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OPINIÓN


04/08/2008 

DEMASIADAS ARGENTINAS EN UNA MISMA GEOGRAFÍA

Por Gabriela Pousa (*)

El país, completamente fragmentado y dividido, se debate entre diferentes realidades, necesidades, prioridades y destinos.

Parece mentira cómo se va transformando la Argentina. Poco queda de aquel país que conocí a través del diálogo con mi abuelo, argentino por opción. No reconozco ni el paisaje urbano ni siquiera al porteño o al provinciano tal como él los describía. Pareciera que los códigos y valores que acunaron a tantas generaciones se fueron desdibujando. Quizás eso puede que sea un mal universal. No somos, los argentinos, como a veces se cree, ni los mejores ni tampoco los peores. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la división de la sociedad forjó o puso en evidencia un sinfín de diferencias que hacen visible la partición misma de la nación.

Hay un país lidiando por sobrevivir, afrontando luchas que jamás hubiese creído tener que encarar porque no fue formado para la batalla, sino para la civilidad.

Hay otra Argentina que simplemente espera, con mayor o menor ansiedad, el regreso a la cordura. Resulta extraño decirlo, pero aquello que se aguarda es: “normalidad”.

También está la República soñando con volver a ser, con recomponer la institucionalidad que lejos está de reducirse a una rueda de prensa donde se responde a los interrogantes con oratoria adornada, eufemismos, burlas y palabras vacías, sin contenido.

Y está esa otra nación que excede todo esto, que vive en una realidad propia, limitada a los metros cuadrados donde ha quedado confinada. Una Argentina transformada en herramienta clientelista para los objetivos de la dirigencia, sin ideal.

Ese país, que es un medio y no un fin en sí mismo, no estaba el sábado en La Rural ni en Olivos. Mientras Cristina Fernández de Kirchner sonreía tensa a las cámaras, tal vez más preocupada porque no se le corriera el rímel ni se advirtieran las cirugías, esa fracción de la Argentina sepultaba dos criaturas. Dos víctimas de la desidia, de quienes están más atareados en demostrar quién manda que en el mismísimo ejercicio de mando.

Para el Ejecutivo, el hallazgo macabro de restos humanos no vale nada, a no ser que pueda utilizarse como epopeya de una política de “derechos humanos”, en exceso desvirtuados. Política de anticuario: los huesos de desaparecidos en los años setenta cotizan más que aquellos hallados en estos días. Los dos chiquitos masacrados y sus padres enterrados horas antes pertenecen a la Argentina anémica, al país de la acefalía. Un área donde la marginalidad es soberana y la sangre corre con la impunidad que da el saber que, a las demás Argentinas, esto no les importa nada.

Claro, si se tuviera que hacer un minuto de silencio cada vez que se halla un cuerpo víctima de la inseguridad –o, para dejar de lado los eufemismos, víctima del desgobierno y de una justicia incomprensible e irracional–, sería este un escenario sumido en un mutismo total. En menos de 48 ó 72 horas, la familia asesinada por un criminal condenado a cadena perpetua que vivía en su casa, con una “pulsera” que podía quitarse sin demasiada dificultad, pasará al olvido. No habrá siquiera crónica periodística que conmemore la atrocidad hasta que no suceda un caso similar y, entonces, se realicen las cronologías de antecedentes en la materia. Cuando eso pase, las Argentinas paralelas volverán a horrorizarse y comentar en sobremesas una vez más. En ciertas latitudes, puede que sea una luz de alerta: si el tema no desaparece de las portadas con urgencia, corre peligro el despacho y la chapa de ministro o funcionario a cargo. ¿A cargo…?

Entretanto, hay Argentinas sectoriales que bregan, con lícito derecho, por sus intereses pues han puesto en ello esfuerzo y tiempo: el único recurso no renovable. Como es apreciable, no sólo difiere esta Argentina siamesa en el paisaje, sino también en sus posibilidades. Lejos de la distribución del ingreso, que apenas es un eslogan para recuperar la dilapidada caja oficial, el país se va deshaciendo. Divididos de este modo, es complejo aventurar un escenario donde, por ejemplo, un voto a conciencia en el Parlamento no sea una gesta magna, sino una conducta habitual; donde una conferencia de prensa sea parte de la rutina de quienes deben dar cuenta a la ciudadanía de su hacer y también de la metodología, no porque se busque desestabilizar, sino porque se los ha elegido, precisamente, para ejecutar políticas y no para encapricharse y crear antinomias y hostilidad.

La Argentina de Cristina, que es Kirchner

En este contexto, donde se ratifica, día tras día, que se hará lo opuesto a lo que demanda, en general, la sociedad, no es factible prever un escenario de verdadero diálogo. Seguirán los monólogos y las órdenes se ejecutarán hasta que el hartazgo y las demás Argentinas comiencen a mostrar que aún hay espacio para quienes quieren desertar. En definitiva, mientras la guerra inútil y absurda siga siendo el eje central, el campo de batalla en que se ha transformado la Argentina oficial irá perdiendo hombres, recursos y medios para sustentar el poder debilitado ya por la pérdida de energías que implica vivir en la confrontación y en la orgánica mentira. Sin adversario que acepte el rol de enemigo situándose en otro bando, no habrá manera de continuar. “Dos no pelean cuando uno no quiere”, reza el refrán.

Lo que sigue también es obviedad: el repliegue, la retirada, una suerte de final. Antes o después, cuando se tenga en claro de qué manera hacerlo para no mostrarse vencidos o para posicionarse como víctimas de algún invento conspirativo aunque no queden villanos o agoreros del mal que permitan ser utilizados como tal, se pulverizará ese epicentro que, en poco más de un lustro, logró diezmar la Argentina hasta convertirla en archipiélagos, en islas…

Mientras un discurso para inaugurar una muestra del sector agropecuario no pueda ser una alocución que ponga de manifiesto resultados y proyectos y deje asomar la dignidad de hacer Patria a través del trabajo rural, en vez de ser una coraza o un pedido para poder crecer y progresar; mientras las ideas y convicciones no se organicen y aúnen por sus semejanzas y objetivos, sino que se disipen y vendan según la conveniencia y oportunidad espacio-temporal, es muy difícil aventurar cambios de envergadura en estas latitudes.

Podrá convocarse a los medios, cambiarse un funcionario y hasta definirse teóricamente si quedarse con el Partido Justicialista o concertar que todo va a seguir medianamente igual. Ante este panorama, cualquier análisis político puede simplificarse haciendo un “ta-te-ti” de nombres que desertarán, infiriendo que el campo ganó con su muestra frente a la manipulada conferencia de prensa con reglamento y manual, suponiendo que el leitmotiv de la revuelta social cordobesa es fruto de un régimen obsoleto de coparticipación federal o probando que la previa se gestó en Balcarce 50.

En rigor, pueden analizarse puntos y comas de cada oratoria escuchada este fin de semana y concluir quién mintió y quién dijo la verdad, o a quién se aplaudió más. Pero nada de eso aporta a este rompecabezas deshecho en que se convirtió la Argentina. Hay que lograr que las fichas vuelvan a encastrarse de manera tal que quede armónico el paisaje. Y “podemos hacerlo ahora o esperar al 2011”. La paradoja es que la elección no es de nosotros ni de los demás. La decisión está del lado de la Argentina de Cristina que es Kirchner, o de Kirchner que es Cristina.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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04/08/2008

PENSANDO EL POST KIRCHNERISMO

Por Roberto Cachanosky (*)

El fracaso del modelo económico y de un estilo de hacer política abre la posibilidad del advenimiento de una verdadera democracia republicana y un gobierno limitado.

Tanto el ex ministro de Economía Roberto Lavagna como algunos sectores de la izquierda están preocupados porque consideran que el estrepitoso fracaso al que nos está conduciendo el modelo kirchnerista provocaría un retorno de la derecha al gobierno y a la política económica.

Vaya uno a saber qué entienden por derecha, pero es fácil advertir que –en esa mezcla de conceptos en que suelen incurrir– identifican a la derecha con la palabra neoliberalismo, invento reciente para no decir directamente liberalismo.

Quienes así piensan consideran que la crisis del kirchnerismo es consecuencia, únicamente, del comportamiento agresivo y de la permanente confrontación del matrimonio. Olvidan o desconocen que, en realidad, el modelo económico propuesto por los Kirchner estaba inexorablemente condenado al fracaso, más tarde o más temprano. Lo que sí puede decirse es que, si bien el modelo era inconsistente en sí mismo, tanto el matrimonio como su disciplinado soldado Guillermo Moreno han conseguido acelerar y profundizar una crisis que era inevitable al agregarle a la inconsistencia del modelo ingredientes propios de la Inquisición.

¿Qué temen Lavagna y la izquierda que pueda venir luego de la caída del modelo? ¿El respeto por las instituciones republicanas y al derecho de propiedad que atraen inversiones y generan crecimiento? Porque no debe olvidarse que la gran conquista de Occidente fue el movimiento liberal que logró limitar el poder de los monarcas para que estos dejaran de abusarse de su posición para esquilmar a los contribuyentes, sometiéndolos a sus caprichos.

El movimiento liberal no sólo consiguió eliminar las arbitrariedades de los gobiernos autocráticos sino que, además, fue el principal abanderado de los derechos humanos al limitar el uso de la fuerza de los monarcas contra sus súbditos, al tiempo que fue el gran defensor de la libertad de expresión y otras libertades civiles y políticas.

De manera que si hoy se teme al liberalismo, en verdad a lo que se le tiene miedo es a que la Argentina consiga establecer una democracia republicana que, al limitar el poder del Estado, termine con las arbitrariedades y elimine la corrupción, o al menos impida que ésta no sea cobijada por la impunidad.

Viendo la velocidad de crucero a la que marcha el gobierno de los Kirchner rumbo al iceberg, el principal temor que aparece en varios sectores de la dirigencia política es el de perder los privilegios y el modelo de negocio basado en subsidios, protecciones y demás tipo de medidas intervencionistas que generan rentas extraordinarias en determinados sectores productivos a costa de los ingresos de los ciudadanos. En otros términos, el miedo al liberalismo es el miedo a la competencia, a la inversión, a la capacidad de innovación y a la ausencia de mercados cautivos. El miedo a que el Ejecutivo sea controlado por el Legislativo y la Justicia actúe en forma independiente.

Dos modelos claramente contrapuestos se presentan para el post kirchnerismo. Uno es el de la libertad, la mejora de los ingresos en base a las inversiones, la limitación del poder y el respeto a la propiedad. El otro es el de continuar con este sistema decadente que es funcional a las ambiciones de poder de amplios sectores políticos, empresariales y sindicales. Esa ambición de poder se sustenta en mercados cerrados a la competencia para tener subordinados a los empresarios. Les dan el mercado cerrado para que ellos obtengan, con bajas inversiones y escasa competitividad, altas tasas de rentabilidad. A cambio de este beneficio, están dispuestos a sacrificar parte de su rentabilidad para calmar a la población con simples limosnas.

A su vez, el poder ilimitado de los gobernantes les permite no sólo controlar a sectores empresariales, sino que, además, el mantenimiento de la pobreza es funcional a sus objetivos de poder. Cuánta mayor pobreza, mayor es la dependencia de la población para subsistir gracias a las dádivas del gobernante de turno y más votos cautivos se consiguen.

¿Qué pestes tan terribles traería el liberalismo ante el fracaso kirchnerista? Las tan terribles pestes serían que se acabarían los peajes que cobran los burócratas para aprobar un formulario para que la gente pueda trabajar, dado que se eliminarían las arbitrarias regulaciones, fuente inagotable de corrupción. Otra peste que sobrevendría con el liberalismo sería la creación de condiciones institucionales para que llegaran inversiones y se crearan más puestos de trabajo, mejor remunerados y con mejores condiciones laborales. La tercera peste que sobrevendría sería la eliminación del regresivo impuesto inflacionario. La cuarta consistiría en que los argentinos, ante la seguridad jurídica, dejarían de fugar sus capitales hacia los países desarrollados y los repatriarían para financiar nuestro propio crecimiento en vez del de EE.UU. como lo hizo Néstor cuando giró los fondos de Santa Cruz al exterior. La quinta peste sería terminar con la expoliación impositiva de los ciudadanos para mantener a una legión de ñoquis e incapaces que viven a costa de los que trabajan honestamente. La sexta consistiría en que todos los gastos del Estado serían debatidos y controlados por el Congreso de la Nación. La séptima implicaría establecer un verdadero sistema federal impositivo para que las provincias y los municipios no tengan que mendigar en Buenos Aires fondos que les pertenecen. La octava peste pasaría por integrarse al mundo para vender los productos que se producen en la Argentina, incrementando el comercio exterior para aprovechar un mercado de 6.000 millones de consumidores potenciales.

Podría seguir enumerando pestes que vendrían con la llegada del liberalismo. Sin embargo, no vale la pena, porque esas pestes no serían para los argentinos sino para los inescrupulosos políticos que se han aprovechado del poder para esquilmar a la población aumentando sus cuentas bancarias.

A raíz de la crisis del campo, mucho se ha hablado de una lucha por la dignidad y también se ha intentando poner de rodillas a todo aquel que se opusiera a ser denigrado.

El post kirchnerismo le dará a la Argentina una nueva oportunidad para salir de esta larga decadencia en la cual se denigra a los habitantes. Tendremos la oportunidad de establecer una democracia republicana, con gobierno limitado y libertad económica que no sólo terminará con la decadencia, sino que –lo que es más importante– nadie tendrá que ponerse de rodillas frente al mandamás de turno para poder trabajar en paz, por pensar diferente o para recibir alguna limosna. En síntesis, el debate será entre estar todos de pie, con dignidad y libertad, o seguir sometiéndonos a las denigrantes arbitrariedades de funcionarios inescrupulosos.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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28/07/2008

TODO PASA Y TODO QUEDA

Por Gabriela Pousa (*)

“Pero no era la felicidad, era tan sólo una tregua.”
Mario Benedetti

Ante todo, debería aclarar que estas líneas no pueden considerarse sino como un aporte al gobierno nacional. De no ser interpretadas de ese modo, entonces, basta decir que son apenas “conjeturas” que no intimidan y mucho menos desestabilizan (ver, al respecto, reciente jurisprudencia).

¿Por qué esta aclaración? Pues porque cualquier opinión manifiesta que no concuerde con el deseo del matrimonio que ocupa la presidencia, parece tener acceso directo a alguna lista donde el oficialismo aglutina conspiradores, desestabilizadores, etc. Lista que por cierto, es cada vez más extensa. En breve, poca será la diferencia entre esta y la guía, sumando claro está, las páginas blancas, las doradas y las páginas amarillas…

Entre tanto, “todo pasa y todo queda”, como dice el poeta. La mejor exégesis del llamado “nuevo” escenario político nacional, la da una sola imagen ratificando aquello que suele decirse cuando se le adjudica mayor definición que mil palabras: a escasos minutos de la asunción, el flamante Jefe de Gabinete, se sentó entre medio de Julio De Vido y Ricardo Jaime. Una perfecta fotografía de la realidad. Más allá de sus manifiestas buenas voluntades, que en política lamentablemente no gravitan, Sergio Massa inauguró su asenso con una suerte de cátedra sobre los beneficios de la nacionalización de Aerolíneas Argentinas. Como si el cargo no lo hubiera sorprendido, como si hubiese estado estudiando el libreto a recitar con antelación a aquello que se presentó a la ciudadanía como medida sorpresiva ante un “portazo” inesperado para quienes habitan la residencia de Olivos. En algún momento habrá que detenerse a analizar por qué todo cuanto sucede tiene un tufillo diferente a cómo se lo vende…

La llamada “oxigenación” pedida por diferentes sectores de la sociedad tras la, ahora asumida, derrota del kirchnerismo en el Senado derivó en la salida del inefable Alberto Fernández capaz de conmover peligrosamente, aunque sea por un instante, con su crítica sagaz a ciertos des-manejos de los últimos conflictos en el seno del poder, dilatados pero no resueltos, es decir, tratados al mejor “estilo K”. Estilo que sigue en su apogeo sin que se lo haya abandonado jamás.

Ahora bien, el primer síntoma a tener en cuenta es la desmedida algarabía por una partida, (posiblemente maquillada o furtiva), y el arribo de Sergio Massa como si este llegara con una varita mágica a renovar en forma inmediata la función pública. Es obvio que los argentinos necesitan aferrarse a una esperanza con desesperación casi malsana. Basta observar cómo el vicepresidente, Julio Cobos, se transformó en héroe de la noche a la mañana, para entender la conducta social característica de un pueblo sumido en la carencia, y anoticiado tardíamente del fraude que representó votar a Cristina Fernández si daba lo mismo no votar, y que Néstor Kirchner siguiera, como sigue, en su lugar.

Los signos de madurez que, de tanto en tanto, algunas manifestaciones populares dejan aflorar, no terminan de afianzarse, y se pasa raudamente de la crisis a la naturalidad. Es cierto que los procesos de transformación social siempre fueron largos, con un sinfín de vaivenes en el medio de la trama donde se suelen gestar. En ese sentido es injusto juzgar cuando los cambios aún no se han producido y hay asignaturas pendientes que saldar.

Este reemplazo de un funcionario o dos, con amenazas de algunos más que se supone, antes o después, también se irán es superficial frente al reclamo de “oxigenación”. Y es que el problema central no son los nombres sino la permanencia de un modelo de hacer política, basado en la confrontación, el apriete y la división social, que se perpetúa sin que nada lo haya alterado y sin que la experiencia enseñe o el fracaso convoque a la reflexión en vez de asentar la porfía del error. No es Guillermo Moreno ni siquiera Luis D’Elía el problema. El problema es la metodología kirchnerista cualquiera sea quien la ejecute más abajo o más arriba. Ni el INDEC, ni las retenciones, ni las tarifas o la nacionalización de Aerolíneas son conflictivos por sí mismos.

Las demandas perentorias de la gente desoídas, los inocultables traspiés, el visible rumbo cuesta abajo en el que vamos no han generado reacciones consecuentes con un cambio. Posiblemente, pretender que la sociedad política y conyugal que dirige a la Argentina, reaccione frente a lo evidente es pedir una transformación estructural, para la cual han demostrado, innumerablemente, absoluta incapacidad y desgano soberano.

Ante el estallido del conflicto, apenas si responden con un retiro “espiritual” en El Calafate, un silencio que dura entre 48 y 72 horas no más, y la ratificación del “estilo K” con redoblada apuesta a un modo de gobernar y de vivir, el cual si se quiere es aún más complicado y difícil de alterar. La crispación, la altanería y la estrategia del as en la manga mantienen a la ciudadanía en un estado de incertidumbre que no le permite definir si creer y apostar, regresar al hastío o mantenerse alerta porque puede llegar, en el momento menos pensado, la estocada final.

Lo cierto es que, en el mientras tanto, “todo pasa y todo queda”. Pasó la glorificación de Alfredo De Angeli cuyo paradero ni siquiera se sabe ya, pasó la ausencia en el escenario de Néstor Kirchner generando una inexplicable sensación de regreso al llano, situación impensable tratándose, nada más ni nada menos, que del artífice del “estilo K”, pasó el festejo del campo al tamizar que, sin política agropecuaria con reglas de juego definidas y respetadas, no hay forma de progresar, pasó el vendaval de oxígeno y excitación que provocó en el Senado una oratoria sin gritos ni agravios desempatando a favor del reclamo social…

Pasó tanto en realidad que los almanaques parece que hubiesen dejado caer hojas en cantidad, y sin embargo, fueron pocos días, un par de semanas, nada más. Y todo está maquillado pero esencialmente igual. No se trata de pesimismo ni de profecía porque definir lo que vendrá es casi un enigma, un rompecabezas con fichas que no encastran para avizorar un escenario de progreso y paz u otro de conflictividad que derive en una nueva batalla campal.

Lo cierto es que, el sector agropecuario, aportó mucho más que un reclamo sectorial. Legó una radiografía sin distorsión de la metodología kirchnerista incapaz de variar por su naturaleza intrínseca. Si las voces que se sumaron al grito rural acallan creyendo que, alterando nombres en un gabinete que no gestionó jamás, las soluciones ya están; antes de lo pensado volveremos a encontrarnos señalados, etiquetados y vueltos a convertir en enemigos desprevenidos en medio de una guerra que sólo en apariencia había cesado. Sino, ¿por qué, en Balcarce 50, sigue acumulándose arsenal? Se disparan entre ellos con agravios, y afanosamente se busca la figura capaz de devolver alguna suerte de unidad que sólo la mentada “caja” oficial, cuando estuvo abultada, pudo conquistar.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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28/07/2008

SE CONFIRMA EL RUMBO DE COLISIÓN

Por Roberto Cachanosky (*)

En mi nota de la semana pasada, me mostraba escéptico sobre un posible cambio en las formas y el fondo de la política de Cristina Fernández de Kirchner a partir de la derrota que sufrieron en el Senado, no solo a manos de Cobos, sino de una importante cantidad de senadores peronistas y radicales k que no acompañaron el proyecto oficialista.

¿Por qué pensar que los Kirchner iban a aprovechar las nuevas circunstancias para cambiar, si durante 5 años vinieron desaprovechando las fabulosas oportunidades que nos dieron los mercados internacionales para lanzar una etapa de crecimientos sostenido?

La sola lectura de los fundamentos del decreto que debería haber derogado la resolución 125 reflejan ese espíritu de confrontación permanente que ya no puede explicarse como una táctica política sino que, desde mi punto de vista, ha pasado a ser tema de otras disciplinas como la psiquiatría. Y no es una ironía el hacer referencia a las ciencias médicas dado que no es fácil explicar porqué causa el matrimonio presidencial parece gozar tanto con la agresión verbal, la división de la sociedad y las descalificaciones. Los dichos de Cristina Fernández de Kirchner sosteniendo que la clase media se equivoca si cree que su progreso se debe a su esfuerzo personal, sino que se debe a las políticas por ella aplicadas, son una clara muestra de ese comportamiento de agredir a los sectores que, ya en el 2007, no la acompañaron con su voto. Así que los Kirchner parecieran tener una incontenible vocación por ganarse enemigos. Si en el 2007 la clase media urbana le votó en contra y en el 2008 el matrimonio no tuvo mejor idea que pelearse con los sectores rurales que la apoyaron con su voto, lejos estamos de poder apelar al análisis político para explicar semejante comportamiento. Claramente el matrimonio está decidido a chocar el barco contra el iceberg y hasta pareciera estar disfrutando con los destrozos que van a causar.

No debe extrañar, entonces, que el leal ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, haya optado por saltar del barco, haciéndome recordar el salto que, oportunamente, también dio Roberto Lavagna allá por fines del 2005 cuando la inflación empezaba a convertirse en un dolor de cabeza.

Nuevamente, con la renuncia de Fernández, comenzaron los comentarios sobre la oportunidad que tenía la presidente de oxigenar su gobierno, de cambiar el gabinete y de alejar a su marido de la gestión presidencial.

Bastó que, otra vez, los analistas formularan esta última sugerencia para que, nuevamente, Cristina decidiera, en un mismo día, acudir a dos actos públicos junto con su marido. ¿Cuál es el mensaje que uno recibe frente a semejante comportamiento? Ni se les ocurra que voy a cambiar.

Otro dato a tener en cuenta. Quienes apostaron a que luego del cachetazo en el Senado y la renuncia de Fernández venía el dialogo, el nuevo secretario de Agricultura dijo que no iba a recibir a la Comisión de Enlace del campo sino que iba a recibir a las entidades por separado. En otras palabras, de entrada plantea un conflicto innecesario, forzando una nueva situación de conflicto, de la cual parece gozar el elenco gubernamental.

Hagamos un pequeño resumen de la situación del matrimonio presidencial. Electoralmente tiene en contra a los grandes centros urbanos y a las zonas rurales. Solo les queda (¿?) el conurbano bonaerense siempre y cuando la inflación no termine de alejarlos del oficialismo.

La caja que los ayudaba a disciplinar a gobernadores e intendentes ya no es tan abundante (¿lo habrá percibido Alberto y por eso renunció?). Basta con ver las transferencias de recursos no coparticipables a las provincias para darse cuenta que estas empiezan a estar en serios problemas. Cuando se compara el primer semestre de este año con el primer semestre del año pasado, las transferencias a las provincias subieron solamente el 10%. Muy por debajo de la inflación y del 36% que se incrementaron los gastos corrientes.

El otro dato relevante es que los gastos de capital, obras públicas, subieron nada más que el 17,4% primer semestre contra primer semestre. Como referencia vale la pena tener en cuenta que en el electoral primer semestre del 2007 los gastos de capital aumentaron el 42% con relación al primer semestre del 2006.

En otras palabras, la pregunta que deben estar formulándose más de un gobernador e intendente K, es, ¿para qué alinearme con el matrimonio si tengo problemas financieros y, encima, no me mandan plata para las obras públicas? El apoyo al matrimonio empieza a ser puro costo y cero beneficio para más de un intendente y gobernador.

Como si todo esto fuera poco, la inflación no solo se ha comido los salarios reales, llevando a nuevas negociaciones, sino que el llamado tipo de cambio competitivo ha dejado de serlo. Como referencia, tomemos el “Índice Big Mac” que elabora la revista The Economist. En abril del 2003 un Big Mac costaba U$S 2,70 en EE.UU. y U$S 1,43 en Argentina (el tipo de cambio, en ese momento, era de $ 2,88). En julio de este año un Big Mac en EE.UU. cuesta U$S 3,57 y en Argentina U$S 3,64. Este solo dato confirma mis anteriores afirmaciones de que el tipo de cambio real ha vuelto a los niveles del 2001, con lo cual el corazón de la política económica del Gobierno ha quedado destruido.

De los superávit gemelos, vemos que el superávit de balance comercial tiende a evaporarse, por un menor ritmo de crecimiento de las exportaciones y por un acelerado aumento de las importaciones, sobre todo por el incremento de las importaciones de combustibles para paliar la crisis energética. En el primer semestre de este año, dichas importaciones se duplicaron respecto al 2007. Paralelamente el superávit fiscal, cuando se le quita la contabilidad creativa, también se deteriora. Así que los superávit gemelos también tienden a desaparecer.

En síntesis, no sólo los Kirchner siguen batiendo récords en la tarea de conquistar más enemigos políticos sino que, encima, la economía ya no les sonríe como un par de años atrás.

A pesar de todo eso, no están dispuestos a cambiar el rumbo y muestran una férrea decisión de seguir con la confrontación, ya sea por estrategia o por cuestiones que, a esta altura, solo la psiquiatría puede explicar.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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21/07/2008

LOS CIUDADANOS SON LOS ÚNICOS GENERADORES DE CAMBIO 

Por Gabriela Pousa (*)  

Ni los políticos ni el Gobierno, sólo la sociedad puede lograr la profundización de un gesto que renovó el aire viciado.

Apenas una semana atrás, una suerte de hartazgo sofocaba a los argentinos, parecía que ni un milagro fuese posible en un país diezmado. Algunas voces acunaban vagas esperanzas pero no estaba claro si se trataba de deseos o pálpitos. Luego sobrevino la algarabía. Un número impreciso de ciudadanos relegaron, aunque sea por un rato, sus apetencias personales en pro de un objetivo común: un cambio. Las estadísticas perdieron ya el prestigio de antaño, de manera tal que no es fácil establecer cuantos argentinos rodearon el Monumento de los Españoles consustanciados con el campo, y cuántos estaban allí bregando simplemente para que se los considere humanos, cansados de vivir en el hastío, como rebaño.

En lo cotidiano, uno está dispuesto a aceptar versiones inexactas de ciertos acontecimientos. Un ejemplo banal: se puede hacer caso omiso al empleado que se excusa aduciendo que lo ha demorado el tránsito cuando, en verdad, Morfeo esa mañana no quiso que lo abandone temprano. Pero de ahí a que todos los días, sin excepción, uno soporte leer y escuchar índices fantásticos, y le griten que hay menos pobres, que los precios están bajando, y que aunque creamos vivir en Argentina, en la realidad (oficial) vivimos en Suiza, hay una diferencia más que intrínseca.

Ya intentaron hacernos creer que la inseguridad era una sensación y la inflación “una construcción mediática”. Nos vendieron discursos que, contrastados con lo cotidiano se vaciaron de coherencia. Ante los problemas no se buscaron soluciones, se los ha dilatado con contraataques y denuncias de complot y conspiraciones. De allí que, terminado el proceso parlamentario, y tras un inexplicable silencio de radio, la Presidente convocara a los legisladores del FpV que apoyaron, por convicción o por obediencia debida, su iniciativa pero no para evaluar errores sino para realinearlos. ¿Reflexionaron? No. Atacaron ferozmente a quienes votaron diferente, y salieron a decir que el tema está terminado, aclarando que de ninguna manera han sido derrotados. Nadie pretendía, sin embargo, ponerse el mote de triunfadores, razón por la cuál, la aclaración suena a fracaso autoproclamado, y saca a relucir la debilidad extrema de la jefe de Estado. No en vano las calles de Buenos Aires se empapelaron con carteles que rezan: “Ahora más que nunca, Fuerza Cristina” ¿Por qué “ahora más que nunca” si, desde el oficialismo, niegan un traspié y hablan de traiciones, en vez de ejercicio democrático?

Asimismo, que se festeje que, la Cámara Alta, obró sorteando amenazas y aprietes del Ejecutivo ratifica que la independencia de poderes es un mito. Más que celebrar habría que analizar cómo nos anestesiaron tantos años. Argentina nunca fue un paraíso. Hubo y hay blancos, grises y negros en todos los paisajes recorridos. Los argentinos podemos asumir el error de un gobierno, hay cierta costumbre y entrenamiento en ello. ¿Qué necesidad tienen de vender fortaleza cuando no la hay, en vez de convocar al grueso de las fuerzas políticas para aunar criterios en pro de una mejor gobernabilidad? La metodología del kirchnerismo es intrincada en demasía. Ha habido tantas trampas, y se han guardado tantos ases en la manga que enseñaron a desconfiar de todo cuanto dicen, y también de todo cuánto callan… ¿Por qué hay que creer que ahora lanzarán una gestión renovada? ¿De qué puede servir un cambio de gabinete, si es que lo hubiera, cuando las decisiones sólo pasan por una mente maniquea? Los ministros ni siquiera fueron funcionales a la Presidente, ¿o acaso hicieron algo que no fuera ejecutar órdenes del jefe de siempre? Hay que diferenciar cirugía de cosmética.

Es lícito disfrutar que la corrupción haya fallado pero, sobre un solo caso, no se puede erigir todo lo que implica un verdadero cambio, y menos aún cuando los actores no se han renovado, y es el mismo director quien sigue dirigiendo el teatro. La única transformación palpable está del otro lado: en los ciudadanos que decidieron no aceptar que le sigan vendiendo siempre idéntico espectáculo. Más que centrar la vista en la puesta en escena que se hará de ahora en más en Balcarce 50, conviene observar que la actitud cívica de las últimas semanas, no sea furtiva ni se haya apagado. El cambio social será más fructífero que el cambio político si consideramos quienes habitan la residencia de Olivos.

La necesidad de liderazgos sanos, de marcos de referencia, nos ha llevado muchas veces, a endiosar protagonistas efímeros. Después, ni el recuerdo los abriga porque “la memoria es porosa para el olvido” como decía Borges, o porque no eran dioses sino humanos y se confundieron, erraron como sucediera con Juan Carlos Blumberg. Ejemplos como estos deberían servir para que no sufra igual suerte, el vicepresidente Julio César Cobos. Su voto despertó fervor y merecidos aplausos. Más allá de la motivación, fue quién dio a los argentinos un soplo de aire fresco cuando comenzaba a faltar oxígeno y, en penumbras, casi no nos reconocíamos. Pero dejemos a la historia que lo defina con el adjetivo más preciso.

No es justo depositar en él, las esperanzas de todos, ni mucho menos situarlo en un pedestal donde estuvieron otros a quienes se ha derribado antes de que cante el gallo. ¿Para qué aventurarnos si hemos sufrido ya tantos desencantos? Dejemos que el tiempo decante y apostemos, más que a héroes repentinos, a las energías propulsoras de aquellos que, venciendo miedos y egoísmos, se movilizaron sin flaquear por un país distinto.

Ahora bien, es insólito que más de cien días de crisis pretendan resolverse con un oscuro decreto (ver, si no, la
opinión de Gregorio Badeni al respecto). El “dar vuelta la hoja” que proclama el oficialismo huele más a estrategia para ocultar culpa e ineficiencia, que a toma de conciencia. Esperar que los Kirchner cambien frente a lo que ellos consideran apenas un percance generado por deslealtades, y no un error basado en la ceguera, el capricho y la soberbia, es tan ingenuo como peligroso. No puedo compartir el optimismo desmedido de muchos. Si nos quedamos en la algarabía del primer paso, nos olvidamos que hay que seguir caminando.

Cinco años alcanzan para tener una certera idea de quiénes, cómo y de qué forma están gobernando. Si algo hay que reconocer al matrimonio presidencial es la coherencia en sus modos y maneras. El “estilo K” ha grabado a fuego todos y cada uno de sus actos. Tanto la confrontación, la provocación, la conversión de adversarios en enemigos, como la concentración de poder, la soberbia y el revanchismo han estado presentes desde el 25 de mayo de 2003. No entremos a analizar la gestión de Kirchner como gobernador en el sur porque sería un golpe duro a la esperanza que recientemente conquistamos, aun cuando nada extraordinario haya pasado. Porque si analizamos fríamente, sólo pasó lo que pasa en una real democracia: funcionó el Senado. Qué la normalidad genere asombro no es buen dato... Pero claro, habrá que ver si hemos estado viviendo en un país realmente democrático o se nos ha estado engañado.

Rumores de futuros anuncios y reciclados hay demasiados. Conviene esperar a aventurarnos. Imaginarse a Néstor Kirchner alejado de la toma de decisiones es complicado; al respecto, la fábula de la rana y el escorpión algo ha enseñado.

Parafraseando a André Gide podríamos pedir que el cambio avizorado esté en la pupila más que en el objeto contemplado, porque sólo la sociedad puede lograr la profundización de un gesto que renovó el aire viciado. Esperar que el olmo dé peras es desdeñar este instante en que la gota cae en el río de Heráclito.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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21/07/2008

PRÓXIMOS PASOS

Por Roberto Cachanosky (*)

Para vislumbrar lo que viene hay que entender la lógica del matrimonio Kirchner.

La mayoría de los análisis que he leído sobre la derrota del kirchnerismo en el Senado tienen un párrafo que apunta a sugerir que esta crisis es una oportunidad para que Cristina Fernández cambie su forma de gobernar. Dicho de otra manera, CKF tendría la oportunidad de relanzar su gobierno mandando a su marido al café literario que había prometido frecuentar una vez que dejara la presidencia y sacándose de encima a personajes como Moreno, que es una verdadera máquina de destruir la economía y espantar las inversiones.

Entiendo la buena intención de estas sugerencias, pero, seamos sinceros, las pocas palabras que CKF dijo en el Chaco refiriéndose a lo ocurrido en el Senado lejos están de reconocer la realidad. Hablar de traición refleja, por sí mismo, el maniqueísmo con que se manejan los Kirchner. Todo el que no piensa como ellos es el enemigo. Es más, hasta llegó a afirmar, en base a los números truchos del INDEC, que a pesar de la larga crisis con el campo, la economía había crecido al 8% anual en los primeros seis meses de este año y que había cada vez más inversiones en Argentina, mostrando una desconexión con la realidad que superan el análisis económico y político.

Desde mi punto de vista, para imaginar lo que puede venir luego de esta derrota, no hay que analizarlo con la lógica del común de los mortales sino con la lógica de los Kirchner. En 5 años de gobierno no solo han dado acabadas muestras de despreciar las instituciones y hacer de la confrontación una forma de gobierno, sino que, además, desconocen el funcionamiento de la economía y su relación con la calidad institucional.

Por otro lado, no comparto el argumento de que Néstor fue quien, en seis meses, le arruinó la imagen a su esposa. Es cierto que contribuyó enormemente en este sentido, pero quien habló de los piquetes de la abundancia, la que dijo que las que habían salido a golpear cacerolas eran las mujeres paquetas, la que insistió con la avaricia de los productores de no querer compartir su riqueza con los más pobres fue ella. En todo caso, Néstor estuvo más desaforado en sus denuncias de golpe, grupos de tareas y desestabilización. Sin embargo, no se puede dejar de lado la responsabilidad que le cabe a la presidenta de haber instalado nuevamente la división de clases entre ricos y pobres, oligarcas y pueblo, y demás estupideces de los 70.

¿Acaso CKF salió a descalificar el comportamiento de D’Elía el día que éste fue a la Plaza de Mayo a repartir trompadas? ¿Descalificó los dichos de Hebe de Bonafini cuando dijo que había que moler a palos a los productores? No lo hizo y, encima, los subió al palco de honor en cada uno de los tantos actos de utilería que le armaron para que la aplaudieran.

Aun haciendo el enorme esfuerzo de suponer que CKF está dispuesta a relanzar su gobierno, lo que hay que precisar es, ¿qué se entiende con relanzarlo? Si se trata de terminar con la confrontación permanente, bienvenido sea el relanzamiento. Ello es condición necesaria, mas no suficiente para relanzar el gobierno y tener éxito en la empresa.

Es que, además de terminar con la práctica de descalificar a los que no piensan igual, también tiene que adoptar políticas públicas de largo plazo que signifiquen reconocer que el que invierte y gana gracias al favor de los consumidores es un ser útil a la sociedad que permite bajar la pobreza y crear puestos de trabajo. Es más útil el que a su propio riesgo invierte para obtener utilidades que el Ministerio de la Felicidad que reparte la plata ajena estimulando la cultura de la dádiva, el clientelismo político y la corrupción.

Aquí no se trata, solamente, de despedir a Moreno, máximo exponente del primitivismo económico. Se trata de entender de una forma diferente la manera en que se desarrollan los países. Esto es, tener un gobierno limitado que respete los derechos de propiedad. Un país que vea al mundo como una gran oportunidad para vender sus productos. Un país con un sistema tributario que respete el federalismo fiscal y deje de expoliar a los contribuyentes. Un país con un gasto público menor y más eficiente. Un país en el cual se lleven a cabo las reformas estructurales para dejar de recurrir al eufemismo del tipo de cambio competitivo que lo único que consigue es esconder por un tiempo las ineficiencias de la economía argentina.

Desde mi punto de vista, relanzar el gobierno no se limita a terminar con las agresiones desde el atril y la tribuna. Significa tener una visión diferente sobre cómo debe funcionar una sociedad para ser exitosa. Esto es, que nadie pretenda vivir a costa del trabajo ajeno recurriendo al Estado para que le “robe” el fruto de su trabajo a quienes todos los días se esfuerzan por superarse. Implica aceptar que los burócratas no tienen la inspiración divina para saber qué hay que producir, a qué precios hay que vender los productos y qué calidad tiene que tener. Significa entender que un peso en manos del Estado no está mejor asignado que un peso en manos del sector privado. Y quiere decir que el llamado capitalismo de amigos, que en realidad no tiene nada que ver con el capitalismo y mucho con la latrocinio, crea un contexto de corrupción y pobreza que deteriora la calidad institucional del país. En definitiva, relanzar el gobierno implicaría que CKF, al contrario de lo que dice Néstor, deje sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada y advierta que el camino del crecimiento no es el Estado intervencionista, estatista y expoliador, sino la capacidad de innovación y el trabajo en libertad de los habitantes.

Tal vez CKF pueda llegar a tomar debida nota que su marido quiso controlar el poder ganando la calle de la mano de D´Elía y terminó perdiéndola en grandes cacerolazos y concentraciones en contra de una forma de gobernar.

Posiblemente CKF entienda que los discursos prepotentes le generan mayores hemorragias de popularidad.

Todo esto lo puede entender, aunque cambiar la personalidad resulta muy complicado, sobre todo cuando se vive en una burbuja. Démosle el beneficio de la duda y supongamos que cambia su personalidad. El paso siguiente consiste en cambiar su ideología populista por el principio de la generación de riqueza basada en el trabajo libre y el respeto por el derecho de propiedad.

La buena noticia es que, si bien los Kirchner tal vez no se hayan dado cuenta, la gente se saturó de tanta agresión y patoterismo. Por lo tanto, lo que cabe esperar en el futuro es que la existencia de políticos y gobernantes tolerantes y más respetuosos de las instituciones. De alguna manera Cobos entendió que si seguían tirando de la cuerda de la confrontación el país terminaba en un conflicto social de proporciones insospechadas. Aún no compartiendo sus ideas económicas, debo reconocer la valentía del vicepresidente de plantarse y decir hasta acá llegó la incitación a la violencia.

La otra buena noticia es que el kichnerismo quedó políticamente destrozado y no parece tan fácil que pueda recuperar el poder político del que abusó todos estos años.

Finalmente, en lo económico, si CFK no entendió lo que significa relanzar el gobierno, la realidad se encargará de hacérselo entender. Y no será, justamente, de una manera muy agradable, de la misma forma que se lo hizo entender a todos los anteriores presidentes que cometieron errores groseros en el manejo de la economía. Y no veo por qué CKF vaya a ser la excepción.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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19/07/2008

UN SIMPLE COMENTARIO...

Por Gabriela Pousa (*)

Muchas veces sostuve que la política comunicacional del Gobierno fue su mayor acierto, o el único... Admito que en los últimos tiempos perdió eficacia en ese aspecto y la prensa encontró en la debilidad de la actual administración, un espacio para oxigenarse. Pero la "derrota" del oficialismo en el Senado si bien puede tomarse como un soplo de aire fresco, también puede aparejar nuevos sobresaltos. Los Kirchner no aceptan la realidad si les es adversa, por el contrario, la "reinventan", y encuentran un sinfín de estrategias que, los ciudadanos, no acostumbrados a marcar las cartas o a guardarse ases en la manga no observan y terminan cayendo en la trampa.    

Conociendo personalmente a Gregorio Badeni y su capacidad, y asumiendo la Sra. Presidente que "no hubo derrota", todo puede pasar (pero no todo no pasó...) El Vicepresidente Julio César Cobos marcó una diferencia, pero cuidado con creer en los "puntos de inflexión" o en las famosas "bisagras de los tiempos" porque hemos comprado muchos de esos argumentos y sin embargo, acá estamos...

Mientras discutimos retenciones y convertimos las instituciones en estadios futbolísticos, Brasil decidió destinar  78.000 millones de reales - 49.000 millones de dólares - , en créditos agrarios para ayudar a controlar la crisis alimentaria mundial y hacer que ese país sea el granero del planeta. De ese monto, 41.000 millones de dólares serán destinados al cultivo en gran escala, mientras que u$s 8100 millones se aplicarán a plantaciones familiares. Actualmente el país de Lula Da Silva (PT) logró posicionarse como el mayor exportador mundial de carne vacuna, pollo, azúcar, café ¡ y jugo de naranja! y es, también, el segundo exportador de soja, ligeramente por debajo de los Estados Unidos. Por su parte, Uruguay se ha convertido en el destino de grandes inversiones de productores argentinos y extranjeros, que vieron en la otra orilla del Río de la Plata mejores oportunidades de negocios y mayor seguridad jurídica....   

“La ambigüedad de la resolución de Cristina:  Con la resolución 1176, el Gobierno, formalmente, no deroga la resolución 125 sobre retenciones móviles. Por Gregorio Badeni

Con la resolución 1176, el Gobierno, formalmente, no deroga la resolución 125 sobre retenciones móviles. Apenas, en su artículo primero instruye al Ministerio de Economía para que la "limite". Pero, al no especificar límites de tiempo, el Ministerio puede concretarlo de golpe, de a poco o cuando le parezca. Es decir, lo irá haciendo en la medida en que la presidenta Cristina Fernández así lo indique. Si quisieran evitar esa ambigüedad, la resolución diría "deróguese" y punto. Pero no lo dice. Sólo "instruye", con lo cual, la resolución 125 continúa vigente. La intención del gobierno parece ser, efectivamente, eliminar la medida de las retenciones móviles, pero la ambigüedad de los términos tampoco parece ingenua: en rigor, tiran la pelota para adelante.”   http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=7662

Y hacia adelante vamos, ¿o no?... Sin ánimo de arruinarles el optimismo y el fin de semana, tan sólo un intento apelando al refrán "más vale prevenir que curar"...  La esperanza igual no puede aflojar! y hay una tregua que no es poco después de habernos visto envueltos en una "guerra" autoproclamada desde Balcarce 50! 

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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18/07/2008

HOUSTON, WE HAVE PROBLEM

Por Roberto Cachanosky (*)

El rechazo del Senado al proyecto de las retenciones móviles complicó el escenario kirchnerista y terminó de desgastar al Gobierno.

Durante más de cuatro meses, Néstor y Cristina Kirchner hicieron lo imposible por ponerse en contra a casi toda la sociedad y terminar de esmerilar su poder político. En rigor, fueron 5 años de patoterismo, atropellos, falta de respeto por las instituciones, caprichos y soberbia.

Néstor y Cristina hicieron de las resolución 125 una cuestión de vida o muerte y no escatimaron esfuerzos con tal de imponer su capricho.

Acusaron de golpistas a los productores agropecuarios cuando, en los hechos, Néstor usurpó el poder presidencial haciendo y deshaciendo como si alguien lo hubiese votado.

Denigró a su mujer al punto de dejarla como una figura decorativa en la presidencia.

Dijo que los productores habían incendiado los campos para llenar de humo la ciudad. Lo subió a Luis D’Elía a los palcos oficiales luego de incitar a la violencia y llevar a cabo actos de violencia.

En definitiva, llevó la crispación social a límites intolerables sin importarle que, dada la situación, podía producirse un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles al menor chispazo.

El resultado de tanta insensatez hizo que Néstor consiguiera unir lo que antes parecía imposible de unir. Pero su ceguera lo llevó a ignorar la masiva concentración de Rosario y el impresionante cacerolazo del 16 de junio.

Ni siquiera la concentración del martes pasado lo hizo reflexionar.

Posiblemente presa del pánico ante la reacción de todo un país el 16 de junio, Cristina envió al Congreso el proyecto de ley por las retenciones creyendo que ganaba el partido caminando.

En diputados le costó mucho lograr la aprobación y anoche mordieron el polvo de la derrota, justo en manos de Cobos.

¿Cuál es el saldo de toda esta locura de 120 días para el gobierno? El matrimonio consiguió dividir a la CGT. Reorganizó al peronismo no kirchnerista. Perdió los votos de las zonas rurales que la habían apoyado. Se puso más en contra a los grandes centros urbanos y comprometió seriamente su resultado electoral del año que viene.

Sus aliados políticos solo son D´Elía y Hebe de Bonafini que destilan odio por todos sus poros y algunos incondicionales que, durante todos estos años, usaron el poder para manifestar sus rencores y odios.

Políticamente los Kirchner dilapidaron su capital y ahora, debilitados políticamente y con escasa credibilidad en la población, tienen que enfrentar la cruda realidad de la inflación, la crisis energética, el endeudamiento, la falta de inversiones y la incipiente recesión.

¿Intentarán ser más autoritario al no conseguir imponer su capricho? ¿Cambiarán su actitud de soberbia y agresión? Solo Dios lo sabe, lo que sabemos es que ahora, sin el poder absoluto que impusieron durante 5 años tienen que hacerse cargo de todos los problemas que generaron.

Si los Kirchner estuvieran en la Apolo XIII, nave que tenía que llegar a la Luna pero tuvo una explosión a poco de despegar que los hizo regresar con gran riesgo a la Tierra, tomarían la radio y dirían: “Houston, we a problem”.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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14/07/2008

AMENAZAS DEMOCRÁTICAS

Por Gabriela Pousa (*)

Hasta hace algunas horas, creía que la Argentina se había transformado en un Boca-River arbitrado por alguien capaz de ver solamente las faltas de un solo lado. Sin embargo, en un Boca-River hay jugadores entrenados, reglas, y sobre todo un principio, un desarrollo, un entre tiempo y un final donde unos ganan y otros resultan derrotados. En este caso, ganar la contienda sería como cuando se gana pero por un margen que no sirve para clasificar a otras instancias. Por lo tanto, da lo mismo a esta altura si el marcador define a favor o en contra de uno u otro equipo. Hay un trasfondo más complicado, y ya perdimos demasiado en el “mientras tanto”…

Aún así, podría decirse que se juega por el honor pero nada de eso aflora en este escenario donde, para el oficialismo, la honorabilidad es algo desconocido. La costumbre es la única que sigue ganando. Estamos acostumbrados a perder oportunidades, a ser rebaño. Es por ello que se puede esperar semanas para obtener un turno en un hospital público, y cuando llega el momento, un paro de galenos o personal no médico nos deja con el dolor a cuestas y pasaje de vuelta. Vuelta que encima se transforma en odisea por los piquetes que impiden el tránsito y nos fuerza a ser tratados como ganado mal arriado en formaciones ferroviarias capaces de frenar en mitad del recorrido sin explicación ni causa. Mientras, en cadena nacional, hablan del tren bala…

Basta observar los gestos de agobio en el rostro de los intrépidos que caminan por las vías hacia una parada de colectivos sin saber que, amén de la larga fila, la unidad pasará a velocidades inauditas como si no existieran, como si fueran lo que son para la dirigencia: números que sólo suman cuando hay urnas, marchas o plazas que sino no se llenan. Porque el chofer tampoco es el villano, seguramente demoró el recorrido por una horda de alumnos, que invocando “derechos humanos”, reclamaba no ser amonestados ya que eso implicaría recrear una vieja metodología “represiva” ¿?. Todo vale. El prójimo no existe, y la vida es una anécdota o un mal trago que puede digerirse con ansiolíticos cuyo consumo -está probado- aumenta indiscriminadamente en la ciudadanía como si se tratase de golosinas.

Y es que, ¿cuánto vale la vida en Argentina? Cien pesos, un sándwich y el traslado a Buenos Aires. Ese fue, sin ir más lejos, el costo de un tucumano que ni figura en las estadísticas porque apenas era una mercancía comprada para la ocasión por el clientelismo del aparato justicialista. Las retenciones móviles o fijas nada tenían ni tienen que ver con lo que pasa en esta Argentina.

En este marco, que un ex mandatario que sigue mandando, juegue a los soldaditos con los ciudadanos es un divertimento más. Invocando actitud “democrática” simula dar libre albedrío para asistir a uno u otro acto, total tiene garantizada la masa cautiva de los planes sociales y favores oficiales. Pocos son los que se movilizan en sus filas por convicción. Hay mayor empatía con los cien pesos y el sándwich de miga -aunque no le sirvan luego a la familia ni para los gastos del entierro- que con la Presidente misma.

Ahora bien, del otro lado del escenario, avisar a fulano o mengano que tal día, a tal hora se marchará no al Congreso sino al Monumento a los españoles, puede convertirse en una sentencia con inusitadas consecuencias. Insubordinación a la autoridad, conspiración o complot antidemocrático será lo que se acredite como delito ante un juez que a lo mejor, es el mismo que morigeró la pena a un violador que a la hija de 8 años la violó pero apenas una vez, no dos…

La libertad de acción es un anatema aunque, ahora, la vendan como oferta en conferencia de prensa. En apariencia, dan rienda suelta al ciudadano pero le advierten las “consecuencias” con maquiavélica estrategia. Mientras, el gobierno usa fondos públicos para promover su acto como el “democrático” y suma a la CGT de Moyano. ¿Cómo no sentir temor en un país donde no se es inocente hasta que se demuestre lo contrario sino que se es culpable hasta que la inocencia se pruebe? Y para probarlo, encima, es necesario no haber vivido en los 70, ser analfabeto, no haberse sentado frente a un teclado ni hablado por teléfono, ni mucho menos haber blandido cacerolas, quizás no por el campo, pero sí por el cansancio y la repulsa que causa la mentira institucionalizada proclamada desde la Casa Rosada.

Hay que andar con las manos atadas y el pensamiento en blanco para prevenir ataques infundados o no ser parte de un sinfín de versiones que se lanzan generando una incertidumbre que nos confina a una crisis indefinida. ¿Vivimos amenazados sin darnos cuenta acaso? No hay golpistas ni desestabilizadores fuera de Balcarce 50 pero cualquiera puede ser etiquetado de esa manera si considera que los precios subieron algo más que un 0,6% o no lo cree a la Presidente cuando dice querer la unión de los argentinos y, simultáneamente, ella misma o su gente habla de oligarcas, trabajadores, blancos, negros, golpistas o democráticos y arma contra-actos.

Muchos mandatarios en problemas acudieron a fantasmas del pasado o recrearon escenarios de confrontación para salir del paso. Pero los Kirchner aúnan algo más que peronistas residuales que creen -sin convicción- que lo salvan al “jefe” o no se salva nadie. Manejan, proporcionalmente, menos poder y más temor. Y como dice el tango: “en el miedo estamos juntos codo con codo por temor que nos roben la ilusión, la inocencia y ese pan que ganamos con sudor y a conciencia” Es que también, el buen nombre y honor tienen todavía valor para muchos ciudadanos. No es fácil dejarlos librados al capricho de un jefe o ex jefe de Estado…

Cuando se debilitan los argumentos, y no hay modo de sustentar un gobierno que divide, crea antinomias y cercena, el miedo es la mejor herramienta. Hay que apelar a aquellos argentinos que consideran que la amenaza y las rejas pueden dar más libertad que la parálisis provocada por un discurso oficial, por la persecución al disenso o la coacción de patotas con palos y cadenas. No es posible seguir aceptando la mentira con la serenidad de la costumbre y el atavismo de una marioneta. Hay memoria y archivos que consultar para resucitar la verdad.

Puede que el campo haya cometido errores, nadie está exento de ello, pero no fue el sector agropecuario el que creó la metodología del boicot, del apriete, ni la política de la reprimenda. Alguna vez, no hace tanto, hubo un presidente en la Argentina que pedía a gritos desde un atril que se saliera a la calle a impedir la libre oferta, a ser vándalos más que ciudadanos con derecho a elegir qué, cómo y dónde consumir. Y para prueba basta un botón, como decía mi abuela…

“La herramienta elegida por el Gobierno para combatir la inflación es el lanzamiento de un boicot contra las empresas que apliquen aumentos (…) Kirchner, además, defendió ‘el boicot nacional que le pueda hacer el pueblo a quien se está abusando del pueblo’, y llamó a ‘reaccionar como corresponde. Me dicen que no hable así porque así no debe hablar un presidente. Uso estas palabras porque mi deber es defender al pueblo’, disparó Kirchner.”

Néstor Kirchner, al convocar a un boicot nacional contra la petrolera Shell. (Fuente: Diario La Nación, viernes 11 de marzo de 2005).

“No se puede comparar la actitud autoritaria, la actitud patoteril, la actitud de ‘me das esto o te rompo todo’ con la actitud democrática que tenemos nosotros.”
Néstor Kirchner, al convocar al acto del próximo martes 15 de julio frente al Congreso. (Fuente: Diario Clarín, viernes 11 de julio de 2008).

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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14/07/2008

Y DALE CON LA RENTA EXTRAORDINARIA

Por Roberto Cachanosky (*)

Tratar de impedir que las empresas o los individuos tengan altas rentabilidades no es más que el resultado del resentimiento de aquellos que, más que redistribuir la riqueza, quieren que el país se mantenga en la pobreza.

Si hasta ahora hemos escuchado una colección de disparates por parte de los funcionarios públicos, en los últimos días, tal vez por el grado de desesperación del Gobierno ante la empinada caída de su imagen frente a la opinión pública, la cantidad de insensateces se ha transformado en un verdadero tsunami de afirmaciones descabelladas.

La primera y más anecdótica es la del inefable Guillermo Moreno, nuestro secretario de Comercio Interior, cuando afirmó que los únicos datos creíbles y válidos sobre la inflación son los que informa el INDEC. La verdad es que esta afirmación no merece una respuesta porque ese tipo de declaraciones hay que tomarlas con humor. El recordado Fidel Pintos, en su papel de “el Chanta”, ha sido superado por la realidad.

Más hilaridad causó Néstor Kirchner cuando afirmó que ellos jamás habían agredido ni patoteado a nadie. Para el ex presidente no es patotear que sus aliados políticos hayan ido a la Quinta de Olivos a patotear a mujeres indefensas ni que Luis D'Elía haya ido a la Plaza de Mayo a repartir trompadas a quienes se manifestaban pacíficamente contra el gobierno.

Pero dejemos de lado tanto desprecio por la verdad e intentemos ponerle algo de racionalidad a tanto desatino.

¿Qué es lo que se viene esgrimiendo como argumento para mantener la resolución 125? Básicamente lo que ellos llaman la renta extraordinaria. En rigor, el oficialismo confunde precio extraordinario con renta extraordinaria, porque que el precio de la soja haya subido tanto no quiere decir que los costos de producción no hayan aumentado en forma sideral. Pero de todas maneras supongamos que hoy el sector agropecuario tiene una renta más alta en la soja por el incremento del precio. La famosa renta extraordinaria que, según el gobierno, hay que confiscar impositivamente para redistribuirla es el argumento central.

En primer lugar, ¿cuál es el problema de que haya una renta extraordinaria? A modo de referencia es bueno recordar que luego de la crisis del 2002 la renta en la construcción aumentó notablemente. Los negocios que se hacían eran similares a los de los pool de siembra. El desarrollador elegía un terreno, el arquitecto ponía el proyecto y cobraba con metros cubiertos y se armaba una “vaquita” con inversores para financiar la obra para luego vender. Las tasas rentabilidad fueron tan altas que se fueron incorporando nuevos inversores hasta que la mayor oferta hizo bajar la rentabilidad y tendió a igualarse con el resto de los sectores productivos. Era un negocio con una tasa de rentabilidad del 75% en un ciclo de 24 meses.

Lo mismo ocurrió con las famosas compras de electrodomésticos que se promocionaban a 24 cuotas fijas sin intereses. La realidad era que había altísimos intereses dentro del precio al punto que si uno quería comprar al contado no había un descuento significativo. Lo que se vendían no eran televisores, sino cuotas.

Ni en el caso de la construcción ni el de los electrodomésticos ningún funcionario público hizo un escándalo y el mercado se fue acomodando solo.

¿Por qué tanto barullo, entonces, con el tema de la soja? ¿Por qué no dejar que, si hay una renta extraordinaria, la mayor oferta, producto de un incremento de la inversión, haga bajar la renta extraordinaria o bien, la menor inversión en otros sectores, reduzca la oferta, eleve el precio, incremente la rentabilidad y atraiga inversiones? ¿Por qué no funcionó este mecanismo tan natural? Porque fue el gobierno el que, con su lógica económica tan primitiva, entendió que la ganadería, la lechería y el trigo también tenían rentas extraordinarias y adoptó medidas que las destruyeron. Los controles de precios, los cupos y prohibiciones de exportación arruinaron a esos sectores y se volcaron a la soja. Y ahora, empecinados con la resolución 125, van a arruinar el negocio de la soja.

Otro dato relevante es el énfasis con que los diputados y senadores oficialistas decían que había que castigar con toda la fuera posible la renta de los grandes productores, como si estos fueran el mismo demonio. ¿Qué tiene de malo que haya grandes empresas que tengan rentabilidad? Esta actitud refleja la típica postura resentida de aquellos que, más que redistribuir la riqueza, quieren un país chico.

Una vez más es necesario insistir en que no hace falta que intervenga ningún burócrata iluminado para orientar la asignación de los recursos productivos. Si un sector tiene más rentabilidad que otros lo que va a ocurrir es que atraerá inversiones (como la construcción y la venta de electrodomésticos) hasta que el incremento de la oferta haga bajar los precios y la renta. Gracias a este mecanismo es como crecen y se desarrollan los países. Crecen a partir de las inversiones que buscan rentas extraordinarias. Lamentablemente el gobierno quiere poca renta y escasas inversiones, con lo cual, crea las condiciones para que la pobreza se perpetúe y Argentina sea cada vez más subdesarrollada.

Otra de las afirmaciones que también fue alucinante fue cuando sostuvieron que las retenciones no eran un impuesto, sino una herramienta de política económica. ¿Desde cuándo la apropiación del ingreso o del patrimonio de las personas por parte del Estado para financiar el gasto público no es un impuesto? En rigor, dada la magnitud del impuesto establecido en la resolución 125 bien podría calificarse este tributo como una expoliación lisa y llana.

La realidad es que todo impuesto, al ser pagado en forma compulsiva, tiene efectos macroeconómicos y puede ser más o menos distorsivo, pero siempre un impuesto distorsiona la economía. Si se aplica el IVA se castiga el consumo. Si se aplica ganancias se atenta contra la inversión. Si se aplica el impuesto al cheque se atenta contra la bancarizacion de la economía y se estimula el mercado negro. Lo que uno puede intentar es buscar los impuestos menos nocivos para el crecimiento económico, pero cualquier impuesto que se elija va a afectar la asignación de recursos o la distribución de los ingresos.

El problema que tenemos en Argentina es que el gobierno pretende que el sistema impositivo cumpla tres funciones simultáneamente: a) generar recursos para financiar el gasto, b) redistribuya ingresos y c) reasigne recursos productivos. En rigor, mi visión es que el gobierno solo quiere cobrar impuestos buscando recaudar más para hacer caja que es lo que le dio poder hasta ahora. Y aún así, ese poder, se ha diluído.

En el caso particular de la resolución 125 se esgrime el argumento de la distribución de ingresos y de la reasignación de los recursos productivos. Y esto se hace para argumentar que es una herramienta de política económica y no impositiva con el objeto de no tener que pasar por el Congreso (cosa que finalmente tuvieron que hacer) para apropiarse de los ingresos de los productores. El aumento de las retenciones no tiene por objetivo ni defender la mesa de los argentinos, ni estimular la producción de carne, lácteos o trigo y mucho menos redistribuir esos recursos para destinarlos a la educación o la salud. El objetivo, claramente, es tratar de recomponer la caja del sector público devastada por tantos subsidios y endeudamiento.

Pero, claro, el gobierno presentó otro argumento porque si hubiese dicho la verdad hubiera reconocido el fracaso de su política económica y la emergencia en la que nos ha sumergido 5 años de primitivismo económico. Detrás tantas declamaciones de contenido “social” no se esconde otra cosa que la necesidad de más caja para tratar de sostener subsidios y e intentar seguir subordinando a gobernadores e intendentes para continuar construyendo poder vía la “compra” de adhesiones.

El modelo exige de creciente gasto público en subsidios porque endógenamente así funciona. Como se ataca sistemáticamente la producción para abaratar artificialmente los bienes y servicios, la única manera de mantener algún grado de abastecimiento en la sociedad es repartiendo subsidios. Y esto lleva a más gasto y más presiones impositivas.

Hoy el gobierno tiene dos rebeliones fiscales simultáneas: a) la del campo y b) la de la gente contra el impuesto inflacionario. Ha conseguido ponerse al grueso de la población en su contra, al punto que no logra armar un acto sino es con el apoyo de los piqueteros comandados por Luis D’Elía y otros que movilizan a la gente como ganado.

El gobierno ha quedado políticamente aislado y tambaleando por su voracidad fiscal. Y, encima, ha congelado repentinamente la economía. Desbordado por la recesión, la inflación y la rebelión del campo ante la confiscación ha conseguido reeditar lo que ocurrió en infinidad de casos en la historia de la humanidad. La gente se cansa de tanta arbitrariedad, mentira y expoliación y, como sucedió en infinidad de oportunidades, el monarca ve que ya no subyuga ni atemoriza a nadie.

El monarca ha perdido el poder por atacar la renta extraordinaria.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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07/07/2008

PARA CAMBIAR EL FINAL DEL RECORRIDO HAY QUE BUSCAR OTRA SALIDA

Por Gabriela Pousa (*)  

El debate de la resolución 125 en Diputados demostró que, en verdad, no tenemos un gobierno representativo, por más que haya habido votación popular y se insista con los eufemismos.

“La tiranía no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios,
sino sobre las faltas de los demócratas.”
Albert Camus

Apenas unas horas atrás, el eje de la polémica se centraba en “adivinar” cuántos legisladores le darían en sí al proyecto oficial y cuántos serían los “díscolos” capaces de negarse a una suerte de orden o capricho presidencial. Páginas enteras resumían sumas y restas tratando de adelantar a la votación. ¿Quién ganó las apuestas? Pese al énfasis en sacar cuentas, hoy nadie sabe a ciencia cierta la respuesta. Y es que en el trance de acertar, se enredaron tanto los números que la síntesis quedó siempre relegada al deseo del lector. Había, pues, quienes apostaban por la votación a favor de la media sanción, y quienes creyeron que algún obstáculo se interpondría entre el querer y el poder de uno u otro legislador.

Pero el obstáculo estuvo siempre: Néstor Kirchner no dejó librado nada al azar. Apretó, controló y pulseó cada voluntad. Creer que el instrumento utilizado para ese fin fue el vil metal, paradójicamente, podría ser un atenuante para la crisis política e institucional que atraviesa la Argentina. Porque, de no haber sido una negociación la que se tranzó detrás de bambalinas, lo que primó tuvo que haber sido el temor (aunque cada vez este es menor). Siete goles de diferencia en tamaño campeonato no amerita el festejo desbordado que surgió cumplido el primer tiempo, es mejor creer que se celebró poder dar rienda suelta a Morfeo.

No hay gran disidencia cuando se habla del poder menguante del matrimonio presidencial. Hasta los Kirchner saben que ya no son los mismos. No pueden siquiera escaparse a El Calafate y dejar hacer porque ya no hay cheque en blanco otorgado por el pueblo como sucedió los primeros años cuando se decía que estaban “construyendo poder”. Hoy, están en cada detalle, haciendo y deshaciendo la trama aunque no se sepa exactamente cuál será el desenlace. Esa es, detalles más, detalles menos, la actividad del Poder Ejecutivo.

Ahora bien, ¿qué hace el pueblo? Para dilucidar ese interrogante es menester asumir que la sociedad argentina ya no puede analizarse como una masa amorfa capaz de ser manipulada a piaccere. La división social es un dato inexpugnable pero nada tiene que ver con la mentada lucha de clases. Ya no hay siquiera una derecha y una izquierda, civiles o militares, oligarcas y burgueses, urbanos o rurales, etc. Una simple imagen trasmitida por TV tira por la borda la pretendida lucha que, vanamente, intentó reflotar -en una versión maniquea- el eje oficialista. Luciano Miguens, titular de la Sociedad Rural, supo compartir el mate y las tortas fritas con miembros de la Corriente Clasista y Combativa liderada por Raúl Castells, al tiempo que Alfredo De Angeli se sentaba en la mesa de Mirtha elevando el raiting de los mediodías. Kirchner lo hizo. Y es que en su afán de dividir, sólo logró crear barricadas y mediatintas que hoy representan a la diezmada sociedad argentina.

Todo está convertido en un Boca-River. No fue sino una versión desapasionada del súper clásico el eufemístico “debate” librado, el pasado viernes, en Diputados. Aquello que pudo verse y oído durante la maratónica sesión es mejor olvidarlo. Cualquiera ha podido ver actitudes más respetuosas y sobrias en el Monumental o en la mismísima popular xeneize. Amén de estas “menudencias” me atrevo a apostar que cualquiera conoce a los jugadores de esos equipos con mucho más rigor que a los ignotos “representantes” de… ¡de todos y cada uno! Tantas caras desconocidas hablando en nombre nuestro sin que nadie escuchara en demasía. La verdad es que no había mucha diferencia, a ciertas horas de la madrugada, entre el recinto y el Colegio Nacional Buenos Aires sitiado por los “estudiantes”. Peculiares estampas de la Argentina…

Quise echar culpas al cansancio que demandó estar frente al televisor 19 horas ininterrumpidas (está probado que no puede fijarse durante tanto tiempo la atención). Sin embargo, no había excusa que valga. De los centenares de legisladores que votaron, tanto en contra como a favor, no más de una docena pueden ser reconocidos por el ciudadano medio, y de esa docena, apenas si la mitad sabía que estaban haciendo ahí una noche entera. El resto eran anónimos personajes que esperaban volver al amparo de las sábanas, valga la alegoría. Bloques, mini-bloques, mono-bloques, partidos y derivados afloraban como expertos oradores en materia de agricultura y retenciones.

Dos reflexiones: o el conocimiento cívico de los argentinos es paupérrimo, y tenemos materia gris desperdiciada entre la dirigencia política, o nos están vendiendo como democrático una trasnochada aglomeración de personas en el Congreso de la Nación. No se comprende en este marco, el aplauso que surgiera cuando la Presidente dispuso que el proyecto se enviara al Parlamento, si más que un gesto democrático fue un manotazo de ahogado.

Lo que se llamó “debate” no fue más que un Boca-River donde el resultado ni siquiera fue obra de atinadas jugadas que concluyeron en goles, sino de fouls, controvertidos penales y off side permitidos por un árbitro que, además, dirigió el partido desde otro escenario para evitar que jugadores y barras bravas lo incriminaran. Esta semana empezará el segundo tiempo. Habrá una gran pérdida de energía en sacar nuevas cuentas para tratar de acertar cómo se define el partido, cuando el resultado puede ser fácilmente adivinado porque, otra vez, el árbitro será el mismo.

Entretanto, no hay solución al problema, las demandas perentorias del pueblo se siguen desoyendo y no hay, en rigor de verdad, gobierno representativo por más que haya habido votación popular y se insista con los eufemismos. Menos aún, el oficialismo, tiene estructura partidaria concisa que lo sustente compartiendo fines y principios. Los une solamente la necesidad de supervivencia cualquiera sea la escenografía que se monte en la Argentina.

El miedo puede que no sea tonto, el monto en discusión es factible que sea tentador pero para disfrutarlo debe haber un mañana donde seguir participando… La lealtad así contrasta con la realidad y apenas si queda una sociedad conyugal que pugna entre sí por un mejor lugar en el escenario a sabiendas que, una vez terminado el período presidencial y desciendan de allí, todos los caminos conducirán inevitablemente a los pasillos de Comodoro Py.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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07/07/2008

¿QUE SE BUSCA FORZANDO AL CAOS SOCIAL?

Por Roberto Cachanosky (*)

Fomentar el conflictos y la inestabilidad es una forma de distraer la atención respecto de los verdaderos responsables de los problemas.

A esta altura del partido es evidente que Néstor Kirchner, arrogándose un protagonismo y funciones que no le corresponden, intenta llevar a la Argentina a una escalada de conflicto social que no sabemos dónde puede terminar. Digámoslo con todas las palabras: ya satura tanta agresividad, prepotencia e intolerancia; aburren ese monótono discurso demagógico que tergiversa la realidad y la constante descalificación de sectores y personas que piensan diferente.

Si bien este comportamiento incivilizado estuvo vigente durante 5 años, en los últimos meses se ha profundizado de manera notable. ¿Qué se busca con tanto grito, amenazas y descalificaciones? ¿Por qué esta escalada en la agresión? Una respuesta posible es que el oficialismo haya advertido que está terminando su momento de gloria. No sólo por la espectacular caída en la imagen del matrimonio presidencial y el aumento de la imagen negativa, sino también porque la economía ha entrado en un proceso de acelerada disminución en la actividad, junto con un notable incremento de la inflación. Todo esto sazonado con una fenomenal distorsión de precios relativos y crisis energética.

Basta con ver el Índice de Confianza del Consumidor que elabora la Universidad Torcuato Di Tella para advertir que la gente tiene un grado de incertidumbre que se acerca bastante al de noviembre del 2001, un mes antes de la caída de De la Rúa y con el corralito en vigencia. Es más, ya durante el 2007 la confianza del consumidor tuvo una clara tendencia decreciente: la gestión de Néstor Kirchner perdió, entre enero y agosto del año pasado, un 24% de confianza en los consumidores.

Por alguna extraña razón, los argentinos pensaron que Cristina Fernández de Kirchner iba adoptar un comportamiento diferente al de su esposo. Así, por tres meses, logró recuperar parte de la confianza perdida. Sin embargo, entre enero y junio de este año, la presidenta consiguió que el mencionado índice bajara un 28%, lo que lo ubica en niveles muy parecidos al crítico 2001.

Un dibujo muy parecido tiene el Índice de Confianza en el Gobierno. En este caso, la caída es del 49% entre enero y junio de este año. El Índice varía entre 0 y 5 (cero es la peor nota y 5 la mejor). En junio pasado estaba en 1,21 y en mayo del 2003 en 1,22. Como dato adicional, la confianza en el gobierno cayó el 63% desde su punto más alto en junio del 2003. En resumidas cuentas, el gobierno tiene licuada la confianza de la gente en su capacidad de gobernar y en la confianza de los consumidores sobre el futuro de la economía.

La actividad económica baja, a mi juicio, por varias razones. A saber: a) incertidumbre de la gente ante el creciente conflicto político y social que creó el gobierno, b) caída del ingreso real por efecto de la inflación y c) la licuación del tipo de cambio real ya no incentiva a la gente a desprenderse de dólares ahorrados para consumir. Con U$S 100 nadie hace ningún desparramo como en el 2002. De manera que el consumo que tenía como combustible la venta de dólares dejó de existir y ahora, por el contrario, la gente prefiere comprar dólares ante tanta pirotecnia verbal y medidas económicas absurdas.

Como sistemáticamente el Gobierno se ha encargado de espantar las inversiones con sus medidas y ahora agregó un castigo adicional a las exportaciones, no hay forma de recuperar el nivel de actividad ante la caída del consumo. Vamos, por no decir que ya estamos, a un proceso de congelamiento de la economía.

Si por el lado de la actividad económica el malhumor se palpa claramente en la calle, indicador más científico que los números que elabora el INDEK, por el lado del tema impositivo el gobierno ha logrado generar una doble rebelión fiscal gracias a su enorme capacidad para crear nuevos problemas.

Es que no sólo está el conflicto con el campo por las retenciones, sino que, además, la gente siente escalofríos con el impuesto inflacionario que está pagando. La caída de los depósitos del sector privado y la constante demanda de dólares reflejan claramente las expectativas inflacionarias de la población.

Es por esta razón que los impresionantes cacerolazos, que llevaron a poner vallas por todos lados en la Quinta de Olivos, intentando aislar aún más al gobierno de la cruda realidad, muestran claramente el nivel de agotamiento de la gente ante los crecientes problemas económicos y la soberbia del matrimonio.

Si uno tiene en cuenta todos estos datos, más el poco optimista horizonte electoral que tiene el oficialismo para el 2009, los gritos de Néstor denunciando desestabilización y golpes contra Cristina podrían estar escondiendo, en el fondo, el deseo de irse antes de tener que afrontar la humillante situación de enfrentar una economía descontrolada. Porque es bueno recordar que la gente puede tolerar cierto desprecio por las instituciones mientras la economía funciona, pero la historia reciente demuestra que cuando la burbuja económica se pincha, la factura se pasa por la inflación, la caída en la actividad más la falta de respeto a las instituciones y los sonados casos de corrupción.

Forzar el caos social y luego buscar un chivo expiatorio es un viejo truco para tratar de evitar hacerse cargo de los resultados de tanta insensatez.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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30/06/2008

UN ANÁLISIS LITERARIO ANTE EL OCASO DEL PERIODISMO

EN UNA ARGENTINA DE FICCIÓN

Por Gabriela Pousa (*)  

"Quería soñar un hombre e imponerlo a la realidad"
Jorge Luis Borges (Ruinas Circulares)

El país se ha convertido en un escenario de ficción que sólo puede ser explicado con un abordaje desde la literatura.

En mis años de universidad, solían decirnos que la gran diferencia entre el periodismo y la literatura estriba en que éste debe ajustarse a los hechos tal cual sucedieron, respondiendo incluso a la famosa regla de la “WH” (who, what, when, where, why), es decir quién, cómo, cuándo, dónde y por qué, mientras la literatura podía dar rienda suelta a la imaginación. Cumpliendo la mencionada norma quedaba escrita la crónica periodística. Por el contrario, la literatura no admitía más límite que el renglón.

Nunca creí demasiado en ese dogma, quizás por mi adicción a la obra de Oscar Wilde, pero traté de adaptarme conforme a la enseñanza de los dinosaurios que no adaptados al medio, desaparecieron. Sin embargo, dentro de mí, permaneció intacta la sentencia de aquel autor: “La vida imita a la literatura, mucho más de lo que la literatura imita a la vida.” El siglo XIX, ironizaba Wilde, era en gran medida una invención de Balzac. Hoy nos preguntamos quién habrá inventado este siglo XXI tan lleno de insensatez y mediocridad. Posiblemente, Discépolo le puso letra a muchos de los actuales sucesos aún sin haberlos presenciado en vivo y en directo o creyendo que se ceñían al anterior siglo.

Asimismo, mucho de este presente aparece con asombrosa exactitud en una carta que en Marzo de 1948, desde Buenos Aires, Laurence Durrell, ese cosmopolita que plasmó “El Cuarteto de Alejandría”, le escribiera a Henry Miller. En ella describía a Buenos Aires “exactamente como los Estados Unidos en1890, llena de caciques ambiciosos que se disputan las riquezas no explotadas. A los débiles se los aplasta contra el muro. El único empleo sería un puesto en una estancia, pero eso necesita físico y energía (…) Moralmente es el último círculo del infierno. Todo el que tiene alguna sensibilidad está tratando de salir de acá, incluyo yo. Creo que preferiría arriesgarme a la bomba atómica antes que permanecer aquí. Está tan muerto todo…”

Esa pieza literaria, simultáneamente, es una descripción válida de lo que nos pasa. Durrell pudo redactarla pensando en los gritos que caracterizarían las sesiones parlamentarias o simplemente imaginando la escenografía circense montada en la Plaza de los Dos Congresos. Y así como Wilde sostenía que Robespierre salió de las páginas de Rousseau, nuestros mandatarios, ambos claro, pueden haber sido una creación de Mary Shelley (autora de “Frankenstein”, 1818) o de R. L. Stevenson (autor de “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, 1886). ¿Por qué no?

Todo es demasiado fantástico en la Argentina actual. Si acaso un hijo o un sobrino nos planteara ahora que, San Martín, al cruzar los Andes debió sortear un piquete de asnos reclamando igualdad pues, es el caballo quien quedó inmortalizado en estatuas que evocan la epopeya magna mientras a los burros se les relegó a tareas de carga, creeríamos que nos está contando una versión caricaturesca de la historia nacional, una sátira. Y lo mismo creerán nuestros descendientes cuando se les hable de un debate legislativo donde varios de los participantes se dedicaban al envío de mensajes de texto descalificativos, o el diálogo lo monopolizaba una peculiar Madre de Plaza de Mayo con extraños subsidios en su haber y cheques girados en blanco, capaz de sostener, entre otras vaguedades, que el Congreso y el canal de la televisión estatal deberían ser tomados, y los ruralistas sacados a palos. Y hablamos del ámbito donde alguna vez hubo debates que terminaron con sangre, pero no por la violencia, el odio y el resentimiento, sino por la defensa de convicciones, valores, y principios férreos.

Hoy, las baldosas que guiaron los pasos de los prohombres que forjaron la Nación sufren el pisar de piqueteros, líderes populares con fama efímera y turbio pasado auto adjudicándose representatividad que nadie les ha otorgado. En este contexto, el periodismo está perdiendo su leitmotiv. No hay normas ni reglas que cumplir para que la crónica sea precisa. No hay un quién, no hay un cuándo, ni un por qué. Hay impersonales protagonistas que aparecen y desparecen como en un “Sueño de una noche de verano” sin que nadie pueda dilucidar qué hacen allí ni quienes los convocaron. Todo es vago y furtivo, y lo que se cuenta parece salido de escaparates con olor a trementina como aquellos “Seis personajes en busca de un autor” que Pirandello creó.

Mientras esto sucede, Oscar Wilde sigue insistiendo desde mi memoria que “no hacemos sino desarrollar con notas al final de la página, y con añadiduras inútiles, el capricho o la fantasía o la visión creadora de un gran novelista”

Los dirigentes que nos gobiernan no pueden ser sino una creación fantástica, escapan a la naturaleza humana. No admiten reglas ni sus acciones pueden ser transcriptas en una crónica periodística tradicional. No hay coherencia ni realismo en lo que hacen, menos aún en los objetivos, y la inconsistencia en sus dichos impide que el redactor se ciña a la verdad. Al intentarlo, inevitablemente, se mete en una trama donde la realidad se convierte en eufemismo, en un vocablo vacío. Las fábulas ganan, pues, las columnas y los análisis políticos.

¿De qué sirve, por ejemplo, que enumere la lista de quienes votarán el proyecto de retenciones móviles tal cual está? Son datos tan efímeros que mañana pueden cambiar cheque mediante, compra de voluntades u obsecuencia no más. ¿Acaso no es el mismo Néstor Kirchner el que reniega de las retenciones en videos que circulan por doquier? ¿Cómo dar crédito a lo dice? Tiene más credibilidad un personaje de Ray Bradbury o Isaac Asimov. A su vez, ¿aporta algo que describa el recinto donde se esgrimieron insultos como si fuesen ideas para simular que hay real democracia e instituciones con independencia?

Ni el toro inflable, ni los huevos que caminan por la plaza o aquel legislador que tipea en un celular una grosería pueden ser los artífices de una futura historia argentina que tengan que estudiar después quienes nos han de heredar. Además, podría jurar que a Edgardo De Petri y a Luis D’Elía los he descubierto hace tiempo, como bufones, en páginas de Homero, Virgilio y Quevedo. El periodismo no puede diferenciarse ya de la literatura, al menos no de la fantástica. A no ser que la Argentina sea aquella Atlántida de “El Timeo y el Critias” que Platón narrara, y los ciudadanos perplejos ante tamaño espectáculo seamos Vladimir y Estragon “Esperando a Godot”. (Posdata: Nunca llegó…)

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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30/06/2008

LOS FRUTOS DEL POPULISMO MÁS BERRETA

Por Roberto Cachanosky (*)

No es casualidad que la Argentina haya pasado del crecimiento de fines del siglo XIX y principios del silgo XX a esta continua degradación económica.

Casi como si fuera una verdad revelada, el argumento central del Gobierno para justificar las retenciones ha dejado de ser el de producir menos “yuyito” para diversificar la producción agropecuaria. Ahora, aseguran que el aumento de las retenciones será destinado a financiar más programas sociales. Así, redistribuir la riqueza ha pasado a ser el argumento central de los Kirchner. Y para financiar esa redistribución se le aplicaría una mayor carga tributaria a quienes tienen ganancias “extraordinarias”. No sólo el gobierno sostiene esta línea de argumentación, sino que la oposición, para no ser políticamente incorrecta, dice estar de acuerdo con la redistribución de la riqueza.

Como señalaba en otra nota Antonio Margariti, no queda claro si el gobierno quiere redistribuir la riqueza o los ingresos, dado que no son la misma cosa. Dicho en otras palabras, ¿qué quiere el gobierno? Redistribuir el departamento (la riqueza) o el alquiler que cobra el dueño (los ingresos). Pero, como dice Margariti, al gobierno le da lo mismo hablar de riqueza y de ingresos como si éstos fueran sinónimos. Volviendo al tema de la riqueza y los ingresos, por ejemplo, ¿qué harían los Kirchner con su patrimonio para distribuir justamente la riqueza? ¿Entregarían el 40% de sus 18 casas y 4 departamentos o el 40% de los alquileres que le generan esas 22 propiedades?

Ahora bien, dejando de lado el gesto que podrían tener los Kirchner para mostrar su voluntad de liderar y dar el ejemplo en esto de redistribuir la riqueza repartiendo sus propiedades o ingresos que les generan, deseo pasar al tema de fondo. Y el tema de fondo es el principio de la redistribución del ingreso (no de la riqueza). Lo que voy a decir a continuación es políticamente incorrecto, pero como no pretendo ganar votos, no tengo problema en ser políticamente incorrecto. Vayamos al punto.

¿Por qué razón alguien que trabaja, obtiene utilidades basadas en su esfuerzo personal, iniciativa, riesgo y capacidad de innovación tiene que transferirle compulsivamente sus ingresos a otra persona que no generó nada de ese ingreso? No encuentro ninguna justificación moral por la cual el burócrata de turno se arrogue el derecho de confiscar el fruto del trabajo a unas personas para transferírselas a otra sin que esta otra haya hecho nada que justifique el reclamo de vivir a costa de los otros.

En rigor, seamos honestos, este no es un problema de los Kirchner solamente. Ni siquiera es un problema de la dirigencia política en particular. Este es un problema de la sociedad argentina, entendiendo como sociedad argentina a una mayoría significativa de los habitantes que considera que está bien que el Estado les quite el fruto de su trabajo a unos para transferírselo a otros. La redistribución del ingreso generalmente está bien vista y ampliamente aceptada por mucha gente…siempre y cuando no le toquen el bolsillo a ellos. Y no digo esto por el caso particular de los productores agropecuarios porque ellos mismos han dicho públicamente que están dispuestos a ceder parte de sus ingresos para que el Estado los redistribuya. Inclusive los productores ni siquiera luchan por la eliminación de las retenciones sino que se limitan a pedir un techo a las mismas. Lo que digo es que la sociedad argentina (utilizando este término para simplificar palabras) apoya la distribución del ingreso…ajeno. Es común escuchar que cuando el Estado le cobra más impuestos a un determinado sector de la sociedad, inmediatamente éste salta argumentando que les cobren a otros que ganan más o que roban. Un argumento hipócrita para aparecer sensible, pero tacaño al momento de abrir la billetera. Todos son muy solidarios con la plata ajena y, por lo tanto, la dirigencia política en general y los Kirchner en particular no hacen más que reflejar lo que la mayoría de la gente apoya. El que unos mantengan a otros.

El ejemplo más evidente que me viene a la memoria fue el de los 90 cuando los docentes reclamaban un aumento de sueldos. Todos estaban de acuerdo en que ellos merecían ese incremento salarial. Se aprobó entonces la famosa estampilla que había que pegar en el parabrisas que mostraba el impuesto que cada uno había pagado para financiar dicho incremento de salarios. ¿Qué pasó en ese momento? Todos los que tenían autos saltaron como leche hervida porque tenían que poner de su bolsillo el aumento de salarios de los docentes que tan vehementemente reclamaban incluso los dueños de los autos.

Por supuesto que a muchos políticos esta cultura de la dádiva les viene de perillas porque les permite armar una inmensa red de clientelismo políticos y bolsones de corrupción con la plata ajena. La reparten como si fuera propia. Pero el drama de la Argentina es, a mi juicio, el pronunciado acento que siempre se pone en la distribución del ingreso como si este se generara solo, sin necesidad de riesgo, trabajo, esfuerzo, innovación, entre otras. Y como si el que ganara plata fuera un ser perverso al que hay que castigar por su éxito.

Basta con ver el presupuesto de este año para advertir lo desvirtuado que está el Estado. De los $ 161.500 millones del presupuesto nacional, $ 98.720 millones, es decir el 61%, está destinado al rubro Servicios Sociales, incluyendo esto vivienda, jubilaciones y pensiones, educación, trabajo, etc. Casi dos terceras partes del presupuesto se destinan a redistribuir el ingreso, mientras que la seguridad y la defensa de la nación brillan por su ausencia. Es como si el Estado hubiese decidido privatizar la protección de la vida y la propiedad de las personas (seguridad) decidiendo que cada uno se encargue de defenderla, y se hubiese concentrado exclusivamente en repartir los ingresos. De esta forma, el monopolio de la fuerza que le fue delegado para defender la vida, la libertad y la propiedad de las personas, lo utiliza para expoliar a los que producen y redistribuir el fruto de su trabajo. El Estado argentino se ha transformado en una especie de delincuente que sistemáticamente se apropia de los ingresos y patrimonios de la gente bajo el argumento de la solidaridad.

Desde el punto de vista estrictamente económico, la mejor redistribución del ingreso se produce a partir de instituciones confiables que atraen inversiones, crean puestos de trabajo mejor remunerados y, de esta forma, la gente recibe una porción mayor del ingreso nacional gracias al resultado de su trabajo. Por otro lado, no hay mecanismo más eficiente para ejercer la solidaridad que la que surge de las asociaciones civiles que brindan apoyo a diferentes sectores gracias a las donaciones que reciben en forma voluntaria de personas y empresas. Porque son estas las que se encargan de controlar que los dineros que destinan a esas organizaciones sean efectivamente bien asignados y no se pierdan en los pliegues de la burocracia y la corrupción.

En lo estructural, los argentinos tenemos que cambiar esa mentalidad de pensar que, por definición, todo aquél que gana plata es sospechoso de algo y que, además, tiene la “obligación” de mantener a otras personas que no conocen. Esta cultura de la dádiva ha terminado por denigrar el trabajo de la gente y su dignidad. La mayoría se siente con derecho a vivir a costa del trabajo de terceros. Por lo tanto, cada vez son menos los que producen y más lo que quieren vivir sin producir reclamando un derecho que no es tal.

En lo que hace al caso particular de los Kirchner hay dos problemas puntuales: a) en primer lugar se pasaron de vueltas con el gasto público y la carga tributaria llevando al punto del agotamiento fiscal de la población y b) nadie les creyó cuando 90 días después de lanzar las retenciones móviles se acordaron de avisar que eran para financiar planes sociales. Fue tan burda la maniobra que, en este caso, no prendió en la población el discurso sensiblero.

De todas maneras, insisto, mientras los argentinos no cambiemos esta manía de querer vivir a costa del trabajo del otro, considerando como un derecho que otro me mantenga, me pague la casa, los estudios de mis hijos, etc., va a ser cada vez más difícil encontrar a alguien que quiera arriesgar sus capitales y trabajo para que luego los políticos, bastardeando el concepto de solidaridad, se apropien de los ingresos que generan quienes invierten y trabajan.

No es casualidad que Argentina haya pasado del crecimiento de fines del siglo XIX y principios del silgo XX ha esta continua degradación económica. Es que antes, con todos sus defectos, el modelo de país se basaba en el trabajo, en el esfuerzo personal y en la atracción de capitales. A eso venían los inmigrantes. A trabajar duro para construirse un futuro que no conseguían en sus países europeos. Fue la aparición de la cultura de la dádiva que se instaló en nuestro país lo que nos ha llevado a ser una país decadente, y como buenos hipócritas, encima tratamos de explicar nuestra decadencia en conspiraciones internacionales que surgen de las afiebradas mentes de los resentidos que quieren vivir como se vive en los países capitalistas pero usando las reglas del populismo más berreta.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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26/06/2008

DE CHESTERTON A KAFKA HASTA EL TORO ALFREDITO Y EL PINGÜINO NESTOR… 

Por Gabriela Pousa (*)

“Si de mi hubiese dependido nacer, indudablemente no habría aceptado la existencia en condiciones tan irrisorias” F. Dostoievsky, El Idiota 

Como lo expresara el filósofo Pascal Bruckner, nada hay más conformista en nuestra época que pretender ser un rebelde, un inconformista, ese agitador que se alza contra el orden establecido. Estamos presenciando, pues, un escenario de conformidades donde lo irrisorio aventaja al dramatismo de las circunstancias. Enarbolados como héroes mitológicos de una Argentina arcaica, surgen en el cielo diáfano un gran toro inflado bautizado como “Alfredito”, a él se enfrenta como Teseo al Minotauro, un pingüino de similar tamaño al que llaman “Néstor”. Antiguamente se canonizaba a los héroes, el sistema moderno prefiere vulgarizarlos. Ambos están en una suerte de nebulosa observando desde arriba una plaza atiborrada de identidades perdidas en búsqueda de respuestas para preguntas incompletas. Y es que hasta los que son incapaces de aprender se han puesto a enseñar. En estos días todos los hombres con un poco de fama tienen sus discípulos pero no hay que olvidar que después será Judas el que escriba la biografía.  Lo cierto es que tanto barullo se asemeja al silencio: nada se escucha, apenas si se oyen ciertas voces tratando de esgrimir una idea pero la Argentina es el refugio de las ideas perdidas y las causas acabadas.  

Cualquier que camine por allí podría encontrarse con Gabriel Syme, aquel poeta del orden que supo ser Jueves en la pluma de G. K. Chesterton, o con Gregory, el anarquista que termino representando al Domingo. Compararía el cuadro con aquel otro donde una supuesta conspiración anárquica quería imponerse con fuerza sin advertir que aquella sólo era la otra cara de la monedad de las libertades individuales. La responsabilidad de ser libres es una carga pesada  que a veces, es mejor  apelar  a oscuros sistemas, invocar a complots y terminar imponiendo la ideología victimista, mientras un toro y un pingüino definen una batalla pírrica. 

Las oligarquías ganan algunas partidas: no hubo fútbol ni un picadito como suele haber en las zonas más marginadas, por el contrario una pelota ovalada dio pie a un partido de Rugby y entre scrown, mauls y tackles se definió el espacio donde cada quien es cada cual, así se encuentra la dignidad y la pertenencia en esta geografía. Mientras, dentro del recinto una escena dantesca: voces a los gritos que se superponen creyendo tal vez que la más gruesa es la que vence la contienda. Al observar tamaño espectáculo, donde el sudor es protagonista y las palabras muestran su faz gratuita, cualquier espectador más o menos desprevenido, puede sentir un devenir similar al de Gregorio Samsa, esa cucaracha kafkiana que trata de entender lo que no puede asimilar la naturaleza humana.

Se buscan acuerdos con enfrentamientos, se apela al respeto con el insulto, se impone compulsivamente el consenso. Todo es tan burdo que no puede esperarse un resultado concreto capaz de contener tantos intereses librados a su suerte. 

La voz de la conciencia tiene pañuelo blanco ¿de esperanza?, la voz de la razón,  poncho y barba. Todos son víctimas ¿cómo pueden enfrentarse? Luchan por idénticos derechos amparados en un librito casi insignificante que reparten en las esquinas como si fueran biblias evangelistas. Se trata de la Constitución Nacional tan clara, tan simple y sin embargo, librada a interpretaciones tan disímiles… Si  Alberdi viviese no dudaría en transcribirla pero en una lengua universal para que no haya más confusión y barbarie en esta tierra. Quizás se halle ya de lleno en esa tarea y en breve, los ciudadanos, podamos comprar un ejemplar de la nueva Constitución de los argentinos en el ciberespacio donde debe quedar el único resabio de cultura y dignidad nacional.  

Qué el resto lo resuelvan los próceres del siglo XXI que supimos conseguir: el toro Alfredito y el pingüino Néstor. Y ¡oh, juremos con gloria morir…!

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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23/06/2008

HASTA LA PRÓXIMA TAPA O PORTADA

Por Gabriela Pousa (*)

“… y aquí no ha pasado nada…”

Es asombroso cómo en la Argentina los acontecimientos más insólitos pasan como si fueran meras anécdotas o capítulos de alguna telecomedia. Después de 100 días de una crisis sin igual, o tal vez de esperar una crisis sin igual, protagonistas y espectadores se vuelven a reacomodar. Ciertamente, han cambiado muchas posiciones, se ha perdido el orden original, y en los próximos días presenciaremos una suerte de juego de la silla donde cualquiera puede terminar ocupando un sitio circunstancial.

En la cuenta regresiva, la ausencia más notable es la de la razón. De pronto, las ideologías se guardan en los cajones y el miedo al escrache juega un rol decisivo en la definición. ¿Cuántos legisladores están haciendo un severo análisis de conciencia o están llamados a la reflexión en momentos cruciales para la Nación? A juzgar por las imágenes de la televisión, el Congreso es un avispero donde se tejen números, sumas y restas más que argumentos y estudios de situación en serio. La política se reduce, de pronto, a una ecuación aritmética. ¿Le alcanzan los votos a los Kirchner o no?, es la pregunta del millón. La sociedad quiere saberlo, la misma sociedad que antes de estos 100 días no tenía ni una mínima noción de las retenciones y su existencia. De allí que creer que en esa discusión se agota el tema es el verdadero problema que tiene la Argentina.

Ahora bien, ¿para qué deberían alcanzarle las voluntades parlamentarias al matrimonio presidencial? La respuesta sin anestesia es para ganar una batalla convertida en guerra. El adversario sigue de pie aunque no esté parado en el medio de las rutas. Molesta a Néstor Kirchner no haber logrado aún ponerlos de rodillas. Las consecuencias de buscar ese fin a través de uno de los poderes de la república son peligrosas. La calidad institucional del país no puede siquiera medirse en una escala lógica. La suma del poder, la concentración del mando y el temor disipado entre los diferentes estratos de funcionarios ha cercenado las bases de un poder democrático y republicano. La única ventaja que se yergue sobre la Argentina es que no hay miras de un golpe de Estado, nada más impensado, pero eso no implica que pueda jugarse con los conflictos ni jaquear las instituciones como si éstas fueran cuarteles que aglutinan hombres obligados a cumplir órdenes.

Hoy por hoy, en el país, pensar diferentes al oficialismo es un riesgo pero es al mismo tiempo un mérito. Extraña manera de honrar al pensamiento… Los trofeos para los legisladores se alzan a la espera de esas disidencias. Es como si no se esperase un debate de ideas sino una defensa del disenso, como si las retenciones móviles fuesen tan sólo una excusa de lo que en verdad se juega esta semana en el Parlamento. En el fondo estamos discutiendo un modelo de gobierno y eso es lo que molesta en Balcarce 50. Muévase o no el porcentaje de aquellas, lo que se está observando con sigilo desde la Casa de Gobierno y también desde afuera es la actitud de quienes vayan a sentarse en las bancas esta semana. Discutir ahora si están allí por listas sábanas o por deseo popular manifiesto, tras conocer algo más que los datos filiatorios, es abrir otra grieta en un camino donde ya hay demasiados agujeros. La reforma política es una falacia que han utilizado tantos gobiernos que pretender ahora sacarla del ropero es casi risueño.

¿Cuántas portadas como estas hemos leído ya los argentinos? Pasó 1996 sin pena ni gloria, pasó también el 2003 y la inseguridad, detrás de la problemática del campo, sigue causando estragos. Paradójicamente o no, el PJ dividido, vaciado o viciado sigue dominando el escenario. Y finalmente, Néstor Kirchner y Eduardo Duhalde siguen pulseando sin que nadie sepa demasiado a qué están jugando. La saturación llegó a las calles pero llegó en forma natural sonando como cacerolazos.

Es triste creer que nada ha cambiado demasiado, pero siempre, la Argentina, tiene una oportunidad más, parece que esta fuera una tierra donde constantemente se abre espacio para otra chance. Ni el hartazgo ni la apatía son ultimátum, puede volverse al llano. No importan los grandes titulares, ni las promesas cuando las palabras no valen nada. Si se hubiese gravado la sarta de insensateces que hemos oído en los pasados 100 días, las retenciones no tendrían ni que ser discutidas, podríamos abolirlas. Sobrarían fondos para las obras y sus coimas, para las banelcos que sacan leyes, y hasta para hospitales y escuelas aunque después estos no tengan insumos, y los estudiantes se dediquen a cortar calles porque no les gusta el color de pelo que tiene un maestro o los hayan reprobado.

Y es que el problema de la Argentina va mucho más allá del campo y sus impuestos. Si queremos seguir creyendo que ese es el leitmotiv de todo lo que pasa, y sancionada con o sin reforma la iniciativa en juego, aquí no ha pasado nada… después no nos quejemos. Sigamos viviendo a través de las portadas. La punta del iceberg generalmente no daña, lo que hunde y genera catástrofe es lo que está sumergido, aquello que esta esconde o tapa…

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente. © www.economiaparatodos.com.ar

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23/06/2008

¿QUÉ INVENTARÁN PARA ZAFAR DEL DESPRESTIGIO?

Por Roberto Cachanosky (*)

Durante los 5 años de mandato de Néstor Kirchner, había quedado en evidencia que el entonces presidente no toleraba la más mínima disidencia. Cualquiera que presentara una posición diferente era vilipendiado desde el atril o escrachado por los piqueteros (los mismos escraches que hoy el Jefe de Gabinete define como nazis cuando les toca a ellos). En definitiva, se sabía que Kirchner tenía tendencias autoritarias y el temor invadía a la mayoría de la gente.

Cuando Cristina Fernández de Kirchner ganó las elecciones, algunos periodistas se esforzaron por tratar de mostrar que comenzaba una nueva era de diálogo y un cambio de política que nos incorporaría al mundo. El esfuerzo fue en vano porque a poco de asumir pudo advertirse que la esposa del ex presidente tenía las mismas actitudes autoritarias que su marido. Tanto es así que en varias oportunidades resaltó que ella tenía el 46% de los votos, como si disponer de una mayoría circunstancial le permitiera avasallar las instituciones republicanas o disponer de la propiedad y de los ingresos de la gente a su antojo cual monarca autocrático.

¿Cuál es la novedad que tenemos luego de 5 años de kirchnerismo? A mi juicio, hay dos datos relevantes. En primer lugar, ocurrió algo inédito: un sector, el agropecuario, se plantó ante las decisiones del oficialismo y se puso firme en el disenso. El “método Moreno” dejó de funcionar. Esto no entraba en los cálculos del kirchnerismo y la reacción no se hizo esperar. Había que poner de rodillas a aquellos que opinaban diferente, adoptando actitudes que fueron deteriorando cada vez más la imagen del matrimonio.

El segundo hecho que los sorprendió –y que fue el peor de todos, al menos hasta ahora– fue el apoyo que la inmensa mayoría de la población le dio al campo, junto con los cacerolazos que se extendieron a lo largo y ancho del país. Ellos saben que ese gigantesco acto de repudio al matrimonio presidencial no tiene que ver sólo con las retenciones, sino que también refleja los estragos que están haciendo la inflación y el comportamiento soberbio con que se siguen manejando tanto Néstor como Cristina.

La brutal caída en la imagen presidencial que reflejan las últimas encuestas los debe tener muy preocupados. Sin embargo, lo que más les debe preocupar es el aumento de la imagen negativa. ¿Por qué? Porque un político puede tener baja imagen positiva y, al mismo tiempo, baja imagen negativa. En ese caso dispone de margen para crecer o recuperarse. En cambio, cuando la imagen positiva es baja y alta la negativa, el personaje se encuentra en problemas, ya que la elevada imagen negativa constituye un techo para crecer o recuperar el apoyo de la población.

¿Cuál ha sido la reacción de los Kirchner frente a su creciente deterioro político? Sacar a la calle a las fuerzas de choque de los piqueteros amigos del gobierno como Luis D’Elía. Su reacción consistió en responder al descontento popular con la violencia de los piqueteros y demás fuerzas de choque, con lo cual la imagen del gobierno se deteriora aún más.

Cuando D’Elía entró a las trompadas en la Plaza de Mayo en el primer cacerolazo, quedó demostrado el grado de intolerancia con que se maneja el gobierno cuando la gente se manifiesta en su contra. Estos hechos se repitieron frente a la Quinta Presidencial y, cada vez que la gente va a la Plaza de Mayo a manifestar su disconformidad, enseguida aparece D’Elía para decir la Plaza es mía, como si pararse en la Plaza y no dejar pasar a nadie que piense diferente les diera la razón o les otorgara más apoyo popular.

Es evidente que el matrimonio debe sentirse muy afectado por el rechazo que están teniendo. Ellos saben que el acto que hicieron el miércoles de la semana pasada en la Plaza de Mayo no tuvo una concurrencia espontánea. Saben que montaron un apoyo de utilería a favor suyo, mientras que los cacerolazos y el acto de Rosario fueron espontáneos. Todos sabemos que debe ser sumamente denigrante para uno alquilar gente para que lo aplauda, mientras que nadie es pagado por golpear una cacerola. Me imagino que para cualquier persona debe ser deprimente tener que simular el apoyo. Pagar para que a uno lo aplaudan debe ser una experiencia muy desagradable porque, en el fondo, uno sabe que se siente denigrado de tener que recurrir a ese método.

La novedad, entonces, es que los Kirchner se encuentran con algo que no habían tenido que afrontar hasta el momento: un profundo desprestigio ante la sociedad con el correspondiente rechazo. Esta situación inédita los hace reaccionar con más violencia verbal. Por ejemplo, cuando D’Elía llamó a armarse para defender al gobierno de Cristina, Néstor no repudió los dichos de su amigo piquetero, sino que simplemente se limitó a decir que no estaba de acuerdo.

Hoy los Kirchner denuncian los cortes de rutas como antidemocráticos, mientras el puente con Uruguay sigue cerrado sin que el gobierno emita opinión al respecto.

Alberto Fernández denunció como actitudes nazis que los productores vayan a las casas de los legisladores a reclamar por las retenciones, pero no denunciaron como nazis el escrache que los jóvenes K le hicieron al stand de Clarín en la Feria del Libro, ni el escrache que los piqueteros le hicieron a Shell, o el escrache que la Agrupación Hijos, miembros de las Madres de Plaza de Mayo, le hicieron al juez Bisordi o la toma de una comisaría por parte de D´Elía. En definitiva, no pueden tomarse como serias y sinceras las declaraciones del jefe de Gabinete. Solo reflejan el grado de desazón con que están viviendo este momento.

La realidad es que estamos viviendo una nueva etapa en la cual los Kirchner tienen que enfrentar serios problemas económicos y un creciente rechazo de la población a su modo de gobernar. Por lo que se vio hasta ahora, este nuevo escenario los hizo más agresivos e intolerantes porque para ellos es inadmisible que la gente no se subordine a sus caprichos.

Como la situación económica ya ha entrado en un proceso de recesión, para el matrimonio presidencial los tiempos de gloria pertenecen al pasado. Políticamente están muy complicados. Y tampoco podrán recuperar la economía porque la virulencia de sus palabras y comportamientos han terminado de espantar a cualquiera que imaginara poner un peso de inversión en Argentina.

Así como están las cosas, ellos saben que en las elecciones del año que viene tienen asegurada la derrota. Si pierden la mayoría en el Congreso ya no tendrán todo el poder y ellos no están acostumbrados a gobernar de esa forma, con lo cual, el 2011 pareciera ser un horizonte lejano y poco alentador. Sólo resta saber qué inventarán para tratar de evitar que el descontento popular que hoy se manifiesta en cacerolazos se traduzca en una humillante derrota electoral.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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16/06/2008

¿OTRA VEZ SOPA?

Por Gabriela Pousa (*)

Los fantasmas de diciembre de 2001 se agitan en las calles y en el recuerdo. De todos depende que, esta vez, la historia pueda transitar por otros carriles.

“… Aún puede escucharse a aquel energúmeno que,
cargando un electrodoméstico sobre sus hombros,
corría por la avenida principal de la ciudad
gritando a los demás: ‘¡El año que viene a la misma hora!’”
27 de diciembre de 2002

Parece que la política se va tomar un largo periodo de vacaciones en la Argentina, un lujo que no muchos se pueden dar. Parafraseando a la Presidente podríamos decir que la política debe haber tenido buena renta, razón por la cuál puede estar meses sin trabajar… Seguimos, pues, sin posibilidad de análisis concreto, a no ser que se analice aquello que ha reemplazado el quehacer político, es decir: el desgobierno.

Lo primero que un argentino medio debería hacer si acaso acepta el desafío que implica averiguar qué sucede en la Argentina, es asirse del diccionario y convertirlo en una suerte de manual de lectura imprescindible. De lo contrario, es inútil entender que pasa a no ser que haya un intérprete del absurdo que representa vivir en una confrontación sin límite, escuchando términos ya obsoletos en el mundo entero y también en la Argentina.

Todo comenzó hace casi 5 años con un extraño retroceso del país. El kirchnerismo asumió, y tras los festejos de la “graduación” por el paso de grado de una gobernación provincial a un Ejecutivo Nacional, comenzaron los preparativos de una conmemoración o una representación cuasi infantil del país de hace 30 ó 35 años. Los disfraces que usan y usaron para subir al escenario quizás no reflejaron el espíritu de aquella época signada por la tragedia y la violencia. Sin embargo, la escenografía, los nombres y el libreto ensayado se adaptaron con buena sinonimia a los de aquellos infortunados años.

Si acaso la idea era terminar con una asignatura pendiente, el resultado puede comprenderse con menos dificultad que si el objetivo fue o es gobernar. Podríamos decir que, el primer acto, dejó en evidencia cómo venía la mano, y cuales eran los verdaderos intereses de los protagonistas egresados. Posiblemente entonces, el error lo cometieron los espectadores que se quedaron perplejos o atrapados por la trama, inmóviles, sentados en las butacas observando inertes la sucesión de viejos sketchs, tratando de hallarle un hilo conductor a la historia que estaban contándoles con apenas algunos argumentos originales.

No faltaron aplausos. Tal vez, algún acierto o un histrionismo valedero lo merecieron. No puede negársele alguna habilidad, de otro modo, hoy, los argentinos, estaríamos presenciando otra obra, con elenco renovado y, sobre todo, con un guión cambiado. Pero el final de este folletín lo conocemos, si hasta me avergüenza confesar que yo misma lo plasmé en una nota similar publicada en un matutino porteño.

Transcurría el mes de diciembre de 2002 cuando en otro artículo narraba que no había excusa racional para explicar esa “sensación de ser parte de una época ya conocida, que no habrá de legar, por más ingenio que se aplique en buscarla, ninguna página de gloria a la historia nacional”.

Inmaduros crónicos a esta altura, no podemos - como en aquel entonces- dilucidar las causas por las cuales repetimos lo peor de una historia que ya hemos vivido y sufrido denodadamente. Recordaba entonces, y recuerdo ahora, la ventaja que tuvieran actores de la talla de Alan Alda y Ellen Burstyn capaces de disfrutar los mismos escenarios, viviendo en ellos las mismas cosas, “el año que viene a la misma hora”.

Mientras trazaba el paralelo con aquella ficción hollywoodense, los argentinos, estábamos conmemorando 365 días aproximadamente, de los fatídicos hechos que terminaron con un helicóptero levantando vuelo desde el techo de la Casa de Gobierno. Por mi parte, me niego rotundamente a creer que hoy estamos esperando, con la pasión de aquellos intérpretes cinematográficos, que ocurran los mismos hechos, primero y principal porque en nuestro caso distan de ser placenteros. Sin embargo, hay muchas similitudes en el libreto que están recitando en Balcarce 50 los protagonistas de este viejo cuento mientras todos, atónitos, intentamos alguna especie de respuesta que nos justifique, o al menos nos exculpe, por seguir pagando entrada para ver una obra gastada, encima desvirtuada, y lo más triste, que no sirvió para nada.

Cuando llenaba aquellas páginas similares a estas, se había esperado con ahínco el 25 de Mayo para festejar el re-encauzamiento de la Argentina. Fue en vano. Posteriormente se dijo que la gran epopeya que coronaría la concertación y el dialogo político (textuales palabras), se llevaría a cabo el 9 de Julio. El pueblo, sin emitir queja, esperó aquella fecha pero el anfitrión, un tal Eduardo Duhalde, faltó. Y el que depositó dólares no recibió dólares…

Hoy, esperamos el gran Acuerdo del Bicentenario. No parece muy diferente la intención ni mucha de la metodología es demasiado novedosa. Hay en demasía puntos de comparación entre aquel escenario del pasado y este de ahora, un tanto desprolijo, montado por un grupo de improvisados que responde órdenes de un “jefe”, a quién es obvio que se le teme. Todo es muy burdo y macabro.

El país está amenazado. Apenas hay una esperanza que asoma desde las butacas: esta vez no son masivos los aplausos, la queja es sonora y el pueblo ha comenzado a levantarse en medio del espectáculo. Lo coherente sería retener al público, sin necesidad siquiera de cambiar los actores, pero ofreciendo un nuevo libreto, un espectáculo más sano con una escenografía acorde a los tiempos que corren, y sobre todo asegurándole a la ciudadanía que, el año que viene a la misma hora, la Argentina será realmente otra.

Hoy por hoy, la pregunta más escuchada recuerda a aquel mítico personaje de Quino cuando decía: “¿Otra vez sopa?” (*). Quién sabe, tal vez sea mejor hacer valer los derechos cívicos atendiendo tan sólo la Constitución y, en pro del renacimiento de la Nación, soportar el vacío de las góndolas para que, al menos dentro de tres años, haya un nuevo menú con suficientes alternativas para llenar las urnas, y la sopa no sea el plato que debemos comer compulsivamente cada día.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente. © www.economiaparatodos.com.ar

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16/06/2008

LOS SISTEMAS AUTOCRÁTICOS NO DIALOGAN, IMPONEN

Por Roberto Cachanosky (*)

EL conflicto con el campo sacó a la luz la necesidad de discutir no sólo una determinada política económico sino, además, las bases republicanas del país.

Antes de la protesta del campo, ya se sabía que la economía estaba deslizándose rápidamente hacia una crisis. La inflación se había disparado mucho antes del paro agropecuario, mientras que los problemas energéticos, fiscales y ausencia de inversiones eran más que evidentes. Hoy, por lo tanto, no estamos asistiendo a una crisis política, social y económica inesperada ni gratuita, sino que vivimos el resultado inevitable de una acumulación de disparates que tenía que terminar de esta manera.

Es que el supuesto paradigma del nuevo modelo económico no era tal por más que algunos empresarios pretendían verlo como un descubrimiento de la ciencia económica, por el cual se podía emitir sin generar inflación, crecer sin tener inversiones y lograr que la economía funcionara con crecientes controles e intervencionismo.

Todo lo que estamos viviendo hoy es el resultado de un modelo intrínsecamente perverso que se basa en el autoritarismo económico y político.

Néstor Kirchner creyó que podía, sin costo alguno, emitir moneda en cantidades crecientes para sostener el eufemismo del tipo de cambio competitivo, hasta que un día se dio cuenta que había inflación. En vez de corregir el rumbo económico, lo mandó a Guillermo Moreno a controlar los precios y a apretar a los empresarios para disimular la inflación mientras el BCRA seguía imprimiendo billetes. Como eso no le alcanzó, destruyó el INDEC para que dijera que los precios no subían en Argentina. Prohibió exportaciones, aumentó sistemáticamente los impuestos a las exportaciones, denunció y acusó a sectores productivos de avaros. Hoy el gobierno dice que aumentó las retenciones para que se produzca, entre otras cosas, más carne. Todavía me acuerdo de su discurso, vociferando desde la tribuna que el campo quería lucrar con el hambre del pueblo argentino. Hizo todo lo posible para destruir la ganadería, lo consiguió y ahora se queja que no se produce carne.

No conforme con todo esto, metió la economía en una maraña de subsidios para disimular la inflación, duplicando en un año los subsidios a la energía para que no se tocaran las tarifas. El resultado es que a las empresas le bajan la palanca cada vez más seguido porque si no tienen que dejar sin luz a la gente mientras el gasto público crece por la necesidad de mayores recursos para financiar estos subsidios.

Néstor Kirchner creyó que podía manejar indefinidamente a las trompadas la economía y hoy se encuentra con que la realidad le devuelve las trompadas a él. Desabastecimiento, inflación galopante, un país económicamente paralizado y una imagen del gobierno que cae en picada como nunca antes se había visto.

Pero frente a la cruda realidad que cualquier persona puede ver, el gobierno sigue empeñado en negarla. La presidente sigue diciendo que el país crece, que hay menos pobreza, que nunca antes en toda la historia de la Argentina habíamos crecido como lo hicimos en los últimos 5 años. Ella y sus funcionarios han llegado a formular declaraciones que ofenden la inteligencia de la gente. Alberto Fernández afirmó que las retenciones no son un impuesto sino que son una herramienta de política económica y, por lo tanto, no tienen que pedirle permiso al Congreso para aumentarlas.

Después de 90 días de conflicto Cristina Fernández de Kirchner quiere hacernos creer que cuando se anunciaron las retenciones móviles se olvidó de explicar que lo hacía para destinar más fondos a planes sociales. La verdad es que tratar de “vender” el impuestazo al campo como una necesidad de “solidaridad social” es casi una falta de respeto al coeficiente intelectual de los argentinos. ¿Cómo puede pararse frente a las cámaras de televisión y decir, sin que se le mueva un pelo, que los recursos van a ser destinados a construir más hospitales si los que hay se caen a pedazos? ¿En serio creen que con ese discurso van a convencer a la gente que ellos son buenos y el resto son avaros?

El gobierno y Moyano se cansaron de decir que por culpa del paro agropecuario la inflación se había disparado. Había inflación por culpa del campo. Pero resulta que el INDEC acaba de “informar” que la inflación en mayo fue de solamente el 0,6% y los alimentos subieron el 0,1%.

Es curioso, los Kirchner despotrican contra el libre mercado, pero se mueven políticamente recurriendo a las reglas del intercambio comercial. Permanentemente buscan el precio de conseguir el apoyo de gobernadores, intendentes, legisladores, sindicalistas y sectores productivos. La caja por un lado y el apoyo por el otro. Obviamente, un esquema de este tipo nada tiene que ver con una democracia republicana. Por el contrario, el matrimonio parece ver el poder como un negocio personal. Si consigo el poder tengo el monopolio de la fuerza y con el monopolio de la fuerza puedo apropiarme del trabajo de la gente y con ese dinero construir más poder comprando voluntades. Para conseguir ese objetivo todo el sistema económico tiene que estar subordinado al mantenimiento del poder, por más inconsistentes que sean las políticas económicas que se apliquen. El costo de semejante esquema está a la vista.

El discurso de que las retenciones se ponen para que la gente tenga comida en sus mesas ya no convence a nadie, porque no solo los precios de los alimentos se han disparado fruto de la inflación que generó el gobierno sino que, además, han logrado uno de los desabastecimientos más grandes de la historia argentina.

De aquí en más sabemos que los Kirchner no van a dialogar porque no conciben el diálogo como un mecanismo de entendimiento. Los sistemas autocráticos no dialogan. Imponen. Ellos creen en la prepotencia, la descalificación, las amenazas y en infundir miedo utilizando el monopolio de la fuerza que los argentinos le delegamos para que defendiera nuestro derecho a la vida, la libertad y la propiedad.

Lo que hoy se está discutiendo en Argentina ya no es un tema de retenciones o de política económica. Estamos discutiendo la defensa de una democracia republicana contra un sistema autoritario basado en el abuso del poder delegado por los ciudadanos.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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09/06/2008

¿DE QUÉ ESTAMOS HABLANDO?

Por Gabriela Pousa (*)

A Bernardo, que le ganó el olvido.

A una determinada edad, se supone que hay que esperar la muerte con cierta paciencia y algún dejo de resignación porque el camino se ha hecho, y lo que falta quizás no admita demasiada expectativa. Sin embargo, hay gente que nunca tiene edad, apenas si cumplen años… o tienen la edad de cada uno de aquellos a los cuales, de una u otra manera, han afectado. A esa edad partió hacia un estudio de televisión mejor Bernardo. Para algunos vivió muchos años, para otros se fue demasiado temprano. Tenía la juventud de la esperanza y la carga de una sensatez que le hacía ver que todo esfuerzo por una Argentina mejor no estaba dando resultado. Pero hay que ver… Tal vez desde una platea de lujo pueda darse cuenta que la siembra arroja buena cosecha, y que lo único que no sabemos manejar es la duración de la vendimia.

En su día, Bernardo se fue esperando un diálogo utópico entre gobierno y campo, soñando políticas de Estado, una dirigencia con sentido común y un estándar de vida mejor no para él que por cierto la tenía sino para muchos ignotos que, de pronto, se paraban frente a él y le agradecían una lucha con vaivenes, una búsqueda con aciertos y tropiezos, una manera de ser y hacer que no pasó inadvertida por algo… Lo quisieron muchos, lo odiaron otros tanto, y es sabido que el odio se acerca más a la envidia que a las causas. De todos modos, los motivos de tanto que ha generado siempre serán difusos y viciados de creencias, experiencias y situaciones que no pueden ser analizados. Defendió a capa y espada sus ideas, si las cambió o no carece de relevancia porque a lo largo de 83 años, la vida acaricia y golpea, talla a su manera. Lo que cuenta es que las defendió y en todo momento fue coherente con ellas. Siempre tuvo una sola camiseta, la de Bernardo Neustadt. No la vendió ni la canjeó. Lo vi en su cama, el sábado, ya descansando, y ni las sábanas impedían que se viera en su piel la bandera que siempre enarbolara. Más que vestirla, la tenía tatuada.

Bernardo era Bernardo, no pretendamos analizarlo. Quería ayudar a pensar y lo ha logrado. Hoy, hasta las crónicas más agudas han sido pensadas desde cada letra del abecedario hasta los puntos y comas ya sea para admirarlo, ya sea para criticarlo. Muchos, sin darse cuenta siquiera, le dieron la razón al periodista que partió en su fecha. Estaba más allá y fue a ocupar su lugar.

Se fue preocupado, demasiado triste por un país quebrado, y esta vez, no es precisamente la economía la que establece la entereza de la Argentina. Podrá haber reservas, sostenerse el dólar, bajarlo para castigar nadie sabe bien a quién, etc. pero lo que no hay es coherencia ni acción política verdadera. Un monopolio del poder se yergue sin llevarnos a ningún lado. Cualquier intento por definir qué ha de pasar en la Argentina es una utopía. Habría que estar en la mesa de luz del supuesto ex mandatario para saber con qué humor empieza el día, y tratar así de definir qué puede depararnos.

La política pasó a ser una patología, los datos tan preciados para la toma de decisiones en empresas, en la vida… no aportan un ápice para asegurarse rentabilidad o al menos subsistencia. A tal punto se ha llegado que ni siquiera las pérdidas pueden ser medidas. Todo puede ser o no ser. La salida siempre está, lo que sucede es que nadie sabe a ciencia cierta dónde y cuánto se tardará en llegar.

La situación actual es híbrida, siguen las internas y la puja por la permanencia en despachos dentro de Balcarce 50, se abren apuestas para ver cuánto dura esta suerte de acefalía encubierta en dos cabezas. ¿Hay Gobierno o hay acumulación de intereses y dependencia de fondos y lealtades atadas con alambres? En estos días, el Guernica de Picasso parece ser la mejor fotografía de la Argentina. Sin duda, esa imagen superó lo que tantos años no pudieron superar: el corazón de Neustadt.

Las semanas que pasaron se llegó incluso a debatir la posibilidad de que se derrame sangre por un problema que pudo resolverse en décimas de segundo. ¿Cuántas veces se han corregido medidas equivocadas? ¿Es posible analizar un escenario de confrontación en un país como el nuestro sin advertir que la ficción nos ganó de mano? Palabras de la talla de “guerra” o “batalla” se escuchan a diario. ¿Cuáles son los bandos? Se oye mencionar a oligarcas y a golpistas. Empiezo a creer que hablamos sin saber de qué hablamos: un “mérito” del matrimonio presidencial, está claro. Quizás sea “el efecto rock and roll” o un Gobierno que confundió su rol y cree ser el Estado en detrimento de la Nación.

Más allá de esta agonía de una clase dirigente que está denodadamente buscando, conciente o no, su salida sin que haya ningún tipo de complot ni haya sido siquiera requerida tal acción por una oposición o un grupo desestabilizador, está la Argentina de todos los días. La que aumenta el consumo de ansiolíticos, la que posee mayor densidad poblacional acudiendo a terapias alternativas, aquella que tiene índices maravillosos para recitados oficialistas en todos lados pero esconde números que son los verdaderos indicadores de su estado. La tristeza no se mide en el INDEC pero mata. La tristeza enferma. La salud no aguanta puede que aguanten los ruralistas, que sigan los paros de camioneros o de tractores, incluso la huelga de liderazgos puede perpetuarse, pero el corazón se va gastando, y en este trance de buscar un país no perfecto sino tan sólo razonable, estamos enterrando seres humanos, perdiendo mucho más que reservas, porcentajes de credibilidad, confianza del consumidor o imágenes positivas.

Se nos va la vida, y el país sigue sobreviviendo en un coma farmacológico provocado por un gobierno que sabe tanto de política como de medicina. Es muy difícil que quienes hayan generado la enfermedad puedan ahora curarnos, sin embargo deben hacerlo. Faltan tres años para que las urnas develen cambios. ¿Cuántos Bernardos más, cuántos corazones gastados, cuántas esperanzas yertas dejaremos entre tanto?

Esperemos, al menos, poder retomar la próxima semana el análisis político concreto porque eso evidenciaría que vuelve la política a la Argentina. Mientras tanto, lo que hay es un estado patológico que sólo puede ser analizado por un médico especializado.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente. © www.economiaparatodos.com.ar

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09/06/2008

¿HASTA DÓNDE INTENTA LLEVAR EL CONFLICTO EL GOBIERNO?

Por Roberto Cachanosky (*)

Todo parece indicar que los Kirchner y algunos funcionarios disfrutan con el enfrentamiento, las peleas verbales e, incluso, la violencia que gana las calles.

Que Néstor Kirchner le había dejado una bomba con una mecha muy corta a Cristina no es una novedad. Ya en el 2007 la inflación se había disparado y comenzaba a generar serios problemas que todos pronosticábamos (salvo el Gobierno) que en marzo iban a producirse fuertes reclamos de aumentos salariales. También le dejó una crisis energética que no se resuelve tan fácilmente, crisis que ya se agrava con la falta de combustibles en la ciudad. Basta con recorrer las estaciones de servicios para ver carteles que dicen “solo súper” o, directamente, “no hay combustible”. La distorsión de precios relativos era otro problema fenomenal que heredó su esposa (tarifas de los servicios públicos, energía, combustibles, ente otros). La ausencia de reglas de juego de largo mantuvieron alejadas las inversiones y, sin ellas, el crecimiento es imposible, siendo este otro de los problemas que le dejó Néstor a su esposa. La deuda pública se disparó hasta niveles infinanciables, superando los “nefastos 90” y sin acceso a los mercados financieros internacionales. Argentina es ignorada en el mundo o, en el mejor de los casos, nos ven con cierto grado piedad por la forma en que se está destruyendo el país.

En este contexto, algunos analistas creyeron que Cristina Fernández de Kirchner iba a adoptar una política de más integración al mundo, menos conflictividad y más realismo económico. Lo que nadie pareció calcular es que Néstor no se iba a ir a un café literario y que, por el contrario, desplazaría del poder, sin ningún tipo de pudor, a su esposa.

La crisis del campo fue un detonante porque la debilidad fiscal del Gobierno requería de más recursos para mantener el esquema de poder basado en la caja, y el argumento de que el “yuyito” genera mucha plata fue utilizado para castigar al campo con un impuestazo, suponiendo que no iba a haber reacción. La hubo y hasta niveles insospechados.

Los argumentos del Gobierno para sostenerse en su postura de no cambiar los derechos de exportación han ido variando según las circunstancias. Todo tipo de disparates conceptuales se han lanzado desde el Gobierno para argumentar semejante confiscación. Por ejemplo, dijeron que el campo tiene el gas oil subsidiado. Basta con recorrer 300 km desde Buenos Aires para darse cuenta de que no existe tal subsidio porque el productor, para conseguir algo de gasoil, tiene que pagar 2,5 pesos por litro o más.

También se ha dicho desde el Gobierno que el campo tiene un tipo de cambio subsidiado. La realidad es que, aún tomando la inflación trucha del INDEC, si uno deflacta el actual tipo de cambio y lo lleva a precios de 2001, cuando regía el 1 a 1, hoy el productor, con una retención del 40%, recibe un tipo de cambio de 0,85 pesos por dólar, pero tiene que pagar los insumos importados al equivalente del 1 a 1. En otras palabras, hoy el productor tiene un tipo de cambio real peor que en la convertibilidad. Toda su mejora en los ingresos se produjo a partir de la suba de los precios internacionales y no gracias al Gobierno, sino a pesar de él.

Para colmo, en un acto de “patoterismo” absurdo el BCRA está impulsando la baja del tipo de cambio, con lo cual incentiva la fuga de capitales porque a la gente le está regalando los dólares (todo el mundo sabe que en el mediano plazo va a volver a subir), deteriorando el tipo de cambio real. Por lo tanto, ya no es el campo el único que se perjudica con esta medida o se pretende castigar a aquellos que compraron dólares cuando el tipo de cambio estaba más alto, sino que ahora mete en un brete al sector industrial, generando bronca en el sector que, hasta ahora, lo venía apoyando.

Si desde el punto de vista económico Néstor le dejó a Cristina una bomba con una mecha corta, ahora, con las atrocidades económicas que están haciendo, le está achicando más la mecha. Es que, no solo tenemos inflación creciente, sino que, además, la economía ya se está enfriando, llevándonos de cabeza a un proceso de recesión con inflación, más fuga de capitales.

Desde el punto de vista político, queda claro que Néstor Kirchner, no quiere el dialogo con nadie. En infinidad de oportunidades ninguneo al campo o buscó excusas para romper el dialogo. Primero fue cuando se enojaron con Buzzi porque al salir de una reunión dijo que el Gobierno había reconocido ciertos errores en el sistema de retenciones móviles. El Gobierno se sintió ofendido por estas declaraciones y rompió el diálogo, pero lo cierto es que, luego implícitamente reconoció que se había equivocado cuando unilateralmente hizo cambios en las retenciones móviles. Cambios que cuando fueron explicados, ni el nuevo ministro de Economía entendía lo que estaba diciendo.

Después se enojaron porque en el acto de Rosario los expositores dijeron cosas que habían ofendido al Gobierno, como si este no hubiese dicho barbaridades del sector agropecuario, tratándolo de golpista, avaro y demás adjetivos descalificativos.

Ante el pedido de la Iglesia de establecer un diálogo, el Gobierno se siente nuevamente agraviado argumentando que la Iglesia Católica le falta el respeto a la investidura presidencial cuando pide el diálogo. ¿Qué pretenden? ¿Qué la Iglesia emita un documento pidiendo confrontación, enfrentamientos y sangre?

La última, por lo menos hasta redactar esta nota, es que ahora Néstor exige que el campo le pida perdón al Gobierno. ¿Quién es Néstor para formular estas exigencias si no tiene ningún cargo público? ¿Salvo que uno suponga que Cristina le cedió el poder a Néstor, no puede entenderse ni esta ni muchas otras declaraciones del ¿ex? presidente? Si este fuera el caso, lo que tenemos es un golpe de Estado encubierto, pero que todos parecemos percibir.

Lo concreto es que pareciera ser que Néstor, Cristina y algunos funcionarios del Gobierno disfrutan con el enfrentamiento y los peligros ciertos de violencia. Es como si estuvieran felices de ver a una Argentina al borde del colapso y del enfrentamiento civil. Como si gozaran viendo a una Argentina cayéndose a pedazos, con la gente angustiada por el futuro, con otros perdiendo sus puestos de trabajo por la falta de actividad y muchos pasando a engrosar las estadísticas de pobreza.

Vayamos entonces a la pregunta de fondo: ¿qué quiere conseguir Néstor Kirchner con este enfrentamiento? ¿Qué busca con tanta violencia verbal? Se me ocurren tres respuestas posibles.

Una: todas estas incitaciones a la violencia pueden ser fruto de la pura ignorancia. En ese caso vamos de cabeza una situación muy delicada en lo que hace a la paz social porque estaríamos en manos de un incapaz.

Dos: hacen todo esto para forzar un enfrentamiento civil, que corra sangre, declarar el estado de sitio y terminar de establecer un sistema autocrático. Este esquema pareciera tener pocas probabilidades de éxito porque la mayoría de la población le ha dado la espalda al Gobierno. Basta con ver encuestas serias donde CKF tiene menos del 20% de imagen positiva y el 65% dice que no votaría ni por Néstor ni por ella.

Bajo este supuesto escenario, ¿qué piensan hacer? Meter presa a media Argentina bajo el mando de D’Elía y Pérsico.

Ni los militares, con todo el poder de fuego que tenían en 1982 pudieron controlar a toda una población que estaba disconforme.

Tres: viendo que desde el punto de vista económico esto está fuera de control y vamos hacia una crisis tal vez peor que la del 2001, forzar el enfrentamiento civil para hacer una renuncia “patriótica” y dejarle el problema a otro. Sabiendo que han perdido el apoyo de amplios sectores de la población y que las elecciones del año próximo pueden ser un memorable cachetazo para el oficialismo, mejor irse antes y decir que nunca perdieron una elección y culpar al campo y a otros sectores de desestabilizadores, de haber abortado la “gran transformación” argentina, para tratar de esconder tanta incompetencia junta.

Francamente no sé cuál de estos tres escenarios puede ser el que se busca, lo que sí sé es que resulta muy difícil explicar tantos agravios verbales, tanta incitación a la violencia, tanta prepotencia y tanta incompetencia en el manejo de la cosa pública.

Los Kirchner han quedado totalmente aislados de la sociedad. Están solos y en el medio de un caos político y económico. Solo falta saber hasta qué punto están dispuestos a forzar el enfrentamiento de la sociedad lanzando a sus fuerzas de choque a la calle, para tratar de silenciar el descontento popular.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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02/06/2008

LA ARGENTINA SIMULADA

Por Gabriela Pousa (*)

Los sectores de la sociedad que apoyaron a Cristinta Kirchner con su voto en las últimas elecciones comienzan a darse cuenta de la magnitud del simulacro con que fueron engañados.

“El proceso se acaba de iniciar y usted conocerá todo en el momento oportuno.” Franz Kafka, “El Proceso”

Junio de 2008. Ya nadie sabe a ciencia cierta cuándo comenzaron los problemas para el sector agropecuario, esa franja del electorado que, en gran medida, se inclinó por votar la continuidad del “estilo K” quizás confiando en que las commodities y los precios internacionales seguirían siendo el piloto automático de una gestión, sin contar el afán recaudatorio del matrimonio presidencial. Después, lo obvio, resumido con inigualable frescor por Alfredo De Angeli: “Nos dormimos como cocodrilos y despertamos hechos cartera”.

¿Qué pasó con las innumerables señales que dejó Néstor Kirchner? ¿No se escucharon sus diatribas de atril, sus constantes afrentas y la ausencia de políticas de Estado básicas capaces de sustentar ese “crecimiento” que, al parecer, cautivó a gran parte de los ruralistas entre otros tantos ciudadanos aunque no a la mayoría como se suele escuchar? Hoy, el lamento público de muchos de quienes están a la vera de las rutas genera una sensación dual: entre la bronca y la esperanza. Bronca porque la experiencia no enseña en la Argentina, y esperanza porque llegue el “darse cuenta” antes de votar.

Sin duda, muchos factores colaboraron a crear alguna ilusión en torno a Cristina; no faltaron analistas que “compraran” los cambios que sobrevendrían en materia de política exterior o mismo barajaran nombres que oxigenarían los despachos y cambiaran la metodología oficial. Es cierto también que la batalla entre el Grupo Clarín y Néstor Kirchner no daba señales de vida por aquellos días de modo que se “ofrecía” una Argentina simulada no tan mala y la oposición desarticulada cooperó también a que la continuidad de la desidia fuese decisiva. Así se entronó a Cristina.

Actualmente, la crisis del campo pone en evidencia que las últimas elecciones fueron un simulacro para mantener la creencia de que éste es un país democrático. A pesar de no haber posibilidades nimias ni miras de golpes de Estado, ni siquiera de conspiraciones o complots para desestabilizar aquello que se desestabiliza a sí mismo sin necesidad de ayudarlo, hablar de democracia real es casi surrealista. Nadie duda ya que Néstor Kirchner es quien ejerce el poder. Cristina Fernández se limita a anunciar obras públicas con una alegría prístina como si viviese en otra geografía. Lo cierto es que Kichner digita y oculta su debilidad convocando al aparato justicialista, justo él que bregaba por la transversalidad denostando de algún modo el condimento peronista.

En qué ha de derivar el conflicto originado por las retenciones móviles es un misterio aun cuando tenga su lógica; la lógica de quien gobierna. Si el poder está en manos de una personalidad sin control, movido por el resentimiento y necesitado de adversarios para justificar su soberbia y su carácter bélico, no puede analizarse con coherencia el desarrollo de los acontecimientos. Cada análisis político actual es apenas un intento por “pegarla”, nada más. La negociación puede o no llegar como puede disfrazarse de tregua o de pacto, y lo escrito por la mano borrarse con el codo en décimas de segundo. Es el “estilo K” que ha creado la Argentina de la simulación, donde nada es del todo real. Pueden pasar 6 meses y la soja seguir siendo el tema central o puede que dentro de 6 meses nadie escuche hablar más del “yuyo” endemoniado a pesar de haber llenado la caja oficial. ¿Cómo saberlo?

Seis meses atrás, el caso de Antonini Wilson y su valija parecía el único asunto capaz de conmover a la política argentina. La duda de aquel entonces pasaba por dilucidar si sobreviviría Cristina a semejante escándalo. Desde el atril del Salón Blanco se acusó hasta a los Estados Unidos imputándolo de ser el gran conspirador. Lo increíble de tanto simulacro y descaro es que nada se altera nunca demasiado, aunque todo parezca estar derrapando. Siempre la crisis parece terminal, pero no termina más… Y esa es, quizás, una de las “habilidades” del kirchnerismo. Perpetuándose ellos en el poder, perpetúan los conflictos. No resuelven, apenas si buscan culpables y voceros. Pero la oposición no genera debacle, ni hay golpistas ni conspiradores ni nadie interesado en instalarse en Balcarce 50. En materia de boicot el Gobierno es autodidacta, se autoabastece como lo hace el pueblo si sigue votando la buenaventura de una cosecha en detrimento de las futuras siembras.

En ese trance donde nada parece razonable, que un ministro salga a aclarar que “el Gobierno nada tiene que ver con la detención de los ruralistas” devela directamente la simulación de la república democrática que se es sin ser. Si los poderes fueran independientes dicha aclaración nunca se hubiese hecho. Es que a nadie se le hubiera ocurrido sospechar que el Poder Judicial perpetre el despecho de un Poder Ejecutivo que insiste en retrucar aunque no tenga ni el as de espada ni el de basto ni sume 20 para querer un real envido cantado en una partida a la que se llega sin sumar.

La locura que emana desde arriba se esparce a todos las áreas, la ministra de Defensa puede salir sin que se la cuestione a despotricar gratuitamente contra la campaña del desierto el día que se conmemoraba el nacimiento del Ejército. Todo pasa inadvertido. Todo es un sin sentido. Debe ser por eso que mientras un canal de televisión mostraba la detención de los ruralistas, otro informaba sobre el corte de la Avenida Lugones y General Paz acometido por estudiantes sin que se sepa la causa. Epígrafe en pantalla: “Complicada vuelta a casa. Estudiantes cortan calles”. Ningún fiscal tomó parte. En un ejercicio de sanidad apelé a la magia del zapping: hallé a Luis D’Elía vociferando frente a un periodista que su gente ganaría la toma de plazas públicas. No era la voz de aquel piquetero que bregaba por pan junto a Castells, sino que era la declaración de un funcionario oficial. Todo tan kafkiano que hasta resulta normal ver encaminarse a los dirigentes rurales u opositores hacia el proceso que narró el checoslovaco con tanta genialidad.

Estas líneas parecen ir y venir de un tema a otro sin ilación de continuidad, sin embargo, es el país el que no admite un hilo conductor capaz de darle credibilidad. Si hasta, de repente, me quedé con el control remoto del televisor clavado en una imagen: un rockero sumergido en una burbuja en aguas heladas le cantaba a las ballenas francas y, créanme, eso fue lo más normal que encontré en los últimos días en las noticias de actualidad.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente. © www.economiaparatodos.com.ar

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02/06/2008

OTRO CASO DE FALTA DE INSTITUCIONES

Por Roberto Cachanosky (*)

El conflicto con los productores agropecuarios es un ejemplo bien claro y concreto de los problemas que surgen cuando se violan los principios de la democracia republicana.

Desde las columnas en Economía Para Todos, reportajes de radio o televisión, artículos en periódicos y cuanto medio he tenido a mi alcance, siempre he insistido en que las recurrentes crisis económicas y políticas que tenemos en Argentina son producto de la falta de instituciones, entendiendo por instituciones las reglas de juego que regulan las relaciones entre los particulares entre sí y de estos con el Estado.

Son las instituciones eficientes y permanentes en el tiempo las que permiten crear certidumbre sobre las reglas de juego y, por lo tanto, las que crean las condiciones para crecer en forma sostenida. La gran conquista del liberalismo fue limitar el poder de los monarcas, quienes actuaban como autócratas utilizando la fuerza bruta.

Una de esas reglas de juego básicas para poder crecer consiste en que los gobiernos elegidos por el voto, una vez en el poder, tengan límites a lo que pueden hacer. Gobiernos subordinados a la ley. Gobiernos que no puedan saquear a los contribuyentes, afectar sus derechos de propiedad ni limitar o anular las libertades civiles y políticas.

Claro, cuando uno habla de instituciones parece que estuviera hablando de cosas raras sin mucha aplicación práctica. En algún artículo anterior en Economía Para Todos traté de demostrar, con algunos ejemplos, las implicancias prácticas de tener instituciones sólidas, con una democracia republicana y un Estado limitado. Uno de los ejemplos que di en ese momento fue que, de haber existido instituciones sólidas los depósitos no hubiesen sido confiscados ni pesificados o los jubilados sistemáticamente esquilmados.

Bien, lo que hoy ocurre con el campo es otro ejemplo bien claro y concreto que puede darse respecto a la necesidad de tener un Estado limitado. Si existiera una democracia republicana, hoy los Kirchner no podrían hacer lo que está haciendo. No podrían haber lanzado este nuevo saqueo al campo. La justicia les hubiese puesto un límite o, antes, el Congreso les habría puesto un freno. Pero nada de eso funciona en Argentina. El Congreso ha violado la Constitución otorgándole poderes absolutos al Ejecutivo. No ha debatido ni este impuestazo ni ningún otro. Se ha limitado a ser un simple espectador de lo que está ocurriendo porque ni siquiera la oposición tiene fuerza en el parlamento para debatir este tema. Sobre este tema voy a volver más adelante.

La cuestión es que hoy llegamos a tal degradación de la democracia republicana que Néstor Kirchner aparece como el verdadero presidente mientras que su esposa se limita a funciones protocolares. En los medios podemos leer como es Néstor Kirchner el que lleva la voz cantante, el que convoca a legisladores, gobernadores, intendentes, les da órdenes a los ministros y decide si tal o cual medida se toma o se deja de tomar. Podríamos decir que estamos asistiendo a una especie de usurpación del poder. A un golpe de estado por el cual Cristina Kirchner fue desplazada de sus funciones dejándola como una presidente de utilería. Y si esto no es así, es decir, si no es Néstor Kirchner el que efectivamente ejerce la presidencia tras bambalinas, entonces, debería, en primer lugar, desmentir públicamente lo que se publica en todos los diarios sobre dichas denuncias y, en segundo lugar, tener el decoro de apartarse de la escena pública y dejar de estar reclutando tropa para combatir a los que no piensan como él. En otras palabras, Néstor Kirchner debería dar muestras claras y contundentes de qué no es verdad que su esposa es una presidente de utilería y que no la ha desplazado en el ejercicio del poder.

¿Cómo es posible que hayamos llegado a tal degradación institucional? La realidad es que, aunque sea políticamente incorrecto decirlo, ha sido la gente la que votó a Cristina Kirchner solo 7 meses atrás. Es más, los grandes centros urbanos mostraron en octubre pasado un rechazo a la falta de respeto institucional que venía ejerciendo Néstor Kirchner. Fue en los grandes centros urbanos dónde perdió el oficialismo. Pero fue en las regiones rurales y en el norte del país dónde Cristina Kirchner ganó. Las mismas zonas rurales en las cuales hoy la gente está enfurecida por el saqueo al que está siendo sometida. Y agrego, la institución que aparece como más combativa frente al impuestazo es la Federación Agraria, entidad que, ideológicamente, parecía la más cercana al gobierno.

Y aquí viene mi punto más políticamente incorrecto, muchos dicen desgarrarse las vestiduras por defender las instituciones, pero la realidad es que, más allá de lo que declaman, si las cosas marchan bien desde el punto de vista económico, aunque esa marcha sea artificial, votarán con el bolsillo de corto plazo dejando para otro momento el problema institucional. Y dije bolsillo de corto plazo porque, en el largo plazo, la falta de institucionalidad terminará traduciéndose en que el Estado también les mete la mano en el bolsillo a ellos.

Muchos dicen: ¿dónde está la oposición? Como dice mi amigo Hugo Martini, está donde la gente la puso con su voto, porque ni siquiera la gente tomó la precaución de buscar un contrapeso de poderes poniendo en el parlamento la suficiente cantidad de diputados y senadores de otros partidos que hoy pudieran estar frenando este descarado atropello institucional. Es cierto que el resultado electoral de octubre pasado deja muchas dudas sobre su grado de transparencia, pero, en definitiva, la realidad es que mucha gente seguía contenta comprando los electrodomésticos bajo el irónico argumento de las 24 cuotas sin intereses, cambiando el auto y cosas por el estilo.

Dicho más crudamente, si hoy la sociedad está al límite del enfrentamiento civil, es porque una parte de la población le dio la oportunidad al matrimonio de seguir abusando del poder.

Pero algo bueno parece estar pasando. ¿Qué? Que al principio los Kirchner fueron por lo militares y nadie dijo nada. Luego fue por las privatizadas y, bajo el argumento de que habían ganado mucho, las mantuvo sin ajustes de tarifas hasta llegar a la actual crisis energética. Pero tampoco nadie dijo nada. Fue por la Iglesia y nadie dijo nada, como cuando las Madres de Plaza de Mayo tomaron la Catedral y defecaron en el altar. Si hubiesen hecho eso en un templo islámico o en una sinagoga hubiera sido un escándalo internacional.

Hoy fueron por el campo y la gente parece decir algo. En las grandes ciudades, en los pueblos del interior, en el periodismo, en la gente común se nota el malestar. Tal vez la inflación galopante esté contribuyendo a que se manifieste el malestar general que hoy se vive.

La crisis económica ya está desatada y la que viene en poco tiempo más puede llegar a ser de una virulencia inusitada.

Esperemos que en esta oportunidad la gente entienda la importancia de tener instituciones sólidas y deje de privilegiar la artificialidad de comprar el televisor en 24 cuotas sin intereses y empiece a darle la importancia que tiene la existencia de un gobierno limitado. Que valore los beneficios de la democracia republicana, que ha demostrado categóricamente ser el mejor sistema para crecer en libertad

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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27/05/2008

INFANTICIDIO

Por el Dr. Hugo R. Acuña (*)

 

La acción de dar muerte a un niño, a todas luces indefenso, no es un hecho menor. Más aún cuando este homicidio es cometido por la persona que está llamada a ser su principal cuidadora: su madre.

Pensar legislativamente en aplicar una pena privilegiada a una madre que asesina a su hijo, durante el nacimiento, o bien después del parto, exige una actitud de responsabilidad legislativa mayor.

No hay duda que, para que una madre, que espera a su hijo durante nueve meses, se encuentre en tal estado de alteración que la lleve a acabar con esa vida naciente, no ha contado durante el embarazo, con ninguna contención, asistencia en su conflicto particular, detección temprana de dificultades, y una suma de hechos, que de haber sido detectados y tratados en tiempo y forma, hubiesen evitado este resultado disvalioso.

Una vez más, nos encontramos debatiendo la posibilidad de sancionar una ley para poner “un parche” a la inacción, ineficiencia, inoperancia, inobservancia de los deberes a su cargo, en suma: a la indiferencia general que rodea a la maternidad en nuestro país.

Si aprobáramos esta fórmula privilegiada, disminuyendo la pena a la madre que asesina a su hijo durante el nacimiento o después de éste, bajo la influencia del estado puerperal, y no exigiéramos al mismo tiempo que se ejerza una acción asistencial social y médica plena por parte del Estado, en sus más diversos niveles, no cambiaríamos nada.

Todo seguiría igual, por ello, hay que seguir trabajando para mejorar las condiciones de ejercicio y disfrute de la maternidad en nuestro país, situación que muchas veces convierte a la mujer en un sujeto vulnerable, discriminado y marginal.

Para ello, también he presentado un Proyecto de Ley que garantice la atención psicológica integral a la mujer embarazada en su estado de gravidez, (expediente 2652-D-2008) para ejercer una real prevención del abandono, maltrato y posible infanticidio.

Ya he señalado en distintas comisiones de la H. Cámara, la necesidad de realizar una reforma integral del Código Penal, para evitar justamente tener que legislar estos “parches” para resolver judicialmente las distintas situaciones a las que la realidad nos enfrenta.

El actual Código data de 1922 y sus antecedentes se remontan al siglo XVII. Desde entonces, tuvieron lugar más de 900  disímiles reformas, algunas inclusive contradictorias, inspiradas en las políticas criminales imperantes, que han transformado  este digesto,  en un cúmulo normativo caótico, proclive  a las interpretaciones judiciales más diversas.

Sin lugar a duda, es necesario sancionar un nuevo Código Penal, ya que el vigente no constituye una fuente confiable; y resulta poco comprensible para el especialista, e impenetrable para el lego.

Pero hasta que el oficialismo tome la decisión política de declarar la necesidad de esta reforma penal integral, nosotros los legisladores, somos quienes deberemos realizar los esfuerzos necesarios para producir cambios normativos en resguardo del primer derecho humano fundamental “la vida o el derecho de vivir.”

En cuanto al Proyecto de Ley de Infanticidio, he seguido en este tema, la posición brasileña, que me pareció la más adecuada, al exigir que este tipo de homicidio “sea siempre cometido bajo la influencia del estado puerperal”.

Los móviles de ocultamiento de la deshonra o ilegitimidad del parto, típicos del sistema latino tradicional, y que caracterizaron a la figura del infanticidio, derogada en 1994, ya no son socialmente relevantes, ni sostenibles a la luz de la doctrina penal moderna, como para justificar la aplicación de una pena privilegiada, mucho menos para el caso en que hubiere participación criminal.

El sujeto activo es la madre, mientras dure la influencia del estado puerperal y el sujeto pasivo es su hijo, durante el nacimiento o después de haber nacido, mientras que la madre esté “bajo la influencia del estado puerperal”.

El estado personal de la madre determina que el reproche por haber actuado “bajo la influencia del estado puerperal”, sea menor.

La vieja redacción del art. 81, inc. 2, contemplaba otros sujetos activos, además de la madre, en la comisión del delito de infanticidio por causa de honor, exigiéndoles además, la concurrencia de emoción violenta.

Al incorporar la nueva figura del infanticidio, haciendo hincapié en “la influencia del estado puerperal de la madre”, los que participen en la comisión del delito de infanticidio, evidentemente jamás podrán estar afectados por el estado puerperal de la madre, y no serán alcanzados por esta pena privilegiada.

No obstante, y para despejar cualquier interpretación en contrario, surgida de las reglas comunes de participación criminal vigentes en el Código, manifesté “que quedan excluidos de esta atenuante y de las reglas comunes de la participación criminal, los participes del delito, a quienes se aplicarán las reglas generales del homicidio de los arts. 79 y 80 del Código Penal, siempre que no correspondiere aplicar una pena menor, como en el caso de la emoción violenta (art. 81, inc. 1)”.

La discusión sobre ¿en qué momento se habrá producido el infanticidio?, es importante porque marcará la diferencia en la aplicación de esta figura, o la del aborto, en particular existiendo hoy la técnica del “partial birth abortion” o aborto de nacimiento parcial.

Lo importante es que el proceso del parto haya tenido comienzo. La dilatación del cuello uterino ya iniciada, marcaría la diferencia entre un aborto y un infanticidio.

La previsión de esta figura penal, se extiende desde el comienzo del parto, hasta la desaparición de la influencia del estado puerperal de la  madre, situación ésta que será determinada con la ayuda de los Peritajes Médicos y Psiquiátricos correspondientes.

En el análisis de la “influencia del estado puerperal”, cabe señalar que, el estado puerperal es una circunstancia que puede aparejar perturbaciones somáticas y psicológicas y cuya duración es objeto de opiniones encontradas entre los científicos.

Por eso, opino que el estado puerperal debe ser una circunstancia que sea ponderada por el juzgador en cada caso, a la luz de los Peritajes Médicos y Psiquiátricos de regla, cuando se evalúe la aplicación de esta figura privilegiada.

La Corte Suprema de Justicia en “Tejerina Romina Anahi s/Homidicio calificado causa Nº 29/05” sostuvo que el estado puerperal no es una mera fictio iuris, sino un real estado existencial de la mujer al dar a luz.

Así las cosas, el periodo puerperal,  es la situación en que se encuentra la mujer, desde el parto y se extiende hasta que el organismo regresa a las condiciones anteriores a la gravidez, aunque muchas mujeres dicen que después de dar a luz, jamás volvieron a ser las mismas, y no precisamente con “tono peyorativo”, sino destacando un crecimiento, evolución y madurez hacia la nueva etapa de la vida que implica el ejercicio de la maternidad.

En cambio, el estado puerperal, consiste en una alteración parcial, temporal y reversible, de la conciencia, (un trastorno mental transitorio) que puede tener lugar, o no, pero si ocurriera, siempre será durante el periodo puerperal.

En la psicosis puerperal dichos trastornos, pueden tener aptitud como para perturbar gravemente la psiquis de la mujer.

Debe quedar claro que el embarazo y el parto, no constituyen estados patológicos de la mujer, por el contrario, son signos de salud reproductiva, al punto que las verdaderas patologías reproductivas son la esterilidad y la infertilidad.

No obstante, el embarazo, el parto y el puerperio pueden ocasionar alteraciones fisiopsicológicas en la mujer, y esta situación es la que se busca contemplar con este proyecto legislativo.

Siendo además, que los bienes jurídicos que colisionan son de indubitable entidad: la vida por nacer y la nacida del hijo, frente a la integridad física y psíquica de la madre, a raíz del parto, la aplicación de la figura atenuada del infanticidio, exige una severidad extrema en la determinación de la existencia del período puerperal en primer lugar, y luego de las posibles alteraciones psíquicas o físicas que se pudieran producir en el organismo de la madre homicida durante ese período.

Configurar un estado puerperal patológico, requerirá en todos los casos la colaboración de expertos médicos y psiquiatras.

Asimismo, la madre que comete infanticidio, debería recibir además atención psicológica, psiquiátrica, médica y social especializada de modo de aventar la posibilidad de que repita en el delito, ya que se ha comprobado que es un delito que genera reincidencia, aunque muchas veces se produzca en la clandestinidad y tarde en ser descubierto.

Otra situación a tomar en cuenta es el hecho de que la mujer que comete infanticidio, tenga otros hijos. Debe contemplarse la situación de los hermanos frente al homicidio de uno de ellos dentro del seno familiar, quienes quedan absolutamente indefensos, porque es esa misma madre la que tendrá que seguir criándolos y cuidándolos. Evidentemente, este tipo de infanticidio constituye una cuestión traumática que difícilmente pueda ser soportada por el resto de los hermanos supérstites.

Existe un vínculo biológico fraternal, cuya protección debe ser privilegiada por el Derecho.

Y a modo de conclusión, debo señalar, que es innegable que hay un clamor social, alimentado por grupos feministas, de los que no puedo evitar afirmar, que a veces actúan con cierta parcialidad en la consideración de los derechos vulnerados y de los bienes jurídicos en colisión, al pretender privilegiar figuras delictivas, justamente por  tales posicionamientos.

Es importante fomentar una cultura reproductiva basada en el hecho de que el niño por nacer (persona desde la concepción) tiene un padre y una madre, y que en muchos casos, también tiene hermanos, por lo que todo intento legislativo debe privilegiar en primer término, el derecho a la vida del niño por nacer y la consideración especial del grupo familiar, ya que también tiene “derecho de tener una familia.”

 

(*) El Dr. Hugo R. Acuña es Diputado de la Nación

El 19 de mayo de 2007, el Diputado de la Nación Dr. Hugo Rodolfo Acuña, presentó un Proyecto de MODIFICACIÓN DEL ART 81 DEL CÓDIGO PENAL PARA INCORPORAR LA FIGURA DEL INFANTICIDIO, con el siguiente texto: 

Artículo 1º.- Incorpórase como inciso 2º del art. 81 del Código Penal el siguiente texto:

 

“Se impondrá prisión de 6 meses a 3 años, a la madre que, bajo la influencia del estado puerperal, matare a su hijo, durante o luego del parto.

 

Exceptúanse de lo prescripto en el Título VII, “De la Participación Criminal”, debiéndose aplicar la pena prevista en los arts. 79 y 80, siempre y cuando no fuera de aplicación otra pena menor, a:  

a)    Los que tomasen parte en la ejecución del hecho

b)    o prestasen a la madre un auxilio o cooperación sin los cuales no habría podido cometerse,

c)    o los que hubiesen determinado directamente a la madre a cometerlo,

d)    o los que cooperen de cualquier otro modo en la ejecución del hecho,

e)    y los que presten una ayuda posterior, cumpliendo promesas anteriores al mismo.”

 

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26/05/2008

LA PATRIA COMO REHÉN

Por Gabriela Pousa (*)

Vaciadas de sentido, las fechas patrias se han convertido en días reservados para el turismo y para la manipulación ideológica del concepto de Nación.

“En las horas de peligro es cuando la patria
conoce el quilate de sus hijos.”
Cicerón

Un domingo coincidente con una fecha patria. Casualidad o causalidad, como se prefiera. De todos modos, cabe recordar que hace cinco años que no se festejan los días patrios en la Argentina. Desde el año 2003, se han politizado tanto el nacimiento como la muerte de nuestros próceres, se han desvirtuado sus hazañas, se han banalizado sus vidas. Es que los días reservados para conmemorar hechos que marcaron la historia del país se pusieron al servicio del turismo y del comercio. Así, el Gobierno puede decir luego que se saturó la capacidad hotelera en la costa atlántica, por ejemplo, y sostener por ello un escenario de progreso y bienestar complejo de hallar si analizamos otros parámetros y otras fechas.

Así, el progresismo kirchnerista logró transformar el patriotismo en un concepto vacío y reemplazó las tradiciones por fiestas populares con distintos atractivos: ya sea un sándwich de chorizo, un vino, un colectivo gratis o un recital artístico para entretener al pueblo. Intentemos, mientras tanto, preguntarle a algún escolar si sabe qué día se independizó la Argentina o que sucedió el 25 de mayo de 1810. Quizás pueda ofrecernos algún dato de esos que entronizaron Billiken o Anteojito, reemplazados hoy por otros manuales con versiones antojadizas de la historia argentina, cuentos con desenlaces advenedizos aunque, eso sí, entretenidos. Las generaciones adultas debemos habernos aburrido en demasía, ya que de lo contrario no se entiende el porqué del afán actual por hacer de la historia un chiste, algo divertido en vez de un aprendizaje de cómo se ha vivido y cuánto se ha sufrido para llegar a ser aquello que estamos dejando de ser: una Nación con sentido, una república unida en el federalismo.

El día ayer es uno de esos ejemplos. Es que la fecha en que se conmemoró una de esas fiestas patrias que todavía tienen la suerte de no ser cambiada para que el fin de semana se alargue y el consumo permita índices menos increíbles se vivió como un Boca-River, no para el grueso de la sociedad sino para el sector oficial. La Argentina estuvo dividida en dos: Salta versus Rosario. Por un lado, una escenografía montada por el aparato clientelista. Por el otro, la gente autoconvocada para defender de una buena vez aquello que se le viene sacando hace rato.

Como sucede con el espectáculo deportivo, hubo también una previa donde se mostró el armado de escenarios y un denodado afán oficialista por unificar al menos el discurso: todos los necesitados de la caja del gobierno central aprendieron el libreto a pie juntillas. Se trataba de sostener, sin soplar ni titubear, que el de Rosario sería un acto político de la oposición. Ojalá hubiera sido así, porque en ese caso los argentinos contaríamos con una oposición consustanciada en comulgar con un objetivo de máxima: un país con un sistema representativo, republicano y federal. Sin embargo, el supuesto “acto opositor” en Rosario no fue sino un expresión de hartazgo generalizada, un reclamo desesperado de coherencia y libertad.

El cardenal Jorge Bergoglio se adelantó a los hechos y, el sábado en Plaza Once, alzó la voz para pedirles a los jóvenes que defiendan su libertad, que no se dejen meter la mano en los bolsillos, que no se engañen por la dádiva o el placer furtivo. “Hay un montón de mercachifles que les están vendiendo cosas falsas, les hacen fácil la vida, pero los debilita, son kiosqueros de la denigración”, señaló.

Esa libertad es la que está en juego y es la que se defendió con tractores, escarapelas y heterogeneidad frente al Monumento a la Bandera. Cada discurso tuvo frases que constituían un mensaje en sí mismo. Se dijo mucho. En Salta, por el contrario, no se dijo nada. Nuevamente se manchó con ideología una fecha patria y se notó el desconcierto que provoca no ver la realidad tal cual es y vivir en una ficción autoproclamada.

Pretender analizar quién ganó y quién perdió la contienda es caer en una simplificación funcional al Gobierno, que desea que se analice lo banal y se pase por alto el trasfondo que implicó e implica vivir simultáneamente en dos Argentinas. Por otra parte, basta con datos empíricamente comprobados para saber que en Salta convergieron cientos de micros del llamado aparato clientelista. Cada uno costó entre 6.000 y 10.000 pesos. Se pagaron por adelantado y en negro. Salta fue un tour gratuito. En cambio, Rosario fue un viaje más largo, no mensurable en kilómetros y posiblemente a un costo elevado, si bien con el fin de llegar más allá del Bicentenario donde, a juzgar por la oratoria kirchnerista, parece terminar la Argentina.

Lo incomprensible de estos acontecimientos que muestran la división social, generada desde la Casa Rosada, contrarresta con la actividad puertas afuera de la Presidenta, que viaja a firmar acuerdos y pactos de unidad ya sea sudamericana, con el MERCOSUR, con Hugo Chávez o con Evo Morales… La sensación de estar bajo el capricho de una sociedad conyugal cerrada en su ceguera y embriagada de soberbia se refuerza cada día más. Si este 25 de mayo fue o no un punto de inflexión sólo el tiempo puede decirlo, aunque seguramente habrá quién apueste a ello. La sociedad argentina es complicada, a veces aplaude aquello que más tarde desprecia, y viceversa. Desde ya que se ha dado un paso sustancial de la mera expectación al protagonismo o a la participación que demanda una real democracia. De aquí en más, la continuidad de esa conducta trazará las coordenadas.

Este 25 de mayo tan peculiar dejó una infinidad. La ausencia de Néstor Kirchner no es un simple dato. Tampoco lo es la fuerte apuesta de Hugo Moyano y Luis D’Elía, así como la levedad de la oratoria presidencial. Nada se ha relanzado, más bien todo lo contrario. Por su parte, los representantes del campo pidieron algo más que una rebaja impositiva, la demanda apuntó a un modelo diferente para sacar adelante a la Argentina. ¿Se podrá?

Cuando la política le cede el espacio al negociado y a la confrontación en detrimento del diálogo, nada puede darse por sentado. Esperar que el “estilo K” se modifique es ingenuo. Demasiados han sido ya los acontecimientos en lo que se habló de “puntos de inflexión”. No obstante, todo ha pasado y seguimos varados en el desdén y la necedad. La historia contemporánea se escribe por capítulos. La realidad viene en fascículos interactivos. Traen tarea para el hogar. De lo que se dice hay que extraer la verdad.

Habrá que ver qué sucede el próximo 9 de julio, otra fecha patria que, quizás, el matrimonio presidencial prefiera pasar en la soledad y el silencio de El Calafate, donde suelen refugiarse cuando no pueden manipular más la realidad.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente. © www.economiaparatodos.com.ar

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26/05/2008

CRISIS: NI IMPREVISIBLE NI GRATUITA

Por Roberto Cachanosky (*)

Aunque algunos lo nieguen o no lo quieran ver, la propia dinámica del modelo económico instaurado por el kirchnerismo incluía el germen de su autodestrucción.

A partir del conflicto con el campo, varios economistas, analistas políticos y periodistas sostienen que esta crisis es innecesaria o gratuita.

Por otro lado, algunos colegas sostienen que los fundamentos de la economía están bien y que el superávit fiscal y de cuenta corriente del balance de pagos aleja cualquier problema. Agregan, además, que si a estos datos se les suma la excelente situación internacional de los precios de los productos que exportan los argentinos, no habría razones para temer una crisis profunda.

Con todo el respeto intelectual que me merecen estas opiniones, mi visión es que esta crisis no era evitable ni gratuita, sino esperable e inevitable, y que lejos de tener fundamentos buenos en lo económico, estamos metidos en un problema de envergadura.

Veamos primero el tema del superávit fiscal. La foto indica que los ingresos siguen siendo mayores que los egresos a pesar de la fuerte suba de éstos últimos. La película no muestra la misma situación que la foto, pero aún mirando la foto solamente, no debe olvidarse que buena parte de este superávit fiscal (del cual no coincido que realmente exista como se sostiene) está basado en impuestos altamente distorsivos. Los derechos de exportación, aún sin la reforma de marzo, constituyen una parte importante de los ingresos fiscales. Por otro lado, si uno mira la película, lo que se hizo en el 2002 fue dolarizar parte de los ingresos impositivos con los derechos de exportación mientras el grueso de los gastos estaban en pesos. En ese contexto la cosa funcionaba de maravillas para el gobierno. Pero la creciente inflación para sostener alto el tipo de cambio erosionó el tipo de cambio real y este tributo ya no rinde lo que rendía antes. Por eso el impuestazo al campo. Digamos que la misma dinámica del modelo tenía el germen de la autodestrucción. Si para sostener alto el tipo de cambio tengo que cobrar el impuesto inflacionario, en algún momento el tipo de cambio real se va a deteriorar y la inflación a descontrolar.

Otro de los motivos del mencionado superávit fiscal tiene que ver con el impuesto a las ganancias. Al no permitirse el ajuste por inflación, el Estado está cobrando impuestos sobre utilidades inexistentes.

En tercer lugar, el impuesto al cheque es impresentable por dónde se lo mire porque para pagar impuestos hay que pagar el impuesto al cheque. ¡Una verdadera locura! La carga tributaria en Argentina ha llegado a niveles insospechados, y si se la ajusta por la calidad del gasto público que ofrece el Estado por los impuestos que cobra, entonces tiende a infinito. En rigor resulta difícil sostener que los números fiscales están bien siendo que el Estado cobra impuestos altísimos y no otorga casi nada a cambio de los mismos en bienes públicos como seguridad, educación, defensa, etc. Cobrar impuestos para disciplinar a gobernadores e intendentes o subsidiar precios artificiales de tarifas públicas y combustibles no es lo que yo denominaría una situación fiscal sólida. En primer lugar porque al abaratar artificialmente las tarifas de los servicios públicos, la demanda crece y la necesidad de subsidiarla aumenta, esto es, requiere de más subsidios al punto que vienen duplicándose cada año. La dinámica del esquema requiere de gasto creciente e impuestos crecientes. Insisto, no me parece sólido este esquema. En segundo lugar porque genera fuertes ineficiencias en el sistema económico afectando la productividad y la tasa de crecimiento. Curiosamente hoy el gobierno usa la misma receta que solía recomendar el FMI cuando se firmaba un stand by. La sugerencia era achicar el déficit y para ello, en vez de pedir un ajuste del gasto, el FMI se conformaba con aumentos de tarifas e impuestos. Para el FMI y los Kirchner es indiferente ajustar por el lado de los gastos o de los ingresos. Curiosa coincidencia.

En lo que hace a la cuenta corriente del balance de pago, el dato clave es el saldo de balance comercial que, por los números del primer cuatrimestre, muestra un saldo decreciente por fuerte aumento de las importaciones. Una causa es el deterioro del tipo de cambio real y la otra por las crecientes importaciones de combustibles para cubrir la crisis energética. Por el lado de las exportaciones han jugado a favor más los precios internacionales que las cantidades. De todas maneras, hace rato que se demostró que el mercantilismo, teoría que ve como buenas las exportaciones y malas las importaciones, es una filosofía basada en la creencia que el intercambio comercial creciente es negativo para las naciones. El modelo mercantilista aplicado por el kirchnerismo, bajo la nueva denominación de modelo de sustitución de importaciones, no solo es viejo sino que es ineficiente. ¿Por qué? Porque al reducir el volumen de comercio, disminuye las necesidades de inversión y, por lo tanto, limita fuertemente las posibilidades de crecimiento. Lo único que se ha conseguido desde de la devaluación hasta ahora es que se reactivara la economía vía la utilización de la capacidad instalada pero con el costo de una inflación creciente. ¿Cómo puede verse como solido a un sector externo que no se integra al mundo y que no admite ingresos de capitales porque tiraría para abajo el tipo de cambio? Si hasta Loustau dijo que si ingresaran todas las divisas de las exportaciones de soja sería un problema para el tipo de cambio competitivo, ¿cómo puede verse como sólido un sector externo que solo cierra con fuga de capitales?

Pero volviendo a la inflación, es otro de los puntos a considerar cuando se habla de que los fundamentals están bien. Con una inflación que ronda el 30% anual y expectativas inflacionarias del orden del 36% anual, se hace difícil afirmar que todo está bajo control. Si a esto se le agrega la fuerte distorsión de precios relativos (combustibles, energía, transporte públicos, etc.) es fácil imaginar el costo político que implica corregir la acumulación de distorsiones en este contexto inflacionario. La caída del ingreso real puede llegar a ser brutal, con la consiguiente recesión.

Es cierto que el conflicto con el campo ha escalado hasta niveles insospechados. Ahora bien, ¿era impensable una situación así? Considerando que el matrimonio presidencial no está capacitado para gobernar y que dedica su tiempo a revolver el pasado, a pelearse con cuanto cristiano hay por la tierra y a subordinar todo a debates de tribuna política, sin una pizca de propuestas de estadistas, no debe sorprender que la crisis del campo haya llegado hasta donde llegó. Es la lógica consecuencia de una forma de hacer política. Denunciar, inventar enemigos y conspiraciones, creer que los votos dan derecho a actuar como un autócrata y amenazar son esquemas que funcionan durante un tiempo hasta que alguien dice basta. ¿Por qué sorprenderse de que los Kirchner hayan llegado hasta dónde llegaron con el campo si no aceptan la más mínima disidencia o punto de vista diferente? Si a Scioli lo maltrataron por hablar de las tarifas de los servicios públicos. A Alarcón la echaron por oponerse a la política ganadera. A Shell dejaron que los piqueteros adictos al gobierno le tomaran una estación de servicios por aumentar el precio de los combustibles. Lavagna fue al Coloquio de Idea para que le pidieran la renuncia. Si por todos estos casos menores ya se mostraba un comportamiento intolerante y autoritario, ¿cómo no iba a pasar lo que pasó con el campo? Por eso, esta crisis con el campo no es gratuita, es la consecuencia lógica de un gobierno intolerante que no acepta que otro tenga una opinión diferente.

En síntesis, mi punto de vista es que lejos de tener fundamentos económicos sólidos, estamos arriba de un tembladeral. No debe confundirse consistencia con la existencia de recursos transitorios para financiar las inconsistencias. Tener recursos para financiarlas no significa tener una economía sólida. Solo significa postergar la resolución de los problemas y agrandarlos generando un conflicto futuro mayor.

En lo político, el gobierno ha establecido el clima de temor. Los empresarios tienen miedo de hablar, los gobernadores e intendentes tienen miedo de hablar. Muchos medios tenían miedo de hablar. La estrategia es, si hablás te vas a encontrar con los piqueteros en la puerta de tu casa, la AFIP te va a hacer una visita o te voy a denunciar públicamente desde el atril. El problema es que de golpe apareció un sector que dijo: voy a hablar y no me vas a amedrentar. Es ahí donde se produce la crisis. ¿Gratuita? No. Previsible porque algún día iba a pasar frente a tanta intolerancia y agresiones gratuitas.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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22/05/2008

SE AGRANDA LA BRECHA

Por Carlos J. González Cabral (*)

El 5 de octubre de 1999 expresé en la sección comercio exterior (página 14) de La Nación que “Brasil y la Argentina, principales socios del MERCOSUR, no aciertan en la coordinación de sus políticas para hacer viable el proyecto de integración en el continente.  Contradictorias negociaciones diplomáticas y privadas no han aportado soluciones concretas a los verdaderos problemas que afectan a sus pueblos”.  

   “Es lamentable que la mayoría de la clase dirigente de todo signo pretenda ignorar que las economías de los países de Iberoamérica  están en caída vertical impulsadas por la crisis financiera internacional y la impagable deuda externa”.  

Jaino Cuadros y Arturo Frondizi

   “Mirar el pasado sirve a veces a la reflexión y para rehabilitar definiciones premonitorias.  El 21 y 22 de abril de 1961, se reunieron en Uruguayana los presidentes de Brasil y la Argentina, Janio Cuadros y Arturo Frondizi, y suscribieron una declaración conjunta”  

   Con respecto a la discusión de esa oportunidad que era sobre los problemas comunes a las dos naciones, el doctor Frondizi expresó: “En esta conversación no ha habido por ninguno de los dos presidentes una posición brasileña ni una posición argentina, ha habido permanentemente una posición común… porque nadie debe creer posible ya el progreso de Brasil sin el progreso de la Argentina, y nadie puede creer en el progreso de la Argentina sin el correlativo progreso de Brasil”.  

   En el artículo 1° de la declaración citada se afirmó que los dos países “…orientarán su política internacional en función de la condición sudamericana que le es común…”.  Sobre el particular el doctor Frondizi declaraba a la emisora de televisión TUPI: “Naturalmente que ha estado en el primer plano de nuestras preocupaciones el destino de los doscientos millones de latinoamericanos que tenemos que enfrentar problemas de desarrollo económico, problemas de miseria, problemas de ignorancia, problemas de seguridad social.  Y ambos hemos coincidido en absoluto, que la solución definitiva de estos problemas están en el desarrollo nacional, no como una fórmula agresiva contra otros países, sino como una forma definitiva de colaboración”.  

   También afirmaron: “Graves problemas políticos y sociales deben resolverse con la participación activa de los países del continente, rechazando la interferencia directa o indirecta de factores extracontinentales…”.  

   Sin duda alguna, una voz de alarma que ha cumplido en el presente  (2008) 47 años de vida con premoniciones extraordinarias.  

 Declaración Económica :  

Textualmente la misma expresaba: “El Presidente de la Nación Argentina, doctor Arturo Frondizi y el Presidente de la República de los Estados Unidos del Brasil, doctor Janio Cuadros:  

 “Persuadidos de que los actuales niveles del comercio entre los dos países no son satisfactorios ni están en consonancia con las amplias posibilidades que resultan del grado de evolución alcanzado por las economías brasileña y argentina, luego de haber pasado revista a las relaciones comerciales entre el Brasil y la República Argentina y verificado que los productos que actualmente son objeto de exportación entre ambos países no ofrecen condiciones para mantener las corrientes de intercambio en niveles mutuamente adecuados, ni la diversificación suficiente para expandir el comercio recíproco a los altos volúmenes requeridos.”  

   “Que el sistema creado por el Tratado de Montevideo ofrece las más promisorias perspectivas para el desarrollo económico y de las relaciones comerciales entre los Estados miembros de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio”.   

   “Que, sin embargo, la adecuación del comercio tradicional, la incorporación de los nuevos productos que el actual grado de desarrollo de los dos países permite, así como la revisión de los problemas de carácter bilateral existentes, deben merecer la atenta consideración de ambos Gobiernos”.  

DECLARAN:  

1)   La Comisión Brasil-Argentina se reunirá en Río de Janeiro el día 4 de mayo próximo, teniendo en vista, especialmente, los siguientes objetivos fundamentales:

a)       promoción de condiciones propicias a la intensificación de las corrientes de los productos tradicionales del intercambio.

b)       Introducción de nuevos productos en el intercambio, especialmente bienes industriales;  

2) Es decidido propósito de los Gobiernos Argentino y Brasileño alcanzar los objetivos perseguidos por el Tratado de Montevideo, mediante una política de integral apoyo a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, cuyo proceso de constitución y funcionamiento efectivo debe ser intensificado  con el mayor empeño”.  

LA INTEGRACION:  

En febrero de 1993 Arturo Frondizi respondió al siguiente cuestionario de la revista uruguaya “Análisis y Desafíos”  

   ¿Cree viable los procesos de integración como el MERCOSUR, o es preferible optar por un enfoque de economía abierta hacia el exterior, al estilo de Chile?  

   -“Las economías de los países latinoamericanos están desarticuladas y desintegradas.  Las naciones no han podido desenvolver en plenitud sus potencialidades.  El MERCOSUR es una integración que parte de naciones débiles, endeudadas, y dependientes de decisiones extranjeras y del poder económico mundial.  No basta invocar solidaridades, optimización de escalas productivas, o ampliación de mercados”.  

   “Se parte de una visión errónea del problema,  Los hechos económicos no se originan en la esfera de la circulación de bienes, sino en el ámbito de su generación, o sea en la estructura productiva.  No hacerlo así, sólo beneficia a las corporaciones”.  

  “ Estas contarían con un vasto espacio económico sin fronteras, en el cual, atendiendo a las ventajas comparativas, sus filiales montarían centros exportadores para operar dentro del mercado unificado, con las lógicas ventajas de escala y localización”.  

   ¿Entonces Ud. no cree que haya que buscar soluciones conjuntas?  

  “ Muy por el contrario.  Soy partidario de buscar soluciones conjuntas a los problemas que son comunes, pero priorizando el desarrollo y la integración nacional de cada país.  La fraternidad latinoamericana está asentada sobre bases espirituales muy firmes.  Existe el anhelo común de afianzar la democracia real, es decir la que asegura la justicia social”.  

  “ Cualquier empresa de futuro debe partir desde los cimientos de las nacionalidades y afirmar el desarrollo económico, que es el que asegura progreso y bienestar.  La integración de América latina será sólida cuando las partes que concurran a formarla lo sean”.  

   “En agosto de 1990, en plena euforia de la integración del MERCOSUR, le advertí al Presidente Menem que la misma nos iba a transformar en una provincia económica del Brasil”.  

   “Estamos en una posición de desventaja, por ello, toda búsqueda de entendimientos hace que la Argentina tenga que ceder, frente a un vecino que es poderoso”.  

   ¿Qué me dice del Pacto que Ud. firmó en Uruguay con Janio Cuadros del Brasil?  ¿No es una contradicción a estas afirmaciones que me está haciendo?  

   “Son dos cosas absolutamente distintas.  El Pacto a que Ud. hace referencia no hablaba de integración, sino de “coordinación”, pues mi gobierno siempre tuvo como prioridad la integración nacional.  Además, Ud. habla de un hecho que sucedió en una Argentina totalmente distinta”.  

  “ En esa época, el país estaba lanzado a un ambicioso plan de desarrollo, el que nos permitía extender nuestra influencia fuera de las fronteras, es decir que el país se afirmaba en el contexto de América Latina y en el mundo.  El Pacto con Janio Cuadros fue una auténtica expresión del carácter independiente que tenía la política internacional de mi gobierno”  

EL PRESENTE:  

   Lo expuesto anteriormente obliga a mencionar la publicación del diario La Nación  del 13/05/2008, página 2 de la sección “Economía y Negocios” que expresa expresiones de alerta:  

   “El anuncio del paquete industrial de Brasil generó inevitables repercusiones en la Argentina, que variaron desde la envidia y el temor a un mayor déficit comercial con ese país hasta la tranquilidad porque las medidas sólo compensarán la menor competitividad del tipo de cambio brasileño.  “Si Brasil lanza un programa agresivo, aumentarán las asimetrías y el déficit comercial”, advirtió Marta Bekerman, economista del Grupo Fénix, de la Universidad de Buenos Aires (UBA)”.  

   “Es una necesidad que hagamos una política industrial en la Argentina, sobre todo para la supervivencia del MERCOSUR, porque nosotros tenemos un déficit creciente de manufacturas de origen industrial con Brasil y estamos vendiéndole cada vez menos petróleo y trigo”, señaló Bekerman, agregando  “Necesitamos una política fuerte de innovación y planes estratégicos con cada sector”. “Enrique Dentice de la Universidad de San Martín afirmó que “Brasil aprovecha cuando la Argentina pierde mercados y quiere que las inversiones vayan a su territorio para exportar más”, a la vez que prevé:…”que crezca  la brecha tecnológica con la Argentina, que comprará  más a Brasil”.   

   Pero luego de sus enormes éxitos iniciales, forzoso es también afirmar que el MERCOSUR ha entrado en una meseta de la cual le cuesta salir y que le dificulta lograr esos objetivos.  Sin institucionalidad confiable, el MERCOSUR no ha conseguido ni conseguirá desviar hacia la región inversiones que integren cadenas de valor.  ¿Qué empresa se ha de acoger a una legislación regional que simplemente no existe, o confiará en un arancel externo común perforado ad infinitud y en un tribunal de resolución de controversias de difícil acceso e inciertos tiempos de resolución?  

   Y desde el punto de vista político, es evidente que el MERCOSUR ha pasado a ser marginal en la toma de decisiones de Brasil, cuestión que es comprensible, vista la estrategia global de Itamaraty, pero no necesariamente aceptable para los demás países que forman el bloque.  

   Los intereses comerciales y la relevancia política de la Argentina exigen un salto de creatividad que nuestra diplomacia, sin duda, puede dar, para recuperar y potenciar lo mucho y bueno del MERCOSUR, pero integrándolo a una estrategia ampliada hacia mayores horizontes. (La Nación-20/05/2008-Eduardo Amadeo).  

ALERTA:  

    Es de utilidad transcribir el párrafo final de la conferencia del ex Presidente Arturo Frondizi, en un ámbito universitario de los EE.UU. en la década del 80, pues sus términos aparecen en el mundo presente como muy premonitorios: “La marcha hacia el mundo uno es indetenible.  Lo que sigue en discusión es si a la llegada de esa carrera cada uno de los pueblos que conforman el planeta mantendrán sus costumbres, sus idiomas, sus tradiciones y sus ideales o por el contrario, la humanidad tendrá un matiz parejo impuesto por la fuerza de los nuevos imperios.  Es de esperar que la Argentina no se quede en el andén.  Sin consolidarse una auténtica unidad nacional en torno a un programa que responde a los intereses soberanos de la Nación, esta seguirá siendo un enclave de los monopolios internacionales, víctima de las ventajas comparativas con otras naciones del continente y el pueblo figurará entre los más desdichados del mundo”.  

DESDE 1958:  

   “Esta concepción fraternal de nuestras relaciones internacionales se basa en la convicción de que los países latinoamericanos constituimos una comunidad de pueblos libres unidos por lazos de la historia, de la sangre y de la fe.  Están unidos también por su común anhelo de lograr una efectiva vida democrática, realizada en todos los planos de la existencia nacional: en el plano político, económico y social.  Ese tipo de democracia social, es autóctono y nacional, en el sentido de que es un producto real de la convivencia y las necesidades de cada uno de los pueblos de Latinoamérica, y del conjunto de todos ellos dentro de la comunidad continental”.   

   “No es, por lo tanto, resultado de ninguna imposición extraña.  Los pueblos de cada uno de nuestros países se van haciendo eco de esta nueva conciencia y tratan de realizarla dentro de las condiciones especiales que las economías respectivas les permiten.  Sobre todo, tratan de terminar para siempre con los vicios políticos y las deficiencias económicas y sociales sobre las cuales se generan y asientan los regímenes políticos que impiden el desarrollo espiritual y material de los pueblos”.  

REITERO:  

   El 18 de noviembre de 2002 manifesté en el diario El Zonda que “El presente es dramático y el futuro absolutamente incierto para el pueblo que busca su bienestar y su liberación.  Esto se debe a que el accionar político, lejos de exhibir un programa nacional serio y viable de reconstrucción de la República, sólo muestra la desesperación de los traidores y corruptos por no perder las porciones de poder.  Entre acusaciones, denuncias y confidencias en la trastienda de la mafiosa corporación política, aceleran el camino hacia la anarquía y los enfrentamientos en el seno de la sociedad.  La gran y única preocupación de la mayoría de los que han llegado a candidatos por decisión propia y con el apoyo de los que disfrutaron, y lo siguen haciendo, prebendas personales, negocios fraudulentos y malversación de fondos públicos es no ofender en la campaña al Fondo Monetario Internacional, él que montó, con los cómplices vernáculos, el mayor fraude cometido con la Nación Argentina a través del endeudamiento externo”.  

   Roguemos para que la dirigencia que destruye el país día a día, se tome cuanto antes  el “tren bala”.

(*) Especial para Crónica y Análisis por Carlos J. González Cabral. Maestro normal nacional. Se desempeñó como secretario de Gobierno y Hacienda (1958-1961) y como concejal (1963-1966) en la Municipalidad de San Nicolás de los Arroyos (Bs.As.) en representación de la UCRI y del MID, respectivamente. Fue electo diputado provincial por el FREJULI (1973-1976). Entre 1989 y 1995 acompañó al ex presidente Frondizi como secretario político y privado.

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20/05/2008

CARTA DE LUIS ABELARDO PATTI

Desde la Cárcel de Marcos Paz

EXTRACTO DE POSTURA GEOPOLITICA NACIONAL DEL Pa.U.Fe.

Alarmante escenario geopolitico nacional

INTRODUCCION

                        Si bien se trata de una rama de la política, la geopolítica tiene, entre otros vínculos, uno que la condiciona: la geografía.

                        Sin pretender extendernos en un análisis académico, sino al solo efecto de brindar sustento al contenido digamos que, básicamente, dos escuelas han animado el pensamiento geopolítico universal: la escuela determinista y la escuela posibilista.

                        La primera se fundamenta en condicionantes geográficos, climáticos y demográficos. La segunda lo hace en la voluntad del hombre para concretar proyectos a través de acciones.

                        En rigor ninguna excluye a la otra, más bien confluyen y se complementan.

                        Para el caso argentino la "Pampa Húmeda", una de las cinco grandes praderas del mundo, ha sido determinante en todos o casi todos los aspectos del desarrollo nacional. Así como también la visión y la voluntad de la llamada generación del ochenta que diseño e impulso un modelo de país; el único exitoso y perdurable que conoció Argentina.

                        En definitiva, la geopolítica es la ciencia puesta al servicio del desarrollo de un modelo nacional, que emplea a la estrategia para manejarse en el marco de un inevitable conflicto de voluntades. En primer lugar busca, a través de la estrategia, la consolidación fronteras adentro, para proyectarse luego fronteras afuera; no con el afán de conquistar espacios geográficos sino espacios políticos y económicos en un juego competitivo.

                        La geopolítica, en su esencia, procura el diseño de un país que sea capaz de insertarse en el mundo en las mejores condiciones. Para ello se sirve de acuerdos y alianzas, así como también de las circunstancias favorables, que o bien se le presentan naturalmente o bien las procura recurriendo a la lucidez de quienes son sus estadistas.

                        La geopolítica tiene una dinámica que requiere un juicioso seguimiento de las realidades regional y mundial, ambas condicionaran la realidad nacional, no es esta la que fija pautas sino aquellas en un escenario más amplio.

                        Se trata de una ciencia social que en procura de su objetivo se vale de los siguientes factores: geográfico, demográficos, económicos, recursos, cultural, ideológico, condición social y calidad institucional.

                        El instrumento militar no es un factor de la geopolítica sino el resguardo de los factores tangibles que en ella se dan cita. Lo militar esta al servicio de la geopolítica, lo que debe incluir además el aporte subsidiario de sus destrezas y capacidades. 

PASADO

                        Superada la anarquía y consolidado el país, este se encamina a transformarse en un estado nación de corte republicano.

                        En las postrimerías del siglo XIX Argentina logra un rápido desarrollo económico, social y cultural que la perfilan en un papel de liderazgo regional.

                        Encuentra un serio y legitimo rival en Brasil, uno y otro aspiran a convertirse en el gran referente sudamericano.

                        Los estadistas que entonces conducían el destino de la República Argentina dirigían su mirada a Europa, allí estaba el poder económico y político. El Imperio Británico, la potencia dominante de entonces, se convirtió en el socio estratégico económico. Fue así que se estableció una fuerte vinculación comercial y económica que favoreció a ambas partes.

                        Los capitales británicos se instalaron en nuestro país creando y desarrollando las grandes empresas de servicios, en tanto las materias primas de la pampa húmeda eran transportadas y comercializadas en Gran Bretaña. Para algunos historiadores perdió la Argentina, para nuestro partido podríamos haber sacado mas beneficio, pero ya es historia.

                        El centenario encontró un país pujante y con un futuro promisorio, en el que las corrientes migratorias habían enriquecido culturalmente a la población nativa.

                        Brasil ve peligrar sus aspiraciones de liderazgo. El marques de Río Branco, notable estadista y referente de la política exterior brasileña de comienzos del siglo XX, lo advierte y alerta a su gobierno. Río Branco destaca, como ventaja comparativa a favor de Argentina, el idioma español que lo favorece en la comunicación con el resto de los piases de la región.

                        Para equilibrar la balanza Brasil debe buscar como lo hizo Argentina, un socio poderoso. La solución es Estados Unidos. Nace así una alianza estratégica que se consolida con la participación de un importante contingente de tropas brasileñas en la Segunda Guerra Mundial.

                        Al terminar la Primera Guerra Mundial los Estados Unidos pasan a ser la potencia dominante, desplazando a Gran Bretaña que inicia un lento pero sostenido proceso declinante.

                        El entendimiento forjado por Brasil y los Estados Unidos se mantiene hasta el presente. Mientras tanto, la declinación de Gran Bretaña, sumada a la errática política exterior argentina, proyecto un cono de sombra sobre la relación angloargentina.

                        Nuestro país sostuvo, salvo durante la década del noventa del siglo XX, una casi constante política de confrontación con los Estados Unidos, alentándose desde ciertos gobiernos un rechazo a la potencia americana.

                        Durante gran parte del siglo XX algunos factores de la geopolítica tuvieron gran influencia regional, el que más se destaco fue el cultural. Vaya por caso que en la década del sesenta dos diarios argentinos se encontraban incluidos entre los veinte grandes diarios del mundo, registro que consideraba solamente a tres diarios de habla hispana. A mediados de siglo las revistas argentinas se encontraban en los puestos de venta de todos los países de Sudamérica, hoy han desaparecido.

                        Hasta hoy Argentina es el único país de Latinoamérica que cuenta con premios Nobel científicos. De igual modo, no son pocos los aspectos del factor cultural que le son reconocidos. El resto de los factores que animan la geopolítica, salvo los determinantes como la geografía y los recursos, han experimentado un retroceso evidente.  

PRESENTE

                        La región cuenta hoy con un país que, mas allá de sus contradicciones, ha logrado un desarrollo y crecimiento notable: Brasil.

                        Eso le permite aspirar a ejercer un cierto liderazgo a nivel regional o, cuanto menos, a no admitir que otro lo quiera exhibir.

                        La irrupción en la región del presidente de Venezuela, Hugo Chavez, haciendo gala de una desembozada ideología populista y confrontativa ha perturbado las relaciones entre los países sudamericanos. El presidente Hugo Chavez es en esencia un perturbador que no tiene reparos en intervenir en los asuntos de otros países.

                        Se siente el heredero del líder cubano Fidel Castro, y se vale de su riqueza en hidrocarburos para aspirar a un liderazgo al que Venezuela, por razones geopolíticas, no puede acceder.

                        Nunca, antes de la irrupción de Hugo Chavez en el escenario político sudamericano, un presidente o líder político se había atrevido a intervenir económica y discursivamente en las próximas elecciones de otros Estados.

                        La ideología populista y confrontativa del presidente venezolano carece de limites. En tal sentido apoya sin reservas a cualquier Estado, grupo o movimiento que por cualquier causa se encuentre enfrentado con los Estados Unidos. El caso de Irán resulta emblemático, como también lo es, en el orden local, la abierta corriente de simpatía que lo une a la señora Hebe de Bonafini, señora que manifestó públicamente su satisfacción por los atentados terroristas sufridos por Estados Unidos el 11 de setiembre de 2001 y el ataque a Atocha, y que se solidariza con la ETA (agrupación terrorista vasca).

                        El voluntarismo, pésimo consejero, impulsa a creer que el mundo nos ve y nos juzga como queremos que lo haga, cuando la verdad es que lo hace conforme a los hechos que producimos y lejos de disimular publicitamos. Estos son: maratonico discurso de Fidel Castro en la Universidad Estatal (UBA); La contracumbre de Mar del Plata con Hugo Chavez y Hebe de Bonafini como figuras estelares; la contracumbre en la cancha de Ferrocarril Oeste con las mismas figuras, en oportunidad de la reunión de presidentes de Uruguay; las valijas con dinero proveniente de Venezuela viajando en aviones privados pagados por el gobierno; la iniciativa promovida por el gobierno argentino de incorporar a la Venezuela de Hugo Chavez al MERCOSUR; la reiterada manifestación publica de "alianza estratégica con Venezuela"; el tratamiento despectivo del gobierno para con el Fondo Monetario Internacional y otros organismos económicos internacionales; el destrato grosero del que fueron objeto gobernantes de otros países, en tanto se privilegiaba el recibimiento de personajes insignificantes en el escenario nacional o internacional, que nada tiene que ver con el desarrollo del país y beneficio de la gente.

                        Los hechos, como los señalados, son los que muestran al mundo donde se ubica el gobierno argentino. Creer que hechos inequívocos y contundentes pueden ser neutralizados por medio de declaraciones edulcoradas de miembros del gobierno o voceros de este, es desconocer por completo el manejo de las relaciones internacionales y la situación mundial.

                        Tradicionalmente Argentina y Brasil compitieron en el marco de un liderazgo regional o sudamericano. Hoy el eje competitivo ha mutado, sin manifestarlo; no pasa desapercibido que lo animan Brasil y Venezuela. 

¿DÓNDE SE UBICA LA REPUBLICA ARGENTINA?

LA RESPUESTA A ESTA PREGUNTA ES DE NATURALEZA GEOPOLITICA 

                        Antes de responderla y con el propósito de encontrar una respuesta fundada, incursionaremos brevemente en el "Poder del Estado".

                        Podemos definir al Poder del Estado como la capacidad que tiene el Estado para influir en los acontecimientos.

                        Nos encontramos entonces con el "verbo de la geopolítica": INFLUIR.

                        Influir es convencer, es el verbo que acompaña a la inteligencia, al estadista, a la democracia en su esencia republicana.

                        Su contracara es "imponer", verbo que va de la mano con la prepotencia, con las dictaduras de derecha y las populistas de izquierda.

                        Se influye con razones, se impone con coacciones.

                        El Poder del Estado tiene tres ámbitos que conviven y se complementan: el ámbito político (manejo de ideas y del discurso); el ámbito económico (manejo de bienes y recursos); el ámbito militar (manejo de la fuerza en resguardo de los otros dos).

                        Si el Poder del Estado fuera el plano de una mesa los tres ámbitos serian las tres patas que le dan sustentación. Luego si una de las patas esta ausente el Poder del Estado se derrumba, no existe. Pero además, si ellas no armonizan entre sí la tabla estará con alguna inclinación o desequilibrio. 

¿CUÁL ES HOY EL PODER DEL ESTADO DE ARGENTINA? 

                        Ambito político: carece de ideas a mediano y largo plazo, se vive emparchando la contingencia.

                        Ambito económico: evidencia un deterioro que amenaza profundizarse.

                        Ambito militar: totalmente debilitado, incapaz de afrontar un serio problema de su incumbencia. (Defensa Nacional).

                        Consecuentemente el Poder del Estado es nulo y cuando el poder fracasa solo queda recurrir a la fuerza, que es lo que practica el gobierno fronteras adentro.

                        La amenaza reemplazo al dialogo, el disenso es sinónimo de desestabilizacion, no hay pensamiento diverso sino enemigos.

                        No hay República, la aplastan con dos leyes abusivas, "Reforma del Consejo de la Magistratura (fin de la independencia del Poder Judicial) y voto por obediencia debida de Diputados y Senadores a la emergencia económica y con ello el fin del Federalismo, claridad y transparencia presupuestaria.  

FUTURO

Posible escenario geopolítico regional 

                        Si bien el futuro es indócil el cuadro de situación de la región permite arriesgar un pronostico.

                        Tal como hoy se han posesionado los distintos países. Sudamérica se encamina a la conformación de dos bloques, los que aparecen diferenciados ideológicamente. Cada uno de ellos tiene un país líder o referente: Brasil y Venezuela.

                        Los países que se encolumnan con Brasil aceptan el orden internacional vigente y dentro de tal marco y regla de juego procuran su progreso propio.

                        Aquellos que se encolumnan con Venezuela rechazan el orden internacional vigente sin precisar cual es el escenario al que aspiran. Es así como se mezclan el indigenismo andino con el renacer marxista venezolano; acompañados por la antipatía hacia los Estados Unidos y principales países europeos.

                        El primer bloque esta integrado por: Brasil, Chile, Colombia, Perú y Uruguay.

                        El segundo bloque lo componen: Venezuela, Ecuador, Bolivia y mal que nos pese Argentina.

                        Aunque se lo pretenda negar, los hechos ya citados y las posturas evidenciadas nos ubican cómodamente hoy en el bloque que lidera Venezuela.

                        El cambio de gobierno en Paraguay impide por el momento definir su ubicación.

                        Las visitas selectivas a los países sudamericanos, llevadas a cabo por gobernantes y personalidades de Estados Unidos, Europa y Asia corroboran la división señalada.

                        La caída del Muro de Berlín, seguida por el colapso del comunismo como sistema alternativo de gobierno, dio paso al establecimiento de un "nuevo orden internacional" en el que las grandes potencias emergentes de Asia, China e India, desempeñan un rol relevante.

                        No obstante, el presidente venezolano Hugo Chavez, líder visible de un bloque en formación de países sudamericanos, expreso: "El comunismo habrá fracasado en la Unión Soviética y Europa, pero todavía no fue probado en Venezuela".

                        Al futuro no se lo espera, se lo prepara. Pues bien, pareciera que Hugo Chavez, Rafael Correa, Evo Morales y Nestor Kirchner, juntamente con quienes los secundan y apoyan en sus gestiones de gobierno, se han empeñado en preparar el pasado, el poder esta en manos de Nestor Kirchner no de Cristina Kirchner.

                        La paz interior no nos viene regalada, los gobernantes responsables la construyen, los presidentes señalados lejos de construirla la destruyeron desempolvando rencores y azuzando enfrentamientos.

                        Una perversa combinación de revanchismo, populismo, corrupción y chatura intelectual los mantiene firmemente anhelados a un pasado que se niegan a dejar atrás. Mientras tanto el tren de la historia continua su implacable marcha. Brasil, Chile, Colombia, Perú y Uruguay ya se han subido, acomodándose en sus alojamientos conforme a las posibilidades de cada uno; Argentina y sus socios permanecen parados en el anden observando transcurrir la historia, ocurre que sus respectivos gobiernos no entienden el mundo en el que están insertos. Lo peor es que nadie conspiro para apartarlos del mundo que progresa, lo hicieron por voluntad propia. 

ALTERNATIVA

                        ¿Ante la dramática e indisimulable situación que hoy nos toca vivir, cual puede ser la solución?

                        Nada mueve a pensar que el gobierno de los Kirchner vaya a aplicar un cambio de rumbo rotundo que encamine al país en la senda que transita el progreso.

                        Conducir es el arte de convencer, cuanto más si lo que se pretende conducir es un país

                        Desde siempre se convence a través del dialogo. Todo sistema cerrado, incapaz de realimentarse y enriquecerse con estímulos exteriores termina agotándose. El actual gobierno argentino constituye un sistema cerrado por excelencia, no parece errado decir que solo se escucha a sí mismo. No solamente descalifica a quienes piensan diferente sino que privilegia la confrontación por sobre el dialogo.

                        Es imposible disimular, en el marco geopolítico regional, la brecha abierta entre los dos bloques ya explicitados. Brecha que, como resultado de una interminable sucesión de torpezas, se acentúa cada vez más.

                        La sociedad argentina tiene derecho a aspirar a un futuro más promisorio. Tiene derecho a volver a ser un país respetado y tenido en consideración en el universo de naciones.

                        ¿Por qué países como Brasil, Chile, Perú o Uruguay merecen la consideración internacional que Argentina tuvo y perdió?

                        Los gobiernos con sus desaciertos son quienes conducen a los pueblos al fracaso, estos tienen la enorme responsabilidad republicana de reemplazarlos a través del libre juego de la democracia. El fracaso rotundo, combinado con la corrupción obscena, tiene que ser en primer termino neutralizado con el reclamo constante del ciudadano común, su silencio es señal de sumisión y aceptación. Nosotros como oposición no debemos quedar en silencio. La voz sensata de una sociedad indignada, manifestándose dentro del marco de la legalidad, haciendo uso constante e intenso de las posibilidades que cada cual tiene, erosiona a cualquier gobierno y más aun cuando se trata de un gobierno autoritario.

                        Argentina fue un gran país, ocupo un sitio destacado en el concierto de naciones, hoy dejo de serlo. Tenemos el derecho pero también el deber de recuperarlo.

                        El rumbo que hoy lleva nuestro querido país nos conduce a un fracaso cierto y a un aislamiento casi total en el escenario internacional. Aunque el gobierno no quiera escuchar la sociedad tiene la obligación de hacerse oír, no puede permanecer impávida contemplando y siendo cómplice pasiva del fracaso. Luego, llegado el momento, será la oportunidad de que los votos de los ciudadanos hagan sentir su fuerza.

                        Dijimos en los primeros párrafos que en el pensamiento geopolítico se daban cita dos escuelas: la determinista con sus condicionantes geográficos y climáticos y la posibilista que responde a la voluntad del hombre por querer hacer y por querer ser.

                        Pues bien, La Patria, con mayúscula, no es exclusivamente el pasado con sus glorias y remordimientos. Si de eso solamente se tratara, seria algo estático, inerte, por estar ubicado a nuestras espaldas, en gran medida nos resultaría utópico, ajeno. La Patria es un plebiscito de todos los días. Si en el pasado hicimos cosas notables que nos enorgullecen, queremos hacer en el presente y en el futuro muchas mas para poder sentir un mayor orgullo. Esa es la posibilidad geopolítica que no podemos ni debemos rechazar.

(*) Luis A. Patti es Diputado Nacional Electo y Presidente de PAUFE (Partido de Unidad Federalista). Se encuentra detenido en el complejo del Servicio Penitenciario Federal de Marcos Paz

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19/05/2008

Y LA PELOTA SIGUE RODANDO....

Por Gabriela Pousa (*)

El conflicto entre el Gobierno y el campo se ha convertido en un partido interminable donde cada equipo intenta ganar, aunque nadie sabe bien cuál es la estrategia ni qué es lo que está en juego.

“Una vez terminado el juego,
el rey y el peón vuelven a la misma caja.”
Proverbio italiano

Por un instante, el superclásico del domingo no ha concluido. La pelota pasa de un lado a otro de la cancha sin que nadie se atreva a aventurar en qué arco será el gol del final. Las tribunas rugen intempestivamente. Alguna euforia pasajera, un rato de hartazgo y otra vez los gritos, en algunos casos alentando, vapuleando en otros. Ninguna lógica, o quizás sí, la lógica de necesitar un marco de referencia para no quedar aislado en un paisaje ya bastante desolado. Qué se disputa no es algo fácil de dilucidar. Hay triunfos que sólo son la otra cara del fracaso. Y el olor a derrota ya se ha esparcido en todo el campo de juego.

Cuando los equipos tienen reglamentos distintos, el partido no puede durar mucho. Unos pugnan por derechos, los otros no tienen demasiado en claro por qué abrieron el juego, ya que el afán de ganar a veces puede más que la razón por la cual se quiere hacerlo. Mucho se parece el escenario a aquellos circos romanos donde se arrojaban gladiadores a los leones. Ni siquiera está claro si es el Gobierno el que enfrenta al campo o si hay algún otro equipo embarrando la cancha. ¿Qué está en juego?

En esta contienda, el árbitro hizo un papel tristísimo. Convocó al diálogo para “ganar” tiempo, olvidando que al tiempo no se le gana nunca, eso es una utopía creada para vencer las limitaciones humanas. En cambio, el tiempo observa cómo se lo desperdicia, mientras las oportunidades pasan.

Por su parte, las tribunas se confunden: no está la ciudad batiéndose contra las zonas rurales, hay un trasfondo más complejo. La crisis del agro puede ser real, pero no es más profunda que la crisis que azota a la ciudad. En ambos escenarios aflora la desidia política, la ambición desmedida, lo angurriento de una dirigencia que sólo aspira a que no se le tuerza el brazo.

En medio del partido, además, hay jugadores que empezaron a meter goles en contra de su propio equipo. No es distracción ni mero error, es cansancio. No se puede defender lo que nunca se llega a conocer, ni adherir a un bando que no se sabe qué banderas está enarbolando.

Así, estamos condenados al espectáculo. Las barras bravas se exponen con declaraciones tan insustanciales como aberrantes. Luis D’Elía no es más que un títere de quien mueve los hilos detrás del teatro. No hay juez de línea ni fiscal capaz de llamar a un “fair play”, ya no solamente por respeto a la ley sino, al menos, por respeto al resto de los ciudadanos. ¿Es menester escuchar tanta insensatez? ¿Quiénes son los locos y quiénes los cuerdos en este escenario?

Hay liderazgos furtivos que muestran la orfandad de la gente. Los representantes votados resultaron, una vez más, un fiasco. Se necesita una voz cantante, un locutor que relate porque nadie sabe ya con certeza cómo va la contienda. Hasta hay dudas acerca de quiénes son los directores técnicos que arman las jugadas estratégicas porque la estrategia brilla por su ausencia.

Las preguntas se suceden velozmente, aunque las respuestas no llegan. El periodismo hace de todo esto su propio show: muestra partes de un todo, intenta explicar lo que no se puede explicar. El discurso de asunción al frente del Partido Justicialista que, finalmente, Néstor Kirchner no pronunció tiene más palabras que silencios. El cambio de tono en la oratoria de la presidenta Cristina Fernández no indica nada, apenas –quizás– un manotazo de ahogada. Faltan hechos y sobran dichos. Estamos en una crisis que se debate como un partido de fútbol. Ya pasaron 90 minutos y se están cansando tanto los jugadores como las hinchadas.

En el transcurso aparecen quienes tratan de poner algún toque propio a esta ensalada donde son tantos los ingredientes que nadie se anima siquiera a probarla. En la confusión, muchos parecen agregar datos antojadizos para obtener alguna suerte de favor. Nadie está ganando, aun cuando el Gobierno esté perdiendo, en algún sentido al menos. Ellos dejan hacer, no precisamente en el concepto cabal del laissez-faire. La pelota sigue rodando. De todos modos, se sabe que en algún momento terminará entrando a un arco y allí se definirá el partido. Cuando eso suceda, quedará una nueva ronda para ver quién se hace de la copa. Mientras tanto, la inflación espera su turno y entrena duro. La gente la abuchea, no tiene un DT que sepa de tácticas y estrategias. Sin embargo, tiene un equipo capaz de arrasar hasta con la cancha entera. ¿Quién estará para frenarla del otro lado?

En medio de estos espectáculos cuasi-deportivos, con equipos más amateurs que profesionales (aunque sus arcas se llenan como las de aquellos que cotizan en grande), la violencia hace lo suyo. Si son sindicalistas, piqueteros o barras bravas no interesa demasiado a los efectos de la imagen que seguimos dando. Son argentinos, de uno y otro lado. Algo sigue fallando. Pretender que se acabe la violencia en los estadios es un dislate cuando la violencia está en las calles y a metros apenas de la Presidenta. Y la orquesta sigue tocando.

La Argentina es, hoy, un estadio de fútbol liberado. Falta el reglamento para entender bien el juego. Los equipos avanzan y retroceden sin tener claro cuál es el arco contrario. El arbitro apenas aparece y se disipa entre los hinchas. Los relatores se suceden caóticamente, cada uno narra lo que le parece y se retracta cuando recibe algún llamado que puede relegarlo del cargo. Quizás un impuesto a las palabras podría ser más efectivo que las retenciones móviles que convocaron a la cancha. Ella está en el palco, si bien llegó tarde ha logrado algo: ahora es la más fashion. Tal vez, con eso, la Argentina defina ante el mundo dónde y a qué está jugando. Nosotros no lo sabemos, somos rehenes en tribunas donde lo único que cuenta es esperar que alguien agarre el silbato para que la pelota deje de rodar y nos libere de este triste espectáculo.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente. © www.economiaparatodos.com.ar

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19/05/2008

CORRIDA BANCARIA: DÓNDE BUSCAR A LOS RESPONSABLES

Por Roberto Cachanosky (*)

El temor de los argentinos a un corralito u otro tipo de medidas confiscatorias no es provocado por quienes analizamos la realidad económica, sino por los responsables de la actual crisis.

El viernes a la mañana, leyendo una nota de Marcelo Bonelli en Clarín, me desayuné con que Martín Redrado, el presidente del Banco Central, le habría elevado un informe reservado a Cristina Fernández de Kirchner en el cual se sostendría que yo, junto con otros economistas, había generado temor en la gente y provocado, en consecuencia, una corrida cambiaria.

Mí supuesta “poderosa influencia” sobre el mercado habría surgido de la nota que publiqué en Economía para Todos bajo el título ¿Puede haber otro corralito?. Ahora bien, si efectivamente la información que da Marcelo Bonelli en su artículo es cierta (se trata de un dato que no fue desmentido por Martín Redrado) y en el supuesto de que mi nota en verdad hubiese contribuido a la corrida, la única conclusión que uno puede sacar es que yo soy más creíble que el Gobierno. Obviamente, no me creo tan influyente como para tener el poder de mover el mercado de cambios ni las expectativas de la gente. Es más, si tuviera esa capacidad no tendría que trabajar como lo hago todos los días, sino que estaría en una playa tomando sol, arbitrando en el mercado y ganando fortunas gracias a mi “gran influencia” sobre los agentes económicos.

En rigor, si Martín Redrado se hubiese tomado el trabajo de leer bien mi nota, hubiera advertido que en ningún momento digo que vaya a haber un corralito, sólo señalo que los Kirchner han hecho todo lo necesario para crear incertidumbre y temor en la gente, al punto de generar el terror a otro corralito. Por un lado, todavía está fresca en la memoria de los argentinos la crisis del 2001/2002. Y, por otro lado, los ciudadanos advierten que éste es un gobierno que está dispuesto a adoptar cualquier medida intervencionista, por más confiscatoria que sea, para mantenerse en el poder. El dibujo del Índice de Precios al Consumidor (IPC) por parte de Guillermo Moreno no es otra cosa que una forma de defaultear parte de la deuda pública. El impuesto a la soja es claramente confiscatorio. Las prohibiciones de exportación de carne y de trigo son otros ejemplos. De manera que, como decía la semana pasada, ha sido el gobierno solito el que se ha encargado de generar un marco de inseguridad jurídica.

A pesar de la infundada acusación sobre mi supuesta contribución al temor de la gente, voy a ser generoso con Martín Redrado, a quien conozco desde hace 25 años, aportándole algunos conceptos básicos de economía para que, en todo caso, los incluya en su informe reservado.

En primer lugar, sería bueno recordar que la moneda es una mercadería como cualquier otra. Hay muy buenos libros sobre historia de la moneda que podrían repasar mediante algún seminario en el Banco Central. Los clavos, el bacalao, el cacao y otros productos fueron utilizados en la antigüedad como medio de intercambio hasta que se llegó al oro y la plata como las monedas por excelencia. Sin embargo, cuando Nixon declaró la inconvertibilidad del oro en los 70, todo el sistema monetario quedó limitado a papel moneda. Así, lo que utilizamos hoy en día como moneda son papeles impresos emitidos por algún banco central.

En este contexto, la mayoría de la gente que retiró sus depósitos de los bancos y compró dólares en las últimas semanas lo hizo sin conocer qué hay en los activos de la Reserva Federal respaldando cada dólar en circulación. Pregunta: ¿por qué la gente compra dólares para defender sus ahorros si desconoce qué tiene la Reserva Federal de Estados Unidos en sus activos? Porque desde que se abandonó el patrón oro, las monedas están respaldadas por la calidad institucional de cada país emisor. Dicho en otras palabras, no es que la gente compre dólares en la Argentina porque sabe qué tiene la Reserva Federal en sus activos, sino que compra dólares porque confía en que en los Estados Unidos los gobiernos podrán cometer errores, pero no los disparates que se comenten aquí. Más precisamente, creen más en la seriedad de las instituciones jurídicas, políticas y económicas estadounidenses que en las instituciones argentinas, por eso eligen el dólar como refugio y no el peso.

Si los técnicos del Banco Central refrescaran algunos conceptos básicos sobre moneda, podrían advertir, asimismo, otro problema que ellos mismos han generado. Como la moneda es una mercadería como cualquier otra, su demanda no es infinita. Si el Banco Central produce mucha moneda y la gente no aumenta la demanda al mismo ritmo, el precio de la moneda baja, es decir, se produce lo que popularmente se conoce como inflación. Y cuando la inflación aumenta, se genera una huída de la moneda, ya que la gente compra bienes y dólares antes de que los precios vuelvan a subir.

Como el único que puede emitir moneda en la Argentina es el Banco Central, resulta ser que el responsable de la inflación es esa misma entidad. Sin embargo, Redrado mira para el costado y dice no ser responsable de la inflación. Entonces, entra en acción Moreno, quien empieza a regular los precios, prohibir las exportaciones y controlar los márgenes de ganancia, mientras la fábrica de emitir billetes bate récords de producción. Digamos que Redrado genera la inflación y Moreno se encarga de agravar el problema con sus medidas primitivas de controles de precios.

Así como hay muy buenos libros sobre historia monetaria y moneda, también hay otros excelentes que explican la relación entre el crecimiento y la calidad institucional de los países. Le sugiero a Redrado repasar “La acción humana” de Ludwig von Mises, “Derecho, legislación y libertad” de Friederich von Hayek o los textos de Mancur Olson: “Poder y prosperidad”, “La lógica de la acción colectiva” y “Auge y decadencia de las naciones”. Tal vez, repasando estos libros podría incluir algunos párrafos en su informe para ilustrar sobre este problema crucial que, además de los autores mencionados, ha sido tratado por infinidad de economistas.

¿Para qué les serviría repasar estos conceptos tan importantes? Para frenar la corrida y, de paso, poner al país en una senda de crecimiento sostenido.

Es preciso comprender que la gente retiró la plata de los bancos no por temor al sistema bancario, sino por miedo a lo que puede hacer un Ejecutivo que, en los últimos cinco años, se ha caracterizado por pasarle por encima a todo el orden jurídico e institucional. Como no hay calidad institucional, los argentinos huyen de los pesos que emite el Banco Central y, al mismo tiempo, ponen sus ahorros fuera del alcance de las manos del Gobierno.

En definitiva, la Carta Orgánica del Banco Central obliga a sus autoridades a defender el valor de la moneda. El problema es que sus autoridades se equivocaron y creyeron que la moneda que tenían que proteger era el dólar. En todos estos años de gestión kirchnerista, depreciaron el peso emitiendo y endeudándose para sostener el eufemismo del “tipo de cambio competitivo”. Así, defendieron el valor del dólar en detrimento del peso. Tanto depreciaron el peso que, como resultado, la gente huye de los papeles pintados que emite el Banco Central y compra dólares para defenderse de la inflación que genera el mismo Central y por miedo a las medidas que vio tomar al Gobierno cada vez que la situación se complicó.

A todo esto le agregaría el flaco favor que le hacen al Gobierno los economistas “pro modelo” cuando dicen que hay que subir el tipo de cambio. Y no fui yo quien dijo que había que devaluar, lo dijeron públicamente los economistas amigos del Gobierno que ven deteriorarse el “tipo de cambio competitivo”.

En síntesis, lo que estamos viendo es el resultado de años de emisión monetaria y ausencia de respeto por los derechos de propiedad. Las crisis no ocurren porque sí. Son la acumulación de errores que finalmente estallan. Ellos desaciertos son la madre del borrego y yo, como no fui ni soy parte de este gobierno, no tengo nada que ver con la emisión monetaria ni la violación de los derechos de propiedad. En todo caso, para explicar la corrida busquen a los responsables por Balcarce 50, Puerto Madero, Olivos o Reconquista 266.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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12/05/2008

LA CRISIS PERPETUA

Por Gabriela Pousa (*)

El reclamo del agro es sólo un emergente de todo lo que no se ha hecho en los últimos años en materia de políticas públicas en la Argentina.

“El odio es la venganza del cobarde.”
George Bernard Shaw

Posiblemente sean muchas las lecturas que pueden hacerse de la mentada “crisis del agro”, un eufemismo más porque la crisis va mucho más allá del sector agropecuario. En rigor, hay análisis de todo tipo según quién se encuentra detrás del teclado. Algunos apuntan al ex jefe de Estado que ha comenzado a mostrar un desequilibrio importante en el manejo del poder con resultados impensados. Hay quienes ven la culpa detrás de los grandes monopolios de granos o del grupo Clarín porque fogoneó el paro, pero todos ellos no son sino actores secundarios. La crisis es anterior al reclamo de los ruralistas que sólo son un emergente de todo lo que no se ha hecho en los últimos años en materia de políticas públicas en la Argentina.

Néstor Kirchner posee el monopolio del poder político pero hay un detalle a tener en cuenta: los “dones” del ex mandatario, que sigue mandando, le fueron otorgados por una minoría del electorado y un ballotage frustrado. Eduardo Duhalde, que ahora brega por la bondad de la soja, lo sirvió en bandeja para que Carlos Menem no pueda acceder a otro mandato. Hoy esa “paternidad” no aparece en la memoria de los ciudadanos, y hasta resulta que el jeque bonaerense pudiera ser bien visto como piloto de tormenta… ¡a tal punto estamos desesperados! Cristina Fernández representa casi el mismo caso: puesta a dedo por una sociedad conyugal, y aceptada luego por un porcentaje de votos que sube o baja según quién baraje los cálculos. Pero la realidad es una: ahí están, encerrados en la ofuscación de un rencor que excede los límites del campo.

¿Por qué no hay grandes novedades en la contienda entre el Gobierno y el sector agropecuario? Simplemente porque idénticas afrentas sufrieron antes las Fuerzas Armadas y nadie pestañeó siquiera. Es cierto que los uniformados no podían salir a cortar calles porque conjuntamente a su denigración se vendió una condena generalizada por lo actuado en los 70. ¿Cómo hacer un cacerolazo para que se rescaten las bondades de una institución fundacional de la Nación cuando se instala la idea de que todos sus integrantes asesinaron jóvenes con ideales? No se tuvo en cuenta que en sus filas revestían muchos hombres ajenos a la represión, con vocación de servicio a la Patria. Pero la Patria es un concepto que los Kirchner jamás entendieron de qué se trata. Así, dejamos pasar la patoteada y el desguase de las Fuerzas Armadas. Dejamos que se nos venda, sin ejercer juicio crítico, una historia distorsionada.

A continuación, los empresarios fueron atacados desde el atril y puestos bajo el control del Secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Hicieron con ellos lo que quisieron porque, a fin y a cabo, los números les seguían cerrando. Dejaron pasar los aprietes y los controles en pro de balances redituables. Si ellos mismos asumieron el papel de rebaño frente al gran pastor, ¿cómo se va a solidarizar la calle? Sumados a la actitud de la “víctima”, se hizo la vista gorda ante aquellas maniobras non sanctas con las que se regula el mercado.

El turno le llegó también al clero. Recuérdese que, por primera vez, un Tedeum no se realizó en la Catedral ya que el entonces presidente, ordenó un sermón a su medida en una provincia para demostrar tener carácter federal. La guerra continuó entre un Obispo y un Ministro de Salud que quiso liberar a la juventud de lo que él consideraba un mal: la ética, los valores, la moral. El desencuentro entre Monseñor Bergoglio y el matrimonio presidencial se perpetúo sin que se sepa demasiado si acaso se les negó la absolución de sus pecados. No hubo grandes voces ni movilizaciones demandando cordura y defendiendo algo que no en vano tiene más de 2000 años.

El periodismo tuvo, tiene y tendrá lo suyo: es el causante de todos los males para la Presidente. El gremio se defendió como pudo aún cuando hay tantos celos y recelos en un ambiente donde debería primar la solidaridad en pro del servicio que se supone debe brindar. Pero la gente no se hizo ni se hace eco de los atropellos que le propina a diario el Gobierno. Es cierto que muchas veces, el mismo periodismo desdeñó el daño infringido a los ciudadanos al silenciarle la verdad o al distraerlo con nimiedades pero aún así podría haber alguna suerte de protección social a quien le muestra cotidianamente qué es lo que pasa, qué es lo que hay…

La oposición con todas sus falencias, algunas imperdonables, fue esmerilada y sus votantes no hicieron nada. El electorado de Luis Patti, sin ir más lejos, no se movilizó ni a Marcos Paz ni a Tribunales. Y así podríamos seguir enumerando maltratos sufridos por una dirigencia que se ensimisma ante la impotencia, y cree que el poder es un arma con el cuál declarar guerras. Si pierden o ganan no tiene importancia, lo que cuenta es que nadie advierta la debilidad de su fuerza.

Si acaso gobernaran de verdad, las crisis a las que asistimos no hubieran tenido ni tendrían lugar. Habría políticas de Estado en vez de confrontaciones y divisiones de la sociedad. Habría acuerdos y pactos, reglas y normas, independencia de poderes y democracia real en vez de un matrimonio que cree ser el Estado y, en consecuencia, se ocupa de lo que no se tiene que ocupar. Despoja así al pueblo y a todos los sectores sin distinción de roles. Ellos quieren el poder divino de los eclesiásticos, quieren los fusiles de los soldados e instaurar la obediencia debida para sus funcionarios, quieren las empresas con sus paquetes accionarios, quieren los medios para acallar sus errores y disfrazarlos. Ellos quieren los campos no para sembrar sino para hacerse de la cosecha y sumar el ganado a su erario.

El pueblo presenció todas las contiendas sin asombrarse siquiera, recién ahora parece percibir que lo han estado estafando porque sintieron la mano en los bolsillos y vieron que sus heladeras no están repletas. “Nunca es tarde cuando la dicha es buena” dice el refrán pero hemos perdido muchos años ya. Hoy descubrimos la crisis del agro pero ésta es una continuidad de tantas otras crisis anteriores provocadas por la soberbia, la ineficacia y el rencor del gobierno nacional. Alguien los puso donde están. Ese “alguien” será quien deba desterrarlos para que dejen de crear contiendas y batallas donde nadie gana. Pero claro… faltan más de 3 años. En el trayecto será cuestión de reflexionar, mostrar el “darse cuenta” el próximo año en los comicios legislativos, aprender a leer entre líneas, y ejercer el derecho a reclamar sin que ello anule los derechos de los demás… Tres años debieran alcanzar para terminar de madurar. Si pasado ese lapso, las urnas no develan cambios, habrá que asumir que los argentinos hemos pasado de ser ciudadanos a ser rebaño y nada más.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente. © www.economiaparatodos.com.ar

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12/05/2008

¿PUEDE HABER OTRO "CORRALITO"?

Por Roberto Cachanosky (*)

Sin ánimo de impulsar a los argentinos a retirar sus depósitos de los bancos, una evaluación del escenario actual y sus posibles desenlaces.

Esta nota no es un intento por fogonear una corrida financiera o crear un clima de incertidumbre (en todo caso, es el Gobierno solito quien se encarga de poner todos los ingredientes necesarios para producir pánico en la población mediante su discurso y sus acciones), sino que tiene que ver con la pregunta que me han formulado en los últimos días muchas personas y que circula fundamentalmente entre la gente común.

A decir verdad, no es una locura formularse semejante pregunta, dado que todos tenemos frescos en la memoria lo que sucedió a fines del 2001.

Por otro lado, el gobierno de los Kirchner se ha caracterizado, entre otras cosas, por formular anuncios que nunca se cumplen y por adoptar cualquier medida con tal de mantenerse en el poder.

Anuncios que nunca se han concretado son, por ejemplo, los U$S 30.000 millones de inversiones chinas, los famosos créditos para inquilinos, la lluvia de gas oil y los créditos a tasas del 9% para las empresas y al 12% para el consumo que se anunciaron pocos días antes de las elecciones. Néstor Kirchner también habló de aplicar una política de desendeudamiento. No obstante, luego de haber hecho una gigantesca quita, pagarle toda la deuda al Fondo Monetario Internacional (FMI) y dejando de lado los U$S 28.000 millones que todavía se les debe a los hold outs, el stock de deuda pública supera hoy al que había antes del default.

En cuanto a las medidas, tenemos un Índice de Precios al Consumidor (IPC) dibujado para ajustar en menos del 42% del stock de deuda pública (lo que no es más que un default encubierto), prohibiciones de exportación, destrucción de la ganadería y la industria láctea, indiferencia por mantener el orden público cuando piqueteros adictos al Gobierno hacen escraches a estaciones de servicio o supermercados, ausencia de policía cuando Luis D’Elía sale a repartir trompadas en la Plaza de Mayo por el cacerolazo… y el listado puede seguir.

Lo concreto es que la administración kirchnerista parece no reconocer límites frente al avasallamiento del Estado de Derecho y el sistema republicano de gobierno. Su objetivo está concentrado en mantener el poder de cualquier forma y eso implica adoptar cualquier medida con tal de no perder el control. Se trata de una especie de “el fin justifica los medios”.

Es decir, todo vale, desde no cumplir con las exportaciones de gas a Chile, pasando por manipular el Indec, aplicar impuestos confiscatorios al campo, romper una negociación con los productores por una cuestión de conveniencia política despreciando el futuro del país o tratar de enfrentar a la sociedad inventando conspiradores. Este gobierno puede acusar un día a los fondos de inversión de querer que el Indec muestre una inflación más alta para beneficiarse con el CER, para luego decir que por culpa del campo hay inflación, a continuación denunciar a los supermercados por intentan obtener ganancias desmedidas, culpar a los ganaderos de querer lucrar con el hambre del pueblo argentino y, finalmente, afirmar que hay que dejar de hacer soja para reconstruir la ganadería.

Digamos que si todo es posible en la Argentina, bajo la era kirchnerista ninguna medida puede ser descartada por descabellada.

De manera que la pregunta que es título de esta nota se explica porque el gobierno ha demostrado no ser creíble y porque la ciudadanía percibe que la economía es un caos: se da cuenta que la inflación está descontrolada, que los precios relativos están distorsionados, que se vive un clima de alta tensión política, social y económica y que no se sabe quién gobierna.

Ahora bien, creado el clima de desconfianza, ¿es posible un corralito o alguna acción sobre los depósitos?

El primer dato a considerar es que quien hoy tiene un depósito en pesos en una caja de ahorro puede cobrar, en el mejor de los casos, una tasa de interés cercana al 1%. Con una inflación del 30% anual, quienes tienen pesos en los bancos ven como su capital se licua. Lo mismo ocurre con quienes tiene depósitos a plazo fijo. Con suerte conseguirán una tasa del 12% anual. De manera que, en cualquier caso, la gente pierde plata con estas inversiones en pesos.

Como los economistas pro modelo ya están hablando de hacerle un “service” al actual esquema económico, lo cual implicará aumentar el tipo de cambio, la lógica más elemental indica que mantener los ahorros en pesos significará perder dinero. Agreguemos que, luego de años de alta inflación e hiperinflación, la gente reacciona con rapidez para defender sus ahorros y eso no suele consistir en otra cosa más que refugiarse en el dólar, que en nuestro país viene a ser algo así como el “arca de Noé” frente al diluvio que se avecina.

Veamos algunos números. Los depósitos del sector privado suman, a principios de mayo, $ 165.584 millones, aproximadamente unos U$S 52.000 millones si cada peso se valúa a 3,18 por dólar, igual que el Banco Central (BCRA) valúa las reservas. Por su parte, las reservas del BCRA suman U$S 50.000, pero como hay U$S 19.000 que se compraron contra deuda, las reservas netas son de U$S 31.000 millones.

Un retiro del 20% de los depósitos, que fue lo que se produjo en el 2001, implicaría un retiro equivalente a U$S 10.400 millones. Es decir, el equivalente a un tercio de las reservas del BCRA.

En el 2001, se estableció el corralito cuando el BCRA había perdido la mitad de las reservas. En la actualidad, las circunstancias son diferentes. En aquel momento, la gente tenía depositados dólares y el BCRA no podía emitir dólares para prestarles a los bancos y financiar los pagos en ventanilla. Ahora, en cambio, lo que hay depositados son pesos y el BCRA sí puede emitirlos para financiar los pagos en ventanilla en caso de ser necesario. Entonces, de ocurrir una corrida financiera, el BCRA podría emitir pesos para financiar a los bancos y evitar un “corralito”, si bien a costa de disparar el tipo de cambio y la inflación. La otra alternativa sería, obviamente, impedir la estampida inflacionaria y aplicar el “corralito” o una suerte de “Plan Bonex”.

Hay dos diferencias más entre el 2001 y el presente. En primer lugar, en el 2001 había recesión con baja de precios. Hoy, tenemos inflación con una economía que tiende a desacelerarse por lo primitivo de las medidas económicas. Segundo, en el 2001 no existía la gigantesca distorsión de precios relativos que tenemos en este momento y que todos sabemos que, más tarde o más temprano, habrá que corregir. Combustibles y energía son los casos emblemáticos al respecto.

Veamos las similitudes. En el 2001, la Argentina tenía cerrado el acceso a los mercados financieros internacionales, al igual que ahora. Además, los números fiscales estaban deteriorados, del mismo modo que por estos días tienden a deteriorarse a causa –entre otras– de los crecientes subsidios que deben otorgarse para mantener artificialmente bajos ciertos precios.

En síntesis, los datos que tenemos hoy son: a) que la estructura de precios relativos es un descalabro; b) que la inflación sigue creciendo, c) que el Gobierno no le hace asco a ninguna medida intervencionista, por más confiscatoria que sea, como lo demuestran las retenciones al campo o el default de la deuda ajustada por CER; d) que las expectativas inflacionarias de la gente son crecientes; y e) que la confianza en el Gobierno viene cayendo rápidamente.

El contexto en sí mismo es un caldo de cultivo para una fuga de capitales. De ahí a que el Gobierno establezca un “corralito” o alguna medida confiscatoria de los ahorros de los argentinos hay un trecho. Ese trecho estará definido por la intensidad que adquiera la crisis económica en la que ya estamos metidos.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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05/05/2008

LA INCONSTANCIA DE LOS ACONTECIMIENTOS

Por Gabriela Pousa (*)

En la Argentina, los hechos pierden su condición de tales y todo se vuelve una nebulosa de posibilidades de las que nadie puede probar su verdad o falsedad.

“En boca del mentiroso, hasta lo cierto se hace dudoso.”
Baltasar Gracián

El caso de Josef Fritzl en Austria acaba de mostrar que la irracionalidad y el barbarismo no es patrimonio exclusivo de los argentinos. Sin embargo, los acontecimientos que se suceden en estos pagos tienen características que los distinguen sustancialmente, al menos en sus desenlaces. Desde ya que no es comparable la atrocidad cometida por un monstruo capaz de secuestrar y someter a su hija con la sinrazón que se vive, hoy por hoy, en esta geografía. Eso no impide, no obstante, que observemos la diferencia en el planteo de los temas en un país y en otro, más allá de lo que implican.

En Austria, conocido el hecho, enseguida se aportaron pruebas, evidencias e información concreta para verificar que tanto horror no haya sido fruto de una mente maniquea capaz de vender ficción por certeza. Acá, las circunstancias puede que no sean tan siniestras, pero se diferencian por su dejo de falsedad incluso cuando puedan ser ciertas. En lo que pasa siempre: hay algo que no cierra. Nunca se sabe si las crónicas periodísticas forman parte de un compendio de ficciones o son relatos de la vida real sin agregados ni afectaciones. No hay respuestas ni pruebas tangibles que eviten dudar sobre la certeza de los acontecimientos. Lo que sucede en la Argentina no tiene final, sino suspenso.

Nunca supimos, por ejemplo, quiénes secuestraron a Luis Gerez. Tampoco sabemos qué fue de Jorge Julio López. Daniel Varizat, otro misterio. Es que nos preocupamos por un problema y nos despreocupamos antes aún de resolverlo o de averiguar, al menos, si fue cierto. Si estos datos por sí solos no revelan la levedad de un pueblo y, consecuentemente, de un país entero, bastará con hacer un repaso de los últimos episodios que fueron noticia, aunque también pudieron haber sido capítulos de “Patito Feo” o de cualquier otra tira televisiva.

El humo que sofocó a Buenos Aires fue, finalmente, nada más que eso: humo. Y a conformarse con esa explicación del suceso.

La desaparición de Juan Puthod, militante de los Derechos Humanos, y su posterior aparición representan un misterio inexpugnable. No hay una voz capaz de explicar qué pasó. El mismísimo protagonista narra su calvario como un cuento de Edgar Allan Poe. Todo pudo haber sucedido, o no. No hay forma de probarlo, así como tampoco es factible desmentirlo. No se puede aseverar ni poner en tela de juicio. “Mano de obra desocupada” y “grupos de tareas” son eufemismos que en democracia ya no indican o no debieran indicar nada.

Las voces oficiales se silencian y, si bien hay imágenes del después para la prensa, jamás aparecen las fotos del lugar de los hechos ni de quienes lo cometieron. Es por eso que tampoco logramos dilucidar con convicción si el ex intendente de Pinamar, Roberto Porretti, es el malo o el bueno. El video que se aportó, amén de su poca definición, muestra más un negociado de dos que la culpabilidad de uno. La solidez de las evidencias brilla por su ausencia.

Este relativismo en el que vive el pueblo argentino se manifiesta con más énfasis en los acontecimientos políticos. Descubrimos América a diario, pero no logramos avanzar en los casos que realmente sesgan la credibilidad de la dirigencia y devalúan la política como arte o como ciencia. Sin ir más lejos, los 50 años de la llegada a la presidencia de Arturo Frondizi permitieron que recién ahora muchos descubrieran que el ex presidente tuvo algún mérito. Políticos que han hecho la antítesis de lo que Frondizi pregonó aprovecharon para tener un minuto de gloria, discursear en nombre del estadista y mostrar que todavía están y esperan el regreso… Y sí, todos no se fueron. Ni siquiera podemos decir que Martín Lousteau dejó el Ministerio de Economía, ¿acaso alguna vez se hizo cargo de la titularidad del mismo o apenas se simuló que lo hacía para que se especulara con cambios en un gobierno inalterable en el tiempo?

Posiblemente, la gente ya no busca que le digan qué es verdad y qué es mentira. Saca sus conclusiones en silencio. Ni se indigna ante los índices del Indec, ni se previene por lo que vendrá cuando observa tantas suspicacias en las negociaciones con el campo. La confianza está minada. No hay jurisprudencia que pueda hacer creer sin que simultáneamente se dude de lo que está pasando. No es una duda existencial, ni hay mucha filosofía detrás. Se explica de manera más sencilla: han sido demasiadas las mentiras.

De allí que los rumores de cambios en el gabinete no sirvan más que para ocupar minutos de aire o para que se vierta tinta en los diarios. Todo cuanto pueda suceder en esta Argentina da lo mismo porque bien puede ser cierto o ser falso. Se nos van las oportunidades de progreso entre “dimes y diretes”, chismes y versiones improbables. No es un problema de optimismo o pesimismo, tampoco se trata de hacer una escolástica del escepticismo. No se puede dar crédito a los hechos cuando no hay nada concreto detrás de ellos. La palabra de la dirigencia política se devaluó en exceso.

Mauricio Macri aseguró que, en su reunión con el ex presidente Néstor Kirchner, se le garantizó el traspaso de la policía. Al poco tiempo, llamó a conferencia de prensa y mostró sorpresa porque le incumplieron. A los ciudadanos se nos ha engañado durante años, ¿sería razonable que todavía creamos? Quizás la duda sea un síntoma de madurez que merezca aplauso. No hay margen para el asombro. Antes, el relevo de un funcionario agitaba los mercados y la calle; ahora, la noticia solamente alegra.

En este orden de cosas, ¿lo que prometa el Ejecutivo al campo puede resolver esta crisis que, más allá del tinte económico y político, tiene base y sustento en el modo de actuar de un gobierno maniqueo? El matrimonio presidencial ha venido falseando hechos desde hace más de cinco años. Lo que dicen detrás del atril no se puede luego comprobar. Las inversiones chinas, las computadoras portátiles a menos de 100 dólares, hasta las bombitas de bajo consumo han sido un fiasco. ¿Qué nos asegura que el tren bala será algo más que un “proyecto”? Con lo que se ofrece al respecto, huele más a la Viedma-Capital de Raúl Alfonsín o al Yacyretá menemista que a un paso hacia la modernidad en serio.

Nada es totalmente confiable cuando los hechos que pasan en el país dejan flancos abiertos para que las dudas se instalen. Cuando la verdad debe buscarse con lupa en vez de ser evidente y palpable, los anuncios, los cambios y las promesas dejan de despertar interés y aval en la calle. Si lo que sucedió no es comprobable, menos lo serán aquellas cosas que dicen han de suceder en una Argentina donde las ficciones suelen ser más precisas que la realidad misma.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente. © www.economiaparatodos.com.ar

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05/05/2008

ARGENTINA, BOLIVIA Y VENEZUELA, NI LOS PRECIOS INTERNACIONALES LOS SALVAN DEL CAOS

Por Roberto Cachanosky (*)

A pesar de disponer de recursos naturales que se cotizan muy bien en los mercados internacionales, los tres países enfrentan momentos críticos porque carecen de instituciones serias que incentiven las inversiones.

Al momento de escribir esta nota, todavía no se conocía el resultado del referéndum en el departamento boliviano de Santa Cruz por el cual se consultó a la población sobre la autonomía regional de esa región. Bolivia se encuentra hoy dividida e, inclusive, el gobierno de Evo Morales habla de la posibilidad de una guerra civil. Vale la pena recordar que el departamento de Santa Cruz genera el 30% del PBI del país andino, riqueza de la cual, obviamente, se aprovechan los burócratas de La Paz.

Más al norte tenemos a Hugo Chávez, quien –sentado sobre un mar de petróleo– está enfrentando serios problemas de abastecimiento y un gran aumento en los precios de algunos alimentos. Así, a pesar de que el barril de petróleo está en niveles récord, el comandante bolivariano se ha enfrentando con una especie de Rodrigazo, mientras la población, al igual que en Bolivia, está fuertemente dividida.

Finalmente, al sur de América aparecemos nosotros que, con el precio de las commodities en niveles récord, estamos sumergidos en una serie de graves problemas como el desborde inflacionario, la escasez de combustibles, la falta de energía y el desabastecimiento. A diferencia de lo que sucede en Bolivia y Venezuela, la sociedad no parece estar aquí enfrentada, sino que el Gobierno, con su discurso agresivo, intenta dividirla –sin gran éxito, por lo que se está viendo–. El típico caso es el del campo. Hoy, para el Gobierno, todos los problemas que padecemos parecieran tener como responsables a los productores agropecuarios. Desde la inflación hasta el humo de los incendios en los campos son, según el Ejecutivo, responsabilidad de ese sector de la economía.

Por ejemplo, la semana pasada el inefable Hugo Moyano decía que la inflación se había disparado por causa del paro agropecuario. La realidad es que, cuando se observa la evolución de las expectativas inflacionarias, se advierte que las mismas venían creciendo en forma acelerada desde el año pasado, cuando no había paro agropecuario, y terminaron disparándose en marzo de este año. Como decía antes, para Moyano la inflación es culpa del campo. Sin embargo, en marzo el campo todavía no había hecho ningún paro, mientras los dirigentes sindicales sí pedían aumentos de salarios que generaron una estampida de las expectativas inflacionarias.

Argentina, Bolivia y Venezuela están pasando por momentos críticos a pesar de disponer de recursos naturales que se cotizan muy bien en los mercados internacionales porque carecen de instituciones serias que incentiven las inversiones. No es casualidad que los discursos agresivos de los tres gobiernos, que intentan dividir a la sociedad, tenga como resultado común problemas económicos y políticos profundos. ¿Qué es lo que pretende Evo Morales? Vivir a costa de lo que producen los santacruceños. ¿Qué es lo que pretende el gobierno argentino? Vivir a costa de lo que produce el campo.

Se trata de sistemas en los cuales unos trabajan mientras otros rapiñan en beneficio propio y en los que cuando el que es esquilmado levanta la voz de protesta, pasa a ser un insensible que quiere lucrar con el hambre del pueblo y tiene una ambición desmedida de ganancias. Es la vieja historia de los gobiernos populistas que luego derivan en sistemas autocráticos: estimulan la vagancia, fomentan la cultura de la dádiva y explotan a los que producen para financiar la fiesta populista.

¿Por qué el populismo deriva en sistemas autocráticos? En primer lugar, porque en los gobiernos populistas siempre hay un germen autocrático, una tendencia al autoritarismo. Y, segundo, porque el populismo se basa en redistribuir y en castigar a los que producen.

En la Argentina, por ejemplo, es hoy común escuchar a funcionarios públicos argumentando que tal o cual sector ganó mucho dinero en los 90 o durante los últimos cinco años y que, por tanto, ahora debe sacrificar parte de sus utilidades para sostener a los más pobres. Si esto es así, quiere decir que el modelo en marcha no ha sido tan exitoso a la hora de combatir la pobreza, porque luego de cinco años de exprimir impositivamente a la población deberíamos estar asistiendo a una baja de impuestos y no a un aumento dado que tendríamos que estar repartiendo menos subsidios gracias a que, según el Gobierno, hay menos pobres. Por otro lado, nadie invierte porque en el pasado ganó dinero en una determinada actividad, sino que invierte por las utilidades que espera obtener en el futuro. Nadie va invertir lo que ganó en el pasado para perderlo. Se trata de un principio básico de Economía que parece no entrar en el razonamiento del modelo económico imperante.

En los sistemas en los que se respetan los derechos de propiedad, se incluyen las utilidades porque de nada sirve tener el título de propiedad de un bien si el Estado decide cómo debe usárselo, se apropia de las utilidades que genera y amenaza constantemente con confiscar el fruto del trabajo de los propietarios.

La función social de las utilidades es, justamente, atraer inversiones para generar más riqueza y trabajo. Si un sector obtiene utilidades más altas que el promedio del resto de los sectores productivos, habrá nuevos inversores que querrán entrar en el negocio. Así, invertirán, producirán más, crearán más puestos de trabajo y los pagarán mejor. Ésta es la fórmula que encontró la humanidad para desarrollarse y los países que la aplicaron hoy tienen poblaciones que disfrutan de altos niveles de vida. El esquema de progreso es muy sencillo: respetar el fruto del trabajo ajeno y permitir que se desarrolle la capacidad de innovación.

Cuando el Estado se apropia de las utilidades, desestimula la inversión, reduce la producción porque desaparecen los productores marginales y aumenta la pobreza. Al aumentar la pobreza, comienza el descontento popular y es en ese punto cuando la falta de libertad económica conduce a la limitación o eliminación de las libertades civiles y políticas.

¿Por qué? Porque al aumentar la pobreza, fruto de la expoliación estatal, el descontento popular sólo puede frenarse con medidas represivas, persiguiendo a los opositores, inventando conspiraciones y silenciando a la prensa.

Ese que el populismo únicamente puede subsistir mientras tenga alguien que produzca para financiar la repartija de dádivas. Pero como ahoga la producción, cada vez se genera menos riqueza y hay menos recursos para repartir. Es entonces cuando la presión impositiva se transforma en salvaje y se recurre al monopolio de la fuerza del Estado para violar los derechos de propiedad confiscando utilidades o, directamente, el patrimonio de la gente. Es decir, el populismo ya no se financia apropiándose de las ganancias, sino que directamente lo hace consumiendo el stock de capital existente. Esto sigue hasta que se acaba el stock de capital y los gobiernos populistas ya no tienen forma de mantenerse en el poder salvo utilizando los mecanismos más aberrantes para silenciar a la población.

Si la gente no tiene libertad para producir su propio sustento y debe recurrir al burócrata de turno para subsistir, la cuestión es muy clara: se obedece al mandamás o no se come.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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28/04/2008

LA ARGENTINA QUE NO QUIERO

Por Gabriela Pousa (*)

“El compromiso es intrínseco al nacimiento del ser humano.
Nacemos comprometidos.”

Voltaire

Yo no sé si este país me llevará a la locura, si es cierto aquello que cuenta Woody Allen que le dijo su terapeuta y “a lo mejor, la vida no es para cualquiera”… No sé siquiera si algo pueden aportar estos renglones escritos a la luz de un sueño y mil desvelos. No hay datos de la política que me tornen una amenaza para el Gobierno ni me conviertan en una oferta interesante para los grandes medios. La prosa es malograda y, pese a los años de estudio, el don de la palabra se ausenta a veces en los momentos más inciertos. Es, entonces, cuando advertimos que sólo tenemos los sentimientos sin saber como traducirlos. Sin embargo, los sentimientos no cotizan en esta Argentina. Con querer un país mejor nada hacemos. Y aquello que sentimos por nuestros pares a menudo se lo trivializa, se lo distorsiona, se lo rotula, como si el amor al prójimo admitiese etiquetas impuestas de afuera, ponderaciones socialmente correctas o algo por el estilo.

En este trance de confesiones sensibleras, puedo decir que, ciertamente, yo no quiero a este gobierno. ¿Peco por ello? Desde hace cinco años vengo esgrimiendo las causas por las cuales los Kirchner no despiertan en mí más que un rechazo supino. No se trata del carisma que no tienen ni del atril del Salón Blanco donde se refugian de la gente, ni siquiera de una ideología distinta. No. No pienso como ellos, pero eso no hace necesariamente que tenga esta sensación de rechazo. Lo que me provoca rechazo son las formas de maltratar a los habitantes del norte, del sur, de todas partes. Rechazo que quieran anular el futuro con un pasado distorsionado. Rechazo que se olviden de los niños y de los jubilados.

Me rodean personas con opiniones y perspectivas distintas en los distintos órdenes de la vida. De ellas aprendo, compartimos puntos de vista, los discutimos en un mano a mano donde nadie gana ni pierde, sino que todos nos enriquecemos. Nos escuchamos, un síntoma de educación, otro término olvidado por los dirigentes de hoy.

Con este gobierno pasa todo lo contrario. No acepta un simple artículo que disienta con sus objetivos. Quieren callarnos. Nos ubican en listas como si fuéramos amenazas cuando sólo somos intérpretes o analistas de una realidad que, desde este lado del escenario, se ve distinta.

No veo el crecimiento de este país cuando salgo y en los portales hay gente indigente durmiendo. No veo el renacer de la Argentina cuando, de ser el granero del mundo, pasó a estar desabastecida (y no me refiero a ahora que el campo reclama ser parte de esta geografía). No veo representantes del pueblo, observo en contrapartida un rebaño que se mueve en un recinto según las directivas del Poder Ejecutivo. Menos todavía puedo comprender a la Justicia en estos días. Luis Patti salió del penal de Marcos Paz y, a la semana, volvió a entrar allí sin que las pruebas del delito que supuestamente ha cometido salgan a relucir. Por más analista que uno pueda ser, que un diputado electo que nunca asumió su cargo salga y entre de una cárcel no admite racionalidad: si el Congreso aprobó el desafuero ahora, ¿no significa eso que Patti estuvo cinco meses preso con fueros y, en consecuencia, de manera ilegal? Sin duda, la interpretación oficial no llegará, ya que no ha habido fiscal capaz de averiguar qué estuvo pasando o qué hay detrás de toda esta comedia vendida como realidad.

No hallo en los diccionarios actuales una definición de la Argentina que se aleje de mencionar su extensión, su densidad poblacional, las características de su clima y algún que otro dato. Información que no explica realmente de qué se trata este lugar. Es un enigma que pone en duda, en el siglo XXI, hasta la prosapia de sus próceres y sus hacedores.

Encontré, sí, una vieja descripción que dio el Diccionario de la Real Academia en 1919. Entonces, me quedé sin letra para esta columna que se supone debe analizar la coyuntura…

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