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Instituto
Superior de Letras
Eduardo Mallea
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Títulos
oficiales - Redactor - Corrector Literario
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SEMINARIO INTENSIVO
DE UN DÍA
SOBRE
EL TEMA
REDACCIÓN
DE GUIONES
PARA
TELEVISIÓN Y RADIO
SE
REALIZARÁ EL DÍA SÁBADO 15 DE JULIO
DE
9 a 18 horas
Disertante:
Prof. Luis Buero
DESTINATARIOS:
Público en general. docentes,
traductores, intérpretes, periodistas, escritores y
estudiantes de todas las áreas.
No
se requiere experiencia sobre el tema.
ü Se
entregarán certificados de asistencia.
consultar EXCLUSIVAMENTE
en
INSTITUTO
EDUARDO MALLEA
VIRREY
ARREDONDO 2416 CAPITAL (ALTURA CABILDO AL 1400)
TEL.
4782-2701 / 4784-2912
SOBREVIVIR
AL MUNDIAL
Por
Luis Buero 
Y
si, hay vida después del Mundial. De a poco vamos
sobreviviendo al furor esperanzado que se pinchó, a la
bullanguera decoración celeste y blanca de toda la ciudad que
quedó bajo un manto de tristeza, a las publicidades que
terminaban en el grito Argentina-Argentina, a las clases
exprés de fútbol y de geografía universal, y al informe
diario del estado físico de Messi y Tevez con el que nos
perseguían cien canales transmitiendo fútbol.
¿Cómo
recordaremos este mundial? ¿Privará la sensación de duelo o
la de bronca?
El
viernes pasado cuando salí a la calle, apenas eliminado
nuestro equipo, me
encontré con decenas de personas caminando calladas, serias
como perro en bote. El subte venía
repleto, algo inusual a esa hora, y nadie decía una palabra.
Eran cientos de pasajeros apretados sin hablar ni mirarse,
más aplastados que busto de bailarina. Ni una queja
entrecortada, ni un comentario irónico o enojoso. Nada,
silencio de radio. Rostros de ilusión interrumpida, caras de
seres adustos afectados por un imprevisto baldazo de agua
helada.
¿Estar
así pinchados se deberá a la excesiva expectativa que
ponemos siempre sobre los posibles réditos del fútbol? Lo
cierto es que a los argentinos nuevamente en el Campeonato
Mundial de Fútbol nos faltaron cinco guitas para el
mango. Y sobre esta circunstancia sería interesante
reflexionar.
Veamos:
esta competencia congrega selecciones de todas partes del
orbe, pero a lo largo de la historia ( y en especial en los
últimos cuarenta años) todas las miradas terminan recayendo
en cuatro equipos: Alemania, Inglaterra, Brasil y Argentina.
Es decir, dos naciones poderosas del llamado primer mundo, y
dos del bloque de los países subdesarrollados.
Antes
del viernes muchos compatriotas daban por perdido este partido
de antemano, y esto es porque cuando vamos contra “ellos”,
los poderosos, se nos movilizan ciertos miedos básicos que
dan por sentado que esas “potencias” nos van a pasar por
arriba (como imperios colonialistas a las tribus). Pero
después suena el silbato y vemos que podríamos haberles
ganado como a cualquiera. Y de hecho tampoco perdimos durante
el juego.
¿Porqué
Pekerman no lo puso a Messi en vez de elegir a Cruz? Es un
tema para periodistas deportivos.
¿Cuál
es, en cambio, la lección recibida?
La
de entender una vez más que nosotros básicamente sí
podemos, y que esa sensación tipo “no era para nosotros”
que a veces nos corroe las neuronas, es un mecanismo infantil
que nos impulsa a seguir repitiendo profecías autocumplidas.
Además
de sobrevivir a una injusta derrota saliendo del estado
colectivo de depresión, deberíamos entender que el futuro
exitoso de este país es un sueño que nos merecemos, y que
podremos conseguirlo, más allá del fútbol, si tomamos nota
de nuestra capacidad como pueblo, y nos damos permiso para
estar unidos y potenciados como cuando juega Argentina, aunque
no juegue.
¿PAREJAS
DESPAREJAS?...¡QUÉ GARRÓN!
Por
Luis Buero 
Mi
propia vida sentimental ha sido un menú reiterado de parejas
desparejas. ¿No me creen?. Les cuento.
Cuando
cumplí los diecisiete noté que una parienta lejana, de 34
años, me miraba con ojos glaucos. Salimos a caminar un par de
tardes, pero mi padre se enteró y me conminó severamente a
abandonar esa incipiente relación. Dos meses después me
enganché con una compañera colegio, obviamente de mi misma
edad, pero con un apellido repleto de consonantes. Su familia,
tradicionalmente judía, no podía entender cómo la nena se
había enamorado de un goy devoto de la Virgen de
Luján.
Pasó
el tiempo y a los 19, en la facultad, tuve la suerte impensada
de que la más hermosa del aula se fijara en mí (nunca sabré
porqué). A toda la fauna masculina que me conocía,
incluyendo mis amigos, no les cabía en la cabeza que la Bella
le hubiera dado bolilla a la Bestia. Y me odiaban.
Un
año después comencé a visitar a una importante escritora
que ya estaba entrando (y casi saliendo) de la tercera edad.
Para mí era como una segunda abuela, pero en la oficina no me
dejaban en paz con la presunción de un supuesto romance
otoñal que sólo existía en sus febriles roedores mentales.
Bastante
deprimido por estas calumnias, un día me sentí atraído por
la joven morena que cuidaba a mi abuela todas las tardes.
Cuando se lo conté feliz al editor del diario en el que
colaboraba, su respuesta estentórea hizo temblar los
cristales de la redacción: “¡cómo vas a noviar con una
inmigrante indocumentada,
y para peor analfabeta!”.
Finalmente
le llegó la hora a la bruja, aquella que se casa con
nosotros segura de que nos va a cambiar, y con la que nosotros
nos engrampamos confiados
en que ella va a seguir siendo igual.
Nada desentonaba, ni la marcha nupcial, salvo por una
no tan pequeña diferencia. Ella (o su papá) tenía mucho
dinero y yo era más pobre que una laucha de canoa. Por lo
tanto no había terráqueo que creyera que yo estaba
contrayendo enlace por amor. Aún así estuvimos juntos muchos
años, hasta que un árbitro invisible hizo sonar el silbato y
el partido terminó. Vino un entretiempo largo de duelo y como
todo divorciado recién suelto formé una nueva unión con una
locutora veinticinco años menor. Aquí ya no sólo sus papis
y los míos, también mis hijos ya grandes y los vecinos de
ella nos miraban como si fuéramos dos extraterrestres, o
mejor dicho, dos inmorales extraterrestres.
Al
fin hoy, ahora, tengo una pareja-pareja, y todo el mundo que
me rodea está tranquilo y no deja de felicitarme. Al menos
por ahora.
Pero,
¿dónde habita el límite de lo parejo y lo desparejo?
Absolutamente en la mirada esclerosada de los otros, aquellos
envidiosos de la felicidad ajena, convertidos en Capuletos y
Montescos instantáneos que señalan sin piedad la supuesta
pecaminosidad de esos amores que rompen con el estereotipo que
plantea la sociedad, y
que no todos pueden cumplir, afortunadamente.
PROHIBIDO
ESTAR TRISTE
Por
Luis Buero 
Si
una prima llorando te cuenta que perdió su embarazo tan
deseado debido a un accidente,
ya la estás consolando incitándola a que, a la
brevedad, pruebe con su esposo concebir un nuevo bebé.
Si
un flaco le confiesa a sus amigos varones que está bajoneado
porque la novia con la que vivía se mandó a mudar....primero
le toman el pelo, y luego
lo invitan a ir, esa
misma noche, de
levante por los boliches de onda.
Presentas
un proyecto y ni acusan recibo,
o en el peor de los casos, te
plagian la idea, y cuando tus seres queridos te ven pinchado
te recomiendan que vayas al psiquiatra para que te recete un
antidepresivo, o a ver a un cura para que te aconseje.
Enciendes
el televisor y ya te están gritando que empieces la mañana bien
arriba con tal magazine de misceláneas y
termines el día “hip hop” con
Marcelo, Mario o Peti.
Y
hasta las noticias radiales se mezclan con chistes.
Si
el portero te ve con mala cara se lo cuenta a todo el mundo, y
comienzan a conjeturar diversas desgracias que te podrían
estar pasando, que
van desde un simple ataque al hígado hasta un aneurisma incurable.
En la oficina te quieren trasladar a la sucursal Cosquín para
que respires aire puro, y el ascensorista (que está
estudiando Psicología Social) te informa, sin preámbulos,
que según afirma Pichón, debes adaptarte activamente a la
realidad.
Uno
quiere estar a la sombra y le suben la persiana para que lo
encandile el sol, y lo llenan de preguntas que suenan como un
reclamo: “¿cómo no vas a festejar tu cumpleaños?”,
“¿te volviste loco,
vas a pasar solo la Navidad?”. Y de pronto recordamos
cuando a los siete años nos caímos de una escalera y
recibimos un: “¡no llores, maricón!”
Sí,
te pase lo que te pase, una cruzada de familiares, conocidos y
desconocidos te aconsejan que te tomes todo con filosofía
light, por cuatro días locos que vamos a vivir.
Gente
más científica nos pregunta si no tendremos bajo el nivel de
litio, o nos revela un mantra para que hagamos
meditación trascendental.
Las
penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas, cantaba
una antigua zamba, pero ahora ni las penas se nos permiten
conservar, porque
hemos perdido el derecho a estar tristes, a reflexionar en paz
y madurar sobre las experiencias dolorosas, a reconocer que
las piedras con las que tropezamos también son parte el
camino. Peor aún viviendo en este supuesto paraíso de
consumo y entretenimiento, del todo bien, de la sonrisa
permanente, como personajes entrampados en alguna novela
futurista de Aldous
Huxley.
Porque
no es sólo generosidad la que impulsa a ese eventual “animador
instantáneo” a intentar sacarnos a empujones de la cueva
temporaria en la que nos refugiamos. Ese “San Bernardo” no
llamado sufre de cierto egocentrismo infantil cuya
preocupación inicial está centrada en sí mismo, en
conservar su propia alegría ficticia a toda costa, ese estado
evanescente que el triste hace peligrar.
PAPA
DE FIN DE SEMANA
Por
Luis Buero 
Cuando
los padres se separan, es común que los nenes se queden a
vivir con mamá. El papá se vuelve entonces una visita
reglamentada, y mientras la sociedad murmura “algo habrá
hecho”, él sufre en silencio y teme convertirse en el tío
de sus propios hijos, por la falta de cotidianeidad en el
vínculo. Todo eso, claro, cuando se los dejan ver.
En
el imaginario popular y en los chismes a la hora del té,
suelen ser los malos de la historia. Los que se fueron a
comprar cigarrillos y nunca volvieron, los que huyeron tras
las plumas de una corista, los que no pasan la cuota
alimenticia y hay que perseguirlos con la justicia.
Y
pocas veces aparecen en la misma novela
los otros padres separados, los que les dejan todo a su
mujer y siguen manteniendo a sus hijos. Sí, me refiero a
aquellos que imaginan, conciben y acunan a sus críos, les
hacen el desayuno a diario, compartieron con ellos el primer
día de clase y el cuento de la hora de dormir, y
de pronto cuando el matrimonio se disuelve se
convierten en una visita en el hogar que construyeron, y
quizás en un tío querido para sus hijos que
tal vez pronto hasta tengan otra figura masculina como padre
sustituto: la nueva pareja de mamá .
Ese
papá de fin de semana siente que ayudó a construir un nido y
luego lo tuvo que abandonar para siempre. Y nadie se ocupa de
su sentir, porque se dice que los hombres no lloran, y tal vez
sea mejor así, porque algunos están tan tristes que si
lloraran todos juntos se produciría un tsumani. ¿No
me creen? Vayamos al principio.
DE
ÍDOLO A KELPER FILIAL
En
las épocas de mi bisabuela, los hijos eran de la mujer, que
debía parirlos y criarlos, mientras el padre trabajaba todo
el día, y luego se
iba a jugar al billar o al truco al bar con sus amigos,
y cuando estaban presentes,
sus críos los trataban de usted. En los años 60 y 70
comenzaron a enseñarle al hombre que cuando su esposa quedaba
encinta ambos estaban embarazados, y que él era co-protagonista
en todo este proceso, y después del nacimiento también, de
por vida. Así fue que algunos varones tuvieron que hacer
de tripas corazón y participar del parto ayudando a la
futura mamá, y se animaron a cortar el cordón umbilical y a
dar el primer bañito a sus bebés. Aprendieron a cambiar
pañales, a preparar biberones y papillas y a consolar al
lactante de noche, si se le ocurría llorar cada tres horas.
Se animaron a susurrar el “arrorró mi nene” o
despertarlos con aquella otra canción que decía que el gallo
Pinto se durmió y esa mañana no cantó. En síntesis, se
dieron cuenta que ese “trabajo” era un placer que se
habían perdido de disfrutar durante generaciones, y que el
concepto de masculinidad había dado una vuelta de página
importante y ya era hora de cambiar para bien. Claro que
también se estaba modificando el de feminidad, al mismo
tiempo.
Así
fue que este nuevo macho humano enamorado de sus hijos y de su
función paterna, que había re-significado la palabra
familia, y había cicatrizado tal vez sus heridas de la
infancia, conoció
una segunda y dramática lección: divorciarse de su pareja
ya no era sólo romper el vínculo con una mujer, si no
que debía enfrentar un dolor mucho mayor.
¿PAPÁ
POR SIEMPRE?
Ningún
film relata mejor (tal vez no haya otro) que Mrs. Doubtfire
(Papá Por Siempre) el drama y el sentir de un hombre que al
tener que irse del hogar familiar pues su esposa ya no lo ama
más, no puede ya convivir con sus hijos, a los que adora. En
la famosa película, Robin Williams interpreta al atribulado
padre que al no resignarse a la imposibilidad de ver a sus
niños de manera constante, y dado que el personaje es actor,
llega al extremo de caracterizarse y hacerse pasar por una
señora de edad mayor, de apellido Doubtfire, para convertirse
en la niñera de sus propios hijos.
Y
en la vida diaria, más allá de los pormenores y matices que
rodean la separación de un matrimonio, es muy común que los
hijos menores continúen bajo la custodia de la madre, a la
que, salvo pruebas en contrario, la ley y la cultura popular
la consideran automáticamente mejor progenitora que el
varón.
“Un
padre sabe, incluso antes de separarse que habrá mil momentos
de la vida de sus hijos que ya no ha de presenciar ni
compartir, y luego con el tiempo va notando sus bruscos
cambios físicos, en la voz, cada semana o quincena, o cuando
puede reencontrarse con ellos. Sus éxitos y sus anginas
serán una anécdota contada, y uno siente que de a poco se
convierte en una visita, en una especie de
tío querido que de no estar presente a cada instante,
teme quizás que hasta dejen de extrañarlo”
comenta
SANTIAGO, 53 años, docente porteño, separado desde hace
diez, con dos hijos.
Las
notas de actualidad sobre estos temas generalmente se dedican
a describir la delicada situación en la que se encuentran los
chicos, que deben adaptarse a una nueva realidad, o se enfocan
en los derechos civiles de la mujer que pueden verse
vulnerados si su pareja no le aporta los alimentos
obligatorios por ley.
Pero
en esta historia hay un tercero excluido, y su sufrimiento
ninguna cámara lo enfoca.
SI
QUERÉS LLORAR, LLORÁ
“No
hay dudas que el vinculo se aleja, aunque sea muy bueno ese
encuentro semanal, el vinculo se establece con la
cotidianeidad”
asegura ANDRÉS SÁNCHEZ BODAS, psicólogo clínico desde hace
33 años, docente universitario y creador de la carrera de
Counseling (Consultor Psicológico) en el país. Y agrega:
“En
nuestra sociedad la gente cree que la que más sufre es la
mujer, o los hijos, y se olvida de que el hombre pierde el
hogar, la continuidad, el estar presente mal o bien en la
cotidianeidad, y en mi experiencia de terapeuta, los hombres
lloran, están angustiados por tener que ver a sus hijos
una vez por semana, en una especie de visita guiada de
la que luego, si no tiene un lugar propio donde alojarlos,
debe devolverlos al domicilio de la madre.
Es más, hay hombres
que demoran la separación, o directamente no se
separan, aunque convivan
en condiciones deplorables de pareja, con 7 u 8 años
sin vinculo sexual con su esposa,
para sostener una relación en función de no perder la
convivencia con los hijos”.
Por
su parte, MARIA RUTH MURAIS, psicóloga gestáltica
sistémica, con 20 años de experiencia hospitalaria, parece
coincidir con su colega al contar:
“Yo
los veo sufrir en el consultorio, han dejado sus muebles, su
casa, sus olores, sus plantas, y se tuvieron que ir porque es
así su historia,
y todo eso produce duelo. Pero en la vida ¿qué es duradero?”
CUANDO
EL PADRE NI SIQUIERA SE SIENTE TÍO
Cuenta
Eduardo, de Villa Crespo, 3 hijos, empleado bancario:
“Teníamos algunos problemas de pareja, a mi entender no
muy graves. Una noche, mi esposa me dijo que me tenia que ir,
me echó de casa, dijo que hablara con su abogado. Para evitar
males mayores pase la noche en casa de mis padres, al otro
día volví a
casa. Al intentar ingresar me di cuenta
que había cambiado
la cerradura, no me atendía, cuando
respondió me insultó, negándose a que pueda estar
con mis hijos”.
Eduardo
representa otra realidad, la de los miles de papás que ni
siquiera los pueden ver regularmente. JOSE MARIA BOUZA,
fundador en 1988 de A.P.A.D.E.S.H.I. (Asociación de Padres
Alejados de sus hijos, ver recuadro dos) asegura que “El
separado sin posibilidad de contacto de los hijos es un caso
más grave, porque hay una obstrucción en el vínculo
producida por su pareja, y el padre queda marginado de la
sociedad, busca trabajos informales, deja de lado todo para
concentrarse en una acción judicial en la que finalmente
queda atrapado, pues piensa que se va a resolver rápido y en
nuestro país no es así, es como un espejismo de montaña,
donde el alpinista cree ver la cima ahí nomás, cerca, y
tarde descubre todo lo que le cuesta llegar, y tal vez nunca
llegue.”
PARA
LOS JUECES PAPÁ NO ES UN ÍDOLO
JOSE
MARIA BOUZA, que confiesa haber atendido él sólo ya
alrededor de 15.000 padres en A.P.A.D.E.S.H.I., piensa que: “un
juzgado donde se plantea una cuestión de tenencia debería
evaluar quién es el más apto, no por su sexo, si no por sus
condiciones psicológicas, desarrollo laboral y tiempo
disponible, y sobre todo por su actitud con su pareja en
cuanto a esta problemática. Pero prefieren culturalmente
beneficiar a la madre, aún pasando por alto que algunas
mamás hayan tenido intentos de suicidio, internaciones
psiquiátricas, o incluso, que ni siquiera desee
verdaderamente hacerse cargo de los chicos”
Por
su parte, LUIS MARIA ASSANEO,
fundador de APRADIM (grupo de profesionales que dicta
conferencias sobre temas como Enigmas de la Virilidad, Parejas
en Crisis, etc), psicólogo y docente del CENTRO DOS de
atención psicológica, y
miembro adherente de la Escuela Freudiana de Buenos Aires,
coincide con Bouza en que “
las leyes que dan automáticamente la tenencia de los hijos a
las madres son
obsoletas; la posibilidad
maternante del padre ha evolucionado, y además antes
era la mujer la que se quedaba en casa y ahora son los dos los
que trabajan afuera del hogar”
La
Lic. MARIA RUTH MURAIS amplía el concepto:
“con la madre se arma un lazo en los primeros
cuatro años de vida que es preciso no cortar, pero luego
ambos tienen capacidad para ejercer el rol de mamá-papá o
papá-mamá, y los chicos podrían elegir con quien estar”
¿HAY
ESPERANZAS, PADRE?
SÁNCHEZ
BODAS sostiene que “las nuevas corrientes psicológicas,
estas visiones humanisticas, en general miran más para
adelante que para atrás, el aquí ahora, el presente, el
porqué no importa tanto, me pasó lo que me pasó y ahora
veamos lo que hacemos con esto. Estas corrientes aportan la
posibilidad de pensar en lo concreto, se cita a la familia, a
la ex, a los chicos, se hacen reuniones familiares, no se toma
la cosa de manera individualista”.
MARIA
MURAIS, desde una perspectiva sistémica aconseja:
“
la tendencia a lograr debe ser que la familia, producida una
ruptura, recobre la homeostasis, la búsqueda de un nuevo
equilibrio, todo tiende a que después de un momento de crisis
todo se ordene, y al papá que se tuvo que ir, le espera un
gran trabajo interno para superar este corte o quiebre,
puede ser el momento de un re-aprendizaje, pues hay
papás que descubren su paternidad justamente cuando se van”.
JOSE
MARIA BOUZA sugiere
que “los papás que nos quedamos sin nuestros hijos
tenemos que cambiar y que
preparar el nido, siendo cada vez mejores, para cuando ellos
peguen el saltito y vengan con nosotros”.
¿EL
PADRE SEPARADO ES MENOS PADRE?
LUIS
MARIA ASSANEO discrepa con otras posiciones y asegura que “es
un mito que se ha armado alrededor de esto, de que los padres
son más padres cuando están casados y conviven con sus hijos”
. Y hasta pone en duda la palabra duelo:
“El
duelo es duelo cuando tenemos un objeto perdido, pero con el
divorcio los hijos no se pierden, el vínculo sigue estando
aunque no en las mismas condiciones, pero en muchos casos ese
vínculo mejora. En realidad la sensación de soledad casi
radical en la que ha quedado sumido un padre es porque se le
revela su propia castración, la reafirmación de que todo no
se puede, aunque la ciencia nos diga que sí.
Por otra parte, y con relación al vínculo nuevo que
se establece entre padre separado e hijo, una cosa es la
cantidad y otra es la calidad; un padre conviviente puede
estar absolutamente presente, y hasta ser asfixiante, y el
vinculo puede ser rudimentario, débil, y un padre puede ser
que por trabajo o porque se separó de la madre no esté
siempre presente en forma física, sin embargo está
presente en toda la actividad de la familia. Pero en esto no
solo tiene que ver cómo el padre ejerza esa función,
también es muy importante la actitud de la madre, ya que
desde el psicoanálisis, el padre es un decir de la madre, es
una internalizacion psíquica a partir de que la madre lo
nombra y le dice a los hijos, ése es papá”.
En
síntesis, muchos padres se quejan con dolor y melancolía de
cómo se trastoca la relación con sus hijos luego de la
separación de pareja, y a la vez acusan a quien se queda con
la custodia de ellos, de hacer y deshacer a su antojo sin
considerarlos. Nos queda sólo la esperanza de que cada ex
pareja de mamá y papá separados se alíen en busca de un
bien mayor, por los niños y por ellos mismos, sin
necesidad de jueces
ni abogados, recordando que alguna vez se amaron y que esos
niños son el fruto de ese amor,
para que las funciones materna y paterna se sigan
cumpliendo sin obstrucciones, pese a todo, y que Mrs.
Doubtfire se convierta en apenas una película que vive sólo
en la memoria insistente de los cinéfilos.
Re
cuadro uno:
VOCES
DE PAPÁS
EDGARDO
(37) administrativo, marplatense: Mi
separación fue muy dolorosa, porque sabia que el vínculo con
mis hijos ya no iba a ser igual y se frustraba la posibilidad
de tener una familia. Es difícil aceptar que
mis
hijos no puedan tener a su papá para acompañarlos y
ayudarlos a crecer en todo momento.
MARIO
(48) ingeniero, de Olivos: El contacto con mi hija siempre
se dificulta porque la mamá le genera actividades extras en
mis horarios de visita, o usa la estrategia de ponerse
tan violenta y tan mal, que la nena
prefiere quedarse con mamá "para que se calme"
o "no se angustie".
EMILIANO
(27) Agente de Viajes, de Lanús: Cuando mi hijo tenía
4 años
y después de una relación muy difícil con la madre, la
misma en el año 2002 me denunció falsamente por abuso sexual
hacia mi hijo, para que no pudiera verlo. Allí comencé un
largo peregrinar por distintas instancias judiciales hasta el
día de hoy. La terapia psicológica individual me ayudo a
sostenerme en todo este tiempo. A mi hijo continúo si poder
verlo desde hace tres años, y sin tener noticias de él desde
hace más de un año.
Recuadro
dos:
QUÉ
ES A.P.A.D.E.S.H.I. (ASOCIACIÓN DE PADRES DISTANCIADOS DE SUS
HIJOS)
Esta
institución sin fines de lucro fue creada en 1988 por JOSE
MARIA BOUZA junto a otros papás que veían obstruidos su
vínculo con sus hijos o tenían una imposibilidad de contacto
con ellos.
En
su sede, los
padres tienen días de reunión, de capacitación, obtienen
contención psicológica e información jurídica. Hace casi
20 años, BOUZA imposibilitado de ver a su hija escribió una
carta a los medios instando a otros padres en la misma
situación a juntarse para ver como enfrentar la
problemática, y
fue entrevistado por Fernando Bravo en un programa de
televisión que tuvo una repercusión impensada. El grupo que
con el tiempo se formó,
logró la sanción de la Ley 24270, por la que queda
configurado como
delito
el accionar del padre o tercero que impidiere u obstruyere el
contacto de menores de edad con sus padres no convivientes.
“
Bouza
cuenta que en ese momento consideraba terminada su misión
pero “ luego aparecieron otras estrategias de mamás que
tenían la tenencia de los hijos, por ejemplo el hacer
denuncias falsas contra el padre de abuso deshonesto, o de
violencia familiar, imposibles de probar, (que generan en el
padre privado del vínculo el síndrome de alienación
parental) y que la justicia desestima luego de años de un
proceso, mientras el padre no puede ver a los hijos. Y hoy
hasta vienen a consultarnos futuros papás de hijos que
todavía no nacieron, porque se separaron de su mujer
embarazada la cuál desde ya les dice que cuando nazca el
bebé no se lo va a dejar ver”
IMPRESCINDIBLE
ALEGRÍA
Por
Luis Buero 
La
Argentina no es un país alegre. Si, llevamos en la piel
demasiados recuerdos insalubres, y somos un pueblo con
tendencia a la “depre”.
En la sangre que nos habita se mezclan la melancolía y
la falta de optimismo, porque los proyectos y las ganas son
constantes pero las frustraciones los superan. Aún nos
condena la ley del no y la máquina de impedir. Y para
peor la queja de tango sigue nutriendo los ovarios de esta
nación, construida por aquellos bisabuelos inmigrantes que lo
dejaron todo en el otro mundo, más los descendientes de
indios, criollos y mestizos que la vienen ligando mal desde
las épocas de Don Pedro de Mendoza.
En
algunos porteños la tristeza se hace visible,
paradójicamente, en la poca paciencia hacia el prójimo, y en
el fastidio y mal humor cotidiano. Y en cierta gente del
interior a veces se vuelve excesiva la parsimonia y el
desinterés, como si la realidad fuera una película detenida
en un inevitable presente continuo.
En
este contexto en el que circula en ciertos grupos sociales un
sentimiento de vacío, aburrimiento o angustia, y en el que la
desesperada búsqueda de la propia realización muchas veces
se vuelve difícil como un amanecer en día de lluvia, ¿cómo
no va a ser bienvenida la alegría que puedan causarnos los
triunfos de nuestro equipo en el Mundial, si los logra?
No
es vana la súbita alegría, ni extemporáneo el furtivo
nacionalismo que la camiseta provoca.
Justamente
estos veintidós ídolos cumplen un rol adjudicado y aceptado
por ellos: el de gratificar nuestro sueño colectivo. Esa
aspiración, obviamente, está cargada de representaciones
simbólicas. Por unos pocos minutos, en cada encuentro, ellos
nos harán sentir animados, potentes, unidos, y si ganan,
sumamente felices.
Pero
este fenómeno de identificación masiva es un arma de doble
filo: si fracasan, la idolatría mostrará el reverso de la
tela, y la devolución será indiferencia o en el peor de los
casos, una marcada hostilidad.
Todos
los deportes y competencias son resabios del comportamiento
naturalmente lúdico de las sociedades primitivas.
Épocas del taparrabo o la túnica en la que toda
contienda tenía un rictus religioso y a nadie se le ocurría
racionalizarlas.
Hoy
como siempre ciertos intelectuales insisten en desvalorizar
las pasiones que el fútbol en general, y los Mundiales en
particular, despiertan, como si fuera preciso teorizar el
contagio afectivo que nuestra selección nacional produce.
Más
interesante sería hacer foco en esta necesidad de felicidad y
de esperanza más o menos estable que todos requerimos, basada
entre otras cosas, en mantener la fe en la movilidad social
que le permita al que trabaja progresar y tener proyectos
futuros, más allá de que nuestros jugadores traigan el
trofeo ansiado o simplemente lleguen a los cuartos de final.
Pero palabras más o menos,
mientras tanto, cuando empiece el partido el grito
saldrá solo: ¡vamos Argentina, todavía!
¿MUNDIALISTAS
HIPNOTIZADOS?
Por
Luis Buero 
Anoche
tuve una pesadilla. Soñé que nuestro país estaba
participando en un Mundial de Fútbol y me veía
corriendo por calles desiertas de Buenos Aires
suplicando: “¡Qué
no se enteren los habitantes de ninguna nación que nos tenga
bronca y desee invadirnos, ni los alienígenas de Marte o los
monstruos marinos de
las series Invasión y Surface!”.
Resulta ser que yo, en los brazos de Morfeo, descubría
que cuando empezaba a jugar nuestra Selección: ¡la
Argentina durante cada partido quedaba totalmente
desprotegida!
Mi
mujer me dijo esta mañana que durante la noche grité
frases extrañas con
los ojos cerrados.
Según
parece deliraba, y relataba que una hora antes de comenzar los
encuentros en los que nuestro equipo participaba se producía
un éxodo masivo de oficinas, fábricas, negocios y
supermercados. Miles de automóviles huían hacia un mismo
lado, mientras hordas humanas viajaban en subtes repletos con
las mejillas pegadas a las ventanillas, o subían a colectivos
que se convertían en latas de sardinas en pocos segundos.
Pero
el fenómeno de hipnosis colectiva se repetía siempre cuando
el árbitro daba la pitada inicial y entraban a contarse los
90 minutos de juego. En ese instante, en mi alucinación,
la patria se paralizaba,
se suspendían las cirugías, los aterrizajes, la
recepción de correspondencia en el correo. Las ambulancias
eran abandonadas en las calles, los barcos no podían entrar a
puerto, los maestros se quedaban sin alumnos y la iglesias sin
cura, las municipalidades trababan las puertas exteriores, los
amantes evitaban tener sexo. Hasta los “chorros” se
abstenían de salir a robar. Y al día siguiente de cada
partido, los diarios exhibían fotos del presidente, que en
vez de gobernar, estaba
reunido con sus ministros frente al televisor en su despacho,
o imágenes de gendarmes absortos frente a un viejo Zenith
blanco y negro en lugar de tener la vista clavada en la
frontera.
Yo
quería despertarme, evadirme,
pero era imposible; la voz de Dios sentenciaba en mis oídos: si
el grupo social exige, el individuo debe adaptarse.
Entre
ronquidos de desesperación escuchaba a mi psicóloga
explicarme: el pueblo deposita en sus ídolos deportivos
sus propias debilidades y frustraciones, convirtiendo al
plantel en el objeto bueno, con la esperanza de que le
devuelva a la sociedad una versión triunfadora y no depresiva
de sí misma.
Pero
en mi sueño, la realidad se había detenido como el vuelo de
una paloma congelada en el aire. Y yo veía que, mientras
ocurrían terremotos o ciertos presidenciables obstinados
renunciaban a sus candidaturas, los noticieros sólo se
referirán a lo que opinaban Pekerman o Messi,
y al precio de los televisores con plasma.
En
fin, ya sé lo que piensan: nadie debería comer demasiado
antes de acostarse, si no después se sufren pensamientos
absurdos provocados por una digestión difícil,
que en nada coinciden con la realidad, como se ve.
DURMIENDO
CON SHERLOCK HOLMES
Por
Luis Buero 
Somos
un pueblo narcisista. Por eso todo vínculo estrecho nos
inspira cierto pánico a la pérdida de la identidad. Uno de
los grandes desafíos que debe llevar adelante una pareja que
convive es lograr el equilibrio entre los espacios comunes y
los propios, respetando el intento individual de encontrarse
con uno mismo fuera del somos dos. Claro que el
mundo privado del otro, sin mí,
produce cierto miedito.
Ahora
bien, hoy en día es común que Romeos y Julietas que viven
solos descubran a seis meses de empezar a noviar que no se
pueden ver seguido, porque dieciséis horas diarias no les
alcanzan para cumplir con sus profesiones, estudios, gimnasia,
terapia, relaciones sociales, y pasear al perro. Así es que
deciden compartir uno de los dos departamentos para poder
encontrarse, obviamente sin pasar por el Registro Civil, y a
veces sin presentarse los padres.
Y
es regla de oro respetar la intimidad del otro...hasta que
llega el día en el que ella no está porque va a llegar
tarde, uno anda buscando en la biblioteca un libro que le
prestó, y de pronto...¡zas! : aparece su diario
íntimo. 0 puede pasar que ella se fue al supermercado y dejó
abierta la casilla de e-mails, o quizás se olvidó el
celular donde guarda mensajes de texto y registro de
llamadas recibidas...
Yo
no debería estar leyendo esto, piensa
uno, e inmediatamente comienza a meter las narices donde no
debe. Pero como en el pecado se está la condena, la lectura
lejos de darnos el secreto poder de la información, nos llena
de dudas y ansiedades.
Por
ejemplo, una mes antes de que la viéramos por primera vez
ella escribió en su agenda: “hoy conocí a un muchacho
genial”. Nuestra
mente rápidamente se altera:
¿Cómo un muchacho genial?¿ quién es, dónde
está ahora? Y vemos que en la fecha en la que fue a tomar
algo con nosotros ¡no anotó nada! La investigación sigue,
con resultados cada vez más inquietantes. Ella recibió un
correo electrónico de un nabo que dice ser su admirador, y le
chatea mensajes desde Colombia. Ya sé, es lejos, pero ¡es un
hombre!¿ Y si viaja a Buenos Aires? Las manos ya se mueven
solas, buscando descubrir una verdad trágica que en el fondo
no queremos conocer. ¡Guarda un programa de una obra de
teatro vista en el 2002 con una flor disecada adentro!.¿Por
qué? ¿Quién se la habrá regalado? Hay un nombre escrito,
“Raul” con tinta fresca, y un número de celular anotado,
¿quién será?..¿Y esa foto del Día del Amigo de año
pasado? ¿Por qué aparece tan abrazada a un compañero de
trabajo?
Finalmente
llega por la noche la inocente autora de nuestros absurdos
desvelos, y mientras ella asa un pollo y con toda naturalidad
nos cuenta su día, comprendemos secretamente avergonzados que
nuestra invasión fue al cuete, salvo por la enseñanza que
nos dejo. ¿Cuál? El saber que
es mejor nunca poner el ojo en el mundo privado de una
mujer, porque siempre,
inevitablemente, se
nos mete una basurita.
LAS
DOS CARAS DE LA TV
Por
Luis Buero 
La
televisión, como la vida, tiene dos caras, y satisface a dos
tipos de públicos. Están aquellos que
siempre han disfrutado de las comedias tipo
“Yo Quiero a Lucy”, “La Niñera”, o los
vernáculos “Campanelli”, y elegido
las telenovelas que reproducían la historia de la
Cenicienta adaptada a distintas circunstancias.
Me
refiero a esas “soup óperas” típicas en las que
los personajes femeninos eran hermosas amas de casa que
habían convivido con sus padres hasta contraer matrimonio,
y que luego se casaban jóvenes con su primer novio, el
héroe, y para toda la vida. Y en las sitcoms
clásicas, sus ocupaciones y conflictos tenían que ver con el
hogar y las reyertas con cuñadas y vecinos cercanos. Por otro
lado, sus hombres las amaban profundamente, y jamás los
sorprendía ni un mínimo deseo de infidelidad, y hasta
tenían la suerte de contar con las virtudes de una mujer
hechizada que se cambiaba en un segundo para ir a cenar, con
solo mover la nariz.
Pero
también hay otra televisión exitosa que intenta responder
los reclamos de veracidad del público y los críticos.
Me
refiero a esa programación que actualiza aspectos parciales
de la realidad, en
la que desde hace tiempo vienen triunfando familias con travestis,
esposas que se las ingenian para ponerles los cuernos al
marido con el jardinero, con el ex novio y con el mejor amigo
de él, y esposos que
no saben cómo hacer para librarse de su mujer y sueñan con
que se la lleven los extraterrestres.
Con
esa onda renovadora también llegaron las chicas de
“Sex And The City”, eternas soñadoras que se
acuestan con un varón distinto cada semana, y las
protagonistas de “Desesperate Housewives”, madres que por
momento desearían comportarse como Herodes con sus propios
críos. Y el Sr. Argento de “Casados Con Hijos”, que
soporta a su cónyuge a través de un vínculo lamentable que
lo incita a divulgarle todos sus pensamientos y críticas sin
el menor tapujo.
En
síntesis, la televisión pareciera reflejar dos
cosmovisiones. Una es la esperanzada, la que expone lo que
debiera ser y no lo que es, la que trata de exaltar un modo de
vida que promueve una especie de seguridad ontológica, basada
en pilares teóricos en los que se construyó nuestra
sociedad. La que intenta potenciar lo bueno y disimular lo
malo. La otra tevé insiste en decirnos que no todo es
lo que parece, que hay ciertos estamentos sociales que se
están disolviendo, mientras nacen otros valores que no son
el reflejo de una comunidad en descomposición, sino la
observación nada pasteurizada de un mundo complejo y
multifacético.
A
mí me gustaría ver una tercera opción, aquella que me
permita indagar en las ficciones si los humanos somos seres
físicos experimentando algunas sensaciones espirituales, o si
somos en verdad seres espirituales en una encarnación
pasajera y limitada, con alguna posibilidad de evolución
interior. ¿Pido demasiado? Por ahí si, disculpen.
MEJOR
NO ENFERMARSE
Por
Luis Buero 
Cuando
yo era chico mi familia tenia un médico de cabecera, que
también era el doctor del barrio. Curó a distintas
generaciones de todas las dolencias que un humano pudiera
sufrir, y era
común que aceptara que el carnicero le pagara con pollos y
huevos, o que el almacenero le alcanzara una caja de salamines
y quesos, si era fin de mes y
escaseaba el efectivo.
Él
estaba bien dispuesto siempre, a cualquier hora del día o de
la noche, sábados y domingos,
para atender un parto de urgencia o un infarto, con la
misma sonrisa y absoluta efectividad con la que diagnosticaba
sarampión o hepatitis. Era como un abuelo sabio que
conocía nuestros dolores físicos, pero también
nuestras frustraciones, ansiedades, sueños, esperanzas,
hipocondrías.
Y
sus pacientes, todos nosotros, finalmente gozábamos de buena
salud.
Pero
un día fue él el que se murió, hace ya muchos años,
Entonces mis parientes se dividieron en dos grupos: algunos
comenzaron a utilizar los servicios de las obras sociales que
les tocaban en suerte, según el empleo que tuvieran.
0tros, en
cambio, se
afiliaron a una empresa de medicina prepaga. Pero cada uno por
su lado, pagando mucho o gratis, con carencias o con lujos,
todos desde entonces vivimos experiencias parecidas.
¿Cuáles
son? Les cuento: un mes para conseguir un turno de un médico
clínico, el cual te ha de enviar a hacerte análisis de todos
los efluvios de tu cuerpo, en los que además han de
introducirte catéteres por el brazo, leches
fosforescentes en la garganta, y canutillos con visor en el
trasero, y una
vez leídos los mismos, treinta días después, ha de
derivarte a un especialista que seguirá pidiendo estudios
porque duda (más que el Dr. House en la famosa serie) de qué
corno te vas a morir en breve, seguramente, si no te dan una
medicación ya.
Pero
además, nos dimos cuenta que nuestros órganos tienden
caprichosamente a enfermarse de madrugada o en días feriados,
momentos en los cuales estás fuera del horario de
consultorios y los especialistas están jugando al tenis o
reposando en el hotel de algún congreso en Madagascar.
Entonces vimos que solo nos quedaban dos alternativas.
La más rápida es ir a las guardias, donde es posible
que una jovenzuela galena se sorprenda de que tu tía no tenga
testículos, o por el contrario te ausculte un gordo soberbio
que no te habla a vos pero si a unos estudiantes que te rodean
y miran como si fueras un extraterrestre o el eslabón
perdido.
Claro
que también podés llamar al servicio de urgencia y quedarte
en cama, situación que te permitirá conocer un mozalbete con
delantal verde y zapatillas de fútbol que, si te duele la
espalda, pude confundir un catarro con una infección
urinaria.
Finalmente,
si no hay huelga o paro y soportas hacer una cola de cien
horas, te queda ir al hospital.
Por
eso en mi barrio hemos decidido permanecer sanos: si
se nos fue el doctor para siempre, mejor no enfermarse.
(*)
Crónica y
Análisis publica estas notas por gentileza del autor Luis
Buero Mail: luisbuero@tutopia.com
ó bueroluis@hotmail.com