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LOS CONFLICTOS DEL SIGLO XXI

 

Por Natalia Cruz

Algunas líneas conceptuales se pueden esbozar acerca de los conflictos en el siglo XXI y su relación con la espacialización de los actores internacionales. Según Dougherty y Pflatzgraff la incompatibilidad de metas prologa  el espacio conflictual.  A su vez  este varía en su intensidad, en su carácter violento o no; en su aspecto  dominante o recesivo. La guerra se presenta como un tipo de conflicto social.

 El análisis contemporáneo toma sentidos impresos en el hecho social, el analista toma fotocopias de este. De esta forma, lo que la contemporaneidad puede aportar como apropiación justa entre el análisis y lo acontecido es contrarestado por algo que el mismo carácter contemporáneo provee: una sobredimensión del estado de cosas esto se da por ejemplo cuando uno se permite pensar que este es el peor de los tiempos, que se esta en un estado de cosas nunca antes vivido, con degradación de valores, gustos, etc.

 Lo que resulta de la descripción de Negri y de Hardt  en Multitud (anticipado en Imperio) es que el estado de cosas en el cual vivimos es el de  una guerra perpetua. Según lo expuesto en el libro parecería que esto es algo nuevo, no considero que esa apreciación sea del todo justa. El conflicto es condición de la realidad social, esto no significa que la política como la acción para resolver conflictos sea innecesaria. El conflicto como condición significa que toda identidad política para su conformación tiene una lógica de antagonismo para diferenciarse del otro y a su vez un proceso de equivalencia para tratar de igualarse entre pares. Si se intenta hacer una revisión histórica el conflicto siempre fue el “acontecimiento político” en distintas épocas y generaciones. Más que excepción  fue y es la regla.

Si se considera que el mundo ha vivido y vive una guerra perpetua esto no quiere decir ni continuidad, ni iteración, ni caos. El tiempo que corre tiene sus propias especificidades y tratar de identificarlas es necesario para interpretar y esto último es a  su vez  condición de la transformación de los hechos y esta es una de las tareas del  teórico de las relaciones.

Las especificidades del tiempo-espacio del conflicto del siglo XXI

Las características generales que enuncia Negri son que los límites del conflicto son indeterminados y los enemigos son indefinidos e inmateriales. En la configuración del escenario internacional no se identifica ningún líder. El mundo no esta polarizado esto no quiere decir que no existan fuerzas estatales o de movimientos políticos que generen polarizaciones o segmentaciones.

Según las líneas de Antonio Negri: “…ya no existe lo exterior, en el mundo imperial la dialéctica de la soberanía entre orden civil y orden natural han llegado a su fin”. Esto implica la conclusión de una etapa que se inició en el siglo XVIII con las teorías contractualistas y su principio de discernimiento aplicado a los regímenes, lo cual permitía distinguir entre regímenes políticos buenos y malos. El agotamiento de este modelo no conlleva reconocimiento, la realidad excede al lenguaje,  por lo que el léxico político encuentra ciertos baches que no puede nominar, sin embargo están ahí. Si se hace la lectura desde lo ontológico, ya no existe el exterior. Sin embargo,  los discursos políticos siguen utilizando la estructura del cuento clásico (en la que se diferencian los personajes buenos de los malos).

 El análisis de Negri y Hardt continúa señalando que la dialéctica interior-exterior ha sido reemplazada por un juego de intensidad, hibridación y artificialidad.

-Intensidad: la dialéctica amigo/enemigo no funciona de una manera unilineal en los conflictos. En este aspecto se encuentran Negri y Foucault. La intensidad es resultado de las instituciones sociales que producen subjetividades. Foucault insistía en el hecho de que el ejercicio de la disciplina es absolutamente inmanente a las subjetividades.Una ejemplificación simplificada que sirve para relacionar la teoría y la realidad circundante es el caso colombiano. La guerrilla y los paramilitares se pueden describir como dispositivos[1], cada actor posee su estrategia política específica. La guerrilla tiene operativos no convencionales de acción violenta. Los paramilitares alternaron acción violencia con formas convencionales para pasar a la etapa de la cooptación para luego cristalizarse operativamente en la forma de partidos políticos. La relación de poder entre estos actores y el aparato estatal configuran el poder político de Colombia. No es tan solo una soberanía ubicua que se transmite de manera uniforme desde el estado. La soberanía es la dinámica en la que interviene el  Estado, la guerrilla y los paramilitares. En términos foucaltianos esta soberanía es la disciplina. La red de narcotráfico que serpentea el sistema colombiano es el diagrama[2]. Es la arquitectura que permite el desenvolvimiento del los juegos del poder en Colombia.

- Artificialidad: considerándola como virtualidad, implica el proceso de desrealización donde el espectáculo es el no-lugar de la política. La política como gesto en la sociedad del espectáculo. Después del 11 de Septiembre en la prensa occidental abundaron metáforas sobre los héroes y villanos.

- Hibridación: la sociedad imperial de control tiende a constituir en todas partes la orden del día. La agenda de Washington establece los temas de vital interés y por consiguiente su acción política en base a su perspectiva de conflicto. Así se dio la vuelta de hoja de Medio Oriente, a Triple Frontera y a populismo en América Latina.

 La hibridación se muestra y demuestra a través de las distintas representaciones, lo que se conoce como tercer mundo no desaparece, entra en el primero. Lo macro se reproduce en lo micro y viceversa. Que un chico de La Quiaca tenga un celular aunque no coma todos los días significa entre otras cosas que se encuentra atravesado por las fuerzas de la tecnología del denominado Primer Mundo. Se produce en términos de Bhabha un espacio de negociación.

Entre los millones de inmigrantes y actores políticos y las vivencias diarias se construye un a-bismo cultural, una relación en la que no existe una base identitaria sino un espacio intersticial[3]. La política de Estados Unidos acerca de la inmigración sostiene que el éxito de su país depende de ayudar a los recién llegados a asimilar su sociedad y adoptar su identidad común como estadounidense. Lo que hace este discurso es culturizar el conflicto. Lo que demuestra esta política es la hibridación del conflicto.

El sujeto de las relaciones internacionales

¿Cuál es el nuevo sujeto de las relaciones internacionales? Lo que quizás ayude a bosquejar una descripción del cuadro sea el replanteo de la pregunta. ¿No es momento en que se deje de focalizar en un objeto de estudio determinado por un sujeto y a su vez determinado por la percepción que se tiene del objeto?

La misma relación  que  se establece entre un movimiento político y un organismo configura un espacio intersticial en el q se produce un intercambio si se llega a un consenso, este entramado de actores y toma de decisiones conforma a su vez un sujeto que se presenta como tal ante los otros, aunque sea tan solo una vez, a corto plazo o para ciertos temas. Estos actores están sujetados a un parámetro de acción. Esto no significa necesariamente igualación de intereses.

Los actores en términos tradicionales son: el Estado, organismos internacionales, empresas, ONGs. Todos estos conforman entre sí un escenario político.

En este marco internacional la biopolítica ocupa un lugar importante. Los desplazamientos poblacionales en Colombia (en la última década llegaron a dos millones); la política migratoria entre Estados Unidos y México; la baja natalidad en países europeos y su implicancia en el cambio generacional; el hacinamiento en algunos lugares de América Latina; la salud pública y su contraposición con los negocios de las multinacionales, los refugiados como categoría política; el “plan cuna” de India para disminuir el infanticidio de niñas. Todos estos temas hacen a la biopolítica.

La cuestión biopolítica da un giro cuando la relación entre la política y el  control sobre la vida hacen que la frase “hacer vivir y dejar morir” ubique a la biopolítica como un objeto ontológico.

La biodiversidad es otro tema en las relaciones internacionales. En Bolivia existe un ministerio de biodiversidad, en Ecuador un grupo ministerial, por dar ejemplos latinoamericanos. Cada país se referencia a sí mismo como uno de lo mayores albergadores de riqueza sino el mas importante. La biodiversidad se presenta como una estrategia regional ante la globalización. Brasil lo hace con las guayabas y en el norte argentino Jujuy hace lo propio con las papas andinas.

El paisaje internacional muestra distintos actores: el bárbaro del siglo XXI, la “multitud”, “el sujeto populista”. El espacio-tiempo de estos sujetos es el límite de interrogación. Es la frontera de un estado de cosas diferente al anterior. Si se retoma el espacio de interrogación borgeano se puede reflexionar que no ven nada permanentemente pero por esa misma razón ven caminos por todas partes.


[1] Dispositivo: estrategia general que se esconde tras el ejercicio real e inmanente de la disciplina.

[2]  Diagrama: es una arquitectura, permite los despliegues del dispositivo disciplinario.

[3]  Espacio intersticial: representa el conjunto cultural: de sujeto, lugar y motivación. En la emergencia de los intersticios se negocian las experiencias intersubjetivas y colectivas de nacionalidad, interés comunitario o valor cultural.

 

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