El
país, completamente fragmentado y dividido, se debate entre
diferentes realidades, necesidades, prioridades y destinos.
Parece
mentira cómo se va transformando la Argentina. Poco queda de
aquel país que conocí a través del diálogo con mi abuelo,
argentino por opción. No reconozco ni el paisaje urbano ni
siquiera al porteño o al provinciano tal como él los describía.
Pareciera que los códigos y valores que acunaron a tantas
generaciones se fueron desdibujando. Quizás eso puede que sea
un mal universal. No somos, los argentinos, como a veces se
cree, ni los mejores ni tampoco los peores. Sin embargo, de un
tiempo a esta parte, la división de la sociedad forjó o puso
en evidencia un sinfín de diferencias que hacen visible la
partición misma de la nación.
Hay un país lidiando por sobrevivir, afrontando luchas que
jamás hubiese creído tener que encarar porque no fue formado
para la batalla, sino para la civilidad.
Hay otra Argentina que simplemente espera, con mayor o menor
ansiedad, el regreso a la cordura. Resulta extraño decirlo,
pero aquello que se aguarda es: “normalidad”.
También está la República soñando con volver a ser, con
recomponer la institucionalidad que lejos está de reducirse a
una rueda de prensa donde se responde a los interrogantes con
oratoria adornada, eufemismos, burlas y palabras vacías, sin
contenido.
Y está esa otra nación que excede todo esto, que vive en una
realidad propia, limitada a los metros cuadrados donde ha
quedado confinada. Una Argentina transformada en herramienta
clientelista para los objetivos de la dirigencia, sin ideal.
Ese país, que es un medio y no un fin en sí mismo, no estaba
el sábado en La Rural ni en Olivos. Mientras Cristina Fernández
de Kirchner sonreía tensa a las cámaras, tal vez más
preocupada porque no se le corriera el rímel ni se
advirtieran las cirugías, esa fracción de la Argentina
sepultaba dos criaturas. Dos víctimas de la desidia, de
quienes están más atareados en demostrar quién manda que en
el mismísimo ejercicio de mando.
Para el Ejecutivo, el hallazgo macabro de restos humanos no
vale nada, a no ser que pueda utilizarse como epopeya de una
política de “derechos humanos”, en exceso desvirtuados.
Política de anticuario: los huesos de desaparecidos en los años
setenta cotizan más que aquellos hallados en estos días. Los
dos chiquitos masacrados y sus padres enterrados horas antes
pertenecen a la Argentina anémica, al país de la acefalía.
Un área donde la marginalidad es soberana y la sangre corre
con la impunidad que da el saber que, a las demás Argentinas,
esto no les importa nada.
Claro, si se tuviera que hacer un minuto de silencio cada vez
que se halla un cuerpo víctima de la inseguridad –o, para
dejar de lado los eufemismos, víctima del desgobierno y de
una justicia incomprensible e irracional–, sería este un
escenario sumido en un mutismo total. En menos de 48 ó 72
horas, la familia asesinada por un criminal condenado a cadena
perpetua que vivía en su casa, con una “pulsera” que podía
quitarse sin demasiada dificultad, pasará al olvido. No habrá
siquiera crónica periodística que conmemore la atrocidad
hasta que no suceda un caso similar y, entonces, se realicen
las cronologías de antecedentes en la materia. Cuando eso
pase, las Argentinas paralelas volverán a horrorizarse y
comentar en sobremesas una vez más. En ciertas latitudes,
puede que sea una luz de alerta: si el tema no desaparece de
las portadas con urgencia, corre peligro el despacho y la
chapa de ministro o funcionario a cargo. ¿A cargo…?
Entretanto, hay Argentinas sectoriales que bregan, con lícito
derecho, por sus intereses pues han puesto en ello esfuerzo y
tiempo: el único recurso no renovable. Como es apreciable, no
sólo difiere esta Argentina siamesa en el paisaje, sino también
en sus posibilidades. Lejos de la distribución del ingreso,
que apenas es un eslogan para recuperar la dilapidada caja
oficial, el país se va deshaciendo. Divididos de este modo,
es complejo aventurar un escenario donde, por ejemplo, un voto
a conciencia en el Parlamento no sea una gesta magna, sino una
conducta habitual; donde una conferencia de prensa sea parte
de la rutina de quienes deben dar cuenta a la ciudadanía de
su hacer y también de la metodología, no porque se busque
desestabilizar, sino porque se los ha elegido, precisamente,
para ejecutar políticas y no para encapricharse y crear
antinomias y hostilidad.
La Argentina de Cristina, que es Kirchner
En este contexto, donde se ratifica, día tras día, que se
hará lo opuesto a lo que demanda, en general, la sociedad, no
es factible prever un escenario de verdadero diálogo. Seguirán
los monólogos y las órdenes se ejecutarán hasta que el
hartazgo y las demás Argentinas comiencen a mostrar que aún
hay espacio para quienes quieren desertar. En definitiva,
mientras la guerra inútil y absurda siga siendo el eje
central, el campo de batalla en que se ha transformado la
Argentina oficial irá perdiendo hombres, recursos y medios
para sustentar el poder debilitado ya por la pérdida de energías
que implica vivir en la confrontación y en la orgánica
mentira. Sin adversario que acepte el rol de enemigo situándose
en otro bando, no habrá manera de continuar. “Dos no pelean
cuando uno no quiere”, reza el refrán.
Lo que sigue también es obviedad: el repliegue, la retirada,
una suerte de final. Antes o después, cuando se tenga en
claro de qué manera hacerlo para no mostrarse vencidos o para
posicionarse como víctimas de algún invento conspirativo
aunque no queden villanos o agoreros del mal que permitan ser
utilizados como tal, se pulverizará ese epicentro que, en
poco más de un lustro, logró diezmar la Argentina hasta
convertirla en archipiélagos, en islas…
Mientras un discurso para inaugurar una muestra del sector
agropecuario no pueda ser una alocución que ponga de
manifiesto resultados y proyectos y deje asomar la dignidad de
hacer Patria a través del trabajo rural, en vez de ser una
coraza o un pedido para poder crecer y progresar; mientras las
ideas y convicciones no se organicen y aúnen por sus
semejanzas y objetivos, sino que se disipen y vendan según la
conveniencia y oportunidad espacio-temporal, es muy difícil
aventurar cambios de envergadura en estas latitudes.
Podrá convocarse a los medios, cambiarse un funcionario y
hasta definirse teóricamente si quedarse con el Partido
Justicialista o concertar que todo va a seguir medianamente
igual. Ante este panorama, cualquier análisis político puede
simplificarse haciendo un “ta-te-ti” de nombres que
desertarán, infiriendo que el campo ganó con su muestra
frente a la manipulada conferencia de prensa con reglamento y
manual, suponiendo que el leitmotiv de la revuelta social
cordobesa es fruto de un régimen obsoleto de coparticipación
federal o probando que la previa se gestó en Balcarce 50.
En rigor, pueden analizarse puntos y comas de cada oratoria
escuchada este fin de semana y concluir quién mintió y quién
dijo la verdad, o a quién se aplaudió más. Pero nada de eso
aporta a este rompecabezas deshecho en que se convirtió la
Argentina. Hay que lograr que las fichas vuelvan a encastrarse
de manera tal que quede armónico el paisaje. Y “podemos
hacerlo ahora o esperar al 2011”. La paradoja es que la
elección no es de nosotros ni de los demás. La decisión está
del lado de la Argentina de Cristina que es Kirchner, o de
Kirchner que es Cristina.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
El
fracaso del modelo económico y de un estilo de hacer política
abre la posibilidad del advenimiento de una verdadera democracia
republicana y un gobierno limitado.
Tanto
el ex ministro de Economía Roberto Lavagna como algunos sectores
de la izquierda están preocupados porque consideran que el
estrepitoso fracaso al que nos está conduciendo el modelo
kirchnerista provocaría un retorno de la derecha al gobierno y a
la política económica.
Vaya
uno a saber qué entienden por derecha, pero es fácil advertir
que –en esa mezcla de conceptos en que suelen incurrir–
identifican a la derecha con la palabra neoliberalismo, invento
reciente para no decir directamente liberalismo.
Quienes
así piensan consideran que la crisis del kirchnerismo es
consecuencia, únicamente, del comportamiento agresivo y de la
permanente confrontación del matrimonio. Olvidan o desconocen
que, en realidad, el modelo económico propuesto por los Kirchner
estaba inexorablemente condenado al fracaso, más tarde o más
temprano. Lo que sí puede decirse es que, si bien el modelo era
inconsistente en sí mismo, tanto el matrimonio como su
disciplinado soldado Guillermo Moreno han conseguido acelerar y
profundizar una crisis que era inevitable al agregarle a la
inconsistencia del modelo ingredientes propios de la Inquisición.
¿Qué
temen Lavagna y la izquierda que pueda venir luego de la caída
del modelo? ¿El respeto por las instituciones republicanas y al
derecho de propiedad que atraen inversiones y generan crecimiento?
Porque no debe olvidarse que la gran conquista de Occidente fue el
movimiento liberal que logró limitar el poder de los monarcas
para que estos dejaran de abusarse de su posición para esquilmar
a los contribuyentes, sometiéndolos a sus caprichos.
El
movimiento liberal no sólo consiguió eliminar las
arbitrariedades de los gobiernos autocráticos sino que, además,
fue el principal abanderado de los derechos humanos al limitar el
uso de la fuerza de los monarcas contra sus súbditos, al tiempo
que fue el gran defensor de la libertad de expresión y otras
libertades civiles y políticas.
De
manera que si hoy se teme al liberalismo, en verdad a lo que se le
tiene miedo es a que la Argentina consiga establecer una
democracia republicana que, al limitar el poder del Estado,
termine con las arbitrariedades y elimine la corrupción, o al
menos impida que ésta no sea cobijada por la impunidad.
Viendo
la velocidad de crucero a la que marcha el gobierno de los
Kirchner rumbo al iceberg, el principal temor que aparece en
varios sectores de la dirigencia política es el de perder los
privilegios y el modelo de negocio basado en subsidios,
protecciones y demás tipo de medidas intervencionistas que
generan rentas extraordinarias en determinados sectores
productivos a costa de los ingresos de los ciudadanos. En otros términos,
el miedo al liberalismo es el miedo a la competencia, a la inversión,
a la capacidad de innovación y a la ausencia de mercados
cautivos. El miedo a que el Ejecutivo sea controlado por el
Legislativo y la Justicia actúe en forma independiente.
Dos
modelos claramente contrapuestos se presentan para el post
kirchnerismo. Uno es el de la libertad, la mejora de los ingresos
en base a las inversiones, la limitación del poder y el respeto a
la propiedad. El otro es el de continuar con este sistema
decadente que es funcional a las ambiciones de poder de amplios
sectores políticos, empresariales y sindicales. Esa ambición de
poder se sustenta en mercados cerrados a la competencia para tener
subordinados a los empresarios. Les dan el mercado cerrado para
que ellos obtengan, con bajas inversiones y escasa competitividad,
altas tasas de rentabilidad. A cambio de este beneficio, están
dispuestos a sacrificar parte de su rentabilidad para calmar a la
población con simples limosnas.
A
su vez, el poder ilimitado de los gobernantes les permite no sólo
controlar a sectores empresariales, sino que, además, el
mantenimiento de la pobreza es funcional a sus objetivos de poder.
Cuánta mayor pobreza, mayor es la dependencia de la población
para subsistir gracias a las dádivas del gobernante de turno y más
votos cautivos se consiguen.
¿Qué
pestes tan terribles traería el liberalismo ante el fracaso
kirchnerista? Las tan terribles pestes serían que se acabarían
los peajes que cobran los burócratas para aprobar un formulario
para que la gente pueda trabajar, dado que se eliminarían las
arbitrarias regulaciones, fuente inagotable de corrupción. Otra
peste que sobrevendría con el liberalismo sería la creación de
condiciones institucionales para que llegaran inversiones y se
crearan más puestos de trabajo, mejor remunerados y con mejores
condiciones laborales. La tercera peste que sobrevendría sería
la eliminación del regresivo impuesto inflacionario. La cuarta
consistiría en que los argentinos, ante la seguridad jurídica,
dejarían de fugar sus capitales hacia los países desarrollados y
los repatriarían para financiar nuestro propio crecimiento en vez
del de EE.UU. como lo hizo Néstor cuando giró los fondos de
Santa Cruz al exterior. La quinta peste sería terminar con la
expoliación impositiva de los ciudadanos para mantener a una legión
de ñoquis e incapaces que viven a costa de los que trabajan
honestamente. La sexta consistiría en que todos los gastos del
Estado serían debatidos y controlados por el Congreso de la Nación.
La séptima implicaría establecer un verdadero sistema federal
impositivo para que las provincias y los municipios no tengan que
mendigar en Buenos Aires fondos que les pertenecen. La octava
peste pasaría por integrarse al mundo para vender los productos
que se producen en la Argentina, incrementando el comercio
exterior para aprovechar un mercado de 6.000 millones de
consumidores potenciales.
Podría
seguir enumerando pestes que vendrían con la llegada del
liberalismo. Sin embargo, no vale la pena, porque esas pestes no
serían para los argentinos sino para los inescrupulosos políticos
que se han aprovechado del poder para esquilmar a la población
aumentando sus cuentas bancarias.
A
raíz de la crisis del campo, mucho se ha hablado de una lucha por
la dignidad y también se ha intentando poner de rodillas a todo
aquel que se opusiera a ser denigrado.
El
post kirchnerismo le dará a la Argentina una nueva oportunidad
para salir de esta larga decadencia en la cual se denigra a los
habitantes. Tendremos la oportunidad de establecer una democracia
republicana, con gobierno limitado y libertad económica que no sólo
terminará con la decadencia, sino que –lo que es más
importante– nadie tendrá que ponerse de rodillas frente al
mandamás de turno para poder trabajar en paz, por pensar
diferente o para recibir alguna limosna. En síntesis, el debate
será entre estar todos de pie, con dignidad y libertad, o seguir
sometiéndonos a las denigrantes arbitrariedades de funcionarios
inescrupulosos.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
“Pero
no era la felicidad, era tan sólo una tregua.” Mario
Benedetti
Ante
todo, debería aclarar que estas líneas no pueden
considerarse sino como un aporte al gobierno nacional. De no
ser interpretadas de ese modo, entonces, basta decir que son
apenas “conjeturas” que no intimidan y mucho menos
desestabilizan (ver, al respecto, reciente
jurisprudencia).
¿Por
qué esta aclaración? Pues porque cualquier opinión
manifiesta que no concuerde con el deseo del matrimonio que
ocupa la presidencia, parece tener acceso directo a alguna
lista donde el oficialismo aglutina conspiradores,
desestabilizadores, etc. Lista que por cierto, es cada vez más
extensa. En breve, poca será la diferencia entre esta y la guía,
sumando claro está, las páginas blancas, las doradas y las páginas
amarillas…
Entre
tanto, “todo pasa y todo queda”, como dice el poeta. La
mejor exégesis del llamado “nuevo” escenario político
nacional, la da una sola imagen ratificando aquello que suele
decirse cuando se le adjudica mayor definición que mil
palabras: a escasos minutos de la asunción, el flamante Jefe
de Gabinete, se sentó entre medio de Julio De Vido y Ricardo
Jaime. Una perfecta fotografía de la realidad. Más allá de
sus manifiestas buenas voluntades, que en política
lamentablemente no gravitan, Sergio Massa inauguró su asenso
con una suerte de cátedra sobre los beneficios de la
nacionalización de Aerolíneas Argentinas. Como si el cargo
no lo hubiera sorprendido, como si hubiese estado estudiando
el libreto a recitar con antelación a aquello que se presentó
a la ciudadanía como medida sorpresiva ante un “portazo”
inesperado para quienes habitan la residencia de Olivos. En
algún momento habrá que detenerse a analizar por qué todo
cuanto sucede tiene un tufillo diferente a cómo se lo
vende…
La
llamada “oxigenación” pedida por diferentes sectores de
la sociedad tras la, ahora asumida, derrota del kirchnerismo
en el Senado derivó en la salida del inefable Alberto Fernández
capaz de conmover peligrosamente, aunque sea por un instante,
con su crítica sagaz a ciertos des-manejos de los últimos
conflictos en el seno del poder, dilatados pero no resueltos,
es decir, tratados al mejor “estilo K”. Estilo que sigue
en su apogeo sin que se lo haya abandonado jamás.
Ahora
bien, el primer síntoma a tener en cuenta es la desmedida
algarabía por una partida, (posiblemente maquillada o
furtiva), y el arribo de Sergio Massa como si este llegara con
una varita mágica a renovar en forma inmediata la función pública.
Es obvio que los argentinos necesitan aferrarse a una
esperanza con desesperación casi malsana. Basta observar cómo
el vicepresidente, Julio Cobos, se transformó en héroe de la
noche a la mañana, para entender la conducta social característica
de un pueblo sumido en la carencia, y anoticiado tardíamente
del fraude que representó votar a Cristina Fernández si daba
lo mismo no votar, y que Néstor Kirchner siguiera, como
sigue, en su lugar.
Los
signos de madurez que, de tanto en tanto, algunas
manifestaciones populares dejan aflorar, no terminan de
afianzarse, y se pasa raudamente de la crisis a la
naturalidad. Es cierto que los procesos de transformación
social siempre fueron largos, con un sinfín de vaivenes en el
medio de la trama donde se suelen gestar. En ese sentido es
injusto juzgar cuando los cambios aún no se han producido y
hay asignaturas pendientes que saldar.
Este
reemplazo de un funcionario o dos, con amenazas de algunos más
que se supone, antes o después, también se irán es
superficial frente al reclamo de “oxigenación”. Y es que
el problema central no son los nombres sino la permanencia de
un modelo de hacer política, basado en la confrontación, el
apriete y la división social, que se perpetúa sin que nada
lo haya alterado y sin que la experiencia enseñe o el fracaso
convoque a la reflexión en vez de asentar la porfía del
error. No es Guillermo Moreno ni siquiera Luis D’Elía el
problema. El problema es la metodología kirchnerista
cualquiera sea quien la ejecute más abajo o más arriba. Ni
el INDEC, ni las retenciones, ni las tarifas o la
nacionalización de Aerolíneas son conflictivos por sí
mismos.
Las
demandas perentorias de la gente desoídas, los inocultables
traspiés, el visible rumbo cuesta abajo en el que vamos no
han generado reacciones consecuentes con un cambio.
Posiblemente, pretender que la sociedad política y conyugal
que dirige a la Argentina, reaccione frente a lo evidente es
pedir una transformación estructural, para la cual han
demostrado, innumerablemente, absoluta incapacidad y desgano
soberano.
Ante
el estallido del conflicto, apenas si responden con un retiro
“espiritual” en El Calafate, un silencio que dura entre 48
y 72 horas no más, y la ratificación del “estilo K” con
redoblada apuesta a un modo de gobernar y de vivir, el cual si
se quiere es aún más complicado y difícil de alterar. La
crispación, la altanería y la estrategia del as en la manga
mantienen a la ciudadanía en un estado de incertidumbre que
no le permite definir si creer y apostar, regresar al hastío
o mantenerse alerta porque puede llegar, en el momento menos
pensado, la estocada final.
Lo
cierto es que, en el mientras tanto, “todo pasa y todo
queda”. Pasó la glorificación de Alfredo De Angeli cuyo
paradero ni siquiera se sabe ya, pasó la ausencia en el
escenario de Néstor Kirchner generando una inexplicable
sensación de regreso al llano, situación impensable tratándose,
nada más ni nada menos, que del artífice del “estilo K”,
pasó el festejo del campo al tamizar que, sin política
agropecuaria con reglas de juego definidas y respetadas, no
hay forma de progresar, pasó el vendaval de oxígeno y
excitación que provocó en el Senado una oratoria sin gritos
ni agravios desempatando a favor del reclamo social…
Pasó
tanto en realidad que los almanaques parece que hubiesen
dejado caer hojas en cantidad, y sin embargo, fueron pocos días,
un par de semanas, nada más. Y todo está maquillado pero
esencialmente igual. No se trata de pesimismo ni de profecía
porque definir lo que vendrá es casi un enigma, un
rompecabezas con fichas que no encastran para avizorar un
escenario de progreso y paz u otro de conflictividad que
derive en una nueva batalla campal.
Lo
cierto es que, el sector agropecuario, aportó mucho más que
un reclamo sectorial. Legó una radiografía sin distorsión
de la metodología kirchnerista incapaz de variar por su
naturaleza intrínseca. Si las voces que se sumaron al grito
rural acallan creyendo que, alterando nombres en un gabinete
que no gestionó jamás, las soluciones ya están; antes de lo
pensado volveremos a encontrarnos señalados, etiquetados y
vueltos a convertir en enemigos desprevenidos en medio de una
guerra que sólo en apariencia había cesado. Sino, ¿por qué,
en Balcarce 50, sigue acumulándose arsenal? Se disparan entre
ellos con agravios, y afanosamente se busca la figura capaz de
devolver alguna suerte de unidad que sólo la mentada
“caja” oficial, cuando estuvo abultada, pudo conquistar.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
En
mi nota
de la semana pasada, me
mostraba escéptico sobre un posible cambio en las formas y el
fondo de la política de Cristina Fernández de Kirchner a partir
de la derrota que sufrieron en el Senado, no solo a manos de
Cobos, sino de una importante cantidad de senadores peronistas y
radicales k que no acompañaron el proyecto oficialista.
¿Por
qué pensar que los Kirchner iban a aprovechar las nuevas
circunstancias para cambiar, si durante 5 años vinieron
desaprovechando las fabulosas oportunidades que nos dieron los
mercados internacionales para lanzar una etapa de crecimientos
sostenido?
La
sola lectura de los fundamentos del decreto que debería haber
derogado la resolución 125 reflejan ese espíritu de confrontación
permanente que ya no puede explicarse como una táctica política
sino que, desde mi punto de vista, ha pasado a ser tema de otras
disciplinas como la psiquiatría. Y no es una ironía el hacer
referencia a las ciencias médicas dado que no es fácil explicar
porqué causa el matrimonio presidencial parece gozar tanto con la
agresión verbal, la división de la sociedad y las
descalificaciones. Los dichos de Cristina Fernández de Kirchner
sosteniendo que la clase media se equivoca si cree que su progreso
se debe a su esfuerzo personal, sino que se debe a las políticas
por ella aplicadas, son una clara muestra de ese comportamiento de
agredir a los sectores que, ya en el 2007, no la acompañaron con
su voto. Así que los Kirchner parecieran tener una incontenible
vocación por ganarse enemigos. Si en el 2007 la clase media
urbana le votó en contra y en el 2008 el matrimonio no tuvo mejor
idea que pelearse con los sectores rurales que la apoyaron con su
voto, lejos estamos de poder apelar al análisis político para
explicar semejante comportamiento. Claramente el matrimonio está
decidido a chocar el barco contra el iceberg y hasta pareciera
estar disfrutando con los destrozos que van a causar.
No
debe extrañar, entonces, que el leal ex jefe de Gabinete, Alberto
Fernández, haya optado por saltar del barco, haciéndome recordar
el salto que, oportunamente, también dio Roberto Lavagna allá
por fines del 2005 cuando la inflación empezaba a convertirse en
un dolor de cabeza.
Nuevamente,
con la renuncia de Fernández, comenzaron los comentarios sobre la
oportunidad que tenía la presidente de oxigenar su gobierno, de
cambiar el gabinete y de alejar a su marido de la gestión
presidencial.
Bastó
que, otra vez, los analistas formularan esta última sugerencia
para que, nuevamente, Cristina decidiera, en un mismo día, acudir
a dos actos públicos junto con su marido. ¿Cuál es el mensaje
que uno recibe frente a semejante comportamiento? Ni se les ocurra
que voy a cambiar.
Otro
dato a tener en cuenta. Quienes apostaron a que luego del
cachetazo en el Senado y la renuncia de Fernández venía el
dialogo, el nuevo secretario de Agricultura dijo que no iba a
recibir a la Comisión de Enlace del campo sino que iba a recibir
a las entidades por separado. En otras palabras, de entrada
plantea un conflicto innecesario, forzando una nueva situación de
conflicto, de la cual parece gozar el elenco gubernamental.
Hagamos
un pequeño resumen de la situación del matrimonio presidencial.
Electoralmente tiene en contra a los grandes centros urbanos y a
las zonas rurales. Solo les queda (¿?) el conurbano bonaerense
siempre y cuando la inflación no termine de alejarlos del
oficialismo.
La
caja que los ayudaba a disciplinar a gobernadores e intendentes ya
no es tan abundante (¿lo habrá percibido Alberto y por eso
renunció?). Basta con ver las transferencias de recursos no
coparticipables a las provincias para darse cuenta que estas
empiezan a estar en serios problemas. Cuando se compara el primer
semestre de este año con el primer semestre del año pasado, las
transferencias a las provincias subieron solamente el 10%. Muy por
debajo de la inflación y del 36% que se incrementaron los gastos
corrientes.
El
otro dato relevante es que los gastos de capital, obras públicas,
subieron nada más que el 17,4% primer semestre contra primer
semestre. Como referencia vale la pena tener en cuenta que en el
electoral primer semestre del 2007 los gastos de capital
aumentaron el 42% con relación al primer semestre del 2006.
En
otras palabras, la pregunta que deben estar formulándose más de
un gobernador e intendente K, es, ¿para qué alinearme con el
matrimonio si tengo problemas financieros y, encima, no me mandan
plata para las obras públicas? El apoyo al matrimonio empieza a
ser puro costo y cero beneficio para más de un intendente y
gobernador.
Como
si todo esto fuera poco, la inflación no solo se ha comido los
salarios reales, llevando a nuevas negociaciones, sino que el
llamado tipo de cambio competitivo ha dejado de serlo. Como
referencia, tomemos el “Índice Big Mac” que elabora la
revista The Economist. En abril del 2003 un Big Mac
costaba U$S 2,70 en EE.UU. y U$S 1,43 en Argentina (el tipo de
cambio, en ese momento, era de $ 2,88). En julio de este año un
Big Mac en EE.UU. cuesta U$S 3,57 y en Argentina U$S 3,64. Este
solo dato confirma mis anteriores afirmaciones de que el tipo de
cambio real ha vuelto a los niveles del 2001, con lo cual el corazón
de la política económica del Gobierno ha quedado destruido.
De
los superávit gemelos, vemos que el superávit de balance
comercial tiende a evaporarse, por un menor ritmo de crecimiento
de las exportaciones y por un acelerado aumento de las
importaciones, sobre todo por el incremento de las importaciones
de combustibles para paliar la crisis energética. En el primer
semestre de este año, dichas importaciones se duplicaron respecto
al 2007. Paralelamente el superávit fiscal, cuando se le quita la
contabilidad creativa, también se deteriora. Así que los superávit
gemelos también tienden a desaparecer.
En
síntesis, no sólo los Kirchner siguen batiendo récords en la
tarea de conquistar más enemigos políticos sino que, encima, la
economía ya no les sonríe como un par de años atrás.
A
pesar de todo eso, no están dispuestos a cambiar el rumbo y
muestran una férrea decisión de seguir con la confrontación, ya
sea por estrategia o por cuestiones que, a esta altura, solo la
psiquiatría puede explicar.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
LOS
CIUDADANOS SON LOS ÚNICOS GENERADORES DE CAMBIO
Por
Gabriela Pousa (*)
Ni
los políticos ni el Gobierno, sólo la sociedad puede lograr
la profundización de un gesto que renovó el aire viciado.
Apenas
una semana atrás, una suerte de hartazgo sofocaba a los
argentinos, parecía que ni un milagro fuese posible en un país
diezmado. Algunas voces acunaban vagas esperanzas pero no
estaba claro si se trataba de deseos o pálpitos. Luego
sobrevino la algarabía. Un número impreciso de ciudadanos
relegaron, aunque sea por un rato, sus apetencias personales
en pro de un objetivo común: un cambio. Las estadísticas
perdieron ya el prestigio de antaño, de manera tal que no es
fácil establecer cuantos argentinos rodearon el Monumento de
los Españoles consustanciados con el campo, y cuántos
estaban allí bregando simplemente para que se los considere
humanos, cansados de vivir en el hastío, como rebaño.
En
lo cotidiano, uno está dispuesto a aceptar versiones
inexactas de ciertos acontecimientos. Un ejemplo banal: se
puede hacer caso omiso al empleado que se excusa aduciendo que
lo ha demorado el tránsito cuando, en verdad, Morfeo esa mañana
no quiso que lo abandone temprano. Pero de ahí a que todos
los días, sin excepción, uno soporte leer y escuchar índices
fantásticos, y le griten que hay menos pobres, que los
precios están bajando, y que aunque creamos vivir en
Argentina, en la realidad (oficial) vivimos en Suiza, hay una
diferencia más que intrínseca.
Ya
intentaron hacernos creer que la inseguridad era una sensación
y la inflación “una construcción mediática”. Nos
vendieron discursos que, contrastados con lo cotidiano se
vaciaron de coherencia. Ante los problemas no se buscaron
soluciones, se los ha dilatado con contraataques y denuncias
de complot y conspiraciones. De allí que, terminado el
proceso parlamentario, y tras un inexplicable silencio de
radio, la Presidente convocara a los legisladores del FpV que
apoyaron, por convicción o por obediencia debida, su
iniciativa pero no para evaluar errores sino para
realinearlos. ¿Reflexionaron? No. Atacaron ferozmente a
quienes votaron diferente, y salieron a decir que el tema está
terminado, aclarando que de ninguna manera han sido
derrotados. Nadie pretendía, sin embargo, ponerse el mote de
triunfadores, razón por la cuál, la aclaración suena a
fracaso autoproclamado, y saca a relucir la debilidad extrema
de la jefe de Estado. No en vano las calles de Buenos Aires se
empapelaron con carteles que rezan: “Ahora más que nunca,
Fuerza Cristina” ¿Por qué “ahora más que nunca” si,
desde el oficialismo, niegan un traspié y hablan de
traiciones, en vez de ejercicio democrático?
Asimismo,
que se festeje que, la Cámara Alta, obró sorteando amenazas
y aprietes del Ejecutivo ratifica que la independencia de
poderes es un mito. Más que celebrar habría que analizar cómo
nos anestesiaron tantos años. Argentina nunca fue un paraíso.
Hubo y hay blancos, grises y negros en todos los paisajes
recorridos. Los argentinos podemos asumir el error de un
gobierno, hay cierta costumbre y entrenamiento en ello. ¿Qué
necesidad tienen de vender fortaleza cuando no la hay, en vez
de convocar al grueso de las fuerzas políticas para aunar
criterios en pro de una mejor gobernabilidad? La metodología
del kirchnerismo es intrincada en demasía. Ha habido tantas
trampas, y se han guardado tantos ases en la manga que enseñaron
a desconfiar de todo cuanto dicen, y también de todo cuánto
callan… ¿Por qué hay que creer que ahora lanzarán una
gestión renovada? ¿De qué puede servir un cambio de
gabinete, si es que lo hubiera, cuando las decisiones sólo
pasan por una mente maniquea? Los ministros ni siquiera fueron
funcionales a la Presidente, ¿o acaso hicieron algo que no
fuera ejecutar órdenes del jefe de siempre? Hay que
diferenciar cirugía de cosmética.
Es
lícito disfrutar que la corrupción haya fallado pero, sobre
un solo caso, no se puede erigir todo lo que implica un
verdadero cambio, y menos aún cuando los actores no se han
renovado, y es el mismo director quien sigue dirigiendo el
teatro. La única transformación palpable está del otro
lado: en los ciudadanos que decidieron no aceptar que le sigan
vendiendo siempre idéntico espectáculo. Más que centrar la
vista en la puesta en escena que se hará de ahora en más en
Balcarce 50, conviene observar que la actitud cívica de las
últimas semanas, no sea furtiva ni se haya apagado. El cambio
social será más fructífero que el cambio político si
consideramos quienes habitan la residencia de Olivos.
La
necesidad de liderazgos sanos, de marcos de referencia, nos ha
llevado muchas veces, a endiosar protagonistas efímeros.
Después, ni el recuerdo los abriga porque “la memoria es
porosa para el olvido” como decía Borges, o porque no eran
dioses sino humanos y se confundieron, erraron como sucediera
con Juan Carlos Blumberg. Ejemplos como estos deberían servir
para que no sufra igual suerte, el vicepresidente Julio César
Cobos. Su voto despertó fervor y merecidos aplausos. Más allá
de la motivación, fue quién dio a los argentinos un soplo de
aire fresco cuando comenzaba a faltar oxígeno y, en
penumbras, casi no nos reconocíamos. Pero dejemos a la
historia que lo defina con el adjetivo más preciso.
No
es justo depositar en él, las esperanzas de todos, ni mucho
menos situarlo en un pedestal donde estuvieron otros a quienes
se ha derribado antes de que cante el gallo. ¿Para qué
aventurarnos si hemos sufrido ya tantos desencantos? Dejemos
que el tiempo decante y apostemos, más que a héroes
repentinos, a las energías propulsoras de aquellos que,
venciendo miedos y egoísmos, se movilizaron sin flaquear por
un país distinto.
Ahora bien, es insólito que más de cien días de crisis
pretendan resolverse con un oscuro decreto (ver, si no, la opinión
de Gregorio Badeni al respecto).
El “dar vuelta la hoja” que proclama el oficialismo huele
más a estrategia para ocultar culpa e ineficiencia, que a
toma de conciencia. Esperar que los Kirchner cambien frente a
lo que ellos consideran apenas un percance generado por
deslealtades, y no un error basado en la ceguera, el capricho
y la soberbia, es tan ingenuo como peligroso. No puedo
compartir el optimismo desmedido de muchos. Si nos quedamos en
la algarabía del primer paso, nos olvidamos que hay que
seguir caminando.
Cinco
años alcanzan para tener una certera idea de quiénes, cómo
y de qué forma están gobernando. Si algo hay que reconocer
al matrimonio presidencial es la coherencia en sus modos y
maneras. El “estilo K” ha grabado a fuego todos y cada uno
de sus actos. Tanto la confrontación, la provocación, la
conversión de adversarios en enemigos, como la concentración
de poder, la soberbia y el revanchismo han estado presentes
desde el 25 de mayo de 2003. No entremos a analizar la gestión
de Kirchner como gobernador en el sur porque sería un golpe
duro a la esperanza que recientemente conquistamos, aun cuando
nada extraordinario haya pasado. Porque si analizamos fríamente,
sólo pasó lo que pasa en una real democracia: funcionó el
Senado. Qué la normalidad genere asombro no es buen dato...
Pero claro, habrá que ver si hemos estado viviendo en un país
realmente democrático o se nos ha estado engañado.
Rumores
de futuros anuncios y reciclados hay demasiados. Conviene
esperar a aventurarnos. Imaginarse a Néstor Kirchner alejado
de la toma de decisiones es complicado; al respecto, la fábula
de la rana y el escorpión algo ha enseñado.
Parafraseando
a André Gide podríamos pedir que el cambio avizorado esté
en la pupila más que en el objeto contemplado, porque sólo
la sociedad puede lograr la profundización de un gesto que
renovó el aire viciado. Esperar que el olmo dé peras es
desdeñar este instante en que la gota cae en el río de Heráclito.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
Para
vislumbrar lo que viene hay que entender la lógica del
matrimonio Kirchner.
La
mayoría de los análisis que he leído sobre la derrota del
kirchnerismo en el Senado tienen un párrafo que apunta a
sugerir que esta crisis es una oportunidad para que Cristina
Fernández cambie su forma de gobernar. Dicho de otra manera,
CKF tendría la oportunidad de relanzar su gobierno mandando a
su marido al café literario que había prometido frecuentar
una vez que dejara la presidencia y sacándose de encima a
personajes como Moreno, que es una verdadera máquina de
destruir la economía y espantar las inversiones.
Entiendo
la buena intención de estas sugerencias, pero, seamos
sinceros, las pocas palabras que CKF dijo en el Chaco refiriéndose
a lo ocurrido en el Senado lejos están de reconocer la
realidad. Hablar de traición refleja, por sí mismo, el
maniqueísmo con que se manejan los Kirchner. Todo el que no
piensa como ellos es el enemigo. Es más, hasta llegó a
afirmar, en base a los números truchos del INDEC, que a pesar
de la larga crisis con el campo, la economía había crecido
al 8% anual en los primeros seis meses de este año y que había
cada vez más inversiones en Argentina, mostrando una
desconexión con la realidad que superan el análisis económico
y político.
Desde
mi punto de vista, para imaginar lo que puede venir luego de
esta derrota, no hay que analizarlo con la lógica del común
de los mortales sino con la lógica de los Kirchner. En 5 años
de gobierno no solo han dado acabadas muestras de despreciar
las instituciones y hacer de la confrontación una forma de
gobierno, sino que, además, desconocen el funcionamiento de
la economía y su relación con la calidad institucional.
Por
otro lado, no comparto el argumento de que Néstor fue quien,
en seis meses, le arruinó la imagen a su esposa. Es cierto
que contribuyó enormemente en este sentido, pero quien habló
de los piquetes de la abundancia, la que dijo que las que habían
salido a golpear cacerolas eran las mujeres paquetas, la que
insistió con la avaricia de los productores de no querer
compartir su riqueza con los más pobres fue ella. En todo
caso, Néstor estuvo más desaforado en sus denuncias de
golpe, grupos de tareas y desestabilización. Sin embargo, no
se puede dejar de lado la responsabilidad que le cabe a la
presidenta de haber instalado nuevamente la división de
clases entre ricos y pobres, oligarcas y pueblo, y demás
estupideces de los 70.
¿Acaso
CKF salió a descalificar el comportamiento de D’Elía el día
que éste fue a la Plaza de Mayo a repartir trompadas? ¿Descalificó
los dichos de Hebe de Bonafini cuando dijo que había que
moler a palos a los productores? No lo hizo y, encima, los
subió al palco de honor en cada uno de los tantos actos de
utilería que le armaron para que la aplaudieran.
Aun
haciendo el enorme esfuerzo de suponer que CKF está dispuesta
a relanzar su gobierno, lo que hay que precisar es, ¿qué se
entiende con relanzarlo? Si se trata de terminar con la
confrontación permanente, bienvenido sea el relanzamiento.
Ello es condición necesaria, mas no suficiente para relanzar
el gobierno y tener éxito en la empresa.
Es
que, además de terminar con la práctica de descalificar a
los que no piensan igual, también tiene que adoptar políticas
públicas de largo plazo que signifiquen reconocer que el que
invierte y gana gracias al favor de los consumidores es un ser
útil a la sociedad que permite bajar la pobreza y crear
puestos de trabajo. Es más útil el que a su propio riesgo
invierte para obtener utilidades que el Ministerio de la
Felicidad que reparte la plata ajena estimulando la cultura de
la dádiva, el clientelismo político y la corrupción.
Aquí
no se trata, solamente, de despedir a Moreno, máximo
exponente del primitivismo económico. Se trata de entender de
una forma diferente la manera en que se desarrollan los países.
Esto es, tener un gobierno limitado que respete los derechos
de propiedad. Un país que vea al mundo como una gran
oportunidad para vender sus productos. Un país con un sistema
tributario que respete el federalismo fiscal y deje de
expoliar a los contribuyentes. Un país con un gasto público
menor y más eficiente. Un país en el cual se lleven a cabo
las reformas estructurales para dejar de recurrir al eufemismo
del tipo de cambio competitivo que lo único que consigue es
esconder por un tiempo las ineficiencias de la economía
argentina.
Desde
mi punto de vista, relanzar el gobierno no se limita a
terminar con las agresiones desde el atril y la tribuna.
Significa tener una visión diferente sobre cómo debe
funcionar una sociedad para ser exitosa. Esto es, que nadie
pretenda vivir a costa del trabajo ajeno recurriendo al Estado
para que le “robe” el fruto de su trabajo a quienes todos
los días se esfuerzan por superarse. Implica aceptar que los
burócratas no tienen la inspiración divina para saber qué
hay que producir, a qué precios hay que vender los productos
y qué calidad tiene que tener. Significa entender que un peso
en manos del Estado no está mejor asignado que un peso en
manos del sector privado. Y quiere decir que el llamado
capitalismo de amigos, que en realidad no tiene nada que ver
con el capitalismo y mucho con la latrocinio, crea un contexto
de corrupción y pobreza que deteriora la calidad
institucional del país. En definitiva, relanzar el gobierno
implicaría que CKF, al contrario de lo que dice Néstor, deje
sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada y advierta que
el camino del crecimiento no es el Estado intervencionista,
estatista y expoliador, sino la capacidad de innovación y el
trabajo en libertad de los habitantes.
Tal
vez CKF pueda llegar a tomar debida nota que su marido quiso
controlar el poder ganando la calle de la mano de D´Elía y
terminó perdiéndola en grandes cacerolazos y concentraciones
en contra de una forma de gobernar.
Posiblemente
CKF entienda que los discursos prepotentes le generan mayores
hemorragias de popularidad.
Todo
esto lo puede entender, aunque cambiar la personalidad resulta
muy complicado, sobre todo cuando se vive en una burbuja. Démosle
el beneficio de la duda y supongamos que cambia su
personalidad. El paso siguiente consiste en cambiar su ideología
populista por el principio de la generación de riqueza basada
en el trabajo libre y el respeto por el derecho de propiedad.
La
buena noticia es que, si bien los Kirchner tal vez no se hayan
dado cuenta, la gente se saturó de tanta agresión y
patoterismo. Por lo tanto, lo que cabe esperar en el futuro es
que la existencia de políticos y gobernantes tolerantes y más
respetuosos de las instituciones. De alguna manera Cobos
entendió que si seguían tirando de la cuerda de la
confrontación el país terminaba en un conflicto social de
proporciones insospechadas. Aún no compartiendo sus ideas
económicas, debo reconocer la valentía del vicepresidente de
plantarse y decir hasta acá llegó la incitación a la
violencia.
La
otra buena noticia es que el kichnerismo quedó políticamente
destrozado y no parece tan fácil que pueda recuperar el poder
político del que abusó todos estos años.
Finalmente,
en lo económico, si CFK no entendió lo que significa
relanzar el gobierno, la realidad se encargará de hacérselo
entender. Y no será, justamente, de una manera muy agradable,
de la misma forma que se lo hizo entender a todos los
anteriores presidentes que cometieron errores groseros en el
manejo de la economía. Y no veo por qué CKF vaya a ser la
excepción.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
Muchas
veces sostuve que la política comunicacional del Gobierno fue
su mayor acierto, o el único... Admito que en los últimos
tiempos perdió eficacia en ese aspecto y la prensa encontró
en la debilidad de la actual administración, un espacio para
oxigenarse. Pero la "derrota" del oficialismo en el
Senado si bien puede tomarse como un soplo de aire fresco,
también puede aparejar nuevos sobresaltos. Los Kirchner no
aceptan la realidad si les es adversa, por el contrario, la
"reinventan", y encuentran un sinfín de
estrategias que, los ciudadanos, no acostumbrados a marcar las
cartas o a guardarse ases en la manga no observan y terminan
cayendo en la trampa.
Conociendo
personalmente a Gregorio Badeni y su capacidad, y asumiendo la
Sra. Presidente que "no
hubo derrota", todo puede pasar (pero no todo
no pasó...) El Vicepresidente Julio César Cobos marcó una
diferencia, pero cuidado con creer en los "puntos de
inflexión" o en las famosas "bisagras de los
tiempos" porque hemos comprado muchos de esos
argumentos y sin embargo, acá estamos...
Mientras
discutimos retenciones y convertimos las instituciones en
estadios futbolísticos, Brasil decidió destinar 78.000
millones de reales - 49.000 millones de dólares - , en créditos
agrarios para ayudar a controlar la crisis alimentaria mundial
y hacer que ese país sea el granero del planeta. De ese
monto, 41.000 millones de dólares serán destinados al
cultivo en gran escala, mientras que u$s
8100 millones se aplicarán a plantaciones familiares.
Actualmente el país de Lula Da Silva (PT) logró posicionarse
como el mayor exportador mundial de carne vacuna, pollo, azúcar,
café ¡ y jugo de naranja! y es, también, el segundo
exportador de soja, ligeramente por debajo de los Estados
Unidos. Por su parte, Uruguay se ha convertido en el destino
de grandes inversiones de productores argentinos y
extranjeros, que vieron en la otra orilla del Río de la Plata
mejores oportunidades de negocios y mayor seguridad jurídica....
“La
ambigüedad de la resolución de Cristina:
Con la resolución 1176, el Gobierno, formalmente, no deroga
la resolución 125 sobre retenciones móviles. Por Gregorio
Badeni
Con
la resolución 1176, el Gobierno, formalmente, no deroga la
resolución 125 sobre retenciones móviles. Apenas, en su artículo
primero instruye al Ministerio de Economía para que la
"limite". Pero, al no especificar límites de
tiempo, el Ministerio puede concretarlo de golpe, de a poco o
cuando le parezca. Es decir, lo irá haciendo en la medida en
que la presidenta Cristina Fernández así lo indique. Si
quisieran evitar esa ambigüedad, la resolución diría
"deróguese" y punto. Pero no lo dice. Sólo
"instruye", con lo cual, la resolución 125 continúa
vigente. La intención del gobierno parece ser, efectivamente,
eliminar la medida de las retenciones móviles, pero la ambigüedad
de los términos tampoco parece ingenua: en rigor, tiran la
pelota para adelante.” http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=7662
Y
hacia adelante vamos, ¿o no?... Sin ánimo de arruinarles el
optimismo y el fin de semana, tan sólo un intento apelando al
refrán "más vale prevenir que curar"... La
esperanza igual no puede aflojar! y hay una tregua
que no es poco después de habernos visto envueltos en
una "guerra" autoproclamada desde Balcarce 50!
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
El
rechazo del Senado al proyecto de las retenciones móviles
complicó el escenario kirchnerista y terminó de desgastar al
Gobierno.
Durante
más de cuatro meses, Néstor y Cristina Kirchner hicieron lo
imposible por ponerse en contra a casi toda la sociedad y
terminar de esmerilar su poder político. En rigor, fueron 5 años
de patoterismo, atropellos, falta de respeto por las
instituciones, caprichos y soberbia.
Néstor
y Cristina hicieron de las resolución 125 una cuestión de
vida o muerte y no escatimaron esfuerzos con tal de imponer su
capricho.
Acusaron
de golpistas a los productores agropecuarios cuando, en los
hechos, Néstor usurpó el poder presidencial haciendo y
deshaciendo como si alguien lo hubiese votado.
Denigró
a su mujer al punto de dejarla como una figura decorativa en
la presidencia.
Dijo
que los productores habían incendiado los campos para llenar
de humo la ciudad. Lo subió a Luis D’Elía a los palcos
oficiales luego de incitar a la violencia y llevar a cabo
actos de violencia.
En
definitiva, llevó la crispación social a límites
intolerables sin importarle que, dada la situación, podía
producirse un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles al
menor chispazo.
El
resultado de tanta insensatez hizo que Néstor consiguiera
unir lo que antes parecía imposible de unir. Pero su ceguera
lo llevó a ignorar la masiva concentración de Rosario y el
impresionante cacerolazo del 16 de junio.
Ni
siquiera la concentración del martes pasado lo hizo
reflexionar.
Posiblemente
presa del pánico ante la reacción de todo un país el 16 de
junio, Cristina envió al Congreso el proyecto de ley por las
retenciones creyendo que ganaba el partido caminando.
En
diputados le costó mucho lograr la aprobación y anoche
mordieron el polvo de la derrota, justo en manos de Cobos.
¿Cuál
es el saldo de toda esta locura de 120 días para el gobierno?
El matrimonio consiguió dividir a la CGT. Reorganizó al
peronismo no kirchnerista. Perdió los votos de las zonas
rurales que la habían apoyado. Se puso más en contra a los
grandes centros urbanos y comprometió seriamente su resultado
electoral del año que viene.
Sus
aliados políticos solo son D´Elía y Hebe de Bonafini que
destilan odio por todos sus poros y algunos incondicionales
que, durante todos estos años, usaron el poder para
manifestar sus rencores y odios.
Políticamente
los Kirchner dilapidaron su capital y ahora, debilitados políticamente
y con escasa credibilidad en la población, tienen que
enfrentar la cruda realidad de la inflación, la crisis energética,
el endeudamiento, la falta de inversiones y la incipiente
recesión.
¿Intentarán
ser más autoritario al no conseguir imponer su capricho? ¿Cambiarán
su actitud de soberbia y agresión? Solo Dios lo sabe, lo que
sabemos es que ahora, sin el poder absoluto que impusieron
durante 5 años tienen que hacerse cargo de todos los
problemas que generaron.
Si
los Kirchner estuvieran en la Apolo XIII, nave que tenía que
llegar a la Luna pero tuvo una explosión a poco de despegar
que los hizo regresar con gran riesgo a la Tierra, tomarían
la radio y dirían: “Houston, we a problem”.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
Hasta
hace algunas horas, creía que la Argentina se había
transformado en un Boca-River arbitrado por alguien capaz de
ver solamente las faltas de un solo lado. Sin embargo, en un
Boca-River hay jugadores entrenados, reglas, y sobre todo un
principio, un desarrollo, un entre tiempo y un final donde
unos ganan y otros resultan derrotados. En este caso, ganar la
contienda sería como cuando se gana pero por un margen que no
sirve para clasificar a otras instancias. Por lo tanto, da lo
mismo a esta altura si el marcador define a favor o en contra
de uno u otro equipo. Hay un trasfondo más complicado, y ya
perdimos demasiado en el “mientras tanto”…
Aún así, podría decirse que se juega por el honor pero nada
de eso aflora en este escenario donde, para el oficialismo, la
honorabilidad es algo desconocido. La costumbre es la única
que sigue ganando. Estamos acostumbrados a perder
oportunidades, a ser rebaño. Es por ello que se puede esperar
semanas para obtener un turno en un hospital público, y
cuando llega el momento, un paro de galenos o personal no
médico nos deja con el dolor a cuestas y pasaje de vuelta.
Vuelta que encima se transforma en odisea por los piquetes que
impiden el tránsito y nos fuerza a ser tratados como ganado
mal arriado en formaciones ferroviarias capaces de frenar en
mitad del recorrido sin explicación ni causa. Mientras, en
cadena nacional, hablan del tren bala…
Basta observar los gestos de agobio en el rostro de los
intrépidos que caminan por las vías hacia una parada de
colectivos sin saber que, amén de la larga fila, la unidad
pasará a velocidades inauditas como si no existieran, como si
fueran lo que son para la dirigencia: números que sólo suman
cuando hay urnas, marchas o plazas que sino no se llenan.
Porque el chofer tampoco es el villano, seguramente demoró el
recorrido por una horda de alumnos, que invocando “derechos
humanos”, reclamaba no ser amonestados ya que eso
implicaría recrear una vieja metodología “represiva”
¿?. Todo vale. El prójimo no existe, y la vida es una
anécdota o un mal trago que puede digerirse con ansiolíticos
cuyo consumo -está probado- aumenta indiscriminadamente en la
ciudadanía como si se tratase de golosinas.
Y es que, ¿cuánto vale la vida en Argentina? Cien pesos, un
sándwich y el traslado a Buenos Aires. Ese fue, sin ir más
lejos, el costo de un tucumano que ni figura en las
estadísticas porque apenas era una mercancía comprada para
la ocasión por el clientelismo del aparato justicialista. Las
retenciones móviles o fijas nada tenían ni tienen que ver
con lo que pasa en esta Argentina.
En este marco, que un ex mandatario que sigue mandando, juegue
a los soldaditos con los ciudadanos es un divertimento más.
Invocando actitud “democrática” simula dar libre
albedrío para asistir a uno u otro acto, total tiene
garantizada la masa cautiva de los planes sociales y favores
oficiales. Pocos son los que se movilizan en sus filas por
convicción. Hay mayor empatía con los cien pesos y el
sándwich de miga -aunque no le sirvan luego a la familia ni
para los gastos del entierro- que con la Presidente misma.
Ahora bien, del otro lado del escenario, avisar a fulano o
mengano que tal día, a tal hora se marchará no al Congreso
sino al Monumento a los españoles, puede convertirse en una
sentencia con inusitadas consecuencias. Insubordinación a la
autoridad, conspiración o complot antidemocrático será lo
que se acredite como delito ante un juez que a lo mejor, es el
mismo que morigeró la pena a un violador que a la hija de 8
años la violó pero apenas una vez, no dos…
La libertad de acción es un anatema aunque, ahora, la vendan
como oferta en conferencia de prensa. En apariencia, dan
rienda suelta al ciudadano pero le advierten las “consecuencias”
con maquiavélica estrategia. Mientras, el gobierno usa fondos
públicos para promover su acto como el “democrático” y
suma a la CGT de Moyano. ¿Cómo no sentir temor en un país
donde no se es inocente hasta que se demuestre lo contrario
sino que se es culpable hasta que la inocencia se pruebe? Y
para probarlo, encima, es necesario no haber vivido en los 70,
ser analfabeto, no haberse sentado frente a un teclado ni
hablado por teléfono, ni mucho menos haber blandido
cacerolas, quizás no por el campo, pero sí por el cansancio
y la repulsa que causa la mentira institucionalizada
proclamada desde la Casa Rosada.
Hay que andar con las manos atadas y el pensamiento en blanco
para prevenir ataques infundados o no ser parte de un sinfín
de versiones que se lanzan generando una incertidumbre que nos
confina a una crisis indefinida. ¿Vivimos amenazados sin
darnos cuenta acaso? No hay golpistas ni desestabilizadores
fuera de Balcarce 50 pero cualquiera puede ser etiquetado de
esa manera si considera que los precios subieron algo más que
un 0,6% o no lo cree a la Presidente cuando dice querer la
unión de los argentinos y, simultáneamente, ella misma o su
gente habla de oligarcas, trabajadores, blancos, negros,
golpistas o democráticos y arma contra-actos.
Muchos mandatarios en problemas acudieron a fantasmas del
pasado o recrearon escenarios de confrontación para salir del
paso. Pero los Kirchner aúnan algo más que peronistas
residuales que creen -sin convicción- que lo salvan al “jefe”
o no se salva nadie. Manejan, proporcionalmente, menos poder y
más temor. Y como dice el tango: “en el miedo estamos
juntos codo con codo por temor que nos roben la ilusión, la
inocencia y ese pan que ganamos con sudor y a conciencia” Es
que también, el buen nombre y honor tienen todavía valor
para muchos ciudadanos. No es fácil dejarlos librados al
capricho de un jefe o ex jefe de Estado…
Cuando se debilitan los argumentos, y no hay modo de sustentar
un gobierno que divide, crea antinomias y cercena, el miedo es
la mejor herramienta. Hay que apelar a aquellos argentinos que
consideran que la amenaza y las rejas pueden dar más libertad
que la parálisis provocada por un discurso oficial, por la
persecución al disenso o la coacción de patotas con palos y
cadenas. No es posible seguir aceptando la mentira con la
serenidad de la costumbre y el atavismo de una marioneta. Hay
memoria y archivos que consultar para resucitar la verdad.
Puede que el campo haya cometido errores, nadie está exento
de ello, pero no fue el sector agropecuario el que creó la
metodología del boicot, del apriete, ni la política de la
reprimenda. Alguna vez, no hace tanto, hubo un presidente en
la Argentina que pedía a gritos desde un atril que se saliera
a la calle a impedir la libre oferta, a ser vándalos más que
ciudadanos con derecho a elegir qué, cómo y dónde consumir.
Y para prueba basta un botón, como decía mi abuela…
“La herramienta elegida por el Gobierno para combatir la
inflación es el lanzamiento de un boicot contra las empresas
que apliquen aumentos (…) Kirchner, además, defendió ‘el
boicot nacional que le pueda hacer el pueblo a quien se está
abusando del pueblo’, y llamó a ‘reaccionar como
corresponde. Me dicen que no hable así porque así no debe
hablar un presidente. Uso estas palabras porque mi deber es
defender al pueblo’, disparó Kirchner.”
“No
se puede comparar la actitud autoritaria, la actitud
patoteril, la actitud de ‘me das esto o te rompo todo’ con
la actitud democrática que tenemos nosotros.” Néstor Kirchner, al convocar al acto del próximo
martes 15 de julio frente al Congreso. (Fuente: Diario
Clarín, viernes 11 de julio de 2008).
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
Tratar
de impedir que las empresas o los individuos tengan altas
rentabilidades no es más que el resultado del resentimiento de
aquellos que, más que redistribuir la riqueza, quieren que el país
se mantenga en la pobreza.
Si
hasta ahora hemos escuchado una colección de disparates por
parte de los funcionarios públicos, en los últimos días,
tal vez por el grado de desesperación del Gobierno ante la
empinada caída de su imagen frente a la opinión pública, la
cantidad de insensateces se ha transformado en un verdadero
tsunami de afirmaciones descabelladas.
La
primera y más anecdótica es la del inefable Guillermo
Moreno, nuestro secretario de Comercio Interior, cuando
afirmó que los únicos datos creíbles y válidos sobre la
inflación son los que informa el INDEC. La verdad es que esta
afirmación no merece una respuesta porque ese tipo de
declaraciones hay que tomarlas con humor. El recordado Fidel
Pintos, en su papel de “el Chanta”, ha sido superado por
la realidad.
Más
hilaridad causó Néstor Kirchner cuando afirmó que ellos jamás
habían agredido ni patoteado a nadie. Para el ex presidente
no es patotear que sus aliados políticos hayan ido a la
Quinta de Olivos a patotear a mujeres indefensas ni que Luis
D'Elía haya ido a la Plaza de Mayo a repartir trompadas a
quienes se manifestaban pacíficamente contra el gobierno.
Pero
dejemos de lado tanto desprecio por la verdad e intentemos
ponerle algo de racionalidad a tanto desatino.
¿Qué
es lo que se viene esgrimiendo como argumento para mantener la
resolución 125? Básicamente lo que ellos llaman la renta
extraordinaria. En rigor, el oficialismo confunde precio
extraordinario con renta extraordinaria, porque que el precio
de la soja haya subido tanto no quiere decir que los costos de
producción no hayan aumentado en forma sideral. Pero de todas
maneras supongamos que hoy el sector agropecuario tiene una
renta más alta en la soja por el incremento del precio. La
famosa renta extraordinaria que, según el gobierno, hay que
confiscar impositivamente para redistribuirla es el argumento
central.
En
primer lugar, ¿cuál es el problema de que haya una renta
extraordinaria? A modo de referencia es bueno recordar que
luego de la crisis del 2002 la renta en la construcción
aumentó notablemente. Los negocios que se hacían eran
similares a los de los pool de siembra. El desarrollador
elegía un terreno, el arquitecto ponía el proyecto y cobraba
con metros cubiertos y se armaba una “vaquita” con
inversores para financiar la obra para luego vender. Las
tasas rentabilidad fueron tan altas que se fueron incorporando
nuevos inversores hasta que la mayor oferta hizo bajar la
rentabilidad y tendió a igualarse con el resto de los
sectores productivos. Era un negocio con una tasa de
rentabilidad del 75% en un ciclo de 24 meses.
Lo
mismo ocurrió con las famosas compras de electrodomésticos
que se promocionaban a 24 cuotas fijas sin intereses. La
realidad era que había altísimos intereses dentro del precio
al punto que si uno quería comprar al contado no había un
descuento significativo. Lo que se vendían no eran
televisores, sino cuotas.
Ni
en el caso de la construcción ni el de los electrodomésticos
ningún funcionario público hizo un escándalo y el mercado
se fue acomodando solo.
¿Por
qué tanto barullo, entonces, con el tema de la soja? ¿Por qué
no dejar que, si hay una renta extraordinaria, la mayor
oferta, producto de un incremento de la inversión, haga bajar
la renta extraordinaria o bien, la menor inversión en otros
sectores, reduzca la oferta, eleve el precio, incremente la
rentabilidad y atraiga inversiones? ¿Por qué no funcionó
este mecanismo tan natural? Porque fue el gobierno el que, con
su lógica económica tan primitiva, entendió que la ganadería,
la lechería y el trigo también tenían rentas
extraordinarias y adoptó medidas que las destruyeron. Los
controles de precios, los cupos y prohibiciones de exportación
arruinaron a esos sectores y se volcaron a la soja. Y ahora,
empecinados con la resolución 125, van a arruinar el negocio
de la soja.
Otro
dato relevante es el énfasis con que los diputados y
senadores oficialistas decían que había que castigar con
toda la fuera posible la renta de los grandes productores,
como si estos fueran el mismo demonio. ¿Qué tiene de malo
que haya grandes empresas que tengan rentabilidad? Esta
actitud refleja la típica postura resentida de aquellos que,
más que redistribuir la riqueza, quieren un país chico.
Una
vez más es necesario insistir en que no hace falta que
intervenga ningún burócrata iluminado para orientar la
asignación de los recursos productivos. Si un sector tiene más
rentabilidad que otros lo que va a ocurrir es que atraerá
inversiones (como la construcción y la venta de electrodomésticos)
hasta que el incremento de la oferta haga bajar los precios y
la renta. Gracias a este mecanismo es como crecen y se
desarrollan los países. Crecen a partir de las inversiones
que buscan rentas extraordinarias. Lamentablemente el gobierno
quiere poca renta y escasas inversiones, con lo cual, crea las
condiciones para que la pobreza se perpetúe y Argentina sea
cada vez más subdesarrollada.
Otra
de las afirmaciones que también fue alucinante fue cuando
sostuvieron que las retenciones no eran un impuesto, sino una
herramienta de política económica. ¿Desde cuándo la
apropiación del ingreso o del patrimonio de las personas por
parte del Estado para financiar el gasto público no es un
impuesto? En rigor, dada la magnitud del impuesto establecido
en la resolución 125 bien podría calificarse este tributo
como una expoliación lisa y llana.
La
realidad es que todo impuesto, al ser pagado en forma
compulsiva, tiene efectos macroeconómicos y puede ser más o
menos distorsivo, pero siempre un impuesto distorsiona la
economía. Si se aplica el IVA se castiga el consumo. Si se
aplica ganancias se atenta contra la inversión. Si se aplica
el impuesto al cheque se atenta contra la bancarizacion de la
economía y se estimula el mercado negro. Lo que uno puede
intentar es buscar los impuestos menos nocivos para el
crecimiento económico, pero cualquier impuesto que se elija
va a afectar la asignación de recursos o la distribución de
los ingresos.
El
problema que tenemos en Argentina es que el gobierno pretende
que el sistema impositivo cumpla tres funciones simultáneamente:
a) generar recursos para financiar el gasto, b) redistribuya
ingresos y c) reasigne recursos productivos. En rigor, mi visión
es que el gobierno solo quiere cobrar impuestos buscando
recaudar más para hacer caja que es lo que le dio poder hasta
ahora. Y aún así, ese poder, se ha diluído.
En
el caso particular de la resolución 125 se esgrime el
argumento de la distribución de ingresos y de la reasignación
de los recursos productivos. Y esto se hace para argumentar
que es una herramienta de política económica y no impositiva
con el objeto de no tener que pasar por el Congreso (cosa que
finalmente tuvieron que hacer) para apropiarse de los ingresos
de los productores. El aumento de las retenciones no tiene por
objetivo ni defender la mesa de los argentinos, ni estimular
la producción de carne, lácteos o trigo y mucho menos
redistribuir esos recursos para destinarlos a la educación o
la salud. El objetivo, claramente, es tratar de recomponer la
caja del sector público devastada por tantos subsidios y
endeudamiento.
Pero,
claro, el gobierno presentó otro argumento porque si hubiese
dicho la verdad hubiera reconocido el fracaso de su política
económica y la emergencia en la que nos ha sumergido 5 años
de primitivismo económico. Detrás tantas declamaciones de
contenido “social” no se esconde otra cosa que la
necesidad de más caja para tratar de sostener subsidios y e
intentar seguir subordinando a gobernadores e intendentes para
continuar construyendo poder vía la “compra” de
adhesiones.
El
modelo exige de creciente gasto público en subsidios porque
endógenamente así funciona. Como se ataca sistemáticamente
la producción para abaratar artificialmente los bienes y
servicios, la única manera de mantener algún grado de
abastecimiento en la sociedad es repartiendo subsidios. Y esto
lleva a más gasto y más presiones impositivas.
Hoy
el gobierno tiene dos rebeliones fiscales simultáneas: a) la
del campo y b) la de la gente contra el impuesto
inflacionario. Ha conseguido ponerse al grueso de la
población en su contra, al punto que no logra armar un acto
sino es con el apoyo de los piqueteros comandados por Luis D’Elía
y otros que movilizan a la gente como ganado.
El
gobierno ha quedado políticamente aislado y tambaleando por
su voracidad fiscal. Y, encima, ha congelado repentinamente la
economía. Desbordado por la recesión, la inflación y la
rebelión del campo ante la confiscación ha conseguido
reeditar lo que ocurrió en infinidad de casos en la historia
de la humanidad. La gente se cansa de tanta arbitrariedad,
mentira y expoliación y, como sucedió en infinidad de
oportunidades, el monarca ve que ya no subyuga ni atemoriza a
nadie.
El
monarca ha perdido el poder por atacar la renta
extraordinaria.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
PARA
CAMBIAR EL FINAL DEL RECORRIDO HAY QUE BUSCAR OTRA SALIDA
Por
Gabriela Pousa (*)
El
debate de la resolución 125 en Diputados demostró que, en
verdad, no tenemos un gobierno representativo, por más que
haya habido votación popular y se insista con los eufemismos.
“La
tiranía no se edifica sobre las virtudes de los
totalitarios,
sino sobre las faltas de los demócratas.” Albert Camus
Apenas
unas horas atrás, el eje de la polémica se centraba
en “adivinar” cuántos legisladores le darían en
sí al proyecto oficial y cuántos serían los “díscolos”
capaces de negarse a una suerte de orden o capricho
presidencial. Páginas enteras resumían sumas y
restas tratando de adelantar a la votación. ¿Quién
ganó las apuestas? Pese al énfasis en sacar cuentas,
hoy nadie sabe a ciencia cierta la respuesta. Y es que
en el trance de acertar, se enredaron tanto los números
que la síntesis quedó siempre relegada al deseo del
lector. Había, pues, quienes apostaban por la votación
a favor de la media sanción, y quienes creyeron que
algún obstáculo se interpondría entre el querer y
el poder de uno u otro legislador.
Pero
el obstáculo estuvo siempre: Néstor Kirchner no dejó
librado nada al azar. Apretó, controló y pulseó
cada voluntad. Creer que el instrumento utilizado para
ese fin fue el vil metal, paradójicamente, podría
ser un atenuante para la crisis política e
institucional que atraviesa la Argentina. Porque, de
no haber sido una negociación la que se tranzó detrás
de bambalinas, lo que primó tuvo que haber sido el
temor (aunque cada vez este es menor). Siete goles de
diferencia en tamaño campeonato no amerita el festejo
desbordado que surgió cumplido el primer tiempo, es
mejor creer que se celebró poder dar rienda suelta a
Morfeo.
No
hay gran disidencia cuando se habla del poder
menguante del matrimonio presidencial. Hasta los
Kirchner saben que ya no son los mismos. No pueden
siquiera escaparse a El Calafate y dejar hacer porque
ya no hay cheque en blanco otorgado por el pueblo como
sucedió los primeros años cuando se decía que
estaban “construyendo poder”. Hoy, están en cada
detalle, haciendo y deshaciendo la trama aunque no se
sepa exactamente cuál será el desenlace. Esa es,
detalles más, detalles menos, la actividad del Poder
Ejecutivo.
Ahora
bien, ¿qué hace el pueblo? Para dilucidar ese
interrogante es menester asumir que la sociedad
argentina ya no puede analizarse como una masa amorfa
capaz de ser manipulada a piaccere. La división
social es un dato inexpugnable pero nada tiene que ver
con la mentada lucha de clases. Ya no hay siquiera una
derecha y una izquierda, civiles o militares,
oligarcas y burgueses, urbanos o rurales, etc. Una
simple imagen trasmitida por TV tira por la borda la
pretendida lucha que, vanamente, intentó reflotar -en
una versión maniquea- el eje oficialista. Luciano
Miguens, titular de la Sociedad Rural, supo compartir
el mate y las tortas fritas con miembros de la
Corriente Clasista y Combativa liderada por Raúl
Castells, al tiempo que Alfredo De Angeli se sentaba
en la mesa de Mirtha elevando el raiting de los mediodías.
Kirchner lo hizo. Y es que en su afán de dividir, sólo
logró crear barricadas y mediatintas que hoy
representan a la diezmada sociedad argentina.
Todo
está convertido en un Boca-River. No fue sino una
versión desapasionada del súper clásico el eufemístico
“debate” librado, el pasado viernes, en Diputados.
Aquello que pudo verse y oído durante la maratónica
sesión es mejor olvidarlo. Cualquiera ha podido ver
actitudes más respetuosas y sobrias en el Monumental
o en la mismísima popular xeneize. Amén de estas
“menudencias” me atrevo a apostar que cualquiera
conoce a los jugadores de esos equipos con mucho más
rigor que a los ignotos “representantes” de… ¡de
todos y cada uno! Tantas caras desconocidas hablando
en nombre nuestro sin que nadie escuchara en demasía.
La verdad es que no había mucha diferencia, a ciertas
horas de la madrugada, entre el recinto y el Colegio
Nacional Buenos Aires sitiado por los
“estudiantes”. Peculiares estampas de la
Argentina…
Quise
echar culpas al cansancio que demandó estar frente al
televisor 19 horas ininterrumpidas (está probado que
no puede fijarse durante tanto tiempo la atención).
Sin embargo, no había excusa que valga. De los
centenares de legisladores que votaron, tanto en
contra como a favor, no más de una docena pueden ser
reconocidos por el ciudadano medio, y de esa docena,
apenas si la mitad sabía que estaban haciendo ahí
una noche entera. El resto eran anónimos personajes
que esperaban volver al amparo de las sábanas, valga
la alegoría. Bloques, mini-bloques, mono-bloques,
partidos y derivados afloraban como expertos oradores
en materia de agricultura y retenciones.
Dos
reflexiones: o el conocimiento cívico de los
argentinos es paupérrimo, y tenemos materia gris
desperdiciada entre la dirigencia política, o nos están
vendiendo como democrático una trasnochada aglomeración
de personas en el Congreso de la Nación. No se
comprende en este marco, el aplauso que surgiera
cuando la Presidente dispuso que el proyecto se
enviara al Parlamento, si más que un gesto democrático
fue un manotazo de ahogado.
Lo
que se llamó “debate” no fue más que un
Boca-River donde el resultado ni siquiera fue obra de
atinadas jugadas que concluyeron en goles, sino de
fouls, controvertidos penales y off side permitidos
por un árbitro que, además, dirigió el partido
desde otro escenario para evitar que jugadores y
barras bravas lo incriminaran. Esta semana empezará
el segundo tiempo. Habrá una gran pérdida de energía
en sacar nuevas cuentas para tratar de acertar cómo
se define el partido, cuando el resultado puede ser fácilmente
adivinado porque, otra vez, el árbitro será el
mismo.
Entretanto,
no hay solución al problema, las demandas perentorias
del pueblo se siguen desoyendo y no hay, en rigor de
verdad, gobierno representativo por más que haya
habido votación popular y se insista con los
eufemismos. Menos aún, el oficialismo, tiene
estructura partidaria concisa que lo sustente
compartiendo fines y principios. Los une solamente la
necesidad de supervivencia cualquiera sea la
escenografía que se monte en la Argentina.
El
miedo puede que no sea tonto, el monto en discusión
es factible que sea tentador pero para disfrutarlo
debe haber un mañana donde seguir participando… La
lealtad así contrasta con la realidad y apenas si
queda una sociedad conyugal que pugna entre sí por un
mejor lugar en el escenario a sabiendas que, una vez
terminado el período presidencial y desciendan de allí,
todos los caminos conducirán inevitablemente a los
pasillos de Comodoro Py.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
Fomentar el
conflictos y la inestabilidad es una forma de distraer la
atención respecto de los verdaderos responsables de los
problemas.
A
esta altura del partido es evidente que Néstor Kirchner,
arrogándose un protagonismo y funciones que no le
corresponden, intenta llevar a la Argentina a una escalada de
conflicto social que no sabemos dónde puede terminar. Digámoslo
con todas las palabras: ya satura tanta agresividad,
prepotencia e intolerancia; aburren ese monótono discurso
demagógico que tergiversa la realidad y la constante
descalificación de sectores y personas que piensan diferente.
Si
bien este comportamiento incivilizado estuvo vigente durante 5
años, en los últimos meses se ha profundizado de manera
notable. ¿Qué se busca con tanto grito, amenazas y
descalificaciones? ¿Por qué esta escalada en la agresión?
Una respuesta posible es que el oficialismo haya advertido que
está terminando su momento de gloria. No sólo por la
espectacular caída en la imagen del matrimonio presidencial y
el aumento de la imagen negativa, sino también porque la
economía ha entrado en un proceso de acelerada disminución
en la actividad, junto con un notable incremento de la inflación.
Todo esto sazonado con una fenomenal distorsión de precios
relativos y crisis energética.
Basta
con ver el Índice de Confianza del Consumidor que elabora la
Universidad Torcuato Di Tella para advertir que la gente tiene
un grado de incertidumbre que se acerca bastante al de
noviembre del 2001, un mes antes de la caída de De la Rúa y
con el corralito en vigencia. Es más, ya durante el 2007 la
confianza del consumidor tuvo una clara tendencia decreciente:
la gestión de Néstor Kirchner perdió, entre enero y agosto
del año pasado, un 24% de confianza en los consumidores.
Por
alguna extraña razón, los argentinos pensaron que Cristina
Fernández de Kirchner iba adoptar un comportamiento diferente
al de su esposo. Así, por tres meses, logró recuperar parte
de la confianza perdida. Sin embargo, entre enero y junio de
este año, la presidenta consiguió que el mencionado índice
bajara un 28%, lo que lo ubica en niveles muy parecidos al crítico
2001.
Un
dibujo muy parecido tiene el Índice de Confianza en el
Gobierno. En este caso, la caída es del 49% entre enero y
junio de este año. El Índice varía entre 0 y 5 (cero es la
peor nota y 5 la mejor). En junio pasado estaba en 1,21 y en
mayo del 2003 en 1,22. Como dato adicional, la confianza en el
gobierno cayó el 63% desde su punto más alto en junio del
2003. En resumidas cuentas, el gobierno tiene licuada la
confianza de la gente en su capacidad de gobernar y en la
confianza de los consumidores sobre el futuro de la economía.
La
actividad económica baja, a mi juicio, por varias razones. A
saber: a) incertidumbre de la gente ante el creciente
conflicto político y social que creó el gobierno, b) caída
del ingreso real por efecto de la inflación y c) la licuación
del tipo de cambio real ya no incentiva a la gente a
desprenderse de dólares ahorrados para consumir. Con U$S 100
nadie hace ningún desparramo como en el 2002. De manera que
el consumo que tenía como combustible la venta de dólares
dejó de existir y ahora, por el contrario, la gente prefiere
comprar dólares ante tanta pirotecnia verbal y medidas económicas
absurdas.
Como
sistemáticamente el Gobierno se ha encargado de espantar las
inversiones con sus medidas y ahora agregó un castigo
adicional a las exportaciones, no hay forma de recuperar el
nivel de actividad ante la caída del consumo. Vamos, por no
decir que ya estamos, a un proceso de congelamiento de la
economía.
Si
por el lado de la actividad económica el malhumor se palpa
claramente en la calle, indicador más científico que los números
que elabora el INDEK, por el lado del tema impositivo el
gobierno ha logrado generar una doble rebelión fiscal gracias
a su enorme capacidad para crear nuevos problemas.
Es
que no sólo está el conflicto con el campo por las
retenciones, sino que, además, la gente siente escalofríos
con el impuesto inflacionario que está pagando. La caída de
los depósitos del sector privado y la constante demanda de dólares
reflejan claramente las expectativas inflacionarias de la
población.
Es
por esta razón que los impresionantes cacerolazos, que
llevaron a poner vallas por todos lados en la Quinta de
Olivos, intentando aislar aún más al gobierno de la cruda
realidad, muestran claramente el nivel de agotamiento de la
gente ante los crecientes problemas económicos y la soberbia
del matrimonio.
Si
uno tiene en cuenta todos estos datos, más el poco optimista
horizonte electoral que tiene el oficialismo para el 2009, los
gritos de Néstor denunciando desestabilización y golpes
contra Cristina podrían estar escondiendo, en el fondo, el
deseo de irse antes de tener que afrontar la humillante
situación de enfrentar una economía descontrolada. Porque es
bueno recordar que la gente puede tolerar cierto desprecio por
las instituciones mientras la economía funciona, pero la
historia reciente demuestra que cuando la burbuja económica
se pincha, la factura se pasa por la inflación, la caída en
la actividad más la falta de respeto a las instituciones y
los sonados casos de corrupción.
Forzar
el caos social y luego buscar un chivo expiatorio es un viejo
truco para tratar de evitar hacerse cargo de los resultados de
tanta insensatez.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
UN
ANÁLISIS LITERARIO ANTE EL OCASO DEL PERIODISMO
EN
UNA ARGENTINA DE FICCIÓN
Por
Gabriela Pousa (*)
"Quería
soñar un hombre e imponerlo a la realidad"
Jorge
Luis Borges (Ruinas Circulares)
El
país se ha convertido en un escenario de ficción que sólo
puede ser explicado con un abordaje desde la literatura.
En
mis años de universidad, solían decirnos que la gran
diferencia entre el periodismo y la literatura estriba en que
éste debe ajustarse a los hechos tal cual sucedieron,
respondiendo incluso a la famosa regla de la “WH” (who,
what, when, where, why), es decir quién, cómo, cuándo, dónde
y por qué, mientras la literatura podía dar rienda suelta a
la imaginación. Cumpliendo la mencionada norma quedaba
escrita la crónica periodística. Por el contrario, la
literatura no admitía más límite que el renglón.
Nunca
creí demasiado en ese dogma, quizás por mi adicción a la
obra de Oscar Wilde, pero traté de adaptarme conforme a la
enseñanza de los dinosaurios que no adaptados al medio,
desaparecieron. Sin embargo, dentro de mí, permaneció
intacta la sentencia de aquel autor: “La vida imita a la
literatura, mucho más de lo que la literatura imita a la
vida.” El siglo XIX, ironizaba Wilde, era en gran medida una
invención de Balzac. Hoy nos preguntamos quién habrá
inventado este siglo XXI tan lleno de insensatez y
mediocridad. Posiblemente, Discépolo le puso letra a muchos
de los actuales sucesos aún sin haberlos presenciado en vivo
y en directo o creyendo que se ceñían al anterior siglo.
Asimismo,
mucho de este presente aparece con asombrosa exactitud en una
carta que en Marzo de 1948, desde Buenos Aires, Laurence
Durrell, ese cosmopolita que plasmó “El Cuarteto de
Alejandría”, le escribiera a Henry Miller. En ella describía
a Buenos Aires “exactamente como los Estados Unidos en1890,
llena de caciques ambiciosos que se disputan las riquezas no
explotadas. A los débiles se los aplasta contra el muro. El
único empleo sería un puesto en una estancia, pero eso
necesita físico y energía (…) Moralmente es el último círculo
del infierno. Todo el que tiene alguna sensibilidad está
tratando de salir de acá, incluyo yo. Creo que preferiría
arriesgarme a la bomba atómica antes que permanecer aquí.
Está tan muerto todo…”
Esa
pieza literaria, simultáneamente, es una descripción válida
de lo que nos pasa. Durrell pudo redactarla pensando en los
gritos que caracterizarían las sesiones parlamentarias o
simplemente imaginando la escenografía circense montada en la
Plaza de los Dos Congresos. Y así como Wilde sostenía que
Robespierre salió de las páginas de Rousseau, nuestros
mandatarios, ambos claro, pueden haber sido una creación de
Mary Shelley (autora de “Frankenstein”, 1818) o de R. L.
Stevenson (autor de “Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, 1886). ¿Por
qué no?
Todo
es demasiado fantástico en la Argentina actual. Si acaso un
hijo o un sobrino nos planteara ahora que, San Martín, al
cruzar los Andes debió sortear un piquete de asnos reclamando
igualdad pues, es el caballo quien quedó inmortalizado en
estatuas que evocan la epopeya magna mientras a los burros se
les relegó a tareas de carga, creeríamos que nos está
contando una versión caricaturesca de la historia nacional,
una sátira. Y lo mismo creerán nuestros descendientes cuando
se les hable de un debate legislativo donde varios de los
participantes se dedicaban al envío de mensajes de texto
descalificativos, o el diálogo lo monopolizaba una peculiar
Madre de Plaza de Mayo con extraños subsidios en su haber y
cheques girados en blanco, capaz de sostener, entre otras
vaguedades, que el Congreso y el canal de la televisión
estatal deberían ser tomados, y los ruralistas sacados a
palos. Y hablamos del ámbito donde alguna vez hubo debates
que terminaron con sangre, pero no por la violencia, el odio y
el resentimiento, sino por la defensa de convicciones,
valores, y principios férreos.
Hoy,
las baldosas que guiaron los pasos de los prohombres que
forjaron la Nación sufren el pisar de piqueteros, líderes
populares con fama efímera y turbio pasado auto adjudicándose
representatividad que nadie les ha otorgado. En este contexto,
el periodismo está perdiendo su leitmotiv. No hay normas ni
reglas que cumplir para que la crónica sea precisa. No hay un
quién, no hay un cuándo, ni un por qué. Hay impersonales
protagonistas que aparecen y desparecen como en un “Sueño
de una noche de verano” sin que nadie pueda dilucidar qué
hacen allí ni quienes los convocaron. Todo es vago y furtivo,
y lo que se cuenta parece salido de escaparates con olor a
trementina como aquellos “Seis personajes en busca de un
autor” que Pirandello creó.
Mientras
esto sucede, Oscar Wilde sigue insistiendo desde mi memoria
que “no hacemos sino desarrollar con notas al final de la página,
y con añadiduras inútiles, el capricho o la fantasía o la
visión creadora de un gran novelista”
Los
dirigentes que nos gobiernan no pueden ser sino una creación
fantástica, escapan a la naturaleza humana. No admiten reglas
ni sus acciones pueden ser transcriptas en una crónica periodística
tradicional. No hay coherencia ni realismo en lo que hacen,
menos aún en los objetivos, y la inconsistencia en sus dichos
impide que el redactor se ciña a la verdad. Al intentarlo,
inevitablemente, se mete en una trama donde la realidad se
convierte en eufemismo, en un vocablo vacío. Las fábulas
ganan, pues, las columnas y los análisis políticos.
¿De
qué sirve, por ejemplo, que enumere la lista de quienes votarán
el proyecto de retenciones móviles tal cual está? Son datos
tan efímeros que mañana pueden cambiar cheque mediante,
compra de voluntades u obsecuencia no más. ¿Acaso no es el
mismo Néstor Kirchner el que reniega de las retenciones en
videos que circulan por doquier? ¿Cómo dar crédito a lo
dice? Tiene más credibilidad un personaje de Ray Bradbury o
Isaac Asimov. A su vez, ¿aporta algo que describa el recinto
donde se esgrimieron insultos como si fuesen ideas para
simular que hay real democracia e instituciones con
independencia?
Ni
el toro inflable, ni los huevos que caminan por la plaza o
aquel legislador que tipea en un celular una grosería pueden
ser los artífices de una futura historia argentina que tengan
que estudiar después quienes nos han de heredar. Además,
podría jurar que a Edgardo De Petri y a Luis D’Elía los he
descubierto hace tiempo, como bufones, en páginas de Homero,
Virgilio y Quevedo. El periodismo no puede diferenciarse ya de
la literatura, al menos no de la fantástica. A no ser que la
Argentina sea aquella Atlántida de “El Timeo y el
Critias” que Platón narrara, y los ciudadanos perplejos
ante tamaño espectáculo seamos Vladimir y Estragon
“Esperando a Godot”. (Posdata: Nunca llegó…)
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
No
es casualidad que la Argentina haya pasado del crecimiento de
fines del siglo XIX y principios del silgo XX a esta continua
degradación económica.
Casi
como si fuera una verdad revelada, el argumento central del
Gobierno para justificar las retenciones ha dejado de ser el de
producir menos “yuyito” para diversificar la producción
agropecuaria. Ahora, aseguran que el aumento de las retenciones
será destinado a financiar más programas sociales. Así,
redistribuir la riqueza ha pasado a ser el argumento central de
los Kirchner. Y para financiar esa redistribución se le aplicaría
una mayor carga tributaria a quienes tienen ganancias
“extraordinarias”. No sólo el gobierno sostiene esta línea
de argumentación, sino que la oposición, para no ser políticamente
incorrecta, dice estar de acuerdo con la redistribución de la
riqueza.
Como
señalaba en otra nota Antonio Margariti, no queda claro si el
gobierno quiere redistribuir la riqueza o los ingresos, dado que
no son la misma cosa. Dicho en otras palabras, ¿qué quiere el
gobierno? Redistribuir el departamento (la riqueza) o el alquiler
que cobra el dueño (los ingresos). Pero, como dice Margariti, al
gobierno le da lo mismo hablar de riqueza y de ingresos como si éstos
fueran sinónimos. Volviendo al tema de la riqueza y los ingresos,
por ejemplo, ¿qué harían los Kirchner con su patrimonio para
distribuir justamente la riqueza? ¿Entregarían el 40% de sus 18
casas y 4 departamentos o el 40% de los alquileres que le generan
esas 22 propiedades?
Ahora
bien, dejando de lado el gesto que podrían tener los Kirchner
para mostrar su voluntad de liderar y dar el ejemplo en esto de
redistribuir la riqueza repartiendo sus propiedades o ingresos que
les generan, deseo pasar al tema de fondo. Y el tema de fondo es
el principio de la redistribución del ingreso (no de la riqueza).
Lo que voy a decir a continuación es políticamente incorrecto,
pero como no pretendo ganar votos, no tengo problema en ser políticamente
incorrecto. Vayamos al punto.
¿Por
qué razón alguien que trabaja, obtiene utilidades basadas en su
esfuerzo personal, iniciativa, riesgo y capacidad de innovación
tiene que transferirle compulsivamente sus ingresos a otra persona
que no generó nada de ese ingreso? No encuentro ninguna
justificación moral por la cual el burócrata de turno se arrogue
el derecho de confiscar el fruto del trabajo a unas personas para
transferírselas a otra sin que esta otra haya hecho nada que
justifique el reclamo de vivir a costa de los otros.
En
rigor, seamos honestos, este no es un problema de los Kirchner
solamente. Ni siquiera es un problema de la dirigencia política
en particular. Este es un problema de la sociedad argentina,
entendiendo como sociedad argentina a una mayoría significativa
de los habitantes que considera que está bien que el Estado les
quite el fruto de su trabajo a unos para transferírselo a otros.
La redistribución del ingreso generalmente está bien vista y
ampliamente aceptada por mucha gente…siempre y cuando no le
toquen el bolsillo a ellos. Y no digo esto por el caso particular
de los productores agropecuarios porque ellos mismos han dicho públicamente
que están dispuestos a ceder parte de sus ingresos para que el
Estado los redistribuya. Inclusive los productores ni siquiera
luchan por la eliminación de las retenciones sino que se limitan
a pedir un techo a las mismas. Lo que digo es que la sociedad
argentina (utilizando este término para simplificar palabras)
apoya la distribución del ingreso…ajeno. Es común escuchar que
cuando el Estado le cobra más impuestos a un determinado sector
de la sociedad, inmediatamente éste salta argumentando que les
cobren a otros que ganan más o que roban. Un argumento hipócrita
para aparecer sensible, pero tacaño al momento de abrir la
billetera. Todos son muy solidarios con la plata ajena y, por lo
tanto, la dirigencia política en general y los Kirchner en
particular no hacen más que reflejar lo que la mayoría de la
gente apoya. El que unos mantengan a otros.
El
ejemplo más evidente que me viene a la memoria fue el de los 90
cuando los docentes reclamaban un aumento de sueldos. Todos
estaban de acuerdo en que ellos merecían ese incremento salarial.
Se aprobó entonces la famosa estampilla que había que pegar en
el parabrisas que mostraba el impuesto que cada uno había pagado
para financiar dicho incremento de salarios. ¿Qué pasó en ese
momento? Todos los que tenían autos saltaron como leche hervida
porque tenían que poner de su bolsillo el aumento de salarios de
los docentes que tan vehementemente reclamaban incluso los dueños
de los autos.
Por
supuesto que a muchos políticos esta cultura de la dádiva les
viene de perillas porque les permite armar una inmensa red de
clientelismo políticos y bolsones de corrupción con la plata
ajena. La reparten como si fuera propia. Pero el drama de la
Argentina es, a mi juicio, el pronunciado acento que siempre se
pone en la distribución del ingreso como si este se generara
solo, sin necesidad de riesgo, trabajo, esfuerzo, innovación,
entre otras. Y como si el que ganara plata fuera un ser perverso
al que hay que castigar por su éxito.
Basta
con ver el presupuesto de este año para advertir lo desvirtuado
que está el Estado. De los $ 161.500 millones del presupuesto
nacional, $ 98.720 millones, es decir el 61%, está destinado al
rubro Servicios Sociales, incluyendo esto vivienda, jubilaciones y
pensiones, educación, trabajo, etc. Casi dos terceras partes del
presupuesto se destinan a redistribuir el ingreso, mientras que la
seguridad y la defensa de la nación brillan por su ausencia. Es
como si el Estado hubiese decidido privatizar la protección de la
vida y la propiedad de las personas (seguridad) decidiendo que
cada uno se encargue de defenderla, y se hubiese concentrado
exclusivamente en repartir los ingresos. De esta forma, el
monopolio de la fuerza que le fue delegado para defender la vida,
la libertad y la propiedad de las personas, lo utiliza para
expoliar a los que producen y redistribuir el fruto de su trabajo.
El Estado argentino se ha transformado en una especie de
delincuente que sistemáticamente se apropia de los ingresos y
patrimonios de la gente bajo el argumento de la solidaridad.
Desde
el punto de vista estrictamente económico, la mejor redistribución
del ingreso se produce a partir de instituciones confiables que
atraen inversiones, crean puestos de trabajo mejor remunerados y,
de esta forma, la gente recibe una porción mayor del ingreso
nacional gracias al resultado de su trabajo. Por otro lado, no hay
mecanismo más eficiente para ejercer la solidaridad que la que
surge de las asociaciones civiles que brindan apoyo a diferentes
sectores gracias a las donaciones que reciben en forma voluntaria
de personas y empresas. Porque son estas las que se encargan de
controlar que los dineros que destinan a esas organizaciones sean
efectivamente bien asignados y no se pierdan en los pliegues de la
burocracia y la corrupción.
En
lo estructural, los argentinos tenemos que cambiar esa mentalidad
de pensar que, por definición, todo aquél que gana plata es
sospechoso de algo y que, además, tiene la “obligación” de
mantener a otras personas que no conocen. Esta cultura de la dádiva
ha terminado por denigrar el trabajo de la gente y su dignidad. La
mayoría se siente con derecho a vivir a costa del trabajo de
terceros. Por lo tanto, cada vez son menos los que producen y más
lo que quieren vivir sin producir reclamando un derecho que no es
tal.
En
lo que hace al caso particular de los Kirchner hay dos problemas
puntuales: a) en primer lugar se pasaron de vueltas con el gasto público
y la carga tributaria llevando al punto del agotamiento fiscal de
la población y b) nadie les creyó cuando 90 días después de
lanzar las retenciones móviles se acordaron de avisar que eran
para financiar planes sociales. Fue tan burda la maniobra que, en
este caso, no prendió en la población el discurso sensiblero.
De
todas maneras, insisto, mientras los argentinos no cambiemos esta
manía de querer vivir a costa del trabajo del otro, considerando
como un derecho que otro me mantenga, me pague la casa, los
estudios de mis hijos, etc., va a ser cada vez más difícil
encontrar a alguien que quiera arriesgar sus capitales y trabajo
para que luego los políticos, bastardeando el concepto de
solidaridad, se apropien de los ingresos que generan quienes
invierten y trabajan.
No
es casualidad que Argentina haya pasado del crecimiento de fines
del siglo XIX y principios del silgo XX ha esta continua degradación
económica. Es que antes, con todos sus defectos, el modelo de país
se basaba en el trabajo, en el esfuerzo personal y en la atracción
de capitales. A eso venían los inmigrantes. A trabajar duro para
construirse un futuro que no conseguían en sus países europeos.
Fue la aparición de la cultura de la dádiva que se instaló en
nuestro país lo que nos ha llevado a ser una país decadente, y
como buenos hipócritas, encima tratamos de explicar nuestra
decadencia en conspiraciones internacionales que surgen de las
afiebradas mentes de los resentidos que quieren vivir como se vive
en los países capitalistas pero usando las reglas del populismo más
berreta.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
DE
CHESTERTON A KAFKA HASTA EL TORO ALFREDITO Y EL PINGÜINO
NESTOR…
Por
Gabriela Pousa (*)
“Si de mi hubiese dependido nacer,
indudablemente no habría aceptado la existencia en
condiciones tan irrisorias” F. Dostoievsky, El Idiota
Como
lo expresara el filósofo Pascal Bruckner, nada hay más
conformista en nuestra época que pretender ser un rebelde, un
inconformista, ese agitador que se alza contra el orden
establecido. Estamos presenciando, pues, un escenario de
conformidades donde lo irrisorio aventaja al dramatismo de las
circunstancias. Enarbolados como héroes mitológicos de una
Argentina arcaica, surgen en el cielo diáfano un gran toro
inflado bautizado como “Alfredito”, a él se enfrenta como
Teseo al Minotauro, un pingüino de similar tamaño al que
llaman “Néstor”. Antiguamente se canonizaba a los héroes,
el sistema moderno prefiere vulgarizarlos. Ambos están en una
suerte de nebulosa observando desde arriba una plaza
atiborrada de identidades perdidas en búsqueda de respuestas
para preguntas incompletas. Y es que hasta los que son
incapaces de aprender se han puesto a enseñar. En estos días
todos los hombres con un poco de fama tienen sus discípulos
pero no hay que olvidar que después será Judas el que
escriba
la biografía.Lo
cierto es que tanto barullo se asemeja al silencio: nada se
escucha, apenas si se oyen ciertas voces tratando de esgrimir
una idea pero la Argentina es el refugio de las ideas perdidas
y las causas acabadas.
Cualquier
que camine por allí podría encontrarse con Gabriel Syme,
aquel poeta del orden que supo ser Jueves en la pluma de G. K.
Chesterton, o con Gregory, el anarquista que termino
representando al Domingo. Compararía el cuadro con aquel otro
donde una supuesta conspiración anárquica quería imponerse
con fuerza sin advertir que aquella sólo era la otra cara de
la monedad de las libertades individuales. La responsabilidad
de ser libres es una carga pesadaque a veces, es mejorapelara
oscuros sistemas, invocar a complots y terminar imponiendo la
ideología victimista, mientras un toro y un pingüino definen
una batalla pírrica.
Las
oligarquías ganan algunas partidas: no hubo fútbol ni un
picadito como suele haber en las zonas más marginadas, por el
contrario una pelota ovalada dio pie a un partido de Rugby y
entre scrown, mauls y tackles se definió el espacio donde
cada quien es cada cual, así se encuentra la dignidad y la
pertenencia en esta geografía. Mientras, dentro del recinto
una escena dantesca: voces a los gritos que se superponen
creyendo tal vez que la más gruesa es la que vence
la contienda. Al
observar tamaño espectáculo, donde el sudor es protagonista
y las palabras muestran su faz gratuita, cualquier espectador
más o menos desprevenido, puede sentir un devenir similar al
de Gregorio Samsa, esa cucaracha kafkiana que trata de
entender lo que no puede asimilar la naturaleza humana.
Se
buscan acuerdos con enfrentamientos, se apela al respeto con
el insulto, se impone compulsivamente el consenso. Todo es tan
burdo que no puede esperarse un resultado concreto capaz de
contener tantos intereses librados a su suerte.
La
voz de la conciencia tiene pañuelo blanco ¿de esperanza?, la
voz de la razón,poncho
y barba. Todos son víctimas ¿cómo pueden enfrentarse?
Luchan por idénticos derechos amparados en un librito casi
insignificante que reparten en las esquinas como si fueran
biblias evangelistas. Se trata de
la Constitución Nacional
tan clara, tan simple y sin embargo, librada a
interpretaciones tan disímiles… SiAlberdi viviese no dudaría en transcribirla pero en
una lengua universal para que no haya más confusión y
barbarie en esta tierra. Quizás se halle ya de lleno en esa
tarea y en breve, los ciudadanos, podamos comprar un ejemplar
de
la nueva Constitución
de los argentinos en el ciberespacio donde debe quedar el único
resabio de cultura y dignidad nacional.
Qué
el resto lo resuelvan los próceres del siglo XXI que supimos
conseguir: el toro Alfredito y el pingüino Néstor. Y ¡oh,
juremos con gloria morir…!
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
Es
asombroso cómo en la Argentina los acontecimientos más insólitos
pasan como si fueran meras anécdotas o capítulos de alguna
telecomedia. Después de 100 días de una crisis sin igual, o
tal vez de esperar una crisis sin igual, protagonistas y
espectadores se vuelven a reacomodar. Ciertamente, han
cambiado muchas posiciones, se ha perdido el orden original, y
en los próximos días presenciaremos una suerte de juego de
la silla donde cualquiera puede terminar ocupando un sitio
circunstancial.
En
la cuenta regresiva, la ausencia más notable es la de la razón.
De pronto, las ideologías se guardan en los cajones y el
miedo al escrache juega un rol decisivo en la definición. ¿Cuántos
legisladores están haciendo un severo análisis de conciencia
o están llamados a la reflexión en momentos cruciales para
la Nación? A juzgar por las imágenes de la televisión, el
Congreso es un avispero donde se tejen números, sumas y
restas más que argumentos y estudios de situación en serio.
La política se reduce, de pronto, a una ecuación aritmética.
¿Le alcanzan los votos a los Kirchner o no?, es la pregunta
del millón. La sociedad quiere saberlo, la misma sociedad que
antes de estos 100 días no tenía ni una mínima noción de
las retenciones y su existencia. De allí que creer que en esa
discusión se agota el tema es el verdadero problema que tiene
la Argentina.
Ahora
bien, ¿para qué deberían alcanzarle las voluntades
parlamentarias al matrimonio presidencial? La respuesta sin
anestesia es para ganar una batalla convertida en guerra. El
adversario sigue de pie aunque no esté parado en el medio de
las rutas. Molesta a Néstor Kirchner no haber logrado aún
ponerlos de rodillas. Las consecuencias de buscar ese fin a
través de uno de los poderes de la república son peligrosas.
La calidad institucional del país no puede siquiera medirse
en una escala lógica. La suma del poder, la concentración
del mando y el temor disipado entre los diferentes estratos de
funcionarios ha cercenado las bases de un poder democrático y
republicano. La única ventaja que se yergue sobre la
Argentina es que no hay miras de un golpe de Estado, nada más
impensado, pero eso no implica que pueda jugarse con los
conflictos ni jaquear las instituciones como si éstas fueran
cuarteles que aglutinan hombres obligados a cumplir órdenes.
Hoy
por hoy, en el país, pensar diferentes al oficialismo es un
riesgo pero es al mismo tiempo un mérito. Extraña manera de
honrar al pensamiento… Los trofeos para los legisladores se
alzan a la espera de esas disidencias. Es como si no se
esperase un debate de ideas sino una defensa del disenso, como
si las retenciones móviles fuesen tan sólo una excusa de lo
que en verdad se juega esta semana en el Parlamento. En el
fondo estamos discutiendo un modelo de gobierno y eso es lo
que molesta en Balcarce 50. Muévase o no el porcentaje de
aquellas, lo que se está observando con sigilo desde la Casa
de Gobierno y también desde afuera es la actitud de quienes
vayan a sentarse en las bancas esta semana. Discutir ahora si
están allí por listas sábanas o por deseo popular
manifiesto, tras conocer algo más que los datos filiatorios,
es abrir otra grieta en un camino donde ya hay demasiados
agujeros. La reforma política es una falacia que han
utilizado tantos gobiernos que pretender ahora sacarla del
ropero es casi risueño.
¿Cuántas
portadas como estas hemos leído ya los argentinos? Pasó 1996
sin pena ni gloria, pasó también el 2003 y la inseguridad,
detrás de la problemática del campo, sigue causando
estragos. Paradójicamente o no, el PJ dividido, vaciado o
viciado sigue dominando el escenario. Y finalmente, Néstor
Kirchner y Eduardo Duhalde siguen pulseando sin que nadie sepa
demasiado a qué están jugando. La saturación llegó a las
calles pero llegó en forma natural sonando como cacerolazos.
Es
triste creer que nada ha cambiado demasiado, pero siempre, la
Argentina, tiene una oportunidad más, parece que esta fuera
una tierra donde constantemente se abre espacio para otra
chance. Ni el hartazgo ni la apatía son ultimátum, puede
volverse al llano. No importan los grandes titulares, ni las
promesas cuando las palabras no valen nada. Si se hubiese
gravado la sarta de insensateces que hemos oído en los
pasados 100 días, las retenciones no tendrían ni que ser
discutidas, podríamos abolirlas. Sobrarían fondos para las
obras y sus coimas, para las banelcos que sacan leyes, y hasta
para hospitales y escuelas aunque después estos no tengan
insumos, y los estudiantes se dediquen a cortar calles porque
no les gusta el color de pelo que tiene un maestro o los hayan
reprobado.
Y
es que el problema de la Argentina va mucho más allá del
campo y sus impuestos. Si queremos seguir creyendo que ese es
el leitmotiv de todo lo que pasa, y sancionada con o sin
reforma la iniciativa en juego, aquí no ha pasado nada…
después no nos quejemos. Sigamos viviendo a través de las
portadas. La punta del iceberg generalmente no daña, lo que
hunde y genera catástrofe es lo que está sumergido, aquello
que esta esconde o tapa…
Durante
los 5 años de mandato de Néstor Kirchner, había quedado en
evidencia que el entonces presidente no toleraba la más mínima
disidencia. Cualquiera que presentara una posición diferente era
vilipendiado desde el atril o escrachado por los piqueteros (los
mismos escraches que hoy el Jefe de Gabinete define como nazis
cuando les toca a ellos). En definitiva, se sabía que Kirchner
tenía tendencias autoritarias y el temor invadía a la mayoría
de la gente.
Cuando
Cristina Fernández de Kirchner ganó las elecciones, algunos
periodistas se esforzaron por tratar de mostrar que comenzaba una
nueva era de diálogo y un cambio de política que nos incorporaría
al mundo. El esfuerzo fue en vano porque a poco de asumir pudo
advertirse que la esposa del ex presidente tenía las mismas
actitudes autoritarias que su marido. Tanto es así que en varias
oportunidades resaltó que ella tenía el 46% de los votos, como
si disponer de una mayoría circunstancial le permitiera avasallar
las instituciones republicanas o disponer de la propiedad y de los
ingresos de la gente a su antojo cual monarca autocrático.
¿Cuál
es la novedad que tenemos luego de 5 años de kirchnerismo? A mi
juicio, hay dos datos relevantes. En primer lugar, ocurrió algo
inédito: un sector, el agropecuario, se plantó ante las
decisiones del oficialismo y se puso firme en el disenso. El “método
Moreno” dejó de funcionar. Esto no entraba en los cálculos del
kirchnerismo y la reacción no se hizo esperar. Había que poner
de rodillas a aquellos que opinaban diferente, adoptando actitudes
que fueron deteriorando cada vez más la imagen del matrimonio.
El
segundo hecho que los sorprendió –y que fue el peor de todos,
al menos hasta ahora– fue el apoyo que la inmensa mayoría de la
población le dio al campo, junto con los cacerolazos que se
extendieron a lo largo y ancho del país. Ellos saben que ese
gigantesco acto de repudio al matrimonio presidencial no tiene que
ver sólo con las retenciones, sino que también refleja los
estragos que están haciendo la inflación y el comportamiento
soberbio con que se siguen manejando tanto Néstor como Cristina.
La
brutal caída en la imagen presidencial que reflejan las últimas
encuestas los debe tener muy preocupados. Sin embargo, lo que más
les debe preocupar es el aumento de la imagen negativa. ¿Por qué?
Porque un político puede tener baja imagen positiva y, al mismo
tiempo, baja imagen negativa. En ese caso dispone de margen para
crecer o recuperarse. En cambio, cuando la imagen positiva es baja
y alta la negativa, el personaje se encuentra en problemas, ya que
la elevada imagen negativa constituye un techo para crecer o
recuperar el apoyo de la población.
¿Cuál
ha sido la reacción de los Kirchner frente a su creciente
deterioro político? Sacar a la calle a las fuerzas de choque de
los piqueteros amigos del gobierno como Luis D’Elía. Su reacción
consistió en responder al descontento popular con la violencia de
los piqueteros y demás fuerzas de choque, con lo cual la imagen
del gobierno se deteriora aún más.
Cuando
D’Elía entró a las trompadas en la Plaza de Mayo en el primer
cacerolazo, quedó demostrado el grado de intolerancia con que se
maneja el gobierno cuando la gente se manifiesta en su contra.
Estos hechos se repitieron frente a la Quinta Presidencial y, cada
vez que la gente va a la Plaza de Mayo a manifestar su
disconformidad, enseguida aparece D’Elía para decir la Plaza es
mía, como si pararse en la Plaza y no dejar pasar a nadie que
piense diferente les diera la razón o les otorgara más apoyo
popular.
Es
evidente que el matrimonio debe sentirse muy afectado por el
rechazo que están teniendo. Ellos saben que el acto que hicieron
el miércoles de la semana pasada en la Plaza de Mayo no tuvo una
concurrencia espontánea. Saben que montaron un apoyo de utilería
a favor suyo, mientras que los cacerolazos y el acto de Rosario
fueron espontáneos. Todos sabemos que debe ser sumamente
denigrante para uno alquilar gente para que lo aplauda, mientras
que nadie es pagado por golpear una cacerola. Me imagino que para
cualquier persona debe ser deprimente tener que simular el apoyo.
Pagar para que a uno lo aplaudan debe ser una experiencia muy
desagradable porque, en el fondo, uno sabe que se siente denigrado
de tener que recurrir a ese método.
La
novedad, entonces, es que los Kirchner se encuentran con algo que
no habían tenido que afrontar hasta el momento: un profundo
desprestigio ante la sociedad con el correspondiente rechazo. Esta
situación inédita los hace reaccionar con más violencia verbal.
Por ejemplo, cuando D’Elía llamó a armarse para defender al
gobierno de Cristina, Néstor no repudió los dichos de su amigo
piquetero, sino que simplemente se limitó a decir que no estaba
de acuerdo.
Hoy
los Kirchner denuncian los cortes de rutas como antidemocráticos,
mientras el puente con Uruguay sigue cerrado sin que el gobierno
emita opinión al respecto.
Alberto
Fernández denunció como actitudes nazis que los productores
vayan a las casas de los legisladores a reclamar por las
retenciones, pero no denunciaron como nazis el escrache que los jóvenes
K le hicieron al stand de Clarín en la Feria del Libro, ni el
escrache que los piqueteros le hicieron a Shell, o el escrache que
la Agrupación Hijos, miembros de las Madres de Plaza de Mayo, le
hicieron al juez Bisordi o la toma de una comisaría por parte de
D´Elía. En definitiva, no pueden tomarse como serias y sinceras
las declaraciones del jefe de Gabinete. Solo reflejan el grado de
desazón con que están viviendo este momento.
La
realidad es que estamos viviendo una nueva etapa en la cual los
Kirchner tienen que enfrentar serios problemas económicos y un
creciente rechazo de la población a su modo de gobernar. Por lo
que se vio hasta ahora, este nuevo escenario los hizo más
agresivos e intolerantes porque para ellos es inadmisible que la
gente no se subordine a sus caprichos.
Como
la situación económica ya ha entrado en un proceso de recesión,
para el matrimonio presidencial los tiempos de gloria pertenecen
al pasado. Políticamente están muy complicados. Y tampoco podrán
recuperar la economía porque la virulencia de sus palabras y
comportamientos han terminado de espantar a cualquiera que
imaginara poner un peso de inversión en Argentina.
Así
como están las cosas, ellos saben que en las elecciones del año
que viene tienen asegurada la derrota. Si pierden la mayoría en
el Congreso ya no tendrán todo el poder y ellos no están
acostumbrados a gobernar de esa forma, con lo cual, el 2011
pareciera ser un horizonte lejano y poco alentador. Sólo resta
saber qué inventarán para tratar de evitar que el descontento
popular que hoy se manifiesta en cacerolazos se traduzca en una
humillante derrota electoral.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
Los
fantasmas de diciembre de 2001 se agitan en las calles y en el
recuerdo. De todos depende que, esta vez, la historia pueda
transitar por otros carriles.
“…
Aún puede escucharse a aquel energúmeno que,
cargando un electrodoméstico sobre sus hombros,
corría por la avenida principal de la ciudad
gritando a los demás: ‘¡El año que viene a la misma
hora!’”
27 de diciembre de 2002
Parece
que la política se va tomar un largo periodo de vacaciones en
la Argentina, un lujo que no muchos se pueden dar.
Parafraseando a la Presidente podríamos decir que la política
debe haber tenido buena renta, razón por la cuál puede estar
meses sin trabajar… Seguimos, pues, sin posibilidad de análisis
concreto, a no ser que se analice aquello que ha reemplazado
el quehacer político, es decir: el desgobierno.
Lo
primero que un argentino medio debería hacer si acaso acepta
el desafío que implica averiguar qué sucede en la Argentina,
es asirse del diccionario y convertirlo en una suerte de
manual de lectura imprescindible. De lo contrario, es inútil
entender que pasa a no ser que haya un intérprete del absurdo
que representa vivir en una confrontación sin límite,
escuchando términos ya obsoletos en el mundo entero y también
en la Argentina.
Todo
comenzó hace casi 5 años con un extraño retroceso del país.
El kirchnerismo asumió, y tras los festejos de la “graduación”
por el paso de grado de una gobernación provincial a un
Ejecutivo Nacional, comenzaron los preparativos de una
conmemoración o una representación cuasi infantil del país
de hace 30 ó 35 años. Los disfraces que usan y usaron para
subir al escenario quizás no reflejaron el espíritu de
aquella época signada por la tragedia y la violencia. Sin
embargo, la escenografía, los nombres y el libreto ensayado
se adaptaron con buena sinonimia a los de aquellos
infortunados años.
Si
acaso la idea era terminar con una asignatura pendiente, el
resultado puede comprenderse con menos dificultad que si el
objetivo fue o es gobernar. Podríamos decir que, el primer
acto, dejó en evidencia cómo venía la mano, y cuales eran
los verdaderos intereses de los protagonistas egresados.
Posiblemente entonces, el error lo cometieron los espectadores
que se quedaron perplejos o atrapados por la trama, inmóviles,
sentados en las butacas observando inertes la sucesión de
viejos sketchs, tratando de hallarle un hilo conductor a la
historia que estaban contándoles con apenas algunos
argumentos originales.
No
faltaron aplausos. Tal vez, algún acierto o un histrionismo
valedero lo merecieron. No puede negársele alguna habilidad,
de otro modo, hoy, los argentinos, estaríamos presenciando
otra obra, con elenco renovado y, sobre todo, con un guión
cambiado. Pero el final de este folletín lo conocemos, si
hasta me avergüenza confesar que yo misma lo plasmé en una
nota similar publicada en un matutino porteño.
Transcurría
el mes de diciembre de 2002 cuando en otro
artículo narraba que
no había excusa racional para explicar esa “sensación de
ser parte de una época ya conocida, que no habrá de legar,
por más ingenio que se aplique en buscarla, ninguna página
de gloria a la historia nacional”.
Inmaduros
crónicos a esta altura, no podemos - como en aquel entonces-
dilucidar las causas por las cuales repetimos lo peor de una
historia que ya hemos vivido y sufrido denodadamente.
Recordaba entonces, y recuerdo ahora, la ventaja que tuvieran
actores de la talla de Alan Alda y Ellen Burstyn capaces de
disfrutar los mismos escenarios, viviendo en ellos las mismas
cosas, “el año que viene a la misma hora”.
Mientras
trazaba el paralelo con aquella ficción hollywoodense, los
argentinos, estábamos conmemorando 365 días aproximadamente,
de los fatídicos hechos que terminaron con un helicóptero
levantando vuelo desde el techo de la Casa de Gobierno. Por mi
parte, me niego rotundamente a creer que hoy estamos
esperando, con la pasión de aquellos intérpretes cinematográficos,
que ocurran los mismos hechos, primero y principal porque en
nuestro caso distan de ser placenteros. Sin embargo, hay
muchas similitudes en el libreto que están recitando en
Balcarce 50 los protagonistas de este viejo cuento mientras
todos, atónitos, intentamos alguna especie de respuesta que
nos justifique, o al menos nos exculpe, por seguir pagando
entrada para ver una obra gastada, encima desvirtuada, y lo más
triste, que no sirvió para nada.
Cuando
llenaba aquellas páginas similares a estas, se había
esperado con ahínco el 25 de Mayo para festejar el
re-encauzamiento de la Argentina. Fue en vano. Posteriormente
se dijo que la gran epopeya que coronaría la concertación y
el dialogo político (textuales palabras), se llevaría a cabo
el 9 de Julio. El pueblo, sin emitir queja, esperó aquella
fecha pero el anfitrión, un tal Eduardo Duhalde, faltó. Y el
que depositó dólares no recibió dólares…
Hoy,
esperamos el gran Acuerdo del Bicentenario. No parece muy
diferente la intención ni mucha de la metodología es
demasiado novedosa. Hay en demasía puntos de comparación
entre aquel escenario del pasado y este de ahora, un tanto
desprolijo, montado por un grupo de improvisados que responde
órdenes de un “jefe”, a quién es obvio que se le teme.
Todo es muy burdo y macabro.
El
país está amenazado. Apenas hay una esperanza que asoma
desde las butacas: esta vez no son masivos los aplausos, la
queja es sonora y el pueblo ha comenzado a levantarse en medio
del espectáculo. Lo coherente sería retener al público, sin
necesidad siquiera de cambiar los actores, pero ofreciendo un
nuevo libreto, un espectáculo más sano con una escenografía
acorde a los tiempos que corren, y sobre todo asegurándole a
la ciudadanía que, el año que viene a la misma hora, la
Argentina será realmente otra.
Hoy
por hoy, la pregunta más escuchada recuerda a aquel mítico
personaje de Quino cuando decía: “¿Otra vez sopa?” (*).
Quién sabe, tal vez sea mejor hacer valer los derechos cívicos
atendiendo tan sólo la Constitución y, en pro del
renacimiento de la Nación, soportar el vacío de las góndolas
para que, al menos dentro de tres años, haya un nuevo menú
con suficientes alternativas para llenar las urnas, y la sopa
no sea el plato que debemos comer compulsivamente cada día.
EL
conflicto con el campo sacó a la luz la necesidad de discutir no
sólo una determinada política económico sino, además, las
bases republicanas del país.
Antes
de la protesta del campo, ya se sabía que la economía estaba
deslizándose rápidamente hacia una crisis. La inflación se había
disparado mucho antes del paro agropecuario, mientras que los
problemas energéticos, fiscales y ausencia de inversiones eran más
que evidentes. Hoy, por lo tanto, no estamos asistiendo a una
crisis política, social y económica inesperada ni gratuita, sino
que vivimos el resultado inevitable de una acumulación de
disparates que tenía que terminar de esta manera.
Es
que el supuesto paradigma del nuevo modelo económico no era tal
por más que algunos empresarios pretendían verlo como un
descubrimiento de la ciencia económica, por el cual se podía
emitir sin generar inflación, crecer sin tener inversiones y
lograr que la economía funcionara con crecientes controles e
intervencionismo.
Todo
lo que estamos viviendo hoy es el resultado de un modelo intrínsecamente
perverso que se basa en el autoritarismo económico y político.
Néstor
Kirchner creyó que podía, sin costo alguno, emitir moneda en
cantidades crecientes para sostener el eufemismo del tipo de
cambio competitivo, hasta que un día se dio cuenta que había
inflación. En vez de corregir el rumbo económico, lo mandó a
Guillermo Moreno a controlar los precios y a apretar a los
empresarios para disimular la inflación mientras el BCRA seguía
imprimiendo billetes. Como eso no le alcanzó, destruyó el INDEC
para que dijera que los precios no subían en Argentina. Prohibió
exportaciones, aumentó sistemáticamente los impuestos a las
exportaciones, denunció y acusó a sectores productivos de
avaros. Hoy el gobierno dice que aumentó las retenciones para que
se produzca, entre otras cosas, más carne. Todavía me acuerdo de
su discurso, vociferando desde la tribuna que el campo quería
lucrar con el hambre del pueblo argentino. Hizo todo lo posible
para destruir la ganadería, lo consiguió y ahora se queja que no
se produce carne.
No
conforme con todo esto, metió la economía en una maraña de
subsidios para disimular la inflación, duplicando en un año los
subsidios a la energía para que no se tocaran las tarifas. El
resultado es que a las empresas le bajan la palanca cada vez más
seguido porque si no tienen que dejar sin luz a la gente mientras
el gasto público crece por la necesidad de mayores recursos para
financiar estos subsidios.
Néstor
Kirchner creyó que podía manejar indefinidamente a las trompadas
la economía y hoy se encuentra con que la realidad le devuelve
las trompadas a él. Desabastecimiento, inflación galopante, un
país económicamente paralizado y una imagen del gobierno que cae
en picada como nunca antes se había visto.
Pero
frente a la cruda realidad que cualquier persona puede ver, el
gobierno sigue empeñado en negarla. La presidente sigue diciendo
que el país crece, que hay menos pobreza, que nunca antes en toda
la historia de la Argentina habíamos crecido como lo hicimos en
los últimos 5 años. Ella y sus funcionarios han llegado a
formular declaraciones que ofenden la inteligencia de la gente.
Alberto Fernández afirmó que las retenciones no son un impuesto
sino que son una herramienta de política económica y, por lo
tanto, no tienen que pedirle permiso al Congreso para aumentarlas.
Después
de 90 días de conflicto Cristina Fernández de Kirchner quiere
hacernos creer que cuando se anunciaron las retenciones móviles
se olvidó de explicar que lo hacía para destinar más fondos a
planes sociales. La verdad es que tratar de “vender” el
impuestazo al campo como una necesidad de “solidaridad social”
es casi una falta de respeto al coeficiente intelectual de los
argentinos. ¿Cómo puede pararse frente a las cámaras de
televisión y decir, sin que se le mueva un pelo, que los recursos
van a ser destinados a construir más hospitales si los que hay se
caen a pedazos? ¿En serio creen que con ese discurso van a
convencer a la gente que ellos son buenos y el resto son avaros?
El
gobierno y Moyano se cansaron de decir que por culpa del paro
agropecuario la inflación se había disparado. Había inflación
por culpa del campo. Pero resulta que el INDEC acaba de
“informar” que la inflación en mayo fue de solamente el 0,6%
y los alimentos subieron el 0,1%.
Es
curioso, los Kirchner despotrican contra el libre mercado, pero se
mueven políticamente recurriendo a las reglas del intercambio
comercial. Permanentemente buscan el precio de conseguir el apoyo
de gobernadores, intendentes, legisladores, sindicalistas y
sectores productivos. La caja por un lado y el apoyo por el otro.
Obviamente, un esquema de este tipo nada tiene que ver con una
democracia republicana. Por el contrario, el matrimonio parece ver
el poder como un negocio personal. Si consigo el poder tengo el
monopolio de la fuerza y con el monopolio de la fuerza puedo
apropiarme del trabajo de la gente y con ese dinero construir más
poder comprando voluntades. Para conseguir ese objetivo todo el
sistema económico tiene que estar subordinado al mantenimiento
del poder, por más inconsistentes que sean las políticas económicas
que se apliquen. El costo de semejante esquema está a la vista.
El
discurso de que las retenciones se ponen para que la gente tenga
comida en sus mesas ya no convence a nadie, porque no solo los
precios de los alimentos se han disparado fruto de la inflación
que generó el gobierno sino que, además, han logrado uno de los
desabastecimientos más grandes de la historia argentina.
De
aquí en más sabemos que los Kirchner no van a dialogar porque no
conciben el diálogo como un mecanismo de entendimiento. Los
sistemas autocráticos no dialogan. Imponen. Ellos creen en la
prepotencia, la descalificación, las amenazas y en infundir miedo
utilizando el monopolio de la fuerza que los argentinos le
delegamos para que defendiera nuestro derecho a la vida, la
libertad y la propiedad.
Lo
que hoy se está discutiendo en Argentina ya no es un tema de
retenciones o de política económica. Estamos discutiendo la
defensa de una democracia republicana contra un sistema
autoritario basado en el abuso del poder delegado por los
ciudadanos.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
A
una determinada edad, se supone que hay que esperar la muerte
con cierta paciencia y algún dejo de resignación porque el
camino se ha hecho, y lo que falta quizás no admita demasiada
expectativa. Sin embargo, hay gente que nunca tiene edad,
apenas si cumplen años… o tienen la edad de cada uno de
aquellos a los cuales, de una u otra manera, han afectado. A
esa edad partió hacia un estudio de televisión mejor
Bernardo. Para algunos vivió muchos años, para otros se fue
demasiado temprano. Tenía la juventud de la esperanza y la
carga de una sensatez que le hacía ver que todo esfuerzo por
una Argentina mejor no estaba dando resultado. Pero hay que
ver… Tal vez desde una platea de lujo pueda darse cuenta que
la siembra arroja buena cosecha, y que lo único que no
sabemos manejar es la duración de la vendimia.
En
su día, Bernardo se fue esperando un diálogo utópico entre
gobierno y campo, soñando políticas de Estado, una
dirigencia con sentido común y un estándar de vida mejor no
para él que por cierto la tenía sino para muchos ignotos
que, de pronto, se paraban frente a él y le agradecían una
lucha con vaivenes, una búsqueda con aciertos y tropiezos,
una manera de ser y hacer que no pasó inadvertida por algo…
Lo quisieron muchos, lo odiaron otros tanto, y es sabido que
el odio se acerca más a la envidia que a las causas. De todos
modos, los motivos de tanto que ha generado siempre serán
difusos y viciados de creencias, experiencias y situaciones
que no pueden ser analizados. Defendió a capa y espada sus
ideas, si las cambió o no carece de relevancia porque a lo
largo de 83 años, la vida acaricia y golpea, talla a su
manera. Lo que cuenta es que las defendió y en todo momento
fue coherente con ellas. Siempre tuvo una sola camiseta, la de
Bernardo Neustadt. No la vendió ni la canjeó. Lo vi en su
cama, el sábado, ya descansando, y ni las sábanas impedían
que se viera en su piel la bandera que siempre enarbolara. Más
que vestirla, la tenía tatuada.
Bernardo
era Bernardo, no pretendamos analizarlo. Quería ayudar a
pensar y lo ha logrado. Hoy, hasta las crónicas más agudas
han sido pensadas desde cada letra del abecedario hasta los
puntos y comas ya sea para admirarlo, ya sea para criticarlo.
Muchos, sin darse cuenta siquiera, le dieron la razón al
periodista que partió en su fecha. Estaba más allá y fue a
ocupar su lugar.
Se
fue preocupado, demasiado triste por un país quebrado, y esta
vez, no es precisamente la economía la que establece la
entereza de la Argentina. Podrá haber reservas, sostenerse el
dólar, bajarlo para castigar nadie sabe bien a quién, etc.
pero lo que no hay es coherencia ni acción política
verdadera. Un monopolio del poder se yergue sin llevarnos a
ningún lado. Cualquier intento por definir qué ha de pasar
en la Argentina es una utopía. Habría que estar en la mesa
de luz del supuesto ex mandatario para saber con qué humor
empieza el día, y tratar así de definir qué puede
depararnos.
La
política pasó a ser una patología, los datos tan preciados
para la toma de decisiones en empresas, en la vida… no
aportan un ápice para asegurarse rentabilidad o al menos
subsistencia. A tal punto se ha llegado que ni siquiera las pérdidas
pueden ser medidas. Todo puede ser o no ser. La salida siempre
está, lo que sucede es que nadie sabe a ciencia cierta dónde
y cuánto se tardará en llegar.
La
situación actual es híbrida, siguen las internas y la puja
por la permanencia en despachos dentro de Balcarce 50, se
abren apuestas para ver cuánto dura esta suerte de acefalía
encubierta en dos cabezas. ¿Hay Gobierno o hay acumulación
de intereses y dependencia de fondos y lealtades atadas con
alambres? En estos días, el Guernica de Picasso parece ser la
mejor fotografía de la Argentina. Sin duda, esa imagen superó
lo que tantos años no pudieron superar: el corazón de
Neustadt.
Las
semanas que pasaron se llegó incluso a debatir la posibilidad
de que se derrame sangre por un problema que pudo resolverse
en décimas de segundo. ¿Cuántas veces se han corregido
medidas equivocadas? ¿Es posible analizar un escenario de
confrontación en un país como el nuestro sin advertir que la
ficción nos ganó de mano? Palabras de la talla de
“guerra” o “batalla” se escuchan a diario. ¿Cuáles
son los bandos? Se oye mencionar a oligarcas y a golpistas.
Empiezo a creer que hablamos sin saber de qué hablamos: un
“mérito” del matrimonio presidencial, está claro. Quizás
sea “el efecto rock and roll” o un Gobierno que confundió
su rol y cree ser el Estado en detrimento de la Nación.
Más
allá de esta agonía de una clase dirigente que está
denodadamente buscando, conciente o no, su salida sin que haya
ningún tipo de complot ni haya sido siquiera requerida tal
acción por una oposición o un grupo desestabilizador, está
la Argentina de todos los días. La que aumenta el consumo de
ansiolíticos, la que posee mayor densidad poblacional
acudiendo a terapias alternativas, aquella que tiene índices
maravillosos para recitados oficialistas en todos lados pero
esconde números que son los verdaderos indicadores de su
estado. La tristeza no se mide en el INDEC pero mata. La
tristeza enferma. La salud no aguanta puede que aguanten los
ruralistas, que sigan los paros de camioneros o de tractores,
incluso la huelga de liderazgos puede perpetuarse, pero el
corazón se va gastando, y en este trance de buscar un país
no perfecto sino tan sólo razonable, estamos enterrando seres
humanos, perdiendo mucho más que reservas, porcentajes de
credibilidad, confianza del consumidor o imágenes positivas.
Se
nos va la vida, y el país sigue sobreviviendo en un coma
farmacológico provocado por un gobierno que sabe tanto de política
como de medicina. Es muy difícil que quienes hayan generado
la enfermedad puedan ahora curarnos, sin embargo deben
hacerlo. Faltan tres años para que las urnas develen cambios.
¿Cuántos Bernardos más, cuántos corazones gastados, cuántas
esperanzas yertas dejaremos entre tanto?
Esperemos,
al menos, poder retomar la próxima semana el análisis político
concreto porque eso evidenciaría que vuelve la política a la
Argentina. Mientras tanto, lo que hay es un estado patológico
que sólo puede ser analizado por un médico especializado.
¿HASTA
DÓNDE INTENTA LLEVAR EL CONFLICTO EL GOBIERNO?
Por
Roberto Cachanosky (*)
Todo
parece indicar que los Kirchner y algunos funcionarios
disfrutan con el enfrentamiento, las peleas verbales e,
incluso, la violencia que gana las calles.
Que
Néstor Kirchner le había dejado una bomba con una mecha muy
corta a Cristina no es una novedad. Ya en el 2007 la inflación
se había disparado y comenzaba a generar serios problemas que
todos pronosticábamos (salvo el Gobierno) que en marzo iban a
producirse fuertes reclamos de aumentos salariales. También
le dejó una crisis energética que no se resuelve tan fácilmente,
crisis que ya se agrava con la falta de combustibles en la
ciudad. Basta con recorrer las estaciones de servicios para
ver carteles que dicen “solo súper” o, directamente,
“no hay combustible”. La distorsión de precios relativos
era otro problema fenomenal que heredó su esposa (tarifas de
los servicios públicos, energía, combustibles, ente otros).
La ausencia de reglas de juego de largo mantuvieron alejadas
las inversiones y, sin ellas, el crecimiento es imposible,
siendo este otro de los problemas que le dejó Néstor a su
esposa. La deuda pública se disparó hasta niveles
infinanciables, superando los “nefastos 90” y sin acceso a
los mercados financieros internacionales. Argentina es
ignorada en el mundo o, en el mejor de los casos, nos ven con
cierto grado piedad por la forma en que se está destruyendo
el país.
En
este contexto, algunos analistas creyeron que Cristina Fernández
de Kirchner iba a adoptar una política de más integración
al mundo, menos conflictividad y más realismo económico. Lo
que nadie pareció calcular es que Néstor no se iba a ir a un
café literario y que, por el contrario, desplazaría del
poder, sin ningún tipo de pudor, a su esposa.
La
crisis del campo fue un detonante porque la debilidad fiscal
del Gobierno requería de más recursos para mantener el
esquema de poder basado en la caja, y el argumento de que el
“yuyito” genera mucha plata fue utilizado para castigar al
campo con un impuestazo, suponiendo que no iba a haber reacción.
La hubo y hasta niveles insospechados.
Los
argumentos del Gobierno para sostenerse en su postura de no
cambiar los derechos de exportación han ido variando según
las circunstancias. Todo tipo de disparates conceptuales se
han lanzado desde el Gobierno para argumentar semejante
confiscación. Por ejemplo, dijeron que el campo tiene el gas
oil subsidiado. Basta con recorrer 300 km desde Buenos Aires
para darse cuenta de que no existe tal subsidio porque el
productor, para conseguir algo de gasoil, tiene que pagar 2,5
pesos por litro o más.
También
se ha dicho desde el Gobierno que el campo tiene un tipo de
cambio subsidiado. La realidad es que, aún tomando la inflación
trucha del INDEC, si uno deflacta el actual tipo de cambio y
lo lleva a precios de 2001, cuando regía el 1 a 1, hoy el
productor, con una retención del 40%, recibe un tipo de
cambio de 0,85 pesos por dólar, pero tiene que pagar los
insumos importados al equivalente del 1 a 1. En otras
palabras, hoy el productor tiene un tipo de cambio real peor
que en la convertibilidad. Toda su mejora en los ingresos se
produjo a partir de la suba de los precios internacionales y
no gracias al Gobierno, sino a pesar de él.
Para
colmo, en un acto de “patoterismo” absurdo el BCRA está
impulsando la baja del tipo de cambio, con lo cual incentiva
la fuga de capitales porque a la gente le está regalando los
dólares (todo el mundo sabe que en el mediano plazo va a
volver a subir), deteriorando el tipo de cambio real. Por lo
tanto, ya no es el campo el único que se perjudica con esta
medida o se pretende castigar a aquellos que compraron dólares
cuando el tipo de cambio estaba más alto, sino que ahora mete
en un brete al sector industrial, generando bronca en el
sector que, hasta ahora, lo venía apoyando.
Si
desde el punto de vista económico Néstor le dejó a Cristina
una bomba con una mecha corta, ahora, con las atrocidades económicas
que están haciendo, le está achicando más la mecha. Es que,
no solo tenemos inflación creciente, sino que, además, la
economía ya se está enfriando, llevándonos de cabeza a un
proceso de recesión con inflación, más fuga de capitales.
Desde
el punto de vista político, queda claro que Néstor Kirchner,
no quiere el dialogo con nadie. En infinidad de oportunidades
ninguneo al campo o buscó excusas para romper el dialogo.
Primero fue cuando se enojaron con Buzzi porque al salir de
una reunión dijo que el Gobierno había reconocido ciertos
errores en el sistema de retenciones móviles. El Gobierno se
sintió ofendido por estas declaraciones y rompió el diálogo,
pero lo cierto es que, luego implícitamente reconoció que se
había equivocado cuando unilateralmente hizo cambios en las
retenciones móviles. Cambios que cuando fueron explicados, ni
el nuevo ministro de Economía entendía lo que estaba
diciendo.
Después
se enojaron porque en el acto de Rosario los expositores
dijeron cosas que habían ofendido al Gobierno, como si este
no hubiese dicho barbaridades del sector agropecuario, tratándolo
de golpista, avaro y demás adjetivos descalificativos.
Ante
el pedido de la Iglesia de establecer un diálogo, el Gobierno
se siente nuevamente agraviado argumentando que la Iglesia Católica
le falta el respeto a la investidura presidencial cuando pide
el diálogo. ¿Qué pretenden? ¿Qué la Iglesia emita un
documento pidiendo confrontación, enfrentamientos y sangre?
La
última, por lo menos hasta redactar esta nota, es que ahora Néstor
exige que el campo le pida perdón al Gobierno. ¿Quién es Néstor
para formular estas exigencias si no tiene ningún cargo público?
¿Salvo que uno suponga que Cristina le cedió el poder a Néstor,
no puede entenderse ni esta ni muchas otras declaraciones del
¿ex? presidente? Si este fuera el caso, lo que tenemos es un
golpe de Estado encubierto, pero que todos parecemos percibir.
Lo
concreto es que pareciera ser que Néstor, Cristina y algunos
funcionarios del Gobierno disfrutan con el enfrentamiento y
los peligros ciertos de violencia. Es como si estuvieran
felices de ver a una Argentina al borde del colapso y del
enfrentamiento civil. Como si gozaran viendo a una Argentina
cayéndose a pedazos, con la gente angustiada por el futuro,
con otros perdiendo sus puestos de trabajo por la falta de
actividad y muchos pasando a engrosar las estadísticas de
pobreza.
Vayamos
entonces a la pregunta de fondo: ¿qué quiere conseguir Néstor
Kirchner con este enfrentamiento? ¿Qué busca con tanta
violencia verbal? Se me ocurren tres respuestas posibles.
Una:
todas estas incitaciones a la violencia pueden ser fruto de la
pura ignorancia. En ese caso vamos de cabeza una situación
muy delicada en lo que hace a la paz social porque estaríamos
en manos de un incapaz.
Dos:
hacen todo esto para forzar un enfrentamiento civil, que corra
sangre, declarar el estado de sitio y terminar de establecer
un sistema autocrático. Este esquema pareciera tener pocas
probabilidades de éxito porque la mayoría de la población
le ha dado la espalda al Gobierno. Basta con ver encuestas
serias donde CKF tiene menos del 20% de imagen positiva y el
65% dice que no votaría ni por Néstor ni por ella.
Bajo
este supuesto escenario, ¿qué piensan hacer? Meter presa a
media Argentina bajo el mando de D’Elía y Pérsico.
Ni
los militares, con todo el poder de fuego que tenían en 1982
pudieron controlar a toda una población que estaba
disconforme.
Tres:
viendo que desde el punto de vista económico esto está fuera
de control y vamos hacia una crisis tal vez peor que la del
2001, forzar el enfrentamiento civil para hacer una renuncia
“patriótica” y dejarle el problema a otro. Sabiendo que
han perdido el apoyo de amplios sectores de la población y
que las elecciones del año próximo pueden ser un memorable
cachetazo para el oficialismo, mejor irse antes y decir que
nunca perdieron una elección y culpar al campo y a otros
sectores de desestabilizadores, de haber abortado la “gran
transformación” argentina, para tratar de esconder tanta
incompetencia junta.
Francamente
no sé cuál de estos tres escenarios puede ser el que se
busca, lo que sí sé es que resulta muy difícil explicar
tantos agravios verbales, tanta incitación a la violencia,
tanta prepotencia y tanta incompetencia en el manejo de la
cosa pública.
Los
Kirchner han quedado totalmente aislados de la sociedad. Están
solos y en el medio de un caos político y económico. Solo
falta saber hasta qué punto están dispuestos a forzar el
enfrentamiento de la sociedad lanzando a sus fuerzas de choque
a la calle, para tratar de silenciar el descontento popular.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
Los
sectores de la sociedad que apoyaron a Cristinta Kirchner con
su voto en las últimas elecciones comienzan a darse cuenta de
la magnitud del simulacro con que fueron engañados.
“El
proceso se acaba de iniciar y usted conocerá todo en el
momento oportuno.” Franz Kafka, “El Proceso”
Junio
de 2008. Ya nadie sabe a ciencia cierta cuándo comenzaron los
problemas para el sector agropecuario, esa franja del
electorado que, en gran medida, se inclinó por votar la
continuidad del “estilo K” quizás confiando en que las commodities
y los precios internacionales seguirían siendo el piloto
automático de una gestión, sin contar el afán recaudatorio
del matrimonio presidencial. Después, lo obvio, resumido con
inigualable frescor por Alfredo De Angeli: “Nos dormimos
como cocodrilos y despertamos hechos cartera”.
¿Qué pasó con las innumerables señales que dejó Néstor
Kirchner? ¿No se escucharon sus diatribas de atril, sus
constantes afrentas y la ausencia de políticas de Estado
básicas capaces de sustentar ese “crecimiento” que, al
parecer, cautivó a gran parte de los ruralistas entre otros
tantos ciudadanos aunque no a la mayoría como se suele
escuchar? Hoy, el lamento público de muchos de quienes están
a la vera de las rutas genera una sensación dual: entre
la bronca y la esperanza. Bronca porque la experiencia no
enseña en la Argentina, y esperanza porque llegue el “darse
cuenta” antes de votar.
Sin duda, muchos factores colaboraron a crear alguna ilusión
en torno a Cristina; no faltaron analistas que “compraran”
los cambios que sobrevendrían en materia de política
exterior o mismo barajaran nombres que oxigenarían los
despachos y cambiaran la metodología oficial. Es cierto
también que la batalla entre el Grupo Clarín y Néstor
Kirchner no daba señales de vida por aquellos días de modo
que se “ofrecía” una Argentina simulada no tan mala y la
oposición desarticulada cooperó también a que la
continuidad de la desidia fuese decisiva. Así se entronó a
Cristina.
Actualmente, la crisis del campo pone en evidencia que las
últimas elecciones fueron un simulacro para mantener la
creencia de que éste es un país democrático. A pesar de no
haber posibilidades nimias ni miras de golpes de Estado, ni
siquiera de conspiraciones o complots para desestabilizar
aquello que se desestabiliza a sí mismo sin necesidad de
ayudarlo, hablar de democracia real es casi surrealista. Nadie
duda ya que Néstor Kirchner es quien ejerce el poder.
Cristina Fernández se limita a anunciar obras públicas con
una alegría prístina como si viviese en otra geografía. Lo
cierto es que Kichner digita y oculta su debilidad convocando
al aparato justicialista, justo él que bregaba por la
transversalidad denostando de algún modo el condimento
peronista.
En qué ha de derivar el conflicto originado por las
retenciones móviles es un misterio aun cuando tenga su
lógica; la lógica de quien gobierna. Si el poder está en
manos de una personalidad sin control, movido por el
resentimiento y necesitado de adversarios para justificar su
soberbia y su carácter bélico, no puede analizarse con
coherencia el desarrollo de los acontecimientos. Cada
análisis político actual es apenas un intento por “pegarla”,
nada más. La negociación puede o no llegar como puede
disfrazarse de tregua o de pacto, y lo escrito por la mano
borrarse con el codo en décimas de segundo. Es el “estilo K”
que ha creado la Argentina de la simulación, donde nada es
del todo real. Pueden pasar 6 meses y la soja seguir siendo el
tema central o puede que dentro de 6 meses nadie escuche
hablar más del “yuyo” endemoniado a pesar de haber
llenado la caja oficial. ¿Cómo saberlo?
Seis meses atrás, el caso de Antonini Wilson y su valija
parecía el único asunto capaz de conmover a la política
argentina. La duda de aquel entonces pasaba por dilucidar si
sobreviviría Cristina a semejante escándalo. Desde el atril
del Salón Blanco se acusó hasta a los Estados Unidos
imputándolo de ser el gran conspirador. Lo increíble de
tanto simulacro y descaro es que nada se altera nunca
demasiado, aunque todo parezca estar derrapando. Siempre la
crisis parece terminal, pero no termina más… Y esa es,
quizás, una de las “habilidades” del kirchnerismo.
Perpetuándose ellos en el poder, perpetúan los conflictos.
No resuelven, apenas si buscan culpables y voceros. Pero la
oposición no genera debacle, ni hay golpistas ni
conspiradores ni nadie interesado en instalarse en Balcarce
50. En materia de boicot el Gobierno es autodidacta, se
autoabastece como lo hace el pueblo si sigue votando la
buenaventura de una cosecha en detrimento de las futuras
siembras.
En ese trance donde nada parece razonable, que un ministro
salga a aclarar que “el Gobierno nada tiene que ver con la
detención de los ruralistas” devela directamente la
simulación de la república democrática que se es sin ser.
Si los poderes fueran independientes dicha aclaración nunca
se hubiese hecho. Es que a nadie se le hubiera ocurrido
sospechar que el Poder Judicial perpetre el despecho de un
Poder Ejecutivo que insiste en retrucar aunque no tenga ni el
as de espada ni el de basto ni sume 20 para querer un real
envido cantado en una partida a la que se llega sin sumar.
La locura que emana desde arriba se esparce a todos las
áreas, la ministra de Defensa puede salir sin que se la
cuestione a despotricar gratuitamente contra la campaña del
desierto el día que se conmemoraba el nacimiento del
Ejército. Todo pasa inadvertido. Todo es un sin sentido. Debe
ser por eso que mientras un canal de televisión mostraba la
detención de los ruralistas, otro informaba sobre el corte de
la Avenida Lugones y General Paz acometido por estudiantes sin
que se sepa la causa. Epígrafe en pantalla: “Complicada
vuelta a casa. Estudiantes cortan calles”. Ningún fiscal
tomó parte. En un ejercicio de sanidad apelé a la magia del
zapping: hallé a Luis D’Elía vociferando frente a un
periodista que su gente ganaría la toma de plazas públicas.
No era la voz de aquel piquetero que bregaba por pan junto a
Castells, sino que era la declaración de un funcionario
oficial. Todo tan kafkiano que hasta resulta normal ver
encaminarse a los dirigentes rurales u opositores hacia el
proceso que narró el checoslovaco con tanta genialidad.
Estas líneas parecen ir y venir de un tema a otro sin
ilación de continuidad, sin embargo, es el país el que no
admite un hilo conductor capaz de darle credibilidad. Si
hasta, de repente, me quedé con el control remoto del
televisor clavado en una imagen: un rockero sumergido en una
burbuja en aguas heladas le cantaba a las ballenas francas y,
créanme, eso fue lo más normal que encontré en los últimos
días en las noticias de actualidad.
El
conflicto con los productores agropecuarios es un ejemplo bien
claro y concreto de los problemas que surgen cuando se violan
los principios de la democracia republicana.
Desde
las columnas en Economía Para Todos, reportajes de radio o
televisión, artículos en periódicos y cuanto medio he
tenido a mi alcance, siempre he insistido en que las
recurrentes crisis económicas y políticas que tenemos en
Argentina son producto de la falta de instituciones,
entendiendo por instituciones las reglas de juego que regulan
las relaciones entre los particulares entre sí y de estos con
el Estado.
Son las instituciones eficientes y permanentes en el tiempo
las que permiten crear certidumbre sobre las reglas de juego
y, por lo tanto, las que crean las condiciones para crecer en
forma sostenida. La gran conquista del liberalismo fue limitar
el poder de los monarcas, quienes actuaban como autócratas
utilizando la fuerza bruta.
Una de esas reglas de juego básicas para poder crecer
consiste en que los gobiernos elegidos por el voto, una vez en
el poder, tengan límites a lo que pueden hacer. Gobiernos
subordinados a la ley. Gobiernos que no puedan saquear a los
contribuyentes, afectar sus derechos de propiedad ni limitar o
anular las libertades civiles y políticas.
Claro, cuando uno habla de instituciones parece que estuviera
hablando de cosas raras sin mucha aplicación práctica. En
algún artículo anterior en Economía Para Todos traté de
demostrar, con algunos ejemplos, las implicancias prácticas
de tener instituciones sólidas, con una democracia
republicana y un Estado limitado. Uno de los ejemplos que di
en ese momento fue que, de haber existido instituciones
sólidas los depósitos no hubiesen sido confiscados ni
pesificados o los jubilados sistemáticamente esquilmados.
Bien, lo que hoy ocurre con el campo es otro ejemplo bien
claro y concreto que puede darse respecto a la necesidad de
tener un Estado limitado. Si existiera una democracia
republicana, hoy los Kirchner no podrían hacer lo que está
haciendo. No podrían haber lanzado este nuevo saqueo al
campo. La justicia les hubiese puesto un límite o, antes, el
Congreso les habría puesto un freno. Pero nada de eso
funciona en Argentina. El Congreso ha violado la Constitución
otorgándole poderes absolutos al Ejecutivo. No ha debatido ni
este impuestazo ni ningún otro. Se ha limitado a ser un
simple espectador de lo que está ocurriendo porque ni
siquiera la oposición tiene fuerza en el parlamento para
debatir este tema. Sobre este tema voy a volver más adelante.
La cuestión es que hoy llegamos a tal degradación de la
democracia republicana que Néstor Kirchner aparece como el
verdadero presidente mientras que su esposa se limita a
funciones protocolares. En los medios podemos leer como es
Néstor Kirchner el que lleva la voz cantante, el que convoca
a legisladores, gobernadores, intendentes, les da órdenes a
los ministros y decide si tal o cual medida se toma o se deja
de tomar. Podríamos decir que estamos asistiendo a una
especie de usurpación del poder. A un golpe de estado por el
cual Cristina Kirchner fue desplazada de sus funciones
dejándola como una presidente de utilería. Y si esto no es
así, es decir, si no es Néstor Kirchner el que efectivamente
ejerce la presidencia tras bambalinas, entonces, debería, en
primer lugar, desmentir públicamente lo que se publica en
todos los diarios sobre dichas denuncias y, en segundo lugar,
tener el decoro de apartarse de la escena pública y dejar de
estar reclutando tropa para combatir a los que no piensan como
él. En otras palabras, Néstor Kirchner debería dar muestras
claras y contundentes de qué no es verdad que su esposa es
una presidente de utilería y que no la ha desplazado en el
ejercicio del poder.
¿Cómo es posible que hayamos llegado a tal degradación
institucional? La realidad es que, aunque sea políticamente
incorrecto decirlo, ha sido la gente la que votó a Cristina
Kirchner solo 7 meses atrás. Es más, los grandes centros
urbanos mostraron en octubre pasado un rechazo a la falta de
respeto institucional que venía ejerciendo Néstor Kirchner.
Fue en los grandes centros urbanos dónde perdió el
oficialismo. Pero fue en las regiones rurales y en el norte
del país dónde Cristina Kirchner ganó. Las mismas zonas
rurales en las cuales hoy la gente está enfurecida por el
saqueo al que está siendo sometida. Y agrego, la institución
que aparece como más combativa frente al impuestazo es la
Federación Agraria, entidad que, ideológicamente, parecía
la más cercana al gobierno.
Y aquí viene mi punto más políticamente incorrecto, muchos
dicen desgarrarse las vestiduras por defender las
instituciones, pero la realidad es que, más allá de lo que
declaman, si las cosas marchan bien desde el punto de vista
económico, aunque esa marcha sea artificial, votarán con el
bolsillo de corto plazo dejando para otro momento el problema
institucional. Y dije bolsillo de corto plazo porque, en el
largo plazo, la falta de institucionalidad terminará
traduciéndose en que el Estado también les mete la mano en
el bolsillo a ellos.
Muchos dicen: ¿dónde está la oposición? Como dice mi amigo
Hugo Martini, está donde la gente la puso con su voto, porque
ni siquiera la gente tomó la precaución de buscar un
contrapeso de poderes poniendo en el parlamento la suficiente
cantidad de diputados y senadores de otros partidos que hoy
pudieran estar frenando este descarado atropello
institucional. Es cierto que el resultado electoral de octubre
pasado deja muchas dudas sobre su grado de transparencia,
pero, en definitiva, la realidad es que mucha gente seguía
contenta comprando los electrodomésticos bajo el irónico
argumento de las 24 cuotas sin intereses, cambiando el auto y
cosas por el estilo.
Dicho más crudamente, si hoy la sociedad está al límite del
enfrentamiento civil, es porque una parte de la población le
dio la oportunidad al matrimonio de seguir abusando del poder.
Pero algo bueno parece estar pasando. ¿Qué? Que al principio
los Kirchner fueron por lo militares y nadie dijo nada. Luego
fue por las privatizadas y, bajo el argumento de que habían
ganado mucho, las mantuvo sin ajustes de tarifas hasta llegar
a la actual crisis energética. Pero tampoco nadie dijo nada.
Fue por la Iglesia y nadie dijo nada, como cuando las Madres
de Plaza de Mayo tomaron la Catedral y defecaron en el altar.
Si hubiesen hecho eso en un templo islámico o en una sinagoga
hubiera sido un escándalo internacional.
Hoy fueron por el campo y la gente parece decir algo. En las
grandes ciudades, en los pueblos del interior, en el
periodismo, en la gente común se nota el malestar. Tal vez la
inflación galopante esté contribuyendo a que se manifieste
el malestar general que hoy se vive.
La crisis económica ya está desatada y la que viene en poco
tiempo más puede llegar a ser de una virulencia inusitada.
Esperemos que en esta oportunidad la gente entienda la
importancia de tener instituciones sólidas y deje de
privilegiar la artificialidad de comprar el televisor en 24
cuotas sin intereses y empiece a darle la importancia que
tiene la existencia de un gobierno limitado. Que valore los
beneficios de la democracia republicana, que ha demostrado
categóricamente ser el mejor sistema para crecer en libertad
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
La
acción de dar muerte a un niño, a todas luces indefenso, no
es un hecho menor. Más aún cuando este homicidio es cometido
por la persona que está llamada a ser su principal cuidadora:
su madre.
Pensar
legislativamente en aplicar una pena privilegiada a una madre
que asesina a su hijo, durante el nacimiento, o bien después
del parto, exige una actitud de responsabilidad legislativa
mayor.
No
hay duda que, para que una madre, que espera a su hijo durante
nueve meses, se encuentre en tal estado de alteración que la
lleve a acabar con esa vida naciente, no ha contado durante el
embarazo, con ninguna contención, asistencia en su conflicto
particular, detección temprana de dificultades, y una suma de
hechos, que de haber sido detectados y tratados en tiempo y
forma, hubiesen evitado este resultado disvalioso.
Una
vez más, nos encontramos debatiendo la posibilidad de
sancionar una ley para poner “un parche” a la inacción,
ineficiencia, inoperancia, inobservancia de los deberes a su
cargo, en suma: a la indiferencia general que rodea a la
maternidad en nuestro país.
Si
aprobáramos esta fórmula privilegiada, disminuyendo la pena
a la madre que asesina a su hijo durante el nacimiento o
después de éste, bajo la influencia del estado puerperal, y
no exigiéramos al mismo tiempo que se ejerza una acción
asistencial social y médica plena por parte del Estado, en
sus más diversos niveles, no cambiaríamos nada.
Todo
seguiría igual, por ello, hay que seguir trabajando para
mejorar las condiciones de ejercicio y disfrute de la
maternidad en nuestro país, situación que muchas veces
convierte a la mujer en un sujeto vulnerable, discriminado y
marginal.
Para
ello, también he presentado un Proyecto de Ley que garantice
la atención psicológica integral a la mujer embarazada en su
estado de gravidez, (expediente 2652-D-2008) para ejercer una
real prevención del abandono, maltrato y posible
infanticidio.
Ya
he señalado en distintas comisiones de la H. Cámara, la
necesidad de realizar una reforma integral del Código Penal,
para evitar justamente tener que legislar estos “parches”
para resolver judicialmente las distintas situaciones a las
que la realidad nos enfrenta.
El
actual Código data de 1922 y sus antecedentes se remontan al
siglo XVII. Desde entonces, tuvieron lugar más de 900disímiles reformas, algunas inclusive contradictorias,
inspiradas en las políticas criminales imperantes, que han
transformadoeste
digesto,en un
cúmulo normativo caótico, proclivea las interpretaciones judiciales más diversas.
Sin
lugar a duda, es necesario sancionar un nuevo Código Penal,
ya que el vigente no constituye una fuente confiable; y
resulta poco comprensible para el especialista, e impenetrable
para el lego.
Pero
hasta que el oficialismo tome la decisión política de
declarar la necesidad de esta reforma penal integral, nosotros
los legisladores, somos quienes deberemos realizar los
esfuerzos necesarios para producir cambios normativos en
resguardo del primer derecho humano fundamental “la vida o
el derecho de vivir.”
En
cuanto al Proyecto de Ley de Infanticidio, he seguido en este
tema, la posición brasileña, que me pareció la más
adecuada, al exigir que este tipo de homicidio “sea siempre
cometido bajo la influencia del estado puerperal”.
Los
móviles de ocultamiento de la deshonra o ilegitimidad del
parto, típicos del sistema latino tradicional, y que
caracterizaron a la figura del infanticidio, derogada en 1994,
ya no son socialmente relevantes, ni sostenibles a la luz de
la doctrina penal moderna, como para justificar la aplicación
de una pena privilegiada, mucho menos para el caso en que
hubiere participación criminal.
El
sujeto activo es la madre, mientras dure la influencia del
estado puerperal y el sujeto pasivo es su hijo, durante el
nacimiento o después de haber nacido, mientras que la madre
esté “bajo la influencia del estado puerperal”.
El
estado personal de la madre determina que el reproche por
haber actuado “bajo la influencia del estado puerperal”,
sea menor.
La
vieja redacción del art. 81, inc. 2, contemplaba otros
sujetos activos, además de la madre, en la comisión del
delito de infanticidio por causa de honor, exigiéndoles
además, la concurrencia de emoción violenta.
Al
incorporar la nueva figura del infanticidio, haciendo
hincapié en “la influencia del estado puerperal de la madre”,
los que participen en la comisión del delito de infanticidio,
evidentemente jamás podrán estar afectados por el estado
puerperal de la madre, y no serán alcanzados por esta pena
privilegiada.
No
obstante, y para despejar cualquier interpretación en
contrario, surgida de las reglas comunes de participación
criminal vigentes en el Código, manifesté “que quedan
excluidos de esta atenuante y de las reglas comunes de la
participación criminal, los participes del delito, a quienes
se aplicarán las reglas generales del homicidio de los arts.
79 y 80 del Código Penal, siempre que no correspondiere
aplicar una pena menor, como en el caso de la emoción
violenta (art. 81, inc. 1)”.
La
discusión sobre ¿en qué momento se habrá producido el
infanticidio?, es importante porque marcará la diferencia en
la aplicación de esta figura, o la del aborto, en particular
existiendo hoy la técnica del “partial birth abortion” o
aborto de nacimiento parcial.
Lo
importante es que el proceso del parto haya tenido comienzo.
La dilatación del cuello uterino ya iniciada, marcaría la
diferencia entre un aborto y un infanticidio.
La
previsión de esta figura penal, se extiende desde el comienzo
del parto, hasta la desaparición de la influencia del estado
puerperal de lamadre,
situación ésta que será determinada con la ayuda de los
Peritajes Médicos y Psiquiátricos correspondientes.
En
el análisis de la “influencia del estado puerperal”, cabe
señalar que, el estado puerperal es una circunstancia que
puede aparejar perturbaciones somáticas y psicológicas y
cuya duración es objeto de opiniones encontradas entre los
científicos.
Por
eso, opino que el estado puerperal debe ser una circunstancia
que sea ponderada por el juzgador en cada caso, a la luz de
los Peritajes Médicos y Psiquiátricos de regla, cuando se
evalúe la aplicación de esta figura privilegiada.
La
Corte Suprema de Justicia en “Tejerina Romina Anahi s/Homidicio
calificado causa Nº 29/05” sostuvo que el estado puerperal
no es una mera fictio iuris, sino un real estado existencial
de la mujer al dar a luz.
Así
las cosas, el periodo puerperal,es la situación en que se encuentra la mujer, desde el
parto y se extiende hasta que el organismo regresa a las
condiciones anteriores a la gravidez, aunque muchas mujeres
dicen que después de dar a luz, jamás volvieron a ser las
mismas, y no precisamente con “tono peyorativo”, sino
destacando un crecimiento, evolución y madurez hacia la nueva
etapa de la vida que implica el ejercicio de la maternidad.
En
cambio, el estado puerperal, consiste en una alteración
parcial, temporal y reversible, de la conciencia, (un
trastorno mental transitorio) que puede tener lugar, o no,
pero si ocurriera, siempre será durante el periodo puerperal.
En
la psicosis
puerperal dichos trastornos, pueden tener aptitud como para
perturbar gravemente la psiquis de la
mujer.
Debe
quedar claro que el embarazo y el parto, no constituyen
estados patológicos de la mujer, por el contrario, son signos
de salud reproductiva, al punto que las verdaderas patologías
reproductivas son la esterilidad y la infertilidad.
No
obstante, el embarazo, el parto y el puerperio pueden
ocasionar alteraciones fisiopsicológicas en la mujer, y esta
situación es la que se busca contemplar con este proyecto
legislativo.
Siendo
además, que los bienes jurídicos que colisionan son de
indubitable entidad: la vida por nacer y la nacida del hijo,
frente a la integridad física y psíquica de la madre, a
raíz del parto, la aplicación de la figura atenuada del
infanticidio, exige una severidad extrema en la determinación
de la existencia del período puerperal en primer lugar, y
luego de las posibles alteraciones psíquicas o físicas que
se pudieran producir en el organismo de la madre homicida
durante ese período.
Configurar
un estado puerperal patológico, requerirá en todos los casos
la colaboración de expertos médicos y psiquiatras.
Asimismo,
la madre que comete infanticidio, debería recibir además
atención psicológica, psiquiátrica, médica y social
especializada de modo de aventar la posibilidad de que repita
en el delito, ya que se ha comprobado que es un delito que
genera reincidencia, aunque muchas veces se produzca en la
clandestinidad y tarde en ser descubierto.
Otra
situación a tomar en cuenta es el hecho de que la mujer que
comete infanticidio, tenga otros hijos. Debe contemplarse la
situación de los hermanos frente al homicidio de uno de ellos
dentro del seno familiar, quienes quedan absolutamente
indefensos, porque es esa misma madre la que tendrá que
seguir criándolos y cuidándolos. Evidentemente, este tipo de
infanticidio constituye una cuestión traumática que
difícilmente pueda ser soportada por el resto de los hermanos
supérstites.
Existe
un vínculo biológico fraternal, cuya protección debe ser
privilegiada por el Derecho.
Y
a modo de conclusión, debo señalar, que es innegable que hay
un clamor social, alimentado por grupos feministas, de los que
no puedo evitar afirmar, que a veces actúan con cierta
parcialidad en la consideración de los derechos vulnerados y
de los bienes jurídicos en colisión, al pretender
privilegiar figuras delictivas, justamente portales posicionamientos.
Es
importante fomentar una cultura reproductiva basada en el
hecho de que el niño por nacer (persona desde la concepción)
tiene un padre y una madre, y que en muchos casos, también
tiene hermanos, por lo que todo intento legislativo debe
privilegiar en primer término, el derecho a la vida del niño
por nacer y la consideración especial del grupo familiar, ya
que también tiene “derecho de tener una familia.”
(*)El Dr. Hugo R.
Acuña es Diputado de la Nación
El 19 de mayo de 2007, el Diputado de la
Nación Dr. Hugo Rodolfo Acuña, presentó un Proyecto de
MODIFICACIÓN DEL ART 81 DEL CÓDIGO PENAL PARA INCORPORAR LA
FIGURA DEL INFANTICIDIO, con el siguiente texto:
Artículo 1º.- Incorpórase como inciso 2º del art. 81 del Código Penal
el siguiente texto:
“Se impondrá prisión de 6 meses a 3 años, a la madre que, bajo la
influencia del estado puerperal, matare a su hijo, durante o
luego del parto.
Exceptúanse de lo prescripto en el Título VII, “De la Participación
Criminal”, debiéndose aplicar la pena prevista en los arts.
79 y 80, siempre y cuando no fuera de aplicación otra pena
menor, a:
a)Los
que tomasen parte en la ejecución del hecho
b)o
prestasen a la madre un auxilio o cooperación sin los cuales
no habría podido cometerse,
c)o
los que hubiesen determinado directamente a la madre a
cometerlo,
d)o
los que cooperen de cualquier otro modo en la ejecución del
hecho,
e)y
los que presten una ayuda posterior, cumpliendo promesas
anteriores al mismo.”
Vaciadas
de sentido, las fechas patrias se han convertido en días
reservados para el turismo y para la manipulación ideológica
del concepto de Nación.
“En
las horas de peligro es cuando la patria
conoce el quilate de sus hijos.” Cicerón
Un
domingo coincidente con una fecha patria. Casualidad o
causalidad, como se prefiera. De todos modos, cabe recordar
que hace cinco años que no se festejan los días patrios en
la Argentina. Desde el año 2003, se han politizado tanto el
nacimiento como la muerte de nuestros próceres, se han
desvirtuado sus hazañas, se han banalizado sus vidas. Es que
los días reservados para conmemorar hechos que marcaron la
historia del país se pusieron al servicio del turismo y del
comercio. Así, el Gobierno puede decir luego que se saturó
la capacidad hotelera en la costa atlántica, por ejemplo, y
sostener por ello un escenario de progreso y bienestar
complejo de hallar si analizamos otros parámetros y otras
fechas.
Así, el progresismo kirchnerista logró transformar el
patriotismo en un concepto vacío y reemplazó las tradiciones
por fiestas populares con distintos atractivos: ya sea un
sándwich de chorizo, un vino, un colectivo gratis o un
recital artístico para entretener al pueblo. Intentemos,
mientras tanto, preguntarle a algún escolar si sabe qué día
se independizó la Argentina o que sucedió el 25 de mayo de
1810. Quizás pueda ofrecernos algún dato de esos que
entronizaron Billiken o Anteojito, reemplazados hoy por otros
manuales con versiones antojadizas de la historia argentina,
cuentos con desenlaces advenedizos aunque, eso sí,
entretenidos. Las generaciones adultas debemos habernos
aburrido en demasía, ya que de lo contrario no se entiende el
porqué del afán actual por hacer de la historia un chiste,
algo divertido en vez de un aprendizaje de cómo se ha vivido
y cuánto se ha sufrido para llegar a ser aquello que estamos
dejando de ser: una Nación con sentido, una república unida
en el federalismo.
El día ayer es uno de esos ejemplos. Es que la fecha en que
se conmemoró una de esas fiestas patrias que todavía tienen
la suerte de no ser cambiada para que el fin de semana se
alargue y el consumo permita índices menos increíbles se
vivió como un Boca-River, no para el grueso de la sociedad
sino para el sector oficial. La Argentina estuvo dividida en
dos: Salta versus Rosario. Por un lado, una escenografía
montada por el aparato clientelista. Por el otro, la gente
autoconvocada para defender de una buena vez aquello que se le
viene sacando hace rato.
Como sucede con el espectáculo deportivo, hubo también una
previa donde se mostró el armado de escenarios y un denodado
afán oficialista por unificar al menos el discurso: todos los
necesitados de la caja del gobierno central aprendieron el
libreto a pie juntillas. Se trataba de sostener, sin soplar ni
titubear, que el de Rosario sería un acto político de la
oposición. Ojalá hubiera sido así, porque en ese caso los
argentinos contaríamos con una oposición consustanciada en
comulgar con un objetivo de máxima: un país con un sistema
representativo, republicano y federal. Sin embargo, el
supuesto “acto opositor” en Rosario no fue sino un
expresión de hartazgo generalizada, un reclamo desesperado de
coherencia y libertad.
El cardenal Jorge Bergoglio se adelantó a los hechos y, el
sábado en Plaza Once, alzó la voz para pedirles a los
jóvenes que defiendan su libertad, que no se dejen meter la
mano en los bolsillos, que no se engañen por la dádiva o el
placer furtivo. “Hay un montón de mercachifles que les
están vendiendo cosas falsas, les hacen fácil la vida, pero
los debilita, son kiosqueros de la denigración”,
señaló.
Esa libertad es la que está en juego y es la que se defendió
con tractores, escarapelas y heterogeneidad frente al
Monumento a la Bandera. Cada discurso tuvo frases que
constituían un mensaje en sí mismo. Se dijo mucho. En Salta,
por el contrario, no se dijo nada. Nuevamente se manchó con
ideología una fecha patria y se notó el desconcierto que
provoca no ver la realidad tal cual es y vivir en una ficción
autoproclamada.
Pretender analizar quién ganó y quién perdió la contienda
es caer en una simplificación funcional al Gobierno, que
desea que se analice lo banal y se pase por alto el trasfondo
que implicó e implica vivir simultáneamente en dos
Argentinas. Por otra parte, basta con datos empíricamente
comprobados para saber que en Salta convergieron cientos de
micros del llamado aparato clientelista. Cada uno costó entre
6.000 y 10.000 pesos. Se pagaron por adelantado y en negro.
Salta fue un tour gratuito. En cambio, Rosario fue un viaje
más largo, no mensurable en kilómetros y posiblemente a un
costo elevado, si bien con el fin de llegar más allá del
Bicentenario donde, a juzgar por la oratoria kirchnerista,
parece terminar la Argentina.
Lo incomprensible de estos acontecimientos que muestran la
división social, generada desde la Casa Rosada, contrarresta
con la actividad puertas afuera de la Presidenta, que viaja a
firmar acuerdos y pactos de unidad ya sea sudamericana, con el
MERCOSUR, con Hugo Chávez o con Evo Morales… La sensación
de estar bajo el capricho de una sociedad conyugal cerrada en
su ceguera y embriagada de soberbia se refuerza cada día
más. Si este 25 de mayo fue o no un punto de inflexión sólo
el tiempo puede decirlo, aunque seguramente habrá quién
apueste a ello. La sociedad argentina es complicada, a veces
aplaude aquello que más tarde desprecia, y viceversa. Desde
ya que se ha dado un paso sustancial de la mera expectación
al protagonismo o a la participación que demanda una real
democracia. De aquí en más, la continuidad de esa conducta
trazará las coordenadas.
Este 25 de mayo tan peculiar dejó una infinidad. La ausencia
de Néstor Kirchner no es un simple dato. Tampoco lo es la
fuerte apuesta de Hugo Moyano y Luis D’Elía, así como la
levedad de la oratoria presidencial. Nada se ha relanzado,
más bien todo lo contrario. Por su parte, los representantes
del campo pidieron algo más que una rebaja impositiva, la
demanda apuntó a un modelo diferente para sacar adelante a la
Argentina. ¿Se podrá?
Cuando la política le cede el espacio al negociado y a la
confrontación en detrimento del diálogo, nada puede darse
por sentado. Esperar que el “estilo K” se modifique es
ingenuo. Demasiados han sido ya los acontecimientos en lo que
se habló de “puntos de inflexión”. No obstante, todo ha
pasado y seguimos varados en el desdén y la necedad. La
historia contemporánea se escribe por capítulos. La realidad
viene en fascículos interactivos. Traen tarea para el hogar.
De lo que se dice hay que extraer la verdad.
Habrá que ver qué sucede el próximo 9 de julio, otra fecha
patria que, quizás, el matrimonio presidencial prefiera pasar
en la soledad y el silencio de El Calafate, donde suelen
refugiarse cuando no pueden manipular más la realidad.
Aunque
algunos lo nieguen o no lo quieran ver, la propia dinámica
del modelo económico instaurado por el kirchnerismo incluía
el germen de su autodestrucción.
A
partir del conflicto con el campo, varios economistas,
analistas políticos y periodistas sostienen que esta crisis
es innecesaria o gratuita.
Por
otro lado, algunos colegas sostienen que los fundamentos de la
economía están bien y que el superávit fiscal y de cuenta
corriente del balance de pagos aleja cualquier problema.
Agregan, además, que si a estos datos se les suma la
excelente situación internacional de los precios de los
productos que exportan los argentinos, no habría razones para
temer una crisis profunda.
Con
todo el respeto intelectual que me merecen estas opiniones, mi
visión es que esta crisis no era evitable ni gratuita, sino
esperable e inevitable, y que lejos de tener fundamentos
buenos en lo económico, estamos metidos en un problema de
envergadura.
Veamos
primero el tema del superávit fiscal. La foto indica que los
ingresos siguen siendo mayores que los egresos a pesar de la
fuerte suba de éstos últimos. La película no muestra la
misma situación que la foto, pero aún mirando la foto
solamente, no debe olvidarse que buena parte de este
superávit fiscal (del cual no coincido que realmente exista
como se sostiene) está basado en impuestos altamente
distorsivos. Los derechos de exportación, aún sin la reforma
de marzo, constituyen una parte importante de los ingresos
fiscales. Por otro lado, si uno mira la película, lo que se
hizo en el 2002 fue dolarizar parte de los ingresos
impositivos con los derechos de exportación mientras el
grueso de los gastos estaban en pesos. En ese contexto la cosa
funcionaba de maravillas para el gobierno. Pero la creciente
inflación para sostener alto el tipo de cambio erosionó el
tipo de cambio real y este tributo ya no rinde lo que rendía
antes. Por eso el impuestazo al campo. Digamos que la misma
dinámica del modelo tenía el germen de la autodestrucción.
Si para sostener alto el tipo de cambio tengo que cobrar el
impuesto inflacionario, en algún momento el tipo de cambio
real se va a deteriorar y la inflación a descontrolar.
Otro
de los motivos del mencionado superávit fiscal tiene que ver
con el impuesto a las ganancias. Al no permitirse el ajuste
por inflación, el Estado está cobrando impuestos sobre
utilidades inexistentes.
En
tercer lugar, el impuesto al cheque es impresentable por
dónde se lo mire porque para pagar impuestos hay que pagar el
impuesto al cheque. ¡Una verdadera locura! La carga
tributaria en Argentina ha llegado a niveles insospechados, y
si se la ajusta por la calidad del gasto público que ofrece
el Estado por los impuestos que cobra, entonces tiende a
infinito. En rigor resulta difícil sostener que los números
fiscales están bien siendo que el Estado cobra impuestos
altísimos y no otorga casi nada a cambio de los mismos en
bienes públicos como seguridad, educación, defensa, etc.
Cobrar impuestos para disciplinar a gobernadores e intendentes
o subsidiar precios artificiales de tarifas públicas y
combustibles no es lo que yo denominaría una situación
fiscal sólida. En primer lugar porque al abaratar
artificialmente las tarifas de los servicios públicos, la
demanda crece y la necesidad de subsidiarla aumenta, esto es,
requiere de más subsidios al punto que vienen duplicándose
cada año. La dinámica del esquema requiere de gasto
creciente e impuestos crecientes. Insisto, no me parece
sólido este esquema. En segundo lugar porque genera fuertes
ineficiencias en el sistema económico afectando la
productividad y la tasa de crecimiento. Curiosamente hoy el
gobierno usa la misma receta que solía recomendar el FMI
cuando se firmaba un stand by. La sugerencia era achicar el
déficit y para ello, en vez de pedir un ajuste del gasto, el
FMI se conformaba con aumentos de tarifas e impuestos. Para el
FMI y los Kirchner es indiferente ajustar por el lado de los
gastos o de los ingresos. Curiosa coincidencia.
En
lo que hace a la cuenta corriente del balance de pago, el dato
clave es el saldo de balance comercial que, por los números
del primer cuatrimestre, muestra un saldo decreciente por
fuerte aumento de las importaciones. Una causa es el deterioro
del tipo de cambio real y la otra por las crecientes
importaciones de combustibles para cubrir la crisis
energética. Por el lado de las exportaciones han jugado a
favor más los precios internacionales que las cantidades. De
todas maneras, hace rato que se demostró que el
mercantilismo, teoría que ve como buenas las exportaciones y
malas las importaciones, es una filosofía basada en la
creencia que el intercambio comercial creciente es negativo
para las naciones. El modelo mercantilista aplicado por el
kirchnerismo, bajo la nueva denominación de modelo de
sustitución de importaciones, no solo es viejo sino que es
ineficiente. ¿Por qué? Porque al reducir el volumen de
comercio, disminuye las necesidades de inversión y, por lo
tanto, limita fuertemente las posibilidades de crecimiento. Lo
único que se ha conseguido desde de la devaluación hasta
ahora es que se reactivara la economía vía la utilización
de la capacidad instalada pero con el costo de una inflación
creciente. ¿Cómo puede verse como solido a un sector externo
que no se integra al mundo y que no admite ingresos de
capitales porque tiraría para abajo el tipo de cambio? Si
hasta Loustau dijo que si ingresaran todas las divisas de las
exportaciones de soja sería un problema para el tipo de
cambio competitivo, ¿cómo puede verse como sólido un sector
externo que solo cierra con fuga de capitales?
Pero
volviendo a la inflación, es otro de los puntos a considerar
cuando se habla de que los fundamentals están bien. Con una
inflación que ronda el 30% anual y expectativas
inflacionarias del orden del 36% anual, se hace difícil
afirmar que todo está bajo control. Si a esto se le agrega la
fuerte distorsión de precios relativos (combustibles,
energía, transporte públicos, etc.) es fácil imaginar el
costo político que implica corregir la acumulación de
distorsiones en este contexto inflacionario. La caída del
ingreso real puede llegar a ser brutal, con la consiguiente
recesión.
Es
cierto que el conflicto con el campo ha escalado hasta niveles
insospechados. Ahora bien, ¿era impensable una situación
así? Considerando que el matrimonio presidencial no está
capacitado para gobernar y que dedica su tiempo a revolver el
pasado, a pelearse con cuanto cristiano hay por la tierra y a
subordinar todo a debates de tribuna política, sin una pizca
de propuestas de estadistas, no debe sorprender que la crisis
del campo haya llegado hasta donde llegó. Es la lógica
consecuencia de una forma de hacer política. Denunciar,
inventar enemigos y conspiraciones, creer que los votos dan
derecho a actuar como un autócrata y amenazar son esquemas
que funcionan durante un tiempo hasta que alguien dice basta.
¿Por qué sorprenderse de que los Kirchner hayan llegado
hasta dónde llegaron con el campo si no aceptan la más
mínima disidencia o punto de vista diferente? Si a Scioli lo
maltrataron por hablar de las tarifas de los servicios
públicos. A Alarcón la echaron por oponerse a la política
ganadera. A Shell dejaron que los piqueteros adictos al
gobierno le tomaran una estación de servicios por aumentar el
precio de los combustibles. Lavagna fue al Coloquio de Idea
para que le pidieran la renuncia. Si por todos estos casos
menores ya se mostraba un comportamiento intolerante y
autoritario, ¿cómo no iba a pasar lo que pasó con el campo?
Por eso, esta crisis con el campo no es gratuita, es la
consecuencia lógica de un gobierno intolerante que no acepta
que otro tenga una opinión diferente.
En
síntesis, mi punto de vista es que lejos de tener fundamentos
económicos sólidos, estamos arriba de un tembladeral. No
debe confundirse consistencia con la existencia de recursos
transitorios para financiar las inconsistencias. Tener
recursos para financiarlas no significa tener una economía
sólida. Solo significa postergar la resolución de los
problemas y agrandarlos generando un conflicto futuro mayor.
En
lo político, el gobierno ha establecido el clima de temor.
Los empresarios tienen miedo de hablar, los gobernadores e
intendentes tienen miedo de hablar. Muchos medios tenían
miedo de hablar. La estrategia es, si hablás te vas a
encontrar con los piqueteros en la puerta de tu casa, la AFIP
te va a hacer una visita o te voy a denunciar públicamente
desde el atril. El problema es que de golpe apareció un
sector que dijo: voy a hablar y no me vas a amedrentar. Es
ahí donde se produce la crisis. ¿Gratuita? No. Previsible
porque algún día iba a pasar frente a tanta intolerancia y
agresiones gratuitas.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
El
5 de octubre de 1999 expresé en la sección comercio exterior
(página 14) de La Nación que “Brasil y la Argentina,
principales socios del MERCOSUR, no aciertan en la
coordinación de sus políticas para hacer viable el proyecto
de integración en el continente.Contradictorias negociaciones diplomáticas y privadas
no han aportado soluciones concretas a los verdaderos
problemas que afectan a sus pueblos”.
“Es lamentable que la mayoría de la clase dirigente
de todo signo pretenda ignorar que las economías de los
países de Iberoaméricaestán en caída vertical impulsadas por la crisis
financiera internacional y la impagable deuda externa”.
Jaino
Cuadros y Arturo Frondizi
“Mirar el pasado sirve a veces a la reflexión y para
rehabilitar definiciones premonitorias.El 21 y 22 de abril de 1961, se reunieron en Uruguayana
los presidentes de Brasil y la Argentina, Janio Cuadros y
Arturo Frondizi, y suscribieron una declaración conjunta”
Con respecto a la discusión de esa oportunidad que era
sobre los problemas comunes a las dos naciones, el doctor
Frondizi expresó: “En esta conversación no ha habido por
ninguno de los dos presidentes una posición brasileña ni una
posición argentina, ha habido permanentemente una posición
común… porque nadie debe creer posible ya el progreso de
Brasil sin el progreso de la Argentina, y nadie puede creer en
el progreso de la Argentina sin el correlativo progreso de
Brasil”.
En el artículo 1° de la declaración citada se
afirmó que los dos países “…orientarán su política
internacional en función de la condición sudamericana que le
es común…”.Sobre el particular el doctor Frondizi declaraba a la
emisora de televisión TUPI: “Naturalmente que ha estado en
el primer plano de nuestras preocupaciones el destino de los
doscientos millones de latinoamericanos que tenemos que
enfrentar problemas de desarrollo económico, problemas de
miseria, problemas de ignorancia, problemas de seguridad
social.Y ambos hemos coincidido en absoluto, que la solución
definitiva de estos problemas están en el desarrollo
nacional, no como una fórmula agresiva contra otros países,
sino como una forma definitiva de colaboración”.
También afirmaron: “Graves problemas políticos y
sociales deben resolverse con la participación activa de los
países del continente, rechazando la interferencia directa o
indirecta de factores extracontinentales…”.
Sin duda alguna, una voz de alarma que ha cumplido en
el presente(2008) 47 años de vida con premoniciones
extraordinarias.
Declaración
Económica
:
Textualmente
la misma expresaba: “El Presidente de la Nación Argentina,
doctor Arturo Frondizi y el Presidente de la República de los
Estados Unidos del Brasil, doctor Janio Cuadros:
“Persuadidos
de que los actuales niveles del comercio entre los dos países
no son satisfactorios ni están en consonancia con las amplias
posibilidades que resultan del grado de evolución alcanzado
por las economías brasileña y argentina, luego de haber
pasado revista a las relaciones comerciales entre el Brasil y
la República Argentina y verificado que los productos que
actualmente son objeto de exportación entre ambos países no
ofrecen condiciones para mantener las corrientes de
intercambio en niveles mutuamente adecuados, ni la
diversificación suficiente para expandir el comercio
recíproco a los altos volúmenes requeridos.”
“Que el sistema creado por el Tratado de Montevideo
ofrece las más promisorias perspectivas para el desarrollo
económico y de las relaciones comerciales entre los Estados
miembros de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio”.
“Que, sin embargo, la adecuación del comercio
tradicional, la incorporación de los nuevos productos que el
actual grado de desarrollo de los dos países permite, así
como la revisión de los problemas de carácter bilateral
existentes, deben merecer la atenta consideración de ambos
Gobiernos”.
DECLARAN:
1)La Comisión Brasil-Argentina se reunirá en Río
de Janeiro el día 4 de mayo próximo, teniendo en vista,
especialmente, los siguientes objetivos fundamentales:
a)promoción
de condiciones propicias a la intensificación de las
corrientes de los productos tradicionales del intercambio.
b)Introducción de
nuevos productos en el intercambio, especialmente bienes
industriales;
2)
Es decidido propósito de los Gobiernos Argentino y Brasileño
alcanzar los objetivos perseguidos por el Tratado de
Montevideo, mediante una política de integral apoyo a la
Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, cuyo proceso de
constitución y funcionamiento efectivo debe ser intensificadocon el mayor empeño”.
LA
INTEGRACION:
En
febrero de 1993 Arturo Frondizi respondió al siguiente
cuestionario de la revista uruguaya “Análisis y Desafíos”
¿Cree viable los procesos de integración como el
MERCOSUR, o es preferible optar por un enfoque de economía
abierta hacia el exterior, al estilo de Chile?
-“Las economías de los países latinoamericanos
están desarticuladas y desintegradas.Las naciones no han podido desenvolver en plenitud sus
potencialidades.El MERCOSUR es una integración que parte de naciones
débiles, endeudadas, y dependientes de decisiones extranjeras
y del poder económico mundial.No basta invocar solidaridades, optimización de
escalas productivas, o ampliación de mercados”.
“Se parte de una visión errónea del problema,Los hechos económicos no se originan en la esfera de
la circulación de bienes, sino en el ámbito de su
generación, o sea en la estructura productiva.No hacerlo así, sólo beneficia a las corporaciones”.
“ Estas contarían con un vasto espacio económico
sin fronteras, en el cual, atendiendo a las ventajas
comparativas, sus filiales montarían centros exportadores
para operar dentro del mercado unificado, con las lógicas
ventajas de escala y localización”.
¿Entonces Ud. no cree que haya que buscar soluciones
conjuntas?
“ Muy por el contrario.Soy partidario de buscar soluciones conjuntas a los
problemas que son comunes, pero priorizando el desarrollo y la
integración nacional de cada país.La fraternidad latinoamericana está asentada sobre
bases espirituales muy firmes.Existe el anhelo común de afianzar la democracia real,
es decir la que asegura la justicia social”.
“ Cualquier empresa de futuro debe partir desde los
cimientos de las nacionalidades y afirmar el desarrollo
económico, que es el que asegura progreso y bienestar.La integración de América latina será sólida cuando
las partes que concurran a formarla lo sean”.
“En agosto de 1990, en plena euforia de la
integración del MERCOSUR, le advertí al Presidente Menem que
la misma nos iba a transformar en una provincia económica del
Brasil”.
“Estamos en una posición de desventaja, por ello,
toda búsqueda de entendimientos hace que la Argentina tenga
que ceder, frente a un vecino que es poderoso”.
¿Qué me dice del Pacto que Ud. firmó en Uruguay con
Janio Cuadros del Brasil?¿No es una contradicción a estas afirmaciones que me
está haciendo?
“Son dos cosas absolutamente distintas.El Pacto a que Ud. hace referencia no hablaba de
integración, sino de “coordinación”, pues mi gobierno
siempre tuvo como prioridad la integración nacional.Además, Ud. habla de un hecho que sucedió en una
Argentina totalmente distinta”.
“ En esa época, el país estaba lanzado a un
ambicioso plan de desarrollo, el que nos permitía extender
nuestra influencia fuera de las fronteras, es decir que el
país se afirmaba en el contexto de América Latina y en el
mundo.El Pacto con Janio Cuadros fue una auténtica
expresión del carácter independiente que tenía la política
internacional de mi gobierno”
EL
PRESENTE:
Lo expuesto anteriormente obliga a mencionar la
publicación del diario La Nacióndel 13/05/2008, página 2 de la sección “Economía y
Negocios” que expresa expresiones de alerta:
“El anuncio del paquete industrial de Brasil
generó inevitables repercusiones en la Argentina, que
variaron desde la envidia y el temor a un mayor déficit
comercial con ese país hasta la tranquilidad porque las
medidas sólo compensarán la menor competitividad del tipo de
cambio brasileño.“Si Brasil lanza un programa agresivo, aumentarán
las asimetrías y el déficit comercial”, advirtió Marta
Bekerman, economista del Grupo Fénix, de la Universidad de
Buenos Aires (UBA)”.
“Es una necesidad que hagamos una política
industrial en la Argentina, sobre todo para la supervivencia
del MERCOSUR, porque nosotros tenemos un déficit creciente de
manufacturas de origen industrial con Brasil y estamos
vendiéndole cada vez menos petróleo y trigo”, señaló
Bekerman, agregando“Necesitamos una política fuerte de innovación y
planes estratégicos con cada sector”. “Enrique Dentice de
la Universidad de San Martín afirmó que “Brasil aprovecha
cuando la Argentina pierde mercados y quiere que las
inversiones vayan a su territorio para exportar más”, a la
vez que prevé:…”que crezcala brecha tecnológica con la Argentina, que comprarámás a Brasil”.
Pero luego de sus enormes éxitos iniciales, forzoso es
también afirmar que el MERCOSUR ha entrado en una meseta de
la cual le cuesta salir y que le dificulta lograr esos
objetivos.Sin institucionalidad confiable, el MERCOSUR no ha
conseguido ni conseguirá desviar hacia la región inversiones
que integren cadenas de valor.¿Qué empresa se ha de acoger a una legislación
regional que simplemente no existe, o confiará en un arancel
externo común perforado ad infinitud y en un tribunal de
resolución de controversias de difícil acceso e inciertos
tiempos de resolución?
Y desde el punto de vista político, es evidente que el
MERCOSUR ha pasado a ser marginal en la toma de decisiones de
Brasil, cuestión que es comprensible, vista la estrategia
global de Itamaraty, pero no necesariamente aceptable para los
demás países que forman el bloque.
Los intereses comerciales y la relevancia política de
la Argentina exigen un salto de creatividad que nuestra
diplomacia, sin duda, puede dar, para recuperar y potenciar lo
mucho y bueno del MERCOSUR, pero integrándolo a una
estrategia ampliada hacia mayores horizontes. (La
Nación-20/05/2008-Eduardo Amadeo).
ALERTA:
Es de utilidad transcribir el párrafo final de la
conferencia del ex Presidente Arturo Frondizi, en un ámbito
universitario de los EE.UU. en la década del 80, pues sus
términos aparecen en el mundo presente como muy
premonitorios: “La marcha hacia el mundo uno es indetenible.Lo que sigue en discusión es si a la llegada de esa
carrera cada uno de los pueblos que conforman el planeta
mantendrán sus costumbres, sus idiomas, sus tradiciones y sus
ideales o por el contrario, la humanidad tendrá un matiz
parejo impuesto por la fuerza de los nuevos imperios.Es de esperar que la Argentina no se quede en el
andén.Sin consolidarse una auténtica unidad nacional en
torno a un programa que responde a los intereses soberanos de
la Nación, esta seguirá siendo un enclave de los monopolios
internacionales, víctima de las ventajas comparativas con
otras naciones del continente y el pueblo figurará entre los
más desdichados del mundo”.
DESDE
1958:
“Esta concepción fraternal de nuestras relaciones
internacionales se basa en la convicción de que los países
latinoamericanos constituimos una comunidad de pueblos libres
unidos por lazos de la historia, de la sangre y de la fe.Están unidos también por su común anhelo de lograr
una efectiva vida democrática, realizada en todos los planos
de la existencia nacional: en el plano político, económico y
social.Ese tipo de democracia social, es autóctono y
nacional, en el sentido de que es un producto real de la
convivencia y las necesidades de cada uno de los pueblos de
Latinoamérica, y del conjunto de todos ellos dentro de la
comunidad continental”.
“No es, por lo tanto, resultado de ninguna
imposición extraña.Los pueblos de cada uno de nuestros países se van
haciendo eco de esta nueva conciencia y tratan de realizarla
dentro de las condiciones especiales que las economías
respectivas les permiten.Sobre todo, tratan de terminar para siempre con los
vicios políticos y las deficiencias económicas y sociales
sobre las cuales se generan y asientan los regímenes
políticos que impiden el desarrollo espiritual y material de
los pueblos”.
REITERO:
El 18 de noviembre de 2002 manifesté en el diario El
Zonda que “El presente es dramático y el futuro
absolutamente incierto para el pueblo que busca su bienestar y
su liberación.Esto se debe a que el accionar político, lejos de
exhibir un programa nacional serio y viable de reconstrucción
de la República, sólo muestra la desesperación de los
traidores y corruptos por no perder las porciones de poder.Entre acusaciones, denuncias y confidencias en la
trastienda de la mafiosa corporación política, aceleran el
camino hacia la anarquía y los enfrentamientos en el seno de
la sociedad.La gran y única preocupación de la mayoría de los
que han llegado a candidatos por decisión propia y con el
apoyo de los que disfrutaron, y lo siguen haciendo, prebendas
personales, negocios fraudulentos y malversación de fondos
públicos es no ofender en la campaña al Fondo Monetario
Internacional, él que montó, con los cómplices vernáculos,
el mayor fraude cometido con la Nación Argentina a través
del endeudamiento externo”.
Roguemos para que la dirigencia que destruye el país
día a día, se tome cuanto antesel “tren bala”.
(*)
Especial para Crónica y Análisis por Carlos J. González
Cabral. Maestro normal nacional. Se desempeñó como
secretario de Gobierno y Hacienda (1958-1961) y como concejal
(1963-1966) en la Municipalidad de San Nicolás de los Arroyos
(Bs.As.) en representación de la UCRI y del MID,
respectivamente. Fue electo diputado provincial por el FREJULI
(1973-1976). Entre 1989 y 1995 acompañó al ex presidente
Frondizi como secretario político y privado.
EXTRACTO
DE POSTURA GEOPOLITICA NACIONAL DEL Pa.U.Fe.
Alarmante
escenario geopolitico nacional
INTRODUCCION
Si bien se trata de una rama de la política, la
geopolítica tiene, entre otros vínculos, uno que la
condiciona: la geografía.
Sin pretender extendernos en un análisis académico,
sino al solo efecto de brindar sustento al contenido digamos
que, básicamente, dos escuelas han animado el pensamiento
geopolítico universal: la escuela determinista y la escuela
posibilista.
La primera se fundamenta en condicionantes
geográficos, climáticos y demográficos. La segunda lo hace
en la voluntad del hombre para concretar proyectos a través
de acciones.
En rigor ninguna excluye a la otra, más bien confluyen
y se complementan.
Para el caso argentino la "Pampa Húmeda",
una de las cinco grandes praderas del mundo, ha sido
determinante en todos o casi todos los aspectos del desarrollo
nacional. Así como también la visión y la voluntad de la
llamada generación del ochenta que diseño e impulso un
modelo de país; el único exitoso y perdurable que conoció
Argentina.
En definitiva, la geopolítica es la ciencia puesta al
servicio del desarrollo de un modelo nacional, que emplea a la
estrategia para manejarse en el marco de un inevitable
conflicto de voluntades. En primer lugar busca, a través de
la estrategia, la consolidación fronteras adentro, para
proyectarse luego fronteras afuera; no con el afán de
conquistar espacios geográficos sino espacios políticos y
económicos en un juego competitivo.
La geopolítica, en su esencia, procura el diseño de
un país que sea capaz de insertarse en el mundo en las
mejores condiciones. Para ello se sirve de acuerdos y
alianzas, así como también de las circunstancias favorables,
que o bien se le presentan naturalmente o bien las procura
recurriendo a la lucidez de quienes son sus estadistas.
La geopolítica tiene una dinámica que requiere un
juicioso seguimiento de las realidades regional y mundial,
ambas condicionaran la realidad nacional, no es esta la que
fija pautas sino aquellas en un escenario más amplio.
Se trata de una ciencia social que en procura de su
objetivo se vale de los siguientes factores: geográfico,
demográficos, económicos, recursos, cultural, ideológico,
condición social y calidad institucional.
El instrumento militar no es un factor de la
geopolítica sino el resguardo de los factores tangibles que
en ella se dan cita. Lo militar esta al servicio de la
geopolítica, lo que debe incluir además el aporte
subsidiario de sus destrezas y capacidades.
PASADO
Superada la anarquía y consolidado el país, este se
encamina a transformarse en un estado nación de corte
republicano.
En las postrimerías del siglo XIX Argentina logra un
rápido desarrollo económico, social y cultural que la
perfilan en un papel de liderazgo regional.
Encuentra un serio y legitimo rival en Brasil, uno y
otro aspiran a convertirse en el gran referente sudamericano.
Los estadistas que entonces conducían el destino de la
República Argentina dirigían su mirada a Europa, allí
estaba el poder económico y político. El Imperio Británico,
la potencia dominante de entonces, se convirtió en el socio
estratégico económico. Fue así que se estableció una
fuerte vinculación comercial y económica que favoreció a
ambas partes.
Los capitales británicos se instalaron en nuestro
país creando y desarrollando las grandes empresas de
servicios, en tanto las materias primas de la pampa húmeda
eran transportadas y comercializadas en Gran Bretaña. Para
algunos historiadores perdió la Argentina, para nuestro
partido podríamos haber sacado mas beneficio, pero ya es
historia.
El centenario encontró un país pujante y con un
futuro promisorio, en el que las corrientes migratorias
habían enriquecido culturalmente a la población nativa.
Brasil ve peligrar sus aspiraciones de liderazgo. El
marques de Río Branco, notable estadista y referente de la
política exterior brasileña de comienzos del siglo XX, lo
advierte y alerta a su gobierno. Río Branco destaca, como
ventaja comparativa a favor de Argentina, el idioma español
que lo favorece en la comunicación con el resto de los piases
de la región.
Para equilibrar la balanza Brasil debe buscar como lo
hizo Argentina, un socio poderoso. La solución es Estados
Unidos. Nace así una alianza estratégica que se consolida
con la participación de un importante contingente de tropas
brasileñas en la Segunda Guerra Mundial.
Al terminar la Primera Guerra Mundial los Estados
Unidos pasan a ser la potencia dominante, desplazando a Gran
Bretaña que inicia un lento pero sostenido proceso
declinante.
El entendimiento forjado por Brasil y los Estados
Unidos se mantiene hasta el presente. Mientras tanto, la
declinación de Gran Bretaña, sumada a la errática política
exterior argentina, proyecto un cono de sombra sobre la
relación angloargentina.
Nuestro país sostuvo, salvo durante la década del
noventa del siglo XX, una casi constante política de
confrontación con los Estados Unidos, alentándose desde
ciertos gobiernos un rechazo a la potencia americana.
Durante gran parte del siglo XX algunos factores de la
geopolítica tuvieron gran influencia regional, el que más se
destaco fue el cultural. Vaya por caso que en la década del
sesenta dos diarios argentinos se encontraban incluidos entre
los veinte grandes diarios del mundo, registro que consideraba
solamente a tres diarios de habla hispana. A mediados de siglo
las revistas argentinas se encontraban en los puestos de venta
de todos los países de Sudamérica, hoy han desaparecido.
Hasta hoy Argentina es el único país de
Latinoamérica que cuenta con premios Nobel científicos. De
igual modo, no son pocos los aspectos del factor cultural que
le son reconocidos. El resto de los factores que animan la
geopolítica, salvo los determinantes como la geografía y los
recursos, han experimentado un retroceso evidente.
PRESENTE
La región cuenta hoy con un país que, mas allá de
sus contradicciones, ha logrado un desarrollo y crecimiento
notable: Brasil.
Eso le permite aspirar a ejercer un cierto liderazgo a
nivel regional o, cuanto menos, a no admitir que otro lo
quiera exhibir.
La irrupción en la región del presidente de
Venezuela, Hugo Chavez, haciendo gala de una desembozada
ideología populista y confrontativa ha perturbado las
relaciones entre los países sudamericanos. El presidente Hugo
Chavez es en esencia un perturbador que no tiene reparos en
intervenir en los asuntos de otros países.
Se siente el heredero del líder cubano Fidel Castro, y
se vale de su riqueza en hidrocarburos para aspirar a un
liderazgo al que Venezuela, por razones geopolíticas, no
puede acceder.
Nunca, antes de la irrupción de Hugo Chavez en el
escenario político sudamericano, un presidente o líder
político se había atrevido a intervenir económica y
discursivamente en las próximas elecciones de otros Estados.
La ideología populista y confrontativa del presidente
venezolano carece de limites. En tal sentido apoya sin
reservas a cualquier Estado, grupo o movimiento que por
cualquier causa se encuentre enfrentado con los Estados
Unidos. El caso de Irán resulta emblemático, como también
lo es, en el orden local, la abierta corriente de simpatía
que lo une a la señora Hebe de Bonafini, señora que
manifestó públicamente su satisfacción por los atentados
terroristas sufridos por Estados Unidos el 11 de setiembre de
2001 y el ataque a Atocha, y que se solidariza con la ETA
(agrupación terrorista vasca).
El voluntarismo, pésimo consejero, impulsa a creer que
el mundo nos ve y nos juzga como queremos que lo haga, cuando
la verdad es que lo hace conforme a los hechos que producimos
y lejos de disimular publicitamos. Estos son: maratonico
discurso de Fidel Castro en la Universidad Estatal (UBA); La
contracumbre de Mar del Plata con Hugo Chavez y Hebe de
Bonafini como figuras estelares; la contracumbre en la cancha
de Ferrocarril Oeste con las mismas figuras, en oportunidad de
la reunión de presidentes de Uruguay; las valijas con dinero
proveniente de Venezuela viajando en aviones privados pagados
por el gobierno; la iniciativa promovida por el gobierno
argentino de incorporar a la Venezuela de Hugo Chavez al
MERCOSUR; la reiterada manifestación publica de "alianza
estratégica con Venezuela"; el tratamiento despectivo
del gobierno para con el Fondo Monetario Internacional y otros
organismos económicos internacionales; el destrato grosero
del que fueron objeto gobernantes de otros países, en tanto
se privilegiaba el recibimiento de personajes insignificantes
en el escenario nacional o internacional, que nada tiene que
ver con el desarrollo del país y beneficio de la gente.
Los hechos, como los señalados, son los que muestran
al mundo donde se ubica el gobierno argentino. Creer que
hechos inequívocos y contundentes pueden ser neutralizados
por medio de declaraciones edulcoradas de miembros del
gobierno o voceros de este, es desconocer por completo el
manejo de las relaciones internacionales y la situación
mundial.
Tradicionalmente Argentina y Brasil compitieron en el
marco de un liderazgo regional o sudamericano. Hoy el eje
competitivo ha mutado, sin manifestarlo; no pasa desapercibido
que lo animan Brasil y Venezuela.
¿DÓNDE
SE UBICA LA REPUBLICA ARGENTINA?
LA
RESPUESTA A ESTA PREGUNTA ES DE NATURALEZA GEOPOLITICA
Antes de responderla y con el propósito de encontrar
una respuesta fundada, incursionaremos brevemente en el
"Poder del Estado".
Podemos definir al Poder del Estado como la capacidad
que tiene el Estado para influir en los acontecimientos.
Nos encontramos entonces con el "verbo de la
geopolítica": INFLUIR.
Influir es convencer, es el verbo que acompaña a la
inteligencia, al estadista, a la democracia en su esencia
republicana.
Su contracara es "imponer", verbo que va de
la mano con la prepotencia, con las dictaduras de derecha y
las populistas de izquierda.
Se influye con razones, se impone con coacciones.
El Poder del Estado tiene tres ámbitos que conviven y
se complementan: el ámbito político (manejo de ideas y del
discurso); el ámbito económico (manejo de bienes y
recursos); el ámbito militar (manejo de la fuerza en
resguardo de los otros dos).
Si el Poder del Estado fuera el plano de una mesa los
tres ámbitos serian las tres patas que le dan sustentación.
Luego si una de las patas esta ausente el Poder del Estado se
derrumba, no existe. Pero además, si ellas no armonizan entre
sí la tabla estará con alguna inclinación o desequilibrio.
¿CUÁL
ES HOY EL PODER DEL ESTADO DE ARGENTINA?
Ambito político: carece de ideas a mediano y largo
plazo, se vive emparchando la contingencia.
Ambito económico: evidencia un deterioro que amenaza
profundizarse.
Ambito militar: totalmente debilitado, incapaz de
afrontar un serio problema de su incumbencia. (Defensa
Nacional).
Consecuentemente el Poder del Estado es nulo y cuando
el poder fracasa solo queda recurrir a la fuerza, que es lo
que practica el gobierno fronteras adentro.
La amenaza reemplazo al dialogo, el disenso es
sinónimo de desestabilizacion, no hay pensamiento diverso
sino enemigos.
No hay República, la aplastan con dos leyes abusivas,
"Reforma del Consejo de la Magistratura (fin de la
independencia del Poder Judicial) y voto por obediencia debida
de Diputados y Senadores a la emergencia económica y con ello
el fin del Federalismo, claridad y transparencia
presupuestaria.
FUTURO
Posible
escenario geopolítico regional
Si bien el futuro es indócil el cuadro de situación
de la región permite arriesgar un pronostico.
Tal como hoy se han posesionado los distintos países.
Sudamérica se encamina a la conformación de dos bloques, los
que aparecen diferenciados ideológicamente. Cada uno de ellos
tiene un país líder o referente: Brasil y Venezuela.
Los países que se encolumnan con Brasil aceptan el
orden internacional vigente y dentro de tal marco y regla de
juego procuran su progreso propio.
Aquellos que se encolumnan con Venezuela rechazan el
orden internacional vigente sin precisar cual es el escenario
al que aspiran. Es así como se mezclan el indigenismo andino
con el renacer marxista venezolano; acompañados por la
antipatía hacia los Estados Unidos y principales países
europeos.
El primer bloque esta integrado por: Brasil, Chile,
Colombia, Perú y Uruguay.
El segundo bloque lo componen: Venezuela, Ecuador,
Bolivia y mal que nos pese Argentina.
Aunque se lo pretenda negar, los hechos ya citados y
las posturas evidenciadas nos ubican cómodamente hoy en el
bloque que lidera Venezuela.
El cambio de gobierno en Paraguay impide por el momento
definir su ubicación.
Las visitas selectivas a los países sudamericanos,
llevadas a cabo por gobernantes y personalidades de Estados
Unidos, Europa y Asia corroboran la división señalada.
La caída del Muro de Berlín, seguida por el colapso
del comunismo como sistema alternativo de gobierno, dio paso
al establecimiento de un "nuevo orden internacional"
en el que las grandes potencias emergentes de Asia, China e
India, desempeñan un rol relevante.
No obstante, el presidente venezolano Hugo Chavez,
líder visible de un bloque en formación de países
sudamericanos, expreso: "El comunismo habrá fracasado en
la Unión Soviética y Europa, pero todavía no fue probado en
Venezuela".
Al futuro no se lo espera, se lo prepara. Pues bien,
pareciera que Hugo Chavez, Rafael Correa, Evo Morales y Nestor
Kirchner, juntamente con quienes los secundan y apoyan en sus
gestiones de gobierno, se han empeñado en preparar el pasado,
el poder esta en manos de Nestor Kirchner no de Cristina
Kirchner.
La paz interior no nos viene regalada, los gobernantes
responsables la construyen, los presidentes señalados lejos
de construirla la destruyeron desempolvando rencores y
azuzando enfrentamientos.
Una perversa combinación de revanchismo, populismo,
corrupción y chatura intelectual los mantiene firmemente
anhelados a un pasado que se niegan a dejar atrás. Mientras
tanto el tren de la historia continua su implacable marcha.
Brasil, Chile, Colombia, Perú y Uruguay ya se han subido,
acomodándose en sus alojamientos conforme a las posibilidades
de cada uno; Argentina y sus socios permanecen parados en el
anden observando transcurrir la historia, ocurre que sus
respectivos gobiernos no entienden el mundo en el que están
insertos. Lo peor es que nadie conspiro para apartarlos del
mundo que progresa, lo hicieron por voluntad propia.
ALTERNATIVA
¿Ante la dramática e indisimulable situación que hoy
nos toca vivir, cual puede ser la solución?
Nada mueve a pensar que el gobierno de los Kirchner
vaya a aplicar un cambio de rumbo rotundo que encamine al
país en la senda que transita el progreso.
Conducir es el arte de convencer, cuanto más si lo que
se pretende conducir es un país
Desde siempre se convence a través del dialogo. Todo
sistema cerrado, incapaz de realimentarse y enriquecerse con
estímulos exteriores termina agotándose. El actual gobierno
argentino constituye un sistema cerrado por excelencia, no
parece errado decir que solo se escucha a sí mismo. No
solamente descalifica a quienes piensan diferente sino que
privilegia la confrontación por sobre el dialogo.
Es imposible disimular, en el marco geopolítico
regional, la brecha abierta entre los dos bloques ya
explicitados. Brecha que, como resultado de una interminable
sucesión de torpezas, se acentúa cada vez más.
La sociedad argentina tiene derecho a aspirar a un
futuro más promisorio. Tiene derecho a volver a ser un país
respetado y tenido en consideración en el universo de
naciones.
¿Por qué países como Brasil, Chile, Perú o Uruguay
merecen la consideración internacional que Argentina tuvo y
perdió?
Los gobiernos con sus desaciertos son quienes conducen
a los pueblos al fracaso, estos tienen la enorme
responsabilidad republicana de reemplazarlos a través del
libre juego de la democracia. El fracaso rotundo, combinado
con la corrupción obscena, tiene que ser en primer termino
neutralizado con el reclamo constante del ciudadano común, su
silencio es señal de sumisión y aceptación. Nosotros como
oposición no debemos quedar en silencio. La voz sensata de
una sociedad indignada, manifestándose dentro del marco de la
legalidad, haciendo uso constante e intenso de las
posibilidades que cada cual tiene, erosiona a cualquier
gobierno y más aun cuando se trata de un gobierno
autoritario.
Argentina fue un gran país, ocupo un sitio destacado
en el concierto de naciones, hoy dejo de serlo. Tenemos el
derecho pero también el deber de recuperarlo.
El rumbo que hoy lleva nuestro querido país nos
conduce a un fracaso cierto y a un aislamiento casi total en
el escenario internacional. Aunque el gobierno no quiera
escuchar la sociedad tiene la obligación de hacerse oír, no
puede permanecer impávida contemplando y siendo cómplice
pasiva del fracaso. Luego, llegado el momento, será la
oportunidad de que los votos de los ciudadanos hagan sentir su
fuerza.
Dijimos en los primeros párrafos que en el pensamiento
geopolítico se daban cita dos escuelas: la determinista con
sus condicionantes geográficos y climáticos y la posibilista
que responde a la voluntad del hombre por querer hacer y por
querer ser.
Pues bien, La Patria, con mayúscula, no es
exclusivamente el pasado con sus glorias y remordimientos. Si
de eso solamente se tratara, seria algo estático, inerte, por
estar ubicado a nuestras espaldas, en gran medida nos
resultaría utópico, ajeno. La Patria es un plebiscito de
todos los días. Si en el pasado hicimos cosas notables que
nos enorgullecen, queremos hacer en el presente y en el futuro
muchas mas para poder sentir un mayor orgullo. Esa es la
posibilidad geopolítica que no podemos ni debemos rechazar.
(*)
Luis A. Patti es Diputado Nacional Electo y Presidente de
PAUFE (Partido de Unidad Federalista). Se encuentra detenido
en el complejo del Servicio Penitenciario Federal de Marcos
Paz
El
conflicto entre el Gobierno y el campo se ha convertido en un
partido interminable donde cada equipo intenta ganar, aunque
nadie sabe bien cuál es la estrategia ni qué es lo que está
en juego.
“Una
vez terminado el juego,
el rey y el peón vuelven a la misma caja.” Proverbio italiano
Por
un instante, el superclásico del domingo no ha concluido. La
pelota pasa de un lado a otro de la cancha sin que nadie se
atreva a aventurar en qué arco será el gol del final. Las
tribunas rugen intempestivamente. Alguna euforia pasajera, un
rato de hartazgo y otra vez los gritos, en algunos casos
alentando, vapuleando en otros. Ninguna lógica, o quizás
sí, la lógica de necesitar un marco de referencia para no
quedar aislado en un paisaje ya bastante desolado. Qué se
disputa no es algo fácil de dilucidar. Hay triunfos que sólo
son la otra cara del fracaso. Y el olor a derrota ya se ha
esparcido en todo el campo de juego.
Cuando los equipos tienen reglamentos distintos, el partido no
puede durar mucho. Unos pugnan por derechos, los otros no
tienen demasiado en claro por qué abrieron el juego, ya que
el afán de ganar a veces puede más que la razón por la cual
se quiere hacerlo. Mucho se parece el escenario a aquellos
circos romanos donde se arrojaban gladiadores a los leones. Ni
siquiera está claro si es el Gobierno el que enfrenta al
campo o si hay algún otro equipo embarrando la cancha. ¿Qué
está en juego?
En esta contienda, el árbitro hizo un papel tristísimo.
Convocó al diálogo para “ganar” tiempo, olvidando que al
tiempo no se le gana nunca, eso es una utopía creada para
vencer las limitaciones humanas. En cambio, el tiempo observa
cómo se lo desperdicia, mientras las oportunidades pasan.
Por su parte, las tribunas se confunden: no está la ciudad
batiéndose contra las zonas rurales, hay un trasfondo más
complejo. La crisis del agro puede ser real, pero no es más
profunda que la crisis que azota a la ciudad. En ambos
escenarios aflora la desidia política, la ambición
desmedida, lo angurriento de una dirigencia que sólo aspira a
que no se le tuerza el brazo.
En medio del partido, además, hay jugadores que empezaron a
meter goles en contra de su propio equipo. No es distracción
ni mero error, es cansancio. No se puede defender lo que nunca
se llega a conocer, ni adherir a un bando que no se sabe qué
banderas está enarbolando.
Así, estamos condenados al espectáculo. Las barras bravas se
exponen con declaraciones tan insustanciales como aberrantes.
Luis D’Elía no es más que un títere de quien mueve los
hilos detrás del teatro. No hay juez de línea ni fiscal
capaz de llamar a un “fair play”, ya no solamente por
respeto a la ley sino, al menos, por respeto al resto de los
ciudadanos. ¿Es menester escuchar tanta insensatez?
¿Quiénes son los locos y quiénes los cuerdos en este
escenario?
Hay liderazgos furtivos que muestran la orfandad de la gente.
Los representantes votados resultaron, una vez más, un
fiasco. Se necesita una voz cantante, un locutor que relate
porque nadie sabe ya con certeza cómo va la contienda. Hasta
hay dudas acerca de quiénes son los directores técnicos que
arman las jugadas estratégicas porque la estrategia brilla
por su ausencia.
Las preguntas se suceden velozmente, aunque las respuestas no
llegan. El periodismo hace de todo esto su propio show:
muestra partes de un todo, intenta explicar lo que no se puede
explicar. El discurso de asunción al frente del Partido
Justicialista que, finalmente, Néstor Kirchner no pronunció
tiene más palabras que silencios. El cambio de tono en la
oratoria de la presidenta Cristina Fernández no indica nada,
apenas –quizás– un manotazo de ahogada. Faltan hechos y
sobran dichos. Estamos en una crisis que se debate como un
partido de fútbol. Ya pasaron 90 minutos y se están cansando
tanto los jugadores como las hinchadas.
En el transcurso aparecen quienes tratan de poner algún toque
propio a esta ensalada donde son tantos los ingredientes que
nadie se anima siquiera a probarla. En la confusión, muchos
parecen agregar datos antojadizos para obtener alguna suerte
de favor. Nadie está ganando, aun cuando el Gobierno esté
perdiendo, en algún sentido al menos. Ellos dejan hacer, no
precisamente en el concepto cabal del laissez-faire.
La pelota sigue rodando. De todos modos, se sabe que en algún
momento terminará entrando a un arco y allí se definirá el
partido. Cuando eso suceda, quedará una nueva ronda para ver
quién se hace de la copa. Mientras tanto, la inflación
espera su turno y entrena duro. La gente la abuchea, no tiene
un DT que sepa de tácticas y estrategias. Sin embargo, tiene
un equipo capaz de arrasar hasta con la cancha entera.
¿Quién estará para frenarla del otro lado?
En medio de estos espectáculos cuasi-deportivos, con equipos
más amateurs que profesionales (aunque sus arcas se llenan
como las de aquellos que cotizan en grande), la violencia hace
lo suyo. Si son sindicalistas, piqueteros o barras bravas no
interesa demasiado a los efectos de la imagen que seguimos
dando. Son argentinos, de uno y otro lado. Algo sigue
fallando. Pretender que se acabe la violencia en los estadios
es un dislate cuando la violencia está en las calles y a
metros apenas de la Presidenta. Y la orquesta sigue tocando.
La Argentina es, hoy, un estadio de fútbol liberado. Falta el
reglamento para entender bien el juego. Los equipos avanzan y
retroceden sin tener claro cuál es el arco contrario. El
arbitro apenas aparece y se disipa entre los hinchas. Los
relatores se suceden caóticamente, cada uno narra lo que le
parece y se retracta cuando recibe algún llamado que puede
relegarlo del cargo. Quizás un impuesto a las palabras
podría ser más efectivo que las retenciones móviles que
convocaron a la cancha. Ella está en el palco, si bien llegó
tarde ha logrado algo: ahora es la más fashion. Tal vez, con
eso, la Argentina defina ante el mundo dónde y a qué está
jugando. Nosotros no lo sabemos, somos rehenes en tribunas
donde lo único que cuenta es esperar que alguien agarre el
silbato para que la pelota deje de rodar y nos libere de este
triste espectáculo.
El
temor de los argentinos a un corralito u otro tipo de medidas
confiscatorias no es provocado por quienes analizamos la
realidad económica, sino por los responsables de la actual
crisis.
El
viernes a la mañana, leyendo una nota
de Marcelo Bonelli en Clarín,
me desayuné con que Martín Redrado, el presidente del Banco
Central, le habría elevado un informe reservado a Cristina
Fernández de Kirchner en el cual se sostendría que yo, junto
con otros economistas, había generado temor en la gente y
provocado, en consecuencia, una corrida cambiaria.
Mí
supuesta “poderosa influencia” sobre el mercado habría
surgido de la nota que publiqué en Economía para Todos
bajo el título ¿Puede
haber otro corralito?.
Ahora bien, si efectivamente la información que da Marcelo
Bonelli en su artículo es cierta (se trata de un dato que no
fue desmentido por Martín Redrado) y en el supuesto de que mi
nota en verdad hubiese contribuido a la corrida, la única
conclusión que uno puede sacar es que yo soy más creíble
que el Gobierno. Obviamente, no me creo tan influyente como
para tener el poder de mover el mercado de cambios ni las
expectativas de la gente. Es más, si tuviera esa capacidad no
tendría que trabajar como lo hago todos los días, sino que
estaría en una playa tomando sol, arbitrando en el mercado y
ganando fortunas gracias a mi “gran influencia” sobre los
agentes económicos.
En
rigor, si Martín Redrado se hubiese tomado el trabajo de leer
bien mi nota, hubiera advertido que en ningún momento digo
que vaya a haber un corralito, sólo señalo que los Kirchner
han hecho todo lo necesario para crear incertidumbre y temor
en la gente, al punto de generar el terror a otro corralito.
Por un lado, todavía está fresca en la memoria de los
argentinos la crisis del 2001/2002. Y, por otro lado, los
ciudadanos advierten que éste es un gobierno que está
dispuesto a adoptar cualquier medida intervencionista, por
más confiscatoria que sea, para mantenerse en el poder. El
dibujo del Índice de Precios al Consumidor (IPC) por parte de
Guillermo Moreno no es otra cosa que una forma de defaultear
parte de la deuda pública. El impuesto a la soja es
claramente confiscatorio. Las prohibiciones de exportación de
carne y de trigo son otros ejemplos. De manera que, como
decía la semana pasada, ha sido el gobierno solito el que se
ha encargado de generar un marco de inseguridad jurídica.
A
pesar de la infundada acusación sobre mi supuesta
contribución al temor de la gente, voy a ser generoso con
Martín Redrado, a quien conozco desde hace 25 años,
aportándole algunos conceptos básicos de economía para que,
en todo caso, los incluya en su informe reservado.
En
primer lugar, sería bueno recordar que la moneda es una
mercadería como cualquier otra. Hay muy buenos libros sobre
historia de la moneda que podrían repasar mediante algún
seminario en el Banco Central. Los clavos, el bacalao, el
cacao y otros productos fueron utilizados en la antigüedad
como medio de intercambio hasta que se llegó al oro y la
plata como las monedas por excelencia. Sin embargo, cuando
Nixon declaró la inconvertibilidad del oro en los 70, todo el
sistema monetario quedó limitado a papel moneda. Así, lo que
utilizamos hoy en día como moneda son papeles impresos
emitidos por algún banco central.
En
este contexto, la mayoría de la gente que retiró sus
depósitos de los bancos y compró dólares en las últimas
semanas lo hizo sin conocer qué hay en los activos de la
Reserva Federal respaldando cada dólar en circulación.
Pregunta: ¿por qué la gente compra dólares para defender
sus ahorros si desconoce qué tiene la Reserva Federal de
Estados Unidos en sus activos? Porque desde que se abandonó
el patrón oro, las monedas están respaldadas por la calidad
institucional de cada país emisor. Dicho en otras palabras,
no es que la gente compre dólares en la Argentina porque sabe
qué tiene la Reserva Federal en sus activos, sino que compra
dólares porque confía en que en los Estados Unidos los
gobiernos podrán cometer errores, pero no los disparates que
se comenten aquí. Más precisamente, creen más en la
seriedad de las instituciones jurídicas, políticas y
económicas estadounidenses que en las instituciones
argentinas, por eso eligen el dólar como refugio y no el
peso.
Si
los técnicos del Banco Central refrescaran algunos conceptos
básicos sobre moneda, podrían advertir, asimismo, otro
problema que ellos mismos han generado. Como la moneda es una
mercadería como cualquier otra, su demanda no es infinita. Si
el Banco Central produce mucha moneda y la gente no aumenta la
demanda al mismo ritmo, el precio de la moneda baja, es decir,
se produce lo que popularmente se conoce como inflación. Y
cuando la inflación aumenta, se genera una huída de la
moneda, ya que la gente compra bienes y dólares antes de que
los precios vuelvan a subir.
Como
el único que puede emitir moneda en la Argentina es el Banco
Central, resulta ser que el responsable de la inflación es
esa misma entidad. Sin embargo, Redrado mira para el costado y
dice no ser responsable de la inflación. Entonces, entra en
acción Moreno, quien empieza a regular los precios, prohibir
las exportaciones y controlar los márgenes de ganancia,
mientras la fábrica de emitir billetes bate récords de
producción. Digamos que Redrado genera la inflación y Moreno
se encarga de agravar el problema con sus medidas primitivas
de controles de precios.
Así
como hay muy buenos libros sobre historia monetaria y moneda,
también hay otros excelentes que explican la relación entre
el crecimiento y la calidad institucional de los países. Le
sugiero a Redrado repasar “La acción humana” de Ludwig
von Mises, “Derecho, legislación y libertad” de
Friederich von Hayek o los textos de Mancur Olson: “Poder y
prosperidad”, “La lógica de la acción colectiva” y “Auge
y decadencia de las naciones”. Tal vez, repasando estos
libros podría incluir algunos párrafos en su informe para
ilustrar sobre este problema crucial que, además de los
autores mencionados, ha sido tratado por infinidad de
economistas.
¿Para
qué les serviría repasar estos conceptos tan importantes?
Para frenar la corrida y, de paso, poner al país en una senda
de crecimiento sostenido.
Es
preciso comprender que la gente retiró la plata de los bancos
no por temor al sistema bancario, sino por miedo a lo que
puede hacer un Ejecutivo que, en los últimos cinco años, se
ha caracterizado por pasarle por encima a todo el orden
jurídico e institucional. Como no hay calidad institucional,
los argentinos huyen de los pesos que emite el Banco Central
y, al mismo tiempo, ponen sus ahorros fuera del alcance de las
manos del Gobierno.
En
definitiva, la Carta Orgánica del Banco Central obliga a sus
autoridades a defender el valor de la moneda. El problema es
que sus autoridades se equivocaron y creyeron que la moneda
que tenían que proteger era el dólar. En todos estos años
de gestión kirchnerista, depreciaron el peso emitiendo y
endeudándose para sostener el eufemismo del “tipo de cambio
competitivo”. Así, defendieron el valor del dólar en
detrimento del peso. Tanto depreciaron el peso que, como
resultado, la gente huye de los papeles pintados que emite el
Banco Central y compra dólares para defenderse de la
inflación que genera el mismo Central y por miedo a las
medidas que vio tomar al Gobierno cada vez que la situación
se complicó.
A
todo esto le agregaría el flaco favor que le hacen al
Gobierno los economistas “pro modelo” cuando dicen que hay
que subir el tipo de cambio. Y no fui yo quien dijo que había
que devaluar, lo dijeron públicamente los economistas amigos
del Gobierno que ven deteriorarse el “tipo de cambio
competitivo”.
En
síntesis, lo que estamos viendo es el resultado de años de
emisión monetaria y ausencia de respeto por los derechos de
propiedad. Las crisis no ocurren porque sí. Son la
acumulación de errores que finalmente estallan. Ellos
desaciertos son la madre del borrego y yo, como no fui ni soy
parte de este gobierno, no tengo nada que ver con la emisión
monetaria ni la violación de los derechos de propiedad. En
todo caso, para explicar la corrida busquen a los responsables
por Balcarce 50, Puerto Madero, Olivos o Reconquista 266.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
El
reclamo del agro es sólo un emergente de todo lo que no se ha
hecho en los últimos años en materia de políticas públicas
en la Argentina.
“El
odio es la venganza del cobarde.” George Bernard Shaw
Posiblemente
sean muchas las lecturas que pueden hacerse de la mentada “crisis
del agro”, un eufemismo más porque la crisis va mucho más
allá del sector agropecuario. En rigor, hay análisis de todo
tipo según quién se encuentra detrás del teclado. Algunos
apuntan al ex jefe de Estado que ha comenzado a mostrar un
desequilibrio importante en el manejo del poder con resultados
impensados. Hay quienes ven la culpa detrás de los grandes
monopolios de granos o del grupo Clarín porque fogoneó el
paro, pero todos ellos no son sino actores secundarios. La
crisis es anterior al reclamo de los ruralistas que sólo son
un emergente de todo lo que no se ha hecho en los últimos
años en materia de políticas públicas en la Argentina.
Néstor Kirchner posee el monopolio del poder político pero
hay un detalle a tener en cuenta: los “dones” del ex
mandatario, que sigue mandando, le fueron otorgados por una
minoría del electorado y un ballotage frustrado. Eduardo
Duhalde, que ahora brega por la bondad de la soja, lo sirvió
en bandeja para que Carlos Menem no pueda acceder a otro
mandato. Hoy esa “paternidad” no aparece en la memoria de
los ciudadanos, y hasta resulta que el jeque bonaerense
pudiera ser bien visto como piloto de tormenta… ¡a tal
punto estamos desesperados! Cristina Fernández representa
casi el mismo caso: puesta a dedo por una sociedad conyugal, y
aceptada luego por un porcentaje de votos que sube o baja
según quién baraje los cálculos. Pero la realidad es una:
ahí están, encerrados en la ofuscación de un rencor que
excede los límites del campo.
¿Por qué no hay grandes novedades en la contienda entre el
Gobierno y el sector agropecuario? Simplemente porque
idénticas afrentas sufrieron antes las Fuerzas Armadas y
nadie pestañeó siquiera. Es cierto que los uniformados no
podían salir a cortar calles porque conjuntamente a su
denigración se vendió una condena generalizada por lo
actuado en los 70. ¿Cómo hacer un cacerolazo para que se
rescaten las bondades de una institución fundacional de la
Nación cuando se instala la idea de que todos sus integrantes
asesinaron jóvenes con ideales? No se tuvo en cuenta que en
sus filas revestían muchos hombres ajenos a la represión,
con vocación de servicio a la Patria. Pero la Patria es un
concepto que los Kirchner jamás entendieron de qué se trata.
Así, dejamos pasar la patoteada y el desguase de las Fuerzas
Armadas. Dejamos que se nos venda, sin ejercer juicio
crítico, una historia distorsionada.
A continuación, los empresarios fueron atacados desde el
atril y puestos bajo el control del Secretario de Comercio,
Guillermo Moreno. Hicieron con ellos lo que quisieron porque,
a fin y a cabo, los números les seguían cerrando. Dejaron
pasar los aprietes y los controles en pro de balances
redituables. Si ellos mismos asumieron el papel de rebaño
frente al gran pastor, ¿cómo se va a solidarizar la calle?
Sumados a la actitud de la “víctima”, se hizo la vista
gorda ante aquellas maniobras non sanctas con las que se
regula el mercado.
El turno le llegó también al clero. Recuérdese que, por
primera vez, un Tedeum no se realizó en la Catedral ya que el
entonces presidente, ordenó un sermón a su medida en una
provincia para demostrar tener carácter federal. La guerra
continuó entre un Obispo y un Ministro de Salud que quiso
liberar a la juventud de lo que él consideraba un mal: la
ética, los valores, la moral. El desencuentro entre Monseñor
Bergoglio y el matrimonio presidencial se perpetúo sin que se
sepa demasiado si acaso se les negó la absolución de sus
pecados. No hubo grandes voces ni movilizaciones demandando
cordura y defendiendo algo que no en vano tiene más de 2000
años.
El periodismo tuvo, tiene y tendrá lo suyo: es el causante de
todos los males para la Presidente. El gremio se defendió
como pudo aún cuando hay tantos celos y recelos en un
ambiente donde debería primar la solidaridad en pro del
servicio que se supone debe brindar. Pero la gente no se hizo
ni se hace eco de los atropellos que le propina a diario el
Gobierno. Es cierto que muchas veces, el mismo periodismo
desdeñó el daño infringido a los ciudadanos al silenciarle
la verdad o al distraerlo con nimiedades pero aún así
podría haber alguna suerte de protección social a quien le
muestra cotidianamente qué es lo que pasa, qué es lo que hay…
La oposición con todas sus falencias, algunas imperdonables,
fue esmerilada y sus votantes no hicieron nada. El electorado
de Luis Patti, sin ir más lejos, no se movilizó ni a Marcos
Paz ni a Tribunales. Y así podríamos seguir enumerando
maltratos sufridos por una dirigencia que se ensimisma ante la
impotencia, y cree que el poder es un arma con el cuál
declarar guerras. Si pierden o ganan no tiene importancia, lo
que cuenta es que nadie advierta la debilidad de su fuerza.
Si acaso gobernaran de verdad, las crisis a las que asistimos
no hubieran tenido ni tendrían lugar. Habría políticas de
Estado en vez de confrontaciones y divisiones de la sociedad.
Habría acuerdos y pactos, reglas y normas, independencia de
poderes y democracia real en vez de un matrimonio que cree ser
el Estado y, en consecuencia, se ocupa de lo que no se tiene
que ocupar. Despoja así al pueblo y a todos los sectores sin
distinción de roles. Ellos quieren el poder divino de los
eclesiásticos, quieren los fusiles de los soldados e
instaurar la obediencia debida para sus funcionarios, quieren
las empresas con sus paquetes accionarios, quieren los medios
para acallar sus errores y disfrazarlos. Ellos quieren los
campos no para sembrar sino para hacerse de la cosecha y sumar
el ganado a su erario.
El pueblo presenció todas las contiendas sin asombrarse
siquiera, recién ahora parece percibir que lo han estado
estafando porque sintieron la mano en los bolsillos y vieron
que sus heladeras no están repletas. “Nunca es tarde cuando
la dicha es buena” dice el refrán pero hemos perdido muchos
años ya. Hoy descubrimos la crisis del agro pero ésta es una
continuidad de tantas otras crisis anteriores provocadas por
la soberbia, la ineficacia y el rencor del gobierno nacional.
Alguien los puso donde están. Ese “alguien” será quien
deba desterrarlos para que dejen de crear contiendas y
batallas donde nadie gana. Pero claro… faltan más de 3
años. En el trayecto será cuestión de reflexionar, mostrar
el “darse cuenta” el próximo año en los comicios
legislativos, aprender a leer entre líneas, y ejercer el
derecho a reclamar sin que ello anule los derechos de los
demás… Tres años debieran alcanzar para terminar de
madurar. Si pasado ese lapso, las urnas no develan cambios,
habrá que asumir que los argentinos hemos pasado de ser
ciudadanos a ser rebaño y nada más.
Sin
ánimo de impulsar a los argentinos a retirar sus depósitos
de los bancos, una evaluación del escenario actual y sus
posibles desenlaces.
Esta
nota no es un intento por fogonear una corrida financiera o
crear un clima de incertidumbre (en todo caso, es el Gobierno
solito quien se encarga de poner todos los ingredientes
necesarios para producir pánico en la población mediante su
discurso y sus acciones), sino que tiene que ver con la
pregunta que me han formulado en los últimos días muchas
personas y que circula fundamentalmente entre la gente común.
A
decir verdad, no es una locura formularse semejante pregunta,
dado que todos tenemos frescos en la memoria lo que sucedió a
fines del 2001.
Por
otro lado, el gobierno de los Kirchner se ha caracterizado,
entre otras cosas, por formular anuncios que nunca se cumplen
y por adoptar cualquier medida con tal de mantenerse en el
poder.
Anuncios
que nunca se han concretado son, por ejemplo, los U$S 30.000
millones de inversiones chinas, los famosos créditos para
inquilinos, la lluvia de gas oil y los créditos a tasas del
9% para las empresas y al 12% para el consumo que se
anunciaron pocos días antes de las elecciones. Néstor
Kirchner también habló de aplicar una política de
desendeudamiento. No obstante, luego de haber hecho una
gigantesca quita, pagarle toda la deuda al Fondo Monetario
Internacional (FMI) y dejando de lado los U$S 28.000 millones
que todavía se les debe a los hold outs, el stock de deuda
pública supera hoy al que había antes del default.
En
cuanto a las medidas, tenemos un Índice de Precios al
Consumidor (IPC) dibujado para ajustar en menos del 42% del
stock de deuda pública (lo que no es más que un default
encubierto), prohibiciones de exportación, destrucción de la
ganadería y la industria láctea, indiferencia por mantener
el orden público cuando piqueteros adictos al Gobierno hacen
escraches a estaciones de servicio o supermercados, ausencia
de policía cuando Luis D’Elía sale a repartir trompadas en
la Plaza de Mayo por el cacerolazo… y el listado puede
seguir.
Lo
concreto es que la administración kirchnerista parece no
reconocer límites frente al avasallamiento del Estado de
Derecho y el sistema republicano de gobierno. Su objetivo
está concentrado en mantener el poder de cualquier forma y
eso implica adoptar cualquier medida con tal de no perder el
control. Se trata de una especie de “el fin justifica los
medios”.
Es
decir, todo vale, desde no cumplir con las exportaciones de
gas a Chile, pasando por manipular el Indec, aplicar impuestos
confiscatorios al campo, romper una negociación con los
productores por una cuestión de conveniencia política
despreciando el futuro del país o tratar de enfrentar a la
sociedad inventando conspiradores. Este gobierno puede acusar
un día a los fondos de inversión de querer que el Indec
muestre una inflación más alta para beneficiarse con el CER,
para luego decir que por culpa del campo hay inflación, a
continuación denunciar a los supermercados por intentan
obtener ganancias desmedidas, culpar a los ganaderos de querer
lucrar con el hambre del pueblo argentino y, finalmente,
afirmar que hay que dejar de hacer soja para reconstruir la
ganadería.
Digamos
que si todo es posible en la Argentina, bajo la era
kirchnerista ninguna medida puede ser descartada por
descabellada.
De
manera que la pregunta que es título de esta nota se explica
porque el gobierno ha demostrado no ser creíble y porque la
ciudadanía percibe que la economía es un caos: se da cuenta
que la inflación está descontrolada, que los precios
relativos están distorsionados, que se vive un clima de alta
tensión política, social y económica y que no se sabe
quién gobierna.
Ahora
bien, creado el clima de desconfianza, ¿es posible un
corralito o alguna acción sobre los depósitos?
El
primer dato a considerar es que quien hoy tiene un depósito
en pesos en una caja de ahorro puede cobrar, en el mejor de
los casos, una tasa de interés cercana al 1%. Con una
inflación del 30% anual, quienes tienen pesos en los bancos
ven como su capital se licua. Lo mismo ocurre con quienes
tiene depósitos a plazo fijo. Con suerte conseguirán una
tasa del 12% anual. De manera que, en cualquier caso, la gente
pierde plata con estas inversiones en pesos.
Como
los economistas pro modelo ya están hablando de hacerle un
“service” al actual esquema económico, lo cual implicará
aumentar el tipo de cambio, la lógica más elemental indica
que mantener los ahorros en pesos significará perder dinero.
Agreguemos que, luego de años de alta inflación e
hiperinflación, la gente reacciona con rapidez para defender
sus ahorros y eso no suele consistir en otra cosa más que
refugiarse en el dólar, que en nuestro país viene a ser algo
así como el “arca de Noé” frente al diluvio que se
avecina.
Veamos
algunos números. Los depósitos del sector privado suman, a
principios de mayo, $ 165.584 millones, aproximadamente unos
U$S 52.000 millones si cada peso se valúa a 3,18 por dólar,
igual que el Banco Central (BCRA) valúa las reservas. Por su
parte, las reservas del BCRA suman U$S 50.000, pero como hay
U$S 19.000 que se compraron contra deuda, las reservas netas
son de U$S 31.000 millones.
Un
retiro del 20% de los depósitos, que fue lo que se produjo en
el 2001, implicaría un retiro equivalente a U$S 10.400
millones. Es decir, el equivalente a un tercio de las reservas
del BCRA.
En
el 2001, se estableció el corralito cuando el BCRA había
perdido la mitad de las reservas. En la actualidad, las
circunstancias son diferentes. En aquel momento, la gente
tenía depositados dólares y el BCRA no podía emitir
dólares para prestarles a los bancos y financiar los pagos en
ventanilla. Ahora, en cambio, lo que hay depositados son pesos
y el BCRA sí puede emitirlos para financiar los pagos en
ventanilla en caso de ser necesario. Entonces, de ocurrir una
corrida financiera, el BCRA podría emitir pesos para
financiar a los bancos y evitar un “corralito”, si bien a
costa de disparar el tipo de cambio y la inflación. La otra
alternativa sería, obviamente, impedir la estampida
inflacionaria y aplicar el “corralito” o una suerte de “Plan
Bonex”.
Hay
dos diferencias más entre el 2001 y el presente. En primer
lugar, en el 2001 había recesión con baja de precios. Hoy,
tenemos inflación con una economía que tiende a
desacelerarse por lo primitivo de las medidas económicas.
Segundo, en el 2001 no existía la gigantesca distorsión de
precios relativos que tenemos en este momento y que todos
sabemos que, más tarde o más temprano, habrá que corregir.
Combustibles y energía son los casos emblemáticos al
respecto.
Veamos
las similitudes. En el 2001, la Argentina tenía cerrado el
acceso a los mercados financieros internacionales, al igual
que ahora. Además, los números fiscales estaban
deteriorados, del mismo modo que por estos días tienden a
deteriorarse a causa –entre otras– de los crecientes
subsidios que deben otorgarse para mantener artificialmente
bajos ciertos precios.
En
síntesis, los datos que tenemos hoy son: a) que la estructura
de precios relativos es un descalabro; b) que la inflación
sigue creciendo, c) que el Gobierno no le hace asco a ninguna
medida intervencionista, por más confiscatoria que sea, como
lo demuestran las retenciones al campo o el default de la
deuda ajustada por CER; d) que las expectativas inflacionarias
de la gente son crecientes; y e) que la confianza en el
Gobierno viene cayendo rápidamente.
El
contexto en sí mismo es un caldo de cultivo para una fuga de
capitales. De ahí a que el Gobierno establezca un “corralito”
o alguna medida confiscatoria de los ahorros de los argentinos
hay un trecho. Ese trecho estará definido por la intensidad
que adquiera la crisis económica en la que ya estamos
metidos.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
En
la Argentina, los hechos pierden su condición de tales y todo
se vuelve una nebulosa de posibilidades de las que nadie puede
probar su verdad o falsedad.
“En
boca del mentiroso, hasta lo cierto se hace dudoso.” Baltasar Gracián
El
caso de Josef Fritzl en Austria acaba de mostrar que la
irracionalidad y el barbarismo no es patrimonio exclusivo de
los argentinos. Sin embargo, los acontecimientos que se
suceden en estos pagos tienen características que los
distinguen sustancialmente, al menos en sus desenlaces. Desde
ya que no es comparable la atrocidad cometida por un monstruo
capaz de secuestrar y someter a su hija con la sinrazón que
se vive, hoy por hoy, en esta geografía. Eso no impide, no
obstante, que observemos la diferencia en el planteo de los
temas en un país y en otro, más allá de lo que implican.
En Austria, conocido el hecho, enseguida se aportaron pruebas,
evidencias e información concreta para verificar que tanto
horror no haya sido fruto de una mente maniquea capaz de
vender ficción por certeza. Acá, las circunstancias puede
que no sean tan siniestras, pero se diferencian por su dejo de
falsedad incluso cuando puedan ser ciertas. En lo que pasa
siempre: hay algo que no cierra. Nunca se sabe si las
crónicas periodísticas forman parte de un compendio de
ficciones o son relatos de la vida real sin agregados ni
afectaciones. No hay respuestas ni pruebas tangibles que
eviten dudar sobre la certeza de los acontecimientos. Lo que
sucede en la Argentina no tiene final, sino suspenso.
Nunca supimos, por ejemplo, quiénes secuestraron a Luis Gerez.
Tampoco sabemos qué fue de Jorge Julio López. Daniel Varizat,
otro misterio. Es que nos preocupamos por un problema y nos
despreocupamos antes aún de resolverlo o de averiguar, al
menos, si fue cierto. Si estos datos por sí solos no revelan
la levedad de un pueblo y, consecuentemente, de un país
entero, bastará con hacer un repaso de los últimos episodios
que fueron noticia, aunque también pudieron haber sido
capítulos de “Patito Feo” o de cualquier otra tira
televisiva.
El humo que sofocó a Buenos Aires fue, finalmente, nada más
que eso: humo. Y a conformarse con esa explicación del
suceso.
La desaparición de Juan Puthod, militante de los Derechos
Humanos, y su posterior aparición representan un misterio
inexpugnable. No hay una voz capaz de explicar qué pasó. El
mismísimo protagonista narra su calvario como un cuento de
Edgar Allan Poe. Todo pudo haber sucedido, o no. No hay forma
de probarlo, así como tampoco es factible desmentirlo. No se
puede aseverar ni poner en tela de juicio. “Mano de obra
desocupada” y “grupos de tareas” son eufemismos que en
democracia ya no indican o no debieran indicar nada.
Las voces oficiales se silencian y, si bien hay imágenes del
después para la prensa, jamás aparecen las fotos del lugar
de los hechos ni de quienes lo cometieron. Es por eso que
tampoco logramos dilucidar con convicción si el ex intendente
de Pinamar, Roberto Porretti, es el malo o el bueno. El video
que se aportó, amén de su poca definición, muestra más un
negociado de dos que la culpabilidad de uno. La solidez de las
evidencias brilla por su ausencia.
Este relativismo en el que vive el pueblo argentino se
manifiesta con más énfasis en los acontecimientos
políticos. Descubrimos América a diario, pero no logramos
avanzar en los casos que realmente sesgan la credibilidad de
la dirigencia y devalúan la política como arte o como
ciencia. Sin ir más lejos, los 50 años de la llegada a la
presidencia de Arturo Frondizi permitieron que recién ahora
muchos descubrieran que el ex presidente tuvo algún mérito.
Políticos que han hecho la antítesis de lo que Frondizi
pregonó aprovecharon para tener un minuto de gloria,
discursear en nombre del estadista y mostrar que todavía
están y esperan el regreso… Y sí, todos no se fueron. Ni
siquiera podemos decir que Martín Lousteau dejó el
Ministerio de Economía, ¿acaso alguna vez se hizo cargo de
la titularidad del mismo o apenas se simuló que lo hacía
para que se especulara con cambios en un gobierno inalterable
en el tiempo?
Posiblemente, la gente ya no busca que le digan qué es verdad
y qué es mentira. Saca sus conclusiones en silencio. Ni se
indigna ante los índices del Indec, ni se previene por lo que
vendrá cuando observa tantas suspicacias en las negociaciones
con el campo. La confianza está minada. No hay jurisprudencia
que pueda hacer creer sin que simultáneamente se dude de lo
que está pasando. No es una duda existencial, ni hay mucha
filosofía detrás. Se explica de manera más sencilla: han
sido demasiadas las mentiras.
De allí que los rumores de cambios en el gabinete no sirvan
más que para ocupar minutos de aire o para que se vierta
tinta en los diarios. Todo cuanto pueda suceder en esta
Argentina da lo mismo porque bien puede ser cierto o ser
falso. Se nos van las oportunidades de progreso entre “dimes
y diretes”, chismes y versiones improbables. No es un
problema de optimismo o pesimismo, tampoco se trata de hacer
una escolástica del escepticismo. No se puede dar crédito a
los hechos cuando no hay nada concreto detrás de ellos. La
palabra de la dirigencia política se devaluó en exceso.
Mauricio Macri aseguró que, en su reunión con el ex
presidente Néstor Kirchner, se le garantizó el traspaso de
la policía. Al poco tiempo, llamó a conferencia de prensa y
mostró sorpresa porque le incumplieron. A los ciudadanos se
nos ha engañado durante años, ¿sería razonable que
todavía creamos? Quizás la duda sea un síntoma de madurez
que merezca aplauso. No hay margen para el asombro. Antes, el
relevo de un funcionario agitaba los mercados y la calle;
ahora, la noticia solamente alegra.
En este orden de cosas, ¿lo que prometa el Ejecutivo al campo
puede resolver esta crisis que, más allá del tinte
económico y político, tiene base y sustento en el modo de
actuar de un gobierno maniqueo? El matrimonio presidencial ha
venido falseando hechos desde hace más de cinco años. Lo que
dicen detrás del atril no se puede luego comprobar. Las
inversiones chinas, las computadoras portátiles a menos de
100 dólares, hasta las bombitas de bajo consumo han sido un
fiasco. ¿Qué nos asegura que el tren bala será algo más
que un “proyecto”? Con lo que se ofrece al respecto, huele
más a la Viedma-Capital de Raúl Alfonsín o al Yacyretá
menemista que a un paso hacia la modernidad en serio.
Nada es totalmente confiable cuando los hechos que pasan en el
país dejan flancos abiertos para que las dudas se instalen.
Cuando la verdad debe buscarse con lupa en vez de ser evidente
y palpable, los anuncios, los cambios y las promesas dejan de
despertar interés y aval en la calle. Si lo que sucedió no
es comprobable, menos lo serán aquellas cosas que dicen han
de suceder en una Argentina donde las ficciones suelen ser
más precisas que la realidad misma.
ARGENTINA,
BOLIVIA Y VENEZUELA, NI LOS PRECIOS INTERNACIONALES LOS SALVAN
DEL CAOS
Por
Roberto Cachanosky (*)
A
pesar de disponer de recursos naturales que se cotizan muy
bien en los mercados internacionales, los tres países
enfrentan momentos críticos porque carecen de instituciones
serias que incentiven las inversiones.
Al
momento de escribir esta nota, todavía no se conocía el
resultado del referéndum en el departamento boliviano de
Santa Cruz por el cual se consultó a la población sobre la
autonomía regional de esa región. Bolivia se encuentra hoy
dividida e, inclusive, el gobierno de Evo Morales habla de la
posibilidad de una guerra civil. Vale la pena recordar que el
departamento de Santa Cruz genera el 30% del PBI del país
andino, riqueza de la cual, obviamente, se aprovechan los
burócratas de La Paz.
Más
al norte tenemos a Hugo Chávez, quien –sentado sobre un mar
de petróleo– está enfrentando serios problemas de
abastecimiento y un gran aumento en los precios de algunos
alimentos. Así, a pesar de que el barril de petróleo está
en niveles récord, el comandante bolivariano se ha
enfrentando con una especie de Rodrigazo, mientras la
población, al igual que en Bolivia, está fuertemente
dividida.
Finalmente,
al sur de América aparecemos nosotros que, con el precio de
las commodities en niveles récord, estamos
sumergidos en una serie de graves problemas como el desborde
inflacionario, la escasez de combustibles, la falta de
energía y el desabastecimiento. A diferencia de lo que sucede
en Bolivia y Venezuela, la sociedad no parece estar aquí
enfrentada, sino que el Gobierno, con su discurso agresivo,
intenta dividirla –sin gran éxito, por lo que se está
viendo–. El típico caso es el del campo. Hoy, para el
Gobierno, todos los problemas que padecemos parecieran tener
como responsables a los productores agropecuarios. Desde la
inflación hasta el humo de los incendios en los campos son,
según el Ejecutivo, responsabilidad de ese sector de la
economía.
Por
ejemplo, la semana pasada el inefable Hugo Moyano decía que
la inflación se había disparado por causa del paro
agropecuario. La realidad es que, cuando se observa la
evolución de las expectativas inflacionarias, se advierte que
las mismas venían creciendo en forma acelerada desde el año
pasado, cuando no había paro agropecuario, y terminaron
disparándose en marzo de este año. Como decía antes, para
Moyano la inflación es culpa del campo. Sin embargo, en marzo
el campo todavía no había hecho ningún paro, mientras los
dirigentes sindicales sí pedían aumentos de salarios que
generaron una estampida de las expectativas inflacionarias.
Argentina,
Bolivia y Venezuela están pasando por momentos críticos a
pesar de disponer de recursos naturales que se cotizan muy
bien en los mercados internacionales porque carecen de
instituciones serias que incentiven las inversiones. No es
casualidad que los discursos agresivos de los tres gobiernos,
que intentan dividir a la sociedad, tenga como resultado
común problemas económicos y políticos profundos. ¿Qué es
lo que pretende Evo Morales? Vivir a costa de lo que producen
los santacruceños. ¿Qué es lo que pretende el gobierno
argentino? Vivir a costa de lo que produce el campo.
Se
trata de sistemas en los cuales unos trabajan mientras otros
rapiñan en beneficio propio y en los que cuando el que es
esquilmado levanta la voz de protesta, pasa a ser un
insensible que quiere lucrar con el hambre del pueblo y tiene
una ambición desmedida de ganancias. Es la vieja historia de
los gobiernos populistas que luego derivan en sistemas
autocráticos: estimulan la vagancia, fomentan la cultura de
la dádiva y explotan a los que producen para financiar la
fiesta populista.
¿Por
qué el populismo deriva en sistemas autocráticos? En primer
lugar, porque en los gobiernos populistas siempre hay un
germen autocrático, una tendencia al autoritarismo. Y,
segundo, porque el populismo se basa en redistribuir y en
castigar a los que producen.
En
la Argentina, por ejemplo, es hoy común escuchar a
funcionarios públicos argumentando que tal o cual sector
ganó mucho dinero en los 90 o durante los últimos cinco
años y que, por tanto, ahora debe sacrificar parte de sus
utilidades para sostener a los más pobres. Si esto es así,
quiere decir que el modelo en marcha no ha sido tan exitoso a
la hora de combatir la pobreza, porque luego de cinco años de
exprimir impositivamente a la población deberíamos estar
asistiendo a una baja de impuestos y no a un aumento dado que
tendríamos que estar repartiendo menos subsidios gracias a
que, según el Gobierno, hay menos pobres. Por otro lado,
nadie invierte porque en el pasado ganó dinero en una
determinada actividad, sino que invierte por las utilidades
que espera obtener en el futuro. Nadie va invertir lo que
ganó en el pasado para perderlo. Se trata de un principio
básico de Economía que parece no entrar en el razonamiento
del modelo económico imperante.
En
los sistemas en los que se respetan los derechos de propiedad,
se incluyen las utilidades porque de nada sirve tener el
título de propiedad de un bien si el Estado decide cómo debe
usárselo, se apropia de las utilidades que genera y amenaza
constantemente con confiscar el fruto del trabajo de los
propietarios.
La
función social de las utilidades es, justamente, atraer
inversiones para generar más riqueza y trabajo. Si un sector
obtiene utilidades más altas que el promedio del resto de los
sectores productivos, habrá nuevos inversores que querrán
entrar en el negocio. Así, invertirán, producirán más,
crearán más puestos de trabajo y los pagarán mejor. Ésta
es la fórmula que encontró la humanidad para desarrollarse y
los países que la aplicaron hoy tienen poblaciones que
disfrutan de altos niveles de vida. El esquema de progreso es
muy sencillo: respetar el fruto del trabajo ajeno y permitir
que se desarrolle la capacidad de innovación.
Cuando
el Estado se apropia de las utilidades, desestimula la
inversión, reduce la producción porque desaparecen los
productores marginales y aumenta la pobreza. Al aumentar la
pobreza, comienza el descontento popular y es en ese punto
cuando la falta de libertad económica conduce a la
limitación o eliminación de las libertades civiles y
políticas.
¿Por
qué? Porque al aumentar la pobreza, fruto de la expoliación
estatal, el descontento popular sólo puede frenarse con
medidas represivas, persiguiendo a los opositores, inventando
conspiraciones y silenciando a la prensa.
Ese
que el populismo únicamente puede subsistir mientras tenga
alguien que produzca para financiar la repartija de dádivas.
Pero como ahoga la producción, cada vez se genera menos
riqueza y hay menos recursos para repartir. Es entonces cuando
la presión impositiva se transforma en salvaje y se recurre
al monopolio de la fuerza del Estado para violar los derechos
de propiedad confiscando utilidades o, directamente, el
patrimonio de la gente. Es decir, el populismo ya no se
financia apropiándose de las ganancias, sino que directamente
lo hace consumiendo el stock de capital existente. Esto sigue
hasta que se acaba el stock de capital y los gobiernos
populistas ya no tienen forma de mantenerse en el poder salvo
utilizando los mecanismos más aberrantes para silenciar a la
población.
Si
la gente no tiene libertad para producir su propio sustento y
debe recurrir al burócrata de turno para subsistir, la
cuestión es muy clara: se obedece al mandamás o no se come.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
“El
compromiso es intrínseco al nacimiento del ser humano.
Nacemos comprometidos.” Voltaire
Yo
no sé si este país me llevará a la locura, si es cierto
aquello que cuenta Woody Allen que le dijo su terapeuta y “a
lo mejor, la vida no es para cualquiera”… No sé siquiera
si algo pueden aportar estos renglones escritos a la luz de un
sueño y mil desvelos. No hay datos de la política que me
tornen una amenaza para el Gobierno ni me conviertan en una
oferta interesante para los grandes medios. La prosa es
malograda y, pese a los años de estudio, el don de la palabra
se ausenta a veces en los momentos más inciertos. Es,
entonces, cuando advertimos que sólo tenemos los sentimientos
sin saber como traducirlos. Sin embargo, los sentimientos no
cotizan en esta Argentina. Con querer un país mejor nada
hacemos. Y aquello que sentimos por nuestros pares a menudo se
lo trivializa, se lo distorsiona, se lo rotula, como si el
amor al prójimo admitiese etiquetas impuestas de afuera,
ponderaciones socialmente correctas o algo por el estilo.
En este trance de confesiones sensibleras, puedo decir que,
ciertamente, yo no quiero a este gobierno. ¿Peco por ello?
Desde hace cinco años vengo esgrimiendo las causas por las
cuales los Kirchner no despiertan en mí más que un rechazo
supino. No se trata del carisma que no tienen ni del atril del
Salón Blanco donde se refugian de la gente, ni siquiera de
una ideología distinta. No. No pienso como ellos, pero eso no
hace necesariamente que tenga esta sensación de rechazo. Lo
que me provoca rechazo son las formas de maltratar a los
habitantes del norte, del sur, de todas partes. Rechazo que
quieran anular el futuro con un pasado distorsionado. Rechazo
que se olviden de los niños y de los jubilados.
Me rodean personas con opiniones y perspectivas distintas en
los distintos órdenes de la vida. De ellas aprendo,
compartimos puntos de vista, los discutimos en un mano a mano
donde nadie gana ni pierde, sino que todos nos enriquecemos.
Nos escuchamos, un síntoma de educación, otro término
olvidado por los dirigentes de hoy.
Con este gobierno pasa todo lo contrario. No acepta un simple
artículo que disienta con sus objetivos. Quieren callarnos.
Nos ubican en listas como si fuéramos amenazas cuando sólo
somos intérpretes o analistas de una realidad que, desde este
lado del escenario, se ve distinta.
No veo el crecimiento de este país cuando salgo y en los
portales hay gente indigente durmiendo. No veo el renacer de
la Argentina cuando, de ser el granero del mundo, pasó a
estar desabastecida (y no me refiero a ahora que el campo
reclama ser parte de esta geografía). No veo representantes
del pueblo, observo en contrapartida un rebaño que se mueve
en un recinto según las directivas del Poder Ejecutivo. Menos
todavía puedo comprender a la Justicia en estos días. Luis
Patti salió del penal de Marcos Paz y, a la semana, volvió a
entrar allí sin que las pruebas del delito que supuestamente
ha cometido salgan a relucir. Por más analista que uno pueda
ser, que un diputado electo que nunca asumió su cargo salga y
entre de una cárcel no admite racionalidad: si el Congreso
aprobó el desafuero ahora, ¿no significa eso que Patti
estuvo cinco meses preso con fueros y, en consecuencia, de
manera ilegal? Sin duda, la interpretación oficial no
llegará, ya que no ha habido fiscal capaz de averiguar qué
estuvo pasando o qué hay detrás de toda esta comedia vendida
como realidad.
No hallo en los diccionarios actuales una definición de la
Argentina que se aleje de mencionar su extensión, su densidad
poblacional, las características de su clima y algún que
otro dato. Información que no explica realmente de qué se
trata este lugar. Es un enigma que pone en duda, en el siglo
XXI, hasta la prosapia de sus próceres y sus hacedores.
Encontré, sí, una vieja descripción que dio el Diccionario
de la Real Academia en 1919. Entonces, me quedé sin letra
para esta columna que se supone debe analizar la coyuntura…