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       22-09-2013

 

MANUEL BILBAO, EL PRIMER REVISIONISTA

Por la Prof. Cecilia González Espul

Introducción

Manuel Bilbao fue un prolífero escritor, novelista, historiador, periodista, empresario, exitoso abogado,  nacido en Chile en 1827, de antigua familia aristocrática instalada en América desde la época colonial, y muy ligado a la Argentina, por su madre y esposa.

Su figura ha quedado opacada por el mayor renombre que logró su hermano Francisco, a quien se recuerda por su fogosa defensa de las ideas liberales, y por su más famosa obra: El Evangelio Americano. A causa de ello, dice la historiadora chilena Mabel González Quiroz sobre Manuel: “…no ha habido una investigación biográfica exhaustiva, en los últimos sesenta años, razón por la cual parte de la información se ha perdido”.[1]

Aunque este llamativo olvido pueda deberse al hecho de haber pasado de “militante liberal acérrimo durante su juventud, a intelectual con matices de orden conservador en los años de madurez”, como la misma González Quiroz reconoce. Explicaría esto que una calle de Buenos Aires lleve el nombre de Francisco Bilbao y ninguna el de Manuel que considero con más méritos para ello.

A partir de 1865 se instaló en la Argentina, donde se casó, tuvo sus hijos, y donde murió en 1895.  Revalidó su título de abogado como lo había hecho antes en Perú y Ecuador, exiliado de Chile por participar de revoluciones liberales. 

Nunca se nacionalizó argentino, se dedicó a su profesión y al periodismo desde donde participó de la vida política argentina a través de artículos polémicos.

Pero han sido sus trabajos de investigación histórica que más han trascendido en nuestras tierras, aquellos sobre la historia de Rosas,  por los que se justifica sea uno de los patronos de este Instituto.

Según el Dr. Pérez Amuchástegui[2], una excepción a la corriente historiográfica liberal que condenaba irremisiblemente a Rosas, está dada por la obra de Manuel Bilbao que precedió en veinte años a la de Saldías.  “En ambos, sin duda, es dable descubrir un propósito reivindicativo, pero ninguno de los dos consiguió desaferrarse de la sujeción estricta a la letra escrita.” Por ello sostiene que: “El revisionismo como tal fue iniciado con “La época de Rosas” de Ernesto Quesada (1898), obra que por primera vez denunció la necesidad de superar el método de la historiografía liberal.” “La renovación metodológica en la obra de Quesada, la comprensión historicista, es el mayor aporte del revisionismo argentino.”[3]

Sin embargo, Bilbao fue  el primero que consideró que había que replantearse la versión de los liberales unitarios sobre Juan Manuel de Rosas, y que había que estudiar su  época sin odios previos, buscando comprender las causas de su gobierno dictatorial. Por ello pienso que es justo ubicarlo como el primer revisionista o al menos el precursor.

Dos son las obras de Bilbao sobre Rosas: Historia de Rosas de 1868 y Vindicación y Memorias de Antonino Reyes de 1883. La primera, le indignó al mismo Rosas, porque muchos de los conceptos vertidos se hacían eco de las calumnias de los unitarios, que modificó en la segunda luego del cúmulo de documentos que le brindó Antonino Reyes en Montevideo, y del propio testimonio de Reyes.

La Historia de Rosas tiene valor porque al plantearse las causas por las que se llegó a un gobierno despótico, responsabiliza de ello a los unitarios, y más aun porque  los responsabiliza de la pérdida de la Banda Oriental, Paraguay y Bolivia. Nadie se atrevía a sostener esto en esa época.  

Datos biográficos

Había nacido en Santiago de Chile un 26 de marzo de 1827, de padre chileno y madre argentina. Rafael Bilbao Beyner, su padre, de militancia liberal, emparentado por vía materna con el francés Juan Antonio Beyner, participante del frustrado complot de “Los tres Antonios” en 1780. Movimiento revolucionario que pretendió emancipar a Chile de España. [4] Su madre, Mercedes Barquín, argentina.[5]

En 1847 obtuvo el título de abogado en la Universidad de Santiago de Chile, a la edad de 20 años, versando su tesis sobre la abolición de los mayorazgos. Formó parte junto a su hermano Francisco del grupo de intelectuales liberales que se hacían llamar los girondinos chilenos, afiliados a los preceptos del romanticismo hispanoamericano. Participó de la fundación de la Sociedad Literaria encabezada por Victorino Lastarria que buscaba fomentar la creación de una literatura chilena libre de la influencia de modelos extranjeros.

Colaboró con la Sociedad de la Igualdad creada por su hermano Francisco y Santiago Arcos en 1850, bajo la influencia del socialismo utópico. Fue clausurada por su rechazo a la candidatura a la presidencia de Manuel Montt.

En la pugna entre conservadores y liberales conocidos como pelucones y pipiolos respectivamente, participó junto a Francisco, en el movimiento antipelucón durante  la revolución del 20 de abril de 1851, contra el presidente Bulnes.  Fue herido en combate y capturado por los conservadores, huyó de la cárcel, y  pudo exiliarse en el Perú. Luego realizó  un viaje por Europa. En esta revolución, también participó y cayó prisionero Bartolomé Mitre.

Actuó en apoyo del presidente Mariscal Castilla[6]. Conservador, que sin embargo, admitió una política de reformas liberales moderadas. Contra el presidente Pezet por su débil actuación ante la ocupación por España de las islas guaneras Chinchas. A raíz de ello peligró su vida y debió huir del Perú en 1864.

Francisco había emigrado a la Argentina en 1857, y en 1859 ingresó a la masonería, en la logia “Unión del Plata”. Estuvo a favor de la integración de Buenos Aires a la Confederación.

Manuel llegó a Buenos Aires en 1865, casi diez años más tarde. No hemos podido confirmar si ingresó a la masonería, aunque por sus ideas anticatólicas y antihispánicas , y por haber seguido en todo a su hermano podríamos conjeturar que sí .[7] Ese mismo año muere su hermano. Ambos se casaron con argentinas. Francisco con una hija del general Tomás Guido[8]. Manuel  con Mercedes Rivera Ortiz de Rosas, hija de Mercedes Rosas de Rivero, hermana de Rosas, en 1879. Ambos hermanos se vincularon con familias de tradición federal.

En 1867 fundó un periódico, La República, dirigido por Wenceslao Pacheco y editado por Alejandro Berheim, que tenía los talleres tipográficos de más alta tecnología de la época .[9] Su publicación duró hasta 1885.

Este periódico se destacó por tener sólidos contactos en todas las provincias argentinas y contar con corresponsales en Chile, Perú, Brasil y Francia.

Hasta esa época los diarios llegaban a sus destinatarios por suscripción, a través del correo, o se compraban en la misma imprenta. Pero a partir de entonces por iniciativa de Manuel Bilbao, comenzaron a ser vendidos  por muchachos que lo pregonaban por las calles céntricas de Buenos Aires. Se llamaron “canillitas” denominación que creó Florencio Sánchez, en su obra homónima.

En 1873 fundó La Libertad, diario de gran tamaño a siete columnas, de carácter político, noticioso, literario, barato como había sido el anterior. [10] En 1882 se retiró y su parte se la vendió a Adolfo Saldías, junto a sus socios Edelmiro Mayer y Juan José Lanusse, quienes realizaron desde sus páginas durante dos años una oposición tenaz a Roca.

Bilbao pasó a colaborar como redactor en El Nacional y más tarde en La Prensa. Luego se retiró del periodismo y se dedicó a la investigación histórica y a su profesión de abogado reabriendo su estudio. Su título lo había revalidado en las Universidades de Lima, Montevideo y Buenos Aires.

Fue extraordinaria su cooperación durante la epidemia de fiebre amarilla de 1871, formando parte de la comisión que gobernó interinamente la ciudad.

En 1878 durante el conflicto de límites con Chile defendió la postura argentina, viajando a Santiago, donde publicó una serie de artículos en el diario El Ferrocarril, entrevistándose con el presidente Pinto. Contribuyó a evitar la guerra que parecía inminente.

Falleció en Buenos Aires el 15 de agosto de 1895, con la tranquilidad de saber que el diferendo con Chile estaba en vías de un arreglo definitivo.

Obras

Obras literarias: Escribió tres novelas entre 1852 y 1855: El Inquisidor Mayor sobre las costumbres de Lima en tiempos de la colonia, y una crítica a la Inquisición y a la orden jesuítica, Los dos hermanos sobre las costumbres de Chile, y El pirata de Guayas sobre las de Ecuador. El objetivo de estas obras es contraponer el mundo colonial, injusto y perjudicial, al mundo ilustrado, que es el que defiende. Se  lo considera como el primer escritor chileno de novela histórica.[11]

Obras históricas: Compendio de la historia del Perú, 1856, de carácter didáctico, La historia del General Salaberry(1853, edición corregida de 1867). Para esta última visitó al Mariscal Santa Cruz en Versalles y consultó su archivo, habiéndole reconocido que fue un error  su decisión de condenarlo a muerte. Es una defensa de Salaberry, la gran figura romántica del Perú.

Como dato ilustrativo, que habla de la rectitud del pensamiento de Bilbao, al referirse a la corrupción en el manejo de la hacienda nacional que existía en el Perú, reconoce un mérito a la administración colonial, tan vilipendiada por él mismo. Dice lo siguiente: “Los españoles tenían sobrantes porque eran honrados. He ahí la diferencia que deslindaba la cuestión de la decadencia en la riqueza del Perú.”[12]

Historia de Rosas, desde 1810 hasta 1832,  Bs.As., 1868. Vindicación y memorias de Antonino Reyes, Bs.As., 1883. Cuestión chileno- argentina, 1878.

Escritos polémicos: Juicio contra Vicente Vicuña Mackena, 1863. Elisa Linch, por Orión. Juicio crítico dado por el diario La República, Bs.As. 1870, Defensa del Redactor de La República ante el jurado en el juicio entablado por el Dr.Adolfo Alsina, Bs.As., 1873,  Cartas de Bilbao a Sarmiento recopiladas por unos amigos de la verdad, Bs.As. 1875.

Traducción al castellano de Las Memorias de Lord Cochrane, 1863, a quien conoció en Londres en 1860. Originó una controversia con el historiador chileno Vicente Vicuña Mackena, que calificaba de codicioso y aventurero al marino inglés. Derivó en un juicio de Bilbao contra Mackena por calumnias. Este último lo acusó de oportunista, especulador, agente secreto de Castilla, haberse enriquecido con negocios vinculados a la política de Perú. (rescate fragata Apurimac, compra de maquinaria para abastecer de hielo a la costa de Perú). El jurado aplicó la sanción mínima de $2 y 15 días de prisión. Bilbao lo libró de cumplir la pena.

Recopilación de las Obras completas de Francisco Bilbao, 1866, y en colaboración con Arturo Reynal O’Connor, las Obras Completas de Juan Bautista Alberdi, 1886.

Pasamos a analizar brevemente aquellas obras relacionadas con la historia argentina y específicamente con la de Juan Manuel de Rosas.

Entre sus escritos polémicos  comenzamos por el juicio crítico sobre Elisa Lynch, por Orión”. Orión era el seudónimo de Héctor Varela, quien junto a su hermano Mariano fundara el famoso periódico La Tribuna en 1853,  órgano de la propaganda unitaria, que incitaba al exterminio de Antonino Reyes y los mazorqueros, condenándoles antes de ser juzgados. En 1867 comenzó a publicar en el mismo la sección “Cosas” que firmaba como Orión. Nombre que se hizo muy popular en la ciudad.

Bilbao había publicado en La República, periódico fundado por él en 1867, una serie de artículos sobre esta obra, que después reúne y publica por separado en 1870.

La obra, que tuvo gran repercusión, se origina en un viaje que realizó Héctor Varela a Asunción en 1856, así  la primera parte es una descripción de ese viaje, y las otras dos se refieren a la vida de Elisa Lynch en Europa, y su vida en Paraguay junto al mandarín de la China americana como llamaban a Solano López.[13]

Bilbao no sólo va a criticar el juicio que hace Varela sobre Madame Lynch, sino también la obra en sí y los juicios elogiosos de la prensa de entonces y de los más destacados hombres de letras.  Estrada en la Revista Argentina decía: “Los porteños se aman a sí mismos amando a Orión”, porque por su carácter alegre y popular estaba identificado con la vida porteña.

Varela presenta a Elisa Lynch como una prostituta, mujer sin alma, ávida de oro y de coronas recogidas en las orgías en Europa. Se casa con un joven distinguido, profana el lecho nupcial y se entrega a un sinnúmero de amantes. De un príncipe pasa a un lord, explota a un banquero de Londres y termina de querida de López. Bilbao sostiene que Varela no tiene ni una sola prueba, las fuentes son parciales, la verdad histórica no las puede aceptar. Los datos habidos en Paraguay  sobre la vida de Lynch en Europa no pueden aceptarse, debido al aislamiento de ese pueblo en esos tiempos. Pero sí los datos más ciertos de los amigos de López que estuvieron con él en Europa. La Lynch era una mujer casada con un oficial francés. Cuando López la conoció en París su marido se encontraba de servicio en África. Ella recibía en sus salones y era solicitada por un ministro de Rusia. López se deslumbró con su belleza, triunfó sobre el ruso y Lynch fue al Paraguay a ser su compañera. Dice Bilbao en su defensa: “Si la Lynch hubiera sido un monstruo de depravación no hubiera abandonado París, donde abunda el oro y las orgías, y no habría quedado catorce años en Asunción repelida por las familias más honradas, no habría quedado cinco años de la guerra al lado del déspota, ni habría conocido los peligros y sinsabores de las derrotas y hecatombes, ni habría acompañado a ese monstruo hasta el extremo de darle sepultura con sus propias manos a la vez que al mayor de sus hijos.”[14]

Sostiene Bilbao que: “La historia en todos los tiempos y lugares ha tenido por base la verdad de los hechos narrados, y esta condición indispensable es lo que le falta a la obra. No podemos considerarla historia.”[15]

A través del análisis de esta obra, Bilbao expresa su concepción de la literatura como agente moralizador del pueblo más que como agente de un ideal estético. Sostiene que no es historia, no es viaje, no encuentra una clasificación propia de la literatura, no satisface ninguna de las leyes del buen gusto. No tiene plan, no tiene unidad. Ha ido aglomerando cuanto tenía a mano o en su cabeza, adornado con creaciones fantásticas de una imaginación ardiente. Contraria al ideal que persigue la literatura moderna: el de deleitar moralizando. Lo que consigue es lo opuesto, porque muestra el espectáculo de la prostitución victoriosa. Debería haber  en todo caso, mostrado la lucha de una mujer perdida sufriendo las torturas de su conciencia.

Se refiere también al papel de la crítica, dice: “El que sabe elogiar tiene que saber criticar. Siendo esta obra la que más ha circulado, la que más furor ha hecho en nuestra sociedad merece por lo mismo un juicio recto.” Sostiene Bilbao a raíz de los elogios de la prensa a la obra de Orión, que son  producciones que renuncian al juicio crítico. Es la escuela de la recíproca adoración como en tiempos de Moliere, cuando el poeta decía con sarcasmo: Nadie tendrá talento sino nosotros y nuestros amigos. “Pero sus amigos le han extraviado, aplaudiéndole cuando debían criticarle.”[16]

Para la valoración de Bilbao como historiador, como estudioso y crítico de los hombres de  su época, estos artículos sobre la obra de Orión, ponen de manifiesto la independencia de su criterio. Defender a Elisa Lynch en esa época, fines de la guerra de la Triple Alianza, era ir contra-corriente, era estar contra la opinión comúnmente aceptada. No estaba absolutamente solo. Un ejemplo fue, entre otros, Guido y Spano, con quien estaba emparentado por lazos familiares. Bilbao fue el único que fue a recibir al puerto a Elisa Lynch en su viaje de regreso a Europa desde el Paraguay. José Arturo Scotto, uno de sus biógrafos, comenta que cinco años después reivindicaba las propiedades adquiridas por Lynch, abogando por la protección de sus derechos.[17]

Otro escrito polémico de Bilbao fue la Defensa del Redactor de “La República” ante el jurado en el juicio entablado por el Dr. D.  Adolfo Alsina en 1873, quien en ese momento era el vice-presidente de la Nación.

Cuentan que Alsina dijo de él: “para no perdonarlo es preciso que no lo vea, porque si lo veo me cautiva.”Ya que Bilbao era un hombre de buena apariencia, de ojos celestes y larga cabellera, de personalidad agradable y cautivante, que causaba admiración aun entre sus adversarios.

Estamos a fines del gobierno de Sarmiento, frente a la lucha electoral por su sucesión. Mitre, Alsina, y Avellaneda, candidato del presidente, aspiran a sucederle. En marzo se iban a realizar elecciones para la renovación legislativa.

El juicio que entabla Alsina contra Bilbao es sobre calumnias. Bilbao había publicado una editorial en su diario, titulado “El movimiento de opinión” el 15 de enero de 1873, donde saca a relucir un hecho ocurrido varios años antes, en 1868. En él cuenta que fue defensor de los vecinos de un partido de campaña que acusaban al juez de paz, al cura y a la municipalidad de defraudación del tesoro municipal y de las rentas nacionales. Pero Bilbao agrega que no tenían otro apoyo que el del gobernador, a quien pagaban el servicio, enviándole elecciones hechas a su paladar.

La acusación de los vecinos fue presentada ante el Dr. Alsina, en ese momento gobernador de Buenos Aires, y no se pudo obtener la destitución de los acusados. El proceso terminó en el Superior Tribunal, luego de litigar tres años, con una condena sólo moral, porque ninguno de ellos recibió pena alguna.

Sostuvo Bilbao que ello ocurrió “porque la administración de justicia responde a intereses de partido y todo se sacrifica al juego criminal de fraguar elecciones. Se debe cambiar el sistema electoral. Los partidos se oponen porque quieren ganar las elecciones consiguiendo el nombramiento de jueces de paz que le den elecciones fraguadas.”

Por estas expresiones, Alsina recurre a los tribunales acusando a Bilbao de calumniador desvergonzado.

El 27 de enero se reunió el jurado integrado por Julián Balbín, Alejo Arocena, Sebastián Lezica, Mariano Billinghurst y Juan A. Fernández. Bilbao en la primera sesión pide se muestren los expedientes de la causa de la Municipalidad de Monte, del expediente sobre la denuncia del vecino Zenón Videla Dorna contra el juez de paz de Monte, Feliciano Licea por defraudación al tesoro nacional. Esto ocurría en 1868.

Entre las pruebas que presentó Bilbao figura una carta del juez de paz de Azul, Enrique Aramburú, dirigida a Alsina, donde se evidencia la práctica del fraude electoral. Porque en ella le cuenta a Alsina que como no tuvo tiempo de formar mesa para su recomendado para diputado provincial, llenó los registros con la candidatura de Sundblad por 316 votos,  en reunión realizada en su casa con cuatro amigos de confianza. “Y si lo hice así fue en el deseo de hacer lo que usted me indicaba.”[18]

El veredicto estuvo dividido, tres jueces lo condenan al pago de una multa de $500 y las costas causada, y por minoría, los jueces Mariano Billinghurst y Juan Antonio Fernández[19] lo absuelven. Bilbao apela y el veredicto de apelación lo absuelve de calumnia y lo condena por injuria, librándolo de las costas. El jurado aplicó el mínimo de la pena, $500 pero no la inhibición de escribir en la prensa por el término de un mes como establecía la ley. Hubo manifestaciones  de la Bolsa de Comercio, de diarios nacionales y extranjeros a favor de Bilbao, y a favor de la libertad de prensa.

Bilbao pone en evidencia algo ya sabido que era el abuso de autoridad de los jueces de paz y su complicidad en el fraude electoral que era cosa corriente en esa época. Hubo que esperar hasta 1912 para que se reformara el sistema electoral. Pero ya Bilbao reclamaba que debía reformarse el sistema de inscripciones y la manera de recibir el sufragio.

Este juicio afectó las posibilidades de Adolfo Alsina de acceder a la presidencia de la Nación. Un folleto anónimo, relacionado con este tema, de 1873, titulado: El vice-presidente es candidato inconstitucional para la presidencia de la Nación. Artículos de la redacción del diario La República, es sin duda obra de Bilbao.[20]  

Bilbao fue un acérrimo opositor a Sarmiento, a través de artículos en La República y La Libertad. La publicación en La Tribuna de una carta de Sarmiento enviada a Mariano Varela del 26 de abril de 1875, tuvo como respuesta ocho cartas de Bilbao, publicadas en La República. Luego las reunió y publicó bajo el título: Cartas de Bilbao a Sarmiento recopiladas por unos amigos de la verdad.[21]

Ellas constituyen una muy crítica historia de la actuación de Sarmiento en Chile, país al que llegó como emigrado en 1841  y en Argentina desde Caseros hasta el final de su presidencia en 1874.

La carta de Sarmiento en La Tribuna tiene por objeto desmentir y atacar a Bilbao, quien había identificado a Sarmiento como el autor de un escrito contra Bartolomé Mitre. Dice: “D. Manuel Bilbao, ese paladín de la libertad que anda a la caza de tiranos, ataca los molinos de viento y castillos en el aire, pero defiende a Castilla en el Perú, fue partidario de Urquiza y ha escrito una vida de Rosas, o que se yo, que sin duda el Sr. Bilbao no me hace el disfavor de creer que yo he abierto. (…) No quiere dejarme vivir en mi país, ladrándome y mordiéndome los talones todos los días. Manuelito déjeme tranquilo.”

Lo llama Bilbao II o Manuelito, en forma despectiva, y minimizándolo con respecto a su hermano Francisco. Dice: “El equipaje de Bilbao II se compone de poca cosa, y puede llevarlo en una hoja de cigarrillo. El pueblo, el poder, los déspotas, la libertad. Con esas cuatro palabras compone su artículo diario.(…) Hoy de un modo mañana de otro modo y los suscriptores llueven y el negocio florece. La revolución es el término, el objetivo de sus tareas.”

Bilbao, nos dice, fue uno de los resortes más robustos de la Revolución de 1874. “Es el fiscal que ha nombrado el ladrón para perseguir al juez.” pág.7

De Francisco Bilbao dice que es un escritor disparatado, de su obra “Sociabilidad chilena” antisocial y herética, por la que fue excomulgado. De Manuel, un saltimbanqui de la prensa.

Concluye su carta con ironía y sarcasmo: “Viva el pueblo Bilbao! Mueran los déspotas! Que el último déspota del mundo, ande con espuelas de fuego, sobre un universo de pólvora para su castigo eterno!

Bilbao estará siempre, creánselo, por la libertad contra el poder! Yo me voy para Zárate amigo Bilbao y no le he de contestar nunca!” pág. 12  Aunque Manuel Gálvez, en su Vida de Sarmiento, consigna que le responde con un artículo titulado “Poetas menores de la detracción, Bilbao don Manuel”, y nos dice que: “Un juez de polémicas, si lo hubiera, fallaría a favor de Bilbao”. [22]

Ocho cartas publicó Bilbao en “La República” en las que realizó una crítica lapidaria sobre la personalidad y actuación de Sarmiento.

La primera carta fechada el 26/4/75, dice que Sarmiento apoyando a Montt estaba con el despotismo, fue un escritor asalariado por 100 fuertes al mes, al servicio del despotismo y del patíbulo político.

Pone en duda sus méritos militares y de patriota: “Combatiendo desde los 19 años tuvo la suerte de no encontrarse en combate alguno (…) mientras Ud. ha combatido en parte soñando y en parte despierto, siempre lo ha hecho poniendo un mar de por medio. Todos sus ataques han sido con anteojos de largavista.” pp.33/34 Por combatir a Rosas combatirá a su patria (cordillera de por medio). Llamó contra ella la coalición europea. Eso era poco. Ud. sostuvo que el Estrecho de Magallanes, disputado por su patria como territorio argentino, era territorio chileno, sin que nadie se lo pidiese.” pág.19

La segunda carta, del 27/4/75, trata principalmente de la defensa de su hermano Francisco, porque Sarmiento da a entender que su vinculación con Urquiza, era a raíz de un negocio de estancia en Entre Ríos. Esta aseveración, le provoca a Manuel una santa indignación. Y llama a Sarmiento miserable calumniador. Porque jamás estuvo mezclado el interés en los actos de su hermano Francisco. Explica el negocio de estancia. La familia Barquín poseía un campo de 70 leguas en Entre Ríos. Pero el establecimiento fue incendiado, los herederos decidieron vendérselos a Urquiza, quien lo compró por 6000 onzas . La hijuela de la madre era la cuarta parte. La venta ocurrió cuando ya Francisco se había separado de Urquiza. El que realizó el gran negocio fue Urquiza porque seis años más tarde las vendía a 10.000 fuertes cada una. Pero su hermano no intervino en nada en ese negocio.

Francisco, radicado en la Argentina desde 1857, estuvo a favor de la incorporación de Buenos Aires a la Confederación. Urquiza lo llamó a colaborar redactando el periódico “EL Nacional Argentino”. Pero al enfermarse se retira a la vida privada. Después de Pavón se desengaña de Urquiza. Y en respuesta a un artículo de La Nación por su apoyo a Urquiza, dice que siempre estuvo a favor de la integridad nacional. “El Urquiza de Caseros y presidente constitucional de la Confederación, era para mí, extranjero recién llegado, un héroe argentino, y para Bartolomé Mitre, un caudillo de salvajes. Después de la batalla de Pavón, el extranjero lo despreció, y Mitre le llama su querido amigo.”

Sarmiento es un mentiroso.

Se hizo el educacionista reduciendo la cuestión a la antinomia civilización y barbarie.

Para quien su credo político era el despotismo y el patíbulo su sistema, era acción santa asesinar a Benavídez, era acción santa asesinar a Virasoro, fusilar a los prisioneros, al Chacho Peñaloza, a sostener a Montt por 100 fuertes, no separarse de los destinos, ser sostenido por el tesoro, no podía comprender que hubiese un ser humano que prefiriese la pobreza a cualquier transacción con su conciencia. pág.25

Lo acusa de hacer uso de la violencia en forma sistemática y de la represión como método. Transcribe máximas de política y de guerra de la Comisión unitaria en Chile, en 1841, donde se recomienda emplear el terror para triunfar en la guerra, documento firmado por él. Dice: “…que Rosas, poder personal, dictador, en una época anárquica, barbarizadas las masas fuere sanguinario, se comprende. Pero que usted representando un poder constituido, en una época adelantada, pacificado el país, apoyado por los intereses industriales, se esforzase en asilar, en desorganizar, perturbar las nociones democráticas, eso no se comprende, sino como perversión del corazón y como fruto de una naturaleza ansiosa de crueldades.” pp.33

Fue en nombre de los principios liberales que combatió a Sarmiento. En 1874 apoyó la revolución encabezada por Mitre que desconocía el triunfo de Avellaneda como presidente de la Nación en elecciones consideradas fraudulentas. Aunque debería haber pensado que Mitre también recurrió al fraude, como lo sostuvo Héctor Varela en un discurso en la Legislatura:  “…Bartolomé Mitre, nuestro amigo político cometió grandes fraudes  para vencer en las urnas al caudillo (Urquiza)”    

Estuvo contra Mitre en 1866 por su alianza con Brasil para hacer la guerra al Paraguay y por sus intervenciones a las provincias, y lo apoyó cuando se opuso a Sarmiento, por ser un  gobierno destructor de la federación.  

Critica la política educativa de Sarmiento, enormes gastos, los libros se compran a millares, los libros en español son estúpidos, recurre a traductores para que traduzcan obras Yankees, se pide todo al exterior que es más barato, pero la tipografía nacional está muerta. De paso sostiene que el sistema ortográfico que Sarmiento se atribuía su creación había sido creado por un autor anterior muy poco conocido.

Se retira de Buenos Aires abandonando  sus funciones durante la epidemia de fiebre amarilla.

Critica su administración. Su voluntad era la única Constitución, las provincias sucursales del poder central y la federación sólo una música para ahogar el clamor del pueblo por su libertad. Fue el más ruinoso de los administradores. Se lanzó en aventuras de progreso. Prosperidad ficticia, riqueza imaginaria, el consumo del país excede en el doble de su producción. En 1874 lega al país la ruina del comercio y del tesoro.

“A los 66 años ¿Qué había conquistado para su nombre? El apodo de loco cuando le correspondía el de verdugo.” pp.166/167

Así concluye sus cartas Bilbao. El trasfondo de esta polémica está el hecho de la Revolución mitrista de 1874, a la que Bilbao había adherido, en contra del triunfo electoral del candidato de Sarmiento, Avellaneda.

Tanto en el juicio de Adolfo Alsina como en la polémica con Sarmiento se presenta Bilbao como defensor de principios liberales democráticos, contra el fraude electoral, el despotismo, el centralismo. En aras de esos principios se enfrentó a Adolfo Alsina, ídolo popular de la época, jefe del partido autonomista al que se unieron los antiguos federales, y hombres como Leandro Alem, Hipólito Yrigoyen y Aristóbulo del Valle, y de ese modo sirvió a los intereses de Bartolomé Mitre, al que podría haber acusado de muchos de los cargos que le hizo a Sarmiento.

Cuestión de límites con Chile, 1878.Colección de artículos publicados a ambos lados de la cordillera, en el periódico La Libertad en Argentina, y el El Ferrocarril en Chile. Todos ellos a favor de la tesis argentina. Hipoteca una propiedad para costearse el viaje a Santiago de Chile para exponer su posición ante el mismo presidente Pinto  y evitar la guerra. En Chile, una multitud se dirige al hotel donde se alojaba frente a la plaza de Armas al grito de “Muera Bilbao” y “abajo la Argentina”. Logra huir junto a su hija tomando un coche, ocupando el lugar del cochero y colocándose su sombrero atravesó por el centro la manifestación que venía en su búsqueda sin ser reconocido, hasta llegar a la estación central del ferrocarril, partir a Valparaíso y a bordo del “Britania” arribar a Buenos Aires.[23]

Pasamos a analizar las dos obras sobre el gobierno de Rosas, que entre una y otra median quince años.

Historia de Rosas (1868)[24]

“Fue una obra muy leída en su época”, nos dice Clifton Kroeber, a la que le reconoce cierta objetividad, aunque no está mejor informada que otras de su tiempo.[25] No habiéndose escrito ninguna exclusivamente sobre Rosas, hasta ese momento. Del mismo año son las Lecciones sobre la historia de la República Argentina de José Manuel Estrada, que sigue la interpretación liberal.

En la advertencia nos dice que este es el primer tomo que abarca desde 1810 hasta 1832, de doce capítulos, sólo los últimos cuatro se refieren al primer gobierno de Rosas. Y para el segundo espera reunir todos los documentos  “para formar un juicio exacto, que nos permita exponer los hechos con la veracidad histórica precisa.” Ese segundo tomo nunca lo llegó a escribir. Bilbao como la mayoría de los hombres de su época era liberal, anticlerical, y consideraba a España como un país atrasado causa de todos nuestros males, y por supuesto a Rosas un tirano. Pero sin embargo se propone realizar la historia de los sucesos y de las causas que los han producido, libre de las pasiones políticas, para poder descubrir la verdad histórica. Es una historia que aun no había sido escrita, y que él se propone realizar, y que lo lleva a revisar la interpretación oficial instaurada después de Caseros. Por esta razón Pérez Amuchástegui lo consideró el primer precursor del revisionismo. Si bien no escribió el segundo tomo que completara su estudio sobre el período rosista, lo hará en su obra más destacada, “Vindicación y memorias de Antonino Reyes” en 1883, quince años después, y donde se produce un cambio de su juicio acerca de Rosas, aun considerándolo tirano, encuentra  justificaciones a su proceder, de los que culpa a los unitarios.

El objeto filosófico de esta obra es, nos dice, : …que la historia de Rosas viene a ser la historia del curso que ha seguido la idea democrática en la República Argentina….” pág.7  La explicación de las causas de las contiendas ha sido la causa personal de este o aquel individuo, pero no el estudio de los principios. Pero el mal no estaba en que gobernase este o aquel hombre, porque el mal continuaba a  pesar que se los cambiaba. Hay que buscar el remedio, “no en el terreno de las individualidades, sino en otro más elevado: en el terreno de las ideas que han militado”. pág.8

La historia del general Rosas nos va a demostrar la marcha que ha seguido el principio de la revolución americana, la lucha entre ese principio y el que sirvió de base a la dominación colonial. El principio de la revolución americana fue la emancipación material y moral del colono. El primero se logró al expulsar a los mandatarios españoles, y el segundo, la emancipación del espíritu, quedó por realizar. “Arrojado el cuerpo de la conquista, quedó entre nosotros su alma”. pág.8

Y el alma de España es la superstición religiosa y la adoración a los reyes.

El alma de la emancipación es la libertad, la independencia física y moral del hombre.

Y desde 1810 se lucha por la definitiva implantación del sistema democrático, contra el poder absoluto del sistema colonial.

En las revoluciones americanas se produce el choque entre el espíritu viejo y el espíritu nuevo. Surgen divergencias sobre las bases que debían servir de organización: 1) para la mayoría de los pueblos emancipados debían seguir gobernándose por las leyes y costumbres legadas de la conquista. La forma republicana sólo servía  para tener un gobierno propio, que desconocía los derechos individuales.

2) para otros, los pueblos emancipados debían imitar el gobierno de la revolución francesa, desenfreno de la demagogia, que desconocía el derecho individual. La República significaba dominio dictatorial del poder civil.   

En la revolución de  Mayo, caracteriza a Mariano Moreno y Cornelio Saavedra como dos figuras contrapuestas. Moreno, imitador de la conducta omnipotente de la Convención francesa, fundador del sistema unitario, Buenos Aires, metrópoli de las provincias como antes del Virreinato.(Recordemos que la postura de Bilbao era a favor de los girondinos y no de los jacobinos.) Saavedra, defensor del principio de igualdad política, las provincias tenían derecho a elegir Juntas de gobierno como en Buenos Aires. Estas ideas serían más tarde las del partido federal. La lucha entre estos dos bandos conducirá a la anarquía. Se aparta así de la interpretación liberal, que exalta la figura de Moreno. Bilbao defiende a Saavedra y al sistema federal.

Un aporte valioso de Bilbao es el mostrar la complejidad de esa lucha, que no estaba constituida sólo por dos bandos sino tres, en los que se entrecruzan ideas y posiciones. Dice, entonces, que se formaron tres partidos: el unitario, el federal y el separatista. El unitario, representado por Rivadavia, el federal, representado por Dorrego, y el separatista por Rosas.

1) Unitario: hasta 1820 por preferir una organización de una monarquía coincidía con el régimen colonial. En 1821 se vuelca a un régimen republicano unitario. Era revolucionario en ideas sociales, pero colonial adelantado en ideas políticas. Por su posición centralista, Buenos Aires, metrópoli para las provincias en vez de España, violaba el principio de igualdad política, trajo la anarquía y la pérdida del Paraguay, la Banda Oriental y Bolivia. En este último caso, porque el partido unitario abandonó la guerra de la independencia, para imponer a las provincias el unitarismo, dando lugar a que Bolívar viniera a emanciparla. Vemos que en esta interpretación se aparta de la interpretación liberal.

Su representante, Rivadavia: “demoledor del pasado, allanando las vías por donde debía entrar el espíritu nuevo a reinar”, p.53 Analiza sus reformas, y sostiene que vino a suplantar el alma de España por el alma de la República. Con la reforma educativa, despañolizarnos en cuerpo y alma. En cuanto a la reforma religiosa, para Bilbao, “El imperio del catolicismo era la anonadación del pensamiento y la muerte de la razón en el ser creado”. Incompatible con la democracia.  Rivadavia pensaba que no, creyó que podía servirse del clero católico para contribuir a la civilización. El clero se opuso a la reforma porque su imperio estaba basado en la ignorancia de los hombres. pág.58

Según Bilbao, el gobierno de Rivadavia debió postergar la obra de implantación unitaria, respetar el statu quo de las provincias y consagrado su atención a la guerra del Brasil. pág.80 Hace, entonces recaer más en Rivadavia la responsabilidad del fracaso de la guerra.

La consecuencia fue que los caudillos, que encubrían su ambición de dominio absoluto, plegándose a la federación, y los que odiaban a Rivadavia por sus reformas, se unieron para derribar la administración unitaria. A estos últimos los llama coloniales netos. Y allí podemos ubicar a los primos de Rosas, los Anchorena.

2) Separatista: Sostiene el derecho de cada provincia para darse sus autoridades locales y concurrir por igual a formar el gobierno nacional. Estos principios se modificaron ante la oposición unitaria. Los caudillos convirtieron la idea separatista en el propósito de aislamiento completo, y así constituir cacicazgos vitalicios en vez de autoridades democráticas. Este partido fue contrario a la reforma de la educación y de los hábitos coloniales, querían la continuación del régimen colonial.  

Podríamos reemplazar el vocablo separatista por el de autonomismo. Un ejemplo lo tenemos en Estanislao López, así lo califica Julio Irazusta: “como autonomista a todo trance antes que como patriarca de la federación.” [26]  

En Buenos Aires se produce un cambio de propósitos con el gobierno de Martín Rodríguez, porque los coloniales netos prefirieron la separación antes que convalidar la reforma social acometida por Rivadavia. Los enemigos de la reforma se dieron la mano con los separatistas, por su reverencia a la educación colonial. Las provincias pensaron encontrar la salvación de sus autonomías, pero no fue así.  Buenos Aires al disponer de las rentas de aduana y la representación de las relaciones exteriores, concentró en sus manos la riqueza y la fuerza, y las provincias quedaron tributarias de ella. El resultado fue el triunfo del unitarismo dictatorial y reaccionario.

Rosas accede al poder con facultades extraordinarias porque la legislatura compuesta por hombres reaccionarios, dominados por el espíritu colonial, preferían el despotismo al partido vencido. Rosas se convirtió así en jefe del partido colonial. pág.122 En esta visión de los hechos, Bilbao no puede desligarse de la interpretación liberal.

3) Federal: El partido federal, representado por Dorrego, era el verdadero representante de la idea democrática, quería la reforma social, la emancipación del espíritu, en lo cual estaba de acuerdo con el unitarismo. Quería que las provincias nombrasen a sus gobernantes y concurriesen a la formación, por igual, del poder nacional, en lo que estaban de acuerdo con los separatistas.

Su opinión sobre  Rosas coincide con la interpretación de la historiografía oficial, que convierte a Rosas en un ambicioso de poder, que en forma encubierta buscaba deponer a Dorrego. Espíritu centralizador y localista, quería la desunión para mantener a Buenos Aires dueño de sus recursos.

Sin embargo reconoce que los consejos que Rosas dio a Dorrego le hubieran evitado su triste fin: le aconsejaba que disolviese el ejército de la Banda Oriental o lo enviase a la Patagonia dividido en fracciones. Pero Dorrego temía más la preponderancia del partido  de Rosas que a los unitarios. Incluso señala su intento de aproximación a los unitarios, e impidió que se llevasen a cabo medidas contra los hombres de la presidencia de Rivadavia. Rosas alertó a Dorrego sobre la conspiración y le pidió armas para robustecer las fuerzas de la campaña pero éste le negó el pedido. Luego de la derrota en Navarro le aconsejó dirigirse a Santa Fe, pero prefirió ir en busca de un escuadrón de húsares que creía fiel. Los segundos jefes, Escribano y Acha se sublevaron y tomaron prisionero a Dorrego.

Concluye Bilbao, que los unitarios creían que derribando a los caudillos podían volver  a instaurar su sistema. Porque las causas de los sucesos, erróneamente, la hacían emanar de las personas. Otro error fue creer que Dorrego era jefe del caudillaje y creer al caudillaje sinónimo de la federación.

Dorrego, es entonces  según Bilbao, el único representante del verdadero federalismo, porque defiende además los principios liberales. Sus epígonos fueron los federales doctrinarios, quienes durante el gobierno de Balcarce buscaron la fusión con los unitarios.

La Historia de Rosas no contó con el beneplácito de Sarmiento, libro que ni siquiera leyó, pero también indignó a Rosas. Manuel Gálvez comenta: “El libro de Bilbao lo indigna más (que el de Memorias póstumas del general Paz)….Mercedes, la hermana del general, pidió a Rosas datos para Bilbao, que él no pudo enviarle por falta de un copista. Mercedes  ha creído que el libro era favorable a su hermano, y así se lo ha escrito a Manuelita. Pero, lejos de eso, hasta cobarde lo considera. ….el historiador para escribir su libro, ha debido informarse en fuentes adversas a Rosas. Don Juan Manuel cree que su historia verdadera será la que se haga en el futuro.”[27]

Dorrego[28] que tuvo tan destacada actuación durante el Congreso constituyente de 1826 defendiendo el federalismo y el voto de las clases no propietarias, y en su lucha desesperada durante la Guerra del Brasil, y su muerte trágica, merece un juicio crítico de Julio Irazusta cuando lo califica de aventurero, al referirse a  la crisis del año 20: “Entre medio, se agitaban los aventureros que crecen como hongos en la humedad de todas las revoluciones. Soler, Sarratea, Alvear, Dorrego, dispuestos a servirse de o servir a cualquier partido, en los mejores confundiéndose la ambición con la predestinación a la grandeza; en los peores chocando de modo resaltante con la ineptitud.”[29] Dorrego obviamente entre los mejores. Fue utilizado por los directoriales como instrumento y luego eliminado.

Con respecto a los revisionistas sostiene Julio Irazusta: “En el ensayo que dedico al historiador de la Confederación…(Saldías) esbozo el movimiento de revisión histórica, decididamente favorable al caudillo, emprendido por Vicente y Ernesto Quesada, Manuel Bilbao, Samuel Lafone Quevedo, y el propio Adolfo Saldías, cuyos antepasados eran unitarios, y que se habían formado en el seno de la tradición heredada. Tampoco éstos, con excepción de Bilbao, elaboraron satisfactoriamente la materia.” (se refiere a las enseñanzas de la diplomacia de Rosas)[30]

Con respecto a las dos  obras de Bilbao dice: “…Manuel Bilbao, salido del riñón del liberalismo continental, había llegado a conclusiones favorables a Rosas mucho más avanzadas que las de Saldías, aunque su falta de tesón le hiciese dejar otra obra inconclusa, y el resultado de su esfuerzo fuera por eso menos impresionante; había empezado una Historia de Rosas, con pretensiones científicas pero en la que recogió todas las escorias de la calumnia banderiza; la había interrumpido en la mitad de su curso, como sintiendo al fin la inanidad de su empresa; y puesto en contacto con Antonio Reyes, ex edecán de Rosas, había reconstruido la época con singular acierto en el enfoque, si bien sus deficiencias de narrador le impidieron dejarnos una obra lograda cabalmente.”[31]

Pasamos entonces al análisis de Vindicación y memorias de Antonino Reyes. (1883)

Antonino Reyes era el edecán de Rosas, jefe de la secretaría y despacho en el Cuartel General de Santos Lugares en 1840. Luego de Caseros, y del sitio de Hilario Lagos, es detenido, procesado y condenado a muerte con calidad de aleve en 1854, por su participación en el sitio y acusado de ejecuciones y torturas a los prisioneros en Santos Lugares. Antes de que se cumpla la sentencia, logra huir a Montevideo. En 1855, la Cámara de Justicia, ante el alegato del fiscal Miguel Valencia y la defensa de Manuel de Escalada, lo absuelve y levanta el embargo sobre sus bienes.

Sin embargo la opinión que Reyes como brazo ejecutor del tirano, era un malvado que se complacía en inventar martirios a los presos políticos en Santos Lugares, perduraba. Eduardo Gutiérrez en su obra Dramas del Terror mencionaba a Reyes como un criminal famoso. Esto lo decide a emprender su defensa.

Cuenta en la introducción, que hallándose en Montevideo, en 1881, fue a visitarlo Antonino Reyes,  para agradecerle palabras que puso en el diario La Libertad, cuando otros periódicos lo ofendían. Fruto de esa primera larga reunión de más de cuatro horas, surgió la idea del libro no sólo para vindicarse sino también como explicación de la dictadura del General Rosas, dando a publicidad los documentos que poseía.

Dice Bilbao, que estuvo durante más de veinte días escudriñando papeles y recibiendo explicaciones que: “no podían dejar de producir una modificación en las concepciones formadas por el aturdimiento del juicio propio, cuando éste es movido por la propaganda sistemada(sic) de hechos y actos que se imponen por su repetición y brillante manifestación.”[32]

El había querido encontrarse con Reyes cuando escribió la “Historia de Rosas”, porque se lo consideraba como el archivo secreto de Rosas, y porque éste le había enviado documentación para que se defendiera en el juicio que se le hacía. Y evidentemente muchos de los conceptos vertidos en esa obra producto de la propaganda unitaria, Bilbao los modifica en esta otra sobre Reyes, que tiene un objetivo mayor que vindicarlo. Porque también busca explicar por qué el pueblo argentino apoyó la dictadura de Rosas.

La obra consta de tres partes: 1)La Introducción, donde hace un resumen de los hechos desde 1810 hasta 1829 necesarios para explicar por qué llegó Rosas al poder. 2) La vindicación de Antonino Reyes, no sólo para rehabilitar su nombre, sino también por las enseñanzas que deja. “Se descubre el móvil que guiaba a políticos que estaban en el poder, al decretar prisiones y juicios que tendían a sepultar con el acusado al testigo de actos vergonzosos.”[33] Buscan dar una explicación de por qué Reyes estuvo al servicio de Rosas. 3) Las Memorias, sobre la administración en la que figuró. Estas no fueron escritas. Al final de la obra se adjunta un  Apéndice documental y Lista de federales fieles en 1840, muchos de los cuales figuran en el gobierno de Buenos Aires en 1853.

Introducción 

Analiza la historia del país desde 1810 hasta el nombramiento de Rosas como gobernador. En general sigue los mismos lineamientos que en su Historia de Rosas, pero modifica principalmente su interpretación sobre la relación entre Dorrego y Rosas, que había sido desfavorable para este último en la primera obra.

Sostiene que debido al unitarismo, centralista, pro monárquico, que estableció el terror como sistema, que trajo una vorágine de sangre y de desquicio y de anarquía, responsables de la pérdida de los territorios de Bolivia, Paraguay y la Banda Oriental, que buscaron en el motín y el terror imponerse, surge Juan Manuel de Rosas como sostén de la autoridad y el orden público. (pág.58)

Los unitarios, nos dice, “implantado el terror, habían derramado la sangre a torrentes, habían intentado en tres ocasiones entregar la nación a príncipes extranjeros.”(pág.59) Se adelanta a Ernesto Quesada en su denuncia de traición a la patria de los unitarios. En defensa del patriotismo de Reyes, que estuvo con la autoridad nacional durante las agresiones de Francia e Inglaterra, nos señala que los unitarios “se pusieron del lado de los extranjeros, hicieron fuego con los cañones de estos sobre la bandera de la patria y se sirvieron del oro francés para armar brazos que ayudasen a vencer al ejército argentino.” … “Si fusilaban a Don Antonino Reyes… por el hecho de haber servido a Rosas que defendía la patria de las agresiones extranjeras, teniendo de su parte la justicia, ¿qué pena habrían merecido los que servían bajo las banderas de los enemigos de la nación?” (pág.340) 

Y hace una muy interesante defensa del gobierno de Rosas rescatando los hechos positivos, que sus enemigos nunca habían valorado.

1) La administración de Rosas fue ordenada y honrada en el manejo de los caudales públicos. 2) A pesar de la guerra interna y externa, los impuestos fueron módicos, como no lo ha sido después. 3) No hubo negocios que defraudaran al fisco. 4) Nadie se enriqueció con los dineros de la nación. 5) No se vio prodigalidad de grados en el ejército, ni la distribución de fortunas entre los amigos del poder, buscando por medio de esos halagos el apoyo a la autoridad. 6) Severidad del gobierno. No hubo favoritismos. 7) Defensa del honor nacional ante las intervenciones armadas extranjeras.

Vindicación

Se relatan todas las alternativas del juicio, la acusación, la defensa, las pruebas, sus sufrimientos en la cárcel, la condena y la evasión. A los testigos presentados por el acusador, reconocidos como vagos, enemigos o interesados, Reyes opuso el testimonio de personas honestas que no podía decirse que fueran sus amigos. Rescatamos  la declaración de los testigos con respecto a la acusación de actos de crueldad con los prisioneros, quienes reconocen, en cambio, que fue muy humano, que les mitigaba los sufrimientos, daba limosnas, les auxiliaba con dinero de su bolsillo, ayudaba desinteresadamente sin pedir ni recibir nada a cambio, pagaba a los peones que trabajan en su propiedad, no utilizaba a los presos para ello.

Sí hubo actos de crueldad realizados por otros subordinados a Rosas, en especial en el cuartel del Retiro.

Antonino Reyes fue arrestado y conducido a la cárcel pública por orden del Ministro de Gobierno, Lorenzo Torres, el 11 de agosto de 1853, acusado de ser un criminal famoso, con quien el Juez del Crimen, Dr. Domingo Pica, debía proceder sin demora abandonando toda otra causa judicial.

Lorenzo Torres era un asiduo concurrente a Palermo en tiempos de Rosas, y luego de su caída se pasó de bando, y por ello debía dar pruebas de su odio a los hombres que sirvieron a Rosas, para aventar sospechas sobre su conducta. Pero además  Reyes tenía conocimiento de un acto vergonzoso: Torres en sociedad con un escribano Conde habían querido quedarse con una herencia de un oficial Matorras, al servicio del General Pacheco, quien lo había recomendado ante Rosas. Reyes estaba involucrado involuntariamente porque le había firmado un poder a Conde. Enterado del asunto por Manuelita, les obliga a devolver lo que habían usurpado. Otro motivo de rencor que tenía Lorenzo Torres era que Antonino Reyes no lo invitaba como a su hermano Eustaquio, a todas las reuniones  y  paseos que  hacía, salvo a algunas  notables fiestas. Pues no le tenía confianza. Se fue alejando más cuando, en la reunión en Colón se dio un abrazo con el Dr. Alsina, a la que Reyes se negó a ir. Comportándose como Judas en la Revolución de Lagos.

Otro personaje que tenía otros móviles para condenar a Reyes fue el Juez Andrés Somellera, que al poco tiempo de iniciado el juicio reemplazó al juez Domingo Pica. Fue el que dictó, junto a Martínez, la sentencia que lo condenó a la pena ordinaria de muerte con calidad de aleve, y la inhibición de sus bienes.

Hubo un incidente entre Somellera y Reyes, a raíz de que el juez le agrega otro cargo, responsabilizándolo de haber hecho denuncias a Rosas y contribuido a aumentar el número de los perseguidos por el Dictador. Reyes le contesta que es un cargo infundado y que puede ofrecer el testimonio de su mismo padre. El juez resolvió suspender la confesión sin consignar el dato que le suministraba el reo.

Relata el hecho Reyes, diciendo que el Sr. Somellera, padre del Dr. Andrés, entre 1849 y 1850, fecha que no recuerda con exactitud, pidió al gobernador una suma de dinero por medio de una carta y por tal motivo fue llamado a Palermo. Reyes lo encontró paseándose por los corredores de la casa. Rosas le encargó al escribiente Luis Fontana entregara el dinero (30.000 $ moneda corriente)  a Somellera y previa  firma de un recibo y a Reyes que presenciara la entrega. Así se hizo y Somellera se resistió a firmarlo empleando duras palabras. Reyes lo convenció. Después, en un lugar apartado, pero a la puerta de una sala donde con frecuencia se paseaba Rosas, se desahogó con insultos y quejas contra el hombre del que acababa de recibir una suma de dinero, llamándole malvado, ignorante y brutal.

Cuando Reyes regresó al despacho, Rosas le preguntó qué había dicho, si quedó agradecido o lo maldijo. Si le decía la verdad el hombre estaba perdido, si le engañaba el perdido era él. Mecánicamente le contestó que el Sr. Somellera quedó sumamente agradecido y se fue muy contento. De ese modo poniéndose él en riesgo, protegió a un hombre de un grave peligro. Su hijo no le pagó con la misma moneda.

Otro caso es el del gobernador de Buenos Aires en esa época: Pastor Obligado. La señora de Reyes le presentó una carta que había sido entregada en forma anónima redactada por el fiscal Andrés Ferrera, compadecido de Reyes y convencido de la injusticia que se estaba cometiendo con él, en la que amparándose en la recientemente dictada Constitución de Buenos Aires (1854), le solicitaba al gobernador que sobreseyera en la causa a su marido, teniendo en cuenta el carácter político de los antecedentes por los cuales se lo condenaba a muerte, de acuerdo con la atribución que le concede la constitución en el artículo 108.

La señora fue personalmente a entregársela a Obligado quien se la devolvió indignado, diciéndole que sólo un insolente y atrevido podía haber aconsejado semejante escrito. La siguiente reflexión le merece a Reyes esta actitud. Dice así: “Cualquier otro gobernador no habría podido expresarse así, quien desde mi entrada a la cárcel había hecho pesar su influencia clasificándome anticipadamente de criminal famoso. El Sr. Pastor Obligado, que fue secretario y consejero del coronel Cuitiño y que en su ausencia  recibía y ejecutaba las órdenes que se impartían; que fue el sargento 1° en el cuartel a quien obedecían todos, que probablemente usaba la divisa más grande y gritaba más alto: ‘Mueran los Salvages Unitarios’; ese hombre condenaba mi conducta digan, circunspecta en el puesto de Gefe de la Secretaría del inmediato despacho del gobierno de la Provincia, de Sargento mayor y Edecán en servicio.”[34] 

Estos datos sobre Pastor Obligado no figuran en ninguna biografía, han sido borrados, ocultados. Mostrar quiénes eran los hombres que detentaban el poder en esta época es también la finalidad de esta obra. Y de este modo no sólo reivindica a Reyes sino también a Rosas. Nos dice Bilbao: “La personalidad de D. Antonino Reyes aparecía levantada por cien testimonios de ciudadanos, que habían ido al juicio a amparar y defender a la víctima designada al sacrificio por la tiranía de la demagogia, que aterraba a Buenos Aires en esos tiempos, tanto o más que la tiranía de Rosas, desde que aquella no solo inmolaba al enemigo violando la fe pública comprometida en pactos solemnes, sino que la difamaba en su vida pública y privada, sin permitirle la defensa.”[35]

Esos pactos solemnes eran los que había firmado el gobierno de Buenos Aires, una vez levantado el sitio de Lagos, por el que se ofrecieron amplias garantías y seguridades para los vencidos  y una amnistía otorgada por la mediación de los representantes extranjeros de Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Pero el gobierno no cumplió su palabra.

Otro personaje de conducta vergonzosa fue el fiscal en lo criminal Dr. Emilio Agrelo, encargado de la acusación , que cuando lo visitó la familia de Reyes para pedirle su clemencia, se avenía a pedir otra pena que no fuera la muerte, si se le entregaba de contado la suma de $500.000. La esposa logró reunir $300.000, prometiéndole integrarle el resto,  pero se negó a ello. Esta narración se encuentra en carta que Reyes dirigió a Pastor Obligado en 1857 desde Montevideo, y otra a Agrelo en1873, que está incluida en esta obra.

En ella le recuerda y recrimina los $500.000 que le pidió a su esposa, mostrando una conducta atroz y miserable digna de un juez inmoral y corrompido. Se la envía  en circunstancias muy especiales para el ex fiscal, pues se encontraba preso a raíz de una causa que se le seguía por ladrón de los depósitos judiciales y de sumas tomadas a algunos presos. Podría, le avisa, aumentar el número de declaraciones en su contra, pero no quiere contribuir aun más a hundir su reputación ya muy sabida y solo quiere manifestarle los altos motivos que tiene para conservarle mala voluntad.[36]Esta era la clase de persona que se encargó de reunir pruebas para condenarlo injustamente.

Lorenzo Torres, Andrés Somellera, Pastor Obligado, Emilio Agrelo son nítidos casos de mala conciencia que se repiten en nuestra historia. En su libro “La Revolución de los Generales”, Rogelio García Luppo, explica los casos de “mala conciencia” de los principales partícipes de la Revolución Libertadora que de fieles oficiales peronistas se convirtieron en acérrimos antiperonistas Pone el caso del almirante Isaac Rojas, oficial de marina distinguido especialmente por Perón, premiado con el cargo de ataché naval en Río de Janeiro. O el de Pedro Eugenio Aramburu, que al ser menos peronista que Rojas, éste se sintió impelido de demostrar el más absoluto fanatismo antiperonista cuando compartió con él el gobierno provisorio de Argentina. 

Los tres últimos capítulos tienen por objeto explicar las causas que llevaron a Reyes a servir a Rosas. El primero, Cargos políticos, se refiere al absolutismo de los gobiernos revolucionarios, la anarquía que provocaron los unitarios al no aceptar la organización que las provincias querían, y al fusilamiento de Dorrego a instancias de los unitarios. El segundo, Más sobre cargos políticos, sobre la traición a la patria de los unitarios al aliarse al enemigo extranjero, y a favorecer la disgregación del territorio. El tercero sobre Camila O’Gorman.

Así dice Bilbao: “El absolutismo de los gobernantes, como el sistema del terror nacieron con el primer gobierno de 1810.” [37]

“Don Juan Manuel de Rosas no era el inventor del terror, de las confiscaciones ni el que traía la novedad de disponer de la vida y de los intereses de los hombres. La teoría y la práctica de esas teorías, la habían enseñado los unitarios, mientras estuvieron con mando.(…) Los pueblos buscaban en este hombre el mandatario que los librara de la anarquía, de la opresión, de todo cuanto había hecho a los unitarios odiosos ante la opinión de las masas.”[38]

Adjunta documentos como la orden de la junta de arcabucear a Liniers y sus compañeros en el momento en que sean pillados. Circular y bandos del Primer Triunvirato sobre confiscación de bienes de comerciantes que no cumplieran con sus disposiciones.

Pero lo que más impresionó al país entero fue la usurpación del poder y el asesinato de Dorrego, gobernador legítimo en 1828. Adjunta las cartas dirigidas a Lavalle por Juan Cruz Varela y Salvador María del Carril.

Inserta Bilbao una larga defensa de Rosas hecha por los federales en septiembre de 1843, durante la agresión extranjera. La finalidad es justificar el apoyo de Reyes a Rosas. En ella se enumeran todos los crímenes y estragos que cometieron los unitarios en Buenos Aires y en las provincias del interior. “Pero el general Rosas dirigió esa resistencia nacional; se restauraron nuestras leyes; y renació el impero feliz del orden y la paz.” [39]dicen.

Se refieren también al asesinato de Quiroga, que condujo a otorgar a Rosas la suma del poder público. Ello estaba justificado porque: “El poder extraordinario que hoy ejerce nuestro gobierno ha sido el medio a que han apelado y recurren las naciones más libres, para salvarse en las circunstancias oscilantes y tremendas; enfermedades mortales del cuerpo político, que como en el humano, es preciso curar por medios vivos y eficaces. En la alternativa que se defienda así la sociedad, o de que se hunda, jamás fue, ni es dudosa la elección.”[40]

Si a Antonino Reyes lo juzgaban por servir al general Rosas, quién los iba a juzgar a ellos por la muerte de Dorrego. Por ello no podía culparse a Reyes por las banderas que seguía, desde que las acusaciones a los unitarios  eran, desgraciadamente, en su mayor parte fundadas. Reconoce cautelosamente Bilbao.

Inserta documentación como la carta de Manuel Moreno informando sobre los planes de los unitarios en Montevideo, o la de Lavalle a Martiniano Chilavert, con la famosa frase, ahora ya muy sabida, pero en esa época no, - ¿qué hacen con la legislatura? La opinión de aquellos amigos es que s i creen no contar con sus miembros, no se acuerden de ella para nada, pero sin decir que la disuelven. Pero si cuentan con una mayoría segura, agarrarse de ella al instante.

En el siguiente capítulo Bilbao transcribe documentos que muestran a las claras la alianza de los unitarios con los agresores extranjeros, y que además procuraron separar las provincias de Entre Ríos y Corrientes. Cartas de Lavalle a Bouchaud, escritos de Lamartine, del mariscal Soult, de los comerciantes de Londres al Parlamento, opiniones del cuerpo diplomático en Washington, del general San Martín. Todos estos documentos muestran que el que cumplía con su deber al servir a Rosas que defendía  la patria contra agresiones armadas extranjeras era  Antonino Reyes y no los unitarios que se aliaron al enemigo para hacer la guerra a Rosas ofreciendo parte del territorio argentino a cambio de su apoyo. Frente a esta cuestión no hay duda posible. La patria o el extranjero. Rosas y Reyes defendieron la integridad  y dignidad nacional. Los otros no. Sin embargo eran a los que se debía premiar y a los federales condenar.

El tercer capítulo se refiere a Camila O’Gorman. Ya se había hecho referencia a este sonado caso, en el capítulo sobre su defensa, ya que se lo acusaba de ser cómplice de Rosas en la muerte del cura Gutiérrez y de Camila.

Dice Bilbao: “Bien merece que figuren en este tomo los dos actos mas estupendos de los viejos partidos que luchaban. La ejecución de Dorrego, que derribó para siempre al partido unitario. La ejecución de Camila, que precipitó la caída de la Dictadura de Rosas para no volver a reaparecer.”[41]

Rosas se veía burlado por la ocultación de la fuga ocurrida. Tardó nueve días en enterarse. Y a la vez difamado por la prensa de los unitarios de Montevideo, que lo responsabilizaba de la inmoralidad de Gutiérrez como fruto de la corrupción que atribuían a la vida en Palermo. Interpreta Bilbao que para Rosas, “el verdadero crimen de Gutiérrez y Camila fue el haber burlado su autoridad, y el aparecer burlado ésta ante la faz de la sociedad.”[42] A mi entender, llegó a esa conclusión errónea, porque no logró desprenderse de considerar a Rosas un tirano. Explicación más ajustada a la realidad la expresa Manuel Bilbao (hijo), cuando transcribe lo siguiente: “Se trata de la moral del pueblo, de los principios en que se basa la sociedad, de las normas sagradas de la religión. Y debo poner freno a las malas pasiones” le dice Rosas a Manuelita cuando ésta le pide que los perdone .[43]

 La decisión de hacerlos fusilar en cuanto se los encuentre ya la tenía tomada. Aún así consultó a los juristas más afamados, quienes dictaminaron que correspondía la pena de muerte,( Vélez Sarsfield, Lorenzo Torres, Baldomero García) salvo una sola opinión en contrario, la del Dr. Eduardo Lahitte.

Reyes  trató de aliviar todo lo más posible la situación de los presos, eligiendo los grillos más livianos para Camila. Envió una carta a Manuelita para que intercediera ante Rosas por ella.  Y le hizo saber a Rosas que Camila estaba encinta. Dice Bilbao: “Este recurso lo empleaba Don Antonino Reyes, dudando de la verdad de la situación de Camila; porque no lo manifestaba el cuerpo de la joven, ni se advertían indicios de semejante preñez. Si la había, ella no podía ser sino muy  reciente; pero como tal causa servía en aquel momento para salvarla, la alegaba poniéndose de acuerdo con el médico del campamento Dr. Martínez.”[44]

Reyes encargó a dos subalternos que diesen cumplimiento a la orden de Rosas, y se encerró en su pieza, muy impresionado.

Bilbao concluye: “Mas le valía a Rosas haber perdido una batalla que el haber hecho fusilar a Camila. Tal fue el daño que le hizo a su prestigio y autoridad.”[45] De hecho la historia de Camila y Gutiérrez sigue siendo un argumento en su contra y ha sido llevado al cine y últimamente al teatro.

Rosas, en carta a Federico Terrero, documento con que Bilbao da por concluida su obra, expresa que ninguna persona le habló en su favor, que el clero sostuvo que se requería un castigo ejemplar. El creyó lo mismo. Y teniendo la suma del poder público gobernó según su conciencia, por lo tanto, asumía  toda la responsabilidad de la ejecución. Pero concluye:

“Soy, pues, el único responsable de todos mis actos: de mis hechos buenos, como de los malos; de mis errores y de mis aciertos.

Las circunstancias durante los años de mi administración fueron siempre extraordinarias: y no es justo, que durante ellas, se me juzgue como en tiempos tranquilos y serenos.”

Repercusión de la obra en la prensa de la época.

En la edición de 1943 de la Editorial Americana de Buenos Aires, titulada Memorias del edecán de Rosas, se incluye una noticia biográfica redactada por su hijo Jorge Bilbao, más un agregado documental con los comentarios hechos por la prensa  de la época : La Unión, El Nacional, El Diario.

Comienza con un artículo favorable: la reseña bibliográfica realizada por La Unión el 21 de junio de 1883. Aclarando que el juicio sobre la tiranía de Rosas no puede cambiar, sí pueden modificarse las opiniones sobre determinadas circunstancias y personas. Se pregunta si todas las culpas deben recaer sólo sobre el partido que elevó a Rosas al poder omnímodo, como si todo lo malo estuviera de una parte y todo lo bueno de otra. Considera que es posible que las responsabilidades se compartieran. Estas reflexiones hace el articulista sobre la lectura del libro de Bilbao, que no puede menos de suscitar el interés más vivo, el primero en su género después de treinta años de derrota y silencio rosista. Opinión muy cauta, pero valiente si se tiene en cuenta los persistentes odios contra Rosas de los que detentaban el poder en ese entonces. Por eso asevera su hijo sobre la obra publicada en 1883: “…fecha en que nadie  y lo repito –nadie- se atrevía a nombrar al general Rosas, sino para denigrarlo.” pág.18   

El mismo día publica El Nacional (periódico fundado por Vélez Sarsfield) un artículo titulado “Un libro de Chantage”, sin firma. La idea principal es que el libro no viene tanto a reivindicar  a Antonino Reyes como a la tiranía de Rosas. Bilbao pone su ilustración, su nombre al servicio de una reacción federal. No hay en toda la obra una sola frase que condene los actos de  la tiranía de Rosas. La Lista de los federales fieles en medio del gran conflicto de 1840, del apéndice N°8 es lo que más lo irrita, porque publica muchos nombres que figuran después de la caída de Rosas.

Bilbao publica en El Diario de Buenos Aires una contestación a los artículos críticos sobre su libro, en la que descarta que su intención haya sido defender la tiranía de Rosas. A sus críticos los llama liberales. El que buscara las causas  que produjeron la anarquía y que llevó a Rosas al poder, no con el espíritu de servir a un partido sino con el propósito de establecer la verdad de la historia, es el gran crimen que ha cometido Bilbao para los liberales. Dice también: “Los liberales que impugnan esa vindicación, tienen por principio el juzgar sin oír al acusado. Esta posición acusa un despotismo superior al de Rosas.”

Es interesante que llama a sus críticos, liberales, como si él no lo fuera. Pero lo que lo distancia de ellos es esa búsqueda de la verdad histórica, por encima de los odios y pasiones de partido.

Conclusión

Manuel Bilbao,  fue precursor de la escuela revisionista, o el primer historiador revisionista, si consideramos su intención de comprender la época de Rosas, libre de las pasiones de partido, y de revisar la interpretación oficial instaurada después de Caseros. Tiene el mérito de haber podido estar por encima de los condicionamientos de su tiempo, en que estaba condenado defender a Rosas, considerado un monstruo de perversidad, y su historia negada en bloque.

A pesar de su  postura liberal, como ocurría también con los más destacados  revisionistas como Adolfo Saldías y Ernesto Quesada, descendientes de familias unitarias, fue el primero que se atrevió a poner en tela de juicio la actuación de los unitarios y responsabilizarlos del poder despótico de Rosas.

Debido a ello fue relegado al olvido, y tampoco se tuvo en cuenta su abnegada actuación durante la epidemia de fiebre amarilla, su defensa de la posición argentina durante la cuestión de límites con Chile, arriesgando su vida y su fortuna, su valentía en la defensa de Elisa Lynch, que lo hacían mucho más meritorio para ser recordado por lo menos con el nombre de una calle de nuestra ciudad. Esta falta de reconocimiento se observa también en los historiadores revisionistas, Saldías[46] y Quesada, que no hacen ninguna referencia a las obras de Bilbao sobre Rosas que precedieron a la de ellos. Tal vez le jugó en contra su actitud polémica especialmente contra Sarmiento.

Digno de reconocimiento y estudio. Fue un hombre libre, se mantuvo fiel a sus principios, y ejerció un espíritu crítico  que le impidió repetir en forma mecánica los conceptos o interpretaciones comúnmente aceptadas, para someterlas a análisis y  buscar la verdad histórica.

Nunca renunció a su patria de origen, Chile, pero por su actuación en varias de las nacientes repúblicas de la América del Sur, aun en proceso de constituir el estado nación,  podemos considerarlo antes que nada un americano.

Referencias:

[1] González Quiroz, Mabel: “Manuel Bilbao and the first chilean historical novel. Critical introduction and annontated Edition of “The Great Inquisidor” Proquest, 2008.

[2] Pérez Amuchástegui, A.J.: Federalismo e historiografía” en Revista de la Escuela de Defensa Nacional N°13, Año IV, septiembre 1976. “Rosas y la historiografía” en Crónica Histórica Argentina. Buenos Aires. Editorial Codex. 1968/1969, t.3, pp.cv-cxii 

[3] Buela, Alberto: “Quesada y su método histórico-hermenéutico”, Ciclo de historiadores revisionistas en Biblioteca Nacional, julio-agosto 2013, donde denomina al método “festina lente”.

[4] Participaron en la conspiración dos franceses, Antonio Gramusset, inventor fantástico y agricultor fracasado, Antonio Berney, profesor de latín y matemática, y José Antonio Rojas, un criollo acaudalado. Influídos por las ideas de la Ilustración, querían establecer una república en la que votarían también los araucanos, en la que se repartirían las tierras en lotes iguales. Al ser descubiertos, los dos franceses fueron enviados presos a España. El barco naufragó frente a las costas de Portugal, Berney murió ahogado, el otro poco después y a Rojas no se lo molestó.

[5] Mercedes de Barquín y Velasco Tagle Bracho. Descendiente de Andrea Bráccio da Montóne, guerrero del siglo XV en Italia, pero en realidad español, Andrés Bracho, Señor del Valle de Ruiseñada y heredero del palacio de Torno. Su hijo, Manuel Bilbao Rivera en su libro Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires, menciona el juicio de Robertson sobre la familia Barquín, uno de los hogares más distinguidos de la ciudad y de Merceditas una de las bellas más seductoras de Buenos Aires. Sus padres eran Manuel Antonio de Barquín y Ana María de Velazco, tercera condesa de Torre Tagle.Págs. 239/240  

[6] Castilla envía a Rosas en 1846 en la que lo considera “uno de los primeros campeones de la libertad”, en Revista de Inst.J.M. de Rosas, N°23, 1961.

[7] Alcibíades Lappas en su libro La masonería argentina a través de sus hombres coloca a Francisco como masón pero no a Manuel.

[8] Su novia desde 1844 hasta que la hizo su esposa a fines de 1863, luego de 20 años de novios. Tuvieron sólo un hijo que falleció a los 43 días. Muere de tuberculosis en febrero de 1865.

[9] José Alejandro Berheim, imprentero, nacido en Alsacia en 1822, fallecido en Buenos Aires 1897. En París activista del grupo liberal, que provocó la caída del rey Carlos X, por lo que debió emigrar. Llegó a Montevideo en 1850 y se enroló en el partido unitario. En la batalla de Caseros, imprime los boletines del ejército grande que redacta Sarmiento en una prensa portátil adquirida en Montevideo por orden de Urquiza. En 1852 fundó una imprenta en Rosario. Se traslada a Buenos Aires, y se casa con una joven danesa. Instala una imprenta, imprimió The Standard, Le Courrier de La Plata, y La República.

[10] Yaben, Jacinto: Biografías argentinas y sudamericanas, pág.593

[11] González Quiroz, Mabel: op.cit.

[12] Idem: pág.175/176

[13] La Editorial El Elefante Blanco la ha vuelto a publicar recientemente.

[14] Bilbao, Manuel: Elisa Linch  por Orión. Juicio crítico dado por el diario “La República”, Buenos Aires, noviembre 9 de 1870. Pág. 18

[15] Idem: págs.19/20

[16] Ibdem: pág. 31

[17] Scotto, José Arturo: Notas biográficas, Tomo IV,  Bs. As. , 1910, pág. 288.

[18] Bilbao, Manuel: “Defensa del Redactor de La República ante el jurado en el juicio entablado por el Dr.D. Adolfo Alsina”, Buenos Aires, Imprenta, litografía y fundición de tipos, Calle Belgrano 126, 1873, págs. 65/66

[19] Tanto Billinghurst como Fernández eran masones, de sólida posición económica. Fernández fue uno de los fundadores de la Bolsa de Comercio.

[20] González Quiroz, Mabel: op.cit. Afirma que se encuentra en la Biblioteca Nacional de Chile.

[21] Bilbao, Manuel: “Cartas de Bilbao a Sarmiento recopiladas por unos amigos de la verdad”, Buenos Aires, Imprenta Rural, calle Belgrano 133 y 135, 1875. Debería encontrarse en el acervo de la Biblioteca Nacional, figura en el antiguo fichero bajo la signatura N°32423 como folleto. Pero ya misteriosamente no se encuentra más en esta biblioteca sino en la de la Universidad de Toronto en Canadá desde 1970 fecha del sello de la misma, y se puede consultar en Internet.

[22] Gálvez, Manuel: “Vida de Sarmiento. El hombre de autoridad”, Buenos Aires, Editorial Tor, 1952, pág 383

[23] Bilbao, Jorge: Noticia biográfica en Vindicación ….pág.12

[24] Bilbao, Manuel: Historia de Rosas, tomo único, 2° edición, Buenos Aires, Editorial Sopena, 1940. Otra edición de 1934 incluye un Estudio psicológico de Ramos Mejía.

[25] Kroeber, Clifton B.: Rosas y la revisión de la historia argentina, traducción y notas de J. L. Muñoz Aspiri, Buenos Aires, Fondo Editor Argentino, 1965, pág. 18.

[26] Irazusta, Julio: “Ensayos históricos”, Bs.As., EUDEBA, 1968, pág.112

[27] Gálvez, Manuel: “Vida de Don Juan Manuel de Rosas”, 3° edición, Bs.As., Editorial Tor, 1949, págs.480/481. También Adolfo Saldías lo cita en su Historia de la Confederación Argentina, Tomo I, cuando se refiere a la carta de Rosas del 25/7/1869, desde Southampton, con motivo del libro de Bilbao, en la que critica ciertas apreciaciones que hace el autor sobre su persona. pp.186, 197 y 198.

[28] Fue separado del ejército por Belgrano y por San Martín por actos de insubordinación y altanería.

[29] Irazusta, Julio: “Ensayos históricos”, Bs.As., Eudeba, 1968

[30] Idem: pág.25

[31] Idem: pág.217

[32] Bilbao, Manuel: “Vindicación y Memorias de Antonino Reyes”, Buenos Aires, Editorial Freeland, 1974, pág.8

[33] Idem, pág.12

[34] Bilbao, Manuel: “Vindicación y …..pág. 248

[35] Idem. Pág. 209za

[36] Bilbao, Manuel: “Vindicación… pág.129

[37] Idem: pág.282

[38] Idem: pág. 284

[39] Idem: pág.294

[40] Idem: pág.298

[41] Idem: pág. 344

[42] Idem: pág. 357

[43] En Bilbao, Manuel: Tradiciones y recuerdos de Buenos Aires, en Un idilio trágico. pág.191/198

[44] Bilbao, Manuel: “Vindicación…..pág.365

[45] Idem: pág. 367

[46] Saldías lo cita solamente al referirse a la carta de Rosas sobre el libro de Bilbao.

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