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¿DONDE ESTÁ EL VERDADERO COMPLOT?

Por Carlos J. González Cabral (*)  

El presente artículo fue publicado en el Diario el Zonda de San Juan el 15 de junio de 2004 y se lo reedita por su vigencia a pesar de los 4 años transcurridos.

El Presidente de los argentinos, Néstor Kirchner, instaló en la sociedad sus sospechas que existen núcleos de distinta índole que trabajan para perjudicar la estabilidad institucional del Gobierno. Según sus convicciones se busca desgastarlo ante la opinión pública con la finalidad perversa de obstaculizar cualquier cambio. Tales afirmaciones han sido calificadas por una gran mayoría de los ciudadanos como una acción política de bajo vuelo.

.Por cierto que la denuncia del Presidente, lanzada con actitud soberbia y en busca de consolidar su poder, desató un fuerte debate y severas críticas en los sectores políticos e inclusive desde el ámbito de la Justicia se reclamó el aporte de pruebas sobre el particular, lo que llevó al primer mandatario a acusar a un fiscal de querer “judicializar las ideas”. Varios ministros que oficiaron de voceros del Poder Ejecutivo – sin aportar ninguna prueba – aseveraron que existen militares, políticos y economistas trabajando activamente para  desestabilizar al gobierno. El ministro del interior, Aníbal Fernández, le inyectó una cuota de debilidad a la propia denuncia oficial sobre la supuesta conspiración al expresar: “…los autores todavía no pueden ser mencionados, pues no tenemos pruebas”. En definitiva, esta catarata de denuncias  vacías de contenidos creíbles son  efímeras distracciones y operaciones mediáticas, frente a la realidad del drama  nacional, lo que resulta imperdonable.

No deja de llamar la atención de algunos observadores políticos y de muchos ciudadanos del común, que esta visión conspirativa del Presidente, fuertemente promocionada por sus equipos, salga a la luz justamente cuando sus índices de popularidad estén descendiendo significativamente del 80% al 49%. (Ver encuesta de Giacobbe &Asoc./27/05/2004). Si la intención del gobierno es revertir tal tendencia sembrando rumores y alimentando fantasmas de conmoción social debe advertir, de inmediato, que transita por la cornisa de un error político que puede adquirir imprevista y peligrosa dimensión.

 El resplandor y estruendo de las luces de bengala encendidas por el Presidente son una burda e infantil  manipulación que no logrará distraer la atención del pueblo sobre la realidad económica, la inseguridad que lo tortura a diario, la desnutrición y la falta de trabajo. Es oportuno recordar que el ex presidente Raúl Alfonsín  utilizó una estrategia similar en momentos complicados de su gestión esgrimiendo denuncias de un complot militar-sindical y golpe de Estado. Como resultado tuvo que transferir la presidencia a Carlos Saúl Menem antes del término legal de su mandato. Ninguna de sus denuncias de complot pudo detener la hiperinflación incontrolable, el colapso económico y la irritación del pueblo.

Néstor Kirchner asumió la Presidencia de la Nación el 25 de mayo de 2003. Oportunamente había anunciado que no llegaría al poder para pactar con el pasado y menos para hacer acuerdos con cúpulas de dirigentes que pudieran convertirlo en “presa de corporaciones”. Subrayó ante la Asamblea Legislativa que “Venía desde el sur del mundo”(región patagónica), señalando así sólo un ámbito de la geografía territorial, cuando en realidad quienes acceden a dirigir los destinos del  país deben asumir que proceden desde el fondo de nuestra historia y tienen que portar el legado de las virtudes y abnegación  de nuestros patriotas. Que lo honren o no es otro cantar. Resaltó con énfasis que había que conciliar la política, las instituciones y al gobierno con la sociedad. Hoy somos testigos, frente a esta exhortación, de lo contradictorio que significa el estímulo que desde el Gobierno recibe el frente de piqueteros bajo el comando del diputado Luis D´Elía, quien recientemente dijo estar peleando en la calle y que lo haría a  los tiros si fuera necesario.

También enfatizó: “Vamos a apoyarnos en la Constitución”. Frente a la realidad el discurso resulta  una falsedad. Si el Presidente vivió en Argentina desde 1976 hasta la fecha no puede desconocer que todos los argentinos fuimos víctimas, y lo seguimos siendo, de las exigencias provenientes de la estafa de la deuda externa configurada por la usura internacional con la participación de la dictadura militar y las corporaciones políticas y económicas. Es inimaginable pensar, con más razón teniendo colaboradores de gran vinculación con el ex ministro Cavallo, como el caso del jefe de gabinete, Alberto Fernández (ex funcionario menemista), que desconozca la sentencia del Juez Ballesteros del 17/07/2000 sobre la causa 14.467, que en referencia a la deuda expresa: “El país fue puesto desde 1976 bajo la voluntad de los acreedores externos”.

Antes de preocuparse por enarbolar una bandera montonera y si quiere sentirse verdaderamente un auténtico partícipe en la lucha contra la dependencia, el Presidente debe apoyarse en la Constitución y exigir al Congreso de la Nación que ejerza las atribuciones que le fijan el Art. 75, Inciso 7º de la Carta Magna, para poder castigar así los ilícitos de un endeudamiento que condiciona el futuro de las nuevas generaciones y por lo tanto de la Nación. No hacerlo constituirá un verdadero complot contra sí mismo y el futuro de la República.

El 28 de agosto del 2003 aseguré desde esta columna que Argentina reclamaba unidad ante los objetivos nacionales y que se debían contener las reacciones personalistas, el amor propio y las ambiciones políticas desmedidas. De no ser así el presidente Kirchner corre el riesgo de convertirse, como el dijo de Menem, en el mariscal de la derrota, no ya de un partido, sino del país. Como está desatada la evidente rivalidad entre Kirchner y Duhalde, día a día aumenta el riesgo de la  desintegración nacional para la satisfacción de los enemigos que dicen combatir.

(*) Colaboración especial para Crónica y Análisis de Carlos J. González Cabral. Maestro normal nacional. Se desempeñó como secretario de Gobierno y Hacienda (1958-1961) y como concejal (1963-1966) en la Municipalidad de San Nicolás de los Arroyos (Bs.As.) en representación de la UCRI y del MID, respectivamente. Fue electo diputado provincial por el FREJULI (1973-1976). Entre 1989 y 1995 acompañó al ex presidente Frondizi como secretario político y privado.

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