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OPINIÓN


04/08/2008 

DEMASIADAS ARGENTINAS EN UNA MISMA GEOGRAFÍA

Por Gabriela Pousa (*)

El país, completamente fragmentado y dividido, se debate entre diferentes realidades, necesidades, prioridades y destinos.

Parece mentira cómo se va transformando la Argentina. Poco queda de aquel país que conocí a través del diálogo con mi abuelo, argentino por opción. No reconozco ni el paisaje urbano ni siquiera al porteño o al provinciano tal como él los describía. Pareciera que los códigos y valores que acunaron a tantas generaciones se fueron desdibujando. Quizás eso puede que sea un mal universal. No somos, los argentinos, como a veces se cree, ni los mejores ni tampoco los peores. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, la división de la sociedad forjó o puso en evidencia un sinfín de diferencias que hacen visible la partición misma de la nación.

Hay un país lidiando por sobrevivir, afrontando luchas que jamás hubiese creído tener que encarar porque no fue formado para la batalla, sino para la civilidad.

Hay otra Argentina que simplemente espera, con mayor o menor ansiedad, el regreso a la cordura. Resulta extraño decirlo, pero aquello que se aguarda es: “normalidad”.

También está la República soñando con volver a ser, con recomponer la institucionalidad que lejos está de reducirse a una rueda de prensa donde se responde a los interrogantes con oratoria adornada, eufemismos, burlas y palabras vacías, sin contenido.

Y está esa otra nación que excede todo esto, que vive en una realidad propia, limitada a los metros cuadrados donde ha quedado confinada. Una Argentina transformada en herramienta clientelista para los objetivos de la dirigencia, sin ideal.

Ese país, que es un medio y no un fin en sí mismo, no estaba el sábado en La Rural ni en Olivos. Mientras Cristina Fernández de Kirchner sonreía tensa a las cámaras, tal vez más preocupada porque no se le corriera el rímel ni se advirtieran las cirugías, esa fracción de la Argentina sepultaba dos criaturas. Dos víctimas de la desidia, de quienes están más atareados en demostrar quién manda que en el mismísimo ejercicio de mando.

Para el Ejecutivo, el hallazgo macabro de restos humanos no vale nada, a no ser que pueda utilizarse como epopeya de una política de “derechos humanos”, en exceso desvirtuados. Política de anticuario: los huesos de desaparecidos en los años setenta cotizan más que aquellos hallados en estos días. Los dos chiquitos masacrados y sus padres enterrados horas antes pertenecen a la Argentina anémica, al país de la acefalía. Un área donde la marginalidad es soberana y la sangre corre con la impunidad que da el saber que, a las demás Argentinas, esto no les importa nada.

Claro, si se tuviera que hacer un minuto de silencio cada vez que se halla un cuerpo víctima de la inseguridad –o, para dejar de lado los eufemismos, víctima del desgobierno y de una justicia incomprensible e irracional–, sería este un escenario sumido en un mutismo total. En menos de 48 ó 72 horas, la familia asesinada por un criminal condenado a cadena perpetua que vivía en su casa, con una “pulsera” que podía quitarse sin demasiada dificultad, pasará al olvido. No habrá siquiera crónica periodística que conmemore la atrocidad hasta que no suceda un caso similar y, entonces, se realicen las cronologías de antecedentes en la materia. Cuando eso pase, las Argentinas paralelas volverán a horrorizarse y comentar en sobremesas una vez más. En ciertas latitudes, puede que sea una luz de alerta: si el tema no desaparece de las portadas con urgencia, corre peligro el despacho y la chapa de ministro o funcionario a cargo. ¿A cargo…?

Entretanto, hay Argentinas sectoriales que bregan, con lícito derecho, por sus intereses pues han puesto en ello esfuerzo y tiempo: el único recurso no renovable. Como es apreciable, no sólo difiere esta Argentina siamesa en el paisaje, sino también en sus posibilidades. Lejos de la distribución del ingreso, que apenas es un eslogan para recuperar la dilapidada caja oficial, el país se va deshaciendo. Divididos de este modo, es complejo aventurar un escenario donde, por ejemplo, un voto a conciencia en el Parlamento no sea una gesta magna, sino una conducta habitual; donde una conferencia de prensa sea parte de la rutina de quienes deben dar cuenta a la ciudadanía de su hacer y también de la metodología, no porque se busque desestabilizar, sino porque se los ha elegido, precisamente, para ejecutar políticas y no para encapricharse y crear antinomias y hostilidad.

La Argentina de Cristina, que es Kirchner

En este contexto, donde se ratifica, día tras día, que se hará lo opuesto a lo que demanda, en general, la sociedad, no es factible prever un escenario de verdadero diálogo. Seguirán los monólogos y las órdenes se ejecutarán hasta que el hartazgo y las demás Argentinas comiencen a mostrar que aún hay espacio para quienes quieren desertar. En definitiva, mientras la guerra inútil y absurda siga siendo el eje central, el campo de batalla en que se ha transformado la Argentina oficial irá perdiendo hombres, recursos y medios para sustentar el poder debilitado ya por la pérdida de energías que implica vivir en la confrontación y en la orgánica mentira. Sin adversario que acepte el rol de enemigo situándose en otro bando, no habrá manera de continuar. “Dos no pelean cuando uno no quiere”, reza el refrán.

Lo que sigue también es obviedad: el repliegue, la retirada, una suerte de final. Antes o después, cuando se tenga en claro de qué manera hacerlo para no mostrarse vencidos o para posicionarse como víctimas de algún invento conspirativo aunque no queden villanos o agoreros del mal que permitan ser utilizados como tal, se pulverizará ese epicentro que, en poco más de un lustro, logró diezmar la Argentina hasta convertirla en archipiélagos, en islas…

Mientras un discurso para inaugurar una muestra del sector agropecuario no pueda ser una alocución que ponga de manifiesto resultados y proyectos y deje asomar la dignidad de hacer Patria a través del trabajo rural, en vez de ser una coraza o un pedido para poder crecer y progresar; mientras las ideas y convicciones no se organicen y aúnen por sus semejanzas y objetivos, sino que se disipen y vendan según la conveniencia y oportunidad espacio-temporal, es muy difícil aventurar cambios de envergadura en estas latitudes.

Podrá convocarse a los medios, cambiarse un funcionario y hasta definirse teóricamente si quedarse con el Partido Justicialista o concertar que todo va a seguir medianamente igual. Ante este panorama, cualquier análisis político puede simplificarse haciendo un “ta-te-ti” de nombres que desertarán, infiriendo que el campo ganó con su muestra frente a la manipulada conferencia de prensa con reglamento y manual, suponiendo que el leitmotiv de la revuelta social cordobesa es fruto de un régimen obsoleto de coparticipación federal o probando que la previa se gestó en Balcarce 50.

En rigor, pueden analizarse puntos y comas de cada oratoria escuchada este fin de semana y concluir quién mintió y quién dijo la verdad, o a quién se aplaudió más. Pero nada de eso aporta a este rompecabezas deshecho en que se convirtió la Argentina. Hay que lograr que las fichas vuelvan a encastrarse de manera tal que quede armónico el paisaje. Y “podemos hacerlo ahora o esperar al 2011”. La paradoja es que la elección no es de nosotros ni de los demás. La decisión está del lado de la Argentina de Cristina que es Kirchner, o de Kirchner que es Cristina.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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04/08/2008

PENSANDO EL POST KIRCHNERISMO

Por Roberto Cachanosky (*)

El fracaso del modelo económico y de un estilo de hacer política abre la posibilidad del advenimiento de una verdadera democracia republicana y un gobierno limitado.

Tanto el ex ministro de Economía Roberto Lavagna como algunos sectores de la izquierda están preocupados porque consideran que el estrepitoso fracaso al que nos está conduciendo el modelo kirchnerista provocaría un retorno de la derecha al gobierno y a la política económica.

Vaya uno a saber qué entienden por derecha, pero es fácil advertir que –en esa mezcla de conceptos en que suelen incurrir– identifican a la derecha con la palabra neoliberalismo, invento reciente para no decir directamente liberalismo.

Quienes así piensan consideran que la crisis del kirchnerismo es consecuencia, únicamente, del comportamiento agresivo y de la permanente confrontación del matrimonio. Olvidan o desconocen que, en realidad, el modelo económico propuesto por los Kirchner estaba inexorablemente condenado al fracaso, más tarde o más temprano. Lo que sí puede decirse es que, si bien el modelo era inconsistente en sí mismo, tanto el matrimonio como su disciplinado soldado Guillermo Moreno han conseguido acelerar y profundizar una crisis que era inevitable al agregarle a la inconsistencia del modelo ingredientes propios de la Inquisición.

¿Qué temen Lavagna y la izquierda que pueda venir luego de la caída del modelo? ¿El respeto por las instituciones republicanas y al derecho de propiedad que atraen inversiones y generan crecimiento? Porque no debe olvidarse que la gran conquista de Occidente fue el movimiento liberal que logró limitar el poder de los monarcas para que estos dejaran de abusarse de su posición para esquilmar a los contribuyentes, sometiéndolos a sus caprichos.

El movimiento liberal no sólo consiguió eliminar las arbitrariedades de los gobiernos autocráticos sino que, además, fue el principal abanderado de los derechos humanos al limitar el uso de la fuerza de los monarcas contra sus súbditos, al tiempo que fue el gran defensor de la libertad de expresión y otras libertades civiles y políticas.

De manera que si hoy se teme al liberalismo, en verdad a lo que se le tiene miedo es a que la Argentina consiga establecer una democracia republicana que, al limitar el poder del Estado, termine con las arbitrariedades y elimine la corrupción, o al menos impida que ésta no sea cobijada por la impunidad.

Viendo la velocidad de crucero a la que marcha el gobierno de los Kirchner rumbo al iceberg, el principal temor que aparece en varios sectores de la dirigencia política es el de perder los privilegios y el modelo de negocio basado en subsidios, protecciones y demás tipo de medidas intervencionistas que generan rentas extraordinarias en determinados sectores productivos a costa de los ingresos de los ciudadanos. En otros términos, el miedo al liberalismo es el miedo a la competencia, a la inversión, a la capacidad de innovación y a la ausencia de mercados cautivos. El miedo a que el Ejecutivo sea controlado por el Legislativo y la Justicia actúe en forma independiente.

Dos modelos claramente contrapuestos se presentan para el post kirchnerismo. Uno es el de la libertad, la mejora de los ingresos en base a las inversiones, la limitación del poder y el respeto a la propiedad. El otro es el de continuar con este sistema decadente que es funcional a las ambiciones de poder de amplios sectores políticos, empresariales y sindicales. Esa ambición de poder se sustenta en mercados cerrados a la competencia para tener subordinados a los empresarios. Les dan el mercado cerrado para que ellos obtengan, con bajas inversiones y escasa competitividad, altas tasas de rentabilidad. A cambio de este beneficio, están dispuestos a sacrificar parte de su rentabilidad para calmar a la población con simples limosnas.

A su vez, el poder ilimitado de los gobernantes les permite no sólo controlar a sectores empresariales, sino que, además, el mantenimiento de la pobreza es funcional a sus objetivos de poder. Cuánta mayor pobreza, mayor es la dependencia de la población para subsistir gracias a las dádivas del gobernante de turno y más votos cautivos se consiguen.

¿Qué pestes tan terribles traería el liberalismo ante el fracaso kirchnerista? Las tan terribles pestes serían que se acabarían los peajes que cobran los burócratas para aprobar un formulario para que la gente pueda trabajar, dado que se eliminarían las arbitrarias regulaciones, fuente inagotable de corrupción. Otra peste que sobrevendría con el liberalismo sería la creación de condiciones institucionales para que llegaran inversiones y se crearan más puestos de trabajo, mejor remunerados y con mejores condiciones laborales. La tercera peste que sobrevendría sería la eliminación del regresivo impuesto inflacionario. La cuarta consistiría en que los argentinos, ante la seguridad jurídica, dejarían de fugar sus capitales hacia los países desarrollados y los repatriarían para financiar nuestro propio crecimiento en vez del de EE.UU. como lo hizo Néstor cuando giró los fondos de Santa Cruz al exterior. La quinta peste sería terminar con la expoliación impositiva de los ciudadanos para mantener a una legión de ñoquis e incapaces que viven a costa de los que trabajan honestamente. La sexta consistiría en que todos los gastos del Estado serían debatidos y controlados por el Congreso de la Nación. La séptima implicaría establecer un verdadero sistema federal impositivo para que las provincias y los municipios no tengan que mendigar en Buenos Aires fondos que les pertenecen. La octava peste pasaría por integrarse al mundo para vender los productos que se producen en la Argentina, incrementando el comercio exterior para aprovechar un mercado de 6.000 millones de consumidores potenciales.

Podría seguir enumerando pestes que vendrían con la llegada del liberalismo. Sin embargo, no vale la pena, porque esas pestes no serían para los argentinos sino para los inescrupulosos políticos que se han aprovechado del poder para esquilmar a la población aumentando sus cuentas bancarias.

A raíz de la crisis del campo, mucho se ha hablado de una lucha por la dignidad y también se ha intentando poner de rodillas a todo aquel que se opusiera a ser denigrado.

El post kirchnerismo le dará a la Argentina una nueva oportunidad para salir de esta larga decadencia en la cual se denigra a los habitantes. Tendremos la oportunidad de establecer una democracia republicana, con gobierno limitado y libertad económica que no sólo terminará con la decadencia, sino que –lo que es más importante– nadie tendrá que ponerse de rodillas frente al mandamás de turno para poder trabajar en paz, por pensar diferente o para recibir alguna limosna. En síntesis, el debate será entre estar todos de pie, con dignidad y libertad, o seguir sometiéndonos a las denigrantes arbitrariedades de funcionarios inescrupulosos.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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28/07/2008

TODO PASA Y TODO QUEDA

Por Gabriela Pousa (*)

“Pero no era la felicidad, era tan sólo una tregua.”
Mario Benedetti

Ante todo, debería aclarar que estas líneas no pueden considerarse sino como un aporte al gobierno nacional. De no ser interpretadas de ese modo, entonces, basta decir que son apenas “conjeturas” que no intimidan y mucho menos desestabilizan (ver, al respecto, reciente jurisprudencia).

¿Por qué esta aclaración? Pues porque cualquier opinión manifiesta que no concuerde con el deseo del matrimonio que ocupa la presidencia, parece tener acceso directo a alguna lista donde el oficialismo aglutina conspiradores, desestabilizadores, etc. Lista que por cierto, es cada vez más extensa. En breve, poca será la diferencia entre esta y la guía, sumando claro está, las páginas blancas, las doradas y las páginas amarillas…

Entre tanto, “todo pasa y todo queda”, como dice el poeta. La mejor exégesis del llamado “nuevo” escenario político nacional, la da una sola imagen ratificando aquello que suele decirse cuando se le adjudica mayor definición que mil palabras: a escasos minutos de la asunción, el flamante Jefe de Gabinete, se sentó entre medio de Julio De Vido y Ricardo Jaime. Una perfecta fotografía de la realidad. Más allá de sus manifiestas buenas voluntades, que en política lamentablemente no gravitan, Sergio Massa inauguró su asenso con una suerte de cátedra sobre los beneficios de la nacionalización de Aerolíneas Argentinas. Como si el cargo no lo hubiera sorprendido, como si hubiese estado estudiando el libreto a recitar con antelación a aquello que se presentó a la ciudadanía como medida sorpresiva ante un “portazo” inesperado para quienes habitan la residencia de Olivos. En algún momento habrá que detenerse a analizar por qué todo cuanto sucede tiene un tufillo diferente a cómo se lo vende…

La llamada “oxigenación” pedida por diferentes sectores de la sociedad tras la, ahora asumida, derrota del kirchnerismo en el Senado derivó en la salida del inefable Alberto Fernández capaz de conmover peligrosamente, aunque sea por un instante, con su crítica sagaz a ciertos des-manejos de los últimos conflictos en el seno del poder, dilatados pero no resueltos, es decir, tratados al mejor “estilo K”. Estilo que sigue en su apogeo sin que se lo haya abandonado jamás.

Ahora bien, el primer síntoma a tener en cuenta es la desmedida algarabía por una partida, (posiblemente maquillada o furtiva), y el arribo de Sergio Massa como si este llegara con una varita mágica a renovar en forma inmediata la función pública. Es obvio que los argentinos necesitan aferrarse a una esperanza con desesperación casi malsana. Basta observar cómo el vicepresidente, Julio Cobos, se transformó en héroe de la noche a la mañana, para entender la conducta social característica de un pueblo sumido en la carencia, y anoticiado tardíamente del fraude que representó votar a Cristina Fernández si daba lo mismo no votar, y que Néstor Kirchner siguiera, como sigue, en su lugar.

Los signos de madurez que, de tanto en tanto, algunas manifestaciones populares dejan aflorar, no terminan de afianzarse, y se pasa raudamente de la crisis a la naturalidad. Es cierto que los procesos de transformación social siempre fueron largos, con un sinfín de vaivenes en el medio de la trama donde se suelen gestar. En ese sentido es injusto juzgar cuando los cambios aún no se han producido y hay asignaturas pendientes que saldar.

Este reemplazo de un funcionario o dos, con amenazas de algunos más que se supone, antes o después, también se irán es superficial frente al reclamo de “oxigenación”. Y es que el problema central no son los nombres sino la permanencia de un modelo de hacer política, basado en la confrontación, el apriete y la división social, que se perpetúa sin que nada lo haya alterado y sin que la experiencia enseñe o el fracaso convoque a la reflexión en vez de asentar la porfía del error. No es Guillermo Moreno ni siquiera Luis D’Elía el problema. El problema es la metodología kirchnerista cualquiera sea quien la ejecute más abajo o más arriba. Ni el INDEC, ni las retenciones, ni las tarifas o la nacionalización de Aerolíneas son conflictivos por sí mismos.

Las demandas perentorias de la gente desoídas, los inocultables traspiés, el visible rumbo cuesta abajo en el que vamos no han generado reacciones consecuentes con un cambio. Posiblemente, pretender que la sociedad política y conyugal que dirige a la Argentina, reaccione frente a lo evidente es pedir una transformación estructural, para la cual han demostrado, innumerablemente, absoluta incapacidad y desgano soberano.

Ante el estallido del conflicto, apenas si responden con un retiro “espiritual” en El Calafate, un silencio que dura entre 48 y 72 horas no más, y la ratificación del “estilo K” con redoblada apuesta a un modo de gobernar y de vivir, el cual si se quiere es aún más complicado y difícil de alterar. La crispación, la altanería y la estrategia del as en la manga mantienen a la ciudadanía en un estado de incertidumbre que no le permite definir si creer y apostar, regresar al hastío o mantenerse alerta porque puede llegar, en el momento menos pensado, la estocada final.

Lo cierto es que, en el mientras tanto, “todo pasa y todo queda”. Pasó la glorificación de Alfredo De Angeli cuyo paradero ni siquiera se sabe ya, pasó la ausencia en el escenario de Néstor Kirchner generando una inexplicable sensación de regreso al llano, situación impensable tratándose, nada más ni nada menos, que del artífice del “estilo K”, pasó el festejo del campo al tamizar que, sin política agropecuaria con reglas de juego definidas y respetadas, no hay forma de progresar, pasó el vendaval de oxígeno y excitación que provocó en el Senado una oratoria sin gritos ni agravios desempatando a favor del reclamo social…

Pasó tanto en realidad que los almanaques parece que hubiesen dejado caer hojas en cantidad, y sin embargo, fueron pocos días, un par de semanas, nada más. Y todo está maquillado pero esencialmente igual. No se trata de pesimismo ni de profecía porque definir lo que vendrá es casi un enigma, un rompecabezas con fichas que no encastran para avizorar un escenario de progreso y paz u otro de conflictividad que derive en una nueva batalla campal.

Lo cierto es que, el sector agropecuario, aportó mucho más que un reclamo sectorial. Legó una radiografía sin distorsión de la metodología kirchnerista incapaz de variar por su naturaleza intrínseca. Si las voces que se sumaron al grito rural acallan creyendo que, alterando nombres en un gabinete que no gestionó jamás, las soluciones ya están; antes de lo pensado volveremos a encontrarnos señalados, etiquetados y vueltos a convertir en enemigos desprevenidos en medio de una guerra que sólo en apariencia había cesado. Sino, ¿por qué, en Balcarce 50, sigue acumulándose arsenal? Se disparan entre ellos con agravios, y afanosamente se busca la figura capaz de devolver alguna suerte de unidad que sólo la mentada “caja” oficial, cuando estuvo abultada, pudo conquistar.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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28/07/2008

SE CONFIRMA EL RUMBO DE COLISIÓN

Por Roberto Cachanosky (*)

En mi nota de la semana pasada, me mostraba escéptico sobre un posible cambio en las formas y el fondo de la política de Cristina Fernández de Kirchner a partir de la derrota que sufrieron en el Senado, no solo a manos de Cobos, sino de una importante cantidad de senadores peronistas y radicales k que no acompañaron el proyecto oficialista.

¿Por qué pensar que los Kirchner iban a aprovechar las nuevas circunstancias para cambiar, si durante 5 años vinieron desaprovechando las fabulosas oportunidades que nos dieron los mercados internacionales para lanzar una etapa de crecimientos sostenido?

La sola lectura de los fundamentos del decreto que debería haber derogado la resolución 125 reflejan ese espíritu de confrontación permanente que ya no puede explicarse como una táctica política sino que, desde mi punto de vista, ha pasado a ser tema de otras disciplinas como la psiquiatría. Y no es una ironía el hacer referencia a las ciencias médicas dado que no es fácil explicar porqué causa el matrimonio presidencial parece gozar tanto con la agresión verbal, la división de la sociedad y las descalificaciones. Los dichos de Cristina Fernández de Kirchner sosteniendo que la clase media se equivoca si cree que su progreso se debe a su esfuerzo personal, sino que se debe a las políticas por ella aplicadas, son una clara muestra de ese comportamiento de agredir a los sectores que, ya en el 2007, no la acompañaron con su voto. Así que los Kirchner parecieran tener una incontenible vocación por ganarse enemigos. Si en el 2007 la clase media urbana le votó en contra y en el 2008 el matrimonio no tuvo mejor idea que pelearse con los sectores rurales que la apoyaron con su voto, lejos estamos de poder apelar al análisis político para explicar semejante comportamiento. Claramente el matrimonio está decidido a chocar el barco contra el iceberg y hasta pareciera estar disfrutando con los destrozos que van a causar.

No debe extrañar, entonces, que el leal ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández, haya optado por saltar del barco, haciéndome recordar el salto que, oportunamente, también dio Roberto Lavagna allá por fines del 2005 cuando la inflación empezaba a convertirse en un dolor de cabeza.

Nuevamente, con la renuncia de Fernández, comenzaron los comentarios sobre la oportunidad que tenía la presidente de oxigenar su gobierno, de cambiar el gabinete y de alejar a su marido de la gestión presidencial.

Bastó que, otra vez, los analistas formularan esta última sugerencia para que, nuevamente, Cristina decidiera, en un mismo día, acudir a dos actos públicos junto con su marido. ¿Cuál es el mensaje que uno recibe frente a semejante comportamiento? Ni se les ocurra que voy a cambiar.

Otro dato a tener en cuenta. Quienes apostaron a que luego del cachetazo en el Senado y la renuncia de Fernández venía el dialogo, el nuevo secretario de Agricultura dijo que no iba a recibir a la Comisión de Enlace del campo sino que iba a recibir a las entidades por separado. En otras palabras, de entrada plantea un conflicto innecesario, forzando una nueva situación de conflicto, de la cual parece gozar el elenco gubernamental.

Hagamos un pequeño resumen de la situación del matrimonio presidencial. Electoralmente tiene en contra a los grandes centros urbanos y a las zonas rurales. Solo les queda (¿?) el conurbano bonaerense siempre y cuando la inflación no termine de alejarlos del oficialismo.

La caja que los ayudaba a disciplinar a gobernadores e intendentes ya no es tan abundante (¿lo habrá percibido Alberto y por eso renunció?). Basta con ver las transferencias de recursos no coparticipables a las provincias para darse cuenta que estas empiezan a estar en serios problemas. Cuando se compara el primer semestre de este año con el primer semestre del año pasado, las transferencias a las provincias subieron solamente el 10%. Muy por debajo de la inflación y del 36% que se incrementaron los gastos corrientes.

El otro dato relevante es que los gastos de capital, obras públicas, subieron nada más que el 17,4% primer semestre contra primer semestre. Como referencia vale la pena tener en cuenta que en el electoral primer semestre del 2007 los gastos de capital aumentaron el 42% con relación al primer semestre del 2006.

En otras palabras, la pregunta que deben estar formulándose más de un gobernador e intendente K, es, ¿para qué alinearme con el matrimonio si tengo problemas financieros y, encima, no me mandan plata para las obras públicas? El apoyo al matrimonio empieza a ser puro costo y cero beneficio para más de un intendente y gobernador.

Como si todo esto fuera poco, la inflación no solo se ha comido los salarios reales, llevando a nuevas negociaciones, sino que el llamado tipo de cambio competitivo ha dejado de serlo. Como referencia, tomemos el “Índice Big Mac” que elabora la revista The Economist. En abril del 2003 un Big Mac costaba U$S 2,70 en EE.UU. y U$S 1,43 en Argentina (el tipo de cambio, en ese momento, era de $ 2,88). En julio de este año un Big Mac en EE.UU. cuesta U$S 3,57 y en Argentina U$S 3,64. Este solo dato confirma mis anteriores afirmaciones de que el tipo de cambio real ha vuelto a los niveles del 2001, con lo cual el corazón de la política económica del Gobierno ha quedado destruido.

De los superávit gemelos, vemos que el superávit de balance comercial tiende a evaporarse, por un menor ritmo de crecimiento de las exportaciones y por un acelerado aumento de las importaciones, sobre todo por el incremento de las importaciones de combustibles para paliar la crisis energética. En el primer semestre de este año, dichas importaciones se duplicaron respecto al 2007. Paralelamente el superávit fiscal, cuando se le quita la contabilidad creativa, también se deteriora. Así que los superávit gemelos también tienden a desaparecer.

En síntesis, no sólo los Kirchner siguen batiendo récords en la tarea de conquistar más enemigos políticos sino que, encima, la economía ya no les sonríe como un par de años atrás.

A pesar de todo eso, no están dispuestos a cambiar el rumbo y muestran una férrea decisión de seguir con la confrontación, ya sea por estrategia o por cuestiones que, a esta altura, solo la psiquiatría puede explicar.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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21/07/2008

LOS CIUDADANOS SON LOS ÚNICOS GENERADORES DE CAMBIO 

Por Gabriela Pousa (*)  

Ni los políticos ni el Gobierno, sólo la sociedad puede lograr la profundización de un gesto que renovó el aire viciado.

Apenas una semana atrás, una suerte de hartazgo sofocaba a los argentinos, parecía que ni un milagro fuese posible en un país diezmado. Algunas voces acunaban vagas esperanzas pero no estaba claro si se trataba de deseos o pálpitos. Luego sobrevino la algarabía. Un número impreciso de ciudadanos relegaron, aunque sea por un rato, sus apetencias personales en pro de un objetivo común: un cambio. Las estadísticas perdieron ya el prestigio de antaño, de manera tal que no es fácil establecer cuantos argentinos rodearon el Monumento de los Españoles consustanciados con el campo, y cuántos estaban allí bregando simplemente para que se los considere humanos, cansados de vivir en el hastío, como rebaño.

En lo cotidiano, uno está dispuesto a aceptar versiones inexactas de ciertos acontecimientos. Un ejemplo banal: se puede hacer caso omiso al empleado que se excusa aduciendo que lo ha demorado el tránsito cuando, en verdad, Morfeo esa mañana no quiso que lo abandone temprano. Pero de ahí a que todos los días, sin excepción, uno soporte leer y escuchar índices fantásticos, y le griten que hay menos pobres, que los precios están bajando, y que aunque creamos vivir en Argentina, en la realidad (oficial) vivimos en Suiza, hay una diferencia más que intrínseca.

Ya intentaron hacernos creer que la inseguridad era una sensación y la inflación “una construcción mediática”. Nos vendieron discursos que, contrastados con lo cotidiano se vaciaron de coherencia. Ante los problemas no se buscaron soluciones, se los ha dilatado con contraataques y denuncias de complot y conspiraciones. De allí que, terminado el proceso parlamentario, y tras un inexplicable silencio de radio, la Presidente convocara a los legisladores del FpV que apoyaron, por convicción o por obediencia debida, su iniciativa pero no para evaluar errores sino para realinearlos. ¿Reflexionaron? No. Atacaron ferozmente a quienes votaron diferente, y salieron a decir que el tema está terminado, aclarando que de ninguna manera han sido derrotados. Nadie pretendía, sin embargo, ponerse el mote de triunfadores, razón por la cuál, la aclaración suena a fracaso autoproclamado, y saca a relucir la debilidad extrema de la jefe de Estado. No en vano las calles de Buenos Aires se empapelaron con carteles que rezan: “Ahora más que nunca, Fuerza Cristina” ¿Por qué “ahora más que nunca” si, desde el oficialismo, niegan un traspié y hablan de traiciones, en vez de ejercicio democrático?

Asimismo, que se festeje que, la Cámara Alta, obró sorteando amenazas y aprietes del Ejecutivo ratifica que la independencia de poderes es un mito. Más que celebrar habría que analizar cómo nos anestesiaron tantos años. Argentina nunca fue un paraíso. Hubo y hay blancos, grises y negros en todos los paisajes recorridos. Los argentinos podemos asumir el error de un gobierno, hay cierta costumbre y entrenamiento en ello. ¿Qué necesidad tienen de vender fortaleza cuando no la hay, en vez de convocar al grueso de las fuerzas políticas para aunar criterios en pro de una mejor gobernabilidad? La metodología del kirchnerismo es intrincada en demasía. Ha habido tantas trampas, y se han guardado tantos ases en la manga que enseñaron a desconfiar de todo cuanto dicen, y también de todo cuánto callan… ¿Por qué hay que creer que ahora lanzarán una gestión renovada? ¿De qué puede servir un cambio de gabinete, si es que lo hubiera, cuando las decisiones sólo pasan por una mente maniquea? Los ministros ni siquiera fueron funcionales a la Presidente, ¿o acaso hicieron algo que no fuera ejecutar órdenes del jefe de siempre? Hay que diferenciar cirugía de cosmética.

Es lícito disfrutar que la corrupción haya fallado pero, sobre un solo caso, no se puede erigir todo lo que implica un verdadero cambio, y menos aún cuando los actores no se han renovado, y es el mismo director quien sigue dirigiendo el teatro. La única transformación palpable está del otro lado: en los ciudadanos que decidieron no aceptar que le sigan vendiendo siempre idéntico espectáculo. Más que centrar la vista en la puesta en escena que se hará de ahora en más en Balcarce 50, conviene observar que la actitud cívica de las últimas semanas, no sea furtiva ni se haya apagado. El cambio social será más fructífero que el cambio político si consideramos quienes habitan la residencia de Olivos.

La necesidad de liderazgos sanos, de marcos de referencia, nos ha llevado muchas veces, a endiosar protagonistas efímeros. Después, ni el recuerdo los abriga porque “la memoria es porosa para el olvido” como decía Borges, o porque no eran dioses sino humanos y se confundieron, erraron como sucediera con Juan Carlos Blumberg. Ejemplos como estos deberían servir para que no sufra igual suerte, el vicepresidente Julio César Cobos. Su voto despertó fervor y merecidos aplausos. Más allá de la motivación, fue quién dio a los argentinos un soplo de aire fresco cuando comenzaba a faltar oxígeno y, en penumbras, casi no nos reconocíamos. Pero dejemos a la historia que lo defina con el adjetivo más preciso.

No es justo depositar en él, las esperanzas de todos, ni mucho menos situarlo en un pedestal donde estuvieron otros a quienes se ha derribado antes de que cante el gallo. ¿Para qué aventurarnos si hemos sufrido ya tantos desencantos? Dejemos que el tiempo decante y apostemos, más que a héroes repentinos, a las energías propulsoras de aquellos que, venciendo miedos y egoísmos, se movilizaron sin flaquear por un país distinto.

Ahora bien, es insólito que más de cien días de crisis pretendan resolverse con un oscuro decreto (ver, si no, la
opinión de Gregorio Badeni al respecto). El “dar vuelta la hoja” que proclama el oficialismo huele más a estrategia para ocultar culpa e ineficiencia, que a toma de conciencia. Esperar que los Kirchner cambien frente a lo que ellos consideran apenas un percance generado por deslealtades, y no un error basado en la ceguera, el capricho y la soberbia, es tan ingenuo como peligroso. No puedo compartir el optimismo desmedido de muchos. Si nos quedamos en la algarabía del primer paso, nos olvidamos que hay que seguir caminando.

Cinco años alcanzan para tener una certera idea de quiénes, cómo y de qué forma están gobernando. Si algo hay que reconocer al matrimonio presidencial es la coherencia en sus modos y maneras. El “estilo K” ha grabado a fuego todos y cada uno de sus actos. Tanto la confrontación, la provocación, la conversión de adversarios en enemigos, como la concentración de poder, la soberbia y el revanchismo han estado presentes desde el 25 de mayo de 2003. No entremos a analizar la gestión de Kirchner como gobernador en el sur porque sería un golpe duro a la esperanza que recientemente conquistamos, aun cuando nada extraordinario haya pasado. Porque si analizamos fríamente, sólo pasó lo que pasa en una real democracia: funcionó el Senado. Qué la normalidad genere asombro no es buen dato... Pero claro, habrá que ver si hemos estado viviendo en un país realmente democrático o se nos ha estado engañado.

Rumores de futuros anuncios y reciclados hay demasiados. Conviene esperar a aventurarnos. Imaginarse a Néstor Kirchner alejado de la toma de decisiones es complicado; al respecto, la fábula de la rana y el escorpión algo ha enseñado.

Parafraseando a André Gide podríamos pedir que el cambio avizorado esté en la pupila más que en el objeto contemplado, porque sólo la sociedad puede lograr la profundización de un gesto que renovó el aire viciado. Esperar que el olmo dé peras es desdeñar este instante en que la gota cae en el río de Heráclito.

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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21/07/2008

PRÓXIMOS PASOS

Por Roberto Cachanosky (*)

Para vislumbrar lo que viene hay que entender la lógica del matrimonio Kirchner.

La mayoría de los análisis que he leído sobre la derrota del kirchnerismo en el Senado tienen un párrafo que apunta a sugerir que esta crisis es una oportunidad para que Cristina Fernández cambie su forma de gobernar. Dicho de otra manera, CKF tendría la oportunidad de relanzar su gobierno mandando a su marido al café literario que había prometido frecuentar una vez que dejara la presidencia y sacándose de encima a personajes como Moreno, que es una verdadera máquina de destruir la economía y espantar las inversiones.

Entiendo la buena intención de estas sugerencias, pero, seamos sinceros, las pocas palabras que CKF dijo en el Chaco refiriéndose a lo ocurrido en el Senado lejos están de reconocer la realidad. Hablar de traición refleja, por sí mismo, el maniqueísmo con que se manejan los Kirchner. Todo el que no piensa como ellos es el enemigo. Es más, hasta llegó a afirmar, en base a los números truchos del INDEC, que a pesar de la larga crisis con el campo, la economía había crecido al 8% anual en los primeros seis meses de este año y que había cada vez más inversiones en Argentina, mostrando una desconexión con la realidad que superan el análisis económico y político.

Desde mi punto de vista, para imaginar lo que puede venir luego de esta derrota, no hay que analizarlo con la lógica del común de los mortales sino con la lógica de los Kirchner. En 5 años de gobierno no solo han dado acabadas muestras de despreciar las instituciones y hacer de la confrontación una forma de gobierno, sino que, además, desconocen el funcionamiento de la economía y su relación con la calidad institucional.

Por otro lado, no comparto el argumento de que Néstor fue quien, en seis meses, le arruinó la imagen a su esposa. Es cierto que contribuyó enormemente en este sentido, pero quien habló de los piquetes de la abundancia, la que dijo que las que habían salido a golpear cacerolas eran las mujeres paquetas, la que insistió con la avaricia de los productores de no querer compartir su riqueza con los más pobres fue ella. En todo caso, Néstor estuvo más desaforado en sus denuncias de golpe, grupos de tareas y desestabilización. Sin embargo, no se puede dejar de lado la responsabilidad que le cabe a la presidenta de haber instalado nuevamente la división de clases entre ricos y pobres, oligarcas y pueblo, y demás estupideces de los 70.

¿Acaso CKF salió a descalificar el comportamiento de D’Elía el día que éste fue a la Plaza de Mayo a repartir trompadas? ¿Descalificó los dichos de Hebe de Bonafini cuando dijo que había que moler a palos a los productores? No lo hizo y, encima, los subió al palco de honor en cada uno de los tantos actos de utilería que le armaron para que la aplaudieran.

Aun haciendo el enorme esfuerzo de suponer que CKF está dispuesta a relanzar su gobierno, lo que hay que precisar es, ¿qué se entiende con relanzarlo? Si se trata de terminar con la confrontación permanente, bienvenido sea el relanzamiento. Ello es condición necesaria, mas no suficiente para relanzar el gobierno y tener éxito en la empresa.

Es que, además de terminar con la práctica de descalificar a los que no piensan igual, también tiene que adoptar políticas públicas de largo plazo que signifiquen reconocer que el que invierte y gana gracias al favor de los consumidores es un ser útil a la sociedad que permite bajar la pobreza y crear puestos de trabajo. Es más útil el que a su propio riesgo invierte para obtener utilidades que el Ministerio de la Felicidad que reparte la plata ajena estimulando la cultura de la dádiva, el clientelismo político y la corrupción.

Aquí no se trata, solamente, de despedir a Moreno, máximo exponente del primitivismo económico. Se trata de entender de una forma diferente la manera en que se desarrollan los países. Esto es, tener un gobierno limitado que respete los derechos de propiedad. Un país que vea al mundo como una gran oportunidad para vender sus productos. Un país con un sistema tributario que respete el federalismo fiscal y deje de expoliar a los contribuyentes. Un país con un gasto público menor y más eficiente. Un país en el cual se lleven a cabo las reformas estructurales para dejar de recurrir al eufemismo del tipo de cambio competitivo que lo único que consigue es esconder por un tiempo las ineficiencias de la economía argentina.

Desde mi punto de vista, relanzar el gobierno no se limita a terminar con las agresiones desde el atril y la tribuna. Significa tener una visión diferente sobre cómo debe funcionar una sociedad para ser exitosa. Esto es, que nadie pretenda vivir a costa del trabajo ajeno recurriendo al Estado para que le “robe” el fruto de su trabajo a quienes todos los días se esfuerzan por superarse. Implica aceptar que los burócratas no tienen la inspiración divina para saber qué hay que producir, a qué precios hay que vender los productos y qué calidad tiene que tener. Significa entender que un peso en manos del Estado no está mejor asignado que un peso en manos del sector privado. Y quiere decir que el llamado capitalismo de amigos, que en realidad no tiene nada que ver con el capitalismo y mucho con la latrocinio, crea un contexto de corrupción y pobreza que deteriora la calidad institucional del país. En definitiva, relanzar el gobierno implicaría que CKF, al contrario de lo que dice Néstor, deje sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada y advierta que el camino del crecimiento no es el Estado intervencionista, estatista y expoliador, sino la capacidad de innovación y el trabajo en libertad de los habitantes.

Tal vez CKF pueda llegar a tomar debida nota que su marido quiso controlar el poder ganando la calle de la mano de D´Elía y terminó perdiéndola en grandes cacerolazos y concentraciones en contra de una forma de gobernar.

Posiblemente CKF entienda que los discursos prepotentes le generan mayores hemorragias de popularidad.

Todo esto lo puede entender, aunque cambiar la personalidad resulta muy complicado, sobre todo cuando se vive en una burbuja. Démosle el beneficio de la duda y supongamos que cambia su personalidad. El paso siguiente consiste en cambiar su ideología populista por el principio de la generación de riqueza basada en el trabajo libre y el respeto por el derecho de propiedad.

La buena noticia es que, si bien los Kirchner tal vez no se hayan dado cuenta, la gente se saturó de tanta agresión y patoterismo. Por lo tanto, lo que cabe esperar en el futuro es que la existencia de políticos y gobernantes tolerantes y más respetuosos de las instituciones. De alguna manera Cobos entendió que si seguían tirando de la cuerda de la confrontación el país terminaba en un conflicto social de proporciones insospechadas. Aún no compartiendo sus ideas económicas, debo reconocer la valentía del vicepresidente de plantarse y decir hasta acá llegó la incitación a la violencia.

La otra buena noticia es que el kichnerismo quedó políticamente destrozado y no parece tan fácil que pueda recuperar el poder político del que abusó todos estos años.

Finalmente, en lo económico, si CFK no entendió lo que significa relanzar el gobierno, la realidad se encargará de hacérselo entender. Y no será, justamente, de una manera muy agradable, de la misma forma que se lo hizo entender a todos los anteriores presidentes que cometieron errores groseros en el manejo de la economía. Y no veo por qué CKF vaya a ser la excepción.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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19/07/2008

UN SIMPLE COMENTARIO...

Por Gabriela Pousa (*)

Muchas veces sostuve que la política comunicacional del Gobierno fue su mayor acierto, o el único... Admito que en los últimos tiempos perdió eficacia en ese aspecto y la prensa encontró en la debilidad de la actual administración, un espacio para oxigenarse. Pero la "derrota" del oficialismo en el Senado si bien puede tomarse como un soplo de aire fresco, también puede aparejar nuevos sobresaltos. Los Kirchner no aceptan la realidad si les es adversa, por el contrario, la "reinventan", y encuentran un sinfín de estrategias que, los ciudadanos, no acostumbrados a marcar las cartas o a guardarse ases en la manga no observan y terminan cayendo en la trampa.    

Conociendo personalmente a Gregorio Badeni y su capacidad, y asumiendo la Sra. Presidente que "no hubo derrota", todo puede pasar (pero no todo no pasó...) El Vicepresidente Julio César Cobos marcó una diferencia, pero cuidado con creer en los "puntos de inflexión" o en las famosas "bisagras de los tiempos" porque hemos comprado muchos de esos argumentos y sin embargo, acá estamos...

Mientras discutimos retenciones y convertimos las instituciones en estadios futbolísticos, Brasil decidió destinar  78.000 millones de reales - 49.000 millones de dólares - , en créditos agrarios para ayudar a controlar la crisis alimentaria mundial y hacer que ese país sea el granero del planeta. De ese monto, 41.000 millones de dólares serán destinados al cultivo en gran escala, mientras que u$s 8100 millones se aplicarán a plantaciones familiares. Actualmente el país de Lula Da Silva (PT) logró posicionarse como el mayor exportador mundial de carne vacuna, pollo, azúcar, café ¡ y jugo de naranja! y es, también, el segundo exportador de soja, ligeramente por debajo de los Estados Unidos. Por su parte, Uruguay se ha convertido en el destino de grandes inversiones de productores argentinos y extranjeros, que vieron en la otra orilla del Río de la Plata mejores oportunidades de negocios y mayor seguridad jurídica....   

“La ambigüedad de la resolución de Cristina:  Con la resolución 1176, el Gobierno, formalmente, no deroga la resolución 125 sobre retenciones móviles. Por Gregorio Badeni

Con la resolución 1176, el Gobierno, formalmente, no deroga la resolución 125 sobre retenciones móviles. Apenas, en su artículo primero instruye al Ministerio de Economía para que la "limite". Pero, al no especificar límites de tiempo, el Ministerio puede concretarlo de golpe, de a poco o cuando le parezca. Es decir, lo irá haciendo en la medida en que la presidenta Cristina Fernández así lo indique. Si quisieran evitar esa ambigüedad, la resolución diría "deróguese" y punto. Pero no lo dice. Sólo "instruye", con lo cual, la resolución 125 continúa vigente. La intención del gobierno parece ser, efectivamente, eliminar la medida de las retenciones móviles, pero la ambigüedad de los términos tampoco parece ingenua: en rigor, tiran la pelota para adelante.”   http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=7662

Y hacia adelante vamos, ¿o no?... Sin ánimo de arruinarles el optimismo y el fin de semana, tan sólo un intento apelando al refrán "más vale prevenir que curar"...  La esperanza igual no puede aflojar! y hay una tregua que no es poco después de habernos visto envueltos en una "guerra" autoproclamada desde Balcarce 50! 

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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18/07/2008

HOUSTON, WE HAVE PROBLEM

Por Roberto Cachanosky (*)

El rechazo del Senado al proyecto de las retenciones móviles complicó el escenario kirchnerista y terminó de desgastar al Gobierno.

Durante más de cuatro meses, Néstor y Cristina Kirchner hicieron lo imposible por ponerse en contra a casi toda la sociedad y terminar de esmerilar su poder político. En rigor, fueron 5 años de patoterismo, atropellos, falta de respeto por las instituciones, caprichos y soberbia.

Néstor y Cristina hicieron de las resolución 125 una cuestión de vida o muerte y no escatimaron esfuerzos con tal de imponer su capricho.

Acusaron de golpistas a los productores agropecuarios cuando, en los hechos, Néstor usurpó el poder presidencial haciendo y deshaciendo como si alguien lo hubiese votado.

Denigró a su mujer al punto de dejarla como una figura decorativa en la presidencia.

Dijo que los productores habían incendiado los campos para llenar de humo la ciudad. Lo subió a Luis D’Elía a los palcos oficiales luego de incitar a la violencia y llevar a cabo actos de violencia.

En definitiva, llevó la crispación social a límites intolerables sin importarle que, dada la situación, podía producirse un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles al menor chispazo.

El resultado de tanta insensatez hizo que Néstor consiguiera unir lo que antes parecía imposible de unir. Pero su ceguera lo llevó a ignorar la masiva concentración de Rosario y el impresionante cacerolazo del 16 de junio.

Ni siquiera la concentración del martes pasado lo hizo reflexionar.

Posiblemente presa del pánico ante la reacción de todo un país el 16 de junio, Cristina envió al Congreso el proyecto de ley por las retenciones creyendo que ganaba el partido caminando.

En diputados le costó mucho lograr la aprobación y anoche mordieron el polvo de la derrota, justo en manos de Cobos.

¿Cuál es el saldo de toda esta locura de 120 días para el gobierno? El matrimonio consiguió dividir a la CGT. Reorganizó al peronismo no kirchnerista. Perdió los votos de las zonas rurales que la habían apoyado. Se puso más en contra a los grandes centros urbanos y comprometió seriamente su resultado electoral del año que viene.

Sus aliados políticos solo son D´Elía y Hebe de Bonafini que destilan odio por todos sus poros y algunos incondicionales que, durante todos estos años, usaron el poder para manifestar sus rencores y odios.

Políticamente los Kirchner dilapidaron su capital y ahora, debilitados políticamente y con escasa credibilidad en la población, tienen que enfrentar la cruda realidad de la inflación, la crisis energética, el endeudamiento, la falta de inversiones y la incipiente recesión.

¿Intentarán ser más autoritario al no conseguir imponer su capricho? ¿Cambiarán su actitud de soberbia y agresión? Solo Dios lo sabe, lo que sabemos es que ahora, sin el poder absoluto que impusieron durante 5 años tienen que hacerse cargo de todos los problemas que generaron.

Si los Kirchner estuvieran en la Apolo XIII, nave que tenía que llegar a la Luna pero tuvo una explosión a poco de despegar que los hizo regresar con gran riesgo a la Tierra, tomarían la radio y dirían: “Houston, we a problem”.

(*) Artículo editado en "Economía Para Todos" por Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del libro "Economía para todos" y "El Síndrome Argentino". Columnista de temas económicos en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable "El Informe Económico". Profesor titular de Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993). 

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14/07/2008

AMENAZAS DEMOCRÁTICAS

Por Gabriela Pousa (*)

Hasta hace algunas horas, creía que la Argentina se había transformado en un Boca-River arbitrado por alguien capaz de ver solamente las faltas de un solo lado. Sin embargo, en un Boca-River hay jugadores entrenados, reglas, y sobre todo un principio, un desarrollo, un entre tiempo y un final donde unos ganan y otros resultan derrotados. En este caso, ganar la contienda sería como cuando se gana pero por un margen que no sirve para clasificar a otras instancias. Por lo tanto, da lo mismo a esta altura si el marcador define a favor o en contra de uno u otro equipo. Hay un trasfondo más complicado, y ya perdimos demasiado en el “mientras tanto”…

Aún así, podría decirse que se juega por el honor pero nada de eso aflora en este escenario donde, para el oficialismo, la honorabilidad es algo desconocido. La costumbre es la única que sigue ganando. Estamos acostumbrados a perder oportunidades, a ser rebaño. Es por ello que se puede esperar semanas para obtener un turno en un hospital público, y cuando llega el momento, un paro de galenos o personal no médico nos deja con el dolor a cuestas y pasaje de vuelta. Vuelta que encima se transforma en odisea por los piquetes que impiden el tránsito y nos fuerza a ser tratados como ganado mal arriado en formaciones ferroviarias capaces de frenar en mitad del recorrido sin explicación ni causa. Mientras, en cadena nacional, hablan del tren bala…

Basta observar los gestos de agobio en el rostro de los intrépidos que caminan por las vías hacia una parada de colectivos sin saber que, amén de la larga fila, la unidad pasará a velocidades inauditas como si no existieran, como si fueran lo que son para la dirigencia: números que sólo suman cuando hay urnas, marchas o plazas que sino no se llenan. Porque el chofer tampoco es el villano, seguramente demoró el recorrido por una horda de alumnos, que invocando “derechos humanos”, reclamaba no ser amonestados ya que eso implicaría recrear una vieja metodología “represiva” ¿?. Todo vale. El prójimo no existe, y la vida es una anécdota o un mal trago que puede digerirse con ansiolíticos cuyo consumo -está probado- aumenta indiscriminadamente en la ciudadanía como si se tratase de golosinas.

Y es que, ¿cuánto vale la vida en Argentina? Cien pesos, un sándwich y el traslado a Buenos Aires. Ese fue, sin ir más lejos, el costo de un tucumano que ni figura en las estadísticas porque apenas era una mercancía comprada para la ocasión por el clientelismo del aparato justicialista. Las retenciones móviles o fijas nada tenían ni tienen que ver con lo que pasa en esta Argentina.

En este marco, que un ex mandatario que sigue mandando, juegue a los soldaditos con los ciudadanos es un divertimento más. Invocando actitud “democrática” simula dar libre albedrío para asistir a uno u otro acto, total tiene garantizada la masa cautiva de los planes sociales y favores oficiales. Pocos son los que se movilizan en sus filas por convicción. Hay mayor empatía con los cien pesos y el sándwich de miga -aunque no le sirvan luego a la familia ni para los gastos del entierro- que con la Presidente misma.

Ahora bien, del otro lado del escenario, avisar a fulano o mengano que tal día, a tal hora se marchará no al Congreso sino al Monumento a los españoles, puede convertirse en una sentencia con inusitadas consecuencias. Insubordinación a la autoridad, conspiración o complot antidemocrático será lo que se acredite como delito ante un juez que a lo mejor, es el mismo que morigeró la pena a un violador que a la hija de 8 años la violó pero apenas una vez, no dos…

La libertad de acción es un anatema aunque, ahora, la vendan como oferta en conferencia de prensa. En apariencia, dan rienda suelta al ciudadano pero le advierten las “consecuencias” con maquiavélica estrategia. Mientras, el gobierno usa fondos públicos para promover su acto como el “democrático” y suma a la CGT de Moyano. ¿Cómo no sentir temor en un país donde no se es inocente hasta que se demuestre lo contrario sino que se es culpable hasta que la inocencia se pruebe? Y para probarlo, encima, es necesario no haber vivido en los 70, ser analfabeto, no haberse sentado frente a un teclado ni hablado por teléfono, ni mucho menos haber blandido cacerolas, quizás no por el campo, pero sí por el cansancio y la repulsa que causa la mentira institucionalizada proclamada desde la Casa Rosada.

Hay que andar con las manos atadas y el pensamiento en blanco para prevenir ataques infundados o no ser parte de un sinfín de versiones que se lanzan generando una incertidumbre que nos confina a una crisis indefinida. ¿Vivimos amenazados sin darnos cuenta acaso? No hay golpistas ni desestabilizadores fuera de Balcarce 50 pero cualquiera puede ser etiquetado de esa manera si considera que los precios subieron algo más que un 0,6% o no lo cree a la Presidente cuando dice querer la unión de los argentinos y, simultáneamente, ella misma o su gente habla de oligarcas, trabajadores, blancos, negros, golpistas o democráticos y arma contra-actos.

Muchos mandatarios en problemas acudieron a fantasmas del pasado o recrearon escenarios de confrontación para salir del paso. Pero los Kirchner aúnan algo más que peronistas residuales que creen -sin convicción- que lo salvan al “jefe” o no se salva nadie. Manejan, proporcionalmente, menos poder y más temor. Y como dice el tango: “en el miedo estamos juntos codo con codo por temor que nos roben la ilusión, la inocencia y ese pan que ganamos con sudor y a conciencia” Es que también, el buen nombre y honor tienen todavía valor para muchos ciudadanos. No es fácil dejarlos librados al capricho de un jefe o ex jefe de Estado…

Cuando se debilitan los argumentos, y no hay modo de sustentar un gobierno que divide, crea antinomias y cercena, el miedo es la mejor herramienta. Hay que apelar a aquellos argentinos que consideran que la amenaza y las rejas pueden dar más libertad que la parálisis provocada por un discurso oficial, por la persecución al disenso o la coacción de patotas con palos y cadenas. No es posible seguir aceptando la mentira con la serenidad de la costumbre y el atavismo de una marioneta. Hay memoria y archivos que consultar para resucitar la verdad.

Puede que el campo haya cometido errores, nadie está exento de ello, pero no fue el sector agropecuario el que creó la metodología del boicot, del apriete, ni la política de la reprimenda. Alguna vez, no hace tanto, hubo un presidente en la Argentina que pedía a gritos desde un atril que se saliera a la calle a impedir la libre oferta, a ser vándalos más que ciudadanos con derecho a elegir qué, cómo y dónde consumir. Y para prueba basta un botón, como decía mi abuela…

“La herramienta elegida por el Gobierno para combatir la inflación es el lanzamiento de un boicot contra las empresas que apliquen aumentos (…) Kirchner, además, defendió ‘el boicot nacional que le pueda hacer el pueblo a quien se está abusando del pueblo’, y llamó a ‘reaccionar como corresponde. Me dicen que no hable así porque así no debe hablar un presidente. Uso estas palabras porque mi deber es defender al pueblo’, disparó Kirchner.”

Néstor Kirchner, al convocar a un boicot nacional contra la petrolera Shell. (Fuente: Diario La Nación, viernes 11 de marzo de 2005).

“No se puede comparar la actitud autoritaria, la actitud patoteril, la actitud de ‘me das esto o te rompo todo’ con la actitud democrática que tenemos nosotros.”
Néstor Kirchner, al convocar al acto del próximo martes 15 de julio frente al Congreso. (Fuente: Diario Clarín, viernes 11 de julio de 2008).

(*) Lic. GABRIELA R. POUSA - Licenciada en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en Sociología del Poder en Oxford University, es autora del libro   “La Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”. Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la autora,  quien se desempeña como analista de coyuntura independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en movimiento político alguno. Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

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14/07/2008

Y DALE CON LA RENTA EXTRAORDINARIA

Por Roberto Cachanosky (*)

Tratar de impedir que las empresas o los individuos tengan altas rentabilidades no es más que el resultado del resentimiento de aquellos que, más que redistribuir la riqueza, quieren que el país se mantenga en la pobreza.

Si hasta ahora hemos escuchado una colección de disparates por parte de los funcionarios públicos, en los últimos días, tal vez por el grado de desesperación del Gobierno ante la empinada caída de su imagen frente a la opinión pública, la cantidad de insensateces se ha transformado en un verdadero tsunami de afirmaciones descabelladas.

La primera y más anecdótica es la del inefable Guillermo Moreno, nuestro secretario de Comercio Interior, cuando afirmó que los únicos datos creíbles y válidos sobre la inflación son los que informa el INDEC. La verdad es que esta afirmación no merece una respuesta porque ese tipo de declaraciones hay que tomarlas con humor. El recordado Fidel Pintos, en su papel de “el Chanta”, ha sido superado por la realidad.

Más hilaridad causó Néstor Kirchner cuando afirmó que ellos jamás habían agredido ni patoteado a nadie. Para el ex presidente no es patotear que sus aliados políticos hayan ido a la Quinta de Olivos a patotear a mujeres indefensas ni que Luis D'Elía haya ido a la Plaza de Mayo a repartir trompadas a quienes se manifestaban pacíficamente contra el gobierno.

Pero dejemos de lado tanto desprecio por la verdad e intentemos ponerle algo de racionalidad a tanto desatino.

¿Qué es lo que se viene esgrimiendo como argumento para mantener la resolución 125? Básicamente lo que ellos llaman la renta extraordinaria. En rigor, el oficialismo confunde precio