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COLABORACIONES
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CELOS
MASCULINOS ¿QUÉ TEMEMOS PERDER?
Por Luis Buero
Celos,
envidia, voracidad, cóctel
de emociones negativas, son afectos constitutivos de nuestra
psiquis, o sea que no tenemos que esperar a casarnos con
Angelina Jolie para sentirlos. En realidad, se nos hicieron
evidentessq apenas la partera nos palmeó el trasero.
¿Por qué? Primero porque, según dicen los que saben,
el julepe que nos pegamos cuando nos sacan de la confortable
panza de mamá, es tan grande, que se nos marcan dos huellas
eternas en el bocho: “miedo a la pérdida (de lo amado,
de la seguridad obtenida, etc.) y miedo al ataque del otro
(real o imaginario)”
Pero
lo más denso viene después, ya que al nacer creemos
que esa señora ( la que nos sostiene vivos gracias a su amor
y leche tibia), y nosotros, somos Uno solo, que ambos
formamos parte de la “nave madre”.
Vana ilusión, que dura que el infortunado
galancito sale de excursión gateando por el living una
noche y descubre que hay un intruso, llamado hermano,
que está mamando de la misma teta, y que, para peor,
de pronto aparece un señor grandote que
le pregunta sonriente
a su única proveedora de vida: “negra, ¿vamos pa’
la pieza?”.
De
cómo empecemos a elaborar estas primeras y terribles pérdidas
(no de afectos, si de fantasías) resultarán nuestros vínculos
futuros.
En
las reuniones de amigos, cuando se toca el tema de los celos,
pareciera que las únicas celosas son las mujeres, siempre
angustiadas inspectoras de bolsillos, agendas y teléfonos
celulares, atravesadas por la desesperada obsesión de
controlarlo todo en la vida de sus “bombones”. Muchas
afirman que empezaron a ser así después de sufrir un engaño
inesperado (de esta u otra pareja anterior) o desde que el papá
abandonó a su mamá por otra mujer y no llamó nunca más.
Los
tipos, en cambio, se sienten incómodos por los cambios
conductuales de la mujer moderna, la que trabaja, estudia,
practica deportes, asegura tener amigos varones,
baila y viaja sola, sin su macho fijo. De pronto
algunos se angustian porque ella quiere hacer un curso de
actuación teatral, como si el presunto ladrón de su novia sólo
pudiera hallarse en ciertos lados. ¿Por qué su movedizo
profesor de salsa tiene que ser sí o sí el que nos hará
“cornudos”,y no, en cambio, el puntual sodero, o un
simple francés con libros con el que se choque en la calle,
como ocurre en el film Infidelidad? Hombres hay millones, la
única que decide es ella.
¿Solución?
Un varón debería preguntarse todos los días al
contemplar a la mujer que quiere: “¿ puedo vivir sin
ella?”, “¿soy capaz de continuar mi existencia si me
deja?”. Mientras la respuesta sincera sea sí, la
convivencia será
una comedia, y no
una tragedia, y él le dará a ella libertad para que se
inserte en la sociedad de manera creativa y evolutiva, y también
él tendrá
fuerza interior para decirle “adiós, querida”, en
cuanto ella tenga una actitud confusa, equivoca o histérica
con otro tipo, sea por lo que fuere.
LO
QUE NUNCA RECIBIREMOS DE ELLAS
Por Luis Buero
Un
viejo chiste cuenta que Dios hizo la Tierra y descansó,
luego produjo los
mares y descansó, al día siguiente inventó los peces, las
aves, las plantas y descansó,
más tarde creó al hombre y descansó, pero después
se le ocurrió confeccionar su última creación, la mujer, y
a partir de allí no descansaron ni las plantas, ni la Tierra,
ni el hombre, ni
Dios.
Yo
creo que quizás Dios sintió envidia de la tranquilidad de Adán
y dijo: “ no es justo que este gil esté tan
tranquilo”, frase que algún investigador del Código Da
Vinci algún día descubrirá que fue trucada en la Biblia por
“no es bueno que el hombre esté solo”. Acto
seguido le puso delante a Eva, que no hizo otra cosa que
proveerle grandes dosis de inquietud,
varias tentaciones y
de paso ocasionarle la expulsión del paraíso. Y así vimos
que un cabello de Eva fue más fuerte que las advertencias del
Gran Hacedor.
Desde
entonces la anécdota no ha cambiado. Los hombres nos seguimos
casando más de una vez, “rehaciendo” nuestras vidas con
la loca idea de lograr paz y felicidad al lado
de una mujer, justamente las únicas dos cosas que ellas no
puede darnos, simplemente porque no las tienen para si mismas
tampoco.
Las
mujeres afirman que el mejor marido es aquel que hace que
ellas no quieran buscar a otro nunca, pero
más allá de ese discurso, tarde o temprano ellas
sentirán que algo les falta, y esa falta se les
hará insoportable. Lo femenino, encarnado en la mujer, es el
paradigma de lo diverso, lo altero, lo héteros, que cuestiona
el ordenamiento fálico del mundo. Las minas de hoy, a
sabiendas o involuntariamente, se hace popó en algún momento
de su vida en la corsetería cultural que le han impuesto, y
cuando todo parece perfecto, cuando su tensión interna
debería llegar a un equilibrio permanente, la tan
nombrada homeostasis, aparece el incómodo deseo.
Ella
imagina que su cuerpo existe sólo bajo la mirada de otro, y
es protagonista exclusivamente si su imagen puede seducir a
todos los hombres.
De
allí, que lo femenino tanto como el deseo, emergen como
“inquietantes”, aquello que pone en duda todo saber, toda
certeza, toda garantía.
Y
aparecen algunos interrogantes que ya el hombre no se anima a
formularle, sabiendo que la mejor manera de que ella no mienta
es no preguntarle nada. Lo perdurable, lo previsible,
ya no pertenecen a lo femenino. Durante siglos y siglos ella
ha sido maniatada por los varones para que pueda brindarle
estas dos “p” aún a costa de su vida, si era necesario.
Pero ahora la seguridad masculina se hunde
irremediablemente como un Titanic sin timón.
Y
Eva, cada día, pacientemente vuelve
a lustrar la manzana
para lograr ( incluso contra su voluntad y a costa de
su propia angustia) interrumpir
la siesta eterna del desorientado Adán, ese héroe de
historietas que ya nadie lee,
y que a veces se duerme con un ojo abierto,
vigilando absurdamente que no ocurra lo inevitable
.
NO
ME PRESTES NADA
Por Luis Buero
Desde
que Tinelli y Carlos Bianchi protagonizaron la publicidad
televisiva en la que ambos se “prestan la vida” por un día,
y les pasa de todo, no pocas personas me han comentado que les
gustaría hacer lo mismo.
Y
de pronto, como observadores implacables, nos volvemos
incapaces de comprender cómo los demás no toman decisiones tan
sencillas o solucionan las cosas de una buena vez, si los
conflictos aparecen claros
y simples vistos desde lejos.
Los
hombres, ansiosos por ostentar el poder (el tan famoso
“falo” al que acuden todas las teorías psicológicas),
siempre anhelan ser el presidente de la nación, o el director
técnico de la selección argentina de fútbol o el gerente de
programación del canal más visto, a fin de, obviamente, cambiar
toda la realidad en cinco minutos.
Pero
las mujeres, que normalmente viven mirándose el ombligo las
veinticuatro horas de cada jornada (como diría don Sigmund,
buscando el pete que no está) reclaman ser
comprendidas. Su grito pelado se podría traducir así :
¡quiero que me escuchen, necesito que conozcan mi
sufrimiento, persevero a diario para que valoren mis esfuerzos
y logros, y lo más importante, exijo ser deseada en todo
instante como única forma para seguir existiendo!.
¿No
será mucho? Sin embargo es su ambición inagotable, y a
efectos de responder al exhorto que las conmueve, todos son
demandados: desde el albañil analfabeto de la obra de la
esquina hasta el filosofo oriental que escuchó las teorías
de ella sobre el nirvana. Todos le deben un piropo de
este lado del cielo, especialmente a aquellas que no tienen un
hijo varón al que peticionárselo como parte de pago de chocolatadas
bien servidas y grisines con mayonesa de marca, tal como
se ve en las demás publicidades de moda. Y el que responda
esa solicitud a pleno, con un buen elogio, una adulonería a
tiempo y una galantería certera,
tiene ganado su corazón sufriente.
Pero
inspirada en la dupla Tinelli/ Bianchi, nunca falta una
enamorada que le
quiere prestar su Yo por una semana a su amado,
para que él aprenda un poco todo lo que le cuesta ser
mujer en este mundo que no admite celulitis, arrugas y
ropa holgada, y se la devuelva intacta luego de haber recibido
la lección correspondiente.
A
esa soñadora le recuerdo que:
- Hace
treinta años que los partos sin luz artificial, los
palieres nutridos por oscuros administradores de
consorcio, y las colas de supermercados nos tienen de
certeros protagonistas peleando precios y probando
temperatura de leches de lactantes en el antebrazo.
- Venimos
a este aquí y ahora para animar un envase
perentorio por alguna razón. No me prestes tu vida, déjame
saber qué puedo lograr con esta que también es prestada,
pero por Dios. Sólo cuando uno se acepta y se mira con
profundidad llega el momento en el que termina encontrando
al otro, y dejándose habitar por él. Antes somos apenas
individuos, no personas, y no tenemos nada.
ESPECIAL
SIN JAMÓN NI QUESO
Por Luis Buero
“Eramos
el uno para el otro, pero ese otro no era ninguno de
los dos” afirma “lacánicamente” siempre mi
amigo Hugo, dramaturgo y psiquiatra, tal vez influenciado por
una amarga sentencia : “amar es dar lo que no se tiene a
alguien que no es”. Claro
que, esto subsiste hasta que el amor ciego recupera la vista
y el vínculo se derrite como un helado de vainilla al
sol.
Y
ese es el día en el que descubrimos que no somos tan
especiales para ella como imaginábamos, y que dejamos de ser
su brújula.
¿Quién
tuvo la culpa? ¿Su madre, que nos criticaba y que operaba
como una gotera en la piedra hasta convertirla en arena? ¿Su
terapeuta que casi se cae de la silla el día en que ella le
aseguró que no podía vivir sin nosotros, y se pasó el resto
del tratamiento convenciéndola de lo contrario? ¿Los demás
hombres del planeta que,
como si ella fuera un bien en remate, pujan
constantemente y mejoran la oferta demostrándole
que si nos deja hay miles esperándola, como
cazadores retrasados de la manada?
Sólo
sé que los síntomas se evidencian y son insoslayables. Ella
ya se olvida de llamarnos,
o nos sobran los dedos de una mano para contar las
palabras de afecto que recibimos de su boca.
El chiste que antes le arrancaba una carcajada hoy le
inspira una ironía. Aquella
reflexión sobre el porqué de la existencia humana que le
regalábamos a su mirada llena de brillos, hoy nos devuelve un
bostezo de hipopótamo trasnochador.
Uno
ha empezado a dejar de ser su “mejor es todo” para
convertirse en su “peor es nada”.
Y
comienza en la pareja ese estado extraño donde dos conviven
separados sin desanudarse. Esa cosa de “donde va la barca
va Bachicha”, y que dure hasta que se rompa.
Sin
embargo, hay algo peor que todo esto y pasa cuando a
nosotros nos ocurre lo contrario. Ella sigue siendo tan
especial como el día en que la conocimos, sensible, generosa,
receptiva, contenedora, perfecta, nos adora, nos mima, nos
satisface a borbotones.....pero no la soportamos más. De
pronto nos enfrentamos al par contradictorio al que se refiere
Facundo Cabral en su último show: “¿horriblemente solo o
maravillosamente libre?”.
¿Por
qué si ella tiene todo, absolutamente todo lo que anhelaba
encontrar en una mujer ...¡no la quiero ver más!?.
Cientos
de preguntas, como recaudadores de impuestos enardecidos
frente al portón del avaro, nos golpean las sienes Pero hay
una sola constante: ¿Será que yo soy incapaz de amar a
alguien? ¿Dejó de interesarme porque es tan ideal que me
impide desear y eso me ahoga?
Y
mientras el cerebro tamborilea, nos expedimos con un silencio
denso, y nos invade la
culpa, y unas involuntarias y crueles ganas de fugarnos a una
distancia estelar.
Y es ahí cuando recordamos ese repetido proverbio chino: Un
hombre puede sufrir dos grandes tragedias. Una es que no se
cumpla lo que soñó. La otra es que si se cumpla. Pero de las
dos, la mayor tragedia es la segunda”.
DEBERÁS
GANARTE EL PAN CON EL SUD0R DE TU OREJA
Por Luis Buero
Le
puede pasar a la mujer de un presidente o a la chica que junta
cartones en la calle. También soporta este trago amargo una
inspectora de policía a cargo de un destacamento, la
directora de un banco hipotecario y la vendedora callejera de
café.
El
mandamiento del mundo masculino laboral para Eva pareciera ser
inevitable : “ganarás el pan con el sudor de tu oreja”.
Y
sí, reconózcanlo. Puede ser la moza del restaurante v.i.p.
en el que almorzamos a diario o la rubia licenciada que inició
el entrepreneurship en la
Argentina. Para el caso es igual. Tarde o temprano les
llegará la mirada de carnero degollado o de tigre al acecho
del compañero lavacopas, el remisero que la lleva a diario o
del Ceo “winner” que hace negocios para el siglo
XXII pero mira a las mujeres apenas asomado desde su garita en
la Edad de Piedra. Y tampoco es raro que durante un recreo en
la sección administración de ventas, Eugenio, un supervisor,
le pregunte en broma a la secretaria del gerente de
marketing de la firma: “¿sabés
cómo hacen el amor los marcianos?”.
La chica esperando inocentemente el final del chiste
contesta que no. Entonces él, sonriente,
le apoya una mano en el hombro y culmina la chanza: “Así,
¿ves?,... ahora estamos teniendo sexo”.
Fabián,
un analista cuarentón, gordo y canoso,
asesor fijo en la sección Sistemas de una importante
empresa de telefonía celular, cada vez que una asistente le
entrega un expediente, le alcanza una lapicera o le consigue
una comunicación, la mira fijo, baboso, lisonjero,
y le lanza un “vos
sos el amor de mi vida" en el mejor de los casos,
o directamente, "¡qué lindas
glándulas mamarias tenés, yegüita!"...y
suele pedir que le practiquen sexo oral
como forma de agresión, y a viva voz, a aquella chica
que no esté de acuerdo con sus opiniones.. Las subordinadas,
con una mueca incómoda le hacen ver su desubicación,
pero tratan de no reaccionar con violencia, y
de mantener el clima de trabajo dentro de cierta onda
de cordialidad para que no se vuelva insoportable, lo cual
ocurriría si le dijeran lo que piensan cada vez que él las
observa como Alien 4 a sus próximas víctimas de la nave
espacial que habita.
Claudio,
Gustavo, Hernán y
Jorge, de la
sección Legales de una petrolera
pasan todas las tardes riéndose junto a los abogados
del mismo equipo mientras descubren nuevas páginas
pornográficas en
internet, sitios que quieren compartir con las chicas de la
empresa que pasan por el piso donde ellos trabajan, y aquella
que no se divierte con sus chistes es marginada, hostigada por
el grupo de varones. Se vuelve conflictiva. No es “de la
familia”.
Edgardo,
jefe de cátedra universitario se encuentra accidentalmente
con una discípula en el charter que va al country, ella le
comenta que quisiera dar la materia que él enseña en un
examen libre, no regular, él le asegura que eso sería un
suicidio, la joven entonces se dispone a leerle el programa de
la materia y él la sorprende: “¿con unos ojos tan hermosos
y necesitás lentes?”. Betty trabaja en el sector Atención
Personalizada de la telefónica francesa, el jovato de 80 que
la está consultando le insiste en que le dé una bonificación
especial en la factura y mientras tanto la recorre con la
mirada: “¡ pero qué lindas piernas tenés! Hoy estás para
el telo, nena”.... Ella de lejos mira a su supervisor que
con cara de naipe le indica que trate de atenderlo lo
mejor posible porque es uno de los principales clientes.
Carlos,
a diez kilómetros de allí,
tiene una fábrica de bolsas de polietileno, y a sus
obreras siempre les dice que las espera bañadito, y si
anda de ánimo les pellizca el trasero cada vez que gana Boca.
Y de seguir podría citarles el caso de un "sinior"
baboso como Richard, que a toda costa les quiere masajear la
espalda para que
se distiendan en la fábrica o en el call-center,
o el capataz Adrián
que le elogia el busto hasta a su propia sobrina,
empleada de la panadería,
no con ánimo precisamente de regalarle una escarapela.
Julio trabaja en la sucursal Caseros de un banco
cooperativo, cuando llama a la casa central de la entidad,
siempre le pregunta a Sabrina, empleada de similar rango, ¿cuándo
salimos a tomar algo?; ella le contesta que
tal vez algún día pero por ahora no, porque teme que el
negarse rotundamente con un córtala
estúpido le traiga problemas futuros en la
empresa, ya que en ese banco solo ascienden los hombres.
Estos
y muchos caso más son los que gente como la Dra. Carmen González
y otros especialistas en el tema Acoso Sexual en el trabajo,
podrían recibir como consulta diaria cuando se deciden a
meter las manos en este barro inexplorado de la conducta
humana.
Y
no me estoy refiriendo al común
“para
trabajar en esta empresa me vas a tener que hacer un par de
favores” o “para conseguir
el retiro voluntario...
tenés que acostarte conmigo”, que existen comúnmente
solapados en una invitación a tomar una copa y charlar sobre
el asunto a la noche, si no a situaciones mucho más
comunes y cotidianas en el que ni siquiera media es imitación.
A
menudo ellas escuchan chistes pecaminosos personalizados
por el solo hecho de pedir que les faciliten
una herramienta de trabajo, y en algunos casos
manoseos, arrinconamientos juguetones, invitaciones “en
broma” inundadas de adulonería sexual, y
lo aceptan como un mal necesario por tener que
compartir el ámbito laboral con hombres. Son los famosos "piroposlancesgroseros"
de cada día.
Ustedes
dirán, “si hasta fueron violadas las monjitas destinadas a
misiones de ayuda en el África” ¿qué clase de Dalai
Lama vernáculo pretende invocar este columnista en estos
elementales marsupiales erectos llamados hombres?
Pues,
somos hombres justamente porque la capacidad de representar en
palabras el mundo que nos rodea es lo que nos diferencia de
los demás cuadrúpedos. Y ese lenguaje es complejo no sólo
por su diversidad de contenido y significado expreso, sino
también por el latente.
Sigmund
Freud, se interesó sumamente en el chiste y su relación con
el inconsciente, otorgándole el rango de camino directo
hacia las zonas ocultas de la mente.
En las proposiciones íntimas
humorísticas y personalizadas
hechas a través del “doble sentido”
y repito, “en
broma”, se
presentan ciertos mecanismos básicos como la condensación
de un alto contenido sexual y agresivo, con cierta transferencia
de energía, valor o afecto en un desplazamiento aparente
del objeto de deseo a través de
una representación simbólica que lo disimula. El
contenido latente del chiste obsceno que dispara una invitación
erótica dirigida de manera impersonal,
es la búsqueda
indirecta de la satisfacción
de un deseo primario a través de un artificio humorístico
del léxico soez, que
sin embargo lo vuelve aceptable para la conciencia moral por
la cobertura solapada del humor. Y aunque el lenguaje encierra
formaciones reveladoras o solapadas de un deseo, a veces el
miedo a perder un vínculo imprescindible (el trabajo, la
amistad) hace que cualquier
elaboración secundaria o interpretación concreta del
chiste obsceno que les fue dedicado sea rechazada automáticamente
por algunas mujeres, que
desarrollando una censura maniquea se niegan a aceptar que ese
amigo o primo o compañero de labor o jefe inmediato
refleje en el chiste o en la insinuación risueña,
ansias inaceptables e inconfesables que ya no le
interesa ocultar permanentemente.
El
humor de ese compañero de trabajo o estudios o jefe o cliente
o esposo de la
empleadora, tiene
la particularidad de que se refiere a él mismo, pero para
entenderlo debemos darnos cuenta que este “él” está
“dividido”. Su
fantasía ya deja de ser inconsciente y se revela en el chiste
personalizado: “
cuando te mudes llámame así estrenamos la camita”.
Pero
no es una invitación concreta a salir. En
última instancia si ella “pica” aleluya, y si se
queja formalmente, fue
nada más que un chiste, y la víctima pasa por
aburrida o paranoica, una especie de agitadora laboral.
Porque, algunas dicen para disculparlo, “él es así, hay
que comprenderlo”.
Ferdinand
de Saussure también se refirió a “las palabras bajo las
palabras”, dándole incluso a los elementos sonoros de una
composición la capacidad de transmitir un mensaje subyacente
más allá del texto tal como lo percibimos.
¿Cómo
revertir esto en una sociedad reprimida, con una alicaída
pulsión de vida e inhibida sexualmente más allá de su
discurso libidinoso, provocativo y agresivo, donde el
funcionamiento judicial pareciera garantizar permanentemente
la impunidad?
El
problema se agrava cuando este espacio enrarecido es el del
trabajo, un lugar vital hoy para quienes tiene la suerte
de conservarlo.
Los
especialistas en el tema relacionan jurídicamente el acoso en
los trabajos con la “mala fe”, porque en la ley de
contrato de trabajo se estipula que el acuerdo entre las
partes debe ser presidido por la buena fe laboral. Si un
hombre contrata a una mujer para que pase datos a una
computadora, él no adquiere el derecho por ese vínculo a
someterla a maltrato verbal o físico y en la medida en que el
acoso sexual no es aún una figura legal, solo le queda la
opción a ella de demandarlo por daños y perjuicios, más allá
de exigirle una indemnización, por mala fe del empleador al
constituir el contrato laboral.
Pero
en un país con un cuarto de la población desocupada, y otro
tanto sub-ocupada,
¿quién va a quejarse?. Quienes se interesan en lograr que se
le otorgue una
figura penal y civil al acoso sexual en las empresas, afirman
que según estadísticas que cuentan en su poder, una de cada
tres mujeres sufren acoso sexual concreto en su lugar de
trabajo, y dos de cada tres acosadas tiene menos de 30 años.
También afirman que el acoso sexual no se presenta, como en
las películas, de la manera: “si no pasás por mi cama te
echo”, sino que se maneja de una forma
más sutil, subrepticia o solapada. Pero también
incluyen como actitudes cercanas a esa figura, la de esos
compañeros de trabajo que escatiman información laboral
perjudicando a la compañera que no accede a su
requerimiento sexual, o mandan mails pornográficos o
calumnian a la mujer si no se satisfacen sus deseos.
El abanico de situaciones alcanza a veces al acoso o la
persecución sexual que proviene de un cónyuge o pariente
directo del empleador que no es parte de la empresa pero cuya
acción también lesiona la libertad laboral de la contratada.
Entiendo
que el trabajo es un derecho humano fundamental, que responde
a un principio de vida, a un instinto de conservación
natural, y al menos dentro de ese ámbito deben respetarse al
máximo las cuestiones privadas de las personas.
Sin
embargo, ¿cómo pedirles a ellas que defiendan su lugar y su
integridad si hoy hay bares y restaurantes donde las contratan
para que circulen como mozas con ropa ajustada o escueta y den
besos de bienvenida a los
clientes recurrentes?
Cuesta
mucho entonces sugerir a las mujeres (mientras el Parlamento
mira para otro lado, ya que los políticos varones son los
primeros “galanes” del país) que intenten volver al sano
cachetazo de campo, o pierdan el temor a mandar al supuesto
Romeo circunstancial (que más que Romeo parece Freddy Krugger)
a la mismísima “eme”. Eso, claro, si es que aún les
importa cierta consideración en el trato y son capaces de
darse cuenta que en la lisonja obscena o la galantería
guaranga y desubicada dichas desde una posición de poder,
no existe valorización alguna. Así como del corazón
de los obreros, canta Serrat en el tema sobre el niño
yuntero, nacerá el martillo que rompa la cadena que los ata,
deberán ser las mujeres las que actúen en conjunto para
lograr re-significar la palabra respeto, si, respeto, tienen
derecho a exigirlo. Respeto como personas, como mujeres, como
trabajadoras.
Respeto.
Una linda palabra: respeto. No se rían, alguna vez existió.
¿CASARSE
ES MORIR UN POCO?
Por Luis Buero
“Dále
bichi, traéte la valija y quedáte para siempre” le
ruega el “homo-solterius” a su amada. Y después
que ella le contesta que sí, él
comienza a sufrir un insospechado pavor existencial. Un
segundo antes de emitir esa inconsciente frase estaba
convencidísimo, y
de pronto, ya antes de terminar de pronunciarla, cierto
hemisferio del cerebro conecta
al macho con el miedo a vivir de a dos, especialmente después
de años de soledad e “independencia”. Es una sensación
de pánico y ahogo inexplicable, que le hace mirar su
espacioso y desordenado living y verlo de pronto más lleno de
muebles y adornos que galpón del Mercado de las Pulgas. Y
entonces se pregunta: si hasta ayer lo que más deseaba
era dejar de estar solo...¿qué me pasa ahora?.
Es
ahí cuando lo peor que puede resolver es pedirle consejo a
los amigos, ya
que esos piratas le repetirán, riéndose, esos conocidos
aforismos machistas :
“
Hermano, tienes dos opciones: permanecer solo y sentirte
desgraciado........ o casarte y desear estar muerto”.
U
otra peor: “el hombre está incompleto hasta que se
casa.......luego está terminado”.
Ese
es el momento en el que los varones, seres que nunca maduramos
(o sea, que directamente nos morimos verdes), empezamos a
percibirnos perseguidos por un horroroso sentimiento de
inseguridad. De pronto parecemos descubridores de verdades
que antes ni teníamos en cuenta y sentenciamos:
1)
Nunca más
voy a poder tener sexo (ocasional) con otra mujer, a menos que
esté dispuesto a violar un mandamiento bíblico.
2)
Toda mujer que deje un mensaje en mi contestador telefónico,
así sea la promotora de un servicio de emergencias médicas,
me puede traer una discusión inesperada.
3)
De aquí en adelante cuatro ojos verán más que
dos......mis bolsillos, mi casilla de correo electrónico, mi
agenda, mis cajones de la mesa de luz.
4)
Perpetuamente las tardes de domingo estaré a merced
del “¿vamos a tomar mate a lo de mamá?”, lo que equivale
cambiar las gambetas del mago Capria por los bigotes de una
suegra que me mira con sonrisa de juez de la Corte Suprema.
5)
El baño se me llenará de algodones para sacar el
rimmel, bombachas trapecistas en las canillas, toallitas íntimas
olvidadas en el apuro que engendra un reloj despertador mal
puesto, pelos de otro ADN en la maquinita de afeitar.
6)
Y por si fuera poco, cuando una mina entra en nuestro
mundo, trae en su red de pescadores a esas amigas que te
consideran su raptor, y a esos ex novios o pretendientes que
no se resignan a perderla y se la quieren llevar a toda costa.
Finalmente,
como asegura mi abogada Luz María, las personas se casan la
primera vez por falta de experiencia, y la segunda vez por
falta de memoria, y como la imaginación siempre supera a la
inteligencia, los temores se disipan y el miedo deja paso a la
felicidad. El tiempo dirá. En definitiva, como ya sabemos,
algunos matrimonios terminan bien, y otros duran toda
la vida.
DE
PROFESIÓN: ¡CHISMOSOS!
Por Luis Buero
El
chisme no es patrimonio de un sexo y lo único que diferencia
a hombres y mujeres ante el comienzo de una murmuración, es
que ellos están solo atentos al dato, y esa información la
acopian en su mente si intuyen que les conviene
inventariarla para un uso futuro. Ellas en cambio, aunque
se trate de desconocidos, exigen
detalles, quieren que las cuitas ajenas se las cuenten como el
capítulo de una telenovela, con comienzo, nudo y
desenlace, y con todos los personajes descriptos y una
respuesta exacta ante la pregunta inevitable : “¡¿
qué cara puso él cuando se enteró que ella.....!?.
Para
los varones la infidencia es guardada en la mente si es
negocio hacerlo, en cambio para las minas una posible
calumnia es la pimienta que sazona reuniones aburridas a la
hora del té, o anima largas esperas en el salón de la
peluquería. Por eso el mirar tras los postigos es una
costumbre femenina, y el espionaje militar o industrial es un
invento masculino. Ellas disfrutan de un permanente “estar
en cuanto estar” tras la mirilla, siempre dispuestas a
ser sorprendidas por el dato prohibido. Ellos “van por el
objeto”, salen a buscar las miserias del adversario, le
instalan micrófonos
escondidos en su oficina, cámaras ocultas en su dormitorio.
Pero el chismorreo ya no es sólo un postre de sobremesa: la
tecnología (Internet, chat rooms, e-mails, mensajes de
texto desde el celular) aceleran el proceso de un rumor, y así
identificar la
fuente y erradicarlo es imposible.
Pero
desde hace un
tiempo el sufrir de un estómago resfriado se volvió
mediático, y los hombres crean a diario programas de TV
basados en los supuestos pecados y tropiezos de los famosos.
Ellos son los chismosos de profesión. Y esos ciclos de
indomables indiscreciones, de baratísima producción,
son premiados por un alto rating otorgado por el público
mujeril. Nadie
sabe demasiado cómo se negocia el pago de la deuda externa,
pero conocemos hasta el mínimo detalle en qué instante
inolvidable el polista infiel arrojó un cenicero a la cara de
la vedette. Todo
el mundo critica esos magazines afirmando que no son,
precisamente, un camino para el refinamiento intelectual y
espiritual sino que, por el contrario, ofrecen contenidos
triviales, vulgares, superficiales....y a veces ni siquiera
veraces. Pero la gente los ve. ¿Por qué?
Porque como afirma el psicólogo Gerhart Wiebe, esos ciclos
nos proveen mensajes restaurativos, es decir,
proporcionan una represalia simbólica contra figuras
exitosas, afortunadas, o autoritarias.
Y el conocer los trapos sucios del triunfador nos hace
menos angustiante el saber lo que no podemos y vuelve más
soportable nuestra envidia. En
definitiva, gracias a Lucho, Beto, Jorge o Mauro, nos
enteramos que ese genio que inventó la vacuna contra el cáncer,
se come las uñas
e insulta a su perro. Y con un relajante “nadie es
perfecto”, apagamos la tele y nos vamos a dormir
tranquilos.
¿EL
AMOR SE LLEVO A UN AMIGO/A?
Por Luis Buero

Ayer
“lo o la” encontrabas a toda hora, hoy ni tiene
tiempo de responderte los mensajes que dejas en su
contestador.
Si,
ayer esa personita estaba “suelta”
y era como un sándwich
de hamburguesa, no faltaba en ningún picnic. Y justo ahora
que la soledad tiene buena prensa, ¡ se le ocurrió
encarcelarse sin consultarnos!
¿Por
qué nos sentimos mal?. Porque
a pesar de lo que digan los boleros, la pareja humana
pareciera ya no ser más un ejemplo buscado de “unidad-síntesis
del universo, y pilar básico de la sociedad”, sino que, más
bien se la considera una construcción cultural necesaria pero
imprevisible y sobre todo,
temporaria. Y la seguridad (según dicen) aburre. Los y
las jóvenes aseguran tener otros mandatos más urgentes:
triunfar, tener éxito. Y
la gente madura que ya naufragó en los mares del amor, teme
que las segundas o terceras nupcias sean una misión
imposible.
Entonces,
quien tiene esposo o novia estable desentona, porque todas las
salidas y las invitaciones se planean para individuos y no
para parejas. Por
eso cuando ese hermano del alma se vincula con alguien
del otro sexo hay una sensación inevitable de pérdida. Se
pasó al otro bando, sentenciamos.
Si la definición de
“amistad” que legaliza el diccionario castellano fuera
cierta, uno debería
alegrarse por la felicidad de nuestro compinche. Pero la
realidad es otra. Si nos toca ser el Romeo a nosotros, sabemos
bien que tarde o temprano reaparece su mejor amiga buscando a
nuestra Julieta para que la acompañe a
cenar, a bailar, de levante, al cine, lo que sea. 0bviamente
todo solas. Julieta
se niega con culpa, pero a su vez escucha desde la cocina cómo
los piratas de la barra de Romeo se burlan de él en
la puerta de calle, bautizándolo “sometido”, porque no
los sigue como antes en sus “etílicas” recorridas por pubs,
after- offices, juegos de cartas y
visitas a amigas con derecho a roce.
Es
obvio que aquel que tuvo el valor de cruzar el abismo que hoy
separa a los sexos, protagonizó un cambio. Y es
natural que su nueva condición de ser que se entrega a
otro en el deseo y en la ternura, lo muestre distinto,
pues ha comenzado a hablar otro lenguaje, y a
pensar desde un lugar de crecimiento y evolución.
El
y ella forman una nueva realidad que no puede ser comprendida
totalmente por nosotros, y nos inquieta verlos tan unidos,
perfectos, lejanos, como a papá y mamá en nuestro recuerdo más
primario y primitivo.
Y
si, es un pequeño duelo a resolver entender que el mejor
amigo de uno ha iniciado el viaje del crecimiento. Y ojalá no
de marcha atrás nunca y menos por nosotros. Por eso me
disgusta ese verso de la canción Mi Caramelo, de
la Bersuit , en el que el cantante asegura que cambiaría toda
la familia que construyó por jugar a la botellita con
su ex amiga. Porque en esa familia propia que hoy le pesa están
sus hijos, pequeño detalle, que la multitud que acompaña el
canto parece obviar.
TÍMIDOS
NO, TÍMIDAS SÍ
Por Luis Buero

El
cómico Verdaguer contaba que había un hombre tan
tímido que veía la televisión a través de un
espejo, porque no se animaba a mirarla de frente. ¿Pueden
imaginarse a ese personaje declarándole su amor a una chica?.
Se
dice que los gatos no sienten emoción ante los ratones
prudentes, y que a las mujeres no les gustan los tímidos, que
prefieren los recios. Ellas no tolerarían un Romeo que al
intentar conquistarlas les dirigiese la palabra tartamudeando
por miedo, o se ruborizara afiebrado, o resonaran
palpitaciones en su pecho como si fuera el tambor de Tacuarí,
le temblaran las piernas cual bailarín de boogie-woogie,
y transpirara igual que un minero excavando a diez
metros bajo tierra. ¿Por qué? Primero porque las abuelas
exageraron sus expectativas masculinas con aquellos inefables
cuentos en los que el príncipe azul las despertaba del sueño
eterno con sus besos y las traía este mundo, las defendía,
y las cuidaba con su espada invencible. Segundo,
porque de chiquitas hubo en sus vidas un héroe gigante
que les ponía la mermelada en el pan: papá.
Pero
ojo, no por eso les caen bien los cancheritos que se
creen winners totales porque (al igual que los
apocados) no les permiten desmantelar su escena de seducción.
La hembra, en toda la especie, elige al macho, dejándole
generosamente un espacio para que éste despliegue, como el
pavo real, su masculina fantasía de levante y se la
crea. El muchacho
entonces se hace el galán y suelta sus lisonjas edulcoradas,
satisfaciendo al mismo tiempo con su adulonería sexual
esa cuota de narcisismo femenino que ella le exige
sentirse única. Claro que el tipo cohibido corta esta mística
dramática, tose, no sabe qué decir, se desdobla en sujeto y
observador de sí mismo y proyecta en ella la imagen de un
juez implacable que lo ha condenado de antemano. Todo en su
imaginación, obvio.
Los
varones en cambio, si
buscan pareja estable y deben optar entre una timorata y una
descarada, intuyo que prefieren a la que es o se hace la
“mosquita muerta”. La mina demasiado sociable nos
intranquiliza, y mucho más la que demuestra que no le tiene
el menor miedo a los hombres. Nos gusta suponer que nuestra
Cenicienta jamás le contestaría a un desconocido que le sonríe
o le habla en un colectivo. Ya antaño,
el propio Cervantes expresaba que no hay nada más
pesado que una mujer liviana.
También están esos Adanes que se asustan
ante la mina exitosa, esas ejecutivas con un gran potencial
para lograr poder económico y social, inteligentes,
decididas, agudas, a
tal punto que a ellos les resulta imposible intuir que ellas
en la cama son sensibles, sumisas, afectuosas.
Quizás
la solución para estos seres generen vínculos amorosos sea:
1) para los vergonzosos: urgente terapia farmacológica:
2) Y a vos, la atrevida, te sugiero disimular un leve recato
que nos permita soñar, ingenuamente, que nunca más vas a
necesitar otro hombre.
CUANDO
VIAJA UNA MUJER....
Por Luis Buero

Antonio
Machado afirmaba en unos versos que la muerte ha de
encontrarlo “ligero de equipaje”. Yo le creo,
porque era hombre.
Es
así, los varones viajamos con lo necesario, intentando
abreviar las entradas y salidas a terminales, puertos y
aeroparques. Nos molesta hacer maletas, soportar a los
cargosos que te quieren obligar a que les dejes llevar los
bultos para arrancarte una propina, y
a las aduanas que te desenvuelven hasta los alfajores para ver
si el membrillo tiene cólera. Y nos fastidia tramitar el
embarque de valijas, porque pesan y sobre todo, porque nos
hacen perder tiempo. Además tratamos de llevar todo en un
bolso de mano, pues tememos descubrir que mientras volamos plácidamente
a Tokio, nuestra
mochila con documentos y calzoncillos largos está aterrizando
en Jujuy, por un
error administrativo.
Las
mujeres, en cambio, cuando salen de su casa por unos días,
parece que emigraran para siempre. Todo el emporio de cremas y
maquillajes ya les ocupa el treinta por ciento del espacio escénico
a transportar. Ni hablar entonces de la ropa a empacar, que
incluirá mudas
para el día y la noche, el frío y el calor, la velada de
gala y el encuentro campestre, la lluvia, la nieve, el sol
rajante, la
fiesta elegante y hasta un imprevisto velorio. Nada debe
quedar al azar porque ellas se perdonan todos los pecados,
menos quedar en ridículo.
Además,
como pasajeras en tránsito las minas son hoy
inescrupulosamente sociables, es decir, ya sea que viajen en
un micro media estrella a Tapalqué o en la primera clase de
un Boeing 747 a Aspen, ellas enseguida entablan conversación
con los eventuales compañeros de asiento, los que
invariablemente les darán su tarjeta “por si necesitan
cualquier cosa durante la permanencia en el lugar de
destino”.
Las
que llegan de vacaciones con su media naranja parecen estar
energizadas por el simple hecho de cambiar de rutina y de
aire. Se prenden en todas las excursiones, aunque haya que
levantarse a las cuatro de la mañana para ver como un
elefante soltero toma clases de paracaidismo en Indonesia, y
luego quieren ir a la playa, subir a la montaña para observar
el crepúsculo, cenar y bailar en un boliche tumultuoso
probando distintas bebidas espirituosas y autóctonas, y
finalmente quedan a la espera de que les hagamos el amor como
si fuéramos el Dr. Viagra a los dieciocho años.
Nunca
falta la desubicada que cree que porque pagó un boleto puede
llamar a la azafata para que le rasque la espalda, o pedirle
al capitán del transatlántico que frene frente a la Estatua
de la Libertad para sacarle una foto. Esas son las que de un
hotel se llevan de recuerdo hasta el agua de los
retretes. Pero en realidad todas se vuelven con algo nuevo
encima, especialmente aquellas que en estos días se olvidan
de tomar la pastillita anticonceptiva.
En
síntesis, por algo Colón no llevaba mujeres en las
carabelas. Lástima que nosotros no supimos imitarlo.
UNA
REENCARNACIÓN INCOMPRENDIDA
Por Luis Buero
Algunos
críticos de cine porteños le han pegado duro en sus
comentarios a la película Reencarnación (Birth, en EE.UU) y
la han calificado como mala, regular, o en algún
caso, le han brindado un tímido veredicto de buena. Es
como decirle al espectador: “vaya sólo si no tiene otra
cosa mejor que hacer”.
Mi
duda será :¿Cuál es el parámetro platónico, ese ideal que
está en el plano de lo absoluto, y que les permite inferir
que “esto es lo perfecto, lo que debe ser” y todo lo demás
es menos?
Vayamos
por parte:
Primero:
una obra creativa es un decir de alguien que se expresa metafóricamente.
Hay quienes piensan que un noticiero también es un
“imaginario”, pero les aseguro que una ficción
indudablemente es una representación artística de la
realidad. Un
director es un hombre que le habla a la sociedad a través de
una historia que cuenta a su manera. ¿Por qué habría de
hacerlo de otro modo?
Segundo:
Como docente de la materia GUION, en Escuelas de Periodismo o
carreras de Comunicación Social, muchas veces he intentado
enseñar a los jóvenes las distintas particularidades de los
géneros y formatos narrativos, y sobre todo hacer que ellos
se topen no sólo con las dificultades estructurales que
imponen contar una historia sino también poder tener en claro
cuál es el mensaje implícito o latente de ese producto. Pero
también en la medida en que el guión es el principio de un
arte colectivo, les he sugerido que indiquen en sus guiones
los aspectos del diseño que cuentan la historia más allá de
las palabras ( maquillaje, ambientación, decorados,
indicaciones de cámara en cuanto a ángulos de la toma y
amplitud de encuadre de los planos.-)
Volviendo
al objeto de polémica en esta carta, entiendo (como simple
espectador) que REENCARNACIÓN es una historia bien contada,
con detalles visuales e interrogantes que completan el relato
y que siguen jugando en la mente del espectador, mucho después
que salió del cine. Parece la resolución de una ecuación
simple, pero no lo es.
¿No
reparan esos críticos en la duración de un plano secuencia
que dista de la telequinesia común del cine americano? ¿no
perciben el blanco y negro o
los colores oscuros permanentes del vestuario, la
tonalidad ocre que provoca la iluminación en el departamento
de Anna (Nicole Kidman), el rostro impávido del niño-muñeco
que más que responder, pregunta, o la mirada alienada de esa
mujer vencida por la pena y la culpa de seguir viviendo más
allá de su media naranja, la ausencia de música en
ciertas escenas dónde el silencio pesa en la respiración, o
por el contrario el concierto (estridente en el
teatro) acompañando el desconcierto de Anna al empezar
a creer que el niño conlleva el alma de su Sean ? El
director no se confundió, como afirma un conocido cronista,
sabía bien que no estaba ante Liv Ullman.
Y logra algo mejor: no es Nicole Kidman, es el público
el que siente el horror de Anna antes que ella enarbole su
primera lágrima.
La
reencarnación no es el misterio revelado que los
comentaristas ven obvio y sin sorpresas.
Lo que no tiene respuesta es porqué la imagen de Sean,
el esposo fallecido, ha perdurado en el corazón de una mujer
que se empeña en aferrarse a la falta, a la in-completud, al
amor que se recuerda del que ya no está, aquel que puede ser
idealizado porque, justamente,
ya no tiene la opción de decepcionarla.
Ella, detenida en el tiempo, debajo de ese puente donde
ha muerto Sean, se niega a sí misma y a su cuerpo.
El chico que afirma engañosamente ser una reencarnación
es el espejo en el que ella puede reflejar su fascinación por
la melancolía, y construir la escena en la que el
Único, el muerto, ha vuelto para completarla, para
llevarla a ese sitio in-encontrable donde la carencia
desaparece. Por otro lado, la inocencia del niño enamorado
también se resiste a la percepción de un Sean falible,
infiel, indeseable. ¿Le propuso casamiento treinta veces pero
la engañaba con la mujer del mejor amigo? ¿Cuál será el mérito
o el desmérito que provoca el amor perenne de una mujer, que
no es la madre?
Y
hay más interrogantes planteados en ese film. En una época
de relaciones furtivas y no comprometidas,
¿qué impulsa al nuevo novio a persistir en el deseo
de retenerla y casarse con ella, aunque a cada segundo no hace
más que demostrarle que ella sigue amando al
finadito? ¿Acaso ha caído en la trampa de creer que
el enemigo muerto, al no tener existencia física, no
es un rival de temer? ¿Por qué acepta como normal su falta
de ser y de tener ante los ojos nublados de una Nicole
Kidman que desaforadamente le demuestra que jamás será su 0tro-todo?¿Cómo
el objeto de deseo y el objeto perdido pueden superponerse el
uno con el otro?
Finalmente,
creo que muchos espectadores podrán disfrutar el film y otros
aburrirse, como ocurre siempre, pero entiendo que no serán
pocas las mujeres que tratarán de responderse qué harían en
el lugar del personaje de Nicole Kidman, aunque el niño jamás
apareciera. ¿Adaptarse
activamente a la realidad o ser infieles al cuento congelado,
a la novela familiar de lo irrepetible? Y los varones difícilmente
entiendan qué secreta virtud poseía ese tal Sean que aún
siendo infiel la conquistaba a su esposa por toda la
eternidad, y además, qué pasa por las venas de ese señor
actual que juega el rol de novio y consorte, ese que no tiene
valor para abandonarla y buscarse otra que lo ame de veras,
condenándose a una cifra impar en la cual es, pese a su
carnalidad, el tercero excluido.
Me
pregunto si el drama del crítico cinematográfico no será éste, el estigma
de comprender que el proceso creativo y su posterior vínculo
con el sí o el no del público constituye un espacio,
una ciudad en la que él , el comentarista, es sólo un
turista de paso con máquina de escribir, un observador que,
indefectiblemente, como el novio de Anna en Reencarnación, aún
pese a su esfuerzo, siempre estará de más.
ELLA
SE VA A BAILAR SOLA CON SUS AMIGAS
Por Luis Buero
La
gran tentación de todo hombre es tener un romance con una
chica que tenga entre 20 y 26 años de edad. Y todo marcha
sobre rieles hasta que ella le dice que él es el hombre de su
vida seis días a la semana, porque los viernes... “¡ella
se va a bailar sola con sus amigas!”.
“¿Por
qué a bailar?¿
no pueden ir a cenar, al cine, al teatro, a un recital,
a una exposición de arte?” se
pregunta el atribulado caballero, y rápidamente le describe
algo obvio: que en los boliches van los tipos a levantarse
minas y que estando bebidos o tal vez “fumados” es
absolutamente probable que uno o más de uno se le tire un
lance a la chica de manera obscena o agresiva.
Pero
ella lo mira como si él le hablara del sexo de los ángeles.
El
varón entra en pánico y lejos de apelar a la
experiencia, que
siempre nos enseña que el agua del río no se detiene aunque
le metamos nuestro pie, enfrenta el discurso de la jovencita
con planteos sobre la Etica totalmente inútiles, ya que esa
decisión ella se
la ha planteado como algo instituido,
igual que los viajes de egresados de estudiantes, el
show de streappers en las despedidas de solteras, la ingestión
de pizza después de ver una película en un cine de Lavalle y
la jura de la bandera cada 20 de junio.
Pensando
que su razonamiento está obnubilado por la edad, consulta a
los machos más jóvenes de la especie,
y descubre en ellos los mismos ataques de celos o
incomodidad ante esta costumbre de las minas, que parece
atacarlas a los 16 y
les dura hasta cerca de los
30.
Ellas
aseguran no hacerlo con la intención de “transarse” otro
flaco, sino para divertirse. Si van solas, afirman,
pueden bailar más sueltas y hasta hacerse las payasas,
“bardear” a todo el mundo, beber de más, y sentir la
libertad de acceder a cierta cuota de descontrol que con el
novio presente sería imposible.
Incluso
varias chicas confiesan “producirse más” y
ponerse “más provocativas” cuando van solas a las “disco”,
total, si algún chico se les viene encima le dicen que tienen
novio y listo. Aunque claro, si el pibe está bueno, a lo
mejor danzan un poco y algún piquito le dan.
Novios
atormentados, con la excusa de que pasaban
por casualidad, se
aparecen de golpe en el boliche a la tres de la mañana,
para ver qué están haciendo sus novias, pero este tipo de
actitudes o intentar que ellas corten estas salidas puede
significar el fin de la pareja.
Allí
es cuando el varón comprende
que la mujer copió de él sus dos grandes defectos
milenarios: inmadurez y egocentrismo.
Y ante la brutalidad de presenciar su propia imagen
interior reflejada duramente en el espejo de la histeria
femenina, no le queda otra opción que ser un potus.
Ni estar a favor ni oponerse, ser un potus,
inmóvil, mudo, y esperar que a ella se le pase. Y si
la chica cumplió los 30 y no crece, al menos,
rogar que lo riegue un poco todas las mañanas.
¡QUE
ES EL OTOÑO?
Por Luis Buero
Muchas frases
citan el otoño. Por ejemplo, mi amigo Javier cuando sus
acreedores logran cobrarle lo que les debe, siempre exclama:
"¡me
dejaron como a Adán en otoño!".
En las épocas
el Rey Salomón, por ejemplo, el cálculo de un año en el
calendario se medía de otoño a otoño, y según el
diccionario de la madre Academia, lo otoñal tiene que ver con
una edad próxima a la vejez. Esta es la época en la que las
profesoras confunden a sus alumnos con palabras extrañas como
equinoccio y solsticio, que jamás recordarán, y aunque en
septiembre se regalen tarjetitas donde se le da la bienvenida
a la primavera, nadie en cambio grita: "¡Feliz 0toño!",
porque en el hemisferio austral del planeta, el otoño
representa el comienzo de todas las actividades.
El otoño
pareciera ser como el hijo del medio que (salvo en el caso único
de las Trillizas de Oro) se pregunta a diario, "aquel es
el mayor y ese otro es el menor, entonces: ¿yo quién
soy?".
Algunas personas
la consideran una estación hermosa, aquella en la que la
naturaleza se expone para ser mirada y respirada. El otoño
posee personalidad propia, no es un estadio intermedio,
ocasional e inevitable hacia algo distinto, como la oruga que
será mariposa, un "no lugar" de paso en el tiempo.
No. Pero indudablemente tiene mala prensa, pese a los poemas y
canciones que le han dedicado. Algunos lo transitan
emocionalmente apagados, melancólicos, como si fuera el día
Lunes en la semana.
Sin embargo su
nombre es inspirador de las más variadas metáforas y
metonimias. Para los músicos y pintores pareciera ser la
estación más productiva, mientras que otros seres le tienen
fobia y lo acusan de "triste y nostálgico".
Los chicos lo
miran con recelo puesto que con él llega la obligación de ir
al colegio, las señoras notan que el pelo se les cae más a
menudo y los porteros se quejan porque tienen que barrer con más
cuidado las veredas y las terrazas.
Para mí, que
nací bajo el signo de Piscis, el comienzo del otoño ocurre
ocho días después de mi cumpleaños. Por lo tanto no
representa un fin sino el germen de lo que vendrá. Lejos de
deprimirme, disfruto de esas lluvias abundantes pero suaves
que dan de beber a parajes agrestes y sedientos, convirtiéndolos
en paisajes dorados, verdes y ocres. La flora hace un cambio
de vestuario y todo se prepara para transformarse. El otoño
nos saca de la voluptuosidad del verano con su inestabilidad
climática para insertarnos en una invitación a la meditación,
al estar en cuanto estar, a mirarnos hacia adentro. Por eso
entiendo que haya gente que lo odie, pues cuando llega ese
momento en el que no te queda más opción que quedarte a
solas contigo mismo, descubres que ese encuentro puede ser
hermoso o el más terrible que te depara la vida. Es allí
cuando un hombre puede pedirle a una mujer lo mismo que si él
fuera el otoño, recordando un viejo proverbio chino: "ámame
cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo
necesito".
(*) Crónica y Análisis
publica estas notas por gentileza del autor Luis Buero
Mail: luisbuero@tutopia.com
ó bueroluis@hotmail.com
Mail: luisbuero@tutopia.com
ó bueroluis@hotmail.com
Luis
Buero es guionista, periodista docente de la materia Guión
en TEA Imagen, en la Universidad de Morón, y en la
Universidad de Belgrano.
Es autor del libro "Historia de la televisión
argentina contada por sus protagonistas", editado en 1999
por la Universidad de Morón (dist. La Crujía) que obtuvo una
mención especial de APTRA en la entrega de los Martín Fierro
1999.
Algunas obras:
* Televisivas:
La Familia Benvenuto (Comedia, TELEFE, 1991-1995)
Comunicado Pop (Magazine juvenil, ATC, 1997)
Un Milagro de Cristo en la Quebrada (Documental, CANAL 2, San
Luis, 1994)
El Laboratorio del Dr. Pipeta (Sketches cómicos infantiles
educativos, TV QUALITY, 1999)
Colaboración autoral en Los Rodríguez (Sketches cómicos,
TELEFE, Junio 1998) y en Señoras sin Señores (Sketches cómicos,
TELEFE, Octubre 1998).
* Radiales:
El Tiempo que viene (Periodístico, FM Comunidad, 1996).
* Literarias:
Príncipes y Medias Lunas (1971)
Cuentodisea (1975)
El Último Otoño (1982) Faja de Honor de la Sade 1983
Historia de la Televisión Argentina contada por sus
Protagonistas 1951/96 (Universidad de Morón, 1999)
* Periodísticas:
Diarios: La Nación - Clarín (calles de Bs.As.) - La Voz del
Interior - La Prensa - Tiempo Argentino - La Razón - Época -
Norte- Publimetro - Diario 16 (España)
Revistas: Flash - Uno Mismo - Cosmopolitan - Nuestra - Clarín
Viva -Autoclub - Sex Humor - Para Ti - Luna - Todo es Historia
- Magazín Semanal
Otros: Clarín Ciudad Digital - - Leedor. com (internet) - Página
Digital (internet) - Mujerweb.com (internet)- Aglia.com
(internet), Sensibles Del Sur (Bariloche/internet), etc.
* Discográficas:
Para Mamá, Actor Hugo Arana (RCA VICTOR, 1976)
* Cursos y seminarios dictados:
Facultad de Filosofía y Letras U.B.A. - Facultad de Ciencias
Exactas y Naturales U.N. (Córdoba) - Círculo de la Prensa
(de Rosario) - Carolina Cable Color (de San Luis) - Canal 3 de
Santa Rosa (La Pampa) - Círculo de Prensa de Rafaela -
Sindicato Argentino de TV Capital y Filial Santa Fe - Canal 10
de Córdoba - Asociación de Periodistas de la Televisión y
Radiofonía Argentinas - Escuela Superior de Periodismo -
Asociación Argentina de Actores - Centro Cultural Borges -
Universidad nacional de Villa María (Córdoba) - Centro de
Trabajadores Argentinos (Docentes de la Rioja) - Centro de
Estudios Sociales(Córdoba), Universidad de Ciencias Sociales
y Empresariales - Universidad de Flores (Estrategias de
Comunicación) -Universidad Blas Pascal de Córdoba,
Universidad Austral.
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