurso que le escuché decir, el rumbo que seguirá, generará un problema económico mayor al que han hecho hasta ahora.

En el párrafo anterior dije tedioso discurso porque es evidente que a Cristina Fernández le encanta escucharse. Habló más de una hora recitando datos, muchos de ellos sin decir con relación a qué mostrando su falta de conocimiento económico, haciendo una autoalabanza de su gestión y la de Néstor Kirchner con una falta de humildad que espanta, al tiempo que siguió tergiversando la historia.

A lo largo de su discurso habló de la economía mundial como el ejemplo de lo que no hay que hacer, sin embargo nada dijo de las extraordinarias condiciones internacionales que le tocó en suerte. Precio de la santa soja y Brasil con un dólar barato como dos motores que le generaron recursos para poder financiar el populismo de todos estos años, algo que ya está desapareciendo y comprometiendo seriamente el futuro del “modelo”, un modelo depredador de stock de riqueza (consumo de stock ganadero, reservas gasíferas, ahorros de la gente, destrucción patrimonial del BCRA, etc.). La realidad es que CFK debería darle gracias a ese mundo que hoy critica porque si le hubiese tocado el precio de la soja que le tocó a De la Rúa, a quién descortésmente destrató en su tedioso discurso, no hubiesen durado en el gobierno ni seis meses. Yo no voté a De la Rúa, pero me parece que se merece un mínimo de respeto porque, a pesar de todos sus errores, al menos supo que no podía traspasar ciertos límites institucionales.

Más allá de los datos económicos de la versión oficial, el indicio más importante de lo que viene es que crea una especie de supersecretaría de comercio interior y exterior (¿pre anuncio de un IAPI?).

Tendremos a un gobierno que profundizará el autoritarismo económico, decidiendo qué hay que producir, cuánto hay que producir y a qué precios hay que vender.

Desconociendo el ABC de la economía hizo mención a la rentabilidad de las empresas argentinas que están por encima de los niveles internacionales, algo que, según dijo Cristina Fernández, habrá que revisar. La lógica económica indica que en los países con mayor riesgo institucional, las empresas tienen más rentabilidad y en los países con menor riesgo institucional menor rentabilidad. Calidad institucional y economía es algo que no figura en la lógica del kirchnerismo y es, justamente ese desconocimiento, lo que nos condena a ser un país en constante decadencia.

Y aquí viene el tema de la oposición económica. Me refiero a las leyes de la economía que ignoran el 54% de votos que pudo haber conseguido. Ese porcentaje de votos respondió, en gran medida, al artificial aumento del consumo interno. Inflación, destrucción de stock de capital, impuesto inflacionario y presión tributaria asfixiante fueron los mecanismos de financiamiento del proyecto populista para construir poder político. Ese consumo artificial comenzará a flaquear en muy poco tiempo más. Las exportaciones se encontrarán con un precio de la soja más cerca de los U$S 400 que de los U$S 500 la tonelada, Brasil desacelera su economía y la inversión será mínima porque no hay ahorro interno que pueda financiarla ni reglas de juego previsibles que la atraiga.

Si ninguno de estos tres motores funciona a pleno, ¿cómo hará CFK para mantener la fiesta de consumo o algún nivel de actividad más o menos elevado que mantenga la paz social?

El tarifazo en puerta, la inflación y la fuga de capitales pueden llegar a ser más implacable que la oposición política, que resultó ser una lágrima en las últimas elecciones, mostrando un alto grado de egoísmo e incapacidad para transmitir un mensaje claramente diferenciador del oficialismo.

El tema es cómo reaccionará un gobierno con claras inclinaciones autoritarias cuando ese 54% de gente que la votó salga de la borrachera de consumo artificial en que está sumergida.

Una primera muestra ya la tuvimos en las últimas semanas con la fuga de capitales. La respuesta fue la violación de los derechos individuales y el patoterismo para, transitoriamente, disminuir la presión sobre el mercado cambiario. Y, dicho sea de paso, en el tedioso discurso de Cristina Fernández, habló de la corrida cambiaria y, como ya es su costumbre, señaló a un misterioso grupo de conspiradores como responsables de esa corrida, afirmación que se contrapone con el informe del BCRA que nos dice que el 45% de la compra de billetes fue realizada por operaciones de hasta U$S 10.000 por persona y que el 69% fueron operaciones de hasta U$S 50.000. Es decir, casi el 70% de la fuga se explica por el chiquitaje. No hubo tal conspiración misteriosa, la realidad es que quien conspiró contra el gobierno de Cristina Fernández fue parte de ese 54% de los que la votaron. La gente común que tiene pánico a perder sus ahorros.

Pero volviendo a la cuestión de cómo puede reaccionar el gobierno frente a la adversidad económica que tendrá que afrontar, decía antes que todo parece indicar que tendremos más dosis de autoritarismo económico. Y el autoritarismo económico llevará a más autoritarismo político, donde las libertades civiles estarán seriamente amenazadas.

Argentina ha entrado en un cono de sombra cada vez más oscuro, porque buena parte de la población considera que la democracia republicana se logra votando un presidente cada cuatro años y luego otorgarle poderes absolutos. En otras palabras, los argentinos elegimos a nuestros propios déspotas cada cuatro años, y ese gobierno despótico se sostiene mientras la economía mantenga más o menos contenta a la gente. Cuando se acaba el financiamiento del populismo los gobiernos sin límites ni subordinados a la ley caen en desgracia.

Francamente veo con preocupación el futuro, porque el kirchnerismo, que ha demostrado no tener límites en lo que hace arremeter contra la ley y la decencia pública, puede llevar el uso del monopolio de la fuerza hasta niveles insospechados para, primero doblegar las voces opositoras y luego al descontento popular cuando ya no haya más pan y circo con qué distraer a la gente.

Vienen tiempos difíciles, tanto en lo económico como en las libertades individuales. Hoy, que deberíamos estar asistiendo a una simple jura presidencial sin mayores sobresaltos, hemos escuchado un discurso lleno de soberbia, cifras imaginarias de un país que no existe en la realidad, distorsión de la historia más reciente y el conocido revanchismo. Lamentablemente, escuchamos un discurso que no es un buen presagio de lo que viene.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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05/12/2011

GATO POR LIEBRE

Al tarifazo lo llaman proceso de redireccionamiento. Al corralito cambiario lo denominan luchan contra la evasión. Al vaciamiento del Central, Fondo de Desendeudamiento. El gobierno vive vendiendo gato por liebre.

Por Roberto Cachanosky (*)

Realmente hay que reconocer que el gobierno tiene una fenomenal capacidad para dar vueltas las cosas y decir que lo que es blanco es negro o lo que es cuadrado es redondo. No tengo idea si su dialéctica tiene efectos de credibilidad en la gente, pero lo cierto es que vive, como dice el dicho popular, vendiendo gato por liebre. Veamos algunos ejemplos.

Cuando en el 2008 decidió confiscar los ahorros que teníamos en las AFJP, el gobierno lo presentó como una medida estratégica que apuntaba a establecer un sistema de reparto y solidario. En otras palabras, nos quitaron la plata que habíamos ahorrado, se apropiaron de nuestro flujo de ingresos que destinábamos a nuestra futura jubilación y lo “vendieron” como una acto de solidaridad y de justicia social, cuando, en realidad, necesitaban la caja mensual de nuestros fondos que antes iban a las AFJP y, además, usaron los stocks de ahorros para financiar el gasto público. Es como si un ladrón nos robara y argumentara que lo hace en beneficio nuestro.

A principios del 2010 Cristina Fernández firmó un DNU para quedarse con las reservas de libre disponibilidad del Banco Central y así seguir con el llamado proceso de desendeudamiento. De esta forma llegó Marcó del Pont al BCRA y empezó a transferirle reservas al tesoro a cambio de papeles basura, técnicamente llamados Letras Intransferibles con vencimientos en el 2021. Una especie de paga Dios. Lo concreto es que de $ 36.000 millones de stock que tenía el BCRA en enero del 2010 de esos bonos basura, al 23 de octubre superaban los $ 109.000 millones dejando al BCRA con un patrimonio neto negativo de casi $ 74.000 millones, como mínimo. Encima, desaparecieron las reservas de libre disponibilidad, las reservas brutas, que no son todas del BCRA, solo cubren el 87,6% de la base monetaria, incumpliendo con el decreto 1599 del 2005 firmado por Néstor Kirchner por el cual se establecieron las reservas de libre disponibilidad. En definitiva, la tan mentada política de desendeudamiento no es otra cosa que un suerte de vaciamiento del BCRA, que no solo no defiende el valor de la moneda dada la inflación que genera, sino que, encima, para cumplir como pueden con el pago de la deuda dejan tambaleando al Central. Sin embargo, siguen vendiendo este vaciamiento del Central como una política de desendeudamiento que nos blinda contra la crisis internacional. Otra vez gato por liebre.

Los serios problemas de fuga de capitales, caída del tipo de cambio real y miedo a confiscaciones fueron enfrentados por el gobierno con diferentes medidas intervencionistas. Primero, en nombre de la defensa de la industria nacional establecieron las autorizaciones no automáticas para importar. Después, contrariando toda la lógica económica dispusieron que por cada dólar que alguien importe, debe exportar un dólar. Es decir, si me voy de vacaciones a Brasil tengo que lograr que venga un brasileño a veranear a la Argentina. Como esto tampoco funcionó, hicieron mil piruetas más y, finalmente, el 31 de octubre decidieron que antes de comprar dólares la gente tiene que tener una autorización de la AFIP. Esta medida la vendieron como una medida para combatir la evasión y el lavado de dinero. La realidad es que la fuga de capitales es de tal magnitud que tuvieron que ponerle un corralito a la venta de divisas porque el Central iba a quedar como vino al mundo en materia de reservas. Ya de por sí venía complicado y con la corrida cambiaria que no se ha detenido, iba a estar más complicado. Otra vez gato por liebre.

Días pasados la presidente Cristina Fernández afirmó que el modelo no tiene como meta la inflación sino de crecimiento, como si un país pudiera crecer con las tasas de inflación que tenemos. En otras palabras, ante la evidencia que la inflación se les va cada vez más de las manos, ahora nos quieren vender que la inflación no es un problema, hasta sería buena para crecer. De nuevo nos venden gato por liebre.

Cuando en el 2009 se les venía la noche en las elecciones, bajo el argumento que no se podía estar en campaña política en medio de la crisis económica mundial, el gobierno decidió adelantar las elecciones y de paso establecieron las candidaturas testimoniales. De nuevo gato por liebre, porque ningún país civilizado del mundo adelanta las elecciones por una crisis económica. En todo caso el primer mandatario renuncia y se llama a elecciones en aquellos países cuya constitución lo permite.

Ahora que se viene el gran tarifazo producto de la imprevisión y la horrorosa política energética y de transporte, resulta que esta es una medida de justicia social y “un cuidado proceso de redireccionamiento que busca mantener la equidad y la competitividad”. Además, según De Vido y Bodou esta medida no tiene nada que ver con el problema fiscal porque no hay problemas fiscales. La realidad es que el rubro subsidios, me refiero a los subsidios a la energía, el transporte, pérdidas de empresas estatales y otros rubros menores más, es el segundo en importancia dentro del presupuesto. El tesoro terminará este año con un bache fiscal del orden de los $ 30.000 millones y la realidad es que la caja ya no alcanza. Este tarifazo, superior al rodrigazo de 1975, tiene que ver con un serio problema de precios relativos.

En varias oportunidades he sostenido que aquí hay una distorsión de precios relativos, entendiendo por tal que unos precios están artificialmente bajos y otros artificialmente altos. Los artificialmente bajos son las tarifas de los servicios públicos (por eso el tarifazo) y el tipo de cambio. El que está artificialmente alto es el salario en el sector formal de la economía. Lo que se viene es un aumento de salarios menores a la tasa de inflación y un salto cambiario que ya empezó y, muy posiblemente, una corrida financiera. Los datos de redescuentos del BCRA muestran que la asistencia del Central a algunas entidades financieras sigue subiendo, lo cual indica problemas de liquidez. Pero, volviendo al tarifazo, quieren vender gato por liebre. ¿Es cierto que empleados estatales han recibido la “sugerencia” de renunciar a los subsidios? Encima quieren vendernos este tarifazo como una carrera por la solidaridad mostrando por la televisión a figuras conocidas diciendo que renuncian al subsidio por solidaridad. Es como si este nuevo rodrigazo quisieran mostrarlo como un acto de solidaridad cuando en rigor es un machazo ajuste. Dicho sea de paso, aquí no hay que renunciar a ningún subsidio porque nadie lo pidió. Ellos lo establecieron para disimular la inflación y crear un auge artificial de consumo. Ahora que los números fiscales les hacen agua pretenden que mediante un formulario les demos el apoyo al nuevo rodrigazo. Que ellos se hagan cargo políticamente del lío económico que hicieron. Personalmente no pienso llenar ningún formulario que constituya un apoyo a un fenomenal desmanejo económico. Y por más que lo llene igual me van a quitar el subsidio porque para retener el subsidio hay que ser un homeless de acuerdo al cuestionario del formulario.  

Todo lo anterior muestra a un gobierno que ha demostrado una fenomenal incapacidad para administrar la economía del país limitándose a hacer caja para acumular poder político. Ahora que la caja no alcanza tendrá que ver cómo sostiene ese poder político. El punto es que cada parche que le ponen al modelo por el lío que hicieron el día anterior, lo presentan como la gran genialidad económica, la inclusión social, la solidaridad y cosas por el estilo.

En el 2005 Néstor Kirchner sostenía que los productores ganaderos querían lucrar con el hambre del pueblo argentino. Las medidas aplicadas hicieron bajar el precio de la carne a costa de consumirnos 10 millones de cabezas de ganado. Durante un tiempo la gente estuvo feliz porque tenían el asado barato. Ahora comer carne es un lujo asiático en el país de la carne y el trigo.

Lo mismo hizo el gobierno con la energía. Durante años se consumieron el stock de capital en reservas gasíferas y en centrales eléctricas. Ahora que ya no hay plata para financiar esa fiesta aparece el tarifazo y lo quieren vender como un cuidado proceso de redireccionamiento que busca mantener la equidad y la competitividad.

Todo va saltando a la vista de la gente. Así como ya saltó el tema de la carne y de las tarifas, los próximos pasos serán salarios que se retrasan frente a la inflación, suba del tipo de cambio y, como decía antes, corrida cambiaria que puede transformarse en corrida financiera. En economía se puede hacer cualquier cosa menos dejar de pagar los costos de los horrores económicos.

Estoy ansioso por conocer qué nuevo discurso inventarán cuando llegue la hora del ajuste de los salarios, el Central tenga que aumentar más el stock de redescuentos para hacer frente a los pagos en ventanilla y el tipo de cambio se escape a niveles impensados.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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28/11/2011

NO ES HORA DE LLORAR, SINO DE ARREGLAR EL LÍO QUE ARMARON

Todos perdemos a nuestros seres queridos pero igual seguimos trabajando para vivir y, encima, el Estado nos complica con sus medidas. No vamos dando lástima por la vida por lo que nos pasó. Nos hacemos cargo de nuestras vidas y responsables de los líos que hacemos. 

Por Roberto Cachanosky (*)

La semana pasada, en un discurso que dio Cristina Fernández inaugurando un hangar reciclado, embistió contra los sindicatos de Aerolíneas Argentinas y, en alguno de sus párrafos, llorando, dijo que por momentos el cuerpo no le daba para afrontar los problemas y que igual tenía que poner su mejor sonrisa a pesar de la desgracia que había sufrido en lo personal y seguir adelante.

Uno puede comprender el dolor de perder a un ser querido, pero me parece que es importante recordarle a la presidente que no es ella sola la que ha perdido a un ser querido. Muchas personas, gente común, pierden a sus hijos, parejas, familiares, etc. en medio de la violencia por la inseguridad dada la ausencia del Estado en esta materia, e igual tiene que seguir adelante. ¿Cuánto tendría que llorar Carolina Piparo que recibió un disparo de unos delincuentes y le mataron al hijo que llevaba en su vientre, luego de salir de un banco para retirar el dinero que habían ahorrado para comprarse una casita? Y encima Néstor Kirchner hizo, en su momento, una cuestión política del caso cuando le espetó públicamente a Scioli que le hubiese dicho al esposo de Carolina que tenía las manos atadas. No es cuestión de hacer un ranking de quien sufre más. Pero la realidad es que Néstor Kirchner murió construyendo poder político y Carolina Piparo perdió al hijo que llevaba en el vientre porque la política no da respuestas a la seguridad  de la gente.

Todos tenemos nuestras pérdidas e igual, cada mañana, nos levantamos para encontrarle la vuelta para tratar de vivir. Es más, no solo perdemos a nuestros seres queridos y seguimos adelante, sino que, encima, tenemos que luchar con todas las trabas que nos pone el gobierno de Cristina Fernández. Luchar contra la inflación que el gobierno se niega a reconocer, las trabas de Moreno, la presión impositiva asfixiante, la confiscación de nuestros ahorros en las AFJP e infinidad de cuestiones con las que el gobierno nos complica la vida diariamente. De manera que, aceptando el dolor de la presidente por haber perdido a su esposo, no es ella la única que tiene una pesada carga laboral ni la única que ha perdido a un ser querido. En todo caso, si hoy tiene muchos problemas, es porque ella y su fallecido marido los generaron. Por citar un solo ejemplo, Cristina Fernández embistió contra los sindicatos que paralizan a Aerolíneas Argentinas con huelgas. Pregunta, ¿qué hizo su gobierno cuando los piquetes de Moyano impedían la salida de algunos diarios? Bien reza el dicho popular: el que siembra vientos, cosecha tempestades. De manera que, en mi humilde opinión, así como cada uno de nosotros llevamos adentro la pérdida de nuestros seres queridos y aún así seguimos adelante a pesar de las trabas que nos pone el gobierno con sus arbitrarias medidas, Cristina Fernández debería dejar de llorar en público, guardarse su dolor para cuando está sola, y dedicarse a arreglar los líos que hicieron en estos 8 años y medio.

Porque, en definitiva, si hoy hay problemas de inflación, corrida cambiaria, una economía que tiende a desacelerarse, problemas fiscales y tarifazo en puerta, es todo consecuencia de haber generado un auge artificial de consumo, subordinando la economía a las necesidades políticas de construcción de poder. Ejemplo, hoy nos venden la eliminación de los subsidios como un hecho de justicia. Si tan justa y equitativa es la medida, ¿por qué no la anunciaron antes de las elecciones para conseguir más votos de los que tuvieron? La realidad es que lo que nos venden como una cruzada contra la injusticia de subsidiar a quienes viven en Barrio Parque y Puerto Madero, aquí se viene un tarifazo que superará los límites de ambos barrios porteños, algo que la gente percibe y que hubiese sido letal anunciarlo antes del 23 de octubre.

Pero el problema de las tarifas de los servicios públicos es solo una parte de un problema mayor. Y aquí voy a disentir con algunos colegas economistas que suelen afirmar que la economía argentina no está tan mal y que los problemas que hoy tenemos son generados innecesariamente por el gobierno. Mi visión es muy diferente.

En efecto, si bien puedo aceptar que hoy con una soja aún en U$S 400 la tonelada, poner la economía en orden sería menos traumático que con una soja en U$S 160, lejos estamos de tener un economía sana  y solo con problemas que genera innecesariamente el gobierno. Por el contario, los supuestos problemas innecesarios que genera el gobierno son intrínsecos al modelo, que fue acumulando un problema atrás de otro. Para decirlo de otra manera, el problema que hoy genera el gobierno es para “resolver” el lío que armaron ayer. Si alguna definición le cabe al modelo es que cada mañana los funcionarios se levantan para ver cómo solucionan el lío que hicieron la noche anterior.

¿Por qué salió el gobierno a perseguir a quienes compran dólares? Porque por un lado lo hicieron artificialmente barato en términos reales. ¿Por qué? Porque el BCRA no paró de generar inflación emitiendo moneda a tasas crecientes al tiempo que pisaba el tipo de cambio. Es decir, el problema del tipo de cambio real lo generó el mismo gobierno con su política inflacionaria. Al mismo tiempo, al caer el tipo de cambio real, las importaciones subieron aceleradamente, se achicó el saldo de balance comercial, y ya no sobran dólares para financiar la fuga de capitales que fue una constante en el gobierno kirchnersita. ¿Por qué hay fuga de capitales? Por el dólar barato y por las inclinaciones confiscatorias del gobierno. En vez de reinstaurar la confianza al problema de la fuga de capitales, la “solución” fue perseguir a los que compran dólares y paralizar las importaciones, aumentando el pánico en la población. Encima, al frenar las importaciones, muchos sectores tienen problemas para producir, porque no pueden importar insumos.

¿Por qué tienen un déficit fiscal que aumenta permanentemente? Porque incrementaron demagógicamente el gasto público. Claro, ahora que la plata ya no alcanza para financiar más gasto, se viene el ajuste con tarifazo disfrazado de cruzada patriótica para ver quién es el primero en presentar la planilla para renunciar a los subsidios.

¿Por qué en su momento confiscaron nuestros ahorros en las AFJP? Porque hacía falta caja y “vendieron” la medida como una recuperación de las jubilaciones.

¿Por qué el BCRA tiene serios problemas patrimoniales? Porque le vacían las reservas para tapar los baches fiscales. Es decir, cada nuevo problema es un parche para tapar el lío del día anterior.

Nadie puede sostener que la economía argentina no tiene mayores problemas cuando el tarifazo, que era inevitable, supera los niveles del rodrigazo de 1975. Como tampoco nadie puede decir que la economía está sana cuando el gasto público ha llegado a niveles récord y hay déficit fiscal a pesar de la feroz presión tributaria que soportamos. Si se dejara de aplicar el impuesto a las ganancias sobre utilidades ficticias generadas por la inflación, ¿alguien piensa que sería fácil solucionar el problema fiscal? ¿Alguien puede creer que es fácil bajar la inflación de los niveles actuales sin conflictividad social? Yo diría que sería más sencillo enfrentar una hiperinflación porque la gente pide a gritos que alguien haga algo, a dominar esta inflación que le hizo creer a la gente que el modelo, mágicamente, permitió escalar a niveles de consumo impensados sin necesidad de invertir.

En definitiva, los problemas que genera el gobierno no son innecesarios, son consecuencia de la dinámica del mismo modelo intervencionista y estatista, porque creen que la ley de la oferta y la demanda, puede ser dominada a las trompadas y con la policía en la calle. Y de tantas trompadas, amenazas y presiones de funcionarios, hemos llegado a una montaña de problemas que hoy empiezan a surgir todos juntos.

Por eso, insisto, ya no es hora de llorar. Cada uno tenemos nuestros propios dramas personales como para estar dando lástima a cada uno que se nos cruza por la vida. Así como cada uno de nosotros nos hacemos cargo de nuestros problemas y, encima, el Estado nos complica más la vida, es hora de dejar de llorar y hacerse cargo de tanto lío económico y descontrol social que generaron.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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21/11/2011

FINALMENTE CRISTINA EMPEZÓ CON EL AJUSTE

El ajuste no es otra cosa que hacer subir los precios artificialmente baratos y retrasar los artificialmente caros. Esto recién comienza y es el mercado de cambios es el que está forzando al gobierno a hacer lo que siempre dijo que no iba a hacer

Por Roberto Cachanosky (*)

El 9 de febrero de este año, refiriéndose a los subsidios a la energía y al transporte, decía Cristina Fernández en un discurso en el Chaco: “por otra parte, como estos son bienes, servicios fundamentalmente, de los que no se puede prescindir y que tienen un gran impacto en el consumo, porque la gente si le aumentan demasiado los servicios restringe el consumo y va al pago de servicios que no crean nuevos puestos de trabajo” (sic). Tratando de traducir al castellano básico lo expresado por Cristina Fernández, lo que nos estaba tratando de decir era que al tener artificialmente baratas las tarifas de los servicios públicos, la gente disponía de más dinero para consumir y reactivar la economía. Habría que preguntarle a la presidente qué le hizo cambiar de opinión, ya que la eliminación de los subsidios, por ahora en energía, gas y agua, no se limitará a los que viven en Puerto Madero, Barrio Parque o en los countries, sino que le pegará de lleno a la mayoría de la población. Inicialmente “vendieron” la eliminación de los subsidios diciendo que se los sacaban a los más ricos, pero enseguida surgió lo de la declaración jurada, con lo cual, se viene el tarifazo. Vamos a ver cómo “venden” el aumento del transporte cuando llegue el momento. Tal vez digan que no es justo que el que toma el colectivo en Barrio Parque esté subsidiado.

Pero volviendo al discurso de Cristina Fernández, lo que olvidó decir que es que en economía nada es gratis. Alguien está pagando los subsidios con impuestos, consumiendo stock de capital o el impuesto inflacionario. La medida anunciada por Cristina Fernández es lo que ella tantas veces dijo que se negaba a hacer y que finalmente tiene que hacer: el ajuste. ¿Qué significa ajustar la economía? Cambiar los precios relativos. Los precios que están artificialmente bajos se suben y los que están artificialmente altos suben menos. Generalmente estos ajustes se hacen para tratar de equilibrar las cuentas públicas, como fue el rodrigazo del 4 de junio de 1975. En ese momento Celestino Rodrigo devaluó el peso (subió el dólar) e incrementó las tarifas de los servicios públicos y combustibles, al tiempo que aumentaban menos los salarios. El resultado fue la primera huelga general que la CGT le hizo a un gobierno peronista.

En esta oportunidad empezaron con algunas tarifas de los servicios públicos mientras el mercado se encarga de devaluar el peso. Es decir, a diferencia del rodrigazo, y por más que Moreno le responda con un cañón a la ley de la oferta y la demanda, el mercado se está llevando las reservas del Central forzando una devaluación. Es solo cuestión de tiempo. Obsérvese que el dólar está barato para lo que es este modelo económico y las tarifas de los servicios públicos fueron “pisadas”, al igual que el dólar, como mecanismos antiinflacionarios. Nada tan diferente a lo que se hizo en infinidad de planes anteriores que terminaron mal.

¿Por qué decidieron ahora aplicar un tarifazo? Porque el gasto público en subsidios se les fue de las manos, con un proyectado para este año de $ 70.000 millones. Además, la energía artificialmente barata le está pegando en el saldo de balance comercial por el incremento de las importaciones de combustibles para sostener funcionando el sistema energético. Esto les achica aún más el saldo de balance comercial y les quita poder de fuego para financiar la constante fuga de capitales que tuvo el kirchnerismo desde el 2003.

Un párrafo para la encuesta en la cual a uno le preguntarán si quiere dejar de ser subsidiado. Pregunta: ¿cuáles son los parámetros que tomará el gobierno para decidir a quién subsidia y a quienes no? Si se van a guiar el nivel de ingreso y relacionarlo con la canasta básica total del INDEC que marca la línea de pobreza, hasta los linyeras van a quedar por encima de la línea de pobreza. De manera que el sistema será asimilable al que usa la AFIP para autorizar a una persona a comprar dólares: el sistema del dedómetro o parecemetrometo.

Tiene el gobierno en este momento, al menos, dos frentes complicados: a) el frente fiscal con necesidad de aplicar un tarifazo y b) el frente externo en que hay drenaje constante de reservas de las arcas del Central.

El frente fiscal ni por casualidad lo resuelven con el tarifazo en energía y agua. Y el frente externo, a pesar de las cebitas con que le tira Moreno al mercado creyendo que tiene un misil tierra-tierra, lejos está de ser dominado. Mirando el balance del Banco Central se observa que al 7 de noviembre seguían subiendo los redescuentos al Tesoro (emisión monetaria para financiar el gasto público), el rubro Otros Pasivos, que incluiría préstamos para disimular la pérdida de reservas, llegó a $ 21.728 millones. Al 31 de mayo pasado, antes que se acelerará la fuga de capitales, Otros Pasivos era de $ 4.917 millones, es decir, multiplicó por algo más de 4 este rubro. Si hoy fueran a una convertibilidad, el tipo de cambio de conversión sería de $6,62 por dólar al 7 de noviembre mostrando un claro deterioro respecto a las semanas anteriores. Aclaro, no digo que el dólar tiene que estar en $ 6,62, solo afirmo que si se quisiera ir a una convertibilidad esa sería la paridad que surge de los números del balance del BCRA. En enero del 2010, cuando Marcó del Pont se hizo cargo del Central, esa misma relación era de $ 4,30, así que la capacidad de demolición del patrimonio del Central ha sido proverbial. Finalmente, y esto es lo más preocupante, siguen aumentando los redescuentos a las entidades financieras. Estos redescuentos se otorgan cuando hay problemas para hacer frente a los pagos en ventanilla.

¿Cómo sigue la historia? Si aceptamos que la ciencia económica no es justamente el fuerte del kirchnerismo, todo parece indicar que el próximo paso consistiría en forzar una baja de la tasa de interés justo en el medio de una corrida cambiaria. ¿Para qué? Para que la economía no se les enfríe, porque si se les cae la actividad económica, la recaudación baja, aumenta el déficit fiscal y el tarifazo tendría que ser complementado con más medidas de restricción del gasto, la antítesis del modelo populista del gobierno.

El problema es que está científicamente comprobado que cuando hay presiones sobre el tipo de cambio, la tasa de interés tiende a subir. ¿Por qué? Porque la gente retira pesos de los bancos para comprar dólares. Al retirar plata de los bancos estos tratan de retener a sus depositantes ofreciéndoles más tasa de interés (salvando las diferencias, recordar el 2001). Si el gobierno fuerza una baja de las tasas de interés el retiro de depósitos se acelerará para comprar dólares. Sería como subirse al banquito, ponerse la cuerda en el cuello y saltar. Se estarían ahorcando solos.

En síntesis, el corralito a la compra de dólares fue presentado como un combate contra la evasión y el lavado de dinero, ahora el anuncio del tarifazo que está disfrazado de eliminación de los subsidios a los más ricos, es el primer paso hacia un cambio de precios relativos o, dicho en castellano básico: la fiesta se acaba. Con lo cual se confirma mi pronóstico de que o el gobierno ajustaba la economía o se encargaba el mercado de ajustar, y el mercado está forzando el ajuste con la corrida cambiaria. Por ahora, el mercado está empujando al gobierno, paso a paso, a hacer el ajuste. Si el gobierno se resiste a aceptar la realidad y sigue con el relato del modelo exitoso, o implementa mal el ajuste, las complicaciones serán mayores a las actuales. Digamos que la situación económica no está para que improvisados sigan con sus primitivas medidas. Aquí hace falta confianza y ciencia económica. El problema es quién se anima, entre los economistas serios, a sentarse en el sillón de ministro que es como una silla eléctrica por el populismo y la soberbia del kirchnerismo.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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07/11/2011

MAS ALLÁ DE WASHINGTON

Por Gabriela Pousa (*)

Muchas veces tuve en cuenta una frase de Oscar Wilde advirtiendo que debe tenerse “cuidado con lo que se desea porque uno puede llegar a conseguirlo”. No tengo duda que Cristina Fernández de Kirchner descuidó en algún instante de zozobra uno de sus deseos. O quizás buscó las consecuencias, a sabiendas que no hay oposición capaz de limitarla y mucho menos, sacar rédito político.

Posiblemente no esperaba tanta proximidad entre las elecciones y los cataclismos, pero tiene una ventaja sobre los episodios vividos por la ciudadanía en la última semana: maneja con habilidad indiscutida las herramientas populistas. Esa capacidad le otorga, en medio de una pasajera tempestad, la calma necesaria para reponerse del sacudón y centrar el eje de su “nueva gestión” con miras al 2012.

Porque, si bien se mira, los avatares que tienen al dólar como protagonista pueden ocupar portadas enteras de los medios y agitar la city porteña, pero no desvelan ni son de incumbencia para la gran mayoría de los argentinos que siguen practicando su deporte favorito: observarse el ombligo. 

Para un jubilado del montón -y es que a los jubilados tristemente se los sitúa en cúmulos de olvidados-, la persecución de la AFIP resulta un hecho ajeno, extraño. No saben con certeza qué vínculo los une a esta, pero están seguros que no irán por ellos si apenas pueden lavar sus penas. Tal vez los más agraciados compran, cada tanto, un billete verde porque el nieto toma la comunión, cumple años o se recibe a fin de año. Un modo de diferenciar con un papel que no es habitual en él, una fecha trascendente en su calendario.

Creer que el gobierno investiga a esa franja social sospechando que hay lavado de dinero en esos hechos aislados es subestimar en demasía a quienes se alzaron hace unas semanas con la mayoría del electorado. Por otra parte, también sabe el Ejecutivo que no es la clase media masificada la que comete las grandes trampas cuando de evasión se trata. Siempre habrá un moroso dando vueltas, pero de ahí a que se halle el jefe narco hay trechos abismales. La búsqueda será infructuosa y sólo servirá como distracción de asuntos más relevantes.

En rigor de verdad, puede aseverarse sin titubeos que es el mismísimo gobierno quien conoce a pie juntillas las cuevas, los huecos, el mercado negro, y posee nombre, apellido del evasor en serio. Los “peces gordos” como suele decirse, no andan haciendo filas en los bancos tratando de conseguir un puñado de “Washington´s”. Toda la parodia de la caza de brujas en las agencias de cambio, etc., apenas si alteraron el ritmo de algún turista que no se irá de estos pagos con un concepto grato de nuestro sistema y nuestro mercado.

Asimismo, la prohibición genera un apetito voraz y contagioso que se esparce sin que se sepa a conciencia cuándo y dónde ha de frenarse. Si alguien estaba dudando entre guardar unos pesos para disfrutar en la costa este verano o cambiarlos por dólares porque supone que Brasil será un destino más barato, tuvo respuesta oficial para saciar el interrogante, sin equivocarse. Si el gobierno salta de ese modo, irracional y furioso, es porque la demanda de la moneda foránea es masiva, o sea: está barata. Idiosincrasia inexpugnable del argentino: a comprar más allá de que después no nos sirva para nada…

Ahora bien, esta reacción del kirchnerismo frente al dólar debe contemplarse desde un ángulo mucho más peligroso y profundo. Amén de que trata de atacar las consecuencias sin atender las causas, y mantener un nivel relativamente propicio de reservas para que una devaluación no termine con las cacerolas blandiendo nuevamente en el balcón (recuérdese que en Argentina sólo se reacciona cuando es el bolsillo el que se toca), debe hacerse otra lectura de la conducta kirchnerista.

La persecución que recientemente se inició no es un mero atentado sobre el mercado monetario, es una amenaza a la libertad ciudadana. Se dirá que es una exageración plantear un “caso aislado” como punto de partida de un avance indiscriminado capaz de coartar lo esencial del ser humano. Pero hay jurisprudencia de sobra para saber que la Presidente rinde pleitesía al refrán según el cual, “el ojo del amo engorda al ganado”.

Está dispuesta a observar de cerca a la sociedad porque, para ella, es justamente una aglomeración de cerdos o chanchos que –más allá de si son o no afrodisíacos como sostuvo en su momento con la misma lógica y razón que se utiliza hoy para frenar al consumidor de moneda-, deben ser alimentados y controlados para servir a sus fines cuando el momento sea el adecuado. (A no extrañarse si alguno termina con una manzana entre sus labios, recostado sobre una bandeja, en la cena de fin de año)

No hay, en rigor de verdad, ninguna novedad en la metodología K. Si acaso se reducen subsidios aparentando ser una acción coherente para una economía más transparente, no es porque, repentinamente, se les encendió la luz de la razón o se abocaron a escuchar a quienes saben un poco más que ellos de administración.

La decisión responde más a resguardar la imagen de la próxima gestión, que tratará de despegarse de esta marcando enfáticamente el 10 de diciembre como fecha de transición. Ahí sí, Cristina – en algún sentido- cambiará, porque será cuando empiece a proclamar que el pasado debe quedar atrás. ¿Cómo se justifica sino?  

Recuérdese que la jefe de Estado no puede echar culpas a la herencia recibida, debe al menos limpiar el escenario para volver a protagonizar la función. Lo cierto es que el libreto y el guión siguen siendo exactos. Los únicos cambios que podrán verse son los movimientos de algunos actores de reparto, disfraces y máscaras claro. Es como cuando uno pinta su propia habitación. Puede que, a simple vista, quede mejor pero seguirá teniendo las dimensiones que tuvo originariamente. Los maquillajes son sólo eso: furtivos intentos por mostrar de manera diferente aquello que no se altera sustancialmente.

Si los ciudadanos siguen enfrascados en el dólar, y no se detienen a observar y reclamar algo más que la desregulación de un mercado, mañana no podrán quejarse cuando aquello que se coarte sea, por ejemplo, la posibilidad de opinar libremente o quizás peor.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

 

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