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 COLABORACIONES

26-06-2011

LA DISYUNTIVA ENTRE ENERGÍA CONVENCIONAL Y ENERGÍA RENOVABLE

Por Cristian Frers (*)

El avance histórico de las civilizaciones nos impone la utilización de nuevas energías como todo un desafío de cambio y adaptación. La energía es fundamental para el desarrollo de un país y de su población. Se la utiliza para hacer funcionar máquinas, herramienta y servicios. Además, es un bien de consumo final que se utiliza para la satisfacción humana. Hoy en día es inimaginable la vida sin provisión de energía. Iluminación, calefacción, refrigeración, cocción de alimentos, transporte, comunicación, cada pequeña parte de nuestro mundo cotidiano esta ligado a la energía. Vivimos en años en los que la tecnología controla nuestra sociedad. Esta tecnología utiliza como combustible y materia prima para sus producciones principalmente al petróleo.
El petróleo no sólo es combustible en motores energéticos, sino, que de el se extraen muchos subproductos y derivados, tal como maquillajes, lubricantes, producción de plásticos, materiales compuestos o sintéticos y la base de multitud de productos químicos y farmacéuticos, entre otros productos.

Gracias a la versatilidad de esta materia prima, la tecnología logró desarrollarse ampliamente en la rama petrolífera obteniendo innumerables avances y adaptándose ciegamente a este recurso limitado. Con respecto a esto cabe destacar que el petróleo es un recurso no renovable o al menos no en las próximas eras geológicas. Se necesita de millones de años para que se vuelva a generar naturalmente.
Una de las alternativas al petróleo y sus derivados es la utilización de energías alternativas o renovables.
Una energía alternativa, o más precisamente una fuente de energía alternativa es aquella que puede suplir a las energías o fuentes energéticas actuales, ya sea por su menor efecto contaminante, o fundamentalmente por su posibilidad de renovación.

El concepto de crisis energética aparece cuando las fuentes de energía de las que se abastece la sociedad se agotan. Un modelo económico como el actual, cuyo funcionamiento depende de un continuo crecimiento, exige también una demanda igualmente creciente de energía. Puesto que las fuentes de energía fósil y nuclear son finitas, es inevitable que en un determinado momento la demanda no pueda ser abastecida y todo el sistema colapse, salvo que se descubran y desarrollen otros nuevos métodos para obtener energía.

Pero considero que existe una alternativa y está se encuentra en la naturaleza: la energía renovable que nos regala el sol, el viento, los ríos, los mares y océanos, y hasta la basura que tiramos.

Actualmente, la matriz energética argentina se asienta en un 80% de combustibles fósiles, con una pequeña participación de la hidroeléctrica y la nuclear..

Argentina cerrará el año 2011 con un déficit en la balanza comercial energética. La combinación del estancamiento en las exportaciones de petróleo crudo y el acelerado crecimiento de las importaciones de gasoil y de las compras externas de gas revirtieron el tradicional autoabastecimiento energético de la Argentina. Las caídas en las reservas y la producción del crudo durante la última década son el marco general del cambio de escenario.

Un caso interesante para ver como la Argentina ha degradado su condición energética es el caso del gas natural, la columna vertebral del sistema. El país firmó hasta el 2004 contratos de exportación de gas natural por 27 millones de m3/día que aproximadamente representan un saldo exportable de un 25% del mercado total. En el 2011, las exportaciones son apenas del 1% de lo comprometido, en cambio las importaciones ascienden a 26 millones de m3/día con tendencia creciente. Las importaciones incluyen cantidades crecientes de gasoil y fueloil para la generación eléctrica.

Argentina tiene un enorme potencial en prácticamente todas las energías renovables: eólica en la Patagonia y el sur de la Provincia de Buenos Aires, solar en el Noroeste, geotérmica a lo largo de la Cordillera de los Andes, biodiésel de primera generación, utilizando soja como materia prima, en la Pampa Húmeda, biodiésel de segunda generación, en base a cultivos no combustibles como la jatrofa, en la Pampa Seca, etanol de azúcar en el Norte y biomasa en la Mesopotámia.

Podemos tomar como ejemplo la energía eólica, esta energía no genera polución, puede convivir con otras actividades y es un mecanismo de desarrollo limpio que reduce emisiones de gases de efecto invernadero. La actividad eólica tiene múltiples ventajas y pocos inconvenientes, el más serio es la distancia de los centros de generación respecto de los centros urbanos y de consumo. Por este motivo, el aprovechamiento integral de la energía del viento requerirá grandes inversiones en infraestructura y el abandono de los subsidios a los combustibles fósiles, para volverlas competitivas frente a la energía convencional.

Se debe potenciar el uso de las energías renovables ya que en los próximos cincuenta años, los mejores recursos petrolíferos y de gas natural estarán casi totalmente agotados, encareciendo y agravando la crisis energética y ambiental. Las energías renovables, a lo largo de la historia hasta bien entrado el siglo XIX, han cubierto la práctica totalidad de las necesidades energéticas del hombre. Sólo en los últimos cien años han sido superadas, primero por el empleo del carbón, y a partir de 1950 por el petróleo y en menor medida por el gas natural; la energía nuclear cubre una parte insignificante del consumo mundial, y a pesar de algunas previsiones optimistas, su papel será siempre marginal.

La discusión entre energía alternativa o energía convencional no es una mera clasificación de las fuentes de energía, sino que representa un cambio que necesariamente tendrá que producirse durante este siglo. Es importante reseñar que las energías alternativas, aun siendo renovables, también son finitas, y como cualquier otro recurso natural tendrán un límite máximo de explotación. Por tanto, incluso aunque podamos realizar la transición a estas nuevas energías de forma suave y gradual, tampoco van a permitir continuar con el modelo económico actual basado en el crecimiento perpetuo.

Estas energías en determinado momento de la historia deberán ser utilizadas y es por esto que se esta trabajando e investigando sobre ellas para la obtención de óptimos resultados. Es importante que las mismas logren cumplir con los requerimientos de nuestras necesidades y que logren suplir la infinidad de productos que nos brinda el petróleo y de los cuales no podemos desligarnos.

El problema del agotamiento de la energía no reside en el desarrollo de nuevas fuentes de energía, para que podamos continuar con nuestros modos de vida, destructivos y consumistas. La mejor respuesta es el desarrollo de nuevos modos de vida que nos lleven hacia la autosuficiencia y la sostenibilidad. Tenemos que aprender a trabajar con nuestros vecinos en el desarrollo de alternativas sostenibles. Puede que suceda que descubramos, en el camino, que nos habíamos perdido una calidad de vida y llenemos el vacío que habíamos intentado llenar con un consumismo explosivo. 

(*) Crónica y Análisis publica la presente colaboración por gentileza de su autor Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental. Técnico Superior en Comunicación Social.

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13-05-2011

COMPRENDIENDO LA EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO SOSTENIBLE

Por Cristian Frers (*)

Desde tiempos remotos la tierra ha representado fuente de vida para el hombre, proveyéndolo de todo cuanto ha necesitado para subsistir. De esta manera el hombre ha explotado, y continúa haciéndolo, los recursos que le brinda la naturaleza, sin embargo en las tres últimas décadas se ha hecho evidente la explotación indiscriminada e inconsciente de los recursos naturales renovables y no renovables.

El mundo está viviendo una serie de problemas como la explosión demográfica y degradación del ambiente por el exceso en el consumo de los recursos naturales; también está la contaminación global, pérdida de biodiversidad, destrucción de la capa de ozono, lluvia ácida, cambio climático, modificación atmosférica, desertificación por erosión, entre otros. Estos problemas tienen un impacto negativo y se puede observar en el entorno, la fuente de todos estos problemas es la falta de conciencia hacia nuestro ambiente

La problemática ambiental se ha acelerado y agudizado en las últimas décadas, en un contexto en el que la globalización económica impone nuevas pautas para la producción y consumo de recursos. En dicho contexto la educación es una vía útil y necesaria para potenciar al máximo la formación y capacitación ambiental en distintos ámbitos de la sociedad, desde quienes tienen en sus manos la toma de decisiones importantes, hasta los niveles ciudadanos, en los que la actuación diaria incide en forma directa sobre el medio.
El principal problema no radica solo en la explotación sino en la desinformación de las personas, quienes muchas veces tienen aptitudes apáticas hacia la conservación del ambiente por no conocer y concienciar la necesidad que cuidar la para el futuro.

La educación ambiental canaliza y orienta todas las inquietudes que poseemos para proteger y conservar nuestro ambiente, ofreciendo herramientas acordes para comunicar mensajes que logren el cambio necesario en la actitud de cada individuo, que garantice que los recursos existentes, puedan ser disfrutados por generaciones futuras.

Para comprender qué es la educación ambiental, es conveniente explicar lo que no es. La educación ambiental no es un campo de estudio, como la biología, química, ecología o física. Es un proceso. Para muchas personas, este es un concepto que se le hace difícil comprender. Mucha gente habla o escribe sobre enseñar educación ambiental. Esto no se puede llevar a cabo. Uno puede enseñar conceptos sobre esta problemática, pero no educación ambiental.

La falta de consenso sobre lo que es la educación ambiental puede ser una razón de tales interpretaciones erróneas. Con frecuencia educación al aire libre, educación para la conservación y estudio de la naturaleza son todos temas considerados como educación ambiental. Al mismo tiempo, parte del problema se debe también a que el mismo término de educación ambiental es un nombre no del todo apropiado.
En realidad, el término Educación para el Desarrollo Sostenible sería un término más comprensible, ya que indica claramente el propósito del esfuerzo educativo: educación sobre el desarrollo sostenible, el cual es en realidad la meta de la educación ambiental.  El desarrollo es un proceso que esta estrechamente relacionado con el cambio ambiental; no puede examinarse desde un punto de vista exclusivamente económico, sino también en relación con aspectos ecológicos, sociales y culturales. Cualquier concepción de desarrollo cuyas propuestas orienten la actividad económica y social hacia unos determinados objetivos ignorando el contexto ambiental del sistema social, lleva a corto o medio plazo a un proceso de deterioro del medio natural que incluso puede frustrar el logro de los objetivos socio-económicos. Las consideraciones de orden ambiental no pueden ser ignoradas a menos que el desarrollo se vea comprometido. Pero también una concepción estrictamente ecologista o ambientalista, que haga abstracción del sistema social, de sus conflictos, desigualdades y equilibrios, ocasiona un deterioro del medio ambiente, al no considerar los factores causales de orden social y económico que dan origen al desarrollo y al aplicar criterios de racionalidad ecológica ajenos a veces a los objetivos sociales.

El desarrollo sostenible es un concepto dinámico que requiere un conjunto de procesos de cambio en las relaciones entre los sistemas y procesos sociales, económicos y naturales propiciadores de una confluencia equilibradamente integrada entre el crecimiento económico, el progreso social, y el respeto por la diversidad biológica, y la diversidad cultural. En los comienzos del siglo XXI comenzó a surgir un amplio acuerdo en considerar que el desarrollo de una sociedad puede ser sostenible cuando pueda conservar los sistemas que hacen posible la vida y la biodiversidad, cuando pueda asegurar que el uso de los recursos renovables es menor que la capacidad del ambiente para renovarlos, cuando pueda minimizar la destrucción de los recursos no renovables y disponga de tecnología para sustituirlos; cuando pueda mantener la capacidad de transporte de los ecosistemas, y cuando pueda propiciar un equilibrio económico capaz de asegurar la justicia social.

La sostenibilidad implica pues la búsqueda de una convergencia entre el crecimiento económico, la protección ambiental y el desarrollo social. Pero hace falta una voluntad política, una concienciación ciudadana y un compromiso social para iniciar una transición hacia formas más sostenibles del desarrollo.

La educación para el desarrollo sostenible en la Argentina está poco más que en pañales, pese a los esfuerzos y los planes oficiales que se están tratando de implementar debido a: La falta de conexión entre las medidas individuales que se implementan y la problemática social, el carácter temporal de las acciones propuestas (no conducen a la formación de hábitos), no se permite desarrollar la creatividad de los sujetos, ya que no hay continuidad entre el contenido que se transmite y las concepciones y representaciones de los sujetos y para finalizar, la falta de la información sobre los problemas locales en conjunción con la problemática nacional. La asistencia oficial es escasa o prácticamente nula. Esto se debe, principalmente, a la precaria importancia que frecuentemente se da a la educación, tanto desde el estado como otros sectores de la sociedad, se traduce como una contracción del sistema educativo público, como efecto de un presupuesto bajo y la ausencia de un debate acerca de la calidad y beneficios de la educación impartida.

Hoy por hoy, mucho de los que se llama educación ambiental no tiene nada de educación ni de ambiental. Simplemente se la puede considerar propaganda verde, debido a la banalización de los conceptos ambientales en muchos ámbitos educativos.

Para encontrar una vida en armonía con el ambiente, lo primero que debe realizarse es obtener una población consciente de su pertenencia al todo que lo rodea. Se debe educar a las personas desde la infancia para que aprendan el cuidado necesario para no malgastar los recursos del planeta, para no ensuciar su entorno y para convivir con su vecino.

(*) Crónica y Análisis publica la presente colaboración por gentileza de su autor Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental. Técnico Superior en Comunicación Social.

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20-03-2011

CONTAMINACIÓN AMBIENTAL IMPLICA PROBLEMAS QUE NO RESOLVEMOS

Por Cristian Frers (*)

Con los problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad, problemas de tipo político, económico, social y hasta deportivos, dejamos de lado uno con el que tenemos contacto más cercano, el problema de la contaminación, un problema que nosotros creamos e incrementamos de forma gradual todos los días.

Se sabe que es fácil y con frecuencia inútil, caer en la interminable enumeración de problemas y catástrofes ambientales que soporta nuestro planeta. Describir calamidades no es agradable, ni para el que las cuenta, ni para el que las escucha, pero únicamente la información y la concientización puede corregir situaciones equivocadas y mitigar sus consecuencias.
Se denomina contaminación ambiental a la presencia en el ambiente de cualquier agente (físico, químico o biológico) o bien de una combinación de varios agentes en lugares, formas y concentraciones tales que sean o puedan ser nocivos para la salud, la seguridad o para el bienestar de la población, o bien, que puedan ser perjudiciales para la vida vegetal o animal, o impidan el uso normal de las propiedades y lugares de recreación y goce de los mismos. La contaminación ambiental es también la incorporación a los cuerpos receptores de sustancias sólidas, liquidas o gaseosas, o mezclas de ellas, siempre que alteren desfavorablemente las condiciones naturales del mismo, o que puedan afectar la salud, la higiene o el bienestar del público.

Los agentes contaminantes dañan todos los tejidos orgánicos animales, pero sobre todo aquellos que pertenecen al sistema nervioso y al aparato respiratorio. Causan enfermedades respiratorias (bronquitis, laringitis, asma, etc.) y trastornos neurológicos (mareos, dolores de cabeza y otros), manifestaciones cancerígenas e incluso alteraciones genéticas.

Principales tipos de contaminación:

-Contaminación del agua: Con relación al agua, se considera que ella está contaminada cuando no es apta para la bebida o el consumo humanos, cuando los animales acuáticos no pueden vivir en ella, cuando las impurezas que contiene hacen desagradable o dañino su uso recreativo o cuando no puede destinarse a aplicación industrial alguna. La composición de los agentes contaminantes del agua es diversa, pero, por lo general, se relaciona con las sustancias que son vertidas como residuos de las fábricas a los ríos o al mar. Obviamente tales detritos contienen agentes de la más diversa índole, tanto desde el punto de vista de su composición química como en cuanto respecta a sus efectos. Causas principales: Arrojar residuos sólidos domésticos e industriales, descarga de desagües domésticos e industriales, tirar aceites usados y derrames de petróleo

-Contaminación del suelo: Con relación a la tierra, la contaminación puede afectar fundamentalmente la fauna y los cultivos, ya que es sabido que la vida, tanto animal como vegetal, se desarrolla con mayores dificultades en las zonas contaminadas. Las sustancias artificiales que producen contaminación en el terreno son relativamente pocas y se agrupan en abonos, fertilizantes, insecticidas, herbicidas y fungicidas. Causas principales: Arrojar residuos sólidos domésticos e industriales, tirar aceites usados, uso indiscriminado de agroquímicos, deforestación y derrame de petróleo.

-Contaminación del aire: Con relación al aire, existe contaminación del aire cuando la presencia de una sustancia extraña o la variación importante en la proporción de los constituyentes del mismo es susceptible de provocar efectos perjudiciales o de crear molestias. Esas sustancias o agentes contaminantes, son clasificados en cinco grupos mayoritarios: monóxido de carbono, partículas, óxidos de azufre, hidrocarburos y óxidos de nitrógeno. Se encuentran suspendidas en la atmósfera y su estado físico puede ser sólido o gaseoso. Causas principales: Quema de basuras, Polvos industriales (cemento, yeso, concentrado de minerales, entre otros), incendios forestales, humos de los escapes de los automóviles y humos de las chimeneas de las fábricas.

Otras formas de contaminación, la encontramos como consecuencia del empleo de la energía nuclear (contaminación radiactiva) y de materiales necesarios para lograrla (ejemplo: uranio, plutonio), lo cual afecta de forma negativa al medio aéreo, acuático y terrestre. La contaminación nuclear es el resultado de explosiones atómicas, de desechos radiactivos de hospitales, centros de investigación, laboratorios y centrales nucleares y, ocasionalmente, de los escapes radiactivos.

En general, la contaminación ambiental en Argentina es mayor que lo que se podría esperar en un país con tanta legislación ambiental. Esto es producto de la fragmentación de los distintos actores, sean estos municipales, provinciales o nacional, se ha originado un cuadro de situación ambiental confuso que permite actitudes irresponsables. En nuestro país, el análisis y el monitoreo del ambiente es prácticamente inexistente en el caso de la mayoría de los contaminantes. Como resultado de ello, no hay una base adecuada sobre como tomar decisiones informadas acerca del manejo de la contaminación ambiental.

Lo que el ser humano podría hacer para terminar con la contaminación del ambiente es evitar la tala indiscriminada de árboles en los bosques, pues es la única fuente de oxigeno para el planeta.   Evitar contaminar los mares y ríos, que nos proporcionan el agua para poder vivir.   Crear alguna forma de reciclaje para los deshechos tóxicos para no contaminar el planeta.   Evitar que la atmósfera de nuestro planeta se siga contaminando con el anhídrido carbónico de los vehículos.  Y el no uso de los aerosoles que siguen dañando la capa de ozono. 

La prevención de la contaminación o control de entrada de contaminación, es una solución de producción, que reduce o elimina la producción de contaminantes, a menudo cambiando compuestos químicos o utilizando procesos menos perjudiciales. La contaminación se puede evitar (o por lo menos reducir) con la cuatro erres de la utilización de recursos: Rechazar (no utilizar), reducir, reutilizar y reciclar.

El establecimiento de un programa integral de control del ambiente llenaría una necesidad crítica en este aspecto. Como miembros de la sociedad debemos participar en forma activa en la creación de leyes y reglamentos que tengan un impacto benéfico para el ambiente, nuestra salud y la economía. Es importante señalar que las soluciones al problema de la contaminación están más cerca de lo que uno cree, ya que es posible en nuestra vida cotidiana contribuir con actividades sencillas a mejorar nuestro entorno, como por ejemplo, consumir productos no contaminantes, disminuir el uso del automóvil, separar los desechos reciclables en el hogar, crear espacios verdes, entre otras medidas. Es precisamente aquí donde se manifiesta en forma más categórica el hecho de actuar localmente, pero pensar globalmente.

(*) Crónica y Análisis publica la presente colaboración por gentileza de su autor Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental. Técnico Superior en Comunicación Social.

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05-03-2011

NOS ESTAMOS QUEDANDO SIN SUELO

Por Cristian Frers (*)

El suelo es un recurso natural que corresponde a la capa superior de la corteza terrestre. Contiene agua y elementos nutritivos que los seres vivos utilizan. El suelo es vital, ya que el ser humano depende de él para la producción de alimentos, la crianza de animales, la plantación de árboles, la obtención de agua y de algunos recursos minerales, entre otras cosas. Existen muchas clases de suelo. Esto se debe a que las rocas, el clima, la vegetación varían de un sitio a otro. En él se apoyan y nutren las plantas en su crecimiento y condiciona, por lo tanto, todo el desarrollo del ecosistema.

Cuando un suelo ha sido continuamente utilizado, se deteriora, se degrada, y deja de poseer y aportar sus cualidades iniciales. Podemos decir que un suelo está contaminado, cuando las características físicas, químicas o biológicas originales han sido alteradas de manera negativa, debido a la presencia de componentes de carácter peligroso o dañino para el ecosistema. Entonces, la productividad que el suelo tenía se pierde total o parcialmente.

El suelo es un ente del ambiente, cuyas características son el resultado de una larga evolución hasta alcanzar un equilibrio con las condiciones naturales. Y hemos de tener claro que en esas condiciones ambientales no está incluida la acción de las civilizaciones humanas. El suelo es un componente del medio natural y como tal debe ser considerado como un suelo virgen, no explotado. Es evidente que su continua y abusiva utilización por parte del hombre ha truncado su evolución y ha condicionado negativamente sus propiedades. Como resultado el suelo se deteriora, se degrada.
La degradación del suelo es la consecuencia directa de la utilización del suelo por el hombre. Bien como resultado de actuaciones directas, como agrícola, forestal, ganadera, agroquímicos y riego, o por acciones indirectas, como son las actividades industriales, eliminación de residuos, transporte, entre otras actividades.

Las actividades potencialmente contaminantes de suelos son muy variadas; acumulación de residuos sólidos o líquidos, emisiones a la atmósfera,  usos fitosanitarios desmedidos o incontrolados, entre otros.

La erosión, la compactación, el aumento de la salinidad y de la acidez del suelo son los mayores problemas relacionados con su manejo inadecuado y podrían tener relación directa con la escasez de alimentos en un futuro cercano, resultando en un profundo desequilibrio del sistema productivo, si prácticas correctas no son adoptadas

La población del mundo supera los 6.500 millones de habitantes, obligando a la humanidad a disponer de un poco más de mil millones de hectáreas agrícolas. Las áreas con un manejo inadecuado reducen significativamente su potencial productivo, por lo cual hoy se trabaja para renovar y acondicionar las técnicas productivas, a la preservación de los recursos naturales en general y del suelo en particular. Se debe observar que los recursos son limitados, no pudiendo ser desperdiciados. Entre 50 y 700 millones de personas podrían verse obligadas a migrar por estas mismas causas en los próximos 40 años.

Aunque el continente más afectado por la desertificación es África, en América Latina y el Caribe alrededor de un cuarto de su superficie están cubiertas por desiertos y zonas áridas.

En América del Sur, un desierto se extiende desde la costa del Pacífico en el sur de Ecuador, pasando por la costa peruana hasta el norte de Chile. En el interior del continente, a entre tres mil y cuatro mil 500 metros de altitud, el Altiplano andino abarca la parte occidental de Bolivia, el norte de Chile, el sur del Perú y el noroeste de Argentina.

En el noreste de Brasil hay áreas semiáridas dominadas por la sabana tropical. Grandes zonas de Colombia y Venezuela están fuertemente degradadas.

En Centroamérica, hay zonas áridas en República Dominicana, Cuba, Haití y Jamaica, mientras que la erosión y la escasez de agua se están intensificando en el este del Caribe. Y la mayor parte de México es árido y semiárido, en particular el norte del país.

La pobreza y la sobreexplotación y el uso inapropiado de la tierra degradan el suelo, con la consecuente pérdida de productividad.

La conservación de los recursos productivos y del ambiente constituyen las dos exigencias básicas de la variable ecológica de la agricultura sostenible. Una forma de lograr esto es a través de la Agroecología.

Un manejo sostenible de los agroecosistemas queda definido por una equilibrada combinación de tecnologías, políticas y actividades, basada en principios económicos y consideraciones ecológicas, a fin de mantener o incrementar la producción agrícola en los niveles necesarios para satisfacer las crecientes necesidades y aspiraciones de la población mundial en aumento, pero sin degradar el ambiente.

La agricultura sostenible es aquella que, en el largo plazo, contribuye a mejorar la calidad ambiental y los recursos básicos de los cuales depende la agricultura, satisface las necesidades básicas de fibra y alimentos humanos, es económicamente viable y mejora la calidad de vida del productor y la sociedad toda.  

El enfoque agroecológico considera a los ecosistemas agrícolas como las unidades fundamentales de estudio; y en estos sistemas, los ciclos minerales, las transformaciones de la energía, los procesos biológicos y las relaciones socioeconómicas son investigadas y analizadas como un todo. De este modo, a la investigación agroecológica le interesa no sólo la maximización de la producción de un componente particular, sino la optimización del agroecosistema total. Esto tiende a reenfocar el énfasis en la investigación agrícola más allá de las consideraciones disciplinarias hacia interacciones complejas entre personas, cultivos, suelo, animales,

Hay que tener en cuenta que los procesos de descontaminación son caros, pero si tenemos en cuenta que el suelo es un medio natural que nos proporciona múltiples beneficios, y que necesita miles de años para formarse, tendríamos que pensar que todo lo que hagamos por el beneficio del suelo es poco. Por lo tanto sería conveniente establecer una serie de factores, en virtud de los cuales, se vayan descontaminando los suelos. Es decir, la peligrosidad de la contaminación dependerá de efectos como puede ser el poder tamponador o lo vulnerable que sea el suelo ante la contaminación.

Uno de los factores a evaluar con más importancia es la extensión de la contaminación, así como la naturaleza y la medida en que los contaminantes estén concentrados. Es muy importante la naturaleza de éstos porque dependiendo del peligro que aporten al suelo, este se contaminará más o menos rápido, y con mayor o menor profundidad.

En resumen, cabe decir que la gestión por el mantenimiento de los suelos en su estado original, impidiendo su contaminación por usos excesivos y abusivos y limpiando y descontaminando aquellos emplazamientos ya deteriorados debe tomarse como una rama más de la conservación del medio ambiente, quizás menos llamativa a los ojos de la opinión pública, pero igual de importante que cualquier otro tipo de actuación

(*) Crónica y Análisis publica la presente colaboración por gentileza de su autor Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental. Técnico Superior en Comunicación Social.

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19-02-2011

PROTEGIENDO LOS BOSQUES

Por Cristian Frers (*)

Los bosques y las personas están interconectadas, y esto ha sido así desde tiempos que no se tiene memoria. Siempre, tanto el árbol como el hombre, han tenido una especial relación basada en la supervivencia. Era una delicada cadena de existencia que antes el ser humano trataba con respecto y aprecio. Pero los seres humanos empezaron a trastornar este equilibrio. Empezaron a ver el bosque no como parte de ellos sino como algo a ser conquistado. Usaron los bosques, que aparentaban sin límites, cortando millones de árboles. Pero ahora nos estamos dando cuenta que los bosques sí tienen límites y que ya es tiempo de regresar al anterior equilibrio.

Todos los organismos vivientes dependen de los bosques. En un viejo árbol del bosque pueden encontrarse hasta 1500 invertebrados viviendo en él. Algunas de estas especies pueden ser claves para el esclarecimiento científico. Cada planta y cada animal es único y muchos de estos animales dependen enteramente de los bosques.

En los bosques se producen intercambios de materia y energía con el medio. Gracias a ello, estos ecosistemas utilizan la energía del sol y el dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera para producir madera. Los bosques desempeñan además importantes funciones ecológicas como la regularización del equilibrio hídrico y del clima y la prevención contra la erosión del suelo. Por otro lado, protegen la biodiversidad, proporcionan madera, leña, retienen el carbono y frenan el cambio climático, generan empleo y son un lugar de esparcimiento y ocio para la población de las ciudades, cada vez más alejada de la naturaleza.

Todavía hay muchas cosas que desconocemos de los ecosistemas forestales pero cada día hay nuevos descubrimientos

Argentina se encuentra en emergencia forestal: ya se perdió el 70% de los bosques nativos originales y la deforestación aumentó fuertemente en los  últimos años por el avance descontrolado de la frontera agropecuaria.

Fue por este motivo que a fines de 2007, el Congreso Nacional aprobó la Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos.  Esta Ley de Bosques establece que las provincias deberán realizar el ordenamiento territorial de sus bosques nativos a través de un proceso participativo, categorizar los usos posibles para las tierras boscosas: desde la conservación hasta la posibilidad de transformación para la agricultura, pasando por el uso sustentable del bosque. Un aspecto importante que incorporó la norma es la constitución del Fondo Nacional para el “Enriquecimiento y la Conservación de los Bosques Nativos” con el objeto de compensar a las jurisdicciones que conservan los bosques nativos, por los servicios ambientales que éstos brindan. La Ley de Bosques es una herramienta que debe ser aplicada adecuadamente para asegurar la conservación de nuestros bosques nativos. Lamentablemente, el Poder Ejecutivo Nacional reglamentó la ley en febrero de 2009.

La sanción de la Ley de Bosques fue un avance sin precedentes en materia ambiental, y un ejemplo de la importancia de la participación de la sociedad civil, constituyendo una herramienta esencial para empezar a solucionar la emergencia forestal en la que se encuentra el país.

En diciembre del 2010, varias agrupaciones ambientalistas manifestaron su profunda preocupación ante la Decisión Administrativa 1037/2010 de Jefatura de Gabinete de Ministros que dejó sin efecto la asignación y distribución de los fondos de la Ley de Bosques correspondientes al año 2010.

En febrero del 2011, tras una fuerte discusión con las Provincias Argentinas por haber anulado sin ninguna explicación el giro de 251 millones de pesos de los fondos de la ley de bosques, el Gobierno empezó a transferir una parte de esos fondos, unos $ 97 millones. Sin embargo, las Provincias siguen exigiendo el envío del resto. Y lanzaron fuertes criticas porque el fondo debería superar los $ 1.000 millones y en el Presupuesto 2011 le asignaron $ 300 millones.

De acuerdo al artículo 31 de la Ley 26.331, el fondo no podrá ser inferior al 0,3% del presupuesto nacional, a lo que deberá sumarse el dos por ciento del total de las retenciones a las exportaciones de productos primarios y secundarios provenientes de la agricultura, ganadería y sector forestal, correspondientes al año anterior del ejercicio en consideración.

En el acta del encuentro se dice que el representante de la Provincia de Río Negro reclamó una explicación de por qué se anuló la partida y “reclamó la deuda de 2010 y resolver la de 2011”. También la Provincia de Salta planteó que es importante saber “si se tendrá el dinero, cuando y cómo”. La Provincia de Misiones dijo que “debemos volver a las Provincias con una respuesta concreta” y “pautar una agenda para saber cómo se sigue y como avanzamos”. La Provincia de Tierra del Fuego sostuvo que “hay convenios y contratos y se debe asegurar el proceso que se ha iniciado. Es necesario saber con claridad cómo se ejecutarán esos fondos para dar respuesta a los interesados”. La Provincia de Pampa sostuvo que la anulación fue “desatinada” y “un síntoma difícil de interpretar en cuanto a las decisiones del Gobierno Nacional”. Y, por último, la Provincia de Buenos Aires manifestó que “preocupa que este tema le reste credibilidad a otros programas”.

Frente a esta situación, las organizaciones ambientalistas enviaron una carta dirigida al Secretario de Ambiente y Desarrollo Sustentable, Juan José Mussi, manifestando su profunda preocupación por la falta de claridad en el manejo de los fondos. En donde se manifiesta “Sin entender ni encontrar explicaciones oficiales a este cambio de rumbo en la conformación y utilización del Fondo para la protección de los bosques y, teniendo en cuenta que varias provincias con sus Ordenamientos Territoriales de Bosques Nativos realizados ya han presentado planes de manejo forestal, y asumiendo la necesidad de las diferentes jurisdicciones de contar con un presupuesto adecuado para el control y monitoreo del cumplimiento de la Ley 26.331, es que pedimos una respuesta oficial a fin de entender cuál es el motivo de tal decisión”.

Sin los bosques, tendríamos mucho menos oxígeno disponible. Esto es debido a que los árboles (y todas las plantas verdes) usan un proceso llamado fotosíntesis, durante el cual toman dióxido de carbono y, como un sub-producto, liberan oxígeno. Las plantas respiran dióxido de carbono, como los seres humanos respiramos oxígeno. Ha habido un equilibrio entre especies que eliminan dióxido de carbono y toman oxígeno, y especies que toman dióxido de carbono y exhalan oxígeno. Este equilibrio ha estado siendo trastornado desde el siglo XIX. Los combustibles fósiles, como el petróleo, producen dióxido de carbono cuando son quemados por lo que el nivel del dióxido ha estado aumentando dramáticamente desde entonces. Desgraciadamente, este gas, en grandes cantidades, actúa como un aislante y mantiene el calor cerca de la superficie de la Tierra; esto es lo se conoce como Efecto Invernadero.

La protección de los bosques no significa únicamente salvar muchos árboles; es preservar un proceso vital que se inició hace millones de años.

(*) Crónica y Análisis publica la presente colaboración por gentileza de su autor Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental. Técnico Superior en Comunicación Social.

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05-02-2011

CAMINO AL CAMBIO CLIMÁTICO

Por Cristian Frers (*)

En la actualidad, es un hecho científico que el clima global está siendo alterado significativamente como resultado del aumento de concentraciones de gases invernadero tales como el dióxido de carbono, metano, óxidos nitrosos y clorofluorocarbonos. Estos gases están atrapando una porción creciente de radiación infrarroja terrestre y se espera que harán aumentar la temperatura planetaria entre 1,5 y 4,5 °C . Como respuesta a esto, se estima que los patrones de precipitación global y corrientes marinas también se alteren.

Durante el mes de febrero del 2011, en los Estados Unidos de Norteamérica se han desarrollado una super tormenta de nieve y hielo que ya ha cancelado más de 10.000 vuelos y se presupone que la ciudad de Chicago será una de las más afectadas… Chicago, tradicionalmente una de las ciudades más castigadas en el invierno por los fuertes vientos, va a soportar vientos polares de casi 100 kilómetros por hora, nevadas de 60 centímetros y capas de hielo de 3 centímetros de grosor.

El Servicio Nacional de Meteorología, del país del norte, ha descrito la tormenta, que se mueve entre la frontera de EEUU y Canadá, como de potencial riesgo para la vida para aquellas personas que no se encuentren a resguardo cuando se produzca el descenso de la temperatura.

Las lluvias que esta sufriendo Australia, durante el mismo período, se deben a la aparición de vientos del este en los trópicos que chocan con las aguas calientes del Pacífico occidental sobre Australia e Indonesia, se espera que estas lluvias se prolonguen hasta junio del corriente año. Una de las causas se debe al aumento de las temperaturas oceánicas en el norte de Australia, 1,5 grados con respecto a los niveles de antes de 1870.

Las variaciones climáticas han existido en el pasado y existirán siempre a consecuencia de diferentes fenómenos naturales pero el siglo XX fue el más cálido, y la década de 1990 fue la más calurosa de los últimos 1000 años.

Las proyecciones sobre el cambio climático deben hacernos meditar de manera responsable acerca del modo de vida desarrollado y que lo único que está ocasionando es la progresiva destrucción de nuestros hábitat.

Se considera que el aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) tendrá previsiblemente un impacto sobre las temperaturas de la Tierra en los próximos mil años y elevará en al menos en 4 metros el nivel de las aguas del mar. Se ha realizado un estudio con programas de simulación de ordenador que exploraron los diferentes escenarios posibles en una situación de emisión cero de dióxido de carbono (CO2) a partir de los años 2010 y 2100.

El resultado fue que las regiones del hemisferio norte saldrán mejor paradas que las del sur, aunque la proyección es que los patrones del clima en lugares como Canadá cambien por completo.

Grandes áreas del norte de África se convertirán en desiertos y el calentamiento en hasta un 5% de la temperatura de los océanos causará el colapso de la capa de hielo occidental de la Antártida, una superficie de 2.2 millones de kilómetros cuadrados, es decir, cuatro veces el tamaño de un país como España.

Las aguas oceánicas y parte del hemisferio sur tienen una inercia mucho mayor (de calentamiento) y los efectos actuales del cambio climático en estas regiones a causa de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en el siglo XX son la punta del iceberg.

 Los vientos meridionales tienen a fortalecerse y a permanecer con fuerza antes de remitir. Esto incrementa la mezcla en el océano, llevando más calor desde la atmósfera al mar.

Grandes sequías, lluvias torrenciales, tsunamis, tormentas o huracanes asolarán al planeta.

La simulación demuestra que el calentamiento continuará antes de detenerse o ser revertido, aún cuando tomemos 10 siglos como escala de tiempo.

Esto significa que en Argentina vamos a tener una combinación de grandes lluvias (y por consiguiente, de inundaciones) en las zonas costeras con sequías en el interior del país. Es decir, que las situaciones extremas van a agravarse cada vez más.

Tormentas marinas más intensas pueden aumentar la erosión costera, lo que significará perder toda la arena de las playas de Villa Gesell, Pinamar, San Clemente, entre otras. De los balnearios de esa zona, nos va a quedar apenas una larga península, separada del continente por un brazo de mar, y con el agua llegando hasta el borde de las costaneras, ya que la erosión se irá llevando la arena de las playas. Aquellos que hayan visto la costa de San Clemente durante una sudestada con marea alta, pueden tener una idea bastante clara de lo que sucederá.

En las ciudades que están en la costa de los grandes ríos, barrios enteros van a tener inundaciones muy frecuentes y tal vez tengan que ser evacuados en forma permanente. Esto va a afectar a toda la zona costera del Gran Buenos Aires, desde Quilmes hasta Tigre. Pero también irá más allá, llegando hasta Resistencia, Formosa y Posadas.

La propia Ciudad Autónoma de  Buenos Aires se inunda cada vez más, a pesar de las obras que se vienen haciendo para paliar el problema. Una de las razones es que ahora llueve el doble de lo que llovía un siglo atrás, cuando se diseñaron los desagües. Por eso no tiene sentido atribuir toda la responsabilidad de cada inundación al Gobierno de turno, ya que se trata de un problema que fue construyéndose de a poco durante mucho tiempo. Y la cosa recién comienza. No sabemos cuánto tiempo va a pasar para que el nivel de lluvias en la ciudad vuelva a duplicarse, pero seguramente va a ser mucho menos que en el pasado.

En las zonas secas, las menores lluvias disminuirán el caudal de los ríos. Esto hará que Mendoza y San Juan tengan que reducir sus áreas de riego. Otras ciudades, que dependen de ríos de menor caudal, probablemente no puedan ser abastecidas y deban evacuarse. La Rioja puede ser la primera de una serie ciudades en peligro por una sequía permanente.

La economía del país cambiará porque algunas zonas dejarán de ser aptas para los cultivos actuales, algunas veces por falta y otras por exceso de lluvias. Habrá también cambios en las condiciones sanitarias, al extenderse las enfermedades tropicales y subtropicales como el dengue y la leptospirosis.

Si el cambio climático ya es inevitable, lo que nos queda es establecer una estrategia de adaptación. Y para eso, lo mejor es tener una idea de lo que puede ocurrir en cada región.

Para evitar los peores impactos del cambio climático necesitamos una reducción drástica y rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero. El sector energético es el mayor responsable del conjunto de estas emisiones, por ello hay que buscar un cambio en el modelo energético, buscando la sustitución de las fuentes de energía sucias actuales, como el carbón y el petroleo, por energías renovables.

Se deben proponer soluciones como el apoyo a las energías renovables, la eficiencia en los vehículos o los acuerdos internacionales. Así como la elaboración de escenarios de revolución energética que muestran cómo es posible sustituir completamente las energías sucias por limpias.

Por otro lado la población también puede contribuir drásticamente en la reducción de los gases de efecto invernadero, mediante políticas de ahorro energético.

Es preocupante que nuestros hijos, nietos y generaciones venideras no podrán disfrutar de la calidad de vida ni de los recursos naturales que hoy disponemos. Y es francamente triste observar cómo nuestros gobiernos se desviven por succionar y vender con desesperación nuestros recursos energéticos fósiles para alimentar un modo de vida basado en el derroche irracional y que está dañando el planeta.

La defensa de la vida y la diversidad es una lucha que debemos incorporar en nuestra agenda permanente porque compromete nuestra propia existencia y condición humana. Por esto debemos perseverar en sensibilizar y concienciar a quienes aún no se han percatado de la gravedad del problema y generar lazos de solidaridad práctica que ojalá nos permitan revertir la actual tendencia histórica que nos está llevando hacia el abismo de la autodestrucción como especie, es decir, hacia el verdadero fin de la historia.

(*) Crónica y Análisis publica la presente colaboración por gentileza de su autor Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental. Técnico Superior en Comunicación Social.

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