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DEFENSA  NACIONAL - LA  POLÍTICA  ABANDONADA

Por el Dr. Juan José Coiro (*)

El mundo que nos rodea.

Acaudalados iraníes retiran sus fondos del sistema bancario de Teherán y los transfieren a países del Golfo o a otras plazas financieras, en previsión de lo que perciben como la inminente invasión norteamericana. Fuerzas terrestres de Estados Unidos mantienen escaramuzas casi a diario con fuerzas armadas sirias en la frontera Irak-Siria, en persecución de terroristas que escapan hacia ese país.

El descongelamiento acelerado de los polos, hace que las fuerzas armadas de distintas naciones (Canadá, Noruega, Rusia) ocupen posiciones en tierras que hasta hace muy poco se encontraban bajo el hielo,  y que ahora forman el litoral del océano ártico, fuente de inmensas riquezas mineras, gasíferas, petroleras y pesqueras, que hasta hace solo unos pocos meses eran económicamente inexplotables.

Huracanes de intensidad y frecuencia inusual, se suceden en distintos lugares de la tierra, así como el desplazamiento de placas teutónicas, terremotos, etc. generando un sinnúmero de catástrofes que requieren una respuesta rápida de las organizaciones mundiales de socorro. Por su insuficiencia, recurren al apoyo de transporte, alojamiento, sanitario, etc. de las fuerzas armadas de distintos países, ya sean las del territorio afectado  o las que son llamadas en ayuda.

En definitiva, por múltiples causas, las fuerzas armadas no importa cuales, van ocupando cada vez más espacio en la noticia cotidiana.

Por nuestra parte, y acallándose los ecos del barullo de una campaña electoral tan pintoresca como la actual, no debemos perder de vista que todo esto pasará, y la necesidad de una política de defensa nacional es cada vez más apremiante, debido a dos causas insoslayables: las amenazas del mundo en el que está inserta la Argentina, y el cumplimiento de obligaciones internacionales asumidas tanto en forma bilateral como multilateral. Dicha necesidad choca contra  la tendencia creciente proveniente de los más diversos sectores, de considerar a la defensa como patrimonio de los militares,  y un tema al que mejor es dejarlo de lado, recurriendo a toda clase de artificiosos argumentos.

Hemos asistido con perplejidad a la afirmación del disparate mayúsculo que sostiene por una parte que este país no tiene hipótesis de conflictos y simultáneamente, que la Argentina había conseguido el status de aliado extra – OTAN de los Estados Unidos.

Es muy loable que Argentina no tenga por propósito de política exterior hacerle la guerra a nadie, pero predicar lo inverso – esto es, que los demás no estén dispuestos a hacernos la guerra a nosotros – es  además de una temeridad, un acto de traición por colocar a la nación y a sus habitantes en estado de total indefensión frente a las múltiples agresiones armadas de carácter internacional que exhibe la simple noticia cotidiana.

Es perfectamente claro que no se trata más de A (Argentina) contra B (Brasil)  como en los antiguos ejercicios de Estado Mayor, sino que guerras lejanas pueden tener repercusión en nuestro territorio, a la vez que nuestras fuerzas armadas, en cumplimiento de los múltiples tratados celebrados con otras naciones y alianza militares, pueden verse comprometidas en escenarios de guerra extranjeros. Croacia, Creta y Kuwait son ejemplos claros del empeñamiento de nuestras fuerzas en el exterior.

El atentado terrorista a las torres gemelas de la ciudad de Nueva York  tuvo trascendencia mediática por el lugar en que ocurrió, pero nunca debemos olvidar que estos hechos de agresión protagonizados por el terrorismo internacional,  comenzaron en Argentina  con los ataques a la Embajada de Israel y a la sede de la A.M.I.A.

Como recurso pueril, desde las esferas oficiales se insinuó que el ataque iba dirigido a ”instituciones judías en Argentina”, cuando lo que en realidad ocurrió fue un ataque exterior contra la Argentina, perpetrado por una potencia extranjera, que utilizó como blancos de preferencia instituciones judías.  Sean de religión judía o cristiana, la casi totalidad de los muertos, mutilados, heridos y desaparecidos son argentinos. Es más, fueron los primeros ataques de esa envergadura perpetrados fuera del Medio Oriente.

Es así que el conflicto vino a nosotros,  y no tuvimos respuesta  ni en el aspecto de control de daños y manejo de crisis, como tampoco  en la determinación de los responsables, la captura de los autores del hecho y su sometimiento a la justicia. Ni que hablar de las debidas represalias que exigía un acto de guerra de esa naturaleza.

Otro de los argumentos utilizados por los detractores de una política de defensa es el que se refiere al “gasto militar”, dando al término en sí la connotación de superfluo. 

Este desatino proviene frecuentemente de sectores  vinculados al mundo de las finanzas,  a quienes no se puede reprochar ignorancia pero si evidente mala fe.

Abundan los ejemplos en sentido contrario.

Inglaterra obtuvo un imperio de carácter global gracias a sus múltiples intervenciones militares en los lugares más remotos del planeta, imperio que dura hasta nuestros días  ligado por lazos financieros inquebrantables.

Holanda y Bélgica dos pequeñas naciones del occidente europeo,  paso de invasión de todas las guerras del pasado, son en el concierto internacional naciones más importantes que Argentina debido a que contribuyen con importantes presupuestos  y contingentes militares para pertenecer a la OTAN  (NATO).

La situación de aislamiento internacional de la España de Franco tuvo un giro de 180º al arrendar a los Estados Unidos tres bases aéreas en territorio español en la década del 60.

La participación de Brasil en el campo aliado en la II Guerra Mundial le valió la situación de privilegio que  tuvo desde entonces hasta el presente en la relación con Estados Unidos, con notables y evidentes beneficios de toda índole.

Estos simples ejemplos ilustran uno de los hechos más antiguos de la historia humana: es un buen negocio tener fuerzas armadas poderosas que preservan lo propio y se apoderan de lo ajeno, por la fuerza o por la amenaza del uso de la fuerza.

La persuasión que usan los Estados Unidos en el mundo  en la obtención  de sus políticas de estado,  se basa en el poder militar irresistible de sus fuerzas armadas, más que en  sus valores democráticos.

Otro aspecto de la cuestión, es que resulta usual confundir el concepto, circunscribiendo todos los aspectos de la defensa nacional a los militares. 

Corresponde distinguir entre la habilidad para dispara un cañón, y el proceso de conocimiento que lleva a la decisión de saber a quién dispararle.

Las Fuerzas Armadas son el componente esencial del sistema de defensa, pero no el único, por lo que la política de defensa debe ser establecida por el poder político, esto es, el poder ejecutivo conjuntamente con el poder legislativo, de acuerdo con las normas vigentes.

Ello nos lleva al principio constitucional de la idoneidad para el ejercicio de cargos públicos, que impone al funcionario que asume la cartera,  el conocimiento acabado de los asuntos que deberá ejecutar, máxime en esta área en que el ministro ejerce la conducción de las FFAA en representación del presidente de la nación en su carácter de comandante en jefe de dichas fuerzas, y su cometido es decidir sobre la supervivencia de la nación.

Por último, debe señalarse que la defensa nacional no puede estar subordinada a ninguna otra cartera del gabinete, por la sencilla razón de que comienza a actuar cuando todo lo demás ha fracasado.

Objetivo de la defensa nacional.

La defensa de la nación consiste en el uso de la fuerza o la amenaza del uso de la fuerza mediante el empleo de las fuerzas armadas, con el propósito de imponer la voluntad soberana del estado, alcanzar un objetivo político y defender tanto el territorio como los intereses de la nación en cualquier lugar del mundo en el que éstos se vean amenazados; así como acudir al llamado  de un aliado cuando éste lo requiera en cumplimiento de los tratados firmados en tal sentido.

El objetivo principal de la defensa es  la respuesta militar ante la agresión armada.

Dada la naturaleza de la misma, ésta puede o no ser una agresión militar,  puede o no desarrollarse u originarse en el exterior, en suma, no tiene limitaciones de tiempo ni de espacio, ni de bandera, razón por la cual  la respuesta tampoco puede acotarse a parámetros irreales.

Existen innumerables empresas que desarrollan actividades lícitas, cuya facturación anual supera al producto bruto de la gran mayoría de las naciones reconocidas por la Naciones Unidas.

Del mismo modo, existe un número indeterminado de organizaciones criminales que poseen medios financieros y militares  que superan con creces los recursos de una nación de nivel medio, y que como se ha visto, se encuentran en condiciones de atacar a potencias de orden mundial como Estados Unidos, Inglaterra, Rusia, India, China, etc.

Dichas organizaciones criminales tienen al igual que los estados soberanos, múltiples propósitos que no se limitan a la obtención de ganancias monetarias mediante actividades ilícitas, sino que persiguen la obtención de espacios cada vez mayores de poder político, desarrollan sistemas de alianzas, utilizan todos los medios electrónicos  informáticos, redes de distribución,  y emplean grupos armados tanto para la protección de la organización  como para  imponerse por la fuerza  a organizaciones rivales.

Dada su potencialidad y peligrosidad, estados soberanos con capacidad financiera  suficiente suelen asociarse con estas organizaciones criminales para realizar ataques a terceros estados, sin aparecer en  el plano militar como el estado agresor y así poder evadir las represalias del estado agredido, esto es, maniobran ambas partes al margen de la ley  internacional.

A estas nuevas formas de la agresión armada y clandestina que están proliferando por todo el mundo,  se les da el título genérico de terrorismo internacional, por contraste con las formas conocidas de terrorismo de carácter local como las milicias armadas de ciertos estados de Estados Unidos, el IRA, la ETA, etc. que solo representan una amenaza para las naciones de las cuales son originarias.

En consecuencia, y ante este cuadro de situación que evoluciona a diario, restringir el objetivo de la defensa  a la integridad territorial o protección de fronteras es un concepto estrecho  que va siendo cada vez más pernicioso en sus efectos sobre la vida y la propiedad de la población que es misión esencial del estado  proteger.

En consecuencia,  limitar las operaciones militares al ámbito externo de la nación, puede ser suicida.  Sobrepasadas las fuerzas policiales y de seguridad por un enemigo que excede las capacidades operacionales de dichas fuerzas, deberá emplearse el elemento militar para rechazar el ataque y hacer desaparecer la amenaza. Esta es una materia en la que no deben existir rigideces, con menor razón las inspiradas en argumentos de carácter ideológico.

La inseguridad interior es un problema muy grave porque pone nuestra vida en peligro cada día; pero la inseguridad exterior es mucho más grave porque pone en peligro la existencia misma de la nación. Si se disolvió el bloque soviético, y el propio territorio de la ex Unión Soviética fue fragmentado, nada impide que lo mismo ocurra con Argentina en un caso dado.

La misión.

La primera cuestión que se plantea, y que debe decidir el poder político, es si quiere o no tener fuerzas armadas.

Es una decisión soberana que debe adoptar la nación en el marco legal de sus instituciones. La pregunta en definitiva es si los argentinos quieren o no tener fuerzas armadas.

Si la respuesta es negativa, todo el sistema de defensa actual debe ser inmediatamente desmantelado por ser un gasto absolutamente  inútil; y asumir las consecuencias.

Si la respuesta es afirmativa, lo primero que deberá definir el poder político será la misión del sistema de defensa, toda vez que dicha definición  acarreará consecuencias de la mayor importancia en cuanto a la configuración de las fuerzas, su equipamiento, nivel de

alistamiento, escenarios de intervención, etc.

Como premisa  de partida debe saberse que la misión de las fuerzas armadas es aniquilar o neutralizar al enemigo mediante el empleo del fuego y la maniobra táctica.

Desde el origen de la historia, las fuerzas armadas han sido creadas para hacer la  guerra, que consiste en matar al enemigo y destruir su propiedad, para imponer la voluntad política del vencedor al vencido. Otro propósito que se les atribuya es totalmente equivocado.

Aún en las llamadas misiones de paz,   se está empeñando en combate a  la unidad militar de intervención para imponer la paz por la fuerza de las armas a dos o más contendientes que se niegan al cese de las hostilidades.

El enunciado de la misión no debe consistir en vaguedades. Debe ser específico, con metas inequívocas y plazos de cumplimiento claramente determinados. En esta materia, el discurso  del “vamos a  hacer” no sirve.

Cada componente del elemento militar  requiere un tiempo natural para su equipamiento y adiestramiento. No es lo mismo enviar una fuerza a Irak que a Croacia. El armamento, la vestimenta, la comida,  el alojamiento, los vehículos,  la instrucción específica que debe recibir el soldado individual  si va a operar en montaña o sobre planicie arenosa, en el bosque europeo o en el desierto árabe,  llevan el detalle al mínimo elemento para que el resultado de la intervención resulte exitoso, se minimicen las bajas,  los heridos tengan atención médica  inmediata y apropiada al medio,  vehículos y aeronaves de evacuación, etc.

Una fuerza de tareas que implique el accionar conjunto de dos o más fuerzas armadas implica la homogeneización de los sistemas de comunicación,  cartográficos,  de aprovisionamiento y distribución, de embarque y desembarque de personal, vehículos, materiales, etc. Si el componente terrestre se encuentra conformado por fuerzas de Ejército y de Infantería de Marina, y el apoyo de fuego está dado por unidades de superficie de la Flota de Mar,  por aviones de la Fuerza  Aeronaval  y de la Fuerza Aérea,  la tarea de coordinación de todos esos elementos va a demandar un tiempo de preparación que no debe ser subestimado ni librado a la habitual improvisación que caracteriza al accionar de los argentinos.  Esta es una materia que no da segundas oportunidades.

En consecuencia, y  como ejemplo de la  misión a imponer por el poder político al sistema de defensa podemos decir:

-      Intervención exterior en cumplimiento de los compromisos militares emergentes de tratados bilaterales y multilaterales

-      Repeler la agresión de fuerzas armadas convencionales o no convencionales

La fluidez de la situación en un mundo  que cambia  cada vez con mayor aceleración,  impone la adecuación de la misión a esos cambios. 

Reclutamiento, instrucción, equipamiento.

La eliminación del servicio militar obligatorio dejó a las fuerzas armadas sin personal y sin reservas.

Definida la misión, deberá diseñarse el perfil psicofísico y el grado de educación previa a su incorporación que debe tener el personal militar destinado a cumplir con dicha misión.

La asignación de recursos presupuestarios para el pago de salarios  no puede estar sujeta a las normas del empleo común, ya que lo que se requiere de aquellos que se incorporen es que hagan la guerra. Las naciones con más experiencia en la materia distinguen al respecto entre el salario de tiempo de paz y  el pago de guerra.

Eliminar el servicio militar obligatorio implica la eliminación del ciudadano-soldado, y en consecuencia  debe asumirse el costo del soldado profesional, esto es, de la persona que elige la carrera de las armas como medio de vida permanente.

La instrucción militar que debe impartirse al personal que se incorpora a las distintas fuerzas, debe estar  totalmente orientada a la misión  que van a cumplir en los distintos escenarios de intervención, debiendo eliminarse por completo toda actividad que no tenga ese propósito.

A su vez, deberá decidirse si el equipamiento va a ser de producción local,  adquirido en el exterior o una mezcla de ambos.

Los argentinos hemos invertido miles de millones de dólares en sistemas de armas que sin una razón valedera han sido abandonados con las gravísimas consecuencias que ello implica.

La lista es muy larga, pero señalaremos que los astilleros,  las fábricas de aviones, de armas y municiones, y de toda clase de vehículos son de muy antigua data, y que desde mediados de la década del ’40  se han producido en Córdoba aviones a reacción siendo los argentinos entre los primeros del mundo en contar con esa tecnología.  El misil Cóndor, el proyecto TAM (tanque argentino mediano) y toda la familia de vehículos blindados  que lo acompañan,  el proyecto Palmaria  (cañón autopropulsado de 155 mm), los proyectos Meko 360 y 140 (destructores y corbetas misilísticos) y el submarino clase TR-1700,  son solo algunos ejemplos de la capacidad  industrial instalada y actualmente ociosa que existe en el país. 

Al solo efecto de cuantificar,  la construcción de las corbetas Meko 140 empleaba  en forma directa alrededor de 5.000 operarios, la mayoría altamente calificados.

Por otra parte, la opción de equiparse mediante la compra de material en el exterior exhibe una mala experiencia. Cuando la nación necesita aviones, tanques, repuestos, municiones, etc.,  nadie le vende. 

Resulta a su vez crítico elegir a un proveedor confiable y permanente. Quién nos vende qué y a qué precio, etc.

Los Estados Unidos venden material bélico a una lista muy corta de naciones, y a su vez, no venden tecnología de última generación.  La venta de aviones F-16 a Chile, fue solo  eso, la venta de los aviones; los radares, los sistemas de armas, los sistemas de tiro etc., no son parte de la venta.

Israel, nación que no puede darse el lujo de improvisar en esta materia, no obstante recibir importante material de los Estados Unidos, no se ata  a un único proveedor, y además ha desarrollado IAI – Israel Arms Industries, que abastece a sus propias fuerzas de defensa y vende al exterior. En este aspecto, se reitera el ejemplo: la fabricación del tanque principal de batalla (MBT) “Merkava” no es un negocio rentable. Lo que es rentable es la supervivencia de Israel.

En consecuencia será el poder político el que deberá decidir si toda esa capacidad instalada de fabricación de armamentos sigue en estado de congelación permanente, o si  se encuentra la manera inteligente de lograr su aprovechamiento, por ejemplo, mediante asociaciones con empresas internacionales dedicadas al rubro. 

El sistema de defensa.

Deliberadamente, y a los efectos de su mejor comprensión, dejamos para el final una breve descripción de lo que es el sistema de defensa.

Participan en el sistema de defensa nacional  el presidente de la nación en su carácter de comandante en jefe de las Fuerzas Armadas; el ministro de defensa que actúa en su representación en la conducción de las fuerzas; el Congreso de la Nación en sus dos Cámaras; el personal militar en situación de revista de actividad, retiro y reserva;  los proveedores del sistema de defensa, desde los calcetines del soldado individual hasta  los misiles de un buque; y toda aquella actividad que tiene el carácter denominado “dual”, esto es, las que se desarrollan en forma habitual en tiempo de paz, como por ejemplo los radares que se utilizan en los aeropuertos para el control del tráfico aéreo,  pero que tienen una inmediata aplicación  a la defensa en tiempo de guerra; o en apoyo de operaciones militares, formando parte de la producción para la defensa,  o sirviendo como  la red del sistema de transporte (ferrocarriles, carreteras, puertos, aeropuertos).

Del mismo modo,  las personas que desarrollan actividades industriales, comerciales o profesionales no relacionadas en forma habitual con el sistema de defensa, como los médicos y toda la infraestructura sanitaria,  las fábricas de alimentos, los expertos en distribución, etc. 

Conclusión.

En los años por venir, solo podemos aspirar a ser una potencia de nivel medio,  con capacidad limitada para defendernos ante un rango de agresiones  de baja intensidad.

Los conflictos  internacionales nos van a arrastrar nos guste o no, con o sin tratados firmados, a riesgo de pasar a la categoría de estado renegado.

La emergencia de China e India como los principales motores de la economía mundial  traslada los escenarios y el enfoque de la geoestrategia.

Argentina no disfruta más de la situación de aislamiento que le permitió lucrar con éxito en las dos guerras mundiales del siglo XX.

Queda por saber, si podemos darnos el lujo excesivamente caro  de dejar al abandono – como hasta ahora – la defensa nacional.

Todos los que nos precedieron patearon hacia delante. Este es el final del camino.

(*) Exclusivo para Crónica y Análisis por el Dr. Juan José Coiro Abogado. Tte 1ro Auditor - Ejército Argentino - 1973 / 1976 . Fué Asesor del Secretario de Gobierno - Municipalidad de la Ciudad de BuenosAires y Asesor de Gabinete - Ministerio de Defensa.y ha cursado estudios de Planeamiento Nacional y Militar Conjunto - EMC - MD, De aplicación del servicio - ESPAC Gral Lemos Queda prohibida su reproducción sin mención de la fuente.

 

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