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16/08//2010
LE
DICEN MATÓN DE CUARTA
(Se
llama Moreno, como Mariano, pero este es Guillermo)
Por
Malú Kikuchi (*)
Le
dicen matón, pendenciero, patotero, bravucón, fanfarrón y
camorrero. Y de cuarta, porque la primera le queda grande.
Dicen que estas definiciones describen al secretario de
comercio interior de la nación, Guillermo Moreno. Obediente y
leal soldado K.
La
historia viene de lejos y es larga. Sin embargo se la puede
reducir: Kirchner está en guerra con Magnetto y en esta
guerra, todo vale. Desde el frustrado ADN de los hijos Noble,
hasta Papel Prensa.
A
través de esta empresa, los K pretenden probar la connivencia
de Clarín, y en menor medida de La Nación, con el Proceso
Militar y los crímenes de lesa humanidad. ¿Cómo? Bastante
simple.
Hechos.
En 1951 Perón expropió varios diarios, La Nueva Provincia, La
Prensa, La Vanguardia y otros. Distribuyó el papel, que se
importaba, a su conveniencia. A veces La Nación salía con sólo
dos hojas.
Hechos.
A partir del derrocamiento de Perón en 1955, se hizo evidente
la necesidad de fabricar papel para diarios en el país. El
11/8/ 1969, por decreto ley nº 18.312, Onganía crea un
“fondo de reserva para la producción de papel”, a través
de un impuesto
Hechos.
En 1971 se llama a concurso nacional e internacional para
construir una planta pastera. No se concreta. En 1972, sin
cumplir con las condiciones requeridas se le adjudica el 80%
de las acciones al grupo Civita, Doretti, Rey y Editorial
Abril y el 20% queda
para el gobierno.
Hechos.
En 1973, gestionado por Gelbard, ministro de economía, se le
vende a Eduardo Graiver la mayoría accionaria del grupo
Civita. Graiver desaparece en un inexplicable accidente aéreo
en México el 7/8/1976. Se lo acusaba de ser el banquero de
los montoneros.
Hechos.
El 2/11/1976, FAPEL (Clarín, La Nación y La Razón) compran
las acciones de Graiver. El 19/5/1977 FAPEL con el 75% y el
estado con el 25%, constituyen Papel Prensa.
Hechos.
El proceso militar detiene a toda la familia Graiver, los
padres, el hermano y la mujer, Lidia Papaleo. Hoy, Lidia
Papaleo denuncia que fueron obligados a vender las acciones
estando presos. De ser cierto constituiría un delito de lesa
humanidad, imprescriptible según la actual ley argentina. Es
lo que trata de probar el gobierno K.
Pregunta.
¿Se vendieron las acciones estando los Graiver encarcelados o
en libertad? La verdad es esquiva.
Hechos.
En plena democracia, en La Nación del 12/10/1989, aparece una
solicitada firmada por Lidia Papaleo de Graiver, aclarando que
tanto ella como su familia política, fueron detenidos en
1977, 6 meses después de ocurrida la venta a FAPEL.
Hechos,
En el 2000, La Razón quiebra y le vende sus acciones a Clarín.
Hoy, el estado nacional tiene el 28,8% de las acciones, el
resto es de Clarín y en parte de La Nación. Papel Prensa,
cuya planta está en San Pedro, tiene capacidad para producir
205.000 toneladas papel por año, produce 158.000 y le vende
papel a casi todos los diarios del país.
Hechos.
En febrero 2010, Guillermo Moreno solicita la intervención de
Papel Prensa por detectar irregularidades en la “compra
compulsiva de acciones” por parte de Clarín y La Nación.
Tras la renuncia de Bianchi como interventor, en julio se la
nombra a Beatriz Pagliaro, ex INDEC.
Hechos.
Moreno presiona, agrede verbalmente y amenaza. El 14/7/10,
Moreno ataca a sillazos al abogado Soaje Pinto, y Daniel
Reposo (SIGEN), a las trompadas le parte el labio. Con el
saldo de un dedo quebrado, se hace la denuncia penal ante el
juzgado del Dr. Eduardo Malde.
Hechos.
El Juez Malde hace un llamado de atención a los
ofensores y les recomienda “que actúen como gente
civilizada”. En junio/10 se suspende la reunión de
accionistas, y se pasa a un cuarto intermedio. No pudiendo por
ley postergarla más, se reúnen el
12/8/10.
Hechos.
En las oficinas de Papel Prensa, Mitre 739, 9hs, se sitúan,
de un lado del ring, Guillermo Moreno, Daniel Reposo, Beatriz
Pagliaro y su gente. En el otro rincón, Julio Saguier ex
presidente de Papel Prensa, Martín Arecha, coadministrador
judicial y los accionistas privados.
Hechos.
Los privados intentaban modificar la cantidad de
representantes del estado en la comisión fiscalizadora y
reducirlo a uno. Tenían la cantidad de votos necesarios. Por
precaución, la empresa mandó televisar la reunión y se
invitó a los medios.
Hechos.
Moreno al grito de “pasen, pasen” dejó pasar a los
periodistas. Sabiendo que perdía la votación, mandó bajar
las luces, envi ó a las mujeres al fondo de la sala, cerró
la puerta impidiendo la salida y tapó la cámara, pero no
pudo evitar la grabación de lo dicho.
Hechos.
De una bolsa del Mundo del Juguete sacó cascos y guantes de
box, aclarando que había que comportarse por orden del Juez
Malde, “civilizadamente”. Gritó, vociferó, gesticuló, caminó,
insistió en que “acá no se vota”.
¡Y viva la libertad!
Hechos.
Dicen los accionistas privados que en el acta de 1972 hay una
cláusula que establece que el estado se retira de la empresa
pasados los primeros 15 años, fecha que caducó hace 23 años.
Sorpresivamente, apareció un anexo, desconocido por todos,
encontrado “casualmente” 48 horas antes de la reunión,
que sostiene que la participación del gobierno en Papel
Prensa es de 99 años.
En
Argentina todo es posible, pero ¡cuanta casualidad y cuan
oportuno fue el hallazgo! Evidentemente, los milagros K,
existen.
Hechos.
Finalmente, después de 7 interminables horas, se ordenó
“levantar por desorden la reunión”. Y no se votó. Y
Moreno, una vez más, ganó. La Nación ha hecho las denuncias
pertinentes y el caso está en el juzgado del juez Ercolini.
Pregunta.
Todo este circo que ni siquiera es gracioso, es triste y
lamentable, bajo la obediencia debida al matrimonio K, ¿sería
posible si los ciudadanos no lo permitieran? NO y NO y NO.
La
respuesta es NO. Porque todo lo anterior no es una crónica de
hechos para comentar, es grave, es una afrenta a las
instituciones, a la justicia, a la propiedad privada, a las
garantías constitucionales. Los ciudadanos lo permiten, se
resignan, se ríen desganadamente, lo admiten. La ciudadanía
es responsable de lo que mansamente acepta.
“Que
ser valiente no salga tan caro, Que ser cobarde no valga la
pena”. (Joaquín Sabina, “Noche de bodas” 1999).
En
agosto 2011 se votan primarias y en octubre presidenciales. De
los ciudadanos depende que la cobardía no valga la pena
aunque la valentía salga cara. Hay que cambiar la historia,
se puede.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente
artículo de Malu Kikuchi, por gentileza de su
autora.
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15/08//2010
LA
CAUSA DE LA DUDA EXISTENCIAL: ¿PUEDE KIRCHNER GANAR?
Por
Gabriela Pousa (*)
A
ver si nos entendemos. No están Winston Churchill, ni Charles
De Gaulle, ni Vaclav Havel esperando ser votados el año que
viene. Parte de la sociedad argentina se pregunta por qué, la
orfandad en materia política se esparce día tras día. La
respuesta es simple: no somos ingleses honrando su monarquía,
ni franceses involucrados, ni checos dispuestos a conseguir la
libertad sin claudicar. Y a esta altura de las circunstancias
sostener que la dirigencia es un espejo del pueblo resulta una
obviedad.
De
ese modo, lo que vemos en la góndola pre-electoral no difiere
en demasía de aquello que somos en general. Las
generalizaciones son siempre injustas, pero la realidad nos
enfrenta a una idiosincrasia muy peculiar donde la razón se
ausenta, las pasiones se acrecientan y los fanatismos ciegan.
No
logramos ver matices: todo o nada; en ese contexto las
diferencias se apagan. A un año de las elecciones internas
abiertas y obligatorias, no llega a un 50% el porcentaje de
argentinos concientes de ello. Nos movemos en microclimas
creyendo que las baldosas que pisamos son las que el resto
también pisa. Pero de los asfaltos de ciertos barrios, a los
lodazales de otros tantos, las distancias son infranqueables e
impiden que sepamos qué piensan y sienten del otro lado.
Tampoco nos interesa demasiado.
En
ese trance surge la preocupación: ¿Puede Kirchner ganar
la próxima elección? Hay cierta noción de quiénes no
van a votarlo, pero intriga que harán aquellos que caminan
por el barro. El temor a la continuidad crece al
advertir como aumentan los bolsones de pobreza que requieren
del clientelismo para la subsistencia. Pero es injusto negarle
dignidad a los que viven esa realidad.
Recordemos
lo sucedido en Misiones cuando Carlos Rovira, y todo el elenco
del gobierno nacional, repartieron desde electrodomésticos
hasta créditos con total impunidad. La gente los recibió
porque la carencia tiene razones que la satisfacción
desconoce. Luego la taba se dio vuelta. ¿Espontáneo
"darse cuenta"? No. Hubo quienes hicieron trabajo de
hormiga, explicando por qué las dádivas son justamente las
que los condenan a la pobreza perpetua. En definitiva,
aplicaron la antigua fórmula "educar al
soberano", ¿o no es acaso esa la tarea básica de un
proselitismo de veras?
Ahora
bien, ¿están los actuales aspirantes al Sillón de Rivadavia
haciendo ese trabajo o están peleándose por el cargo? La
percepción de que esto último sucede, acarrea la duda de la
permanencia de los Kirchner en la Presidencia. "¿Si
los demás no ofrecen respuestas, no es mejor quedarse con lo
que hay?". Léase "más vale malo
conocido que bueno por conocer", refrán popular
que corre riesgo de prosperar. La duda se instala y es
malsana.
Por
otra parte, hay también quienes prefieren desentenderse del
tema, y seguir cobijados bajo un Estado benefactor que en
realidad los va asfixiando. ¿Cuántas veces se escucha
decir: "son todos iguales"? Esa
premisa es funcional a los Kirchner que aprovechan la apatía,
el descrédito y el conformismo para ganar la calle. No
requieren propuestas siquiera porque tampoco hay con quién
confrontarlas en la otra vereda.
¿Cuál
es el proyecto de país de Ricardo Alfonsín? ¿Cuál el de
Julio Cobos? ¿Y el de Reutemann? No tenemos ni idea. La
elección, en consecuencia, se torna un acto casi reflejo que
lleva a ensobrar la boleta del que parezca menos malo. Claro
que la opción de salir de lo perverso y abyecto es siempre un
estímulo, y en él radica la esperanza de la renovación en
algún sentido. Es triste reconocer que ya sabemos como vivir
con una administración inepta, pero no logramos adaptarnos a
la maledicencia y la amenaza perpetua.
Siempre
sostuve que es muy fácil hacer evaluaciones políticas desde
un escritorio, a metros de una heladera llena o como suele
suceder la mayoría de las veces, en comidas donde el cubierto
cuesta igual o más que lo que reciben algunos compatriotas en
carácter de la mentada "asignación universal por
hijo"...
En
esos hábitat se riega con buen tinto el desánimo que produce
no sentirse identificado con ninguno de los actores políticos.
Sin embargo, es también allí donde es factible hallar más
semejanzas que diferencias con los candidatos que se barajan
como si una elección fuese un mero juego de cartas.
Los
sectores humildes están preocupados por asuntos más
terrenales: ¿qué comen los chicos esta noche?¿Y mañana?
El mañana ya ni cuenta. Encima, los acontecimientos se
suceden con un ritmo tan vertiginoso que el hastío termina
ganando. Si
en 24 ó 48 horas aquellos que eran aliados aparecen como
adversarios, si quienes se unieron prometiendo consensos, no
son capaces de aportar una idea para frenar alguno de los
problemas que acechan, es lógico que la decepción conduzca
únicamente a la queja de sobremesa o a la más eximia apatía.
En
este contexto, es dable admitir que el kirchnerismo ha
demostrado más coherencia que el resto. Este fue, desde el
vamos, verticalista, improvisado, dependiente del ánimo con
que amanece el jefe, de los arreglos o desarreglos de alcoba y
del cumplimiento de órdenes de sus soldados.
Asombrarse
del patoterismo del Secretario de Comercio, Guillermo Moreno
calzándose los guantes de boxeo, en una puesta en escena
circense es ingenuo. Viene sucediendo desde que se instalaron
los Kirchner en el gobierno. Corrobórelo leyendo la nota
escrita tiempo atrás al respecto.
(APOLOGIA
DE GUILLERMO MORENO)
.
Nada ha variado.
Detenerse
en este último suceso es seguirle el juego, porque terminamos
distrayéndonos con un peón que no hizo más que obedecer al
patrón. Centremos el foco del problema en la raíz para que
no se expanda, porque nada se gana podando solamente una rama.
La
angustia que provocan los desentendimientos de la
"oposición" es comprensible frente a la necesidad
de cambiar aspectos macabros de la cotidianeidad: la
prepotencia, la inseguridad, la suba de precios...
Si a todo ello no le pone fin el gobierno, es menester hallar
quién pueda hacerlo. El silencio y las peleas internas no
cooperan a la respuesta.
Hablan,
por ejemplo, de instalar cámaras que filmen las entradas de
los bancos, y ya hay un sinfín de edificios y entidades con
esos dispositivos funcionando. ¿Desalentaron la
deliencuencia? A juzgar por lo que se vive a diario, no
ofrecen grandes resultados.
Sólo parecen servir como "souvenir" para que los
familiares conserven la imagen de los últimos instantes de
vida del pariente que perdieron. Parece humor negro más que
solución al tema.
¿De
qué sirve que se identifique luego al asesino? Lo
importante es impedir que el crimen se realice en lugar de
convertirlo después en un "reality show" mostrándolo
por televisión, y ofreciendo recompensas para hallar a los prófugos
que, paradójicamente o no, siempre son reincidentes.
Pero
en ese aspecto el freno lo pone aquello definido como
"políticamente correcto", y no lo es, al parecer,
pedir documento o antecedentes de alguien que ha hecho del
merodeo su "profesión", por ejemplo. Hay que
respetarle los derechos...
En
definitiva, los argentinos estamos expuestos, sin anestesia, a
vernos como somos en quienes se supone nos representan o
pretenden hacerlo en corto tiempo: individualistas, egocéntricos,
narcisistas, con un exceso de relativismo ético, y dispuestos
a ocuparnos como si fuéramos dioses de aquello para lo que no
estamos capacitados o directamente desconocemos.
¿Cuánto
falta para que la "justicia por mano propia" se
instale como "solución" a la violencia? La
paciencia ciudadana es inmensa pero tiene techo. Si logramos
admitir esto, sería más sencillo darnos cuenta y entender
por qué, en la obra que se representa en el escenario político,
más que como espectadores estamos como huérfanos.
Si
todos quieren ser primera figura y no hay quién acepte ser
elenco, el aplauso no premia ni manifiesta mayor o menor
predilección. En esa uniformidad pierde sentido hasta
plantear una elección. Podemos decir que se trata de ir en
busca de algo menos peor. O todo da lo mismo, incluso estar
muertos o estar vivos...
APOLOGIA
DE GUILLERMO MORENO
Por
Gabriela Pousa
Triste.
Triste y lamentable. De pronto, como si no hubiéramos vivido
seis años en la más completa desidia política esgrimiendo
críticas y quejas, que si bien fueron en aumento, no llegaban
a justificarnos como pueblo, encontramos el ‘chivo
expiatorio’ perfecto: Guillermo Moreno.
Y
henos aquí, erigiéndolo cuasi ‘prócer’ de este país,
subiéndolo al pedestal de los mitos como si el Secretario de
Comercio hubiera podido hacer lo que hizo -o sigue haciendo-
si no fuera por expresa orden de sus superiores. Es decir, del
matrimonio Kirchner. Ni más ni menos.
Si
la renuncia de este funcionario es la respuesta que esperamos
como “salvación” o garantía de un no-creible llamado al
“diálogo”, los que no entendimos nada somos
nosotros, aunque hayamos votado como si fuésemos conscientes
del daño que se ha hecho a la Argentina en estos últimos años.
Guillermo
Moreno se puede ir mañana de su despacho y desaparecer de
Olivos, de Balcarce 50 y de dónde sea que se encuentre hoy en
día, que tampoco nada cambiará en el Gobierno.
Creer
que comiéndose un peón o un alfil se jaquea al rey
o a la reina es ingenuo aunque la jugada acelere el final
del juego. Pregunto: ¿Sería acaso visto como un “gesto”?
No.
Ni siquiera sería un genuino gesto: en el peor de los casos
significaría un “triunfo” para quienes son los
verdaderos responsables de la política de precios o del freno
de negociaciones para resolver conflictos. Implicaría para la
Presidente y su marido un excelente argumento. Ellos son los
artífices de la errática economía que tenemos.
Néstor
Kirchner le podría decir a Cristina: -“dales el gusto
para que no sigan despotricando”. Y mientras tanto, el
rumbo seguiría marcado por la misma brújula que ha tenido
desde el vamos.
El
controvertido Secretario de Comercio continuará luego con su
vida de perfil bajo y silencio de radio, y en poco tiempo, su
nombre caería en el olvido adónde se han predestinado tantos
otros que ya no es factible siquiera hacer la nómina
completa. ¡Cómo sacar la cuenta!
¿Y
acaso cuándo se fue algún ministro de esos que se adjetivan
“claves” pasó algo distinto? En su momento la retirada de
Alberto Fernández, sin ir más lejos, generó
suspicacias de todo tipo, y sin embargo todo siguió su cauce.
Henos
aquí y ahora esperando que Señor y Señora debatan en El
Calafate con qué nuevo artilugio se nos distrae.
Desde
ya que hacer renunciar al ’patotero’ cubriría
las portadas de todos los medios y hasta generaría algunos
cuantos festejos, pero después… Después el mismo verso, y
la Argentina varada en idéntica encrucijada. Si la
cabeza sigue siendo Néstor Kirchner, no cambia nada.
Si
el problema de un país pasa por un funcionario de segundo
orden, ese país está acabado.
Si
la sociedad -y más aún aquellos que fueron votados
recientemente para que se hagan cargo y nos representen-, se
quedan en el pedido cómodo y seudo irracional que implora
desplazar a un hombre que no ha hecho más que cumplir órdenes,
la alternativa política sigue siendo utopía, y la
madurez cívica otro sofisma.
Amén
de ello, no estaríamos sino copiando con meridiana exactitud
la conducta de quién se supone, es el receptor de las quejas
que emanamos.
Es
decir, pidiendo la renuncia -aunque sea justa-de un Secretario
de Estado en una actitud mancomunada, como si eso salvara al
país de la incertudimbre en la que se halla, somos
funcionales al oficialismo, le servimos…
Dejamos
en bandeja la solución para que ellos, aunque les caiga
como patada al hígado, entreguen la cabeza del polémico
funcionario y al tiempo, cuando el sucesor suavice los métodos,
nos digan que el fracaso y la crisis es por haber desdeñado a
quién, heróicamente, “defendía” la mesa de la
familia argentina.
La
inflación es un hecho, y tras los comicios se está acentuándo
con severa agudeza , y seguirá en ese ritmo.
Sin
Moreno, los Kirchner la tendrán más simple. Dirán que el
pueblo les pidió cambiar el hombre y las mañas, y que
justamente ellos lo mantenían en ese cargo en pro de
defendernos.
En
ese juego macabro, los empresarios volverán a ocupar el lugar
de los ‘malos’, porque además si estos
resultaron extorsionados, en lugar de callar y pactar, deberían
haberse unido en una denuncia conjunta que pusiera fin al
maltrato y al apriete hasta que la Justicia escuchara la
contundencia de las voces repetidas incesantemente.
Pero
no ha sido de ese modo. Si Guillermo Moreno apretó es porque
hubo quienes se dejaron apretar. Duro pero real.
Sectores
productivos de la Argentina se sumieron en un silencio cómplice.
No hay extorsión posible si del otro lado no hay extorsionado
callando.
En
verdad, si del otro lado no hay prebendas o negociados que
ocultar, ¿cuál era o es el freno que impide denunciar a viva
voz la violencia que imparte, no un funcionario solamente que
responde a la autoridad, sino el gobierno que como tal le
imparte las órdenes y lo manda a ejecutar?
¿De
qué le sirve a la ciudadanía los rumores y las anécdotas de
un servil que atiende o atendía, con un revólver sobre
el escritorio, y hace o hacía gestos procaces cuando visitaba
directorios para imponer un control de precios y asirse de las
planillas de costos?
Lo
que deberían demostrar los Kirchner es que, a pesar de
Moreno, están dispuestos a asegurarnos a los argentinos la
gobernabilidad que jaquean ellos mismos.
Acá
si hay golpe cívico, no nos engañemos ni pongamos
eufemismos, será ni más ni menos que un auto-golpe
infringido por una pareja que en sociedad política, no sabe
ya cómo seguir adelante sin la caja abultada como para
continuar compando voluntades y acallando voces con dádivas y
subsidios.
No
hay sector social ni político que pretenda sacar al
kirchnerismo del poder antes de cumplido el mandato de 8 años
(porque recordemos que además fueron reelectos por el pueblo
aunque ahora la taba haya girado)
Si
es dable admitir que hay en la gente, deseos de
terminar de una buena vez con la mentira institucionalizada,
el manoseo, el maltrato y la manipulación de datos que no sólo
alteraron mercados, sino que llegaron a un punto tal que
llenaron cementerios con absoluta impunidad.
Admitirlo
es ‘políticamente incorrecto’ pero es lo que se
escucha en un sinfín de mesas de café, de pasillos de
supermercados, de filas en bancos o en un taxi donde el
conductor hace catarsis.
Siete
de cada diez argentinos votaron días atrás sintiendo ese
deseo. Nada tiene que ver eso con el ‘golpismo’
ni con las conspiraciones, aunque seguramente se nos dirá que
una retirada del matrimonio presidencial a destiempo, emana de
ello.
Las
pobres ‘víctimas’ se irán antes de terminar o incluso
cumpliendo el mandato como ‘incomprendidos’… De
suceder de ese modo, nadie pagaría los costos de tanto
atropello.
No.
No es una premonición ni tengo datos fácticos para basar el
análisis que estoy haciendo. No hay pruebas palpables de que
lo expuesto sea cierto. Pero lo puede corroborar el lector
haciendo una simple instrospección. Mirándose hacia adentro.
Nada
tiene que ver Guillermo Moreno en todo ésto.
Si
se va o se queda es tan anecdótico como cuando se fue
cualquier otro funcionario del gobierno. ¿O acaso seis
ministros de Economía que han pasado garantizaron algún
cambio?
No
nos engañemos…
Pretender
forzarles el brazo a los Kirchner solicitándoles, casi como
un rezo, la huida del Secretario de Comercio es no entender
que el problema no es un “soldado de Cristina y Néstor”
-como llamó a los funcionarios el recientemente asumido
Ministro de Seguridad, Julio Alak- sino que el eje del
conflicto son los Kirchner mismos. Su estilo, su afán de
poder, su creación del Estado como sinónimo de “yo”
y así apropiarse de derechos ajenos.
Un
verdadero cambio sería que el Gobierno, más allá de Moreno
-que no es más que la excusa de momento-, diera un volantazo
cierto de 180 grados y comenzara de una buena vez a hacer lo
que no ha hecho hasta el momento: encarar la
administración del país con el sólo fin de promover el
bienestar general, reducir la miseria, distribuir la riqueza
con equidad, respetar la institucionalidad, la división de
poderes, y poner fin a seis años de discurso cuyo contenido
se fugó como Ibrahim Al Ibrahim en su momento.
Nada
de eso se ha hecho. Y mucho de ello se ha deshecho.
No
hace tanto tiempo, un amigo me dijo: “Alguna vez, los
argentinos vamos a tener que darle las gracias a Guillermo
Moreno por poner de manifiesto la clase de dirigencia
empresaria que tenemos”.
Ojalá
no sea así, ojalá su comentario no sea cierto… y
entendamos que un eslabón de la cadena no es el engranaje que
la cierra, ni la cruz que cuelga de ella.
‘Quién
puede entender, que entienda…’
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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11/08//2010
ALGUNAS
DE LAS CAUSAS DE LA INSEGURIDAD
por
Juan de Dios González (*)
El
sorprendente crecimiento de los índices delictivos, la
ferocidad y la impunidad con que se mueven los delincuentes en
nuestro país, en especial en la provincia de Buenos Aires,
tiene una razón de ser. Anteriormente, la delincuencia, si
bien era de alta peligrosidad, reconocía códigos de conducta
que respetaban y hacían respetar. La edad promedio de los
delincuentes superaba holgadamente los 25 años. Con la
aparición en la década del 70 de las bandas organizadas de
tinte ideológico y con características terroristas, hizo que
ingresaran en las cárceles muchos de sus integrantes. Estos,
comenzaron a tener contacto con los delincuentes comunes a
quienes transfirieron todos sus conocimientos en materia de
organización, adiestramiento militar, estrategia en la lucha
armada (de allí la cantidad cada vez mayor de Policías
asesinados) y fundamentalmente en lo que respecta a la
sustentación económica de las organizaciones a través del
dinero obtenido de los secuestros, robos a bancos, asaltos a
camiones blindados, salideras bancarias, etc.. Así nacieron
las que posteriormente se denominaron “superbandas”, las
cuales operan organizadamente, utilizando estrategias, apoyos
logísticos, técnicos y legales; es decir, poseen elementos
de comunicación de última tecnología, armas de nueva
generación y de grueso calibre, explosivos, vehículos del
tipo y característica que precisan para cada ocasión,
chalecos antibalas de mayor comodidad y efectividad que los
utilizados por las policías y; además, estudios jurídicos
dispuestos a darles antes, durante y después de los hechos
que comenten, toda la cobertura legal, llegando inclusive a
administrarles el dinero y bienes productos de sus actos ilícitos.
El advenimiento de la democracia encontró a una policía
distanciada de la población a causa de rencores producto del
papel que le cupo durante el proceso militar, no obstante lo
cual, el poder político de turno, lejos de propiciar una
fuerza altamente profesional y efectiva en el cumplimiento de
su misión y dentro del estado de derecho imperante desde
1983, la utilizó de manera similar o aún más vil para
proteger sus intereses políticos y fraudulentos. Réditos
estos, también acaparados por la delincuencia, a la que
resulta muy común verla en el papel de víctimas y a veces
protegida, consciente o inconscientemente por organizaciones
sociales y por algunos medios de comunicación interesados en
el raiting, mientras la sociedad resulta permanentemente
defraudada. Se iniciaron programas, costumbres y normas
ultragarantistas, por no decir directamente abolicionistas,
que llegaron al seno mismo de la Justicia. La falta de valores y buenos ejemplos en quienes
verse reflejados, la introducción de la droga en todos los
niveles sociales, la falta de una buena formación y educación,
la escasez de trabajo, la creciente indigencia y la pérdida
de expectativas y perspectivas en el futuro, provocaron no sólo
un crecimiento de la delincuencia sino una disminución en la
edad de los que delinquen; siendo hoy -hasta natural y común-
ver cometer delitos de distinto índole y gravedad a
adolescentes y niños. En el año 1997, al no tener la
capacidad para afrontar el problema, en gran parte por él
generado, el entonces gobernador Eduardo Duhalde, propicia el
mayor golpe a la paz y la seguridad de los bonaerenses;
destruye la Policía de la Provincia de Buenos Aires y luego
le cede paso al abogado León Arslanian quien además de
desorganizar totalmente la institución promueve la reforma
del Código de Procedimiento Penal, muy interesante en el
papel y a los ojos de los neófitos, pero totalmente
inaplicable en la realidad. Además, como si ello fuera poco,
posteriormente nombró como subsecretario de seguridad a un
abogado defensor de integrantes de superbandas (Dr. Héctor Lufrano).
Estos y otros yerros de quienes le sucedieran al frente del
Ejecutivo y del Ministerio de Seguridad provocaron la gran
estampida delictual que hoy tiene aterrada a toda la sociedad.
A medida que pasan los días la inseguridad es cada vez más
atroz, inhumana e imposible de contrarrestar. Es tan grave el
problema que hasta los candidatos a puestos políticos basan
sus campañas prometiendo la solución, cuando en realidad, en
la mayoría ellos, aún subyacen viejos rencores o propician
soluciones mágicas, propias de culturas primitivas y también
están los que propician foros donde los entendidos en el tema
no tienen aforo y opinan solamente aquellos que desconocen la
trama y el contexto del problema; es como, por ejemplo, si se
creara un foro de medicina integrado por abogados,
comerciantes, policías, industriales e intentaran enseñarle
al profesional galeno como utilizar su bisturí en una
riesgosa operación. Hoy, asombrosamente, “vigilantes sin
chapa” que tocan de oído, son quienes manejan la seguridad
y pretenden solucionar un problema en el que ellos mismos nos
enclavaron.
(*)
El periodista Juan de Dios González es el Director
de Crónica y Análisis Periódico On line y Comisario
Inspector (R.A.).
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10/08//2010
NATURALIDADES
Cuando
lo anómalo se vuelve cotidiano, se anula nuestra capacidad de
pensarlo como extraño y excepcional: así sucede con la
corrupción, las prebendas, la ineficiencia y tantos otros
males de la política argentina.
Por
Carlos Mira (*)
Las
expresiones espontáneas que suceden en medio de explosiones
de ira son extraordinarias. Se trata de un blanqueo del espíritu
que no mide nada y fluye a borbotones de hipersinceridad. Esas
apariciones suelen acompañarse con el tono de la naturalidad,
con aquel que usan los que comentan situaciones que consideran
completamente normales y que no alcanzan a entender cómo es
posible que los demás no lo entiendan.
Fue lo que aconteció la semana pasada con la rutilante
aparición en los medios de la senadora por Santiago del
Estero Rosa Iturrez de Capellini.
La legisladora es la esposa del intendente de la localidad
santiagueña de Ojo de Agua, quien fuera acusado por el
diputado de la misma provincia, José Zavalía, de recibir
entre 5 y 8 millones de pesos en ATNs para la municipalidad
que preside como contraprestación por la aceptación, por
parte de su esposa, de la “invitación” presidencial para
viajar a China en la comitiva que acompaño a CFK.
Más allá de las cuestiones que deban investigarse respecto
de la comisión de algún delito de los denunciados por Zavalía,
lo que resulta sorprendente es la naturalidad (si bien usando
un tono de ofuscación) con la que la senadora uso sus
argumentos de defensa.
En un programa radial de la mañana, Capellini ensayó como
toda explicación a su viaje la siguiente argumentación: “La
señora presidenta tuvo la deferencia de invitarme al viaje
como un reconocimiento a mi militancia peronista de toda la
vida. Yo recibí mi primera muñeca de las manos de Eva Perón
y siempre fui peronista. ¿Usted sabe lo que significa que la
presidenta de todos los argentinos la invite a una a subirse a
su avión…? ¡Cómo voy a despreciarlo!”.
La frase podría subirse al podio de aquellas que, con pocas
palabras, explican el deterioro argentino; las que dan un
ejemplo palmario de cómo se ha subvertido el orden
republicano y con la naturalidad con la que se confunde el
orden público con el privado y el uso de los fondos de todos
como si fueran propios.
La Sra Capellini entiende como perfectamente normal que la
presidente –como ella misma dice- de “todos los
argentinos”, utilice dineros fondeados por todos los
argentinos, peronistas y no peronistas, para hacerle un
“regalito” en reconocimiento a su “militancia
peronista”. Y lo dice así, muy suelta de cuerpo, como si
fuera lo más normal del mundo y sin entender como los demás
no alcanzan a comprender algo tan simple y natural. Es más,
la senadora estaba indignada por el hecho de no poder creer cómo
alguien podía considerar como irregular algo de lo que había
hecho.
Ni siquiera es este el lugar para detenerse a analizar la
ventaja política adicional de haber separado a la senadora de
una votación clave en el Senado en donde la opinión conocida
de Capellini no coincidía con las necesidades del gobierno.
Con ser grave este proceder, su gravedad, en términos de ser
medida de nuestra decadencia, ni se le acerca al perfil de país
que deja entrever la pasmosa naturalidad con la que la
senadora considera que la presidenta puede disponer de los
fondos públicos para hacer regalos partidarios.
Está claro que este dibujo social es el que Capellini mamó
desde su infancia: los dineros que Eva Perón uso para
“regalarle” su primera muñeca también eran aportados por
esforzados contribuyentes que no necesariamente debían
compartir los ideales de la Sra de Perón. La senadora aprendió
desde la infancia que los patrones temporales del Estado
pueden hacer uso de los fondos aportados por todos los
argentinos como si fueran propios. Esa fue su
“naturalidad”.
Es la misma naturalidad con la que la senadora se refirió al
Tango 01 como “su” avión (el de la presidente) porque
seguramente ella esta inconscientemente convencida de que
efectivamente esa máquina le pertenece a Cristina Fernández.
El tono de asombro con que Capellini se dirigía a su
interlocutor, como no pudiendo creer que se la acusara de lo
que se la estaba acusando, cuando, en “su” mundo, lo que
había hecho era perfectamente normal, es una de las mayores
pautas de la confusión en la que ha caído la Argentina: no
era un cualquiera el que manifestaba su extrañeza, era una
senadora de la Nación.
Y repetimos una vez más: no nos referimos aquí a la
millonada por la cual Zavalía acusa a los Capellini. Solo
hacemos referencia a la normalidad con la que la senadora cree
que la presidente puede disponer de los erarios públicos para
regalarle un viaje por ser peronista de toda la vida. Ni
siquiera considero la grosera incongruencia a la que la había
sometido minutos antes su propio jefe de bloque, el senador
Pichetto, cuando reconoció (aun sin considerarlo algo
espurio) que las dos senadoras que viajaron lo habían hecho
para poder ausentarse de una votación en la que sus
convicciones y su pertenencia política no coincidían.
La confusión de los patrimonios públicos y privados es una
señal muy profunda de subdesarrollo. Se trata de la marca en
el orillo de regímenes de sojuzgamiento que usan al pueblo
esclavo para que produzca recursos que ellos usan como si les
pertenecieran personalmente.
Ahora, que haya trasnochados que, sentados en las poltronas
del poder, quieran disponer sin control alguno de las riquezas
que producimos todos, no quiere decir que la sociedad, y menos
aun sus representantes, deban convalidar estas situaciones
como “normales” y referirse a ellas con la naturalidad que
utilizaría cualquiera para explicar que el Sol sale por el
Este cada mañana. El mantenimiento de esa “normalidad”
será la medida de cuánto durará nuestra decadencia.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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09/08//2010
PROBLEMAS
DE AGENDA
Los
temas que se debaten continúan siendo impuestos por la
dirigencia política de acuerdo a estrategias puramente
electorales y oportunistas: las verdaderas preocupaciones de
la gente sólo son tenidas en cuenta como parte de la
coyuntura, nunca con una visión de largo plazo.
Por
Gabriela Pousa (*)
Para
la concepción política argentina en general, y en particular
para el kirchnerismo, los hechos a destacar dentro de un análisis
político se centran en el Congreso Nacional, y un tema harto
repetido: la compraventa de voluntades ya sea mediante el vil
metal o el apriete extorsivo. Ahora bien, en el 2010
asombrarse frente a la ignominia que genera este tipo de
soborno es una hipocresía.
Muchos pueden ser los males atribuíbles a los Kirchner. De
hecho la perversidad con la cual tejen y destejen estrategias
para salir airosos de situaciones maniqueas y hasta grotezcas
es posible que sea inédita y ello justifique, a su vez, la
devoción repentina que provoca una figura esencialmente
desconocida en la faz política como la de Ricardo Alfonsín.
Obsérvese que no se destacan sus planes o proyectos para
administrar un país como la Argentina sino apenas su bonomía
y don de gente para el trato con el resto de la dirigencia.
A esta altura, las aspiraciones de la ciudadanía puede que
estén justificadas pero son nimias. Todavía se sigue
escuchando la patética resignación del “roban pero
hacen”, y lo que no parece sorprender en demasía: cierta
esperanza depositada en quien precisamente fue el artífice de
hallarnos hoy bajo el yugo kirchnerista.
En no pocos ambientes -donde aún la política es tema y no sólo
queja-, se manifiesta la convicción de que Eduardo Duhalde es
quien puede hacerle frente al matrimonio presidencial, quizás
porque sus modos y maneras no difieren en lo esencial pero sí
se alejan en lo palpable, quizás gracias a las sutilezas del
maquillaje. Mas nadie sabe tampoco con certeza si el llamado
“piloto de tormenta” está jugando al estratega o se ha de
postular en verdad. Todo son puntadas con hilo…
Desde luego que la sociedad no es ajena a este proceso de
decadencia donde la calidad de vida se mide en las cuotas que
ofrecen algunos comercios para adquirir electrodomésticos, o
en la posibilidad de llegar al verano y escaparse a la costa
diez o quince días. Hay un relativismo que asusta, y una
memoria porosa en exceso que tamiza los hechos con una
velocidad inaudita.
¿Cuánto tiempo se recordará la conducta de Roxana Latorre
en el Senado Nacional? ¿Quiénes fueron acaso aquellos que
vejaron la mentada ley de flexibilización laboral? ¿Quiénes
fue aquel enigmático Juan Abraham Kenan, más conocido como
el dipu-trucho que permitió dar quorum para tratar el marco
regulatorio de la privatización del gas? ¿Y qué pasó con
otros cinco que en esa misma sesión huyeron del recinto? Los
ejemplos son tan innumerables como los olvidos que se han
hecho de ellos.
Es pasado: pasado que no parece juzgarse en ningún tribunal,
ni es demandado por pueblo, Patria o Estado. Más de uno puede
volver a ser candidato sin que nadie se horrorice demasiado.
Se oirá decir que frente a lo que hay actualmente, aquello
era la panacea universal. Y en esa liviandad de la sentencia
muere el progreso humano que implica superarse y aspirar a más.
Ahora, seguir enumerando los temas que impone la dirigencia
por apremio del tiempo electoral, por codicia y estrategia más
que por demanda social; exponer las contradicciones de muchos
miembros de la UIA que tantas veces aplaudieron las diatribas
oficialistas, o dilucidar si la comida organizada por el CEO
de Clarín fue una batalla ganada de la cual Néstor Kirchner
también sacará ventaja, puede que sea aquello que debe
abarcar un análisis de coyuntura, pero seguramente no aporta
un ápice a lo esencial que debe restaurarse en la sociedad si
hay intención, al menos, de salir algun día de este
atolladero.
Porque Isidro ya no está y nadie garantiza ni hace nada para
que mañana no haya otro Isidro más. Si la vida no vale nada,
qué sentido tiene debatir la encuesta que le da 10 puntos más
ó 10 puntos menos a un político con más aspiraciones a
representar a Narciso que a gestionar?
El debate encima se acalla frente a lo “políticamente
correcto”: los “derechos humanos” adaptados al
oportunismo de un gobierno que se valió de ellos para sumar
adeptos y construir poder. Aquello que surgió como manipulación
para un fin ‘superior’, frente a un magro 22% de votos que
ponian en duda la legitimidad, adoptó en los últimos 7 años
la magnitud de un gigante a quién nadie se atrave a
cuestionar. Es así como la delincuencia no tiene ni tendrá
final.
El “garantismo” malentendido prioriza los derechos del
criminal mientras cierto tipo de abogado busca la tajada que
puede sacar. En consecuencia, durante la discusión bizantina
sobre los orígenes de marginalidad, los culpables de la misma
y la atrocidad que es vivir en una celda del servicio
penitenciario nacional, sin que nadie declare la atrocidad que
es ‘no vivir’ en una tumba del cementerio local, se pierde
no sólo el tiempo sino más vidas cuyos derechos no cuentan
porque no se corresponden ya con un voto más.
Analizar un titular que polemiza sobre la “política de
seguridad” del gobernador bonaerense es una afrenta a la
racionalidad porque dicha política directamente no está. En
este trance de eufemismos y confusión acerca de aquello que
debe ser prioridad en la agenda política de toda la
dirigencia sin excepcionalidad, la seguridad y la inflación
no aparecen.
Y la mayor gravedad radica en que del ninguneo se ha pasado ya
a la negación del problema: garantía intrínseca de marchar
hacia un grado de conflictividad del que no se vuelve sin
secuelas.
Lo cierto es que mientras el matrimonio discute si él o ella
serán la “continuidad”, Julio Cobos define qué hacer con
el rol al que accedió por voluntad popular, Carlos Reuteman
se broncea en el caribe, Mauricio Macri escucha las
estrategias de marketing que le dan, Ricardo Alfonsin analiza
las conveniencias de asemejarse o no al papá, Felipe Solá
trata de despegarse del tiempo en que fuera felpudo de los K,
y Daniel Scioli pregona que está “trabajando con optimismo
y lealtad”, los argentinos viven o mueren en otra realidad
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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09/08//2010
LA
ISLA DE LA FANTASÍA: EL ÉXITO DEL PLAN UTOPÍA GRACIAS AL
SISTEMA VERSO
Cómo
los controles de precios y ganancias conducen a menos inversión,
más desocupación y mayor pobreza.
Por
Roberto Cachanosky (*)
La
Isla de la Fantasía fue una serie de televisión, pero parece
ser que gracias a los satélites se ha descubierto que
realmente existe y que hasta ahora había pasado
desapercibida. En realidad, la historia cuenta que se la conocía
de antes, cuando tenía prosperidad y luego desapareció del
mapa gracias al populismo desenfrenado. Según algunos
historiadores, antes tenía otro nombre, pero unos años atrás
una Sociedad Anónima logró quedarse a cargo con la
administración de la isla y decidió cambiarle el nombre por
el de la Isla de la Fantasía. Para eso creó CAMELO (Comisión
Académica de Monitoreo Estadístico Local y Occidental) que
se encarga de dar datos muy optimistas sobre la marcha económica
de la isla. La idea de la Sociedad Anónima, luego de
consultas con expertos en marketing y comunicación, consiste
en dar buenas noticias inventadas para crear optimismo entre
una población abatida por los problemas de inflación,
desocupación, pobreza, indigencia, crisis energética y demás
lastres económicos.
La cuestión es que, algo que no era frecuente entre los
principales accionistas de la Sociedad Anónima, se vieron
involuntariamente involucrados en un debate sobre los
problemas de las ganancias empresariales con alguien que
pensaba distinto a los accionistas y al que despectivamente
llamaban Destituyente.
La accionista que en ese momento ejercía la presidencia de la
sociedad dijo: “lo que pasa es que acá hay grandes
utilidades para unos pocos. Fíjese que, por ejemplo, los
campesinos, que trabajan con el sudor su frente la tierra,
tienen que pagar alquileres disparatados a los dueños de los
campos, que son una zánganos que no hacen nada y viven de los
alquileres que le cobran a quienes trabajan. Eso es una
injusticia que voy a reparar”.
Destituyente miró a la accionista en ejercicio de la
presidencia y le preguntó: “Señora, ustedes y su socio
acaban de declarar ante RAPIÑA (Repartición Acosadora Pro
Ingresos de los Ñoquis Asociados) que el año pasado tuvieron
más de 5 millones de ingresos en concepto de alquileres de
propiedades, más intereses monumentales por millones
depositados en los bancos ¿Qué diferencia hay entre esos
ingresos y los de los dueños de los campos?”.
La presidenta de la sociedad, que siempre tiene una respuesta
para todo, respondió: “¿Ve porque lo llamamos
Destituyente? Porque usted siempre se opone, porque trabaja
para las corporaciones, la oligarquía vacuna, los pool de
siembra, los fondos buitres, el FMI, los medios de comunicación
mentirosos y los grupos concentrados”.
“Pero, señora –protestó Destituyente– no me
contestó la pregunta.”
La señora acomodó los micrófonos y dijo: “vayamos al
punto que estábamos hablando. No me venga con chicanas que
ese dinero lo ganamos con mucha imaginación y esfuerzo
buscando propiedades que compramos por migajas porque sabíamos
que su valor tenía que subir. Esas ganancias son muy
transparentes gracias a la visión de mi socio que jamás tuvo
información privilegiada a la hora de hacer un negocio.
Vayamos al punto que estábamos discutiendo, acá hay gente
que gana mucho a costa del hambre del pueblo. Mire a los
ganaderos. Esos oligarcas ganan un montón de plata. ¿Qué me
propone para terminar con esa injusticia?”.
Destituyente le contestó: “mire, si el negocio ganadero es
tan bueno, lo que va a ocurrir es que otros empresarios que
buscan rentabilidad van a invertir en ese negocio porque rinde
más ganancias que otros negocios en la isla. Por lo tanto, lo
mejor es permitir que se vuelquen inversiones en el sector
ganadero para que aumente la oferta. Al aumentar la oferta
bajan los precios, se crean más puestos de trabajo y la tasa
de rentabilidad tiende a igualarse con el resto de los
sectores. De esta manera conseguirá tener más carne, el
precio será más bajo por la mayor oferta y ya no existirán
las ganancias exageradas que tanto le preocupan. Es más,
hasta pueden abastecer el mercado interno y al mismo tiempo
exportar gracias a la mayor oferta. De esa forma se progresa.
Con más inversiones gracias a la búsqueda de utilidades de
los empresarios que crean puestos de trabajo, producen y se
ganan el favor del consumidor. Las utilidades y el sistema de
precios son una guía para que los empresarios destinen los
recursos a aquellos sectores en que hay una oferta
insuficiente”.
La presidenta del directorio de la S.A. volvió a acomodar los
micrófonos y le dijo a Destituyente: “claro, Ud. es uno de
esos típicos neoliberales que cree que el mercado lo arregla
todo. No se da cuenta de que es un verso eso de la ley de la
oferta y la demanda. Además yo sé muy bien qué quiere la
gente. Sé qué quiere comprar, en qué calidades y a qué
precios hay que producir y vender, por eso puedo definir dónde
hay que invertir. Es más, llamen a Willy que debe estar en
DEMOLER (Dirección Ejecutiva de Monitoreo Omnímodo de la
Libertad Económica Recalcitrante) y díganle que venga
inmediatamente porque voy a firmar un DNU para derogar la ley
de la oferta y la demanda así no joroban más con esa
historia”.
Enseguida apareció Willy y, mirando a Destituyente, le dijo: “¿Qué
te pasa a vos, estúpido, con esa historia de la ley de la
oferta y la demanda? Yo te voy a explicar cómo se forman los
precios”.
Sin respirar siquiera, Willy empezó con su clase: “Lo
que yo hago desde DEMOLER es analizar los costos de producción
de las empresas y ver si tienen una rentabilidad razonable o
exagerada. Si la rentabilidad es exagerada, les hago bajar los
precios a las trompadas porque no tienen derecho a poner los
precios que se les da la gana. ¿Entendiste, infeliz?”.
Como Destituyente estaba acostumbrado al vocabulario tan
florido de Willy lo ignoró y le dijo: “vea, Ud. tiene una
confusión. No son los costos los que determinan los precios,
sino que son los precios los que determinan los costos. Por
ejemplo, el señor que vende los panchos aquí abajo,
siguiendo su teoría, podría alquilar un local en U$S 50.000
mensuales, pagarle un sueldo de U$S 20.000 mensuales a su
ayudante, viajar en helicóptero desde su casa al negocio,
agregar una ganancia del 200% sobre los costos y vender cada
pancho a U$S 3.000. Como la gente no está dispuesta a pagar más
de $ 3 dólares un pancho, o el señor de acá abajo reduce
sus costos de acuerdo a lo que cada consumidor está dispuesto
a pagar por cada pancho o la gente se va a comprar los panchos
a otro lado”.
Willy, un tipo de pocas pulgas, inquirió: “¿Usted qué
quiere insinuar? ¿Que yo estoy haciendo un trabajo al divino
botón cuando me paso todo el día revisando las planillas de
costos de todos los productos y empresas de la isla?”.
Destituyente le respondió: “Bueno, no sé si al divino
botón, pero de lo que estoy seguro es que está entorpeciendo
a los que producen. Déjeme hacerle otra pregunta: ‘¿qué
es para usted una ganancia razonable?’”.
Willy, que estaba perdiendo la paciencia, explicó: “Querido,
la ganancia razonable es la ganancia que no es exagerada”.
Destituyente, entonces, repreguntó: “¿Y qué es una
ganancia exagerada?”.
Willy: “La que no es una ganancia razonable”.
Destituyente: “La verdad es que Ud. la tiene re clara. Lo
que no es exagerado es razonable y lo que no es razonable es
exagerado. Muy científica su definición económica de
utilidades.”
Willy: “te lo explico una vez más. Una ganancia es
exagerada cuando, por ejemplo, es mayor a la que tiene la
misma actividad en Holanda. ¿Ahora entendiste?”
Destituyente prefirió explayarse: “Bueno, pero resulta
que en Holanda el empresario tiene previsibilidad en las
reglas de juego. Acá, en la Isla de la Fantasía, nunca
sabemos si después de producir nos van a dejar exportar, cuántos
impuestos vamos a tener que pagar, si vamos a tener energía
para que funcionen nuestras máquinas, si usted nos va a
obligar a vender a pérdida, etcétera. Usted no puede
comparar la calidad de las instituciones de la Isla de la
Fantasía con las de Holanda. A más incertidumbre
institucional, más rentabilidad se le pide a una inversión.
Por lo tanto, más incertidumbre implica menos inversión. Y
menos inversión significa menos trabajo y salario real, más
pobreza y más desocupación”.
Willy: “¿De nuevo con la cantinela de las instituciones?
Dejate de jorobar que acá todos saben que las reglas son muy
claras. El directorio de la Sociedad Anónima hace lo que se
le canta porque para eso los votaron los accionistas”.
Destituyente: “Justamente porque hacen lo que se les canta
es que nadie sabe dónde está parado. Así nunca van a
conseguir inversiones y la producción va a ser cada vez
menor”.
Willy: “vos dejá que yo me voy a ocupar de controlar los
precios para que no ganen cualquier disparate. Voy a
establecer precios máximos”.
Destituyente: “Si Ud. pone precios máximos lo que va a
ocurrir es que al ser artificialmente bajo los precios de los
productos, la demanda aumentará y la oferta disminuirá. Además,
los que tienen costos de producción más altos, conocidos
como productores marginales, quedan fuera del mercado achicándose
más la oferta, se cierran empresas y aumenta la desocupación.
Justamente lo que va a conseguir es que queden unos pocos
productores y se produzca la concentración de la producción
de la que Uds. siempre hablan. En vez de crear prosperidad van
a crear más pobreza.”
Llegado ese punto del intercambio de ideas, la presidenta de
la S.A. se cansó del debate y decidió tomar la iniciativa: “Terminemos
con este divague del mercado, las instituciones y la oferta y
la demanda. Avisen que voy a dar un discurso en cadena para
poner orden en esto de las ganancias exageradas”.
Frente a un auditorio cómodamente sentado, cada uno de los
asistentes, con su choripán y tetrabrick correspondiente, se
disponía a escuchar y a aplaudir cuando levantaran el cartel
que decía APLAUSOS.
La presidenta de la S.A. dijo: “Buenas tardes isleños e
isleñas. Es para mí una alegría anunciarles que, siguiendo
con nuestra política social, he decidido adoptar dos medidas.
En primer lugar he firmado un DNU derogando la ley de la
oferta y la demanda por ser antisocial, antipopular y propia
de la dictadura del mercado salvaje (se levanta el cartel de
APLAUSOS). Además he decidido controlar las ganancias
exorbitantes que tienen los grupos concentrados que lucran con
el hambre del pueblo de la Isla de la Fantasía. Para eso
hemos creado el plan Utilidades Transparentes, Óptimas y
Posibles de los Ingresos Actuales, que lo denominamos plan
UTOPIA, el cual será implementado por el eficiente Willy
mediante DEMOLER. Hemos decidido que la tasa de ganancia de
las empresas tiene que ser razonable, justa, lógica y social.
¿Cómo se establecerán los criterios para que las empresas
no abusen con sus ganancias y sean razonables, justas, lógicas
y sociales? Muy sencillo, mediante la aplicación del sistema
de Verificación Económica de Rentabilidades Societarias
Obtenidas, el sistema VERSO desarrollado por Willy. Así que
de ahora en más las utilidades serán controladas por DEMOLER
mediante el plan UTOPIA gracias al sistema VERSO. Y al que no
cumpla la caerá RAPIÑA. Ya verán Uds. como nuestro creíble
CAMELO irá mostrando bajas de precios gracias a este plan
UTOPIA que vamos a aplicar en beneficio del pueblo.” (Se
levanta el cartel de APLAUSOS).
¿Qué pasó en la Isla de la Fantasía luego de aplicarse el
control de precios y utilidades? Como los precios eran
artificialmente baratos, la gente compraba mucho. Sin embargo,
como las empresas perdían plata, dejaron de producir. Es
decir, aumentó la demanda y bajó la oferta. Algunas empresas
cerraron, otras se redujeron y la desocupación fue
aumentando. También hubo empresas que bajaron la calidad de
sus productos y el mercado negro floreció, con precios más
altos que el mercado oficial.
Otras compañías se fueron de la Isla de la Fantasía y
decidieron invertir en Holanda, donde la relación riesgo
institucional y rentabilidad era lógica y, además, tenían
energía para poder producir y no había un DEMOLER que los
presionara con sus amenazas.
La Isla de la Fantasía fue cada vez más pobre porque no solo
no había trabajo, sino que lo único que había conseguido el
DNU derogando la ley de la oferta y la demanda fue que
desaparecieran los productos de las góndolas.
Eso sí, CAMELO siguió publicando todos los meses los índices
de precios que mostraban deflación. Y durante los partidos de
bochas, que gratuitamente se transmitían por televisión para
entretener a la gente, aparecía una publicidad oficial que
decía: “Gracias a la acción de DEMOLER y la aplicación
del sistema VERSO, hemos logrado que el plan UTOPÍA haga
bajar los precios”.
PD: Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.
Esta nota es pura ficción.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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03/08//2010
EL
ACUERDO
Si
la Argentina en 200 años no ha logrado un consenso sobre
cuestiones fundacionales como el federalismo, la coparticipación
impositiva, la educación, la seguridad pública y las
instituciones, quiere decir que lo que ha existido hasta ahora
no es más que una ficción de Nación.
Por
Carlos Mira (*)
La
idea de establecer un acuerdo básico de convivencia política
y de políticas de desarrollo que todas las fuerzas políticas
respeten a partir de 2011 es de por sí una iniciativa
saludable. La Argentina lleva 200 años sin poder lograr algo
semejante. Desde su origen fue un país rasgado por el blanco
y por el negro, en donde la convivencia y conciliación de
distintas maneras de pensar ha sido una utopía.
En un momento de su historia, luego de 43 años de desgarradas
luchas internas, se pensó que ese pacto era la Constitución
de 1853. No fue suficiente y hubo que modificar el acuerdo
apenas siete años después, en 1860, cuando Buenos Aires se
incorporó a la Confederación y dio nacimiento a la Argentina
que conocemos.
Esa reforma mejoró la Constitución original, dando muestras
de que la conciliación no implica claudicaciones, sino que
propicia el progreso y la prosperidad. El país cambió en los
siguientes 70 años: las nuevas instituciones y el respeto de
las fuerzas políticas a ese pacto lo dieron vuelta como una
media.
Pero las irreconciliables fuerzas intestinas de visiones del
mundo completamente incompatibles entre sí siguieron haciendo
su trabajo subterráneo de descomposición hasta que
estallaron con el golpe militar de 1930. La lucha entre el
populismo caudillista, aislacionista, estatista, demagógico,
nacionalista y admirador del fascismo, por un lado, y el
liberalismo integrador al mundo, propiciador de la
competencia, que fomentaba la responsabilidad individual y
admirador del modelo anglosajón de la democracia liberal
capitalista, por el otro, produjo un estallido que fracturó a
la sociedad para siempre (o, por lo menos, desde entonces y
hasta ahora).
Nadie pudo cerrar esa herida abierta y ambas cosmovisiones han
permanecido irreductibles, sin dar el brazo a torcer y
manteniendo variantes cada vez más crueles de la grieta
social. Si bien el extremismo maniqueo con el que hemos
dibujado aquí ambas expresiones se ha ido desgastando y
ensuciando con el tiempo (en gran medida porque el fenómeno
del peronismo, que nació sin dudas a la sombra de la visión
caudillista y populista, favoreció esa confusión al haberse
mostrado como albergue apto para poco menos que todas las
“ideas”), la inconvivencia básica de ambas posturas se ha
mantenido viva.
Como, justamente, el peronismo ha querido ser el paraguas
disimulador de las diferencias, el movimiento creado por Perón
se convirtió en el campo de batalla de las dos visiones, el
lugar en el que –aparentemente defendiendo al mismo
“movimiento”– la gente se mataba literalmente a los
tiros para imponer sus puntos de vista.
Este perfil es completamente insoportable para la vida social.
Es la negación misma de la idea de una sociedad, es la
“in-sociedad”. Como tal es preciso terminar con este
desacuerdo de convivencia para pasar a un acuerdo que nos
permita compartir nuestras visiones del mundo sin que ningún
“bando” crea que, por ese motivo, los del otro “bando”
son antiargentinos.
En ese punto, y antes de redondear la idea que persiguen
algunos referentes de la oposición al kirchnerismo, debemos
hacer una aclaración importante. En este juego de la aceptación
del otro, no sólo en la Argentina sino en el mundo entero,
hay ciertas ideas que han sido más “aceptadoras” que
otras. En general, el liberalismo (no en vano lleva ese
nombre) ha sido más abierto y “aceptador” de las posturas
del izquierdismo de lo que éste ha sido del liberalismo. Es más,
muchas “desviaciones” extremistas del liberalismo pueden
haber llegado a surgir como consecuencia de la intransigencia
izquierdista: algo así como “a intransigente, intransigente
y medio”.
El izquierdismo ha especulado con el hecho de que, por sus
propias convicciones, los liberales no pueden negarse a
aceptar la existencia y la tolerancia de y para con ellos. La
izquierda, en cambio, no tiene esos escrúpulos: como es
abiertamente totalitaria no se siente obligada a responder con
la misma moneda del respeto y la aceptación. Al diferente a
ellos no tienen inconveniente en etiquetarlo de un tal por
cual.
A su vez, la Argentina se ha mantenido al margen del progreso
de “las izquierdas” en el mundo y, contrariamente a lo que
ha ocurrido en otros lugares, en donde esos fenómenos de
renovación alejaron a la izquierda del oscurantismo, de la
antigüedad, del totalitarismo y de la represión, en el país
la acercaron al populismo retrógrado, corrupto, favorecedor
de enriquecimientos ilícitos de unos pocos a costa del
pueblo.
En estas condiciones, la UCR, el Acuerdo Cívico y el
Peronismo Federal han comenzado a sentar las bases de un
acuerdo sobre políticas públicas que, gane quien gane en
2011, deba respetarlo. Las medidas se refieren al federalismo,
la coparticipación impositiva, la educación, la seguridad pública
y las instituciones.
El solo repaso por los nombres de esos temas sirve para
advertir que si la Argentina no se ha puesto de acuerdo en 200
años sobre esas cuestiones fundacionales, lo que ha existido
hasta ahora es una ficción de Nación que ha funcionado como
corresponde a una ficción: a los tumbos, como si fuera un
motor que ratea.
Este acuerdo debería nacer bien desde el origen para tener
futuro. Debería quedar claramente expuesto que los que no están
allí, los que no lo firmen, son los marginales, los
incuestionadamente antidemocráticos del sistema; la extrema
izquierda totalitaria y populista y la extrema derecha
totalitaria y populista.
Sin embargo, lo que sea haya sido el “kirchnerismo” no
puede quedar al margen. Obviamente, el “kirchnerismo”
deberá renunciar a ser un aspirante populista al poder total
porque de ese modo se colocaría por sí mismo en un extremo y
eso si lo alejaría del “centrismo” que debe tener el
nuevo San Nicolás.
La oposición debería entender esto y, aunque corra el riesgo
de caer en la “inocencia liberal” de creer que el espíritu
acuerdista que tienen ellos también lo tiene el Gobierno, ir
a una inclusión amplia que garantice que el respeto a lo que
se firme allí tenga realmente perspectivas de durar.
¿Qué valor tendría ese acuerdo si un 30% del electorado que
respaldara alguna versión del “kirchnerismo” quedara
fuera de la foto? Caeríamos de nuevo en la “in-sociedad”.
Si el kirchenrismo va a utilizar el clásico método
izquierdista de reclamar que se lo considere pero no
considerar a nadie, el acuerdo no funcionará. No funcionará
porque en esas condiciones es lógico que la coalición
opositora no lo acepte y, sin incluir lo que hoy representa el
kirchnerismo, la sociedad no tendrá paz. Y, al revés, si el
kirchnerismo se compromete públicamente a respetar el pacto
de unión nacional y la oposición, por el mero hecho de ser
el “kirchnerismo”, lo rechaza, la responsabilidad por el
fracaso será solo suya.
Habrá que ver cómo se comportan los nuevos ingenieros de la
Argentina de los próximos 200 años. Habrá que ver si están
a la altura de lo que el país necesita. Habrá que ver si
tienen la suficiente grandeza como para rechazar el éxito
personal de hoy y cambiarlo por la gloria reconocida del mañana.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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02/08//2010
¡ES
LA GENTE ESTÚPIDO!
La
agenda política y la de la sociedad transitan caminos y
urgencias diferentes. Mientras tanto, la realidad nos lleva a
todos por delante.
Por
Gabriela Pousa (*)
Detrás
de los himnos y de las banderas,
detrás de la hoguera de la Inquisición,
detrás de las cifras y de los rascacielos,
detrás de los anuncios de neón.
Detrás, está la gente con sus pequeños temas,
sus pequeños problemas y sus pequeños amores
Con sus pequeños sueldos, sus pequeñas campañas
, sus pequeñas hazañas y sus pequeños errores. (…)”
Estrofa de un tema de Joan Manuel Serrat
Si
bien no es la primera vez que el escenario político se divide
en dos, hoy la grieta que queda entre ambas partes parece
insalvable. Por un lado, los temas que desvelan a la
dirigencia y constituyen aquello que comúnmente se llama
“agenda política”, y por otro lado las demandas
perentorias de la gente. Resulta paradójico que estando los
políticos en plena puja electoral, aquello que preocupa a la
ciudadanía sea prácticamente inexistente en el vocabulario
que éstos emplean. Paradójico sí, novedoso no. ¿Para qué
mentir?
Si ese silencio es la consecuencia de la ignorancia, el retiro
de la vida pública debería ser inminente. No lo es. Si el
silencio es acaso una estrategia, el sufrimiento de un sinfín
de víctimas de la inoperancia manifiesta debería sojuzgarlo
inmediatamente. Nadie habla sin embargo. Esta claro que del
“debería” no se sale en la Argentina. La potencialidad
del verbo conlleva implícita la causa de la decadencia.
Allí donde se manejan los hilos del poder yacen sobre la mesa
encuestas, sondeos de imagen, mapas que dividen la geografía
en feudos donde deben operar los punteros, y argucias varias
para quebrar frentes opositores y adelantarse a las medidas aún
con artificios y sofismas.
En el vértice opuesto, la obsesión por ganar alguna partida,
y mostrarse capaz de enfrentar a un gobierno cuya habilidad
para dar vuelta resultados está a la vista, mantiene a la
masa amorfa de la oposición enceguecida. Hasta ahora no han
demostrado poder ser alternativa.
Los políticos se han convertido en meros analistas. Proclaman
una realidad ácida con impecable dialéctica. Un ministro de
Seguridad asegura que “la situación es siniestra”. Hasta
ahí llega. Un funcionario de la Salud sostiene que “el
sistema está colapsado”, en los Tribunales se escucha decir
que “no se da a basto”.
Quienes deben resolver lo siniestro, colapsado y desbordado
son apenas fotógrafos. Muestran las imágenes y se regodean
de la claridad que aquellas ostentan. Debaten en programas
televisivos el estado de situación y conflicto a veces con
una veracidad supina pero no tienen para ello solución que
redima. Esto explica de algún modo, el por qué cuando se
acerca la hora de armar las listas, cualquiera recibe
propuestas para formar parte de ellas. No importa la ideología
ni la sapiencia: si sabe diagnosticar bien puede encolumnarse
en derechas o izquierdas aunque estás más que auténticas
sean berretas.
En este contexto es coherente que un Ricardo Fort o un Marcelo
Tinelli concentren más atención que el titular de alguna
cartera ejecutiva o un legislador. Las oratorias de estos últimos
son harto conocidas, repetidas. Cualquier ciudadano común
puede recitarlas a pie juntillas y hasta exponer experiencias
vividas; en cambio el millonario decidido a hacer de su vida
un “reality show” ofrecerá más rarezas que, a esta
altura, de lo grotesco hará emanar sonrisas.
Un análisis político, posiblemente, debería centrarse en la
batalla con el agro, en la suerte que ha de correr un Mauricio
Macri procesado con un incierto juicio político, o establecer
el 24 de Agosto como fecha emblemática para el Ejecutivo
porque ese día se tratará en el Congreso Nacional un
conglomerado de leyes que se dan en llamar “facultades
delegadas”. Lo cierto es que de eso, el pueblo no sabe nada.
Ahora bien, en trance de sincerarse es dable reconocer que de
un tiempo a esta parte, los argentinos han vivido de cronologías
abstractas, y fijando almanaques que terminaron ‘otoñando’
sus hojas sin poder resistir los embates. El 28 de junio de
2009 fue el comienzo de un sueño, siguieron meses de desvelo
hasta el 10 de Diciembre del que también se despertó pronto.
Marzo no fue diferente, ¿cómo asegurar que Agosto es la
excepción?
“La esperanza es lo último que se pierde”, es cierto.
Pero no nos jactemos de tener el dato inexpugnable en un país
donde las ideas escasean, y la verdadera crisis es primero
moral y después política.
La agenda que maneja el gobierno y la oposición se queda en
la confrontación, no ofrece tratamiento: unos pugnan por ser
los más hábiles en materia de torcer las realidades, y el
resto se va en internas porque les han adelantado las fechas.
Ninguno estudia con seriedad cómo frenar la delincuencia, a
lo sumo polemiza sobre los orígenes de ésta, pero mientras
se define ese enigma se destrozan familias.
Ninguno expone una tesis siquiera que se acerque a una solución
para que la educación vuelva a ser lo que ya no es: un
aprendizaje para la vida. Mientras se ponen de acuerdo en
supuestos derechos y garantías, los colegios terminan tomados
por alumnos, los docentes carecen de jerarquía, y los roles
se trastocan desde la base misma.
Escuchar hablar de los candidatos que se barajan con miras al
2011 es una afrenta más que una campaña proselitista. Néstor
Kirchner gana en perversión; Ricardo Alfonsín, en bonhomía.
Ninguno de esos atributos hacen a un estadista. En ese
contexto está claro que la Argentina se aproxima a otra
elección de la cual emanará, sin eufemismos, un gobierno
malo. Quizás no por sus integrantes sino por el estado en que
está quedando esta geografía.
Ahora bien, es dable aceptar que hay una costumbre arraigada
ya a convivir con administraciones ineptas, lo que no puede
caer en idéntica situación es esta maledicencia que lleva a
sobrevivir con un gobierno perverso y maniqueo capaz de poner,
desde el primer ciudadano al último, en libertad condicional
y en amenaza perpetua.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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02/08//2010 PLAN
CURRO, ADMINISTRADO POR CHORRO EN AFANE El
invento del Estado Benefactor y cómo intentar convencer a la
gente de que viva de una ilusión. Por
Roberto Cachanosky (*) Supongamos
que Juan produce 10 manzanas, Pedro 8 y José ninguna porque le
gusta contemplar el techo. En total, la economía produce 18
manzanas. Aparece entonces el Estado Benefactor y decide que Juan
y Pedro son unos capitalistas salvajes porque están teniendo
“muchas” utilidades y que es función del gobierno aplicar una
justa distribución del ingreso.
Por lo tanto, a través de la cadena nacional, el gobernante de
turno decide anunciar su nueva política de justa distribución
del ingreso que consiste en dividir el total de las manzanas en
partes iguales entre Juan, Pedro y José, porque finalmente no
puede violarse el derecho humano de José a seguir contemplando el
techo y mucho menos tolerar la desmedida ambición de ganancias
que tienen Juan y Pedro. Finalmente, ¿para qué está el Estado
si no es para limitar la angurria del capitalismo salvaje y
regular el mercado al cual no puede dejarse librado a su libre
accionar porque siempre funciona en contra de los pobres? Son
ellos, los dirigentes políticos quienes, gracias a un don
natural, consiguieron tener el monopolio de la benevolencia para
contrarrestar las desaforadas ambiciones de utilidades de los
eternos especuladores y remarcadores de precios. Se crea así la
Administración de Fondos y Activos Nacionales Excedentes,
conocida con las siglas de AFANE, cuya función es controlar que
se lleve a la práctica la justa distribución del ingreso. Para
ello, nombran al frente de la misma a Claudio Horacio Omar Ricardo
Ramírez Ojeda, a quienes todos cariñosamente llaman CHORRO por
las letras de cada uno de su largo nombre y apellido.
De manera que el simpático CHORRO, que dirige la oficina de
AFANE, le informa a Juan y a Pedro que, de ahora en más, en
nombre de la equidad y el modelo productivo con inclusión social,
va a confiscarles todo ingreso excedente del promedio que le
corresponde a cada uno. Es decir, dado que la economía produce 18
manzanas, la justicia distributiva establecida por AFANE indica
que a cada uno le corresponde 6 manzanas.
A partir de ese momento ni Juan ni Pedro tienen estímulos para
producir más de 6 manzanas cada uno, de manera que de ahora en más
la riqueza total a distribuir queda limitada a 12 manzanas,
distribuidas entre 3, por lo tanto quedan 4 manzanas para cada
uno.
José, que se había acostumbrado a comer 6 manzanas gracias a que
CHORRO, mediante AFANE le proporcionaba lo que producían otros
mientras él miraba el techo, inicia una protesta social en
defensa de sus derechos a seguir consumiendo las 6 manzanas que,
por cadena nacional, le habían prometido los políticos
benevolentes. Pedro, que produce menos, decidió reducir su planta
de personal porque necesita menos gente, así que Guillermo se
quedó sin trabajo y reclama un subsidio por desocupación.
¿Qué hace en este caso la oficina de AFANE dirigida por CHORRO?
Anuncia por cadena nacional un nuevo plan de Cobertura Universal
Real de la Riqueza Obtenida. Así, se convoca a gobernadores,
intendentes, dirigentes sindicales, organismos defensores de todos
los derechos imaginados, etc. para anunciar por cadena el nuevo
plan conocido como CURRO, por las letras de cada palabra del plan.
De ahora en más el CURRO, administrado por CHORRO desde AFANE,
pondrá orden en la difícil coyuntura producida por los fondos
buitres, el FMI, el capitalismo salvaje y el insensible mercado.
Siendo que la producción ha caído a 12 manzanas y hay que
distribuirla entre 4, todo lo que exceda de ese monto será
confiscado por la oficina de AFANE para distribuir justamente la
riqueza.
Obviamente Juan y Pedro ahora tienen estímulos para producir solo
3 manzanas cada uno porque el resto se lo lleva CHORRO para
financiar el CURRO. Como los dos ahora producen 6 manzanas y les
sobra gente, ambos despiden a un empleado más cada uno, como
antes le había tocado a Guillermo. Ahora tenemos para consumir a
Juan, Pedro, José más otros 3 desocupados. Hay que repartir con
justicia social 6 manzanas entre 6, a un promedio de 1 manzana por
persona, siguiendo las directivas del CURRO.
José inicia un piquete en demanda de sus derechos a comer y
seguir mirando el techo, mientras los desocupados marchan por la
ciudad reclamando que con una manzana caen en la pobreza. CHORRO
habla por televisión, nuevamente en cadena, mostrando indicadores
que desmienten que la producción de manzanas haya caído de 18 a
6, porque la Comisión Académica de Monitoreo Estadístico Local
y Occidental, conocida como CAMELO, publica que no sólo no cae la
producción, sino que aumenta y que, de acuerdo a los estudios
científicos de CAMELO, una familia puede vivir perfectamente
comiendo una manzana por día. Y agrega que, gracias al plan CURRO
y a la eficiente AFANE, la pobreza ha disminuido y el plan económico
ha sido el más exitoso no sólo en los últimos 200 años, sino
también en la historia de la humanidad. Es más, se informa que
el G7 está muy interesado en conocer los detalles de un plan tan
exitoso e invitan a CHORRO para que dicte cátedra sobre cómo se
crea riqueza y prosperidad en un país emergente. Los presidentes
de los países desarrollados están ansiosos por conocer la fórmula
mágica inventada por ese país en el sur del hemisferio.
Mientras tanto, Juan y Pedro deciden cerrar sus empresas e
invertir en otro país donde CHORRO no los persiga con AFANE para
sostener el plan CURRO. La desocupación crece, la pobreza y la
indigencia aumentan y la desesperación cunde sobre la población.
Para tranquilizar a la gente, de nuevo se habla por cadena
nacional para dar nuevos datos alentadores elaborados por CAMELO.
Sin embargo, ya la gente no se conforma con los datos de CAMELO,
quiere comer y no hay quien produzca.
Por eso, otra vez, mediante cadena nacional, se anuncia que nunca
el país ha progresado tanto como en los últimos 200 años y que
el problema es que los medios son desestabilizadores porque
informan mal a la población, dado que los datos de CAMELO son
irrefutables y muestran una prosperidad como nunca antes se había
producido y que, tal vez, puede haber algún problema porque hay
una oposición que pone palos en la rueda, medios que muestran
todo lo negativo y especuladores que aprovechan el capitalismo
salvaje para perjudicar a los pobres. Incluso se informa que el
BDM (Banco de Destrucción Monetaria) ha acumulado muchas chapitas
de gaseosas para darle estabilidad y fortaleza a la economía
contra los capitales especulativos que se confabulan a lo largo de
todo el mundo para atacar el país.
La historia es mucho más larga, pero, para ir resumiendo, Juan y
Pedro ahora están instalados en países previsibles donde pueden
producir sin que los moleste CHORRO con su AFANE para financiar el
CURRO. En el país gobernado por el modelo de inclusión en base a
la justicia social siguen debatiendo de dónde pueden sacar alguna
manzana para conformar a la molesta muchedumbre que no entiende
los beneficios del Estado Benefactor que tanto progreso les ha
brindado. Llegan a la conclusión, luego de un largo debate entre
uno solo, que lo mejor es redoblar la apuesta y profundizar el
modelo, así que ahora crean el plan Inclusión Lineal Universal,
Simétrico, Inmediato y con Orientación Nacional, conocido como
ILUSIÓN.
El plan es muy sencillo: consiste en convencer a la gente de que
las manzanas están por más que no estén, porque así lo
confirman los datos que elabora CAMELO, y que si no las ven es
porque no quieren reconocer las ventajas del modelo más exitoso
que ha tenido el país en toda su historia.
En definitiva, ante la crisis, la estrategia no es otra que tratar
de persuadir a la gente de que viva de una ILUSIÓN.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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27/07//2010
EL
PUNTO G DE LA ARGENTINA
Los
Kirchner parecen haber logrado desentrañar los secretos de
los pliegues más íntimos del razonamiento argentino. En esa
manipulación de la sensibilidad nacional basan su poder y sus
estrategias. Por
Carlos Mira (*) El
otro día conversé con dos encuestadores y analistas políticos
de primer orden. Lo hice separadamente, primero con uno luego
con el otro. Eso me dio la oportunidad de comentarle al
segundo cuál era la impresión del primero (por supuesto sin
nombrarlo) respecto de las elecciones del año que viene. Su
reacción me sorprendió.
El primer encuestador me había dicho que había cuatro
sectores políticos en pugna: el oficialismo, el peronismo
federal, el panradicalismo y la izquierda de Solanas. Sólo
los tres primeros, obviamente, tienen chances.
Más allá de que el primer dato de la enumeración es que en
esta lista no figura Macri, lo interesante del razonamiento es
que según esta persona, los tres sectores irán a elecciones
internas abiertas.
De ese proceso surgirán tres nombres. Para mi interlocutor,
en el campo oficial, ese nombre no será el de un Kirchner: el
matrimonio está muy desprestigiado socialmente como para
remontar semejante cuesta electoral. Tampoco -por los mismos
motivos, según él- está en condiciones de ganar nadie que
los Kirchner designen como su delfín.
En el peronismo federal quienes aparecen son Solá y Duhalde y
en el panradicalismo Alfonsín, Carrió y Cobos.
Los pronósticos que este encuestador maneja son que la
interna del PF la ganará Sola y que el mejor perfilado hasta
ahora en el panradicalismo es Alfonsín. A esto se le agrega
el dato subjetivo de que, para él, el próximo presidente será
peronista.
Salta a la vista que su candidato en términos de ganar la
elección general se llama Felipe Solá (es peronista, no es
oficialista y le ganaría la interna a Duhalde).
Cuando relato estos razonamientos al segundo encuestador me
dijo que respetaba mucho a su colega, pero que disentía. Quizás
podría estar de acuerdo en que el matrimonio presidencial no
vaya por la reelección, pero que dudaba mucho de que el
oficialismo no fuera a ganar.
Si bien dejó a salvo que el sucesor fuera también afecto a
las traiciones posteriores que, aparentemente, todo delfín
comete con su padrino y que, por lo tanto, dejara a Kirchner
en la estacada, lo interesante del comentario de esta segunda
persona fueron las razones por las que él creía que el
oficialismo tenía altas chances de ganar: “Cuando abran las
canillas completas de la Anses y del BCRA, vas a ver…”, me
dijo.
Y aquí es donde aparece, no mi sorpresa –porque a esta
altura estoy curado de espanto con este país–, pero sí mi
curiosidad. Si lo que esta persona dice es cierto (que con
plata regalada se ganan las elecciones) ¡qué imagen triste
tiene la Argentina…!
El país de la “solidaridad”, la sociedad “cálida”,
la que escapa de las “materialidades capitalistas del
dinero” en busca de formas más románticas y humanas de
vida, entrega su voluntad a cambio del chorro de plata que
aparezca desde el Anses y del Banco Central.
¿Dónde quedaron nuestros inmaculados conceptos antidinero?
Es más, si nos definieramos como “capitalistas” al menos
seríamos partidarios de ganarnos la plata con nuestro
esfuerzo, con nuestra inventiva o con nuestras ideas, siendo más
competitivos, siendo más eficientes, trabajando mejor, dado
que todo eso es lo que el capitalismo premia con dinero.
Pero en este caso aparecemos como una sociedad que ama la
plata tanto como el más cerdo de los cerdos capitalistas,
pero sin trabajar por ella; pidiendo que nos la regalen o,
mejor dicho, que nos la entreguen a cambio de nuestro voto.
¡Qué vergüenza nacional!, ¡qué repugnancia causa tanta
hipocresía! ¿Será así?, ¿tendrá razón mi segundo
interlocutor?, ¿habrá desentrañado Kirchner los pliegues más
íntimos del razonamiento argentino? ¿Habrá encontrado la
pareja presidencial el Punto G nacional? Falta un año para
saber de qué material estamos hechos.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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26/07//2010
CASO
MACRI: UN LLAMADO DE ATENCIÓN SOBRE EL RIESGO QUE CORREN LAS
LIBERTADES CIVILES
Lo
preocupante no es si Mauricio Macri pierde la jefatura del
Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sino el futuro de las
libertades civiles. En caso de que la sociedad no reaccione,
las libertades más elementales quedarán anuladas. Por
Roberto Cachanosky (*) La
semana pasada vi por televisión varios debates sobre el
procesamiento de Macri. Lo primero que percibí en esos
debates es el grado de resentimiento y falsedad de buena parte
de la dirigencia política. En primer lugar porque ya lo
declaran culpable cuando todavía está siendo procesado y, en
segundo lugar, porque me tomé el trabajo de leer el fallo de
la Cámara que confirma el procesamiento y, sin ser abogado,
pude advertir la argumentación forzada que hizo la Cámara
para continuar con el procesamiento. Al respecto, también la
semana pasada Carlos
Mira escribió una columna en este sitio y comenta
claramente los argumentos endebles de los jueces para seguir
con el procesamiento.
Como dice Carlos Mira, del fallo se desprende que como Macri
conocía a Palacios y Palacios conocía a James, Macri no podía
ignorar lo que hacía Ciro James, agregando que como Macri tenía
como gran lema de su campaña la creación de la policía
metropolitana, no podía dejar de saber que había pinchaduras
de teléfonos.
Siguiendo con el razonamiento de la Cámara, uno podría decir
que ante el escándalo de los negociados con Venezuela, Néstor
Kirchner tendría que ser procesado porque siendo presidente
no podía dejar de conocer que había una embajada paralela.
Es más, el mismo Bielsa le había advertido del caso. O, para
tomar otro hecho, Oyarbide debería procesar a Kirchner porque
su ex secretario de Transporte, Ricardo Jaime, está
sospechado (creo que todavía no fue procesado) por casos de
corrupción, siendo que Kirchner siempre hizo gala en sus
discursos de la obra pública y del transporte, continuando
con el razonamiento de la Cámara, Kirchner no podía estar
ajeno a lo que hacía su secretario de transporte.
¿Por qué la justicia no investiga a Cristina Fernández en
el caso Antonini Wilson, siendo que éste viajó en un avión
alquilado por el gobierno Argentino y ella no podía ignorar
que Antonini Wilson traía valijas llenas de dólares a la
Argentina sin declararlas? Es más, ¿cómo es posible que
ella, que tan atenta está a sus actos, no advirtió que
Antonini Wilson estaba en la Casa Rosada en un acto oficial?
Los ejemplos podrían seguir y llegaríamos a la conclusión
que una parte de la justicia se ha politizado de tal manera
que hemos llegado a un punto donde ya no existe el estado de
derecho sino que vivimos en un sistema en el cual, quien llega
al poder, utiliza los resortes que tiene a sus disposición
para enriquecerse personalmente, presionar a quienes no están
de acuerdo con sus ideologías o se atreve a denunciar las
barbaridades que dice o hace el oficialismo.
Al respecto, mi experiencia personal es que en cuatro años he
tenido 3 inspecciones de la AFIP (una está en curso), siendo
que mi patrimonio y mis ingresos son monedas comparadas con
los ingresos y patrimonio de Kirchner, cuyas declaraciones de
ganancias no resisten el menor análisis, no deja de llamar la
atención que la AFIP siempre ponga la lupa sobre mis
declaraciones juradas.
Por eso la gente tiene miedo de hablar o manifestarse contra
el gobierno. ¿Cuánta gente tiene pánico de hablar por teléfono
o mandar un mail por miedo a tener pinchado el teléfono o los
mails? Aquí se ha establecido un sistema de terror contra los
ciudadanos que van desde el uso de instituciones oficiales
como mecanismo de presión, pasando por las guarangadas de un
funcionario con rango de secretario hasta llegar a mandar a
fuerzas de choque cuando alguien sale a la calle a manifestar.
Recuerde el lector cuando D’Elía salió a repartir
trompadas para desalojar la Plaza de Mayo cuando el conflicto
con el campo, o las fuerzas de choque que fueron a la Quinta
de Olivos el sábado que detuvieron a de Angelis por cortar la
ruta.
Es obvio que el caso Macri tiene un profundo olor a típica
operación, igual que le pasó a De Narváez en plena campaña
electoral del año pasado o a Enrique Olivera cuando lo
acusaron de tener una cuenta en el exterior y luego se aclaró
que no tenía ninguna cuenta y que el que lo había denunciado
había mentido.
Pero volviendo al tema de los debates en televisión, observé
dos cosas. En primer lugar que la mayoría de los periodistas
que entrevistaban a Macri, por no decir todos, no se habían
tomado el trabajo de leer el fallo de la Cámara. El grado de
superficialidad con que preguntan es pavoroso. En segundo
lugar los legisladores de la ciudad opositores tampoco deben
haber leído el fallo de la Cámara porque si lo hubiesen leído
y actuaran de buena fe no puede salir a crucificar a Macri tan
rápidamente, porque así como ellos lo crucifican hoy, mañana
los van a crucificar a ellos.
Otro tema que quedó en evidencia de esos debates es el alto
grado de resentimiento, revanchismo y necedad con que hablan
del tema llevando la cuestión a la represión de la década
del 70. Con una facilidad espeluznante relacionan el caso de
las escuchas en la Ciudad, con el gobierno militar.
Un párrafo aparte merece la postura de Carrió, que siendo
abogada no puede decir que el fallo de la Cámara es
impecable. Si para Carrió este es el tipo de justicia que
debe imperar en la Argentina, entonces no tienen demasiadas
diferencias con los Kirchner en su forma de entender el Estado
de derecho. Con su postura y la de algunos de sus
legisladores, Carrió deja de ser creíble en su discurso del
contrato moral. Sería bueno que, sin mucha demora, rectifique
su afirmación y no defienda a Macri, sino la existencia de
una justicia independiente.
A esta altura de la nota vale la pena hacer una aclaración. A
Mauricio Macri lo traté una sola vez en su casa, varios años
atrás, cuando me invitó a desayunar e intercambiar ideas
sobre el país. Una reunión de no más de una hora u hora y
media. De manera que las líneas que estoy escribiendo no se
fundan en una relación personal con el Jefe de Gobierno y
mucho menos en una militancia mía en el PRO, porque no la
tengo. Estas líneas solo pretenden manifestar mi profunda
preocupación por la ausencia de una justicia confiable. De
una oposición que parecía defender la institucionalidad del
país y ahora sale con que como la Cámara lo dijo está bien,
cuando basta asignarle una hora como máximo para leer unas 12
páginas que le dedica el fallo al caso Macri, para alarmarse
con la facilidad con que aquí se puede procesar a una
persona, basándose solo en “se sabía” (sin decir quién
sabía) que tal cosa o la otra. O haciendo un carácter
transitivo por el cual si A conoce a B, y B conoce a C, A no
puede desconocer lo que hace C, argumento que usa la Cámara
para confirmar el procesamiento del Jefe de Gobierno.
Empresarios que son apretados si no obedecen las órdenes del
mandamás. Servicios de inteligencia que controlan a los
ciudadanos. Organismos públicos que persiguen a
contribuyentes por opinar diferente. Fuerzas de choque
financiadas con la plata de esos mismos contribuyentes que son
perseguidos. Parodias de juicio a periodistas que no piensan
como el gobierno. Diarios opositores acosados con mil artimañas.
Pánico en la gente de hablar por teléfono por si lo tiene
pinchado. Actitudes de violencia para impedir actos de
opositores como sufrieron Eduardo Duhalde, su señora esposa o
Felipe Solá. ¿Qué es todo esto si no un primer paso hacia
el terrorismo de estado, en que se usa el monopolio de la
fuerza que se le delegó al Estado para atacar sistemáticamente
a un sector de la sociedad, que es el que piensa diferente?
Hitler nunca dijo lo que pensaba anular la democracia hasta
que llegó al poder y luego hizo una parodia de democracia
para justificar sus barbaridades. Fidel Castro nunca se declaró
comunista hasta que tuvo asegurado el poder y luego estableció
una de las dictaduras más crueles y sangrientas de la
historia. Ningún déspota ha declarado de antemano sus
intenciones porque de ser así no tendría ni el apoyo de la
población ni el de algunos de sus seguidores. Actúan
solapadamente y mintiendo. Y luego, una vez que tienen el
poder en sus manos, terminan asumiendo el poder absoluto y
coartando todas las libertades.
Unos días atrás veía una vieja película sobre uno de los
juicios de Nuremberg en que se juzga a los jueces que habían
actuado bajo el gobierno nazi. Spencer Tracy encarna al
magistrado norteamericano que juzga al juez supremo del
nazismo, papel interpretado por Burt Lancaster, un hombre que
en su momento había sido muy respetado por sus conocimientos
de derecho. Hacia el final de la película, el ex juez alemán,
habiendo sido sentenciado porque reconoce su culpabilidad,
pide hablar con el juez americano. El americano lo va a ver a
la cárcel y el ex juez nazi le dice que él nunca había
imaginado que el régimen nazi podía llegar a cometer tantas
atrocidades. El juez americano le contestó: siendo Ud. una
persona que conoce de derecho, sabía que al primer fallo
injusto que Ud. emitiera todo iba a terminar en una tragedia.
El caso Macri no es relevante en términos de si pierde su
cargo o no. Lo relevante es que debería ser un fuerte llamado
de atención de lo que le puede esperar a la Argentina si su
población no despierta a tiempo de los atropellos
institucionales que vive la república. Acá el tema del tipo
de cambio ha dejado de ser relevante, porque lo que está en
juego es el futuro de las más elementales libertades civiles.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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25/07//2010
MEMENTO
(Del lat. acuérdate) Por
Gabriela Pousa (*)
“Dónde
estás? Acabas de despertar en un cuarto de hotel. Aquí están
las llaves, sentís que es la primera vez que estás ahí
pero...quizás lleves aquí una semana, tres meses es difícil
decirlo no sé. Es un cuarto anónimo". Fragmento del
film Memento (1)
Atrás quedó una
semana llena de aparentes novedades en materia política.
Claro que, lo que aquí y ahora suele llamarse “novedades”
llega sin el elemento básico y esencial como para ser así
definido. Y es que lo “nuevo” aunque se trate de dibujarlo
no está. El film va hacia atrás.
La Argentina está sumida en la fase más ruin de aquello
que denominamos la vieja política. Paradójicamente, un país
que ha sorteado el principio de siglo bregando por el cambio,
se halla enfermizamente arraigado a las costumbres más
perniciosas de los vicios del pasado. Si acaso la corrupción
fue una constante en sucesivas administraciones que forjaron
esta decadencia, hoy directamente aflora en escena como el ícono
intrínseco del sistema.
Los “vueltos” que pudieron guardarse algunos
funcionarios en la demonizada década del ’90, ya no
satisfacen. No alcanzan el status de coima ni por broma. Ni
sirven de propina. De la famosa pista de Anillaco, a las
propiedades del matrimonio presidencial en El Calafate las
distancias son abismales. Desde luego que una cosa no
justifica ni anula la otra. Pero con estos arbitrarios
ejemplos, queda graficado por qué el gobierno de estos últimos
siete años se sitúa en el plano más envilecido de lo
antiguo. Lo peor de la política se afianza con una
mediocridad que espanta.
Las Instituciones son ruinas de una república vencida, no
por guerras sino por ignominia. En el banquillo de los
acusados se sienta la mismísima Justicia. La legislación no
iguala, discrimina aunque en la oratoria oficial y eufemística
pretenda celebrarse como un paradigma de paridades para todos
aquellos que viven en la Argentina.
Así como la “redistribución de la riqueza” del “modelo
productivo” kirchnerista coopera a marcar mayores
diferencias, las nuevas leyes en lugar de tender puentes,
abren grietas.
La ley de Medios, aunque aún no se haya instrumentado
siquiera, obliga a la televisión a estar más lejos de
transmitir aquello que pasa e interesa a la población. Se
ampliará la brecha si ésta encima entra en vigencia.
La ley del matrimonio entre seres del mismo sexo pone de
manifiesto intereses demagógicos que se valen de derechos,
manipulados según el antojo de las necesidades electorales de
un gobierno.
Los jubilados nuevamente quedan presos de debates fútiles,
porque si del intento se pasa al logro, lo que sigue es el
veto. Y el mayor interés para la “oposición” parece ser
que quede al descubierto el descrédito político del
Ejecutivo. No se ve un genuino desvelo por la calidad de vida
de los “viejos”…
El silencio y el mutismo de algunos marca a las claras la
incapacidad para responsabilizarse de todo hecho. Aparecen y
desparecen de escena como si no hubiese frente a ellos,
espectadores que pagaron la entrada para escucharlos y verlos
en acto, no en hibernadero. En consecuencia el precio termina
siendo una estafa, y la obra no vale nada.
Las fotos importan más que el guión. La trama del film se
asemeja a un engendero de imágenes sin significación. El
ayer revela más el hoy que aquello que sucede en este
momento.
Los argentinos no pueden imitar siquiera al protagonista de “Mementos”
porque no alcanza la superficie del cuerpo para anotar el
devenir de los hechos y no perder la noción del tiempo. Se ha
cercenado la memoria con la desfiguración de lo verdadero.
Todo es demasiado grotezco. El que ayer se negó a un
juicio, hoy pide a gritos tenerlo. ¿Actuó la conciencia
entre medio? No, cerraron los números para que el resultado
sea benéfico. Si la taba se da vuelta en el proceso, habrá
plan B y en lugar de la banda y el cetro, intentarán seguir
al frente del Obelisco y el Cabildo. No suena muy patriótico
es cierto, pero es más realista que la declamación en verso
de una transparencia en algo que nació desde el vamos sucio y
maniqueo.
Desde luego que los integrantes de la administración de la
ciudad de Buenos Aires son “nenes de pecho” al lado
de los miembros del gobierno nacional. No en imitarlos sino
en diferenciarse está el mérito. Hay quienes eligen como
adversarios a aquellos que saben perdieron de ante mano.
Vulgarmente podría decirse que así ‘cualquiera es
macho’…
Lo grave de todo esto es que se sitúa a la sociedad frente
a una temática que no le soluciona nada aunque le clarifica
de alguna manera el panorama. Lo que hay no presenta síntomas
de poder cambiar las viejas prácticas de una política
viciada por demagogia y oportunismos ligados a intereses
mezquinos. El “bien común” es un binomio muerto dentro de
un libro que parece que hiciera años que no se ha abierto: la
Constitución de la Nación.
En su lugar se han emplazado ejemplares de Corin Tellado,
novelas y culebrones donde los galanes pierden prestancia, y
aunque se engañen a sí mismos, no conquistan nada. La dama
sigue en el rol de Penélope tejiendo la esperanza de un
comicio donde la ciudadanía no acuda simplemente a ensobrar
al adversario menos malo, sino a elegir un hombre o una mujer
capaces de cumplir un mandato.
Tal vez el error sea creer que
éste equivale a un período de cuatro años cuando, en rigor
de verdad, de lo que trata es de cumplir en representarnos.
(1)
Memento: película de suspenso (2000) El guión de Christopher
Nolan está basado en un relato llamado ‘memento
mori’ (en latín, "recuerda que eres
mortal") Una de las mayores peculiaridades del film
reside en su línea temporal, la cual en vez de ser lineal va
hacia atrás, a saltos, mostrando según avanza la película
las causas de lo ya visto, en vez de las consecuencias.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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20/07//2010
EL
PROCESAMIENTO DE MAURICIO MACRI
El
Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires cometió un
error político al designar a Jorge Palacios al frente de la
Policía Metropolitana. Sin embargo, la causa judicial tiene
pocos fundamentos jurídicos y demasiado olor a venganza
kirchnerista.
Por
Carlos Mira (*)
La
confirmación del procesamiento de Mauricio Macri por la Cámara
Federal implica la tácita confirmación de Norberto Oyarbide
en la continuidad al frente de la causa, aun cuando la misma Cámara
concedió un recurso extraordinario al Jefe de Gobierno para
que la resolución sea apelada en Casación.
Más allá de estas consideraciones técnicas, lo que surge de
la simple lectura del fallo son profundas dudas e
interrogantes sobre los fundamentos, las motivaciones y la
imparcialidad de la decisión de los jueces.
Hay algo que salta a la vista de cualquier observador
imparcial: la decisión no tiene pruebas sino inferencias,
supuestos y silogismos. No aparece ni una sola documentación
o hecho que respalde lo que se decidió. Lo que se vierte en
las carillas decisivas del fallo son deducciones.
En algún momento se hace referencia a los dichos de Gabriela
Cerrutti y Roberto Digón, -dos claros opositores políticos
de Macri y en el, caso de Digón, casi un enemigo personal por
sus antecedentes en Boca- en el sentido de que a ambos
"les dijeron" que "Macri 'pinchaba' los teléfonos"
de "todo el mundo" vía su relación con Jorge
Palacios. En otro lugar se establece el silogismo de que si
Macri conocía a Palacios y éste lo conocía a Ciro James,
luego Macri no podía ignorar lo que James hacía, aun cuando
la Cámara concede que Macri y James no se conocían y que no
se registran contactos telefónicos entre ellos. También se
dice que como a Macri le interesaba la temática de la
seguridad no podía estar ajeno al método de la pinchadura de
teléfonos (¿?).
El fallo es muy flojo desde el punto de vista conceptual y,
por esa misma razón, es muy sospechoso. El PRO ha dicho que
hasta ahora la Justicia se ha negado a investigar los dichos
de Oyarbide al ex senador Maya según los cuales "el
destinatario final de la embestida era Macri".
A continuación, transcribimos parte del diálogo que hace 2
meses -exactamente el 19 de mayo- Maya sostenía con nuestro
colega Jorge Rial en La Red:
Rial: En línea está el doctor Héctor Maya, fue senador
nacional por Entre Ríos. Doctor Maya. buen día.
Héctor Maya: ¿Qué tal? ¿Cómo le va, Jorge?
J.R.: Gracias por esperar.
H.M.: Gracias por compartir el reportaje con Messi, todos
tenemos el corazón ahí, ¿no?
J.R.: Obviamente que sí, no es una figurita fácil, doctor.
Doctor Maya, ¿usted es consciente del revuelo que se produjo
con una frase que teóricamente dijo usted sobre Oyarbide?
Algo así como que había como una orden de llevarse puesto a
Macri.
H.M.: Mire, yo se lo confirmo, le voy a comentar lo que pueda,
porque seguramente, yo soy abogado, tengo que ir a Tribunales
en estos días citado por este asunto. Yo me encontré con el
doctor Oyarbide, yo fui juez del doctor Oyarbide como senador,
y me encontré con él allá por noviembre, diciembre,
accidentalmente en un comedor y le pregunté por dos o tres
causas que estaban teniendo una gran conmoción, entre ellas
la de Palacios y con motivo del diálogo que tuve en esa
causa, que es la de Palacios, verifiqué esta afirmación de
que el destinatario final de la causa era Macri. Y bueno,
convencido por la manera que se desarrollaron los
acontecimientos con posterioridad, de que Oyarbide, como otros
jueces, como Servini de Cubría, son o están secuestrados o
son "todo terreno" del gobierno, lo fui a ver a
Macri, a quien no conocía, por razones políticas, porque yo
soy peronista y estamos conformando un frente el peronismos
disidente con el PRO en Entre Ríos, y le señalé que era
imprescindible que se apartara de ese juzgado porque Oyarbide
lo iba a procesar, se lo dije 10 días antes. Me parecía una
equivocación convalidar algo que no es justicia, que
evidentemente es una operación política que se desarrolla en
los tribunales y que está alejado de la justicia.
Efectivamente yo le ratifiqué mi conocimiento directo de que
iba a ser procesado, como en definitiva ocurrió.
En este diálogo, Maya supone que la Justicia lo iba a citar
por este tema. Sin embargo, el ex senador nunca fue citado.
Hace pocas semanas se comprobó no sólo la existencia de un
agente de la SIDE como la persona que avisó a los Burstein de
la pinchadura, sino también de la intentona por borrar esas
huellas del locutorio desde donde el agente hizo la llamada a
la casa del titular de la Asociación de Familiares de Víctimas
del atentado a la AMIA.
¿Por qué, en una causa plagada de "inferencias",
nadie ha hecho inferencias aquí?
Mauricio Macri cometió un error político al seguir adelante
con la designación de Palacios cuando personas de su
confianza le sugerían que cambiara su candidato a Jefe de la
Policía Metropolitana. El jefe de Gobierno deberá asumir en
todo caso los efectos políticos del error. Pero parece
claramente exagerado querer armar un escenario judicial
artificial para generar una causa que a poco de leerla uno
advierte que no tiene el menor sustento jurídico y donde los
tufillos políticos se huelen por todas partes.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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19/07//2010
SIGAN
PARTICIPANDO...
La
carrera hacia las elecciones presidenciales de 2011 ya está
en marcha: a partir de ahora, se abre el juego de poderes
donde priman las internas y las chicanas están a la orden del
día.
Por
Gabriela Pousa (*)
La
inflación no cesa, nadie por otra parte se ocupa de que ello
ocurra, las "garrafas sociales" brillan por su
ausencia (situación que no ha de suceder el próximo invierno
cuando las elecciones estén en demasía cerca); la
inseguridad se sigue cobrando víctimas día tras día; la
crisis energética hace mella mientras, impunemente, se la
niega. Las giras de la Presidente arrojan idénticos
resultados: éxitos para las crónicas oficialistas y fracasos
para la realidad argentina…
En definitiva, no se ha modificado un ápice el escenario político
en los últimos días. Aquellos regodeos que se producen
cuando asoma la creencia de que Néstor Kirchner ha perdido la
iniciativa responden más a deseos reprimidos por un gobierno
que asfixia con su metodología, que a aquello que en verdad
sucede en esta geografía. Sostener que el matrimonio
presidencial está debilitado no basta para modificar los
cauces de la política.
Basta observar que una vez que el Congreso decide legislar,
todo puede darse vuelta gracias a la falta de escrúpulos de
los operadores oficialistas, y a la obediencia debida que
reina en el kirchnerismo. La población vive esas sesiones en
el recinto como un Boca-River donde el resultado siempre es
impredecible aunque haya un dato que, de algún modo, adelanta
el final del debate: el gesto adusto o distendido de Miguel Ángel
Pichetto.
Si las cámaras estuviesen en los despachos de los llamados
"representantes del pueblo" en lugar de transmitir
lo que ocurre en el recinto, otro sería el cantar, y la
sociedad en su conjunto podría darse cuenta qué define los
votos a favor o en contra de un proyecto. Hablar de voluntades
y libertad de conciencia es una afrenta a la coherencia.
Lo cierto es que los hechos de la última semana, de alguna
manera, han dado comienzo a la trama proselitista con miras al
2011 más que otorgar derechos a una minoría, destrabar el
comercio con China o anular las posibilidades de Mauricio
Macri para encarar una carrera que él mismo inició sin
demasiadas previsiones. Con los fuegos artificiales del
Bicentenario y la derrota en el Mundial se acabó la paz y la
ingenuidad para quienes pretendían soluciones reales a los
conflictos que acechan a la Argentina. De ahora en más, se
abre el juego de poderes donde priman las internas y las
chicanas están a la orden del día.
En Olivos todo son cuentas. No hay forma de abultar las cifras
a pesar de los triunfos que se cosechan en apariencia. El
"matrimonio" entre personas del mismo sexo no
encuentra en sus orígenes a los Kirchner como artífices, sin
embargo son ellos quienes sacarán provecho. En rigor, el éxito
lo miden en la posibilidad de seguir distrayendo al pueblo, y
demostrar un poder que se creía perdido frente a un
"adversario" como la Iglesia. Era una asignatura
pendiente para el kirchnerismo.
Medirse contra dos mil años de poder es un desafío
inexpugnable para quién sufre el síndrome de "Yo el
Supremo". Ahora bien ¿quién le garantiza a los Kirchner
que los homosexuales lo votarán porque les facilitó un
derecho? De ser así, si mañana el gobierno le otorga algún
beneficio a la clase media, ¿esta correrá ciegamente a
ensobrar su boleta? Si eso sucediese, más que poner en tela
de juicio la cordura de los K habría que empezar por analizar
qué pasa en la sociedad, y advertir que el eje del problema
está en otro lugar.
La oposición, mientras tanto, no termina de acomodarse en el
tablero. Pierde casilleros sin asidero, avanza un paso y
retrocede dos. El diálogo en ese sector es también un
anatema y una asignatura pendiente. Ya pasó marzo, pasó el año
de la elección, pasaron las excusas queda la ineficiencia
manifiesta.
A muchos de ellos les espera la característica avanzada
kirchnerista, aquella que jaqueó alguna vez a Enrique
Olivera, que intentó voltear a Francisco De Narváez con el
tema de la efedrina, que pretendió relacionar a Claudio
Lozano y Pino Solanas con un espía cuya guarida estaba debajo
de un escritorio en el Ministerio de Economía, la misma que
sacudió el humor de Luis Juez no hace más de un mes…
¿Están preparados los supuestos opositores para semejantes
zancadillas? Se verá los próximos días. Lo que sigue siendo
más preocupante es que si acaso no están preparados para
superar esta metodología, muy difícilmente lo estarán para
sacar adelante un país que, mal o bien, dentro de un año
tendrá a los Kirchner del otro lado del poder, y a veces
puede suceder que ambas veredas, en realidad, terminen siendo
las dos cara de una misma moneda.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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13/07//2010
DE
NUEVO LA HISTORIA DE LAS RESERVAS RECORD
El
Gobierno vuelve a insistir con las reservas récord sin
considerar el aumento del pasivo del Banco Central. La
realidad es que el pasivo está creciendo más que el activo
y, por lo tanto, no hay nada para mostrar como un logro.
Por
Roberto Cachanosky (*)
Una
vez más, el Gobierno muestra como un logro haber alcanzado
los U$S 50.000 millones de dólares de reservas. Es por eso
que, otra vez, voy a aburrir al lector con el mismo tema:
esto, es las reservas propias que efectivamente tiene el Banco
Central de la República Argentina (BCRA). Puesto de otra
manera, decir que el BCRA alcanzó los U$S 50.000 millones de
reservas implica hablar, solamente, del activo, sin mencionar
qué tiene en el pasivo la institución.
Veamos los datos publicados en la página web del BCRA al 2 de
julio. Según la planilla Excel que presentan, en dicha fecha
el BCRA declara tener U$S 49.462 millones de reservas,
valuadas a $ 3,9342 cada dólar de reserva.
Ahora bien, ¿cómo compró esas reservas el BCRA? ¿Cómo
hizo para incrementar el monto de las reservas en dólares?
Dado que el tesoro no tiene superávit fiscal, el Central
sigue emitiendo moneda para comprar divisas ya que el saldo de
balance comercial, por ahora, sigue siendo positivo y la fuga
de capitales, en los últimos meses, se ha mantenido por
debajo de la compra de divisas del BCRA con emisión.
Para tener una idea de la emisión monetaria, el ritmo de
expansión primaria de moneda es del orden del 23/24 por
ciento anual. Una tasa que claramente supera la oferta de
bienes y servicios que genera la economía, produciendo el
impacto inflacionario que el INDEC se niega a medir
adecuadamente pero que en los hechos sabemos que está en
niveles del orden del 22,5% anual para el IPC.
Pero como la expansión monetaria es tan fuerte que terminaría
de descontrolar la tasa de inflación, el BCRA neutraliza
parte de esa emisión monetaria colocando bonos en el mercado
para absorber pesos. Es decir, primero emite y luego retira
parte de esa emisión monetaria para, insisto, evitar un
desborde inflacionario mucho mayor. Para que el lector tenga
una idea de esta maniobra, al 2 de julio del 2009 el stock de
LEBACS, NOBACS y pases era de $ 42.144 millones y al 2 de
julio, luego de haber alcanzado los $72.000 millones, se
redujo a $ 68.480 millones. Estamos hablando de un aumento del
sotck de deuda de corto plazo del BCRA del 62,5% en un año.
¿A cuánto ascendían las LEBACS, NOBACS y Pases que colocó
el BCRA y que, por cierto, pagan una tasa de interés? A la
fecha mencionada, 2 de julio pasado, tenían colocados $
68.480 millones, que al tipo de cambio de referencia son
equivalentes a U$S 17.426 millones. Puesto de otra manera, de
los U$S 49.462 millones que declara tener el BCRA, el
equivalente a U$S 17.426 millones fueron adquiridas contra
deuda. En el activo tienen esa cifra pero en el pasivo también.
Esos U$S 17.426 millones es dinero que le deben a los
tenedores de los bonos.
Si restamos al stock de reservas brutas esa deuda para
determinar las reservas propias del Central llegamos a un
primer número que es que las reservas propias del Central
quedarían en U$S 32.056 millones.
Pero aquí no termina la historia, porque el BCRA computa como
reservas propias los encajes en dólares por depósitos en dólares
que los bancos tienen que constituir en el BCRA, encajes que
para los bancos tienen como contrapartida un pasivo que son
los depósitos de sus clientes. Es decir, el Central le debe a
los bancos por encajes en dólares U$S 10.930 millones y los
bancos le deben esa cifra a sus depositantes. En consecuencia
si a los U$S 32.056 millones que habían quedado como reservas
propias del Central le restamos los U$S 10.930 millones, el
dato final sería que el BCRA tiene como reservas propias
solamente U$S 21.126 millones y esto sin considerar deudas del
Central con el BIS que dicha institución sigue manteniendo
como un secreto de estado.
El primer dato a considerar es que en cualquier contabilidad
hay un activo, un pasivo y un patrimonio neto. Hablar del
activo sin considerar el pasivo implica, en palabras de Mancur
Olson, torturar las estadísticas hasta que confiesen lo que
queremos.
Si bien no estamos en un régimen de convertibilidad es
interesante ver cuántos pasivos en pesos por base monetaria
tiene el BCRA dado que esa base monetaria tendría que tener
cierto grado de cobertura en reservas. Al 2 de julio pasado la
base monetaria (circulante + encajes en pesos de los bancos en
el BCRA) estaba en $ 131.410 millones. Es decir que por cada dólar
propio de reservas del Central había $ 6,22 en circulación.
Cabe destacar que considerando los últimos 12 meses las
reservas del Central aumentaron en U$S 3.629 millones, pasaron
de U$S 45.833 a U$S 49.462 millones, muy por debajo del saldo
de balance comercial, lo cual indica una importante fuga de
capitales.
¿Cuánto sumaba la base monetaria y los pasivos cortos del
BCRA un año atrás? Al de julio de 2009 lo que denominamos
base monetaria amplia era de $ 149.826 millones contra
reservas brutas (sin depurarlas como lo hice anteriormente)
por U$S 45.833 millones. Esto quiere decir que por cada dólar
de reserva bruta el Central tenía un pasivo entre base
monetaria y bonos de $ 3,27. Hoy esa relación subió a 4,04.
Si corregimos las reservas brutas de un año atrás, la relación
reservas propias contra base monetaria era de $ 4,34 y hoy es
de $ 6,22. Claramente hay un fuerte deterioro matrimonial del
BCRA por donde se miren los números, consecuencia del
financiamiento al tesoro y las piruetas contables que se hacen
para mostrar un déficit fiscal menor. Hoy, si se prefiere,
los pasivos del BCRA crecen más rápido que el activo de
reservas.
Hechas las cuentas seriamente, mostrar como un logro haber
llegado a los U$S 50.000 millones es un truco estadístico más
a los cuales nos tiene acostumbrado este gobierno para mostrar
una realidad color de rosas cuando en rigor la realidad es
castaña tirando a oscura.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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13/07//2010
A
PROPÓSITO DEL MATRIMONIO GAY
El
oportunismo político de los Kirchner ahora intenta desafiar
las leyes de la Naturaleza en aras de una nueva legislación. Por
Carlos Mira (*) Está
claro que el gobierno K no tiene ninguna creencia de fondo que
no sea el dinero y el poder. Y también está claro que para
acrecentar el primero y mantener el segundo hará cualquier
cosa. En ese marco de estrategias, la aprobación de la ley de
matrimonio gay no es más que otro eslabón en la cadena de cálculos
políticos con la que busca alcanzar los objetivos que
persigue.
No hay allí ninguna convicción que tenga que ver con los
derechos civiles, ni con una consustanciación con las ideas
de fondo que dicen defender los grupos homosexuales. Sólo se
persigue el endoso de casi 400.000 votos. Ese único hecho
debería ser repugnante de por sí, incluso para los
principales interesados que son utilizados como carne de cañón
para propósitos que no son los suyos.
A estos cálculos de los Kirchner ya deberíamos estar
acostumbrados. Lo que en realidad debería importar aquí es
hacer un análisis breve de las cuestiones de fondo que hay
involucradas en el tema.
En primer lugar, cabe preguntarse si la sanción de una ley de
matrimonio entre personas del mismo sexo no es otro caso del
avance del relativismo filosófico que viene dominando la vida
social, no sólo de la Argentina, sino del mundo en general.
Según ese relativismo, las cosas no están ni bien ni mal,
sino que todo es posible bajo el sol y todos deben respetar
los gustos, las inclinaciones y las posturas de todos, más
allá de lo que sean las convicciones propias.
Está claro que el enunciado de esta nueva “teoría de la
relatividad” resulta tentador: aquí no hay nada malo ni
bueno de antemano, sino que hay distintas aproximaciones,
puntos de vista y opiniones, todas válidas dentro del imperio
de la democracia y de la tolerancia.
Sin embargo, si la vida no se basara en ningún principio, si
todo estuviera bien y mal al mismo tiempo, el desasosiego
propio de la inseguridad que produce el relativismo sumiría a
las sociedades en un profundo deterioro. Si ningún ancla
estuviera firme, el navío humano navegaría sin brújula.
Dentro del amplio marco de libertades que unas pocas anclas
seguras le proporcionan a cualquier sociedad sí se podrá
optar por gustos, inclinaciones y posturas que conformen más
a unos que a otros. Pero destruir todos los cimientos sociales
no puede producir más que desmoronamientos.
Desde ya que los gustos sexuales de las personas no pueden
conculcarse, ni discutirse, ni embretarse. Lo que no puede
desafiarse es la Naturaleza. La elección libre de vivir
sexualmente de un modo no hace que de noche salga el sol. Y el
sol de día y la oscuridad de noche, en términos sexuales, es
que el hombre copule con la mujer y la mujer con el hombre.
Luego estarán los gustos personales, como también existe la
posibilidad de ir a la playa de noche y dormir de día. Pero
lo natural, lo que deviene del orden normal de las cosas, es
que el hombre sea el hombre y la mujer sea la mujer.
Por supuesto, la libertad de la democracia entrega la
posibilidad de elegir vivir de otro modo y, no por ello, ser
castigado, encarcelado o discriminado. Eso es otra cosa. Es
que la libertad de elección no puede sustituir el orden
natural de las cosas que suele regir la vida y los principios
de la mayoría. Someter a toda la sociedad a una confusión
profunda sobre lo que es normal no tiene nada que ver ni con
la libertad ni con el respeto al derecho del otro.
El caso queda aún más en evidencia cuando se trata la cuestión
de adoptar. La opción de vida que han hecho los homosexuales
implica la renuncia a tener hijos, porque del tipo de relación
sexual que ellos mantienen no se engendra descendencia. El
vivir de una manera implica aceptar sus consecuencias.
Para los chicos eventualmente involucrados también supondría
el ejercicio de una violencia tácita sobre el orden natural
de las cosas. Sus amigos, sus compañeros de colegio, tendrán
madre femenina y padre masculino. Su orden exterior será ése,
porque –guste o no– eso es lo normal. No puede decirse que
no hay “normalidad” en materia sexual y que todo es
“normal” de acuerdo a las decisiones libres de cada uno.
La “normalidad” no pasa su prueba ácida por el tamiz de
la libertad, sino por el de la Naturaleza. Y a ésta no puede
desafiársela sin consecuencias.
Los hijos de homosexuales que entren en contacto con hijos de
heterosexuales sufrirán una enorme conmoción psicológica
que, a una edad que no les permite procesar lo que
protagonizan, tendrá consecuencias sobre sus personas y sobre
su cosmos personal acerca de lo que está concordancia con la
Naturaleza y lo que la contradice.
Todo lo dicho aquí no significa que los homosexuales no
puedan vivir juntos, deban ocultarse en público o no puedan
acceder a derechos que los comprendan, inclusive desde el
punto de vista patrimonial. Pero todo eso sí puede hacerse al
amparo de la libertad sin lesionar el dominio de la
Naturaleza. No hay necesidad de desafiar el Universo en aras
del derecho. Ambos pueden estar protegidos al mismo tiempo.
Desafiar al cosmos con la ley es una tarea sobrehumana cuyas
consecuencias nunca serán buenas.
Cuando, además, al desafío gratuito al orden cósmico de las
cosas se le suma el apetito político de segundo orden, vacío
de convicciones y sólo lleno de conveniencias, el cóctel que
se prepare no puede tener otro resultado que la descomposición.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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12/07//2010
LA
"IGUALDAD" QUE DIFERENCIA AÚN MÁS
Un
Estado que realmente respeta los derechos humanos sin
discriminar es justamente aquel que no los convierte en tema,
y mucho menos en polémica.
Por
Gabriela Pousa (*)
Una
vez eliminada la Argentina del campeonato mundial, la “política”
se vuelve a subir a las tablas. Se observa –sobre todo– en
las intenciones de la oposición para frenar el poder hegemónico
oficial, aunque de la potencialidad al acto concreto falta un
trecho. También han resurgido denuncias de corrupción, aun
cuando éstas han sido una constante desde la asunción de la
actual administración.
El tema de la “embajada paralela” no difiere, en esencia,
de otros tantos escándalos conocidos: se trate de Skanska, el
caso Greco, los sobreprecios de gasoductos, la inauguración
de obras que ya habían sido presentadas, la valija de
Antonini Wilson, los remedios truchos, la efedrina, los
aportes de campaña y demás asuntos que escapan incluso a la
memoria más vasta.
A pesar de que todo ello va sumando un desgaste cada vez más
palpable, lo cierto es que nada terminará por dilucidarse
hasta tanto los Kirchner finalicen su mandato. Sucedió con
otros gobiernos, y éste que hoy aparece jaqueado por las
denuncias y las causas judiciales no será la excepción a esa
extraña regla que impide aplicar, por ejemplo, ni más ni
menos que un artículo de la mismísima Constitución.
Es por eso que el juicio político por mal desempeño en la
administración pública no parece tener cabida en la
Argentina, incluso cuando la evidencia salta a la vista. Ha
sido sacado de su contexto para convertirlo en eufemismo
oportunista. Cualquiera que se atreva a mencionarlo será
acusado de “golpista” y sentenciado por atentar contra una
democracia igualmente falseada. Pero todo suma para que, mañana,
Comodoro Py sea, al menos, un paseo frecuente para aquellos
que hoy merodean los despachos de Balcarce 50.
Si bien se mira, de lo que se habla es de temáticas
abstractas. ¿Cuánto tiempo más se ha de discutir, por
ejemplo, los negocios turbios que se tejieron con Hugo Chávez
a través del Ministerio de Planificación, sin que exista
ningún control? ¿Qué juez se atreverá a indagar a los
actores principales del hecho? Sin duda habrá magistrados
probos con intenciones de hacerlo, pero la metodología
kirchnerista basada en el miedo y la amenaza todavía son un
freno concreto, aunque asomen iniciativas al respecto.
Lejos del pesimismo, pero cerca de lo fáctico y empírico,
puede asegurarse que todo cuanto se debate en el escenario político
no deja de ser pasajero, y en la coyuntura incluso, funcional
muchas veces al kirchnerismo.
El nerviosismo que dicen que genera el escándalo de la
diplomacia paralela puede ser cierto pero derivará,
inexpugnablemente, en alguna maniobra distractiva que permita
captar la atención de la sociedad hasta tanto se desdibuje de
la tapa de los diarios la figura controvertida de Julio De
Vido, la “infidencia” de Eduardo Sigal, o la rudeza de Héctor
Timerman.
No en vano, la polémica que desata el “matrimonio”
homosexual gana terreno día a día. Incluso a aquellos a
quienes el tema no los desvela porque sus problemáticas pasan
por cuestiones absolutamente ajenas, se ven obligados a esta
vigilia donde se extreman posiciones como si se tratara de una
guerra, más que del convencimiento de igualar derechos.
Y es que algo de eso se esconde detrás de todo ello. El
condimento político asoma sin disimulo en lo mediático y
legislativo como si fuera un ovillo de lana cuyo inicio
conduce directo a la residencia de Olivos. Del colapso de la
salud, de la inseguridad y la violencia cotidiana no se
esgrime ni una palabra. Es cierto, los muertos no hablan…
Ahora bien, ¿cuál es la necesidad de forjar una modificación
tan controvertida en este ahora en el cual afloran un sinfín
de conflictos que ameritan prioridad? Porque no se trata de
polemizar sobre valores que cada uno ha de mantener según sus
convicciones haya o no legislación. Se trata de la urgencia
de Néstor Kirchner para atraer voluntades que sumen al caudal
de votos, que por el manejo de la caja tendrá en los comicios
próximos.
No hay interés alguno en reivindicar derechos, no nos engañemos.
La especulación es el motor, y la certeza de haber perdido la
credibilidad y el respaldo social para ganar una elección
condujo a crear una falsa necesidad en grupos minoritarios que
venían interactuando en sociedad como todos los demás. Sin
conflicto. ¿De qué discriminación estamos hablando?
Prejuicios hubo y habrá siempre, por más que quiera o no Néstor
Kirchner. Más allá de ellos, es menester reconocer que si
algo se ha modificado en el país en las últimas décadas es
la concepción “conservadora” de conductas, principios y
roles. No en vano, la sociología contemporánea refiere a
grandes cambios, agraden o no. Desde luego que en determinados
aspectos, pretender consensos absolutos es y será vano.
El tiempo debatiendo la igualdad entre seres diferentes por la
mismísima naturaleza humana es un as que saca de la manga
Kirchner para distraer y analizar el efecto en encuestas y
sondeos. No es novedosa su ambición de autoerigirse defensor
de quienes no necesitan defensa, porque no hay ataque
siquiera; o de agredir a aquellos que conviven en paz.
En el marco de la libertad, cada ser humano es dueño de hacer
de su vida lo que le plazca en la medida de no afectar a los
demás. Claro que esta premisa cae en saco roto en un país
donde los derechos de algunos se “defienden” anulando los
de los otros. Basta como ejemplo citar los cortes de calles
por parte de quienes pretenden conquistar sus merecimientos,
impidiendo que el resto logre el mismo efecto.
Está claro que en la Argentina se palpa la presencia de
‘los unos y los otros’ cuyas circunstancias, ideas,
principios y conductas los sitúa inexorablemente en veredas
opuestas, los diferencia. Y los Kirchner son los principales
interesados en que así sea. En una sociedad, lo malo no es la
divergencia sino las grietas y los enfrentamientos provocados
por conveniencia. “Divide y reinarás” es el lema.
Mientras algunos están condenados únicamente a cumplir
deberes ciudadanos, otros, por el hecho de poder llegar a
votar la continuidad del “modelo”, sólo poseen derechos.
Paradójicamente, no se hace más que acentuar las
diferencias.
Un Estado que realmente respeta los derechos humanos sin
discriminar es justamente aquel que no los convierte en tema,
y mucho menos en polémica.
Promoviendo una ley que iguala diferenciando o, mejor dicho,
cercenando, el Ejecutivo se asemeja a Procusto: bandido del Ática
que acostaba a sus presas sobre una cama y les cortaba los
pies si superaban su longitud, o los estiraba con cuerdas
cuando no la alcanzaban. Lo igualitario se torna artificial y
provocado.
Hoy, bajo el eufemismo de la “igualdad”, en realidad se
acentúa la división y se coopera con otras formas de
marginalidad. En este contexto, el polémico matrimonio
homosexual no es un derecho, sino apenas una excusa, un
capricho, un pretexto.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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12/07//2010
UN
GOBIERNO DETERIODARO QUE APUESTA A DINAMITAR LA ECONOMÍA
Las
encuestas muestran que hoy el kirchnerismo tiene muy pocas chances
de ganar en el 2011. Perdido por perdido, de aquí a las
elecciones presidenciales podemos esperar barbaridades económicas.
Y, por tanto, el campo minado puede explotar antes del traspaso de
mando o bien ya instalado el próximo gobierno.
Por
Roberto Cachanosky (*)
Prácticamente
no hay reunión en la que no surja el interrogante de si los
Kirchner pueden llegar a ganar las elecciones del 2011. Muchas
gentes no kirchnerista creen que el matrimonio corre con el
caballo del comisario y tiene muchas posibilidades de quedarse con
el gobierno por otros cuatro años más. Inclusive algún analista
de los confiables no da por muertos políticamente al matrimonio y
dejan algún manto de duda sobre el resultado de las elecciones
del año que viene. Esta percepción está basada en el aumento
que tuvo la mejora en la confianza en el gobierno a partir de
enero de este año. Claro que esa recuperación de imagen parte
del punto más bajo que tuvo el gobierno en diciembre pasado pero
todavía está muy lejos de poder llegar a los niveles de aprobación
que tuvo en su momento de esplendor.
De acuerdo al Índice de Confianza en el Gobierno que publica la
Universidad Torcuato Di Tella, en junio el gobierno logró un índice
de confianza de 1,61 contra el 1,04 que tenía en diciembre. No
obstante, entre el 2004 y mediados del 2007, cuando comenzó el
declive de confianza en el gobierno, el promedio estuvo en 2,48,
lo que indicaría que todavía le queda un largo recorrido para
llegar a niveles que puedan sustentar posibilidades de éxito en
la primera vuelta.
De todas maneras, ¿qué sabemos hasta ahora sobre el apoyo
electoral que puede tener el gobierno? Sabemos que el año pasado,
a pesar de las candidaturas testimoniales, el adelantamiento de
las elecciones y los enormes recursos fiscales que se destinaron
al conurbano bonaerense, el oficialismo perdió por 2,67 puntos
porcentuales frente a Unión Pro en la estratégica provincia de
Buenos Aires. Pero…¿perdió por ese margen o fue mayor? No los
sabemos porque nunca se terminó el recuento definitivo. Revisando
la página web del Ministerio del Interior se observa que en los
distritos más grandes del país se escrutaron algo más del 99%
de las mesas. En la provincia de Buenos Aires se escrutaron el
96,68% de las mesas, suspendiéndose el escrutinio definitivo por
la gripe A y nunca se lo terminó. Con esto quiero decir que, con
el antecedente del INDEC, no vaya a ser cosa que la diferencia
haya sido mayor y por eso nunca se terminó el escrutinio
definitivo. El gobierno ha hecho los suficientes méritos como
para que uno desconfíe de los datos que proporciona. ¿Y si
finalmente perdió por 4 o 5 puntos de diferencia y no terminaron
el escrutinio para no contradecir a Néstor que dijo que habían
perdido por un puntito?
¿Qué más sabemos? Que de acuerdo a una reciente encuesta de
Datamática llevada a cabo entre el 19 y el 23 de mayo de este año,
sobre 4700 casos en todo el país, la imagen negativa del gobierno
en los 5 distritos más grandes del país, los que concentran algo
más del 70% del padrón electoral, la imagen negativa del
gobierno es la siguiente: Córdoba 63%, Santa Fe 61%, Buenos Aires
60%, Mendoza 57% y Capital Federal 50%. Incluso en Santa Cruz
tiene una imagen negativa del 55%. La imagen positiva del gobierno
es: Córdoba 17%, Santa Fe 15%, Buenos Aires 25%, Mendoza 24% y
Capital Federal 25%. Dos consideraciones sobre estos datos. Tener
una imagen positiva del 25% como máximo no implica que la gente
los vaya a votar en ese porcentaje. Por el contario, tener una
imagen negativa tan alta implica un techo muy bajo para poder
crecer.
Otra encuesta de una prestigiosa encuestadora, realizada entre
febrero y marzo de este año, cuando subía la imagen del
gobierno, muestra, sobre 1200 casos, que el 66% de los encuestados
desaprueba la gestión del gobierno y el 33% la aprueba.
Cuando se le pregunta a la gente sobre la imagen de los
principales referentes políticos, CFK tiene una negativa del 69%
y Néstor Kirchner del 67%. Parecen ser demasiados datos en contra
del gobierno que lucen como una mochila muy pesada de sobrellevar
para perfilarse hoy como posibles vencedores electorales el año
próximo.
Claro que esa es la foto hoy y muchas cosas pueden pasar en el
medio, con lo cual se hace difícil formular un pronóstico
definitivo.
Ahora bien, seguramente en Olivos tendrá todos estos datos y
muchos más sobre sus reales chances de poder retener el poder.
Como es poco probable que el matrimonio baje los brazos ahora
porque si lo hiciera perderían el escaso apoyo de algunos
dirigentes políticos que lo acompañan, en el Congreso sufrirían
más reveses de los que vienen sufriendo en las últimas semanas
y, lo que es más grave, es posible que, milagrosamente, se
acelerarían muchos casos de denuncias de corrupción, al
matrimonio no le queda otra alternativa que apostar a todo o nada.
¿Y por dónde pasa esa apuesta? Básicamente por la economía.
Intentar mantener un alto nivel de actividad con mucho consumo
interno es la carta que les queda por jugar para intentar el gran
desafío del próximo año.
Como la inversión brilla por su ausencia, hay dos factores que
tienen que ayudarlos. Por un lado las exportaciones y por el otro
el consumo. Por el lado de las exportaciones, además de rezar
para tener buenas cosechas del yuyito, es vital que Brasil no
devalúe el real que frene las exportaciones a ese destino y que
el euro no siga cayendo contra el dólar. Las exportaciones
dependerán más de las condiciones mencionadas que de las
acciones del propio gobierno porque el tipo de cambio real ya está
fuertemente deteriorado y seguirá deteriorándose porque, ante
expectativas inflacionarias del 30%, iniciar un proceso de
devaluación del peso frenaría el consumo interno y podría
producir fuertes tensiones en el mercado cambiario. ¿Por qué
sobre el consumo? Porque mucha gente ve que como el dólar está
quieto prefiere comprar bienes de consumo durables ayudando a la
reactivación vía consumo. Desahorra para consumir. Por otro
lado, si el dólar comenzara a subir en forma sostenida, la
dolarización de los portfolios se acentuaría con retiro de depósitos
de los bancos y presiones cambiarias, incertidumbre y freno en el
nivel de actividad.
Pero esta jugada implica que, ante un tipo de cambio real
deteriorado y un estímulo al consumo interno, las importaciones
suban más que las exportaciones, como efectivamente está
ocurriendo. Esto implica que el saldo de balance comercial se
reducirá y puede ser insuficiente para financiar el actual grado
de fuga de capitales. ¿Qué hace el gobierno entonces? Mientras
estimula el consumo interno trata de frenar las importaciones para
evitar que siga cayendo el saldo de balance comercial que es el
que le financia la fuga de capitales. Los televisores, celulares y
demás electrodomésticos que se venden actualmente dicen ser
hechos en Argentina, aunque es fácil advertir que lo único que
tienen de made in Argentina es la etiqueta que le ponen en
reemplazo de la que dice made in China.
Como sea, sin inversiones no hay capacidad de aumentar la oferta
interna ante la mayor demanda. Si al mismo tiempo se frenan las
exportaciones y el Central sigue haciendo un festival de emisión
monetaria, el gran desafío del gobierno consiste en que por
estimular la actividad económica interna no se les dispare la
inflación, al tiempo que puede sufrir represalias comerciales de
la UE, como ya está ocurriendo con China. Es decir, las
exportaciones argentinas se verían afectadas por el freno de las
importaciones, con lo cual este factor dinamizador de la economía
se frenaría y solo tendría más peso el consumo con una oferta
interna limitada y muchos más pesos en circulación.
Otro dato a tener en cuenta es que parte del consumo interno está
estimulado por los planes sociales que aplica el gobierno. Ante la
inflación real, en algún momento tendrán que aumentarlos para
que no se caiga el consumo y eso significa más gasto público, y
como los recursos genuinos no alcanzan para financiar más
aumentos del gasto, la emisión monetaria vuelve a hacerse
presente con su impacto inflacionario.
El ejemplo más evidente de los problemas fiscales y de salarios
reales que hoy existen en Argentina es el enfrentamiento entre el
gobierno y Moyano por el aumento del mínimo no imponible de
ganancias. Moyano sabe que el incremento que estableció el
gobierno no compensa el aumento nominal de los salarios y, por lo
tanto, la gente gana más nominalmente pero puede comprar menos
realmente y, encima, tiene que pagar el impuesto a las ganancias.
¿Por qué el gobierno fue tan tacaño con Moyano a la hora de
aumentar el mínimo no imponible para ganancias? Porque la caja le
flaquea y sabe que necesita de la inflación para poder cobrar más
impuestos sobre niveles de precios cada vez más altos. Mantener
una inflación alta es clave para el gobierno porque sobre esos
mayores niveles de precios es que puede mostrar más recaudación
en IVA, ganancias y otros impuestos.
En definitiva, por más que quieran vendernos que el oficialismo
tiene chances de ganar en primera vuelta con el 40% de los votos más
10 puntos de diferencia sobre el segundo, hoy ese escenario no
aparece como posible, y en todos los escenarios de segunda vuelta
Kirchner pierde. Perdido por perdido, de aquí hasta las
elecciones hay que esperar cualquier medida por parte del
gobierno. La más insólita y arbitraria es posible. Pero el eje
de su accionar económico estará en tratar de mantener el mayor
grado de actividad económica, sacrificando algo una mayor tasa de
inflación. El punto es si logrará hacer sintonía fina con la
tasa de inflación en un contexto de altas expectativas
inflacionarias. Y, aún consiguiendo ese objetivo, ¿le alcanzará
para ganar en primera vuelta y evitar la segura derrota en la
segunda vuelta?
La aventura parece bastante difícil y, si bien el resultado
electoral todavía está abierto, hoy luce como una misión
imposible el objetivo de 40% más 10 de diferencia sobre el
segundo. De lo único que estamos seguros es que, con tal de
conservar el poder, de aquí hasta las elecciones serán tantas
las barbaridades económicas que van a cometerse, que el próximo
gobierno se encontrará con un verdadero campo minado, incluyendo
a los Kirchner en caso que logren el milagro de retener el poder más
allá del 2011 y, tampoco sabemos si, mientras van sembrando las
minas, no cometen la torpeza de pisar una de ellas explotando todo
antes de lo previsto. Pero para ellos eso no es un problema.
Llegado el momento, si se da el milagro de ganar en el 2011, se
verá.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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06/07//2010
EL
MODELO FASCISTA DE ORGANIZACIÓN SOCIAL
Bajo
su imperio, todo el mundo cree que pertenece a alguna
corporación, antes que a la única que debería imperar: la
del individuo-ciudadano.
Por
Carlos Mira (*)
La
manía fascista de dividir a la sociedad según “ramas de
actividad” arruinó la idea de un orden jurídico universal
para la Argentina y, por ese camino, ha lesionado incluso el
principio de igualdad ante la ley.
El país no tiene un “Derecho” sino varios; por eso es
hasta casi lógico que no rija en la Argentina el Estado de
Derecho, el gobierno de la ley. La trama interminable de marañas
legales que regulan la vida de los argentinos según sea lo
que hagan es tan ridícula como contradictoria. Su aplicación
supone que el “bien” del camionero implique el perjuicio
del médico, que el “bien” del plomero suponga el
perjuicio del abogado; que el “bien” del dentista
repercuta negativamente en el canillita, y así podríamos
seguir poniendo ejemplos ridículos, pero a la vez muy ciertos
y posibles, de lo que el corporativismo ha significado para el
país.
Todo el mundo cree que pertenece a alguna corporación, antes
que a la única que debería imperar: la del
individuo-ciudadano. Resulta paradójico pero el único
colectivo que nos engloba a todos es la individualidad. No hay
otro colectivo más mayoritario que ese; es más, de tan
mayoritario es unánime.
Es por eso que los países cuyo centro de atención es el
individuo-ciudadano pueden darse a sí mismos sistemas legales
generales, bien extensos e igualitarios que hacen que el
imperio de la democracia sea realmente genuino.
En la Argentina, una enorme porción del derecho general civil
ha sido derogada por el derecho laboral general y éste, a su
vez, ha sido derogado en gran medida por los estatutos
profesionales especiales.
La expresión inglesa “common law” justamente trasmite la
idea de un derecho común, general, aplicable a todos por
igual, cualquiera sea el trabajo que desarrolle el individuo.
Una vez más, médicos o camioneros o dentistas o canillitas
puede haber muchos… pero no son todos.
Este entrecruzamiento de ordenamientos legales hechos a medida
para las distintas actividades pone a unos contra otros e
impiden la vigencia de una ley genérica, de aplicación
amplia.
En el costado económico, también existe una circunstancia
parecida. Aquí la condición que nos subsume a todos por
igual es la característica de “consumidores”. En efecto,
todos los que habitamos el país “consumimos”. Y en una
enorme proporción, incluso, consumimos lo mismo: alimentos,
transporte, indumentaria, etcétera.
De modo que lo único que debería proteger el “derecho común”
es al consumidor y el único bien que debería estimularse
desde la ley es el bien del consumidor porque es la característica
que juega como denominador común de todos.
La Argentina, en cambio, ha elegido el camino inverso, es
decir, el camino de sancionar normas dirigidas a buscar la
protección o el bien particular de distintos
“productores”. Ese tipo de legislación también produce
interminables colisiones entre los intereses y las
“conveniencias” de los distintos productores, porque lo
que beneficia a unos perjudica a otros, con lo que en la suma
algebraica total del beneficio común, el resultado es cero.
El fascismo, además de ser un sistema enemigo de la libertad
y de los derechos civiles, es un conjunto de incoherencias
altamente ineficiente por que produce constantemente
irrealidades y artificialidades que solo benefician a los “árbitros”
que las dictan y las sostienen.
Este sistema obliga a la sociedad a estar en una permanente
tensión entre grupos sociales y pone al Estado (en realidad a
los vivos que lo ocupan) en la situación ideal del repartidor
que, como todo el que reparte, se queda con la mejor parte.
¿Se puede salir de este marasmo? Es muy difícil. Ahora que
la organización fascista de la sociedad ha pasado a ser una
segunda naturaleza en la Argentina, el desande del camino es
casi imposible. El sentido común medio ha sido invadido y
contagiado por la espontaneidad fascista. Enormes porciones de
la sociedad encadenan sus pensamientos según una lógica
fascista, a la que entienden y toman como natural. La idea de
un Derecho Común le sonaría impracticable aun a los
profesionales de derecho.
Es una verdadera picardía que el país, en un determinado
momento de su historia, haya copiado tan mal. Pero eso no es
lo más grave. De hecho, muchos se enamoraron de ese modelo al
término de la II Guerra Mundial. El problema con el nuestro
es que aún no lo ha superado y, como dijera el Conde Sforza,
cuando los italianos “lo hayan dejado atrás, los argentinos
seguirán sufriendo sus consecuencias”.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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05/07//2010
DE
SELECCIONES Y SELECCIONADOS...
Por
Gabriela Pousa (*)
“Hete
aquí el espectáculo que se nos ofrece: la mediocridad
juzgando
a
la mediocridad, y la incompetencia aplaudiendo a su
hermana”
Oscar
Wilde
Hace
exactamente una semana decíamos en este mismo espacio que, más
allá de las máscaras y disfraces, las consecuencias de
ciertos actos siempre llegan y se hacen notar. Parece que esta
sentencia no sólo es aplicable a la política. Después de un
fracaso deportivo, la mayoría de los análisis coinciden en
hacer referencia a lo mismo.
Posiblemente
–y considerando que el fútbol, como suele decirse, es una
“pasión de multitudes”– sea necesario marcar
cierta similitud en los escenarios. En ese sentido, todas las
miradas apuntan a la dirigencia, al exacerbado exitismo
argentino y al desahogo de echar culpas afuera pese a que las
victorias siempre poseen innumerables progenitores y las
derrotas son huérfanas por naturaleza.
“Hacer
leña del árbol caído” también es un ejercicio común
en esta geografía donde los héroes duran lo que un castillo
de arena construido en la orilla cuando sube la marea. Lo
cierto es que, más allá de la anécdota y lo coyuntural de
un torneo deportivo, quizás aquello que angustia con mayor
fuerza no sea el fracaso en sí mismo sino el tener que
regresar a una realidad sin atenuantes ni treguas.
El
mismísimo Diego Maradona comentaba días atrás que era
necesario ganar el Mundial para que el país tuviera una alegría
porque es mucho lo que se sufre día a día. No hace falta
agregar más nada. De todas las declaraciones hechas en estos
días, resumen la contienda la contundencia de esas palabras.
Hay una tristeza en la Argentina que excede hasta la hermandad
que generan los colores de una camiseta. Con las victorias
parciales de la selección pudo menguar por unos días u horas
al menos, la angustia de vivir en una crisis casi perpetua.
Después
de siete años de administración estrafalaria, de estafa a la
democracia y de mentira institucionalizada, la salida del
tunel no la daría una victoria en Sudáfrica. Pocos podían
desconocer esa verdad de Perogrullo. Sin embargo, es lícita
la necesidad de ciertas anestesias que permitan llegar a otra
final para la cual falta un año todavía. Acusar o acusarnos
de haber paralizado, en cierto modo, la noción del caos en
que estamos es inútil y no coopera a regresar al llano.
Son
tantas las derrotas de la Argentina en los últimos años…
La dirigencia insiste con recetas frívolas y pasatistas. No
hay soluciones concretas que puedan garantizar la llegada de
epopeyas victoriosas, apenas hay algunos pasos que ameritan
darse cuenta que si las cosas se hacen bien y a conciencia se
puede lograr aunque más no sea, una suerte de cicatrización
menos cruenta.
Esta
lectura es la que puede darse a los últimos acontecimientos
que ha protagonizado la oposición en el recinto, mientras
todos esperaban que la redención llegara en forma de gol. Pasó
un año para que la sincronización de ideas o impericias se
palpalara más allá de las buenas intenciones y las palabras,
pero todo llega.
Hoy
el oficialismo esta rearmando una agenda que le permita
retomar la iniciativa perdida. Esta realidad requiere más que
algarabía una gran cautela que sólo la puede dar una
sociedad madura para entender que los Kirchner son una suerte
de Ave Fénix capaces de renacer de sus propias cenizas. Si no
hay conciencia de ello, en un instante de distracción
cualquiera, la estocada volverá a jaquear como sucedió
tantas veces ya.
El
verdadero triunfo de una Nación es casi un concepto ligado a
los existencialistas: sólo es palpable y visible cuando su
concreción se inscribe en las páginas innegables de su
biografía, y muy posiblemente cuando sus artífices y
contemporáneos ya no están para dar fe de cuánto ha costado
vencer la desidia. Sin embargo, hay pasos intermedios que
ameritan su festejo en la medida que éste no obre cual árbol
capaz de tapar el bosque. En ese sentido son válidos los
aplausos a las limitaciones que está sufriendo el
oficialismo, paradójicamente, gracias a sí mismo.
El
resto es humo. Los sondeos de opinión que hoy se ensayan como
experimentos del laboratorio social no aportan un ápice a la
realidad. Sin duda, Kirchner está en un momento poco propicio
a sus intereses y oportunismo, pero quedarse en esa lectura de
los hechos, y sumar a ello la derrota deportiva porque se
pretendía utilizar una victoria como maniobra distractiva es
de una liviandad supina.
No
estamos en esta contienda jugando contra Nigeria, ni contra
Grecia únicamente, hay un “todo” por modificar. Qué en
el trayecto haya festejos y alegrías es legítimo y hasta
sano si no se pierde el foco de todo cuánto falta vencer y
jugar todavía.
La
Argentina está golpeada pero no podemos ser tan necios y
ciegos de limitar o echar culpas por ello a una selección
deportiva. Incluso de ella se desprenden ejemplos que pocos
tienen en cuenta: hay jugadores que se han hecho a sí mismos,
a fuerza de trabajo y no de subsidios. Si hoy ganan fortunas
es por designio del mercado muy alejado además de
constituirse en pecado. Hay un director técnico que no ha
sido ejemplo de virtud pero que ha sorteado las consecuencias
de sus propias inconductas y flaquezas. No todos somos
humildes y centrados.
Si
algo de todo esto hubiese en el grupo que ocupa los despachos
de Balcarce 50, podríamos darnos por satisfechos aunque no
ganemos mundiales ni llevemos al país a estar entre las
potencias más grandes. Pero en el gobierno no hay esfuerzos
ni equipo, tampoco individualidades. Hay soldados que no creen
ni ellos mismos en la causa que defienden cada vez con menor
tino.
Y
el DT, aunque emule a Maradona en excesos y soberbia, no ha
podido sortear las dificultades que acarrea pasar de ser nadie
a ser Dios, por obra y gracia de una sociedad que da y quita
con una facilidad y velocidad inaudita.
Revertir
la derrota del seleccionado puede, a lo sumo, llevar 4 años.
Revertir el fracaso de la política lamentablemente llevará
un tiempo impensado, y la posibilidad de que sean los mismos
quienes logren llevarlo a cabo es una utopía supina en tanto
no ha habido ni esfuerzo desde abajo, ni resurgir de la propia
ruina, ni mucho menos interés en constituirse seleccionado.
De
todo paralelismo que pueda hacerse entre políticos y
deportistas cabe destacar un mismo mal: cierto sector de la
prensa capaz de contradecirse a sí misma de la manera más
ruin y perversa. Cuando el periodismo se reduce a aplaudir al
vencedor y denostar al vencido, todo vestigio de credibilidad
se pierde en sinsentidos y vulgaridad.
En
ese aspecto, no hay diferencias entre muchos de quienes
elevaron loas a los Kirchner hasta verlos acorralados en su
propio laberinto, y éstos que hoy se ufanan de tener la
verdad revelada porque la Copa no llegó a casa.
La
vida sigue. La realidad gana.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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05/07//2010
JUBILACIONES:
EL SISTEMA ESTATAL ES INVIABLE
Por
Roberto Cachanosky (*)
Bastante
mal parado ha quedado el Gobierno negándose a aceptar el proyecto
de ajuste de las jubilaciones que presentó la oposición. El
argumento que puede leerse en la página del Ministerio de Economía
es que llevaría a la quiebra al sistema provisional. Sin embargo,
en verdad el sistema ya está quebrado y, en todo caso, como en
economía siempre hay que optar, el Gobierno debería elegir entre
despilfarrar $ 35.000 millones anuales en subsidios a la energía,
el transporte y otros rubros más o financiar el aumento de las
jubilaciones.
De todas maneras, por más vueltas y parches que quieran ponerle
al sistema de jubilaciones estatal, es imposible arreglarlo porque
es inviable. Aquí y en cualquier país del mundo. La razón es
muy sencilla, en los sistemas de reparto los trabajadores que están
en actividad pagan un impuesto, junto con las empresas, sobre sus
salarios para financiar a los que están jubilados. Y mañana los
que hoy trabajamos seremos mantenidos por los impuestos que pagarán
los nuevos trabajadores y las empresas. En base a este dato obvio,
el primer problema que se presenta es que, gracias a Dios, la
esperanza de vida de la gente aumentó y la tasa de natalidad no
aumentó al mismo ritmo, por lo tanto, cada vez hay menos
trabajadores en actividad para sostener a un stock de jubilados
cada vez mayor. Se estima que la relación actual es de 1,4
trabajadores por cada jubilado. Absolutamente inviable. Este es el
primer dato a tener en cuenta. Matemáticamente, el sistema de
reparto no funciona.
Lamentablemente, en algún momento vinieron los políticos y nos
dijeron: “como todos usted son unos incapaces que no saben
prever su futuro, nosotros nos vamos a encargar de administrarles
el dinero para cuando lleguen a jubilarse”. El resultado está a
la vista. Los jubilados están en la miseria más absoluta y
muchos de los políticos que se sintieron y se sienten superiores
al resto de la población disfrutan de fortunas personales
envidiables. Es que no todos pueden tener la visión de comprar en
el momento oportuno algunos terrenitos en El Calafate para cuando
se jubilen.
¿Puede hacerse algo para mejorar la situación de los actuales
jubilados? La realidad es que no mucho. ¿Por qué? Porque el
ingreso de los jubilados es función de las siguientes variables:
a) la tasa del impuesto sobre los salarios que se aplica para
financiar al sistema, b) el nivel de salario real que cobra el que
está en actividad, c) la tasa de ocupación y d) el grado de
trabajo en negro.
Cuanto mayor sea la tasa del impuesto que se paga sobre los
salarios, mayor el incentivo a la evasión y al trabajo en negro
dado que el costo de la mano de obra se hace artificialmente más
caro, por lo tanto se tiende a sustituir capital por trabajo. Pero
como el costo del capital en Argentina es caro por la falta de
calidad institucional, toda mejora en los ingresos de los
jubilados basada en mayores impuestos al trabajo deja a la economía
con los dos factores de producción en niveles altos. Tanto el
costo del capital como el costo laboral hacen que la economía no
pueda ser competitiva, los salarios reales bajos y las
jubilaciones también bajas.
El punto b) tiene que ver justamente con el tema institucional. El
salario real depende del stock de capital por trabajador. Como
gobierno tras gobierno se han encargado de demoler la calidad
institucional, Argentina tiene una muy baja tasa de inversión.
Por esa razón hay tantos pobres, desocupación y salarios reales
que encima son atacados con el impuesto inflacionario. En
consecuencia, con esta calidad institucional es impensable en
tener una masa salarial (la base imponible) lo suficientemente
alta como para financiar jubilaciones más elevadas.
El punto c) se liga al concepto anterior. Sin inversiones no se
crean puestos de trabajo y, encima, con impuestos altos sobre la nómina
salarial menos incentivos a contratar personal. Por eso, también
aparece el punto d) que es la economía informal. Mucha gente
prefiere trabajar en negro para que no le quiten con impuestos una
parte importante de su salario para encima tener una jubilación
miserable el día de mañana.
Pero aún mejorando la calidad institucional, la inversión, el
salario real y disminuyendo o eliminando el trabajo en negro, el
sistema sigue siendo inviable por la relación entre trabajadores
activos y jubilados.
La solución de fondo es pensar hacia adelante, volviendo a un
sistema privado de ahorro, pero con importantes mejoras en el
marco regulatorio. En realidad cualquier ser normal sabe que vivir
en la Argentina significa tener que ahorrar para la vejez porque
la jubilación que cobrará será miserable. En los hechos mucha
gente va ahorrando al margen del Estado para el día en que se
retire. Conclusión: si la gente ya está tomando sus recaudos, ¿para
qué necesitamos que el Estado nos diga si tenemos que ahorrar en
una AFJP o en el sistema de reparto? Puesto de otra manera, cada
uno sabe que tiene que arreglarse para no llegar como indigente al
momento de la jubilación.
Lo concreto es que los actuales jubilados son víctimas del Estado
Benefactor que les iba a asegurar la jubilación y la salud. Si
esta es la ayuda de la dirigencia política, mejor que no ayuden más
y dejen que cada uno ahorre para cuando se retire. Y por favor,
que no me vengan con que no se puede dejar a la gente que actúe
libremente para su momento de jubilación, porque si a esto le
llaman jubilación estaríamos ofendiendo el intelecto de la
población.
¿Qué hacer con los jubilados actuales mientras cada uno empieza
a armar su futuro para cuando se retire? Por un lado es imposible
mejorar los ingresos de los jubilados si no mejora el salario real
y para eso hay que tener inversiones. Así que el primer paso es
reconstruir el respeto por los derechos de propiedad para empezar
a tener inversiones. En segundo lugar, se podría mejorar el
ingreso de los jubilados eliminando los subsidios y pasando parte
de esos ingresos a los actuales jubilados. Otra parte puede salir
de las pérdidas de las empresas estatales, el fútbol para todos
y una serie de obras públicas que deberían financiarse con
capital privado, el que debería recuperar la inversión con
tarifas por el uso de las rutas, etc. Es decir, en vez de que De
Vido gaste la plata de los contribuyentes para hacer una ruta que
luego CFK inaugura con algún discurso innecesario, la obra se
financiaría con capitales privados con un recupero que provendría
de lo que deberían pagar aquellos que usan esa ruta y, además,
nos ahorramos el innecesario discurso de Cristina.
No vendría mal, por otro lado, explorar si los negocios acordados
con Chávez son del todo convenientes. En una de esas en ese punto
se encuentran algunos recursos adicionales para bajar el gasto o
bien destinarlos a los jubilados.
En definitiva, lo primero que hay que tener presente es que la
jubilación estatal es matemáticamente inviable. Lo segundo es
dejar que la gente arme su jubilación hacia el futuro sin que papá
Estado venga a estafarnos con el argumento que ellos son más
ilustrados que nosotros. El tercer punto es, dentro del inviable
sistema estatal, buscar la forma de corregir los cuatro puntos señalados
más arriba para que aumenten los ingresos reales y,
paralelamente, dejar de dilapidar recursos de los contribuyentes
para destinarlos a sostener a los actuales jubilados. La triste
realidad es que los actuales jubilados son víctimas de un sistema
inviable. Y aún más, la oposición aceptó terminar con las AFJP
y ahora se queja por la forma en que el gobierno maneja los fondos
que la gente tenía ahorrados. ¿Acaso pensaban que los Kirchner
iban a manejar de una forma diferente esos fondos?
Ese dinero del que se apropió el Estado debería volver a manos
de quienes fuimos confiscados, porque no sirve usar ese stock para
financiar flujos de gastos mensuales. Es decir, no puede
financiarse aumentos de jubilaciones en forma permanente usando
stocks. Los aumentos deben financiarse con flujos, y esos flujos
provienen del salario real, de una baja tasa de desocupación y de
mínimo trabajo en negro, que solo puede lograrse bajándose la
carga tributaria sobre los salarios en vez de subirla como
proponen algunos sectores de la oposición.
En definitiva, alguno podrá pensar que mi propuesta de que cada
uno arme su jubilación es de insensibilidad social. La situación
de que hoy viven los jubilados me permite afirmar que mi propuesta
tiene más contenido social que la demagogia populista de la
jubilación estatal.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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04/07//2010
FALSOS
IDEÓLOGOS Y FALSAS IDEAS
por
Juan de Dios González (*)
Existen ideas falsas, alejadas de la realidad. ¿Porque
falsas?, porque son imposibles de llevarlas a la práctica,
porque traducen, reflejan o expresan perspectivas, intereses
o percepciones artificiales y apócrifas.
Estas ideas son manipuladas por falsos ideólogos, con el
fin de obtener réditos personales, partidarios y sectarios,
siempre en desmedro del pensamiento de la mayoría.
Utilizando la doctrina gramsciana,
éstos, procuran por todos los medios conseguir la
conquista de la sociedad para luego usurpar al Estado.
Sus maniobras consisten en ir introduciendo sus falacias en
todas las organizaciones (escolares, culturales, de
información, religiosas, sindicales, etc.) para ir formando
un aparato cultural propicio a sus intereses.
Con habilidad, prácticamente científica, logran introducir
en la mente de los ciudadanos y en las distintas estructuras
sociales, el germen de sus emponzoñados conceptos, carentes
de objetividad y ecuanimidad, provocando en la mente de los
receptores una descomposición del razonamiento y la
imposibilidad de obtener la verdad.
El objetivo, el único propósito, es arribar al poder del
Estado; y al lograrlo, inevitablemente, por no tener la visión,
la idoneidad ni el pragmatismo para desarrollar lo
que resulta útil y necesario en la administración de los
intereses de la Nación y de sus ciudadanos, nos llevan a la
anarquía, la desesperanza, al odio, la convulsión y a la
desintegración social.
Luego, desde el caos, surgirán otros, portadores de mesiánicos
planes, o ellos mismos con disfraces ideológicos distintos,
quienes bajo la excusa de ordenar el país, reparar los
perjuicios causados y
dar tranquilidad a los argentinos, pueden llevarnos a otro
tipo de opresión y a la pérdida total de nuestra libertad,
ya, en nuestros días, seriamente afectada por la
inseguridad y la injusticia imperante.
(*)
El periodista Juan de Dios González es propietario y director
de Crónica y Análisis Periódico On line.
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30/06//2010
...Y
AHORA VAN POR NUESTRAS VIDAS
Por
Juan de Dios González (*)
Asistimos, azorados y
perplejos, como diariamente, mujeres, hombres, ancianos, jóvenes,
niños, curas, almaceneros, ingenieros, arquitectos, abogados,
policías, fiscales, jueces, etc., etc., son asaltados,
secuestrados y atacados a balazos, por una delincuencia cada
vez mas atroz y salvaje.
Ya nos hemos acostumbrado a los merodeadores, a la prostitución
callejera, a los punguistas, a los hurtos y también de las
estafas constantes a nuestro patrimonio e ilusiones.
La delincuencia no tiene límites. Ahora, ahora van por
nuestras vidas.
Los delincuentes, como
fieras cebadas, relamiéndose, buscan a sus victimas por el
solo placer de libar su sangre, sabor que ya paladearon y
necesitan para saciar sus desenfrenos.
Nada es casual. Todo tiene una razón de ser. El efecto es
consecuencia lógica de una causa, un origen, un principio.
Entonces, nos surgen las preguntas: ¿quiénes nos llevaron a
esta macabra realidad?, ¿por qué?, ¿para que?.
Las respuestas están bien documentadas, basta solamente con
releer los diarios y con reproducir grabaciones de
emisiones de televisión y radio.
Descubriremos que son los mismos que antes actuaban
subrepticiamente y en las sombras; los mismos, quienes luego
de arribar a los distintos estamentos del Poder y del Estado,
utilizando todos los medios deformadores de opinión a su
alcance, seguros, de haber convencido a la sociedad
de que lo correcto y positivo para nuestro pueblo era
imponer el garantísmo, la actitud libertaria y la anomia,
promulgaron leyes sombrías, y para aquellas otras. que no
lograron derogar o reformar, le propiciaron una interpretación
embriagada con una ideología permisiva, confusa, anárquica y
de sugestiva imparcialidad.
Son los mismos que destruyeron las Instituciones de la
democracia, infectándolas con el germen de la decadencia y el
caos. Son los forjadores de la reforma policial y las purgas
de honorables servidores públicos practicadas al mejor estilo
stalinista en la Provincia de Buenos Aires. Son lo que
arruinaron y desmantelaron a la Policía de la Provincia de
Buenos Aires. Son esos mismos, los que elaboraron la Reforma
Judicial en la provincia con las derivaciones y consecuencias
por todos conocidas.
Son los mismos que justifican el delito agraviando y
humillando a los pobres, dando a entender que
roban, violan y matan porque tienen hambre.
Son los mismos que nos dicen: que la inseguridad es una
“sensación” y que el crimen es producto de la droga, de
la incultura, de la falta de trabajo, de la desesperanza; pero
no dicen que son ellos los responsables y quienes tienen la
obligación de bregar para que el ciudadano tenga pan, educación,
trabajo, salud y expectativas de mejor vida. Son ellos quienes
tienen el compromiso y el deber de dirigir una frontal lucha
contra el narcotráfico, con inflexible voluntad política y
una adecuada legislación, con Gendarmería cuidando las
fronteras y no haciendo de “inspectores de tránsito” en
las autopistas, con una debida radarización y un debido
control para que no ingresen al país extrañas valijas con
narcóticos u otras mugres.
Entonces nos preguntamos ¿POR QUÉ? Será por desidia, por
incapacidad, por algún interés; y luego nos preguntamos ¿PARA
QUÉ? Será para disimular sus vicios, para delimitar sus
ignorancias, para encubrir sus impurezas.
Inmediatamente surge la inevitable pregunta ¿HASTA CUANDO? ¿Hasta
cuando soportaremos a estos
personajes que arruinaron el país y destrozaron
nuestras vidas?. ¡BASTA!
¡Basta de perjudicar a una mayoría honesta y decente,
para proteger a una minoría transgresora y decadente!
(*)
El periodista Juan de Dios González es propietario y director
de Crónica y Análisis Periódico On line.
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29/06//2010
ALGO
MÁS SOBRE LOS ABOGADOS Y LA DECADENCIA ECONÓMICA
Desde
1983 hasta ahora, todos los presidentes argentinos han sido
profesionales del Dereche. Y, justamente en este período, el
atropello institucional se profundizó en forma alarmante.
Por
Roberto Cachanosky (*)
El
viernes pasado, el portal de La Nación publicó un artículo
mío que titulé Abogados
presidentes y decadencia económica, nota que surgió
luego de leer otro texto
de Orlando Ferreres también en el sitio de La Nación.
La nota de Orlando Ferreres hacía referencia a que desde
1810, 28 presidentes habían sido de profesión abogados,
sobre 69 que contabiliza en su escrito. El dato interesante es
que desde 1983 hasta ahora todos los presidentes han sido
abogados y, justamente en este período, la decadencia
institucional se profundizó en forma alarmante.
No era intención de esa nota menoscabar la profesión de los
abogados y mucho menos decir que por culpa de los abogados se
profundizó la decadencia económica argentina. Simplemente me
pareció llamativo que habiendo sido, desde 1983, todos los
presidentes de profesión abogados, el avasallamiento de los
derechos de propiedad y el desprecio por el sistema
republicano de gobierno haya sido tan deteriorado, llegando a
su punto máximo con los Kirchner, un matrimonio de abogados.
Frédéric Bastiat (1801-1850) escribió un breve ensayo
titulado La Ley, en ese ensayo marca el punto que me interesa
resaltar. Bastiat habla de dos tipos de expoliación. La
expoliación extra legal y la expoliación legal. La primera
es el simple robo, la estafa, que son penadas por los códigos.
La segunda, la expolición legal, la define de la siguiente
manera: “La ley a veces defiende y participa en la
expoliación. A veces la lleva a cabo por su propia mano a fin
de ahorrarle al beneficiario la vergüenza, el peligro y el
escrúpulo. A veces pone todo aquel aparato de juzgados, policía,
gendarmería y prisión, al servicio del expoliador, tratando
como criminal al expoliado que se defiende”. Con esto
nos está diciendo que diferentes sectores de la sociedad
recurren al Estado para que éste, mediante una ley, les quite
a otros lo que les pertenece para dárselos a ellos. Se
pregunta Bastiat cómo reconocer el robo legalizado, y
responde de esta manera: “Hay que examinar si la ley
quita a algunos lo que les pertenece, para dar a otros lo que
les pertenece. Hay que examinar si la ley realiza, en provecho
de un ciudadano y en perjuicio de los demás, un acto que
aquel ciudadano no podría realizar por si sin incurrir en
criminalidad”. Dicho crudamente, Bastiat nos advierte
sobre el indebido uso del monopolio de la fuerza que suelen
utilizar los gobernantes para literalmente robarle el fruto de
su trabajo o su patrimonio a gente que ha trabajado
honestamente. Actualmente este tipo de robo legalizado se
llama justicia social, políticas públicas activas, función
del Estado para regular el mercado y cosas por el estilo.
Digamos que en nombre de la justicia social, de la protección
de las fuentes de trabajo, de defensa de las empresas
nacionales (como si las empresas pertenecieran a una nación)
el Estado puede usar el monopolio de la fuerza para robarle a
unos y darle a otros que se consideran con el derecho de
consumir sin producir. De vivir a costas de los que producen.
Cuando el Estado sigue este camino, es que deja de existir el
estado de derecho y los gobernantes pasan a ser una especie de
banda de delincuentes que, con el argumento de haber sido
votados por el pueblo, consideran que pueden quitar a gusto y
placer el patrimonio y los ingresos a los que producen para
repartirlo en nombre de la solidaridad.
El Estado se transforma en un saqueador, pero tan pervertida
está la ley que quien trata de defenderse frente al saqueo
del Estado pasa a ser, ante los ojos de esa ley pervertida, un
delincuente. Por ejemplo, hoy día quienes trabajamos tenemos
que mantener a legiones de piqueteros que viven sin producir y
son una especie de fuerza de choque del gobierno de turno. Si
alguno de los que producimos diariamente dijéramos que nos
negamos a pagar impuestos para financiar a aquellos que viven
de nuestro trabajo y que, encima, son los que van a agredirnos
si nos negamos a ser saqueados, entonces somos delincuentes
ante la ley por evadir impuestos o llamar a la rebelión
fiscal.
Y si alguien piensa que estoy exagerando, basta con recordar
la protesta del campo cuando la 125 y como un dirigente
piquetero, financiado con nuestros impuestos, salió a
repartir trompadas con su fuerza de choque en defensa del
gobierno de Cristina Fernández. Hemos llegado a tal grado de
locura que tenemos que pagar impuestos para financiar a
aquellos que nos van a agredir. Y si no pagamos los impuestos
para financiarlos entonces somos evasores. Es decir,
delincuentes.
Este es un solo ejemplo que podríamos dar sobre la ley
pervertida, pero el listado es gigantesco y va desde sectores
que piden protección contra la competencia (desproteger al
consumidor), hasta los que exigen que otros le paguen la casa
e infinidad de demandas llamadas sociales.
Una sociedad que vive bajo estas normas jamás puede progresar
porque todos empezamos a saquearnos unos a otros y cuando el
saqueo es generalizado nadie quiere producir y todos pretenden
vivir a costa de los otros. ¿Acaso no es este nuestro
principal drama? Usar la ley para robarle el trabajo a quienes
producen honestamente.
Ahora bien, como decía antes, la nota de La Nación lejos
estuvo de afirmar que los abogados son unos ineptos. Lo que
resalté es que desde 1983 hasta la fecha todos los
presidentes fueron abogados y despreciaron el principio de un
Estado limitado y subordinado a la ley. Pero también dije en
esa nota que así como el problema económico no podía
resolverse sin tener previamente un orden jurídico que
estimule la producción eliminando el robo legalizado, era
necesario establecer una suerte de análisis en que
intervinieran varias disciplinas. Porque en definitiva si
durante 27 años, por tomar desde 1983 hasta la fecha, el
Estado se ha transformado en el impulsor del robo legalizado
es porque hay una población que, mayoritariamente, ve con
buenos ojos este tipo de políticas.
Hay algo que ha calado muy profundamente en la sociedad
argentina que hace que acepte que los gobernantes (sean
abogados, economistas, ingenieros o lo que fuera) usen el
monopolio de la fuerza para actuar como lo haría un simple
delincuente, con la diferencia que porque es una ley está
bien. Y ese algo, me parece, tiene que ver con la cultura de
la dádiva que se instauró en el país, cultura de la dádiva
que es funcional a los dirigentes políticos porque el que más
saqueo promete es el que suele ganar las elecciones.
Puesto de otra manera, yo nunca podría ganar una elección en
la Argentina porque por principios jamás le prometería a la
gente que les repartiría el dinero ajeno. Mi propuesta de
gobierno consistiría en eliminar todas las trabas que le pone
el Estado al espíritu emprendedor. Diría que el mejor modelo
de distribución del ingreso es el que proviene de crear
condiciones jurídicas, políticas y económicas para que
tengamos una avalancha de inversiones que creen nuevos y más
eficientes puestos de trabajo, aclarando que la avalancha de
inversiones no sería en base a privilegios sino a la
previsibilidad en las reglas de juego. A un sistema impositivo
que no expolie a quienes producen gracias a un Estado
reformado y limitado a sus funciones específicas, que son las
de proteger el derecho a la vida, la libertad y la propiedad
de las personas. Ahora bien, ¿a quién conmovería cono
semejante propuesta? Ni en la Recoleta ganaría las elecciones
porque reconozco que mi pensamiento es infinitamente
minoritario en Argentina. Pero por tener un pensamiento
minoritario no pienso renunciar a él con tal de conseguir
votos ni la aprobación de la gente.
En definitiva, el problema no son los abogados los que han
generado este lío fenomenal, sino que es una sociedad que
quiere vivir con los beneficios del capitalismo aplicando las
reglas del socialismo saqueador. Por lo tanto, si la mayoría
de la población sigue apoyando a políticos que en nombre de
la justicia social destruyen el estado de derecho, base
fundamental del crecimiento económico, no debe sorprendernos
que sigamos en esta larga agonía de decadencia permanente,
porque ningún país tiene futuro sin inversiones competitivas
y estas solo llegan cuando impera la ley, el respeto por el
derecho de propiedad y la cultura del trabajo como forma de
vivir.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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28/06//2010
FIERECILLA
ENCUMBRADA
Por
Gabriela Pousa (*)
“Terminen
con la telenovela”,
dice,
paradójicamente desde afuera, la protagonista.
Y
sí, hay vida más allá del Mundial aunque estamos en los
cuartos de final. Por esa razón los medios le han dado un
breve espacio –es cierto que no es necesario extenderse
demasiado– al viaje de Cristina Kirchner a Canadá. Una
Cumbre más y van… Lo interesante es contemplar qué lectura
puede hacerse que difiera de las anteriores epopeyas
kirchneristas a los diversos puntos del planeta.
Que el acompañante sea Héctor Timerman y no Jorge Taiana no
hace a la sustancia. Lo importante es observar lo inútil de
la presencia de la jefa de Estado en todas las reuniones de líderes
internacionales. No porque las mismas no puedan arrojar
resultados oportunos para el desarrollo de las naciones sino
por el papel que ha elegido jugar la Presidente, y que se
torna evidente en sus alocuciones. Pretende insertarse en el
mundo frenando importaciones y denostándolo.
La mandataria no asiste para intercambiar nada, menos todavía
para aprender de experiencias foráneas. Todo lo contrario. Va
contra la corriente. Asiste a dar cátedra. Oscar Wilde advertía
ya sobre aquellos que son incapaces de aprender y se ponen a
enseñar. Hoy esa sentencia cae a pie juntillas para ilustrar
el escenario que toca evaluar.
En primer lugar, este viaje junto a la euforia del Mundial
cooperan a quitar de la memoria colectiva lo sucedido
exactamente un año atrás… ¿El 28 de Junio del 2009 no ha
pasado nada acá?
Y vuelve a poner sobre el tapete aquel viejo interrogante: ¿Julio
Cobos ha dejado de ser destituyente o nunca lo ha sido, y esa
sentencia presidencial fue sólo un pretexto para no asistir a
la reunión con el premier chino porque urgía hacerse de las
reservas del Banco Central?
Las prioridades del gobierno dejan mucho que desear, máxime
si tenemos en cuenta qué consume China, su densidad
poblacional, y qué se produce bajo el nombre de “reina
madre” en la Argentina. Pero la perdida de oportunidades, a
esta altura, es una constante.
Lo cierto es que la Presidenta volvió a caer en aquello que
Sartre denominaba “déconnade”: el cachondeo total. Utilizó
artillería harto conocida como ser la benevolencia del Estado
interventor, la crítica al “neoliberalismo”, a los
organismos crediticios, etc. Pero no pudo escapar a una de las
características intrínsecas del oficialismo: la contradicción
permanente. Así, criticó y rechazó lo que ella misma apoyó,
y ejecuta hoy al no combatir la inflación, es decir, el
ajuste.
Los autodenominados progresistas suelen caer en la anatema de
echar culpas afuera, no ver la paja en el ojo propio, y exigen
cambios que ellos no realizan.
Se protesta en definitiva contra entelequias y siglas, eso
explica que no haya faltado la crítica al FMI, a las
calificadoras de riesgo, a los paraísos fiscales, y a los
capitales especulativos. Lo concreto es que la identificación
del culpable es neutra, no se lo puede nombrar, y por ende es
casi imposible alejarse del mal. Todo discurso se agota en el
descrédito y el enfrentamiento estéril, no propone salidas,
soluciones ni alternativas.
Pareciera que el modelo kirchnerista consiste en oponerse al
hemisferio norte y erigirse autoridad. La critica y la culpa
ajena es una reacción casi refleja. Obsérvese que si acaso
hay una diplomacia paralela es porque el Embajador que debía
entablar los vínculos entre las partes no ha cumplido con su
tarea. Nadie esgrime que de ser cierta esa premisa, la
responsable primera es quién lo nombró para que ocupara ese
rol.
Si en su momento Aníbal Ibarra fue acusado por la tragedia de
Cromañón ha sido porque la responsabilidad política tiene
existencia fáctica, empírica. Que, ahora, Eduardo Saodus sea
acusado de no cumplir con sus obligaciones al frente de la
embajada en Venezuela, no exculpa ni redime la creación de
una entidad clandestina habilitada para llevar a cabo esa y
otras tareas. Del mismo modo como el fallo de la Corte de la
Haya o las reuniones con Pepe Mujica no exculpan a las
autoridades argentinas de mantener y promover el corte de
rutas, incumpliendo durante tres años con el artículo de la
Constitución que garantiza la libre circulación.
Cuando no se soporta el pensamiento diferente, ni se admite el
propio error, la oratoria contestataria, el dar cátedra y
exponerse como ejemplo acarrea el “esnobismo de la
indocilidad” como si éste conciliara gloria y sosiego. Así
lo cree la Presidente como exponente de una casta de
insurgentes que bajo la “estética de la sedición”, se
expresan en nombre de los pobres y de los excluidos. El
padecer una determinada enfermedad, para ellos, confiere el
status de médico. Muchos de los mandatarios latinoamericanos
confluyen en este comportamiento.
¿Cuál es el peligro? Como expone la ciencia política hay
cuatro destinos para estos “rebeldes”: 1) terminar como
dictadores o narcotraficantes 2) dejar de presentarse como
perseguidos para actuar como déspotas, 3) morir con las botas
puestas como mártires o 4) transformarse en comediantes de la
indignación al frente de minorías que ejerzan presión.
Algunos de estos finales parece ser un traje a medida para la
dirigencia argentina. Mientras tanto, se sucederán las
cumbres, se pronunciarán idénticos monólogos, se
despotricará hacia afuera para evitar cualquier condena, y se
regresará con mirada altiba por un éxito que sólo miden por
el silencio de aquellos que, por educación, escuchan y no
critican.
Lo cierto es que tras estos encuentros nunca han llegado a la
Argentina inversiones de envergadura, ni se ha solucionado
ninguno de los problemas que aquejan al común de la ciudadanía.
Siguen matando gente a diario, la Justicia es una risa, no hay
insumos en los nosocomios, la desnutrición infantil se cobra
nuevas víctimas, la educación acepta rebeliones de alumnos
que, en nombre de viejas felonías agreden y toman escuelas, y
se terminan de abolir las jerarquías en lo que parece un plan
sistemático de igualar hacia abajo.
El final no guarda sorpresa. Está cantado, y no por grupos
destituyentes ni nada parecido sino por la doctrina misma de
la política que ha demostrado de qué manera ciertas
conductas no pueden escapar a sus consecuencias (aun cuando
gane la Argentina). Basta recordar cómo un año atrás las
urnas daban inexpugnable evidencia aunque el pueblo, todavía,
espera…
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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28/06//2010
TODAS
LAS VOCES
Por
Carlos Mira (*)
El
ex presidente Kirchner ha dicho que “para consolidar la
democracia, se deben escuchar todas las voces”. ¿Todas las
voces?, ¿está usted seguro, ex presidente Kirchner?
Más allá de la batalla por la ley de medios y de la pelea
casi personal del ex presidente con un ciudadano privado,
accionista de una empresa de medios de comunicación (detalle
que empaña todas las opiniones de los contendientes), la
pregunta acerca de si realmente Kirchner dejaría que todas
las voces se escucharan en el país, sin cortapisas, sin
extorsiones, sin ahogos económicos provocados, es
completamente procedente porque, efectivamente, lo que
Kirchner parece proponer y lo que de alguna manera ya está en
vigencia hoy es un completo desbalance de las opiniones en las
expresiones abiertas de los medios.
En efecto, si “la cancha” de las opiniones pudiera
dividirse en “voces” que defiendan el sesgo libertario de
la sociedad (pro individuo, pro impuestos bajos, pro
no-intervencionsimo estatal, pro integración mundial) y en
“voces” que defiendan al Estado, al intervencionismo, a la
preponderancia de lo colectivo por sobre lo individual, ¿se
escuchan todas las voces en la Argentina?, ¿o se escuchan
variaciones de una sola voz? La idea liberal de la vida se ha
convertido en una mala palabra en la Argentina. Quien plantee
perfiles de responsabilidad individual es tildado de inhumano.
Quien sostenga la necesidad de que la Argentina se integre a
un determinado conjunto de naciones se etiqueta como cipayo.
Quien quiera sostener una economía libre, competitiva,
alejada del corporativismo y basada en la competencia de la
que surja un beneficio al consumidor es calificado de
“noventista”, como si en los ’90 la Argentina hubiera
sido Australia o EEUU.
Todos estos etiquetazos no callan las voces, pero las avergüenzan.
Salvo que aquí llegue una dictadura marxista que directamente
prohíba el pensamiento libre, como persigue Chávez, el mejor
amigo internacional de los Kirchner, está claro “voces”
habrá. Pero serán voces con sordina, sabiendo que cuando
hablan son políticamente incorrectas.
Toda la teoría de la “corrección política” está basada
justamente, en el mecanismo consistente en instalar una
determinada “verdad” contra la cual resulte vergonzante
hablar u opinar. De ese modo nadie podrá decir que hay voces
a las que se las manda callar, porque técnicamente eso no es
cierto, pero sí es verdad que la fuerza del sesgo de la
“corrección política” ejerce una presión subliminal
para que algunas voces lo piensen dos veces antes de hablar.
Las técnicas fascistas de los escraches constituyen una de
las tantas herramientas que, a través del miedo, tienden a
que no se escuchen todas las voces, aunque, legalmente,
ninguna este prohibida. Es cierto que el notorio desequilibrio
de opiniones que existe en los medios argentinos no es un
hecho aislado. Es más bien el reflejo del desbalance que
existe en la sociedad. Es allí donde existe una marcada
inclinación a creer que es posible borrar los contornos
individuales en beneficio del nacimiento de un cuerpo
colectivo distinto de los individuos que lo componen y cuyos
perfiles son tan difusos como la responsabilidad que podría
exigírsele.
La sociedad argentina prefiere ocultar las flaquezas de sus
individuos en las borrosas fronteras de la colectividad: nadie
es responsable de nada y todo es culpa de todos.
En ese fárrago, los ocupantes temporales del Estado, como los
Kirchner, se apropian de los beneficios de esa
“colectividad” haciéndole creer demagógicamente a todo
el mundo que vienen a defender al pueblo, cuando en realidad
su único interés es “defenderse” ellos.
Entonces, ¿se refiere Kirchner a todas las voces, cuando dice
“todas las voces”?. Que proliferen las voces de la
libertad no le conviene a Kirchner, ni es funcional al perfil
de país que él tiene en su cabeza. Las voces de la libertad
son un obstáculo para él y su proyecto porque su proyecto es
incompatible con la libertad. Pero en realidad el verdadero
interrogante que debería preocuparnos no es ese. La pregunta
que deberíamos hacernos es si las voces de la libertad son
realmente compatibles con el proyecto, no de Kirchner, de la
sociedad, o, si el sesgo que hoy tienen los medios no es el
sesgo que nosotros, y no Kirchner, le hemos dado.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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26/06//2010
NUESTROS
POLÍTICOS
Por
Juan de Dios González (*)
Muchos
de nuestros políticos no pretenden ser los administradores o
ejecutores de un proyecto social, no desean ser los encargados
del cambio ni de exhibir los pasos que talentosamente conducen
una utopía, no aspiran a fomentar un lazo con sus votantes en
el real sentido de ser sua representantea, como tampoco les
interesa ser los ejecutores de las medidas que concreten el
futuro deseado por el electorado; solamente pretenden que el
pueblo delegue en ellos su porvenir para de ese modo poder
construir mejor el propio y reunir la fuerza de muchos para
vigorizar su propia fuerza.
No
son realmente políticos o estadistas. En su rol de candidatos,
son un producto comercial; aspiran a colocarse ventajosamente
en el mercado electoral, a vender su imagen, una imagen creada
y planificada por publicistas y analistas, por maquilladores y
argumentistas, por especialistas en propaganda y en comunicación
social. Desean que el potencial votante tenga la imperiosa
necesidad de comprar una promesa, una promesa que jamás se
cumplirá.
El
problema que poseen estos individuos es que exista un país
sin carencias, una sociedad conformada con individuos
autosuficientes, reflexivos y con espíritu crítico, porque
de ese modo no podrán valerse para sus fines de los defectos,
las debilidades, la incultura, la desinformación y la falta
de sentido común de
los electores.
Prometen
un país de hombres libres, instruidos, racionales,
reflexivos, pero cuando atraparon al electorado y ya ejercen
su cometido acrecientan la opresión, fomentan la incultura,
la insensatez y la incomprensión,
aumentando y perpetuando la atomización social.
Para
ir construyendo su poder necesitan de la ignorancia, la
irracionalidad, la demencia y el "sinsentido".
Son
manipuladores que se reservan de hablar al intelecto de sus
potenciales votantes o electores, porque es converger a la
comparación, a la deducción, al análisis, es dirigirse a
individuos, representa arriesgarse a los azares de la opción;
solamente buscan la devoción, el éxtasis y la convulsión de
las masas hablándoles al corazón.
Estos
son en gran parte nuestros políticos y gobernantes, hoy hacen
promesas y afirmaciones que con el mismo candor y vehemencia,
mañana negarán.
Es
necesario reflexionar. En un país como el nuestro; donde los
tilingos y bellacos, son quienes habitualmente nos gobiernan o
dirigen; el común de la gente no conoce la realidad.
Solamente el pobre toma inmediata posición de la verdad (por
el estómago), porque al de clase media o acomodada le llega
totalmente filtrada y cuando se dan cuenta es demasiado tarde.
Así pasó con los ahorristas y la gran mayoría de los
argentinos, quienes apostaron al país, creyendo que la clase
política y dirigente cumpliría con las políticas y promesas
hechas, no sospechando, que al menor cambio de conductores se
perderían todas aquellas esperanzas forjadas por el
sacrificio individual y colectivo de una sociedad que hoy
resulta defraudada en sus
ilusiones.
La
política es la ciencia social y práctica cuyo propósito es
la búsqueda del bien común de los miembros de una comunidad.
El bien común no es sólo la misión del poder político sino
también razón de ser de la supremacía política.
La
política debe poseer una base moral, debe ser practicada por
hombres de bien y cultivada por quienes conocen lo que es
bueno en todo lo que les concierne, es decir por seres
virtuosos.
Ser
un hombre de bien en la política no es solamente tener las
virtudes necesarias, fundamentalmente es el uso que de ellas
hace el virtuoso para concretar el bien general y no el
propio. La mayor felicidad del político no debe ser concretar
la propia, sino la felicidad del pueblo.
Nuestros
gobernantes no piensan en nosotros, piensan por nosotros. Así,
el resultado: Se alimentan, se visten, se educan, se protegen,
se medican y curan....por nosotros. Sus hijos estudian,
parrandean y viajan... por nuestros hijos. Sus amigos y
familiares trabajan, prosperan y evolucionan....por nosotros.
Toman decisiones para
ellos, gobiernan para ellos, adoptan seguridad personal y jurídica
para ellos, comprometen los intereses de la Nación y sus
riquezas para ellos; pero siempre,
pensando por nosotros. Nunca, jamás,
se propondrán elevar el pensamiento del ciudadano, ni
enseñarle a pensar por si mismo, sin catequizar
doctrinariamente sus sentidos. Ellos poseen la exclusividad
del razonamiento; ocupan nuestras mentes con extrañas
intrigas, creencias e ideologías; mediante la dialéctica y
acciones deterministas pretenden enclaustrar nuestros
pensamientos, para qué el vuelo del raciocinio libre y
reflexivo de los súbditos no les impida seguir pensando en
ellos, para ellos .....y por nosotros.
(*)
El periodista Juan de Dios González es propietario y director
de Crónica y Análisis Periódico On line.
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22/06//2010
LÍMITES
A LA AFIP
Nada
justifica que para evitar la evasión el Estado pueda
comportarse como un déspota.
Por
Roberto Cachanosky (*)
La
semana pasada la Corte Suprema de Justicia declaró
inconstitucionales los embargos de oficio que hacía la AFIP.
Puesto en otras palabras, si la AFIP consideraba que algún
contribuyente le debía plata, sin ninguna orden judicial
embargaba las cuentas bancarias y activos del contribuyente
quien no tenía derecho a la defensa. La AFIP lo declaraba
culpable, le informaba al juez que ella lo había declarado
culpable y luego el contribuyente tenía que defenderse.
Cristina Fernández se manifestó contra esta decisión de la
Corte afirmando: "Se le recortan poderes a la AFIP. La
AFIP no es de alguien privado; la AFIP son todos ustedes. Los
impuestos que cobra la AFIP son los impuestos que después son
distribuidos en salud, en educación, en planes promocionales,
en planes sociales y realmente era una ley de la Nación.
Tampoco era una facultad que la AFIP había tomado; era el
Poder Legislativo de la Nación". Varias reflexiones
respecto a este párrafo. En primer lugar si los impuestos que
cobra la AFIP se reparten en planes sociales, cada vez más
abundantes, quiere decir que el modelo no está funcionando
muy bien. En un país que crece, según Cristina Fernández
como nunca había crecido en 200 años de historia, la gente
tendría que poder tener su trabajo, mantener a su familia y
no depender de la supuesta benevolencia del Estado para poder
sobrevivir. En segundo lugar, dice Cristina Fernández que se
le recortan poderes a la AFIP y que esos poderes habían sido
aprobados por ley. Si Cristina Fernández es abogada, debería
saber que hay leyes que aprueba el Congreso y que la Corte
puede declarar inconstitucionales. ¿O la Corte tiene que
fallar siempre de acuerdo al paladar del gobierno? Además,
que el Congreso haya aprobado semejante aberración no quiere
decir que se ajuste a derecho por el solo trámite de tener el
voto favorable de diputados y senadores. Una vez más debe
recordarse que el monopolio de la fuerza que se le delegó al
Estado es para que defienda el derecho a la vida, la libertad
y la propiedad de las personas, no para que sea usado como lo
usaban las monarquías despóticas, avasallando los derechos
de la gente para satisfacer los caprichos del monarca.
A diferencia del sector privado, el Estado se hace de recursos
en forma compulsiva. Es decir, el sector privado tiene que
conseguir sus ingresos convenciendo al consumidor para que
compre sus bienes y servicios. Por el contrario, el Estado no
tiene que ganarse el favor del contribuyente. Solo usa el
monopolio de la fuerza para quitarle a la gente una parte, en
nuestro caso cada vez mayor, del fruto de su trabajo. Siendo
que los ingresos del Estado se conforman de manera compulsiva,
con más razón el contribuyente tiene que estar protegido de
las arbitrariedades del Estado. En nombre de los planes
sociales y de la solidaridad social, nadie puede arrogarse el
derecho a vulnerar la propiedad privada y no permitir la más
mínima defensa del contribuyente. Lo que hay hecho la Corte
es ponerle un límite al monopolio de la fuerza que tiene el
Estado. Ya bastante tenemos los contribuyentes que pagamos
ganancias con las retenciones, los anticipos de ganancias y el
no ajuste por inflación de los ingresos para determinar la
base imponible como para que, encima, no tengamos la más mínima
defensa ante el Estado.
Si el Estado tiene que recaudar impuestos para financiar sus
gastos, debe hacerlo dentro del marco de la ley. Del Estado de
derecho. Por lo tanto, Cristina Fernández no tiene porque
ofuscarse si la Corte establece que la recaudación de
impuestos tiene que estar sometida al imperio del Estado de
derecho.
Dijo también Cristina Fernández: "Vivimos en un país
donde tenemos el 36 por ciento de trabajo en negro; vivimos en
un país donde uno de los principales problemas que tenemos es
la evasión fiscal, esta era una facultad que le daba la ley a
la AFIP y, además, fue una votación muy dividida". ¿Cuál
es el problema que la votación haya sido dividida en la
Corte? ¿Por qué hubo una mayoría y una minoría no tiene
validez? ¿Acaso en 2007 ella no llegó a la presidencia con
el 53% de los votos en contra? Como la votación estuvo
dividida, siguiendo el criterio de CFK, ¿es ella una
presidente legítima?
También Cristina Fernández sostuvo que en el país uno de
los principales problemas es la evasión fiscal y que el 36%
del trabajo es negro. Si ese porcentaje de trabajo es en
negro, la causa hay que buscarla en la elevada carga
tributaria que se aplica sobre la nómina salarial. Bajen los
impuestos al trabajo y van a ver como disminuye notablemente
el trabajo en negro. Pero como el Estado es insaciable en
materia impositiva, entonces pretenden “solucionar” el
problema de la evasión aplicando leyes que vulneran los
derechos más elementales de los ciudadanos.
En rigor el sistema impositivo argentino es caótico e
injusto. Hay doble imposición como por ejemplo en el caso del
impuesto al cheque, algo que también es inconstitucional. Se
aplica el impuesto a las ganancias sobre utilidades
inexistentes porque no se permite el ajuste por inflación, el
impuesto a las ganancias castiga a los más eficientes, es más,
en el caso de los profesionales, el trabajo intelectual, que
es parte del costo de producción no es reconocido como tal y,
por lo tanto, el impuesto a las ganancias se transforma en
impuesto sobre los ingresos brutos, y el listado puede seguir.
La realidad es que la carga tributaria en Argentina ha llegado
a niveles récord porque el gasto público se ha disparado a
niveles récord y como ese gasto necesita de financiamiento,
quienes están dentro del sistema formal son saqueados
impositivamente, mientras otros optan por asumir el riesgo de
trabajar en el mercado informal. Dada la carga tributaria
existente, el premio por evadir bien vale la pena para los que
trabajan en negro. Como el sistema tributario es confiscatorio
y arbitrario y para muchos de posible cumplimiento, este
avance del Estado sobre el contribuyente genera resistencia en
buena parte de la población, y ese abuso del monopolio de la
fuerza para apropiarse del ingreso del contribuyente pretende
aplicárselo dotando al Estado de nuevas arbitrariedades que
avasallan los derechos más elementales.
En el año 2002 la recaudación de impuestos, incluidos los
impuestos a la nómina salarial, sumaron $ 50.515 millones. En
2009 los ingresos sumaron $ 304.930 millones, un aumento de $
254.415 millones. Los Kirchner recibieron ingresos fiscales 6
veces más que en 2002 y encima hoy no les alcanza para
financiar la totalidad del gasto público y tienen que
recurrir a la emisión impositiva, a las confiscaciones de
ahorros y a las reservas del BCRA. Y, como si todo esto fuera
poco, encima se molestan porque la AFIP tiene que ajustarse a
derecho para recaudar.
Como decía antes, el Estado genera sus ingresos en forma
compulsiva. Ahora bien, esta forma de financiarse no significa
que para recaudar pueda recurrir a cualquier mecanismo
violando las garantías constitucionales. Nada justifica que
por evitar la evasión el Estado pueda comportarse como un déspota.
¿Cómo se soluciona el problema de la evasión? En primer
lugar teniendo un Estado que no obstaculice al sector privado
para que pueda invertir, crear puestos de trabajo, pagar
mejores salarios y la gente viva de sus ingresos y no de los
mal llamados planes sociales. Más bien son planes denigrar a
la gente.
Con un Estado que no impide la producción ni desestimula la
inversión, el gasto bajaría porque no habría que destinar
fortunas en subsidios de todo tipo para denigrar a la gente
con la cultura de la dádiva. Al mismo tiempo, habría que
hacer una profunda reforma del Estado para que miles de
empleados públicos dejen de cobrar sueldos por no hacer nada
y pasen a trabajar en forma productiva el sector privado.
Con un Estado más chico y eficiente, cumpliendo sus funciones
específicas, los ingresos tributarios que necesitaría el
Estado serían menores, el sistema impositivo podría ser más
sencillo, menos distorsivos y más fácil de recaudar, sin
necesidad de tanto control y violaciones a los derechos
individuales.
En síntesis, el tema es muy sencillo. A más gasto público,
se necesita un sistema tributario más complicado y
asfixiante, con inevitablemente mayor evasión. Obviamente que
el nivel de gasto público tiene estrecha relación con las
ideas populistas que puedan imperar en un país. A mayor
populismo, más gasto y a más gasto más violaciones a los
derechos de las personas. Como puede verse, el tema no es tan
complicado de entender. Todo depende de para qué quieren
llegar los políticos al gobierno. Si quieren llegar al
gobierno para garantizar la libertad de las personas, su
trabajo y su propiedad, no hace falta mucho gasto público ni
impuestos. Si quieren llegar al gobierno para hacer populismo
y un negocio personal del manejo del Estado, entonces, no hay
carga tributaria que alcance para satisfacer esa ambición personal.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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22/06//2010
DEL
LADO DE LA LEY
¿Alguna
vez dejaremos de interpretar el papel de pobrecitos
perseguidos y cesaremos de quejarnos porque un tercero ha
tenido la peregrina idea de defender el orden?
Por
Carlos Mira (*)
La
presidenta Cristina Fernández de Kirchner se refirió, la
semana pasada, a las deportaciones de hinchas argentinos desde
Sudáfrica bajo el argumento de que quienes blanden el parche
de esos papelones “nos quieren hacer creer que somos,
sucios, feos y malos”.
Nadie que comente esas conductas quiere extrapolar los
comportamientos de esos barras al pueblo todo. Salvo que sea
precisamente la Presidenta la que piense eso y su alocución
del jueves haya sido más un acto fallido que una queja.
Poner en el lugar que corresponde a estos bárbaros es algo
que la señora de Kirchner debería aprender a hacer, en lugar
de criticar a quienes elogian al país que toma medidas contra
quienes violan la ley.
Da toda la sensación de que es la propia Cristina quien
subliminalmente hace un sinónimo de la pobreza o de las
carencias con la suciedad, la maldad o la fealdad. Cree que
vitoreando esas miserias se elogia a los pobres. No, señora
presidenta. Si los pobres tienen la desgracia de no estar
rodeados de los mejores escenarios es su deber construir las
condiciones necesarias para que ellos por su esfuerzo salgan
de allí. No es elogiando el muchas veces desgraciado
“decorado” de la pobreza como usted va a sacar a los
pobres de su condición.
Por lo demás, no es necesario insinuar que las medidas
sudafricanas contra un conjunto de pobrecitos han sido
exageradas. Sudáfrica, con todas las lagunas que ha mostrado
en la organización del Mundial, ha tenido varios aciertos en
cuanto a controlar hechos de eventual violencia en los
estadios, algo que en la Argentina estamos bien lejos de
lograr, entre otras cosas por la connivencia evidente de los
grupos violentos con el Gobierno. Tampoco es preciso defender
a unos cuantos cuasidelincuentes para gastar unos minutos de
demagogia.
En lugar de jugar el eterno papel de la víctima –siempre señalada,
nunca reconocida, siempre castigada– sería mejor poner las
cosas en su lugar. A los que imponen la violencia, en la cárcel.
A quienes han convertido la sana costumbre de ir a las canchas
argentinas en un peligro, fuera de ellas para siempre. A los
que cierran acuerdos con el poder para amedrentar, asustar,
escarchar e impedir que se expresen otros, ante la Justicia.
Esas serían maneras mucho más responsables de ejercer el
ejemplo, en vez de subirse a un atril y, haciéndonos los
pobrecitos perseguidos, quejarnos porque un tercero ha tenido
la peregrina idea de defender la ley y el orden.
Aunque la Presidenta no lo crea –y le disguste incluso–,
hay países que, con todos sus inconvenientes, siguen atribuyéndole
al imperio del derecho un factor de ordenamiento social
importante. Cristina Kirchner debería tomar su ejemplo, en
lugar de insinuar defensas de marginales que no conocen otro
idioma que no sea el de la violencia.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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20/06//2010
LA
JUDICIALIZACION DE LA POLÍTICA: TODOS
SOMOS VICTIMAS
Por
Gabriela Pousa (*)
“Sufro:
indudablemente alguien tiene que ser el causante. Así
razonan las ovejas endermizas” F.
Nietzsche (‘Genealogía de la Moral’, tercera disertación)
A
rendirse ante las evidencias: quienes creían que el Mundial
de fútbol podía tapar los baches de la política, o mejor
dicho de la falta de políticas, los acontecimientos que se
viven en estos días, demuestran que tapar el sol con la
mano es siempre una utopía.
Las internas en el seno mismo del kirchnerismo no cesan,
la renuncia de Jorge Taiana es apenas un dato más que no
debería generar tanta sorpresa. Hay mucho de hipocresía en
ese asombro repentino que demuestran dirigentes opositores,
y hasta funcionarios allegados al Ejecutivo. Los Kirchner
proclaman aquello que, en apariencia, desdeñan, y en ese
contexto la “obediencia debida” es la
infranqueable ley que prima.
Un traspié del ahora ex canciller no implica un
“arrepentimiento” a cinco años de hacer o deshacer
aquello que le fue ordenado desde “arriba”. Es fácil
abandonar el barco cuando no se puede ocultar más el
naufragio. Triste sería de ahora en más, ver a Taiana
convertido en “autoridad” para dar cátedra sobre
aquello que ha hecho y hace mal el oficialismo. Pero lo más
probable, analizando el cómo y el modo en que operan
ciertos medios, es que el ex ministro de relaciones
exteriores entre en el equipo de los nuevos comentaristas
que hacen leña del árbol que va cayendo.
A esta altura de las circunstancias estos movimientos en el
libro de pases deberían causar gracia más que falsas
expectativas. Pretender cambios en una política exterior
que nunca existió es de una ingenuidad supina. Descubrir
ahora que las relaciones internacionales se limitan a
negociados poco claros con interferencia del Ministerio de
Planificación, y que la diplomacia le dejó su espacio al
desplante y a la grosería habla de una ceguera peligrosa o
más bien de una conducta en exceso cínica.
Por todo lo dicho, la renuncia se agota en estas líneas. No
merece demasiado análisis teniendo en cuenta el cuándo se
produce la sangría. ¿Cómo es posible que haya quienes,
ajenos al entorno oficial, advirtiéramos desde el primer día
el afán hegemónico y dictatorial que perseguía el
matrimonio presidencial y aquellos que eran parte de la
partida desconocieran la metodología?
Si hay algo que no tiene cabida en política es la
inocencia y la ingenuidad aunque a veces haya actores con
cierta pericia para fingirlas.
Mientras estos movimientos se suceden, se libera
finalmente (por unos días) el corte del puente que une a
Uruguay con la Argentina. ¿Se apeló al artículo preclaro
de la Constitución que garantiza la libre circulación? No,
se apeló como es el modus operandi de la actual
administración, a la extorsión. Esa es la verdadera
traducción de aquello que finamente se da en llamar, hoy en
día, la “judicialización de la política”.
¿Qué esconde esta aparentemente nueva faceta? Primero y
principal, la muerte de la doctrinas revolucionarias que,
consecuentemente, hacen florecer la victimización como
alternativa. Así, los llamados asambleistas se presentaron
como víctimas. Por otra parte, la ausencia de autoridad
en aquel poder que, paradójicamente, se erige como el más
fuerte y audaz (el Ejecutivo) deja que aflore en el
escenario el culto a lo judicial.
El crecimiento potencial del derecho como modo de
regulación de conflictos se inscribe en el marco de una
crisis visceral de la política, y el debilitamiento de los
aparatos mediadores tradicionales como ser los partidos políticos
o incluso el sindicalismo.
Como expone el analista Robert Reich, si tanta gente se
siente estafada y discriminada, es porque los amortiguadores
y arbitrajes clásicos se han difuminado. Cada uno queda
aislado frente a la derrota de ese “Estado providencia”
que supuestamente era reductor de incertidumbres y
problemas.
En ese plano surge también, con fuerza inusitada, el
discurso victimista como el que esgrimen los asambleístas
dando preeminencia a la figura del abogado que muchas veces
incita a multiplicar los derechos subjetivos en detrimento
del bien común. Es menester evitar que esta corriente para
“solucionar” conflictos se propague porque la
consecuencia es convertir a la “victimología” en plaga
nacional. De ese modo cualquiera tiene derecho a cortar
calles, usurpar edificios públicos, y priorizar su problema
individual en detrimento de los demás.
Siempre surgen circunstancias atenuantes: veamos, sin ir más
lejos, el caso de General Villegas donde la menor abusada y
filmada por mayores de edad termina presentada como la
victimaria por haber incitado al mal.
Hay que tener cuidado con las llamadas “circunstancias
atenuantes” porque pueden convertirse en circunstancias
exculpatorias y hasta redentoras dejando que las minorías
se adjudiquen derechos por el sólo hecho de sentirse
diferentes.
La pregunta del millón: ¿Cómo evitar que esto suceda?
Unicamente custodiando la independencia de poderes, y no
dejando que el Estado maneje a su antojo y provecho el
aparato jurídico sino, por el contrario logrando que éste
obre como contralor y limitador de los excesos de los
gobiernos que apañan ciertas manifestaciones hasta que éstas
se convierten en un boomerang.
El problema también se centra en que el Estado rechaza
cada vez más la culpa imponiendo modelos de indiscutida
irresponsabilidad. Pascal Bruckner se pregunta y con razón:
“¿Cómo aceptar el castigo o la sanción cuando ya
nadie tiene sensación de infracción, y por qué practicar
una virtud que todos ridiculizan?” La estrategia es
hacer recaer la culpa sobre los demás, y en ese sentido es
imposible discutir la habilidad que tiene el kirchnerismo.
De la noche a la mañana, apareció en escena como ajeno al
conflicto que desató la pastera y se distanció del
problema endilgando al Poder Judicial la solución al mismo.
“Yo no fui” es el slogan que de ahora en más
utilizará con más ahínco el oficialismo aún cuando para
ser creíble deba entregar a sus delfines más sensibles.
De lo que se trata, en definitiva, es de imponer el llamado
por tantos filósofos: “estatuto del oprimido”, y
en ese contexto aparecer como víctima de corrientes
insurrectas que sólo pueden ser detenidas por la justicia aún
cuando ésta se halle bajo sospecha por su alto grado de
dependencia.
Cabe esperar, con escasa esperanza, que una renuncia tardía
no convierta en héroe a quién fue cómplice de la desidia
en materia de relaciones externas, y que un paso logrado
como lo es la liberación del tránsito en los puentes que
unen al Uruguay con la Argentina sea visto como solución de
una autoridad que ha sido justamente quién propulsó
durante más de tres años aquella medida
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Economía para Todos". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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15/06//2010
MAESTROS
DEL TERROR
Quienes
deben educar en la paz, el cumplimiento de la ley y en la
vigencia del derecho aleccionan a sus estudiantes para que
salgan a cortar las calles. Por
Carlos Mira (*) El
caso de los alumnos de la escuela del barrio de Balvanera que
atacaron a trompadas y patadas a un padre que intentó romper
un piquete es por demás sintomático de la revolución que ha
estado ocurriendo sigilosamente en los últimos años en la
Argentina.
Profesores y preceptores del colegio manifestaron que los
hechos ocurrieron porque esta persona “intentó pegar
primero” a uno de los alumnos que cortaban el paso, en un
ensayo de justificación de lo que había ocurrido. Hay
versiones, incluso, que dicen que los aprendices de piqueteros
salieron a la calle estimulados por los profesores y las
autoridades del colegio.
Aparentemente, el motivo del amotinamiento era el reclamo por
calefacción y el funcionamiento de los baños. Nadie duda de
que los colegios deben tener las mejores condiciones posibles
para estudiar. Que en invierno no debe hacer frío y en verano
no debe hacer calor. También que los baños deben funcionar
correctamente. Sin embargo, cuando yo era chico también hacia
frío en las aulas y los baños de mi escuela pública no eran
los mejores, pese a lo cual a ninguno de nosotros se nos ocurría
salir a la calle a cortarla y a cacarear a trompadas a la
gente.
El hecho de tomar como normal la acción directa violenta para
imponer cualquier reclamo es parte de ese cambio solapado,
pero continuo, que ha estado ocurriendo en el país. “La única
forma de que se nos escuche es armando un piquete”, dijo
alguna de las profesoras, admitiendo de cierta manera que
ellas estaban detrás de la protesta y que no era una mera
ocurrencia de los estudiantes. Y en cierta forma tiene razón:
la Argentina de la violencia se ha acostumbrado a que esas son
sus maneras, esos son sus métodos, esos son sus modales.
La argumentación sobre el intento del padre agredido de
“pegar primero” es francamente patética. Más allá de
que intenta justificar lo injustificable, olvida que la
primera violencia es la de ocupar el espacio público e
impedir la circulación. No hay “ocupaciones pacíficas”,
como muchos periodistas se han acostumbrado a decir cuando
pretenden describir una situación de “toma” de un sitio
en donde todavía no voló una trompada o sonó un tiro, como
si sólo esas manifestaciones fueran violentas. No, no, no. La
violencia ya se ejerció cuando la fuerza bruta dispuso de lo
que no es suyo para presentar un supuesto reclamo. No existe
tal cosa como “ocupación pacífica” o “corte pacífico”.
Toda ocupación y todo corte son violentos por definición.
Tampoco puede admitirse el argumento supuestamente progresista
de que la primera violencia es no haya calefacción o no
funcionen los baños. Esa es una verborragia estúpida y demagógica.
Señalar las escaseses como “violencias” es un golpe bajo
inadmisible, porque escaseses, después de todo, tenemos
todos. Es lo mismo que decir que “lo que es violento es el
hambre”. Sí, sí, quedará muy lindo y muy políticamente
correcto decirlo, pero la fluidez cotidiana de la vida no
puede basarse en que para contrarrestar la “violencia” no
resuelta del hambre se sale a matar gente por la calle porque
esta es, en todo caso, una violencia “menor” que aquella.
Esos retorcimientos marxistas ya sabemos cómo terminan.
Lo cierto es que la cultura profunda del país ha estado
sometida a estos bombardeos gramscianos desde hace décadas y
los resultados están a la vista: quienes deben educar en la
paz, el cumplimiento de la ley y en la vigencia del derecho
aleccionan a sus estudiantes para que salgan a cortar las
calles y, cuando todo eso deriva en hechos de violencia mayor,
salen a defenderlos con estupideces mayúsculas que avergonzarían
a cualquiera que haya sido maestro de verdad.
Hablar contra la violencia porque no les queda otro remedio
será también políticamente correcto. No obstante, lo que en
definitiva cuenta son los hechos. Y los que deben expandir los
horizontes de la educación y del respeto han dado en los últimos
días una muestra clara de cuáles son los patrones de su
pensamiento.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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14/06//2010 SINONIMIAS Por
Gabriela Pousa (*) Sinonimia:
Figura que consiste en usar intencionadamente voces sinónimas
o de significación semejante, para amplificar o reforzar la
expresión de un concepto.
Clima mundialista. Guste o no. Siempre hay opciones: un libro
a mano, un canal que transmita algún documental o un CD que
deleite y transporte. En ese contexto hacer de la competencia
deportiva un debate acerca del uso político que se le da,
desde sus orígenes en 1930, no parece muy productivo. Y en el
fondo esa polémica termina siendo funcional al kirchnerismo
que pretende que cada partido ganado sea justamente algo más
que 90 minutos de un entretenimiento masivo.
Cuando se han perdido más de seis años y desperdiciado
oportunidades increíbles, un mes de tregua para la agenda política
no debiera tener tanta trascendencia. A fin y a cabo, la
agrupación del peronismo disidente, la negociación con
Mauricio Macri que terminará jugando en esa selección si
quiere tener alguna chance, la elección interna de los
radicales y hasta las opciones de los Kirchner por aceitar el
clientelismo que les de cierto aire, regresarán en apenas
tres semanas, y la euforia del Mundial no podrá tapar nada.
En cuanto a lo deportivo, Argentina ya dio el primer paso. El
gobierno no ha tenido participación alguna en ello, ni el gol
del triunfo hizo que millones de ciudadanos creyeran en el índice
inflacionario que ofreció el INDEC en medio de los
preparativos. Si no hay discernimiento para separar el blanco
del negro, la culpa difícilmente pueda ser atribuida únicamente
a un Ejecutivo.
El fútbol, en definitiva, tienen limitado sus tiempos y sus
efectos. Quiénes ayer fueron héroes pueden en menos de una
hora terminar denostados, máxime en la Argentina donde las
idolatrías son tan fútiles como efímeras. Un dato para
tranquilidad de muchos: en 1986, Raúl Alfonsín salió al
balcón con Maradona y la copa en alto, un año después perdía
las elecciones legislativas, y antes de caducar su mandato
debió dejar su cargo.
Sin embargo, hay algunas características que enmarcan el
deporte que bien podrían ser contempladas incluso por
aquellos que maldicen este evento por temor a que sea un nuevo
lavaje de cerebro para los ciudadanos.
En primer lugar, es dable observar que en el juego de la
pelota hay reglas y normas que no pueden dejarse de lado.
Cualquier infracción a las mismas deriva en una amonestación
que no viene secundada con teorías garantístas capaces de
terminar erigiendo víctima a aquel que cometió
–voluntariamente o no – el error. Por otra parte, el DT
queda fuera del campo de juego. En política, en cambio, la
intromisión del Estado o la autoridad en momentos impensados
alterando todo el escenario no coopera a un buen resultado.
Ganar o perder no siempre depende de la habilidad y la
pericia, hay un factor suerte que subyace de algún modo, y
está en el equipo sacar provecho a ese “viento de cola”
que hace menos pesada la pelota. Difícilmente se desperdicien
ocasiones prometedoras. En contrapartida, el gobierno ha
desperdiciado años de bonanza que el mercado internacional le
dio a sus anchas.
Si los reglamentos deportivos existieran en la administración
de un pueblo, se impedirían atropellos e insensateces como
las que se suceden cotidianamente. Basta observar que Sudáfrica
los estadios no poseen rejas ni ganzúas que delimiten las
tribunas. ¿Por qué acá no es factible que ello ocurra? Por
la simple razón de que las penas o sanciones son consideradas
represivas, tiránicas, y el respeto por la autoridad fue
deshecho en pro de un falso concepto de democracia y libertad.
Allá, ni los barra bravas que la dirigencia enviara, y cuya
evidencia no puede ser más clara, se atrevieron a moverse de
su sitio, no cayó un solo papel a la cancha. Y es que la opción
a una conducta reprochable es la cárcel, sin eufemismos y sin
atenuantes.
En la primera contienda, la selección nacional obtuvo una
victoria, no entraremos a dirimir si fue casual o demasiado
ajustada, para eso están los especialistas. Previamente a
ello periodistas deportivos, mobileros, etc. daban rienda
suelta a sus tareas: “¿Quién o quiénes meterían los
goles para Argentina?”. La pregunta fue hecha a sabiondos e
ignorantes en la materia, casi un clásico de la previa.
Ahora bien, los nombres se repetían incansablemente: Lionel
Messi, Carlos Tévez, Gonzalo Higuain y Ángel Di María eran
los más mencionados. Posiblemente alguna lógica hubiera para
que así sucediera. Están parados en puestos claves dentro
del campo, han convertido innumerables tantos en otros
campeonatos, etc., etc.
Sin embargo, el gol que le dio el triunfo a la selección
argentina esta vez lo marcó Gabriel Heinze, si no fue el
jugador más discutido a la hora de que se entreguen las
listas no estuvo lejos de ello. Ningún sondeo lo tuvo en
cuenta, no estuvo en las opiniones de los hinchas, fue el
jugador menos pensado. No figuraba en las encuestas.
En el 2011, a juzgar por como consideramos las elecciones los
argentinos, se disputará el campeonato político. Hoy los
nombres que se arriesgan son harto conocidos. Y quien sabe el
gol lo termine marcando también el menos pensado…
Detenernos ahora en sondeos de imagen e intención de voto es
poco serio, y es más distractivo que el evento deportivo. No
hay propuestas concretas a no ser que lo que se pretenda es
poner fin a la dinastía kirchnerista.
Hoy por hoy, lo interesante pues sería admitir que no hay
mucha idea de cómo se sacará el país adelante, y lo que se
promete y está en marcha en todo caso, es un proceso de
moderación y diálogo que atenúe los efectos macabros que ha
de dejar esta etapa de democracia simulada. Lo demás es
fantasía o predicciones con poca base científica.
Alternativas concretas no asoman a la vista, la foto del PJ
disidente es una afrenta al concepto de renovación política
que se agitara alguna vez en la Argentina. La seducción de
una izquierda maniquea se pierde en utopías vencidas.
Este tránsito hacia una administración que puede no ser todo
lo buena que se necesita pero será, sin lugar a dudas, menos
perversa tiene todavía un sinfín de aristas desconocidas.
Apresurarse a aventurar el desenlace es como querer definir
hoy si la selección nacional llegará a la final del Mundial
y, en ese caso, si el ahora héroe redentor de Gabriel Heinze
durará más de una semana en su pedestal de barro.
La realidad es que los Kirchner están aún en su cargo, y lo
más inteligente es prestarle atención a cada paso para no
echar culpas a un deporte de aquello que puede suceder dentro
de un año.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Economía para Todos". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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14/06//2010
TEORÍA
DEL VALOR, PRETENCIÓN DE ILUMINADOS E INEFICIENCIA ECONÓMICA Por
Roberto Cachanosky (*)
El
discurso económico del Gobierno ha llegado a tal nivel de
primitivismo que vale la pena hacer el esfuerzo de escribir
algunas líneas explicando los palotes más elementales de la
economía.
Si
bien el primitivismo del discurso económico del gobierno es en
varios frentes, el que me interesa abordar hoy es el que se
refiere al argumento de la sustitución de importaciones, los
dichos de algunos funcionarios afirmando que han detectado
algunos sectores estratégicos para el crecimiento y los
consabidos controles de precios que Kirchner le indica a Moreno
que aplique. Para entender lo primitivo del razonamiento vayamos
a la parte más elemental: la teoría del valor.
Durante
muchos años se discutió sobre la teoría del valor, pero hoy día
ya se sabe que el valor que tienen las cosas es subjetivo. Es
decir, las cosas no tienen valor por sí mismas, sino que es la
gente la que les asigna valor. Además, no todas las personas le
asignan el mismo valor a un mismo bien. Por ejemplo, una
determinada persona le dará más valor a una entrada a la ópera
que un barrabrava de Hinchadas Unidas Argentinas que,
seguramente, preferirá ir al mundial de Sudáfrica y otro le
otorgará más valor a las carteras Louis Vouitton.
Por
otro lado, el valor de las cosas es para determinada persona en
determinada circunstancia. Una persona sedienta en el medio del
desierto valorará más un vaso de agua que esa misma persona
sentada cómodamente en su casa con agua potable abundante.
Finalmente,
una misma persona puede darle más valor a un determinado bien
pero, a medida que va consumiendo ese bien, el valor que le
otorga va disminuyendo. Ejemplo, una persona que tiene hambre
come con ganas la primera porción de pizza. A la segunda porción
le otorga menos valor que a la segunda y así sucesivamente
hasta que llega un punto que, ya sin más ganas de seguir
comiendo, no le otorga valor a la próxima porción de pizza.
Los
palotes de la economía nos enseñan, entonces, que el valor es
subjetivo. Que cada persona le otorga un valor diferente a cada
cosa. Y que una misma persona va cambiando el valor que le
asigna a un mismo bien de acuerdo a la forma en que va
consumiendo.
Si
este concepto fundamental es entendido, el paso siguiente es
determinar cuál es el mejor sistema para conocer las diferentes
valoraciones que millones de personas le otorgan a los distintos
bienes y servicios que se ofrecen en la economía, porque
conociendo este dato se pueden asignar los recursos productivos
que, como todos deberíamos saber, son escasos. Dicho en otras
palabras, ¿cómo se hace para determinar qué bienes y
servicios valora más la gente? ¿Cómo podemos hacer para
satisfacer la mayor cantidad de necesidades con los escasos
recursos productivos?
Para
resolver este problema la ciencia económica descubrió que el
mecanismo de precios era el mejor sistema para asignar los
escasos recursos productivos de manera tal de satisfacer la
mayor cantidad posible de necesidades de la gente. Los precios
del mercado reflejan las valoraciones que la gente le otorgan a
los diferentes bienes y servicios, y cuando digo precios de
mercado me refiero a los precios que surgen sin que el Estado
establezca restricciones al ingreso de nuevos competidores al
mercado o regulaciones que impidan una libre asignación de los
recursos productivos.
Justamente,
el verdadero emprendedor es aquél que, arriesgando su capital o
el de sus socios, busca aquellos sectores que ofrecen más
rentabilidad que el resto de los sectores de la economía. ¿Por
qué? Porque si un determinado sector ofrece más rentabilidad
que otros quiere decir que en ese sector hay una necesidad
insatisfecha. Los recursos productivos (capital y trabajo) van
reasignándose en la economía en base a la búsqueda de mayores
tasas de rentabilidad, que es lo mismo que decir, que se busca dónde
hay una necesidad insatisfecha.
Como
puede verse, el solo hecho de que haya millones de personas con
diferentes valoraciones y, además, que una misma persona vaya
cambiando de valoración ante un mismo bien o servicio,
determina que la asignación de recursos sea muy difícil si no
se tiene una guía que son los precios de mercado. No hay mente
humana ni computadora sofisticada que pueda determinar en tiempo
real cuales son las valoraciones de cada persona en cada momento
y de millones de personas. Solo la libertad en las transacciones
que manifiestan las valoraciones de las personas permiten tener
una idea sobre cuál puede ser la asignación de los recursos. Y
digo que puede dar una idea porque un empresario puede
equivocarse e invertir en la producción de un bien o servicio
que la gente no demanda con tanta urgencia. Por eso se dice que
el mercado, que no es otra cosa que un proceso a través del
cual la gente manifiesta sus valoraciones, premia con ganancias
a quienes arriesgan y ganan y castiga con pérdidas a quien se
equivoca al evaluar una inversión.
Si
se tiene en cuenta este complejo sistema de valoraciones de
millones de personas y cambiantes al mismo tiempo, hablar, como
lo hace el gobierno, de sustituir importaciones, decir que
detectaron sectores estratégicos para el crecimiento y
controlar los precios es de una soberbia intelectual que refleja
una completa ignorancia sobre el ABC de la economía y la
demostración de que pretenden ser iluminados o seres superiores
al resto de la sociedad porque se arrogan el derecho a decidir
qué debe consumir la gente.
En
definitiva, ¿en base a qué criterios pudo un burócrata haber
determinado cuáles son los sectores estratégicos hacia los
cuales hay que volcar los escasos recursos productivos? Como decía
antes, solo alguien que pretende ser un iluminado o un ser
superior al resto de los mortales puede creer que conoce
valoraciones tan complejas y cambiantes. Y si no es pretensión
de iluminado es ignorancia económica de lo más elemental de la
economía.
El
caso de los controles de precios que Kirchner le manda aplicar a
Moreno implica destruir el sistema de precios que expresa las
valoraciones de la gente para sustituirlo por un comportamiento
arbitrario y de soberbia intelectual o, nuevamente, de profunda
ignorancia.
La
combinación de todos estos elementales errores económicos
tiene como correlato una ineficiente asignación de los recursos
productivos que nos hace cada vez menos competitivos, lo que se
traduce en bajo stock de capital por trabajador, puestos de
trabajo ineficientes, salarios reducidos y pobreza e indigencia
crecientes.
Las
distorsiones de precios relativos que produce la pretensión de
los iluminados hacen imposible que existan proyectos de largo
plazo porque todos perciben que los caprichos de los burócratas
son de corta duración. Lo máximo que puede esperarse son
inversiones de muy corto plazo que aprovechan dichas
distorsiones para generar rentabilidades que no hubiesen
existido si los recursos se hubiesen asignado de acuerdo a las
valoraciones de la gente.
En
síntesis, analizado en profundidad, el debate económico que
nos propone el gobierno no es si un sistema es más eficiente
que otro. El debate consiste en definir si ellos son seres
superiores al resto de la sociedad que pueden determinar con
certeza qué debemos consumir, en qué cantidades hay que
producir y a qué precios se deben vender los bienes y
servicios. Es esa pretensión de creerse seres iluminados lo que
lleva a tener una economía cada vez más ineficiente por
gobernar de espaldas a las valoraciones de la gente.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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09/06//2010
VIVIR
EL MUNDIAL COMO MÁRTIRES, INFANTES O CIUDADANOS... Por
Gabriela Pousa (*)
Sin
duda, la sociedad argentina es muy peculiar en sus modos y sus
formas. Aquello que ayer la desvelara termina, en menos de 24
horas, pasando al olvido como si no hubiese existido. Los
conflictos se superponen en una estrategia maniquea pergeñada
por el gobierno aún cuando parezca que éste nada tiene que
ver con ello.
Ningún
tema es casual, tampoco los escándalos que lo salpican: hasta
Ricardo Jaime es un instrumento del kirchnerismo
“inmolado” para poder dar preminencia a fines más
necesarios. Cómo si se tratara de un cambio de figuritas, en
apariencia de una “limpieza”, un “hacer justicia” sin
hacerla…
La
llegada del Mundial de Fútbol que parece una salvación para
un oficialismo jaqueado por la contradicción no es tampoco la
panacea, y en definitiva aquellos que gustan del deporte
tienen todo el derecho de disfrutar del evento, más allá del
rédito o no rédito que pueda hacer de aquel el gobierno. Si
el Ejecutivo se cree dueño de los goles que puedan acaecer
durante el torneo, mayor será el golpe que se lleve cuando en
las urnas los mismos no cuenten.
Perder
o relegar hasta las pasiones más características de un
pueblo que siempre ha sido futbolero no tiene sentido. Desear
que la selección nacional pierda para que los Kirchner no
manipulen las masas es un placebo. El remedio pasa por otro
lado. No minimicemos la solución a un problema mayor. No nos
auto subestimemos que para ello está la dirigencia que lo
hace con habilidad indiscutida.
Nadie
será más o menos kirchnerista por gritar un gol, ni el hecho
de encender un televisor para ver un partido de Argentina hará
que se multipliquen los votos el año próximo. Si acaso esa
es la creencia que lleva a desdeñar una competencia
deportiva, demos por muerta a la ciudadanía, démonos por
muertos en vida. Los valores y el honor se miden por otras
variables que nada tienen que ver con once jugadores corriendo
detrás de una pelotita.
Perdimos
tanto ya que ganar un Mundial no suma a la hora de hacer
balances de ganancias y pérdidas como sociedad. Y si acaso
aporta a la alegría colectiva posiblemente debamos aceptar
que es una buena noticia. Ya vimos lo que ha sucedido con los
festejos del Bicentenario: miles de argentinos festajando
sanamente en las calles, avenidas y…, cuando empezaron a
debatir quién se llevaba las loas de una fiesta cívica, las
crónicas mostraron que nada había cambiado esencialmente en
la Argentina.
Los
sondeos de opinión que adjudican un clima mejor tras el 25 de
Mayo son expresiones desesperadas, y lo que en verdad marcan,
es la derrota de un Ejecutivo que no puede ofrecer más que
espejitos de colores, carrozas y comparsa. Quevedo decía con
indiscutida sabiduría que “puede medirse en cielo y la
tierra pero jamás la mente humana”, y creer que recitales
gratuitos y fuegos de artificio cambian un voto es
subestimarnos como seres humanos. Al fin y al cabo, si eso
sucediese la culpa no puede recaer únicamente en una
administración de turno que ya dio muestras inequívocas de
ineficaz y perversa.
Los
argentinos oscilamos entre dos modelos sociales igualmente
nefastos: el de los “mártires autoproclamados”, y el de
los “infantes perpetuos”. Es decir, entre aquellos que se
regodean de sus llagas, mostrándolas como trofeos; y esos
otros que no maduran para no tener que asumir
responsabilidades inherentes al proceso de crecimiento. En
consecuencia, toma protagonismo el Estado benefactor que es
acogido con beneplácito aunque, si bien se mira, se verá que
sólo se beneficia a sí mismo aduciendo que nos está
salvando.
Hoy
por hoy, ser parte de un movimiento piquetero ofrece las
“ventajas” de pertenecer a los desposeídos, razón por la
cuál la limosna surge como reivindicación social cuando en
rigor sólo es una cadena más que nos ata al clientelismo.
Nos ofrecen un yugo y lo tomamos como si fuese un beneficio.
La marginalidad pareciera que otorga una categoría superior,
y es amparada por seudos movimientos anti-discriminación que
hacen lobby en detrimento de la libertad del individuo.
Desde
luego que la otra opción es hacerse cargo de la propia
situación, pero ello acarrea deberes cívicos que carecen de
prensa, y están devaluados frente al auge de los derechos
humanos. La situación es compleja para el ciudadano, elegir
entre dos modelos igualmente falsos anula el discernimiento, y
nos condena a ser esclavos de un sistema macabro.
Si
se acepta la madurez que da el pertenecer a un país con
tantos golpes que es imposible considerar joven, por más que
sólo haya cumplido doscientos años, entonces festejar un gol
y disfrutar un Mundial no es más que eso: una coyuntura que
permite divertirse sin que signifique idolatrar figuras cuyo
nivel de decencia y moral son harto conocidas ya.
Si
un partido ganado hace olvidar que los precios suben licuando
los salarios, y que todos los días amanecemos con robos y
asesinatos, la culpa no está ni en los directores técnicos,
ni en los jugadores buenos o malos, y tampoco, aunque cueste
aceptarlo, en un matrimonio que sin duda pretende vender lo
negro como blanco. Simplificar no coopera a madurar.
La
decisión es del pueblo, no del gobierno. El tema no es pues
la manipulación que puede devenir de una pelota rodando en un
estadio, sino la capacidad de asumirse ciudadano, y elevarse
por encima de los mártires y los infantes que alimentan la
faz más nefasta del Estado.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Perspectivas Políticas". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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08/06//2010
LOS
LIBROS NO MUERDEN
Cristina
Kirchner parece desconocer la diferencia entre “gobierno”,
“Estado”, “país” y “administradores”.
Por
Carlos Mira (*)
La
presidente Cristina Fernández volvió a demostrar no solo su
escaso conocimiento económico, sino también su casi nula
ilustración sobre la forma de gobierno de los Estados Unidos,
sus tradiciones y la manera en que funcionan sus
instituciones. También, indirectamente, reveló que ella cree
que en el mundo de la civilización jurídica las cosas se
manejan a rebenque, igual que en la Argentina, un país sin
Derecho.
La señora de Kirchner preguntó “¿Ustedes creen que el
presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos va a
hacer lo que él quiere en contra de los intereses del
gobierno?”. El mero planteo de la pregunta en esos términos
denota que la presidente desconoce la diferencia entre
“gobierno”, “Estado”, “país” y
“administradores”. También revela que no sabe quién es
el verdadero control del presidente de la Reserva y, de paso,
confirma que ella cree que el gobierno de un país está
compuesto por una estructura vertical, casi militar, en donde
las ordenes del mandamás deben ser obedecidas sin más,
porque son las órdenes de la Patria.
Todo ese conjunto de convicciones está mal. No hay aquí una
cuestión subjetiva de que “a mi me parece que es asi…”.
No, no, no… En este tema no hay opiniones, hay hechos.
En primer lugar, en un país organizado como Estado de
Derecho, entendido éste como una estructura jurídica
tendiente al mismo tiempo a limitar al gobierno, a ampliar el
radio de acción del individuo y a garantizar la supremacía
de los derechos individuales, la independencia de la autoridad
monetaria no es un capricho sino un elemento más del conjunto
de garantías que el Derecho ofrece para evitar que el poder
del Poder avasalle al individuo. Una autoridad monetaria
independiente al custodiar la capacidad de compra de la moneda
en que el individuo cobra sus ingresos le permite a éste
conservar mayores espacios de libertad que en un lugar en
donde su capacidad adquisitiva decrece porque los billetes se
envilecen y las personas quedan cada vez más atrapadas de la
dádiva estatal, en lugar de depender de su trabajo.
En segundo lugar, particularmente en EEUU, las fases
“gobierno”, “Estado”, “país” y
“administradores” está bien diferenciada. A nadie se le
ocurriría insinuar que los temporales ocupantes del poder
constituyen un sinónimo automático de la Patria. Nadie
confunde al país con el gobierno, ni al presidente con el
pueblo.
El presidente de la Reserva es confirmado por el Senado y es
éste su patrón. El Chairman de la Federal Reserve da cuentas
al Senado, no al presidente. La Reserva tiene una Junta de
Gobernadores que son los que monitorean los aspectos
monetarios y financieros del sistema económico y en base a
esas circunstancias toman decisiones que el Chairman ejecuta,
con independencia de los criterios del Poder Ejecutivo, lo
crea o no Cristina Fernández. El presidente de los Estados
Unidos no puede amagar siquiera tocar al Chairman cuyo periodo
de gobierno está “intercalado” con el de los presidentes
para que eventualmente un jefe del Ejecutivo se deba
“aguantar” a un Chairman puesto por otro presidente.
Resulta lógico que para alguien que tiene la concepción del
poder que tienen los Kirchner, en este caso, Cristina, todos
estos mecanismos de compensación y balance le resulten
esquizofrénicos, no los puedan entender y hasta los nieguen.
Pero de allí a pretender engañar a todo el mundo haciéndole
creer que en los demás países las cosas también se manejan
como aquí, a golpes de fusta, hay todo un trecho.
Si la Presidente está realmente interesada en saber cómo se
maneja el Derecho en el mundo, le vendrían bien algunas
lecturas básicas que la ayudarían a reducir su exposición
al ridículo. No son muchas y tampoco son escabrosas o
aburridas. Estoy seguro que descubriría todo un mundo nuevo:
funcionamientos que ni sospecha, mecanismos que ignora,
controles que detesta, razones que nunca imaginó necesarias.
Si esa profundización la hace con literatura que le explique
cómo funciona el gobierno de los Estados Unidos, de paso le
hará un enorme favor al país porque la Argentina se ha
mostrado como una profunda ignorante de toda esa especialidad
y ese hecho ha colaborado como nada para tener las lecturas
tan equivocadas que ha tenido de acontecimientos mundiales
cuya repercusión interpretó casi siempre al revés, con el
resultado conocido.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo de Carlos
Mira por gentileza de "Economía para Todos"
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07/06//2010
LAS
CAUSAS DE LA INJUSTICIA Por
Gabriela Pousa (*)
“Hoy
resulta que es lo mismo ser derecho que traidor,
ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador...”
Enrique Santos Discépolo
Parece
mentira, y lo más probable es que sea mentira. Lo cierto es
que toda la trama que envuelve a ciertas causas de la
“justicia” se asemejan increíblemente a aquellas viejas
telenovelas donde se atacaba a la chica buena, y la mala
disfrutaba su venganza. Claro que al final, la ecuación
variaba, y el triunfo lo obtenían los protagonistas, que se
amaban más allá de las condenas y obstáculos que se le
interponían a lo largo de un sinfín de capítulos que, en
rigor de verdad, hay que admitir, muchas veces cansaban.
En el contexto socio-político, el cansancio se está haciendo
perceptible no tanto por lo largo de los procesos, las
indefiniciones permanentes y la falta de originalidad para el
libreto, sino sobre todo por lo fantasioso que suena el
devenir de los acontecimientos, y ese acostumbramiento malsano
al atropello y al maltrato.
Ayer, sin ir más lejos, jugábamos con mi sobrino menor,
mientras de fondo, en la televisión, pasaban flashes de un
noticiero. Yo ni siquiera le había prestado atención cuando
mi sobrino, sin levantar la vista del juego, me comenta: “¿Viste
que nos escuchan todo lo que hablamos?”
Recien entonces caí en la cuenta de que el avance televisivo
había hecho mención a la causa de las escuchas en el marco
del Gobierno de la Ciudad. Lo triste es que, para un chico con
apenas 12 años recien cumplidos, la historia de los espías y
los teléfonos es percibida con una naturalidad que horroriza
o debiera horrorizarnos, si acaso los adultos mantenemos aún
algún atisbo de madurez cívica y de sano juicio.
Así las cosas, las generaciones que han de sucedernos están
creciendo en un ambiente viciado, creyendo que la conducta más
conveniente es resignarse a aceptarlo, pues eso es lo que ven
en quienes los rodeamos.
Ahora bien, comencemos por aceptar una premisa: no hay
casualidades cuando se trata de causas judiciales politizadas,
o mejor dicho de causas políticas “judicializadas”. Esa
similitud con las ficciones televisivas está sin sutilezas,
pergeñadas por mentes maniqueas. De ese modo, el sólo hecho
de hablar de Justicia es una irreverencia. Debería únicamente
hacerse alusión a parodias o tragicomedias donde intervienen
“magistrados” que han tirado por la borda no sólo cinco o
seis años de carrera sino el juramento final, aboliendo de
esa forma cualquier atisbo de ecuanimidad.
Los expedientes se transforman en libretos guionados donde
aquello que se dijo no coincide jamás con lo que se ha
actuado. El correveidile tiene más valor que la declaración
del demandante o la del demandado. Las indagatorias llegan
cuando la condena ya está puesta, y la presunción de
inocencia queda abolida como la esclavitud en Norteamérica. Y
con esto no estamos diciendo que no haya habido delito, sino
que la manipulación política es tanta que ni siquiera queda
claro si es justo o no que alguiensea juzgado.
Las pruebas terminan siendo obsoletas o a veces grotezcas.
Alcanza con la aparición de un “arrepentido” cualquiera,
o un simple extra que irrumpa en escena denunciando, para que
su recitado sea considerado válido e indiscutible para el
letrado.
Lo que sigue es harto conocido, lo vemos a diario: jueces
expuestos al show mediático como estrellas televisivas. Las
luces de neón, los flashes, los micrófonos, y toda la
parafernalia de la exposición pública le saca la mítica
venda a la estatua para ponérsela a quién firma la
sentencia.
El mayor error es creer que la única víctima es aquel que se
sienta en el banquillo de los acusados, cuando en rigor de
verdad, la sentencia cae como un tsunami sobre toda la
sociedad: se ha perdido la decencia y con ella, la libertad.
Posiblemente es un solo individuo el que termina encarcelado
pero las rejas se levantan, visibles o no, ante el grueso de
los ciudadanos que siguen en su rutina, sin advertir que quizás
hay una fecha en el calendario para erigirlos también a
ellos, protagonistas kafkianos de una “Justicia” que hace
mucho ya, se divorció de Ulpiano.
Jueces con más denuncias y sospechas que los procesados se
hallan al frente de esas causas armadas, actuando con una
impunidad que otorga cierta sensación de ser a perpetuidad.
Pero lo perpetuo no tiene cabida en lo terrenal, menos todavía
en la cíclica política argentina donde las lealtades son
utopías, y los hombres mercancía.
El acto procesal de la recusación –tenga argumentación
concreta o no -comienza a causar risa. La mancha a la honra no
desvela por cuánto la honradez en esta Argentina no es más
un valor con preeminencia, y el descrédito gratuito no recibe
ni una disculpa pública ni un desagravio que soliviante
siquiera la amargura de sentirse sospechado cuando se ha sido
inocente desde el vamos.
Que en estos días, desde miembros de la Corte Suprema de
Justicia hasta dirigentes de los más diversos frentes tengan
que salir a definir cuál es el rol del Poder Judicial de la
Nación habla a las claras de las desviaciones del sistema. La
dependencia que genera un Ejecutivo con ambición hegemónica
de poder, frente a una oposición sumida en problemáticas
internas e individualismos mezquinos, no permite que aflore un
contralor que asegure el cumplimiento de las reglas de juego
republicanas más básicas.
Por todo lo dicho, en muchos casos, la bajada del emblemático
martillo hoy no significa nada. Y la gravedad que eso entraña
aún no es percibida, con conciencia plena, por el grueso de
la ciudadanía.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade), es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de
su autora y de
"Economía para Todos". Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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07/06//2010
UN
SISTEMA MONETARIO NO SE ELIGE COMO UNA CARTERA LOUIS VUITTON Por
Roberto Cachanosky (*)
En
el discurso que dio Cristina Fernández de Kirchner para
conmemorar los 75 años de la creación del Banco Central de la
República Argentina (BCRA) hubo, a mi entender, una ensalada de
conceptos que confirma la audacia de la presidenta para hablar de
temas tan complejos como el sistema monetario y financiero. Su
ejemplo de los once cachorritos que había tenido su perrita bóxer
y la lucha por comer de los cachorritos, donde los más fuertes
sacaban “a los codazos” (sic) a los más débiles, derivó en
la teoría darwiniana para, posteriormente, terminar justificando
la intervención del Estado en la economía, los problemas de la
Unión Europea con sus economías, el libre comercio y,
finalmente, la conclusión de que el BCRA no puede ser
independiente del poder político y que su única misión no puede
ser la de preservar el valor de la moneda. Digamos que con su
particular estilo de hablar, terminó enlazando los “codazos”
de los perritos por comer con su teoría monetaria.
Llama la atención que siendo una mujer que improvisa sus
discursos sobre cualquier tema, no haya apelado a su memoria. Digo
esto porque Cristina Fernández es una mujer de algo más de 50 años
y vivió la época del Banco Central subordinado al poder político
con la consecuente destrucción de 4 signos monetarios, inflación
alta, megainflación e hiperinflación. Puesto en otras palabras,
no puede ignorar que el modelo de BCRA al cual ella pretende
volver destruyó la moneda en la Argentina. Si estuvo en el BCRA
para dar su discurso, bastaba con que previamente recorriera el
salón en el cual están todos los signos monetarios que tuvo el
país, y se hubiese encontrado con billetes de 1.000.000 de pesos
argentinos o de 500.000 australes. Este solo dato le hubiera
permitido advertir la capacidad de destrucción monetaria que tuvo
el modelo de BCRA que ella propone. Es más, con los actuales
pesos ya vamos por la serie K (lo de la serie K no es una ironía)
de los billetes de 100 pesos. ¿Por qué tantas series para los
billetes de 100 pesos? Porque siguen emitiendo billetes de 100 que
no alcanzan para nada y no se animan a emitir billetes de mayor
denominación para no dejar en evidencia la destrucción monetaria
que estamos teniendo y la elevada tasa de inflación que tenemos.
¿Qué impacto político tendría en la población si emitieran
billetes de 200 o 500 pesos? Esta es la pregunta que debería
haber formulado Cristina Fernández en vez preguntarle a un
auditorio complaciente si en serio creían que el presidente de la
Reserva Federal dependía del poder político.
Cristina Fernández dice que el BCRA no tiene que tener como única
función defender el valor de la moneda, sino también contribuir
al crecimiento económico. Como si la sola impresión de billetes
permitiera crear de la nada ahorro que se traduzca en crédito. El
ahorro no se inventa ni se imprime, se genera consumiendo una
parte menor al ingreso percibido. Y ese ahorro se transforma en crédito
cuando es volcado por la gente al mercado de capitales. El ingreso
que tuve y no consumí se lo presto a otro bajo la forma de crédito
para que ese otro pueda consumir o invertir. Y solo fugo mis
ahorros cuando no tengo confianza en la seguridad jurídica de la
Argentina. Cuando creo que el Estado va a confiscar mis ahorros
para financiar sus gastos, como ocurrió con los ahorros de la
gente en las AFJP, o para generar fenomenales transferencias
patrimoniales. Estos son los dos puntos que Cristina Fernández
evidentemente no entiende. No puede haber crédito sin ahorro y no
puede haber crédito sin moneda.
No puede haber crédito sin ahorro previo por lo expuesto más
arriba. El crédito surge del ingreso no consumido. Y, a su vez,
para poder otorgar crédito debe haber cierto grado de estabilidad
monetaria o, si se prefiere, no tiene que haber inflación en los
niveles que tenemos actualmente, porque con inflación, el que
presta sus ahorros corre el riesgo de que sean licuados por la
inflación. ¿Dónde vivía Cristina Fernández en 1975 cuando se
produjo el rodrigazo? ¿En qué país estaba cuando la inflación
llegaba a los 3 dígitos anuales o en 1989 cuando estalló la
hiperinflación? Esos desastres monetarios se produjeron gracias
al modelo de Banco Central que viene a proponer bajo la teoría
darwiniana de sus cachorritos a los “codazos” para comer.
Ningún banco central en el mundo puede crear crédito de la nada.
Ni la Reserva Federal, ni el Banco Central Europeo ni el Banco
Central de la Argentina. Lo máximo que puede conseguir los banco
centrales es, justamente, lo que Cristina Fernández no quiere:
limitarse a preservar el valor de la moneda, que dicho sea de paso
no es un invento de los gobiernos sino que la moneda es
descubrimiento del mercado. Fue la gente la que descubrió que
ciertas mercaderías servían como medio de intercambio y reserva
de valor. Y fueron los gobiernos los que, al monopolizar la emisión
de moneda, crearon la inflación, inventaron crédito artificial y
generaron grandes fluctuaciones económicas y crisis como las de
1929 o la actual. Basta con ver la evolución de la tasa de
Reserva Federal para advertir el auge artificial que impulsó
dicha institución, la aparición del los créditos hipotecarios a
quienes no podían pagarlos y el posterior colapso.
Es más, en su precaria teoría keynesiana, el matrimonio sigue
creyendo que impulsando el aumento del gasto público van a
generar crecimiento, mientras señalan con el dedo acusador a la
UE. Si Grecia, España, Hungría y otros países están en serios
problemas de endeudamiento fue, precisamente, porque se fueron de
pista con el aumento del gasto y lo financiaron con crédito público
basado en ahorro que no existía, sino en tasas de interés
artificialmente bajas.
Pero tal vez esto sea demasiado complicado para que sea entendido
por gente que sigue creyendo que imprimir billetes en cantidades
industriales es sinónimo de ahorro. No hay atajos para el
crecimiento que eviten la producción, la generación de ingreso
en base a la producción, el ahorrar parte de esos ingresos y la
disposición de la gente a prestar parte del fruto de su trabajo.
El crédito nunca va a aparecer en Argentina mientras no exista
una moneda que tenga la función de reserva del valor y mucho
menos vamos a tener crédito mientras le pasen por arriba a la
propiedad privada y las reglas de juego sean cambiadas de acuerdo
al humor o las necesidades políticas con que el matrimonio se
levanta cada día.
Hacer en un discurso sobre teoría monetaria es mucho más
complicado que ser conocedor de los diferentes modelos de las
carteras Louis Vuitton. No cualquiera está capacitado para
conocer sobre semejantes lujos, así como no cualquiera puede
hablar de teoría monetaria con cierto grado de coherencia. En
definitiva, no es lo mismo elegir un modelo de cartera Louis
Vuitton, que elegir un modelo de sistema monetario. Son dos temas
muy diferentes y con complejidades también diferentes. Las
carteras se las eligen porque gustan. El diseño de un sistema
monetario requiere algo más de elaboración intelectual y
profundos conocimientos que no se necesitan para optar por una
cartera u otra de la afamada marca.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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07/06//2010
EL
MUNDIAL DE FÚTBOL Y LA PANDEMIA NACIONALISTA
Por
Gabriel Gasave (*)
Está
por comenzar una nueva edición de la Copa del Mundo de fútbol, la número
19, acontecimiento que cada cuatro años inexorablemente atrapa la
atención de cientos de millones de almas alrededor del planeta y
mueve miles de millones de dólares. Una vez más, cuan modernos
flautistas de Hamelin, las banderas y los himnos nacionales-inventos
gubernamentales que junto a muchas causas políticas y religiosas han
provocado más muertes que todas las catástrofes naturales
juntas-aglutinarán detrás suyo a enfervorizados simpatizantes.
Nuevamente,
como acontece también durante los juegos olímpicos y otros certámenes,
los nombres propios cederán en relevancia ante la nacionalidad. Ya no
es fulano o mengano quien obtuvo tal medalla o realizó tal magnifica
gambeta, sino el país "A" quien supera en el medallero a
"B" o el país "J" quien encabeza el Grupo
"X".
Al
igual que en los sistemas colectivistas que cuando ponen en acción su
ingeniería social indefectiblemente el "nosotros" viene a
sustituir al vilipendiado "yo" ante cada proyecto público
que se pretende implementar, durante estas gestas deportivas vemos
también como la primera persona del plural lo avasalla todo.
"Ganamos", "perdimos", "vamos bien",
"goleamos", etc. son algunas expresiones mediante las cuales
muchos individuos suelen actuar sin moverse de la sala de estar de sus
casas.
No
es la intención criticar aquí a la saludable y recomendable práctica
de un deporte como el fútbol, sino a lo peor de ese primitivo
sentimiento nacionalista y tribal que, siempre latente, suele aflorar
ante conflictos bélicos o eventos como el que se avecina. Parecería
que estamos ante una guerra a ser librada por 32 naciones, de las
cuales solamente una de ellas saldrá airosa. Los disparos de mortero
o los misiles son reemplazados por tiros de emboquillada, penales y
goles "olímpicos" y las trincheras por barreras humanas,
pero la noción subyacente es siempre la misma: Se trata de otro país,
de gente distinta, con otro aspecto, idioma y costumbres, en
definitiva de un enemigo. Es exactamente el mismo principio por el
cual, en otros planos, se alzan muros fronterizos y se exigen
pasaportes, se establecen barreras comerciales y aranceles, y por el
cual se habla de balanza comercial solamente cuando los bienes pasan a
través de una aduana y no cuando cruzan de vereda en un mismo barrio.
Ni
siquiera resulta válido el argumento de que al tener cada región sus
estilos y características propias de juego, cabe entonces emplear la
metáfora del país como jugador. ¿A qué estilo nacional se
refieren? De los 32 países que participarán en el Mundial de Sudáfrica,
12 equipos (el 37,3%) están dirigidos por entrenadores de otro
origen. Este número es superado solamente por las 14 selecciones que
fueron entrenadas por técnicos que no habían nacido en el país
durante la Copa de Alemania 2006.
Paraguay
y Chile cuentan con técnicos argentinos (el "Tata" Martino
y el "Loco" Bielsa respectivamente; son alemanes quienes
dirigen a los equipos de Suiza (Ottmar Hitzfeld) y Grecia (Otto
Rehhagel); dos suecos son los DT de Nigeria (Lars Lagerback) y Costa
de Marfil (Sven-Goran Eriksson, que sustituyó en enero al bosnio
Vahid Halilhodzic); Inglaterra-la cuna de ese deporte-está a cargo de
un italiano, Fabio Capello (en el pasado mundial el puesto fue ocupado
por un sueco); Australia de un holandés (Pim Verbeek); Honduras de de
un colombiano (Reinaldo Rueda); Camerún de un francés (Paul Le
Guen); Ghana de un serbio (Milovan Rajevac) y el conjunto local de Sudáfrica
es dirigido por un brasileño (Carlos Parreira).
¿Qué
será más relevante al momento en que cada uno de ellos imparta sus
directivas, el lugar de residencia actual o el que consta en su
certificado de nacimiento? Ello para no mencionar la circunstancia de
que el grueso de los jugadores oriundos de las regiones en desarrollo
está dispersos en su gran mayoría por equipos europeo.
Tampoco
la intersección de específicos paralelos y meridianos en el lugar de
nacimiento de los propios jugadores implica una estrecha relación con
el terruño al que representan. Apellidos como Guzan, Bocanegra,
Onyyewu, Cherundolo, Torres, Edu, Altidore y Gomez no parecerían
haber sido compartidos por alguien en la lista de los pasajeros que
arribaron al Cabo Cod en Massachusetts abordo del Mayflower en 1620, y
no obstante los mismos corresponden a integrantes del plantel
estadounidense.
Sabemos
también que son frecuentes las nacionalizaciones apresuradas antes de
algún torneo de esta envergadura para lograr así que determinado
jugador represente a un país en particular. Por lo tanto son
numerosos los futbolistas naturalizados que jugarán para selecciones
ajenas a su país de nacimiento. Así es que en Sudáfrica 2010, en el
equipo de Alemania habrá un polaco (Lukas Podolski), un bosnio (Marko
Marin) y un brasilero (Cacau). Australia tendrá a Darío Vidosic
nacido en Croacia y a Nikita Rukavytsya en Ucrania. Pateando para los
EE.UU. podrá verse a Benny Feilhaber, hijo de padre australiano y
madre brasilera, nacido en Río de Janeiro y para Francia jugará
Steve Mandanda, nativo de Kinshasa, Congo.
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