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16/08//2010

LE DICEN MATÓN DE CUARTA

(Se llama Moreno, como Mariano, pero este es Guillermo)

Por Malú Kikuchi (*)

            Le dicen matón, pendenciero, patotero, bravucón, fanfarrón y camorrero. Y de cuarta, porque la primera le queda grande. Dicen que estas definiciones describen al secretario de comercio interior de la nación, Guillermo Moreno. Obediente y leal soldado K.

            La historia viene de lejos y es larga. Sin embargo se la puede reducir: Kirchner está en guerra con Magnetto y en esta guerra, todo vale. Desde el frustrado ADN de los hijos Noble, hasta Papel Prensa.

A través de esta empresa, los K pretenden probar la connivencia de Clarín, y en menor medida de La Nación, con el Proceso Militar y los crímenes de lesa humanidad. ¿Cómo? Bastante simple.

            Hechos. En 1951 Perón expropió varios diarios, La Nueva Provincia,  La Prensa, La Vanguardia y otros. Distribuyó el papel, que se importaba, a su conveniencia. A veces La Nación salía con sólo dos hojas.

            Hechos. A partir del derrocamiento de Perón en 1955, se hizo evidente la necesidad de fabricar papel para diarios en el país. El 11/8/ 1969, por decreto ley nº 18.312, Onganía crea un “fondo de reserva para la producción de papel”, a través de un impuesto

Hechos. En 1971 se llama a concurso nacional e internacional para construir una planta pastera. No se concreta. En 1972, sin cumplir con las condiciones requeridas se le adjudica el 80% de las acciones al grupo Civita, Doretti, Rey y Editorial Abril y el 20%  queda para el gobierno.

Hechos. En 1973, gestionado por Gelbard, ministro de economía, se le vende a Eduardo Graiver la mayoría accionaria del grupo Civita. Graiver desaparece en un inexplicable accidente aéreo en México el 7/8/1976. Se lo acusaba de ser el banquero de los montoneros.

Hechos. El 2/11/1976, FAPEL (Clarín, La Nación y La Razón) compran las acciones de Graiver. El 19/5/1977 FAPEL con el 75% y el estado con el 25%, constituyen Papel Prensa.

Hechos. El proceso militar detiene a toda la familia Graiver, los padres, el hermano y la mujer, Lidia Papaleo. Hoy, Lidia Papaleo denuncia que fueron obligados a vender las acciones estando presos. De ser cierto constituiría un delito de lesa humanidad, imprescriptible según la actual ley argentina. Es lo que trata de probar el gobierno K.

Pregunta. ¿Se vendieron las acciones estando los Graiver encarcelados o en libertad? La verdad es esquiva.

Hechos. En plena democracia, en La Nación del 12/10/1989, aparece una solicitada firmada por Lidia Papaleo de Graiver, aclarando que tanto ella como su familia política, fueron detenidos en 1977, 6 meses después de ocurrida la venta a FAPEL.

Hechos, En el 2000, La Razón quiebra y le vende sus acciones a Clarín. Hoy, el estado nacional tiene el 28,8% de las acciones, el resto es de Clarín y en parte de La Nación. Papel Prensa, cuya planta está en San Pedro, tiene capacidad para producir 205.000 toneladas papel por año, produce 158.000 y le vende papel a casi todos los diarios del país.

Hechos. En febrero 2010, Guillermo Moreno solicita la intervención de Papel Prensa por detectar irregularidades en la “compra compulsiva de acciones” por parte de Clarín y La Nación. Tras la renuncia de Bianchi como interventor, en julio se la nombra a Beatriz Pagliaro, ex INDEC.

Hechos. Moreno presiona, agrede verbalmente y amenaza. El 14/7/10, Moreno ataca a sillazos al abogado Soaje Pinto, y Daniel Reposo (SIGEN), a las trompadas le parte el labio. Con el saldo de un dedo quebrado, se hace la denuncia penal ante el juzgado del Dr. Eduardo Malde.

Hechos.  El Juez Malde hace un llamado de atención a los ofensores y les recomienda “que actúen como gente civilizada”. En junio/10 se suspende la reunión de accionistas, y se pasa a un cuarto intermedio. No pudiendo por ley postergarla más, se reúnen el  12/8/10.

Hechos. En las oficinas de Papel Prensa, Mitre 739, 9hs, se sitúan, de un lado del ring, Guillermo Moreno, Daniel Reposo, Beatriz Pagliaro y su gente. En el otro rincón, Julio Saguier ex presidente de Papel Prensa, Martín Arecha, coadministrador judicial y los accionistas privados.

Hechos. Los privados intentaban modificar la cantidad de representantes del estado en la comisión fiscalizadora y reducirlo a uno. Tenían la cantidad de votos necesarios. Por precaución, la empresa mandó televisar la reunión y se invitó a los medios.

Hechos. Moreno al grito de “pasen, pasen” dejó pasar a los periodistas. Sabiendo que perdía la votación, mandó bajar las luces, envi ó a las mujeres al fondo de la sala, cerró la puerta impidiendo la salida y tapó la cámara, pero no pudo evitar la grabación de lo dicho.

Hechos. De una bolsa del Mundo del Juguete sacó cascos y guantes de box, aclarando que había que comportarse por orden del Juez Malde,  “civilizadamente”. Gritó, vociferó, gesticuló, caminó, insistió en que “acá no se vota”.  ¡Y viva la libertad!

Hechos. Dicen los accionistas privados que en el acta de 1972 hay una cláusula que establece que el estado se retira de la empresa pasados los primeros 15 años, fecha que caducó hace 23 años. Sorpresivamente, apareció un anexo, desconocido por todos, encontrado “casualmente” 48 horas antes de la reunión, que sostiene que la participación del gobierno en Papel Prensa es de 99 años.

En Argentina todo es posible, pero ¡cuanta casualidad y cuan oportuno fue el hallazgo! Evidentemente, los milagros K, existen.

Hechos. Finalmente, después de 7 interminables horas, se ordenó “levantar por desorden la reunión”. Y no se votó. Y Moreno, una vez más, ganó. La Nación ha hecho las denuncias pertinentes y el caso está en el juzgado del juez Ercolini.

Pregunta. Todo este circo que ni siquiera es gracioso, es triste y lamentable, bajo la obediencia debida al matrimonio K, ¿sería posible si los ciudadanos no lo permitieran? NO y NO y NO.

La respuesta es NO. Porque todo lo anterior no es una crónica de hechos para comentar, es grave, es una afrenta a las instituciones, a la justicia, a la propiedad privada, a las garantías constitucionales. Los ciudadanos lo permiten, se resignan, se ríen desganadamente, lo admiten. La ciudadanía es responsable de lo que mansamente acepta.

“Que ser valiente no salga tan caro, Que ser cobarde no valga la pena”. (Joaquín Sabina, “Noche de bodas” 1999).

En agosto 2011 se votan primarias y en octubre presidenciales. De los ciudadanos depende que la cobardía no valga la pena aunque la valentía salga cara. Hay que cambiar la historia, se puede.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Malu Kikuchi, por gentileza de su autora.

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15/08//2010

LA CAUSA DE LA DUDA EXISTENCIAL:  ¿PUEDE KIRCHNER GANAR?

Por Gabriela Pousa (*)

A ver si nos entendemos. No están Winston Churchill, ni Charles De Gaulle, ni Vaclav Havel esperando ser votados el año que viene. Parte de la sociedad argentina se pregunta por qué, la orfandad en materia política se esparce día tras día. La respuesta es simple: no somos ingleses honrando su monarquía, ni franceses involucrados, ni checos dispuestos a conseguir la libertad sin claudicar. Y a esta altura de las circunstancias sostener que la dirigencia es un espejo del pueblo resulta una obviedad. 

De ese modo, lo que vemos en la góndola pre-electoral no difiere en demasía de aquello que somos en general. Las generalizaciones son siempre injustas, pero la realidad nos enfrenta a una idiosincrasia muy peculiar donde la razón se ausenta, las pasiones se acrecientan y los fanatismos ciegan. 

No logramos ver matices: todo o nada; en ese contexto las diferencias se apagan. A un año de las elecciones internas abiertas y obligatorias, no llega a un 50% el porcentaje de argentinos concientes de ello. Nos movemos en microclimas creyendo que las baldosas que pisamos son las que el resto también pisa. Pero de los asfaltos de ciertos barrios, a los lodazales de otros tantos, las distancias son infranqueables e impiden que sepamos qué piensan y sienten del otro lado. Tampoco nos interesa demasiado. 

En ese trance surge la preocupación: ¿Puede Kirchner ganar la próxima elección? Hay cierta noción de quiénes no van a votarlo, pero intriga que harán aquellos que caminan por el barro.  El temor a la continuidad crece al advertir como aumentan los bolsones de pobreza que requieren del clientelismo para la subsistencia. Pero es injusto negarle dignidad a los que viven esa realidad. 

Recordemos lo sucedido en Misiones cuando Carlos Rovira, y todo el elenco del gobierno nacional, repartieron desde electrodomésticos hasta créditos con total impunidad. La gente los recibió porque la carencia tiene razones que la satisfacción desconoce. Luego la taba se dio vuelta. ¿Espontáneo "darse cuenta"? No. Hubo quienes hicieron trabajo de hormiga, explicando por qué las dádivas son justamente las que los condenan a la pobreza perpetua. En definitiva, aplicaron la antigua fórmula "educar al soberano", ¿o no es acaso esa la tarea básica de un proselitismo de veras? 

Ahora bien, ¿están los actuales aspirantes al Sillón de Rivadavia haciendo ese trabajo o están peleándose por el cargo? La percepción de que esto último sucede, acarrea la duda de la permanencia de los Kirchner en la Presidencia. "¿Si los demás no ofrecen respuestas, no es mejor quedarse con lo que hay?". Léase "más vale malo conocido que bueno por conocer", refrán popular que corre riesgo de prosperar. La duda se instala y es malsana. 

Por otra parte, hay también quienes prefieren desentenderse del tema, y seguir cobijados bajo un Estado benefactor que en realidad los va asfixiando. ¿Cuántas veces se escucha decir: "son todos iguales"? Esa premisa es funcional a los Kirchner que aprovechan la apatía, el descrédito y el  conformismo para ganar la calle. No requieren propuestas siquiera porque tampoco hay con quién confrontarlas en la otra vereda. 

¿Cuál es el proyecto de país de Ricardo Alfonsín? ¿Cuál el de Julio Cobos? ¿Y el de Reutemann? No tenemos ni idea. La elección, en consecuencia, se torna un acto casi reflejo que lleva a ensobrar la boleta del que parezca menos malo. Claro que la opción de salir de lo perverso y abyecto es siempre un estímulo, y en él radica la esperanza de la renovación en algún sentido. Es triste reconocer que ya sabemos como vivir con una administración inepta, pero no logramos adaptarnos a la maledicencia y la amenaza perpetua. 

Siempre sostuve que es muy fácil hacer evaluaciones políticas desde un escritorio, a metros de una heladera llena o como suele suceder la mayoría de las veces, en comidas donde el cubierto cuesta igual o más que lo que reciben algunos compatriotas en carácter de la mentada "asignación universal por hijo"... 

En esos hábitat se riega con buen tinto el desánimo que produce no sentirse identificado con ninguno de los actores políticos. Sin embargo, es también allí donde es factible hallar más semejanzas que diferencias con los candidatos que se barajan como si una elección fuese un mero juego de cartas. 

Los sectores humildes están preocupados por asuntos más terrenales: ¿qué comen los chicos esta noche?¿Y mañana? El mañana ya ni cuenta. Encima, los acontecimientos se suceden con un ritmo tan vertiginoso que el hastío termina ganando. Si en 24 ó 48 horas aquellos que eran aliados aparecen como adversarios, si quienes se unieron prometiendo consensos, no son capaces de aportar una idea para frenar alguno de los problemas que acechan, es lógico que la decepción conduzca únicamente a la queja de sobremesa o a la más eximia apatía. 

En este contexto, es dable admitir que el kirchnerismo ha demostrado más coherencia que el resto. Este fue, desde el vamos, verticalista, improvisado, dependiente del ánimo con que amanece el jefe, de los arreglos o desarreglos de alcoba y del cumplimiento de órdenes de sus soldados. 

Asombrarse del patoterismo del Secretario de Comercio, Guillermo Moreno calzándose los guantes de boxeo, en una puesta en escena circense es ingenuo. Viene sucediendo desde que se instalaron los Kirchner en el gobierno. Corrobórelo leyendo la nota escrita tiempo atrás al respecto. (APOLOGIA DE GUILLERMO MORENO) . Nada ha variado. 

Detenerse en este último suceso es seguirle el juego, porque terminamos distrayéndonos con un peón que no hizo más que obedecer al patrón. Centremos el foco del problema en la raíz para que no se expanda, porque nada se gana podando solamente una rama. 

La angustia que provocan los desentendimientos de la "oposición" es comprensible frente a la necesidad de cambiar aspectos macabros de la cotidianeidad: la prepotencia, la inseguridad, la suba de precios... Si a todo ello no le pone fin el gobierno, es menester hallar quién pueda hacerlo. El silencio y las peleas internas no cooperan a la respuesta. 

Hablan, por ejemplo, de instalar cámaras que filmen las entradas de los bancos, y ya hay un sinfín de edificios y entidades con esos dispositivos funcionando. ¿Desalentaron la deliencuencia? A juzgar por lo que se vive a diario, no ofrecen grandes resultados. Sólo parecen servir como "souvenir" para que los familiares conserven la imagen de los últimos instantes de vida del pariente que perdieron. Parece humor negro más que solución al tema. 

¿De qué sirve que se identifique luego al asesino? Lo importante es impedir que el crimen se realice en lugar de convertirlo después en un "reality show" mostrándolo por televisión, y ofreciendo recompensas para hallar a los prófugos que, paradójicamente o no, siempre son reincidentes. 

Pero en ese aspecto el freno lo pone aquello definido como "políticamente correcto", y no lo es, al parecer, pedir documento o antecedentes de alguien que ha hecho del merodeo su "profesión", por ejemplo. Hay que respetarle los derechos... 

En definitiva, los argentinos estamos expuestos, sin anestesia, a vernos como somos en quienes se supone nos representan o pretenden hacerlo en corto tiempo: individualistas, egocéntricos, narcisistas, con un exceso de relativismo ético, y dispuestos a ocuparnos como si fuéramos dioses de aquello para lo que no estamos capacitados o directamente desconocemos. 

¿Cuánto falta para que la "justicia por mano propia" se instale como "solución" a la violencia?  La paciencia ciudadana es inmensa pero tiene techo. Si logramos admitir esto, sería más sencillo darnos cuenta y entender por qué, en la obra que se representa en el escenario político, más que como espectadores estamos como huérfanos. 

Si todos quieren ser primera figura y no hay quién acepte ser elenco, el aplauso no premia ni manifiesta mayor o menor predilección. En esa uniformidad pierde sentido hasta plantear una elección. Podemos decir que se trata de ir en busca de algo menos peor. O todo da lo mismo, incluso estar muertos o estar vivos...

APOLOGIA DE GUILLERMO MORENO

Por Gabriela Pousa

Triste. Triste y lamentable. De pronto, como si no hubiéramos vivido seis años en la más completa desidia política esgrimiendo críticas y quejas, que si bien fueron en aumento, no llegaban a justificarnos como pueblo, encontramos el ‘chivo expiatorio’ perfecto: Guillermo Moreno.

Y henos aquí, erigiéndolo cuasi ‘prócer’ de este país, subiéndolo al pedestal de los mitos como si el Secretario de Comercio hubiera podido hacer lo que hizo -o sigue haciendo- si no fuera por expresa orden de sus superiores. Es decir, del matrimonio Kirchner. Ni más ni menos.

Si la renuncia de este funcionario es la respuesta que esperamos como “salvación” o garantía de un no-creible llamado al “diálogo”, los que no entendimos nada somos nosotros, aunque hayamos votado como si fuésemos conscientes del daño que se ha hecho a la Argentina en estos últimos años.

Guillermo Moreno se puede ir mañana de su despacho y desaparecer de Olivos, de Balcarce 50 y de dónde sea que se encuentre hoy en día, que tampoco nada cambiará en el Gobierno.

Creer que comiéndose un peón o un alfil se jaquea al rey o a la reina es ingenuo aunque la jugada acelere el final del juego. Pregunto: ¿Sería acaso visto como un “gesto”?

No. Ni siquiera sería un genuino gesto: en el peor de los casos significaría un “triunfo” para quienes son los verdaderos responsables de la política de precios o del freno de negociaciones para resolver conflictos. Implicaría para la Presidente y su marido un excelente argumento. Ellos son los artífices de la errática economía que tenemos.

Néstor Kirchner le podría decir a Cristina: -“dales el gusto para que no sigan despotricando”. Y mientras tanto, el rumbo seguiría marcado por la misma brújula que ha tenido desde el vamos.

El controvertido Secretario de Comercio continuará luego con su vida de perfil bajo y silencio de radio, y en poco tiempo, su nombre caería en el olvido adónde se han predestinado tantos otros que ya no es factible siquiera hacer la nómina completa. ¡Cómo sacar la cuenta!

¿Y acaso cuándo se fue algún ministro de esos que se adjetivan “claves” pasó algo distinto? En su momento la retirada de Alberto Fernández, sin ir más lejos, generó suspicacias de todo tipo, y sin embargo todo siguió su cauce. 

Henos aquí y ahora esperando que Señor y Señora debatan en El Calafate con qué nuevo artilugio se nos distrae. 

Desde ya que hacer renunciar al ’patotero’ cubriría las portadas de todos los medios y hasta generaría algunos cuantos festejos, pero después… Después el mismo verso, y la Argentina varada en idéntica encrucijada. Si la cabeza sigue siendo Néstor Kirchner, no cambia nada.  

Si el problema de un país pasa por un funcionario de segundo orden, ese país está acabado.

Si la sociedad -y más aún aquellos que fueron votados recientemente para que se hagan cargo y nos representen-, se quedan en el pedido cómodo y seudo irracional que implora desplazar a un hombre que no ha hecho más que cumplir órdenes, la alternativa política sigue siendo utopía, y la madurez cívica otro sofisma.

Amén de ello, no estaríamos sino copiando con meridiana exactitud la conducta de quién se supone, es el receptor de las quejas que emanamos.

Es decir, pidiendo la renuncia -aunque sea justa-de un Secretario de Estado en una actitud mancomunada, como si eso salvara al país de la incertudimbre en la que se halla, somos funcionales al oficialismo, le servimos…

Dejamos en bandeja la solución para que ellos, aunque les caiga como patada al hígado, entreguen la cabeza del polémico funcionario y al tiempo, cuando el sucesor suavice los métodos, nos digan que el fracaso y la crisis es por haber desdeñado a quién, heróicamente, “defendía” la mesa de la familia argentina.

La inflación es un hecho, y tras los comicios se está acentuándo con severa agudeza , y seguirá en ese ritmo.

Sin Moreno, los Kirchner la tendrán más simple. Dirán que el pueblo les pidió cambiar el hombre y las mañas, y que justamente ellos lo mantenían en ese cargo en pro de defendernos.

En ese juego macabro, los empresarios volverán a ocupar el lugar de los ‘malos’, porque además si estos resultaron extorsionados, en lugar de callar y pactar, deberían haberse unido en una denuncia conjunta que pusiera fin al maltrato y al apriete hasta que la Justicia escuchara la contundencia de las voces repetidas incesantemente.

Pero no ha sido de ese modo. Si Guillermo Moreno apretó es porque hubo quienes se dejaron apretar. Duro pero real. 

Sectores productivos de la Argentina se sumieron en un silencio cómplice. No hay extorsión posible si del otro lado no hay extorsionado callando.

En verdad, si del otro lado no hay prebendas o negociados que ocultar, ¿cuál era o es el freno que impide denunciar a viva voz la violencia que imparte, no un funcionario solamente que responde a la autoridad, sino el gobierno que como tal le imparte las órdenes y lo manda a ejecutar?

¿De qué le sirve a la ciudadanía los rumores y las anécdotas de un servil que atiende o atendía, con un revólver sobre el escritorio, y hace o hacía gestos procaces cuando visitaba directorios para imponer un control de precios y asirse de las planillas de costos?

Lo que deberían demostrar los Kirchner es que, a pesar de Moreno, están dispuestos a asegurarnos a los argentinos la gobernabilidad que jaquean ellos mismos.

Acá si hay golpe cívico, no nos engañemos ni pongamos eufemismos, será ni más ni menos que un auto-golpe infringido por una pareja que en sociedad política, no sabe ya cómo seguir adelante sin la caja abultada como para continuar compando voluntades y acallando voces con dádivas y subsidios.

No hay sector social ni político que pretenda sacar al kirchnerismo del poder antes de cumplido el mandato de 8 años (porque recordemos que además fueron reelectos por el pueblo aunque ahora la taba haya girado)

Si es dable admitir que hay en la gente, deseos de terminar de una buena vez con la mentira institucionalizada, el manoseo, el maltrato y la manipulación de datos que no sólo alteraron mercados, sino que llegaron a un punto tal que llenaron cementerios con absoluta impunidad.

Admitirlo es ‘políticamente incorrecto’ pero es lo que se escucha en un sinfín de mesas de café, de pasillos de supermercados, de filas en bancos o en un taxi donde el conductor hace catarsis.

Siete de cada diez argentinos votaron días atrás sintiendo ese deseo. Nada tiene que ver eso con el ‘golpismo’ ni con las conspiraciones, aunque seguramente se nos dirá que una retirada del matrimonio presidencial a destiempo, emana de ello.

Las pobres ‘víctimas’ se irán antes de terminar o incluso cumpliendo el mandato como ‘incomprendidos’… De suceder de ese modo, nadie pagaría los costos de tanto atropello. 

No. No es una premonición ni tengo datos fácticos para basar el análisis que estoy haciendo. No hay pruebas palpables de que lo expuesto sea cierto. Pero lo puede corroborar el lector haciendo una simple instrospección. Mirándose hacia adentro. 

Nada tiene que ver Guillermo Moreno en todo ésto.

Si se va o se queda es tan anecdótico como cuando se fue cualquier otro funcionario del gobierno. ¿O acaso seis ministros de Economía que han pasado garantizaron algún cambio?

No nos engañemos…

Pretender forzarles el brazo a los Kirchner solicitándoles, casi como un rezo, la huida del Secretario de Comercio es no entender que el problema no es un “soldado de Cristina y Néstor” -como llamó a los funcionarios el recientemente asumido Ministro de Seguridad, Julio Alak- sino que el eje del conflicto son los Kirchner mismos. Su estilo, su afán de poder, su creación del Estado como sinónimo de “yo” y así apropiarse de derechos ajenos.

Un verdadero cambio sería que el Gobierno, más allá de Moreno -que no es más que la excusa de momento-, diera un volantazo cierto de 180 grados y comenzara de una buena vez a hacer lo que no ha hecho hasta el momento: encarar  la administración del país con el sólo fin de promover el bienestar general, reducir la miseria, distribuir la riqueza con equidad, respetar la institucionalidad, la división de poderes, y poner fin a seis años de discurso cuyo contenido se fugó como Ibrahim Al Ibrahim en su momento.

Nada de eso se ha hecho. Y mucho de ello se ha deshecho.

No hace tanto tiempo, un amigo me dijo: “Alguna vez, los argentinos vamos a tener que darle las gracias a Guillermo Moreno por poner de manifiesto la clase de dirigencia empresaria que tenemos”.

Ojalá no sea así, ojalá su comentario no sea cierto… y entendamos que un eslabón de la cadena no es el engranaje que la cierra, ni la cruz que cuelga de ella.

‘Quién puede entender, que entienda…’

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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11/08//2010

ALGUNAS DE LAS CAUSAS DE LA INSEGURIDAD

por Juan de Dios González (*)

El sorprendente crecimiento de los índices delictivos, la ferocidad y la impunidad con que se mueven los delincuentes en nuestro país, en especial en la provincia de Buenos Aires, tiene una razón de ser. Anteriormente, la delincuencia, si bien era de alta peligrosidad, reconocía códigos de conducta que respetaban y hacían respetar. La edad promedio de los delincuentes superaba holgadamente los 25 años. Con la aparición en la década del 70 de las bandas organizadas de tinte ideológico y con características terroristas, hizo que ingresaran en las cárceles muchos de sus integrantes. Estos, comenzaron a tener contacto con los delincuentes comunes a quienes transfirieron todos sus conocimientos en materia de organización, adiestramiento militar, estrategia en la lucha armada (de allí la cantidad cada vez mayor de Policías asesinados) y fundamentalmente en lo que respecta a la sustentación económica de las organizaciones a través del dinero obtenido de los secuestros, robos a bancos, asaltos a camiones blindados, salideras bancarias, etc.. Así nacieron las que posteriormente se denominaron “superbandas”, las cuales operan organizadamente, utilizando estrategias, apoyos logísticos, técnicos y legales; es decir, poseen elementos de comunicación de última tecnología, armas de nueva generación y de grueso calibre, explosivos, vehículos del tipo y característica que precisan para cada ocasión, chalecos antibalas de mayor comodidad y efectividad que los utilizados por las policías y; además, estudios jurídicos dispuestos a darles antes, durante y después de los hechos que comenten, toda la cobertura legal, llegando inclusive a administrarles el dinero y bienes productos de sus actos ilícitos. El advenimiento de la democracia encontró a una policía distanciada de la población a causa de rencores producto del papel que le cupo durante el proceso militar, no obstante lo cual, el poder político de turno, lejos de propiciar una fuerza altamente profesional y efectiva en el cumplimiento de su misión y dentro del estado de derecho imperante desde 1983, la utilizó de manera similar o aún más vil para proteger sus intereses políticos y fraudulentos. Réditos estos, también acaparados por la delincuencia, a la que resulta muy común verla en el papel de víctimas y a veces protegida, consciente o inconscientemente por organizaciones sociales y por algunos medios de comunicación interesados en el raiting, mientras la sociedad resulta permanentemente defraudada. Se iniciaron programas, costumbres y normas ultragarantistas, por no decir directamente abolicionistas, que llegaron al seno mismo de la Justicia. La falta de valores y buenos ejemplos en quienes verse reflejados, la introducción de la droga en todos los niveles sociales, la falta de una buena formación y educación, la escasez de trabajo, la creciente indigencia y la pérdida de expectativas y perspectivas en el futuro, provocaron no sólo un crecimiento de la delincuencia sino una disminución en la edad de los que delinquen; siendo hoy -hasta natural y común- ver cometer delitos de distinto índole y gravedad a adolescentes y niños. En el año 1997, al no tener la capacidad para afrontar el problema, en gran parte por él generado, el entonces gobernador Eduardo Duhalde, propicia el mayor golpe a la paz y la seguridad de los bonaerenses; destruye la Policía de la Provincia de Buenos Aires y luego le cede paso al abogado León Arslanian quien además de desorganizar totalmente la institución promueve la reforma del Código de Procedimiento Penal, muy interesante en el papel y a los ojos de los neófitos, pero totalmente inaplicable en la realidad. Además, como si ello fuera poco, posteriormente nombró como subsecretario de seguridad a un abogado defensor de integrantes de superbandas (Dr. Héctor Lufrano). Estos y otros yerros de quienes le sucedieran al frente del Ejecutivo y del Ministerio de Seguridad provocaron la gran estampida delictual que hoy tiene aterrada a toda la sociedad. A medida que pasan los días la inseguridad es cada vez más atroz, inhumana e imposible de contrarrestar. Es tan grave el problema que hasta los candidatos a puestos políticos basan sus campañas prometiendo la solución, cuando en realidad, en la mayoría ellos, aún subyacen viejos rencores o propician soluciones mágicas, propias de culturas primitivas y también están los que propician foros donde los entendidos en el tema no tienen aforo y opinan solamente aquellos que desconocen la trama y el contexto del problema; es como, por ejemplo, si se creara un foro de medicina integrado por abogados, comerciantes, policías, industriales e intentaran enseñarle al profesional galeno como utilizar su bisturí en una riesgosa operación. Hoy, asombrosamente, “vigilantes sin chapa” que tocan de oído, son quienes manejan la seguridad y pretenden solucionar un problema en el que ellos mismos nos enclavaron.

(*) El periodista Juan de Dios González es el Director de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario Inspector (R.A.).

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10/08//2010

NATURALIDADES

Cuando lo anómalo se vuelve cotidiano, se anula nuestra capacidad de pensarlo como extraño y excepcional: así sucede con la corrupción, las prebendas, la ineficiencia y tantos otros males de la política argentina.

Por Carlos Mira (*)

Las expresiones espontáneas que suceden en medio de explosiones de ira son extraordinarias. Se trata de un blanqueo del espíritu que no mide nada y fluye a borbotones de hipersinceridad. Esas apariciones suelen acompañarse con el tono de la naturalidad, con aquel que usan los que comentan situaciones que consideran completamente normales y que no alcanzan a entender cómo es posible que los demás no lo entiendan.

Fue lo que aconteció la semana pasada con la rutilante aparición en los medios de la senadora por Santiago del Estero Rosa Iturrez de Capellini.

La legisladora es la esposa del intendente de la localidad santiagueña de Ojo de Agua, quien fuera acusado por el diputado de la misma provincia, José Zavalía, de recibir entre 5 y 8 millones de pesos en ATNs para la municipalidad que preside como contraprestación por la aceptación, por parte de su esposa, de la “invitación” presidencial para viajar a China en la comitiva que acompaño a CFK.

Más allá de las cuestiones que deban investigarse respecto de la comisión de algún delito de los denunciados por Zavalía, lo que resulta sorprendente es la naturalidad (si bien usando un tono de ofuscación) con la que la senadora uso sus argumentos de defensa.

En un programa radial de la mañana, Capellini ensayó como toda explicación a su viaje la siguiente argumentación: “La señora presidenta tuvo la deferencia de invitarme al viaje como un reconocimiento a mi militancia peronista de toda la vida. Yo recibí mi primera muñeca de las manos de Eva Perón y siempre fui peronista. ¿Usted sabe lo que significa que la presidenta de todos los argentinos la invite a una a subirse a su avión…? ¡Cómo voy a despreciarlo!”.

La frase podría subirse al podio de aquellas que, con pocas palabras, explican el deterioro argentino; las que dan un ejemplo palmario de cómo se ha subvertido el orden republicano y con la naturalidad con la que se confunde el orden público con el privado y el uso de los fondos de todos como si fueran propios.

La Sra Capellini entiende como perfectamente normal que la presidente –como ella misma dice- de “todos los argentinos”, utilice dineros fondeados por todos los argentinos, peronistas y no peronistas, para hacerle un “regalito” en reconocimiento a su “militancia peronista”. Y lo dice así, muy suelta de cuerpo, como si fuera lo más normal del mundo y sin entender como los demás no alcanzan a comprender algo tan simple y natural. Es más, la senadora estaba indignada por el hecho de no poder creer cómo alguien podía considerar como irregular algo de lo que había hecho.

Ni siquiera es este el lugar para detenerse a analizar la ventaja política adicional de haber separado a la senadora de una votación clave en el Senado en donde la opinión conocida de Capellini no coincidía con las necesidades del gobierno. Con ser grave este proceder, su gravedad, en términos de ser medida de nuestra decadencia, ni se le acerca al perfil de país que deja entrever la pasmosa naturalidad con la que la senadora considera que la presidenta puede disponer de los fondos públicos para hacer regalos partidarios.

Está claro que este dibujo social es el que Capellini mamó desde su infancia: los dineros que Eva Perón uso para “regalarle” su primera muñeca también eran aportados por esforzados contribuyentes que no necesariamente debían compartir los ideales de la Sra de Perón. La senadora aprendió desde la infancia que los patrones temporales del Estado pueden hacer uso de los fondos aportados por todos los argentinos como si fueran propios. Esa fue su “naturalidad”.

Es la misma naturalidad con la que la senadora se refirió al Tango 01 como “su” avión (el de la presidente) porque seguramente ella esta inconscientemente convencida de que efectivamente esa máquina le pertenece a Cristina Fernández.

El tono de asombro con que Capellini se dirigía a su interlocutor, como no pudiendo creer que se la acusara de lo que se la estaba acusando, cuando, en “su” mundo, lo que había hecho era perfectamente normal, es una de las mayores pautas de la confusión en la que ha caído la Argentina: no era un cualquiera el que manifestaba su extrañeza, era una senadora de la Nación.

Y repetimos una vez más: no nos referimos aquí a la millonada por la cual Zavalía acusa a los Capellini. Solo hacemos referencia a la normalidad con la que la senadora cree que la presidente puede disponer de los erarios públicos para regalarle un viaje por ser peronista de toda la vida. Ni siquiera considero la grosera incongruencia a la que la había sometido minutos antes su propio jefe de bloque, el senador Pichetto, cuando reconoció (aun sin considerarlo algo espurio) que las dos senadoras que viajaron lo habían hecho para poder ausentarse de una votación en la que sus convicciones y su pertenencia política no coincidían.

La confusión de los patrimonios públicos y privados es una señal muy profunda de subdesarrollo. Se trata de la marca en el orillo de regímenes de sojuzgamiento que usan al pueblo esclavo para que produzca recursos que ellos usan como si les pertenecieran personalmente.

Ahora, que haya trasnochados que, sentados en las poltronas del poder, quieran disponer sin control alguno de las riquezas que producimos todos, no quiere decir que la sociedad, y menos aun sus representantes, deban convalidar estas situaciones como “normales” y referirse a ellas con la naturalidad que utilizaría cualquiera para explicar que el Sol sale por el Este cada mañana. El mantenimiento de esa “normalidad” será la medida de cuánto durará nuestra decadencia.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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09/08//2010

PROBLEMAS DE AGENDA

Los temas que se debaten continúan siendo impuestos por la dirigencia política de acuerdo a estrategias puramente electorales y oportunistas: las verdaderas preocupaciones de la gente sólo son tenidas en cuenta como parte de la coyuntura, nunca con una visión de largo plazo.

Por Gabriela Pousa (*)

Para la concepción política argentina en general, y en particular para el kirchnerismo, los hechos a destacar dentro de un análisis político se centran en el Congreso Nacional, y un tema harto repetido: la compraventa de voluntades ya sea mediante el vil metal o el apriete extorsivo. Ahora bien, en el 2010 asombrarse frente a la ignominia que genera este tipo de soborno es una hipocresía.

Muchos pueden ser los males atribuíbles a los Kirchner. De hecho la perversidad con la cual tejen y destejen estrategias para salir airosos de situaciones maniqueas y hasta grotezcas es posible que sea inédita y ello justifique, a su vez, la devoción repentina que provoca una figura esencialmente desconocida en la faz política como la de Ricardo Alfonsín. Obsérvese que no se destacan sus planes o proyectos para administrar un país como la Argentina sino apenas su bonomía y don de gente para el trato con el resto de la dirigencia.

A esta altura, las aspiraciones de la ciudadanía puede que estén justificadas pero son nimias. Todavía se sigue escuchando la patética resignación del “roban pero hacen”, y lo que no parece sorprender en demasía: cierta esperanza depositada en quien precisamente fue el artífice de hallarnos hoy bajo el yugo kirchnerista.

En no pocos ambientes -donde aún la política es tema y no sólo queja-, se manifiesta la convicción de que Eduardo Duhalde es quien puede hacerle frente al matrimonio presidencial, quizás porque sus modos y maneras no difieren en lo esencial pero sí se alejan en lo palpable, quizás gracias a las sutilezas del maquillaje. Mas nadie sabe tampoco con certeza si el llamado “piloto de tormenta” está jugando al estratega o se ha de postular en verdad. Todo son puntadas con hilo…

Desde luego que la sociedad no es ajena a este proceso de decadencia donde la calidad de vida se mide en las cuotas que ofrecen algunos comercios para adquirir electrodomésticos, o en la posibilidad de llegar al verano y escaparse a la costa diez o quince días. Hay un relativismo que asusta, y una memoria porosa en exceso que tamiza los hechos con una velocidad inaudita.

¿Cuánto tiempo se recordará la conducta de Roxana Latorre en el Senado Nacional? ¿Quiénes fueron acaso aquellos que vejaron la mentada ley de flexibilización laboral? ¿Quiénes fue aquel enigmático Juan Abraham Kenan, más conocido como el dipu-trucho que permitió dar quorum para tratar el marco regulatorio de la privatización del gas? ¿Y qué pasó con otros cinco que en esa misma sesión huyeron del recinto? Los ejemplos son tan innumerables como los olvidos que se han hecho de ellos.

Es pasado: pasado que no parece juzgarse en ningún tribunal, ni es demandado por pueblo, Patria o Estado. Más de uno puede volver a ser candidato sin que nadie se horrorice demasiado. Se oirá decir que frente a lo que hay actualmente, aquello era la panacea universal. Y en esa liviandad de la sentencia muere el progreso humano que implica superarse y aspirar a más.

Ahora, seguir enumerando los temas que impone la dirigencia por apremio del tiempo electoral, por codicia y estrategia más que por demanda social; exponer las contradicciones de muchos miembros de la UIA que tantas veces aplaudieron las diatribas oficialistas, o dilucidar si la comida organizada por el CEO de Clarín fue una batalla ganada de la cual Néstor Kirchner también sacará ventaja, puede que sea aquello que debe abarcar un análisis de coyuntura, pero seguramente no aporta un ápice a lo esencial que debe restaurarse en la sociedad si hay intención, al menos, de salir algun día de este atolladero.

Porque Isidro ya no está y nadie garantiza ni hace nada para que mañana no haya otro Isidro más. Si la vida no vale nada, qué sentido tiene debatir la encuesta que le da 10 puntos más ó 10 puntos menos a un político con más aspiraciones a representar a Narciso que a gestionar?

El debate encima se acalla frente a lo “políticamente correcto”: los “derechos humanos” adaptados al oportunismo de un gobierno que se valió de ellos para sumar adeptos y construir poder. Aquello que surgió como manipulación para un fin ‘superior’, frente a un magro 22% de votos que ponian en duda la legitimidad, adoptó en los últimos 7 años la magnitud de un gigante a quién nadie se atrave a cuestionar. Es así como la delincuencia no tiene ni tendrá final.

El “garantismo” malentendido prioriza los derechos del criminal mientras cierto tipo de abogado busca la tajada que puede sacar. En consecuencia, durante la discusión bizantina sobre los orígenes de marginalidad, los culpables de la misma y la atrocidad que es vivir en una celda del servicio penitenciario nacional, sin que nadie declare la atrocidad que es ‘no vivir’ en una tumba del cementerio local, se pierde no sólo el tiempo sino más vidas cuyos derechos no cuentan porque no se corresponden ya con un voto más.

Analizar un titular que polemiza sobre la “política de seguridad” del gobernador bonaerense es una afrenta a la racionalidad porque dicha política directamente no está. En este trance de eufemismos y confusión acerca de aquello que debe ser prioridad en la agenda política de toda la dirigencia sin excepcionalidad, la seguridad y la inflación no aparecen.

Y la mayor gravedad radica en que del ninguneo se ha pasado ya a la negación del problema: garantía intrínseca de marchar hacia un grado de conflictividad del que no se vuelve sin secuelas.

Lo cierto es que mientras el matrimonio discute si él o ella serán la “continuidad”, Julio Cobos define qué hacer con el rol al que accedió por voluntad popular, Carlos Reuteman se broncea en el caribe, Mauricio Macri escucha las estrategias de marketing que le dan, Ricardo Alfonsin analiza las conveniencias de asemejarse o no al papá, Felipe Solá trata de despegarse del tiempo en que fuera felpudo de los K, y Daniel Scioli pregona que está “trabajando con optimismo y lealtad”, los argentinos viven o mueren en otra realidad

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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09/08//2010

LA ISLA DE LA FANTASÍA: EL ÉXITO DEL PLAN UTOPÍA GRACIAS AL SISTEMA VERSO

Cómo los controles de precios y ganancias conducen a menos inversión, más desocupación y mayor pobreza.

Por Roberto Cachanosky (*)

La Isla de la Fantasía fue una serie de televisión, pero parece ser que gracias a los satélites se ha descubierto que realmente existe y que hasta ahora había pasado desapercibida. En realidad, la historia cuenta que se la conocía de antes, cuando tenía prosperidad y luego desapareció del mapa gracias al populismo desenfrenado. Según algunos historiadores, antes tenía otro nombre, pero unos años atrás una Sociedad Anónima logró quedarse a cargo con la administración de la isla y decidió cambiarle el nombre por el de la Isla de la Fantasía. Para eso creó CAMELO (Comisión Académica de Monitoreo Estadístico Local y Occidental) que se encarga de dar datos muy optimistas sobre la marcha económica de la isla. La idea de la Sociedad Anónima, luego de consultas con expertos en marketing y comunicación, consiste en dar buenas noticias inventadas para crear optimismo entre una población abatida por los problemas de inflación, desocupación, pobreza, indigencia, crisis energética y demás lastres económicos.

La cuestión es que, algo que no era frecuente entre los principales accionistas de la Sociedad Anónima, se vieron involuntariamente involucrados en un debate sobre los problemas de las ganancias empresariales con alguien que pensaba distinto a los accionistas y al que despectivamente llamaban Destituyente.

La accionista que en ese momento ejercía la presidencia de la sociedad dijo: “lo que pasa es que acá hay grandes utilidades para unos pocos. Fíjese que, por ejemplo, los campesinos, que trabajan con el sudor su frente la tierra, tienen que pagar alquileres disparatados a los dueños de los campos, que son una zánganos que no hacen nada y viven de los alquileres que le cobran a quienes trabajan. Eso es una injusticia que voy a reparar”.

Destituyente miró a la accionista en ejercicio de la presidencia y le preguntó: “Señora, ustedes y su socio acaban de declarar ante RAPIÑA (Repartición Acosadora Pro Ingresos de los Ñoquis Asociados) que el año pasado tuvieron más de 5 millones de ingresos en concepto de alquileres de propiedades, más intereses monumentales por millones depositados en los bancos ¿Qué diferencia hay entre esos ingresos y los de los dueños de los campos?”.

La presidenta de la sociedad, que siempre tiene una respuesta para todo, respondió: “¿Ve porque lo llamamos Destituyente? Porque usted siempre se opone, porque trabaja para las corporaciones, la oligarquía vacuna, los pool de siembra, los fondos buitres, el FMI, los medios de comunicación mentirosos y los grupos concentrados”.

“Pero, señora –protestó Destituyente– no me contestó la pregunta.”

La señora acomodó los micrófonos y dijo: “vayamos al punto que estábamos hablando. No me venga con chicanas que ese dinero lo ganamos con mucha imaginación y esfuerzo buscando propiedades que compramos por migajas porque sabíamos que su valor tenía que subir. Esas ganancias son muy transparentes gracias a la visión de mi socio que jamás tuvo información privilegiada a la hora de hacer un negocio. Vayamos al punto que estábamos discutiendo, acá hay gente que gana mucho a costa del hambre del pueblo. Mire a los ganaderos. Esos oligarcas ganan un montón de plata. ¿Qué me propone para terminar con esa injusticia?”.

Destituyente le contestó: “mire, si el negocio ganadero es tan bueno, lo que va a ocurrir es que otros empresarios que buscan rentabilidad van a invertir en ese negocio porque rinde más ganancias que otros negocios en la isla. Por lo tanto, lo mejor es permitir que se vuelquen inversiones en el sector ganadero para que aumente la oferta. Al aumentar la oferta bajan los precios, se crean más puestos de trabajo y la tasa de rentabilidad tiende a igualarse con el resto de los sectores. De esta manera conseguirá tener más carne, el precio será más bajo por la mayor oferta y ya no existirán las ganancias exageradas que tanto le preocupan. Es más, hasta pueden abastecer el mercado interno y al mismo tiempo exportar gracias a la mayor oferta. De esa forma se progresa. Con más inversiones gracias a la búsqueda de utilidades de los empresarios que crean puestos de trabajo, producen y se ganan el favor del consumidor. Las utilidades y el sistema de precios son una guía para que los empresarios destinen los recursos a aquellos sectores en que hay una oferta insuficiente”.

La presidenta del directorio de la S.A. volvió a acomodar los micrófonos y le dijo a Destituyente: “claro, Ud. es uno de esos típicos neoliberales que cree que el mercado lo arregla todo. No se da cuenta de que es un verso eso de la ley de la oferta y la demanda. Además yo sé muy bien qué quiere la gente. Sé qué quiere comprar, en qué calidades y a qué precios hay que producir y vender, por eso puedo definir dónde hay que invertir. Es más, llamen a Willy que debe estar en DEMOLER (Dirección Ejecutiva de Monitoreo Omnímodo de la Libertad Económica Recalcitrante) y díganle que venga inmediatamente porque voy a firmar un DNU para derogar la ley de la oferta y la demanda así no joroban más con esa historia”.

Enseguida apareció Willy y, mirando a Destituyente, le dijo: “¿Qué te pasa a vos, estúpido, con esa historia de la ley de la oferta y la demanda? Yo te voy a explicar cómo se forman los precios”.

Sin respirar siquiera, Willy empezó con su clase: “Lo que yo hago desde DEMOLER es analizar los costos de producción de las empresas y ver si tienen una rentabilidad razonable o exagerada. Si la rentabilidad es exagerada, les hago bajar los precios a las trompadas porque no tienen derecho a poner los precios que se les da la gana. ¿Entendiste, infeliz?”.

Como Destituyente estaba acostumbrado al vocabulario tan florido de Willy lo ignoró y le dijo: “vea, Ud. tiene una confusión. No son los costos los que determinan los precios, sino que son los precios los que determinan los costos. Por ejemplo, el señor que vende los panchos aquí abajo, siguiendo su teoría, podría alquilar un local en U$S 50.000 mensuales, pagarle un sueldo de U$S 20.000 mensuales a su ayudante, viajar en helicóptero desde su casa al negocio, agregar una ganancia del 200% sobre los costos y vender cada pancho a U$S 3.000. Como la gente no está dispuesta a pagar más de $ 3 dólares un pancho, o el señor de acá abajo reduce sus costos de acuerdo a lo que cada consumidor está dispuesto a pagar por cada pancho o la gente se va a comprar los panchos a otro lado”.

Willy, un tipo de pocas pulgas, inquirió: “¿Usted qué quiere insinuar? ¿Que yo estoy haciendo un trabajo al divino botón cuando me paso todo el día revisando las planillas de costos de todos los productos y empresas de la isla?”.

Destituyente le respondió: “Bueno, no sé si al divino botón, pero de lo que estoy seguro es que está entorpeciendo a los que producen. Déjeme hacerle otra pregunta: ‘¿qué es para usted una ganancia razonable?’”.

Willy, que estaba perdiendo la paciencia, explicó: “Querido, la ganancia razonable es la ganancia que no es exagerada”.

Destituyente, entonces, repreguntó: “¿Y qué es una ganancia exagerada?”.

Willy: “La que no es una ganancia razonable”.

Destituyente: “La verdad es que Ud. la tiene re clara. Lo que no es exagerado es razonable y lo que no es razonable es exagerado. Muy científica su definición económica de utilidades.”

Willy: “te lo explico una vez más. Una ganancia es exagerada cuando, por ejemplo, es mayor a la que tiene la misma actividad en Holanda. ¿Ahora entendiste?”

Destituyente prefirió explayarse: “Bueno, pero resulta que en Holanda el empresario tiene previsibilidad en las reglas de juego. Acá, en la Isla de la Fantasía, nunca sabemos si después de producir nos van a dejar exportar, cuántos impuestos vamos a tener que pagar, si vamos a tener energía para que funcionen nuestras máquinas, si usted nos va a obligar a vender a pérdida, etcétera. Usted no puede comparar la calidad de las instituciones de la Isla de la Fantasía con las de Holanda. A más incertidumbre institucional, más rentabilidad se le pide a una inversión. Por lo tanto, más incertidumbre implica menos inversión. Y menos inversión significa menos trabajo y salario real, más pobreza y más desocupación”.

Willy: “¿De nuevo con la cantinela de las instituciones? Dejate de jorobar que acá todos saben que las reglas son muy claras. El directorio de la Sociedad Anónima hace lo que se le canta porque para eso los votaron los accionistas”.

Destituyente: “Justamente porque hacen lo que se les canta es que nadie sabe dónde está parado. Así nunca van a conseguir inversiones y la producción va a ser cada vez menor”.

Willy: “vos dejá que yo me voy a ocupar de controlar los precios para que no ganen cualquier disparate. Voy a establecer precios máximos”.

Destituyente: “Si Ud. pone precios máximos lo que va a ocurrir es que al ser artificialmente bajo los precios de los productos, la demanda aumentará y la oferta disminuirá. Además, los que tienen costos de producción más altos, conocidos como productores marginales, quedan fuera del mercado achicándose más la oferta, se cierran empresas y aumenta la desocupación. Justamente lo que va a conseguir es que queden unos pocos productores y se produzca la concentración de la producción de la que Uds. siempre hablan. En vez de crear prosperidad van a crear más pobreza.”

Llegado ese punto del intercambio de ideas, la presidenta de la S.A. se cansó del debate y decidió tomar la iniciativa: “Terminemos con este divague del mercado, las instituciones y la oferta y la demanda. Avisen que voy a dar un discurso en cadena para poner orden en esto de las ganancias exageradas”.

Frente a un auditorio cómodamente sentado, cada uno de los asistentes, con su choripán y tetrabrick correspondiente, se disponía a escuchar y a aplaudir cuando levantaran el cartel que decía APLAUSOS.

La presidenta de la S.A. dijo: “Buenas tardes isleños e isleñas. Es para mí una alegría anunciarles que, siguiendo con nuestra política social, he decidido adoptar dos medidas. En primer lugar he firmado un DNU derogando la ley de la oferta y la demanda por ser antisocial, antipopular y propia de la dictadura del mercado salvaje (se levanta el cartel de APLAUSOS). Además he decidido controlar las ganancias exorbitantes que tienen los grupos concentrados que lucran con el hambre del pueblo de la Isla de la Fantasía. Para eso hemos creado el plan Utilidades Transparentes, Óptimas y Posibles de los Ingresos Actuales, que lo denominamos plan UTOPIA, el cual será implementado por el eficiente Willy mediante DEMOLER. Hemos decidido que la tasa de ganancia de las empresas tiene que ser razonable, justa, lógica y social. ¿Cómo se establecerán los criterios para que las empresas no abusen con sus ganancias y sean razonables, justas, lógicas y sociales? Muy sencillo, mediante la aplicación del sistema de Verificación Económica de Rentabilidades Societarias Obtenidas, el sistema VERSO desarrollado por Willy. Así que de ahora en más las utilidades serán controladas por DEMOLER mediante el plan UTOPIA gracias al sistema VERSO. Y al que no cumpla la caerá RAPIÑA. Ya verán Uds. como nuestro creíble CAMELO irá mostrando bajas de precios gracias a este plan UTOPIA que vamos a aplicar en beneficio del pueblo.” (Se levanta el cartel de APLAUSOS).

¿Qué pasó en la Isla de la Fantasía luego de aplicarse el control de precios y utilidades? Como los precios eran artificialmente baratos, la gente compraba mucho. Sin embargo, como las empresas perdían plata, dejaron de producir. Es decir, aumentó la demanda y bajó la oferta. Algunas empresas cerraron, otras se redujeron y la desocupación fue aumentando. También hubo empresas que bajaron la calidad de sus productos y el mercado negro floreció, con precios más altos que el mercado oficial.

Otras compañías se fueron de la Isla de la Fantasía y decidieron invertir en Holanda, donde la relación riesgo institucional y rentabilidad era lógica y, además, tenían energía para poder producir y no había un DEMOLER que los presionara con sus amenazas.

La Isla de la Fantasía fue cada vez más pobre porque no solo no había trabajo, sino que lo único que había conseguido el DNU derogando la ley de la oferta y la demanda fue que desaparecieran los productos de las góndolas.

Eso sí, CAMELO siguió publicando todos los meses los índices de precios que mostraban deflación. Y durante los partidos de bochas, que gratuitamente se transmitían por televisión para entretener a la gente, aparecía una publicidad oficial que decía: “Gracias a la acción de DEMOLER y la aplicación del sistema VERSO, hemos logrado que el plan UTOPÍA haga bajar los precios”.

PD: Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia. Esta nota es pura ficción.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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03/08//2010

EL ACUERDO

Si la Argentina en 200 años no ha logrado un consenso sobre cuestiones fundacionales como el federalismo, la coparticipación impositiva, la educación, la seguridad pública y las instituciones, quiere decir que lo que ha existido hasta ahora no es más que una ficción de Nación.

Por Carlos Mira (*)

La idea de establecer un acuerdo básico de convivencia política y de políticas de desarrollo que todas las fuerzas políticas respeten a partir de 2011 es de por sí una iniciativa saludable. La Argentina lleva 200 años sin poder lograr algo semejante. Desde su origen fue un país rasgado por el blanco y por el negro, en donde la convivencia y conciliación de distintas maneras de pensar ha sido una utopía.

En un momento de su historia, luego de 43 años de desgarradas luchas internas, se pensó que ese pacto era la Constitución de 1853. No fue suficiente y hubo que modificar el acuerdo apenas siete años después, en 1860, cuando Buenos Aires se incorporó a la Confederación y dio nacimiento a la Argentina que conocemos.

Esa reforma mejoró la Constitución original, dando muestras de que la conciliación no implica claudicaciones, sino que propicia el progreso y la prosperidad. El país cambió en los siguientes 70 años: las nuevas instituciones y el respeto de las fuerzas políticas a ese pacto lo dieron vuelta como una media.

Pero las irreconciliables fuerzas intestinas de visiones del mundo completamente incompatibles entre sí siguieron haciendo su trabajo subterráneo de descomposición hasta que estallaron con el golpe militar de 1930. La lucha entre el populismo caudillista, aislacionista, estatista, demagógico, nacionalista y admirador del fascismo, por un lado, y el liberalismo integrador al mundo, propiciador de la competencia, que fomentaba la responsabilidad individual y admirador del modelo anglosajón de la democracia liberal capitalista, por el otro, produjo un estallido que fracturó a la sociedad para siempre (o, por lo menos, desde entonces y hasta ahora).

Nadie pudo cerrar esa herida abierta y ambas cosmovisiones han permanecido irreductibles, sin dar el brazo a torcer y manteniendo variantes cada vez más crueles de la grieta social. Si bien el extremismo maniqueo con el que hemos dibujado aquí ambas expresiones se ha ido desgastando y ensuciando con el tiempo (en gran medida porque el fenómeno del peronismo, que nació sin dudas a la sombra de la visión caudillista y populista, favoreció esa confusión al haberse mostrado como albergue apto para poco menos que todas las “ideas”), la inconvivencia básica de ambas posturas se ha mantenido viva.

Como, justamente, el peronismo ha querido ser el paraguas disimulador de las diferencias, el movimiento creado por Perón se convirtió en el campo de batalla de las dos visiones, el lugar en el que –aparentemente defendiendo al mismo “movimiento”– la gente se mataba literalmente a los tiros para imponer sus puntos de vista.

Este perfil es completamente insoportable para la vida social. Es la negación misma de la idea de una sociedad, es la “in-sociedad”. Como tal es preciso terminar con este desacuerdo de convivencia para pasar a un acuerdo que nos permita compartir nuestras visiones del mundo sin que ningún “bando” crea que, por ese motivo, los del otro “bando” son antiargentinos.

En ese punto, y antes de redondear la idea que persiguen algunos referentes de la oposición al kirchnerismo, debemos hacer una aclaración importante. En este juego de la aceptación del otro, no sólo en la Argentina sino en el mundo entero, hay ciertas ideas que han sido más “aceptadoras” que otras. En general, el liberalismo (no en vano lleva ese nombre) ha sido más abierto y “aceptador” de las posturas del izquierdismo de lo que éste ha sido del liberalismo. Es más, muchas “desviaciones” extremistas del liberalismo pueden haber llegado a surgir como consecuencia de la intransigencia izquierdista: algo así como “a intransigente, intransigente y medio”.

El izquierdismo ha especulado con el hecho de que, por sus propias convicciones, los liberales no pueden negarse a aceptar la existencia y la tolerancia de y para con ellos. La izquierda, en cambio, no tiene esos escrúpulos: como es abiertamente totalitaria no se siente obligada a responder con la misma moneda del respeto y la aceptación. Al diferente a ellos no tienen inconveniente en etiquetarlo de un tal por cual.

A su vez, la Argentina se ha mantenido al margen del progreso de “las izquierdas” en el mundo y, contrariamente a lo que ha ocurrido en otros lugares, en donde esos fenómenos de renovación alejaron a la izquierda del oscurantismo, de la antigüedad, del totalitarismo y de la represión, en el país la acercaron al populismo retrógrado, corrupto, favorecedor de enriquecimientos ilícitos de unos pocos a costa del pueblo.

En estas condiciones, la UCR, el Acuerdo Cívico y el Peronismo Federal han comenzado a sentar las bases de un acuerdo sobre políticas públicas que, gane quien gane en 2011, deba respetarlo. Las medidas se refieren al federalismo, la coparticipación impositiva, la educación, la seguridad pública y las instituciones.

El solo repaso por los nombres de esos temas sirve para advertir que si la Argentina no se ha puesto de acuerdo en 200 años sobre esas cuestiones fundacionales, lo que ha existido hasta ahora es una ficción de Nación que ha funcionado como corresponde a una ficción: a los tumbos, como si fuera un motor que ratea.

Este acuerdo debería nacer bien desde el origen para tener futuro. Debería quedar claramente expuesto que los que no están allí, los que no lo firmen, son los marginales, los incuestionadamente antidemocráticos del sistema; la extrema izquierda totalitaria y populista y la extrema derecha totalitaria y populista.

Sin embargo, lo que sea haya sido el “kirchnerismo” no puede quedar al margen. Obviamente, el “kirchnerismo” deberá renunciar a ser un aspirante populista al poder total porque de ese modo se colocaría por sí mismo en un extremo y eso si lo alejaría del “centrismo” que debe tener el nuevo San Nicolás.

La oposición debería entender esto y, aunque corra el riesgo de caer en la “inocencia liberal” de creer que el espíritu acuerdista que tienen ellos también lo tiene el Gobierno, ir a una inclusión amplia que garantice que el respeto a lo que se firme allí tenga realmente perspectivas de durar.

¿Qué valor tendría ese acuerdo si un 30% del electorado que respaldara alguna versión del “kirchnerismo” quedara fuera de la foto? Caeríamos de nuevo en la “in-sociedad”.

Si el kirchenrismo va a utilizar el clásico método izquierdista de reclamar que se lo considere pero no considerar a nadie, el acuerdo no funcionará. No funcionará porque en esas condiciones es lógico que la coalición opositora no lo acepte y, sin incluir lo que hoy representa el kirchnerismo, la sociedad no tendrá paz. Y, al revés, si el kirchnerismo se compromete públicamente a respetar el pacto de unión nacional y la oposición, por el mero hecho de ser el “kirchnerismo”, lo rechaza, la responsabilidad por el fracaso será solo suya.

Habrá que ver cómo se comportan los nuevos ingenieros de la Argentina de los próximos 200 años. Habrá que ver si están a la altura de lo que el país necesita. Habrá que ver si tienen la suficiente grandeza como para rechazar el éxito personal de hoy y cambiarlo por la gloria reconocida del mañana.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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02/08//2010

¡ES LA GENTE ESTÚPIDO!

La agenda política y la de la sociedad transitan caminos y urgencias diferentes. Mientras tanto, la realidad nos lleva a todos por delante.

Por Gabriela Pousa (*)

Detrás de los himnos y de las banderas,
detrás de la hoguera de la Inquisición,
detrás de las cifras y de los rascacielos,
detrás de los anuncios de neón.
Detrás, está la gente con sus pequeños temas,
sus pequeños problemas y sus pequeños amores
Con sus pequeños sueldos, sus pequeñas campañas
, sus pequeñas hazañas y sus pequeños errores. (…)”
Estrofa de un tema de Joan Manuel Serrat

Si bien no es la primera vez que el escenario político se divide en dos, hoy la grieta que queda entre ambas partes parece insalvable. Por un lado, los temas que desvelan a la dirigencia y constituyen aquello que comúnmente se llama “agenda política”, y por otro lado las demandas perentorias de la gente. Resulta paradójico que estando los políticos en plena puja electoral, aquello que preocupa a la ciudadanía sea prácticamente inexistente en el vocabulario que éstos emplean. Paradójico sí, novedoso no. ¿Para qué mentir?

Si ese silencio es la consecuencia de la ignorancia, el retiro de la vida pública debería ser inminente. No lo es. Si el silencio es acaso una estrategia, el sufrimiento de un sinfín de víctimas de la inoperancia manifiesta debería sojuzgarlo inmediatamente. Nadie habla sin embargo. Esta claro que del “debería” no se sale en la Argentina. La potencialidad del verbo conlleva implícita la causa de la decadencia.

Allí donde se manejan los hilos del poder yacen sobre la mesa encuestas, sondeos de imagen, mapas que dividen la geografía en feudos donde deben operar los punteros, y argucias varias para quebrar frentes opositores y adelantarse a las medidas aún con artificios y sofismas.

En el vértice opuesto, la obsesión por ganar alguna partida, y mostrarse capaz de enfrentar a un gobierno cuya habilidad para dar vuelta resultados está a la vista, mantiene a la masa amorfa de la oposición enceguecida. Hasta ahora no han demostrado poder ser alternativa.

Los políticos se han convertido en meros analistas. Proclaman una realidad ácida con impecable dialéctica. Un ministro de Seguridad asegura que “la situación es siniestra”. Hasta ahí llega. Un funcionario de la Salud sostiene que “el sistema está colapsado”, en los Tribunales se escucha decir que “no se da a basto”.

Quienes deben resolver lo siniestro, colapsado y desbordado son apenas fotógrafos. Muestran las imágenes y se regodean de la claridad que aquellas ostentan. Debaten en programas televisivos el estado de situación y conflicto a veces con una veracidad supina pero no tienen para ello solución que redima. Esto explica de algún modo, el por qué cuando se acerca la hora de armar las listas, cualquiera recibe propuestas para formar parte de ellas. No importa la ideología ni la sapiencia: si sabe diagnosticar bien puede encolumnarse en derechas o izquierdas aunque estás más que auténticas sean berretas.

En este contexto es coherente que un Ricardo Fort o un Marcelo Tinelli concentren más atención que el titular de alguna cartera ejecutiva o un legislador. Las oratorias de estos últimos son harto conocidas, repetidas. Cualquier ciudadano común puede recitarlas a pie juntillas y hasta exponer experiencias vividas; en cambio el millonario decidido a hacer de su vida un “reality show” ofrecerá más rarezas que, a esta altura, de lo grotesco hará emanar sonrisas.

Un análisis político, posiblemente, debería centrarse en la batalla con el agro, en la suerte que ha de correr un Mauricio Macri procesado con un incierto juicio político, o establecer el 24 de Agosto como fecha emblemática para el Ejecutivo porque ese día se tratará en el Congreso Nacional un conglomerado de leyes que se dan en llamar “facultades delegadas”. Lo cierto es que de eso, el pueblo no sabe nada.

Ahora bien, en trance de sincerarse es dable reconocer que de un tiempo a esta parte, los argentinos han vivido de cronologías abstractas, y fijando almanaques que terminaron ‘otoñando’ sus hojas sin poder resistir los embates. El 28 de junio de 2009 fue el comienzo de un sueño, siguieron meses de desvelo hasta el 10 de Diciembre del que también se despertó pronto. Marzo no fue diferente, ¿cómo asegurar que Agosto es la excepción?

“La esperanza es lo último que se pierde”, es cierto. Pero no nos jactemos de tener el dato inexpugnable en un país donde las ideas escasean, y la verdadera crisis es primero moral y después política.

La agenda que maneja el gobierno y la oposición se queda en la confrontación, no ofrece tratamiento: unos pugnan por ser los más hábiles en materia de torcer las realidades, y el resto se va en internas porque les han adelantado las fechas. Ninguno estudia con seriedad cómo frenar la delincuencia, a lo sumo polemiza sobre los orígenes de ésta, pero mientras se define ese enigma se destrozan familias.

Ninguno expone una tesis siquiera que se acerque a una solución para que la educación vuelva a ser lo que ya no es: un aprendizaje para la vida. Mientras se ponen de acuerdo en supuestos derechos y garantías, los colegios terminan tomados por alumnos, los docentes carecen de jerarquía, y los roles se trastocan desde la base misma.

Escuchar hablar de los candidatos que se barajan con miras al 2011 es una afrenta más que una campaña proselitista. Néstor Kirchner gana en perversión; Ricardo Alfonsín, en bonhomía. Ninguno de esos atributos hacen a un estadista. En ese contexto está claro que la Argentina se aproxima a otra elección de la cual emanará, sin eufemismos, un gobierno malo. Quizás no por sus integrantes sino por el estado en que está quedando esta geografía.

Ahora bien, es dable aceptar que hay una costumbre arraigada ya a convivir con administraciones ineptas, lo que no puede caer en idéntica situación es esta maledicencia que lleva a sobrevivir con un gobierno perverso y maniqueo capaz de poner, desde el primer ciudadano al último, en libertad condicional y en amenaza perpetua.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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02/08//2010

PLAN CURRO, ADMINISTRADO POR CHORRO EN AFANE

El invento del Estado Benefactor y cómo intentar convencer a la gente de que viva de una ilusión.

Por Roberto Cachanosky (*)

Supongamos que Juan produce 10 manzanas, Pedro 8 y José ninguna porque le gusta contemplar el techo. En total, la economía produce 18 manzanas. Aparece entonces el Estado Benefactor y decide que Juan y Pedro son unos capitalistas salvajes porque están teniendo “muchas” utilidades y que es función del gobierno aplicar una justa distribución del ingreso.

Por lo tanto, a través de la cadena nacional, el gobernante de turno decide anunciar su nueva política de justa distribución del ingreso que consiste en dividir el total de las manzanas en partes iguales entre Juan, Pedro y José, porque finalmente no puede violarse el derecho humano de José a seguir contemplando el techo y mucho menos tolerar la desmedida ambición de ganancias que tienen Juan y Pedro. Finalmente, ¿para qué está el Estado si no es para limitar la angurria del capitalismo salvaje y regular el mercado al cual no puede dejarse librado a su libre accionar porque siempre funciona en contra de los pobres? Son ellos, los dirigentes políticos quienes, gracias a un don natural, consiguieron tener el monopolio de la benevolencia para contrarrestar las desaforadas ambiciones de utilidades de los eternos especuladores y remarcadores de precios. Se crea así la Administración de Fondos y Activos Nacionales Excedentes, conocida con las siglas de AFANE, cuya función es controlar que se lleve a la práctica la justa distribución del ingreso. Para ello, nombran al frente de la misma a Claudio Horacio Omar Ricardo Ramírez Ojeda, a quienes todos cariñosamente llaman CHORRO por las letras de cada uno de su largo nombre y apellido.

De manera que el simpático CHORRO, que dirige la oficina de AFANE, le informa a Juan y a Pedro que, de ahora en más, en nombre de la equidad y el modelo productivo con inclusión social, va a confiscarles todo ingreso excedente del promedio que le corresponde a cada uno. Es decir, dado que la economía produce 18 manzanas, la justicia distributiva establecida por AFANE indica que a cada uno le corresponde 6 manzanas.

A partir de ese momento ni Juan ni Pedro tienen estímulos para producir más de 6 manzanas cada uno, de manera que de ahora en más la riqueza total a distribuir queda limitada a 12 manzanas, distribuidas entre 3, por lo tanto quedan 4 manzanas para cada uno.

José, que se había acostumbrado a comer 6 manzanas gracias a que CHORRO, mediante AFANE le proporcionaba lo que producían otros mientras él miraba el techo, inicia una protesta social en defensa de sus derechos a seguir consumiendo las 6 manzanas que, por cadena nacional, le habían prometido los políticos benevolentes. Pedro, que produce menos, decidió reducir su planta de personal porque necesita menos gente, así que Guillermo se quedó sin trabajo y reclama un subsidio por desocupación.

¿Qué hace en este caso la oficina de AFANE dirigida por CHORRO? Anuncia por cadena nacional un nuevo plan de Cobertura Universal Real de la Riqueza Obtenida. Así, se convoca a gobernadores, intendentes, dirigentes sindicales, organismos defensores de todos los derechos imaginados, etc. para anunciar por cadena el nuevo plan conocido como CURRO, por las letras de cada palabra del plan. De ahora en más el CURRO, administrado por CHORRO desde AFANE, pondrá orden en la difícil coyuntura producida por los fondos buitres, el FMI, el capitalismo salvaje y el insensible mercado.

Siendo que la producción ha caído a 12 manzanas y hay que distribuirla entre 4, todo lo que exceda de ese monto será confiscado por la oficina de AFANE para distribuir justamente la riqueza.

Obviamente Juan y Pedro ahora tienen estímulos para producir solo 3 manzanas cada uno porque el resto se lo lleva CHORRO para financiar el CURRO. Como los dos ahora producen 6 manzanas y les sobra gente, ambos despiden a un empleado más cada uno, como antes le había tocado a Guillermo. Ahora tenemos para consumir a Juan, Pedro, José más otros 3 desocupados. Hay que repartir con justicia social 6 manzanas entre 6, a un promedio de 1 manzana por persona, siguiendo las directivas del CURRO.

José inicia un piquete en demanda de sus derechos a comer y seguir mirando el techo, mientras los desocupados marchan por la ciudad reclamando que con una manzana caen en la pobreza. CHORRO habla por televisión, nuevamente en cadena, mostrando indicadores que desmienten que la producción de manzanas haya caído de 18 a 6, porque la Comisión Académica de Monitoreo Estadístico Local y Occidental, conocida como CAMELO, publica que no sólo no cae la producción, sino que aumenta y que, de acuerdo a los estudios científicos de CAMELO, una familia puede vivir perfectamente comiendo una manzana por día. Y agrega que, gracias al plan CURRO y a la eficiente AFANE, la pobreza ha disminuido y el plan económico ha sido el más exitoso no sólo en los últimos 200 años, sino también en la historia de la humanidad. Es más, se informa que el G7 está muy interesado en conocer los detalles de un plan tan exitoso e invitan a CHORRO para que dicte cátedra sobre cómo se crea riqueza y prosperidad en un país emergente. Los presidentes de los países desarrollados están ansiosos por conocer la fórmula mágica inventada por ese país en el sur del hemisferio.

Mientras tanto, Juan y Pedro deciden cerrar sus empresas e invertir en otro país donde CHORRO no los persiga con AFANE para sostener el plan CURRO. La desocupación crece, la pobreza y la indigencia aumentan y la desesperación cunde sobre la población.

Para tranquilizar a la gente, de nuevo se habla por cadena nacional para dar nuevos datos alentadores elaborados por CAMELO. Sin embargo, ya la gente no se conforma con los datos de CAMELO, quiere comer y no hay quien produzca.

Por eso, otra vez, mediante cadena nacional, se anuncia que nunca el país ha progresado tanto como en los últimos 200 años y que el problema es que los medios son desestabilizadores porque informan mal a la población, dado que los datos de CAMELO son irrefutables y muestran una prosperidad como nunca antes se había producido y que, tal vez, puede haber algún problema porque hay una oposición que pone palos en la rueda, medios que muestran todo lo negativo y especuladores que aprovechan el capitalismo salvaje para perjudicar a los pobres. Incluso se informa que el BDM (Banco de Destrucción Monetaria) ha acumulado muchas chapitas de gaseosas para darle estabilidad y fortaleza a la economía contra los capitales especulativos que se confabulan a lo largo de todo el mundo para atacar el país.

La historia es mucho más larga, pero, para ir resumiendo, Juan y Pedro ahora están instalados en países previsibles donde pueden producir sin que los moleste CHORRO con su AFANE para financiar el CURRO. En el país gobernado por el modelo de inclusión en base a la justicia social siguen debatiendo de dónde pueden sacar alguna manzana para conformar a la molesta muchedumbre que no entiende los beneficios del Estado Benefactor que tanto progreso les ha brindado. Llegan a la conclusión, luego de un largo debate entre uno solo, que lo mejor es redoblar la apuesta y profundizar el modelo, así que ahora crean el plan Inclusión Lineal Universal, Simétrico, Inmediato y con Orientación Nacional, conocido como ILUSIÓN.

El plan es muy sencillo: consiste en convencer a la gente de que las manzanas están por más que no estén, porque así lo confirman los datos que elabora CAMELO, y que si no las ven es porque no quieren reconocer las ventajas del modelo más exitoso que ha tenido el país en toda su historia.

En definitiva, ante la crisis, la estrategia no es otra que tratar de persuadir a la gente de que viva de una ILUSIÓN.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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27/07//2010

EL PUNTO G DE LA ARGENTINA

Los Kirchner parecen haber logrado desentrañar los secretos de los pliegues más íntimos del razonamiento argentino. En esa manipulación de la sensibilidad nacional basan su poder y sus estrategias.

Por Carlos Mira (*)

El otro día conversé con dos encuestadores y analistas políticos de primer orden. Lo hice separadamente, primero con uno luego con el otro. Eso me dio la oportunidad de comentarle al segundo cuál era la impresión del primero (por supuesto sin nombrarlo) respecto de las elecciones del año que viene. Su reacción me sorprendió.

El primer encuestador me había dicho que había cuatro sectores políticos en pugna: el oficialismo, el peronismo federal, el panradicalismo y la izquierda de Solanas. Sólo los tres primeros, obviamente, tienen chances.

Más allá de que el primer dato de la enumeración es que en esta lista no figura Macri, lo interesante del razonamiento es que según esta persona, los tres sectores irán a elecciones internas abiertas.

De ese proceso surgirán tres nombres. Para mi interlocutor, en el campo oficial, ese nombre no será el de un Kirchner: el matrimonio está muy desprestigiado socialmente como para remontar semejante cuesta electoral. Tampoco -por los mismos motivos, según él- está en condiciones de ganar nadie que los Kirchner designen como su delfín.

En el peronismo federal quienes aparecen son Solá y Duhalde y en el panradicalismo Alfonsín, Carrió y Cobos.

Los pronósticos que este encuestador maneja son que la interna del PF la ganará Sola y que el mejor perfilado hasta ahora en el panradicalismo es Alfonsín. A esto se le agrega el dato subjetivo de que, para él, el próximo presidente será peronista.

Salta a la vista que su candidato en términos de ganar la elección general se llama Felipe Solá (es peronista, no es oficialista y le ganaría la interna a Duhalde).

Cuando relato estos razonamientos al segundo encuestador me dijo que respetaba mucho a su colega, pero que disentía. Quizás podría estar de acuerdo en que el matrimonio presidencial no vaya por la reelección, pero que dudaba mucho de que el oficialismo no fuera a ganar.

Si bien dejó a salvo que el sucesor fuera también afecto a las traiciones posteriores que, aparentemente, todo delfín comete con su padrino y que, por lo tanto, dejara a Kirchner en la estacada, lo interesante del comentario de esta segunda persona fueron las razones por las que él creía que el oficialismo tenía altas chances de ganar: “Cuando abran las canillas completas de la Anses y del BCRA, vas a ver…”, me dijo.

Y aquí es donde aparece, no mi sorpresa –porque a esta altura estoy curado de espanto con este país–, pero sí mi curiosidad. Si lo que esta persona dice es cierto (que con plata regalada se ganan las elecciones) ¡qué imagen triste tiene la Argentina…!

El país de la “solidaridad”, la sociedad “cálida”, la que escapa de las “materialidades capitalistas del dinero” en busca de formas más románticas y humanas de vida, entrega su voluntad a cambio del chorro de plata que aparezca desde el Anses y del Banco Central.

¿Dónde quedaron nuestros inmaculados conceptos antidinero? Es más, si nos definieramos como “capitalistas” al menos seríamos partidarios de ganarnos la plata con nuestro esfuerzo, con nuestra inventiva o con nuestras ideas, siendo más competitivos, siendo más eficientes, trabajando mejor, dado que todo eso es lo que el capitalismo premia con dinero.

Pero en este caso aparecemos como una sociedad que ama la plata tanto como el más cerdo de los cerdos capitalistas, pero sin trabajar por ella; pidiendo que nos la regalen o, mejor dicho, que nos la entreguen a cambio de nuestro voto.

¡Qué vergüenza nacional!, ¡qué repugnancia causa tanta hipocresía! ¿Será así?, ¿tendrá razón mi segundo interlocutor?, ¿habrá desentrañado Kirchner los pliegues más íntimos del razonamiento argentino? ¿Habrá encontrado la pareja presidencial el Punto G nacional? Falta un año para saber de qué material estamos hechos.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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26/07//2010

CASO MACRI: UN LLAMADO DE ATENCIÓN SOBRE EL RIESGO QUE CORREN LAS LIBERTADES CIVILES

Lo preocupante no es si Mauricio Macri pierde la jefatura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sino el futuro de las libertades civiles. En caso de que la sociedad no reaccione, las libertades más elementales quedarán anuladas.

Por Roberto Cachanosky (*)

La semana pasada vi por televisión varios debates sobre el procesamiento de Macri. Lo primero que percibí en esos debates es el grado de resentimiento y falsedad de buena parte de la dirigencia política. En primer lugar porque ya lo declaran culpable cuando todavía está siendo procesado y, en segundo lugar, porque me tomé el trabajo de leer el fallo de la Cámara que confirma el procesamiento y, sin ser abogado, pude advertir la argumentación forzada que hizo la Cámara para continuar con el procesamiento. Al respecto, también la semana pasada Carlos Mira escribió una columna en este sitio y comenta claramente los argumentos endebles de los jueces para seguir con el procesamiento.

Como dice Carlos Mira, del fallo se desprende que como Macri conocía a Palacios y Palacios conocía a James, Macri no podía ignorar lo que hacía Ciro James, agregando que como Macri tenía como gran lema de su campaña la creación de la policía metropolitana, no podía dejar de saber que había pinchaduras de teléfonos.

Siguiendo con el razonamiento de la Cámara, uno podría decir que ante el escándalo de los negociados con Venezuela, Néstor Kirchner tendría que ser procesado porque siendo presidente no podía dejar de conocer que había una embajada paralela. Es más, el mismo Bielsa le había advertido del caso. O, para tomar otro hecho, Oyarbide debería procesar a Kirchner porque su ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, está sospechado (creo que todavía no fue procesado) por casos de corrupción, siendo que Kirchner siempre hizo gala en sus discursos de la obra pública y del transporte, continuando con el razonamiento de la Cámara, Kirchner no podía estar ajeno a lo que hacía su secretario de transporte.

¿Por qué la justicia no investiga a Cristina Fernández en el caso Antonini Wilson, siendo que éste viajó en un avión alquilado por el gobierno Argentino y ella no podía ignorar que Antonini Wilson traía valijas llenas de dólares a la Argentina sin declararlas? Es más, ¿cómo es posible que ella, que tan atenta está a sus actos, no advirtió que Antonini Wilson estaba en la Casa Rosada en un acto oficial? Los ejemplos podrían seguir y llegaríamos a la conclusión que una parte de la justicia se ha politizado de tal manera que hemos llegado a un punto donde ya no existe el estado de derecho sino que vivimos en un sistema en el cual, quien llega al poder, utiliza los resortes que tiene a sus disposición para enriquecerse personalmente, presionar a quienes no están de acuerdo con sus ideologías o se atreve a denunciar las barbaridades que dice o hace el oficialismo.

Al respecto, mi experiencia personal es que en cuatro años he tenido 3 inspecciones de la AFIP (una está en curso), siendo que mi patrimonio y mis ingresos son monedas comparadas con los ingresos y patrimonio de Kirchner, cuyas declaraciones de ganancias no resisten el menor análisis, no deja de llamar la atención que la AFIP siempre ponga la lupa sobre mis declaraciones juradas.

Por eso la gente tiene miedo de hablar o manifestarse contra el gobierno. ¿Cuánta gente tiene pánico de hablar por teléfono o mandar un mail por miedo a tener pinchado el teléfono o los mails? Aquí se ha establecido un sistema de terror contra los ciudadanos que van desde el uso de instituciones oficiales como mecanismo de presión, pasando por las guarangadas de un funcionario con rango de secretario hasta llegar a mandar a fuerzas de choque cuando alguien sale a la calle a manifestar. Recuerde el lector cuando D’Elía salió a repartir trompadas para desalojar la Plaza de Mayo cuando el conflicto con el campo, o las fuerzas de choque que fueron a la Quinta de Olivos el sábado que detuvieron a de Angelis por cortar la ruta.

Es obvio que el caso Macri tiene un profundo olor a típica operación, igual que le pasó a De Narváez en plena campaña electoral del año pasado o a Enrique Olivera cuando lo acusaron de tener una cuenta en el exterior y luego se aclaró que no tenía ninguna cuenta y que el que lo había denunciado había mentido.

Pero volviendo al tema de los debates en televisión, observé dos cosas. En primer lugar que la mayoría de los periodistas que entrevistaban a Macri, por no decir todos, no se habían tomado el trabajo de leer el fallo de la Cámara. El grado de superficialidad con que preguntan es pavoroso. En segundo lugar los legisladores de la ciudad opositores tampoco deben haber leído el fallo de la Cámara porque si lo hubiesen leído y actuaran de buena fe no puede salir a crucificar a Macri tan rápidamente, porque así como ellos lo crucifican hoy, mañana los van a crucificar a ellos.

Otro tema que quedó en evidencia de esos debates es el alto grado de resentimiento, revanchismo y necedad con que hablan del tema llevando la cuestión a la represión de la década del 70. Con una facilidad espeluznante relacionan el caso de las escuchas en la Ciudad, con el gobierno militar.

Un párrafo aparte merece la postura de Carrió, que siendo abogada no puede decir que el fallo de la Cámara es impecable. Si para Carrió este es el tipo de justicia que debe imperar en la Argentina, entonces no tienen demasiadas diferencias con los Kirchner en su forma de entender el Estado de derecho. Con su postura y la de algunos de sus legisladores, Carrió deja de ser creíble en su discurso del contrato moral. Sería bueno que, sin mucha demora, rectifique su afirmación y no defienda a Macri, sino la existencia de una justicia independiente.

A esta altura de la nota vale la pena hacer una aclaración. A Mauricio Macri lo traté una sola vez en su casa, varios años atrás, cuando me invitó a desayunar e intercambiar ideas sobre el país. Una reunión de no más de una hora u hora y media. De manera que las líneas que estoy escribiendo no se fundan en una relación personal con el Jefe de Gobierno y mucho menos en una militancia mía en el PRO, porque no la tengo. Estas líneas solo pretenden manifestar mi profunda preocupación por la ausencia de una justicia confiable. De una oposición que parecía defender la institucionalidad del país y ahora sale con que como la Cámara lo dijo está bien, cuando basta asignarle una hora como máximo para leer unas 12 páginas que le dedica el fallo al caso Macri, para alarmarse con la facilidad con que aquí se puede procesar a una persona, basándose solo en “se sabía” (sin decir quién sabía) que tal cosa o la otra. O haciendo un carácter transitivo por el cual si A conoce a B, y B conoce a C, A no puede desconocer lo que hace C, argumento que usa la Cámara para confirmar el procesamiento del Jefe de Gobierno.

Empresarios que son apretados si no obedecen las órdenes del mandamás. Servicios de inteligencia que controlan a los ciudadanos. Organismos públicos que persiguen a contribuyentes por opinar diferente. Fuerzas de choque financiadas con la plata de esos mismos contribuyentes que son perseguidos. Parodias de juicio a periodistas que no piensan como el gobierno. Diarios opositores acosados con mil artimañas. Pánico en la gente de hablar por teléfono por si lo tiene pinchado. Actitudes de violencia para impedir actos de opositores como sufrieron Eduardo Duhalde, su señora esposa o Felipe Solá. ¿Qué es todo esto si no un primer paso hacia el terrorismo de estado, en que se usa el monopolio de la fuerza que se le delegó al Estado para atacar sistemáticamente a un sector de la sociedad, que es el que piensa diferente?

Hitler nunca dijo lo que pensaba anular la democracia hasta que llegó al poder y luego hizo una parodia de democracia para justificar sus barbaridades. Fidel Castro nunca se declaró comunista hasta que tuvo asegurado el poder y luego estableció una de las dictaduras más crueles y sangrientas de la historia. Ningún déspota ha declarado de antemano sus intenciones porque de ser así no tendría ni el apoyo de la población ni el de algunos de sus seguidores. Actúan solapadamente y mintiendo. Y luego, una vez que tienen el poder en sus manos, terminan asumiendo el poder absoluto y coartando todas las libertades.

Unos días atrás veía una vieja película sobre uno de los juicios de Nuremberg en que se juzga a los jueces que habían actuado bajo el gobierno nazi. Spencer Tracy encarna al magistrado norteamericano que juzga al juez supremo del nazismo, papel interpretado por Burt Lancaster, un hombre que en su momento había sido muy respetado por sus conocimientos de derecho. Hacia el final de la película, el ex juez alemán, habiendo sido sentenciado porque reconoce su culpabilidad, pide hablar con el juez americano. El americano lo va a ver a la cárcel y el ex juez nazi le dice que él nunca había imaginado que el régimen nazi podía llegar a cometer tantas atrocidades. El juez americano le contestó: siendo Ud. una persona que conoce de derecho, sabía que al primer fallo injusto que Ud. emitiera todo iba a terminar en una tragedia.

El caso Macri no es relevante en términos de si pierde su cargo o no. Lo relevante es que debería ser un fuerte llamado de atención de lo que le puede esperar a la Argentina si su población no despierta a tiempo de los atropellos institucionales que vive la república. Acá el tema del tipo de cambio ha dejado de ser relevante, porque lo que está en juego es el futuro de las más elementales libertades civiles.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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25/07//2010

MEMENTO (Del lat. acuérdate) 

Por Gabriela Pousa (*)

 

“Dónde estás? Acabas de despertar en un cuarto de hotel. Aquí están las llaves, sentís que es la primera vez que estás ahí pero...quizás lleves aquí una semana, tres meses es difícil decirlo no sé. Es un cuarto anónimo". Fragmento del film Memento (1)

Atrás quedó una semana llena de aparentes novedades en materia política. Claro que, lo que aquí y ahora suele llamarse “novedades” llega sin el elemento básico y esencial como para ser así definido. Y es que lo “nuevo” aunque se trate de dibujarlo no está. El film va hacia atrás.

La Argentina está sumida en la fase más ruin de aquello que denominamos la vieja política. Paradójicamente, un país que ha sorteado el principio de siglo bregando por el cambio, se halla enfermizamente arraigado a las costumbres más perniciosas de los vicios del pasado. Si acaso la corrupción fue una constante en sucesivas administraciones que forjaron esta decadencia, hoy directamente aflora en escena como el ícono intrínseco del sistema.

Los “vueltos” que pudieron guardarse algunos funcionarios en la demonizada década del ’90, ya no satisfacen. No alcanzan el status de coima ni por broma. Ni sirven de propina. De la famosa pista de Anillaco, a las propiedades del matrimonio presidencial en El Calafate las distancias son abismales. Desde luego que una cosa no justifica ni anula la otra. Pero con estos arbitrarios ejemplos, queda graficado por qué el gobierno de estos últimos siete años se sitúa en el plano más envilecido de lo antiguo. Lo peor de la política se afianza con una mediocridad que espanta.

Las Instituciones son ruinas de una república vencida, no por guerras sino por ignominia. En el banquillo de los acusados se sienta la mismísima Justicia. La legislación no iguala, discrimina aunque en la oratoria oficial y eufemística pretenda celebrarse como un paradigma de paridades para todos aquellos que viven en la Argentina.

Así como la “redistribución de la riqueza” del “modelo productivo” kirchnerista coopera a marcar mayores diferencias, las nuevas leyes en lugar de tender puentes, abren grietas.

La ley de Medios, aunque aún no se haya instrumentado siquiera, obliga a la televisión a estar más lejos de transmitir aquello que pasa e interesa a la población. Se ampliará la brecha si ésta encima entra en vigencia.

La ley del matrimonio entre seres del mismo sexo pone de manifiesto intereses demagógicos que se valen de derechos, manipulados según el antojo de las necesidades electorales de un gobierno.

Los jubilados nuevamente quedan presos de debates fútiles, porque si del intento se pasa al logro, lo que sigue es el veto. Y el mayor interés para la “oposición” parece ser que quede al descubierto el descrédito político del Ejecutivo. No se ve un genuino desvelo por la calidad de vida de los “viejos”

El silencio y el mutismo de algunos marca a las claras la incapacidad para responsabilizarse de todo hecho. Aparecen y desparecen de escena como si no hubiese frente a ellos, espectadores que pagaron la entrada para escucharlos y verlos en acto, no en hibernadero. En consecuencia el precio termina siendo una estafa, y la obra no vale nada.

Las fotos importan más que el guión. La trama del film se asemeja a un engendero de imágenes sin significación. El ayer revela más el hoy que aquello que sucede en este momento.

Los argentinos no pueden imitar siquiera al protagonista de “Mementos” porque no alcanza la superficie del cuerpo para anotar el devenir de los hechos y no perder la noción del tiempo. Se ha cercenado la memoria con la desfiguración de lo verdadero.

Todo es demasiado grotezco. El que ayer se negó a un juicio, hoy pide a gritos tenerlo. ¿Actuó la conciencia entre medio? No, cerraron los números para que el resultado sea benéfico. Si la taba se da vuelta en el proceso, habrá plan B y en lugar de la banda y el cetro, intentarán seguir al frente del Obelisco y el Cabildo. No suena muy patriótico es cierto, pero es más realista que la declamación en verso de una transparencia en algo que nació desde el vamos sucio y maniqueo.

Desde luego que los integrantes de la administración de la ciudad de Buenos Aires son “nenes de pecho” al lado de los miembros del gobierno nacional. No en imitarlos sino en diferenciarse está el mérito. Hay quienes eligen como adversarios a aquellos que saben perdieron de ante mano. Vulgarmente podría decirse que así ‘cualquiera es macho’…

Lo grave de todo esto es que se sitúa a la sociedad frente a una temática que no le soluciona nada aunque le clarifica de alguna manera el panorama. Lo que hay no presenta síntomas de poder cambiar las viejas prácticas de una política viciada por demagogia y oportunismos ligados a intereses mezquinos. El “bien común” es un binomio muerto dentro de un libro que parece que hiciera años que no se ha abierto: la Constitución de la Nación.

En su lugar se han emplazado ejemplares de Corin Tellado, novelas y culebrones donde los galanes pierden prestancia, y aunque se engañen a sí mismos, no conquistan nada. La dama sigue en el rol de Penélope tejiendo la esperanza de un comicio donde la ciudadanía no acuda simplemente a ensobrar al adversario menos malo, sino a elegir un hombre o una mujer capaces de cumplir un mandato.

Tal vez el error sea creer que éste equivale a un período de cuatro años cuando, en rigor de verdad, de lo que trata es de cumplir en representarnos.

(1) Memento: película de suspenso (2000) El guión de Christopher Nolan está basado en un relato llamado ‘memento mori’ (en latín, "recuerda que eres mortal") Una de las mayores peculiaridades del film reside en su línea temporal, la cual en vez de ser lineal va hacia atrás, a saltos, mostrando según avanza la película las causas de lo ya visto, en vez de las consecuencias.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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20/07//2010

EL PROCESAMIENTO DE MAURICIO MACRI

El Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cometió un error político al designar a Jorge Palacios al frente de la Policía Metropolitana. Sin embargo, la causa judicial tiene pocos fundamentos jurídicos y demasiado olor a venganza kirchnerista.

Por Carlos Mira (*)

La confirmación del procesamiento de Mauricio Macri por la Cámara Federal implica la tácita confirmación de Norberto Oyarbide en la continuidad al frente de la causa, aun cuando la misma Cámara concedió un recurso extraordinario al Jefe de Gobierno para que la resolución sea apelada en Casación.

Más allá de estas consideraciones técnicas, lo que surge de la simple lectura del fallo son profundas dudas e interrogantes sobre los fundamentos, las motivaciones y la imparcialidad de la decisión de los jueces.

Hay algo que salta a la vista de cualquier observador imparcial: la decisión no tiene pruebas sino inferencias, supuestos y silogismos. No aparece ni una sola documentación o hecho que respalde lo que se decidió. Lo que se vierte en las carillas decisivas del fallo son deducciones.

En algún momento se hace referencia a los dichos de Gabriela Cerrutti y Roberto Digón, -dos claros opositores políticos de Macri y en el, caso de Digón, casi un enemigo personal por sus antecedentes en Boca- en el sentido de que a ambos "les dijeron" que "Macri 'pinchaba' los teléfonos" de "todo el mundo" vía su relación con Jorge Palacios. En otro lugar se establece el silogismo de que si Macri conocía a Palacios y éste lo conocía a Ciro James, luego Macri no podía ignorar lo que James hacía, aun cuando la Cámara concede que Macri y James no se conocían y que no se registran contactos telefónicos entre ellos. También se dice que como a Macri le interesaba la temática de la seguridad no podía estar ajeno al método de la pinchadura de teléfonos (¿?).

El fallo es muy flojo desde el punto de vista conceptual y, por esa misma razón, es muy sospechoso. El PRO ha dicho que hasta ahora la Justicia se ha negado a investigar los dichos de Oyarbide al ex senador Maya según los cuales "el destinatario final de la embestida era Macri".

A continuación, transcribimos parte del diálogo que hace 2 meses -exactamente el 19 de mayo- Maya sostenía con nuestro colega Jorge Rial en La Red:

Rial: En línea está el doctor Héctor Maya, fue senador nacional por Entre Ríos. Doctor Maya. buen día.

Héctor Maya: ¿Qué tal? ¿Cómo le va, Jorge?

J.R.: Gracias por esperar.

H.M.: Gracias por compartir el reportaje con Messi, todos tenemos el corazón ahí, ¿no?

J.R.: Obviamente que sí, no es una figurita fácil, doctor. Doctor Maya, ¿usted es consciente del revuelo que se produjo con una frase que teóricamente dijo usted sobre Oyarbide? Algo así como que había como una orden de llevarse puesto a Macri.

H.M.: Mire, yo se lo confirmo, le voy a comentar lo que pueda, porque seguramente, yo soy abogado, tengo que ir a Tribunales en estos días citado por este asunto. Yo me encontré con el doctor Oyarbide, yo fui juez del doctor Oyarbide como senador, y me encontré con él allá por noviembre, diciembre, accidentalmente en un comedor y le pregunté por dos o tres causas que estaban teniendo una gran conmoción, entre ellas la de Palacios y con motivo del diálogo que tuve en esa causa, que es la de Palacios, verifiqué esta afirmación de que el destinatario final de la causa era Macri. Y bueno, convencido por la manera que se desarrollaron los acontecimientos con posterioridad, de que Oyarbide, como otros jueces, como Servini de Cubría, son o están secuestrados o son "todo terreno" del gobierno, lo fui a ver a Macri, a quien no conocía, por razones políticas, porque yo soy peronista y estamos conformando un frente el peronismos disidente con el PRO en Entre Ríos, y le señalé que era imprescindible que se apartara de ese juzgado porque Oyarbide lo iba a procesar, se lo dije 10 días antes. Me parecía una equivocación convalidar algo que no es justicia, que evidentemente es una operación política que se desarrolla en los tribunales y que está alejado de la justicia. Efectivamente yo le ratifiqué mi conocimiento directo de que iba a ser procesado, como en definitiva ocurrió.


En este diálogo, Maya supone que la Justicia lo iba a citar por este tema. Sin embargo, el ex senador nunca fue citado.

Hace pocas semanas se comprobó no sólo la existencia de un agente de la SIDE como la persona que avisó a los Burstein de la pinchadura, sino también de la intentona por borrar esas huellas del locutorio desde donde el agente hizo la llamada a la casa del titular de la Asociación de Familiares de Víctimas del atentado a la AMIA.

¿Por qué, en una causa plagada de "inferencias", nadie ha hecho inferencias aquí?

Mauricio Macri cometió un error político al seguir adelante con la designación de Palacios cuando personas de su confianza le sugerían que cambiara su candidato a Jefe de la Policía Metropolitana. El jefe de Gobierno deberá asumir en todo caso los efectos políticos del error. Pero parece claramente exagerado querer armar un escenario judicial artificial para generar una causa que a poco de leerla uno advierte que no tiene el menor sustento jurídico y donde los tufillos políticos se huelen por todas partes.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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19/07//2010

SIGAN PARTICIPANDO...

La carrera hacia las elecciones presidenciales de 2011 ya está en marcha: a partir de ahora, se abre el juego de poderes donde priman las internas y las chicanas están a la orden del día.

Por Gabriela Pousa (*)

La inflación no cesa, nadie por otra parte se ocupa de que ello ocurra, las "garrafas sociales" brillan por su ausencia (situación que no ha de suceder el próximo invierno cuando las elecciones estén en demasía cerca); la inseguridad se sigue cobrando víctimas día tras día; la crisis energética hace mella mientras, impunemente, se la niega. Las giras de la Presidente arrojan idénticos resultados: éxitos para las crónicas oficialistas y fracasos para la realidad argentina…

En definitiva, no se ha modificado un ápice el escenario político en los últimos días. Aquellos regodeos que se producen cuando asoma la creencia de que Néstor Kirchner ha perdido la iniciativa responden más a deseos reprimidos por un gobierno que asfixia con su metodología, que a aquello que en verdad sucede en esta geografía. Sostener que el matrimonio presidencial está debilitado no basta para modificar los cauces de la política.

Basta observar que una vez que el Congreso decide legislar, todo puede darse vuelta gracias a la falta de escrúpulos de los operadores oficialistas, y a la obediencia debida que reina en el kirchnerismo. La población vive esas sesiones en el recinto como un Boca-River donde el resultado siempre es impredecible aunque haya un dato que, de algún modo, adelanta el final del debate: el gesto adusto o distendido de Miguel Ángel Pichetto.

Si las cámaras estuviesen en los despachos de los llamados "representantes del pueblo" en lugar de transmitir lo que ocurre en el recinto, otro sería el cantar, y la sociedad en su conjunto podría darse cuenta qué define los votos a favor o en contra de un proyecto. Hablar de voluntades y libertad de conciencia es una afrenta a la coherencia.

Lo cierto es que los hechos de la última semana, de alguna manera, han dado comienzo a la trama proselitista con miras al 2011 más que otorgar derechos a una minoría, destrabar el comercio con China o anular las posibilidades de Mauricio Macri para encarar una carrera que él mismo inició sin demasiadas previsiones. Con los fuegos artificiales del Bicentenario y la derrota en el Mundial se acabó la paz y la ingenuidad para quienes pretendían soluciones reales a los conflictos que acechan a la Argentina. De ahora en más, se abre el juego de poderes donde priman las internas y las chicanas están a la orden del día.

En Olivos todo son cuentas. No hay forma de abultar las cifras a pesar de los triunfos que se cosechan en apariencia. El "matrimonio" entre personas del mismo sexo no encuentra en sus orígenes a los Kirchner como artífices, sin embargo son ellos quienes sacarán provecho. En rigor, el éxito lo miden en la posibilidad de seguir distrayendo al pueblo, y demostrar un poder que se creía perdido frente a un "adversario" como la Iglesia. Era una asignatura pendiente para el kirchnerismo.

Medirse contra dos mil años de poder es un desafío inexpugnable para quién sufre el síndrome de "Yo el Supremo". Ahora bien ¿quién le garantiza a los Kirchner que los homosexuales lo votarán porque les facilitó un derecho? De ser así, si mañana el gobierno le otorga algún beneficio a la clase media, ¿esta correrá ciegamente a ensobrar su boleta? Si eso sucediese, más que poner en tela de juicio la cordura de los K habría que empezar por analizar qué pasa en la sociedad, y advertir que el eje del problema está en otro lugar.

La oposición, mientras tanto, no termina de acomodarse en el tablero. Pierde casilleros sin asidero, avanza un paso y retrocede dos. El diálogo en ese sector es también un anatema y una asignatura pendiente. Ya pasó marzo, pasó el año de la elección, pasaron las excusas queda la ineficiencia manifiesta.

A muchos de ellos les espera la característica avanzada kirchnerista, aquella que jaqueó alguna vez a Enrique Olivera, que intentó voltear a Francisco De Narváez con el tema de la efedrina, que pretendió relacionar a Claudio Lozano y Pino Solanas con un espía cuya guarida estaba debajo de un escritorio en el Ministerio de Economía, la misma que sacudió el humor de Luis Juez no hace más de un mes…

¿Están preparados los supuestos opositores para semejantes zancadillas? Se verá los próximos días. Lo que sigue siendo más preocupante es que si acaso no están preparados para superar esta metodología, muy difícilmente lo estarán para sacar adelante un país que, mal o bien, dentro de un año tendrá a los Kirchner del otro lado del poder, y a veces puede suceder que ambas veredas, en realidad, terminen siendo las dos cara de una misma moneda.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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13/07//2010

DE NUEVO LA HISTORIA DE LAS RESERVAS RECORD

El Gobierno vuelve a insistir con las reservas récord sin considerar el aumento del pasivo del Banco Central. La realidad es que el pasivo está creciendo más que el activo y, por lo tanto, no hay nada para mostrar como un logro.

Por Roberto Cachanosky (*)

Una vez más, el Gobierno muestra como un logro haber alcanzado los U$S 50.000 millones de dólares de reservas. Es por eso que, otra vez, voy a aburrir al lector con el mismo tema: esto, es las reservas propias que efectivamente tiene el Banco Central de la República Argentina (BCRA). Puesto de otra manera, decir que el BCRA alcanzó los U$S 50.000 millones de reservas implica hablar, solamente, del activo, sin mencionar qué tiene en el pasivo la institución.

Veamos los datos publicados en la página web del BCRA al 2 de julio. Según la planilla Excel que presentan, en dicha fecha el BCRA declara tener U$S 49.462 millones de reservas, valuadas a $ 3,9342 cada dólar de reserva.

Ahora bien, ¿cómo compró esas reservas el BCRA? ¿Cómo hizo para incrementar el monto de las reservas en dólares? Dado que el tesoro no tiene superávit fiscal, el Central sigue emitiendo moneda para comprar divisas ya que el saldo de balance comercial, por ahora, sigue siendo positivo y la fuga de capitales, en los últimos meses, se ha mantenido por debajo de la compra de divisas del BCRA con emisión.

Para tener una idea de la emisión monetaria, el ritmo de expansión primaria de moneda es del orden del 23/24 por ciento anual. Una tasa que claramente supera la oferta de bienes y servicios que genera la economía, produciendo el impacto inflacionario que el INDEC se niega a medir adecuadamente pero que en los hechos sabemos que está en niveles del orden del 22,5% anual para el IPC.

Pero como la expansión monetaria es tan fuerte que terminaría de descontrolar la tasa de inflación, el BCRA neutraliza parte de esa emisión monetaria colocando bonos en el mercado para absorber pesos. Es decir, primero emite y luego retira parte de esa emisión monetaria para, insisto, evitar un desborde inflacionario mucho mayor. Para que el lector tenga una idea de esta maniobra, al 2 de julio del 2009 el stock de LEBACS, NOBACS y pases era de $ 42.144 millones y al 2 de julio, luego de haber alcanzado los $72.000 millones, se redujo a $ 68.480 millones. Estamos hablando de un aumento del sotck de deuda de corto plazo del BCRA del 62,5% en un año.

¿A cuánto ascendían las LEBACS, NOBACS y Pases que colocó el BCRA y que, por cierto, pagan una tasa de interés? A la fecha mencionada, 2 de julio pasado, tenían colocados $ 68.480 millones, que al tipo de cambio de referencia son equivalentes a U$S 17.426 millones. Puesto de otra manera, de los U$S 49.462 millones que declara tener el BCRA, el equivalente a U$S 17.426 millones fueron adquiridas contra deuda. En el activo tienen esa cifra pero en el pasivo también. Esos U$S 17.426 millones es dinero que le deben a los tenedores de los bonos.

Si restamos al stock de reservas brutas esa deuda para determinar las reservas propias del Central llegamos a un primer número que es que las reservas propias del Central quedarían en U$S 32.056 millones.

Pero aquí no termina la historia, porque el BCRA computa como reservas propias los encajes en dólares por depósitos en dólares que los bancos tienen que constituir en el BCRA, encajes que para los bancos tienen como contrapartida un pasivo que son los depósitos de sus clientes. Es decir, el Central le debe a los bancos por encajes en dólares U$S 10.930 millones y los bancos le deben esa cifra a sus depositantes. En consecuencia si a los U$S 32.056 millones que habían quedado como reservas propias del Central le restamos los U$S 10.930 millones, el dato final sería que el BCRA tiene como reservas propias solamente U$S 21.126 millones y esto sin considerar deudas del Central con el BIS que dicha institución sigue manteniendo como un secreto de estado.

El primer dato a considerar es que en cualquier contabilidad hay un activo, un pasivo y un patrimonio neto. Hablar del activo sin considerar el pasivo implica, en palabras de Mancur Olson, torturar las estadísticas hasta que confiesen lo que queremos.

Si bien no estamos en un régimen de convertibilidad es interesante ver cuántos pasivos en pesos por base monetaria tiene el BCRA dado que esa base monetaria tendría que tener cierto grado de cobertura en reservas. Al 2 de julio pasado la base monetaria (circulante + encajes en pesos de los bancos en el BCRA) estaba en $ 131.410 millones. Es decir que por cada dólar propio de reservas del Central había $ 6,22 en circulación.

Cabe destacar que considerando los últimos 12 meses las reservas del Central aumentaron en U$S 3.629 millones, pasaron de U$S 45.833 a U$S 49.462 millones, muy por debajo del saldo de balance comercial, lo cual indica una importante fuga de capitales.

¿Cuánto sumaba la base monetaria y los pasivos cortos del BCRA un año atrás? Al de julio de 2009 lo que denominamos base monetaria amplia era de $ 149.826 millones contra reservas brutas (sin depurarlas como lo hice anteriormente) por U$S 45.833 millones. Esto quiere decir que por cada dólar de reserva bruta el Central tenía un pasivo entre base monetaria y bonos de $ 3,27. Hoy esa relación subió a 4,04.

Si corregimos las reservas brutas de un año atrás, la relación reservas propias contra base monetaria era de $ 4,34 y hoy es de $ 6,22. Claramente hay un fuerte deterioro matrimonial del BCRA por donde se miren los números, consecuencia del financiamiento al tesoro y las piruetas contables que se hacen para mostrar un déficit fiscal menor. Hoy, si se prefiere, los pasivos del BCRA crecen más rápido que el activo de reservas.

Hechas las cuentas seriamente, mostrar como un logro haber llegado a los U$S 50.000 millones es un truco estadístico más a los cuales nos tiene acostumbrado este gobierno para mostrar una realidad color de rosas cuando en rigor la realidad es castaña tirando a oscura.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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13/07//2010

A PROPÓSITO DEL MATRIMONIO GAY

El oportunismo político de los Kirchner ahora intenta desafiar las leyes de la Naturaleza en aras de una nueva legislación.

Por Carlos Mira (*)

Está claro que el gobierno K no tiene ninguna creencia de fondo que no sea el dinero y el poder. Y también está claro que para acrecentar el primero y mantener el segundo hará cualquier cosa. En ese marco de estrategias, la aprobación de la ley de matrimonio gay no es más que otro eslabón en la cadena de cálculos políticos con la que busca alcanzar los objetivos que persigue.

No hay allí ninguna convicción que tenga que ver con los derechos civiles, ni con una consustanciación con las ideas de fondo que dicen defender los grupos homosexuales. Sólo se persigue el endoso de casi 400.000 votos. Ese único hecho debería ser repugnante de por sí, incluso para los principales interesados que son utilizados como carne de cañón para propósitos que no son los suyos.

A estos cálculos de los Kirchner ya deberíamos estar acostumbrados. Lo que en realidad debería importar aquí es hacer un análisis breve de las cuestiones de fondo que hay involucradas en el tema.

En primer lugar, cabe preguntarse si la sanción de una ley de matrimonio entre personas del mismo sexo no es otro caso del avance del relativismo filosófico que viene dominando la vida social, no sólo de la Argentina, sino del mundo en general. Según ese relativismo, las cosas no están ni bien ni mal, sino que todo es posible bajo el sol y todos deben respetar los gustos, las inclinaciones y las posturas de todos, más allá de lo que sean las convicciones propias.

Está claro que el enunciado de esta nueva “teoría de la relatividad” resulta tentador: aquí no hay nada malo ni bueno de antemano, sino que hay distintas aproximaciones, puntos de vista y opiniones, todas válidas dentro del imperio de la democracia y de la tolerancia.

Sin embargo, si la vida no se basara en ningún principio, si todo estuviera bien y mal al mismo tiempo, el desasosiego propio de la inseguridad que produce el relativismo sumiría a las sociedades en un profundo deterioro. Si ningún ancla estuviera firme, el navío humano navegaría sin brújula.

Dentro del amplio marco de libertades que unas pocas anclas seguras le proporcionan a cualquier sociedad sí se podrá optar por gustos, inclinaciones y posturas que conformen más a unos que a otros. Pero destruir todos los cimientos sociales no puede producir más que desmoronamientos.

Desde ya que los gustos sexuales de las personas no pueden conculcarse, ni discutirse, ni embretarse. Lo que no puede desafiarse es la Naturaleza. La elección libre de vivir sexualmente de un modo no hace que de noche salga el sol. Y el sol de día y la oscuridad de noche, en términos sexuales, es que el hombre copule con la mujer y la mujer con el hombre. Luego estarán los gustos personales, como también existe la posibilidad de ir a la playa de noche y dormir de día. Pero lo natural, lo que deviene del orden normal de las cosas, es que el hombre sea el hombre y la mujer sea la mujer.

Por supuesto, la libertad de la democracia entrega la posibilidad de elegir vivir de otro modo y, no por ello, ser castigado, encarcelado o discriminado. Eso es otra cosa. Es que la libertad de elección no puede sustituir el orden natural de las cosas que suele regir la vida y los principios de la mayoría. Someter a toda la sociedad a una confusión profunda sobre lo que es normal no tiene nada que ver ni con la libertad ni con el respeto al derecho del otro.

El caso queda aún más en evidencia cuando se trata la cuestión de adoptar. La opción de vida que han hecho los homosexuales implica la renuncia a tener hijos, porque del tipo de relación sexual que ellos mantienen no se engendra descendencia. El vivir de una manera implica aceptar sus consecuencias.

Para los chicos eventualmente involucrados también supondría el ejercicio de una violencia tácita sobre el orden natural de las cosas. Sus amigos, sus compañeros de colegio, tendrán madre femenina y padre masculino. Su orden exterior será ése, porque –guste o no– eso es lo normal. No puede decirse que no hay “normalidad” en materia sexual y que todo es “normal” de acuerdo a las decisiones libres de cada uno. La “normalidad” no pasa su prueba ácida por el tamiz de la libertad, sino por el de la Naturaleza. Y a ésta no puede desafiársela sin consecuencias.

Los hijos de homosexuales que entren en contacto con hijos de heterosexuales sufrirán una enorme conmoción psicológica que, a una edad que no les permite procesar lo que protagonizan, tendrá consecuencias sobre sus personas y sobre su cosmos personal acerca de lo que está concordancia con la Naturaleza y lo que la contradice.

Todo lo dicho aquí no significa que los homosexuales no puedan vivir juntos, deban ocultarse en público o no puedan acceder a derechos que los comprendan, inclusive desde el punto de vista patrimonial. Pero todo eso sí puede hacerse al amparo de la libertad sin lesionar el dominio de la Naturaleza. No hay necesidad de desafiar el Universo en aras del derecho. Ambos pueden estar protegidos al mismo tiempo. Desafiar al cosmos con la ley es una tarea sobrehumana cuyas consecuencias nunca serán buenas.

Cuando, además, al desafío gratuito al orden cósmico de las cosas se le suma el apetito político de segundo orden, vacío de convicciones y sólo lleno de conveniencias, el cóctel que se prepare no puede tener otro resultado que la descomposición.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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12/07//2010

LA "IGUALDAD" QUE DIFERENCIA AÚN MÁS

Un Estado que realmente respeta los derechos humanos sin discriminar es justamente aquel que no los convierte en tema, y mucho menos en polémica.

Por Gabriela Pousa (*)

Una vez eliminada la Argentina del campeonato mundial, la “política” se vuelve a subir a las tablas. Se observa –sobre todo– en las intenciones de la oposición para frenar el poder hegemónico oficial, aunque de la potencialidad al acto concreto falta un trecho. También han resurgido denuncias de corrupción, aun cuando éstas han sido una constante desde la asunción de la actual administración.

El tema de la “embajada paralela” no difiere, en esencia, de otros tantos escándalos conocidos: se trate de Skanska, el caso Greco, los sobreprecios de gasoductos, la inauguración de obras que ya habían sido presentadas, la valija de Antonini Wilson, los remedios truchos, la efedrina, los aportes de campaña y demás asuntos que escapan incluso a la memoria más vasta.

A pesar de que todo ello va sumando un desgaste cada vez más palpable, lo cierto es que nada terminará por dilucidarse hasta tanto los Kirchner finalicen su mandato. Sucedió con otros gobiernos, y éste que hoy aparece jaqueado por las denuncias y las causas judiciales no será la excepción a esa extraña regla que impide aplicar, por ejemplo, ni más ni menos que un artículo de la mismísima Constitución.

Es por eso que el juicio político por mal desempeño en la administración pública no parece tener cabida en la Argentina, incluso cuando la evidencia salta a la vista. Ha sido sacado de su contexto para convertirlo en eufemismo oportunista. Cualquiera que se atreva a mencionarlo será acusado de “golpista” y sentenciado por atentar contra una democracia igualmente falseada. Pero todo suma para que, mañana, Comodoro Py sea, al menos, un paseo frecuente para aquellos que hoy merodean los despachos de Balcarce 50.

Si bien se mira, de lo que se habla es de temáticas abstractas. ¿Cuánto tiempo más se ha de discutir, por ejemplo, los negocios turbios que se tejieron con Hugo Chávez a través del Ministerio de Planificación, sin que exista ningún control? ¿Qué juez se atreverá a indagar a los actores principales del hecho? Sin duda habrá magistrados probos con intenciones de hacerlo, pero la metodología kirchnerista basada en el miedo y la amenaza todavía son un freno concreto, aunque asomen iniciativas al respecto.

Lejos del pesimismo, pero cerca de lo fáctico y empírico, puede asegurarse que todo cuanto se debate en el escenario político no deja de ser pasajero, y en la coyuntura incluso, funcional muchas veces al kirchnerismo.

El nerviosismo que dicen que genera el escándalo de la diplomacia paralela puede ser cierto pero derivará, inexpugnablemente, en alguna maniobra distractiva que permita captar la atención de la sociedad hasta tanto se desdibuje de la tapa de los diarios la figura controvertida de Julio De Vido, la “infidencia” de Eduardo Sigal, o la rudeza de Héctor Timerman.

No en vano, la polémica que desata el “matrimonio” homosexual gana terreno día a día. Incluso a aquellos a quienes el tema no los desvela porque sus problemáticas pasan por cuestiones absolutamente ajenas, se ven obligados a esta vigilia donde se extreman posiciones como si se tratara de una guerra, más que del convencimiento de igualar derechos.

Y es que algo de eso se esconde detrás de todo ello. El condimento político asoma sin disimulo en lo mediático y legislativo como si fuera un ovillo de lana cuyo inicio conduce directo a la residencia de Olivos. Del colapso de la salud, de la inseguridad y la violencia cotidiana no se esgrime ni una palabra. Es cierto, los muertos no hablan…

Ahora bien, ¿cuál es la necesidad de forjar una modificación tan controvertida en este ahora en el cual afloran un sinfín de conflictos que ameritan prioridad? Porque no se trata de polemizar sobre valores que cada uno ha de mantener según sus convicciones haya o no legislación. Se trata de la urgencia de Néstor Kirchner para atraer voluntades que sumen al caudal de votos, que por el manejo de la caja tendrá en los comicios próximos.

No hay interés alguno en reivindicar derechos, no nos engañemos. La especulación es el motor, y la certeza de haber perdido la credibilidad y el respaldo social para ganar una elección condujo a crear una falsa necesidad en grupos minoritarios que venían interactuando en sociedad como todos los demás. Sin conflicto. ¿De qué discriminación estamos hablando?

Prejuicios hubo y habrá siempre, por más que quiera o no Néstor Kirchner. Más allá de ellos, es menester reconocer que si algo se ha modificado en el país en las últimas décadas es la concepción “conservadora” de conductas, principios y roles. No en vano, la sociología contemporánea refiere a grandes cambios, agraden o no. Desde luego que en determinados aspectos, pretender consensos absolutos es y será vano.

El tiempo debatiendo la igualdad entre seres diferentes por la mismísima naturaleza humana es un as que saca de la manga Kirchner para distraer y analizar el efecto en encuestas y sondeos. No es novedosa su ambición de autoerigirse defensor de quienes no necesitan defensa, porque no hay ataque siquiera; o de agredir a aquellos que conviven en paz.

En el marco de la libertad, cada ser humano es dueño de hacer de su vida lo que le plazca en la medida de no afectar a los demás. Claro que esta premisa cae en saco roto en un país donde los derechos de algunos se “defienden” anulando los de los otros. Basta como ejemplo citar los cortes de calles por parte de quienes pretenden conquistar sus merecimientos, impidiendo que el resto logre el mismo efecto.

Está claro que en la Argentina se palpa la presencia de ‘los unos y los otros’ cuyas circunstancias, ideas, principios y conductas los sitúa inexorablemente en veredas opuestas, los diferencia. Y los Kirchner son los principales interesados en que así sea. En una sociedad, lo malo no es la divergencia sino las grietas y los enfrentamientos provocados por conveniencia. “Divide y reinarás” es el lema.

Mientras algunos están condenados únicamente a cumplir deberes ciudadanos, otros, por el hecho de poder llegar a votar la continuidad del “modelo”, sólo poseen derechos. Paradójicamente, no se hace más que acentuar las diferencias.

Un Estado que realmente respeta los derechos humanos sin discriminar es justamente aquel que no los convierte en tema, y mucho menos en polémica.

Promoviendo una ley que iguala diferenciando o, mejor dicho, cercenando, el Ejecutivo se asemeja a Procusto: bandido del Ática que acostaba a sus presas sobre una cama y les cortaba los pies si superaban su longitud, o los estiraba con cuerdas cuando no la alcanzaban. Lo igualitario se torna artificial y provocado.

Hoy, bajo el eufemismo de la “igualdad”, en realidad se acentúa la división y se coopera con otras formas de marginalidad. En este contexto, el polémico matrimonio homosexual no es un derecho, sino apenas una excusa, un capricho, un pretexto.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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12/07//2010

UN GOBIERNO DETERIODARO QUE APUESTA A DINAMITAR LA ECONOMÍA

Las encuestas muestran que hoy el kirchnerismo tiene muy pocas chances de ganar en el 2011. Perdido por perdido, de aquí a las elecciones presidenciales podemos esperar barbaridades económicas. Y, por tanto, el campo minado puede explotar antes del traspaso de mando o bien ya instalado el próximo gobierno.

Por Roberto Cachanosky (*)

Prácticamente no hay reunión en la que no surja el interrogante de si los Kirchner pueden llegar a ganar las elecciones del 2011. Muchas gentes no kirchnerista creen que el matrimonio corre con el caballo del comisario y tiene muchas posibilidades de quedarse con el gobierno por otros cuatro años más. Inclusive algún analista de los confiables no da por muertos políticamente al matrimonio y dejan algún manto de duda sobre el resultado de las elecciones del año que viene. Esta percepción está basada en el aumento que tuvo la mejora en la confianza en el gobierno a partir de enero de este año. Claro que esa recuperación de imagen parte del punto más bajo que tuvo el gobierno en diciembre pasado pero todavía está muy lejos de poder llegar a los niveles de aprobación que tuvo en su momento de esplendor.

De acuerdo al Índice de Confianza en el Gobierno que publica la Universidad Torcuato Di Tella, en junio el gobierno logró un índice de confianza de 1,61 contra el 1,04 que tenía en diciembre. No obstante, entre el 2004 y mediados del 2007, cuando comenzó el declive de confianza en el gobierno, el promedio estuvo en 2,48, lo que indicaría que todavía le queda un largo recorrido para llegar a niveles que puedan sustentar posibilidades de éxito en la primera vuelta.

De todas maneras, ¿qué sabemos hasta ahora sobre el apoyo electoral que puede tener el gobierno? Sabemos que el año pasado, a pesar de las candidaturas testimoniales, el adelantamiento de las elecciones y los enormes recursos fiscales que se destinaron al conurbano bonaerense, el oficialismo perdió por 2,67 puntos porcentuales frente a Unión Pro en la estratégica provincia de Buenos Aires. Pero…¿perdió por ese margen o fue mayor? No los sabemos porque nunca se terminó el recuento definitivo. Revisando la página web del Ministerio del Interior se observa que en los distritos más grandes del país se escrutaron algo más del 99% de las mesas. En la provincia de Buenos Aires se escrutaron el 96,68% de las mesas, suspendiéndose el escrutinio definitivo por la gripe A y nunca se lo terminó. Con esto quiero decir que, con el antecedente del INDEC, no vaya a ser cosa que la diferencia haya sido mayor y por eso nunca se terminó el escrutinio definitivo. El gobierno ha hecho los suficientes méritos como para que uno desconfíe de los datos que proporciona. ¿Y si finalmente perdió por 4 o 5 puntos de diferencia y no terminaron el escrutinio para no contradecir a Néstor que dijo que habían perdido por un puntito?

¿Qué más sabemos? Que de acuerdo a una reciente encuesta de Datamática llevada a cabo entre el 19 y el 23 de mayo de este año, sobre 4700 casos en todo el país, la imagen negativa del gobierno en los 5 distritos más grandes del país, los que concentran algo más del 70% del padrón electoral, la imagen negativa del gobierno es la siguiente: Córdoba 63%, Santa Fe 61%, Buenos Aires 60%, Mendoza 57% y Capital Federal 50%. Incluso en Santa Cruz tiene una imagen negativa del 55%. La imagen positiva del gobierno es: Córdoba 17%, Santa Fe 15%, Buenos Aires 25%, Mendoza 24% y Capital Federal 25%. Dos consideraciones sobre estos datos. Tener una imagen positiva del 25% como máximo no implica que la gente los vaya a votar en ese porcentaje. Por el contario, tener una imagen negativa tan alta implica un techo muy bajo para poder crecer.

Otra encuesta de una prestigiosa encuestadora, realizada entre febrero y marzo de este año, cuando subía la imagen del gobierno, muestra, sobre 1200 casos, que el 66% de los encuestados desaprueba la gestión del gobierno y el 33% la aprueba.

Cuando se le pregunta a la gente sobre la imagen de los principales referentes políticos, CFK tiene una negativa del 69% y Néstor Kirchner del 67%. Parecen ser demasiados datos en contra del gobierno que lucen como una mochila muy pesada de sobrellevar para perfilarse hoy como posibles vencedores electorales el año próximo.

Claro que esa es la foto hoy y muchas cosas pueden pasar en el medio, con lo cual se hace difícil formular un pronóstico definitivo.

Ahora bien, seguramente en Olivos tendrá todos estos datos y muchos más sobre sus reales chances de poder retener el poder. Como es poco probable que el matrimonio baje los brazos ahora porque si lo hiciera perderían el escaso apoyo de algunos dirigentes políticos que lo acompañan, en el Congreso sufrirían más reveses de los que vienen sufriendo en las últimas semanas y, lo que es más grave, es posible que, milagrosamente, se acelerarían muchos casos de denuncias de corrupción, al matrimonio no le queda otra alternativa que apostar a todo o nada. ¿Y por dónde pasa esa apuesta? Básicamente por la economía. Intentar mantener un alto nivel de actividad con mucho consumo interno es la carta que les queda por jugar para intentar el gran desafío del próximo año.

Como la inversión brilla por su ausencia, hay dos factores que tienen que ayudarlos. Por un lado las exportaciones y por el otro el consumo. Por el lado de las exportaciones, además de rezar para tener buenas cosechas del yuyito, es vital que Brasil no devalúe el real que frene las exportaciones a ese destino y que el euro no siga cayendo contra el dólar. Las exportaciones dependerán más de las condiciones mencionadas que de las acciones del propio gobierno porque el tipo de cambio real ya está fuertemente deteriorado y seguirá deteriorándose porque, ante expectativas inflacionarias del 30%, iniciar un proceso de devaluación del peso frenaría el consumo interno y podría producir fuertes tensiones en el mercado cambiario. ¿Por qué sobre el consumo? Porque mucha gente ve que como el dólar está quieto prefiere comprar bienes de consumo durables ayudando a la reactivación vía consumo. Desahorra para consumir. Por otro lado, si el dólar comenzara a subir en forma sostenida, la dolarización de los portfolios se acentuaría con retiro de depósitos de los bancos y presiones cambiarias, incertidumbre y freno en el nivel de actividad.

Pero esta jugada implica que, ante un tipo de cambio real deteriorado y un estímulo al consumo interno, las importaciones suban más que las exportaciones, como efectivamente está ocurriendo. Esto implica que el saldo de balance comercial se reducirá y puede ser insuficiente para financiar el actual grado de fuga de capitales. ¿Qué hace el gobierno entonces? Mientras estimula el consumo interno trata de frenar las importaciones para evitar que siga cayendo el saldo de balance comercial que es el que le financia la fuga de capitales. Los televisores, celulares y demás electrodomésticos que se venden actualmente dicen ser hechos en Argentina, aunque es fácil advertir que lo único que tienen de made in Argentina es la etiqueta que le ponen en reemplazo de la que dice made in China.

Como sea, sin inversiones no hay capacidad de aumentar la oferta interna ante la mayor demanda. Si al mismo tiempo se frenan las exportaciones y el Central sigue haciendo un festival de emisión monetaria, el gran desafío del gobierno consiste en que por estimular la actividad económica interna no se les dispare la inflación, al tiempo que puede sufrir represalias comerciales de la UE, como ya está ocurriendo con China. Es decir, las exportaciones argentinas se verían afectadas por el freno de las importaciones, con lo cual este factor dinamizador de la economía se frenaría y solo tendría más peso el consumo con una oferta interna limitada y muchos más pesos en circulación.

Otro dato a tener en cuenta es que parte del consumo interno está estimulado por los planes sociales que aplica el gobierno. Ante la inflación real, en algún momento tendrán que aumentarlos para que no se caiga el consumo y eso significa más gasto público, y como los recursos genuinos no alcanzan para financiar más aumentos del gasto, la emisión monetaria vuelve a hacerse presente con su impacto inflacionario.

El ejemplo más evidente de los problemas fiscales y de salarios reales que hoy existen en Argentina es el enfrentamiento entre el gobierno y Moyano por el aumento del mínimo no imponible de ganancias. Moyano sabe que el incremento que estableció el gobierno no compensa el aumento nominal de los salarios y, por lo tanto, la gente gana más nominalmente pero puede comprar menos realmente y, encima, tiene que pagar el impuesto a las ganancias.

¿Por qué el gobierno fue tan tacaño con Moyano a la hora de aumentar el mínimo no imponible para ganancias? Porque la caja le flaquea y sabe que necesita de la inflación para poder cobrar más impuestos sobre niveles de precios cada vez más altos. Mantener una inflación alta es clave para el gobierno porque sobre esos mayores niveles de precios es que puede mostrar más recaudación en IVA, ganancias y otros impuestos.

En definitiva, por más que quieran vendernos que el oficialismo tiene chances de ganar en primera vuelta con el 40% de los votos más 10 puntos de diferencia sobre el segundo, hoy ese escenario no aparece como posible, y en todos los escenarios de segunda vuelta Kirchner pierde. Perdido por perdido, de aquí hasta las elecciones hay que esperar cualquier medida por parte del gobierno. La más insólita y arbitraria es posible. Pero el eje de su accionar económico estará en tratar de mantener el mayor grado de actividad económica, sacrificando algo una mayor tasa de inflación. El punto es si logrará hacer sintonía fina con la tasa de inflación en un contexto de altas expectativas inflacionarias. Y, aún consiguiendo ese objetivo, ¿le alcanzará para ganar en primera vuelta y evitar la segura derrota en la segunda vuelta?

La aventura parece bastante difícil y, si bien el resultado electoral todavía está abierto, hoy luce como una misión imposible el objetivo de 40% más 10 de diferencia sobre el segundo. De lo único que estamos seguros es que, con tal de conservar el poder, de aquí hasta las elecciones serán tantas las barbaridades económicas que van a cometerse, que el próximo gobierno se encontrará con un verdadero campo minado, incluyendo a los Kirchner en caso que logren el milagro de retener el poder más allá del 2011 y, tampoco sabemos si, mientras van sembrando las minas, no cometen la torpeza de pisar una de ellas explotando todo antes de lo previsto. Pero para ellos eso no es un problema. Llegado el momento, si se da el milagro de ganar en el 2011, se verá.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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06/07//2010

EL MODELO FASCISTA DE ORGANIZACIÓN SOCIAL

Bajo su imperio, todo el mundo cree que pertenece a alguna corporación, antes que a la única que debería imperar: la del individuo-ciudadano.

Por Carlos Mira (*)

La manía fascista de dividir a la sociedad según “ramas de actividad” arruinó la idea de un orden jurídico universal para la Argentina y, por ese camino, ha lesionado incluso el principio de igualdad ante la ley.

El país no tiene un “Derecho” sino varios; por eso es hasta casi lógico que no rija en la Argentina el Estado de Derecho, el gobierno de la ley. La trama interminable de marañas legales que regulan la vida de los argentinos según sea lo que hagan es tan ridícula como contradictoria. Su aplicación supone que el “bien” del camionero implique el perjuicio del médico, que el “bien” del plomero suponga el perjuicio del abogado; que el “bien” del dentista repercuta negativamente en el canillita, y así podríamos seguir poniendo ejemplos ridículos, pero a la vez muy ciertos y posibles, de lo que el corporativismo ha significado para el país.

Todo el mundo cree que pertenece a alguna corporación, antes que a la única que debería imperar: la del individuo-ciudadano. Resulta paradójico pero el único colectivo que nos engloba a todos es la individualidad. No hay otro colectivo más mayoritario que ese; es más, de tan mayoritario es unánime.

Es por eso que los países cuyo centro de atención es el individuo-ciudadano pueden darse a sí mismos sistemas legales generales, bien extensos e igualitarios que hacen que el imperio de la democracia sea realmente genuino.

En la Argentina, una enorme porción del derecho general civil ha sido derogada por el derecho laboral general y éste, a su vez, ha sido derogado en gran medida por los estatutos profesionales especiales.

La expresión inglesa “common law” justamente trasmite la idea de un derecho común, general, aplicable a todos por igual, cualquiera sea el trabajo que desarrolle el individuo. Una vez más, médicos o camioneros o dentistas o canillitas puede haber muchos… pero no son todos.

Este entrecruzamiento de ordenamientos legales hechos a medida para las distintas actividades pone a unos contra otros e impiden la vigencia de una ley genérica, de aplicación amplia.

En el costado económico, también existe una circunstancia parecida. Aquí la condición que nos subsume a todos por igual es la característica de “consumidores”. En efecto, todos los que habitamos el país “consumimos”. Y en una enorme proporción, incluso, consumimos lo mismo: alimentos, transporte, indumentaria, etcétera.

De modo que lo único que debería proteger el “derecho común” es al consumidor y el único bien que debería estimularse desde la ley es el bien del consumidor porque es la característica que juega como denominador común de todos.

La Argentina, en cambio, ha elegido el camino inverso, es decir, el camino de sancionar normas dirigidas a buscar la protección o el bien particular de distintos “productores”. Ese tipo de legislación también produce interminables colisiones entre los intereses y las “conveniencias” de los distintos productores, porque lo que beneficia a unos perjudica a otros, con lo que en la suma algebraica total del beneficio común, el resultado es cero.

El fascismo, además de ser un sistema enemigo de la libertad y de los derechos civiles, es un conjunto de incoherencias altamente ineficiente por que produce constantemente irrealidades y artificialidades que solo benefician a los “árbitros” que las dictan y las sostienen.

Este sistema obliga a la sociedad a estar en una permanente tensión entre grupos sociales y pone al Estado (en realidad a los vivos que lo ocupan) en la situación ideal del repartidor que, como todo el que reparte, se queda con la mejor parte.

¿Se puede salir de este marasmo? Es muy difícil. Ahora que la organización fascista de la sociedad ha pasado a ser una segunda naturaleza en la Argentina, el desande del camino es casi imposible. El sentido común medio ha sido invadido y contagiado por la espontaneidad fascista. Enormes porciones de la sociedad encadenan sus pensamientos según una lógica fascista, a la que entienden y toman como natural. La idea de un Derecho Común le sonaría impracticable aun a los profesionales de derecho.

Es una verdadera picardía que el país, en un determinado momento de su historia, haya copiado tan mal. Pero eso no es lo más grave. De hecho, muchos se enamoraron de ese modelo al término de la II Guerra Mundial. El problema con el nuestro es que aún no lo ha superado y, como dijera el Conde Sforza, cuando los italianos “lo hayan dejado atrás, los argentinos seguirán sufriendo sus consecuencias”.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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05/07//2010

DE SELECCIONES Y SELECCIONADOS...

Por Gabriela Pousa (*)

“Hete aquí el espectáculo que se nos ofrece: la mediocridad juzgando 

a la mediocridad, y la incompetencia aplaudiendo a su hermana” 

Oscar Wilde

 

Hace exactamente una semana decíamos en este mismo espacio que, más allá de las máscaras y disfraces, las consecuencias de ciertos actos siempre llegan y se hacen notar. Parece que esta sentencia no sólo es aplicable a la política. Después de un fracaso deportivo, la mayoría de los análisis coinciden en hacer referencia a lo mismo.

 

Posiblemente –y considerando que el fútbol, como suele decirse, es una “pasión de multitudes”– sea necesario marcar cierta similitud en los escenarios. En ese sentido, todas las miradas apuntan a la dirigencia, al exacerbado exitismo argentino y al desahogo de echar culpas afuera pese a que las victorias siempre poseen innumerables progenitores y las derrotas son huérfanas por naturaleza.

 

Hacer leña del árbol caído” también es un ejercicio común en esta geografía donde los héroes duran lo que un castillo de arena construido en la orilla cuando sube la marea. Lo cierto es que, más allá de la anécdota y lo coyuntural de un torneo deportivo, quizás aquello que angustia con mayor fuerza no sea el fracaso en sí mismo sino el tener que regresar a una realidad sin atenuantes ni treguas.

 

El mismísimo Diego Maradona comentaba días atrás que era necesario ganar el Mundial para que el país tuviera una alegría porque es mucho lo que se sufre día a día. No hace falta agregar más nada. De todas las declaraciones hechas en estos días, resumen la contienda la contundencia de esas palabras. Hay una tristeza en la Argentina que excede hasta la hermandad que generan los colores de una camiseta. Con las victorias parciales de la selección pudo menguar por unos días u horas al menos, la angustia de vivir en una crisis casi perpetua.

 

Después de siete años de administración estrafalaria, de estafa a la democracia y de mentira institucionalizada, la salida del tunel no la daría una victoria en Sudáfrica. Pocos podían desconocer esa verdad de Perogrullo. Sin embargo, es lícita la necesidad de ciertas anestesias que permitan llegar a otra final para la cual falta un año todavía. Acusar o acusarnos de haber paralizado, en cierto modo, la noción del caos en que estamos es inútil y no coopera a regresar al llano.

 

Son tantas las derrotas de la Argentina en los últimos años… La dirigencia insiste con recetas frívolas y pasatistas. No hay soluciones concretas que puedan garantizar la llegada de epopeyas victoriosas, apenas hay algunos pasos que ameritan darse cuenta que si las cosas se hacen bien y a conciencia se puede lograr aunque más no sea, una suerte de cicatrización menos cruenta.

 

Esta lectura es la que puede darse a los últimos acontecimientos que ha protagonizado la oposición en el recinto, mientras todos esperaban que la redención llegara en forma de gol. Pasó un año para que la sincronización de ideas o impericias se palpalara más allá de las buenas intenciones y las palabras, pero todo llega.

 

Hoy el oficialismo esta rearmando una agenda que le permita retomar la iniciativa perdida. Esta realidad requiere más que algarabía una gran cautela que sólo la puede dar una sociedad madura para entender que los Kirchner son una suerte de Ave Fénix capaces de renacer de sus propias cenizas. Si no hay conciencia de ello, en un instante de distracción cualquiera, la estocada volverá a jaquear como sucedió tantas veces ya.

 

El verdadero triunfo de una Nación es casi un concepto ligado a los existencialistas: sólo es palpable y visible cuando su concreción se inscribe en las páginas innegables de su biografía, y muy posiblemente cuando sus artífices y contemporáneos ya no están para dar fe de cuánto ha costado vencer la desidia. Sin embargo, hay pasos intermedios que ameritan su festejo en la medida que éste no obre cual árbol capaz de tapar el bosque. En ese sentido son válidos los aplausos a las limitaciones que está sufriendo el oficialismo, paradójicamente, gracias a sí mismo.

 

 

El resto es humo. Los sondeos de opinión que hoy se ensayan como experimentos del laboratorio social no aportan un ápice a la realidad. Sin duda, Kirchner está en un momento poco propicio a sus intereses y oportunismo, pero quedarse en esa lectura de los hechos, y sumar a ello la derrota deportiva porque se pretendía utilizar una victoria como maniobra distractiva es de una liviandad supina.

 

No estamos en esta contienda jugando contra Nigeria, ni contra Grecia únicamente, hay un “todo” por modificar. Qué en el trayecto haya festejos y alegrías es legítimo y hasta sano si no se pierde el foco de todo cuánto falta vencer y jugar todavía.

 

La Argentina está golpeada pero no podemos ser tan necios y ciegos de limitar o echar culpas por ello a una selección deportiva. Incluso de ella se desprenden ejemplos que pocos tienen en cuenta: hay jugadores que se han hecho a sí mismos, a fuerza de trabajo y no de subsidios. Si hoy ganan fortunas es por designio del mercado muy alejado además de constituirse en pecado. Hay un director técnico que no ha sido ejemplo de virtud pero que ha sorteado las consecuencias de sus propias inconductas y flaquezas. No todos somos humildes y centrados.

 

Si algo de todo esto hubiese en el grupo que ocupa los despachos de Balcarce 50, podríamos darnos por satisfechos aunque no ganemos mundiales ni llevemos al país a estar entre las potencias más grandes. Pero en el gobierno no hay esfuerzos ni equipo, tampoco individualidades. Hay soldados que no creen ni ellos mismos en la causa que defienden cada vez con menor tino.

 

Y el DT, aunque emule a Maradona en excesos y soberbia, no ha podido sortear las dificultades que acarrea pasar de ser nadie a ser Dios, por obra y gracia de una sociedad que da y quita con una facilidad y velocidad inaudita.

 

Revertir la derrota del seleccionado puede, a lo sumo, llevar 4 años. Revertir el fracaso de la política lamentablemente llevará un tiempo impensado, y la posibilidad de que sean los mismos quienes logren llevarlo a cabo es una utopía supina en tanto no ha habido ni esfuerzo desde abajo, ni resurgir de la propia ruina, ni mucho menos interés en constituirse seleccionado.

 

De todo paralelismo que pueda hacerse entre políticos y deportistas cabe destacar un mismo mal: cierto sector de la prensa capaz de contradecirse a sí misma de la manera más ruin y perversa. Cuando el periodismo se reduce a aplaudir al vencedor y denostar al vencido, todo vestigio de credibilidad se pierde en sinsentidos y vulgaridad.

 

En ese aspecto, no hay diferencias entre muchos de quienes elevaron loas a los Kirchner hasta verlos acorralados en su propio laberinto, y éstos que hoy se ufanan de tener la verdad revelada porque la Copa no llegó a casa.

 

La vida sigue. La realidad gana.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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05/07//2010

JUBILACIONES: EL SISTEMA ESTATAL ES INVIABLE

Por Roberto Cachanosky (*)

Bastante mal parado ha quedado el Gobierno negándose a aceptar el proyecto de ajuste de las jubilaciones que presentó la oposición. El argumento que puede leerse en la página del Ministerio de Economía es que llevaría a la quiebra al sistema provisional. Sin embargo, en verdad el sistema ya está quebrado y, en todo caso, como en economía siempre hay que optar, el Gobierno debería elegir entre despilfarrar $ 35.000 millones anuales en subsidios a la energía, el transporte y otros rubros más o financiar el aumento de las jubilaciones.

De todas maneras, por más vueltas y parches que quieran ponerle al sistema de jubilaciones estatal, es imposible arreglarlo porque es inviable. Aquí y en cualquier país del mundo. La razón es muy sencilla, en los sistemas de reparto los trabajadores que están en actividad pagan un impuesto, junto con las empresas, sobre sus salarios para financiar a los que están jubilados. Y mañana los que hoy trabajamos seremos mantenidos por los impuestos que pagarán los nuevos trabajadores y las empresas. En base a este dato obvio, el primer problema que se presenta es que, gracias a Dios, la esperanza de vida de la gente aumentó y la tasa de natalidad no aumentó al mismo ritmo, por lo tanto, cada vez hay menos trabajadores en actividad para sostener a un stock de jubilados cada vez mayor. Se estima que la relación actual es de 1,4 trabajadores por cada jubilado. Absolutamente inviable. Este es el primer dato a tener en cuenta. Matemáticamente, el sistema de reparto no funciona.

Lamentablemente, en algún momento vinieron los políticos y nos dijeron: “como todos usted son unos incapaces que no saben prever su futuro, nosotros nos vamos a encargar de administrarles el dinero para cuando lleguen a jubilarse”. El resultado está a la vista. Los jubilados están en la miseria más absoluta y muchos de los políticos que se sintieron y se sienten superiores al resto de la población disfrutan de fortunas personales envidiables. Es que no todos pueden tener la visión de comprar en el momento oportuno algunos terrenitos en El Calafate para cuando se jubilen.

¿Puede hacerse algo para mejorar la situación de los actuales jubilados? La realidad es que no mucho. ¿Por qué? Porque el ingreso de los jubilados es función de las siguientes variables: a) la tasa del impuesto sobre los salarios que se aplica para financiar al sistema, b) el nivel de salario real que cobra el que está en actividad, c) la tasa de ocupación y d) el grado de trabajo en negro.

Cuanto mayor sea la tasa del impuesto que se paga sobre los salarios, mayor el incentivo a la evasión y al trabajo en negro dado que el costo de la mano de obra se hace artificialmente más caro, por lo tanto se tiende a sustituir capital por trabajo. Pero como el costo del capital en Argentina es caro por la falta de calidad institucional, toda mejora en los ingresos de los jubilados basada en mayores impuestos al trabajo deja a la economía con los dos factores de producción en niveles altos. Tanto el costo del capital como el costo laboral hacen que la economía no pueda ser competitiva, los salarios reales bajos y las jubilaciones también bajas.

El punto b) tiene que ver justamente con el tema institucional. El salario real depende del stock de capital por trabajador. Como gobierno tras gobierno se han encargado de demoler la calidad institucional, Argentina tiene una muy baja tasa de inversión. Por esa razón hay tantos pobres, desocupación y salarios reales que encima son atacados con el impuesto inflacionario. En consecuencia, con esta calidad institucional es impensable en tener una masa salarial (la base imponible) lo suficientemente alta como para financiar jubilaciones más elevadas.

El punto c) se liga al concepto anterior. Sin inversiones no se crean puestos de trabajo y, encima, con impuestos altos sobre la nómina salarial menos incentivos a contratar personal. Por eso, también aparece el punto d) que es la economía informal. Mucha gente prefiere trabajar en negro para que no le quiten con impuestos una parte importante de su salario para encima tener una jubilación miserable el día de mañana.

Pero aún mejorando la calidad institucional, la inversión, el salario real y disminuyendo o eliminando el trabajo en negro, el sistema sigue siendo inviable por la relación entre trabajadores activos y jubilados.

La solución de fondo es pensar hacia adelante, volviendo a un sistema privado de ahorro, pero con importantes mejoras en el marco regulatorio. En realidad cualquier ser normal sabe que vivir en la Argentina significa tener que ahorrar para la vejez porque la jubilación que cobrará será miserable. En los hechos mucha gente va ahorrando al margen del Estado para el día en que se retire. Conclusión: si la gente ya está tomando sus recaudos, ¿para qué necesitamos que el Estado nos diga si tenemos que ahorrar en una AFJP o en el sistema de reparto? Puesto de otra manera, cada uno sabe que tiene que arreglarse para no llegar como indigente al momento de la jubilación.

Lo concreto es que los actuales jubilados son víctimas del Estado Benefactor que les iba a asegurar la jubilación y la salud. Si esta es la ayuda de la dirigencia política, mejor que no ayuden más y dejen que cada uno ahorre para cuando se retire. Y por favor, que no me vengan con que no se puede dejar a la gente que actúe libremente para su momento de jubilación, porque si a esto le llaman jubilación estaríamos ofendiendo el intelecto de la población.

¿Qué hacer con los jubilados actuales mientras cada uno empieza a armar su futuro para cuando se retire? Por un lado es imposible mejorar los ingresos de los jubilados si no mejora el salario real y para eso hay que tener inversiones. Así que el primer paso es reconstruir el respeto por los derechos de propiedad para empezar a tener inversiones. En segundo lugar, se podría mejorar el ingreso de los jubilados eliminando los subsidios y pasando parte de esos ingresos a los actuales jubilados. Otra parte puede salir de las pérdidas de las empresas estatales, el fútbol para todos y una serie de obras públicas que deberían financiarse con capital privado, el que debería recuperar la inversión con tarifas por el uso de las rutas, etc. Es decir, en vez de que De Vido gaste la plata de los contribuyentes para hacer una ruta que luego CFK inaugura con algún discurso innecesario, la obra se financiaría con capitales privados con un recupero que provendría de lo que deberían pagar aquellos que usan esa ruta y, además, nos ahorramos el innecesario discurso de Cristina.

No vendría mal, por otro lado, explorar si los negocios acordados con Chávez son del todo convenientes. En una de esas en ese punto se encuentran algunos recursos adicionales para bajar el gasto o bien destinarlos a los jubilados.

En definitiva, lo primero que hay que tener presente es que la jubilación estatal es matemáticamente inviable. Lo segundo es dejar que la gente arme su jubilación hacia el futuro sin que papá Estado venga a estafarnos con el argumento que ellos son más ilustrados que nosotros. El tercer punto es, dentro del inviable sistema estatal, buscar la forma de corregir los cuatro puntos señalados más arriba para que aumenten los ingresos reales y, paralelamente, dejar de dilapidar recursos de los contribuyentes para destinarlos a sostener a los actuales jubilados. La triste realidad es que los actuales jubilados son víctimas de un sistema inviable. Y aún más, la oposición aceptó terminar con las AFJP y ahora se queja por la forma en que el gobierno maneja los fondos que la gente tenía ahorrados. ¿Acaso pensaban que los Kirchner iban a manejar de una forma diferente esos fondos?

Ese dinero del que se apropió el Estado debería volver a manos de quienes fuimos confiscados, porque no sirve usar ese stock para financiar flujos de gastos mensuales. Es decir, no puede financiarse aumentos de jubilaciones en forma permanente usando stocks. Los aumentos deben financiarse con flujos, y esos flujos provienen del salario real, de una baja tasa de desocupación y de mínimo trabajo en negro, que solo puede lograrse bajándose la carga tributaria sobre los salarios en vez de subirla como proponen algunos sectores de la oposición.

En definitiva, alguno podrá pensar que mi propuesta de que cada uno arme su jubilación es de insensibilidad social. La situación de que hoy viven los jubilados me permite afirmar que mi propuesta tiene más contenido social que la demagogia populista de la jubilación estatal.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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04/07//2010 

FALSOS IDEÓLOGOS Y FALSAS IDEAS

por Juan de Dios González (*)

     Existen ideas falsas, alejadas de la realidad. ¿Porque falsas?, porque son imposibles de llevarlas a la práctica, porque traducen, reflejan o expresan perspectivas, intereses o percepciones artificiales y apócrifas.

     Estas ideas son manipuladas por falsos ideólogos, con el fin de obtener réditos personales, partidarios y sectarios, siempre en desmedro del pensamiento de la mayoría.

     Utilizando la doctrina gramsciana,  éstos, procuran por todos los medios conseguir la conquista de la sociedad para luego usurpar al Estado.

     Sus maniobras consisten en ir introduciendo sus falacias en todas las organizaciones (escolares, culturales, de información, religiosas, sindicales, etc.) para ir formando un aparato cultural propicio a sus intereses.

     Con habilidad, prácticamente científica, logran introducir en la mente de los ciudadanos y en las distintas estructuras sociales, el germen de sus emponzoñados conceptos, carentes de objetividad y ecuanimidad, provocando en la mente de los receptores una descomposición del razonamiento y la imposibilidad de obtener la verdad.

     El objetivo, el único propósito, es arribar al poder del Estado; y al lograrlo, inevitablemente, por no tener la visión,  la idoneidad ni el pragmatismo para desarrollar lo que resulta útil y necesario en la administración de los intereses de la Nación y de sus ciudadanos, nos llevan a la anarquía, la desesperanza, al odio, la convulsión y a la desintegración social.

     Luego, desde el caos, surgirán otros, portadores de mesiánicos planes, o ellos mismos con disfraces ideológicos distintos, quienes bajo la excusa de ordenar el país, reparar los perjuicios causados  y dar tranquilidad a los argentinos, pueden llevarnos a otro tipo de opresión y a la pérdida total de nuestra libertad, ya, en nuestros días, seriamente afectada por la inseguridad y la injusticia imperante.

(*) El periodista Juan de Dios González es propietario y director de Crónica y Análisis Periódico On line.

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30/06//2010 

 

...Y AHORA VAN POR NUESTRAS VIDAS

Por Juan de Dios González (*)

    Asistimos, azorados y perplejos, como diariamente, mujeres, hombres, ancianos, jóvenes, niños, curas, almaceneros, ingenieros, arquitectos, abogados, policías, fiscales, jueces, etc., etc., son asaltados, secuestrados y atacados a balazos, por una delincuencia cada vez mas atroz y salvaje. 

 

     Ya nos hemos acostumbrado a los merodeadores, a la prostitución callejera, a los punguistas, a los hurtos y también de las estafas constantes a nuestro patrimonio e ilusiones.  

 

     La delincuencia no tiene límites. Ahora, ahora van por nuestras vidas.

     Los delincuentes,  como fieras cebadas, relamiéndose, buscan a sus victimas por el solo placer de libar su sangre, sabor que ya paladearon y necesitan para saciar sus desenfrenos. 

 

     Nada es casual. Todo tiene una razón de ser. El efecto es consecuencia lógica de una causa, un origen, un principio. Entonces, nos surgen las preguntas: ¿quiénes nos llevaron a esta macabra realidad?, ¿por qué?, ¿para que?. 

 

     Las respuestas están bien documentadas, basta solamente con releer los diarios y con reproducir grabaciones de emisiones de televisión y radio. 

 

     Descubriremos que son los mismos que antes actuaban subrepticiamente y en las sombras; los mismos, quienes luego de arribar a los distintos estamentos del Poder y del Estado, utilizando todos los medios deformadores de opinión a su alcance, seguros, de haber convencido a la sociedad  de que lo correcto y positivo para nuestro pueblo era imponer el garantísmo, la actitud libertaria y la anomia, promulgaron leyes sombrías, y para aquellas otras. que no lograron derogar o reformar, le propiciaron una interpretación embriagada con una ideología permisiva, confusa, anárquica y de sugestiva imparcialidad. 

 

     Son los mismos que destruyeron las Instituciones de la democracia, infectándolas con el germen de la decadencia y el caos. Son los forjadores de la reforma policial y las purgas de honorables servidores públicos practicadas al mejor estilo stalinista en la Provincia de Buenos Aires. Son lo que arruinaron y desmantelaron a la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Son esos mismos, los que elaboraron la Reforma Judicial en la provincia con las derivaciones y consecuencias por todos conocidas.

 

     Son los mismos que justifican el delito agraviando y humillando a los pobres, dando a entender que  roban, violan y matan porque tienen hambre.  Son los mismos que nos dicen: que la inseguridad es una “sensación” y que el crimen es producto de la droga, de la incultura, de la falta de trabajo, de la desesperanza; pero no dicen que son ellos los responsables y quienes tienen la obligación de bregar para que el ciudadano tenga pan, educación, trabajo, salud y expectativas de mejor vida. Son ellos quienes tienen el compromiso y el deber de dirigir una frontal lucha contra el narcotráfico, con inflexible voluntad política y una adecuada legislación, con Gendarmería cuidando las fronteras y no haciendo de “inspectores de tránsito” en las autopistas, con una debida radarización y un debido control para que no ingresen al país extrañas valijas con narcóticos u otras mugres. 

 

     Entonces nos preguntamos ¿POR QUÉ? Será por desidia, por incapacidad, por algún interés; y luego nos preguntamos ¿PARA QUÉ? Será para disimular sus vicios, para delimitar sus ignorancias, para encubrir sus impurezas.

     Inmediatamente surge la inevitable pregunta ¿HASTA CUANDO? ¿Hasta cuando soportaremos a estos  personajes que arruinaron el país y destrozaron nuestras vidas?. ¡BASTA!  ¡Basta de perjudicar a una mayoría honesta y decente, para proteger a una minoría transgresora y decadente!

(*) El periodista Juan de Dios González es propietario y director de Crónica y Análisis Periódico On line.

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29/06//2010

ALGO MÁS SOBRE LOS ABOGADOS Y LA DECADENCIA ECONÓMICA

Desde 1983 hasta ahora, todos los presidentes argentinos han sido profesionales del Dereche. Y, justamente en este período, el atropello institucional se profundizó en forma alarmante.

Por Roberto Cachanosky (*)

El viernes pasado, el portal de La Nación publicó un artículo mío que titulé Abogados presidentes y decadencia económica, nota que surgió luego de leer otro texto de Orlando Ferreres también en el sitio de La Nación.

La nota de Orlando Ferreres hacía referencia a que desde 1810, 28 presidentes habían sido de profesión abogados, sobre 69 que contabiliza en su escrito. El dato interesante es que desde 1983 hasta ahora todos los presidentes han sido abogados y, justamente en este período, la decadencia institucional se profundizó en forma alarmante.

No era intención de esa nota menoscabar la profesión de los abogados y mucho menos decir que por culpa de los abogados se profundizó la decadencia económica argentina. Simplemente me pareció llamativo que habiendo sido, desde 1983, todos los presidentes de profesión abogados, el avasallamiento de los derechos de propiedad y el desprecio por el sistema republicano de gobierno haya sido tan deteriorado, llegando a su punto máximo con los Kirchner, un matrimonio de abogados.

Frédéric Bastiat (1801-1850) escribió un breve ensayo titulado La Ley, en ese ensayo marca el punto que me interesa resaltar. Bastiat habla de dos tipos de expoliación. La expoliación extra legal y la expoliación legal. La primera es el simple robo, la estafa, que son penadas por los códigos. La segunda, la expolición legal, la define de la siguiente manera: “La ley a veces defiende y participa en la expoliación. A veces la lleva a cabo por su propia mano a fin de ahorrarle al beneficiario la vergüenza, el peligro y el escrúpulo. A veces pone todo aquel aparato de juzgados, policía, gendarmería y prisión, al servicio del expoliador, tratando como criminal al expoliado que se defiende”. Con esto nos está diciendo que diferentes sectores de la sociedad recurren al Estado para que éste, mediante una ley, les quite a otros lo que les pertenece para dárselos a ellos. Se pregunta Bastiat cómo reconocer el robo legalizado, y responde de esta manera: “Hay que examinar si la ley quita a algunos lo que les pertenece, para dar a otros lo que les pertenece. Hay que examinar si la ley realiza, en provecho de un ciudadano y en perjuicio de los demás, un acto que aquel ciudadano no podría realizar por si sin incurrir en criminalidad”. Dicho crudamente, Bastiat nos advierte sobre el indebido uso del monopolio de la fuerza que suelen utilizar los gobernantes para literalmente robarle el fruto de su trabajo o su patrimonio a gente que ha trabajado honestamente. Actualmente este tipo de robo legalizado se llama justicia social, políticas públicas activas, función del Estado para regular el mercado y cosas por el estilo.

Digamos que en nombre de la justicia social, de la protección de las fuentes de trabajo, de defensa de las empresas nacionales (como si las empresas pertenecieran a una nación) el Estado puede usar el monopolio de la fuerza para robarle a unos y darle a otros que se consideran con el derecho de consumir sin producir. De vivir a costas de los que producen.

Cuando el Estado sigue este camino, es que deja de existir el estado de derecho y los gobernantes pasan a ser una especie de banda de delincuentes que, con el argumento de haber sido votados por el pueblo, consideran que pueden quitar a gusto y placer el patrimonio y los ingresos a los que producen para repartirlo en nombre de la solidaridad.

El Estado se transforma en un saqueador, pero tan pervertida está la ley que quien trata de defenderse frente al saqueo del Estado pasa a ser, ante los ojos de esa ley pervertida, un delincuente. Por ejemplo, hoy día quienes trabajamos tenemos que mantener a legiones de piqueteros que viven sin producir y son una especie de fuerza de choque del gobierno de turno. Si alguno de los que producimos diariamente dijéramos que nos negamos a pagar impuestos para financiar a aquellos que viven de nuestro trabajo y que, encima, son los que van a agredirnos si nos negamos a ser saqueados, entonces somos delincuentes ante la ley por evadir impuestos o llamar a la rebelión fiscal.

Y si alguien piensa que estoy exagerando, basta con recordar la protesta del campo cuando la 125 y como un dirigente piquetero, financiado con nuestros impuestos, salió a repartir trompadas con su fuerza de choque en defensa del gobierno de Cristina Fernández. Hemos llegado a tal grado de locura que tenemos que pagar impuestos para financiar a aquellos que nos van a agredir. Y si no pagamos los impuestos para financiarlos entonces somos evasores. Es decir, delincuentes.

Este es un solo ejemplo que podríamos dar sobre la ley pervertida, pero el listado es gigantesco y va desde sectores que piden protección contra la competencia (desproteger al consumidor), hasta los que exigen que otros le paguen la casa e infinidad de demandas llamadas sociales.

Una sociedad que vive bajo estas normas jamás puede progresar porque todos empezamos a saquearnos unos a otros y cuando el saqueo es generalizado nadie quiere producir y todos pretenden vivir a costa de los otros. ¿Acaso no es este nuestro principal drama? Usar la ley para robarle el trabajo a quienes producen honestamente.

Ahora bien, como decía antes, la nota de La Nación lejos estuvo de afirmar que los abogados son unos ineptos. Lo que resalté es que desde 1983 hasta la fecha todos los presidentes fueron abogados y despreciaron el principio de un Estado limitado y subordinado a la ley. Pero también dije en esa nota que así como el problema económico no podía resolverse sin tener previamente un orden jurídico que estimule la producción eliminando el robo legalizado, era necesario establecer una suerte de análisis en que intervinieran varias disciplinas. Porque en definitiva si durante 27 años, por tomar desde 1983 hasta la fecha, el Estado se ha transformado en el impulsor del robo legalizado es porque hay una población que, mayoritariamente, ve con buenos ojos este tipo de políticas.

Hay algo que ha calado muy profundamente en la sociedad argentina que hace que acepte que los gobernantes (sean abogados, economistas, ingenieros o lo que fuera) usen el monopolio de la fuerza para actuar como lo haría un simple delincuente, con la diferencia que porque es una ley está bien. Y ese algo, me parece, tiene que ver con la cultura de la dádiva que se instauró en el país, cultura de la dádiva que es funcional a los dirigentes políticos porque el que más saqueo promete es el que suele ganar las elecciones.

Puesto de otra manera, yo nunca podría ganar una elección en la Argentina porque por principios jamás le prometería a la gente que les repartiría el dinero ajeno. Mi propuesta de gobierno consistiría en eliminar todas las trabas que le pone el Estado al espíritu emprendedor. Diría que el mejor modelo de distribución del ingreso es el que proviene de crear condiciones jurídicas, políticas y económicas para que tengamos una avalancha de inversiones que creen nuevos y más eficientes puestos de trabajo, aclarando que la avalancha de inversiones no sería en base a privilegios sino a la previsibilidad en las reglas de juego. A un sistema impositivo que no expolie a quienes producen gracias a un Estado reformado y limitado a sus funciones específicas, que son las de proteger el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas. Ahora bien, ¿a quién conmovería cono semejante propuesta? Ni en la Recoleta ganaría las elecciones porque reconozco que mi pensamiento es infinitamente minoritario en Argentina. Pero por tener un pensamiento minoritario no pienso renunciar a él con tal de conseguir votos ni la aprobación de la gente.

En definitiva, el problema no son los abogados los que han generado este lío fenomenal, sino que es una sociedad que quiere vivir con los beneficios del capitalismo aplicando las reglas del socialismo saqueador. Por lo tanto, si la mayoría de la población sigue apoyando a políticos que en nombre de la justicia social destruyen el estado de derecho, base fundamental del crecimiento económico, no debe sorprendernos que sigamos en esta larga agonía de decadencia permanente, porque ningún país tiene futuro sin inversiones competitivas y estas solo llegan cuando impera la ley, el respeto por el derecho de propiedad y la cultura del trabajo como forma de vivir.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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28/06//2010

FIERECILLA ENCUMBRADA

Por Gabriela Pousa (*)

“Terminen con la telenovela”, dice,
paradójicamente desde afuera, la protagonista.

Y sí, hay vida más allá del Mundial aunque estamos en los cuartos de final. Por esa razón los medios le han dado un breve espacio –es cierto que no es necesario extenderse demasiado– al viaje de Cristina Kirchner a Canadá. Una Cumbre más y van… Lo interesante es contemplar qué lectura puede hacerse que difiera de las anteriores epopeyas kirchneristas a los diversos puntos del planeta.

Que el acompañante sea Héctor Timerman y no Jorge Taiana no hace a la sustancia. Lo importante es observar lo inútil de la presencia de la jefa de Estado en todas las reuniones de líderes internacionales. No porque las mismas no puedan arrojar resultados oportunos para el desarrollo de las naciones sino por el papel que ha elegido jugar la Presidente, y que se torna evidente en sus alocuciones. Pretende insertarse en el mundo frenando importaciones y denostándolo.

La mandataria no asiste para intercambiar nada, menos todavía para aprender de experiencias foráneas. Todo lo contrario. Va contra la corriente. Asiste a dar cátedra. Oscar Wilde advertía ya sobre aquellos que son incapaces de aprender y se ponen a enseñar. Hoy esa sentencia cae a pie juntillas para ilustrar el escenario que toca evaluar.

En primer lugar, este viaje junto a la euforia del Mundial cooperan a quitar de la memoria colectiva lo sucedido exactamente un año atrás… ¿El 28 de Junio del 2009 no ha pasado nada acá?

Y vuelve a poner sobre el tapete aquel viejo interrogante: ¿Julio Cobos ha dejado de ser destituyente o nunca lo ha sido, y esa sentencia presidencial fue sólo un pretexto para no asistir a la reunión con el premier chino porque urgía hacerse de las reservas del Banco Central?

Las prioridades del gobierno dejan mucho que desear, máxime si tenemos en cuenta qué consume China, su densidad poblacional, y qué se produce bajo el nombre de “reina madre” en la Argentina. Pero la perdida de oportunidades, a esta altura, es una constante.

Lo cierto es que la Presidenta volvió a caer en aquello que Sartre denominaba “déconnade”: el cachondeo total. Utilizó artillería harto conocida como ser la benevolencia del Estado interventor, la crítica al “neoliberalismo”, a los organismos crediticios, etc. Pero no pudo escapar a una de las características intrínsecas del oficialismo: la contradicción permanente. Así, criticó y rechazó lo que ella misma apoyó, y ejecuta hoy al no combatir la inflación, es decir, el ajuste.

Los autodenominados progresistas suelen caer en la anatema de echar culpas afuera, no ver la paja en el ojo propio, y exigen cambios que ellos no realizan.

Se protesta en definitiva contra entelequias y siglas, eso explica que no haya faltado la crítica al FMI, a las calificadoras de riesgo, a los paraísos fiscales, y a los capitales especulativos. Lo concreto es que la identificación del culpable es neutra, no se lo puede nombrar, y por ende es casi imposible alejarse del mal. Todo discurso se agota en el descrédito y el enfrentamiento estéril, no propone salidas, soluciones ni alternativas.

Pareciera que el modelo kirchnerista consiste en oponerse al hemisferio norte y erigirse autoridad. La critica y la culpa ajena es una reacción casi refleja. Obsérvese que si acaso hay una diplomacia paralela es porque el Embajador que debía entablar los vínculos entre las partes no ha cumplido con su tarea. Nadie esgrime que de ser cierta esa premisa, la responsable primera es quién lo nombró para que ocupara ese rol.

Si en su momento Aníbal Ibarra fue acusado por la tragedia de Cromañón ha sido porque la responsabilidad política tiene existencia fáctica, empírica. Que, ahora, Eduardo Saodus sea acusado de no cumplir con sus obligaciones al frente de la embajada en Venezuela, no exculpa ni redime la creación de una entidad clandestina habilitada para llevar a cabo esa y otras tareas. Del mismo modo como el fallo de la Corte de la Haya o las reuniones con Pepe Mujica no exculpan a las autoridades argentinas de mantener y promover el corte de rutas, incumpliendo durante tres años con el artículo de la Constitución que garantiza la libre circulación.

Cuando no se soporta el pensamiento diferente, ni se admite el propio error, la oratoria contestataria, el dar cátedra y exponerse como ejemplo acarrea el “esnobismo de la indocilidad” como si éste conciliara gloria y sosiego. Así lo cree la Presidente como exponente de una casta de insurgentes que bajo la “estética de la sedición”, se expresan en nombre de los pobres y de los excluidos. El padecer una determinada enfermedad, para ellos, confiere el status de médico. Muchos de los mandatarios latinoamericanos confluyen en este comportamiento.

¿Cuál es el peligro? Como expone la ciencia política hay cuatro destinos para estos “rebeldes”: 1) terminar como dictadores o narcotraficantes 2) dejar de presentarse como perseguidos para actuar como déspotas, 3) morir con las botas puestas como mártires o 4) transformarse en comediantes de la indignación al frente de minorías que ejerzan presión.

Algunos de estos finales parece ser un traje a medida para la dirigencia argentina. Mientras tanto, se sucederán las cumbres, se pronunciarán idénticos monólogos, se despotricará hacia afuera para evitar cualquier condena, y se regresará con mirada altiba por un éxito que sólo miden por el silencio de aquellos que, por educación, escuchan y no critican.

Lo cierto es que tras estos encuentros nunca han llegado a la Argentina inversiones de envergadura, ni se ha solucionado ninguno de los problemas que aquejan al común de la ciudadanía.

Siguen matando gente a diario, la Justicia es una risa, no hay insumos en los nosocomios, la desnutrición infantil se cobra nuevas víctimas, la educación acepta rebeliones de alumnos que, en nombre de viejas felonías agreden y toman escuelas, y se terminan de abolir las jerarquías en lo que parece un plan sistemático de igualar hacia abajo.

El final no guarda sorpresa. Está cantado, y no por grupos destituyentes ni nada parecido sino por la doctrina misma de la política que ha demostrado de qué manera ciertas conductas no pueden escapar a sus consecuencias (aun cuando gane la Argentina). Basta recordar cómo un año atrás las urnas daban inexpugnable evidencia aunque el pueblo, todavía, espera…

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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28/06//2010

TODAS LAS VOCES

Por Carlos Mira (*)

El ex presidente Kirchner ha dicho que “para consolidar la democracia, se deben escuchar todas las voces”. ¿Todas las voces?, ¿está usted seguro, ex presidente Kirchner?

Más allá de la batalla por la ley de medios y de la pelea casi personal del ex presidente con un ciudadano privado, accionista de una empresa de medios de comunicación (detalle que empaña todas las opiniones de los contendientes), la pregunta acerca de si realmente Kirchner dejaría que todas las voces se escucharan en el país, sin cortapisas, sin extorsiones, sin ahogos económicos provocados, es completamente procedente porque, efectivamente, lo que Kirchner parece proponer y lo que de alguna manera ya está en vigencia hoy es un completo desbalance de las opiniones en las expresiones abiertas de los medios.

En efecto, si “la cancha” de las opiniones pudiera dividirse en “voces” que defiendan el sesgo libertario de la sociedad (pro individuo, pro impuestos bajos, pro no-intervencionsimo estatal, pro integración mundial) y en “voces” que defiendan al Estado, al intervencionismo, a la preponderancia de lo colectivo por sobre lo individual, ¿se escuchan todas las voces en la Argentina?, ¿o se escuchan variaciones de una sola voz? La idea liberal de la vida se ha convertido en una mala palabra en la Argentina. Quien plantee perfiles de responsabilidad individual es tildado de inhumano. Quien sostenga la necesidad de que la Argentina se integre a un determinado conjunto de naciones se etiqueta como cipayo. Quien quiera sostener una economía libre, competitiva, alejada del corporativismo y basada en la competencia de la que surja un beneficio al consumidor es calificado de “noventista”, como si en los ’90 la Argentina hubiera sido Australia o EEUU.

Todos estos etiquetazos no callan las voces, pero las avergüenzan. Salvo que aquí llegue una dictadura marxista que directamente prohíba el pensamiento libre, como persigue Chávez, el mejor amigo internacional de los Kirchner, está claro “voces” habrá. Pero serán voces con sordina, sabiendo que cuando hablan son políticamente incorrectas.

Toda la teoría de la “corrección política” está basada justamente, en el mecanismo consistente en instalar una determinada “verdad” contra la cual resulte vergonzante hablar u opinar. De ese modo nadie podrá decir que hay voces a las que se las manda callar, porque técnicamente eso no es cierto, pero sí es verdad que la fuerza del sesgo de la “corrección política” ejerce una presión subliminal para que algunas voces lo piensen dos veces antes de hablar.

Las técnicas fascistas de los escraches constituyen una de las tantas herramientas que, a través del miedo, tienden a que no se escuchen todas las voces, aunque, legalmente, ninguna este prohibida. Es cierto que el notorio desequilibrio de opiniones que existe en los medios argentinos no es un hecho aislado. Es más bien el reflejo del desbalance que existe en la sociedad. Es allí donde existe una marcada inclinación a creer que es posible borrar los contornos individuales en beneficio del nacimiento de un cuerpo colectivo distinto de los individuos que lo componen y cuyos perfiles son tan difusos como la responsabilidad que podría exigírsele.

La sociedad argentina prefiere ocultar las flaquezas de sus individuos en las borrosas fronteras de la colectividad: nadie es responsable de nada y todo es culpa de todos.

En ese fárrago, los ocupantes temporales del Estado, como los Kirchner, se apropian de los beneficios de esa “colectividad” haciéndole creer demagógicamente a todo el mundo que vienen a defender al pueblo, cuando en realidad su único interés es “defenderse” ellos.

Entonces, ¿se refiere Kirchner a todas las voces, cuando dice “todas las voces”?. Que proliferen las voces de la libertad no le conviene a Kirchner, ni es funcional al perfil de país que él tiene en su cabeza. Las voces de la libertad son un obstáculo para él y su proyecto porque su proyecto es incompatible con la libertad. Pero en realidad el verdadero interrogante que debería preocuparnos no es ese. La pregunta que deberíamos hacernos es si las voces de la libertad son realmente compatibles con el proyecto, no de Kirchner, de la sociedad, o, si el sesgo que hoy tienen los medios no es el sesgo que nosotros, y no Kirchner, le hemos dado.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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26/06//2010

NUESTROS POLÍTICOS

Por Juan de Dios González (*)

Muchos de nuestros políticos no pretenden ser los administradores o ejecutores de un proyecto social, no desean ser los encargados del cambio ni de exhibir los pasos que talentosamente conducen una utopía, no aspiran a fomentar un lazo con sus votantes en el real sentido de ser sua representantea, como tampoco les interesa ser los ejecutores de las medidas que concreten el futuro deseado por el electorado; solamente pretenden que el pueblo delegue en ellos su porvenir para de ese modo poder construir mejor el propio y reunir la fuerza de muchos para vigorizar su propia fuerza.

No son realmente políticos o estadistas. En su rol de candidatos, son un producto comercial; aspiran a colocarse ventajosamente en el mercado electoral, a vender su imagen, una imagen creada y planificada por publicistas y analistas, por maquilladores y argumentistas, por especialistas en propaganda y en comunicación social. Desean que el potencial votante tenga la imperiosa necesidad de comprar una promesa, una promesa que jamás se cumplirá.

El problema que poseen estos individuos es que exista un país sin carencias, una sociedad conformada con individuos autosuficientes, reflexivos y con espíritu crítico, porque de ese modo no podrán valerse para sus fines de los defectos, las debilidades, la incultura, la desinformación y la falta de sentido común  de los electores.

Prometen un país de hombres libres, instruidos, racionales, reflexivos, pero cuando atraparon al electorado y ya ejercen su cometido acrecientan la opresión, fomentan la incultura, la insensatez y la  incomprensión, aumentando y perpetuando la atomización social.

Para ir construyendo su poder necesitan de la ignorancia, la irracionalidad, la demencia y el "sinsentido".

Son manipuladores que se reservan de hablar al intelecto de sus potenciales votantes o electores, porque es converger a la comparación, a la deducción, al análisis, es dirigirse a individuos, representa arriesgarse a los azares de la opción; solamente buscan la devoción, el éxtasis y la convulsión de las masas hablándoles al corazón.

Estos son en gran parte nuestros políticos y gobernantes, hoy hacen promesas y afirmaciones que con el mismo candor y vehemencia, mañana negarán.

Es necesario reflexionar. En un país como el nuestro; donde los tilingos y bellacos, son quienes habitualmente nos gobiernan o dirigen; el común de la gente no conoce la realidad. Solamente el pobre toma inmediata posición de la verdad (por el estómago), porque al de clase media o acomodada le llega totalmente filtrada y cuando se dan cuenta es demasiado tarde. Así pasó con los ahorristas y la gran mayoría de los argentinos, quienes apostaron al país, creyendo que la clase política y dirigente cumpliría con las políticas y promesas hechas, no sospechando, que al menor cambio de conductores se perderían todas aquellas esperanzas forjadas por el sacrificio individual y colectivo de una sociedad que hoy resulta defraudada en sus  ilusiones.

La política es la ciencia social y práctica cuyo propósito es la búsqueda del bien común de los miembros de una comunidad. El bien común no es sólo la misión del poder político sino también razón de ser de la supremacía política.

La política debe poseer una base moral, debe ser practicada por hombres de bien y cultivada por quienes conocen lo que es bueno en todo lo que les concierne, es decir por seres virtuosos.

Ser un hombre de bien en la política no es solamente tener las virtudes necesarias, fundamentalmente es el uso que de ellas hace el virtuoso para concretar el bien general y no el propio. La mayor felicidad del político no debe ser concretar la propia, sino la felicidad del pueblo.  

Nuestros gobernantes no piensan en nosotros, piensan por nosotros. Así, el resultado: Se alimentan, se visten, se educan, se protegen, se medican y curan....por nosotros. Sus hijos estudian, parrandean y viajan... por nuestros hijos. Sus amigos y familiares trabajan, prosperan y evolucionan....por nosotros. Toman decisiones  para ellos, gobiernan para ellos, adoptan seguridad personal y jurídica para ellos, comprometen los intereses de la Nación y sus riquezas para ellos; pero siempre,  pensando por nosotros. Nunca, jamás,  se propondrán elevar el pensamiento del ciudadano, ni enseñarle a pensar por si mismo, sin catequizar doctrinariamente sus sentidos. Ellos poseen la exclusividad del razonamiento; ocupan nuestras mentes con extrañas intrigas, creencias e ideologías; mediante la dialéctica y acciones deterministas pretenden enclaustrar nuestros pensamientos, para qué el vuelo del raciocinio libre y reflexivo de los súbditos no les impida seguir pensando en ellos, para ellos .....y por nosotros.

(*) El periodista Juan de Dios González es propietario y director de Crónica y Análisis Periódico On line.

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22/06//2010

LÍMITES A LA AFIP

Nada justifica que para evitar la evasión el Estado pueda comportarse como un déspota.

Por Roberto Cachanosky (*)

La semana pasada la Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucionales los embargos de oficio que hacía la AFIP. Puesto en otras palabras, si la AFIP consideraba que algún contribuyente le debía plata, sin ninguna orden judicial embargaba las cuentas bancarias y activos del contribuyente quien no tenía derecho a la defensa. La AFIP lo declaraba culpable, le informaba al juez que ella lo había declarado culpable y luego el contribuyente tenía que defenderse.

Cristina Fernández se manifestó contra esta decisión de la Corte afirmando: "Se le recortan poderes a la AFIP. La AFIP no es de alguien privado; la AFIP son todos ustedes. Los impuestos que cobra la AFIP son los impuestos que después son distribuidos en salud, en educación, en planes promocionales, en planes sociales y realmente era una ley de la Nación. Tampoco era una facultad que la AFIP había tomado; era el Poder Legislativo de la Nación". Varias reflexiones respecto a este párrafo. En primer lugar si los impuestos que cobra la AFIP se reparten en planes sociales, cada vez más abundantes, quiere decir que el modelo no está funcionando muy bien. En un país que crece, según Cristina Fernández como nunca había crecido en 200 años de historia, la gente tendría que poder tener su trabajo, mantener a su familia y no depender de la supuesta benevolencia del Estado para poder sobrevivir. En segundo lugar, dice Cristina Fernández que se le recortan poderes a la AFIP y que esos poderes habían sido aprobados por ley. Si Cristina Fernández es abogada, debería saber que hay leyes que aprueba el Congreso y que la Corte puede declarar inconstitucionales. ¿O la Corte tiene que fallar siempre de acuerdo al paladar del gobierno? Además, que el Congreso haya aprobado semejante aberración no quiere decir que se ajuste a derecho por el solo trámite de tener el voto favorable de diputados y senadores. Una vez más debe recordarse que el monopolio de la fuerza que se le delegó al Estado es para que defienda el derecho a la vida, la libertad y la propiedad de las personas, no para que sea usado como lo usaban las monarquías despóticas, avasallando los derechos de la gente para satisfacer los caprichos del monarca.

A diferencia del sector privado, el Estado se hace de recursos en forma compulsiva. Es decir, el sector privado tiene que conseguir sus ingresos convenciendo al consumidor para que compre sus bienes y servicios. Por el contrario, el Estado no tiene que ganarse el favor del contribuyente. Solo usa el monopolio de la fuerza para quitarle a la gente una parte, en nuestro caso cada vez mayor, del fruto de su trabajo. Siendo que los ingresos del Estado se conforman de manera compulsiva, con más razón el contribuyente tiene que estar protegido de las arbitrariedades del Estado. En nombre de los planes sociales y de la solidaridad social, nadie puede arrogarse el derecho a vulnerar la propiedad privada y no permitir la más mínima defensa del contribuyente. Lo que hay hecho la Corte es ponerle un límite al monopolio de la fuerza que tiene el Estado. Ya bastante tenemos los contribuyentes que pagamos ganancias con las retenciones, los anticipos de ganancias y el no ajuste por inflación de los ingresos para determinar la base imponible como para que, encima, no tengamos la más mínima defensa ante el Estado.

Si el Estado tiene que recaudar impuestos para financiar sus gastos, debe hacerlo dentro del marco de la ley. Del Estado de derecho. Por lo tanto, Cristina Fernández no tiene porque ofuscarse si la Corte establece que la recaudación de impuestos tiene que estar sometida al imperio del Estado de derecho.

Dijo también Cristina Fernández: "Vivimos en un país donde tenemos el 36 por ciento de trabajo en negro; vivimos en un país donde uno de los principales problemas que tenemos es la evasión fiscal, esta era una facultad que le daba la ley a la AFIP y, además, fue una votación muy dividida". ¿Cuál es el problema que la votación haya sido dividida en la Corte? ¿Por qué hubo una mayoría y una minoría no tiene validez? ¿Acaso en 2007 ella no llegó a la presidencia con el 53% de los votos en contra? Como la votación estuvo dividida, siguiendo el criterio de CFK, ¿es ella una presidente legítima?

También Cristina Fernández sostuvo que en el país uno de los principales problemas es la evasión fiscal y que el 36% del trabajo es negro. Si ese porcentaje de trabajo es en negro, la causa hay que buscarla en la elevada carga tributaria que se aplica sobre la nómina salarial. Bajen los impuestos al trabajo y van a ver como disminuye notablemente el trabajo en negro. Pero como el Estado es insaciable en materia impositiva, entonces pretenden “solucionar” el problema de la evasión aplicando leyes que vulneran los derechos más elementales de los ciudadanos.

En rigor el sistema impositivo argentino es caótico e injusto. Hay doble imposición como por ejemplo en el caso del impuesto al cheque, algo que también es inconstitucional. Se aplica el impuesto a las ganancias sobre utilidades inexistentes porque no se permite el ajuste por inflación, el impuesto a las ganancias castiga a los más eficientes, es más, en el caso de los profesionales, el trabajo intelectual, que es parte del costo de producción no es reconocido como tal y, por lo tanto, el impuesto a las ganancias se transforma en impuesto sobre los ingresos brutos, y el listado puede seguir.

La realidad es que la carga tributaria en Argentina ha llegado a niveles récord porque el gasto público se ha disparado a niveles récord y como ese gasto necesita de financiamiento, quienes están dentro del sistema formal son saqueados impositivamente, mientras otros optan por asumir el riesgo de trabajar en el mercado informal. Dada la carga tributaria existente, el premio por evadir bien vale la pena para los que trabajan en negro. Como el sistema tributario es confiscatorio y arbitrario y para muchos de posible cumplimiento, este avance del Estado sobre el contribuyente genera resistencia en buena parte de la población, y ese abuso del monopolio de la fuerza para apropiarse del ingreso del contribuyente pretende aplicárselo dotando al Estado de nuevas arbitrariedades que avasallan los derechos más elementales.

En el año 2002 la recaudación de impuestos, incluidos los impuestos a la nómina salarial, sumaron $ 50.515 millones. En 2009 los ingresos sumaron $ 304.930 millones, un aumento de $ 254.415 millones. Los Kirchner recibieron ingresos fiscales 6 veces más que en 2002 y encima hoy no les alcanza para financiar la totalidad del gasto público y tienen que recurrir a la emisión impositiva, a las confiscaciones de ahorros y a las reservas del BCRA. Y, como si todo esto fuera poco, encima se molestan porque la AFIP tiene que ajustarse a derecho para recaudar.

Como decía antes, el Estado genera sus ingresos en forma compulsiva. Ahora bien, esta forma de financiarse no significa que para recaudar pueda recurrir a cualquier mecanismo violando las garantías constitucionales. Nada justifica que por evitar la evasión el Estado pueda comportarse como un déspota.

¿Cómo se soluciona el problema de la evasión? En primer lugar teniendo un Estado que no obstaculice al sector privado para que pueda invertir, crear puestos de trabajo, pagar mejores salarios y la gente viva de sus ingresos y no de los mal llamados planes sociales. Más bien son planes denigrar a la gente.

Con un Estado que no impide la producción ni desestimula la inversión, el gasto bajaría porque no habría que destinar fortunas en subsidios de todo tipo para denigrar a la gente con la cultura de la dádiva. Al mismo tiempo, habría que hacer una profunda reforma del Estado para que miles de empleados públicos dejen de cobrar sueldos por no hacer nada y pasen a trabajar en forma productiva el sector privado.

Con un Estado más chico y eficiente, cumpliendo sus funciones específicas, los ingresos tributarios que necesitaría el Estado serían menores, el sistema impositivo podría ser más sencillo, menos distorsivos y más fácil de recaudar, sin necesidad de tanto control y violaciones a los derechos individuales.

En síntesis, el tema es muy sencillo. A más gasto público, se necesita un sistema tributario más complicado y asfixiante, con inevitablemente mayor evasión. Obviamente que el nivel de gasto público tiene estrecha relación con las ideas populistas que puedan imperar en un país. A mayor populismo, más gasto y a más gasto más violaciones a los derechos de las personas. Como puede verse, el tema no es tan complicado de entender. Todo depende de para qué quieren llegar los políticos al gobierno. Si quieren llegar al gobierno para garantizar la libertad de las personas, su trabajo y su propiedad, no hace falta mucho gasto público ni impuestos. Si quieren llegar al gobierno para hacer populismo y un negocio personal del manejo del Estado, entonces, no hay carga tributaria que alcance para satisfacer esa ambición personal.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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22/06//2010

DEL LADO DE LA LEY

¿Alguna vez dejaremos de interpretar el papel de pobrecitos perseguidos y cesaremos de quejarnos porque un tercero ha tenido la peregrina idea de defender el orden?

Por Carlos Mira (*)

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner se refirió, la semana pasada, a las deportaciones de hinchas argentinos desde Sudáfrica bajo el argumento de que quienes blanden el parche de esos papelones “nos quieren hacer creer que somos, sucios, feos y malos”.

Nadie que comente esas conductas quiere extrapolar los comportamientos de esos barras al pueblo todo. Salvo que sea precisamente la Presidenta la que piense eso y su alocución del jueves haya sido más un acto fallido que una queja.

Poner en el lugar que corresponde a estos bárbaros es algo que la señora de Kirchner debería aprender a hacer, en lugar de criticar a quienes elogian al país que toma medidas contra quienes violan la ley.

Da toda la sensación de que es la propia Cristina quien subliminalmente hace un sinónimo de la pobreza o de las carencias con la suciedad, la maldad o la fealdad. Cree que vitoreando esas miserias se elogia a los pobres. No, señora presidenta. Si los pobres tienen la desgracia de no estar rodeados de los mejores escenarios es su deber construir las condiciones necesarias para que ellos por su esfuerzo salgan de allí. No es elogiando el muchas veces desgraciado “decorado” de la pobreza como usted va a sacar a los pobres de su condición.

Por lo demás, no es necesario insinuar que las medidas sudafricanas contra un conjunto de pobrecitos han sido exageradas. Sudáfrica, con todas las lagunas que ha mostrado en la organización del Mundial, ha tenido varios aciertos en cuanto a controlar hechos de eventual violencia en los estadios, algo que en la Argentina estamos bien lejos de lograr, entre otras cosas por la connivencia evidente de los grupos violentos con el Gobierno. Tampoco es preciso defender a unos cuantos cuasidelincuentes para gastar unos minutos de demagogia.

En lugar de jugar el eterno papel de la víctima –siempre señalada, nunca reconocida, siempre castigada– sería mejor poner las cosas en su lugar. A los que imponen la violencia, en la cárcel. A quienes han convertido la sana costumbre de ir a las canchas argentinas en un peligro, fuera de ellas para siempre. A los que cierran acuerdos con el poder para amedrentar, asustar, escarchar e impedir que se expresen otros, ante la Justicia.

Esas serían maneras mucho más responsables de ejercer el ejemplo, en vez de subirse a un atril y, haciéndonos los pobrecitos perseguidos, quejarnos porque un tercero ha tenido la peregrina idea de defender la ley y el orden.

Aunque la Presidenta no lo crea –y le disguste incluso–, hay países que, con todos sus inconvenientes, siguen atribuyéndole al imperio del derecho un factor de ordenamiento social importante. Cristina Kirchner debería tomar su ejemplo, en lugar de insinuar defensas de marginales que no conocen otro idioma que no sea el de la violencia.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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20/06//2010

LA JUDICIALIZACION DE LA POLÍTICA: TODOS SOMOS VICTIMAS

Por Gabriela Pousa (*)

“Sufro: indudablemente alguien tiene que ser el causante. Así razonan las ovejas endermizas” F. Nietzsche (‘Genealogía de la Moral’, tercera disertación)

A rendirse ante las evidencias: quienes creían que el Mundial de fútbol podía tapar los baches de la política, o mejor dicho de la falta de políticas, los acontecimientos que se viven en estos días, demuestran que tapar el sol con la mano es siempre una utopía.

Las internas en el seno mismo del kirchnerismo no cesan, la renuncia de Jorge Taiana es apenas un dato más que no debería generar tanta sorpresa. Hay mucho de hipocresía en ese asombro repentino que demuestran dirigentes opositores, y hasta funcionarios allegados al Ejecutivo. Los Kirchner proclaman aquello que, en apariencia, desdeñan, y en ese contexto la “obediencia debida” es la infranqueable ley que prima.

Un traspié del ahora ex canciller no implica un “arrepentimiento” a cinco años de hacer o deshacer aquello que le fue ordenado desde “arriba”. Es fácil abandonar el barco cuando no se puede ocultar más el naufragio. Triste sería de ahora en más, ver a Taiana convertido en “autoridad” para dar cátedra sobre aquello que ha hecho y hace mal el oficialismo. Pero lo más probable, analizando el cómo y el modo en que operan ciertos medios, es que el ex ministro de relaciones exteriores entre en el equipo de los nuevos comentaristas que hacen leña del árbol que va cayendo.

A esta altura de las circunstancias estos movimientos en el libro de pases deberían causar gracia más que falsas expectativas. Pretender cambios en una política exterior que nunca existió es de una ingenuidad supina. Descubrir ahora que las relaciones internacionales se limitan a negociados poco claros con interferencia del Ministerio de Planificación, y que la diplomacia le dejó su espacio al desplante y a la grosería habla de una ceguera peligrosa o más bien de una conducta en exceso cínica.

Por todo lo dicho, la renuncia se agota en estas líneas. No merece demasiado análisis teniendo en cuenta el cuándo se produce la sangría. ¿Cómo es posible que haya quienes, ajenos al entorno oficial, advirtiéramos desde el primer día el afán hegemónico y dictatorial que perseguía el matrimonio presidencial y aquellos que eran parte de la partida desconocieran la metodología?
Si hay algo que no tiene cabida en política es la inocencia y la ingenuidad aunque a veces haya actores con cierta pericia para fingirlas.

Mientras estos movimientos se suceden, se libera finalmente (por unos días) el corte del puente que une a Uruguay con la Argentina. ¿Se apeló al artículo preclaro de la Constitución que garantiza la libre circulación? No, se apeló como es el modus operandi de la actual administración, a la extorsión. Esa es la verdadera traducción de aquello que finamente se da en llamar, hoy en día, la “judicialización de la política”.

¿Qué esconde esta aparentemente nueva faceta? Primero y principal, la muerte de la doctrinas revolucionarias que, consecuentemente, hacen florecer la victimización como alternativa. Así, los llamados asambleistas se presentaron como víctimas. Por otra parte, la ausencia de autoridad en aquel poder que, paradójicamente, se erige como el más fuerte y audaz (el Ejecutivo) deja que aflore en el escenario el culto a lo judicial.

El crecimiento potencial del derecho como modo de regulación de conflictos se inscribe en el marco de una crisis visceral de la política, y el debilitamiento de los aparatos mediadores tradicionales como ser los partidos políticos o incluso el sindicalismo.

Como expone el analista Robert Reich, si tanta gente se siente estafada y discriminada, es porque los amortiguadores y arbitrajes clásicos se han difuminado. Cada uno queda aislado frente a la derrota de ese “Estado providencia” que supuestamente era reductor de incertidumbres y problemas.

En ese plano surge también, con fuerza inusitada, el discurso victimista como el que esgrimen los asambleístas dando preeminencia a la figura del abogado que muchas veces incita a multiplicar los derechos subjetivos en detrimento del bien común. Es menester evitar que esta corriente para “solucionar” conflictos se propague porque la consecuencia es convertir a la “victimología” en plaga nacional. De ese modo cualquiera tiene derecho a cortar calles, usurpar edificios públicos, y priorizar su problema individual en detrimento de los demás.

Siempre surgen circunstancias atenuantes: veamos, sin ir más lejos, el caso de General Villegas donde la menor abusada y filmada por mayores de edad termina presentada como la victimaria por haber incitado al mal.

Hay que tener cuidado con las llamadas “circunstancias atenuantes” porque pueden convertirse en circunstancias exculpatorias y hasta redentoras dejando que las minorías se adjudiquen derechos por el sólo hecho de sentirse diferentes.

La pregunta del millón: ¿Cómo evitar que esto suceda? Unicamente custodiando la independencia de poderes, y no dejando que el Estado maneje a su antojo y provecho el aparato jurídico sino, por el contrario logrando que éste obre como contralor y limitador de los excesos de los gobiernos que apañan ciertas manifestaciones hasta que éstas se convierten en un boomerang.

El problema también se centra en que el Estado rechaza cada vez más la culpa imponiendo modelos de indiscutida irresponsabilidad. Pascal Bruckner se pregunta y con razón: “¿Cómo aceptar el castigo o la sanción cuando ya nadie tiene sensación de infracción, y por qué practicar una virtud que todos ridiculizan?” La estrategia es hacer recaer la culpa sobre los demás, y en ese sentido es imposible discutir la habilidad que tiene el kirchnerismo.

De la noche a la mañana, apareció en escena como ajeno al conflicto que desató la pastera y se distanció del problema endilgando al Poder Judicial la solución al mismo. “Yo no fui” es el slogan que de ahora en más utilizará con más ahínco el oficialismo aún cuando para ser creíble deba entregar a sus delfines más sensibles.

De lo que se trata, en definitiva, es de imponer el llamado por tantos filósofos: “estatuto del oprimido”, y en ese contexto aparecer como víctima de corrientes insurrectas que sólo pueden ser detenidas por la justicia aún cuando ésta se halle bajo sospecha por su alto grado de dependencia.

Cabe esperar, con escasa esperanza, que una renuncia tardía no convierta en héroe a quién fue cómplice de la desidia en materia de relaciones externas, y que un paso logrado como lo es la liberación del tránsito en los puentes que unen al Uruguay con la Argentina sea visto como solución de una autoridad que ha sido justamente quién propulsó durante más de tres años aquella medida

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Economía para Todos". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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15/06//2010

MAESTROS DEL TERROR

Quienes deben educar en la paz, el cumplimiento de la ley y en la vigencia del derecho aleccionan a sus estudiantes para que salgan a cortar las calles.

Por Carlos Mira (*)

El caso de los alumnos de la escuela del barrio de Balvanera que atacaron a trompadas y patadas a un padre que intentó romper un piquete es por demás sintomático de la revolución que ha estado ocurriendo sigilosamente en los últimos años en la Argentina.

Profesores y preceptores del colegio manifestaron que los hechos ocurrieron porque esta persona “intentó pegar primero” a uno de los alumnos que cortaban el paso, en un ensayo de justificación de lo que había ocurrido. Hay versiones, incluso, que dicen que los aprendices de piqueteros salieron a la calle estimulados por los profesores y las autoridades del colegio.

Aparentemente, el motivo del amotinamiento era el reclamo por calefacción y el funcionamiento de los baños. Nadie duda de que los colegios deben tener las mejores condiciones posibles para estudiar. Que en invierno no debe hacer frío y en verano no debe hacer calor. También que los baños deben funcionar correctamente. Sin embargo, cuando yo era chico también hacia frío en las aulas y los baños de mi escuela pública no eran los mejores, pese a lo cual a ninguno de nosotros se nos ocurría salir a la calle a cortarla y a cacarear a trompadas a la gente.

El hecho de tomar como normal la acción directa violenta para imponer cualquier reclamo es parte de ese cambio solapado, pero continuo, que ha estado ocurriendo en el país. “La única forma de que se nos escuche es armando un piquete”, dijo alguna de las profesoras, admitiendo de cierta manera que ellas estaban detrás de la protesta y que no era una mera ocurrencia de los estudiantes. Y en cierta forma tiene razón: la Argentina de la violencia se ha acostumbrado a que esas son sus maneras, esos son sus métodos, esos son sus modales.

La argumentación sobre el intento del padre agredido de “pegar primero” es francamente patética. Más allá de que intenta justificar lo injustificable, olvida que la primera violencia es la de ocupar el espacio público e impedir la circulación. No hay “ocupaciones pacíficas”, como muchos periodistas se han acostumbrado a decir cuando pretenden describir una situación de “toma” de un sitio en donde todavía no voló una trompada o sonó un tiro, como si sólo esas manifestaciones fueran violentas. No, no, no. La violencia ya se ejerció cuando la fuerza bruta dispuso de lo que no es suyo para presentar un supuesto reclamo. No existe tal cosa como “ocupación pacífica” o “corte pacífico”. Toda ocupación y todo corte son violentos por definición.

Tampoco puede admitirse el argumento supuestamente progresista de que la primera violencia es no haya calefacción o no funcionen los baños. Esa es una verborragia estúpida y demagógica. Señalar las escaseses como “violencias” es un golpe bajo inadmisible, porque escaseses, después de todo, tenemos todos. Es lo mismo que decir que “lo que es violento es el hambre”. Sí, sí, quedará muy lindo y muy políticamente correcto decirlo, pero la fluidez cotidiana de la vida no puede basarse en que para contrarrestar la “violencia” no resuelta del hambre se sale a matar gente por la calle porque esta es, en todo caso, una violencia “menor” que aquella. Esos retorcimientos marxistas ya sabemos cómo terminan.

Lo cierto es que la cultura profunda del país ha estado sometida a estos bombardeos gramscianos desde hace décadas y los resultados están a la vista: quienes deben educar en la paz, el cumplimiento de la ley y en la vigencia del derecho aleccionan a sus estudiantes para que salgan a cortar las calles y, cuando todo eso deriva en hechos de violencia mayor, salen a defenderlos con estupideces mayúsculas que avergonzarían a cualquiera que haya sido maestro de verdad.

Hablar contra la violencia porque no les queda otro remedio será también políticamente correcto. No obstante, lo que en definitiva cuenta son los hechos. Y los que deben expandir los horizontes de la educación y del respeto han dado en los últimos días una muestra clara de cuáles son los patrones de su pensamiento.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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14/06//2010

SINONIMIAS

Por Gabriela Pousa (*)

Sinonimia: Figura que consiste en usar intencionadamente voces sinónimas o de significación semejante, para amplificar o reforzar la expresión de un concepto.

Clima mundialista. Guste o no. Siempre hay opciones: un libro a mano, un canal que transmita algún documental o un CD que deleite y transporte. En ese contexto hacer de la competencia deportiva un debate acerca del uso político que se le da, desde sus orígenes en 1930, no parece muy productivo. Y en el fondo esa polémica termina siendo funcional al kirchnerismo que pretende que cada partido ganado sea justamente algo más que 90 minutos de un entretenimiento masivo.

Cuando se han perdido más de seis años y desperdiciado oportunidades increíbles, un mes de tregua para la agenda política no debiera tener tanta trascendencia. A fin y a cabo, la agrupación del peronismo disidente, la negociación con Mauricio Macri que terminará jugando en esa selección si quiere tener alguna chance, la elección interna de los radicales y hasta las opciones de los Kirchner por aceitar el clientelismo que les de cierto aire, regresarán en apenas tres semanas, y la euforia del Mundial no podrá tapar nada.

En cuanto a lo deportivo, Argentina ya dio el primer paso. El gobierno no ha tenido participación alguna en ello, ni el gol del triunfo hizo que millones de ciudadanos creyeran en el índice inflacionario que ofreció el INDEC en medio de los preparativos. Si no hay discernimiento para separar el blanco del negro, la culpa difícilmente pueda ser atribuida únicamente a un Ejecutivo.

El fútbol, en definitiva, tienen limitado sus tiempos y sus efectos. Quiénes ayer fueron héroes pueden en menos de una hora terminar denostados, máxime en la Argentina donde las idolatrías son tan fútiles como efímeras. Un dato para tranquilidad de muchos: en 1986, Raúl Alfonsín salió al balcón con Maradona y la copa en alto, un año después perdía las elecciones legislativas, y antes de caducar su mandato debió dejar su cargo.

Sin embargo, hay algunas características que enmarcan el deporte que bien podrían ser contempladas incluso por aquellos que maldicen este evento por temor a que sea un nuevo lavaje de cerebro para los ciudadanos.

En primer lugar, es dable observar que en el juego de la pelota hay reglas y normas que no pueden dejarse de lado. Cualquier infracción a las mismas deriva en una amonestación que no viene secundada con teorías garantístas capaces de terminar erigiendo víctima a aquel que cometió –voluntariamente o no – el error. Por otra parte, el DT queda fuera del campo de juego. En política, en cambio, la intromisión del Estado o la autoridad en momentos impensados alterando todo el escenario no coopera a un buen resultado.

Ganar o perder no siempre depende de la habilidad y la pericia, hay un factor suerte que subyace de algún modo, y está en el equipo sacar provecho a ese “viento de cola” que hace menos pesada la pelota. Difícilmente se desperdicien ocasiones prometedoras. En contrapartida, el gobierno ha desperdiciado años de bonanza que el mercado internacional le dio a sus anchas.

Si los reglamentos deportivos existieran en la administración de un pueblo, se impedirían atropellos e insensateces como las que se suceden cotidianamente. Basta observar que Sudáfrica los estadios no poseen rejas ni ganzúas que delimiten las tribunas. ¿Por qué acá no es factible que ello ocurra? Por la simple razón de que las penas o sanciones son consideradas represivas, tiránicas, y el respeto por la autoridad fue deshecho en pro de un falso concepto de democracia y libertad.

Allá, ni los barra bravas que la dirigencia enviara, y cuya evidencia no puede ser más clara, se atrevieron a moverse de su sitio, no cayó un solo papel a la cancha. Y es que la opción a una conducta reprochable es la cárcel, sin eufemismos y sin atenuantes.

En la primera contienda, la selección nacional obtuvo una victoria, no entraremos a dirimir si fue casual o demasiado ajustada, para eso están los especialistas. Previamente a ello periodistas deportivos, mobileros, etc. daban rienda suelta a sus tareas: “¿Quién o quiénes meterían los goles para Argentina?”. La pregunta fue hecha a sabiondos e ignorantes en la materia, casi un clásico de la previa.

Ahora bien, los nombres se repetían incansablemente: Lionel Messi, Carlos Tévez, Gonzalo Higuain y Ángel Di María eran los más mencionados. Posiblemente alguna lógica hubiera para que así sucediera. Están parados en puestos claves dentro del campo, han convertido innumerables tantos en otros campeonatos, etc., etc.

Sin embargo, el gol que le dio el triunfo a la selección argentina esta vez lo marcó Gabriel Heinze, si no fue el jugador más discutido a la hora de que se entreguen las listas no estuvo lejos de ello. Ningún sondeo lo tuvo en cuenta, no estuvo en las opiniones de los hinchas, fue el jugador menos pensado. No figuraba en las encuestas.

En el 2011, a juzgar por como consideramos las elecciones los argentinos, se disputará el campeonato político. Hoy los nombres que se arriesgan son harto conocidos. Y quien sabe el gol lo termine marcando también el menos pensado… Detenernos ahora en sondeos de imagen e intención de voto es poco serio, y es más distractivo que el evento deportivo. No hay propuestas concretas a no ser que lo que se pretenda es poner fin a la dinastía kirchnerista.

Hoy por hoy, lo interesante pues sería admitir que no hay mucha idea de cómo se sacará el país adelante, y lo que se promete y está en marcha en todo caso, es un proceso de moderación y diálogo que atenúe los efectos macabros que ha de dejar esta etapa de democracia simulada. Lo demás es fantasía o predicciones con poca base científica.

Alternativas concretas no asoman a la vista, la foto del PJ disidente es una afrenta al concepto de renovación política que se agitara alguna vez en la Argentina. La seducción de una izquierda maniquea se pierde en utopías vencidas.

Este tránsito hacia una administración que puede no ser todo lo buena que se necesita pero será, sin lugar a dudas, menos perversa tiene todavía un sinfín de aristas desconocidas. Apresurarse a aventurar el desenlace es como querer definir hoy si la selección nacional llegará a la final del Mundial y, en ese caso, si el ahora héroe redentor de Gabriel Heinze durará más de una semana en su pedestal de barro.

La realidad es que los Kirchner están aún en su cargo, y lo más inteligente es prestarle atención a cada paso para no echar culpas a un deporte de aquello que puede suceder dentro de un año.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Economía para Todos". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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14/06//2010

TEORÍA DEL VALOR, PRETENCIÓN DE ILUMINADOS E INEFICIENCIA ECONÓMICA

Por Roberto Cachanosky (*)

El discurso económico del Gobierno ha llegado a tal nivel de primitivismo que vale la pena hacer el esfuerzo de escribir algunas líneas explicando los palotes más elementales de la economía.

Si bien el primitivismo del discurso económico del gobierno es en varios frentes, el que me interesa abordar hoy es el que se refiere al argumento de la sustitución de importaciones, los dichos de algunos funcionarios afirmando que han detectado algunos sectores estratégicos para el crecimiento y los consabidos controles de precios que Kirchner le indica a Moreno que aplique. Para entender lo primitivo del razonamiento vayamos a la parte más elemental: la teoría del valor.

Durante muchos años se discutió sobre la teoría del valor, pero hoy día ya se sabe que el valor que tienen las cosas es subjetivo. Es decir, las cosas no tienen valor por sí mismas, sino que es la gente la que les asigna valor. Además, no todas las personas le asignan el mismo valor a un mismo bien. Por ejemplo, una determinada persona le dará más valor a una entrada a la ópera que un barrabrava de Hinchadas Unidas Argentinas que, seguramente, preferirá ir al mundial de Sudáfrica y otro le otorgará más valor a las carteras Louis Vouitton.

Por otro lado, el valor de las cosas es para determinada persona en determinada circunstancia. Una persona sedienta en el medio del desierto valorará más un vaso de agua que esa misma persona sentada cómodamente en su casa con agua potable abundante.

Finalmente, una misma persona puede darle más valor a un determinado bien pero, a medida que va consumiendo ese bien, el valor que le otorga va disminuyendo. Ejemplo, una persona que tiene hambre come con ganas la primera porción de pizza. A la segunda porción le otorga menos valor que a la segunda y así sucesivamente hasta que llega un punto que, ya sin más ganas de seguir comiendo, no le otorga valor a la próxima porción de pizza.

Los palotes de la economía nos enseñan, entonces, que el valor es subjetivo. Que cada persona le otorga un valor diferente a cada cosa. Y que una misma persona va cambiando el valor que le asigna a un mismo bien de acuerdo a la forma en que va consumiendo.

Si este concepto fundamental es entendido, el paso siguiente es determinar cuál es el mejor sistema para conocer las diferentes valoraciones que millones de personas le otorgan a los distintos bienes y servicios que se ofrecen en la economía, porque conociendo este dato se pueden asignar los recursos productivos que, como todos deberíamos saber, son escasos. Dicho en otras palabras, ¿cómo se hace para determinar qué bienes y servicios valora más la gente? ¿Cómo podemos hacer para satisfacer la mayor cantidad de necesidades con los escasos recursos productivos?

Para resolver este problema la ciencia económica descubrió que el mecanismo de precios era el mejor sistema para asignar los escasos recursos productivos de manera tal de satisfacer la mayor cantidad posible de necesidades de la gente. Los precios del mercado reflejan las valoraciones que la gente le otorgan a los diferentes bienes y servicios, y cuando digo precios de mercado me refiero a los precios que surgen sin que el Estado establezca restricciones al ingreso de nuevos competidores al mercado o regulaciones que impidan una libre asignación de los recursos productivos.

Justamente, el verdadero emprendedor es aquél que, arriesgando su capital o el de sus socios, busca aquellos sectores que ofrecen más rentabilidad que el resto de los sectores de la economía. ¿Por qué? Porque si un determinado sector ofrece más rentabilidad que otros quiere decir que en ese sector hay una necesidad insatisfecha. Los recursos productivos (capital y trabajo) van reasignándose en la economía en base a la búsqueda de mayores tasas de rentabilidad, que es lo mismo que decir, que se busca dónde hay una necesidad insatisfecha.

Como puede verse, el solo hecho de que haya millones de personas con diferentes valoraciones y, además, que una misma persona vaya cambiando de valoración ante un mismo bien o servicio, determina que la asignación de recursos sea muy difícil si no se tiene una guía que son los precios de mercado. No hay mente humana ni computadora sofisticada que pueda determinar en tiempo real cuales son las valoraciones de cada persona en cada momento y de millones de personas. Solo la libertad en las transacciones que manifiestan las valoraciones de las personas permiten tener una idea sobre cuál puede ser la asignación de los recursos. Y digo que puede dar una idea porque un empresario puede equivocarse e invertir en la producción de un bien o servicio que la gente no demanda con tanta urgencia. Por eso se dice que el mercado, que no es otra cosa que un proceso a través del cual la gente manifiesta sus valoraciones, premia con ganancias a quienes arriesgan y ganan y castiga con pérdidas a quien se equivoca al evaluar una inversión.

Si se tiene en cuenta este complejo sistema de valoraciones de millones de personas y cambiantes al mismo tiempo, hablar, como lo hace el gobierno, de sustituir importaciones, decir que detectaron sectores estratégicos para el crecimiento y controlar los precios es de una soberbia intelectual que refleja una completa ignorancia sobre el ABC de la economía y la demostración de que pretenden ser iluminados o seres superiores al resto de la sociedad porque se arrogan el derecho a decidir qué debe consumir la gente.

En definitiva, ¿en base a qué criterios pudo un burócrata haber determinado cuáles son los sectores estratégicos hacia los cuales hay que volcar los escasos recursos productivos? Como decía antes, solo alguien que pretende ser un iluminado o un ser superior al resto de los mortales puede creer que conoce valoraciones tan complejas y cambiantes. Y si no es pretensión de iluminado es ignorancia económica de lo más elemental de la economía.

El caso de los controles de precios que Kirchner le manda aplicar a Moreno implica destruir el sistema de precios que expresa las valoraciones de la gente para sustituirlo por un comportamiento arbitrario y de soberbia intelectual o, nuevamente, de profunda ignorancia.

La combinación de todos estos elementales errores económicos tiene como correlato una ineficiente asignación de los recursos productivos que nos hace cada vez menos competitivos, lo que se traduce en bajo stock de capital por trabajador, puestos de trabajo ineficientes, salarios reducidos y pobreza e indigencia crecientes.

Las distorsiones de precios relativos que produce la pretensión de los iluminados hacen imposible que existan proyectos de largo plazo porque todos perciben que los caprichos de los burócratas son de corta duración. Lo máximo que puede esperarse son inversiones de muy corto plazo que aprovechan dichas distorsiones para generar rentabilidades que no hubiesen existido si los recursos se hubiesen asignado de acuerdo a las valoraciones de la gente.

En síntesis, analizado en profundidad, el debate económico que nos propone el gobierno no es si un sistema es más eficiente que otro. El debate consiste en definir si ellos son seres superiores al resto de la sociedad que pueden determinar con certeza qué debemos consumir, en qué cantidades hay que producir y a qué precios se deben vender los bienes y servicios. Es esa pretensión de creerse seres iluminados lo que lleva a tener una economía cada vez más ineficiente por gobernar de espaldas a las valoraciones de la gente.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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09/06//2010

VIVIR EL MUNDIAL COMO MÁRTIRES, INFANTES O CIUDADANOS...

Por Gabriela Pousa (*)

Sin duda, la sociedad argentina es muy peculiar en sus modos y sus formas. Aquello que ayer la desvelara termina, en menos de 24 horas, pasando al olvido como si no hubiese existido. Los conflictos se superponen en una estrategia maniquea pergeñada por el gobierno aún cuando parezca que éste nada tiene que ver con ello.

Ningún tema es casual, tampoco los escándalos que lo salpican: hasta Ricardo Jaime es un instrumento del kirchnerismo “inmolado” para poder dar preminencia a fines más necesarios. Cómo si se tratara de un cambio de figuritas, en apariencia de una “limpieza”, un “hacer justicia” sin hacerla…

La llegada del Mundial de Fútbol que parece una salvación para un oficialismo jaqueado por la contradicción no es tampoco la panacea, y en definitiva aquellos que gustan del deporte tienen todo el derecho de disfrutar del evento, más allá del rédito o no rédito que pueda hacer de aquel el gobierno. Si el Ejecutivo se cree dueño de los goles que puedan acaecer durante el torneo, mayor será el golpe que se lleve cuando en las urnas los mismos no cuenten.

Perder o relegar hasta las pasiones más características de un pueblo que siempre ha sido futbolero no tiene sentido. Desear que la selección nacional pierda para que los Kirchner no manipulen las masas es un placebo. El remedio pasa por otro lado. No minimicemos la solución a un problema mayor. No nos auto subestimemos que para ello está la dirigencia que lo hace con habilidad indiscutida.

Nadie será más o menos kirchnerista por gritar un gol, ni el hecho de encender un televisor para ver un partido de Argentina hará que se multipliquen los votos el año próximo. Si acaso esa es la creencia que lleva a desdeñar una competencia deportiva, demos por muerta a la ciudadanía, démonos por muertos en vida. Los valores y el honor se miden por otras variables que nada tienen que ver con once jugadores corriendo detrás de una pelotita.

Perdimos tanto ya que ganar un Mundial no suma a la hora de hacer balances de ganancias y pérdidas como sociedad. Y si acaso aporta a la alegría colectiva posiblemente debamos aceptar que es una buena noticia. Ya vimos lo que ha sucedido con los festejos del Bicentenario: miles de argentinos festajando sanamente en las calles, avenidas y…, cuando empezaron a debatir quién se llevaba las loas de una fiesta cívica, las crónicas mostraron que nada había cambiado esencialmente en la Argentina.

Los sondeos de opinión que adjudican un clima mejor tras el 25 de Mayo son expresiones desesperadas, y lo que en verdad marcan, es la derrota de un Ejecutivo que no puede ofrecer más que espejitos de colores, carrozas y comparsa. Quevedo decía con indiscutida sabiduría que “puede medirse en cielo y la tierra pero jamás la mente humana”, y creer que recitales gratuitos y fuegos de artificio cambian un voto es subestimarnos como seres humanos. Al fin y al cabo, si eso sucediese la culpa no puede recaer únicamente en una administración de turno que ya dio muestras inequívocas de ineficaz y perversa.

Los argentinos oscilamos entre dos modelos sociales igualmente nefastos: el de los “mártires autoproclamados”, y el de los “infantes perpetuos”. Es decir, entre aquellos que se regodean de sus llagas, mostrándolas como trofeos; y esos otros que no maduran para no tener que asumir responsabilidades inherentes al proceso de crecimiento. En consecuencia, toma protagonismo el Estado benefactor que es acogido con beneplácito aunque, si bien se mira, se verá que sólo se beneficia a sí mismo aduciendo que nos está salvando.

Hoy por hoy, ser parte de un movimiento piquetero ofrece las “ventajas” de pertenecer a los desposeídos, razón por la cuál la limosna surge como reivindicación social cuando en rigor sólo es una cadena más que nos ata al clientelismo. Nos ofrecen un yugo y lo tomamos como si fuese un beneficio. La marginalidad pareciera que otorga una categoría superior, y es amparada por seudos movimientos anti-discriminación que hacen lobby en detrimento de la libertad del individuo.

Desde luego que la otra opción es hacerse cargo de la propia situación, pero ello acarrea deberes cívicos que carecen de prensa, y están devaluados frente al auge de los derechos humanos. La situación es compleja para el ciudadano, elegir entre dos modelos igualmente falsos anula el discernimiento, y nos condena a ser esclavos de un sistema macabro.

Si se acepta la madurez que da el pertenecer a un país con tantos golpes que es imposible considerar joven, por más que sólo haya cumplido doscientos años, entonces festejar un gol y disfrutar un Mundial no es más que eso: una coyuntura que permite divertirse sin que signifique idolatrar figuras cuyo nivel de decencia y moral son harto conocidas ya.

Si un partido ganado hace olvidar que los precios suben licuando los salarios, y que todos los días amanecemos con robos y asesinatos, la culpa no está ni en los directores técnicos, ni en los jugadores buenos o malos, y tampoco, aunque cueste aceptarlo, en un matrimonio que sin duda pretende vender lo negro como blanco. Simplificar no coopera a madurar.

La decisión es del pueblo, no del gobierno. El tema no es pues la manipulación que puede devenir de una pelota rodando en un estadio, sino la capacidad de asumirse ciudadano, y elevarse por encima de los mártires y los infantes que alimentan la faz más nefasta del Estado.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Perspectivas Políticas". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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08/06//2010

LOS LIBROS NO MUERDEN

Cristina Kirchner parece desconocer la diferencia entre “gobierno”, “Estado”, “país” y “administradores”.

Por Carlos Mira (*)

La presidente Cristina Fernández volvió a demostrar no solo su escaso conocimiento económico, sino también su casi nula ilustración sobre la forma de gobierno de los Estados Unidos, sus tradiciones y la manera en que funcionan sus instituciones. También, indirectamente, reveló que ella cree que en el mundo de la civilización jurídica las cosas se manejan a rebenque, igual que en la Argentina, un país sin Derecho.

La señora de Kirchner preguntó “¿Ustedes creen que el presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos va a hacer lo que él quiere en contra de los intereses del gobierno?”. El mero planteo de la pregunta en esos términos denota que la presidente desconoce la diferencia entre “gobierno”, “Estado”, “país” y “administradores”. También revela que no sabe quién es el verdadero control del presidente de la Reserva y, de paso, confirma que ella cree que el gobierno de un país está compuesto por una estructura vertical, casi militar, en donde las ordenes del mandamás deben ser obedecidas sin más, porque son las órdenes de la Patria.

Todo ese conjunto de convicciones está mal. No hay aquí una cuestión subjetiva de que “a mi me parece que es asi…”. No, no, no… En este tema no hay opiniones, hay hechos.

En primer lugar, en un país organizado como Estado de Derecho, entendido éste como una estructura jurídica tendiente al mismo tiempo a limitar al gobierno, a ampliar el radio de acción del individuo y a garantizar la supremacía de los derechos individuales, la independencia de la autoridad monetaria no es un capricho sino un elemento más del conjunto de garantías que el Derecho ofrece para evitar que el poder del Poder avasalle al individuo. Una autoridad monetaria independiente al custodiar la capacidad de compra de la moneda en que el individuo cobra sus ingresos le permite a éste conservar mayores espacios de libertad que en un lugar en donde su capacidad adquisitiva decrece porque los billetes se envilecen y las personas quedan cada vez más atrapadas de la dádiva estatal, en lugar de depender de su trabajo.

En segundo lugar, particularmente en EEUU, las fases “gobierno”, “Estado”, “país” y “administradores” está bien diferenciada. A nadie se le ocurriría insinuar que los temporales ocupantes del poder constituyen un sinónimo automático de la Patria. Nadie confunde al país con el gobierno, ni al presidente con el pueblo.

El presidente de la Reserva es confirmado por el Senado y es éste su patrón. El Chairman de la Federal Reserve da cuentas al Senado, no al presidente. La Reserva tiene una Junta de Gobernadores que son los que monitorean los aspectos monetarios y financieros del sistema económico y en base a esas circunstancias toman decisiones que el Chairman ejecuta, con independencia de los criterios del Poder Ejecutivo, lo crea o no Cristina Fernández. El presidente de los Estados Unidos no puede amagar siquiera tocar al Chairman cuyo periodo de gobierno está “intercalado” con el de los presidentes para que eventualmente un jefe del Ejecutivo se deba “aguantar” a un Chairman puesto por otro presidente.

Resulta lógico que para alguien que tiene la concepción del poder que tienen los Kirchner, en este caso, Cristina, todos estos mecanismos de compensación y balance le resulten esquizofrénicos, no los puedan entender y hasta los nieguen. Pero de allí a pretender engañar a todo el mundo haciéndole creer que en los demás países las cosas también se manejan como aquí, a golpes de fusta, hay todo un trecho.

Si la Presidente está realmente interesada en saber cómo se maneja el Derecho en el mundo, le vendrían bien algunas lecturas básicas que la ayudarían a reducir su exposición al ridículo. No son muchas y tampoco son escabrosas o aburridas. Estoy seguro que descubriría todo un mundo nuevo: funcionamientos que ni sospecha, mecanismos que ignora, controles que detesta, razones que nunca imaginó necesarias.

Si esa profundización la hace con literatura que le explique cómo funciona el gobierno de los Estados Unidos, de paso le hará un enorme favor al país porque la Argentina se ha mostrado como una profunda ignorante de toda esa especialidad y ese hecho ha colaborado como nada para tener las lecturas tan equivocadas que ha tenido de acontecimientos mundiales cuya repercusión interpretó casi siempre al revés, con el resultado conocido.

(*) Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos Mira por gentileza de "Economía para Todos"

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07/06//2010  

LAS CAUSAS DE LA INJUSTICIA

Por Gabriela Pousa (*)

“Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador...”
Enrique Santos Discépolo

Parece mentira, y lo más probable es que sea mentira. Lo cierto es que toda la trama que envuelve a ciertas causas de la “justicia” se asemejan increíblemente a aquellas viejas telenovelas donde se atacaba a la chica buena, y la mala disfrutaba su venganza. Claro que al final, la ecuación variaba, y el triunfo lo obtenían los protagonistas, que se amaban más allá de las condenas y obstáculos que se le interponían a lo largo de un sinfín de capítulos que, en rigor de verdad, hay que admitir, muchas veces cansaban.

En el contexto socio-político, el cansancio se está haciendo perceptible no tanto por lo largo de los procesos, las indefiniciones permanentes y la falta de originalidad para el libreto, sino sobre todo por lo fantasioso que suena el devenir de los acontecimientos, y ese acostumbramiento malsano al atropello y al maltrato.

Ayer, sin ir más lejos, jugábamos con mi sobrino menor, mientras de fondo, en la televisión, pasaban flashes de un noticiero. Yo ni siquiera le había prestado atención cuando mi sobrino, sin levantar la vista del juego, me comenta: “¿Viste que nos escuchan todo lo que hablamos?”

Recien entonces caí en la cuenta de que el avance televisivo había hecho mención a la causa de las escuchas en el marco del Gobierno de la Ciudad. Lo triste es que, para un chico con apenas 12 años recien cumplidos, la historia de los espías y los teléfonos es percibida con una naturalidad que horroriza o debiera horrorizarnos, si acaso los adultos mantenemos aún algún atisbo de madurez cívica y de sano juicio.

Así las cosas, las generaciones que han de sucedernos están creciendo en un ambiente viciado, creyendo que la conducta más conveniente es resignarse a aceptarlo, pues eso es lo que ven en quienes los rodeamos.

Ahora bien, comencemos por aceptar una premisa: no hay casualidades cuando se trata de causas judiciales politizadas, o mejor dicho de causas políticas “judicializadas”. Esa similitud con las ficciones televisivas está sin sutilezas, pergeñadas por mentes maniqueas. De ese modo, el sólo hecho de hablar de Justicia es una irreverencia. Debería únicamente hacerse alusión a parodias o tragicomedias donde intervienen “magistrados” que han tirado por la borda no sólo cinco o seis años de carrera sino el juramento final, aboliendo de esa forma cualquier atisbo de ecuanimidad.

Los expedientes se transforman en libretos guionados donde aquello que se dijo no coincide jamás con lo que se ha actuado. El correveidile tiene más valor que la declaración del demandante o la del demandado. Las indagatorias llegan cuando la condena ya está puesta, y la presunción de inocencia queda abolida como la esclavitud en Norteamérica. Y con esto no estamos diciendo que no haya habido delito, sino que la manipulación política es tanta que ni siquiera queda claro si es justo o no que alguiensea juzgado.

Las pruebas terminan siendo obsoletas o a veces grotezcas. Alcanza con la aparición de un “arrepentido” cualquiera, o un simple extra que irrumpa en escena denunciando, para que su recitado sea considerado válido e indiscutible para el letrado.

Lo que sigue es harto conocido, lo vemos a diario: jueces expuestos al show mediático como estrellas televisivas. Las luces de neón, los flashes, los micrófonos, y toda la parafernalia de la exposición pública le saca la mítica venda a la estatua para ponérsela a quién firma la sentencia.

El mayor error es creer que la única víctima es aquel que se sienta en el banquillo de los acusados, cuando en rigor de verdad, la sentencia cae como un tsunami sobre toda la sociedad: se ha perdido la decencia y con ella, la libertad.

Posiblemente es un solo individuo el que termina encarcelado pero las rejas se levantan, visibles o no, ante el grueso de los ciudadanos que siguen en su rutina, sin advertir que quizás hay una fecha en el calendario para erigirlos también a ellos, protagonistas kafkianos de una “Justicia” que hace mucho ya, se divorció de Ulpiano.

Jueces con más denuncias y sospechas que los procesados se hallan al frente de esas causas armadas, actuando con una impunidad que otorga cierta sensación de ser a perpetuidad. Pero lo perpetuo no tiene cabida en lo terrenal, menos todavía en la cíclica política argentina donde las lealtades son utopías, y los hombres mercancía.

El acto procesal de la recusación –tenga argumentación concreta o no -comienza a causar risa. La mancha a la honra no desvela por cuánto la honradez en esta Argentina no es más un valor con preeminencia, y el descrédito gratuito no recibe ni una disculpa pública ni un desagravio que soliviante siquiera la amargura de sentirse sospechado cuando se ha sido inocente desde el vamos.

Que en estos días, desde miembros de la Corte Suprema de Justicia hasta dirigentes de los más diversos frentes tengan que salir a definir cuál es el rol del Poder Judicial de la Nación habla a las claras de las desviaciones del sistema. La dependencia que genera un Ejecutivo con ambición hegemónica de poder, frente a una oposición sumida en problemáticas internas e individualismos mezquinos, no permite que aflore un contralor que asegure el cumplimiento de las reglas de juego republicanas más básicas.

Por todo lo dicho, en muchos casos, la bajada del emblemático martillo hoy no significa nada. Y la gravedad que eso entraña aún no es percibida, con conciencia plena, por el grueso de la ciudadanía.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del libro “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de su autora y de "Economía para Todos". Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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07/06//2010

UN SISTEMA MONETARIO NO SE ELIGE COMO UNA CARTERA LOUIS VUITTON

Por Roberto Cachanosky (*)

En el discurso que dio Cristina Fernández de Kirchner para conmemorar los 75 años de la creación del Banco Central de la República Argentina (BCRA) hubo, a mi entender, una ensalada de conceptos que confirma la audacia de la presidenta para hablar de temas tan complejos como el sistema monetario y financiero. Su ejemplo de los once cachorritos que había tenido su perrita bóxer y la lucha por comer de los cachorritos, donde los más fuertes sacaban “a los codazos” (sic) a los más débiles, derivó en la teoría darwiniana para, posteriormente, terminar justificando la intervención del Estado en la economía, los problemas de la Unión Europea con sus economías, el libre comercio y, finalmente, la conclusión de que el BCRA no puede ser independiente del poder político y que su única misión no puede ser la de preservar el valor de la moneda. Digamos que con su particular estilo de hablar, terminó enlazando los “codazos” de los perritos por comer con su teoría monetaria.

Llama la atención que siendo una mujer que improvisa sus discursos sobre cualquier tema, no haya apelado a su memoria. Digo esto porque Cristina Fernández es una mujer de algo más de 50 años y vivió la época del Banco Central subordinado al poder político con la consecuente destrucción de 4 signos monetarios, inflación alta, megainflación e hiperinflación. Puesto en otras palabras, no puede ignorar que el modelo de BCRA al cual ella pretende volver destruyó la moneda en la Argentina. Si estuvo en el BCRA para dar su discurso, bastaba con que previamente recorriera el salón en el cual están todos los signos monetarios que tuvo el país, y se hubiese encontrado con billetes de 1.000.000 de pesos argentinos o de 500.000 australes. Este solo dato le hubiera permitido advertir la capacidad de destrucción monetaria que tuvo el modelo de BCRA que ella propone. Es más, con los actuales pesos ya vamos por la serie K (lo de la serie K no es una ironía) de los billetes de 100 pesos. ¿Por qué tantas series para los billetes de 100 pesos? Porque siguen emitiendo billetes de 100 que no alcanzan para nada y no se animan a emitir billetes de mayor denominación para no dejar en evidencia la destrucción monetaria que estamos teniendo y la elevada tasa de inflación que tenemos. ¿Qué impacto político tendría en la población si emitieran billetes de 200 o 500 pesos? Esta es la pregunta que debería haber formulado Cristina Fernández en vez preguntarle a un auditorio complaciente si en serio creían que el presidente de la Reserva Federal dependía del poder político.

Cristina Fernández dice que el BCRA no tiene que tener como única función defender el valor de la moneda, sino también contribuir al crecimiento económico. Como si la sola impresión de billetes permitiera crear de la nada ahorro que se traduzca en crédito. El ahorro no se inventa ni se imprime, se genera consumiendo una parte menor al ingreso percibido. Y ese ahorro se transforma en crédito cuando es volcado por la gente al mercado de capitales. El ingreso que tuve y no consumí se lo presto a otro bajo la forma de crédito para que ese otro pueda consumir o invertir. Y solo fugo mis ahorros cuando no tengo confianza en la seguridad jurídica de la Argentina. Cuando creo que el Estado va a confiscar mis ahorros para financiar sus gastos, como ocurrió con los ahorros de la gente en las AFJP, o para generar fenomenales transferencias patrimoniales. Estos son los dos puntos que Cristina Fernández evidentemente no entiende. No puede haber crédito sin ahorro y no puede haber crédito sin moneda.

No puede haber crédito sin ahorro previo por lo expuesto más arriba. El crédito surge del ingreso no consumido. Y, a su vez, para poder otorgar crédito debe haber cierto grado de estabilidad monetaria o, si se prefiere, no tiene que haber inflación en los niveles que tenemos actualmente, porque con inflación, el que presta sus ahorros corre el riesgo de que sean licuados por la inflación. ¿Dónde vivía Cristina Fernández en 1975 cuando se produjo el rodrigazo? ¿En qué país estaba cuando la inflación llegaba a los 3 dígitos anuales o en 1989 cuando estalló la hiperinflación? Esos desastres monetarios se produjeron gracias al modelo de Banco Central que viene a proponer bajo la teoría darwiniana de sus cachorritos a los “codazos” para comer.

Ningún banco central en el mundo puede crear crédito de la nada. Ni la Reserva Federal, ni el Banco Central Europeo ni el Banco Central de la Argentina. Lo máximo que puede conseguir los banco centrales es, justamente, lo que Cristina Fernández no quiere: limitarse a preservar el valor de la moneda, que dicho sea de paso no es un invento de los gobiernos sino que la moneda es descubrimiento del mercado. Fue la gente la que descubrió que ciertas mercaderías servían como medio de intercambio y reserva de valor. Y fueron los gobiernos los que, al monopolizar la emisión de moneda, crearon la inflación, inventaron crédito artificial y generaron grandes fluctuaciones económicas y crisis como las de 1929 o la actual. Basta con ver la evolución de la tasa de Reserva Federal para advertir el auge artificial que impulsó dicha institución, la aparición del los créditos hipotecarios a quienes no podían pagarlos y el posterior colapso.

Es más, en su precaria teoría keynesiana, el matrimonio sigue creyendo que impulsando el aumento del gasto público van a generar crecimiento, mientras señalan con el dedo acusador a la UE. Si Grecia, España, Hungría y otros países están en serios problemas de endeudamiento fue, precisamente, porque se fueron de pista con el aumento del gasto y lo financiaron con crédito público basado en ahorro que no existía, sino en tasas de interés artificialmente bajas.

Pero tal vez esto sea demasiado complicado para que sea entendido por gente que sigue creyendo que imprimir billetes en cantidades industriales es sinónimo de ahorro. No hay atajos para el crecimiento que eviten la producción, la generación de ingreso en base a la producción, el ahorrar parte de esos ingresos y la disposición de la gente a prestar parte del fruto de su trabajo. El crédito nunca va a aparecer en Argentina mientras no exista una moneda que tenga la función de reserva del valor y mucho menos vamos a tener crédito mientras le pasen por arriba a la propiedad privada y las reglas de juego sean cambiadas de acuerdo al humor o las necesidades políticas con que el matrimonio se levanta cada día.

Hacer en un discurso sobre teoría monetaria es mucho más complicado que ser conocedor de los diferentes modelos de las carteras Louis Vuitton. No cualquiera está capacitado para conocer sobre semejantes lujos, así como no cualquiera puede hablar de teoría monetaria con cierto grado de coherencia. En definitiva, no es lo mismo elegir un modelo de cartera Louis Vuitton, que elegir un modelo de sistema monetario. Son dos temas muy diferentes y con complejidades también diferentes. Las carteras se las eligen porque gustan. El diseño de un sistema monetario requiere algo más de elaboración intelectual y profundos conocimientos que no se necesitan para optar por una cartera u otra de la afamada marca.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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07/06//2010

EL MUNDIAL DE FÚTBOL Y LA PANDEMIA NACIONALISTA 

Por Gabriel Gasave (*)

Está por comenzar una nueva edición de la Copa del Mundo de fútbol, la número 19, acontecimiento que cada cuatro años inexorablemente atrapa la atención de cientos de millones de almas alrededor del planeta y mueve miles de millones de dólares. Una vez más, cuan modernos flautistas de Hamelin, las banderas y los himnos nacionales-inventos gubernamentales que junto a muchas causas políticas y religiosas han provocado más muertes que todas las catástrofes naturales juntas-aglutinarán detrás suyo a enfervorizados simpatizantes.

Nuevamente, como acontece también durante los juegos olímpicos y otros certámenes, los nombres propios cederán en relevancia ante la nacionalidad. Ya no es fulano o mengano quien obtuvo tal medalla o realizó tal magnifica gambeta, sino el país "A" quien supera en el medallero a "B" o el país "J" quien encabeza el Grupo "X".

Al igual que en los sistemas colectivistas que cuando ponen en acción su ingeniería social indefectiblemente el "nosotros" viene a sustituir al vilipendiado "yo" ante cada proyecto público que se pretende implementar, durante estas gestas deportivas vemos también como la primera persona del plural lo avasalla todo. "Ganamos", "perdimos", "vamos bien", "goleamos", etc. son algunas expresiones mediante las cuales muchos individuos suelen actuar sin moverse de la sala de estar de sus casas.

No es la intención criticar aquí a la saludable y recomendable práctica de un deporte como el fútbol, sino a lo peor de ese primitivo sentimiento nacionalista y tribal que, siempre latente, suele aflorar ante conflictos bélicos o eventos como el que se avecina. Parecería que estamos ante una guerra a ser librada por 32 naciones, de las cuales solamente una de ellas saldrá airosa. Los disparos de mortero o los misiles son reemplazados por tiros de emboquillada, penales y goles "olímpicos" y las trincheras por barreras humanas, pero la noción subyacente es siempre la misma: Se trata de otro país, de gente distinta, con otro aspecto, idioma y costumbres, en definitiva de un enemigo. Es exactamente el mismo principio por el cual, en otros planos, se alzan muros fronterizos y se exigen pasaportes, se establecen barreras comerciales y aranceles, y por el cual se habla de balanza comercial solamente cuando los bienes pasan a través de una aduana y no cuando cruzan de vereda en un mismo barrio.

Ni siquiera resulta válido el argumento de que al tener cada región sus estilos y características propias de juego, cabe entonces emplear la metáfora del país como jugador. ¿A qué estilo nacional se refieren? De los 32 países que participarán en el Mundial de Sudáfrica, 12 equipos (el 37,3%) están dirigidos por entrenadores de otro origen. Este número es superado solamente por las 14 selecciones que fueron entrenadas por técnicos que no habían nacido en el país durante la Copa de Alemania 2006.

Paraguay y Chile cuentan con técnicos argentinos (el "Tata" Martino y el "Loco" Bielsa respectivamente; son alemanes quienes dirigen a los equipos de Suiza (Ottmar Hitzfeld) y Grecia (Otto Rehhagel); dos suecos son los DT de Nigeria (Lars Lagerback) y Costa de Marfil (Sven-Goran Eriksson, que sustituyó en enero al bosnio Vahid Halilhodzic); Inglaterra-la cuna de ese deporte-está a cargo de un italiano, Fabio Capello (en el pasado mundial el puesto fue ocupado por un sueco); Australia de un holandés (Pim Verbeek); Honduras de de un colombiano (Reinaldo Rueda); Camerún de un francés (Paul Le Guen); Ghana de un serbio (Milovan Rajevac) y el conjunto local de Sudáfrica es dirigido por un brasileño (Carlos Parreira).

¿Qué será más relevante al momento en que cada uno de ellos imparta sus directivas, el lugar de residencia actual o el que consta en su certificado de nacimiento? Ello para no mencionar la circunstancia de que el grueso de los jugadores oriundos de las regiones en desarrollo está dispersos en su gran mayoría por equipos europeo.

Tampoco la intersección de específicos paralelos y meridianos en el lugar de nacimiento de los propios jugadores implica una estrecha relación con el terruño al que representan. Apellidos como Guzan, Bocanegra, Onyyewu, Cherundolo, Torres, Edu, Altidore y Gomez no parecerían haber sido compartidos por alguien en la lista de los pasajeros que arribaron al Cabo Cod en Massachusetts abordo del Mayflower en 1620, y no obstante los mismos corresponden a integrantes del plantel estadounidense.

Sabemos también que son frecuentes las nacionalizaciones apresuradas antes de algún torneo de esta envergadura para lograr así que determinado jugador represente a un país en particular. Por lo tanto son numerosos los futbolistas naturalizados que jugarán para selecciones ajenas a su país de nacimiento. Así es que en Sudáfrica 2010, en el equipo de Alemania habrá un polaco (Lukas Podolski), un bosnio (Marko Marin) y un brasilero (Cacau). Australia tendrá a Darío Vidosic nacido en Croacia y a Nikita Rukavytsya en Ucrania. Pateando para los EE.UU. podrá verse a Benny Feilhaber, hijo de padre australiano y madre brasilera, nacido en Río de Janeiro y para Francia jugará Steve Mandanda, nativo de Kinshasa, Congo.