En
épocas de mi bisabuela, los hijos eran de la mujer, que
debía parirlos y criarlos, mientras su marido trabajaba todo
el día, y luego él se iba al bar de la esquina a jugar al
billar o al truco con sus amigos, y cuando
volvía a casa sus críos los trataban de usted.
En
los años 60 y 70, los pediatras y obstetras comenzaron a enseñarle
al varón que cuando su esposa quedaba encinta ambos
estaban embarazados, y que él era co-protagonista
en todo este proceso, y después del nacimiento también, y de
por vida.
Los
cambios sociales y culturales dieron origen a una nueva clase
de padres comprometidos, para los cuales la función paterna
dejó de ser sólo la del proveedor del dinero y de la Ley,
como dicen los libros.
Y
así aparecieron los cultores de la paternidad
responsable.
Fueron
aquellos hombres que tuvieron que hacer de tripas corazón
y participar del parto ayudando a la futura mamá, y se
animaron a cortar el cordón umbilical y a dar el primer bañito
a sus bebés. Aprendieron a cambiar pañales, a preparar
biberones y papillas y a consolar al lactante de noche, si se
le ocurría llorar cada tres horas. Se animaron a susurrar el “arrorró
mi nene”, o despertarlos con aquella otra canción que
decía que el gallo Pinto se durmió y esta mañana no cantó.
En síntesis, se dieron cuenta que ese “trabajo”
que le asignaban era un placer que se habían perdido de
disfrutar durante generaciones, y que el concepto de
masculinidad había dado una vuelta de página irreversible.
En los 80 ya era común ver a muchos papás en reuniones de
colegio, o cargando a sus hijos en colectivos o llevándolos
en el cochecito de un lado para otro.Y cocinaban y les
leían cuentos de las buenas noches, mientras su mujer
estudiaba en la facultad.
Se
formó así una nueva raza de machos enamorados de sus hijos,
que habían re-significado la palabra familia, y revalorizado
el vínculo paterno-filial,cicatrizando tal vez con ello, sus propias heridas de
la infancia.
Muchos
integrantes de esa nueva clase de padres debieron luego
soportar el duelo terrible de la separación de sus hijos en
el momento del divorcio. Ningún film relata mejor que Mrs.
Doubtfire (Papá Por Siempre) el drama y el sentir de un
hombre al tener que interrumpir la convivencia con sus hijos,
por separarse de su mujer.
Y
llegamos al 2006,época en la que, creo,el gran drama lo sufren los locos bajitos, que son como
Pokemon, un ídolo de animación, para algunos papis y mamis
que padecen el Síndrome de Peter Pan.
Sí.
Muchos jóvenes tienen descendencia porque hacen el amor sin
cuidarse, y después no saben qué hacer con el paquete. Allí
entran en acción abuelas, tías, maestras y vecinas
generosas, que crían a esos niños porque sus padresy madres virtuales están ocupándose full-time
de su autorrealización constante, con los ojos clavados en el
ombligo, luchando desaforadamente para que la Nada que
los esperaparezca
injusta.
CELOSOS
Y CELADOS ANÓNIMOS
TALLER
DE REFLEXIÓN
SOBRE
LOS CELOSEN LOS VÍNCULOS COTIDIANOS.
cinco
encuentros a partir del miércoles 10 de mayo a las 19 horas
los
miércoles de 19 a 21
DESTINATARIOS:
CELOSOS Y CELADOS, SOLOS/ASO PAREJAS.
A
CARGO DE
LUIS
BUERO
(PSICÓLOGO
SOCIAL)
ENTRADA
LIBRE
LA
TEVE DE UN MUNDO INSEGURO
Por
Luis Buero
¡No
olviden el pochoclo y el algodón!Desde hace tiempo tenemos en pantalla necropsias
reveladoras, y en poco tiempo disfrutaremos de unciclo de crímenes irresueltos donde veremos las fotos
de restos humanos descompuestos en la bañera, en los pozos
ciegos y en una alguna cañería de agua tapada.
Y
aunque los sobrinos del Tío Sam duden que a Kennedy lo haya
matado Oswald, en la pantalla nos siguen convenciendo en
excelentes ficciones y documentales,que ellos con un pelito de ameba del cuerpo del occiso
averiguan hasta la dirección de la maestra de primaria del
bastardo que lo asesinó. Aunque aquí también filmamos
forenses piolas en tevé, que nos transmiten las voces de
hematomas y cuchilladas, ya que como ellos dicen, el cadáver
habla.
Pero,
como si nos faltaran achuras y chinchulines de víctimas de
los crímenes criollos y foráneos, también se han agregado
los realities que compiten con las versiones
extranjeras de cirugías y reconstrucciones de rostros y otras
partes del cuerpo. Nos sorprenden con operaciones de cambio de
sexo en vivo y en directo, rostros con atrofia musculary labio leporino que se abren al ojo de la cámara para
que veamos cómo un bisturí los transforma en segundos. Y eso
no es todo, también nos proveen series en las cuales las
protagonistas charlan con los muertos, cuyos fantasmas vuelven
a la Tierra a reconciliarse con los seres queridos y saldan
todas las cuentas pendientes hasta que una luz divina se las
lleva.
Tengo
la imprecisa alucinación de que cada vez que los Estados
Unidos padecen un presidente belicista, de esos que exportan
guerras o hacen que su gente esté en peligro de sufrirlas en
su territorio, aparecen (mágicamente) programas y películas
que nos ayudan a digerir el antes, el durante y el después
de una conflagración mundial. Y no me refiero a una
propaganda directa que nos muestre que los rusos, latinos,
vietnamitas, negrosyárabes son los malos. Si no a algo más subliminal
aún, como si nos dijeran: “no
es tan impresionante ver un tipo estropeado por un misil,y si se va para el otro lado, no te preocupes que
alguna médium lo comunica con el presente y viene cuando se
le canta”.
En
la película EL ESPÍRITU DE LA COLMENA, de Víctor Erice, se
muestra un pueblo pequeño, perdido en la meseta española en
1940 al cuál llega como estreno la película Frankenstein.
En el desvencijado salón donde se exhibe el film, entre el
público, hay dos niñas, Ana e Isabel,que miran atentamente la película, y luego a la noche,
Ana le pregunta a su hermana porqué el monstruo mata a la
niña luego de regalarle una flor, y porqué al final muere
él también. Interesante duda de la chiquita que no hallaba
en la lógica interna del guión una causa cuyo efecto fuera
ese acto de violencia extrema. Nosotros tampoco, pero mientras
tanto ya nos acostumbramos a cenar presenciando una autopsia
en colores, mientras mojamos el pan en la salsa.
AQUELLAS
PEQUEÑAS COSAS
Por
Luis Buero
Cuentan
que unalumno le
preguntó a su maestro hindú: ¿qué es la vida? . Y
el viejo sabio lo condujo a la orilla de un río cercano y le
pidió que introdujera la punta del pie en la corriente de
agua. El joven comprendió, igual que nosotros, que lo vital
fluye y nadie puede detenerlo. Tal vez por eso la memoria
emotiva busque instalar hitos, faros en la noche que nos
permita conservar, al menos en ciertos objetos, la certeza de
que alguna vez existieron aquellos momentos que añoramos.
Claro
está que esas cosas ( para los demás totalmente inútiles)
que se guardan, son distintas si el coleccionista de
melancolías es una mina o un tipo.
Por
ejemplo, cuando se convive con una mujer no nos tiene que
hacer saltar la térmica descubrir que ella conserva cartas de
amor de novios anteriores, y alguna foto del pelmazo que le
dio el primer beso debajo de una palta, y el osito de peluche
que le regaló, vaya uno a sabercuándo. Toda dama acostumbra cajonear las zapatillas
de ballet clásico que usó cuando tenía siete años, y la
cajita de música que le regaló un tío del campo para la
primera comunión. También ellas son de preservar cosas del
padre: una vieja máquina de escribir si fue periodista, un
barómetro de barco si el papá era marino mercante, la
filmadora a cuerda si le gustaba realizar cine casero o algo
más chico como una pipa, un libro, o una herramienta de
trabajo que siendo de hierro jamás se oxida. De la abuela
custodian las copas talladas y las sábanas bordadas, el palo
de amasar y el mortero para apisonar la albahaca, que tal vez
conviertan en macetero. De los hijos se quedan con mechones de
cabellos del bebé, y el primer dientecillo que se le cayó y
dio cabida a la leyenda del ratón Pérez.
Los
varones en cambio tendemos a quedarnos con una pelota de
fútbol de la infancia, que por alguna razón no se desinfla,
o un soldadito atónito que ignora, como su dueño, dónde fue
a parar el ejército que lo acompañaba, y tal vez un boletín
que denuncia lo mal que nos llevábamos con la profesora de
matemáticas. Otros ocupan algún sector del placard o
biblioteca con los discos de pasta de Sótano Beat, Leonardo
Favioy Johnny
Rivers.
Claro
está que, guardar por guardar, también nos puede tocar
cohabitar con gente rara. A saber: aquella que te trae al
departamento un cacho de árbol petrificado de no sé qué
bosque glaciar, o un retrato del bisabuelo bucanero que te
mira desde el óleo como si le debieras plata, o un cartel
indicador que se robó de la calle donde nació, y que te lo
pone sobre la chimenea o la parrilla. Pero el más dramático
es el caso del Dr. Katsusaburo Miyamoto, médico y naturalista
japonés que amaba mucho a su esposa Carmelita Colombo, y
cuando ésta falleció, embalsamó y conservó el cadáver en
su casa de Rosario, para seguir viéndola todos los días. En
fin, ¿será por todo esto que se dice que la felicidad no se
vive, si no que sólo se recuerda?.
ARGENTINA
MÁGICA Y MISTERIOSA
Por
Luis Buero
Desde
que tengo memoria he visto gente persignarse si se les cruza
un gato negro, escaparle a pasar debajo de una escalera,
revolear sal para atrás para hacer desaparecer las verrugas,
y gritar que les han hecho un mal de ojo cuando tienen una
cefalea horripilante. Son los mismos que cruzan los dedos ante
un cortejo fúnebre, se quiere matar si rompen un espejo, te
aconsejan llevar una cintita roja en la muñeca contra la
envidia, y no salir de casa los días 13, en especial si son
martes. De tiempos remotos nos llegan creencias ancestrales
sobre el espíritu benéfico que habita en los árboles
(¡toco madera!), y nos previenen que abrir una sombrilla o un
paraguas dentro de una casa es un terrible sacrilegio. Para
peor, a la lista de supersticiones, leyendas urbanas y yetas
populares se suman las propias de cada profesión. Los actores
evitan el amarillo si tienen un estreno, y gritan “¡mucha
merde!” y no ¡buena suerte!, recordando sin saberlo a
aquel teatro francés de siglos pasados en el que los
espectadores llegaban en caballos y carretas, y si el
espectáculo era un éxito el suelo quedaba más que abonado
por los bollitos equinos. Los capitanes de ultramar aconsejan
no contar nunca los escalones al subir y bajar en los
distintos niveles de la cubierta del barco, ni llevar plantas
de batata a bordo.Los marineros deben subir por estribor, poniendo
siempre primero el pie derecho al ascender. Las bailarinas
clásicas se desean un “que te rompas una pierna”,
y los deportistas se inventan una cábala antes de cada
encuentro.
Sí,
fuimos criados para vivir en el marco de lo práctico y
urgente, y la filosofía de Descartes (pienso, luego existo)
tiñó toda nuestra educación.Sin embargo nuestra
capacidad (léase necesidad) de creer en lo mágico y lo
misterioso nunca se agota. Y en la querida Argentina la
superstición goza de buena salud, ya que nuestra mente es
aficionada a extraer causas de las casualidades, y si mañana
a alguien se le ocurriera rumorear que el azul es color de
mala suerte,hasta
los policías se vestirán de naranja.
Pero
todas las supercherías del mundo se agotan en tres deseos: salud,
dinero y amor.El
bicho humano desconfía de lo que le puede deparar el destino,
y nuestro inconsciente vernáculo, que desciende de la
paciencia desafortunada de los indígenas, y del desarraigo
melancólico de los inmigrantes, no es proclive al
optimismo. Por el contrario, llevamos el tango en los
ovarios.
Entonces,¿qué
mejor ansiolítico que una buena pata de conejo en el
bolsillo? Todo intento de exorcizar la incertidumbre y la
falta de confianza en nosotros mismos vale. Por eso les
aseguro que si fotocopian esta nota y se la envían a siete
amigos por correo ya mismo, en cuatro días recibirán un
dinero impensado, tendrán excelente salud en el año que
corre, y espantarán para siempre la soledad. Eso sí, ojo, no
se les ocurra cortar esta cadena.
TODOS
MIRAN LA COLA
Por
Luis Buero
Yo
creía que los hombres prestaban atención a qué trae
descubierto una mujer, y ellas, en cambio, observaban si
el tipo que se acercaba venía en bicicleta o en Mini Cuper.
Sin
embargo quienes se dedican a investigar estas menudencias
dicen otra cosa.
Si,
ya sé, lo esencial será invisible a los ojos, pero resulta
que como de un cuerpo salimos y a un cuerpo vamos, cuando
ellos o ellas ven por la calle a alguien que les gusta, de
entrada se detienen en observar cómo lleva combinados los
músculos, (el alma queda para después), y en cuanto el
objeto de deseo pasó de largo, le enfocan la mirada en
el trasero. Es como un deporte nacional y las estadísticas lo
confirman. La última de estas encuestas la realizó el diario
La Gaceta (de Tucumán) en enero pasado, y la cola se llevó
todos los votos. Según confesaron las casi dos mil personas
entrevistadas, esa parte del organismo humano despierta la
atracción, la curiosidad,...y hasta la pasión. ¡Mirá
vos! Y en orden, luego, les siguen las lolas, los ojos,
las piernas, las manos, el cabello y la espalda. ¿Y la
simpatía, la personalidad, el buen humor, la
inteligencia?. Si, son importantes, pero a esa
persona....¡Che, qué bien se la ve cuando se va!.
Las
colas humanas son, digamos, una entidad en sí mismas. Se
exhiben sin pudor en tapas de revistas, programas de
televisión, playas y películas. Son pacientes de
tratamientos para la llamada piel de naranja, la celulitis
(dramas cotidianos de muchas mujeres), y hasta
algunos varones se hacen cirugías estéticas para darles
cierta expresión aristocrática y tentadora. Y ni una jueza
de la Corte Suprema ni el campeón negro de golf pueden
salvarse de comentarios sobre su región sacro-coccígea, ni
de los más variados piropos, desde el muy obsceno hasta el
más conmovedor. La pregunta ahora es: ¿por qué la cola sí
y el codo no?
Nunca
faltará un psicólogo que nos diga que las nalgas, por su
forma, proveen cierta reminiscencia de los pechos de mamá,
aquel sitio de alimento y placer de nuestros primeros tiempos
de vida. A este comentario un antropólogo agregaría, tal
vez, que en la prehistoria los primitivos cavernícolas
tenían sexo como el resto de los animales, en “la posición
del perrito” para ser más claro, y que una buena cola,
firme, dura, de ideal tamaño, fundamentalmente en el macho,
era propicia para garantizar en el movimiento un buen coito, y
por ende la reproducción de la especie.
Ahora
bien, tanto en la Edad de Piedra como hoy, el bicho humano se
viste con ropajes que resalten sus atributos seductores. Lo
hace porque siente que el cuerpo es amable sólo bajo la
mirada aprobatoria del 0tro. “Deséame y existiré”
parecieran gritar Adán y Eva en su exhibirse
desesperado para excitar, pero con cara de yo no fui,
pues en el fondo de su corazón cada uno de ellos sabe que
cuando invocas a los ratones de los demás, si aparecen, ya no
hay Paraíso que te proteja.
VIAJE
AL PASADO PARA DOS
Por
Luis Buero
Cuando
te divorciás y tenés hijos en común con tu pareja, es
seguro que seguirás viéndola por mucho tiempo.
Hay
súbitas anginas rojas de los críos, sus cumpleaños, los
actos escolares donde actúan disfrazados de Beruti, y
velorios del perro y la tortuga, que reúnen tarde o temprano
a todo varón con su ex. Pero el tiempo pasa, los chicos
crecen y los encuentros se vuelven cada vez más esporádicos,
hasta que un día viene a vernos el nene, que ya es abogado y
tiene casi 30 años, y
nos anuncia: “papá,... ¡me caso!”.
Y
mientras uno se da vuelta y empieza a buscar donde quedó
aquel gurrumín que se enredaba en nuestras piernas, llega
la noche del casamiento y ésta se convierte en la más
sorprendente oportunidad de viajar al pasado que conozco. Pero
es una travesía para dos, porque el padrino, el papá del
novio (en este caso, yo) va
con su nueva mujer al evento, y se transforma en un
sorprendido guía turístico de su vida anterior, pues acaba
de entrar en un escenario donde aparecerán personajes que ya
tenía olvidados en el guión de su existencia. Te lo cuento
para prevenirte, por si todavía no te ocurrió. Tomá papel y
lápiz.
Por
empezar, cuando uno llega a la iglesia nota quehay unos tipos pelados y canosos, y algunas señoras
gordas y pintarrajeadas que saludan desde lejos, y uno murmura“¡estos
colados qué caraduras que son!”. Alguien rápidamente
te informa que son los hermanos y amigas
de tu ex, que no ves desde aquel verano en que se separaron
Los Beatles. Muchos
niños descendientes de aquella parentela política que quedó
atrás, ya son tipos más altos que el mago Emanuel, al igual
que los compinches del propio hijo, que eran sonrientes carasucias
que venían a pedirte que les devuelvas la pelota, y hoy
te saludan enfundados en sus trajes de señores y te dejan
tarjetas de ingeniero o mayorista de no se qué. Y si
hay, te aseguro, un
comando de nave
preferencial para realizar esa travesía en el tiempo es la
mesa principal de la fiesta de casamiento. Desde allí, en
cada rincón del salón verás reunida, compacta, una parte de
tu pasado, cuya reducción fenomenológica te sorprende en
esos videos caseros que se exhiben para la ocasión, donde se
cuenta la biografía de los novios y se muestran fotos que por
no tener el álbum a mano, ya habías olvidado. Y mientras tu
ex habla de la humedad con tu nueva esposa, no es raro que te
sientas como un esquimal aterrizado en Copacabana, y quieras
huir a la brevedad de allí.
Pero
finalmente llega el día después y descubrís que
sobreviviste y has vuelto al presente con una lágrima en una
mano y el souvenir de la boda de tu hijo en la otra; y a tu
corazón, que de tantas emociones vibra enloquecido, llega
la hora de calmarlo con palmadas simbólicas, como a un
caballo enardecido al que es preciso decirle al oído, con voz
pausada, que ya todo pasó y está bien, que está bien, que
ya está bien, que
todo está muy bien.
ESPEJITOS
DE COLORES... ¡ LLAME YA!
Por
Luis Buero
El
12 de octubre de hace más de quinientos años, don Cristóbal
Colón llegó a estas tierras y los atónitos habitantes de
América vieron cómo de sopetón les desembarcaban en un
instante toda la cultura, la religión, y el sistema de vida
de los europeos.
Los
hombres blancos traían consigo los “adelantos”: las armas
de fuego, la
rueda ylos
espejitos de colores, y se llevaron todo el oro de indígenas
cuya civilización fue herida de muerte con algo más fuerte
que el hierro y las armaduras: la sociedad mercantilista, y
la idea de que sin ella no podemos vivir.
Desde
entonces se instaló una filosofía que maduró en las
colonias luego de las invasiones inglesas y que jamás se
detuvo hasta hoy. Porque españoles, ingleses y finalmente
americanos, se encargaron de contarnos que no somos de carne
sino de costumbres, y la principal es la del consumo.
En
síntesis, todo lo que yo supuestamente requiero para ser
feliz hay otro que lo está inventando y me lo puede mandar a
casa sin que yo levante el trasero de mi silla.
Hasta
hace unos diez años todavía era posible que un vendedor
golpeara la puerta de tu casa para ofrecerte alarmas contra
robo o cacerolas de acero inoxidable. Hoy le toca el timbre a
tu pantalla, porque los medios electrónicos permiten el “call
to action”, técnica de mercadeo que viene de United
States, y que desde Panamá hasta Ushuaia intenta que el
telespectador se motive y compre por impulso un producto pensado
para su satisfacción.
¿Y
qué le ofrecen? Cosas imprescindibles: una máquina
para pelar huevos duros, un cuchillo regulable para cortar
fetas perfectas, una caña de pescar que se puede llevar en la
guantera del auto, plantillas para zapatos que te hacen
adelgazar, la crema de baba de caracol para el acné y las
arrugas, y el audífono
que permite escuchar hasta cuando chocan dos hormigas.Y si te comunicás ya, te mandan otro de regalo. O sea
que en vez de tener una cosa al cuete, por el mismo precio
obtendrás dos.
Los
dueños de empresas que crean esta “Shopping Tv” y
que generan estos infocomerciales aseguran (aunque no
hay estadísticas que lo comprueben) que cada vez son más las
personas interesadas en adquirir esos utilitarios por este
sistema.
Todo
es posible, sin embargo creo que el argentino, y con razón,
es extremadamente desconfiado y le cuesta largar un peso antes
de manipular las mercaderías y ver si realmente cumplen lo
que prometen, o simplemente sentir qué les devuelven los
objetos al tacto.
Aún
así, expertos en marketing afirman que hay televidentes que
son reactivos ante la “offer tv” y compran por
impulso. Y muchas veces se ensartan con algún accesorio
impresentable que no sirve para nada.
Pero
el antídoto para ellos es imitar a nuestras abuelas, que no
se llevaban ni un tomate sin tocarlo y sopesarlo, o mejor,
recordar al noble romano
Séneca, aquel estoico filósofo que dijo alguna vez: “cada
día son más, las cosas que no necesito”.
EL
ZAPPING DEL AMOR
Por
Luis Buero
Las
tele-audiencias y las mujeres tienen algo en
común, son absolutamente imprevisibles. Pero esa no es la
única coincidencia.
Vayamos
a las otras:
1)Los hombres y los medios de comunicación viven
probando supuestas fórmulas del éxito que a veces los llevan
más rápido al fracaso.
2)El canal de televisión oficial tiene la pantalla
helada por falta de fondos, y un empleado estatal que gana el
sueldo mínimo no “levanta” ni la ceniza del piso.
3)Las madres instruyen a sus hijas desde que son niñas
sobre cuál es el mejor tipo de varón, donde está lo
apolíneo y en que sitio indeseable, lo dionisiaco. Del
mismo modo las escuelas promueven en la sociedad el valor de
lo educativo.Pero
como cantaba Bandana, “entonces llega la noche/ no hay
tiempo para el reproche”...y así es que las chicas,
como las grandes masas, terminan
siempre eligiendo el programa trivial, superficial y pasajero.
4)Aquellas que descubren que ese novio o marido tan
divertido y light , es también vago, infiel, adicto a
la ginebra y golpeador, lloran ante todo el mundo, con igual
fuerza que la opinión pública expone su queja contra la telebasura....pero
a la hora de usar el control remoto parece repetir como el
dúo Azúcar Moreno: “¡Devórame otra vez!”.
5)Es bueno reconocer que no tienen mucho para elegir, los
ciclos y los muchachos se muestran más producidos gracias a
la tecnología y los cambios de color, pero el contenido es
muchas veces pobre, agresivo y reiterativo, y
las damas y las grandes mayorías terminan resignándose con
un “es lo que hay”.
6)Aquellas privilegiadas que pueden viajar o frecuentar
distintos estratos sociales quizás tengan más opciones de
encontrar un macho a su gusto, o conquisten millonarios
extranjeros, y hasta es probable que aprendan a decir“este tipo es un estúpido” en distintos
idiomas. Y la gente que se adhiere al “pay per view”gozará, a
través del servicio de abono, de infinitas señales
satelitales, y
hallará, por ejemplo, una manera de curar
el insomnio viendo la final de waterpolo entre Marruecos y Bosnia
por el canal 247.
7)Algunas jóvenes se enamoran de los pendeviejos,
y disfrutan de sus permanentes referencias al long play doble
de Los Beatles; y nadie puede negar que las repeticiones en
blanco y negro de Volver, Retro y similares, tienen sus
seguidores y anunciantes.
8)Sin confesarlo, una parte de la población hace zapping
a la noche entre Discovery Channel, la televisión abierta y
los codificados de sexo explícito, de idéntica manera que
algunas corderitas y varias maduritas salen con tres en la
misma semana, uno porque es culto, el otro porque es seguro y
conocido, y el tercero porque es un tigre en la cama.
Para
terminar, están aquellas Julietas y teleaudiencias que no
sintonizan ni la señal de ajuste, tienen el control remoto
sin pilas, y hace
tiempo que solo leen de noche, pero esa, queridos amigos, esa
si que es otra
historia.
DOS
CAMINOS PARA UNA MUJER INVISIBLE
Por
Luis Buero
Hermana
terráquea, si tu pareja nunca te mira, desayuna detrás del
periódico y cena con el control remoto en la mano,y cuando le hablás te contesta de mal modo con
oraciones de dos palabras como Tarzán, alpiste perdiste,
te has convertido en la mujer invisible, y él pasó a
ser uno de esos tipos que no abandonan a la esposa con talde no tener que darle el beso de despedida.
Ahora
bien, ante una Eva que se precie, malherida en su narcisismo,
se abren dos caminos. El primero sirve si quierevolverse comestible ante los ojos de tu
congelado Adán, y para eso hay varias opciones que pueden
enumerarse de mayor a menor según su costo de realización.
Veamos:
1)Hacerse un transplante de cara (como Isabelle Dinoire
en Paris). El problema es que debería ser el rostro de una
finada, y no cualquiera, ya que para despertar la
atención de tu bello durmiente necesitas algo bien fuerte,por lo tanto tienes que esperar que alguna modelo
internacional famosa contrate al ex chofer de Lady Di para
escapar de los periodistas y ...todo lo demás son trámites.
2)Algo menos eventual puede ser intentar un operativo de
reciclaje local rápido: por ejemplo, un combo que comprenda
“lolas” más grandes, estiramiento de pómulos, inyección
de colágeno en los labios, y cirugía de nariz para dejarla
pequeña y respingadita.En nuestro país hay médicos excelentes que en unas
horas pueden transformar La Gioconda en Amira Yoma.
3)Para quienes le temen al cuchillo existen los
tratamientos faciales y corporales, el drenaje linfático, los
masajes con piedras calientes, el peeling, la dermopigmentación,
la permanente de pestañas, la terapia del arco iris y la
tintura para el cabello.Eso sí, vas a tener que renovar la cédula porque ni
tus hijos te van a reconocer cuando vuelvas.
4)Otro detalle importante es renovar el carácter: la
mujer deseable (acorde a las fantasías sexuales masculinas)
es como Luciana Salazar en las fotografías, está siempre
insinuante, dispuesta, maquillada, con poca ropa, y sobre
todo, callada.
Ahora
bien, también existe la posibilidad de intentar otro camino.
Esto ocurre cuando una mujer se da cuenta que ella misma
sostiene con la mano el hilo que la ata.En ese caso las variantes a seguir pueden ser
distintas.Veamos:
1)Dar un shot en
el trasero al marido embalsamado y que el botox se lo
agarre él comiendo canelones en lata cuando nadie le prepare
ni un té con limón.
2)Una vez libre del cadáver insepulto, la cosa pinta
para que Julieta cumpla sus asignaturas pendientes, todo lo
que dejó de hacer por esa media naranja que se transformó en
perejil. Esto le devolverá la sonrisa perpetua y una luz al
rostro que encandilará a todos, y sin dudas, pronto se le
acercará el Romeo que la atienda como corresponde.
Así
es, mujer invisible, los caminos son dos, ya que como afirma
una famosa frase, envejecer es inevitable, pero crecer es
opcional. ¿Vos cuál elegirías?
LA
TV EN UN MUNDO INSEGURO
Por
Luis Buero
¡No
olviden el pochoclo y el algodón!Desde hace
tiempo tenemos en pantalla necropsias reveladoras, y en poco
tiempo disfrutaremos de unciclo de crímenes irresueltos donde veremos las fotos
de restos humanos descompuestos en la bañera, en los pozos
ciegos y en una alguna cañería de agua tapada.
Y
aunque los sobrinos del Tío Sam duden que a Kennedy lo haya
matado Oswald, en la pantalla nos siguen convenciendo en
excelentes ficciones y documentales,que ellos con un pelito de ameba del cuerpo del occiso
averiguan hasta la dirección de la maestra de primaria del
bastardo que lo asesinó. Aunque aquí también filmamos
forenses piolas en tevé, que nos transmiten las voces de
hematomas y cuchilladas, ya que como ellos dicen, el cadáver
habla.
Pero,
como si nos faltaran achuras y chinchulines de víctimas de
los crímenes criollos y foráneos, también se han agregado
los realities que compiten con las versiones
extranjeras de cirugías y reconstrucciones de rostros y otras
partes del cuerpo. Nos sorprenden con operaciones de cambio de
sexo en vivo y en directo, rostros con atrofia musculary labio leporino que se abren al ojo de la cámara para
que veamos cómo un bisturí los transforma en segundos. Y eso
no es todo, también nos proveen series en las cuales las
protagonistas charlan con los muertos, cuyos fantasmas vuelven
a la Tierra a reconciliarse con los seres queridos y saldan
todas las cuentas pendientes hasta que una luz divina se las
lleva.
Tengo
la imprecisa alucinación de que cada vez que los Estados
Unidos padecen un presidente belicista, de esos que exportan
guerras o hacen que su gente esté en peligro de sufrirlas en
su territorio, aparecen (mágicamente) programas y películas
que nos ayudan a digerir el antes, el durante y el después
de una conflagración mundial. Y no me refiero a una
propaganda directa que nos muestre que los rusos, latinos,
vietnamitas, negrosyárabes son los malos. Si no a algo más subliminal
aún, como si nos dijeran: “no
es tan impresionante ver un tipo estropeado por un misil,y si se va para el otro lado, no te preocupes que
alguna médium lo comunica con el presente y viene cuando se
le canta”.
En
la película EL ESPÍRITU DE LA COLMENA, de Víctor Erice, se
muestra un pueblo pequeño, perdido en la meseta española en
1940 al cuál llega como estreno la película Frankenstein.
En el desvencijado salón donde se exhibe el film, entre el
público, hay dos niñas, Ana e Isabel,que miran atentamente la película, y luego a la noche,
Ana le pregunta a su hermana porqué el monstruo mata a la
niña luego de regalarle una flor, y porqué al final muere
él también. Interesante duda de la chiquita que no hallaba
en la lógica interna del guión una causa cuyo efecto fuera
ese acto de violencia extrema. Nosotros tampoco, pero mientras
tanto ya nos acostumbramos a cenar presenciando una autopsia
en colores, mientras mojamos el pan en la salsa.
REMEDIO
PARA FAMILIAS(*)
Por
Luis Buero
Yo
nunca pude precisar el momento exacto en que comenzó el plan
de destrucción, pero sería una tontería negarle importancia
a la anuencia de los chicos, y
al genio increíble de mamá.
No
sé, nunca supe porqué nos envolvió esa decepción
repentina, ese extraño hastío. Después de todo, papá nunca
había sido un Cid con tiradores, y su apariencia de queja
vertebrada quizá se debiera a que dentro de su mínima
cultura de primer grado inferior existió siempre una pequeña
luz que le hacia presentir este mundo hostil, solitario,
enfermo de subestimaciones y costumbres, que nos deshabita.
Pero nunca transmitió nada; se dejó encasillar, se dejó
dominar por los gritos de mamá (alaridos de los ojos, esos
que duelen) o los “andáte al diablo” de nosotros, cuando
pudimos defendernos de él.
Claro,
la cosa había cambiado, ya aquel padre golpeador había
envejecido y no podía imponer su razón o sin razón con el
cinturón, el manotazo de su palma pesada,o la pena de ir a la cama sin cenar. Hugo casi médico,
a Héctor le faltan dos materias para terminar arquitectura,
Palmira era ya la secretaria privada de un importante editor,
y yo, el menor, acababa de ingresar a la carrera de abogacía.
Todos jóvenes, inteligentes, ambiciosos, pero a la vez
embriagados por una sensación inevitable de planeta desierto,
de plaza vacía, de pueblo abandonado.
Ya
papá casi no contaba en la familia; su viaje diario constaba
de dos escalas por la mañana, una en el baño más amplio y
sin tardar mucho, la otra durante el té con leche, escondido
entre las altas sillas de cedro barnizado, y nuestros cuerpos
de estatuas inmutables. Apenas algún comentario sobre un
nuevo chiste verde escuchado en el trabajo, o la idea de
plantar malvones en el jardincito del fondo componían la
iniciativa de papá. Aunque no debo olvidar la tímida
sugerencia de comprar un pomo grande de crema hecha con aceite
de bacalao, para las paspaduras. El viejo almorzaba o cenaba
solo, en silencio, antes o después que nosotros.
Además
podía, se lo teníamos conscientemente permitido, caminar de
un lado a otro del comedor y silbar un tango de Cobián, pero
él no tenía muy presente ese derecho y hacía sus travesías
interiores cabizbajo, como pidiendo disculpas por ocupar el
aire.
Sabíamos
que papá hacía el mejor asado, coleccionaba llaves y era un
experto evaluador de cueritos de canilla, pero jamás le
permitimos demostrar sus habilidades, no lo dejamos probar al
pobre maldito; tal vez un hombre ingenuo como él hubiera
podido ayudarnos a arrancarnos esta araña interior que ahora
nos consume.
Y
un día enloquecimos. Creo que todo comenzó aquella noche en
que Palmira comentó que iba a salir con el novio y aseguró
que no pensaba volver hasta el día siguiente. Mamá no puso
objeción; no sé, y es feo decirlo, si fue porque realmente
no le molestó el asunto o nada más que para contrariar a
papá. Lo cierto es que cuando papá corrió gritando de
manera descomunal para detenerla, Héctor le hizo una
zancadilla y el cuerpo del viejo rodó estrepitosamente por
las escaleras del living.
Era
la primera vez que pasaba algo así, y aunque parezca raro e
inconcebible, a todos nos pareció bárbara la impulsiva
iniciativa de Hectorcito; si hasta gozamos uno a uno los
golpes de papá entre escalón y escalón, explotando de
bronca y sin dejar de insultarnos hasta chocar la boca contra
la alfombra. Héctor fue
el secreto portavoz de nuestro odio, esa furia de la que no se
habla nunca porque este tipo de sentimientos no está
permitido. Si, Héctor abrió una puerta que ya nunca pudo
cerrarse. Ahí, pues, comenzó todo, porque para que Palmira
pudiera irse tuvimos que atarlo a una silla, y lo que al
principio fue una absurda pero divertida irreverencia, mezcla
de juego y alegre desahogo, ser convirtió con los días en un
habito incansable de fiereza progresiva, y pocoa poco, gracias a la fértil imaginación de mamá y a
nuestros conocimientos bien adquiridos fuimos esparciendo con
eficiencia la ira insólita pero voraz que a menudo despiertan
esta clase de hombres.
Para
mamá, para nosotros, el camino hacia la libertad se basaba en
la invalidez de este desubicado e ignorante cascarrabias. La
municipalidad, pensaba yo, como futuro legislador, debería
tener jurisdicción sobre la capacidad de engendrar o no
hijos, y no debería autorizar a ser padre a un tipo que a los
siete años había dejado el colegio para ir a trabajar a un
almacén. Y cuyo progenitor había desaparecido cuando él
nació y no le había enseñado el oficio para tratar con
niños. En fin,
volviendo al presente, les cuento que, prisionero y apretado
por las sogas, durante horas papá nos roció con las más
diversas malas palabras, amenazas y maldiciones, hasta que
Hugo tomó un cuchillito de esos que usaba para trabajos
prácticos, y le
extirpó la lengua.
Ha
de ser cierta aquella tesis sobre las reacciones dispares de
cada hemisferio del cerebro, porque paralelamente lo que
hacía Hugo nos parecía una locura, y lo disfrutábamos.
La
primera semana tuvimos la sensación de tenerlo encima de
nosotros, y eso que él estaba allí, inmóvil, a un costado,
mudo y completamente aferrado a una silla. Más solo que
nunca.
Por
eso, para que no supiera nuestros movimientos actuábamos
mediante gestos, un retorcido código anti-paternalista
que terminó por trastornarnos del todo. Es que no
soportábamos saberlo cerca, pues estábamos seguros de que
él participaba de nuestros actos, los auscultaba y juzgaba,
aún sumergido en su trágica comedia de inocente ejecutado.
Y
como lo correcto no siempre es lo contrario de lo incorrecto,
ya cansados de intrigas, y para que papá no pudiera enterarse
de nuestros planes diarios y sufriera por no poder evitarlos,
Hugo le cortó las orejas y posteriormente, con ayuda de una
tibia espátula de metal dorado, le quitó los ojos.
Durante
los días posteriores tratamos de disimular de la mejor manera
posible la estática presencia de papá, mutilado y finalmente
preso en el altillo. Eso sí, de desatamos las cuerdas y le
dábamos siempre el beso ded las buenas noches.
El
planeta entero, con sus consagraciones de cristal y sus
valores inmutables, sería incapaz de comprender lo que
hicimos. Asimismo, nosotros no supimos presentir que lo
amábamos intensamente, en la misma y equilibrada medida de
nuestro desprecio. Se dice que dos afectos opuestos no pueden
coexistir en un mismo instante. Es mentira.
Pero
volvamos al relato: las cosas empeoraron. Papá, no me
pregunten cómo, consiguió escapar del altillo y aún ciego,
sordo, mudo y débil, pudo llegar hasta la puerta de calle y
salir. Casi se entera todo el mundo. Tuvimos que operar otra
vez. Con ayuda de Palmira lo metimos en la editorial un
domingo por la tarde y Héctor, que siempre tuvo buena mano
para el dibujo y perspectiva, supo manejar la máquina de
guillotinar papel con certeza. Si, la misma cuchilla que corta
las ediciones de Poe y de Cervantes, y que se deshonró
amputando las piernas y los brazos de papá.
Lo
que quedaba de él ya no molestaba mucho. Apenas una comida
diaria (naturista) y un poquitito de pis entre las siete y las
ocho de la noche. De eso se ocupaba Palmira; yo en cambio le
acariciaba los pómulos, ahora ya sin temor, imaginando las
lágrimas que derramaría si le hubiéramos dejado los ojos. Y
Hugo, con la cabeza gacha, murmuraba “perdón, perdón”
pero papá ya no escuchaba.
Paulatinamente
comenzamos a abandonar las fiestas, y otras reuniones. Por
último la facultad, el trabajo, el mundo exterior. Palmira
cortó la relación con su novio. Inclusive dejamos de ir al
comedor y al jardincito del fondo. El radio de vida incluía
únicamente la cocina, el baño, y el altillo.
Mamá
fue la última en claudicar, la que más tardó en aflojar;
pero Héctor la convenció y la trajo un día hasta el altillo
(ya hablo de este lugarcito como de otra casa, el nuevo
hogar). Y papá, imposible olvidar ese gesto, papá pareció
saberlo, sentir que todos estábamos allí, sujetos a él,
ciegos, sordos, mudos e inválidos, implorando esa dulce
sonrisa que él finalmente nos ofrendaba entre jadeos.
Desde
entonces nada ha cambiado. El remedio para la familia no
resultó y a veces pienso que esta anulación del padre ha
sido un fracaso mayor de lo sospechado. Es más, ayer cuando
mamá nos hizo salir a todos del cuarto (no necesito aclarar
que ya vivimos en el altillo), según un chisme de Palmira, se
debió a que ella tenía ganas de volver a abrazar a papá
como en los primeros tiempos. Y, bueno, son marido y mujer,
necesitan un poco de intimidad, qué tanto.
Cuando
de seres humanos se trata, ciertas batallas interiores pueden
deparar las más diversas sorpresas, como se ve.
(*)Pertenece
al libro EL ULTIMO OTOÑO y otros cuentos, 1982
/Faja de Honor de la S.A.D.E., 1983
Luis
Buero es guionista, periodista docente de la materia
Guión en TEA Imagen, en la Universidad de Morón, y en
la Universidad de Belgrano.
Es autor del libro "Historia de la televisión
argentina contada por sus protagonistas", editado en 1999
por la Universidad de Morón (dist. La Crujía) que obtuvo una
mención especial de APTRA en la entrega de los Martín Fierro
1999.
Algunas obras:
* Televisivas:
La Familia Benvenuto (Comedia, TELEFE, 1991-1995)
Comunicado Pop (Magazine juvenil, ATC, 1997)
Un Milagro de Cristo en la Quebrada (Documental, CANAL 2, San
Luis, 1994)
El Laboratorio del Dr. Pipeta (Sketches cómicos infantiles
educativos, TV QUALITY, 1999)
Colaboración autoral en Los Rodríguez (Sketches cómicos,
TELEFE, Junio 1998) y en Señoras sin Señores (Sketches
cómicos, TELEFE, Octubre 1998).
* Radiales:
El Tiempo que viene (Periodístico, FM Comunidad, 1996).
* Literarias:
Príncipes y Medias Lunas (1971)
Cuentodisea (1975)
El Último Otoño (1982) Faja de Honor de la Sade 1983
Historia de la Televisión Argentina contada por sus
Protagonistas 1951/96 (Universidad de Morón, 1999)
* Periodísticas:
Diarios: La Nación - Clarín (calles de Bs.As.) - La Voz del
Interior - La Prensa - Tiempo Argentino - La Razón - Época -
Norte- Publimetro - Diario 16 (España)
Revistas: Flash - Uno Mismo - Cosmopolitan - Nuestra - Clarín
Viva -Autoclub - Sex Humor - Para Ti - Luna - Todo es Historia
- Magazín Semanal
Otros: Clarín Ciudad Digital - - Leedor. com (internet) -
Página Digital (internet) - Mujerweb.com (internet)-
Aglia.com (internet), Sensibles Del Sur (Bariloche/internet),
etc.
* Discográficas:
Para Mamá, Actor Hugo Arana (RCA VICTOR, 1976)
* Cursos y seminarios dictados:
Facultad de Filosofía y Letras U.B.A. - Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales U.N. (Córdoba) - Círculo de la Prensa
(de Rosario) - Carolina Cable Color (de San Luis) - Canal 3 de
Santa Rosa (La Pampa) - Círculo de Prensa de Rafaela -
Sindicato Argentino de TV Capital y Filial Santa Fe - Canal 10
de Córdoba - Asociación de Periodistas de la Televisión y
Radiofonía Argentinas - Escuela Superior de Periodismo -
Asociación Argentina de Actores - Centro Cultural Borges -
Universidad nacional de Villa María (Córdoba) - Centro de
Trabajadores Argentinos (Docentes de la Rioja) - Centro de
Estudios Sociales(Córdoba), Universidad de Ciencias Sociales
y Empresariales - Universidad de Flores (Estrategias de
Comunicación) -Universidad Blas Pascal de Córdoba,
Universidad Austral.