La
preocupación por el ambiente posee una larga historia
relacionada con la ciencia ecológica, ya que fueron los ecólogos
los que primero dieron la voz de alerta con relación a un
industrialismo contaminante y destructivo del planeta.
Frente
a un panorama que se encuentra desolador ¿Quiénes comienzan
a tomar al toro por las astas?... Un rol fundamental les cupo
a las Naciones Unidas, quienes realizaron en 1972 la Primera
Conferencia sobre el Ambiente, en el cual se creó PNUMA
(Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente), y se
identificó a la educación ambiental como una de las armas más
importantes para la preservación de la Tierra.
Por
otro lado se financiaban estudios como los del Club de Roma,
quien les decía a los banqueros y economistas que la
naturaleza posee claramente un límite. La UNESCO y el PNUMA
organizaron en 1977 la Conferencia Intergubernamental en
Educación Ambiental, en Tbilisi (Rusia), y aquí nació
formalmente la educación ambiental como una disciplina cuyos
objetivos son: "Generar una conciencia clara de la
independencia económica, social y ambiental y proveer a cada
ser humano con las oportunidades para adquirir conocimientos,
valores y actitudes que les permitan modificar sus patrones de
comportamiento para proteger y mejorar su ambiente".
De
acuerdo a la propia definición de la Organización de las
Naciones Unidas para la educación ambiental: Esta educación
permite reconocer valores y conceptos para crear habilidades y
actitudes necesarias para comprender y apreciar la relación
natural y social entre el hombre y su medio biofísico
circundante, al tiempo que le da posibilidades de crear normas
y códigos de comportamiento para lograr el mejoramiento de la
calidad ambiental.
Para
lograr esto, es necesario seguir los siguientes pasos: Dar a
conocer a un público cada vez más amplio las causas
principales del problema y lograr en él la comprensión y
concientización hacia éste, conocer, comprender, tomar
conciencia y actuar, esa debe ser la dinámica y finalmente,
formar una Asociación no gubernamental que congregue a todos
los participantes activos en el proceso, con el objeto de
organizar a profesores y estudiantes del sistema educativo
nacional desde los niveles elementales hasta los posgrados, a
todas las asociaciones civiles no gubernamentales y en fin a
toda persona que responsable y organizadamente, basada en su
propia experiencia o en la de los demás, desee actuar para
ofrecer un proyecto alternativo y fundamentado que pueda dotar
a los gobiernos de mecanismos de acción cuya propuesta emane
de la sociedad civil organizada.
Esta
asociación debe ser de cobertura nacional y debe contemplar
redes de intercomunicación regional, de cooperación,
capacitación e intercambio, para lograr trabajar en
modificaciones y reforzamientos de la educación ambiental
escolar (curricular y no curricular).
Hoy
por hoy, mucho de los que se llama educación ambiental no
tiene nada de educación ni de ambiental. Simplemente se la
puede considerar propaganda verde, debido a la banalización
de los conceptos ambientales en muchos ámbitos educativos.
A
todos los que salimos a buscar una escuela o un jardín de
infantes para nuestros hijos nos han ofrecido servicios como:
"Minihuerto Ecológico", "Clases de
Reciclado" y "Salas de Ecología". Al entrar,
el minihuerto era una maceta con un tomate y una jaula con
cotorritas al lado... Nadie niega lo emocionante que puede ser
ver crecer una planta de tomate, pero la ecología y la
educación ambiental son otra cosa, no necesariamente serias y
aburridas, pero requiere una cierta metodología y
especialmente un cierto cúmulo de información ecológica básica,
y que si se considera a la educación ambiental como algo
descolgado, automáticamente pasa a convertirse en un opción,
que compite con las áreas de mayor importancia: matemática,
lengua y ciencias, lo cual termina siendo contraproducente.
La
clave está en la inserción en el sistema formal de educación
oficial complementándose con la educación informal.
Las
organizaciones ambientalistas no deben establecer programas o
actividades alternativas de ningún tipo, porque en general
los conservacionistas originan el peor material educativo del
mundo, simplemente porque no son docentes. Además aun en los
países donde la educación no es prioritaria y recibe magros
fondos, el sistema oficial siempre cuenta con más
posibilidades y recursos que las entidades de bien público.
De
otra forma, se están generando chicos con angustia sobre el
futuro de la naturaleza que asusta, chicos que le dicen a su
padre que es un asesino porque fuma, chicos que cambian
lamparitas de su casa a una de menor voltaje y no soportan la
paradoja de los carteles luminosos de las calles; se generan
chicos que consumen "antiecológicamente" latas de
gaseosas, porque en la escuela, en las clases de ecología, éstas
se reciclan. Cuando el mensaje correcto sería el siguiente:
La naturaleza es como un enfermo; las generaciones precedentes
lo enfermaron voluntariamente y a este enfermo terminal ellos
deben cuidar para que mejore y no se muera. Este enfermo todavía
está vivo y vale la pena ayudarlo a mejorar. La naturaleza,
ante todo, nos da la oportunidad de disfrutar y de ser más
felices de una manera generosa.
La
educación ambiental en la Argentina está poco más que en pañales,
pese a los esfuerzos y los planes oficiales que se están
tratando de implementar, tanto en el Ministerio de Educación
de la Nación como en los organismos equivalentes de las
provincias, debido a: La falta de conexión entre las medidas
individuales que se implementan y la problemática social, el
carácter temporal de las acciones propuestas (no conducen a
la formación de hábitos), no se permite desarrollar la
creatividad de los sujetos, ya que no hay continuidad entre el
contenido que se transmite y las concepciones y
representaciones de los sujetos y para finalizar, la falta de
la información sobre los problemas locales en conjunción con
la problemática nacional. La asistencia oficial es escasa o
prácticamente nula. Esto se debe, principalmente, a la
precaria importancia que frecuentemente se da a la educación,
tanto desde el estado como otros sectores de la sociedad, se
traduce como una contracción del sistema educativo público,
como efecto de un presupuesto bajo y la ausencia de un debate
acerca de la calidad y beneficios de la educación impartida.
La
mayoría de los problemas de conservación siguen siendo los
mismos que a fines de la década del 60 y principios del 70:
la contaminación, la deforestación, la desaparición de
especies. Estos problemas no sólo continúan sino que se han
agravado. Este hecho contrasta con la creciente preocupación
del público, que peticiona por una mayor regulación por
parte de los gobiernos, que presiona para promulgar nuevas
leyes y que ha motivado la creación de organismos específicos
que atiendan estas cuestiones. Si gran parte de estos
problemas son antiguos, entonces se puede inferir que los éxitos
de la educación tradicional en materia ambiental deben ser
muy pocos.
A
la buena predisposición de los docentes, que roban horas de
sueño a su descanso para capacitarse en los a menudos
espinosos temas ambientales, hay que sumarle que muchas de las
direcciones educativas existen, pero no funcionan.
Los
fascículos "Nueva Escuela" no llegan, los recursos
económicos no alcanzan o sencillamente no existen y para
terminar las instituciones terciarias no ofrecen carreras o
posgrados para todas las especialidades que se necesitan
cubrir.
Para
conservar nuestros ambientes, necesitamos un sistema educativo
dinámico, que tenga una clara relación con la realidad y con
las necesidades de la sociedad. Dentro de dicho sistema hay
tres aspectos críticos, íntimamente relacionados: el currículum
vitae, la capacitación docente y los recursos didácticos.
Ninguno de estos aspectos se están desarrollando
adecuadamente.
Para
subsanar estos problemas, la idea es proponer, con base a un
conocimiento científico real, a través de una sociedad
promotora del cambio ambiental autónoma, libre de presiones
políticas, un plan de acción que el gobierno federal impulse
en el país conjuntamente con la sociedad civil, a través de
la consulta sistemática y abierta, para implementar en la práctica
un proyecto alternativo comunitario, que tendrá auspiciado su
propio éxito, por haber surgido en forma conjunta, después
de escuchar los planteamientos organizados de una sociedad
civil cada vez más capacitada, conciente y dispuesta a
actuar.
Para
encontrar una vida en armonía con el ambiente, lo primero que
debe realizarse es obtener una población consciente de su
pertenencia al todo que lo rodea. Se debe educar a las
personas desde la infancia para que aprendan el cuidado
necesario para no malgastar los recursos del planeta, para no
ensuciar su entorno y para convivir con su vecino.
(*)
Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental.
Técnico Superior en Comunicación Social.
LA
PROBLEMÁTICA DE UNA FALTA DE POLÍTICA AMBIENTAL
Por
Cristian Frers (*)
Hace
apenas unas décadas atrás, el ambiente no formaba parte de
las principales preocupaciones de la humanidad. Ese rol lo
ocupaban otras cuestiones entonces más importantes en la
agenda pública internacional, como la guerra fría, la deuda
externa y otros problemas. Hoy en día, por suerte, la
conciencia de que el ambiente en el que vivimos no es un
recurso inagotable e invulnerable se está instalando en la
cultura de las sociedades actuales y en la agenda pública de
los estados. Sin embargo, la gestión de las políticas
ambientales se halla aún en pañales frente a los urgentes
desafíos de las próximas décadas en las que no es
aventurado suponer que asistiremos a una profunda reconversión
ambiental del desarrollo y la política.
La
política ambiental es la fijación de un conjunto armónico e
interrelacionado de objetivos, que se orientan al mejoramiento
del ambiente y al manejo adecuado de los recursos naturales. A
estos objetivos se deben incorporar decisiones y acciones
específicas destinadas al cumplimiento de los mismos, con el
respaldo de normas, instituciones y procedimientos que
permitan lograr la funcionalidad.
Una
política ambiental implica un desafío, y al mismo tiempo un
compromiso. Como parte de un concepto innovador, no se
debe separar lo ambiental de lo social. Hay que tomar
conciencia de que los aspectos sociales están ligados al
ambiente, así como el ambiente está ligado a la sociedad.
Una política ambiental busca que los ciudadanos sean un gran
aporte a la consecución de los objetivos propuestos.
Conseguir estos objetivos va más allá de incorporar cambios
de actitud en prácticas diarias de trabajo, ya que también
buscamos que el ciudadano lleve estas nuevas prácticas a sus
hogares, los aplique, y así generar ambientes más
saludables, llenos de vida, elaborados a conciencia, y sobre
todo pensando en el legado que estamos dejando a las futuras
generaciones. Los conceptos de gobernabilidad e
institucionalidad son fundamentales para la construcción de
una política ambiental sustentable.
El
continente americano ilustra muy bien la transición de la
pobreza y la contaminación hacia la riqueza y la salubridad.
Por un lado, Canadá y Estados Unidos son países ricos y
desarrollados que hace muchos años hicieron esta transición.
La gente en esta parte de América generalmente vive muchos años,
se beneficia de una economía e infraestructuras totalmente
integradas, y tienen pocos problemas ambientales locales como
contaminación, aguas sucias, y mala salubridad. Esto trae
beneficios a la salud humana, la gente por lo general vive por
más años y no tienen que realizar trabajos pesados.
En
contraste, los demás países del continente americano,
Latinoamérica y las naciones del Caribe, se encuentran en una
etapa temprana de desarrollo. Estos países cuentan con
diferentes prioridades y muchos aún necesitan llevar a cabo
la transición para convertirse en naciones tecnológicamente
sofisticadas y completamente desarrolladas. Muchos de los países
latinoamericanos aún sufren del subdesarrollo, de la corrupción,
y de la carencia de instituciones que permitan el crecimiento
económico. Algunos no cuentan con instalaciones sanitarias básicas,
y mucho menos con las tecnologías médicas sofisticadas que
disfrutan sus contrapartes de los países desarrollados. En lo
referente al caso que nos ocupa, el ambiente, nos encontramos
con diversas políticas: severa, lábil, suave, flexible,
entre otras.
Si
la problemática ambiental es de carácter político, así
debe ser su tratamiento en la elaboración de planes,
programas, y proyectos de desarrollo. Y así también debe ser
la articulación de los distintos niveles de toma de
decisiones; es decir, se debe tratar de promover el debate y
la participación ciudadana, garantizando su efectividad a
través de la educación ambiental, la información verídica
y otros instrumentos de participación regional y local.
No
hacer nada en este campo también es una política. La política
del no hacer. Es una política en si misma. La falta o
ausencia de una política permite el establecimiento de
procesos productivos sin un control adecuado, aceptando sus
inconvenientes, promoviendo su instalación, en la búsqueda
de un beneficio supuesto de oferta de mano de obra.
La
contracara es la política del impedimento. Las reglas del
mercado pueden regular una política y viceversa. Una política
hiperrestrictiva, hipercontroladora y sobredimensionada puede
ocasionar el colapso de un sistema de producción.
Hace mucho que Argentina carece de política ambiental. En todos los
conflictos de raíz ambiental por los que hemos transitado en
los últimos años lo más notable ha sido el absoluto
silencio de nuestra autoridades ambientales. Silencio
que hace creer que no tenemos una oficina que se ocupe del
tema.
La
evolución de la política ambiental en la Argentina demuestra
que uno de los principales obstáculos con que ella se
enfrenta radica en la ausencia de un definido marco de
distribución y coordinación de competencias entre la Nación
y las provincias, incluyendo la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, para la formulación de las políticas y la aplicación
de la legislación ambiental.
El
escenario institucional ambiental de nuestro país comprende
una serie de reparticiones nacionales, provinciales y locales,
con competencias atomizadas, fragmentadas, que en muchos casos
se superponen y hasta se contradicen. Esto genera un alto
nivel de incertidumbre al momento de formular la política y,
especialmente, al momento de aplicarla, lo cual impacta tanto
en la calidad de nuestro ambiente como en la dinámica de la
economía.
El
diseño de políticas ambientales debe considerar la estrecha
vinculación que existe entre el desarrollo social, el
crecimiento económico y la protección del medio ambiente,
priorizando las necesidades de los países en vías de
desarrollo para el logro del crecimiento económico sostenido
y la erradicación de la pobreza.
En
este sentido, los gobiernos locales son los que actúan como
primer escalón del sistema estatal y por lo tanto, los
responsables de ejercer influencia sobre los modos y prácticas
de la población de manera de afectar estratégicamente las
condiciones de producción, consumo y estilos de vida.
El
objetivo de una política ambiental es lograr un desarrollo
sustentable, no obstante las políticas económicas, globales
y sectoriales, se formulan sin considerar que las implicancias
de largo plazo en los objetivos macroeconómicos, pueden
llevar a impactos negativos en el ambiente. Por otro
lado la brecha existente entre las definiciones de política
ambiental en la Argentina y las acciones y resultados
concretos, indican la necesidad de generar herramientas
que permitan orientar la toma de decisiones políticas en
función de la revalorización de los recursos ambientales, Se
debe desarrollar sobre la base de tres componentes: la económica,
la de índole política e institucional y la relativa al
proceso productivo y el ambiente.
El
propósito final de la política ambiental es guiar el
desarrollo a fin de alcanzar una calidad de vida satisfactoria
para la población de Argentina, y hacer ese desarrollo
sustentable, justo y equitativo. Basado en esas metas
generales, se proponen los siguientes objetivos:
Disponer
de información adecuada sobre la cultura y los
ecosistemas nacionales para impulsar el desarrollo
sustentable: Los ecosistemas naturales de Argentina
están profundamente alterados y altamente explotados. El
desarrollo sustentable requerirá apoyar los cambios en la
forma en que se utilizan los recursos naturales y humanos.
La ciencia y la tecnología -y la obtención de información
- son fundamentales en ese proceso. La generación y
procesamiento de la información; la transferencia y
adopción de la tecnología; y, sus apropiados, dependen
de una política ambiental bien constituida.
Conservar
la biodiversidad y la información genética: Los
ecosistemas naturales del Uruguay han demostrado una
excepcional capacidad de producción sustentada. La
conservación e investigación de los ecosistemas menos
alterados especialmente los ecosistemas de praderas -
deben servir de base para la definición de nuevas
tecnologías que permitan la intensificación del
desarrollo pecuario y apoyar otras alternativas de
desarrollo. La conservación de humedales, montes y costas
puede requerir su expropiación por parte del Estado o
incentivos a los propietarios. El manejo puede ser
atendido por organizaciones especializadas, públicas y
privadas.
Disminuir
los residuos e incrementar el reciclaje: El concepto
de que aún los bienes utilizados recuperan valor a través
de reciclaje está basado en una sólida experiencia y en
un manejo ambiental bien orientado. Este concepto se
aplica a varias escalas de productividad y de densidades
poblacionales. Para alcanzar este objetivo se requiere,
desde el manejo de incentivos fiscales hasta la provisión
específica de financiamiento que aliente la demanda de
bienes a reciclar y desincentive la dispersión de
residuos contaminantes y/o biológicamente no degradables.
Conservar
la energía e intensificar el uso de fuentes renovables:
La política energética es parte esencial de la política
ambiental. El aprovechamiento energético debe formularse
en función de su efecto en la calidad de vida, en la
conservación de fuentes de energía, en la captación de
fuentes ambientalmente benignas y con potencial uso
comercial. Resulta de mucho interés la generación de
energía eléctrica utilizando el potencial eólico del país;
si bien esto no incidirá sustancialmente en la oferta de
energía comercial, permitirá en cambio continuar el
desarrollo de dicha tecnología y diversificar las fuentes
tradicionales, en un campo en el que Argentina es
altamente vulnerable.
Mantener
el control ambiental compartido localmente: La ejecución
de la política ambiental que sea socialmente relevante
requiere de una concientización social de la población y
de mecanismos consistentes de gestión pública y privada.
Eso, a su vez, requiere el fortalecimiento del sistema
educativo formal que integre el individuo y la sociedad en
un contexto donde la ciencia ambiental pueda jugar un
papel de importancia. Los medios de comunicación y la
organización social existente deberán tener una
participación mayor y más positiva en la difusión,
investigación y desarrollo de pautas y valores
ambientales. Al mismo tiempo, esos dos agentes constituyen
los más eficaces mecanismos de control de la calidad
ambiental. De igual manera una legislación ambiental que
incorpore el consenso social alcanzado servirá de apoyo
al objetivo de mantener la calidad de vida.
Cada
sociedad tiene una prioridad social, económica o política
diferente. El grado de interés dependerá de la realidad que
les toque vivir a cada una de ellas. Es cierto que la
prioridad social de los argentinos hoy se relaciona más con
sus necesidades básicas. ¿Pero no es una cuestión básica
el tener en cuenta el cuidado de nuestro propio planeta?
El
ambiente también necesita de políticas, iniciativas y
programas que abarquen los desafíos que hoy enfrenta el país
y el mundo. Pero en la Argentina pasa a ser un tema más
dentro de una larga lista de promesas. Es una decisión de
toda la dirigencia renunciar a los problemas de fondo. El
poder político abandonó el proyecto de país, por lo que es
coherente que hoy también abandone el tema del cuidado del
planeta. Tal vez entonces sea hora de que todos lo incluyamos
en nuestra agenda.
Nuestra
generación se enfrenta a la oportunidad más extraordinaria
de grandeza que ninguna otra generación en la historia de la
humanidad haya tenido jamás. Si no cambiamos nuestro rumbo y
simplemente nos detenemos a dejar que el planeta colapse,
seremos más odiados que ninguna otra generación que haya
existido. Las futuras generaciones sabrán que nosotros éramos
concientes de la peligrosa explosión demográfica de nuestra
especie, de la pérdida de la biodiversidad, del calentamiento
global, de la contaminación de los mares, el aire y la
tierra, del adelgazamiento de la capa de ozono. Podrán
observar que teníamos información más que suficiente para
comprender que los problemas que habíamos provocado requerían
de soluciones: y verán con igual claridad que fallamos para
actuar con la fuerza suficiente para salvar a la Naturaleza. Y
nos odiarán por eso porque habremos cambiado nuestro confort
por su futuro.
(*)
Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental.
Técnico Superior en Comunicación Social.
La
creación de áreas turísticas, junto al desarrollo urbano y
al crecimiento de la población del lugar donde se establecen,
provocan un fuerte impacto en el ambiente. Para que estas áreas
funcionen, es necesario un mantenimiento constante e intenso
que permitan conservar los atractivos naturales en el mejor
estado posible para los visitantes.
Los
desarrollos turísticos no deben tomar en cuenta solamente los
intereses económicos, sino también el buen funcionamiento
del ecosistema en el que se encuentran, puesto que, en última
instancia, de este último depende su éxito en el corto y en
el largo plazo.
Salta
a la vista que la ecología y la gestión ambiental pueden
aportar muchos conocimientos al turismo para permitir el
desarrollo permanente de las actividades de este sector,
conservando en primera instancia los recursos naturales y
culturales del lugar en cuestión.
Los
principios fundamentales del desarrollo sustentable, los
cuales deben considerarse como una guía de estrategia,
actitudes y hasta practicas personales, se basan en:
Respetar
y cuidar la comunidad de seres vivos.
Mejorar
la calidad de vida humana.
Conservar
la vitalidad y diversidad de la Tierra.
Modificar
las actitudes y practicas personales.
Facultar
a las comunidades para que conserven su propio ambiente.
Proporcionar
un marco nacional para la integración del desarrollo y de
la conservación.
Forjar
una alianza mundial en pro de la recuperación y
conservación del ambiente.
Podemos
tomar como ejemplo uno de estos principios: Conservar la
vitalidad y diversidad de la Tierra:
Todos
sabemos que la evolución constante y creciente del hombre ha
sido posible gracias a la utilización que él mismo ha hecho
de los recursos que la naturaleza nos brinda. Sin embargo, en
las últimas generaciones, el consumo, la utilización de
dichos recursos y la forma en que los seres humanos realizan
actividades, han comenzado a sobrepasar los límites de
soporte del planeta.
Para
controlar este problema y evitar que el deterioro continúe
sin pausa. Se debe tomar una actitud que permita conservar los
sistemas sustentadores de vida que provee la naturaleza: en
otras palabras, se debe manejar de otra manera los sistemas
que mantienen el planeta apto para la vida, como el aire, el
agua, el suelo, el clima y la biodiversidad.
A
ningún argentino le pasa inadvertido el auge que está
experimentando el turismo en el país. Probablemente, sea una
de las actividades que más oportunidades brinda para el
desarrollo económico y social a nivel nacional. Sin embargo,
desde la ecología surgen inquietudes acerca de la
sustentabilidad, porque aunque se conocen las bondades del
turismo, todo indica que al momento de distribuir los
beneficios, se olvida de reinvertir en los sitios naturales o
culturales que lo sostienen. Hasta ahora, casi nada es lo que
vuelve a ser invertido para cuidar las áreas naturales,
monumentos históricos, jardines botánicos, ruinas, ríos,
lagos, lagunas, playas, sierras o montañas. Tal vez, donde
mayor daño se produce es en los sitios administrados por el
Estado, donde no falta quién cree que estos sitios se cuidan
solos. Cuando se visitan sitios como una reserva, un parque
temático o un museo privado, el tratamiento que se les da,
parece ser otro.
Pero,
cuidado: el desafío no consiste en privatizar todo, sino en
profesionalizar el desempeño del Estado. Porque en muchos
sitios turísticos claves priman políticas de descuido, donde
los bienes, simplemente, duran o resisten, sin ningún tipo de
manejo ni de conservación. Y, aunque no son pocos los
defectos que presentan los casos bajo el dominio empresarial,
replica un principio ganadero: cuidar la vaca que se ordeña,
porque saben que, sin vaca, no hay leche...
Lo
cierto es que sin importar quién lo administra, al recorrer
los escenarios naturales o culturales donde arriba el turismo,
no es difícil advertir los diversos impactos, derivados de
una falta de medidas, de planificación, de manejo, de control
y de programas de conservación.
El
mayor déficit, se puede observar en la falta de planificación
de:
Incendios.
Residuos.
Grafitis.
Infraestructura
de alto impacto visual.
Caza
y pesca ilegal.
Alteración
de la conducta de animales silvestres en áreas
protegidas.
Erosión
de senderos naturales o salas de museos.
Ruidos.
Sustracción
o compra-venta ilegal.
Control
delegado a los propios operadores.
Contaminación
cultural.
Podemos
tomar como ejemplo: La caza y pesca ilegal:
Ya
que se encuentra sin control o es desmedida, como la
practicada con patos en el Litoral, palomas en el centro del
país o avutardas en la Patagonia, y con la asistencia de
operadores y guías locales.
En
gran medida, estos problemas son consecuencias de que los
estudios de factibilidad se limitan únicamente a los ingresos
financieros, omitiendo las evaluaciones de impacto ambiental
para medir el éxito de un modo integro. Tal vez, es hora que
estas evaluaciones sean llevadas a cabo por profesionales como
Técnicos en Ecología y Técnicos en Gestión Ambiental, con
el apoyo del Estado para dejar de despilfarrar nuestros
recursos.
Se
aproximan días en que las empresas deberán calificar con
certificados de calidad ambiental para posicionarse en el
mercado. Y, aunque el camino es largo, es necesario iniciarlo
con un primer paso. Es hora de darlo si se quiere aprovechar
una de las más extraordinarias oportunidades que ofrece la
naturaleza.
(*)
Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental.
Técnico Superior en Comunicación Social.
La
ciudad es una de las creaciones humanas más complejas. Puede
ser vista como un sistema conformado por sistemas naturales, físicos
y culturales, interrelacionando en un área determinada; un
sistema que no es homogéneo, y que no puede ser entendido
como la simple suma de sus componentes. Al considerar los
problemas ambientales urbanos, debemos tener en cuenta en
primer lugar, aspectos de estructuración territorial, históricos,
que explican en parte el deterioro actual del hábitat humano.
Las
ciudades dependen de una gran variedad de recursos; y la forma
en que estos recursos son usados, administrados, transformados
y desechados después de su vida útil, tiene un profundo
impacto no sólo sobre los habitantes de una ciudad en
particular, sino sobre el todo el planeta y sus habitantes.
Los problemas ambientales urbanos tienen una repercusión a
escala local, regional y global.
Los
problemas ambientales urbanos clave a los que se enfrentan las
ciudades los podemos dividir en cuatro categorías, si bien no
siempre actúan independientemente, y muchos son combinación
de varios. Estos son:
-
La contaminación por desperdicios urbanos y emisiones
-
El acceso a infraestructura y servicios públicos
-
La degradación de recursos
-
Los peligros ambientales
Tomemos
el caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en Argentina,
hubo un tiempo en que Buenos Aires era
conocida como una de las más limpias del mundo. Ya nadie se
atrevería a postular a la ciudad para semejante lauro.
Desde
hace años el sistema de recolección de residuos tiene serias
deficiencias que subsisten a lo largo de diferentes gobiernos,
primero los designados por el Ejecutivo Nacional, y luego con
los elegidos por los ciudadanos.
A
los problemas de recolección se agregan las malas prácticas
de los vecinos y comerciantes, que dejan depositados los
residuos a cualquier hora. De hecho, en la medida en que esta
costumbre se mantenga, la suciedad persistirá aún con una
recolección frecuente. Parte de la responsabilidad de esta
situación es del sistema vigente, que no dispone de
contenedores para depósitos fuera de hora, y de las
autoridades, que no ejercen los controles y aplican las
penalidades correspondientes a quienes violan las
disposiciones sobre la materia.
El
cuadro se agravó, finalmente, con la búsqueda de material
reciclable o comida, lo cual exige apurar la implementación
de sistemas de separación de resid
El
Blacksmith Institute ha
publicado un listado con las diez ciudades más contaminadas
del planeta. Esta lista, confeccionada de acuerdo a criterios
técnicos de expertos en medioambiente, química y medicina,
entre otros, pretende alertar a las personas y a las
administraciones sobre los peligros de la polución de aguas,
aire y tierra; y da una voz de alerta sobre los cambios que
requiere con urgencia el desarrollo industrial. Los lugares más
contaminados del planeta son generalmente, zonas deprimidas
económicamente donde no existen regulaciones legales que
controlen las emisiones y residuos industriales. La
contaminación por metales pesados, los que llegan a
contaminar la tierra, el agua y el propio cuerpo de las
personas, provoca enfermedades, muerte y contaminación
ambiental que no es solucionable sino a largo plazo.
El
listado de diez lugares más contaminados del mundo se elaboró
de acuerdo a los siguientes criterios técnicos: el tamaño de
la población afectada, la severidad de las toxinas
involucradas en la contaminación, el impacto en la salud y el
desarrollo infantil, la presencia explícita de fuentes
contaminantes en la zona y la evidencia existente sobre el
impacto en la salud de los contaminantes presentes. De esta
manera, el resultado del estudio clasifica a las 10 ciudades más
contaminadas, que son:
Linfen,
China. Contaminación de aire y agua por partículas y gases
derivados de la industria minera y de procesado de alimentos.
Ranipet,
India. Contaminación de agua y suelo por productos químicos
para teñido industrial.
Mailuu
Suu,
Kirjistán. Contaminación de suelos y aguas por desechos
radiactivos derivados de la industria nuclear de uranio.
Dzerzhinsky,
Rusia. Contaminación de agua y suelos por la producción de
armas químicas.
Norilsk,
Rusia.
Contaminación de aire, suelo y agua con dióxido de sulfuro,
cesio y otros elementos; derivados de la producción de
platino.
Rudnaya
Pristan,
Rusia. Contaminación del suelo por plomo, derivado de su
minería.
Chernobyl,
Ucrania. Contaminación de agua y suelo por residuos
radiactivos emanados tras el accidente de la
planta nuclear.
Kabwe,
Zambia. Contaminación del suelo por plomo, derivado de su
minería.
La
Oroya,
Perú. Contaminación de aire y suelos por plomo, derivado de
su minería.
Haina,
República
Dominicana. Contaminación del suelo por plomo, derivado del
reciclado de pilas y baterías.
La
conformación natural y tecnológica de los asentamientos
humanos ha brindado a la población determinadas ventajas para
la producción y para la vida. Sin embargo, la dinámica del
desarrollo urbano, en especial en las últimas décadas se
caracterizó por la alta presión de la población y las
deficiencias de su conservación, generando procesos de
contaminación que hoy padecen muchas ciudades.
La
gestión ambiental urbana tiene como fin mantener y preservar
el ambiente urbano, y redefinir en el tiempo y en el espacio
las relaciones entre los seres humanos y su ambiente, en
especial en relación a los patrones de vida y consumo. Esta
redefinición procura revertir los efectos de la degradación
del suelo, del aire y agua producidos por los modelos de
desarrollo urbano insostenibles que reiteran la exclusión y
empeoran las condiciones y calidad de vida de los seres
humanos que habitan las ciudades.
Una
ciudad sustentable será aquella que logre satisfacer de
manera equitativa las necesidades de todos sus habitantes sin
poner en peligro la satisfacción de las necesidades de las
generaciones futuras. Esto implica que sus actividades no
destruyan los recursos ni la diversidad de los ecosistemas en
los cuales se sustenta, y la necesaria participación de todos
sus ciudadanos para ejercer sus derechos y responsabilidades.
Esta ciudad deberá ofrecer a sus habitantes servicios de
calidad para toda la población, un ambiente sano, viviendas
dignas y suficientes, seguridad, parques, espacios deportivos
y de recreación, convivencia social intensa y fructífera,
empleo digno y bien remunerado, atención sanitaria completa y
eficiente, educación de calidad y acceso a la actividad
cultural.
La
planeación y conducción del desarrollo es una
responsabilidad pública que corresponde a las instituciones
gubernamentales, garantizando la inclusión de todos los
sectores sociales y la sustentabilidad de la ciudad. Las políticas
públicas, en materia de diseño, planificación y construcción
sustentable para las ciudades del futuro, deben adaptarse al
carácter dinámico y evolutivo de las necesidades de sus
habitantes, presentes y futuros, y al ambiente urbano.
Las
ciudades modernas padecen problemas ambientales que afectan la
salud de sus habitantes actuales y condicionan negativamente
la calidad de vida en el futuro.
Las
ciudades sustentables del siglo XXI demandan que se construyan
nuevas formas de Hábitat, donde resistir y mitigar impactos
permitan crear un nuevo ciudadano que sea colectivo. Que
pueda, desde nuevos pensamientos y técnicas organizativas
imaginar las ciudades, apropiándose de sus espacios, saliendo
de la dependencia hacia un rol de toma de decisión. Para
construir las ciudades del futuro es imprescindible salir de
la sociedad del espectáculo para ingresar al campo de la
dilatación de la conciencia, la participación y la
solidaridad.
Una
ciudad sustentable es un sistema artificial diseñado por el
hombre que tiene la virtud de integrarse a la naturaleza sin
contaminarla y de ser amigable, de servir a su creador con
calidad. O dicho de otra forma, es un sistema artificial que
no esclaviza al ser humano ni destruye al medio natural en el
que se implanta. Es una ciudad que se sustenta
equilibradamente entre la naturaleza, lo artificial y lo
humano creando un entorno, en el espacio y en el tiempo, de
calidad para todos.
(*)
Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental.
Técnico Superior en Comunicación Social.
El
agua brota como el mayor conflicto geopolítico del siglo XXI
ya que se espera que en el año 2025, la demanda de este
elemento tan necesario para la vida humana será un 56%
superior que el suministro... y quienes posean agua podrían
ser blanco de un saqueo forzado. Se calcula que para los 6.250
millones de habitantes ha los que hemos llegado se necesitaría
ya un 20% más de agua. La pugna es entre quienes creen que el
agua debe ser considerado un commodity o bien comerciable
(como el trigo y el café) y quienes expresan que es un bien
social relacionado con el derecho a la vida. Los alcances de
la soberanía nacional y las herramientas legales son también
parte de este combate.
Para
comprender el problema, hay que considerar un rosario de datos
basados en la extracción, distribución y consumo del agua
– lo muestran la Biblia o el Corán- que poseen la edad del
mundo; que han dado lugar a conflictos de gran magnitud. Lo
nuevo del caso es que, desde hace una década, se acumulan las
cifras que presagian que el planeta se encamina a una escacez
cada vez más marcada.
El
problema es que el agua es un recurso que se da sentado en
muchos lugares, es muy escaso para los 1.100 millones de
personas que carecen de acceso al agua potable, a las que habría
que sumar otros 2.400 millones de personas que no tienen
acceso a un saneamiento adecuado.
Más
de 2.200 millones de habitantes de los países
subdesarrollados, la mayoría niños, mueren todos los años
de enfermedades asociadas con la falta de agua potable,
saneamiento adecuado e higiene. Además, casi la mitad de los
habitantes de los países en desarrollo sufren enfermedades
provocadas, directa o indirectamente, por el consumo de agua o
alimentos contaminados, o por los organismos causantes de
enfermedades que se desarrollan en el agua. Con suministros
suficientes de agua potable y saneamiento adecuado, la
incidencia de algunas enfermedades y la muerte podrían
reducirse hasta un 75 por ciento.
La
mayoría de las regiones, el problema no es la falta de agua
dulce potable sino, más bien, la mala gestión y distribución
de los recursos hídricos y sus métodos. La mayor parte del
agua dulce se utiliza para la agricultura, mientras que una
cantidad sustancial se pierde en el proceso de riego. La mayoría
de los sistemas de riego funcionan de manera ineficiente, por
lo que se pierde aproximadamente el 60 por ciento del agua que
se extrae, que se evapora o vuelve al cauce de los ríos o a
los acuíferos subterráneos. Los métodos de riego
ineficiente entraña sus propios riesgos para la salud: el
anegamiento de algunas zonas de Asia Meriodinal es el
determinante fundamental de la transmisión de la malaria,
situación que se reitera en muchas otras partes del mundo.
Casi
la mitad del agua de los sistemas de suministro de agua
potable de los países en desarrollo se pierden por
filtraciones, conexiones ilícitas y vandalismo. A medida que
la población crece y aumentan los ingresos se necesita más
agua, que se transforma en un elemento esencial para el
desarrollo.
En
algunas zonas, la extracción del agua ha tenido consecuencias
devastadoras en el ambiente. La capa freática de muchas
regiones del mundo se reducen constantemente y algunos ríos,
como el Colorado en los Estados Unidos y el Amarillo en China,
se secan con frecuencia antes de llegar al mar. En China, las
capas freáticas acuíferas del norte han descendido treinta y
siete metros en treinta años y, desde 1990 desciende un metro
y medio cada año. El mar interior de Aral, en Asia Central,
ya ha perdido la mitad de su extensión. El lago Chad era hace
tiempo el sexto lago más grande del mundo, en la actualidad
ha perdido casi el 90% de su superficie y esta agonizando.
Este
recurso es un bien tan necesario que podría pasar a ser
objeto de peleas políticas, si se lo observa sólo como un
negocio: represas, canales de irrigación, tecnologías de
purificación y de desalinización, sistemas de alcantarillado
y tratamientos de aguas residuales. No debe olvidarse el
embolletamiento del agua, puesto que es un negocio que supera
en ganancias a la industria farmacéutica.
El
origen de esta comercialización del agua habría que buscarla
en noviembre de 2001, cuando los recursos naturales al igual
que la salud y la educación, empezaron a ser objeto de
negociaciones en la OMC (Organización Mundial de Comercio).
La meta final es la liberalización de los servicios públicos
para el 2005. Esto que suena árido y aburrido, puede
simplificarse: lo que hasta ahora era regulado por los
estados, pasará a ser mercado de libre comercio.
Dentro
de este contexto, existen dos escenarios probables:
-La
apropiación territorial:
Esto podría realizarse mediante la compra de tierras con
recursos naturales (agua, biodiversidad), tampoco se descarta
un conflicto militar. Esta última hipótesis, nos transporta
a la última guerra en Irak (Marzo 2003) y la apropiación de
las grandes petroleras estadounidenses de los recursos iraquíes.
No se descarta que con esa guerra hayan querido controlar los
recursos hídricos de los ríos Eufrates y Tigris... ríos
caudalosos en una de las zonas más áridas del planeta.
-La
privatización del agua:
En los últimos tiempos, las grandes corporaciones han pasado
a controlar el agua en gran parte del planeta y se especula
que en los próximos años, unas pocas empresas privadas
poseerán el control monopólico de casi el 75% de este
recurso vital para la vida en el planeta.
Los
gobiernos de todo el mundo –incluido de países
desarrollados- están abdicando de su responsabilidad de
tutela de los recursos naturales a favor de las empresas, según
ellos, para mejorar la provisión del servicio. Las grandes
corporaciones no son muchas. Las francesas Vivendi y Suez
(clasificadas en los puestos 51 y 99 respectivamente en el
Global Fortune 500 de 2001). La alemana RWE (en el puesto53),
que adquirió dos importantes empresas de agua, Thames Water
en el Reino Unido y American Water Works, en Estados Unidos de
Norteamérica. La intervención privada dio pie, en algunos
lugares a un aumento exagerado del costo del agua. En la
Provincia de Tucumán – Argentina-, la empresa Vivendi
enfrentó la furia popular y en Sudáfrica la empresa
concesionada con el suministro no tuvo problemas en cerrar la
canilla de un 80% de los pobladores de Alexandra Township por
falta de pago.
El
Banco Mundial juega un papel clave, fomentando las
privatizaciones –prestando dinero para las reformas en el
sistema de agua-, invirtiendo y finalmente como juez en caso
de conflicto entre los inversionistas y los Estados.
Mientras
poblaciones no tienen acceso a la salubridad, grandes
corporaciones venden agua pura embotellada para subsanar el
mal. Entre 1970 y 2000, la venta del agua creció más de 80
veces. En 1970 se vendieron en el mundo mil millones de
litros. En 2000, 84 mil millones. Las ganancias fueron de 2.2
mil millones de dólares.
Los
acuíferos más grandes que se conocen son:
1)
Acuífero de Areniscas de Nubia con un volumen de 75 mil
millones de metros cúbicos.
2) Acuífero del Norte del Sahara con un volumen de 60 mil
millones de metros cúbicos.
3) Sistema acuífero Guaraní con un volumen de 37 mil
millones de metros cúbicos.
4) Gran Cuenta Artesiana con un volumen de 20 mil millones de
metros cúbicos.
5) Acuífero Altas Planicies con un volumen de 15 mil millones
de metros cúbicos.
6) Acuífero del Norte de China con un volumen de 5 mil
millones de metros cúbicos.
El Acuífero Guaraní:
El
acuífero posee 132 millones de años. Sus orígenes se
remontan a cuando Africa y América aún se encontraban
unidas. Su extensión tiene las conocidas dimensiones del
continente americano: 1.190.000 kilómetros cuadrados, una
superficie más grande que la de España, Francia y Portugal
juntas. Es conocido como el Gigante del MERCOSUR porque este
inmenso reservorio de agua pura se extiende desde el pantanal
en el norte de Brasil, ocupa parte de Paraguay y Uruguay y
finaliza en la pampa Argentina. Incluso se sospecha que, a
enormes profundidades, el acuífero se encuentra conectado con
los lagos de la patagonia.
El
volumen total del agua almacenada es inmenso. El volumen
explotable en la actualidad es de 40 a 80 kilómetros cúbicos,
una cifra equivalente a cuatro veces la demanda total anual de
la Argentina.
La
investigación sobre el Sistema Acuífero Guaraní (SAG)
estuvo, hasta 1997, a cargo de la Universidad de Santa Fe y
Buenos Aires, de la Universidad de Uruguay y de varias
Universidades Públicas Brasileras. Pero a partir de esa fecha
paso a ser parte de un proyecto financiado por el Banco
Mundial y todo se tiño de sospechas.
En
la Argentina, a través de un estudio realizado por Elsa
Bruzzone se llegó a una preocupante conclusión: La cíclica
presencia del Comandante del Ejército Sur de EEUU, en la
Triple Frontera –Brasil, Paraguay, Argentina-, la declaración
del Departamento de Estado y los rumores de que allí habría
terroristas tiene un objetivo el control del Sistema Acuífero
Guaraní (SAG), un verdadero océano de agua potable subterráneo
que tiene allí su principal punto de recarga.
Brasil,
también puso el grito en el cielo, al declarar a través de
Aurelio Garcia que: EEUU puso al Banco Mundial y a la
Organización de Estados Americanos al frente de un proyecto
que busca detectar la magnitud del recurso, asegurarse su uso
de manera sustentable, evitar la contaminación y mantener un
control permanente hasta cuando lo considere conveniente.
Quienes
defienden la iniciativa de la Organización de Estados
Americanos aseguran que por falta de dinero en las
Universidades, se busco el apoyo de aportes provenientes del
GEF, un fondo donde todos los países del mundo ponen dinero
para desarrollar estudios y proyectos ambientales. Se presentó
un buen proyecto y este fue aprobado, lo que significa que de
alguna manera se están recuperando el dinero invertido en
aquel fondo. El Banco Mundial maneja el aporte. Es como el
operador de cuenta de un banco.
El alcance del problema del agua no sólo apunta al bolsillo
de cualquier consumidor, sino que es una estocada al estómago
del fundamentalismo de mercado imperante en la aldea global,
por lo cual todo tiene precio y con mayor razón lo que es
escaso. La revista Fortune expresó: El agua promete ser en el
siglo XXI lo que fue el petróleo para el siglo XX, el bien
precioso que determina la riqueza de las naciones. Sin
embargo, 160 gobiernos reunidos en la Haya –Holanda- en el
2000 acordaron definir el agua como una necesidad humana y no
como un derecho del hombre. No
es pura semántica... Un derecho no se compra.
(*)
Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental.
Técnico Superior en Comunicación Social.
El suelo es un recurso natural que
corresponde a la capa superior de la corteza terrestre.
Contiene agua y elementos nutritivos que los seres vivos
utilizan. El suelo es vital, ya que el ser humano depende de
él para la producción de alimentos, la crianza de animales,
la plantación de árboles, la obtención de agua y de algunos
recursos minerales, entre otras cosas. En él se apoyan y
nutren las plantas en su crecimiento y condiciona, por lo
tanto, todo el desarrollo del ecosistema.
Cuando un suelo ha sido continuamente
utilizado, se deteriora, se degrada, y deja de poseer y
aportar sus cualidades iniciales. Podemos decir que un suelo
está contaminado, cuando las características físicas, químicas
o biológicas originales han sido alteradas de manera
negativa, debido a la presencia de componentes de carácter
peligroso o dañino para el ecosistema. Entonces, la
productividad que el suelo tenía se pierde total o
parcialmente.
Las propiedades naturales del suelo le permiten
autoregenerarse en ciertas condiciones no muy extremas, pero
al someterse a actividades industriales, agrarias, entre otras
acciones de gran incidencia sobre el suelo, sus propiedades
quedan anuladas y pierde la capacidad de autogeneración.
Los problemas más comunes en relación al suelo tienen que ver con las
actividades de las personas. Los suelos sufren el
vertido constante de todo tipo de residuos, dado que son
capaces de retener y acumular los agentes contaminantes
durante años, siendo los más habituales los metales pesados,
los hidrocarburos, los aceites minerales y los pesticidas.
Aunque a corto plazo no se advierten los efectos nocivos de
dichos residuos, con el paso del tiempo cualquier alteración
del suelo, o incluso, los cambios climáticos pueden ocasionar
la liberación de los contaminantes almacenados, pudiendo
afectar a otros medios como el aire o las aguas superficiales
y subterráneas. Además, como los contaminantes se mueven a
través de las capas más permeables del terreno, se corre el
riesgo de afectar a las zonas limítrofes.
Los problemas directamente derivados del uso
antrópico de los suelos son actualmente muy severos. La erosión,
la desertificación, la contaminación, la compactación, el
avance de las ciudades y urbanización, y la pérdida de
fertilidad, se encuentran entre los problemas más graves que
afectan hoy a los suelos.
Si tomamos en cuenta la erosión, veremos que
la erosión del suelo se está acelerando en todos los
continentes y está degradando unos 2.000 millones de hectáreas
de tierra de cultivo y de pastoreo, lo que representa una
seria amenaza para el abastecimiento global de víveres. Cada
año la erosión de los suelos y otras formas de degradación
de las tierras provocan una pérdida de entre 5 y 7 millones
de hectáreas de tierras cultivables. En los países
subdesarrollados, la creciente necesidad de alimentos y leña
han tenido como resultado la deforestación y cultivo de
laderas con mucha pendiente, lo que ha producido una severa
erosión de las mismas. Para complicar aún más el problema,
hay que tener en cuenta la pérdida de tierras de cultivo de
primera calidad debido a la industria, los pantanos, la
expansión de las ciudades y las carreteras. La erosión del
suelo y la pérdida de las tierras de cultivo y los bosques
reduce además la capacidad de conservación de la humedad de
los suelos y añade sedimentos a las corrientes de agua, los
lagos y los embalses.
La
información disponible de investigación sobre los tipos,
causas, grado y severidad de la degradación de tierras es
todavía insuficiente en la mayoría de los países de América
Latina. Esta falta de información dificulta enormemente la
identificación y la puesta en práctica de estrategias
efectivas de conservación y rehabilitación de tierras
En la actualidad, , la contaminación de los
suelos se encuentra cada vez más en el punto de mira de la
gestión ambiental, debido principalmente al riesgo que un
suelo contaminado puede suponer para la salud humana y para el
correcto funcionamiento de los ecosistemas.
La gestión de un suelo contaminado consiste
en un proceso gradual en el tiempo, en el que se parte de una
fase inicial con poca información y se avanza por fases, en
las que se va adquiriendo más conocimiento sobre la problemática
de contaminación. Este proceso debe basarse en las siguientes
etapas:
Reconocimiento
preliminar:
Consiste en la recopilación de la información que
permita valorar la posibilidad de que se hayan producido o
se produzcan contaminaciones significativas en el suelo en
el que se ha desarrollado una actividad.
Evaluación
preliminar:
La existencia de indicios de contaminación conllevará la
realización de un informe de evaluación preliminar. Se
debe disponer de una primera aproximación real a la
magnitud del problema, definir el origen y la naturaleza
del foco de contaminación, los vectores de transferencia
y los sujetos que deben protegerse, y definir si se
necesitan actuaciones de emergencia.
Evaluación
detallada:
Esta fase consiste en la realización detallada del
informe de evaluación que debe permitir caracterizar con
precisión los focos de contaminación, delimitar el
alcance de la contaminación, determinar si el riesgo es
aceptable o inaceptable y, en este segundo caso, obtener
la información suficiente para pasar a la fase de estudio
siguiente.
Recuperación:
Considerar un suelo como contaminado supone la obligación
de desarrollar las actuaciones de recuperación ambiental
del emplazamiento.
Los procesos de descontaminación son caros,
pero si tenemos en cuenta que el suelo es un medio natural que
nos proporciona múltiples beneficios, y que necesita miles de
años para formarse, tendríamos que pensar que todo lo que
hagamos por el beneficio del suelo es poco. Por lo tanto sería
conveniente establecer una serie de factores, en virtud de los
cuales, se vayan descontaminando los suelos. Es decir, la
peligrosidad de la contaminación dependerá de efectos como
puede ser el poder tamponador o lo vulnerable que sea el suelo
ante la contaminación, etc.
Uno
de los factores a evaluar con más importancia es la extensión
de la contaminación, así como la naturaleza y la medida en
que los contaminantes estén concentrados. Es muy importante
la naturaleza de éstos porque dependiendo del peligro que
aporten al suelo, este se contaminará más o menos rápido, y
con mayor o menor profundidad.
En resumen, cabe decir que la gestión por el mantenimiento de
los suelos en su estado original, impidiendo su contaminación
por usos excesivos y abusivos y limpiando y descontaminando
aquellos emplazamientos ya deteriorados debe tomarse como una
rama más de la conservación del ambiente, quizás menos
llamativa a los ojos de la opinión pública, pero igual de
importante que cualquier otro tipo de actuación.
Para
superar los problemas mencionados, se deben considerar
soluciones que impliquen una acción inmediata y, también, métodos
de prevención para impedir mayor deterioro futuro. Parte del
deterioro causado lo puede solucionar la naturaleza misma con
sus ciclos naturales. Por ello la acción del ser humano
debiera contribuir a crear las condiciones necesarias para que
la naturaleza emprenda su obra de restauración. Sin embargo,
recuperar el suelo una vez que éste ha sido destruido es un
proceso lento si se lo deja sólo a su ritmo natural, y muy
costoso si se trata de acelerarlo. Por lo tanto, lo más
razonable es evitar que se destruya el suelo.
(*)
Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental.
Técnico Superior en Comunicación Social.
El
exceso de la pesca no sólo reduce la existencias de especies,
sean o no objeto de pesca, sino que también causa un fuerte
impacto en el ecosistema marino. Más aún, una mala
administración sumada a esta actividad le hace perder a la
industria pesquera miles de millones de dólares de ingresos
potenciales.
En
la última década se hizo evidente que los recursos pesqueros
que se creían prácticamente inagotables, han comenzado a
declinar de una manera inimaginable. Durante las décadas que
se desarrollaron entre los años de 1960 y 1970, la producción
de las flotas de alta mar y aguas interiores aumento
significativamente, alrededor de un 6% anual en promedio. En
la década de 1980, la tasa de crecimiento disminuyó y en la
década de 1990, la cosecha se nivelo, la curva de producción
mundial de pescado se volvió horizontal al alcanzar los 100
millones de toneladas anuales, y no se ha modificado en los años
posteriores.
Sin
embargo, el problema continua siendo evidente, mientras el
producto de acuacultura crece, los rendimientos de las pesquerías
que capturan especies no cultivadas en los océanos y aguas
interiores es desparejo. Abundantes pesquerías de especies de
mares profundos como el bacalao de Nueva Inglaterra y el Canadá
oriental empezaron a desaparecer, las del especies del atún
gigante del océano Atlántico se redujeron a niveles que ponían
en peligro su capacidad de reproducción y varias especies del
salmón del océano Pacífico y Atlántico fueron colocadas en
la lista de especies en peligro.
La
pesca sin control se ha extendido tanto en el mundo
desarrollado como en el mundo en desarrollo. Este tipo de
pesca tiene efectos perjudiciales obvios en las especies que
son objeto de capturas y al mismo tiempo, se afecta el
ecosistema en el cual viven esas especies causando perjuicios
a los pescadores y sus comunidades.
La
Organización de las Naciones Unidas, a través de la FAO,
considera que las especies marinas de las que se dispone
información, del 47 al 50% están explotadas a plenitud, del
15 al 18% se explotan excesivamente y del 9 al 10% se han
agotado o se recuperan del agotamiento.
Las
consecuencias ambientales de esta actividad son muchas, entre
las cuales se pueden enumerar:
-Cosecha
no intencional excesiva de especies que no son objeto de
pesca.
-Cosechas
reducidas de los peces objeto de pesca.
-Cosecha
de especies protegidas.
-Modificaciones
en los ecosistemas.
Si
tomamos el caso de peces que no se pretende pescar o la
denominada pesca colateral, se estima que representa cerca de
una cuarta parte del total de la pesca mundial. La pesca
colateral comprende todos los peces que son capturados pero no
se desea retener o utilizar, o que se debe descartar debido a
la regulación de su manejo. Pueden incluir especies
especialmente protegidas como mamíferos marinos, o especies
en peligro de extinción, o individuos jóvenes demasiado
pequeños para comercializarlos, u otras especies de peces sin
el valor que se busca o recreativo para el pescador. Es común,
que las especies no deseadas se descarten en el mar o en la
costa, cuando ya han perdido la vida.
Varios
tipos de aparejos de pesca no son selectivos y pueden capturar
pesca no deseada. Las redes verticales sostenidas por dos
embarcaciones pueden capturar peces jóvenes y mamíferos
marinos como los delfines. Los sedales largos capturan aves
marinas, tortugas de mar y peces que no se desea
comercializar, junto con la pesca que se busca recoger. Las
redes verticales que capturan a los peces atrapándolos por
las agallas pueden atrapar también aves marinas, y ese tipo
de redes, una vez descartadas, pueden seguir capturando y
matando animales marinos, lo que es conocido como pesca
fantasma. Las redes de arrastre son un tipo de aparejo
particularmente no selectivo y pueden realizar una pesca
colateral de muchas especie diferentes. Además, aumenta la
preocupación respecto de los problemas que las redes de
arrastre pueden causar en los ecosistemas marinos.
La
pesca persistente puede llevar a la eliminación de los
ejemplares más grandes y viejos de una población o especie.
Las poblaciones que sufren esta actividad se caracterizan por
individuos menos productivos, lo que finalmente lleva a una
declinación de las existencias. Sin embargo, si la pesca
excesiva se contiene y los recursos de las pesquerías se
administran de una manera sostenible, el costo del pescado
capturado declina y las cosechas aumentan a pasos importantes.
Además
de los numerosos costos ambientales, esta actividad implica
costos económicos de gran importancia. Si los recursos de las
pesquerías se administran de una forma adecuada, la cosecha
total podría aumentar unos 10 millones de toneladas métricas,
sumando 16.000 millones de dólares anuales a los ingresos
brutos a nivel mundial.
La
mala administración y la pesca excesiva han hecho que la
industria pesquera se maneje deficientemente. En 1992, la FAO
estimó que los ingresos mundiales por ventas de primera mano
eran de 70.000 millones de dólares, en tanto que el costo
operativo total de la flota pesquera mundial fue de 85.000
millones, lo que significa que la flota opera con un déficit
anual de 15.000 millones de dólares.
El
déficit operativo puede atribuirse al crecimiento notable de
la flota pesquera mundial entre los años 1979 y 1989 que la
FAO estima que había aumentado un 322%, sin un aumento
concominante de los recursos pesqueros. De hecho, durante este
período la cosecha de las pesquerías mundiales creció tan sólo
la mitad, aproximadamente, de la tasa de aumento de las
flotas, lo que es causa de exceso de la capacidad de la flota
pesquera mundial. En las pesquerías, donde cualquiera puede
participar, el exceso de capacidad lleva a menudo a la
competencia de pesca, en la que todos los pescadores tratan de
capturar tanto como pueden, tan rápido como pueden, antes de
colmar la cuota. Esto crea a menudo una oferta excesiva en el
mercado y reduce los precios para los pescadores, mientras da
origen a problemas de abastecimiento a largo plazo para los
consumidores.
La
pesca colateral excesiva, que con frecuencia acompaña a esta
actividad, representa costos económicos para el sector. Estos
costos incluyen producción reducida de alimentos en pesquerías
que se especializan en peces adultos de especies cuyos
ejemplares jóvenes son descartados en otras pesquerías,
provocando una reducción de empleos en las plantas de
procesamiento como en los locales de venta. El sector de la
pesca no es el único que experimenta costos económicos
relacionados con la pesca excesiva. Hay también costos
significativos para el público.
Evidentemente,
la pesca excesiva implica costos ambientales y económicos
importantes. Detener la pesca excesiva y permitir que las
existencias se reconstruyan aumentaría la productividad y
maximizaría los ingresos de la industria a largo plazo. Tal
acción, es necesaria para estabilizar tanto los recursos como
la industria.
(*)
Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental.
Técnico Superior en Comunicación Social.