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COLABORACIONES
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EN
BÚSQUEDA DE LA CIUDAD SUSTENTABLE
Por
Cristian
Frers
Las ciudades, durante largas épocas fueron
destacados centros de producción, desarrollo social, innovación
y creatividad, han devenido en los últimos tiempos en
espacios cada vez más inhóspitos en los que se multiplican
la pobreza, la violencia, la marginación y la degradación
del entorno.
Frente a ello, las municipalidades y las
pequeñas comunidades enfrentan el reto de asumir nuevas
tareas ligadas al manejo ambiental así como a la administración
y gestión de los servicios públicos y su infraestructura con
un criterio de eficiencia.
La
gestión ambiental urbana tiene como fin mantener y preservar
el ambiente urbano, y redefinir en el tiempo y en el espacio
las relaciones entre los seres humanos y su ambiente, en
especial en relación a los patrones de vida y consumo. Esta
redefinición procura revertir los efectos de la degradación
del suelo, del aire y agua producidos por los modelos de
desarrollo urbano insostenibles que reiteran la exclusión y
empeoran las condiciones y calidad de vida de los seres
humanos que habitan las ciudades.
Una
ciudad sustentable será aquella que logre satisfacer de
manera equitativa las necesidades de todos sus habitantes sin
poner en peligro la satisfacción de las necesidades de las
generaciones futuras. Esto implica que sus actividades no
destruyan los recursos ni la diversidad de los ecosistemas en
los cuales se sustenta, y la necesaria participación de todos
sus ciudadanos para ejercer sus derechos y responsabilidades.
Esta ciudad deberá ofrecer a sus habitantes servicios de
calidad para toda la población, un ambiente sano, viviendas
dignas y suficientes, seguridad, parques, espacios deportivos
y de recreación, convivencia social intensa y fructífera,
empleo digno y bien remunerado, atención sanitaria completa y
eficiente, educación de calidad y acceso a la actividad
cultural.
La
planeación y conducción del desarrollo es una
responsabilidad pública que corresponde a las instituciones
gubernamentales, garantizando la inclusión de todos los
sectores sociales y la sustentabilidad de la ciudad. Las políticas
públicas, en materia de diseño, planificación y construcción
sustentable para las ciudades del futuro, deben adaptarse al
carácter dinámico y evolutivo de las necesidades de sus
habitantes, presentes y futuros, y al ambiente urbano.
Las ciudades modernas padecen problemas
ambientales que afectan la salud de sus habitantes actuales y
condicionan negativamente la calidad de vida en el futuro.
El proceso de urbanización implica la
modificación del espacio, de las actividades productivas y de
consumo, de los estilos de vida y de las preferencias
sociales; es un fenómeno multidimensional que ubica al
problema de la sustentabilidad dentro de un contexto que
rebasa los contornos propiamente urbanos, y que debe
plantearse en términos de un balance de intercambios físicos,
sociales y económicos entre la urbe y sus áreas de
influencia. En el caso de las ciudades, el capital ecológico
en forma de recursos comunes ambientales urbanos está
representado, entre otros, por la capacidad de carga de la atmósfera,
de la cuenca hidrológica que las abastece y por los recursos
territoriales que ofrecen servicios de localización espacial,
de recarga de acuíferos, de reserva ecológica y territorial,
de recreación y de conservación de recursos naturales. Bajo
un criterio de sustentabilidad, estos deben manejarse de tal
manera que no se transgredan sistemáticamente ciertos
umbrales críticos, después de los cuales se generan costos
sociales-ambientales excesivos. Algunos de ellos son
evidentes: contaminación del aire, contaminación y
agotamiento de acuíferos, multiplicación de basurales a
cielo abierto, entre otros inconvenientes.
Los problemas ambientales de las ciudades
deben contemplarse como una señal de alarma de los problemas
generales de producción, consumo y organización de la vida,
que se manifiestan de forma especial en las ciudades por ser
lugares donde se concentran las actividades humanas.
Sin
duda, el principal contaminante que preocupa a las ciudades en
los países en desarrollo es la excreta humana. Menos del 60 %
de la población urbana en los países menos desarrollados
tiene acceso a un saneamiento apropiado, y sólo un tercio está
conectado a los sistemas de alcantarillado.
Donde
existen desagües, rara vez proporcionan un tratamiento del
agua servida de las ciudades. De modo similar, la recolección
y eliminación de la basura es un continuo problema
para el gobierno local.
Sólo
la mitad de los residentes urbanos se beneficia de los
servicios de recolección, y los desechos sólidos municipales
recolectados acaban en basurales o sistemas de drenaje.
La
basura industrial representan una particular preocupación en
las ciudades que carecen de capacidad para su correcto manejo,
puesto que es difícil controlar las descargas y asegurar que
los desechos peligrosos no acaben en las alcantarillas. Los
sofisticados controles, necesarios para tratar y eliminar los
desechos peligrosos, no se encuentran establecidos y en uso en
la mayoría de los países en desarrollo.
Con
respecto a las siguientes preguntas: ¿Cuáles
son los problemas ambientales más apremiantes con que se
enfrentan las ciudades hoy día? ¿Acaso estos problemas son
muy diferentes entre el mundo desarrollado y el mundo en
desarrollo? A lo cual, un especialista debería contestar… Los
problemas ambientales en diferentes ciudades y países son
afectados por el nivel y el grado de las actividades humanas y
la presión resultante sobre el ambiente.
Las
ciudades sustentables del siglo XXI demandan que se construyan
nuevas formas de habitat, donde resistir y mitigar impactos
permitan crear un nuevo ciudadano que sea colectivo. Que
pueda, desde nuevos pensamientos y técnicas organizativas
imaginar las ciudades, apropiándose de sus espacios, saliendo
de la dependencia hacia un rol de toma de decisión. Para
construir las ciudades del futuro es imprescindible salir de
la sociedad del espectáculo para ingresar al campo de la
dilatación de la conciencia, la participación y la
solidaridad.
Una
ciudad sustentable es un sistema artificial diseñado por el
hombre que tiene la virtud de integrarse a la naturaleza sin
contaminarla y de ser amigable, de servir a su creador con
calidad. O dicho de otra forma, es un sistema artificial que
no esclaviza al ser humano ni destruye al medio natural en el
que se implanta. Es una ciudad que se sustenta
equilibradamente entre la naturaleza, lo artificial y lo
humano creando un entorno, en el espacio y en el tiempo, de
calidad para todos.
EL
CAMBIO CLIMÁTICO COMIENZA A SER UNA REALIDAD
Por
Cristian
Frers
Es
posible, además, que en las próximas décadas, el clima se
vuelva todavía más loco. Según estimaciones realizadas por
expertos climatólogos, estamos a las puertas de un cambio
ambiental global que modificará notoriamente el clima de
nuestro planeta, y prepárese: esas variaciones también se
harán sentir en nuestras pampas, nuestros hielos, nuestro
suelos, nuestros cultivos, nuestra provisión de agua, nuestra
salud y hasta en nuestro guardarropas. Si usted ahora no sabe
si llevar o no el paraguas o duda entre calzarse un pulóver o
una remera de mangas largas, en el futuro tendrá menos chance
de saberlo.
En
Argentina, con su inmensa variedad de suelos y climas, no se
queda afuera de las proyecciones climáticas. Al parecer,
aquí los cambios serán cada vez más crecientes y tendrán
un fuerte impacto económico y social. La Pampa Húmeda y la
región mesopotámica padecerán más inundaciones, con el
consiguiente perjuicio en la producción de cultivos. En Cuyo
y el Noroeste aumentará la aridez y la Patagonia sufrirá el
retroceso de glaciares aunque podrá ahorrar en calefacción:
sus inviernos ya no serán tan rigurosos. Así, generalizando
, gran parte de nuestro territorio tendrá inviernos más
templados, veranos más sofocantes y una Ciudad Autónoma de
Buenos Aires casi, casi tropical. Sin ritmo de maracas y de
bombos pero con las mismas lluvias breves e intensas que
restan horas de playa en el Caribe, y mayor riesgo de que sus
habitantes sufran golpes de calor. Seguramente los pulóveres
de lana gruesa y las camperas más abrigadas pasarán
definitivamente a cuarteles de invierno.
La
alimentación también deberá adecuarse. El consejo de beber
mucha agua tendrá cada vez más peso para prevenir los golpes
de calor que, se anticipa, serán más frecuentes. El estrés
laboral también se agudizará debido a las altas
temperaturas. ¿Necesitaremos colectivos con aire
acondicionado? ¿Comeremos más ensaladas que platos
calientes? ¿Nos sentiremos como habitantes de una república
bananera? Para saber exactamente cómo serán esos cambios y
entenderlos, conviene empezar a llamar a las cosas por su
nombre. Porque tiempo no es lo mismo que clima, y cambio
climático es mucho más que un día caluroso en medio de un
invierno loco.
Las
consecuencias del calentamiento global serán, en Argentina,
tan notorias como en el resto del planeta. Millones y millones
de pesos se perderán en intentar prevenir o reparar los
daños por inundaciones, en represas hidroeléctricas con
menor capacidad de generación de energía, en sistemas de
riego artificial para soportar la falta de agua y las altas
temperaturas.
El
viernes 2 de febrero de 2007, un numeroso grupos de
científicos de todo el mundo divulgó en París, Francia, un
informe que volvió a poner el alerta sobre los cambios que se
producen como consecuencia del calentamiento global. Ya nadie
discute que la emisión del dióxido de carbono y otros gases,
provocados por autos, fábricas y todos los derivados del
petróleo, está generando un efecto invernadero en la
atmósfera que en pocos años más gatillará, y ya lo está
haciendo, aumentos en la temperatura y mayor inestabilidad en
las precipitaciones.
En
relación a la emisión de gases, Argentina esta en el puesto
número 30 en el mundo: los primeros lugares son para Estados
Unidos de Norteamérica, China, Japón, la ex Unión
Soviética y Alemania.
“Nuestro
país –expresa Carlos Mereson, ex secretario de la
Secretaria de Desarrollo Sustentable de la Nación- debe
planear dos estrategias: la ofensiva, basada en acciones de
mitigación de los gases del efecto invernadero, y la
defensiva, con acciones de adaptación y contención de las
consecuencias”. Mereson, parte de una idea: “Argentina
muestra una alta vulnerabilidad respecto de eventos
climáticos extremos”.
Es
necesario establecer cinco bases fundamentales para abordar
los desafíos del calentamiento global y generar una era de
energías poscarbónica:
-Maximizar la
eficiencia energética en el uso de combustibles fósiles.
-Reducir
las emisiones de gases que producen un calentamiento global.
-Optimizar
la introducción comercial de energías renovables.
-Establecer
una tecnología de células de combustible de hidrógeno a los
efectos de acumular energía renovable.
-Crear
redes de energía mediante las cuales ésta pueda distribuirse
a todos los continentes.
"Como lo destaca el IPCC
-comenta Osvaldo
Canziani, copresidente del Grupo Intergubernamental de
Expertos sobre el Cambio Climático-, es ineludible que
los países emergentes reconozcan la importancia del
conocimiento científico y tecnológico y la trascendencia del
desarrollo sustentable, con sus beneficios sociales y
económicos sumados a la defensa de los ecosistemas. Así lo
hicieron y continúan haciéndolo Europa, Estados Unidos y
Canadá, donde los gobiernos terminaron con la dicotomía
política-ciencia y adoptaron estrategias de desarrollo no
coyunturales ni meramente económicas sino planificadas
seriamente. No como las nuestras: de urgencias y de apuros".
BUSCÁNDOLE
SOLUCIÓN A LA GESTIÓN DEL AGUA
Por
Cristian
Frers
El
agua, una molécula simple de características
extraordinarias, es mucho más que un recurso renovable; es,
ni más ni menos, la base de la vida en el planeta Tierra. El
agua no sólo es indispensable para vivir: es la vida. Así
pues, parece razonable preocuparse por el estado actual y
futuro del agua en el planeta. La palabra clave, que refleja
la situación actual del agua y sus perspectivas futuras a
nivel global, es la escasez.
Esta
escasez es consecuencia de que el crecimiento de la economía
mundial se haya multiplicado por siete en los últimos
cincuenta años del siglo XX , condicionando de forma decisiva
la vida de muchas personas en el siglo XXI. La aparición
simultánea de un déficit de agua que aumenta con rapidez en
tantos países exige un enfoque totalmente nuevo de la
política hidrológica, un enfoque que no se centre en el
incremento del suministro sino en la gestión de la demanda.
La gestión de la escasez del agua va a afectar lo que se
come, cómo se eliminan los residuos e incluso el lugar que se
habita.
La
explosión demográfica de las últimas décadas y las
perspectivas de crecimiento de la población a corto plazo han
creado una presión sobre los recursos hídricos sin
precedentes en la historia de la humanidad. Tradicionalmente,
se han considerado los sectores urbano, industrial y agrícola
como los principales usuarios del agua. Sin embargo, en los
últimos tiempos, ha emergido con fuerza otro sector que
demanda parte de los recursos; se trata del sector ambiental,
que ha dejado de ser residual para pasar a tener una alta
prioridad. Dicha prioridad está justificada, pues la demanda
ambiental no debe entenderse sólo con el objeto de preservar
el entorno ya que, incluso desde un punto de vista utilitario,
el ambiente juega un papel esencial en la renovación y
depuración de los recursos hídricos. Para cumplir este
papel, el ambiente requiere parte del recurso como cualquier
otro sector. Baste señalar la magnitud de los que son
problemas prioritarios en la actualidad:
1)
En el planeta, hay mas de 1.000 millones de personas
que no disponen de instalaciones para abastacerse de agua y
2.400 millones se ven privadas de acceso a sistemas de
saneamiento.
2)
El 70% del agua utilizada por la humanidad se destina a
la agricultura, sobre todo al regadío.
3)
Cada día mueren en el mundo 6.000 personas, en su
mayoría niños menores de cinco años, a consecuencia de
enfermedades diarreicas causadas por los problemas del agua.
4)
Desde 1900 ha desaparecido el 50% de los humedales del
mundo.
5)
Entre 1990 y el 2001 la Tierra padeció el azote de
2.200 desastres naturales relacionados con el agua.
Hacia
el año2025, existirán 2.500 millones de personas más que
hoy en día a los que habrá que abastecer y alimentar. Si
continúa la tendencia a una creciente desigualdad entre
países industrializados y países en desarrollo, entre ricos
y pobres, como sucede entre países y dentro de cada país, se
agravarán las tensiones en lo referente a la distribución de
los recursos hídricos.
América
Latina muestra uno de los mayores índices mundiales de
consumo de agua por habitante, tanto por el uso agrícola como
el uso doméstico, como por el empleo de los ríos para la
generación de energía y en la explotación de otros recursos
naturales.
En
América Latina, un solo tramo de un río, sin hablar de su
cuenca, puede ser fácilmente intervenido, por más de 150
actores diferentes, entre los cuales se deben nombrar
municipios, ministerios, secretarias regionales,
superintendencias, empresas públicas y usuarios, sin que
ellos se comuniquen entre sí o coordinen sus acciones.
La
creciente crisis mundial del agua amenaza la seguridad, la
estabilidad y la sustentabilidad del ambiente. Esto se debe a
que los problemas de este elemento esencial se relacionan con
la ineficiencia, especialmente por las decisiones en materia
política y tecnología. En los procesos de desarrollo de los
sistemas de abastecimiento de agua, se consideró durante
muchos años que la tecnología era la solución principal a
los problemas, y por consiguiente era necesario transferirla
de manera masiva, de los países industrializados hacia los
países en desarrollo. Estas tecnologías implantadas, sin
tener en cuenta las condiciones locales, fracasaron y tuvieron
consecuencias funestas para la población y el ambiente. No
funcionaron porque, al parecer, olvidaron que el fin último
de la tecnología era que la gente la usara, que funcionara a
través del tiempo y que el uso dado por las comunidades,
estaba determinado por su contexto sociocultural, económico y
ambiental.
En
los últimos años se ha visto reforzada la convicción de que
la gestión de los recursos hídricos ha de llevarse a cabo de
forma integrada, de que la evaluación de los recursos es
fundamental para la toma de decisiones racionales y que deben
apoyarse sin reservas las capacidades nacionales para llevar a
cabo las evaluaciones necesarias. Las decisiones
administrativas que pretenden aliviar la pobreza, propiciar el
desarrollo económico, garantizar la seguridad alimentaria y
la salud de la población, así como preservar los ecosistemas
vitales, deben basarse en una mayor comprensión de todos los
sistemas implicados. Frente a esta situación, se ha venido
trabajando en modelos de gestión del agua y saneamiento
básico, teniendo en cuenta la participación de la comunidad.
Este es el modelo que debe implementarse ya que se ha
comprobado que la participación de la comunidad en los
proyectos de desarrollo da buenos resultados, cuando la
población afectada se involucra en los proyectos y se le
permite contribuir con sus conocimientos a la configuración
de estos, tornando el trabajo más eficaz y productivo. Al
mismo tiempo, se aumenta la capacidad de los individuos para
organizarse a fin de hallar soluciones a los problemas que los
aquejan. Generar capacidad de gestión en las comunidades
implica asumir proyectos relacionados con las problemática
del agua, desde ópticas más amplias.
Hay
que recuperar el valor primitivo del agua, su valor social y
personal. El agua, como antaño, sigue siendo un tesoro. Un
tesoro dinámico que se acrecienta con una filosofía del uso
en la que participa toda la sociedad. Una filosofía del uso
que se fundamenta en dos pilares: el ahorro y la progresiva
disminución de la contaminación. En fin, una sociedad que se
implica también gestionando adecuadamente el recurso para
repartirlo con parámetros de solidaridad.
Es
necesario un debate social que estimule una nueva gestión de
grupo basada en una información veraz, en un diálogo
continuado; que despoje al agua de unas presiones demasiado
mercantilistas que impidan comprender su relevancia social.
Una gestión que contemple una alternativa olvidada como es el
multiuso, uso selectivo del agua, antes que su utilización
indiscriminada. Una gestión que sepa que reducir el
desperdicio del presente es una de las más valiosas opciones
de futuro.
Sin lugar a dudas, la crisis por la que
atraviesa el Planeta nos compromete a desarrollar políticas
sustentables, donde el ingenio siempre abusa de la capacidad
para orquestar la estrategia que nos permita adelantarnos a
las consecuencias nefastas, o simplemente a sobrellevar el
arqueo de la problemática ambiental.
ESTADO
DEL RÍO ARECO
A
la altura de la Ciudad de Carmen de Areco – Provincia de
Buenos Aires
Por
Cristian
Frers
El
9 de noviembre del 2006, tome cuatro muestras del Río Areco a
la altura del balneario ... ya que desde hace un largo tiempo
vengo anunciando que sus aguas tienen problemas de
contaminación. Estos análisis se llevaron a cabo gracias al
aporte económico de la sra. Maria Cristina Bosch.
Todo
comenzó en Enero del 2005, me llevaron a conocer el Balneario
de la Ciudad de Carmen de Areco. Ese mismo día, me dí cuenta
que algo no andaba bien por la cantidad de espuma blanca que
tenia el río a la altura del pequeño salto sobre el río
Areco. Los detergentes producen espumas y añaden fósforo al
agua (eutrofización). Disminuyen mucho el poder autodepurador
de los ríos al dificultar la actividad bacteriana. Prosiguió
desde Junio del 2005 hasta primeros días de Septiembre del
2006, con el programa de ecología “El Planeta Azul”
emitido por FM Sincope. Durante todo el ciclo de este
programa, hable cuantas veces pude sobre la contaminación de
las aguas tanto superficiales como de las napas freáticas.
Ya
entrado el 2006, el 11 de marzo, fue publicado en el Diario El
Independiente de está ciudad, la nota “Como usar el agua en
una comunidad”, nota de mi autoría. El 22 de Abril, se
llevo a cabo un “Encuentro sobre el agua y su gestión”
realizado en el salón del Consejo Deliberante de la
Municipalidad de Carmen de Areco, del cual fui uno de los
organizadores y expositores. En aquella oportunidad también
me manifesté sobre la contaminación de las aguas y sus
consecuencias.
Así,
llegamos al 9 de noviembre del 2006, cuando mi madre se hizo
cargo del aporte económico para analizar las aguas del río
Areco.
El
20 de diciembre, se entregaron los análisis fisicos/químicos
llevados a cabo en la Facultad de Agronomía de la U.B.A –
Catedra de Edafología – en el Laboratorio de Análisis de Suelos, Aguas y Vegetales a cargo del Ingeniero
Eduardo Vella
De
acuerdo a estos análisis, se debe interpretar que esta agua
poseen un alto grado de salinidad. La salinidad es un factor
ecológico de gran importancia ya que influye mucho sobre los
tipos de organismos que podrán vivir en esos cuerpos de agua.
La salinidad influye sobre las especies de plantas que podrán
vivir en determinada agua, o en tierras humedecidas con
determinadas aguas, me estoy refiriendo al uso de aguas para
el riego de chacras, campos o estancias. Cuando se le consulto
al Ingeniero Eduardo Vella si estas aguas podían ser
utilizadas para riego respondió que “no” debido a la alta
salinidad y gran cantidad de sulfatos.
En
una de las muestras, Muestra Nro. 3, que la obtuve de la
desembocadura de la zanja que corre al costado de Damaso
Romero y que desemboca a la altura del puente en el río Areco,
dio como resultado que las aguas contienen una cantidad
importante de fósforo: 1,12 ppm
El
fósforo, da origen a nutrientes vegetales que, pueden ser
contaminantes. Cuando penetran en el agua, contribuyen a la
formación de algas, de la misma forma en que lo hacen los
nitratos. De hecho, el fósforo es el elemento cuya falta
restringe el crecimiento de las plantas acuáticas. Al
incorporar fósforo al agua de un río o lago se acelera el
crecimiento de las algas, lo que, finalmente, daña el
ecosistema por la disminución de los niveles de oxígeno que
tiene lugar una vez que las algas mueren.
Cuando
las plantas mueren, para su descomposición consume el
oxígeno disuelto en el agua provocando condiciones
anaeróbicas. Podría parecer a primera vista que es bueno que
las aguas estén bien repletas de nutrientes, porque así
podrían vivir más fácil los seres vivos. Pero la situación
no es tan sencilla. El problema está en que si hay exceso de
nutrientes crecen en abundancia las plantas y otros
organismos. Más tarde, cuando mueren, se pudren y llenan el
agua de malos olores y le dan un aspecto nauseabundo,
disminuyendo drásticamente su calidad, por lo tanto, que en
las aguas se encuentren “patos” y otros “animalitos”,
eso solo nos es suficiente para afirmar que el medio no se
encuentra contaminado.
Los fósforos provienen de diversas fuentes, las más comunes
de las cuales son los detergentes. Otros aportes de fósforo a
las redes de agua superficiales y subterráneas provienen del
escurrimiento procedente de los establecimientos de engorde de
ganado de corral, de la erosión de los suelos, de los
sistemas cloacales y aguas servidas y del excesivo uso de
fertilizantes en chacras, campos y estancias.
Al
consultar a la Dra. Olga S. Heredia, de la Universidad de
Agronomía de la UBA, sobre la cantidad de fósforo que se
había detectado, respondió “Si usted se refiere a
contaminación de agua para bebida, no existe una estandar de
calidad con respecto al fósforo. Internacionalmente se ha
establecido el valor de 0.100 ppm (USEPA) y en otros países
(Holanda, Alemania) un valor de 0,05 ppm. Estos valores se
basan en límites de calidad de agua que ingresan a cuerpos de
agua como ríos, lagos o diques ya que dan origen a la
eutoroficación, lo que aumenta la población de algas azul
verdosas de las cuales hay especies que producen
neurohepatotoxinas para animales y el ser humano, en otras
palabras, los límites son de importancia ambiental”.
La
Dra. Heredia, prosiguió con su explicación “De todas
maneras, la muestra enviada por usted, están teniendo un
aporte de fósforo que es importante, ya sea por la actividad
agrícola o por carga orgánica y si se me pregunta si esta
agua es apta desde el punto de vista ambiental le diría que
NO”.
Yo,
Cristian Frers, Técnico Superior en Gestión Ambiental,
cumplí en informar y en demostrar que las aguas del río
Areco se encontraban en problemas. Ahora, es función del
Intendente, de los políticos y de los funcionarios públicos,
investigar y encontrar las causas de está contaminación
porque la pregunta que surge es: ¿Si las aguas superficiales
de un río se están contaminando... No lo estarán también
las aguas que utilizamos para saciar la sed?
Como
yo lo veo existen dos opciones:
Opción
A: Que el Intendente, los políticos, funcionarios públicos y
muchos ciudadanos, salgan a expresar que todos lo que dije y
las pruebas que presente son falsas y que la fuente no es
segura.
Opción
B: Que el Intendente, los políticos, funcionarios públicos y
muchos ciudadanos, tomen nota del problema y le busquen una
solución a través de una gestión adecuada.
Ahora...
La pregunta del millón es: ¿Cuál de las dos opciones
eligirán?
IMPULSANDO
LA EDUCACIÓN AMBIENTAL
Por
Cristian
Frers 
Actualmente
el Planeta Tierra se encuentra sumergido en un mar de
problemas medioambientales derivados de las distintas formas
de vida que el hombre ha adoptado a lo largo de la historia.
El ser humano siempre ha necesitado de la Naturaleza para
sobrevivir y por ello ha ido explotando los recursos
Naturales, la mayoría de las veces de una forma irracional,
dando origen a la aparición de una serie de problemas que
preocupan cada día más a la población. Estas amenazas para
el ambiente no siempre se solucionan con grandes medidas
tomadas a nivel de Estado sino con pequeñas aportaciones
individuales, trabajando localmente, pensando globalmente.
El
concepto de educación ambiental ha venido transformándose y
evolucionado; perfeccionándose con los aportes de
científicos y expertos comprometidos con la conservación de
la naturaleza; enriqueciéndose con las experiencias
acumuladas por numerosas organizaciones en todo el planeta y
la labor de millones de ambientalistas disgregados a lo largo
y ancho de la tierra; adecuándose a las exigencias y nuevos
retos de un mundo cambiante; en fin, buscando como expresar y
servir mejor a los fines que representa. Esta educación esta
dirigida a desarrollar una población mundial que esté
consciente de, y preocupada por el ambiente en su totalidad y
los problemas asociados, la cual tiene el conocimiento
actitudes, habilidades, motivación y compromiso para trabajar
individual y colectivamente hacia la solución de actuales y
la prevención de nuevos problemas.
La
educación ambiental integra múltiples aspectos:
científicos, sociales, económicos, políticos, filosóficos,
éticos y culturales, desde una perspectiva globalizadora,
buscando fomentar la creación y el desarrollo de normas,
valores y comportamientos en la comunidad, para hacer frente a
la crisis ambiental que pone en peligro el futuro de la
humanidad. Por ello es indispensable desarrollar una política
ambiental desde el campo educativo formal y no formal.
En definitiva, la
educación ambiental es
un proceso integral, sistemático y permanente de
información, formación y capacitación formal, no formal e
informal, basado en el respeto a todas las formas de vida, por
el que las personas, individual y colectivamente, toman
conciencia y se responsabilizan del ambiente y sus recursos,
mediante la adquisición de conocimientos, aptitudes,
actitudes, valores y motivaciones que le facilitan comprender
las complejas interrelaciones de los aspectos ecológicos,
económicos, sociales, políticos, culturales éticos y
estéticos que intervienen en el medio ambiente, así como
participar y movilizarse en función de resolver y prevenir
sus problemas presentes y futuros, dentro de un proceso de
desarrollo sostenible, orientados hacia la convivencia en
armonía y equilibrio con la naturaleza, para beneficio de las
generaciones actuales y por venir.
Los programas de educación ambiental para
estudiantes no solo deben permitir que los jóvenes comprendan
cuáles son los problemas del ambiente como: contaminación,
degradación de suelos y ecosistemas, sino por qué han
surgido y cómo deben ser controlados. La mayoría de los
educadores afirman que los niños y jóvenes adquieren mayor
conciencia ambiental, precisamente en el medio natural.
Los elementos de los programas de educación
ambiental se encaminan en el conocimiento y puesta en
práctica de los principios ecológicos; el estudio de la
naturaleza; el mejoramiento del medio urbano y rural a partir
de programas y políticas que permitan el beneficio de las
comunidades; el conocimiento de los sistemas de producción en
todas las zonas que el hombre ha habilitado para cultivar; y
finalmente con las campañas para proteger el medio natural.
Para hacer posible los propósitos de la
educación ambiental, es decir, mejorar todas las relaciones
ecológicas incluyendo las del mismo hombre con la naturaleza
y las del hombre entre sí; así como también generar
conciencia, interés, aptitudes, motivaciones y compromisos
con el ambiente, la educación ambiental debe transmitir
conceptos básicos como:
1)
El ambiente de la tierra está formado por componentes
físicos como: el aire, el suelo y el agua que se
interrelacionan entre sí, formando la biosfera la cual se
compone de ecosistemas en donde habitan los organismos que se
interrelacionan con los componentes físicos.
2)
La materia cumple continuamente un ciclo dentro de los
ecosistemas y entre estos.
3)
Cada ecosistema tiene una capacidad, llamada
biogénica, para soportar un determinado número de cada una
de sus especies.
4)
El hombre es parte integral de los ecosistemas
terrestres y para mantener su vida depende de estos.
Estos conceptos de educación ambiental se
reglamentan a nivel mundial, pero los propósitos deben variar
de acuerdo con cada región, el número, el tipo y la gravedad
de los problemas ambientales.
La
educación ambiental para una sociedad sostenible y equitativa
es un proceso de aprendizaje permanente, basado en el respeto
por todas las formas de vida. Es una educación que afirma
valores y acciones, que contribuyen con la transformación
humana y social y con la preservación de los recursos
naturales y el ambiente.
Debe
estimular la formación de sociedades socialmente justas y
ecológicamente equilibradas, que conserven entre sí una
relación de interdependencia y diversidad.
La
educación ambiental, en el contexto del desarrollo
sostenible, debe generar con urgencia, cambios en la calidad
de vida y mayor conciencia en la conducta personal, así como
armonía entre los seres humanos y de éstos con otras formas
de vida.
La
aplicación de la educación ambiental no consiste, entonces,
en una mera aplicación de ajustes y complementos a los
programas tradicionales de la educación, se trata, más bien,
de convocar a nuevos enfoques, nuevos contenidos y nuevos
métodos, haciendo más flexibles las tradicionales
estructuras de los sistemas educativos.
Esta educación trasciende
el ámbito formal de la educación tradicional, no
circunscribiéndose únicamente a los centros educativos, sino
empleándose, también, en el ámbito laboral, en la empresa o
el centro de trabajo, siendo éste un excelente vehículo para
comunicar valores a favor del ambiente, relacionándolo con
las características productivas. Por otra parte, el
desarrollo eficaz de la educación ambiental demanda el pleno
aprovechamiento de todos los medios públicos y privados de
que la sociedad disponga, a través de diferentes sistemas y
subsistemas de aplicación, vinculándose con la legislación,
las políticas, los planes y programas de ejecución, las
medidas y mecanismos de control y a todas las decisiones que
los gobiernos adopten respecto al ambiente.
Proteger
y preservar el ambiente y los recursos naturales de Argentina
es un interés esencial del pueblo argentino en particular y
de la humanidad en general, por cuanto constituyen condiciones
primordiales para su supervivencia y desarrollo. Siendo la
protección y conservación del ambiente y sus recursos un
interés esencial de todos los argentinos, se convierte, por
tanto, en un objetivo fundamental del Estado de la República
Argentina, que interpreta, establece y tutela los intereses
del pueblo.
GENERANDO
UNA POLÍTICA AMBIENTAL REGIONAL
Por
Cristian Frers 
La
intención de la humanidad para armonizar su relación con el
ecosistema del cual forma parte ha dado lugar a una novedosa
concepción, cual es la de promover el desarrollo en un marco
de sustentabilidad. Los seres humanos como parte integrante y
esencial de un sistema que requiere ser protegido y utilizado
con criterios razonables para posibilitar el acceso a los
recursos por parte de todos los habitantes de este planeta, y
de las generaciones futuras. En este mundo actual no son
suficientes los valores económicos para afrontar la realidad;
también lo son los valores sociales, la igualdad y la
protección de la tierra.
Hace apenas unas décadas atrás, el
ambiente no formaba parte de las principales preocupaciones de
la humanidad. Hoy en día, por suerte, en cambio la conciencia
de que el ambiente en el que vivimos no es un recurso
inagotable e invulnerable se está instalando en la cultura de
las sociedades actuales y en la agenda pública de los
estados. Sin embargo, la gestión de las políticas
ambientales se halla aún en pañales frente a los urgentes
desafíos de las próximas décadas en las que no es
aventurado suponer que asisteremos a una profunda
reconvervión ambiental del desarrollo y la política.
La situación ambiental de la Argentina
evidencia procesos de deterioro y desaprovechamiento de
recursos naturales, de energía y de hábitat, así como
condiciones críticas en la calidad de vida de la población.
Gran parte del problema de deterioro ambiental en Argentina se debe al
convencimiento de que los recursos naturales son ilimitados e
invulnerables, a la falta de una política adecuada, a la
ausencia de coordinación en la aplicación de las normas y a
la insuficiencia de información y conciencia publica sobre la
protección de la naturaleza y el alcance de los sistemas de
protección. Debido a que no se genera la ley general de medio
ambiente podemos decir que el país carece de una política de
medio ambiente y recursos naturales claramente definida y de
aplicación nacional
Se
sufren perjuicios por las inundaciones rurales y urbanas, por
la desertización de los suelos y la deforestación. Hay que
enfrentar el problema de qué hacer con los desechos. Se tiene
el problema de la contaminación de aguas. Se esta ante la
depredación de la pesca, y hay otros muchos casos que afectan
el desarrollo, la salud, los intereses y el bienestar de los
ciudadanos. Siempre se reacciona cuando suceden las crisis,
pero no se piensa ni se actúa para prevenirlas.
La
problemática es enfrentar la construcción consensuada
de una política ambiental nacional que atienda especialmente
a la gobernabilidad del ambiente entre sociedad y autoridades,
el apoyo financiero a las instituciones locales para la
consulta e instalación de políticas a nivel local y la
coordinación en la direccionalidad hacia la sustentabilidad
de los planes sociales y económicos.
La
elaboración de una política ambiental municipal satisface
importantes necesidades para todos los sectores de la vida
local. Ella demanda que cada sector de la comunidad haga un
balance ambiental sobre el proceso histórico de desarrollo
regional. También exige elaborar un diagnóstico actualizado,
definiendo cómo esa realidad ambiental es afectada hoy por su
entorno económico, social, cultural, institucional, nacional
e internacional. Cada región muestra una realidad ambiental
específica, en sus recursos naturales y potencialidades, en
la diversidad y magnitud de los problemas que debe enfrentar,
en las capacidades y compromisos de sus instituciones y en la
población, entre otras.
Asimismo,
esta política obliga a cada sector de la comunidad regional a
revisar sus desafíos futuros y priorizarlos, establecer
plazos para su cumplimiento, definir los recursos necesarios y
las responsabilidades que corresponden a cada sector ya sea
este público, privado, académico y gremialista, como
también, señala aquellas tareas que requieren el concurso de
diversos actores de la región. La política busca hacer
ambientalmente sustentable el proceso de desarrollo, velando
por el derecho a vivir en un ambiente libre de contaminación,
la protección ambiental, la preservación de la naturaleza y
la conservación del patrimonio ambiental. Su fin último, es
mejorar la calidad de vida de todos los habitantes y de las
generaciones futuras.
Es
por eso que creo fervientemente que la municipalidad de la
ciudad de Carmen de Areco debería dar origen a una secretaria
de desarrollo sostenible para que planifique: La evaluación
de los
proyectos a desarrollarse en el Municipio, que determine
cuales de ellos tienen efectos sobre el ambiente o sobre la
salud de la población y que garantice la participación de
los vecinos en consultas sobre dichos proyectos conforme a las
leyes y, además, para capacitar a los técnicos y
profesionales en los temas relacionados con la gestión
ambiental.
Esta
secretaria serviría a su vez para:
-
Que
las autoridades se comprometan a resolver el problema de los
residuos sólidos urbanos creando un programa progresivo que
permita la reducción, reciclado y reutilización de los
residuos producidos en las casas de familia. Cerrando los
basureros abiertos actuales poniendo en marcha su
remediación.
-
Realizar
un relevamiento médico epidemiológico para determinar las
causas de enfermedad en la zona urbana y rural; implementar un
registro confiable y poner en marcha un plan de salud acorde
con los resultados obtenidos.
-
Sanear
los cursos de agua urbanos y rurales (arroyos, ríos, canales
y zanjones) en pro de la salud comunitaria.
-
Promover
la educación ambiental como herramienta para la formación de
las nuevas generaciones en ámbitos formales y no
formales.
Esta
secretaria actuaría como la Autoridad de Aplicación en
cuanto a los problemas ambientales y sería la generadora de
las ordenanzas municipales referidas a la gestión, uso y
saneamiento del agua, a la implementación y gestión de la
educación ambiental, entre otras.
En el Siglo XXI una
propuesta política que pretende ignorar el contexto ambiental
y conceptos básicos como manejo sustentable, preservación y
soberanía de las cuencas hídricas y los recursos, resulta un
anacronismo.
Se puede poner en
duda que la capacidad del actual gobierno municipal es incapaz
de aprovechar su tiempo de gracia para generar un nuevo
proyecto regional. La incomprensión y la ignorancia de todo
lo ambiental y ecosistémico determinan inexorablemente un
pensamiento reducido, sesgado a las determinaciones
económicas y a responder solo a problemas coyunturales.
El
diseño e implementación de una política ambiental se erige
como una condicionante importante para lograr la equidad, el
desarrollo económico e indiscutiblemente, el cuidado del
ambiente. Dicha política ambiental deberá reunir
características de estabilidad a través del tiempo;
consistencia con el desempeño institucional y general; y de
consideración de las capacidades de liderazgo público y
privado, así como de las condiciones económicas, políticas
y sociales municipales. Aún más, el éxito de la gestión
ambiental deberá fundarse en una clara definición de
objetivos y prioridades que, además debe ser congruentes con
las necesidades reales de la sociedad.
Argentina
tiene este compromiso y también esta necesidad. El ecosistema
que conforma nuestro país, y que enriquece a la valiosa
región sudamericana, contiene una variedad de sistemas
terrestres, acuáticos dulces y marinos de profunda riqueza de
hábitats y biodiversidad. La cualidad de pluralidad y riqueza
de especies de fauna y flora, suelos, bosques y recursos
naturales disponibles es de altísima importancia intrínseca,
así como para el apropiado desarrollo del país, la sociedad
y sus comunidades, y la región en su conjunto.
EL
CAMBIO CLIMÁTICO YA SE ESTÁ NOTANDO EN LA ARGENTINA
Por
Cristian Frers 
El
cambio climático es la mayor amenaza ambiental del siglo XXI,
con consecuencias económicas, sociales y ambientales de
gran magnitud. Todos sin excepción; los ciudadanos, las
empresas, las economías y la naturaleza en todo el mundo
están siendo afectadas.
El clima siempre ha variado, es dinámico, no permanece estable y
siempre han existido variaciones.
El problema del cambio climático es que en el último siglo
el ritmo de estas variaciones se ha acelerado mucho , y la
tendencia es que esta aceleración va a ser exponencial si no
se toman medidas que lo controlen. El ritmo desbocado
de esta modificación climática tendrá como consecuencia
grandes alteraciones físicas, como la elevación del nivel
del mar, enormes deterioros ambientales y serias amenazas para
la humanidad, así como extensión de enfermedades, daños por
acontecimientos climáticos violentos, pérdida de cosechas,
disminución de los recursos hídricos, entre otros problemas.
En el terreno de la razón, hay que reflexionar sobre algunas
evidencias como:
-Se
elevó el dióxido de carbono en la atmósfera a un nivel
superior al que hubo en los últimos cientos de años.
-Los
hielos eternos han dejado de serlo: se están descongelando.
-La
temperatura mundial aumentó a un promedio de 0.6 C por encima
de los registros de los últimos siglos.
-Las
capas de hielo del Artico adelgazaron entre 15 y un 40% en los
últimos 30 años.
-Los
glaciales se derriten o retroceden.
-Los
océanos se calientan y las costas se erosionan más ligero.
-El
16% de los arrecifes de coral del mundo han muerto o agonizan.
-Los
bañados, esteros, lagos, lagunas y otros humedales se achican
o desecan.
-Aumentan
las lluvias y el impacto de las inundaciones.
-La
primavera se adelanta. Las plantas florecen antes de tiempo y
las aves nidifican prematuramente.
Los
climatólogos y los ambientalistas vienen observando con
atención los efectos del cambio climático en Sudamérica, en
especial en Argentina. Las consecuencias pueden ser muy
variables, pues se conjugan con otros factores –estacionales,
ambientales, geográficos, demográficos, sociales-, y con
malas prácticas productivas.
En
la República Argentina, con su inmensa variedad de suelos y
climas, no se queda afuera de estas proyecciones climáticas.
Al parecer, aquí los cambios serán cada vez más crecientes
y tendrán un fuerte impacto económico y social. La Pampa
Húmeda y la región mesopotámica padecerán más
inundaciones, con el consiguiente perjuicio en la producción
de cultivos. En el Cuyo y el Noroeste aumentará la aridez y
la Patagonia sufrirá el retroceso de glaciares aunque podrá
ahorrar en calefacción: sus inviernos ya no serán tan
rigurosos. Así, generalizando, gran parte de nuestro
territorio tendrá inviernos más templados, veranos más
sofocantes y una Ciudad Autónoma de Buenos Aires casi, casi
tropical. Con lluvias breves e intensas, seguramente los
pulóveres de lana gruesa y las camperas más abrigadas
pasarán definitivamente a cuarteles de invierno.
En
promedio, la temperatura aumento un grado en el territorio
argentino durante el último siglo. El promedio de 14 modelos
climáticos prevé un incremento de 1,5 grados más para el
año 2030 en el norte del país –donde las zonas de calor se
harán más severas-, y de 0.7 grados en el extremo sur.
En
la desembocadura del Río de la Plata, el mar creció 17
centímetros durante el siglo XX, y se estima que a lo largo
del siglo XXI podría subir otros 50 centímetros.
El
doctor Vicente Barros, del Centro de Investigación del Mar y
la Atmósfera de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA,
expreso que “El cambio climático no hará sino anticipar
los problemas que podría tener la Argentina a largo plazo en
materia energética y del uso del agua y del suelo, por lo que
las medidas a adoptar, en buena parte coinciden con la
respuesta que el país debe enfrentar en esos sectores. En el
caso de la energía, las soluciones a largo plazo pasan sobre
todo por su uso racional y por el desarrollo de energías
renovables. En algunas provincias –Salta, Santiago del
Estero y Chaco- habrá que frenar ya la deforestación, para
evitar que las tierras desmontadas no sirvan ya para la
agricultura y se desertifiquen”.
Hay
quienes expresan que, como no estamos seguros de cómo será
el cambio climático, debemos hacer poco o nada. Lo cierto es
que un gran número de personas se niegan a aceptar los
hechos. Menos, aún, están dispuestas a considerar que ellas
tienen algo que ver con el asunto. Lo más sencillo psíquica
y políticamente es interpretar lo que a uno le gustaría
interpretar, o bien patear la pelota afuera del campo de
juego.
Mi
opinión personal es que la incertidumbre debe hacernos actuar
hoy, no mañana ni pasado, más resueltamente. Según la
Organización Meteorológica Mundial, la concentración de
dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera llegó a un nivel
récord en el año 2005. El 62% de las emisiones de gases que
causan el efecto invernadero corresponden al dióxido de
carbono. El actual Protocolo de Kioto no permitirá
estabilizar estas concentraciones, sino que a lo sumo frenará
el crecimiento. Precisamente, lo que se debe discutir son las
medidas a tomar después del 2012, cuando expire nombrado
Protocolo.
El
calentamiento del planeta es uno de esos casos poco comunes en
que la comunidad científica siente más miedo de lo que puede
estar ocurriendo que la población en general. Los
científicos han vislumbrado lo que el futuro puede
reservarnos.
Se
ha comunicado que Exxon ha financiado a supuestos grupos de
expertos para socavar la confianza en los datos científicos
sobre el calentamiento del planeta, del mismo modo que la
industria tabaquera financió investigaciones para poner en
entredicho la validez de las conclusiones estadísticas que
mostraban la vinculación entre el tabaco y el cáncer.
Se
tiene que frenar este proceso del cambio climático reduciendo
las emisiones de los gases de efecto invernadero. Pero aún
cuando se estabilizara ya mismo las emisiones, la persistencia
de los gases en la atmósfera y la inerecia térmica
prolongarían el cambio climático por más de un siglo. Sé
podría abordar este problema a escala mundial con un impuesto
acordado globalmente, lo que no significa un aumento en la
fiscalidad total, sino simplemente un sustituto en cada uno de
los países de los impuestos actuales por un impuesto a la
contaminación, por dióxido de carbono. Tiene mucho más
sentido gravar lo dañino, como la contaminación, que lo
positivo como el ahorro y el trabajo.
Sólo
tenemos un planeta y debemos conservarlo como un tesoro. El
calentamiento del planeta es un riesgo que no podemos
permitirnos el lujo de seguir desconociendo.
EL
AVANCE DE LAS ENERGÍAS ALTERNATIVAS
Por
Cristian Frers 
A
través de su historia, el ser humano ha ido creciendo en
dependencia energética. Hoy en día es inimaginable la vida
sin provisión de energía. Iluminación, calefacción,
refrigeración, cocción de alimentos, transporte,
comunicación, cada pequeña parte de nuestro mundo cotidiano
esta ligado a la energía.
Cuando
hablamos de energías alternativas nos referimos a aquellas
que a diferencia de las energías convencionales usan como
fuente de generación recursos renovables y poseen una fuente
prácticamente inagotable en relación al tiempo de vida del
hombre en el planeta. Se producen de manera continua, no se
agotan, y tienen su origen en los procesos ambientales y
atmosféricos naturales: el viento, el sol, los cursos de
agua, la descomposición de la materia orgánica, el
movimiento de las olas en la superficie del mar y océanos, el
calor interior de la tierra son fuentes de energías
alternativas.
La
principal de estas energías es la solar, que se aprovecha en
la actualidad mediante células que la transforman en electricidad.
Se fabrican con silicio y se utilizan ya, además de en las
naves y estaciones espaciales, en aplicaciones domésticas. Un
sistema de células solares puede abastecer de energía a una
vivienda y esta opción se utiliza sobre todo en aquellas
regiones que el transporte
de las formas convencionales de energía
eléctrica a través de tendidos de cable resulta
muy costoso debido a su aislamiento. Existen algunas centrales
en diversos países que pueden producir electricidad conectada
a la red
general. Aunque el coste inicial de las instalaciones de
energía solar resulta más elevado que el de las
convencionales, tras unos pocos años de funcionamiento se
amortiza y el consumo se realiza entonces de modo gratuito.
La
energía eólica cuenta con una vieja tradición en los
molinos de viento, pero en los actuales dispositivos la
energía obtenida no es mecánica
sino también eléctrica. Los llamados parques eólicos
consisten en una serie de grandes molinos de aspas alargadas
que se sitúan en regiones donde los vientos sean mas o menos
constantes y de una determinada fuerza.
La
energía geotérmica se basa en el propio calor
de la superficie terrestre, cuya temperatura va aumentando con
la profundidad. Para aprovechar este fenómeno se inyecta agua
hasta una cierta profundidad, donde se calienta y asciende.
Con intercambiador de calor, este aumento de la temperatura
puede convertirse en energía eléctrica. De manera similar,
se utilizan también aguas termales y géiseres.
La
gran fuerza del oleaje y de las mareas ha sido también
objetos de estudios para su aprovechamiento. Para ello se han
realizados proyectos que contemplan la instalación de grandes
compuertas y turbinas en regiones de mareas muy vivas y que se
situarían en lugares confinados como una bahía o similares.
El cambio de dirección
de las aguas movería dichas turbinas, con las que se
generaría corriente
eléctrica. Un principio similar es utilizado en
los ríos para obtener energía hidroeléctrica, situando
turbinas accionadas por la fuente de la corriente o bien
creando una presa y aprovechando de este modo una corriente
artificial permanente.
Dado
el elevado costo de la energía renovable, su inserción en el
mercado es lenta. Día a día, sin embargo, a medida que el
costo de la energía convencional incrementa y los yacimientos
se agotan, las energías renovables van ganando espacio, y se
convierten en ventajosa realidad. Las ventajas en el uso de
este tipo de recursos es sustancial:
A)
Mínimo impacto sobre el medio ambiente.
B)
No generan residuos difíciles de tratar, ni gases
contaminantes como lo hacen los combustibles fósiles.
C)
Son autóctonas, no hay importación. Hay una
disminución de la dependencia energética.
D)
Los impactos que producen son pequeños, de fácil
minimización.
E)
Generan puestos de trabajo en su construcción,
mantenimiento y explotación. Instrumento para lograr un
desarrollo de tecnología nacional.
El
tema energético requiere de un enfoque interdisciplinario.
Geólogos, biólogos, geografos, físicos, economistas,
ambientalistas procuran hoy desplegar soluciones y
alternativas a una profunda crisis de abastecimiento que se
expresa, entre otras formas, en el aumento sostenido que ha
experimentado el precio del petróleo en los últimos dos
años, el barril cuesta hoy aproximadamente el doble que hace
dos años. Este aumento –impulsado a su vez por los
conflictos en Medio Oriente- ha estimulado una nueva búsqueda
de fuentes alternativas de energía.
La
crisis energética obliga a un cambio en la forma de organizar
las economías industrializadas. La industrialización,
desde sus orígenes, dependió estrechamente de los llamados
combustibles fósiles, principalmente el carbón y luego el
petróleo. Todavía hoy, aproximadamente el 90% del
abastecimiento mundial de energía sigue basándose en esta
fuentes no renovables. Pero estos recursos se están agotando:
se cree, por ejemplo, que las reservas de petróleo
comenzarán a desaparecer en unos cincuenta años. Por otro
lado, estas fuentes de energía son fuertemente cuestionadas
por su responsabilidad en el llamado calentamiento global y en
el deterioro del ambiente.
La
preocupación por la posibilidad de una crisis energética de
alcance nacional, en Argentina, encontró en el Congreso
Nacional una actitud receptiva: desde abril del 2006 las
cámaras parlamentarias aprobaron cuatro iniciativas
relacionadas con fuentes alternativas y promoción de
regímenes ya establecidos. De este modo, diputados y
senadores buscan no sólo aportar soluciones ante el actual
cuadro sino también reparar en parte la mora en la creación
de marcos de inversión y regímenes de fomento que permitan
diversificar la matriz energética.
La
primera de esas iniciativas fue convertida en ley el 19 de
abril y apunta a crear un esquema de promoción de
biocombustibles, por el cual se establece que dentro de cuatro
años será obligatorio que la nafta y el gasoil incluya al
menos un 5% de componentes derivados de sustitutos vegetales.
El
proyecto tuvo como objetivo principal promover alternativas
menos contaminantes a los derivados del petróleo y a reducir
la dependencia de los combustibles fósiles, cuya explotación
se encuentra en un punto de saturación por la elevada
demanda, y con precios internacionales records.
La
obligatoriedad de comercializar esta mezcla empezará a regir
recién dentro de cuatro años, para dar tiempo a la
investigación y producción a escala.
En
un nuevo intento por promover fuentes energéticas
alternativas a los combustibles de origen fósil el Congreso
sancionó el 2 de agosto un régimen de promoción y fomento
al uso del hidrógeno.
La
propuesta busca fortalecer la estructura tecnológica e
incentivar la participación privada en la generación y
producción del hidrógeno
Para
ello el Estado nacional queda a cargo de elaborar un programa
que promueva la investigación científica y técnica sobre el
uso del hidrógeno y sus aplicaciones, a partir de un Fondo
Nacional de Fomento que debe integrar esencialmente con
partidas del presupuesto nacional.
El
hidrógeno es visualizado por técnicos y académicos como una
de las alternativas preferidas frente a la creciente crisis de
combustibles fósiles, principalmente porque no tiene efectos
contaminantes y porque proviene de una fuente renovable.
Hace
dos semanas el Congreso dio dos nuevas señales en el mismo
sentido en el que viene trabajando desde abril: mientras que
el Senado dio media sanción a un proyecto que crea un
régimen de promoción de energías alternativas renovables,
la Cámara de Diputados hizo lo mismo con una iniciativa que
promueve la búsqueda de nuevas cuencas de hidrocarburos
mediante exenciones impositivas para empresas que inviertan en
exploración.
La
primera de esas normas comprende fuentes de energía
renovables no fósiles, como la energía eólica, solar,
geotérmica, mareomotriz, hidráulica, biomasa, gases de
vertedero, gases de plantas de depuración y biogás.
El
proyecto fija como uno de sus objetivos alcanzar una
contribución de las fuentes de energía renovables del 8% del
consumo de energía eléctrica nacional hacia fines del año
2015, a partir de una amplia serie de ventajas impositivas.
LA
IMPORTANCIA DE LOS PROBLEMAS AMBIENTALES
Por
Cristian Frers 
La
importancia de los elementos del ambiente en la evolución y
sostenimiento de la vida en el planeta fue reconocida mucho
tiempo antes de que se tomara plena conciencia de los posibles
efectos negativos que su deterioro traería a la humanidad.
Desde mediados del siglo XX el tema ambiental cobró
dimensiones internacionales a partir del conocimiento y
difusión de problemas asociados a la degradación del
ambiente.
Existen
muchos problemas ambientales que están enfermando a nuestro
planeta. Estos a su vez guardan estrecha relación con otros
problemas económicos y sociales. El ser humano se encuentra
en constante interrelación con su entorno. Cuando éste le
produce algún perjuicio es que se habla de problemas
ambientales. Estos pueden provenir directamente de la
naturaleza, cuando el hombre se instala en sitios cuyos
procesos naturales lo perjudican; o bien tener su origen por
causas humanas o antrópicas, es decir, que el hombre
interviene en los ciclos naturales generando un daño que,
finalmente, se vuelve contra él mismo.
Los
impactos ambientales y sociales que dan origen a los problemas
surgen de muchos factores como: niveles insostenibles de
consumo de recursos, tecnologías insuficientes, prácticas
administrativas inapropiadas, políticas asimétricas de
desarrollo económico, leyes y regulaciones que ignoran la
verdadera exposición de los seres humanos e innumerables
procesos políticos no participativos. Los patrones de consumo
de todas las comunidades, tanto ricas como pobres, se asocian
en conjunto con amenazas críticas al ambiente como son el
deterioro de la salud humana.
Argentina
padece de una serie de problemas ambientales de variada
naturaleza, asociados a diversas actividades humanas, que
ponen en peligro el desarrollo sustentable del país. El nivel
de contaminación atmosférica, el volumen de residuos urbanos
e industriales y la congestión vehicular.
Uno
de los grandes problemas que comenzó a gestarse en el siglo
XX y que hoy se hace más severo es el relacionado con el
consumo y la distribución del agua potable. Los ciudadanos de
la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, por ejemplo, consumen 6
veces más agua que los habitantes de pequeñas poblaciones
del Norte.
Agregado a esto, aparece el tema de la presión de agua, las
napas acuíferas, los efluentes cloacales e industriales y
también la desaparición de ríos o cauces de aguas
naturales.
Los argentinos estamos en una etapa muy primitiva en cuanto a
la distribución y manejo del agua.
Se
debe tener en cuenta la opinión de María Neira, Directora de
salud pública y medio ambiente de la OMS, quién expreso: “En
cuanto a factores
ambientales, buenas
inversiones en los mismos, hacer accesibles a toda la
población el agua, el saneamiento y la higiene, podría
reducir un 25 por ciento la morbimortalidad en el mundo y
disminuir las enfermedades más prevalentes, ya que las
diarréicas siguen matando a una gran cantidad de niños.
Parece absurdo que en el siglo XXI sigamos hablando de que un
determinante fundamental de la salud es tener acceso al agua y
al saneamiento cuando el gran cambio en la situación
epidemiológica del mundo occidental se produjo precisamente
cuando se entendió que había que invertir en esto. Respecto
a los países desarrollados, uno de los factores ambientales
que podrían tener un gran impacto en la prevención de la
enfermedad es la contaminación ambiental, responsable de un
número elevado de muertes cada año y, sobre todo, de
patologías crónicas y agudas, especialmente respiratorias y
cardiovasculares. En cuanto al uso
de pesticidas, quizá
en nuestro entorno no sea un problema grave pero hay mucho que
hacer en otros países para que éstos no lleguen a los
alimentos y no sean causa de morbilidad. Entre los factores de
riesgo ocupacionales, la exposición al asbesto sigue matando
a miles de personas cada año y otros tóxicos y químicos son
responsables de un número elevado de cancer. Ése es el tipo
de desafío que se plantea la OMS. Hay que hacer un gran
esfuerzo para prevenir
estas patologías”.
En
el país, la constitución de la nación, dictada en 1853 y
enmendada parcialmente en 1860, 1866, 1898 y 1957, no
contenía cláusulas ambientales. La reforma de Agosto de 1994
incorporó dos artículos, el Nº 41 y el Nº 43 referidos a
la protección del ambiente. Todo esto se vio fortalecido
operativamente por la Ley General del Ambiente -Ley 25675-, que lamentablemente muy
poca gente conoce o esta al tanto de que se trata.
En
el año, 2006, se ha llevado a cabo una encuesta nacional
encargada por la Fundación Vida Silvestre Argentina con el
fin de determinar cuáles eran para la gente los problemas
ambientales que desafían a la nación. Casi la mitad de los
argentinos –exactamente el 46 por ciento– considera que |