Al grupo Oxo Teatro, que me prestaron la oreja
Introducción
Hace
unos años lo llamé a La Plata donde vive a Pedro Barcia, hoy
presidente de la Academia argentina de letras para pedirle si,
como la editorial Emecé estaba editando las obras de Lugones,
podía hacer el estudio introductorio a El Payador o a Los Romances de
Río Seco, pero muy gentil y chispeante como es Barcia, me
dijo que no, porque él era el encargado de ello según se había
comprometido por contrato con la editorial.
Los
libros salieron y el comentario de Barcia quedó como un
comentario profesoral pero se le escaparon la infinidad de
detalles criollos, que Lugones por serlo genuinamente los
conocía y los utilizaba, y Barcia no.
Voy
a poner un solo ejemplo, porque es un tema que domino, habida
cuenta que soy presidente de la Asociación argentina de taba
y algo del tema debo conocer.
En
el poema XI: las
carreras se relata una partida de taba, que Lugones con genialidad
magistral refleja los mínimos detalles de la trampa y los
ardides.
El
mozo, cuya es la taba,
cuando
espera juega más,
pues,
con licencia de ustedes,
será
culera nomás.
Pero
el cura que no toma
las
pullas con que lo asedia,
maliciándose
el recurso
la
tira de vuelta y media.
En
estas dos breves estrofas, sobre las que el ocurrente y simpático
profesor Barcia no dice nada, Lugones dice todo sobre uno de
los juegos más gauchos y criollos que tenemos los argentinos,
uruguayos, paraguayos, chilenos y bolivianos, anque en Centroamérica.
La
taba es un juego de destreza que se juega en forma individual
pero respetando el campo desde donde se tira y así de hecho
se forman dos conjuntos pero cada uno corre el riesgo de su
apuesta.
Estas
son al tiro y a la espera. Si uno va al tiro es porque confía
echar suerte y si va a la espera es porque apuesta a que el
rival eche “culo o chuque”.
Las
tabas culeras son las cargadas y se usan para esquilmar a los
novatos, a aquellos que no saben o no tienen la baquía
necesaria en el manejo de la taba, pues la tiran girando o
“de roldada”. Pero estas tabas tramposas nada pueden hacer
ante un jugador avezado pues este utiliza la destreza criolla
del juego.
Así
la taba se puede tomar solo de dos formas con la suerte para
arriba y la punta para adelante: en este caso se tira de dos
vueltas para que caiga clavada. O, con el culo para arriba y
el hacha o filo de la taba para atrás: en este caso se tira
de vuelta y media para que caiga clavada. En estos únicos dos
casos no hay taba culera que valga, la destreza puede más que
la trampa y el tramposo.
En
estos días mi querido editor Eugenio Gómez está por sacar
una nueva versión de El Payador de Lugones, le solicité realizar el estudio
introductorio pero me dijo que ya se había comprometido con
el reconocido profesor de literatura clásica y tanguera
Alfredo Fraschini. Ojalá que pueda hincarle el diente a
Lugones, aunque nosotros lo dudamos,
porque para comentarlo con cierta profundidad el
requisito es, antes que profesor de literatura, ser criollo y
conocer de adentro el mundo gaucho. Porque eso fue, antes que
nada, Lugones.
Las
tres interpretaciones básicas del gaucho
El
primero que en la literatura argentina realiza una
interpretación del gaucho es Sarmiento en el Facundo
(1842) en donde sostiene que en Argentina conviven dos
tipos de hombres, aquellos del siglo XII, los gauchos, y
aquellos del siglo XVIII, los ilustrados. El gaucho representa
la barbarie y los ilustrados la civilización, por lo tanto la
disyuntiva principal de la Argentina es: Civilización
o barbarie. Sarmiento se inclina por la civilización y
recomienda “no
economizar sangre de gauchos”. Esto es, la eliminación
lisa y llana del gaucho y todo lo que él representa.
Treinta
años después en 1872, en pleno gobierno de Sarmiento, José
Hernández entrega la primera parte del Martín Fierro en
donde va a realizar la apología del gaucho y su mundo. Su
libro produce dos interpretaciones: la de los liberales y
conservadores que continúan con la interpretación
sarmientina de desprecio al gaucho y su poema, y la de
Lugones, que es la que vamos a tratar acá.
La
tercera interpretación nos llega desde la izquierda, que en
su conjunto, reacciona contra la hermenéutica lugoniana
sosteniendo, falsamente, que el gaucho de Lugones, manso y
obediente, está al servicio de la oligarquía y que el
verdadero gaucho, el gaucho malo y rebelde es el Juan Moreira
de Eduardo Gutiérrez. O todos los sucedáneos que vinieron
después: Mate Cocido, Bairoletto o el Gaucho Gil.
Desde
la filosofía, los mejores de los filósofos argentinos, han
intentado interpretaciones del gaucho. Así, entre otros,
tenemos a Luis Juan Guerrero con Tres temas de filosofía en las entrañas del Facundo (1945), Carlos
Astrada lo hizo en El
mito gaucho (1948), Nimio de Anquín con Lugones,
y el ser americano (1964), Rodolfo Kusch en La
negación en el pensamiento nacional (1975) [1]
Esquema
del Payador
El
libro es editado en 1916 pero nace a partir de una serie de
seis conferencias sobre el Martín Fierro dictadas en el
teatro Odeón de Buenos Aires a la que asistieron el
presidente de la República Roque Sáenz Peña[2],
el único presidente argentino herido en combate, y todos sus
ministros.
Se
compone el libro de diez capítulos titulados: I La
vida épica, II el
hijo de la pampa, III A
campo y cielo, IV la poesía gaucha, V la música gaucha, VI el lenguaje
del poema, VII Martín Fierro un poema épico, VIII el telar
de sus desdichas, IX la vuelta de Martín Fierro, X el linaje
de Hércules.
En
el capítulo primero define los poemas épicos como
expresiones de la vida heroica de un pueblo, trayendo
numerosos ejemplos clásicos en defensa de su tesis. Así
extiende la genealogía del Martín Fierro hasta Homero y Hesíodo.
En
el capítulo dos: el
hijo de la pampa, va
a sostener su principal tesis sobre el gaucho afirmando que
“allí donde la
conquista española fracasó fue el gaucho el héroe y
civilizador de la Pampa”. El principal obstáculo que
ofrecía la Pampa fue su vaga inmensidad lo que creaba una
falta de objeto para la expediciones lanzada sobre ella.
El
único que pudo contener con eficacia a la barbarie del indio
fue el gaucho, un producto típico de la Pampa:“ni
tan español ni tan indio”.
En
el capítulo tres afirma que no obstante su aporte a las
guerras de la Independencia, en las guerras civiles y a la
guerra al malón [3],
y su aporte para diferenciarnos de España con personalidad
propia, el gaucho tiene que desaparecer porque “es
un bien para el país que así sea”. Aquí Lugones deja
entrar por la ventana, la idea de progreso, que había sacado
por la puerta.
En
el capítulo cuarto sostiene que la poesía del Martín Fierro
tanto en forma de recitado o payada llega a nosotros a través
de los trovadores provenzales. Ese es su noble linaje. La poesía
gaucha como la de los griegos no es producto de la imaginación
creadora sino reflejo de las afecciones del alma y las
inclemencias del destino. “El
octosílabo es el idioma mismo, estéticamente hablando”. Y
sus juegos antes que el interés de la ganancia estaban
signados por el honor del triunfo.
El
capítulo quinto se ocupa de la música gaucha afirmando que
la música de los gauchos, fundada en la guitarra (“el
más precioso elemento de la civilización” ), fue
siempre inseparable del canto y la danza. La preferencia por
los instrumentos de cuerda (guitarra, arpa y violín) hizo que
la música gaucha se preocupara por el ritmo que vincula música,
poesía y danza, como sucedió con la música de los antiguos
griegos. Y esta fue la causa por la que fue superior a la de
los romanos que era de viento.
En
el capítulo sexto viene a afirmar que América a través del
lenguaje gauchesco va creando una expresión y lengua propia
con base en el castellano. La despreocupación literaria de
Hernández pone por escrito el mismo idioma que estaba en la
boca. Lo que nosotros americanos hacemos con la lengua es
restaurar para la civilización lo perdido por España a través
“del castellano paralítico
de la Academia”.
En
el capítulo séptimo, luego de desmitificar a todos los
autores gauchescos anteriores: al peluquero Hidalgo quien
imprimió a su poesía la descosida verba de su oficio. A
Ascasubi que no tenía de gaucho sino el vocabulario con
frecuencia absurdo. A del Campo con su composición una
parodia del gaucho “una
criollada falsa de gringo fanfarrón que anda jineteando la
yegua de su jardinera”. A Echeverría y Gutiérrez que
pecan de romanticones. Va a sostener su tesis principal: Martín
Fierro es el campeador del ciclo heroico de las leyendas españolas,
personificando la vida heroica de la raza argentina con su
lenguaje y sentimientos más genuinos. “Martín
Fierro es un poema épico”.
En
el capítulo octavo comenta “la ida”, la primera parte del
poema, donde se relatan las desgracias que determinaron la
vida errante del héroe. La civilización hostil al gaucho está
representada por el gobierno de Sarmiento contra quien se alza
López Jordán en cuyas filas militaba Hernández. Mientras
que la época de esplendor del gaucho fue la del gobierno de
Rosas, pues él mismo era gaucho. Lo escribe de un tirón en
ocho días y el autor se agota en su propio poema.
El
capítulo noveno nos viene a hablar de “la vuelta”, en
donde el poema se transforma en una descripción de grandes
cuadros realizada por diversos personajes (Fierro, Vizcacha,
Picardía, los hijos de Fierro). El poema pierde fuerza al
hacer literatura de precepto o lección de moral. No obstante
afirma Lugones: “mi fe inquebrantable en que todo lo que dice el poema es verdad”.
Por
último en el capítulo décimo titulado “el linaje de Hércules”
sostiene que el Martín Fierro hunde sus raíces en Hécules,
el antecesor de los paladines y el gran liróforo del panteón
griego, pasa luego por la poesía latina, se refugia en la
Provenza, su trova pasa a España en su guerra con los moros y
de allí a América y se radica en la Pampa. Y termina
afirmando un verdadero pacto social en donde las clases altas
o gobernantes aceptan la cosmovisión gaucha: “Felicítome por haber sido el agente de una íntima comunicación entre
la poesía del pueblo y la mente culta de la clase superior;
que así es como se forma el espíritu de la patria”.
Las
perlas de Lugones
Un
comentario genuino del Martín Fierro requiere como conditio
sine qua non el ser auténticamente criollo y estar contra
la corriente, y esto fue Leopoldo Lugones. El más criollo de
los comentaristas y el mayor disidente. Y eso lo queremos
poner de manifiesto en este apartado a través de las
afirmaciones y comentarios que hace el autor cordobés.
La
Pampa, ese “vértigo horizontal”, al decir de Drieu la
Rochelle en su vaga inmensidad nos muestra que en los montes
que no cantan los pájaros al amanecer es porque el agua está
lejos.
Las
razas sin risa como la del indio nunca gozaron de la vida y
solo copiaron del blanco el carnaval donde se salpicaban con
sangre, utilizando los corazones de las reses como pomos.
A
pesar de la profusión de guitarras en los hogares criollos
que los indios saqueaban nunca la adaptaron, solo el
despreciable chillido cuadraba a sus gustos musicales.
De
los incendios desbastadores y gigantescos de la Pampa solo se
sale prendiendo fuego (contra fuego) donde uno quiere quedarse
o tapando la cabeza del caballo con un poncho mojado para
lanzarlo en su cruce.
El
campo es tan lindo que no da ganas de hablar. “con
solo descansar sobre tu suelo, ya nos sentimos pampa, en pleno
cielo”.
La
música es el timbre de honor más alto para una raza. “y
cuando los últimos residuos de la influencia cristiana y haya
desaparecido la incrustación escolástica que aun nos
paraliza, (la música) nos reintegrará en su armoniosa
continuidad a la civilización interrumpida por veinte siglo
de servidumbre”. La influencia de Nietzsche es aquí
manifiesta.
La
taba caracterizada por movimientos y actitudes dignos de la
escultura.
El
ritmo fundamental del cual todos proceden es el que produce
nuestro corazón con sus movimientos de diástole y sístole:
el ritmo de la vida. Los salvajes y los niños limitan a esto
su música, así el primer elemento musical es tetramétrico.
El paso militar y el tambor que lo acompasa consisten en eso,
en la misma repetición.
El
paso de los caballos es tetramétrico lo que explica que
muchos caballos sin ser enseñados marchen al ritmo del
tambor. El primer múltiplo de cuatro engendra el octosílabo
que es el verso más natural y popular.
Los
seis versos de las estrofas coinciden con las seis cuerdas de
la guitarra y en los acompañamientos criollos, generalmente
la sexta, suena libre como el primer octosílabo sin rima en
aquella. Esto es un verdadero hallazgo que revela el producto
genuino de una inspiración naturalmente acorde con los medios
expresivos. Inventada por los payadores, aquella estrofa no
existe en la poética oficial. Su instinto de poetas, hubo de
sugerirles como a los trovadores del ciclo provenzal, grandes
inventores de ritmos, por idéntica razón, esa simetría en
cuya virtud cada cuerda habla en cada verso como acabamos de
advertirlo.
El
tema rítmico representa el sexo masculino y el melancólico
al femenino.
Nuestros
gauchos prefirieron los instrumentos de cuerda (guitarra y
violín) por sobre los de viento.
Ningún
criollo jinete como el protagonista del Fausto
monta en caballo overo rosado: animal siempre despreciable
cuyo destino es tirar el balde en las estancias o servir de
cabalgadura a los muchachos mandaderos.
La
crítica al Martín Fierro. ¿Cómo dijo la muy estulta y
trafalmeja, y amiga del bien ajeno? ¿Qué eso no era obra de
arte?. En la modestia de los grandes finca el entorno de los
necios.
Caballos
babosos son aquellos que se enfrenaron por primera vez en día
nublado o frío y se olvidaron de salarle el freno.
¡La
política! He aquí el gran azote nacional. Todo lo que en el
país representa atraso, miseria, iniquidad, proviene de ella
o ella lo explota, salvando su responsabilidad con la falacia
del sufragio.
Los
caballos del indio se dejaban montar solamente por la derecha,
por el lado del lazo, pues a semejanza de las tropas romanas,
así subían los indios apoyados en la lanza para saltar. Las
narices de los yeguarizos eran sajadas para que absorbiesen más
aire en la carrera.
Como
todos los valientes nuestro gaucho experimenta la sensación
del miedo antes de la pelea y no la oculta.
Los
negros son gritones en la pelea y su voz estridente parece guañir
(grito de los lechones) cuando se irritan.
El
gaucho canta y baila en público pero ama y llora en secreto.
La
esgrima de las boleadores era desconcertante y terrible. Las
tres piedras y las tres sogas servían a la vez, cubriendo
ventajosamente la guardia. La bola más pequeña o manija, asíala
el guerrero con los dedos de su pie izquierdo desnudo. Una de
las dos mayores, tensa en su cordel, manteníala con la mano
izquierda a la altura de la cabeza. La tercera quedaba floja y
colgando en la mano derecha, con la que venía a ser el
elemento activo del combate. Obligado a retreparse (echado
hacia atrás) para aumentar la tensión de aquella cuerda, el
indio acentuaba en su fiero talante la impresión del peligro.
Ambas las manos combinan sus movimientos para disparar el
doble proyectil; y todavía si se descuidaba el adversario.
Bastábale aflojar de de golpe la manija, que con la tensión
iba a dar en la pierna de aquél, descomponiendo su firmeza.
Así era difícil entrarle con el cuchillo, mientras no se
lograra cortarle una de las sogas.
En
la pelea la respiración anhelosa, que absorbe los labios como
un rictus de agonía, era el detalle más importante de
semejantes luchas. Quien ha presenciado el fenómeno (se ve
que Lugones lo presenció), difícilmente lo olvidará: la
expresión de la boca determina toda la fisonomía de la
fiera.
Para
asar la carne la ensartaban
los gauchos en una estaca o en un fierro y no en esos
asadores modernos “tipo cruz” para deslumbrar a los
turistas.
Epílogo
Hoy
que el indigenismo está de moda, escribir sobre los gauchos y
el mundo criollo suena a contracorriente. Y probablemente lo
sea. Pero eso no es óbice para dejar de hacerlo. Sobre todo
para aclarar algunos puntos oscuros o de sesgada interpretación.
Rosas,
que sin dudas fue gaucho, sostenía que “los
indios son primos hermanos nuestros”. Es decir, plateaba
la convivencia entre criollos e indios. Es la ideología
liberal que se instala después de Caseros (1852) que adopta
el lema norteamericano: el
mejor indio es el indio muerto.
El
mundo criollo a través de la figura del gaucho fue el
instrumento adecuado para derrotar al indio, quien había
inventado a través del malón, la forma de vivir sin
trabajar.
Al
ser el gaucho un hombre de dos mundos: el desierto y campaña,
y en los dos se movía como pez en el agua. Esa doble
pertenencia hizo del gaucho el héroe del desierto cuando lo
lanzaron a combatir. Vale la pena leer cómo lo busca y le
corta todos los pasos Saturnino Torres a Baigorrita. Como lo
vence con las mismas armas y con menos tropa. Durante semanas
lo sigue, casi sin dormir ni comer, hasta la cordillera impidiéndole
el paso a Chile.
Lleva
la íntima convicción de luchar por la libertad y por la
redención de su circunstancial enemigo. Lo derrota, lo cura,
lo monta a caballo, Baigorrita se tira al piso, se arranca los
vendajes y le pide que lo mate.
Hoy
vemos con pena en el alma como el progresismo socialdemócrata
interpretando interesada e ideológicamente trastoca los
hechos históricos ciertos y le resta todo mérito
transformando al gaucho en verdugo, en empleado de la
oligarquía porteña, en instrumento de dominación del
imperialismo. Cuando al gaucho se puso la patria a sus
espaldas.
Como
se nota que estos carajos ilustrados no tienen un solo muerto
de su familia en el desierto. Que nunca han podido participar
ni siquiera de una fiesta criolla. Que jamás han dormido bajo
la estrellas a campo traviesa. Que no se han sentado en su
vida en un matungo. Ni pensar en arreos, yerras y trabajos de
campo. El lazo que conocen es la soguita para llevar de paseo
al perro y los bichos más salvajes sólo los vieron en el
zoológico, nunca sueltos y libres en el campo.
Hoy
en la época del bicentenario es perentorio, como lo era en la
del Centenario de Lugones, recuperar los valores que
alimentaron el alma gaucha: 1) el sentido de la libertad, 2)
el de la justicia, 3) el valor de la palabra, 4) el orden
objetivo de las cosas 5) el sentido teleológico del obrar
(obrar en vista a fines) y 6) el sentido trascendente de la
vida.
El
Martín Fierro, tal como nosotros le hemos respondido al
querible Rodolfo Kusch, tiene una propuesta concreta para la
redención Argentina y lo afirma específicamente, y a tres
niveles: a) A nivel de propuesta: debe
el gaucho tener casa, escuela, iglesia y derechos.
b)
En orden al método o camino: pero
se ha de recordar para hacer bien el trabajo que el fuego para
calentar, debe ir siempre desde abajo (el pueblo) y c) A
nivel de conducción: Hasta
que venga un
criollo a esta tierra a mandar.
Kusch
va a sostener la típica tesis de la izquierda que afirma
que el gaucho feliz no existió nunca sino el gaucho malo o
perseguido: “La
buena vida del gaucho antes de ser perseguido pareciera ser
un estereotipo de un paraíso perdido que no es tal, ni
nunca existió” (p.103). Esto no es cierto, porque
cuando dice M.F. yo he
conocido esta tierra en que el paisano vivía y su ranchito
tenía y sus hijos y mujer, era una delicia ver como pasaba
los días, se refiere estrictamente a la época de
Rosas. El poema del Martín Fierro es un pensamiento situado y eso Kusch no lo ve.
No
compartimos, además, su proposición final cuando sostiene
“Fierro... no nos
dice en qué consiste la redención argentina” (p.108).
En nuestra opinión lo dice, y explícitamente, y a tres
niveles: a) A nivel de propuesta: debe
el gaucho tener casa, escuela, iglesia y derechos. b) En
orden al método o camino: pero se ha de recordar para hacer bien el trabajo que el fuego para
calentar, debe ir siempre desde abajo (el pueblo) y c) A
nivel de conducción: Hasta
que venga un
criollo a esta tierra a mandar.
Sáenz Peña
fue un patriota y de los mejores que hemos tenido. Fue, lo que
se dice, un caballero español siendo él tan argentino. Se
opuso abiertamente tanto al contubernio como a Roca y renunció
a la candidatura a presidente para dejar lugar a su padre, Luís
Sáenz Peña.
Militó
toda su vida en el autonomismo, el partido de Adolfo Alsina,
que fue lo mejor, lejos, que tuvo la provincia de Buenos Aires
en toda su historia. Luchó contra el fraude y a favor del
voto universal y secreto,
que durante su
presidencia salió por ley. Esta ley que luego permite el
acceso, por primera vez, de las masas populares al poder con
Irigoyen en 1916. Fue el único presidente argentino herido en
combate pues luchó en la Guerra del Pacífico (1879-1883) a
favor del Perú. Triunfó en la batalla de Tarapacá y fue el
último combatiente del Morro de Arica. Cuenta el mismo
oficial chileno que lo tomó prisionero que no lo fusila, como
a los otros prisioneros, porque fue el único que no suplicó
por su vida. Herido y preso en Chile, tuvo que amenazar el
propio Sarmiento, que era presidente, con ir a la guerra si no
lo liberaban a él y al presidente cautivo de Perú, García
Calderón y su familia. Sáenz Peña fue un guapo y un
valiente, fue un criollo a pie firme que defendió a los
criollos y su mundo como lo hizo con la sucesión de la
familia de Ciríaco Cuitiño, el cuchillero de Rosas. Sucesión
que era una brasa ardiente y que ningún abogadito cagatintas
se animaba a tomar por temor a la represión desde el poder.
Promulgó
la ley de colonización de tierras, que habilitó a miles de
inmigrantes a poseerlas a través del arriendo previo. Era, en
forma paulatina, la manera de quitarles algo de tierras a los
terratenientes de la época. Hoy las tierras argentinas, 17
millones de hectáreas están en manos de extranjeros, y el
resto en las manos de los Eskenazi, los Eltszain, los Werthein
y toda la paisanada. Si hasta un rabino de Nueva York acaba
(9/8/10) de comprarse 200.000 hectáreas en Catamarca por 600
mil pesos=150.000 dólares.
Pero
sigamos. Sáenz Peña crea
en 1884 la revista Sudamérica de ideas americanistas donde
defiende la tesis de la Liga Latina (otra vez la tara de “la
latinidad” que Sáenz Peña comparte). Viaja como
representante argentino al congreso panamericano de Washington
de 1890 donde se opone a las propuestas de Estados Unidos de
crear una aduana y una moneda única para todo el continente y
se niega a hablar en inglés, idioma que conocía a la
perfección. A la doctrina Monroe de “América para los
americanos” contrapone su “América para la humanidad”.
En 1907 participa de la Segunda Conferencia de Paz de la Haya
y allí sostiene la posición a favor de la creación de un
tribunal internacional de arbitraje.
Durante
su presidencia algunos de sus ministros fueron Indalecio Gómez,
Miguel Scalabrini Ortíz, José María Rosa, Carlos Ibarguren,
Eleodoro Lobos, José Luís Muratore. ¿Dónde un gabinete
como este?.
Obligó
a este gabinete y a él mismo, dentro de los festejos del
centenario, a concurrir a la serie de seis conferencias sobre
el Martín Fierro y la identidad de los argentinos que dictó
Leopoldo Lugones en el teatro Odeón en mayo de 1913. ¿ Qué
presidente hoy va a una conferencia a aprender?.
Existe
una página extraordinaria de Sáenz Peña que trae ese gran
pensador americanista y antiimperialista como lo fue don
Manuel Ugarte, en su libro El
destino de un continente que dice así:
“La raza latina (como dijimos antes, toda la generación del
centenario se creyó el verso francés de la raza latina) atraviesa, sin duda, momentos de oscuridad y de abatimiento, que
contrastan con su pasada grandeza histórica; pero el eclipse
es transitorio y la raza que ejerció la soberanía del mundo,
difundiendo su aliento poderoso en la inmensidad de los mares
y en las regiones desconocidas e ignoradas, ha de recuperar
algún día el abolengo de sus energías, de sus iniciativas,
de sus empresas y de sus glorias, moviendo los resortes de la
voluntad que son atributos de esa alma que Edmond Demolins (educador
francés que exaltó el influjo de la educación inglesa) quiere
cambiar por otra, sin recordar que ella ha inspirado el heroísmo,
la gloria y la grandeza: exploraciones, inventos, artes y
ciencias que no son patrimonio del anglosajón y que forman el
opulento inventario de la raza latina. La Liga latinoamericana
es una concepción que se percibe fecunda y provechosa en los
acontecimientos del futuro: ella fue acaso para nuestras repúblicas
amorfas, en los días dudosos en que fuera concebida por
Bolivar; pero no lo será en el porvenir, como no lo sería
hoy mismo, definida como está la soberanía de las naciones,
sobre la base de un respeto recíproco. Dentro de estos
organismos, cabe políticamente la unidad de destinos y de
pensamientos, como cabe la solidaridad de los principios que
deben defender las naciones de este Continente, ya que un
derecho de gentes especial
aspira a presidir su evolución”
La
tesis de Sáenz Peña es que dado que nuestros Estados ya están
consolidados podemos ahora(en 1912) no solo crear una Liga
Latinoamericana sino, sobre ella, “un derecho de gentes
especial”. Que sería aquello que le permitiría, antes que
nada, construir un gran espacio geopolítico común y tener
voz propia dentro del concierto del mundo.
La guerra al malón, la industria sin chimeneas de la que vivió
el indo durante cuatro siglos, duró, estrictamente, desde la
cruel campaña del maestre de campo Juan de San Martín en
1737, cuya réplica fueron los grandes malones de 1740 que
provocaron grandes matanzas: en Luján (800 habitantes),
Arrecifes-Areco (400 habitantes) y Magdalena (100 habitantes)
y terminó en 1879 con la muerte del último gran cacique,
Baigorrita.
(*)
Crónica y Análisis publica el presente artículo
de Alberto Buela por gentileza de su autor.
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