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COLABORACIONES

LOS AMBIENTALISTAS Y LOS PROBLEMAS AMBIENTALES

Por Cristian Frers

Durante el siglo pasado la Argentina, un país de tradición agropecuaria, vivió un proceso de creciente industrialización y concentración de su población en ciudades. Pero los problemas asociados con el crecimiento de estas urbes en varios miles de habitantes, no suele tenerse en cuenta. Nuestras ciudades han funcionado como aspiradoras de materia y energía: Al principio agotaron los ecosistemas cercanos y más tarde, se lanzaron a extraer los recursos de los más alejados. Este proceso sin control ha dejado más de una región ecológica a punto de extinguirse.

Es indudable que los principales problemas ambientales-urbanos que afectan a la población argentina, como a la mayoría de la población urbana mundial, son: la falta de sistemas de agua potable que abastezcan con un volumen suficiente y una calidad aceptable a toda la población; la inadecuada provisión de cloacas y sistemas de evacuación de excretas; la dificultad para resolver la recolección y disposición de los residuos sólidos domiciliarios y los efluentes industriales; la contaminación del atmosférica; la contaminación sonora; la contaminación de los cursos de agua que atraviesan las ciudades y la consiguiente contaminación e inutilización de los acuíferos subterráneos; la escasez de espacios verdes; la escasa accesibilidad, producto de la congestión en los centros urbanos y las bajas densidades en la periferia de los mismos, y de la organización del sistema de transporte; el alto grado de hacinamiento y precariedad habitacional.

La pregunta del millón es saber si son compatibles un ambiente finito con unas necesidades humanas que se plantean como ilimitadas. La conclusión nos llevaría a aceptar que es posible definir que el mundo y todo lo que en él existe, es finito, no así las necesidades humanas, ya que sobre el umbral de satisfacción de las necesidades básicas se pasa a hablar de deseos, los que sí son infinitos.

Cuando tratamos temas ambientales, muchas veces se comete el error de verlos de manera fraccionada o hasta secundaria. Se insiste con la imagen de los ambientalistas como críticos de toda tecnología que llevarán a todos a la pobreza. Pero en realidad, los ambientalistas examinan las consecuencias de las tecnologías, y apuesta a aquellas que mejoran la calidad del ambiente y la salud.
Es común escuchar opiniones contrarias a la acción de los ambientalistas, a los cuales se califica de soñadores en contra del progreso, antitecnológicos e insensibles a las demandas sociales. En algunos lugares se muestra una disconformidad frente a las advertencias de los ambientalistas. Ese tipo de generalizaciones pone a todos los profesionales que se dedican al tema ambiental en una misma bolsa y se nutre de un imaginario en el cual se presenta a las personas interesadas en los temas ambientales como seres irracionales que se opone a todo y no se da cuenta de las urgencias sociales que existen en el planeta tierra. Muchas personas podrían terminar cediendo o aceptando que los ambientalistas son retrógrados e inútiles, y que el mundo estaría mejor sin ellos.
Sin embargo, habría que preguntarse si las advertencias ambientales han empeorado o mejorado las condiciones de vida. En realidad, si se observa con detenimiento los cambios provocados por los ambientalistas en los últimos años, es evidente que esos actores sociales están lejos de combatir todas las tecnologías o de ser insensible a las realidades sociales.
Se postula como ejemplo sus advertencias a los transgénicos y la energía nuclear. Sin embargo, muchas de los reclamos ambientales se centran en mejorar la tecnología para con ese fin asegurar la calidad ambiental y la salud humana. Un ejemplo rotuno de esa actitud es la lucha por lograr que se elimine el plomo de los combustibles, un aditivo con probados efectos negativos en la salud humana.
La presión de los ambientalistas logró el apoyo de profesionales de la medicina, y con el paso de los años desembocó en eliminar ese aditivo de los combustibles para automóviles. Esa eliminación no desembocó en el colapso de ninguna industria, ni miles de personas perdieron sus puestos de trabajo. La única caída fue justamente de los niveles de plomo en la sangre de los niños.
Otro de los temas es el de los refrigeradores que los ambientalistas se basan en las campañas que promueven el cambio de los gases de enfriamiento. Es sabido que los gases usados en los modelos convencionales tienen un efecto muy negativo en la capa de ozono, la que protege de la radiación ultravioleta. Las demandas por abandonar los viejos gases refrigerantes tuvieron la oposición de los defensores del progreso convencional, de la industria de los electrodomésticos y hasta de sindicatos. Pero finalmente triunfó una nueva tecnología que aprovecha gases que no dañan la capa de ozono. Esa reconversión está en marcha en muchos países, y es evidente que no se han dejado de fabricar refrigeradores.
Otro de los argumentos contra los ambientalistas es que solo se preocupan por el ambiente, y no les importa las fuentes de ingreso que la gente necesita. En ese terreno también hay ejemplos donde un manejo correcto del ambiente en realidad genera más ingresos a las comunidades locales.

Por último, es importante resaltar que la protección del ambiente por la que luchan los ambientalistas redunda en protección de la sociedad en su conjunto.

Tenidas en cuentas todas estas acciones queda claro que los ambientalistas no tiene un dogmatismo antitecnológico. En realidad, los ambientalistas evalúan los efectos de las tecnologías, y no se dejan engañar por la propaganda o el dogmatismo. Algunas apuestas tecnológicas sirven para mejorar la calidad de vida, pero otras no, y eso es justamente lo que se debe analizar. Por lo tanto nadie puede afirmar que en esta visión del mundo se postula un regreso a la edad de piedra, como se escucha en más de un ámbito.

Este nicho donde habitan los ecologistas y ambientalistas tiene su razón de ser en el ser humano mismo y sus particulares formas de ver la vida, el desarrollo y el futuro. Porque el que alguien se vuelva ambientalista está en función al grado de conocimiento que va adquiriendo sobre las interacciones entre el hombre y la naturaleza. Esa relación es la clave. Por ello muchos defensores del maltrato al ambiente se empeñan en seguir manteniendo en la ignorancia a la población, para que no piense y no razone, para que no llegue a conclusiones que lo harán defensor de la vida.

Lamentablemente existe un contradictorio sistema de valores entre muchos seres humanos que se dicen ambientalistas para las ideas y opiniones, pero productivistas para las acciones prácticas, sin que exista ese compromiso real a favor de la conservación de los ecosistemas. Más bien terminan aceptando que es inevitable la destrucción ecológica para lograr el desarrollo. Es decir, se desea la preservación del ambiente, pero sin un compromiso ni responsabilidad con su comportamiento cotidiano conservacionista y reparador. Es como decir ...Sí, pero no... o pecar y rezar para empatar.

Hoy y en el futuro tenemos la obligación de compatibilizar ese dilema generando una nueva cultura que supere la desconexión radical entre el afán destructor y devorador que tenemos principalmente en las ciudades, con las crisis socio-ecológicas que hoy contaminan no sólo el aire, agua y suelos, sino que también constituyen una amenaza creciente a la vida y bienestar de todos nosotros, los seres humanos.

Los ambientalistas han cumplido y debe seguir cumpliendo un papel clave en la sociedad. Sus acciones han mejorado la calidad de vida de mucha gente en todo el mundo, y una de sus contribuciones más importantes ha sido promover, y en muchos casos obligar, a buscar nuevas tecnologías que sirvan a las personas y al ambiente. No sólo para satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sino para asegurar las necesidades de las futuras generaciones.


EL PROBLEMA DE LA POLÍTICA AMBIENTAL

Por Cristian Frers

La protección del ambiente es esencial para la calidad de vida de las generaciones actuales y futuras. El reto radica en combinarla con un crecimiento económico continuado de manera sostenible a largo plazo. La política ambiental se funda en la creencia de que unas normas ambientales rigurosas estimulan las oportunidades de innovación y negocio. Existe una estrecha interrelación entre las políticas económicas, sociales y medioambientales.

Hace apenas unas décadas atrás, el ambiente no formaba parte de las principales preocupaciones de la humanidad. Hoy en día, por suerte, en cambio la conciencia de que el ambiente en el que vivimos no es un recurso inagotable e invulnerable se está instalando en la cultura de las sociedades actuales y en la agenda pública de los estados. Sin embargo, la gestión de las políticas ambientales se halla aún en pañales frente a los urgentes desafíos de las próximas décadas en las que no es aventurado suponer que asistiremos a una profunda reconversión ambiental del desarrollo y la política.

En la Argentina, a la nación le compete todo lo que sea referido a implementar la política ambiental, a la prevención, la evaluación del impacto, aspectos económicos, educación, autoridad policial. Pero debe ser concertado. Solo el acuerdo interjuridiccional llevará a la solución.

Podemos tomar como ejemplo: La prevención. Ya que está, en la política de protección ambiental contemporánea, es uno de los principios aceptados por gobiernos y entidades internacionales como principio rector de la política ambiental; proporciona una guía sobre cómo intervenir en los sistemas ambientales de manera menos perjudicial y es una herramienta para definir las decisiones políticas que afectan al medio ambiente. Asimismo, actua sobre una línea que atraviesa diferentes disciplinas y hace foco sobre la calidad de vida de los ciudadanos presentes y futuros.

El Gobierno Nacional debe jerarquizar la autoridad ambiental nacional mediante la creación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable, con competencia efectiva y protagonismo en todos los temas con implicancias ambientales.

Además, el Gobierno Nacional debe dar:

-Un impulso prioritario a una política y normativa sobre ordenamiento ambiental territorial, hoy ausente; siendo sustancial para la construcción social, democrática y federal.

-Impulsar la urgente sanción de una Ley de Presupuestos Mínimos de Evaluación de Impacto Ambiental, que establezca instancias obligatorias de consulta y participación ciudadana y de acceso a la información pública.

-Impulsar la sanción de una ley que determine un proceso de reconversión de la industria en funcionamiento en Argentina, incorporando las tecnologías más limpias existentes en la actualidad, así como una estrategia que asegure la viabilidad económica de la transformación de este sector y criterios de producción sustentables.

Es importante tener en cuenta que la elaboración de una política ambiental regional satisface importantes necesidades para todos los sectores de la vida local.

Ella demanda, que cada comunidad regional haga un balance ambiental sobre el proceso histórico de desarrollo regional. También exige elaborar un diagnóstico actualizado, definiendo cómo esa realidad ambiental es afectada hoy por su entorno económico, social, cultural, institucional, nacional e internacional. Cada región muestra una realidad ambiental específica, en sus recursos naturales y potencialidades, en la diversidad y magnitud de los problemas que debe enfrentar, en las capacidades y compromisos de sus instituciones y en la población, entre otras. Asimismo, la política obliga a cada comunidad regional a revisar sus desafíos futuros y priorizarlos, establecer plazos para su cumplimiento, definir los recursos necesarios y las responsabilidades que corresponden a cada sector como: público, privado, académico, gremios, organizaciones de base y de los ciudadanos en general, como también señalar aquellas tareas que requieren el concurso de diversos actores de la región.

La realidad ambiental de la región va cambiando día a día, por: el impacto del crecimiento demográfico o económico, la introducción de nuevas tecnologías o las pautas de comportamiento de la población. También pueden cambiar los recursos de que disponen las autoridades y la población para enfrentar los retos ambientales. Todo lo dicho obliga a considerar la política como un instrumento esencialmente dinámico que debe ser actualizado periódicamente para adecuarla a las nuevas realidades.

Muchas veces la falta de coordinación y de planificación de las acciones de los gobiernos han derivado en una total ineficacia de sus políticas, y han significado, en las cuestiones ambiente y de infraestructura, la necesidad de volver al principio, a cero. Por ejemplo, las muy pocas veces que se han establecido medidas anticontaminación de los cursos de agua, se acciona contra diversas empresas, pero no se tienen en cuenta los basureros a cielo abierto, que siempre se encuentran a la vera de los ríos, o se vierten líquidos cloacales sin tratamiento alguno, o simplemente se fugan efluentes con la complicidad de ciertos funcionarios que hacen la vista gorda. Las políticas ambientales, sobre todo aquellas dirigidas a frenar el daño que causa la contaminación deben ser a todo o nada, es decir que si se emprende una campaña no se pueden dejar fisuras o empezar por pequeñeces. No sirve llevar a los jardines de infantes a juntar papelitos, mientras se deja que una poderosa industria desvíe su efluente contaminante de la planta de tratamiento. No es eficiente hacer un llamado a la adhesión voluntaria a un plan de producción limpia, al que acudirán los que siempre colaboran, pues aquellos a quienes la producción limpia no les interesa seguirán contaminando libremente.

Creo indudablemente que la ciudad de Carmen de Areco, en la provincia de Buenos Aires, debe formular políticas activas en relación al ambiente, generando nuevas posibilidades en su territorio y actuando en apoyo de las iniciativas privadas y del Estado.
Como un paso efectivo en esa dirección, el municipio debe modificar sus reglamentaciones acerca de la problemática ambiental, buscando adecuarlas al panorama de nuevas posibilidades de reactivación económica y de pleno empleo que se impulsa desde el Gobierno Nacional, sin que ello apunte en el sentido de deteriorar el  ambiente en el territorio de la ciudad de Carmen de Areco, sino siguiendo los lineamientos de preservación y cuidado ambiental, como parte precisamente de los propósitos de hacer de esta ciudad un lugar privilegiado para el desarrollo de nuevos emprendimientos productivos.

Es necesario para esto:

1)- Cumplir plenamente con la letra y el espíritu de las leyes y regulaciones ambientales aplicables.

2)      Participar de manera pro activa en la planificación y reforma de los requerimientos ambientales para asegurar su costo-efectividad, racionabilidad y realización.

3)      Proteger y manejar los recursos como el suelo, agua y vida salvaje de una manera segura para el medio ambiente.

4)      Monitorear regularmente el desempeño ambiental a través de rigurosas evaluaciones.

5)      Brindar soporte profesional, asesoramiento, servicios y recursos para asegurar que se logren, eficientemente, los objetivos ambientales.

6)      Trabajar en cooperación, con otros, para forjar objetivos comunes para el ambiente.

7)      Comunicar y hacer cumplir esta política en todos los sectores. 

Sería importante lograr un Acuerdo Marco a nivel Municipal, Provincial y Nacional. Este acuerdo marco daría, en su momento, lugar a negociaciones para convenir regulaciones sectoriales propias de las necesidades y singularidades de cada región y de cada caso, teniendo en cuenta el beneficio común de la preservación de la calidad del ambiente en todos sus aspectos. Sus términos conducirían a la seguridad ecológica colectiva en el país y a un desarrollo social justo y equitativo.


EL PROBLEMA DE LOS BOSQUES

 Por Cristian Frers

 

Los bosques constituyen uno de los ecosistemas más valiosos del mundo. Contienen más del sesenta por ciento de la biodiversidad del planeta que, además de su valor intrínseco, tiene otros múltiples valores sociales y económicos: desde las importantes funciones ecológicas del bosque en términos de protección del suelo y de las cuencas, hasta el valor económico pecuniario y no pecuniario de los numerosos productos que pueden extraerse del bosque. De los bosques no solo obtenemos una serie de bienes y servicios indispensables para nuestra supervivencia como: alimentos vegetales y animales, maderas, medicamentos y muchos productos más. Los bosques juegan un papel fundamental en la regulación climática, el mantenimiento de las fuentes y caudales de agua y la conservación de los suelos. Por ello, las selvas y demás bosques son posiblemente el patrimonio natural más importante pero también el más amenazado y depredado por la mano del hombre.

Cuando se elimina un bosque y el terreno es destinado, por ejemplo, a la explotación agrícola o ganadera, disminuye en gran medida la capacidad de la superficie terrestre para controlar su propio clima y composición química.

Una de las mayores amenazas para la vida del hombre en la Tierra es la deforestación. Desnudar el planeta de sus bosques y de otros ecosistemas como de su suelo, tiene un efecto similar al de quemar la piel de un ser humano. Los bosques ayudan a mantener el equilibrio ecológico y la biodiversidad, limitan la erosión en las cuencas hidrográficas e influyen en las variaciones del tiempo y en el clima. Asimismo, abastecen a las comunidades rurales de diversos productos, como la madera, alimentos, combustible, forrajes, fibras o fertilizantes orgánicos.

La deforestación no es un proceso reciente en Argentina. Desde hace tiempo nuestros ecosistemas forestales comenzaron a recibir la presión humana debido a la extracción de madera para distintos usos. Esta tendencia se ha profundizado en los últimos años debido al avance de la frontera agrícola.
Al mismo tiempo, los argentinos comenzamos a percibir que éste es un problema grave.

Un informe revela que Argentina pierde 250 mil hectáreas de bosques cada año, y que las norteñas provincias de Salta y Chaco son las más afectadas por la tala indiscriminada.
Según indica este documento, la deforestación es un proceso con impactos gravísimos que se ha profundizado en los últimos años, principalmente a raíz del avance de la frontera agrícola.
Recién en los últimos años comenzamos a darnos cuenta que éste es un problema realmente grave.
De acuerdo a las estadísticas, en el 2002 se estimaba que Argentina contaba con 33 millones de hectáreas de bosque, y desde esa fecha se están perdiendo anualmente unas 250 mil hectáreas.
Los ambientalistas no dudan en calificar esta pérdida de contundente, y afirman que en algunas regiones específicas la deforestación avanza a ritmos aún más acelerados.
Según este estudio, en la denominada región del Chaco Seco el 70 % de los bosques nativos fue eliminado, en beneficio de la producción agrícola.
Otra región que se encuentra especialmente amenazada por las empresas madereras es la selva de las Yungas, que comprende también territorios de las provincias de Salta, Jujuy y Tucumán, constituyendo una de las zonas más ricas en biodiversidad del continente americano.
El informe asegura que estos impactos sobre el ambiente explican los más recientes desastres naturales que han afectado a varias provincias argentinas: grandes sequías, inundaciones y aumentos sin precedentes en los niveles de contaminación.

Las causas de la deforestación se pueden dividir en dos, las causas directas y las causas indirectas.

Entre las principales causas directas están:

1)      La explotación maderera de los bosques. El madereo, cuando se lleva a cabo con fines industriales, se realiza a gran escala, convirtiéndose en una de las principales causas de la deforestación a nivel mundial.

2)      La sustitución de los bosques para la agricultura y la ganadería. El suelo de los bosques es un suelo pobre para dichas practicas, por lo que a los pocos años se convierte en una tierra totalmente degradada.

3)      La urbanización.

4)      La minería y la actividad petrolera.

5)      La construcción de infraestructuras, represas hidroeléctricas donde se inundan áreas boscosas, carreteras, entre otras.

6)       Los incendios forestales.

7)      La lluvia ácida .

Las causas indirectas son aquellas que hacen que las causas directas existan. Algunas de ellas son:

A)    Los modelos de producción y consumo, que originan una gran demanda de madera, principalmente en los países desarrollados.

B)     Malas políticas económicas y sociales, algunas de las cuales fomentan la sustitución de los bosques por la agricultura y ganadería a gran escala con el fin de abastecer el mercado internacional, y otras en cambio fuerzan a muchos campesinos pobres a destruir el bosque para poder cultivar la tierra y sobrevivir.

C)     La industrialización incontrolada que provoca contaminación y ocasiona las lluvias ácidas.

 Las consecuencias de la deforestación son completamente negativas desde todo punto de vista.
La deforestación implica la desaparición de especies animales y vegetales, debido a la perdida de su hábitat. Incide negativamente en la conservación del agua, originando inundaciones o sequías. Provoca la erosión del suelo, así como también el aumento de su temperatura. Como consecuencia se rompe el equilibrio ecológico. Todo esto perjudica a las poblaciones cercanas y a actividades como la agricultura, la ganadería y la pesca.
También ocasiona un desequilibrio en el ciclo hidrológico y en el clima global. El efecto invernadero aumenta con la deforestación, ya que por un lado, disminuye la cantidad de árboles disponibles para captar el dióxido de carbono de la atmósfera, y por otro, los bosques al ser incendiados o cortados liberan el carbono que ya tienen acumulado en forma de dióxido de carbono, así, la concentración en la atmósfera de este compuesto aumenta, siendo el que más contribuye al efecto invernadero. Se estima que la deforestación constituye un tercio de todo el dióxido de carbono que la actividad humana libera a la atmósfera. Deforestación y cambios climáticos están, pues, íntimamente relacionados.
Desde el punto de vista social y cultural, para los pueblos y comunidades indígenas que habitan y dependen de los bosques, la deforestación significa la pérdida de su fuente de supervivencia, y trae consigo la desnutrición, el aumento de enfermedades, la emigración y hasta la posible desaparición de la propia comunidad.

Los programas forestales de cada país deben hacer partícipes a todos los interesados e integrar la conservación y el uso sostenible de los recursos biológicos. Asimismo, las capacidades nacionales de investigación forestal deben mejorarse y crear una red para facilitar el intercambio de información, fomentar la investigación y dar a conocer los resultados de las distintas disciplinas. Es necesario llevar a cabo estudios que analicen las causas de la deforestación y degradación ambiental en cada país, y debe fomentarse la cooperación en temas de transferencia de tecnología relacionada con los bosques, tanto Norte-Sur como Sur-Sur, mediante inversiones públicas y privadas, empresas mixtas, entre otras. Por otro lado, se requieren las mejores tecnologías de evaluación para obtener estimaciones fidedignas de todos los servicios y bienes forestales, en especial los que son objeto de comercio general. Mejorar el acceso al mercado de los bienes y servicios forestales con la reducción de obstáculos arancelarios y no arancelarios al comercio, constituye otra de las vías posibles, así como la necesidad de hacer un uso más efectivo de los mecanismos financieros existentes, para generar nuevos recursos de financiación a nivel nacional como internacional. Las políticas inversoras deben tener como finalidad atraer las inversiones nacionales, de las comunidades locales y extranjeras para las industrias sostenibles de base forestal, la reforestación, la conservación y la protección de los bosques.


ESTUDIANDO LA FACTIBILIDAD DEL HIDRÓGENO COMO ENERGÍA

Por Cristian Frers

La tecnología del hidrógeno puede ser una de las alternativas energéticas al petróleo que permita sortear los problemas ambientales que plantea el actual uso de combustibles fósiles, que es insostenible, pero sólo en el plazo de varias décadas, y a condición de que se invierta masivamente desde ahora.

Históricamente y desde hace algo más de doscientos años, el manejo por parte del hombre de formas de energía de mayor densidad que la leña, como el carbón, luego el petróleo y ahora el gas natural han brindado junto a la tecnología de conversión del calor en trabajo mecánico y electricidad, aquellas otras tecnologías que facilitan y permiten acceder a superiores servicios de transporte, fuerza motriz, comunicaciones, confort en el hogar y perfeccionamiento del comercio.

El conjunto de tecnologías especialmente desarrolladas en el siglo XX, ha elevado el nivel de consumo de energía per capita en la mayoría de los países. Ese parámetro se toma como sinónimo de bienestar.

También, esa mayor cantidad de energía permite incrementar la producción de alimentos, considerando que el riego y los fertilizantes son en buena medida el resultado del dominio energético dentro del bagaje cultural evolutivo de la humanidad, hechos que han posibilitado el incremento vertiginoso de la población global. Toda esta bonanza que parecía orientada hacia un destino continuo y mejor, colapsa y resulta inconveniente para el interés común.

Afortunadamente, el ingenio humano, impulsado muchas veces por la necesidad de encontrar alternativas, logrará en las fuentes renovables directas o derivadas del sol, como el viento, la hidráulica, la geotermia y la biomasa el recurso energético primario que le permita mantener el consumo per capita e incluir al tercio de población mundial, hoy todavía carente de servicios energéticos. Esto permitiría que el hombre no sea dependiente exclusivo de la tracción a sangre o la leña, cuando se tiene, empleada directamente como fuente de calor.

Así, aparece el hidrógeno, elemento en estado gaseoso en condiciones ambientales normales, pero que es factible de almacenamiento, transporte y distribución, lo que permite su aplicación a cualquier segmento de la demanda.

El hidrógeno fue descubierto por el científico británico Henry  Cavendish, en 1776, quién informó de un experimento en el que había obtenido agua a partir de la combinación de oxígeno e hidrógeno, con la ayuda de una chispa eléctrica. Como esto elementos, no eran conocidos los denomino “aire sustentador de la vida” y “aire inflamable” respectivamente. El químico francés Antoine Lauren Lavoisier consiguió repetir con éxito el experimento en 1785 y dio el nombre de oxígeno al “aire sustentador de la vida” y el de hidrógeno al “aire inflamable”.

El hidrógeno es el elemento más ligero, más básico y más ubicuo del universo. Cuando se utiliza como fuente de energía, se convierte en el combustible eterno. Nunca se termina y, como no contiene un solo átomo de carbono, no emite dióxido de carbono. El hidrógeno se encuentra repartido por todo el planeta: en el agua, en los combustibles fósiles y en los seres vivos. Sin embargo, raramente aparece en estado libre en la naturaleza, sino que tiene que ser extraído de fuentes naturales.

El hidrógeno es un elemento químico que contiene energía y que puede ser almacenado en forma líquida o gaseosa. Es 14 veces más ligero que el aire, incoloro, inodoro y no tóxico, ya que su único producto luego de la combustión es agua.

El hidrógeno no es fuente primaria de energía, no es un combustible que podamos extraer directamente de la tierra como el gas natural.

La fuente más común de hidrógeno es el agua. Se obtiene por la descomposición química del agua en oxígeno e hidrógeno partir de la acción de una corriente eléctrica (electrólisis) generada por fuentes de energía renovable (solar fotovoltaica, eólica, etc.). Este proceso divide el agua, produciendo oxígeno puro e hidrógeno.

El hidrógeno obtenido puede ser comprimido y almacenado en celdas por varios meses hasta que se lo necesite. El hidrógeno representa energía almacenada, se puede quemar como cualquier combustible para producir calor, impulsar un motor, o producir electricidad en una turbina.

¿Que pasaría si todos los vehículos obtuvieran de repente su energía a partir de células de combustible basadas en el hidrógeno?

Distintos estudios sostienen que tal conversión mejoraría la calidad del aire, la salud humana y el clima, sobre todo si se utilizara el viento en la generación de la electricidad necesaria para extraer el hidrógeno del agua en un proceso sin contaminación.

De forma semejante a cómo se bombea el gas en tanques, el hidrógeno se bombearía en células de combustible que se basan en procesos químicos y no en la combustión, para impulsar los vehículos. Cuando el hidrógeno fluye a través de los compartimientos de la célula de combustible, reacciona con el oxígeno para producir agua y energía.

Tal conversión podría evitar anualmente millones de casos de enfermedades respiratorias y decenas de miles de casos de hospitalización.

La conversión de todos los vehículos actuales en vehículos alimentados por células de combustible recargadas por el viento, podría hacerse a un costo de combustible comparable con el de la gasolina, e incluso menor si se consideran los efectos de la gasolina sobre la salud.

Las ventajas de utilizar el hidrógeno como energía son:

-No produce contaminación ni consume recursos naturales: El hidrógeno se toma del agua y luego se oxida y se devuelve al agua. No hay productos secundarios ni tóxicos de ningún tipo que puedan producirse en este proceso.

-Seguridad: Los sistemas de hidrógeno tienen una historia de seguridad muy impresionante. En muchos casos, el hidrógeno es más seguro que el combustible que está siendo reemplazado. Además de disiparse rápidamente en la atmósfera si se fuga, el hidrógeno, en contraste con los otros combustibles, no es tóxico en absoluto.

-Alta eficiencia: Las celdas de combustible convierten la energía química directamente a electricidad con mayor eficiencia que ningún otro sistema de energía.

-Funcionamiento silencioso: En funcionamiento normal, la celda de combustible es casi absolutamente silenciosa.

-Larga vida y poco mantenimiento: Aunque las celdas de combustible todavía no han comprobado la extensión de su vida útil, probablamente tendrán una vida significativamente más larga que las máquinas que reemplacen.

-Modularidad: Se puede elaborar las celdas de combustible en cualquier tamaño, tan pequeñas como para impulsar una carretilla de golf o tan grandes como para generar energía para una comunidad entera. Esta modularidad permite aumentar la energía de los sistemas según los crecimientos de la demanda energética, reduciendo drásticamente los costos iniciales. 

Lo novedoso de esta tecnología es que la producción de hidrógeno es realizada a partir de fuentes de energías renovables.

La economía del hidrógeno posibilita una enorme redistribución del poder, con consecuencias trascendentales para la sociedad. El hidrógeno tiene el potencial de poner fin a la dependencia que el mundo tiene del petróleo importado y de ayudar a eliminar el peligroso juego geopolítico que se está dando entre los países musulmanes y los países occidentales. Reducirá drásticamente las emisiones de dióxido de carbono y mitigará los efectos del calentamiento global. Y dado que es tan abundante y existe en todas las partes del mundo, todos los seres humanos dispondrán de energía.

No desarrollar en la Argentina una tecnología nacional para el manejo del hidrógeno sería equivalente a una dependencia como la que nuestro país tuvo hacia finales del siglo XIX con la importación de carbón, que superaba el millón de toneladas para poder hacer funcionar las locomotoras y el ferrocarril. Situación que se repitió a principios del siglo XX con la dependencia de los combustibles derivados del petróleo. El caso más patético ocurrió

cuando el General Enrique Mosconi buscaba asegurar el abastecimiento de carburante para los aviones que conformaban nuestra incipiente aviación. En aquel momento, 1922, las condiciones exigidas por uno de los gigantes petroleros que monopolizaban la venta de naftas impulsó, por iniciativa del General Mosconi, a que nuestro país encarara una Industria Nacional de Hidrocarburos. Buena parte del resto es historia

En la búsqueda de una fuente de energía más limpia, la culminación debe ser el hidrógeno mismo; hoy se están desarrollando tecnologías para hacer esto realidad. El hidrógeno tiene el potencial de ser utilizado en prácticamente todas las aplicaciones donde actualmente se utiliza combustible fósil, por lo que podríamos alcanzar pronto una economía de hidrógeno.

Nos hallamos en el vértice de una nueva época histórica en la que todas las posibilidades se mantienen abiertas. El hidrógeno, la materia misma de las que están hechas las estrellas como nuestro sol, esta comenzando a ser controlado por el ingenio humano y aprovechado para fines humanos. Proyectar la ruta adecuada al comienzo del viaje es esencial si queremos convertir la gran promesa de una era del hidrógeno en una realidad viable para nuestro hijos y en un valioso legado para las generaciones que vendrán atrás nuestro.


EVALUACIÓN DE IMPACTO AMBIENTAL

En que consiste la Evaluación de Impacto ambiental

Por Cristian Frers

En la actualidad, uno de los desafíos más importantes que enfrentan los gobiernos municipales, es el del diseño e implementación de políticas que compatibilicen el desarrollo económico y social del municipio, con los principios rectores de protección y preservación del ambiente que exige la sociedad moderna.

Para resolver adecuadamente esta cuestión, se requiere disponer de una visión global de la problemática ambiental del municipio y de sus perspectivas futuras, que permita establecer una adecuada política de gestión ambiental, tendiente a lograr el objetivo final, que es el desarrollo sostenido y sustentable de la zona.

La gestión de impacto ambiental pretende reducir al mínimo nuestras intromisiones, elevar al máximo las posibilidades de supervivencia de todas las formas de vida, por muy pequeñas e insignificantes que resulten desde nuestro punto de vista, y no por una especie de magnanimidad por las criaturas más débiles, sino por verdadera humildad intelectual, por reconocer que no sabemos realmente lo que la perdida de cualquier especie viviente puede significar para el equilibrio biológico.

La Evaluación de Impacto Ambiental es uno de los instrumentos preventivos de gestión que permite que las políticas ambientales puedan ser aplicadas y más aún, cuida que ellas se incluyan tempranamente en el proceso de desarrollo y de toma de decisiones. Por ende, evalúa y corrige las acciones humanas y evita, mitiga o compensa sus eventuales impactos ambientales negativos.

Este estudio permiten documentar todo el análisis de los impactos ambientales de una acción determinada como de las diferentes alternativas para su implementación, las medidas de mitigación y/o compensación, y los planes de seguimiento, monitoreo y control. Además, constituyen la fuente de la información primordial para aquellas instituciones que deberán pronunciarse acerca de una acción propuesta. Por otra parte, un estudio de impacto ambiental es un conjunto de estudios técnicocientíficos, sistemáticos, interrelacionados entre sí, cuyo objetivo es la identificación, predicción y evaluación de los efectos positivos o negativos que puede producir una o un conjunto de acciones de origen humano sobre el ambiente físico, biológico o humano. La información entregada por el estudio debe permitir llegar a conclusiones sobre los efectos que puede producir la instalación y desarrollo de una acción o proyecto sobre su entorno, establecer las medidas a implementar para mitigar y monitorear los impactos, y proponer los planes de contingencia necesarios.

Un proceso de evaluación de impacto ambiental presenta un conjunto de ventajas que deben ser respetadas e incluidas, y que lo hacen un instrumento apropiado para lograr una adecuada protección ambiental. Al ser incluida en la toma de decisiones acerca de una acción determinada se incorporan variables que de otra manera no son consideradas. Tradicionalmente, las decisiones se han realizado sobre la base de los costos económicos inmediatos, la rentabilidad y las necesidades a corto plazo, entre otros. Sin embargo, se reconoce que éstas deben considerar las relaciones de interdependencia hombre-naturaleza, el uso racional de los recursos y, en definitiva, la sustentabilidad de las acciones humanas.
En este sentido, incorporar un proceso de evaluación de impacto ambiental a la gestión de una acción propuesta complementa las decisiones, permitiendo que ellas sean transparentes, informadas y consensuada que debe seguir los siguientes requisitos:

1)      Corresponder a las tareas propias del gobierno y no restar espacio a la comunidad o al sector privado.

2)      Estar integrada con otras políticas en un programa consistente, jerarquizado y financiable.

3)      Clarificar las responsabilidades del sector público, pero que también abra la participación de la comunidad y del sector privado en un muy vasto número de temas.

4)      Tener la gestión más adecuada a su propósito, estableciendo mayores responsabilidades en los ejecutores, sumando a mayor transperencia y responsabilidad.

5)      Ser objeto de controles internos y externos en forma clara y rápida.

6)      Ser evaluada en todos los casos.

7)      Permitir una fluida comunicación del sector público con la comunidad, en cada una de las etapas. 

El término evaluación de impacto ambiental es reservado en la actualidad a aquellos estudios referidos a determinadas etapas de la vida de la empresa o emprendimiento, como son su emplazamiento o instalación, pues habitualmente es necesaria para la obtención de autorizaciones de funcionamiento, y por lo tanto, previa al funcionamiento de la empresa.

Estos estudio son actualmente solicitados para la realización del procedimiento administrativo de Evaluación de Impacto Ambiental. A su vez, la realización de dichos estudios, se ha convertido en una modalidad adoptada frecuentemente, como parte del procedimiento administrativo para la toma de decisiones, en relación con actividades productivas en funcionamiento o para la aprobación de proyectos o planes de inversión para la instalación y funcionamiento de las actividades de producción y/o de servicios, así como para la construcción de edificios y habilitaciones de diversas actividades comerciales e industriales, entre otras actividades.

Antes de empezar determinadas obras públicas o proyectos o actividades que pueden producir impactos importantes en el ambiente, la legislación obliga a hacer una Evaluación del Impacto Ambiental que producirán si se llevan a cabo. La finalidad de los estudios es identificar, predecir e interpretar los impactos que esa actividad producirá si es ejecutada.

Se denomina impacto ambiental a las consecuencias provocadas por cualquier acción que modifique las condiciones de subsistencia o de sustentabilidad de un ecosistema, parte de él o de los individuos que lo componen. No existe una valoración cuantitativa universalmente aceptada para determinar el grado de afectación de un impacto, salvo aquellos casos en que la acción que lo provoca está asociada a una cantidad mensurable; Por ejemplo, la concentración de un determinado contaminante en el agua.

Sabemos que la provisión de agua potable para el consumo de la población, así como el suministro de ese elemento a las industrias y establecimientos que la requieran, es una de las mayores responsabilidades de las autoridades de los municipios.

La alta contaminación detectada en las napas proveedoras de agua de la mayoría de las ciudades de nuestro país, así como la de los cursos de aguas superficiales, ocasionada fundamentalmente por la falta de servicios adecuados en las concentraciones humanas y por la actividad industrial marginada del cumplimiento de las normas ambientales, determina que los municipios deban reforzar el control de la calidad de las aguas de consumo humano

Uno de los propósitos básicos de la evaluación de impacto ambiental es prever que un proyecto no provoque impactos ambientales significativos que afecten las variables ambientales por encima de lo que la sociedad ha acordado proteger. Para hacer viable este propósito es indispensable contar con un marco legal adecuado, en el que consten las políticas y la legislación para la protección del ambiente, a las que tiene que adecuarse el proyecto o acción.

En la evaluación de impacto ambiental, el mayor problema para la aplicación eficiente de este instrumento reside en el bajo nivel de cumplimiento y efectividad de los planes de manejo ambiental, en buena parte por la debilidad de los mecanismos de seguimiento y control y la aplicación oportuna de medidas correctivas.

 

(*) Cristian Frers: Técnico Superior en Gestión Ambiental. Técnico Superior en Comunicación Social.

 

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