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LOGOSOFIA

Colaboración enviada por Nilda M. Camaño González

La palabra, constituida por dos voces griegas: logos ("verbo creador o manifestación del saber supremo") y sophia ("ciencia original o sabiduría"), designa una nueva ciencia, creada en 1930 por el pensador argentino Carlos Bernardo González Pecotche (1901-1963), conocido también como Raumsol.  

La sabiduría logosófica, como fuente de conocimientos originales de una nueva concepción del pensamiento universal y humano, está promoviendo un movimiento de saludable reacción en los espíritus amantes del saber y la verdad.  

Entre sus fundamentales enseñanzas se hallan las que conciernen al conocimiento de sí mismo, base innegable del conocimiento de la vida propia, de sus proyecciones en la vida del semejante y, consecuentemente, en las esferas de las más altas realizaciones de la inteligencia humana.  

Sorprender la propia realidad interna, tal como la Logosofía la muestra al entendimiento del hombre, constituye uno de los primeros y quizá el más importante de los objetivos a lograr en corto plazo. De ese encuentro surge la necesidad imperiosa de modificar esa realidad, y es entonces cuando la enseñanza logosófica, señalando las dificultades que deberán ser vencidas, conduce por el camino del propio conocimiento en tanto activa la conciencia para ulteriores desarrollos.  

La Logosofía es la ciencia del presente y del futuro porque entraña una nueva e insuperable forma de concebir la vida, de pensar y de sentir, tan necesaria en la época actual para elevar los espíritus por encima de la torpe materialidad reinante.  

El hombre deberá empeñar sus mejores esfuerzos y energías en buscarse a sí mismo. Sabrá prevenirse contra el engaño de las apariencias para conocerse tal como en realidad es. Se encontrará en la humildad de su corazón, en la inocencia de su alma, en la pureza de su espíritu, y desde allí con la mente limpia y resplandeciente, gustará las excelencias inefables de la vida superior.  

Logosofía descubre el secreto de los pensamientos -entidades autónomas que se generan en la mente humana- los cuales pueden tener actuaciones al margen de la  voluntad individual. Enseña a hacer una identificación, posterior selección de los mismos a fin de que actúen en la mente los más jerarquizados.  

Propicia el reencuentro del hombre con su propio espíritu. Conduce al hombre al conocimiento de sí mismo, de Dios, del Universo, y de sus leyes.  

OBJETIVOS  

1. La evolución consciente del hombre, mediante la organización de sus sistemas mental, sensible e instintivo.  

2. El conocimiento de sí mismo, que implica el dominio pleno de los elementos que constituyen el secreto de la existencia de cada cual.  

3. La integración del espíritu, para que el ser pueda aprovechar los valores que le pertenecen, originados en su propia herencia.  

4. El conocimiento de las leyes universales, indispensable para ajustar la vida a sus sabios principios.  

5. El conocimiento del mundo mental, trascendente o metafísico, donde tienen origen todas las ideas y pensamientos que fecundan la vida humana.  

6. La edificación de una nueva vida y un destino mejor, superando al máximo las prerrogativas comunes.  

7. El desarrollo y el dominio profundo de las funciones de estudiar, de aprender, de enseñar, de pensar y de realizar, con lo que el método logosófico se transubstancia en aptitudes individuales de incalculable significación para el porvenir pedagógico en la educación de la humanidad.  

EL AUTOR  

Carlos Bernardo González Pecotche (Raumsol) nació en Buenos Aires, República Argentina el 11 de agosto de 1901. Su espíritu reaccionó contra la rutina de los conocimientos y sistemas usados para la formación de la cultura, por su falta de conexión con lo interno.  

Tras profundas investigaciones, guiado por una original concepción, halló la ruta de trascendentes conocimientos. Con ellos ensayó, en los primeros tiempos de su Obra, el método que se consagraría luego por su propia eficacia.  

En 1930 creó la primera institución logosófica. Raumsol no se limitó a difundir sus conceptos; durante más de tres décadas escribió y publicó innumerables obras, impartió personalmente sus enseñanzas, formó docentes y dejó organizadas las instituciones logosóficas, que dirigió en forma directa, con una actividad incesante.  

Falleció en su ciudad natal el 4 de abril de 1963.  Sus originales y fecundas concepciones lo colocan en la jerarquía de los grandes  precursores de la humanidad. 

            “La libertad más sagrada es la libertad de pensar” 

BIBLIOGRAFÍA 

Los libros publicados por el autor de la Logosofía constituyen un manantial inagotable para la investigación de quien se dedica a esta nueva ciencia. 

Las últimas publicaciones del autor fueron: 

• "Intermedio Logosófico"  IL (1950)

• "Introducción al Conocimiento Logosófico"  ILC (1951)

• "Diálogos"  D (1952)

• "Exégesis Logosófica"  EL (1956)

• "El Mecanismo de la Vida Consciente"  MVC (1956)

• "La Herencia de Sí Mismo"  H (1957)

• "Logosofía Ciencia y Método"  LCM (1957)

• "El Señor de Sándara"  SS (1959)

• "Deficiencias y Propensiones del Ser Humano"  DP (1962)

• "Curso de Iniciación Logosófica"  CIL (1963)

• "Bases para tu Conducta"  BC (1965 -obra póstuma)

• "El Espíritu" E (1968 - obra póstuma)

Existen traducciones al  portugués,  inglés,  francés,  catalán y esperanto. 

INSTITUCIONES LOGOSÓFICAS

Instituciones sin fines de lucro, las sedes culturales logosóficas tienen como objetivo expandir una Nueva Cultura. 

En estas sedes reina el respeto y el afecto, base para la buena convivencia humana. Dentro de un ambiente de alta comprensión humanística -que constituye parte ponderable del camino experimental que requiere el cultivo de la Logosofía-, se lleva a cabo el adiestramiento en la práctica de la enseñanza, orientando la aplicación de ésta a la vida individual. En dicho adiestramiento se perfeccionan los procesos que cada cual sigue para la obtención de los resultados previstos por el método logosófico. 

Se halla, actualmente, difundida en varios países del mundo: Argentina, Uruguay, Brasil, México, Venezuela, Ecuador, Estados Unidos, Inglaterra, España, Suiza, Francia, Israel, etc. 

INSTITUTO LOGOSOFICO DE ESTUDIOS SUPERIORES ENTIDAD DE BIEN PÚBLICO SIN FINES DE LUCRO 

Av. Cabildo 811  -  (1426) Ciudad de Buenos Aires  -  Argentina Telefax: (54 11) 4772-1252  -  Atención al público:  Lunes a Viernes de 18 a 22 hs. E-mail: ildes@logosofia.org.ar     Internet: www.logosofia.org.ar

La decadencia cultural y sus causas 

La Logosofía aporta conocimientos que originan un nuevo renacimiento humanista y anuncian la creación de la civilización del espíritu. 

Causas y efectos.

La decadencia cultural en la que nos encontramos inmersos, y que por su magnitud ya no puede ser ignorada, tiene causas antiquísimas, causas que aún no han sido percibidas en su totalidad y en su verdadera importancia, a pesar de los males de toda índole que ellas provocan.

Es obvio que no se pueden corregir en forma eficiente los efectos de causas que se ignoran. Ese es el origen de la permanencia de problemas de enorme magnitud, como las guerras, el hambre, la deficiente utilización de los recursos existentes, la delincuencia, las falencias de la educación y, en suma, de la infelicidad humana.

La más elemental lógica nos indica que actuar pretendiendo corregir efectos cuyas causas persisten, es una tarea deficiente e interminable, ya que los efectos de esas causas pueden  reproducirse infinitamente. 

Un gran aporte logosófico a la cultura consiste en revelar esas causas; transmitir ese conocimiento es un deber moral cuyo cumplimiento tiende a corregir el actual estado de cosas. Intentaremos cumplir con ese mandato de nuestro espíritu. 

La educación.

Es un lugar común afirmar que el futuro de la humanidad depende de la educación, pero no se ha ido más allá de ese enunciado y a pesar de los clarividentes conceptos expuestos desde siglos atrás por educadores como Pestalozzi, Condorcet y tantos otros, nada indica que  se esté logrando una mejora en la educación. La pedagogía continúa confundiendo información con conocimiento, recargando la memoria de los educandos con conceptos que  no pueden comprender ni realizar; inculcando ideas y creencias en lugar de enseñar verdades y, en especial, prescindiendo del ejemplo como herramienta educativa.  

Se suma a esta lamentable situación la incapacidad de enseñar a pensar, objetivo este que debería ser fundamental en todos los niveles de la educación; pero nadie puede dar lo que no tiene y mucho menos enseñar lo que no sabe.

No se ha comprendido aún que los conceptos vigentes sobre la psicología humana son anticuados e inoperantes, cuando no simplemente absurdos. Y es en esos conceptos en lo que se basa la actual Pedagogía. Los resultados de esa educación, mundialmente lamentados, hacen innecesaria toda otra explicación al respecto, periódicamente se reiteran hechos tremendos, como  matanzas realizadas por alumnos en las escuelas, pero no se ha relacionado esto con la forma de educar.   

Algunos docentes, por el hecho de estar a diario operando sobre mentes de menor desarrollo que la propia, adoptan la posición de saberlo todo y por consiguiente, no tener nada que aprender. Basados en eso rechazan la posibilidad de adquirir conceptos nuevos, lo que naturalmente los inhabilita para perfeccionar su labor.

El bochornoso espectáculo de la recientemente frustrada asamblea universitaria, que debía haber designado las nuevas autoridades de la Universidad de Buenos Aires, muestra hasta donde han llegado estos males.

¿ Puede esperase que de ese ambiente surjan profesionales correctamente formados?   ¿ Que deparará este desvío en cuanto a la preparación de nuestros futuros dirigentes?.

La absurda y lamentable situación de la justicia, de la economía y de la política en nuestro país, es una respuesta válida para este interrogante.

La actual cultura, causante de estos desvíos, no puede proporcionar las soluciones necesarias, por no contar con los conocimientos imprescindibles para ello.  

La sociedad.

El mito bíblico señala  “Creced y multiplicaos”  como objetivo de la vida humana en lo  social e individual. Con el correr de los siglos, eso fue complementado o reemplazado por objetivos como el de ser un buen guerrero, un buen navegante, un fiel servidor del déspota de turno o un creyente fanático; hoy el objetivo parecería ser acumular dinero.

Durante cierto tiempo en España se indicaba - no totalmente en broma - el ideal de ser “torero o cura”. Quizá hoy en nuestro país podría indicarse ser un buen jugador de fútbol o de cualquier otra forma de botar una pelota. Pero el hombre no fue creado para jugar a la pelota.  

Consecuencias de esos equivocados conceptos son los actuales males: superpoblación,  condiciones lamentables de vida; miseria, pobreza, hambre, ignorancia y masificación, junto a inauditas acumulaciones de riquezas en pocas manos.

Como consecuencia de todo esto, enormes y perniciosas aglomeraciones se forman alrededor de las grandes ciudades, mientras extensos y ricos territorios - en nuestro país en especial - permanecen despoblados.

A este panorama desolador no puede menos que agregarse la permanencia de un fatídico factor: las guerras, que se repiten y se reproducen interminablemente desde hace milenios.

Paradójicamente, se continúan usando los nombres de  “Jerusalem”  ( Es decir ciudad de la paz ) y “Tierra Santa” en relación a una región azotada desde hace siglos por la maldición de la guerra.

En nuestros tiempos ello ha adquirido tal cariz que hace imposible toda justificación lógica, a pesar de lo cual no se lo relaciona con los cultivos mentales que son su causa.

Cultura es cultivo; pueden cultivarse flores o trigo, pero también cizaña y ortigas. La sociedad humana puede cultivar conocimientos verdaderos o creencias absurdas, generosidad o egoísmo, solidaridad o ambiciones desmedidas, pensamientos de paz o de guerra.

Esos cultivos mentales, inexorablemente, serán causas de acontecimientos que signarán a los tiempos y a los países; si se han cultivado el egoísmo y las ambiciones no podrá esperarse cosechar paz social, armonía o justicia.  

El conocimiento logosófico.

La Logosofía, al dar respuestas válidas a interrogantes de la Filosofía que llegaron a nuestros días sin ser resueltos, corrige errores conceptuales básicos, entre ellos el que mencionamos antes: el  “creced y multiplicaos” como objetivo de la vida humana.

La Logosofía establece que  “ El conocimiento es principio y fin de todas las cosas y único objeto de la vida del hombre.” 

Dicho en otras palabras: la vida del hombre tiene por objetivo su evolución, que no otra cosa es la adquisición de conocimientos. Ello constituye el cumplimiento del mandato de una de las Leyes Universales que nos rigen inexorablemente: la Ley de Evolución.

Los conocimientos que deben adquirirse en cumplimiento de esa Ley abarcan todas las  actividades humanas, pero principalmente la relativa a lo más elevado: el conocimiento de sí mismo, el conocimiento de nuestra condición de entes metafísicos - es decir espirituales - y la posibilidad cierta y concreta de conocer el mundo causal o metafísico.

Naturalmente que esa adquisición de conocimientos abarca también todo lo relativo a lo material,  pero ello como un medio y no como una finalidad.  

La ignorancia de estos conceptos provocó el vuelco de la actividad humana hacia todo lo externo y material, incrementando la ambición y la acumulación de riquezas, productos de esa ausencia de conocimientos con respecto a los fines superiores de la vida.

Una consecuencia de ello, secundaria pero no por eso menos perjudicial, es la dedicación de gran parte de la capacidad humana a objetivos intrascendentes - cuando no  perjudiciales - como las distracciones y, en especial, a los hoy tan difundidos espectáculos falsamente deportivos, que insumen ingentes valores y esfuerzos que se restan de la atención de aspectos como educación, salud, cuidados de menesterosos, desocupados, ancianos y minusválidos.

La recaudación monetaria de un partido de fútbol importante cubriría muchas necesidades de escuelas u hospitales carecientes de lo imprescindible.

Pero el daño no se limita al mal uso del dinero que así se recauda, además de ello, la gran cantidad de personas que intervienen en esas actividades y sus derivados, transmisiones, comentarios periodísticos etc., restan su colaboración y su  capacidad al esfuerzo colectivo.

A ello se suma la continua emisión por televisión de noticias, relatos y escenas donde predominan la violencia, la vulgaridad y la grosería, cuando no lo obsceno y lo procaz, constituyendo todo ello cultivos mentales de lamentables resultados.

Personas de destacada condición física o intelectual se dedican a funciones que, lejos de contribuir al bien general, incrementan la masificación y el desvío, evidenciando que la ignorancia del hombre con respecto a su condición espiritual y al objetivo de su existencia, provoca la búsqueda de logros subalternos y marcadamente materiales. La decadencia cultural que señalamos al comienzo es el resultado lógico de todo ello.   

Materialismo y economía.

La natural predisposición humana a asegurar el bienestar propio y de sus allegados, dio origen al materialismo, cuyo noble propósito original fue asegurar para todos la disposición de alimentos, vivienda, seguridad, educación, salud y comodidades elementales.

Las conquistas de la llamada “Revolución Industrial” parecieron hacer posible ese propósito, al aumentar enormemente la disponibilidad de bienes materiales.

Pero aquella solidaridad fue gradualmente alterada por el egoísmo, por el deseo de tener más, de acumular riquezas; por la codicia, en suma.

Así se fue desviando el materialismo de su generoso propósito original, para culminar en el actual predominio pernicioso de la acumulación de riquezas y su explotación egoísta.

Lo que se había concebido originalmente como un medio, se convirtió en finalidad única. La usura fue y sigue siendo su consecuencia inevitable.   

El dinero.

Reemplazar el sistema de truque por  el dinero, es decir por el elemento que simboliza los valores, facilitó enormemente el comercio. Pero el egoísmo se impuso sobre la solidaridad, convirtiendo ese adelanto en herramienta útil para las prácticas más perniciosas.

Reiteradamente, a lo largo de siglos, la acumulación de la riqueza ocasionó grandes males. Ello fue un factor importante en el derrumbe del Imperio Romano.

Los centenares de toneladas de oro de los que se apoderó España durante la conquista de América, originaron su derrumbe económico, al hacer que se abandonaran las labores productivas; cuando el oro se terminó, España había quedado sin industrias, sin actividad  agropecuaria, sin capacidad laboral y cayó en un estado de miseria del cual recién comenzó a salir a fines del siglo XX. Muchos argentinos somos herederos de los españoles que huyeron de esa miseria.

El error que significa confundir el dinero con los valores que simboliza, continúa en la actualidad causando grandes males.

Un somero resumen de la actual situación mundial nos muestra que el llamado “capitalismo salvaje”  y la “globalización” han incrementado la proliferación de la usura, de los problemas económicos y de sus consecuencias. 

Esto no solamente sucede en países atrasados; un censo realizado recientemente en USA nos muestra datos como estos: 40 millones de personas viven en la pobreza, 14 millones de niños pasan hambre o corren el riesgo de ser desnutridos; 3,9 millones de escolares abandonan anualmente el estudio.

Estos datos confirman lo pernicioso de ese proceder en la realidad de Estados Unidos, el país más rico de la Tierra.

La organización  “Bread for the Worl” (Pan para el mundo) denunció que 30 millones de norteamericanos sufren por falta de alimentación.

Un experto del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ( PNUD ) indicó: “Los norteamericanos no pueden mostrar un modelo económico-social que haya garantizado una equitativa distribución de la riqueza o una educación adecuada.” 

Esta afirmación es corroborada por datos de otra índole: EEUU tiene 20 millones de consumidores de drogas; se producen anualmente 8.400 asesinatos por cada 100.000 personas, tasa de criminalidad muy superior a la del resto de los países; el 39,7 de los norteamericanos no tiene seguro médico de ningún tipo. La agencia de noticias Reuter recogió estos datos de una entrevista a Michael Woelf, autor del libro “Donde estamos”.

Lo expuesto demuestra claramente que el egoísmo, al poner el dinero como objetivo de vida, origina grandes males y son esos los males que se imponen al mundo “globalizado”.  

Es importante tomar en cuenta que estos resultados no son producto de incapacidad o falta de ilustración; por el contrario, quienes proponen y ejecutan los sistemas y planes económicos que causan estos desastres son economistas de renombre, egresados de las universidades más prestigiosas del mundo, que han cultivado sus inteligencias con las más prestigiosas teorías economicistas, prescindiendo de todo valor elevado, solidario o espiritual; se forman de esa manera los dirigentes que podríamos llamar “ ignorantes ilustrados”.

Y esto no sucede sólo en EEUU, lo hemos visto reiteradamente en nuestro país.  

¿Qué explicación tiene entonces que hombres tan capaces provoquen estos verdaderos dislates?. Lo explicó González Pecotche en el año 1942, en el número 23 de la revista “Logosofía”:  ...una inteligencia desarrollada exclusivamente para el lucro se pervierte, desnaturalizando su verdadera función. Llegamos aquí a los casos típicos de los que ocupando posiciones en el plano del trabajo superior, forman un quiste social, siendo precisamente estos los verdaderos explotadores de la sangre humana. Ellos son la expresión de la usura y el pillaje.

Y más adelante: “Desgraciadamente  este tipo de seres aventaja a los demás en su actividad porque concentra en ella toda su preocupación y la usura es el gran aliciente para sus vidas.”  ( Quizá deberíamos agregar que todo parecido con algún ministro argentino de economía es mera coincidencia.) 

Esa perversión mental tiene consecuencias aún más graves: leímos en el diario Clarín del 20 de mayo de 1999, página 29: “Cualquiera sea el desenlace final del conflicto en Yugoslavia, hoy por hoy ya hay un gran ganador: la industria armamentista de Estados Unidos.”....  “No hay ninguna duda de que los fabricantes de armas han obtenido en Kosovo una victoria estratégica.”  Dice además: “....no hará más que multiplicar las ganancias de la industria armamentista.”  

La pregunta que surge es: ¿ Y los miles de muertos y heridos no importan? ¿ Dónde han quedado los ideales humanísticos, la solidaridad y aquello de libertad, igualdad, fraternidad, tomado como bases para la creación de ese país? 

Eso no es todo: supuestamente el mundo de la educación y la cultura debería rechazar la realización de negocios de esta índole, es decir la especulación con la muerte, con el flagelo de la guerra.

Leímos en Clarín del 23 de marzo de 1999: “ Las universidades británicas más prestigiosas, entre ellas Cambridge y Oxford, junto a organizaciones de caridad infantiles, hospitales  y autoridades municipales,  están invirtiendo 3.200 millones de dólares anuales de los fondos de pensión de sus empleados en empresas que fabrican armamento.”

 “La organización civil “Campaña contra el tráfico de armas” informó en Londres que empresas de armamentos británicas, como Brithis Aeroespace, Lucas Varity, GEC, GKN, Racal, Rolls Royce y Vikers, son las elegidas por los inversionistas debido a las importantes ganancias que consiguen.”  “¿Cómo universidades y colegios pueden conciliar su misión de promotores del conocimiento con inversiones en compañías que venden armamento a regímenes represivos y alimentan guerras por el mundo?”

En Clarín del 3 de marzo del 2.002 el historiador norteamericano Paúl Kennedy expresa, al analizar la política de su país:  “Efectuamos el 40 por ciento de todos los gastos de defensa del mundo.”  

Volviendo a nuestro planteo inicial, encontramos aquí la causa de los problemas que nos ocupan: la perversión causada por el cultivo mental de pensamientos de egoísmo, que ponen la inteligencia al servicio de la usura y el pillaje.

Resulta evidente que mientras persista esa causa será inoperante tratar de corregir sus efectos.

Hemos visto a economistas prestigiosos proponer, ensayar y aplicar variados y supuestos remedios para esos males, para esos efectos; pero nadie ha mostrado y mucho menos eliminado la causa que los provoca. Y nada indica que ello esa posible con los medios actuales.  

“ El mal radica en la mente de los hombres” es este un principio fundamental. Sin el conocimiento – no meramente la información- del funcionamiento de la mente humana,  ninguno de los problemas señalados puede resolverse.

Logosofía aporta lo que ha sido mencionado como “el mayor descubrimiento de la humanidad”: la comprobación de la existencia de los pensamientos como entes vivos, capaces de actuar sobre la mente humana y de manejarla fuera del control de la conciencia individual.

Este descubrimiento puede parangonarse con el realizado por Pasteur: así como los microorganismos viven dentro del cuerpo y provocan enfermedades, también los pensamientos - entes mentales dotados de vida propia - afectan el funcionamiento de la mente humana provocando toda clase de alteraciones de conducta, en especial cuando se realizan  cultivos mentales de ese tipo de pensamientos.

Este conocimiento aportado por la ciencia logosofica revela lo que por siglos fue un interrogante sin respuesta para  filósofos y pensadores: la clave de la conducta humana.   

No se trata de una teoría más o de otro intento de explicar o comprender lo inexplicable; miles de estudiantes de Logosofía lo han comprobado en la experiencia cotidiana y ello ha representado en todos los casos un cambio total en la forma de vivir, de pensar, de sentir y de actuar de cada uno de ellos. Estas experiencias están a disposición de quienes con seriedad y rigor científico lo quieran verificar.

Pero quienes realmente se dispongan a investigar esos resultados, no podrán limitarse a verificar en los demás la verdad de lo expresado, sino que habrán de realizar la correspondiente tarea en sí mismos, en sus propias mentes, ya que se trata de una investigación intraindividual.

La Logosofía no es un medio para escudriñar las mentes ajenas sino para conocer la propia, para investigar en el propio mundo interno, abriendo con ello al hombre un campo de acción hasta hoy vedado, lo que implica consecuencias culturales inconmensurables.

La causa madre.

Recordemos brevemente los males que hemos citado: masificación, guerras, miseria y hambre en un mundo cada vez más rico en lo material; enormes fallas educativas, egoísta acumulación de riquezas, perniciosa utilización de medios y energías, pérdida de ideales como libertad, igualdad, fraternidad y de valores fundamentales como la familia, la moral, la ética y la solidaridad.

Mencionamos antes al egoísmo y a la ignorancia como causas recurrentes de tales males, pero egoísmo e ignorancia son a su vez efectos de una causa mayor. Esa causa, que bien podemos llamar  “la causa madre”, es la ignorancia de los principios fundamentales que rigen la vida humana.

Esa ignorancia existe no solamente en la gente carente de estudios, se verifica también en quienes habiendo dedicado largos años a ilustrarse y cultivar sus inteligencias, lo han hecho solamente con respecto a aspectos secundarios, materiales, especulativos o negativos, constituyendo lo que bien podemos llamar  “ la ignorancia ilustrada.” 

Un ejemplo muy claro es lo antes consignado: “una inteligencia desarrollada exclusivamente para el lucro se pervierte, desnaturalizando su verdadera función.”  

Otro tanto sucede con las inteligencias cultivadas para la guerra, o al servicio de creencias, prejuicios y fanatismos de cualquier orden; dedicadas al delito o a la producción intensiva de entretenimientos, como lo vemos en la televisión y los espectáculos públicos. En esos ambientes se habla de “Creación” y de “Talento” cuando se logra el tan perseguido “rating”, sin considerar que frecuentemente se está contribuyendo con ello a la masificación de los seres humanos, cuando no a su perversión.

Cabe señalar aquí que el concepto “inteligencia “ está sujeto a lo ya mencionado: la concepción corriente de la psicología humana es anticuada e inoperante y no concuerda con la realidad.

Logosóficamente la inteligencia es el resultado de la acción conjunta de las facultades mentales. Una facultad mental es la capacidad para realizar una acción determinada; por ejemplo, la memoria es el archivo mental donde se guarda todo aquello que ha intervenido de alguna manera en la propia vida; la facultad de imaginar actúa proyectando imágenes en la pantalla mental, la facultad de pensar es la capacidad de crear o seleccionar pensamientos.

La Logosofía menciona y describe cada una de las facultades que conforman la inteligencia y enseña a conocerlas y usarlas correctamente.  

Todo este maravilloso mecanismo mental constituye una poderosa herramienta cuyo funcionamiento permite el desarrollo del ser humano y ese desarrollo debe obedecer a las razones superiores de la especie. Si esas razones no se conocen es factible el desvío, es decir un desarrollo orientado hacia el mal, hacia la degradación y aún hacia la desintegración del individuo. No otra cosa es lo que hoy vemos en todo el mundo.

Como se dijo antes, causa de ese desvío es la ignorancia, ignorancia que puede convivir con un alto nivel intelectual, con frondosos títulos universitarios, con la ostentación de “Masters” de prestigiosas universidades, con lo que los males que se originan resultan potenciados.  

¿ Cuales son esas razones superiores que se ignoran ?. Antes citamos una: “El conocimiento es principio y fin de todas las cosas y único objeto de la vida del hombre.” 

El concepto de conocimiento aquí mencionado se refiere, fundamentalmente, a la posesión de virtudes relativas a la condición espiritual del ser humano, a aquello que lo distingue del resto de las especies y también de los estados primitivos propios del salvaje.

Naturalmente que en ese objetivo también están incluidos los conocimientos que crean los avances de la ciencia y la tecnología, pero como ya se expresó, este tipo de conocimientos deben ser medios y no fines en sí mismos.

 

Otro elemento ignorado, relativo a las razones  superiores de la vida, es el hecho de que nuestra existencia transcurre simultáneamente en dos mundos: el físico y el metafísico.

El mundo metafísico es el mundo de las causas, el mundo físico es el  mundo de los efectos.

Todo cuanto ocurre en nosotros y en nuestro alrededor,  tiene origen en lo metafísico.

Si buscamos el origen de algo material, un edificio o un mueble por ejemplo, hallaremos en el mundo material el origen de los ladrillos y demás elementos componentes del edificio; también el aserradero y la carpintería de donde proviene la mesa, pero tanto el edificio como la mesa tuvieron su origen en la mente de quién los concibió, convirtiéndose luego en objetos físicos.

Es decir que ambos tienen su causa en el mundo mental o metafísico.

Lo mismo sucede con nuestras acciones: si dedicamos un tiempo de nuestra vida a realizar un trabajo determinado, o a estudiar etc., es porque previamente hemos elaborado en nuestra mente el propósito de llevar a cabo tales tareas. Es decir: todo lo que hacemos es efecto de causas existentes en nuestra mente, en el mundo mental o metafísico.  

Esto asume una enorme importancia tanto en la vida individual como en lo social, el desconocimiento con respecto a los procesos mentales que originan los actos humanos, causa muchos de los males que citamos.

Esto no se desconoce totalmente ni ha pasado desapercibido; ya Parménides, seis siglos y medio antes de la actual cronología, hablaba del mundo mental. Desde entonces se han buscado explicaciones, elaborado teorías e intentado crear sistemas que permitieran comprender esos procesos e intervenir eficientemente en ellos. La realidad muestra que, a pesar de los muchos y meritorios esfuerzos realizados en ese sentido, los resultados no han sido satisfactorios. La mente humana sigue siendo un campo desconocido para la ciencia común, que puede determinar qué parte del cerebro se activa para ciertas actividades, pero no ha logrado modificar la deficiente conducta humana.   

El conocimiento logosófico pone fin a ese estado de cosas. Han transcurrido poco más de siete décadas desde que Raumsol dio a conocer la ciencia que llamó “Logosofía”; en ese lapso miles de hombres y mujeres de los más diversos orígenes y formaciones culturales experimentaron la realidad de los nuevos conceptos. Se ha comprobado fehacientemente la verdad de esos conocimientos, lográndose grandes cambios en las conductas individuales y en las relaciones entre distintos grupos humanos. 

Todo esto está hoy disponible para la verificación e investigación de quienes se interesen en ello; estamos ante el comienzo de una nueva cultura que fundamentará la civilización del futuro, poniendo fin a la lamentable secuencia de los males ya citados: guerras, egoísmo, deficiente educación, infelicidad, en suma.  

Todo cambio requiere tiempo; la alternancia entre una cultura que fenece y la que habrá de reemplazarla no puede hacerse en breve lapso.

La historia nos muestra repetidamente el resultado de la inercia mental; sabemos, por ejemplo, que el sistema aritmético decimal reemplazó a los números romanos y a los antiguos ábacos, convirtiendo  en un simple cálculo,  que puede realizar en pocos minutos un alumno de escuela primaria, una cuenta que requería para  los escribas muchas horas de tarea. No obstante esas enormes ventajas, la aceptación de ese nuevo sistema insumió cinco siglos; y quienes más se opusieron a la novedad fueron los comerciantes y los banqueros, es decir aquellos que más habrían de  beneficiarse con el cambio.

Aún puede agregarse a esa inaudita demora la constancia de que, en nuestro tiempo, ciertas comunidades prefieren seguir utilizando sus ábacos, como puede comprobarse en algunos comercios coreanos de la ciudad de Buenos Aires.  

La nueva cultura está en marcha, sus resultados son evidencias disponibles para quienes posean la flexibilidad  mental suficiente para liberarse de las rémoras que sumieron a la humanidad en el estado que hoy lamentamos.   

Esa nueva cultura será el fundamento de una nueva civilización, que fue llamada por Raumsol  “La civilización del espíritu.”

Quienes tuvimos la oportunidad de comprobar y vivir estas maravillosas realidades, hemos dedicado nuestras vidas a la sublime tarea de hacerlas llegar a todos aquellos que perciban su magnitud y se dispongan a emprender el nuevo camino que ha de reorientar a la humanidad.  

No es una tarea fácil, por eso exhortamos a quienes reciban estas noticias, a no convertirse en factores de retraso del cambio, a que se interioricen de su contenido, que comprendan el enorme significado que ha de tener, para la humanidad toda, la eliminación de los males que hoy la afligen y que amenazan hasta con la destrucción del planeta.

 Marcelo Gómez Talavera

Licenciado en Dirección de Empresas -Periodista Credencial 10.227


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