Una
investigación hecha por una agencia de publicidad dio como
resultado que las argentinas son más cabuleras
que los varones.
¿Será
verdad?
Si
activo las huellas de mi memoria, así como se enciende una
tira de lucecitas de navidad, recuerdo de inmediato que todas
las clases de ocultismo casero y cábala las recibí de las
mujeres de mi vida. Empecemos por mi abuela, que le curaba las
verrugas a mi hermano menor tirando sal gruesa por sobre su
hombro al llegar a una bocacalle. Sigo con mi madre, que creía
que cuando un perro aullaba era porque alguien estaba por
morirse en el barrio, y se persignaba hasta acalambrarse si se
le rompía un espejo, o esquivaba los gatos negros mejor que Contepomi
a los rugbiers
franceses. Mi esposa, que no se queda atrás en esto del
pensamiento mágico, cada vez que termina de limpiar la casa
aplaude fuerte, da un golpe al piso con el taco y enciende un
sahumerio para alejar los malos espíritus. Mi suegra cura el
empacho con una cinta métrica, y mi cuñada cree que la
mayonesa se corta en presencia de una embarazada.
Pero
ellas no inventaron estos actos compulsivos. En realidad, en
el origen de todas las culturas se esconden aislados tabúes y
creencias que a veces la mente religa, y que
generalmente estuvieron asociadas a una prohibición, o a un
miedo ancestral al futuro y a los designios de la naturaleza.
Entonces: ¿qué
mejor ansiolítico que llevar en el bolsillo una colección de
piedritas, cintitas, medallitas y amuletos?Pero,
ya lo dijimos alguna vez, todas las supercherías del
mundo se agotan en tres deseos: salud, dinero y amor. Y en el
temor a no poder lograrlos, o perderlos si se los tiene.
El bicho humano desconfía de lo que le puede deparar el
destino, y nuestro inconsciente colectivo, que desciende de la
paciencia desafortunada de los indígenas, y del desarraigo
melancólico de los inmigrantes, no es proclive al optimismo.
Ahora
bien: si analizamos la historia veremos que los machos no
somos tan devotos de la ciencia como parece. No solo porque
reyes, emperadores y hasta simples presidentes vernáculos
hayan consultado clarividentes y tuvieran brujas asesoras.
Sino también porque desde los más primitivos guerreros, que
sentían un pavor supersticioso a los espíritus de los
enemigos muertos en batalla, llegando hasta los hechiceros del
fútbol, que queman incienso en las canchas, o los marineros,
que esconden más ceremonias secretas que Nostradamus,
todo denota que los tipos también sentimos que no todo es nombrable,
y que donde no llega el lenguaje, se oculta toda
una constelación mítica que sirve como sustrato a cualquier
conducta de un ser ante lo imprevisible, tenga el sexo que
sea.
Aún así, se ve que ante toda encuesta, a los
hombres nos gusta decir que no somos supersticiosos, primero
porque nos hace parecer inteligentes y seguros, y segundo,
obvio, porque afirmar que uno es cabalero,
trae mala suerte.
Mi
abuela solía decir que después de los 50 se vivían las
horas extras de la vida. Hoy en ese período, para
las mujeres se inicia la
segunda adolescencia, y para los hombres, el
síndrome de Peter Pan.
Algunos
tipos se atan el pelo con una gomita y salen a montar una Harley
Davidson (por primera vez) para perseguir teens-agers,
y sobran señoras que se hacen un estiramiento total de piel,
se pintan el pelo de fucsia y seducen a un jovenzuelo ansioso
por averiguar qué sintió Edipo, según Sófocles.
Lo
cierto es que la ciencia nos asegura que estamos destinados a
cumplir en la andropausia y el climaterio todo lo que no se
pudo en la pubertad.
Pareciera
natural deducir que el hecho de que el período de
existencia humana en el planeta se haya prolongado sea la
razón inmediata de que gran cantidad de personas al
llegar a la madurez quieran arrojar casi todo por la borda y
empezar de nuevo. Pero ¿es solo la longevidad la que
justifica que una serena ama de casa se convierta en Madonna?
Veamos.
Los políticos acostumbran desenfundar una frase con olor a
bronce: “Yo pertenezco a
la generación perdida”. Pero: ¿cuál fue la
generación perdida? ¿La del 30, la del 40, la del 50, la del
70, la del 80?
Si
sacamos del ámbito histórico esa sugestión y la llevamos a
la cotidianeidad, notaremos que para infinidad de seres
humanos lo que experimentaron entre los 18 y los 50
años lo consideran en diversos aspectos como tiempo mal
invertido. Si volvieran a la adolescencia harían todo
distinto, por eso cuando llegan a la madurez son atravesados
por aquella mítica ilusión de que todo podría haber sido
diferente, e intentan realizarlo ahora, tratando incluso de
modificar el cuerpo para disimular sus marcas lo más posible.
Pero
el secreto es otro. Los que aprendimos a bailar escuchando a Johnny
Rivers , y nuestros antepasados, sufrimos una
cultura productora de generaciones perdidas. Es
así. Hoy vemos como evidente que los mandatos de antaño:
tener pareja para siempre, un trabajo estable y una familia
feliz antes de los 30
años, fueron parámetros que se quedaron
en las películas de Angel Magaña (que veía la nona), y que
nos obligaron a tomar decisiones anticipadas, e iniciar
destinos confusos, para tranquilizar la mirada social que nos
rodeaba, cuando no estábamos preparados para hacerlo.
Me
parece que la gente que nació luego de que Cindy Lauper
cantara “Las Chicas Solo
Quieren Divertirse”, se enfrentan a un panorama
más libre. Ya la sociedad no genera Penélopes
tejiendo frente al mar. Las minas ya ocupan el lugar de
Ulises, y el de las sirenas también. Y los varones jóvenes
se dan el lujo de estirar la adolescencia indefinidamente,
algo que a nosotros, sus jueces, los de la generación
perdida, nos irrita profundamente por la envidia de no haberlo
hecho a tiempo, mientras hacemos equilibrio para tirarnos del
ropero, seguros de que al caer nos vamos a hacer torta.
Casi
nunca declaramos que nuestros “ex”, los que encontraron
nueva pareja, están
intentando reconstruir su vida, simplemente
balbuceamos un falsamente frío: “si,
bah, me enteré que anda con alguien”.
Ante
esta experiencia inevitable, quienes se ponen al corriente
de que su “ex” estrenó media sandía, reaccionan de
distinta manera. Veamos algunas:
a)La que se
brota. Es la típica cincuentona que echó de casa
a su perejil después de 25 años de casorio, tratándolo de
inútil, impotente y aburrido, y descubre que ahora ese señor
canoso descartado convive con una piba de 23 que parece modelo
de Dotto y escucha a Miranda todo el día.
b)El guapo
pistola, es el inconfundible machista tiempo
completo, para el cual todas sus ex siguen “cachondas”
con él, y de alguna manera le
pertenecen. Insiste en que lo dejaron porque no
saben reconocer a un hombre de verdad, y todo flaco que
consigan es siempre una mala elección, una astucia que
intentan para poder olvidarlo a él.
c)El o la “empática”
civilizada, modelo superado de ex, con la espalda
torcida de tanto ablandar psico-divanes.
Es el/la que se hace amigo/a de la nueva pareja del ex, lleva
a la calesita a los flamantes hijastros, comparte
recetas de cocina o partidos de fútbol con él/ella y
hasta se cuentan escenas íntimas para compararlas, como si el
“ex” fuera un niño/a del que se han transferido su
crianza.
d)La maestra
frustrada, especialidad femenina, es la que
eternamente se da cuenta que sus ex, solo luego de separarse,
cumplen sin que nadie se lo pida y sin que se sepa porqué,
todos los cambios que ella les reclamó a gritos durante
años, arruinando miles de paseos, cenas y siestas de domingo.
e)El corresponsal
de guerra, un clásico memorioso masculino, es el
que solo recuerda lo malo de la relación que tuvo. Es quien
repite, una vez por día, la frase: “¿cómo
pude aguantarle eso?”. No la extraña, solo
quisiera volver al pasado para agredirla en aquel momento en
el que no fue capaz de pronunciar su bronca (obviamente porque
la amaba, pequeño detalle) y ahora apenas atina a verbalizar
un: “a enemigo que huye,
puente de plata”. Y cuando la ve con otro,
observa al nuevo candidato con pena, y a ella con sonrisa
maliciosa, y piensa: “que
te compre quien no te conoce”.
f)La que nunca
cierra bien la puerta: mujer eternamente enamorada
de su ex, es la que camina hacia delante con la cabeza mirando
para atrás. Ideal ejemplo de la frase: “la
felicidad no se vive, es solo algo que se recuerda”.
Todos
nosotros somos un poco estos y otros distintos, unidos por una
rara incomodidad. Es lógico que ver a esa persona con la que,
además de pelearnos, alguna
vez nos sacamos la foto sonrientes en la plaza, nos
de “cosita”.
Pero seguimos andando, sonrientes. Caso contrario corremos el
riesgo de sentir, tiempo después, como diría John Lennon, que
la vida es eso que se nos pasó mientras estábamos ocupados
en otra cosa.
Me
hubiera encantado leer en algún diario que la Organización
Mundial de la Salud llegó a la conclusión de que en el
año 2200 morirá (viejo) el único pobre de la Tierra.
Pero, no ocurrió eso, el gran descubrimiento de la ciencia
que divulgan algunos medios es que para esa fecha estará
naciendo la última rubia de la humanidad. No es lo que se
dice una noticia trascendente, pero tiene sus consecuencias.
La primera es positiva para los fabricantes de tinturas para
el pelo, siguiendo aquel principio que indica que mientras
muchos lloran, otros están vendiendo pañuelos. La segunda
secuela es que los científicos para afirmar que el gen que
produce blondas auténticas está en extinción, han debido
primero darse cuenta que de los 6.500 millones de seres que
habitan este mundo, la mayoría viven en Latinoamérica, Asia
y África, y algunas islitas más, es decir, geografías donde
abundan los morochazos, los negritos, los mestizos, los
blancos desteñidos, los de piel amarilla y hasta los de tez
verdosa, como una de mis ex, pero ninguno de cabello dorado. Y
ni hablar de los morenazos que abundan en tierras europeas.
Justamente, como para que nazca un rubicundo se necesita que
el papá y la mamá pongan semillitas con esa tendencia,
la mezcla sexual inevitable de razas genera cada día menos
cría de cabellera clara.
Por
lo tanto, y dado que las comunidades terrícolas siempre se
encargan mediante el magma de significaciones sociales
imaginarias que generan profusamente, de determinar qué tiene
sentido y qué no, qué está bien y qué está mal, mucho
antes que lo diferente sea tener las crines naturalmente del
color del sol, yo estimo que ser
rubio estará prohibido. Permítanme por un minuto
pensar el futuro al estilo de George
Orwel. Siendo así no me extrañaría que en el
2150 ya se promulguen leyes que discriminen a los pocos que
nazcan parecidos a Jude Law y Nicole Kidman,
para evitar hacer sentir mal a las mayorías. A los
cabecitas albinas se los apartará en un sector especial en
los bares, hoteles y transportes públicos.
Desde
ya que canciones argentinas como Rubias
de New York (¿recuerdan a Gardel gorjeando “Mary,
Peggy, Betty, Julie,…”), o La
Rubia Tarada, de Sumo, dejarán de ser citadas en
las antologías de la música. Los historiadores desistirán
de imprimir biografías de Marilyn Monroe, Grace Kelly, Ingrid
Bergman, Kim Bassinger o Uma Thurman. Nadie podrá titular un
film como “legalmente
rubia”, y mucho menos “los
caballeros las prefieren rubias”. En los nuevos
libros del colegio, Jesucristo será indígena y a
Colón lo dibujarán como Mohamed Alí.
A
mi lo único que me preocupa es qué ocurrirá si para ese
entonces algún antropólogo ilustre descubre que también se
está extinguiendo el gen humano, y que para el 2500
seguramente se compruebe que aquella novela futurista,
El Planeta De Los Simios, no era más que una
clarividencia certera con estructura de ficción.
Existe
el mito de que los hombres eludimos conversar lo conflictivo,
que en una pareja somos promotores de lo que el psicólogo René
Kaës definiría como “el
pacto denegativo”. Según las mujeres,
nosotros promovemos el “mañana
lo charlamos”, momento que nunca llegará, por lo
que aplicamos la sordina ante lo que no les gusta a ellas, y
por lo tanto, de eso no se
habla. La fábula insiste en que esta es una
actitud típicamente
masculina que condena al destino de la represión,
y de la negación, todo aquello capaz de cuestionar la
formación y el mantenimiento de un vínculo amoroso, y las
cargas de las que es objeto. Y la consecuencia de esto es que
la pareja compartiría inevitablemente un mudo malestar, una
ira acumulada o una resignación frustrante.
Pero,
chicas, les aseguro, este proceder no es un defecto único de
quienes usamos calzoncillos, es un dilema humano, como el
lenguaje mismo, y tiene sus porqués.
Veamos:
1) Eva tiene un tío medio incestuoso que le manda
e-mails pornográficos,
y en las fiestas siempre la saca a bailar salsa o tango y
trata de apretarla bastante, pero todos los reclamos, enojos y
demandas del esposo actual de Eva no tienen éxito porque ella
lo ve a su pariente como cuando tenía siete años y él la
llevaba a la calesita, y lo defiende. 2) Adán recibe llamados
de sus ex novias cuando está cenando con su pareja actual,
ella le exige que les corte el rostro y no las atienda más,
pero él le dice que le cuesta cortar viejos lazos y que en
realidad lo llaman porque se les murió la madre o el gato. 3)
Romeo se enamora de una señora casada, sabe y acepta el lazo
que ella conserva, pero de pronto comienza a hacerle escenas
de celos y le exige que se separe, y ella sonríe y nunca
recoge ese guante. 4) Julieta se casó con un bohemio artesano
de ferias y al día siguiente le pide a su tortolito que se
comporte como un yuppie asesor
de Felisa Miceli, pero el milagro no ocurre.
Y
entonces los que creen en el poder mágico de la palabra
descubren que la tan mentada comunicación se vuelve
simplemente un hablarle a un muro. Sí, es así, nos pasamos
la vida discutiendo con paredes por dos razones: primero
porque hablar
es una necesidad, pero escuchar es un talento.
Segundo porque, cuando el otro ha construido su identidad y
personalidad de una manera, el cambio que le pedimos lo
resulta peligrosamente des-estructurante,
es como si a un náufrago le cuestionáramos la balsa,
como si quisiéramos dejarlo sin sustento. Por lo que
finalmente nadie quiere modificar su conducta por el
sufrimiento del otro, ya que el dolor que menos duele es el
ajeno. ¡Que se adapte el otro!, pensamos, ¿por qué tengo
que cambiar yo?
Es
ahí cuando el reflexionar con quien elegimos estar nos
requiere silencio. Pero un silencio fructífero. Como diría Lao
Tsé: “Treinta
rayos convergen hacia el centro de una rueda, pero es el
vacío del centro el que hace útil a la rueda”.
Nuevamente
en una encuesta me preguntaron si al formar pareja prefería
compartir le lecho con mi mujer o no. De allí la reflexión
del motivo de tal cuestionamiento.
Quiero
decir, extraño bicho el humano, crea estrategias para ser
amado, pero en cuanto logra conseguir pareja y ser
feliz, lo detiene el miedo a la pérdida y al ataque.
Hasta ayer no sabíamos cómo poner la estatuita de San
Antonio para que le pegara un rayo de Dios y nos trajera a la
vida alguien que valga la pena. Hoy que lo tan soñado se
cumplió, nos llenamos de inesperadas preguntas:
¿Y
si pierdo mi identidad, y si me invaden, y si dejo de ser yo
mismo y si caigo preso bajo el dominio del otro,… y si
finalmente me abandonan? E
inmediatamente empezamos a decir que el amor es como un tarro
de dulce de leche, y el día del matrimonio es la fecha de
vencimiento.
Entonces,
por las dudas buscamos recetas para conservar la pareja. Y nos
aconsejan: lo mejor es dormir en camas separadas, o en
habitaciones distintas, o mudarse cada uno a un edificio
diferente o hasta ciudades y países lejanos, ella en Buenos
Aires y él en Tokio, como si la duración de un vínculo
pudiera demorarse en algún freezer
que detuviera su destino.
Pareciera
ser que somos animales simbólicos que se angustian,
atravesados por el lenguaje que los preexiste, buscadores
perseverantes del goce movidos por el deseo. Un deseo que no
siempre se satisface con lo socialmente esperable, un deseo
que además, a veces “no desea satisfacerse”.
Esto
tiene consecuencias fundamentales en todos los actos de
nuestra finita existencia, ya que vivir constituye una
ininterrumpida toma de decisiones, y cada una de nuestras
elecciones estarán influidas por nuestra exclusiva manera de
desear y de gozar, y a esta situación no escapa la elección
de nuestro objeto de amor, de nuestra pareja y de la cama que
nos junte o separe.
La
pareja, la del amor, es la unión imposible de lo diferente
con la ilusión de completud
unificadora. Imaginemos entonces, la complejidad que
supone este encuentro. Lo perdurable,
lo previsible,
las garantías,
ya no forman parte de nuestro devenir. Por ello, las
camas dobles o simples no son más que los barcos que nos
transportan en este maravilloso mar de la vida, y sería ideal
entregarse mansamente a su fluyente navegar, sin tantas
ataduras, si no por el contrario, desplegando las velas para
que el viento nos lleve plenos y victoriosos, mientras brille
el sol.
No
sé si lo recuerdan, pero hace un tiempito elogiábamos a Lisa
Nowak, comandante del transbordador
Discovery, diciendo que ya no se podía decir ni en
broma que las mujeres manejan mal.
Ahora,
lejos de la estratosfera, la famosa dama del aire acaba de
descubrir la dureza de vivir con los pies en la Tierra: ha
sido acusada de agredir y tratar de secuestrar a una mujer a
la que consideraba su rival por el amor de otro astronauta, el
aparentemente voluble y disputado galán galáctico, Mr.
William Oefelein.
O
sea, que nuestra estrella aeroespacial ha probado que los
celos femeninos no respetan categorías y que no tienen
límite ni distancia. A esta ilustre señora de nada le
sirvió ser entrenada en la Nasa para soportar la ausencia de
gravedad, la sensación de claustrofobia, el estrés, y el
cansancio físico y psíquico. Tampoco le fueron útiles sus
conocimientos de piloto de pruebas. Ninguna herramienta
psíquica le permitió poner en juego su estructura
de demora y lograr que el
sentir fuera tamizado por el
pensar antes del hacer.
Los
americanos, que aman a estos héroes nacionales como
semidioses, no entienden nada. No pueden comprender porqué
una mina de esa categoría y prestigio se disfrazó con una
peluca, compró gas pimienta y una pistola de aire comprimido,
y manejó mil quinientos kilómetros con un pañal para no
detenerse ni para hacer pis, y poder llegar rápido a atacar a
su aparente enemiga, la ingeniera militar Colleen
Shipman. Periodistas de Orlando han escrito que la
agencia estadounidense que los entrena es responsable del
desmoronamiento emocional de Nowak.
Pero
lo único que hay que aceptar es que los astronautas son antes
que nada, seres humanos,
y por lo tanto, personas susceptibles de sufrir sentimientos
de exclusión y abandono, reales o imaginarios. Porque las
estrellas son ajenas, pero los celos son de nosotros, y cuando
se disparan como el Columbia,
huelen a nafta quemada, y nos impulsan a
hacer cualquier barbaridad, de la que luego nos arrepentimos
llenos de vergüenza. Hay millones de celosas en este mundo,
que no conocen otros planetas, pero que al igual que Lisa ven
a las demás mujeres como bestias en celo, agazapadas con el
cuchillo entre los dientes y dispuestas a todo por robarle su
objeto de deseo. Destruyen minutos invalorables de su vida y
de su relación afectiva, cuando la tienen, por la altísima
ansiedad que les provoca una escena temida y alucinada:
él, ahora, seguro que
está con la otra.
Pero es muy probable que el muchacho en ese momento
se haya demorado con el cohete porque en Marte había un
piquete, o no haya encontrado ningún taxi espacial libre. En
síntesis, la Dra.
Jeckill se convierte en Mrs. Hyde al cuete,
cumpliendo su profecía, es decir, quedándose sin el pan y si
la torta, pero al menos aprendiendo que ahora sin
nada y sin él, igual puede
seguir viviendo. Si Lisa se da cuenta de esto, les
juro, ya se ganó el cielo.
Instituto
Superior de Letras
Eduardo Mallea
(A-1369)
Virrey
Arredondo 2416 (1426)
Buenos Aires
Argentina
Tel../(011)4782-2701 Tel.:
(011) 4784-2912
-CURSO de
dos meses (marzo/ abril del 2007)
-INTENSIVO
DE
REDACCIÓN
DE LIBRETOS
PARA
TELEVISIÓN Y RADIO
durante
ocho jueves de
19 a
20,30 h.
comienza
el Jueves 15 de marzo a las 19
Docente:
Luis Buero
DESTINATARIOS:
Público en general.
Profesionales de los medios, docentes, traductores,
intérpretes, periodistas, escritores y estudiantes de todas
las áreas. No se requiere experiencia sobre el tema.
Durante
años los gobiernos de turno no fomentaron la radicación de
industrias, y cuando pudieron le pegaron al campo. Pero, como
Dios es argentino, seguramente pensó: a estos salames solo
los pueden salvar los extranjeros…¡y nos regaló un
turismo fabuloso!
Sí,
créanlo porque lo afirman las estadísticas. Resulta que
nosotros queremos rajarnos, pero miles de
brasileros, yanquis, europeos y asiáticos insisten en pasar
sus vacaciones aquí. Y en conocer, de paso esta capital
que está ubicada in the ass of the World. Y hete aquí
que el turismo se convirtió en el segundo sector que más
divisas y empleos genera hoy.
Ui
ui mesié! En el
2006 visitaron el país 4,2 millones de personas,
dejando un ingreso descomunal en dólares. ¿Qué hacen? Pues
cazan y cabalgan en las provincias del centro, pescan y
esquían en el sur, recorren las ruinas y paisajes rocosos del
norte. Y por supuesto, pasean y fotografían todo Buenos
Aires, la Reina del Plata. Yes, la City porteña,
también bautizada como la ciudad del peso barato, y
como la Capital Cosmopolita de Sudamérica. ¿No será mucho?
Pero el aluvión permanente de visitantes extranjeros que
recibe lo justifica.
¡Si
hasta somos el destino favorito de los cruceros gay!
Y
nosotros los esperamos a todos con las fauces abiertas y los
bombardeamos con el bife de chorizo, los shoppings,
las prendas de cuero, y algunas artesanías que se han
vuelto antiguas y autóctonas de golpe, logrando que los
elegantes franceses, los alegres y llamativos brasileños, los
nada tímidos italianos, y los nostálgicos españoles hagan
algo mancomunadamente: gastar money y dejar muchas
divisas aquí.
Sí,
queridos hermanos, hoy Recoleta, Puerto Madero, el Obelisco,
Caminito, las Galerías Pacífico, son sitios descubiertos por
ojos lejanos que registran todo desde otro ángulo. Nos enfoca
así, por ejemplo, la cámara de un turista romántico que no
busca geografías modernas universalistas, si no identidades
locales; no le interesa el futuro si no el origen de lo que
pisa. Este es el que fotografía hasta los semáforos y los
baches, y se compra un poncho tejido en Irán pensando que es
de los valles calchaquíes. También existen el turismo de
elite, que va a los museos y espectáculos culturales, y
descubre los frentes maravillosos de la Avenida de Mayo;
y el turismo de masas que llega con la ilusión de ver
jugar a Boca y aprender a bailar el tango en La Viruta.
Y
todos conviven con otro tipo de turista, el post-moderno, ese marketinero
impulsado solo por la conveniencia del famoso 3 a1, que le permite llenarse de cosas y partir.
Peor
no os quejéis por tanta presencia invasora.
Entre el ocio y el neg-ocio, nuestros vecinos
mundiales en tránsito nos ayudan a querer nuestro lugar de
pertenencia, revalorizado en su mirada encantada, y Buenos
Aires se convierte en esa pebeta que no invitábamos a
salir, hasta que otro que la piropeó, nos la reveló
bellísima.
La
ASOCIACIÓN ARGENTINA DE ACTORES
INFORMA
Que
durante el mes de Febrero del 2007
Se
dictará en su sede un curso intensivo
Sobre
el tema Redacción de guiones para televisión y radio
Viajaba
con un amigo en el subte, y de pronto lo escuché reflexionar
amargamente: el pasado
está agazapado y vuelve cuando uno menos lo espera.
Le pregunté si había llegado a esa conclusión al enterarse
de la citación de un juez a Isabel Perón, pero me respondió
casi gritando: ¡No! ¡Me
refería al regreso de Gran Hermano! Entonces
opinó que el programa era otra vez eso de mostrar chicas y
chicos lindos bostezando, tomando mate, hablando liviandades,
bañándose, las veinticuatro horas del día. Acto
seguido me contó que acababa de ser eliminada del ciclo
una rubiecita que afirmaba ser la novia del cantante Sergio
Denis, al que según parece le habría sido
infiel durante su estadía en esa “casa
que late”.
Y
ahí nomás me confesó que a él le había pasado lo mismo,
que luego de divorciarse de su primera esposa, se había
enamorado de una mujer muy joven, la que luego de un tiempo
terminó por abandonarlo.
Yo,
de pronto, acostumbrado a escuchar historias parecidas,
empecé a pensar que si William
Shakespeare viviera ahora, seguramente
escribiría una versión distinta de Romeo y Julieta en el
2007. Nada de dos adolescentes cuyas familias les impiden
juntarse. Hoy crearía dos amantes diferentes, es decir, un
señor de sesenta años conquistando a una chica de
veintidós, y las trágicas consecuencias que eso casi siempre
trae, la huida o la infidelidad de ella, tarde o temprano,
cuando se cansa del chiche viejo.
¿Por
qué pasa esto? Los hombres que al comienzo del siglo
XXI pasaron ampliamente los cuarenta, sufren del
síndrome de Peter Pan, se creen pendex
atemporables, y después terminan como Paul
McCartney, solos y con la mitad de la fortuna. Pero
cuando el macho humano ve venir el nubarrón de la
andropausia, brama: “ Yo
quiero seguir siendo un pibe”. ¿Y qué hace?:
sale con un bombón veinticinco años menor….Extraño error,
porque para sentirse joven un tipo tiene que engancharse,
justamente, con una mina mayor. Lo prueban las matemáticas,
somos menores ante alguien más jovato,
no ante una persona con menos edad. Pero la tendencia es
justamente la opuesta y lejos de lo que se cree, los problemas
no se presentarán en la cama, si no cuando los nuevos amantes
de Verona estén vestidos.
Si.
Una jovencita actual ve la pareja única y permanente como
algo asfixiante que amenaza su identidad. Y fantasea, como
tiene toda la vida por delante, que mañana pueden aparecer
aún muchos varones mejores y distintos. Y aunque eso no sea
cierto, igual ella querrá probarlos. Además una
relación estable exige descentramiento, atender los deseos de
otros, dejar de mirarse el ombligo, y esto para una
niña en crecimiento es un obstáculo a su narcisismo, porque
todavía la adolescente que fue le tironea las entrañas. En
síntesis, el matrimonio de almanaques desparejos es una
cadena demasiado pesada para ser llevada solo por dos, por eso
siempre aparece un comedido… y brinda su apoyo.
Y
NORITA SUBIÓ A LOS CIELOS
Por
Luis Buero
Dentro
de muchos siglos, cuando los periodistas escriban un segundo
tomo del nuevo testamento, esta historia no podrá faltar, y
seguramente la contarán así: Érase en Río Cuarto, a
fines del año 2006 del Señor, cuando fue hallado en la
lujosa mansión de su aldea el cuerpo sin vida de una
empresaria exitosa de 51 años. A partir de ese momento
en la cobertura instantánea del caso se produjo un milagro y
nació un género periodístico: la noti-fiction,
algo así como un info-entretenimiento,
mientras un profeta les exclamaba a los movileros:
“no dejéis que la
verdad os impida publicar una nota con gancho”.
Así fue que el primer día en que el siniestro tomó estado
público los noticieros hablaron de un caso de hipoxifilia,
procedimiento que consiste en provocar a una persona una leve
asfixia durante el coito para que, supuestamente, sienta mayor
placer. La posibilidad de que la occisa hubiera fallecido en
medio de ese “juego sexual extremo” fue difundida con
amplios detalles. Al segundo día los diarios titularon: “Crimen,
Pasión y Misterio”, para luego contar que la
mujer fue estrangulada con la cinta de su bata, después de
tener sexo consentido con un amante, mientras su esposo jugaba
al golf en Punta del Este. El tercer día las radios
insistían con que el cuello del cadáver mostraba la marca de
dedos que lo habrían presionado con intenciones criminales, y
que un pecho morado denunciaba un intento de la víctima por
defenderse. Las revistas afirmaban que fue asesinada por un
hombre que la estranguló mientras la miraba a la cara. Al
cuarto día ya los posibles amantes variaban en clase social,
y los informes televisivos difundían el nombre de
funcionarios del gobierno provincial, distinguidos vecinos,
albañiles, jardineros, prostitutas, parejas swingers
y hasta un taxi-boy adolescente. En las calles se vendía una
remera para hombres con la leyenda: “yo
no estuve con Norita”.
Al
quinto día los sitios en Internet aseguraban que la gente del
country Villa Golf, que ya era una nueva versión barrial de
Sodoma y Gomorra, estaba acostumbrada a armar fiestas
nocturnas en las que circulaba todo menos leche malteada. El
sexto día los magazines aseveraban que la señora podría
haber sido violada, y luego ahorcada, o tal vez en el orden
inverso. Mientras tanto aumentaba la cantidad de fiscales, y
se sumaban a la causa investigadores federales, agentes
secretos, expertos en informática y policías
científicos. Gente de la zona testificaba que la muerta era
una dama excepcional, que hacía beneficencia y adoraba a sus
hijos.
Y
al séptimo día se instaló la hipótesis de un homicidio por
encargo de una mafia que le tenía envidia. A partir de allí
el Evangelio mediático rematará diciendo que el alma de Norita
ascendió a los cielos y está sentada, desde
entonces, a la derecha de la cordura, muy triste, leyendo lo
que se sigue inventando sobre ella, incluyendo esta columna.
LEONOR
BENEDETTO, CON SU BUEN DESTINO A CUESTAS
Por
Luis Buero
Es
de tarde y la primavera estalla en su amplio piso del barrio
de Recoleta. El living tan amplio y hermoso como un paisaje
serrano. En instantes entrará ella. ¿Quién? Les
digo.
Cuenta
la leyenda que ya en noviembre, pero de 1970, los
telefonistas de Canal 9 no daban abasto para contestar los
llamados telefónicos de televidentes que preguntaban
quién era esa nueva actriz que reemplazaba a Nora Cárpena en
El Hombre Que Me Negaron,
la telenovela de Alberto Migré. Y la respuestas repetían un
nombre y apellido que pronto tendría un surgir vertiginoso: Leonor
Benedetto. Pero a pesar de su juventud, de “nueva”
no tenía nada. Sí, esta entrerriana
enigmática que se vino a vivir a los 12 años a Martinez,
se recibió de bachiller en San Isidro, y que luego cursó el
conservatorio de arte dramático, ya había debutado a
fines de la década del 60 en cine, teatro y televisión,
participando en éxitos como Nuestros Hijos, Gran Teatro
Universal, el especial Espectros con Alfredo Alcón, y la
película El Santo De La Espada. Luego sería una viuda
sensual en Rolando Rivas, la costurerita que triunfa en Rosa
De Lejos, la bomba sexual en Atrapadas o Las Lobas, la
monja progresista de Un Lugar En El Mundo, Lola Mora, la
escultora puro carácter, y últimamente la mala y
temible en Padre Coraje, y en Soy Gitano. Pero un
día se fue a vivir a España, estudió cine, y al volver se
pasó del otro lado de la
escena….
Luz,
Cámara, Acción
De
golpe se abre una puerta angosta y aparece. Es muy alta,
delgada, atemporal, sencilla con su camisa blanca, me pide el
saco para colgarlo en una percha… y hablar de su nueva
película se hace inevitable. Si, porque estamos a horas del
estreno en Buenos Aires de El Buen Destino, rodada en Villa
Mercedes, San Luis, cuya historia narra las vicisitudes de un
pueblo que se quedó al costado de la civilización, con
personajes prototípicos que encarnan un viejo orden que se ve
modificado por la falta de trabajo.
¿Te
resultó difícil pararte de este lado de la cámara, y en
especial con actores famosos?
Me
resultó muy fácil, la clave está en haber reunido
gente tan capacitada en lo suyo: no elegí a ninguno por su
carita bonita. Y además tuve en el elenco a cuatro
actores, pensando en los cuales escribí el
guión, que son Federico Luppi, Pablo Rago, Maria
Carámbula, y Jessica Schultz, Y eso jugó muy a favor, porque
ellos no tenían mas que ser como son.
¿Qué
quisiste decir con El
Buen Destino?
Dejando
de lado lo anecdótico del argumento, yo realmente creo que si
bien hay un montón de cosas que están predeterminadas,
hay un resquicio de libertad que tenemos, el tan mentado libre
albedrío, del que se puede hacer uso en las circunstancias de
emergencia. A veces se hace muy delgado ese resquicio, pero
existe. Lo que pasa es que cuando estamos mal no lo vemos,
pero creo que por ahí podemos colarnos para meter la mano en
nuestro porvenir. Eso es lo que yo siento que hacen mis
personajes, ya que ante una circunstancia adversa algunos se
pierden, y otros en cambio pueden ir moldeando su vida, cuando
los acontecimientos les son adversos, llegando a un buen
destino.
¿Vos
apostas a que finalmente las cosas se reacomodan?
Yo
creo que es así, en la película y en la vida, el tema es que
hay un flujo energético que a veces percibimos, y podemos
entrar en esa onda que acomoda todo, y otras veces nos
resistimos muchísimo y esa onda pasa de largo y nos la
perdimos.
¿El
Buen Destino es la versión 2006 de Un
Lugar En El Mundo? Es decir, un mirar político
menos ilusionado de la realidad, después de todo lo que nos
pasó?
Me
envanece la comparación, puede ser, claro que hay un
mensaje social, pero no con relación a un partido. A mi
personalmente me es muy difícil ponerme en alguna lista hoy,
ponerme una etiqueta. Me resulta mucho más fácil
identificarme con personas que con partidos.
En
las escenas se repite con insistencia una toma de los puentes….
Es
que a ese pueblo le construyeron la autopista y el boliche de
ruta que se llamaba El Buen Destino se quedó al margen de la
nada, esto lo he vivido. Yo soy entrerriana, y cuando
era chica y mi papá me llevaba a visitar a mis abuelos a
Santa Fe, hacíamos paradas obligatorias en los bares de la
ruta, que estaban atestados de camiones, y de coches, y
se sabia que donde paraban los camioneros era donde mejor
comida había, donde mejor te atendían. Hoy no puedo pasar
porque entre Buenos aires y Rosario solo parás en las
estaciones de servicio que están en la autopista. De lo que
hablo es de esta cosa del progreso irreflexivo que muy pocas
veces está puesto al servicio de la felicidad del ser humano,
y nos pasa por encima.
¿Por
qué tu papá se vino a vivir a Buenos Aires?
Yo
supongo que buscando un mejor destino. Y es probable que él
sintiera que Entre Ríos le quedaba chico. Yo no me inventé
el nomadismo, creo que es absolutamente heredado.
Y
en cuanto a tu vocación, ¿la tenías clara desde chica?
Sí,
pero antes de ingresar al conservatorio inicié dos carreras
universitarias, una de ellas Medicina. Mi padre soñaba con
tener una farmacia, quería que yo fuera la titular pero
atenderla él. Creo que más que mi futuro, estaba pensando en
el de él, (RISAS).
De
Provincianita a Niña Sexy
Pálida
como una emperatriz de cuentos de hadas, y a la vez dulce y
nada sofisticada, recuerda con humor los rótulos que le
dieron notoriedad.
¿Fue
haciendo de mala en
Rolando Rivas donde hallaste tu primer golpe de popularidad?
(SONRIE,
MIRA HACIA LA VENTANA) Yo era la cuñada de Rolando
Rivas en la telenovela, y el recuerdo de la gente de ese
personaje es por su descaro fuerte en provocarlo a él.
Pero
te ganaste que los siguientes treinta años todos los
periodistas te preguntaran si sos una come-hombres…
Y
me lo siguen preguntando, y yo siempre contesto que si
hubiera sido una come-hombres estaría indigestada, realmente.
(RISAS)
Pero
la imagen persiste….¿Sentís que los hombres te tienen
miedo?
No
se si es exactamente miedo, pero si que les despierto
sentimientos muy ambivalentes, no creo que sea solamente para
conmigo, si con cierto tipo de mujeres como yo. De todos
modos tengo, lo que se llama, y lo digo con cuidado y
humildad, éxito con los hombres, en el sentido de que
nos atraemos, pero muy pocas veces eso se concreta en algo
sólido o en lo que merezca empeñarse para la vida.
¿Será
porque los únicos que se animan con vos son esos hombres
demasiado fuertes, narcisistas, famosos o importantes,
como Gerardo Romano, Sacristán, Biasatti, Rodriguez Saa?
(RIE)
No sé , pero no debe ser fácil vivir con alguien como yo, yo
lo se, y hasta me lo han dicho mis hijos, Maria (36), Nicolás
(33) y Marcos (23), y aunque es otro tipo de vinculo,
nosotros hemos tenido que aprender porque lo nuestro es para
siempre, y creo que fue muy bueno haberlos destetado muy
chicos, a pesar de extrañados o de dolerme la separación,
haberlos mandado a cualquier lugar del mundo donde ellos
creían que podía estar una porción de su destino en ese
momento, lo he hecho y lo seguiré haciendo.
¿El
crédito que te permitió hacer tu película está relacionado
con el vínculo que tuviste con el gobernador de San Luis?
No,
yo llegue a San Luis y solicite el crédito, como otros
realizadores, y me fue otorgado. Luego lo conocí
a él, pero eso fue posterior. Por esos créditos ya había
filmado mucha gente que no es tan conocida; hace mucho
tiempo que San Luis está en eso, y es una buena idea,
descentralizar Buenos Aires es una buena idea.. Este año
también estuve en un festival en Mendoza, y en Tucumán, y en
otros lugares del país, y me parece muy positivo eso.
Hace
tiempo declaraste que ningún hombre se merece una lágrima…
(RIE)
No es tan así. Cuando me separé de Sacristán, con
dolor, por contingencias ajenas al amor que nos
teníamos, yo dije que prefería llorar por él y no por mí.
Yo lo que no puedo hoy y desde hace bastante tiempo, es
quedarme en un lugar donde no me siento bien, no puedo
permitirme ni por un segundo en mi vida decir “¿que
estoy haciendo aquí?” .Ni en una fiesta ni en un
pais ni con un hombre, es un lujo que ya no me lo puedo dar.
Siguiendo
“El Buen Destino”
¿Estás
acompañando la película en sus distintos estrenos?
Sí,
desde hace un año estoy viajando por el mundo, periplo que
concretamente se va a cerrar la semana que viene cuando llegue
a la India. Y empecé en Montreal, España, México. Yo
ya tengo la idea de que es la película la que va delante de
mi diciéndome “bueno,
vení por acà”…
¿Y
qué expectativas te despierta el estreno aquí?
Durante
un tiempo tuve temor, la duda de si va a gustar, de qué
van a decir, pero hubo un momento en el que sentí
que la película es de verdad un ofrecimiento mío hacia la
gente. Yo pienso que una persona de un comunidad que se hace
famosa tiene un costo social, son muchos televisores prendidos
a la misma hora, muchas entradas de cine o de teatro
compradas, y me gusta haber tenido la lucidez necesaria para
generar un mecanismo para devolver,. La película es
eso. Entonces me salí del esquema premio- castigo, es
eso y nada mas…y nada menos.
BUENOS
VECINOS
Por
Luis Buero
Yo
vivía en un barrio de casas, hasta que un día fui a parar a
uno de esos rascacielos que mi abuela solía llamar conventillos
de lujo.
Mi
primer destino fue una planta baja, que elegí porque tenía
un patiecito con macetas que me recordaba que yo era parte de
la naturaleza. Todo en ese moderno edificio era “inteligente”...menos
los vecinos. Les costará creerlo, pero cada mañana
tenía que juntar con bolsa y pala todos los recuerdos
que me tiraban desde los pisos superiores. Como detective
involuntario sabía si el del sexto “D” se había
protegido antes de tener sexo la noche anterior, o si el del
quinto “J” había sorprendido una laucha comiéndose su
queso, y también si la del noveno “A” estaba en “esos
días”. Sí, lo que leen, no os
horroricéis.
Urgente
me mudé a un edificio más pequeño, de dos unidades por
planta, y compré el primero “A”, sin saber que en el
primero “B” se acababa de instalar un joven al que sus
amigotes apodaban “el
drogaman”. Yo me preguntaba el porqué del
seudónimo, hasta que empezó a picarme la nariz y la garganta
cada vez que entraba y salía de mi departamento.
De las hendijas de su puerta fluía una neblina que se
transformaba en una nube de formas imprecisas, cuyo aroma
ácido se mezclaba con el de los olores de las bolsas de
residuos que depositaba en el pasillo a toda hora.
Me
quejé sin éxito con el administrador hasta que finalmente,
al terminarse su contrato, el fumador de hierbas dejó su
humeante vivienda a una nueva inquilina, una abuelita
enternecedora, con un solo defecto llamado Pichi.
Pichi era un doberman desdichado
de seis meses de edad que aullaba veinticuatro horas seguidas
de lunes a domingo, ya que la viejecilla era dueña de
un geriátrico y se pasaba todo el día controlando su
funcionamiento, dejando solito al pobre can. Ya olvidado
del significado de la palabra dormir, permuté mi tres
ambientes por otro en el penúltimo piso, sobre el
cual vino a vivir una pareja de recién casados. Todo era
nuevo para ellos….menos la cama, porque sus resortes y
golpeteos chillaban una y otra vez sobre las medianeras en
cuanta oportunidad los tortolitos homenajeaban su amor,
siempre de madrugada y sin darse respiro.
Huí
pues, de ese edificio, y comencé a transitar diferentes
unidades en propiedad horizontal encontrándome con solos
de batería, alaridos inhumanos, batir de puertas, movimientos
constantes de muebles, llantos inacabables de recién nacidos,
loros y gallos madrugadores, teléfonos y equipos de audio de
sonido estereofónico a todo volumen, y orgasmos cantados por
sopranos y tenores de ópera. Descubrí que los habitantes de
un consorcio construyen individuocracias
que quiebran a diario la experiencia comunitaria que ellos
mismos han creado. Y recordé que la libertad de cada
uno termina donde empieza la de los demás. Eso lo decía mi profe
de Cívica, que ya, como el respeto, falleció hace tiempo.
Mucho tiempo.
MUCHACHOS:¡
A LAVAR LOS PLATOS!
Por
Luis Buero
Días
atrás ingresó a la Cámara de Diputados un proyecto de ley
que propone la modificación del artículo 199 del Código
Civil, referido a los derechos y obligaciones de los
cónyuges. Se trata de incorporar una pequeña frase que en
palabras más o menos diría así: “Los
esposos deben compartir las responsabilidades domésticas y el
cuidado y la atención de los hijos, con sus esposas”.
La iniciativa cuenta ya con dictamen favorable en distintas
comisiones, y en cualquier momento puede ser tratada en el
recinto. La autora del proyecto, la diputada Marcela
Rodríguez, ha declarado que "la
irrupción de las mujeres en el mercado laboral en las
últimas décadas mejoró sus perspectivas de desarrollo
personal y profesional, pero fue insuficiente para obtener un
reparto más equitativo de las tareas domésticas y de crianza
de los hijos.”
La
propuesta resulta interesante, pero parte de una serie de
supuestos que habría que investigar, para ver si se justifica
la innovación. El primero es la idea de que todavía existen
cónyuges y que son mayoría con relación a las parejas no
casadas. El segundo es la suposición de que hay muchos
tortolitos que viven juntos y no en casas separadas y hasta en
distintos barrios. También acepta como probada la hipótesis
de que los hombres no comparten ni se ocupan de esos
menesteres, y que el hogar es un espacio de ocio para el
varón y de labor para ellas. Y finalmente da por descontado
que las mujeres sí se dedican a pleno de las tareas
domésticas. Justamente una amiga mía me contaba ayer, que el
sábado pasado a la noche le pidió a su marido que la
llevara a algún lugar al que ella nunca hubiera ido, y
él la llevó a la cocina.
Pero
volviendo al tema, dado que treinta millones de leyes no
han logrado que el hombre cumpla con solo diez mandamientos,
me pregunto como se efectivizará la aplicación de la norma
en términos prácticos.
¿Irá
doña Rosa a la comisaría y le dirá al cana
de guardia: “¡oficial,
vengo a hacer una denuncia: mi marido se niega a preparar los
canelones!”? ¿Recibirá algún juez de turno una
demanda de divorcio de una mamá porque el infeliz del marido
le explicó mal la regla de tres simple a su hijo y el
pobrecito se llevó matemáticas a marzo? .
Y
lo que más me intriga es si el artículo se engrosará con
incisos aclaratorios para los machos, donde se dispongan sus
obligaciones concretas, por ejemplo, imaginemos:
Inciso
uno: hacer la cama por la mañana y no poner la colcha sobre
las sábanas arrugadas. Dos: dejar tapado el inodoro del
baño, cuidando que siempre haya rollos de papel higiénico a
mano de la consorte. Tres: No llenar la heladera con
alimentos que lo conviertan a él en un barrigón cervecero
considerable. Y finalmente, cuatro: recordar que si le duele
la cabeza a ella es porque está cansada, pero si tiene
jaqueca él es porque ya no la quiere más.
Y
bueno… al menos por una semana vamos a dejar de hablar de
Tinelli.
EL
VARÓN ASUSTADO
Por
Luis Buero
Los
varones no sabemos bien qué es lo que a las mujeres las
conmueve, más allá de las fabulaciones de café en las que
se debate si el secreto para conquistarlas o “tenerlas
en un puño” está en la belleza del galán, o en
su dinero o fama, o en su desempeño sexual, elucubraciones
vanas que se derriten como helado al sol cuando vemos pasar a
la más bella con un nabo
de cuarta que no reúne ninguna de esas cualidades.
He
aquí pues el secreto del éxito de algunos envíos
publicitarios que insisten con la misma dialéctica desde hace
años. Me refiero a esas publicidades televisivas de
desodorante masculino que tienen siempre como personajes
principales a tipos comunes rodeados de varias modelos
hermosas quienes al oler la fragancia que el muchacho lleva en
su cuerpo, pierden toda voluntad y discernimiento,
quedando totalmente descerebradas. Y como resultado hacen todo
lo que el macho quiera: son sus esclavas afectivas y sexuales.
Obviamente estas campañas nacen teñidas de erotismo e
ironía, y en su mensaje exagerado promueven la
suspensión de la racionalidad del telespectador, y a la vez
solicitan su complicidad para aceptar la humorada. Pero sin
dudas el argumento suena súper machista, porque exhibe a una
protagonista femenina denigrada, que tiene actitudes de
sumisión, e incluso en algunos cortos fílmicos soporta el
maltrato, pero termina abrazándolo a él, entregada,
porque el fulano se fumiga con ese cosmético en aerosol.
Sin
embargo, reconozcamos que desde los confines lejanos de la
civilización, los efluvios de colonias o pociones rituales
para el amor, fueron siempre interpretados como un elemento
mágico que servía para hipnotizar, narcotizar o al menos
dirigir a favor del perfumado, el deseo de la persona amada.
Pero
hoy, ni es preciso mencionarlo, todos los hombres sabemos que
usar ese aroma en las axilas no produce el más mínimo efecto
en el sexo opuesto y que, para peor, los bichos
humanos no elegimos, somos elegidos por ellas. Por tal razón,
lo que la lógica interna de esas publicidades intenta hacer
es aminorar el pánico
masculino al rechazo, al al rebote. Y las minas lo
intuyen, por eso no se enojan la verlas. Ellas saben que aquel
varón domado al que se refería hace años Esther Vilar, hoy
podríamos rebautizarlo como el
varón asustado.
Sí,
está atemorizado frente a estas damas modernas que lejos de
comportarse como las chicas de esos avisos, son
autosuficientes, independientes y hacen lo que se les canta.
Obvio, en las grandes ciudades ellas toman, prueban, usan y
dejan, y él no hace más que pensar de qué se tiene que
disfrazar para seducirla y no perderla. Para ese varón
asustado que ve en la mujer un
objeto persecutorio es ese desodorante, y también,
porqué no, el Viagra, un invento genial para no fallar,
porque…no sea cosa que Adán no pueda, o no quiera, pues ya
sabemos que fracasos así también se pagan con el desalojo
del paraíso.
PÁNICO
AL BAILE
Por
Luis Buero
¡Vamos,
reconozcámoslo! Los hombres, bailando, somos más pataduras
que Tinelli!
Sí,
ya sé que hay tipos que nacieron para la danza, como Julio
Bocca. También se lucen los jóvenes bailarines seleccionados
para el programa de Marcelo. Y hay algunos jovatos que
se la dan de maestros en el corte y la quebrada del
tango, y son el deleite de las suegras en los
casamientos.
Pero
a la mayoría de los hombres, en general, no nos gusta
bailar, y cuando lo hacemos es solo para el levante.
Pero una vez efectuada la conquista, nos tienen que
pedir por favor que las llevemos a bailar una vez más.
A
las mujeres si, generalmente,
les encanta bailar, solas, en pareja, en grupo, como
fuere. A los varones no, insisto, salvo que alguno tenga
un don natural para hacerlo. Pero todo bicho masculino
que pisó la Tierra no tiene más remedio que exponerse, tarde
o temprano, en una pista a la hora de la música en fiestas de
15, boliches, cruceros, cenas empresarias o de fin de año, o
acompañando a la esposa a restaurantes donde después de
cierta hora comienza la pachanga.
Ahora
bien: si conocemos una dama, queremos conquistarla y tenemos
menos onda que un abedul para el baile, ¿qué estrategias
podemos argüir antes de caer en el papelón? Una excusa es la
profesional: ser el disc jockey de la reunión o
el que toca un instrumento en la orquesta. La segunda es la deportiva:
confesar un supuesto esguince por caída esquiando en el
Himalaya. Otro pretexto es el del gusto: “esta
música no la bailo porque es grasa”, y usarla
aunque se trate de un típico vals vienés del siglo 18. Luego
viene la evasiva científica: echarle la culpa a un remedio
que estamos tomando el cual nos disminuye la serotonina y
la vasopresina, que según parece son las hormonas
relacionadas con el bailar bien o quedarse estaqueado. Y
todo esto es porque a los descendientes de Adán nos da
vergüenza mover la cadera,
nos parece que eso es cosa de gays.
Y
si les interesa discutir mi hipótesis les sugiero observar
una multitud bailando en cualquier club o disco y
van a notar que la mayoría de los machos no coordinan bien
sus extremidades superiores e inferiores, no tienen demasiado
sentido del ritmo, ni se enganchan con el lado emocional de la
danza. Por el contrario, parecen robots con interferencias en
la carga energética, o elefantes en un ataque de epilepsia. Y
sus rostros denotan un unívoco pensamiento: “¿
cuándo termina este martirio?”.
0bvio
que siempre está la excepción, el Travolta que se
distingue y hace que todos le hagan hueco para verlo,
especialmente ellas, que además creen que un Romeo que
baila bien, es bueno en la cama. Ese vivo danzarín es el
amigo, compañero, primo o tío lejano que se la pasa
toqueteando la cintura de nuestras novias, y sacudiéndolas
toda la noche, y no podemos decir nada porque está
bailando por un sueño, el de ellas de divertirse siempre a
cualquier costo. ¿ 0 me equivoco?.
CRECER
ES MALA ONDA
Por
Luis Buero
Una
conocida marca de cerveza ha lanzado una nueva campaña con el
slogan “hey, buena onda”, intentando que la frase
se asocie al nombre de la bebida, y puntualizando que la misma
es sinónimo de diversión y de “happy hours”. En
los cortos televisivos y en los afiches desplegados en la via
pública da varios ejemplos de jóvenes o situaciones buena
onda, cuyos personajes reflejan una vez más el target puntualal cual están dirigidas casi todas las publicidades de
cerveza, y también las de gaseosas: gente de
18 a
30 años.
Esta
generación a la que se alude aparece siempre como muy
consumista de todo lo que se defina “pasarla bien”
y se la expone con una visión superlight, cool and
slow de la realidad. Y tal como se los muestra en
esas propagandas, los destinatarios de estos mensajes nada
subliminales componen ese híbrido definido como los
adultescentes.
Ahora
bien, para parte de ese segmento de chicos y chicas que
no quieren darse por enterados de que ya son hombres y
mujeres, también seguramente existirán muchos seres humanos
que significan lo contrario.
En
lo cotidiano, ¿quiénes son los mala onda para estos
creciditos pero con el reloj mental algo demorado? Para
ellos los mala onda son por ejemplo: el profesor que los
quiere reprobar porque plagiaron un texto de Internet, el
bedel que les pone ausente cuando faltan a clase, el policía
que les hace la boleta por manejar la moto sin casco, la novia
que quiere comprometerse y vincularse seriamente con su Romeo,
el vecino que se queja porque se ponen a charlar gritando
debajo de su ventana a las cuatro de la madrugada, el marido
que protesta porque su pareja no está nunca a la hora de la
cena ya que prefiere ir a los “after office” de la
empresa, el transeúnte que les exige que respeten la cola
para subir al colectivo, el amigo que no se suscribió a un
servicio de banda ancha y no chatea horas y horas los domingos
por la tarde, el portero que se queja porque dejaron el auto
estacionado frente a la salida de garaje del edificio, y el
mozo que les recuerda que no se puede fumar en ese bar.
También tiene mala onda para ellas el gerente de personal que
pide a sus empleadas que no lleven polleras muy cortas ni
escotes pronunciados a la oficina, y para ellos, porque les
descuenta el día si llegaron tres horas tarde.
Algunos
psicólogos mala onda han escrito sobre el decaimiento
actual de la Ley del Padre, como imaginario de los deberes y
valores rectores de una sociedad. Pero estos jóvenes
atrapados en ese infantil modelo de Yo ideal que busca
hacer lo que desea, cuando y como quiere, no se han quedado
solo en el vacío solitario del buenaondismo, por el
contrario, parecen exigir que los cobije una Ley de la Madre,
o de la Abuela, construyendo una nueva subjetividad en la que
casi todo se les perdone y se les permita, porque
en definitiva, como se les afirma en uno de los avisos, la
vida es como te la tomás.
Luis
Buero es guionista, periodista docente de la materia
Guión en TEA Imagen, en la Universidad de Morón, y en
la Universidad de Belgrano.
Es autor del libro "Historia de la televisión
argentina contada por sus protagonistas", editado en 1999
por la Universidad de Morón (dist. La Crujía) que obtuvo una
mención especial de APTRA en la entrega de los Martín Fierro
1999.
Algunas obras:
* Televisivas:
La Familia Benvenuto (Comedia, TELEFE, 1991-1995)
Comunicado Pop (Magazine juvenil, ATC, 1997)
Un Milagro de Cristo en la Quebrada (Documental, CANAL 2, San
Luis, 1994)
El Laboratorio del Dr. Pipeta (Sketches cómicos infantiles
educativos, TV QUALITY, 1999)
Colaboración autoral en Los Rodríguez (Sketches cómicos,
TELEFE, Junio 1998) y en Señoras sin Señores (Sketches
cómicos, TELEFE, Octubre 1998).
* Radiales:
El Tiempo que viene (Periodístico, FM Comunidad, 1996).
* Literarias:
Príncipes y Medias Lunas (1971)
Cuentodisea (1975)
El Último Otoño (1982) Faja de Honor de la Sade 1983
Historia de la Televisión Argentina contada por sus
Protagonistas 1951/96 (Universidad de Morón, 1999)
* Periodísticas:
Diarios: La Nación - Clarín (calles de Bs.As.) - La Voz del
Interior - La Prensa - Tiempo Argentino - La Razón - Época -
Norte- Publimetro - Diario 16 (España)
Revistas: Flash - Uno Mismo - Cosmopolitan - Nuestra - Clarín
Viva -Autoclub - Sex Humor - Para Ti - Luna - Todo es Historia
- Magazín Semanal
Otros: Clarín Ciudad Digital - - Leedor. com (internet) -
Página Digital (internet) - Mujerweb.com (internet)-
Aglia.com (internet), Sensibles Del Sur (Bariloche/internet),
etc.
* Discográficas:
Para Mamá, Actor Hugo Arana (RCA VICTOR, 1976)
* Cursos y seminarios dictados:
Facultad de Filosofía y Letras U.B.A. - Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales U.N. (Córdoba) - Círculo de la Prensa
(de Rosario) - Carolina Cable Color (de San Luis) - Canal 3 de
Santa Rosa (La Pampa) - Círculo de Prensa de Rafaela -
Sindicato Argentino de TV Capital y Filial Santa Fe - Canal 10
de Córdoba - Asociación de Periodistas de la Televisión y
Radiofonía Argentinas - Escuela Superior de Periodismo -
Asociación Argentina de Actores - Centro Cultural Borges -
Universidad nacional de Villa María (Córdoba) - Centro de
Trabajadores Argentinos (Docentes de la Rioja) - Centro de
Estudios Sociales(Córdoba), Universidad de Ciencias Sociales
y Empresariales - Universidad de Flores (Estrategias de
Comunicación) -Universidad Blas Pascal de Córdoba,
Universidad Austral.