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OPINIÓN
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04/08/2008
DEMASIADAS
ARGENTINAS EN UNA MISMA GEOGRAFÍA
Por
Gabriela Pousa (*)
El
país, completamente fragmentado y dividido, se debate entre
diferentes realidades, necesidades, prioridades y destinos.
Parece
mentira cómo se va transformando la Argentina. Poco queda de
aquel país que conocí a través del diálogo con mi abuelo,
argentino por opción. No reconozco ni el paisaje urbano ni
siquiera al porteño o al provinciano tal como él los describía.
Pareciera que los códigos y valores que acunaron a tantas
generaciones se fueron desdibujando. Quizás eso puede que sea
un mal universal. No somos, los argentinos, como a veces se
cree, ni los mejores ni tampoco los peores. Sin embargo, de un
tiempo a esta parte, la división de la sociedad forjó o puso
en evidencia un sinfín de diferencias que hacen visible la
partición misma de la nación.
Hay un país lidiando por sobrevivir, afrontando luchas que
jamás hubiese creído tener que encarar porque no fue formado
para la batalla, sino para la civilidad.
Hay otra Argentina que simplemente espera, con mayor o menor
ansiedad, el regreso a la cordura. Resulta extraño decirlo,
pero aquello que se aguarda es: “normalidad”.
También está la República soñando con volver a ser, con
recomponer la institucionalidad que lejos está de reducirse a
una rueda de prensa donde se responde a los interrogantes con
oratoria adornada, eufemismos, burlas y palabras vacías, sin
contenido.
Y está esa otra nación que excede todo esto, que vive en una
realidad propia, limitada a los metros cuadrados donde ha
quedado confinada. Una Argentina transformada en herramienta
clientelista para los objetivos de la dirigencia, sin ideal.
Ese país, que es un medio y no un fin en sí mismo, no estaba
el sábado en La Rural ni en Olivos. Mientras Cristina Fernández
de Kirchner sonreía tensa a las cámaras, tal vez más
preocupada porque no se le corriera el rímel ni se
advirtieran las cirugías, esa fracción de la Argentina
sepultaba dos criaturas. Dos víctimas de la desidia, de
quienes están más atareados en demostrar quién manda que en
el mismísimo ejercicio de mando.
Para el Ejecutivo, el hallazgo macabro de restos humanos no
vale nada, a no ser que pueda utilizarse como epopeya de una
política de “derechos humanos”, en exceso desvirtuados.
Política de anticuario: los huesos de desaparecidos en los años
setenta cotizan más que aquellos hallados en estos días. Los
dos chiquitos masacrados y sus padres enterrados horas antes
pertenecen a la Argentina anémica, al país de la acefalía.
Un área donde la marginalidad es soberana y la sangre corre
con la impunidad que da el saber que, a las demás Argentinas,
esto no les importa nada.
Claro, si se tuviera que hacer un minuto de silencio cada vez
que se halla un cuerpo víctima de la inseguridad –o, para
dejar de lado los eufemismos, víctima del desgobierno y de
una justicia incomprensible e irracional–, sería este un
escenario sumido en un mutismo total. En menos de 48 ó 72
horas, la familia asesinada por un criminal condenado a cadena
perpetua que vivía en su casa, con una “pulsera” que podía
quitarse sin demasiada dificultad, pasará al olvido. No habrá
siquiera crónica periodística que conmemore la atrocidad
hasta que no suceda un caso similar y, entonces, se realicen
las cronologías de antecedentes en la materia. Cuando eso
pase, las Argentinas paralelas volverán a horrorizarse y
comentar en sobremesas una vez más. En ciertas latitudes,
puede que sea una luz de alerta: si el tema no desaparece de
las portadas con urgencia, corre peligro el despacho y la
chapa de ministro o funcionario a cargo. ¿A cargo…?
Entretanto, hay Argentinas sectoriales que bregan, con lícito
derecho, por sus intereses pues han puesto en ello esfuerzo y
tiempo: el único recurso no renovable. Como es apreciable, no
sólo difiere esta Argentina siamesa en el paisaje, sino también
en sus posibilidades. Lejos de la distribución del ingreso,
que apenas es un eslogan para recuperar la dilapidada caja
oficial, el país se va deshaciendo. Divididos de este modo,
es complejo aventurar un escenario donde, por ejemplo, un voto
a conciencia en el Parlamento no sea una gesta magna, sino una
conducta habitual; donde una conferencia de prensa sea parte
de la rutina de quienes deben dar cuenta a la ciudadanía de
su hacer y también de la metodología, no porque se busque
desestabilizar, sino porque se los ha elegido, precisamente,
para ejecutar políticas y no para encapricharse y crear
antinomias y hostilidad.
La Argentina de Cristina, que es Kirchner
En este contexto, donde se ratifica, día tras día, que se
hará lo opuesto a lo que demanda, en general, la sociedad, no
es factible prever un escenario de verdadero diálogo. Seguirán
los monólogos y las órdenes se ejecutarán hasta que el
hartazgo y las demás Argentinas comiencen a mostrar que aún
hay espacio para quienes quieren desertar. En definitiva,
mientras la guerra inútil y absurda siga siendo el eje
central, el campo de batalla en que se ha transformado la
Argentina oficial irá perdiendo hombres, recursos y medios
para sustentar el poder debilitado ya por la pérdida de energías
que implica vivir en la confrontación y en la orgánica
mentira. Sin adversario que acepte el rol de enemigo situándose
en otro bando, no habrá manera de continuar. “Dos no pelean
cuando uno no quiere”, reza el refrán.
Lo que sigue también es obviedad: el repliegue, la retirada,
una suerte de final. Antes o después, cuando se tenga en
claro de qué manera hacerlo para no mostrarse vencidos o para
posicionarse como víctimas de algún invento conspirativo
aunque no queden villanos o agoreros del mal que permitan ser
utilizados como tal, se pulverizará ese epicentro que, en
poco más de un lustro, logró diezmar la Argentina hasta
convertirla en archipiélagos, en islas…
Mientras un discurso para inaugurar una muestra del sector
agropecuario no pueda ser una alocución que ponga de
manifiesto resultados y proyectos y deje asomar la dignidad de
hacer Patria a través del trabajo rural, en vez de ser una
coraza o un pedido para poder crecer y progresar; mientras las
ideas y convicciones no se organicen y aúnen por sus
semejanzas y objetivos, sino que se disipen y vendan según la
conveniencia y oportunidad espacio-temporal, es muy difícil
aventurar cambios de envergadura en estas latitudes.
Podrá convocarse a los medios, cambiarse un funcionario y
hasta definirse teóricamente si quedarse con el Partido
Justicialista o concertar que todo va a seguir medianamente
igual. Ante este panorama, cualquier análisis político puede
simplificarse haciendo un “ta-te-ti” de nombres que
desertarán, infiriendo que el campo ganó con su muestra
frente a la manipulada conferencia de prensa con reglamento y
manual, suponiendo que el leitmotiv de la revuelta social
cordobesa es fruto de un régimen obsoleto de coparticipación
federal o probando que la previa se gestó en Balcarce 50.
En rigor, pueden analizarse puntos y comas de cada oratoria
escuchada este fin de semana y concluir quién mintió y quién
dijo la verdad, o a quién se aplaudió más. Pero nada de eso
aporta a este rompecabezas deshecho en que se convirtió la
Argentina. Hay que lograr que las fichas vuelvan a encastrarse
de manera tal que quede armónico el paisaje. Y “podemos
hacerlo ahora o esperar al 2011”. La paradoja es que la
elección no es de nosotros ni de los demás. La decisión está
del lado de la Argentina de Cristina que es Kirchner, o de
Kirchner que es Cristina.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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04/08/2008
PENSANDO
EL POST KIRCHNERISMO
Por
Roberto Cachanosky (*)
El
fracaso del modelo económico y de un estilo de hacer política
abre la posibilidad del advenimiento de una verdadera democracia
republicana y un gobierno limitado.
Tanto
el ex ministro de Economía Roberto Lavagna como algunos sectores
de la izquierda están preocupados porque consideran que el
estrepitoso fracaso al que nos está conduciendo el modelo
kirchnerista provocaría un retorno de la derecha al gobierno y a
la política económica.
Vaya
uno a saber qué entienden por derecha, pero es fácil advertir
que –en esa mezcla de conceptos en que suelen incurrir–
identifican a la derecha con la palabra neoliberalismo, invento
reciente para no decir directamente liberalismo.
Quienes
así piensan consideran que la crisis del kirchnerismo es
consecuencia, únicamente, del comportamiento agresivo y de la
permanente confrontación del matrimonio. Olvidan o desconocen
que, en realidad, el modelo económico propuesto por los Kirchner
estaba inexorablemente condenado al fracaso, más tarde o más
temprano. Lo que sí puede decirse es que, si bien el modelo era
inconsistente en sí mismo, tanto el matrimonio como su
disciplinado soldado Guillermo Moreno han conseguido acelerar y
profundizar una crisis que era inevitable al agregarle a la
inconsistencia del modelo ingredientes propios de la Inquisición.
¿Qué
temen Lavagna y la izquierda que pueda venir luego de la caída
del modelo? ¿El respeto por las instituciones republicanas y al
derecho de propiedad que atraen inversiones y generan crecimiento?
Porque no debe olvidarse que la gran conquista de Occidente fue el
movimiento liberal que logró limitar el poder de los monarcas
para que estos dejaran de abusarse de su posición para esquilmar
a los contribuyentes, sometiéndolos a sus caprichos.
El
movimiento liberal no sólo consiguió eliminar las
arbitrariedades de los gobiernos autocráticos sino que, además,
fue el principal abanderado de los derechos humanos al limitar el
uso de la fuerza de los monarcas contra sus súbditos, al tiempo
que fue el gran defensor de la libertad de expresión y otras
libertades civiles y políticas.
De
manera que si hoy se teme al liberalismo, en verdad a lo que se le
tiene miedo es a que la Argentina consiga establecer una
democracia republicana que, al limitar el poder del Estado,
termine con las arbitrariedades y elimine la corrupción, o al
menos impida que ésta no sea cobijada por la impunidad.
Viendo
la velocidad de crucero a la que marcha el gobierno de los
Kirchner rumbo al iceberg, el principal temor que aparece en
varios sectores de la dirigencia política es el de perder los
privilegios y el modelo de negocio basado en subsidios,
protecciones y demás tipo de medidas intervencionistas que
generan rentas extraordinarias en determinados sectores
productivos a costa de los ingresos de los ciudadanos. En otros términos,
el miedo al liberalismo es el miedo a la competencia, a la inversión,
a la capacidad de innovación y a la ausencia de mercados
cautivos. El miedo a que el Ejecutivo sea controlado por el
Legislativo y la Justicia actúe en forma independiente.
Dos
modelos claramente contrapuestos se presentan para el post
kirchnerismo. Uno es el de la libertad, la mejora de los ingresos
en base a las inversiones, la limitación del poder y el respeto a
la propiedad. El otro es el de continuar con este sistema
decadente que es funcional a las ambiciones de poder de amplios
sectores políticos, empresariales y sindicales. Esa ambición de
poder se sustenta en mercados cerrados a la competencia para tener
subordinados a los empresarios. Les dan el mercado cerrado para
que ellos obtengan, con bajas inversiones y escasa competitividad,
altas tasas de rentabilidad. A cambio de este beneficio, están
dispuestos a sacrificar parte de su rentabilidad para calmar a la
población con simples limosnas.
A
su vez, el poder ilimitado de los gobernantes les permite no sólo
controlar a sectores empresariales, sino que, además, el
mantenimiento de la pobreza es funcional a sus objetivos de poder.
Cuánta mayor pobreza, mayor es la dependencia de la población
para subsistir gracias a las dádivas del gobernante de turno y más
votos cautivos se consiguen.
¿Qué
pestes tan terribles traería el liberalismo ante el fracaso
kirchnerista? Las tan terribles pestes serían que se acabarían
los peajes que cobran los burócratas para aprobar un formulario
para que la gente pueda trabajar, dado que se eliminarían las
arbitrarias regulaciones, fuente inagotable de corrupción. Otra
peste que sobrevendría con el liberalismo sería la creación de
condiciones institucionales para que llegaran inversiones y se
crearan más puestos de trabajo, mejor remunerados y con mejores
condiciones laborales. La tercera peste que sobrevendría sería
la eliminación del regresivo impuesto inflacionario. La cuarta
consistiría en que los argentinos, ante la seguridad jurídica,
dejarían de fugar sus capitales hacia los países desarrollados y
los repatriarían para financiar nuestro propio crecimiento en vez
del de EE.UU. como lo hizo Néstor cuando giró los fondos de
Santa Cruz al exterior. La quinta peste sería terminar con la
expoliación impositiva de los ciudadanos para mantener a una legión
de ñoquis e incapaces que viven a costa de los que trabajan
honestamente. La sexta consistiría en que todos los gastos del
Estado serían debatidos y controlados por el Congreso de la Nación.
La séptima implicaría establecer un verdadero sistema federal
impositivo para que las provincias y los municipios no tengan que
mendigar en Buenos Aires fondos que les pertenecen. La octava
peste pasaría por integrarse al mundo para vender los productos
que se producen en la Argentina, incrementando el comercio
exterior para aprovechar un mercado de 6.000 millones de
consumidores potenciales.
Podría
seguir enumerando pestes que vendrían con la llegada del
liberalismo. Sin embargo, no vale la pena, porque esas pestes no
serían para los argentinos sino para los inescrupulosos políticos
que se han aprovechado del poder para esquilmar a la población
aumentando sus cuentas bancarias.
A
raíz de la crisis del campo, mucho se ha hablado de una lucha por
la dignidad y también se ha intentando poner de rodillas a todo
aquel que se opusiera a ser denigrado.
El
post kirchnerismo le dará a la Argentina una nueva oportunidad
para salir de esta larga decadencia en la cual se denigra a los
habitantes. Tendremos la oportunidad de establecer una democracia
republicana, con gobierno limitado y libertad económica que no sólo
terminará con la decadencia, sino que –lo que es más
importante– nadie tendrá que ponerse de rodillas frente al
mandamás de turno para poder trabajar en paz, por pensar
diferente o para recibir alguna limosna. En síntesis, el debate
será entre estar todos de pie, con dignidad y libertad, o seguir
sometiéndonos a las denigrantes arbitrariedades de funcionarios
inescrupulosos.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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28/07/2008
TODO
PASA Y TODO QUEDA
Por
Gabriela Pousa (*)
“Pero
no era la felicidad, era tan sólo una tregua.”
Mario
Benedetti
Ante
todo, debería aclarar que estas líneas no pueden
considerarse sino como un aporte al gobierno nacional. De no
ser interpretadas de ese modo, entonces, basta decir que son
apenas “conjeturas” que no intimidan y mucho menos
desestabilizan (ver, al respecto, reciente
jurisprudencia).
¿Por
qué esta aclaración? Pues porque cualquier opinión
manifiesta que no concuerde con el deseo del matrimonio que
ocupa la presidencia, parece tener acceso directo a alguna
lista donde el oficialismo aglutina conspiradores,
desestabilizadores, etc. Lista que por cierto, es cada vez más
extensa. En breve, poca será la diferencia entre esta y la guía,
sumando claro está, las páginas blancas, las doradas y las páginas
amarillas…
Entre
tanto, “todo pasa y todo queda”, como dice el poeta. La
mejor exégesis del llamado “nuevo” escenario político
nacional, la da una sola imagen ratificando aquello que suele
decirse cuando se le adjudica mayor definición que mil
palabras: a escasos minutos de la asunción, el flamante Jefe
de Gabinete, se sentó entre medio de Julio De Vido y Ricardo
Jaime. Una perfecta fotografía de la realidad. Más allá de
sus manifiestas buenas voluntades, que en política
lamentablemente no gravitan, Sergio Massa inauguró su asenso
con una suerte de cátedra sobre los beneficios de la
nacionalización de Aerolíneas Argentinas. Como si el cargo
no lo hubiera sorprendido, como si hubiese estado estudiando
el libreto a recitar con antelación a aquello que se presentó
a la ciudadanía como medida sorpresiva ante un “portazo”
inesperado para quienes habitan la residencia de Olivos. En
algún momento habrá que detenerse a analizar por qué todo
cuanto sucede tiene un tufillo diferente a cómo se lo
vende…
La
llamada “oxigenación” pedida por diferentes sectores de
la sociedad tras la, ahora asumida, derrota del kirchnerismo
en el Senado derivó en la salida del inefable Alberto Fernández
capaz de conmover peligrosamente, aunque sea por un instante,
con su crítica sagaz a ciertos des-manejos de los últimos
conflictos en el seno del poder, dilatados pero no resueltos,
es decir, tratados al mejor “estilo K”. Estilo que sigue
en su apogeo sin que se lo haya abandonado jamás.
Ahora
bien, el primer síntoma a tener en cuenta es la desmedida
algarabía por una partida, (posiblemente maquillada o
furtiva), y el arribo de Sergio Massa como si este llegara con
una varita mágica a renovar en forma inmediata la función pública.
Es obvio que los argentinos necesitan aferrarse a una
esperanza con desesperación casi malsana. Basta observar cómo
el vicepresidente, Julio Cobos, se transformó en héroe de la
noche a la mañana, para entender la conducta social característica
de un pueblo sumido en la carencia, y anoticiado tardíamente
del fraude que representó votar a Cristina Fernández si daba
lo mismo no votar, y que Néstor Kirchner siguiera, como
sigue, en su lugar.
Los
signos de madurez que, de tanto en tanto, algunas
manifestaciones populares dejan aflorar, no terminan de
afianzarse, y se pasa raudamente de la crisis a la
naturalidad. Es cierto que los procesos de transformación
social siempre fueron largos, con un sinfín de vaivenes en el
medio de la trama donde se suelen gestar. En ese sentido es
injusto juzgar cuando los cambios aún no se han producido y
hay asignaturas pendientes que saldar.
Este
reemplazo de un funcionario o dos, con amenazas de algunos más
que se supone, antes o después, también se irán es
superficial frente al reclamo de “oxigenación”. Y es que
el problema central no son los nombres sino la permanencia de
un modelo de hacer política, basado en la confrontación, el
apriete y la división social, que se perpetúa sin que nada
lo haya alterado y sin que la experiencia enseñe o el fracaso
convoque a la reflexión en vez de asentar la porfía del
error. No es Guillermo Moreno ni siquiera Luis D’Elía el
problema. El problema es la metodología kirchnerista
cualquiera sea quien la ejecute más abajo o más arriba. Ni
el INDEC, ni las retenciones, ni las tarifas o la
nacionalización de Aerolíneas son conflictivos por sí
mismos.
Las
demandas perentorias de la gente desoídas, los inocultables
traspiés, el visible rumbo cuesta abajo en el que vamos no
han generado reacciones consecuentes con un cambio.
Posiblemente, pretender que la sociedad política y conyugal
que dirige a la Argentina, reaccione frente a lo evidente es
pedir una transformación estructural, para la cual han
demostrado, innumerablemente, absoluta incapacidad y desgano
soberano.
Ante
el estallido del conflicto, apenas si responden con un retiro
“espiritual” en El Calafate, un silencio que dura entre 48
y 72 horas no más, y la ratificación del “estilo K” con
redoblada apuesta a un modo de gobernar y de vivir, el cual si
se quiere es aún más complicado y difícil de alterar. La
crispación, la altanería y la estrategia del as en la manga
mantienen a la ciudadanía en un estado de incertidumbre que
no le permite definir si creer y apostar, regresar al hastío
o mantenerse alerta porque puede llegar, en el momento menos
pensado, la estocada final.
Lo
cierto es que, en el mientras tanto, “todo pasa y todo
queda”. Pasó la glorificación de Alfredo De Angeli cuyo
paradero ni siquiera se sabe ya, pasó la ausencia en el
escenario de Néstor Kirchner generando una inexplicable
sensación de regreso al llano, situación impensable tratándose,
nada más ni nada menos, que del artífice del “estilo K”,
pasó el festejo del campo al tamizar que, sin política
agropecuaria con reglas de juego definidas y respetadas, no
hay forma de progresar, pasó el vendaval de oxígeno y
excitación que provocó en el Senado una oratoria sin gritos
ni agravios desempatando a favor del reclamo social…
Pasó
tanto en realidad que los almanaques parece que hubiesen
dejado caer hojas en cantidad, y sin embargo, fueron pocos días,
un par de semanas, nada más. Y todo está maquillado pero
esencialmente igual. No se trata de pesimismo ni de profecía
porque definir lo que vendrá es casi un enigma, un
rompecabezas con fichas que no encastran para avizorar un
escenario de progreso y paz u otro de conflictividad que
derive en una nueva batalla campal.
Lo
cierto es que, el sector agropecuario, aportó mucho más que
un reclamo sectorial. Legó una radiografía sin distorsión
de la metodología kirchnerista incapaz de variar por su
naturaleza intrínseca. Si las voces que se sumaron al grito
rural acallan creyendo que, alterando nombres en un gabinete
que no gestionó jamás, las soluciones ya están; antes de lo
pensado volveremos a encontrarnos señalados, etiquetados y
vueltos a convertir en enemigos desprevenidos en medio de una
guerra que sólo en apariencia había cesado. Sino, ¿por qué,
en Balcarce 50, sigue acumulándose arsenal? Se disparan entre
ellos con agravios, y afanosamente se busca la figura capaz de
devolver alguna suerte de unidad que sólo la mentada
“caja” oficial, cuando estuvo abultada, pudo conquistar.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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28/07/2008
SE
CONFIRMA EL RUMBO DE COLISIÓN
Por
Roberto Cachanosky (*)
En
mi nota
de la semana pasada, me
mostraba escéptico sobre un posible cambio en las formas y el
fondo de la política de Cristina Fernández de Kirchner a partir
de la derrota que sufrieron en el Senado, no solo a manos de
Cobos, sino de una importante cantidad de senadores peronistas y
radicales k que no acompañaron el proyecto oficialista.
¿Por
qué pensar que los Kirchner iban a aprovechar las nuevas
circunstancias para cambiar, si durante 5 años vinieron
desaprovechando las fabulosas oportunidades que nos dieron los
mercados internacionales para lanzar una etapa de crecimientos
sostenido?
La
sola lectura de los fundamentos del decreto que debería haber
derogado la resolución 125 reflejan ese espíritu de confrontación
permanente que ya no puede explicarse como una táctica política
sino que, desde mi punto de vista, ha pasado a ser tema de otras
disciplinas como la psiquiatría. Y no es una ironía el hacer
referencia a las ciencias médicas dado que no es fácil explicar
porqué causa el matrimonio presidencial parece gozar tanto con la
agresión verbal, la división de la sociedad y las
descalificaciones. Los dichos de Cristina Fernández de Kirchner
sosteniendo que la clase media se equivoca si cree que su progreso
se debe a su esfuerzo personal, sino que se debe a las políticas
por ella aplicadas, son una clara muestra de ese comportamiento de
agredir a los sectores que, ya en el 2007, no la acompañaron con
su voto. Así que los Kirchner parecieran tener una incontenible
vocación por ganarse enemigos. Si en el 2007 la clase media
urbana le votó en contra y en el 2008 el matrimonio no tuvo mejor
idea que pelearse con los sectores rurales que la apoyaron con su
voto, lejos estamos de poder apelar al análisis político para
explicar semejante comportamiento. Claramente el matrimonio está
decidido a chocar el barco contra el iceberg y hasta pareciera
estar disfrutando con los destrozos que van a causar.
No
debe extrañar, entonces, que el leal ex jefe de Gabinete, Alberto
Fernández, haya optado por saltar del barco, haciéndome recordar
el salto que, oportunamente, también dio Roberto Lavagna allá
por fines del 2005 cuando la inflación empezaba a convertirse en
un dolor de cabeza.
Nuevamente,
con la renuncia de Fernández, comenzaron los comentarios sobre la
oportunidad que tenía la presidente de oxigenar su gobierno, de
cambiar el gabinete y de alejar a su marido de la gestión
presidencial.
Bastó
que, otra vez, los analistas formularan esta última sugerencia
para que, nuevamente, Cristina decidiera, en un mismo día, acudir
a dos actos públicos junto con su marido. ¿Cuál es el mensaje
que uno recibe frente a semejante comportamiento? Ni se les ocurra
que voy a cambiar.
Otro
dato a tener en cuenta. Quienes apostaron a que luego del
cachetazo en el Senado y la renuncia de Fernández venía el
dialogo, el nuevo secretario de Agricultura dijo que no iba a
recibir a la Comisión de Enlace del campo sino que iba a recibir
a las entidades por separado. En otras palabras, de entrada
plantea un conflicto innecesario, forzando una nueva situación de
conflicto, de la cual parece gozar el elenco gubernamental.
Hagamos
un pequeño resumen de la situación del matrimonio presidencial.
Electoralmente tiene en contra a los grandes centros urbanos y a
las zonas rurales. Solo les queda (¿?) el conurbano bonaerense
siempre y cuando la inflación no termine de alejarlos del
oficialismo.
La
caja que los ayudaba a disciplinar a gobernadores e intendentes ya
no es tan abundante (¿lo habrá percibido Alberto y por eso
renunció?). Basta con ver las transferencias de recursos no
coparticipables a las provincias para darse cuenta que estas
empiezan a estar en serios problemas. Cuando se compara el primer
semestre de este año con el primer semestre del año pasado, las
transferencias a las provincias subieron solamente el 10%. Muy por
debajo de la inflación y del 36% que se incrementaron los gastos
corrientes.
El
otro dato relevante es que los gastos de capital, obras públicas,
subieron nada más que el 17,4% primer semestre contra primer
semestre. Como referencia vale la pena tener en cuenta que en el
electoral primer semestre del 2007 los gastos de capital
aumentaron el 42% con relación al primer semestre del 2006.
En
otras palabras, la pregunta que deben estar formulándose más de
un gobernador e intendente K, es, ¿para qué alinearme con el
matrimonio si tengo problemas financieros y, encima, no me mandan
plata para las obras públicas? El apoyo al matrimonio empieza a
ser puro costo y cero beneficio para más de un intendente y
gobernador.
Como
si todo esto fuera poco, la inflación no solo se ha comido los
salarios reales, llevando a nuevas negociaciones, sino que el
llamado tipo de cambio competitivo ha dejado de serlo. Como
referencia, tomemos el “Índice Big Mac” que elabora la
revista The Economist. En abril del 2003 un Big Mac
costaba U$S 2,70 en EE.UU. y U$S 1,43 en Argentina (el tipo de
cambio, en ese momento, era de $ 2,88). En julio de este año un
Big Mac en EE.UU. cuesta U$S 3,57 y en Argentina U$S 3,64. Este
solo dato confirma mis anteriores afirmaciones de que el tipo de
cambio real ha vuelto a los niveles del 2001, con lo cual el corazón
de la política económica del Gobierno ha quedado destruido.
De
los superávit gemelos, vemos que el superávit de balance
comercial tiende a evaporarse, por un menor ritmo de crecimiento
de las exportaciones y por un acelerado aumento de las
importaciones, sobre todo por el incremento de las importaciones
de combustibles para paliar la crisis energética. En el primer
semestre de este año, dichas importaciones se duplicaron respecto
al 2007. Paralelamente el superávit fiscal, cuando se le quita la
contabilidad creativa, también se deteriora. Así que los superávit
gemelos también tienden a desaparecer.
En
síntesis, no sólo los Kirchner siguen batiendo récords en la
tarea de conquistar más enemigos políticos sino que, encima, la
economía ya no les sonríe como un par de años atrás.
A
pesar de todo eso, no están dispuestos a cambiar el rumbo y
muestran una férrea decisión de seguir con la confrontación, ya
sea por estrategia o por cuestiones que, a esta altura, solo la
psiquiatría puede explicar.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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21/07/2008
LOS
CIUDADANOS SON LOS ÚNICOS GENERADORES DE CAMBIO
Por
Gabriela Pousa (*)
Ni
los políticos ni el Gobierno, sólo la sociedad puede lograr
la profundización de un gesto que renovó el aire viciado.
Apenas
una semana atrás, una suerte de hartazgo sofocaba a los
argentinos, parecía que ni un milagro fuese posible en un país
diezmado. Algunas voces acunaban vagas esperanzas pero no
estaba claro si se trataba de deseos o pálpitos. Luego
sobrevino la algarabía. Un número impreciso de ciudadanos
relegaron, aunque sea por un rato, sus apetencias personales
en pro de un objetivo común: un cambio. Las estadísticas
perdieron ya el prestigio de antaño, de manera tal que no es
fácil establecer cuantos argentinos rodearon el Monumento de
los Españoles consustanciados con el campo, y cuántos
estaban allí bregando simplemente para que se los considere
humanos, cansados de vivir en el hastío, como rebaño.
En
lo cotidiano, uno está dispuesto a aceptar versiones
inexactas de ciertos acontecimientos. Un ejemplo banal: se
puede hacer caso omiso al empleado que se excusa aduciendo que
lo ha demorado el tránsito cuando, en verdad, Morfeo esa mañana
no quiso que lo abandone temprano. Pero de ahí a que todos
los días, sin excepción, uno soporte leer y escuchar índices
fantásticos, y le griten que hay menos pobres, que los
precios están bajando, y que aunque creamos vivir en
Argentina, en la realidad (oficial) vivimos en Suiza, hay una
diferencia más que intrínseca.
Ya
intentaron hacernos creer que la inseguridad era una sensación
y la inflación “una construcción mediática”. Nos
vendieron discursos que, contrastados con lo cotidiano se
vaciaron de coherencia. Ante los problemas no se buscaron
soluciones, se los ha dilatado con contraataques y denuncias
de complot y conspiraciones. De allí que, terminado el
proceso parlamentario, y tras un inexplicable silencio de
radio, la Presidente convocara a los legisladores del FpV que
apoyaron, por convicción o por obediencia debida, su
iniciativa pero no para evaluar errores sino para
realinearlos. ¿Reflexionaron? No. Atacaron ferozmente a
quienes votaron diferente, y salieron a decir que el tema está
terminado, aclarando que de ninguna manera han sido
derrotados. Nadie pretendía, sin embargo, ponerse el mote de
triunfadores, razón por la cuál, la aclaración suena a
fracaso autoproclamado, y saca a relucir la debilidad extrema
de la jefe de Estado. No en vano las calles de Buenos Aires se
empapelaron con carteles que rezan: “Ahora más que nunca,
Fuerza Cristina” ¿Por qué “ahora más que nunca” si,
desde el oficialismo, niegan un traspié y hablan de
traiciones, en vez de ejercicio democrático?
Asimismo,
que se festeje que, la Cámara Alta, obró sorteando amenazas
y aprietes del Ejecutivo ratifica que la independencia de
poderes es un mito. Más que celebrar habría que analizar cómo
nos anestesiaron tantos años. Argentina nunca fue un paraíso.
Hubo y hay blancos, grises y negros en todos los paisajes
recorridos. Los argentinos podemos asumir el error de un
gobierno, hay cierta costumbre y entrenamiento en ello. ¿Qué
necesidad tienen de vender fortaleza cuando no la hay, en vez
de convocar al grueso de las fuerzas políticas para aunar
criterios en pro de una mejor gobernabilidad? La metodología
del kirchnerismo es intrincada en demasía. Ha habido tantas
trampas, y se han guardado tantos ases en la manga que enseñaron
a desconfiar de todo cuanto dicen, y también de todo cuánto
callan… ¿Por qué hay que creer que ahora lanzarán una
gestión renovada? ¿De qué puede servir un cambio de
gabinete, si es que lo hubiera, cuando las decisiones sólo
pasan por una mente maniquea? Los ministros ni siquiera fueron
funcionales a la Presidente, ¿o acaso hicieron algo que no
fuera ejecutar órdenes del jefe de siempre? Hay que
diferenciar cirugía de cosmética.
Es
lícito disfrutar que la corrupción haya fallado pero, sobre
un solo caso, no se puede erigir todo lo que implica un
verdadero cambio, y menos aún cuando los actores no se han
renovado, y es el mismo director quien sigue dirigiendo el
teatro. La única transformación palpable está del otro
lado: en los ciudadanos que decidieron no aceptar que le sigan
vendiendo siempre idéntico espectáculo. Más que centrar la
vista en la puesta en escena que se hará de ahora en más en
Balcarce 50, conviene observar que la actitud cívica de las
últimas semanas, no sea furtiva ni se haya apagado. El cambio
social será más fructífero que el cambio político si
consideramos quienes habitan la residencia de Olivos.
La
necesidad de liderazgos sanos, de marcos de referencia, nos ha
llevado muchas veces, a endiosar protagonistas efímeros.
Después, ni el recuerdo los abriga porque “la memoria es
porosa para el olvido” como decía Borges, o porque no eran
dioses sino humanos y se confundieron, erraron como sucediera
con Juan Carlos Blumberg. Ejemplos como estos deberían servir
para que no sufra igual suerte, el vicepresidente Julio César
Cobos. Su voto despertó fervor y merecidos aplausos. Más allá
de la motivación, fue quién dio a los argentinos un soplo de
aire fresco cuando comenzaba a faltar oxígeno y, en
penumbras, casi no nos reconocíamos. Pero dejemos a la
historia que lo defina con el adjetivo más preciso.
No
es justo depositar en él, las esperanzas de todos, ni mucho
menos situarlo en un pedestal donde estuvieron otros a quienes
se ha derribado antes de que cante el gallo. ¿Para qué
aventurarnos si hemos sufrido ya tantos desencantos? Dejemos
que el tiempo decante y apostemos, más que a héroes
repentinos, a las energías propulsoras de aquellos que,
venciendo miedos y egoísmos, se movilizaron sin flaquear por
un país distinto.
Ahora bien, es insólito que más de cien días de crisis
pretendan resolverse con un oscuro decreto (ver, si no, la opinión
de Gregorio Badeni al respecto).
El “dar vuelta la hoja” que proclama el oficialismo huele
más a estrategia para ocultar culpa e ineficiencia, que a
toma de conciencia. Esperar que los Kirchner cambien frente a
lo que ellos consideran apenas un percance generado por
deslealtades, y no un error basado en la ceguera, el capricho
y la soberbia, es tan ingenuo como peligroso. No puedo
compartir el optimismo desmedido de muchos. Si nos quedamos en
la algarabía del primer paso, nos olvidamos que hay que
seguir caminando.
Cinco
años alcanzan para tener una certera idea de quiénes, cómo
y de qué forma están gobernando. Si algo hay que reconocer
al matrimonio presidencial es la coherencia en sus modos y
maneras. El “estilo K” ha grabado a fuego todos y cada uno
de sus actos. Tanto la confrontación, la provocación, la
conversión de adversarios en enemigos, como la concentración
de poder, la soberbia y el revanchismo han estado presentes
desde el 25 de mayo de 2003. No entremos a analizar la gestión
de Kirchner como gobernador en el sur porque sería un golpe
duro a la esperanza que recientemente conquistamos, aun cuando
nada extraordinario haya pasado. Porque si analizamos fríamente,
sólo pasó lo que pasa en una real democracia: funcionó el
Senado. Qué la normalidad genere asombro no es buen dato...
Pero claro, habrá que ver si hemos estado viviendo en un país
realmente democrático o se nos ha estado engañado.
Rumores
de futuros anuncios y reciclados hay demasiados. Conviene
esperar a aventurarnos. Imaginarse a Néstor Kirchner alejado
de la toma de decisiones es complicado; al respecto, la fábula
de la rana y el escorpión algo ha enseñado.
Parafraseando
a André Gide podríamos pedir que el cambio avizorado esté
en la pupila más que en el objeto contemplado, porque sólo
la sociedad puede lograr la profundización de un gesto que
renovó el aire viciado. Esperar que el olmo dé peras es
desdeñar este instante en que la gota cae en el río de Heráclito.
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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21/07/2008
PRÓXIMOS
PASOS
Por
Roberto Cachanosky (*)
Para
vislumbrar lo que viene hay que entender la lógica del
matrimonio Kirchner.
La
mayoría de los análisis que he leído sobre la derrota del
kirchnerismo en el Senado tienen un párrafo que apunta a
sugerir que esta crisis es una oportunidad para que Cristina
Fernández cambie su forma de gobernar. Dicho de otra manera,
CKF tendría la oportunidad de relanzar su gobierno mandando a
su marido al café literario que había prometido frecuentar
una vez que dejara la presidencia y sacándose de encima a
personajes como Moreno, que es una verdadera máquina de
destruir la economía y espantar las inversiones.
Entiendo
la buena intención de estas sugerencias, pero, seamos
sinceros, las pocas palabras que CKF dijo en el Chaco refiriéndose
a lo ocurrido en el Senado lejos están de reconocer la
realidad. Hablar de traición refleja, por sí mismo, el
maniqueísmo con que se manejan los Kirchner. Todo el que no
piensa como ellos es el enemigo. Es más, hasta llegó a
afirmar, en base a los números truchos del INDEC, que a pesar
de la larga crisis con el campo, la economía había crecido
al 8% anual en los primeros seis meses de este año y que había
cada vez más inversiones en Argentina, mostrando una
desconexión con la realidad que superan el análisis económico
y político.
Desde
mi punto de vista, para imaginar lo que puede venir luego de
esta derrota, no hay que analizarlo con la lógica del común
de los mortales sino con la lógica de los Kirchner. En 5 años
de gobierno no solo han dado acabadas muestras de despreciar
las instituciones y hacer de la confrontación una forma de
gobierno, sino que, además, desconocen el funcionamiento de
la economía y su relación con la calidad institucional.
Por
otro lado, no comparto el argumento de que Néstor fue quien,
en seis meses, le arruinó la imagen a su esposa. Es cierto
que contribuyó enormemente en este sentido, pero quien habló
de los piquetes de la abundancia, la que dijo que las que habían
salido a golpear cacerolas eran las mujeres paquetas, la que
insistió con la avaricia de los productores de no querer
compartir su riqueza con los más pobres fue ella. En todo
caso, Néstor estuvo más desaforado en sus denuncias de
golpe, grupos de tareas y desestabilización. Sin embargo, no
se puede dejar de lado la responsabilidad que le cabe a la
presidenta de haber instalado nuevamente la división de
clases entre ricos y pobres, oligarcas y pueblo, y demás
estupideces de los 70.
¿Acaso
CKF salió a descalificar el comportamiento de D’Elía el día
que éste fue a la Plaza de Mayo a repartir trompadas? ¿Descalificó
los dichos de Hebe de Bonafini cuando dijo que había que
moler a palos a los productores? No lo hizo y, encima, los
subió al palco de honor en cada uno de los tantos actos de
utilería que le armaron para que la aplaudieran.
Aun
haciendo el enorme esfuerzo de suponer que CKF está dispuesta
a relanzar su gobierno, lo que hay que precisar es, ¿qué se
entiende con relanzarlo? Si se trata de terminar con la
confrontación permanente, bienvenido sea el relanzamiento.
Ello es condición necesaria, mas no suficiente para relanzar
el gobierno y tener éxito en la empresa.
Es
que, además de terminar con la práctica de descalificar a
los que no piensan igual, también tiene que adoptar políticas
públicas de largo plazo que signifiquen reconocer que el que
invierte y gana gracias al favor de los consumidores es un ser
útil a la sociedad que permite bajar la pobreza y crear
puestos de trabajo. Es más útil el que a su propio riesgo
invierte para obtener utilidades que el Ministerio de la
Felicidad que reparte la plata ajena estimulando la cultura de
la dádiva, el clientelismo político y la corrupción.
Aquí
no se trata, solamente, de despedir a Moreno, máximo
exponente del primitivismo económico. Se trata de entender de
una forma diferente la manera en que se desarrollan los países.
Esto es, tener un gobierno limitado que respete los derechos
de propiedad. Un país que vea al mundo como una gran
oportunidad para vender sus productos. Un país con un sistema
tributario que respete el federalismo fiscal y deje de
expoliar a los contribuyentes. Un país con un gasto público
menor y más eficiente. Un país en el cual se lleven a cabo
las reformas estructurales para dejar de recurrir al eufemismo
del tipo de cambio competitivo que lo único que consigue es
esconder por un tiempo las ineficiencias de la economía
argentina.
Desde
mi punto de vista, relanzar el gobierno no se limita a
terminar con las agresiones desde el atril y la tribuna.
Significa tener una visión diferente sobre cómo debe
funcionar una sociedad para ser exitosa. Esto es, que nadie
pretenda vivir a costa del trabajo ajeno recurriendo al Estado
para que le “robe” el fruto de su trabajo a quienes todos
los días se esfuerzan por superarse. Implica aceptar que los
burócratas no tienen la inspiración divina para saber qué
hay que producir, a qué precios hay que vender los productos
y qué calidad tiene que tener. Significa entender que un peso
en manos del Estado no está mejor asignado que un peso en
manos del sector privado. Y quiere decir que el llamado
capitalismo de amigos, que en realidad no tiene nada que ver
con el capitalismo y mucho con la latrocinio, crea un contexto
de corrupción y pobreza que deteriora la calidad
institucional del país. En definitiva, relanzar el gobierno
implicaría que CKF, al contrario de lo que dice Néstor, deje
sus convicciones en la puerta de la Casa Rosada y advierta que
el camino del crecimiento no es el Estado intervencionista,
estatista y expoliador, sino la capacidad de innovación y el
trabajo en libertad de los habitantes.
Tal
vez CKF pueda llegar a tomar debida nota que su marido quiso
controlar el poder ganando la calle de la mano de D´Elía y
terminó perdiéndola en grandes cacerolazos y concentraciones
en contra de una forma de gobernar.
Posiblemente
CKF entienda que los discursos prepotentes le generan mayores
hemorragias de popularidad.
Todo
esto lo puede entender, aunque cambiar la personalidad resulta
muy complicado, sobre todo cuando se vive en una burbuja. Démosle
el beneficio de la duda y supongamos que cambia su
personalidad. El paso siguiente consiste en cambiar su ideología
populista por el principio de la generación de riqueza basada
en el trabajo libre y el respeto por el derecho de propiedad.
La
buena noticia es que, si bien los Kirchner tal vez no se hayan
dado cuenta, la gente se saturó de tanta agresión y
patoterismo. Por lo tanto, lo que cabe esperar en el futuro es
que la existencia de políticos y gobernantes tolerantes y más
respetuosos de las instituciones. De alguna manera Cobos
entendió que si seguían tirando de la cuerda de la
confrontación el país terminaba en un conflicto social de
proporciones insospechadas. Aún no compartiendo sus ideas
económicas, debo reconocer la valentía del vicepresidente de
plantarse y decir hasta acá llegó la incitación a la
violencia.
La
otra buena noticia es que el kichnerismo quedó políticamente
destrozado y no parece tan fácil que pueda recuperar el poder
político del que abusó todos estos años.
Finalmente,
en lo económico, si CFK no entendió lo que significa
relanzar el gobierno, la realidad se encargará de hacérselo
entender. Y no será, justamente, de una manera muy agradable,
de la misma forma que se lo hizo entender a todos los
anteriores presidentes que cometieron errores groseros en el
manejo de la economía. Y no veo por qué CKF vaya a ser la
excepción.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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19/07/2008
UN
SIMPLE COMENTARIO...
Por
Gabriela Pousa (*)
Muchas
veces sostuve que la política comunicacional del Gobierno fue
su mayor acierto, o el único... Admito que en los últimos
tiempos perdió eficacia en ese aspecto y la prensa encontró
en la debilidad de la actual administración, un espacio para
oxigenarse. Pero la "derrota" del oficialismo en el
Senado si bien puede tomarse como un soplo de aire fresco,
también puede aparejar nuevos sobresaltos. Los Kirchner no
aceptan la realidad si les es adversa, por el contrario, la
"reinventan", y encuentran un sinfín de
estrategias que, los ciudadanos, no acostumbrados a marcar las
cartas o a guardarse ases en la manga no observan y terminan
cayendo en la trampa.
Conociendo
personalmente a Gregorio Badeni y su capacidad, y asumiendo la
Sra. Presidente que "no
hubo derrota", todo puede pasar (pero no todo
no pasó...) El Vicepresidente Julio César Cobos marcó una
diferencia, pero cuidado con creer en los "puntos de
inflexión" o en las famosas "bisagras de los
tiempos" porque hemos comprado muchos de esos
argumentos y sin embargo, acá estamos...
Mientras
discutimos retenciones y convertimos las instituciones en
estadios futbolísticos, Brasil decidió destinar 78.000
millones de reales - 49.000 millones de dólares - , en créditos
agrarios para ayudar a controlar la crisis alimentaria mundial
y hacer que ese país sea el granero del planeta. De ese
monto, 41.000 millones de dólares serán destinados al
cultivo en gran escala, mientras que u$s
8100 millones se aplicarán a plantaciones familiares.
Actualmente el país de Lula Da Silva (PT) logró posicionarse
como el mayor exportador mundial de carne vacuna, pollo, azúcar,
café ¡ y jugo de naranja! y es, también, el segundo
exportador de soja, ligeramente por debajo de los Estados
Unidos. Por su parte, Uruguay se ha convertido en el destino
de grandes inversiones de productores argentinos y
extranjeros, que vieron en la otra orilla del Río de la Plata
mejores oportunidades de negocios y mayor seguridad jurídica....
“La
ambigüedad de la resolución de Cristina:
Con la resolución 1176, el Gobierno, formalmente, no deroga
la resolución 125 sobre retenciones móviles. Por Gregorio
Badeni
Con
la resolución 1176, el Gobierno, formalmente, no deroga la
resolución 125 sobre retenciones móviles. Apenas, en su artículo
primero instruye al Ministerio de Economía para que la
"limite". Pero, al no especificar límites de
tiempo, el Ministerio puede concretarlo de golpe, de a poco o
cuando le parezca. Es decir, lo irá haciendo en la medida en
que la presidenta Cristina Fernández así lo indique. Si
quisieran evitar esa ambigüedad, la resolución diría
"deróguese" y punto. Pero no lo dice. Sólo
"instruye", con lo cual, la resolución 125 continúa
vigente. La intención del gobierno parece ser, efectivamente,
eliminar la medida de las retenciones móviles, pero la ambigüedad
de los términos tampoco parece ingenua: en rigor, tiran la
pelota para adelante.” http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=7662
Y
hacia adelante vamos, ¿o no?... Sin ánimo de arruinarles el
optimismo y el fin de semana, tan sólo un intento apelando al
refrán "más vale prevenir que curar"... La
esperanza igual no puede aflojar! y hay una tregua
que no es poco después de habernos visto envueltos en
una "guerra" autoproclamada desde Balcarce 50!
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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18/07/2008
HOUSTON,
WE HAVE PROBLEM
Por
Roberto Cachanosky (*)
El
rechazo del Senado al proyecto de las retenciones móviles
complicó el escenario kirchnerista y terminó de desgastar al
Gobierno.
Durante
más de cuatro meses, Néstor y Cristina Kirchner hicieron lo
imposible por ponerse en contra a casi toda la sociedad y
terminar de esmerilar su poder político. En rigor, fueron 5 años
de patoterismo, atropellos, falta de respeto por las
instituciones, caprichos y soberbia.
Néstor
y Cristina hicieron de las resolución 125 una cuestión de
vida o muerte y no escatimaron esfuerzos con tal de imponer su
capricho.
Acusaron
de golpistas a los productores agropecuarios cuando, en los
hechos, Néstor usurpó el poder presidencial haciendo y
deshaciendo como si alguien lo hubiese votado.
Denigró
a su mujer al punto de dejarla como una figura decorativa en
la presidencia.
Dijo
que los productores habían incendiado los campos para llenar
de humo la ciudad. Lo subió a Luis D’Elía a los palcos
oficiales luego de incitar a la violencia y llevar a cabo
actos de violencia.
En
definitiva, llevó la crispación social a límites
intolerables sin importarle que, dada la situación, podía
producirse un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles al
menor chispazo.
El
resultado de tanta insensatez hizo que Néstor consiguiera
unir lo que antes parecía imposible de unir. Pero su ceguera
lo llevó a ignorar la masiva concentración de Rosario y el
impresionante cacerolazo del 16 de junio.
Ni
siquiera la concentración del martes pasado lo hizo
reflexionar.
Posiblemente
presa del pánico ante la reacción de todo un país el 16 de
junio, Cristina envió al Congreso el proyecto de ley por las
retenciones creyendo que ganaba el partido caminando.
En
diputados le costó mucho lograr la aprobación y anoche
mordieron el polvo de la derrota, justo en manos de Cobos.
¿Cuál
es el saldo de toda esta locura de 120 días para el gobierno?
El matrimonio consiguió dividir a la CGT. Reorganizó al
peronismo no kirchnerista. Perdió los votos de las zonas
rurales que la habían apoyado. Se puso más en contra a los
grandes centros urbanos y comprometió seriamente su resultado
electoral del año que viene.
Sus
aliados políticos solo son D´Elía y Hebe de Bonafini que
destilan odio por todos sus poros y algunos incondicionales
que, durante todos estos años, usaron el poder para
manifestar sus rencores y odios.
Políticamente
los Kirchner dilapidaron su capital y ahora, debilitados políticamente
y con escasa credibilidad en la población, tienen que
enfrentar la cruda realidad de la inflación, la crisis energética,
el endeudamiento, la falta de inversiones y la incipiente
recesión.
¿Intentarán
ser más autoritario al no conseguir imponer su capricho? ¿Cambiarán
su actitud de soberbia y agresión? Solo Dios lo sabe, lo que
sabemos es que ahora, sin el poder absoluto que impusieron
durante 5 años tienen que hacerse cargo de todos los
problemas que generaron.
Si
los Kirchner estuvieran en la Apolo XIII, nave que tenía que
llegar a la Luna pero tuvo una explosión a poco de despegar
que los hizo regresar con gran riesgo a la Tierra, tomarían
la radio y dirían: “Houston, we a problem”.
(*)
Artículo editado en "Economía Para Todos" por
Roberto Cachanosky Licenciado en Economía - Universidad
Católica Argentina (1980). Consultor económico. Autor del
libro "Economía para todos" y "El Síndrome
Argentino". Columnista de temas económicos en el diario
La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea
para los diarios La Prensa (1985-1992), El
Cronista (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía
Blanca (1992-1998). Conductor del programa de TV por cable
"El Informe Económico". Profesor titular de
Economía Aplicada en el Master de Economía y Administración
de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica en el
Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del
Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Asesor
económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y
de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).
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14/07/2008
AMENAZAS
DEMOCRÁTICAS
Por
Gabriela Pousa (*)
Hasta
hace algunas horas, creía que la Argentina se había
transformado en un Boca-River arbitrado por alguien capaz de
ver solamente las faltas de un solo lado. Sin embargo, en un
Boca-River hay jugadores entrenados, reglas, y sobre todo un
principio, un desarrollo, un entre tiempo y un final donde
unos ganan y otros resultan derrotados. En este caso, ganar la
contienda sería como cuando se gana pero por un margen que no
sirve para clasificar a otras instancias. Por lo tanto, da lo
mismo a esta altura si el marcador define a favor o en contra
de uno u otro equipo. Hay un trasfondo más complicado, y ya
perdimos demasiado en el “mientras tanto”…
Aún así, podría decirse que se juega por el honor pero nada
de eso aflora en este escenario donde, para el oficialismo, la
honorabilidad es algo desconocido. La costumbre es la única
que sigue ganando. Estamos acostumbrados a perder
oportunidades, a ser rebaño. Es por ello que se puede esperar
semanas para obtener un turno en un hospital público, y
cuando llega el momento, un paro de galenos o personal no
médico nos deja con el dolor a cuestas y pasaje de vuelta.
Vuelta que encima se transforma en odisea por los piquetes que
impiden el tránsito y nos fuerza a ser tratados como ganado
mal arriado en formaciones ferroviarias capaces de frenar en
mitad del recorrido sin explicación ni causa. Mientras, en
cadena nacional, hablan del tren bala…
Basta observar los gestos de agobio en el rostro de los
intrépidos que caminan por las vías hacia una parada de
colectivos sin saber que, amén de la larga fila, la unidad
pasará a velocidades inauditas como si no existieran, como si
fueran lo que son para la dirigencia: números que sólo suman
cuando hay urnas, marchas o plazas que sino no se llenan.
Porque el chofer tampoco es el villano, seguramente demoró el
recorrido por una horda de alumnos, que invocando “derechos
humanos”, reclamaba no ser amonestados ya que eso
implicaría recrear una vieja metodología “represiva”
¿?. Todo vale. El prójimo no existe, y la vida es una
anécdota o un mal trago que puede digerirse con ansiolíticos
cuyo consumo -está probado- aumenta indiscriminadamente en la
ciudadanía como si se tratase de golosinas.
Y es que, ¿cuánto vale la vida en Argentina? Cien pesos, un
sándwich y el traslado a Buenos Aires. Ese fue, sin ir más
lejos, el costo de un tucumano que ni figura en las
estadísticas porque apenas era una mercancía comprada para
la ocasión por el clientelismo del aparato justicialista. Las
retenciones móviles o fijas nada tenían ni tienen que ver
con lo que pasa en esta Argentina.
En este marco, que un ex mandatario que sigue mandando, juegue
a los soldaditos con los ciudadanos es un divertimento más.
Invocando actitud “democrática” simula dar libre
albedrío para asistir a uno u otro acto, total tiene
garantizada la masa cautiva de los planes sociales y favores
oficiales. Pocos son los que se movilizan en sus filas por
convicción. Hay mayor empatía con los cien pesos y el
sándwich de miga -aunque no le sirvan luego a la familia ni
para los gastos del entierro- que con la Presidente misma.
Ahora bien, del otro lado del escenario, avisar a fulano o
mengano que tal día, a tal hora se marchará no al Congreso
sino al Monumento a los españoles, puede convertirse en una
sentencia con inusitadas consecuencias. Insubordinación a la
autoridad, conspiración o complot antidemocrático será lo
que se acredite como delito ante un juez que a lo mejor, es el
mismo que morigeró la pena a un violador que a la hija de 8
años la violó pero apenas una vez, no dos…
La libertad de acción es un anatema aunque, ahora, la vendan
como oferta en conferencia de prensa. En apariencia, dan
rienda suelta al ciudadano pero le advierten las “consecuencias”
con maquiavélica estrategia. Mientras, el gobierno usa fondos
públicos para promover su acto como el “democrático” y
suma a la CGT de Moyano. ¿Cómo no sentir temor en un país
donde no se es inocente hasta que se demuestre lo contrario
sino que se es culpable hasta que la inocencia se pruebe? Y
para probarlo, encima, es necesario no haber vivido en los 70,
ser analfabeto, no haberse sentado frente a un teclado ni
hablado por teléfono, ni mucho menos haber blandido
cacerolas, quizás no por el campo, pero sí por el cansancio
y la repulsa que causa la mentira institucionalizada
proclamada desde la Casa Rosada.
Hay que andar con las manos atadas y el pensamiento en blanco
para prevenir ataques infundados o no ser parte de un sinfín
de versiones que se lanzan generando una incertidumbre que nos
confina a una crisis indefinida. ¿Vivimos amenazados sin
darnos cuenta acaso? No hay golpistas ni desestabilizadores
fuera de Balcarce 50 pero cualquiera puede ser etiquetado de
esa manera si considera que los precios subieron algo más que
un 0,6% o no lo cree a la Presidente cuando dice querer la
unión de los argentinos y, simultáneamente, ella misma o su
gente habla de oligarcas, trabajadores, blancos, negros,
golpistas o democráticos y arma contra-actos.
Muchos mandatarios en problemas acudieron a fantasmas del
pasado o recrearon escenarios de confrontación para salir del
paso. Pero los Kirchner aúnan algo más que peronistas
residuales que creen -sin convicción- que lo salvan al “jefe”
o no se salva nadie. Manejan, proporcionalmente, menos poder y
más temor. Y como dice el tango: “en el miedo estamos
juntos codo con codo por temor que nos roben la ilusión, la
inocencia y ese pan que ganamos con sudor y a conciencia” Es
que también, el buen nombre y honor tienen todavía valor
para muchos ciudadanos. No es fácil dejarlos librados al
capricho de un jefe o ex jefe de Estado…
Cuando se debilitan los argumentos, y no hay modo de sustentar
un gobierno que divide, crea antinomias y cercena, el miedo es
la mejor herramienta. Hay que apelar a aquellos argentinos que
consideran que la amenaza y las rejas pueden dar más libertad
que la parálisis provocada por un discurso oficial, por la
persecución al disenso o la coacción de patotas con palos y
cadenas. No es posible seguir aceptando la mentira con la
serenidad de la costumbre y el atavismo de una marioneta. Hay
memoria y archivos que consultar para resucitar la verdad.
Puede que el campo haya cometido errores, nadie está exento
de ello, pero no fue el sector agropecuario el que creó la
metodología del boicot, del apriete, ni la política de la
reprimenda. Alguna vez, no hace tanto, hubo un presidente en
la Argentina que pedía a gritos desde un atril que se saliera
a la calle a impedir la libre oferta, a ser vándalos más que
ciudadanos con derecho a elegir qué, cómo y dónde consumir.
Y para prueba basta un botón, como decía mi abuela…
“La herramienta elegida por el Gobierno para combatir la
inflación es el lanzamiento de un boicot contra las empresas
que apliquen aumentos (…) Kirchner, además, defendió ‘el
boicot nacional que le pueda hacer el pueblo a quien se está
abusando del pueblo’, y llamó a ‘reaccionar como
corresponde. Me dicen que no hable así porque así no debe
hablar un presidente. Uso estas palabras porque mi deber es
defender al pueblo’, disparó Kirchner.”
Néstor
Kirchner, al convocar a un boicot nacional contra la petrolera
Shell. (Fuente: Diario
La Nación, viernes 11 de marzo de 2005).
“No
se puede comparar la actitud autoritaria, la actitud
patoteril, la actitud de ‘me das esto o te rompo todo’ con
la actitud democrática que tenemos nosotros.”
Néstor Kirchner, al convocar al acto del próximo
martes 15 de julio frente al Congreso. (Fuente: Diario
Clarín, viernes 11 de julio de 2008).
(*)
Lic. GABRIELA R. POUSA -
Licenciada
en Comunicación Social (Universidad del Salvador), Master en
Economía y Ciencia Política (Eseade) y con postgrado en
Sociología del Poder en Oxford University, es autora del
libro “La
Opinión Pública: un Nuevo factor de Poder”.
Crónica y Análisis publica esta nota por gentileza de la
autora, quien se desempeña como analista de coyuntura
independiente, no pertenece a ningún partido ni milita en
movimiento político alguno. Queda prohibida su
reproducción sin mención de la fuente.
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14/07/2008
Y
DALE CON LA RENTA EXTRAORDINARIA
Por
Roberto Cachanosky (*)
Tratar
de impedir que las empresas o los individuos tengan altas
rentabilidades no es más que el resultado del resentimiento de
aquellos que, más que redistribuir la riqueza, quieren que el país
se mantenga en la pobreza.
Si
hasta ahora hemos escuchado una colección de disparates por
parte de los funcionarios públicos, en los últimos días,
tal vez por el grado de desesperación del Gobierno ante la
empinada caída de su imagen frente a la opinión pública, la
cantidad de insensateces se ha transformado en un verdadero
tsunami de afirmaciones descabelladas.
La
primera y más anecdótica es la del inefable Guillermo
Moreno, nuestro secretario de Comercio Interior, cuando
afirmó que los únicos datos creíbles y válidos sobre la
inflación son los que informa el INDEC. La verdad es que esta
afirmación no merece una respuesta porque ese tipo de
declaraciones hay que tomarlas con humor. El recordado Fidel
Pintos, en su papel de “el Chanta”, ha sido superado por
la realidad.
Más
hilaridad causó Néstor Kirchner cuando afirmó que ellos jamás
habían agredido ni patoteado a nadie. Para el ex presidente
no es patotear que sus aliados políticos hayan ido a la
Quinta de Olivos a patotear a mujeres indefensas ni que Luis
D'Elía haya ido a la Plaza de Mayo a repartir trompadas a
quienes se manifestaban pacíficamente contra el gobierno.
Pero
dejemos de lado tanto desprecio por la verdad e intentemos
ponerle algo de racionalidad a tanto desatino.
¿Qué
es lo que se viene esgrimiendo como argumento para mantener la
resolución 125? Básicamente lo que ellos llaman la renta
extraordinaria. En rigor, el oficialismo confunde precio
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