PERIODISMO INDEPENDIENTE        ZONA NORTE Y NOROESTE GBA
Portada

COLABORACIONES


CELOS MASCULINOS ¿QUÉ TEMEMOS PERDER?

Por Luis Buero  

Celos, envidia, voracidad,  cóctel de emociones negativas, son afectos constitutivos de nuestra psiquis, o sea que no tenemos que esperar a casarnos con Angelina Jolie para sentirlos. En realidad, se nos hicieron evidentessq apenas la partera nos palmeó el trasero.  ¿Por qué? Primero porque, según dicen los que saben, el julepe que nos pegamos cuando nos sacan de la confortable panza de mamá, es tan grande, que se nos marcan dos huellas eternas en el bocho: “miedo a la pérdida (de lo amado, de la seguridad obtenida, etc.) y miedo al ataque del otro (real o imaginario)”

Pero lo más denso viene después, ya que al nacer creemos que esa señora ( la que nos sostiene vivos gracias a su amor y leche tibia), y nosotros, somos Uno solo, que ambos formamos parte de la “nave madre”.  Vana ilusión, que dura que el infortunado  galancito sale de excursión gateando por el living una noche y descubre que hay un intruso, llamado hermano, que está mamando de la misma teta, y que, para peor,  de pronto aparece un señor grandote que  le pregunta sonriente  a su única proveedora de vida: “negra, ¿vamos pa’ la pieza?”.

 De cómo empecemos a elaborar estas primeras y terribles pérdidas (no de afectos, si de fantasías) resultarán nuestros vínculos futuros.

En las reuniones de amigos, cuando se toca el tema de los celos, pareciera que las únicas celosas son las mujeres, siempre angustiadas inspectoras de bolsillos, agendas y teléfonos celulares, atravesadas por la desesperada obsesión de controlarlo todo en la vida de sus “bombones”. Muchas afirman que empezaron a ser así después de sufrir un engaño inesperado (de esta u otra pareja anterior) o desde que el papá abandonó a su mamá por otra mujer y no llamó nunca más.

Los tipos, en cambio, se sienten incómodos por los cambios conductuales de la mujer moderna, la que trabaja, estudia, practica deportes, asegura tener amigos varones,  baila y viaja sola, sin su macho fijo. De pronto algunos se angustian porque ella quiere hacer un curso de actuación teatral, como si el presunto ladrón de su novia sólo pudiera hallarse en ciertos lados. ¿Por qué su movedizo profesor de salsa tiene que ser sí o sí el que nos hará  “cornudos”,y no, en cambio, el puntual sodero, o un simple francés con libros con el que se choque en la calle, como ocurre en el film Infidelidad? Hombres hay millones, la única que decide es ella.

¿Solución?  Un varón debería preguntarse todos los días al contemplar a la mujer que quiere: “¿ puedo vivir sin ella?”, “¿soy capaz de continuar mi existencia si me deja?”. Mientras la respuesta sincera sea sí, la convivencia  será una comedia, y  no una tragedia, y él le dará a ella libertad para que se inserte en la sociedad de manera creativa y evolutiva, y también él  tendrá fuerza interior para decirle “adiós, querida”, en cuanto ella tenga una actitud confusa, equivoca o histérica con otro tipo, sea por lo que fuere.


LO QUE NUNCA RECIBIREMOS DE ELLAS

Por Luis Buero  

Un viejo chiste cuenta que Dios hizo la Tierra y descansó, luego produjo  los mares y descansó, al día siguiente inventó los peces, las aves, las plantas y descansó,  más tarde creó al hombre y descansó, pero después se le ocurrió confeccionar su última creación, la mujer, y a partir de allí no descansaron ni las plantas, ni la Tierra, ni el hombre,  ni Dios.

Yo creo que quizás Dios sintió envidia de la tranquilidad de Adán y dijo: “ no es justo que este gil esté tan tranquilo”, frase que algún investigador del Código Da Vinci algún día descubrirá que fue trucada en la Biblia por “no es bueno que el hombre esté solo”. Acto seguido le puso delante a Eva, que no hizo otra cosa que proveerle grandes dosis de  inquietud, varias tentaciones  y de paso ocasionarle la expulsión del paraíso. Y así vimos que un cabello de Eva fue más fuerte que las advertencias del Gran Hacedor.

Desde entonces la anécdota no ha cambiado. Los hombres nos seguimos casando más de una vez, “rehaciendo” nuestras vidas con la loca idea de lograr paz y felicidad al lado de una mujer, justamente las únicas dos cosas que ellas no puede darnos, simplemente porque no las tienen para si mismas tampoco.

Las mujeres afirman que el mejor marido es aquel que hace que ellas no quieran buscar a otro nunca, pero  más allá de ese discurso, tarde o temprano ellas sentirán que algo les falta, y esa falta se les hará insoportable. Lo femenino, encarnado en la mujer, es el paradigma de lo diverso, lo altero, lo héteros, que cuestiona el ordenamiento fálico del mundo. Las minas de hoy, a sabiendas o involuntariamente, se hace popó en algún momento de su vida en la corsetería cultural que le han impuesto, y cuando todo parece perfecto, cuando su tensión interna  debería llegar a un equilibrio permanente, la tan nombrada homeostasis, aparece el incómodo deseo.

Ella imagina que su cuerpo existe sólo bajo la mirada de otro,  y es protagonista exclusivamente si su imagen puede seducir a todos los hombres.

De allí, que lo femenino tanto como el deseo, emergen como “inquietantes”, aquello que pone en duda todo saber, toda certeza, toda garantía.

Y aparecen algunos interrogantes que ya el hombre no se anima a formularle, sabiendo que la mejor manera de que ella no mienta es no preguntarle nada. Lo perdurable, lo previsible, ya no pertenecen a lo femenino. Durante siglos y siglos ella ha sido maniatada por los varones para que pueda brindarle estas dos “p” aún a costa de su vida, si era necesario.  Pero ahora la seguridad masculina se hunde irremediablemente como un Titanic sin timón.

Y Eva, cada día, pacientemente vuelve  a lustrar la manzana   para lograr ( incluso contra su voluntad y a costa de su propia angustia)  interrumpir la siesta eterna del desorientado Adán, ese héroe de historietas que ya nadie lee,  y que a veces se duerme con un ojo abierto,  vigilando absurdamente que no ocurra lo inevitable .


NO ME PRESTES NADA

Por Luis Buero

Desde que Tinelli y Carlos Bianchi protagonizaron la publicidad televisiva en la que ambos se “prestan la vida” por un día, y les pasa de todo, no pocas personas me han comentado que les gustaría hacer lo mismo.

Y de pronto, como observadores implacables, nos volvemos incapaces de comprender cómo los demás no toman decisiones tan sencillas o solucionan las cosas de una buena vez, si los conflictos aparecen  claros y simples vistos desde lejos.

Los hombres, ansiosos por ostentar el poder (el tan famoso “falo” al que acuden todas las teorías psicológicas), siempre anhelan ser el presidente de la nación, o el director técnico de la selección argentina de fútbol o el gerente de programación del canal más visto, a fin de, obviamente, cambiar toda la realidad en cinco minutos.

Pero las mujeres, que normalmente viven mirándose el ombligo las veinticuatro horas de cada jornada (como diría don Sigmund, buscando el pete que no está) reclaman ser comprendidas. Su grito pelado se podría traducir así : ¡quiero que me escuchen, necesito que conozcan mi sufrimiento, persevero a diario para que valoren mis esfuerzos y logros, y lo más importante, exijo ser deseada en todo instante como única forma para seguir existiendo!.

¿No será mucho? Sin embargo es su ambición inagotable, y a efectos de responder al exhorto que las conmueve, todos son demandados: desde el albañil analfabeto de la obra de la esquina hasta el filosofo oriental que escuchó las teorías de ella sobre el nirvana. Todos le deben un piropo de este lado del cielo, especialmente a aquellas que no tienen un hijo varón al que peticionárselo como parte de pago de chocolatadas bien servidas y grisines con mayonesa de marca, tal como se ve en las demás publicidades de moda. Y el que responda esa solicitud a pleno, con un buen elogio, una adulonería a tiempo y una galantería certera,   tiene ganado su corazón sufriente.

Pero inspirada en la dupla Tinelli/ Bianchi, nunca falta una enamorada  que le quiere prestar su Yo por una semana a su amado,  para que él aprenda un poco todo lo que le cuesta ser mujer en este mundo que no admite celulitis, arrugas  y ropa holgada, y se la devuelva intacta luego de haber recibido la lección correspondiente.

A esa soñadora le recuerdo que:

  • Hace treinta años que los partos sin luz artificial, los palieres nutridos por oscuros administradores de consorcio, y las colas de supermercados nos tienen de certeros protagonistas peleando precios y probando temperatura de leches de lactantes en el antebrazo.
  • Venimos a este aquí y ahora para animar un envase perentorio por alguna razón. No me prestes tu vida, déjame saber qué puedo lograr con esta que también es prestada, pero por Dios. Sólo cuando uno se acepta y se mira con profundidad llega el momento en el que termina encontrando al otro, y dejándose habitar por él. Antes somos apenas individuos, no personas, y no tenemos nada. 

ESPECIAL SIN JAMÓN NI QUESO

Por Luis Buero

“Eramos el uno para el otro, pero ese otro no era ninguno de los dos” afirma “lacánicamente” siempre mi amigo Hugo, dramaturgo y psiquiatra, tal vez influenciado por una amarga sentencia : “amar es dar lo que no se tiene a alguien que no es”.  Claro que, esto subsiste hasta que el amor ciego recupera la vista  y el vínculo se derrite como un helado de vainilla al sol.

Y ese es el día en el que descubrimos que no somos tan especiales para ella como imaginábamos, y que dejamos de ser su brújula.

¿Quién tuvo la culpa? ¿Su madre, que nos criticaba y que operaba como una gotera en la piedra hasta convertirla en arena? ¿Su terapeuta que casi se cae de la silla el día en que ella le aseguró que no podía vivir sin nosotros, y se pasó el resto del tratamiento convenciéndola de lo contrario? ¿Los demás hombres del planeta que,  como si ella fuera un bien en remate, pujan constantemente y mejoran la oferta demostrándole  que si nos deja hay miles esperándola, como  cazadores retrasados de la manada?

Sólo sé que los síntomas se evidencian y son insoslayables. Ella ya se olvida de llamarnos,  o nos sobran los dedos de una mano para contar las palabras de afecto que recibimos de su boca.  El chiste que antes le arrancaba una carcajada hoy le inspira una ironía.  Aquella reflexión sobre el porqué de la existencia humana que le regalábamos a su mirada llena de brillos, hoy nos devuelve un bostezo de hipopótamo trasnochador.

 Uno ha empezado a dejar de ser su “mejor es todo” para convertirse en su “peor es nada”.

Y comienza en la pareja ese estado extraño donde dos conviven separados sin desanudarse. Esa cosa de “donde va la barca va Bachicha”, y que dure hasta que se rompa.

Sin embargo, hay algo peor que todo esto y pasa cuando a nosotros nos ocurre lo contrario. Ella sigue siendo tan especial como el día en que la conocimos, sensible, generosa, receptiva, contenedora, perfecta, nos adora, nos mima, nos satisface a borbotones.....pero no la soportamos más. De pronto nos enfrentamos al par contradictorio al que se refiere Facundo Cabral en su último show: “¿horriblemente solo o maravillosamente libre?”.

¿Por qué si ella tiene todo, absolutamente todo lo que anhelaba encontrar en una mujer ...¡no la quiero ver más!?.

Cientos de preguntas, como recaudadores de impuestos enardecidos frente al portón del avaro, nos golpean las sienes Pero hay una sola constante: ¿Será que yo soy incapaz de amar a alguien? ¿Dejó de interesarme porque es tan ideal que me impide desear y eso me ahoga?

Y mientras el cerebro tamborilea, nos expedimos con un silencio denso, y nos invade  la culpa, y unas involuntarias y crueles ganas de fugarnos a una distancia estelar. Y es ahí cuando recordamos ese repetido proverbio chino: Un hombre puede sufrir dos grandes tragedias. Una es que no se cumpla lo que soñó. La otra es que si se cumpla. Pero de las dos, la mayor tragedia es la segunda”.


DEBERÁS GANARTE EL PAN CON EL SUD0R DE TU OREJA

 Por Luis Buero

Le puede pasar a la mujer de un presidente o a la chica que junta cartones en la calle. También soporta este trago amargo una inspectora de policía a cargo de un destacamento, la directora de un banco hipotecario y la vendedora callejera de café.

El mandamiento del mundo masculino laboral para Eva pareciera ser inevitable : “ganarás el pan con el sudor de tu oreja”.

Y sí, reconózcanlo. Puede ser la moza del restaurante v.i.p. en el que almorzamos a diario o la rubia licenciada que inició el entrepreneurship en la  Argentina. Para el caso es igual. Tarde o temprano les llegará la mirada de carnero degollado o de tigre al acecho del compañero lavacopas, el remisero que la lleva a diario o del Ceo “winner” que hace negocios para el siglo XXII pero mira a las mujeres apenas asomado desde su garita en la Edad de Piedra. Y tampoco es raro que durante un recreo en la sección administración de ventas, Eugenio, un supervisor,   le pregunte en broma a la secretaria del gerente de marketing de la firma: “¿sabés cómo hacen el amor los marcianos?”.  La chica esperando inocentemente el final del chiste contesta que no. Entonces él, sonriente,  le apoya una mano en el hombro y culmina la chanza: “Así, ¿ves?,... ahora estamos teniendo sexo”.

Fabián, un analista cuarentón, gordo y canoso,   asesor fijo en la sección Sistemas de una importante empresa de telefonía celular, cada vez que una asistente le entrega un expediente, le alcanza una lapicera o le consigue una comunicación, la mira fijo, baboso, lisonjero,  y le lanza un “vos sos el amor de mi vida" en el mejor de los casos, o directamente, "¡qué lindas glándulas mamarias tenés, yegüita!"...y  suele pedir que le practiquen sexo oral  como forma de agresión, y a viva voz, a aquella chica que no esté de acuerdo con sus opiniones.. Las subordinadas, con una mueca incómoda le hacen ver su desubicación,  pero tratan de no reaccionar con violencia, y  de mantener el clima de trabajo dentro de cierta onda de cordialidad para que no se vuelva insoportable, lo cual ocurriría si le dijeran lo que piensan cada vez que él las observa como Alien 4 a sus próximas víctimas de la nave espacial que habita.

Claudio, Gustavo, Hernán  y Jorge,  de la sección Legales de una petrolera  pasan todas las tardes riéndose junto a los abogados  del mismo equipo mientras descubren nuevas páginas pornográficas  en internet, sitios que quieren compartir con las chicas de la empresa que pasan por el piso donde ellos trabajan, y aquella que no se divierte con sus chistes es marginada, hostigada por el grupo de varones. Se vuelve conflictiva. No es “de la familia”.

Edgardo, jefe de cátedra universitario se encuentra accidentalmente con una discípula en el charter que va al country, ella le comenta que quisiera dar la materia que él enseña en un examen libre, no regular, él le asegura que eso sería un suicidio, la joven entonces se dispone a leerle el programa de la materia y él la sorprende: “¿con unos ojos tan hermosos y necesitás lentes?”. Betty trabaja en el sector Atención Personalizada de la telefónica francesa, el jovato de 80 que la está consultando le insiste en que le dé una bonificación especial en la factura y mientras tanto la recorre con la mirada: “¡ pero qué lindas piernas tenés! Hoy estás para el telo, nena”.... Ella de lejos mira a su supervisor que con cara de naipe le indica que trate de atenderlo lo mejor posible porque es uno de los principales clientes.

Carlos, a diez kilómetros de allí,  tiene una fábrica de bolsas de polietileno, y a sus obreras siempre les dice que las espera bañadito, y si anda de ánimo les pellizca el trasero cada vez que gana Boca. Y de seguir podría citarles el caso de un "sinior" baboso como Richard, que a toda costa les quiere masajear la espalda  para que se distiendan en la fábrica o en el call-center,  o el capataz  Adrián  que le elogia el busto hasta a su propia sobrina, empleada de la panadería,  no con ánimo precisamente de regalarle una escarapela.  Julio trabaja en la sucursal Caseros de un banco cooperativo, cuando llama a la casa central de la entidad, siempre le pregunta a Sabrina, empleada de similar rango, ¿cuándo salimos a tomar algo?; ella le contesta que tal vez algún día pero por ahora no, porque teme que el negarse rotundamente con un córtala estúpido le traiga problemas futuros en la empresa, ya que en ese banco solo ascienden los hombres.

Estos y muchos caso más son los que gente como la Dra. Carmen González y otros especialistas en el tema Acoso Sexual en el trabajo, podrían recibir como consulta diaria cuando se deciden a meter las manos en este barro inexplorado de la conducta humana.

Y no me estoy refiriendo al común  “para trabajar en esta empresa me vas a tener que hacer un par de favores” o “para conseguir  el retiro voluntario...  tenés que acostarte conmigo”, que existen comúnmente solapados en una invitación a tomar una copa y charlar sobre el asunto a la noche, si no a situaciones mucho más comunes y cotidianas en el que ni siquiera media es imitación.

 A menudo ellas escuchan chistes pecaminosos personalizados  por el solo hecho de pedir que les faciliten  una herramienta de trabajo, y en algunos casos manoseos, arrinconamientos juguetones, invitaciones “en broma” inundadas de adulonería sexual, y  lo aceptan como un mal necesario por tener que compartir el ámbito laboral con hombres. Son los famosos "piroposlancesgroseros" de cada día.

Ustedes dirán, “si hasta fueron violadas las monjitas destinadas a misiones de ayuda en el África” ¿qué clase de Dalai Lama vernáculo pretende invocar este columnista en estos elementales marsupiales erectos llamados hombres?

Pues, somos hombres justamente porque la capacidad de representar en palabras el mundo que nos rodea es lo que nos diferencia de los demás cuadrúpedos. Y ese lenguaje es complejo no sólo por su diversidad de contenido y significado expreso, sino también por el latente.

Sigmund Freud, se interesó sumamente en el chiste y su relación con el inconsciente, otorgándole el rango de camino directo hacia las zonas ocultas de la mente.  En las proposiciones íntimas humorísticas y  personalizadas hechas a través del “doble sentido”  y repito,  “en broma”,  se presentan ciertos mecanismos básicos como la condensación de un alto contenido sexual y agresivo, con cierta transferencia de energía, valor o afecto en un desplazamiento aparente del objeto de deseo a través de  una representación simbólica que lo disimula. El contenido latente del chiste obsceno que dispara una invitación erótica dirigida de manera impersonal,  es  la búsqueda indirecta de la  satisfacción  de un deseo primario a través de un artificio humorístico del léxico soez,  que sin embargo lo vuelve aceptable para la conciencia moral por la cobertura solapada del humor. Y aunque el lenguaje encierra formaciones reveladoras o solapadas de un deseo, a veces el miedo a perder un vínculo imprescindible (el trabajo, la amistad) hace que cualquier elaboración secundaria o interpretación concreta del chiste obsceno que les fue dedicado sea rechazada automáticamente por algunas mujeres,  que desarrollando una censura maniquea se niegan a aceptar que ese amigo o primo o compañero de labor o jefe inmediato  refleje en el chiste o en la insinuación risueña,  ansias inaceptables e inconfesables que ya no le interesa ocultar permanentemente.

El humor de ese compañero de trabajo o estudios o jefe o cliente o  esposo de la empleadora,  tiene la particularidad de que se refiere a él mismo, pero para entenderlo debemos darnos cuenta que este “él” está “dividido”.  Su fantasía ya deja de ser inconsciente y se revela en el chiste personalizado: “ cuando te mudes llámame así estrenamos la camita”.

Pero no es una invitación concreta a salir. En última instancia si ella “pica” aleluya, y si se queja formalmente,  fue nada más que un chiste, y la víctima pasa por  aburrida o paranoica, una especie de agitadora laboral. Porque, algunas dicen para disculparlo, “él es así, hay que comprenderlo”.

Ferdinand de Saussure también se refirió a “las palabras bajo las palabras”, dándole incluso a los elementos sonoros de una composición la capacidad de transmitir un mensaje subyacente más allá del texto tal como lo percibimos.

¿Cómo revertir esto en una sociedad reprimida, con una alicaída pulsión de vida e inhibida sexualmente más allá de su discurso libidinoso, provocativo y agresivo, donde el funcionamiento judicial pareciera garantizar permanentemente la impunidad?

El problema se agrava cuando este espacio enrarecido es el del trabajo, un lugar vital hoy para quienes tiene la suerte de conservarlo.

Los especialistas en el tema relacionan jurídicamente el acoso en los trabajos con la “mala fe”, porque en la ley de contrato de trabajo se estipula que el acuerdo entre las partes debe ser presidido por la buena fe laboral. Si un hombre contrata a una mujer para que pase datos a una computadora, él no adquiere el derecho por ese vínculo a someterla a maltrato verbal o físico y en la medida en que el acoso sexual no es aún una figura legal, solo le queda la opción a ella de demandarlo por daños y perjuicios, más allá de exigirle una indemnización, por mala fe del empleador al constituir el contrato laboral.

Pero en un país con un cuarto de la población desocupada, y otro tanto  sub-ocupada, ¿quién va a quejarse?. Quienes se interesan en lograr que se le otorgue  una figura penal y civil al acoso sexual en las empresas, afirman que según estadísticas que cuentan en su poder, una de cada tres mujeres sufren acoso sexual concreto en su lugar de trabajo, y dos de cada tres acosadas tiene menos de 30 años. También afirman que el acoso sexual no se presenta, como en las películas, de la manera: “si no pasás por mi cama te echo”, sino que se maneja de una forma  más sutil, subrepticia o solapada. Pero también incluyen como actitudes cercanas a esa figura, la de esos compañeros de trabajo que escatiman información laboral  perjudicando a la compañera que no accede a su requerimiento sexual, o mandan mails pornográficos o calumnian a la mujer si no se satisfacen sus deseos.  El abanico de situaciones alcanza a veces al acoso o la persecución sexual que proviene de un cónyuge o pariente directo del empleador que no es parte de la empresa pero cuya acción también lesiona la libertad laboral de la contratada.

Entiendo que el trabajo es un derecho humano fundamental, que responde a un principio de vida, a un instinto de conservación natural, y al menos dentro de ese ámbito deben respetarse al máximo las cuestiones privadas de las personas.

Sin embargo, ¿cómo pedirles a ellas que defiendan su lugar y su integridad si hoy hay bares y restaurantes donde las contratan para que circulen como mozas con ropa ajustada o escueta y den besos de bienvenida a los  clientes recurrentes?

Cuesta mucho entonces sugerir a las mujeres (mientras el Parlamento mira para otro lado, ya que los políticos varones son los primeros “galanes” del país) que intenten volver al sano cachetazo de campo, o pierdan el temor a mandar al supuesto Romeo circunstancial (que más que Romeo parece Freddy Krugger) a la mismísima “eme”. Eso, claro, si es que aún les importa cierta consideración en el trato y son capaces de darse cuenta que en la lisonja obscena o la galantería guaranga y desubicada dichas desde una posición de poder,  no existe valorización alguna. Así como del corazón de los obreros, canta Serrat en el tema sobre el niño yuntero, nacerá el martillo que rompa la cadena que los ata, deberán ser las mujeres las que actúen en conjunto para lograr re-significar la palabra respeto, si, respeto, tienen derecho a exigirlo. Respeto como personas, como mujeres, como trabajadoras.

Respeto. Una linda palabra: respeto. No se rían, alguna vez existió.


¿CASARSE ES MORIR UN POCO?

Por Luis Buero  

“Dále bichi, traéte la valija y quedáte para siempre” le ruega el “homo-solterius” a su amada. Y después que ella le contesta que ,  él comienza a sufrir un insospechado pavor existencial. Un segundo antes de emitir esa inconsciente frase estaba convencidísimo,  y de pronto, ya antes de terminar de pronunciarla, cierto hemisferio del cerebro  conecta al macho con el miedo a vivir de a dos, especialmente después de años de soledad e “independencia”. Es una sensación de pánico y ahogo inexplicable, que le hace mirar su espacioso y desordenado living y verlo de pronto más lleno de muebles y adornos que galpón del Mercado de las Pulgas. Y entonces se pregunta: si hasta ayer lo que más deseaba era dejar de estar solo...¿qué me pasa ahora?.

Es ahí cuando lo peor que puede resolver es pedirle consejo a los amigos,  ya que esos piratas le repetirán, riéndose, esos conocidos aforismos machistas :

“ Hermano, tienes dos opciones: permanecer solo y sentirte desgraciado........ o casarte y desear estar muerto”.

 U otra peor: “el hombre está incompleto hasta que se casa.......luego está terminado”.

Ese es el momento en el que los varones, seres que nunca maduramos (o sea, que directamente nos morimos verdes), empezamos a  percibirnos perseguidos por un horroroso sentimiento de inseguridad. De pronto parecemos descubridores de verdades que antes ni teníamos en cuenta y sentenciamos:

1)   Nunca más voy a poder tener sexo (ocasional) con otra mujer, a menos que esté dispuesto a violar un mandamiento bíblico.

2)  Toda mujer que deje un mensaje en mi contestador telefónico, así sea la promotora de un servicio de emergencias médicas, me puede traer una discusión inesperada.

3)  De aquí en adelante cuatro ojos verán más que dos......mis bolsillos, mi casilla de correo electrónico, mi agenda, mis cajones de la mesa de luz.

4)  Perpetuamente las tardes de domingo estaré a merced del “¿vamos a tomar mate a lo de mamá?”, lo que equivale cambiar las gambetas del mago Capria por los bigotes de una suegra que me mira con sonrisa de juez de la Corte Suprema.

5)  El baño se me llenará de algodones para sacar el rimmel, bombachas trapecistas en las canillas, toallitas íntimas olvidadas en el apuro que engendra un reloj despertador mal puesto, pelos de otro ADN en la maquinita de afeitar.

6)  Y por si fuera poco, cuando una mina entra en nuestro mundo, trae en su red de pescadores a esas amigas que te consideran su raptor, y a esos ex novios o pretendientes que no se resignan a perderla y se la quieren llevar a toda costa.

Finalmente, como asegura mi abogada Luz María, las personas se casan la primera vez por falta de experiencia, y la segunda vez por falta de memoria, y como la imaginación siempre supera a la inteligencia, los temores se disipan y el miedo deja paso a la felicidad. El tiempo dirá. En definitiva, como ya sabemos, algunos matrimonios terminan bien, y otros duran toda la vida.


DE PROFESIÓN: ¡CHISMOSOS!

Por Luis Buero

El chisme no es patrimonio de un sexo y lo único que diferencia a hombres y mujeres ante el comienzo de una murmuración, es que ellos están solo atentos al dato, y esa información la acopian en su mente si intuyen que les conviene inventariarla para un uso futuro. Ellas en cambio, aunque se trate de desconocidos,  exigen detalles, quieren que las cuitas ajenas se las cuenten como el capítulo de una telenovela, con comienzo, nudo y desenlace, y con todos los personajes descriptos y una respuesta exacta ante la pregunta inevitable : “¡¿ qué cara puso él cuando se enteró que ella.....!?.

Para los varones la infidencia es guardada en la mente si es negocio hacerlo, en cambio para las minas una posible calumnia es la pimienta que sazona reuniones aburridas a la hora del té, o anima largas esperas en el salón de la peluquería. Por eso el mirar tras los postigos es una costumbre femenina, y el espionaje militar o industrial es un invento masculino. Ellas disfrutan de un permanente “estar en cuanto estar” tras la mirilla, siempre dispuestas a ser sorprendidas por el dato prohibido. Ellos “van por el objeto”, salen a buscar las miserias del adversario, le instalan  micrófonos escondidos en su oficina, cámaras ocultas en su dormitorio. Pero el chismorreo ya no es sólo un postre de sobremesa: la tecnología (Internet, chat rooms, e-mails, mensajes de texto desde el celular) aceleran el proceso de un rumor, y así  identificar la fuente y erradicarlo es imposible.

Pero  desde hace un tiempo el sufrir de un estómago resfriado se volvió mediático, y los hombres crean a diario programas de TV basados en los supuestos pecados y tropiezos de los famosos. Ellos son los chismosos de profesión. Y esos ciclos de indomables indiscreciones, de baratísima producción, son premiados por un alto rating otorgado por el público mujeril.  Nadie sabe demasiado cómo se negocia el pago de la deuda externa, pero conocemos hasta el mínimo detalle en qué instante inolvidable el polista infiel arrojó un cenicero a la cara de la vedette.  Todo el mundo critica esos magazines afirmando que no son, precisamente, un camino para el refinamiento intelectual y espiritual sino que, por el contrario, ofrecen contenidos triviales, vulgares, superficiales....y a veces ni siquiera veraces. Pero la gente los ve. ¿Por qué? Porque como afirma el psicólogo Gerhart Wiebe, esos ciclos nos proveen mensajes restaurativos, es decir, proporcionan una represalia simbólica contra figuras exitosas, afortunadas, o autoritarias.  Y el conocer los trapos sucios del triunfador nos hace menos angustiante el saber lo que no podemos y vuelve más soportable nuestra envidia.  En definitiva, gracias a Lucho, Beto, Jorge o Mauro, nos enteramos que ese genio que inventó la vacuna contra el cáncer,  se come las uñas e insulta a su perro. Y con un relajante “nadie es perfecto”, apagamos la tele y nos vamos a dormir tranquilos.


¿EL AMOR SE LLEVO A UN AMIGO/A?

Por Luis Buero

Ayer “lo o la” encontrabas a toda hora, hoy ni tiene tiempo de responderte los mensajes que dejas en su contestador.

Si, ayer esa personita estaba  “suelta” y era  como un sándwich de hamburguesa, no faltaba en ningún picnic. Y justo ahora que la soledad tiene buena prensa, ¡ se le ocurrió encarcelarse sin consultarnos!

¿Por qué nos sentimos mal?.  Porque a pesar de lo que digan los boleros, la pareja humana pareciera ya no ser más un ejemplo buscado de “unidad-síntesis del universo, y pilar básico de la sociedad”, sino que,  más bien se la considera una construcción cultural necesaria pero imprevisible y sobre todo,  temporaria. Y la seguridad (según dicen) aburre. Los y las jóvenes aseguran tener otros mandatos más urgentes: triunfar, tener éxito.  Y la gente madura que ya naufragó en los mares del amor, teme que las segundas o terceras nupcias sean una misión imposible.

 Entonces, quien tiene esposo o novia estable desentona, porque todas las salidas y las invitaciones se planean para individuos y no para parejas.   Por eso cuando ese hermano del alma se vincula con alguien del otro sexo hay una sensación inevitable de pérdida. Se pasó al otro bando, sentenciamos.

         Si la definición de “amistad” que legaliza el diccionario castellano fuera cierta,  uno debería alegrarse por la felicidad de nuestro compinche. Pero la realidad es otra. Si nos toca ser el Romeo a nosotros, sabemos bien que tarde o temprano reaparece su mejor amiga buscando a nuestra Julieta para que la acompañe a cenar, a bailar, de levante, al cine, lo que sea. 0bviamente todo solas.  Julieta se niega con culpa, pero a su vez escucha desde la cocina cómo los piratas de la barra de Romeo se burlan de él  en la puerta de calle, bautizándolo “sometido”, porque no los sigue como antes en sus “etílicas” recorridas por pubs, after- offices, juegos de cartas  y visitas a amigas con derecho a roce.

Es obvio que aquel que tuvo el valor de cruzar el abismo que hoy separa a los sexos, protagonizó un cambio. Y es natural que su nueva condición de ser que se entrega a otro en el deseo y en la ternura, lo muestre distinto, pues ha comenzado a hablar otro lenguaje, y  a pensar desde un lugar de crecimiento y evolución.

El y ella forman una nueva realidad que no puede ser comprendida totalmente por nosotros, y nos inquieta verlos tan unidos, perfectos, lejanos, como a papá y mamá en nuestro recuerdo más primario y primitivo.

Y si, es un pequeño duelo a resolver entender que el mejor amigo de uno ha iniciado el viaje del crecimiento. Y ojalá no de marcha atrás nunca y menos por nosotros. Por eso me disgusta ese verso de la canción Mi Caramelo,  de la Bersuit , en el que el cantante asegura que cambiaría toda la familia que construyó por jugar a la botellita con su ex amiga. Porque en esa familia propia que hoy le pesa están sus hijos, pequeño detalle, que la multitud que acompaña el canto parece obviar.


TÍMIDOS NO, TÍMIDAS SÍ

Por Luis Buero

El cómico Verdaguer contaba que había un hombre tan  tímido que veía la televisión a través de un espejo, porque no se animaba a mirarla de frente. ¿Pueden imaginarse a ese personaje declarándole su amor a una chica?. 

Se dice que los gatos no sienten emoción ante los ratones prudentes, y que a las mujeres no les gustan los tímidos, que prefieren los recios. Ellas no tolerarían un Romeo que al intentar conquistarlas les dirigiese la palabra tartamudeando por miedo, o se ruborizara afiebrado, o resonaran palpitaciones en su pecho como si fuera el tambor de Tacuarí, le temblaran las piernas cual bailarín de boogie-woogie,   y transpirara igual que un minero excavando a diez metros bajo tierra. ¿Por qué? Primero porque las abuelas exageraron sus expectativas masculinas con aquellos inefables cuentos en los que el príncipe azul las despertaba del sueño eterno con sus besos y las traía este mundo, las defendía,  y las cuidaba con su espada invencible. Segundo,  porque de chiquitas hubo en sus vidas un héroe gigante que les ponía la mermelada en el pan: papá.

Pero ojo, no por eso les caen bien los cancheritos que se creen winners totales porque (al igual que los apocados) no les permiten desmantelar su escena de seducción. La hembra, en toda la especie, elige al macho, dejándole generosamente un espacio para que éste despliegue, como el pavo real, su masculina fantasía de levante y se la crea. El  muchacho entonces se hace el galán y suelta sus lisonjas edulcoradas,  satisfaciendo al mismo tiempo con su adulonería sexual  esa cuota de narcisismo femenino que ella le exige sentirse única. Claro que el tipo cohibido corta esta mística dramática, tose, no sabe qué decir, se desdobla en sujeto y observador de sí mismo y proyecta en ella la imagen de un juez implacable que lo ha condenado de antemano. Todo en su imaginación, obvio.

Los varones en cambio,  si buscan pareja estable y deben optar entre una timorata y una descarada, intuyo que prefieren a la que es o se hace la “mosquita muerta”. La mina demasiado sociable nos intranquiliza, y mucho más la que demuestra que no le tiene el menor miedo a los hombres. Nos gusta suponer que nuestra Cenicienta jamás le contestaría a un desconocido que le sonríe o le habla en un colectivo. Ya antaño,  el propio Cervantes expresaba que no hay nada más pesado que una mujer liviana.  También están esos Adanes que se asustan ante la mina exitosa, esas ejecutivas con un gran potencial para lograr poder económico y social, inteligentes, decididas, agudas,  a tal punto que a ellos les resulta imposible intuir que ellas en la cama son sensibles, sumisas, afectuosas.

Quizás la solución para estos seres generen vínculos amorosos sea:  1) para los vergonzosos: urgente terapia farmacológica: 2) Y a vos, la atrevida, te sugiero disimular un leve recato que nos permita soñar, ingenuamente, que nunca más vas a necesitar otro hombre.  


CUANDO VIAJA UNA MUJER....

Por Luis Buero

Antonio Machado afirmaba en unos versos que la muerte ha de encontrarlo “ligero de equipaje”. Yo le creo, porque era hombre.

Es así, los varones viajamos con lo necesario, intentando abreviar las entradas y salidas a terminales, puertos y aeroparques. Nos molesta hacer maletas, soportar a los cargosos que te quieren obligar a que les dejes llevar los bultos para arrancarte una propina,  y a las aduanas que te desenvuelven hasta los alfajores para ver si el membrillo tiene cólera. Y nos fastidia tramitar el embarque de valijas, porque pesan y sobre todo, porque nos hacen perder tiempo. Además tratamos de llevar todo en un bolso de mano, pues tememos descubrir que mientras volamos plácidamente a Tokio,  nuestra mochila con documentos y calzoncillos largos está aterrizando en Jujuy,  por un error administrativo.

Las mujeres, en cambio, cuando salen de su casa por unos días, parece que emigraran para siempre. Todo el emporio de cremas y maquillajes ya les ocupa el treinta por ciento del espacio escénico a transportar. Ni hablar entonces de la ropa a empacar, que incluirá  mudas para el día y la noche, el frío y el calor, la velada de gala y el encuentro campestre, la lluvia, la nieve, el sol rajante,  la fiesta elegante y hasta un imprevisto velorio. Nada debe quedar al azar porque ellas se perdonan todos los pecados, menos quedar en ridículo.

Además, como pasajeras en tránsito las minas son hoy inescrupulosamente sociables, es decir, ya sea que viajen en un micro media estrella a Tapalqué o en la primera clase de un Boeing 747 a Aspen, ellas enseguida entablan conversación con los eventuales compañeros de asiento, los que invariablemente les darán su tarjeta “por si necesitan cualquier cosa durante la permanencia en el lugar de destino”.

Las que llegan de vacaciones con su media naranja parecen estar energizadas por el simple hecho de cambiar de rutina y de aire. Se prenden en todas las excursiones, aunque haya que levantarse a las cuatro de la mañana para ver como un elefante soltero toma clases de paracaidismo en Indonesia, y luego quieren ir a la playa, subir a la montaña para observar el crepúsculo, cenar y bailar en un boliche tumultuoso probando distintas bebidas espirituosas y autóctonas, y finalmente quedan a la espera de que les hagamos el amor como  si fuéramos el Dr. Viagra a los dieciocho años.

Nunca falta la desubicada que cree que porque pagó un boleto puede llamar a la azafata para que le rasque la espalda, o pedirle al capitán del transatlántico que frene frente a la Estatua de la Libertad para sacarle una foto. Esas son las que de un hotel se llevan de recuerdo hasta el agua de los retretes. Pero en realidad todas se vuelven con algo nuevo encima, especialmente aquellas que en estos días se olvidan de tomar la pastillita anticonceptiva.

En síntesis, por algo Colón no llevaba mujeres en las carabelas. Lástima que nosotros no supimos imitarlo.


UNA REENCARNACIÓN INCOMPRENDIDA

Por Luis Buero

Algunos críticos de cine porteños le han pegado duro en sus comentarios a la película Reencarnación (Birth, en EE.UU) y la han calificado como mala, regular, o en algún caso, le han brindado un tímido veredicto de buena. Es como decirle al espectador: “vaya sólo si no tiene otra cosa mejor que hacer”.

Mi duda será :¿Cuál es el parámetro platónico, ese ideal que está en el plano de lo absoluto, y que les permite inferir que “esto es lo perfecto, lo que debe ser” y todo lo demás es menos?

Vayamos por parte:

Primero: una obra creativa es un decir de alguien que se expresa metafóricamente. Hay quienes piensan que un noticiero también es un “imaginario”, pero les aseguro que una ficción indudablemente es una representación artística de la realidad.  Un director es un hombre que le habla a la sociedad a través de una historia que cuenta a su manera. ¿Por qué habría de hacerlo de otro modo?

Segundo: Como docente de la materia GUION, en Escuelas de Periodismo o carreras de Comunicación Social, muchas veces he intentado enseñar a los jóvenes las distintas particularidades de los géneros y formatos narrativos, y sobre todo hacer que ellos se topen no sólo con las dificultades estructurales que imponen contar una historia sino también poder tener en claro cuál es el mensaje implícito o latente de ese producto. Pero también en la medida en que el guión es el principio de un arte colectivo, les he sugerido que indiquen en sus guiones los aspectos del diseño que cuentan la historia más allá de las palabras ( maquillaje, ambientación, decorados, indicaciones de cámara en cuanto a ángulos de la toma y amplitud de encuadre de los planos.-)

Volviendo al objeto de polémica en esta carta, entiendo (como simple espectador) que REENCARNACIÓN es una historia bien contada, con detalles visuales e interrogantes que completan el relato y que siguen jugando en la mente del espectador, mucho después que salió del cine. Parece la resolución de una ecuación simple, pero no lo es.

¿No reparan esos críticos en la duración de un plano secuencia que dista de la telequinesia común del cine americano? ¿no perciben el blanco y negro o  los colores oscuros permanentes del vestuario, la tonalidad ocre que provoca la iluminación en el departamento de Anna (Nicole Kidman), el rostro impávido del niño-muñeco que más que responder, pregunta, o la mirada alienada de esa mujer vencida por la pena y la culpa de seguir viviendo más allá de su media naranja, la ausencia de música en ciertas escenas dónde el silencio pesa en la respiración, o por el contrario el concierto (estridente en el teatro) acompañando el desconcierto de Anna al empezar a creer que el niño conlleva el alma de su Sean ? El director no se confundió, como afirma un conocido cronista, sabía bien que no estaba ante Liv Ullman.  Y logra algo mejor: no es Nicole Kidman, es el público el que siente el horror de Anna antes que ella enarbole su primera lágrima.

La reencarnación no es el misterio revelado que los comentaristas ven obvio y sin sorpresas.   Lo que no tiene respuesta es porqué la imagen de Sean, el esposo fallecido, ha perdurado en el corazón de una mujer que se empeña en aferrarse a la falta, a la in-completud, al amor que se recuerda del que ya no está, aquel que puede ser idealizado porque, justamente,   ya no tiene la opción de decepcionarla.  Ella, detenida en el tiempo, debajo de ese puente donde ha muerto Sean, se niega a sí misma y a su cuerpo.  El chico que afirma engañosamente ser una reencarnación es el espejo en el que ella puede reflejar su fascinación por la melancolía, y construir la escena en la que el  Único, el muerto, ha vuelto para completarla, para llevarla a ese sitio in-encontrable donde la carencia desaparece. Por otro lado, la inocencia del niño enamorado también se resiste a la percepción de un Sean falible, infiel, indeseable. ¿Le propuso casamiento treinta veces pero la engañaba con la mujer del mejor amigo? ¿Cuál será el mérito o el desmérito que provoca el amor perenne de una mujer, que no es la madre?

Y hay más interrogantes planteados en ese film. En una época de relaciones furtivas y no comprometidas,  ¿qué impulsa al nuevo novio a persistir en el deseo de retenerla y casarse con ella, aunque a cada segundo no hace más que demostrarle que ella sigue amando al  finadito? ¿Acaso ha caído en la trampa de creer que el enemigo muerto, al no tener existencia física, no es un rival de temer? ¿Por qué acepta como normal su falta de ser y de tener ante los ojos nublados de una Nicole Kidman que desaforadamente le demuestra que jamás será su 0tro-todo?¿Cómo el objeto de deseo y el objeto perdido pueden superponerse el uno con el otro?

Finalmente, creo que muchos espectadores podrán disfrutar el film y otros aburrirse, como ocurre siempre, pero entiendo que no serán pocas las mujeres que tratarán de responderse qué harían en el lugar del personaje de Nicole Kidman, aunque el niño jamás apareciera.  ¿Adaptarse activamente a la realidad o ser infieles al cuento congelado, a la novela familiar de lo irrepetible? Y los varones difícilmente entiendan qué secreta virtud poseía ese tal Sean que aún siendo infiel la conquistaba a su esposa por toda la eternidad, y además, qué pasa por las venas de ese señor actual que juega el rol de novio y consorte, ese que no tiene valor para abandonarla y buscarse otra que lo ame de veras, condenándose a una cifra impar en la cual es, pese a su carnalidad, el tercero excluido.

Me pregunto si el drama del crítico cinematográfico no será éste,   el estigma de comprender que el proceso creativo y su posterior vínculo con el sí o el no del público constituye un espacio,  una ciudad en la que él , el comentarista, es sólo un  turista de paso con máquina de escribir, un observador que, indefectiblemente, como el novio de Anna en Reencarnación, aún pese a su esfuerzo, siempre estará de más.


ELLA SE VA A BAILAR SOLA CON SUS AMIGAS

Por Luis Buero  

La gran tentación de todo hombre es tener un romance con una chica que tenga entre 20 y 26 años de edad. Y todo marcha sobre rieles hasta que ella le dice que él es el hombre de su vida seis días a la semana, porque los viernes... “¡ella se va a bailar sola con sus amigas!”.

“¿Por qué a  bailar?¿ no pueden ir a cenar, al cine, al teatro, a un recital,  a una exposición de arte?” se pregunta el atribulado caballero, y rápidamente le describe algo obvio: que en los boliches van los tipos a levantarse minas y que estando bebidos o tal vez “fumados” es absolutamente probable que uno o más de uno se le tire un lance a la chica de manera obscena o agresiva.

Pero ella lo mira como si él le hablara del sexo de los ángeles.

El varón entra en pánico y lejos de apelar a la experiencia,  que siempre nos enseña que el agua del río no se detiene aunque le metamos nuestro pie, enfrenta el discurso de la jovencita con planteos sobre la Etica totalmente inútiles, ya que esa decisión  ella se la ha planteado como algo instituido,  igual que los viajes de egresados de estudiantes, el show de streappers en las despedidas de solteras, la ingestión de pizza después de ver una película en un cine de Lavalle y la jura de la bandera cada 20 de junio.

Pensando que su razonamiento está obnubilado por la edad, consulta a los machos más jóvenes de la especie,  y descubre en ellos los mismos ataques de celos o incomodidad ante esta costumbre de las minas, que parece atacarlas a los 16  y les dura hasta cerca de los  30.

Ellas aseguran no hacerlo con la intención de “transarse” otro flaco, sino para divertirse. Si van solas, afirman,  pueden bailar más sueltas y hasta hacerse las payasas, “bardear” a todo el mundo, beber de más, y sentir la libertad de acceder a cierta cuota de descontrol que con el novio presente sería imposible.

Incluso varias chicas confiesan “producirse más” y  ponerse “más provocativas” cuando van solas a las “disco”, total, si algún chico se les viene encima le dicen que tienen novio y listo. Aunque claro, si el pibe está bueno, a lo mejor danzan un poco y algún piquito le dan.

Novios atormentados, con la excusa de que  pasaban por casualidad,  se  aparecen de golpe en el boliche a la tres de la mañana, para ver qué están haciendo sus novias, pero este tipo de actitudes o intentar que ellas corten estas salidas puede significar el fin de la pareja.

Allí es cuando el varón  comprende que la mujer copió de él sus dos grandes defectos milenarios: inmadurez y egocentrismo.  Y ante la brutalidad de presenciar su propia imagen interior reflejada duramente en el espejo de la histeria femenina, no le queda otra opción que ser un potus. Ni estar a favor ni oponerse, ser un potus,  inmóvil, mudo, y esperar que a ella se le pase. Y si la chica cumplió los 30 y no crece, al menos,  rogar que lo riegue un poco todas las mañanas.


¡QUE ES EL OTOÑO?

 Por Luis Buero  

Muchas frases citan el otoño. Por ejemplo, mi amigo Javier cuando sus acreedores logran cobrarle lo que les debe, siempre exclama:

"¡me dejaron como a Adán en otoño!".

En las épocas el Rey Salomón, por ejemplo, el cálculo de un año en el calendario se medía de otoño a otoño, y según el diccionario de la madre Academia, lo otoñal tiene que ver con una edad próxima a la vejez. Esta es la época en la que las profesoras confunden a sus alumnos con palabras extrañas como equinoccio y solsticio, que jamás recordarán, y aunque en septiembre se regalen tarjetitas donde se le da la bienvenida a la primavera, nadie en cambio grita: "¡Feliz 0toño!", porque en el hemisferio austral del planeta, el otoño representa el comienzo de todas las actividades.

El otoño pareciera ser como el hijo del medio que (salvo en el caso único de las Trillizas de Oro) se pregunta a diario, "aquel es el mayor y ese otro es el menor, entonces: ¿yo quién soy?".

Algunas personas la consideran una estación hermosa, aquella en la que la naturaleza se expone para ser mirada y respirada. El otoño posee personalidad propia, no es un estadio intermedio, ocasional e inevitable hacia algo distinto, como la oruga que será mariposa, un "no lugar" de paso en el tiempo. No. Pero indudablemente tiene mala prensa, pese a los poemas y canciones que le han dedicado. Algunos lo transitan emocionalmente apagados, melancólicos, como si fuera el día Lunes en la semana.

Sin embargo su nombre es inspirador de las más variadas metáforas y metonimias. Para los músicos y pintores pareciera ser la estación más productiva, mientras que otros seres le tienen fobia y lo acusan de "triste y nostálgico".

Los chicos lo miran con recelo puesto que con él llega la obligación de ir al colegio, las señoras notan que el pelo se les cae más a menudo y los porteros se quejan porque tienen que barrer con más cuidado las veredas y las terrazas.

Para mí, que nací bajo el signo de Piscis, el comienzo del otoño ocurre ocho días después de mi cumpleaños. Por lo tanto no representa un fin sino el germen de lo que vendrá. Lejos de deprimirme, disfruto de esas lluvias abundantes pero suaves que dan de beber a parajes agrestes y sedientos, convirtiéndolos en paisajes dorados, verdes y ocres. La flora hace un cambio de vestuario y todo se prepara para transformarse. El otoño nos saca de la voluptuosidad del verano con su inestabilidad climática para insertarnos en una invitación a la meditación, al estar en cuanto estar, a mirarnos hacia adentro. Por eso entiendo que haya gente que lo odie, pues cuando llega ese momento en el que no te queda más opción que quedarte a solas contigo mismo, descubres que ese encuentro puede ser hermoso o el más terrible que te depara la vida. Es allí cuando un hombre puede pedirle a una mujer lo mismo que si él fuera el otoño, recordando un viejo proverbio chino: "ámame cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito".


 

(*) Crónica y Análisis publica estas notas por gentileza del autor Luis Buero Mail: luisbuero@tutopia.com ó bueroluis@hotmail.com
Mail: luisbuero@tutopia.com ó bueroluis@hotmail.com

Luis Buero es guionista, periodista docente de la materia Guión en TEA Imagen,  en la Universidad de Morón, y en la Universidad de Belgrano.
Es  autor del libro "Historia de la televisión argentina contada por sus protagonistas", editado en 1999 por la Universidad de Morón (dist. La Crujía) que obtuvo una mención especial de APTRA en la entrega de los Martín Fierro 1999. 
Algunas obras:
* Televisivas:
La Familia Benvenuto (Comedia, TELEFE, 1991-1995)
Comunicado Pop (Magazine juvenil, ATC, 1997)
Un Milagro de Cristo en la Quebrada (Documental, CANAL 2, San Luis, 1994) 
El Laboratorio del Dr. Pipeta (Sketches cómicos infantiles educativos, TV QUALITY, 1999)
Colaboración autoral en Los Rodríguez (Sketches cómicos, TELEFE, Junio 1998) y en Señoras sin Señores (Sketches cómicos, TELEFE, Octubre 1998).
* Radiales: 
El Tiempo que viene (Periodístico, FM Comunidad, 1996).
* Literarias:
Príncipes y Medias Lunas (1971)
Cuentodisea (1975)
El Último Otoño (1982) Faja de Honor de la Sade 1983 
Historia de la Televisión Argentina contada por sus Protagonistas 1951/96 (Universidad de Morón, 1999) 
* Periodísticas: 
Diarios: La Nación - Clarín (calles de Bs.As.) - La Voz del Interior - La Prensa - Tiempo Argentino - La Razón - Época - Norte- Publimetro - Diario 16 (España) 
Revistas: Flash - Uno Mismo - Cosmopolitan - Nuestra - Clarín Viva -Autoclub - Sex Humor - Para Ti - Luna - Todo es Historia - Magazín Semanal 
Otros: Clarín Ciudad Digital - - Leedor. com (internet) - Página Digital (internet) - Mujerweb.com (internet)- Aglia.com (internet), Sensibles Del Sur (Bariloche/internet), etc.
* Discográficas:
Para Mamá, Actor Hugo Arana (RCA VICTOR, 1976)
* Cursos y seminarios dictados: 
Facultad de Filosofía y Letras U.B.A. - Facultad de Ciencias Exactas y Naturales U.N. (Córdoba) - Círculo de la Prensa (de Rosario) - Carolina Cable Color (de San Luis) - Canal 3 de Santa Rosa (La Pampa) - Círculo de Prensa de Rafaela - Sindicato Argentino de TV Capital y Filial Santa Fe - Canal 10 de Córdoba - Asociación de Periodistas de la Televisión y Radiofonía Argentinas - Escuela Superior de Periodismo - Asociación Argentina de Actores - Centro Cultural Borges - Universidad nacional de Villa María (Córdoba) - Centro de Trabajadores Argentinos (Docentes de la Rioja) - Centro de Estudios Sociales(Córdoba), Universidad de Ciencias Sociales y Empresariales - Universidad de Flores (Estrategias de Comunicación) -Universidad Blas Pascal de Córdoba, Universidad Austral.

PORTADA
COLABORACIONES